Eres el Peregrino Número

martes, 24 de febrero de 2015

EN DORIGA (SALAS, ASTURIAS): BAR, TIENDA, BAILE Y ALBERGUE DE PEREGRINOS


En nuestra entrada al concejo de Salas, camino del valle del Narcea y Cornellana, nos detenemos, haciendo camino, en la aldea de Doriga, donde hemos visitado su antigua iglesia, así como el Palacio de Doriga, solar de linajudas estirpes y protagonista de una interesante historia.


Enfrente de la iglesia parroquial se cruza una vía local para seguir camino, no sin antes detenernos en Cá Pacita, donde hay bar y albergue.


 Cá Pacita, el chigre, el bar del pueblo de toda la vida, que tuvo baile y ahora dispone de albergue. Según entrevista al nieto de Pacita, Antonio Arias, publicada por Ignacio Pulido en el periódico La Nueva España  del 13 de enero del año 2011, este renombrado establecimiento fue fundado a primeros de los años treinta del siglo XX por Sandalio García, que era de La Tabla, en Pravia, junto con su esposa María de Paz Abello, Pacita, ella de Moratín, pueblo cercano a Doriga, inaugurando los dos esta tienda-bar al regreso de Sandalio, emigrante en Cuba, y cuando ambos se casaron. Poco duró la alegría inicial, pues en la guerra civil, Sandalio fue fusilado, junto con otros vecinos, posiblemente en La Espina, no volviendo a saberse de él. Pacita quedó viuda, hubo de criar a su hija pequeña, un bebé, y seguir al frente del negocio ayudada por su hermana Esther. La vida hubo de seguir, para animar el establecimiento se organizaban bailes y festejos, así como bodas, aprovechando la cercanía de la iglesia. Venía a danzar la juventud de todos los alrededores, bailarines amenizados incluso por orquestas, como Jazz Bahía, de las más renombradas en aquel entonces.


Pacita y Esther se jubilaron en 1995 pero al frente del negocio sigue su nieto Antonio Arias, respetando el antiguo mobiliario y haciendo del establecimiento un verdadero museo digno de visitar, con el viejo medidor de aceite, la caja registradora, la máquina de hacer embutidos, la báscula... y los retratos de los fundadores, Pacita y Sandalio, así como de sus hijos, Xuan y Carmen.


Un buen lugar para pernoctar, pero también para comer, pues es famosa su cocina casera, aunque si vamos con más prisa, no dejarán de ofrecernos los suculentos bocadillos.


A la derecha de Cá Pacita sigue el Camino.


Por allí va la ruta.


Estamos en La Veiguina, en el pequeño valle que aquí forma El Regueiru Doriga, afluente del Narcea, también llamado de El Freisnu pues nace a los pies del santuario que da paso de las tierras del concejo de Grado/Grau y de la cuenca del Nalón al concejo de Salas y cuenca del Narcea.


Por allí, por donde sube el Camino más allá de los pastizales, vemos pasar algún peregrino.


En un momento, nos despedimos de Doriga y este entrañable e idílico valle que tan bien nos recibe, dándonos la bienvenida como hemos dicho al concejo de Salas y a la cuenca del Narcea.


Doriga desde el Camino.



De frente, observando Quintoños y el Alto del Cermoño, comprobamos que aún hay una buena bajada hasta el río Narcea, al que aún no se ve desde aquí.


Siguen los pastizales.


Una gran panerona al lado del Camino orienta hacia esta quintana los pasos del peregrino.


Bellezas del agro astur...


Ya desde aquí y bajo Quintoños nos parece atisbar, en lo más profundo, algunas aldeas del valle.


Caminamos cerca del cementerio, que dejamos un poco a la izquierda, continuando hasta una gran cantera, ante la cual empezamos el descenso por una pista, viendo enfrente el pueblo de Suburriba, bajo los altos de Santufimia o Santa Eufemia y El Picu los Tayos, también al otro lado del Narcea, por donde habremos de subir después de llegar al antiguo monasterio de San Salvador de Cornellana, donde hay alberguería de peregrinos.


Más allá de Suburriba es Fulgueiras, sobre el valle del río Nonaya, afluente del Narcea y al que va a unirse allí abajo, en Cornellana.


Y aquí está el valle del Narcea, con el río oculto entre los árboles de la ribera...


Hitos de piedras hechos por los peregrinos cuando la senda comienza una importante bajada al valle.


Un antiguo caleru, horno de cal, en el Camino.


Grandes son los regodones, cubiertos de moho y musgo, que cierran los lados del Camino al introducirnos en un bosque bellísimo, reserva de humedad y bendita sombra en jornadas de calor, donde el suelo está normalmente cubierto de hojarasca,


Los mojones indicadores se coronan por pequeños morrillos depositados encima por los romeros a Santiago.


Bellísima senda que aquí se estrecha un poco pero se pasa perfectamente bien.


Ya vemos Cornellana en la vega formada por la unión de los ríos Narcea y Nonaya: nuestro más inmediato destino.


En el tramo final de bajada hay suelo empedrado de la primitiva calzada, haciendo algo de zig-zag para ir perdiendo altura rápidamente por la ladera que baja al valle del Narcea.


Tengamos cuidado, eso sí, ojo con no resbalar, pues el agua rezuma por todos los lados en días de lluvia o en sus inmediatos posteriores.


Tramos del viejo empedrado caminero.


Haciendo zig-zag la senda va perdiendo altura.


Humedad, umbría y hojarasca.


Al final, los árboles nos dejan ver el valle y el río Narcea, orillado a ambos lados por fértilísimas vegas, llanas y verdes, con matos o setos silvestres y praderías.


Vamos saliendo del bosque de la ladera...


En el descenso final ya vemos debajo de nosotros algún taller y nave ganadera, alzándose sobre la carretera y el río los grandes pivotes de hormigón por donde habrá de ir Autovía de La Espina.


Cabras y ovejas en el Camino. El "ganado menudo", la reciella



Fardos de paja en el sendero...


Salimos pues, a la carretera, el Corredor del Narcea, en La Ponte, (Las Casas del Puente), viviendas de diversos tipos, alguna dedicada al turismo rural, que ocupan el no muy ancho espacio entre las laderas del monte y el asfalto.


La Casona de Escandina.


La Ponte, aquí están los cimientos de un puente en el que, no mucho después del descubrimiento del que se tiene por sepulcro del Apóstol Santiago, se decidió el futuro de todo un reino...