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lunes, 31 de octubre de 2016

SANTANDER: DE SOMORROSTRO A LA ALAMEDA DE OVIEDO Y CUATRO CAMINOS


Catedral de Santander
El Camino Norte de Santiago llega a la Plaza de las Atarazanas, al pie de la catedral de Santander, capital de Cantabria. Las atarazanas eran los antiguos astilleros reales donde se construían galeones para la vigilancia costera, buques de guerra y comerciales con las indias, aprovechando la madera de los bosques cántabros, y es que aquí estaba la desaparecida Ría de Becedo, desembocadura del arroyo de la Mies del Monte, que formaba un abrigo y puerto natural al pie del Cerro de Somorrostro, donde se asienta la catedral, antes Abadía de los Cuerpos Santos, construida sobre un antiguo monasterio que a su vez se hizo sobre un santuario anterior donde se guardaron, al decir de la piadosa tradición, las reliquias de los mártires cristianos San Emeterio y San Celedonio, junto con otros desconocidos, en lo que fue un poblamiento romano guardado por una fortaleza que, llegada la Edad Media, pasó a ser el Castillo del Rey, de Santander y luego de San Felipe, que estaba justo detrás de la catedral. En medio hay en nuestros días un monumento a la patrona, Nuestra Señora de la Asunción


Fue colocado en el año 1949, ocho años más tarde del pavoroso Incendio de Santander, que arrasó con el casco antiguo


La Plaza de Atarazanas, resultado de la reordenación urbana tras el incedio de 1941, fue llamada así en 1945 en recuerdo la calle del mismo nombre que aquí estaba, lugar de los viejos astilleros reales. Por aquí iremos hacia la calle de Calvo Sotelo, donde continúa el Camino atravesando la ciudad, en lo que era la Ría de Becedo con su ribera


Hay bancos y una hermosa arboleda


La ruta está marcada: señales en el suelo...


Es una plaza peatonal muy frecuentada por los santanderinos y visitantes


Hay cafés y animadas terrazas...


Desde aquí admiramos edificios notables, construidos tras el Incendio de Santander de 1941 que tanto afectó al casco antiguo, destruyéndolo casi por entero. La antigua fisonomía de casas populares y algunas viejas casonas hidalgas se transformó a la hora de reconstruirlo. Se destinaron mayoritariamente las nuevas casas a familas acomodadas, organismos públicos y oficinas, transformando el centro urbano no físicamente sino también estética y socialmente


Unos paneles informativos nos indican cómo afectó el desastre a la población


El incendio transformó buena parte de Santander. Existe incluso una ruta histórica que recorre los escenarios del suceso. Este es su recorrido. Estamos pues en un lugar de honda trascendencia para la ciudad


Enfrente de estos bancos, entre la calle y la plaza, hay un largo estanque. Por allí sigue el Camino


Ante dicho estanque otro texto nos explica una parte muy importante de los acontecimientos que en este lugar se vivieron en el pasado


Aquí se informa de otro acontecimiento clave en la historia santanderina: la resistencia al poder señorial del medievo


Con fueros desde la baja Edad Media, la entonces villa de Santander era ya una relevante ciudad comercial, marítima y pesquera a la que se le concedió la preciada Carta Puebla y era centro de un territorio en el que confluían rutas terrestres y marítimas. Sus habitantes, amparados por la corona, vivían libres de los vasallajes feudales rindiendo tributo únicamente a la corona, excluidos de las apetencias señoriales de la nobleza terrateniente y de las extensas propiedades eclesiásticas de mitra y monasterios


Esta situación cambió drásticamente en el siglo XV cuando, dentro de las seculares guerras civiles al trono castellano los reyes perdieron poder, pues habían de satisfacer a la nobleza, que era quien ejercía dominio directo sobre la mayor parte del reino, reclutando numerosas huestes entre sus súbditos, pues su participación y la de sus ejércitos e influencia, también económica, era a la postre la que decidía el resultado de la contienda


 Así fue como en 1466 el rey Enrique IV de Trastámara paga a su aliado el Marqués de Santillana Íñigo López de Mendoza, otorgándole la villa de Santander, según documento reproducido en este panel, lo que provocó la resistencia de sus habitantes, primero diplomáticamente con la petición de revocación de la para ellos tan nefasta decisión y luego violentamente rechazando la entrada de las gentes del marqués y sus partidarios. Esto ocasionó que efectivamente Enrique IV se echase atrás y anulase la cesión.


En este plano de situación reconocemos como era Sanatander en aquel entonces, comprobando que había en este lugar una ría, desaparecida a finales del siglo XVIII pero de la que aún quedaban señales en 1936, la Ría de Becedo


Ambas orillas de la ría, donde vemos las lanchas y barcos de la que fue el viejo puerto, estaban enlazadas por un puente que comunicaba La Puebla Nueva y La Puebla Vieja (zona en torno a Somorrostro), puente donde se opuso resistencia armada a los guerreros del Marqués de Santillana, tal y como se recrea en este dibujo del panel, en el que se ve la lucha en el puente y las riberas de La Puebla Vieja y La Puebla Nueva (donde el de Santillana tenía aliados). Observamos también el puerto natural que era la Ría de Becedo


Desde aquí seguimos ruta pues a lo largo de la calle


En el edificio de viviendas y oficinas enfrente al estanque está la sede del Ilustre Colegio de Abogados de Cantabria, creadado por Real Decreto de 28 de mayo de 1838, que estipulaba para su cumplimiento la reunión fundacional celebrada unas semanas después a la que acudieron los dieciocho abogados entonces residentes en la ciudad, siendo su primer decano el más veterano, D. Antonio Pérez del Hoyo y llamándose por entonces, atendiendo a la denominación oficial de la provincia por entonces Ilustre Colegio de Abogados de Santander, cuya ámbito de actuación era únicamente el del partido judicial santanderino pero que a partir de 1946 se extendería por toda la provincia, entonces perteneciente a Castilla la Vieja. En el año 1941 se quemó todo su archivo y el de la Audiencia Provincial en el que estaba situado perdiéndose toda la documentación relacionada con su fundación y comienzos. La creación de la comunidad autónoma de Cantabria en enero de 1982 hizo cambiar el colegio al nombre actual


El documento más antiguo relacionado con un abogado en Santander es en 1397, cuando el malhechor Ruy Díaz de Arce, señor de la casa de Arce, al ser llevado a juicio pedía para su defensa al corregidor un abogado en un plazo de quince días, que viniese de Burgos, Valladolid o Palencia, dado que

"...en esta tierra yo no he ni fallo abogado ni letrado alguno sin sospecha que me ayude con derecho" a este fecho"

 Esta petición es denegada al informarle que su defensa está a cargo de Pedro Gonzáles de Fremar, "el mejor abogado y letrado de Santander y de toda la tierra..."


En el año 1495 los Reyes Católicos publican una pragmática contra los numerosos zurupetos o intrusos entendidos en pleitos que ejercían en la Merindad de Trasmiera, una de las comarcas de Cantabria, disponiendo "que en la dicha Merindad, de aquí en adelante, nadie sea osado de trabajar de abogado por otro en ningún pleito, a no ser que sea previamente escogido por los juzgadores de Derecho..."

