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sábado, 8 de agosto de 2015

CADAVEDO/CADAVÉU (VALDÉS, ASTURIAS): HISTORIA DE ROMEROS FRANCESES Y VENECIANOS EN SU ANTIGUO HOSPITAL DE PEREGRINOS


La Garita, sobre la Playa la Ribeirona (a la derecha). El Camino viene sobre los acantilados de la rasa costera, plagados de bosques y otro, parcialmente señalizado, por las montañas.
 Uno de los primeros pueblos de importancia del concejo de Valdés por los que discurre el Camino Norte o de la Costa es el de Cadavéu o Cadavedo, una auténtica villa dada su extensión, en barrios que se extienden acá y allá por la rasa marina. Dispone de albergue de peregrinos y otros alojamientos y es uno de esos lugares en los que el peregrino o visitante, si tiene la suerte de disponer de tiempo, puede disfrutar de un recorrido hasta enclaves tan emblemáticos como la casa natal del escritor Fernán Coronas, El Padre Galo, La Playa la Ribeirona o la capilla de La Regalina y La Garita
entre otros.

Actual albergue de peregrinos
Desde el camino al albergue, que aquí coincide unos metros con la carretera, desde las escuelas y El Café, veremos la iglesia parroquial, dedicada a Santa María de la Riegla, de la que se nos dice que es relativamente "nueva" pues la antigua estaba unos metros más al norte, contigua al actual camposanto.

Iglesia de Santa María de la Riegla
No muy lejos de ella debía estar el extinto hospital de peregrinos, cuya primer noticia es del año 1646 pero es fácil suponer que ya existiría desde tiempo inmemorial. Conocemos su existencia por aquel entonces gracias a un documento que informa de su hospitalero, llamando Alonso.

Vista de la recta que desde El Café y El Casino (al fondo) viene hacia el albergue (a la derecha) para luego salir del pueblo. Se recomiendo no obstante una visita a sus lugares más emblemáticos.

En las Respuestas Generales del Catastro del marqués de la Ensenada (1752) conocemos que estaba destinado al "recogimiento de pobres pasajeros y curar otros enfermos", por lo que estaba al cargo de amparar no solo a peregrinos sino a necesitados en general. No olvidemos que en muchos casos los hospitales de peregrinos fueron el antecedente de los hospitales de caridad, principalmente avanzado el siglo XIX.


Los registros nos hacen saber que a mediados del siglo XVIII disponía de una renta de 400 reales de vellón al año y que con ellos se pagaba a la hospitalera, al mayordomo, leña, luz, sal, misas, mantas, reparaciones. Aquí durmió en 1726 el famoso peregrino francés Guillaume Manier, quien plasmó las impresiones de su viaje en una importante obra. Otro ilustre peregrino fue el veneciano Bartolomé Fontana, quien recorrió la zona antes aún que Manier.


Junto con el hospital de peregrinos había también un mesón caminero cuya dueña era Lucía García y que, allá mediado el siglo XVIII, tenía unas ganancias de 100 reales de vellón al año. Podía ser sin duda un antecedente todo ello de los albergues públicos y privados así como de las pensiones, especializados en peregrinos y viajeros, sobre todo arrieros...