Eres el Peregrino Número

lunes, 8 de julio de 2013

"Algunos Consejos Personales Antes De Emprender La Ruta" por Xurde Morán


Compartimos con vosotros un extracto del eBook "El Camino Primitivo de Santiago entre Galicia y Asturias", con algunos consejos que seguramente encontrarán más que interesantes para el peregrinaje.

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 En el Camino Primitivo de Santiago recomendaríamos primeramente no ir castigados por el peso de nuestras mochilas. La gran suerte de esta senda jacobea es que pasaremos casi continuamente por numerosos lugares poblados, que van a servir de referencia y ayuda al peregrino. No es por tanto necesario andar transportando mucho equipaje, pues el andarín, o el ciclista y también los "caballeros andantes", que los hay, realizando la travesía con sus vistosas monturas, pueden todos ellos ir encontrando por las poblaciones buena parte de las cosas que les hacen falta, sobre todo comida, que siempre ocupa mucho espacio y peso en las mochilas. Un calzado cómodo para caminar, un poco de muda con algún chubasquero, calcetines etc. y ropa de abrigo, mas un saco de dormir y una cantimplora para el agua, podría ser suficiente para hacer los aproximadamente 319 kilómetros que separan las catedrales de Oviedo/Uviéu y de Santiago, naturalmente avituallándonos por el camino de todo lo necesario, desde provisiones hasta ropa que nos pueda hacer falta. Si algo nos sobra puede dejarse en el albergue para otros peregrinos o, en el caso de determinadas prendas, devolverse a casa por correo postal al llegar a villas y ciudades. Una bolsa con los enseres de aseo personal más elementales y un pequeño botiquín son ideales. Entre la ropa de muda solemos llevar siempre un chaleco refractario, por si se da el caso que se nos haga de noche por alguna carretera y, junto con ello, una pequeña linterna, (si es para movernos dentro de un albergue basta quizás el móvil). No somos partidarios de andar cargando con frascos de colonia, sprays, botes, y demás carga extra salvo que sea imprescindible. El exceso de peso suele ser un gran fastidio para nuestras fuerzas. Una cosa sí es cierta, si se hace el Camino en invierno, cosa que en principio sería más recomendable para personas con más experiencia, va ser inevitable cargar con más mudas y ropa de abrigo. En verano, por otras razones, calor y sed, siempre es necesario llevar buena provisión de agua en las cantimploras a lo largo de determinados trechos. De ello iremos avisando en el capítulo correspondiente, principalmente si hacemos la famosa "Ruta de los Hospitales" por La Sierra de Fonfaraón. Sombrero o visera y crema bronceadora se hacen necesarios con el sol, si nos las olvidamos o las perdemos mejor repongámoslas lo antes posible. Si hay lluvia torrencial, llevemos o compremos un paraguas, por muy bien pertrechados que vayamos de impermeable, si el agua cae con fuerza se nos meterá fácilmente por cualquier hueco y nos dejará hechos una sopa. El paraguas, si es grande, puede utilizarse luego como bastón. Si nos molestase por alguna razón, no dudemos en dejarlo en el lugar en el que nos alojemos, puede servir y muy mucho a otros peregrinos. Todo puede aprovecharse en el Camino.       
                       
Existen numerosas publicaciones con recomendaciones hechas por grandes especialistas en el tema, dedicadas a las cosas a llevar para hacer el Camino. Realmente a veces dan la impresión de recomendar ir demasiado sobrecargados. A la hora de la verdad casi puede ser la experiencia personal la que nos enseña verdaderamente lo que hemos de transportar en cada caso particular.


El tema a veces lleva a opiniones diversas, cuando no enfrentadas, sobre el eterno debate entre lo necesario y lo indispensable, y ciertamente "cada persona es un mundo" en este como en otros ámbitos. Quizás nos encontremos, en alguna ocasión, sobre todo en verano, con gente que realiza el Camino con vehículos de apoyo, los cuales les llevan el equipaje. Para muchos esto desvirtúa el sentido de la peregrinación, no digamos si hacen tamos en coche, autocar, o autobuses de línea, lo cual no sería en principio válido ni tenido como tal peregrinación. Informémonos bien, con las asociaciones jacobeas, de lo que significa realmente peregrinar a Santiago, hacer el Camino andando, caballo o bicicleta (no ir por la carretera y en coche).

 Sí recomendamos que, a poder ser, las personas que no hayan hecho grandes rutas senderistas, se entrenen bien desde unos meses antes, primero con pequeñas excursiones, luego con travesías montañeras. El cuerpo lo agradecerá, y aunque logremos llegar a Santiago de todas maneras, evitemos los dolores, agujetas, ampollas, molestias musculares, etc. que pueden hacernos pasar un auténtico calvario. Incidiremos alguna vez más en este tema a lo largo de los     comentarios que vienen. Los ciclistas por lo general son gente acostumbrada a hacer ya bastantes kilómetros con sus bicicletas. Aquellos que las lleven de montaña, no obstante, y quieran seguir en todo momento la misma senda que los caminantes, sí deberían, si no lo han hecho antes, hacer unas buenas travesías para ir perfectamente preparados. En no pocos casos habrán de posarse y seguir andando, sobre todo en algunas cuestas muy empinadas, trechos pedregosos, estrechos o dificultosos, en otros avanzarán de maravilla, por pistas de tierra y hormigón.