Se sabe que mediado el siglo XVIII había en Cantabria 25 abogados, de los que solo dos estaban en Santander, su bien a finales de esa centuria, en 1793, el número había subido a 11. Con la creación de la Provincia de Santander la Real Chancillería de Valladolid y la Audiencia de Burgos instaron a la creación de este Ilustre Colegio de Abogados


Este es el edificio de La Polar, el primero que se construyó tras el incendio de 1941, llamado así por la compañía de seguros que se hizo cargo de los trabajos y cuyo nombre y anagrama aparecen en la cúspide


Dejamos así a nuestra izquierda esta Plaza de las Atarazanas y la catedral de Santa María de la Asunción con su Iglesia Baja, al llegar al corazón de la ciudad


En esta acera vemos las señales del Camino: la de abajo señala la dirección para nosotros, la de arriba es para aquellos que han optado por llegar a Santander bordeando y rodeando la bahía por alguno de los caminos señalizados


Al fondo, aunque no hemos de ir necesariamente hacia allí, a no ser que queramos recorrer el centro urbano santanderino, veremos  la iglesia de la Anunciación o de La Compañía


La iglesia de La Anunciación es el único edificio que quedó en pie de la antigua Plaza Vieja destruida en el Incendio de Santander. Allí estaba antaño el centro de la ciudad donde se unían varias de sus calles más importantes y donde estaban el antiguo Ayuntamiento y la Casona de Villatorre, además de numerosas viviendas y comercios



La iglesia quedó muy afectada pero fue lo único que pudo salvarse, se trata de uno de los pocos edificios renacentistas cántabros que han llegado a nuestros días. Sus obras empezaron en 1607 y se trata de uno de los pocos edificios renacentistas cántabros, construyéndose gracias primeramente al patronazgo de doña Magdalena de Ulloa, que con su marido don Luis de Quijada, mayordomo de Carlos V, fueron los preceptores de don Juan de Austria. La idea era construir un colegio de la Compañía de Jesús similar a los ya fundados por ella en otros lugares, del que solo queda este santuario. Las obras pararon entre 1617 y 1619 y fueron culminadas al sufragarlas el Marqués de Villapuente de la Peña y su esposa la Marquesa de Torres de Rada. Parecida a otra fundación de doña Magdalena en Villagarcía de Campos en Valladolid, se atribuyen sus trazas al cantero trasmerano Juan de Nates, siendo acabadas por Juan de Mazarredondo y Juan de Rivas


La Virgen de la Anunciación se encuentra en una hornacina


Más arriba dos blasones barrocos muestran los emblemas de las estirpes que apadrinaron la obra final de este santuario, los escudos del primer marqués de Villapuente de la Peña, José de la Puente y Peña, y de su esposa la marquesa de las Torres de Rada, Gertrudis de la Peña y Rueda, quienes aportaron los caudales suficientes para hacer realidad esta fundación


Aquí queremos recomendar que, si los peregrinos hacen escala y pernoctan en Santander, les será muy grato recorrer el centro urbano y a ser posible barrios como El Sardinero o la península de La Magdalena


El Camino sigue por Calvo Sotelo adelante, por donde venía al mar la Ría de Becedo. Era esta antaño La Ribera, como orilla que era de la antigua ría, así se llamó la calle desde el siglo XVI. En el año 1660 el canónigo italiano Pellegrino Zuyer, comisionado de la Comisión Consistorial, en visita de inspección ante los pleitos de Santander para crear un obispado no dependiente de Burgos, escribe en su informe que "la calle más larga es la de la Ribera, que no tiene más de 26 casas en fila". La Ribera, una vez rellenada la ría, no perdió al principio su carácter marinero, pues existieron almacenes de enseres navales y pertrechos para embarcaciones, además de despachos de navieras, escritorios de comercios, etc dado que era la salida natural al puerto pero, ganados también al agua los terrenos del actual Paseo de Pereda, La Ribera iba perdiendo la razón de su nombre, que desaparecería en 1930. José Simón Cabarga en su Santander en la historia de sus calles, nos informa que no todo el mundo estuvo de acuerdo con la nueva disposición portuaria, ya que hubo partidarios de mantener el sistema de muelles en el interior de la población, "como en los puertos del norte de Europa", si bien aquello pronto, con el vapor y el mayor calado de los barcos, hubiese sido imposible


Por la calle circularon los primeros tranvías de Santander, de mulas, y luego los eléctricos y los primeros coches que rodaron por la ciudad, tal y como nos informa Máximo Villar Faro en el blog de historia local Escenas de Santander, que queremos recomendar: En este trayecto urbano es indistinto que vayamos por la acera derecha o por la de la izquierda, si bien las señales están mayoritariamente a la izquierda a la derecha la acera es tal vez más ancha y, al mirar al sur, más soleada. Aunque el tráfico es intenso suele ser bastante fluido y varios pasos de peatones nos permiten cruzar de un lado a otro cuando queramos. Pondremos fotos indistintamente de una y otra acera a la vez


Más antiguamente, detrás de los edificios de la derecha, construidos también tras el incendio de 1941, en la calle Santa Clara, estuvo el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, del que sabemos por primera vez en un pleito de 1636 entre la Cofradía de la Misericordia y un vecino que lo había arruinado a causa de unas obras en una casa pegada a él. El canónigo Pellegrino Zuyer, explica en su visita que

"... está próximo al convento de Santa Clara, llamado Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, donde solo hay dos camas y el hospedado tienen la comodidad de dormir a cubierto en paja y este también está servido por una mujer pobre, que, por lo que me han dicho, asiste por mera caridad, no teniendo el hospital renta alguna segura"



En esta Ría de Becedo estuvieron como hemos dicho las Atarazanas Reales, muelles de barcos para la armada en los que se empleaba la madera de los bosques cercanos para construir buques siguiendo una milenaria tradición de carpinteros de ribera. Santander llegó a construir por mandato una nao al año. Tras cubrirse la ría el constructor Juan de Isla y Alvear mantuvo la tradición marinera del lugar con unos almacenes dedicados a piezas de los navíos que construía en Guarnizo, municipio de Astillero. Sus herederos hicieron más tarde solares edificables. De ello hablaremos un poco más adelante


En La Ribera estaba el puente, de mampostería, llamado antiguamente de las Atarazanas, que separaba las dos partes del antiguo Santander, y que sobrevivió al relleno del pequeño estuario, cuyo aspecto no agradaba pues estaba casi en ruinas y con grietas, embotellando el tránsito, por lo que se planteó sustituirlo por otro más moderno para comunicación de las calles transversales, diciendo de él amargamente el arquitecto Cristóbal de Bernaola en su informe al respecto redactado en 1831 que...

"Su disposición artística es tan tosca y antigua que más parece construcción de los bárbaros y silingos que de los tiempos posteriores"

Por ello al año siguiente comienza a hacerse uno nuevo de madera subastado por poco más de 28.000 reales a José López Bustamante pero, estando casi acabado, empezaron las protestas del vecindario pues había errores estructurales que era preciso arreglar, suspendiéndose las obras mientras se buscaba una solución. Incluso llegó una Real Orden en 1833 exigiendo terminar de una vez, a lo que el Ayuntamiento de desentendió aduciendo que...

