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sábado, 28 de diciembre de 2013

MALATERÍA DE SAN LÁZARO DE PADRAIRA LA SOLIDARIDAD CON EL ENFERMO (GRANDAS DE SALIME, ASTURIAS)

San Lázaro de Pardraira, testimonio de la historia y del Camino
Castro
Viniendo de los campos de Castro, tras haber pernoctado en su albergue y visitado el castro que da nombre al pueblo, el castro de Chao Samartín,  apuramos el paso por este evocador itinerario, esta vez inmersos en la niebla, para llegar a Padraira...

Ruta a Padraira
Si en una anterior entrega recorríamos este trayecto hasta padaira al sol, viendo campos y montañas, hoy nos toca hacerlo bajo el mágico manto de la neblina


Sensaciones mágicas, como si más allá no hubiese nada y el mundo desapareciese, pero no es así, unos pasos más y el mundo se descubre a cada metro que avanzamos...


Misterio de la niebla...¿qué hay más adelante?, ¿qué no podemos ver?. En este recorido no hay ningún problema de pérdida, pues la vía está bien trillada y al menos las señales de la ruta se ven...


Es una delicia caminar por esta vieja senda.

Las señales confirman nuestro trayecto.

Trepidante sensación ir pisando piedra, tierra y hojarasca aquí donde hasta las murias se tiñen de verde porque se cubren de musgo...

Suprema belleza.

Magia y encanto.


Noción de tiempo, y espacio que cambia, se transforma como viviendo un cuento de hadas...


La niebla da también una cierta sensación de inmensidad, de infinito, de soledad y quietud en estos bosques y senderos...


De placidez y paz...


Y también, por qué no, una cierta intriga.


Túnel vegetal.


Telas de araña impregnadas de gotas de rocío, intantes totalmente evocadores, cuando un golpe de aire parece barrer este manto blanco para dejar pasar al sol...

 
La nube se disipa de repente en un claro donde de pronto nos sorprende una gran pared planca asomando entre las hojas de los árboles. Es la ermita de San Lázaro de Padraira, actualmente sola, como nosotros, en medio de la niebla, medio vencida ya por el sol y el Camino, hacia el que se abrecon su amplio pórtico, pero que antaño estuvo al lado de la más importante vía de comunicación entre Asturias y Galicia por el interior.


Hasta el pueblo de Padraira se halla más abajo, en la carretera, apartado del santuario. La ermita se dedicaba al servicio de un hospital de malatos o leprosos que se asegura estuvo emplazado delante y del que nada parecía haber llegado a nuestros días, salvo polvorientos documentos y la memoria popular, hasta que en unas recientes excavaciones se localizaron los cimientos, así como un pequeño cuenco en el que la gentes se lavaban los pies antes de entrar.


El hospital de leprosos, la Malatería de San Lázaro de Padraira, tuvo en sus mejores tiempos doce plazas para enfermos, los primeros testimonios escritos que se conservan y la mencionan son del año 1581, aunque claramente existtiría desde mucho antes.


Estaba adscrita a la Colegiata de Grandas, con su administración al cargo de los abades. Se sospecha que antiguos hospitales de peregrinos llegaron a especializarse en hospedar y curar enfermos, transformándose en malaterías, de ahí su ubicación en el Camino de Santiago.


Aún así, como hemos dicho tantas veces, no pensemos en el término "hospital" con su definición actual. No había médicos y el tratamiento solía reducirse a los baños en fuentes consideradas salutíferas y en algo de cuidado con la alimentación. Los conocimientos de la época sobre el tratamiento de enfermedades nos daban para más. La nobleza y el clero, además de reyes y magnates, solían patrocinar estas fundaciones, pues la lepra y otras enfermedades de la piel que se tenían por el mismo mal, eran una de las lacras más temidas de la antiguedad. Por eso el cuidado o amparo a estos enfermos, que se les mantenía relativamente aislados, era considerada uno de los ejemplos más evidentes de caridad.


Es digno de mención que aquí no se hayan que se sepa las macabras ceremonias, tan realizadas en otras partes, en las que se solemnizaba la "muerte en vida" del leproso. Es más, pese a las duras disposiciones que pretendían apartarlos de los sanos, solían munchos malatos hacer una vida más o menos integrada en la sociedad, iban a ferias y mercados o comían a la mesa de algunos vecinos que los acogían en momentos de penurias, cuando el hospital no se podía hacer cargo de ellos, dándose casos incluso de casamientos con personas sanas. Bien es verdad, recalcamos, que munchos males de la piel que se consideraban lepra no lo eran. Ello no es óbice para que ignoremos esta faceta ejemplar de nuestra historia: la de la solidaridad con el enfermo.


Acogedor pórtico, a la izquierda nos llama la atención una cosa.


Se trata de un tablero de corcho en el que se clavan cartas, estampas y fotos, tanto de peregrinos en ruta a Santiago como de ofrecidos que van a rogar o agradecer algún don recibido.


Hay en la ermita de Padraira un antiguo retablo barroco con la imagen de San Roque, que podemos ver desde el exterior


Salimos del pórtico hacia afuera y vemos con sorpresa que las brumas mañaneras han vuelto a imperar, recuperando terreno frente al sol y regresando al Camino...


Larga recta saliendo de Padraira


Y tal y como la bruma vuelve, nosotros también, volvemos a echar a andar: nos dirigimos a Xestoselo, tierra del que fue gran artesano torneiro José María Muiña Díaz...