  Un útil que no es que sea indispensable ni obligado de llevar, pero que sí que vamos a echar de menos si se nos olvida, es una cámara de fotos. Ahora pueden hacerse desde el móvil, es cierto, pero una pequeña cámara digital fácilmente manejable y transportable nos va a venir de perlas. Otras más grandes, salvo que se tenga una gran pasión por la fotografía, pueden ser un verdadero fastidio en muchos momentos por su peso, volumen, y el cuidado que se precisa tener con ellas, al ser más aparatosas. El peregrino va a encontrarse con parajes encantadores, hermosos, monumentos de interés y gentes realmente entrañables. Asimismo, las fotografías con los compañeros de peregrinación, y con las amistades que vayamos haciendo, siempre se agradecen para acordarse de esta experiencia, que no deja de tener un aire de camino iniciático, y que no pocas veces emplearemos para demostrar después, con amigos, familia y conocidos, nuestra "heroicidad" de ir andando a Santiago, como prueba gráfica de esta magnífica "aventura".


 El fundamento del éxito para llegar bien a nuestro destino pensamos que son los pies. Estimamos que hay que llevarlos siempre y en todo momento cómodos y protegidos con un calzado especial para estas caminatas y que guarde los tobillos de golpes y heridas para que no corran peligro de torceduras y siempre seguros contra algún paso en falso. Muchas veces un golpe o mala pisada en un pie, al principio sin aparente importancia, puede pagarse en grandes dolores después de caminar varios kilómetros. En este calzado no debería calar el agua en ningún momento: incluso en verano, no es extraño encontrarnos con charcos y barrizales y en el momento más inoportuno puede venir una inesperada tormenta que deje los caminos hechos un lodazal. En determinados trechos la ruta pasa pegada a ríos, arroyos y charcos que muchas veces están hasta arriba de agua y esta se mete por los caminos, por eso es preciso llevar buen forro y muda de calcetines, ya que caminar con los pies mojados es un fastidio y un auténtico incordio que puede dejárnoslos rozados y llagados.

   Para acabada la etapa del día, se agradece mucho disponer de unas alpargatas o sandalias de descanso para entrar y salir de las duchas e ir de una habitación a otra, a la cocina, al comedor, a cenar, etc. e incluso a dar un paseo por las inmediaciones. Si las botas o calzado de caminar están llenas de barro o muy sucias podemos aprovechar para limpiarlas un poco o someterlas a los cuidados pertinentes para otro día de marcha, además de airearlas bien. Los pies agradecerán respirar unas horas y pisar de otra forma más libre y cómoda. Por ello, ese pequeño botiquín que llevemos, nosotros o alguno de los expedicionarios que nos acompañen, va a servir para curar alguna ampolla con el hilo y la aguja, además de cualquier otra contingencia de la jornada. Los conocedores del tema dicen que no debemos llevar el calzado de caminar de nuestro número sino hasta de dos tallas más, pues el pie tiende a "abrir" al andar mucho, así como para forrarlo bien con los calcetines, unos finos primero y unos gordos después, aunque en esto también hay opiniones y preferencias. Lo cierto es que a riesgo de ser pesados nunca se insiste lo bastante en llevar bien los pies, hemos visto gente fuerte y de buen paso que tuvo incluso que desistir de continuar, precisamente por no llevar un calzado adecuado y acabar con ellos, y por contra, personas que no estaban de mucho andar ni de mucho entrenamiento ni ejercicio, que pudieron recorrer toda la ruta sin mayormente problemas gracias a llevar el calzado tal y como se necesita para esta clase de excursiones. El exceso de peso, además de repercutir en la espalda, hombros, etc. destroza también los pies, literalmente "los machaca".

  Lo dicho para el calzado vale también para la ropa: hasta en los largos y calurosos meses estivales es fácil que haya un cambio brusco de las temperaturas por culpa de algún nubarrón repentino. Las tormentas del verano y la lluvia fina, orballo u orbayu, que suele haber en ese período pueden convertirse en enemigos terribles del peregrino si no se dispone de un impermeable que haga las veces de abrigo y nos libre de males mayores. Ni que decir tiene insistir, en la necesidad de buenas prendas y ropa térmica para los más aventureros que vayan en invierno, o con condiciones climatológicas adversas.

   Pero aún hay una cosa más que hay que llevar y que todavía podría ser más importante que todas las que se acaban de mencionar, que no pesa nada y que muchas veces pasa desapercibida a la hora de hacer bien el equipaje: esta cosa es el BUEN HUMOR, una ayuda muy grande y que no ocupa tampoco sitio. La ruta del Camino Primitivo es larga y durante el recorrido es fácil que se pasen todo tipo de situaciones: en todo momento puede haber pequeños contratiempos a los que es menester estar acostumbrados en estas andanzas y situaciones, pero que no van a mayores si se sabe actuar en positivo. La ayuda y solidaridad entre los peregrinos no debe de echarse a faltar en absolutamente ningún caso. Aunque este consejo habría de servir no solo para el Camino Primitivo sino para todas las vicisitudes de la vida, se hace aquí especial hincapié por ser en este tipo de actividades en las que más se conoce a las personas, viéndose claramente las reacciones de cada cual en estos momentos en los que se carece de las comodidades a las que estamos acostumbrados en la vida diaria.

  Es de obligación reconocer que las más de las veces nos toca, por propia condición humana, ser esclavos de una de nuestras dimensiones: el tiempo. Por eso vamos a recomendar emprender esta travesía con ello de sobra, al menos con 15 días y si se puede algunos más. Unas horas o una jornada completa para visitar un poco Oviedo/Uviéu, salida del Camino Primitivo y origen de las peregrinaciones, nos parece fundamental, al igual que para enterarnos bien, "in situ", de la salida de la ciudad hacia las aldeas cercanas. Lo mismo decimos de Santiago, o incluso más, pues además de cumplir con la visita al Apóstol hemos de conocer esta magnífica urbe y... descansar... tomarnos el merecido reposo. Personalmente recomendaría al menos un par de días.

           
            Xurde Morán, Xixón, 2013.