"la obra es perjudicial en la forma y modo en que está comenzada (...) según todos los informes y el juicio de los inteligentes consultados"


El estallido de la I Guerra Carlista hizo pasar el asunto a un segundo plano hasta que seis años más tarde se planteó retirar el malogrado puente de madera con la idea de hacer uno más acorde con la estética urbana, habiendo para ello un fondo de donativos de emigrantes de ultramar. Así se proyectó uno más, de piedra, proyecto de Antonio Zabaleta presupuestado en 110.000 reales de vellón. Las obras arrancan en abril de 1840 y finalizan en marzo de 1841, siendo llamado Puente de Vargas en conmemoración de la batalla de ese nombre, cuando Santander estuvo a punto de caer en manos de las tropas del Infante don Carlos en 1833 al principio de la dicha carlistada 



Bajo el Puente de Vargas pasaron aquellos primeros tranvías de tiro animal, pero al llegar los eléctricos su parte superior salvaba a duras penas, lo que hizo que se hiciese otro más en 1912 según diseño de Antonio Corral, con barandilla de hierro con columnas con farolas, ensanchándose también la calle y haciéndose unas escaleras


En 1936 y dentro de las reformas urbanísticas acometidas por los ayuntamientos del Frente Popular al comienzo de la Guerra Civil para descongestionar las atestadas ciudades, se derriba este último puente siendo alcalde Ernesto del Castillo y Bordenabe, quien era apodado por estas iniciativas El Piqueta. con la idea de hacer una avenida, llamada de Rusia que no se llegó a realizar. Cuando entraron los nacionales la nueva corporación de Emilio Pino Patiño mantuvo las escalinatas que quedaron del puente mientras se hacían otras para subir a la catedral. Todo pereció en el dramático Incendio de Santander de 1941, habiendo de ser totalmente reconstruida la práctica totalidad del casco histórico santanderino. En la actualidad prácticamente nada recuerda, salvo la misma disposición de la calle, a cómo era antes La Ribera


Esta es la esquina con calle Lealtad, conocida en 1814 como "callejuela desde Remedios a Atarazanas" y que fue llamada en 1845 Lealtad por el arquitecto municipal Chávarri recordando el título concedido en 1467 a la entonces villa de Santander por Enrique IV por su lealtad a la Corona tras las violentas disputas con el Marqués de Santillana. Se trata otra de las calles destruidas en el incendio de 1941 si bien esta continúo existiendo totalmente reformada


Seguimos recto recordando que en Atarazanas vivió el gran poeta y escritor Gerardo Diego, nacido en Santander en 1896 y que, tras estudiar Filosofía y Letras en Deusto y doctorarse en Madrid, fue catedrático de Lengua y Literatura en los institutos de Soria y de Gijón. En 1920 publicará El Romancero de la novia, luego Poemas (1918-1921) en 1922, Soria. Galería de estampas y efusiones en 1923, Manual de Espumas en 1924 y Versos humanos en 1925, con el que consigue el Premio Nacional de Literatura. Realizó además dos versiones de su Antología con la que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y dio como profesor cursos y conferencias en todo el mundo, además de ser critico literario, musical y taurino y columnista de varios periódicos, a la vez que, prácticamente todos los años, publicaba alguna nueva obra


Gerardo Diego volverá a Santander tras casarse en 1934 y ejercerá también aquí de catedrático en el Instituto. Además de escribir y publicar poesía estudia pormenorizadamente la literatura española y sigue sus tareas de conferenciante y crítico musical. Estando de vacaciones en Francia estalla la Guerra Civil y él toma partido por el bando nacional, escribiendo poemas políticos a su favor. Acabada la contienda se va a Madrid en 1940 e imparte sus clases en el Instituto Beatriz Galindo. En 1947 pasa a ser miembro de la Real Academia Española y en 1956 gana el Premio Nacional José Antonio Primo de Rivera con Paisaje con figuras. En 1979 comparte con Jorge Luis Borges el Premio Cervantes, falleciendo en Madrid en 1897


Vemos en la arquitectura de los edificios inspiración en el estilo herreriano dentro del Renacimiento, como los cónicos picos, homenaje al cántabro Juan de Herrera, arquitecto del monasterio madrileño de El Escorial. Tras la contienda civil fue este estilo resurgió siglos después al ser promovido por el bando vencedor en muchas construcciones públicas de aquel tiempo, tal que en este de la izquierda, Tesorería General de la Seguridad Social


Cruzamos la calle Isabel II. Al llegar a esta esquina tenemos una disyuntiva: podemos seguir de frente o ir a la izquierda por la otra de las calles que aquí llegan, Rua Mayor. Es la ruta al Albergue de peregrinos Santos Mártires. Por allí podemos luego continuar por la calle Alta hacia Cuatro Caminos, ruta que emplean para entrar en el centro de Santander, naturalmente en sentido inverso al nuestro, muchos peregrinos procedentes de  Peñacastillo luego de rodear toda la bahía por alguno de los dos itinerarios señalizados existentes. Otro entraría por aquí, viniendo por el antiguo Camino de Becedo, junto a la ría de este nombre. Por esta zona se planeó en 1882 hacer un túnel bajo la colina para comunicar a la izquierda directamente con la zona de extensión urbana hacia la estación de ferrocarril y el muelle de Maliaño pero el proyecto no se aprobó. En su lugar sí se hizo una rampa, la Rampa de Sotileza, construida entre octubre de 1885 y marzo de 1887, si bien la obra del túnel se retomaría unas décadas más tarde, no ya aquí sino un poco más al oeste, como enseguida veremos


Realmente la mayor parte de los peregrinos en la actualidad suelen llegar a Santander procedentes de Somo y Pedreña en lancha, algo que también se hacía en el pasado, pues documentalmente ya se sabe que en la Edad Media existía algún servicio regular de embarcaciones de orilla a orilla, si bien no con la seguridad de ahora


Al fondo vemos una buena explanada, es la Plaza del Ayuntamiento, enfrente esta calle pasa a llamarse Jesús de Monasterio


Para recorrerla, pues merece la pena, lo mejor es ir por esta acera de la derecha


Una barandilla nos orienta unos metros por la calle Isabel II


Y esta es la Plaza del Ayuntamiento de Santander, hacia donde cruzaremos nosotros. Todos estos terrenos fueron antaño marismas donde el riachuelo Mies del Valle desembocaba en la Ría de Becedo, paso del Camino Real que, paralelo al de Burgos, que entra hacia la catedral por la calle Alta, discurría por estos parajes, siendo promovido por el Marqués de la Ensenada en 1753 como acceso directo de los productos castellanos, trigo y lana, hacia el Puerto de Santander sin pasar por el abigarrado centro urbano de la Puebla Vieja


En lo que hoy es la plaza el Camino Real se dividía en dos, uno hacia la Puebla Vieja y otro  por la Puerta de Santa Bárbara o de la Reina hacia la Puebla Nueva, los barrios originarios de Santander


Las marismas y la ría desaparecen como hemos dichos a finales del siglo XVIII y a primeros del XIX se urbanizan estos espacios con casas de dos y tres pisos con talleres en la planta baja, extendiéndose por aquí la ciudad y construyéndose una parada de postas para viajeros y correo. En la misma ribera existía desde mediados del siglo XIII el Convento de San Francisco, entre las puertas de La Sierra y San Francisco, donde se celebraban desde 1399 las reuniones del Concejo de la Villa, instalándose en él en 1836, tras la Desamortización, la Diputación Provincial. En este momento la plaza se llamaba de Becedo, como la desparecida ría, luego de las Delicias y al final en la de Pi y Margall, presidente de la I República Española


En el año 1896 se derriba el viejo edificio monacal franciscano para levantar este Ayuntamiento de Santander, sustituyendo al anterior en la Plaza Vieja, así como los edificios donde se haría el Mercado de la Esperanza, inaugurado en 1904 detrás de estas consistoriales y construido todo ello también en los antiguos terrenos franciscanos desamortizados. Del convento solamente se conservaría la iglesia durante 40 años más


El edificio original del Ayuntamiento era en tamaño la mitad del que vemos hoy en día y fue construido según proyecto de 1897 del arquitecto Julio Martínez-Zapata, con un presupuesto de 600.000 pesetas e como hemos dicho inaugurado en 1907 con el alcalde Luis Martínez Fernández. Esta nueva ubicación de las consistoriales cambió el nombre a esta plaza, antes dedicada a Pi y Margall


En 1936 y con motivo de las reformas urbanísticas del Frente Popular son derribadas otras construcciones sitas en la actual plaza como la Casa de Juan de Isla, donde Juan Fernández de Isla tenía almacenes de pertrechos navales relacionados con el Real Astillero de Guarnizo, siendo además un gran impulsor de la industria y la agricultura y fundador de fábricas de loza y harina, siendo encargado por el Marqués de la Ensenada de administrar el comercio de lana castellana preparando el Puerto de Santander para tal fin. También estaba la Casa de Cortines, manzana de viviendas propiedad del empresario Leopoldo Cortines Sánchez, dueño de los balnearios de Alceda y Ontaneda así como Director-Gerente de la Sociedad Nueva Montaña y uno de los fundadores del Banco Mercantil en 1899. En los bajos estaba el Café Cántabro


La iglesia del Convento de San Francisco fue derribada en 1936 para ampliar estas consistoriales, pero el estallido de la guerra civil, seguida de la larga posguerra (cuando a esta plaza pasó a ser llamada del Generalísimo) y diversos litigios con el obispado retrasan esta ampliación cuatro décadas, hasta 1967, cuando fue reinaugurado tras una segunda fase de obras en la que se le dio la configuración actual, trabajos que habían empezado en 1963 al ser derribado el edificio de viviendas de SEPI, donde estaba la Academia Puente y en su bajos abría sus puertas El Gran Bazar, construyéndose en su lugar una fuente luminosa, desmontada en 1983, con la construcción del aparcamiento subterráneo, para llevarla a la Glorieta de Pontejos en El Sardinero


Como dato curioso diremos que aquí estuvieron compartiendo espacio una estatua ecuestre de Francisco Franco inaugurada en 1874 y un escudo de la II República, retirados ambos en el año 2008, siendo la última estatua del caudillo retirada en España de un espacio público municipal. La última reforma de la plaza es del año 2009, ideada para celebraciones ciudadanas




En lo concerniente al cenobio de los frailes franciscos podemos decir que era uno de los muchos fundados por la Orden en los núcleos urbanos pujantes ya en la Edad Media, siempre relacionados con los caminos de Santiago rememorando la peregrinación de San Francisco de Asís a Compostela, tanto es así que las leyendas afirman que era el mismo santo y fundador de la Orden quien los iba estableciendo a su paso


 Lo cierto es que los primeros franciscanos de Santander se asentaron en una ermita dedicada a Santa María Magdalena donada por Roy Gutiérrez de Escalante, si bien enseguida salieron a asentar su cenobio más allá de las murallas, como gustaban de hacer, haciendo su fundación en esta orilla del arroyo Mies del Valle que forma la Ría de Becedo, siendo sus benefactores los linajes de los Escalante y los Torre y llegando a contar con 34 monjes 


 En 1291 el Papa Nicolás IV otorgaba indulgencias a los que viniesen en romería a este convento durante las fiestas. Además recibía muchas donaciones de rentas de los llamados hombres buenos o regidores de la villa, sobre todo propiedades en La Villa Nueva, justo al oeste del monasterio, que con las limosnas de los fieles fueron sus principales ingresos. En sus depedendencias se reunía en Concejo de Santander en el medievo, siendo mediadores en los pleitos con los linajes de la ciudad. En algún momento antes de 1417 se trasforman en franciscanos observantes, esto es, los seguidores de las reglas de San Franscisco originales sin adaptaciones temporales, que era lo propugnado por los franciscanos conventuales, autores de las sucesivas reformas


Entre 1808 y 1814 padeció las desgracias de la Guerra de la Independencia cuando fue cuartel y un par de décadas después las políticas desamortizadoras fueron la causa de la exclaustración de su comunidad y la extinción del convento en 1836. Mientras iba demoliéndose en este sector la cercana muralla medieval y la ciudad se extendería prontamente en esta dirección


Justo enfrente de la Plaza del Ayuntamiento, al otro lado de la calle Jesús de Monasterio, vemos unas escaleras, es la Cuesta del Hospital, que recuerda la antigua existencia del Hospital de la Misericordia, que según leemos en el tan reseñado libro Los Antiguos hospitales de Cantabria, estaba administrado por la Cofradía de esta advocación, que estuvo primeramente a cargo del de Nuestra Señora de Guadalupe, allá por el siglo XVII. Tras dos infructuosos intentos, uno en la calle de San Francisco y otro en Becedo, los cofrades solicitaron hacerlo en un terreno al sur de Las Atarazanas, comenzando la construcción en 1655 con el maestro de cantería Juan de Corino y las condiciones de cantería de Vicente de Herrera. En 1660, casi terminándose, varios vecinos de Guarnizo donan seis mil tejas para cubrirlo. En su visita el canónigo suizo Pellegrino Zuyer escribe, viendo las obras, que

 "el tercero debe ser el que han comenzado a construir fuera de la muralla, por lo que se verá de poca comodidad... y se llamará el Nuevo Hospital de la Misericordia"


En 1726 se le menciona en una venta de un terreno del hospital al Ayuntamiento. Se le cita también en el Catastro de Ensenada como el único que funcionaba en Santander en ese momento (mediados del siglo XVIII) y en 1769 se publican los nuevos estatutos de la cofradía. Fue empleado como cuartel  y a finales de la centuria se sabe de un hospitalero-enfermero, Juan Antonio García, que voluntariamente recogía limosnas y cuidaba de pobres y enfermos. Es en 1790 cuando el Obispo y el Alcalde Mayor de Santander  piden al Consejo de la Cámara Real que autoricen construir un nuevo hospital, pues este de La Misericordia solo tenía 15 camas y por la escaséz de sus rentas nada más podía antender a ocho personas, habiendo desaparecido ya su cofradía, describiendo el Alcalde que "hallo una casa infeliz, mui reducida, situada dentro de la Poblazión, mal ventilada, sin distribuzión ni orden". El Obispo Menéndez de Luarca se consagraba a la construcción del nuevo Hospital de San Rafael, actual Parlamento de Cantabria, en la calle Alta


Seguimos avanzando por la explanada de la Plaza del Ayuntamiento, antiguas marismas de la antigua ría junto a las que pasaba el Camino Real y las rutas que entraban desde las llamadas Calzadas Altas, sitas a la derecha, en el Cabildo de Arriba, caminos plantados de árboles que le proporcionaban sombra y jalonados por mesones, parada de arrieros, carreteros y viajeros que entraban y salían de la ciudad. En 1801 el consistorio ordena que no pasen por aquí las carretas de bueyes dictando que...

"conociendo lo urgente y útil que es la avenida de la carretería por el camino alto o de las calzadas altas no se permitía a la carretería venir por el Camino de Becedo"

Queda así mandado que sea el camino de arriba el empleado para tal menester, lo que sería un primer precedente de la urbanización del lugar


En las siguientes décadas, además del desarrollo del puerto y de la industria, Santander se consolidará como centro turístico de importancia al nacer lo que agora llamaríamos el turismo de playa. Los nuevos avances médicos y sanitarios redescubrieron la bondad y propiedades salutíferas de los baños de mar y los balenarios, algo que prácticamente había desaparecido en Europa desde tiempos de Roma, además de su forma de ocio y relación social. Así ya en 1847 se anuncia la primera temporada de baños de ola en la prensa madrileña en 1847. Primeramente acudían familias pudientes de la burguesía madrileña y catalana pero paulatinamente y a lo largo del tiempo la costumbre de bañarse en las playas y tomar el sol como fuente de vitaminas y salud, también como nueva forma de turismo, se iría extendiedo a las clases más populares


Si bien ya con Isabel II y Alfonso XII hubo una gran promoción de las playas cantábricas y santanderinas en general, es con Alfonso XIII cuando Santander se consolida como lugar de veraneo favorito de la corte. Con la familia acude un muy importante séquito y, tras ellos y como resultado de las noticias de prensa, otras numerosas gentes, principalmente clases pudientes, que irán buscando acomodo en la ciudad, algunos haciendo negocios e incluso levantando sus casas y quintas de recreo. Todo ello favorecerá también los cambios urbanísticos, la expansión del sector servicios y el aumento poblacional


A la derecha es la calle Amós de Escalante, dedicada en 1907 al escritor y poeta aquí nacido, en la primer casa de la calle, en 1831, estudiante en el Instituto Cántabro como José María de Pereda y Menéndez Pelayo y que, pese a seguir la carrera de Ciencias en Madrid, se decantó por las letras, colaborando en la prensa santanderina y madrileña, cronista del diario La Época firmando como Juan García y colaborador del Seminario Pintoresco Español, La Tertulia, la Ilustración Española y Americana, el Boletín de Comercio, El Atlántico o La Revista Cántabro-Asturiana entre otras. Tras el fallecimiento de su madre en 1860 multiplica su actividad, publicando sus obras Del Manzanares al Darro en 1863, Del Ebro al Tíber en 1864, Costas y Montañas. Libro de un caminante en 1871, El Veredero en 1873, En la Playa (Acuarelas) y Doctoral y penitenciario en 1875, Ave Maris Stella y su Historia montañesa del siglo XVII ve la luz en 1877


En 1880 se casa con María de la Colina y de la Mora y vuelve definitivamente a Santander. En verso escribió Marinas, Flores y en 1890 publicó En la Montaña, llegando a ser muy apreciado por su educación y maneras además de por su obra, tanto por Menéndez Pelayo como por su amigo el político y literato Juan Valera, quien afirmó que era "el mejor educado de los hombres", mientras el primero afirmaba que "los libros de Escalante los tengo sobre la mesa para aprender de ellos cada día"



Falleció en esta calle en 1902, barrio de Becedo, entonces llamada Calle del Correo por la parada de diligencias que lo transportaban. Enfrente estaba la Plaza de Becedo, con sus jardines estilo romántico, lugar escogido en 1889 para ser parada y salida del tranvía, primero de mulas, luego de vapor y seguidamente eléctrico, que iba hacia Cuatro Caminos y después hasta Peñacastillo


Anteriormente, ya en 1837, poco después del nacimiento de Amós de Escalante, se había hecho una calzada enlosada hasta la calle Cervantes, unos metros más allá. Este es el aparcamiento subterráneo cuya construcción supuso la última gran reforma de este plaza


A nuestra izquierda tenemos la calle Jesús de Monasterio, llamada así desde 1903 en honor a este músico cántabro oriundo de Potes y fallecido ese mismo año. De frente sigue el Camino


En la calle Jesús de Monasterio, esquina con calle Garmendia, estuvo el famoso Bazar San Carlos, que tenía su célebre expositor en la misma acera. Antes había estado en un local más pequeño unos metros más a la izquierda. Era una de las antiguas jugueterías de Santander



Pasamos enfrente de estos edificios siguiendo la calle Jesús de Monasterio


Si nos fijamos, calle Garmendia arriba, vemos ahora el Juzgado Social Nº2 de Santander en el barrio del Cabildo de Arriba, Las Calzadas Altas. Al otro lado de él va el otro camino, el de la calle Alta, paralelo a este pero por lo alto de la colina, de ahí su nombre


La calle va en cuesta, muy livianamente pero en un continuo ascenso


Zona de terrazas


Fijémonos ahora en lo que veremos a la izquierda


Al pasar vamos a la izquierda el Pasaje de Peña, El Túnel, el lugar donde en 1936 el alcalde Ernesto Castillo Bordenabe, retomó la idea para comunicar el centro de la ciudad con las estaciones y los muelles por un subterráneo, al lado de donde estuvieron los Almacenes Simeón y bajo la calle Alta. Dada la situación político-social del momento iba a llamarse el Túnel del Pueblo y los trabajos estarían a cargo de obreros voluntarios


Las obras se reinician en 1940 pues, pese al cambio de régimen, se estima ser una buena idea, y así lo ordena el ministro de Obras Públicas, Alfonso Peña Boeuf, inaugurándose el pasadizo con sus 200 metros de largo, en 1943, empleándose tierra y piedras para rellenar el Muelle de Maliaño. Pese a que se le puso el nombre de Pasaje de Peña en honor al ministro popularmente siempre fue más conocido como El Túnel


Arriba vemos los edificios de la calle Alta y un parque, el de la Plaza de Juan José Ruano, donde se conservan restos de la que fue Casa de Recogidas de Santa María Egipciaca, hecha en el siglo XVIII para recoger mujeres pobres y en mala situación, algunas caídas en la prostitución y la delincuencia, siendo una iniciativa del obispo Rafael Tomás Menéndez de Luarca y Queipo de Llano


En 1819 la fundación queda extinguida y el inmueble es utilizado como cárcel hasta la inauguración de la Prisión Provincial en esa misma calle Alta. Vemos arriba a la entrada del túnel el escudo de Santander


Uno de los edificios remozados de la calle Jesús de Monasterio, donde estaba la Casa de Isla, muy importante para la historia de este rincón de Santander


Y es que por aquí vamos llegando a otro de los espacios históricos de la ciudad y su ensanche hacia el oeste: La Alameda Primera, creada frente a lo que fueron los almacenes y talleres de Juan de Isla y Albear, levantados en el siglo XVIII donde se fabricaban enseres y aperos para los barcos que se hacían y reparaban en los astilleros de la bahía, desde Santander al Astillero y Guarnizo, los cuales se extendían hasta bastante al oeste, hasta la actual Plaza de Numancia


Su quiebra motivó que fuesen siendo convertidos en fraguas, tiendas, mesones y otros negocios que transformaron el aspecto del lugar. Ya en 1798 empiezan a fraguarse los primeros cambios urbanísticos en estos terrenos, que se prolongarán durante el siglo XIX extendiéndose hasta Cuatro Caminos


Van a partir de entonces a ir desecándose las marismas y plantándose arbolado, colocándose bancos y construyéndose una gran fuente ornamental. Aquí se cortaría el paso a las carretas de bueyes (como ahora se hace a los camiones a la entrada de las ciudades), siendo edificados los solares colindantes con casas de dos o tres pisos con industrias y talleres e iría creándose una zona residencial, construyéndose al norte el barrio de La Florida


Era dueño de las mayor parte de los terrenos por aquel entonces Toribio Rubio, y esa es la razón por la que la calla paralela a esta que pasa detrás de estos edificios se llame Calle Rubio. Esta parte pasaría en 1862 a llamarse calle de la Alameda y en 1868 Cuatro de Septiembre conmemorando la Revolución de aquel año, La Gloriosa o Septembrina, que supuso el exilio de Isabel II, denominación que duraría hasta la Restauración de 1876 y vuelta de los Borbones. Era conocida como Alameda Primera para distinguirla de la Alameda Segunda o Alameda de Oviedo que estaba un poco más allá, por donde pasaremos también nosotros en dirección a Cuatro Caminos


Esta es la esquina  con la calle Cervantes, a donde ya en 1837 llegaba la calzada enlosada que venía de la Plaza de Becedo, por donde acabamos de pasar. La calle venía a ser la que delimitaba por este sector el barrio de La Florida


Estamos en una de las principales arterias comerciales santanderinas, que ya se configuraba como tal en aquellos sus primeros tiempos, cuando ya se instalaban las primeras tiendas y cafés, . También había barracones y almacenes, algunos se transformarían en cines y salas de fiestas


Zona también de hostelería y terrazas


Uno de los pasos de peatones de la calle


Vista frontal de los edificios donde estuvo la Casa de Isla antes de urbanizarse la calle


Los edificios, altos, son de diversas épocas y estilos. Suelen presentar grandes galerías, ventanas, balconadas... para aprovechar la luz solar y asomarse a la animación de la calle


Los de esta acera norte parecen los levantados cuando se urbanizó este sector


Destacan aquí las filigranas de los herrajes de los balcones


Tal y como decimos la acera norte es la más luminosa, pues mira al sur


La Alameda Primera fue levantada a finales del siglo XX para hacer un gran aparcamiento subterráneo que paliase la falta de estacionamientos en las atestadas calles del centro urbano del que cuya entrada vemos en esta foto a la izquierda de la farola


A la izquierda vemos un edificio construido en los años 70, el de Simago, nombre de una antigua cadena comercial aquí instalada. Más antiguamente estuvo aquí en los años 20 del siglo XX el Pabellón Narbón, uno de los primeros cines de Santander. Poco más adelante y en la misma calle era la Sala Narbón de fiestas y bailes


Junto al edificio de Simago la calle Obispo Sánchez de Castro


 Otra parte de los edificios de la acera norte


Amplio tránsito peatonal. En 1949, dentro de la recomposición de la ciudad tras el incendio del 41, la acera norte, a la derecha, se une con la Alameda Primera, haciéndose allí una gran acera en la que se instaló una pérgola de piedra cubierta con enredadera que vemos a la izquierda


Más terrazas y edificios de época. A la derecha la calle Florida, que mantiene el nombre del barrio residencial aquí creado al urbanizarse la zona en el siglo XIX


Cristaleras que miran al sol


La pérgola a nuestra izquierda


Bancos para sentarse. Al fondo vemos la calle Marqués del Arco, que comunica con la calle Alta, la otra entrada histórica de la ciudad, aquella a La Puebla Vieja (Somorrostro), también señalizada como itinerario jacobeo por el Cabildo de Arriba



Aquí vemos la pérgola desde enfrente, desde la citada calle Marqués del Arco


La pérgola es uno de los elementos que quedan en pie de la antigua alameda aquí existente. Un poco más al oeste está la Alameda Segunda, la Alameda de Oviedo, por donde pronto pasaremos. Al otro lado de la calle, acera izquierda, estuvo el Pabellón Narbón, uno de los primeros cines de Santander, del empresario Alfredo Narbón. Luego se haría la Sala Narbón, donde se celebraba a principios del siglo XX la verbena de San Juan


Terrazas en la esquina con la calle Florida, que ostenta el nombre del barrio nacido al norte de la Alameda Primera


Varios quioscos de prensa jalonan todo este trayecto, además de las farolas estilo clásico. Son las farolas fernandinas o isabelinas, aparecidas por primera vez en aquellos reinados de Fernando VII e Isabel II y que han seguido fabricándose hasta nuestros días. Suelen instalarse en lugares de interés histórico si bien también a veces en barrios nuevos. Cuando lleguemos a Oviedo siguiendo el Camino Norte nos encontraremos con otras iguales


Otra vista de las terrazas frente a la confluencia con la calle Florida


Más balconadas y galerías


Y otra línea de terrazas. Uno de los antiguos cafés de la Alameda Primera fue el Café Cántabro, que antes estaba en Becedo


Nos acercamos así a un importante cruce de calles


Hermosos Jardines justo al comienzo de la calle Burgos


Y este es el Monumento a Amnistía Inernacional, que representa a la llama encendida, símbolo de la paz, obra de Blas Crespo e inaugurado en 1991


Al otro lado de la calle estaba la famosa Sala Narbón


Al final de las terrazas llegaremos al cruce con la calle Isabel la Católica que viene en bajada a la derecha. En ella estuvo la sede de la comunidad protestante con capilla y escuela que el pastor Enrique de Tienda inauguró en 1904 tras el preceptivo permiso municipal, la cual reemplazaba a otra más antigua sita en un almacén de la calle Limón. La fundación protestante fue suprimida en 1937 al caer Santander en manos de los nacionales para pasar a ser local de la Falange hasta 1942, cuando lo compró  el contratista Ceferino Damián Casanueva González, quien los restituyó a sus antiguos propietarios, la Compañía Española-Americana con sede en Boston. Solo quedaban de las dependencias del santuario unos bancos que serían donados a la iglesia de la Consolación, sita en la calle Alta


De frente es la calle San Luis, pero nosotros iremos a la izquierda


Tomamos la dirección de la calle Burgos

En la calle Burgos, a la derecha de la Sala Narbón está el que fue otro de los cines míticos de Santander, el Gran Cinema, que abrió en 1924 y cerró en los años 90, actual sede de la ONCE. La fachada del antiguo cine, catalogada, fue respetada, pero el interior ha sido derribado y reformado


Admirando esos históricos edificios cruzamos el paso de peatones


Esta calle es ahora mayoritariamente una gran explanada peatonal

Admiramos algunas filigranas en los elementos de la fachada







Y seguimos calle arriba a la derecha


El tramo del Camino Real en la Mies del Valle entre la Casa de Isla y la Plaza de Numancia empezó a ser llamado calle Burgos en 1845. Por aquí se seguían extendiendo antaño los talleres y almacenes de Juan de Isla y Albear a los que sucedieron otras industrias comercios y mesones, noticias que se remontan al menos al siglo XVIII


En 1949 se estipuló que como calle Burgos se conocería a este tramo, desde la calle Pelayo a la Plaza de Numancia


La calle fue peatonalizada hace unas décadas, al construirse para el tráfico un túnel subterráneo, lo que descongestionó esta parte de la ciudad y favoreció al comercio existente, estando los edificios gratamente restaurados. Forma en nuestros días un hermoso paseo con árboles y farolas, con bancos para sentarse, zona de mucho tránsito peatonal comunicación de los barrios del oeste con el centro urbano


Por aquí circulaba también el tranvía de mulas desde que en 1883 la Sociedad Anónima del Tranvía Urbano de Santander consigue la la concesión de una línea entre la Plaza de Molnedo en Puertochico y Cuatro Caminos y la Estación del Norte, inaugurada en julio de aquel año hasta la Plaza de Numancia, prolongándola cinco años después hasta Cuatro Caminos. En 1889 se pasó al de vapor entre la Acera del Correo y Numancia, y en 1890 hasta Peñacastillo


En 1908 la línea pasó a ser eléctrica en su totalidad cuando era propiedad de la empresa Nueva Montaña Sociedad Anónima del hierro y del acero, tras haber pasado en 1898 a las manos de la belga Societé Anonyme des Tramways de Santander et du Sardinero


Los edificios de su fachada norte son los que más mantienen la fisonomía original de aquellos tiempos, con numerosos balcones-galería


Las farolas son de otro estilo y tienen abajo en su base un banco circular de piedra


Señalización del Camino de Santiago colocada en el suelo


En todo este trayecto desde la Plaza del Ayuntamiento el recorrido no es del todo llano, una subida, muy ligera y leve pero continua, sigue hasta Cuatro Caminos


Es un hermoso bulevar peatonal muy agradable y cómodo de caminar, con abundantes bajos comerciales


A la izquierda escaparate de dulces tentaciones gastronómicas


Quesada pasiega y sobaos pasiegos... recetas tradicionales evolucionadas a nuestros días


Según el investigador Adriano García Lomas el actual sobao pasiego evoluciona de una receta tradicional elaborada con masa de pan, azúcar blanco y mantequilla, a la que se podían añadir huevos, cáscara rallada de limón, y anís o ron. Pero los actuales sobaos son una exitosa receta ideada por Eusebia Hernández Martín, cocinera del famoso doctor Madrazo, cuando a petición de este preparó un alimento especial, ligero y nutritivo que, basándose en la antigua receta, cambia la masa de pan por harina de trigo y no añade agua


La razón fue conseguir un producto que alimentase bien y fuese tolerable por los enfermos recién operados por el famoso médico en su sanatorio. La nueva receta tuvo un éxito sin precedentes y es el origen de los sobaos tal y como hoy los conocemos


Y también como no las célebres anchoas de Santoña, de las que hemos hablado al pasar por allí


Llegamos así a una plaza


La Plaza del Rey Juan Carlos I, que fue antaño la Plaza del Reenganche llamada así por ser donde se instaló, a mediados del siglo XIX la oficina del reenganche militar


Es una hermosa explanada con más líneas de árboles y terrazas de las muchas cafeterías existentes


Aquí está instalado uno de los tiovivos permanentes de la ciudad de Santander


En 1876 se inauguró una fuente que aprovechaba el agua el manantial de Perines y en 1955 un busto del pintor Agustín Riancho


En la fuente el escudo de Santander


Esta farola monumental, al igual que otras que veremos después, vinieron aquí de su antigua ubicación la Plaza de Farolas al lado de los Jardines de Pereda


Con sus clásicos angelotes, este cubierto de musgo...


En la reforma de principios de los años 90 con el subterráneo de la calle Burgos la plaza se integró en ella, suprimiéndose el aparcamiento y un vial que la cruzaba, pasando a conocerse con su nombre actual


Edificios de la parte norte de la plaza, ante esta explanada en la que también se celebran algunas fiestas


La plaza se alarga hacia un paseo con dos filas de árboles


Es una gran explanada con terrazas a la derecha, frente a los cafés del lugar


Más señalización del Camino Norte en el suelo. Característica de Cantabria


Otro transitado lugar de Santander, comunicación del centro con los barrios del oeste


Las animadas terrazas y las fachadas de colores claros son la característica de este tramo


A la izquierda empieza la calle Vargas, que recibió este nombre en 1859 en recuerdo a la batalla mencionada anteriormente, cuando se evitó la toma de Santander por los carlistas en 1833 con la resistencia de la guarnición de la ciudad, acantonada en el Castillo de San Felipe, y la de la fragata San Juan 



Allí estuvo antaño el Colegio San Agustín. Los Padres Agustinos que lo dirigían habían estado antes en Rúa Mayor, desde 1902, y luego en el Colegio Cántabro desde 1917 a 1936, cuando fue requisado al estallar la guerra. Luego, tras una estancia en Castelar, impartireron sus enseñanzas aquí a partir del curso 38-39 cuando empezó a llamarse San Agustín. Hubo diferentes obras y ampliaciones hasta que en 1975 se trasladaron a una nueva unicación en El Sardinero. En su lugar hay ahora un edificio de pisos


Caminamos ya por la hermosa arboleda


En la calle Vargas hay un buen trecho de edificios antiguos soberbiamente restaurados


Nosotros continuamos por este agradable paseo entre filas de árboles ornamentales y bancos


Bellos rincones de Santander donde apetece descansar unos instantes


Se hace patente la cuesta hacia Cuatro Caminos


Más bellos edificios restaurados


Bajo nosotros pasa el túnel. A la izquierda la calle Vargas


A partir de aquí el urbanismo cambia, llegamos a otro hito del Camino...


De frente la Alameda de Oviedo, a la derecha la Plaza de Numancia, donde vemos (a lo lejos a la derecha de la foto) otra de las farolas procedentes del paseo de este nombre. Justo allí y paralela a la Alameda de Oviedo, antes Alameda Segunda, arranca la calle de San Fernando, antiguamente residencial, con quintas y chalets con terreno, pero también industrial. Al empezar estaba la fundición de Colongues Klint, quien fue alcalde entre 1888 y 1889


Vamos a pasar pues a la Alameda de Oviedo, pero antes reparamos en esta pequeña locomotora


Es un puesto de Casatañas


El Castañero de la Porticada


La Alameda de Oviedo tiene su origen en el año 1833, cuando dentro de las iniciativas urbanizadoras en este sector hacia el que crecía la ciudad se empezó a trabajar en un paseo en la vaguada del viejo Camino de Becedo, mirando que junto con el paseo fuese, en paralelo a él, una calzada ancha para el paso del Camino Real o Carretera de Castilla, el cual empezaría al comienzo de la calle Vargas. Se dice que hubo un mojón con el Kilómetro Cero de dicha carretera



Para hacer el paseo varios particulares cedieron terrenos y el Ayuntamiento de Santander compró unos otros propiedad del cabildo catedralicio a una onza el carro de tierra. Este bello paseo fue abierto en 1834 llamándose entonces la Alameda Larga, luego Alameda Segunda para diferenciarla de la anterior Alameda Primera y, en 1909 durante unas jornadas de confraternización entre ambas ciudades, unidas entre otras cosas por los viejos caminos costaneros, pasó a llamarse Alameda de Oviedo


Esta otra farola monumental de la antigua Plaza de las Farolas, fue instalada, junto con otra que veremos después, en una de las dos glorietas construidas en este paseo en 1947


En esta vemos entre dos angelotes el escudo de Santander, con un barco que fuerza las defensas del río Guadalquivir junto a la Torre del Oro de Sevilla en la toma de la ciudad en 1248, donde participó la marinería santanderina junto con la de otros puertos cantábricos y arriba las cabezas de los Santos Mártires San Emeterio y San Celedonio cuyas reliquias y la de otras víctimas cristianas quiso la tradición piadosa que se guardasen en el viejo monasterio, luego Abadía de los Cuerpos Santos,  antecesora de la actual catedral


Tras esta primera isleta comunicando las calles adyacentes, cruzamos de nuevo un paso de peatones y avanzamos cuesta arriba por la larga rampa del paseo, que nos llevará a Cuatro Caminos. La Alameda de Oviedo tiene en total 725 metros de largo y una superficie de 18.000 m2. El barrio dispone de un censo que ronda los 4.500 vecinos si bien los habitantes reales son bastantes más


A la izquierda tenemos alguno de los edificios más antiguos del mismo que han llegado a nuestros días, también en la calle Vargas



La Alameda de Oviedo es además el segundo parque más antiguo de Santander, tras los Jardines de Pereda, estos de 1805


El Paseo tenía a los lados largas filas de chopos, actualmente son mayoritariamente plátanos altos y frondosos, algunos centenarios


Este jarrón decorativo es exactamente igual a otro existente en la Plaza de Puertochico. Ambos estuvieron antiguamente también en los jardines centrales del Paseo de Pereda


 A la izquierda las siempre dispuestas terrazas, a la derecha el servicio de alquiler de bicis


Desde aquí vemos, a nuestra derecha pero más lejos, la Plaza de Numancia, nombre que recibieron en 1883 unos terrenos que había al lado de El Reenganche y urbanizados a partir de 1876


Allí se construyeron una escuelas públicas y se inaugura en 1905 el Parque de Bomberos de Voluntarios, que hacían sus prácticas y edificios en este lugar para deleite de los alumnos del cercano colegio. Antaño estuvo también la Escuela de Comercio. Hasta mediados del siglo los cortejos fúnebres al cementerio de Ciriego paraban en esta plaza, siendo reflejado en las esquelas como "el lugar donde se despedía el duelo" y en la frase popular como "el sitio de costumbre"


Desde el jarrón seguiremos ruta, rampa arriba. Ya en 1824, una década antes de hacerse La Alameda, los vecinos de Becedo fuese llamado barrio de Las Delicias, contestando la corporación que no correspondía cambiar el topónimo tradicional si bien no había inconveniente en que la línea de casas a la derecha fuese conocida como calle de "Fernando Sétimo, Rey Absoluto" y que como tal así sería señalado. En 1845, luego de escarmientos bélicos, sociales y políticos pareció más conveniente dejar a tan polémico monarca y llamarla oficialmente San Fernando


Hubo en el paseo bancos de piedra con respaldo de hierro forjado que fueron trasladados con el tiempo, algunos, a los Jardines de Pereda, donde aún pudimos verlos


En la Alameda de Oviedo se celebran fiestas y romerías, especialmente sonada era la Feria de Santiago, que empezó a festejarse aquí en 1869, pues había espacio de sobra para las barracas y las atracciones. Las reformas de 1947 provocaron su traslado


En la actualidad hay aquí zona de juegos infantiles


En 1946 el Ayuntamiento le quitó una porción al sur para alargar la calle Vargas, a la izquierda de la foto, completando entonces, después de más de un siglo, el proyecto original de 1833. Vemos aquí otros de los edificios históricos de La Alameda


A los lados de la zona de juegos largos asientos corridos


Ahora tenemos a la izquierda la Farola de las Cuatro Estaciones, otra de las farolas emblemáticas de la ciudad, protagonista de un periplo que la llevó de plaza en plaza durante más de cien años


Esta artística Farola de las Cuatro Estaciones es un diseño modernista del arquitecto municipal Valentín Lavín Casalís esculpido en piedra de Novelda por José Quintana, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Santander


Se dice que las mujeres que simbolizan cada una de las estaciones se basan en la joven santanderina Basilisca García Herrera, admirada por su belleza y que sirvió de modelo. Estuvo en un principio, desde 1913, en la Plaza de Pí y Margall, después del Ayuntamiento pero enseguida fue llevada a la Plaza de la Esperanza. En 1983 regresó a la Plaza del Ayuntamiento tras acometerse las obras del parking subterráneo, sustituyendo a la fuente monumental que se llevó al Parque de Mesones en El Sardinero. Hsta que por fin 30 años después regresó aquí por petición vecinal


Fue la Asociación de Vecinos de La Alameda la protagonista del regreso de la célebre farola cuyas cuatro imágenes femeninas miran a los cuatro puntos cardinales


Están a la altura del número 53 de la calle Vargas


Siguiendo camino vemos en la calle de San Fernando, entre los edificios de la derecha, la Plaza de las Cervezas, donde estuvo antaño  la fábrica de cervezas La Cruz Blanca


Siguiendo de alguna manera aquella tradición abren en la plaza sus puertas varias cervecerías con sus terrazas


En días de calor la arboleda proporciona un agradable frescor y umbría con su maravillosa celosía vegetal. Cuando llueve filtra las gotas de lluvia. En otoño el suelo se cubre de hojas caídas como una alfombra y en invierno los árboles desnudos dejan pasar la ansiada luz para revestirse de hojas verdes en primavera... he aquí las cuatro estaciones también al natural en La Alameda...


Con el tiempo a los lados de la Alameda fueron abriéndose calles trasversales en nuevos solares edificables, las casas y chalets, los jardines y las modestas fábricas locales fueron desapareciendo, salvo muy contadas excepciones, para hacer grandes edificios de pisos a partir de los años 60-67, cambiando totalmente la fisonomía del entorno


Todo el año, pero principalmente en verano, es común ver peregrinos saliendo de la ciudad


La imagen se ha hecho familiar en Santander...


Si bien La Alameda es en sí misma un remanso de paz el ruido del tráfico, principalmente de la calle San Fernando, a la derecha, una de las principales vías de acceso al centro, es bastante intenso la mayor parte de los días


Aquí tenemos a los lados otras dos referencias de interés


A la izquierda, en Vargas, edificio del Gobierno de Cantabria de la calle Vargas, sede de algunas consejerías y servicios, sito donde fue el Convento y Colegio de las Trinitarias


A la derecha, en San Fernando zona de esquina con Narciso Cuevas, estaba antiguamente el convento de las Adoratrices con su cementerio


Un poco más adelante, también en San Fernando y asomando entre los altos edificios, se conserva otra de las casas históricas del lugar, la de La Montaña


Con buen criterio se ha conservado y restaurado


Dentro de las no pocas reformas de la plaza, en 1932 se cambió el trazado de los jardines, construyéndose una fuente luminosa y una bolera que no existen en nuestros días


Zona de bancos. Aquí, cerca ya de Cuatro Caminos, se nota un poco más la pendiente de la rampa


Tras el Incendio de Santander de 1941 fueron colocados en este paseo como detalle decorativo varios escudos de piedra que se pudieron rescatar de las destruidas casonas solariegas que había en La Puebla Vieja. Otra reforma, esta en los años 80, los llevó a un almacén municipal


Pasamos al lado del quiosco de prensa


Hermoso parterre. Un poco más allá del quiosco, a la izquierda, estuvo, entre 1954 y 1970, el Cine Alameda


En el suelo de la calle Vargas una placa lo recuerda


Y elegante farola de cuatro brazos


Pasamos a la siguiente glorieta del Paseo de la Alameda producto de las intervenciones de 1947


Aquí está otra de esas espectaculares farolas trasladadas desde la Plaza de las Farolas o de Afonso XIII aquí durante aquellas reformas


En el suelo vemos la señalización del Camino Norte de Santiago en Cantabria


Los angelotes de las farolas nos ven pasar...


Dejamos la segunda glorieta y por el paso de peatones cruzamos hacia la segunda mitad del paseo, a la altura del cruce de San Fernando con Perines


La calle Perines la vemos a nuestra derecha, allí tiempo atrás estuvo la fuente que suministraba agua a la de la Plaza del Reenganche


Al fondo vemos la iglesia de Santa María de los Ángeles, de los Franciscanos, construida entre 1964 y 1967 por el arquitecto Luis Alústiza sobre la Capilluca de la Virgen de Fátima, donde se establecieron los frailes tras su retorno a Santander en 1956


Como historia curiosa podemos decir que la calle Perines, si bien más al fondo, vivió Kurt Bormman, el número 11 de la lista de los 104 agentes alemanes acusados de espionaje a favor del Reich en España, según un informe elaborado por los Aliados en 1945 reclamando su entrega a España  y que primero había estado en la Legión Cóndor de apoyo a Franco en la Guerra Civil, y según la acusación de los aliados era "Miembro de la Gestapo y del partido nazi. Utilizó su empresa aseguradora como tapadera para actividades del espionaje y participó activamente en el suministro de pasaportes falso a alemanes perseguidos". Sin embargo su hija Ruth, afirmaba que "no escondo que mi padre era simpatizante nazi, pero no creo que fuera un espía. Siempre queda la duda, pero nunca vi nada raro en casa ni, con el paso del tiempo, me lo contó", según información publicada por Gonzalo Sellers para El Diario Montañés el 23 de mayo de 2010

Antes de la guerra Kurt Bormman trabajaba en su empresa de artes gráficas en Santander, donde vivía desde 1932 con su esposa Carmen y sus hijos. La familia decidió em 1936 ir a los Juegos Olímpicos de Berlín en la línea marítima que por entonces comunicaba Santander con Hamburgo, empezaban los juegos el 1 de agosto y ellos deciden salir poco más de una semana antes. Embarcados en el Orinoco y ya a mitad de singladura el capitán del barco les informa el 18 de julio que había estallado la guerra en España y que no iban a poder regresar, por ello al llegar a Alemania tuvieron que buscarse la vida y vivir en casas de familiares y amigos mientras Kurt buscaba un nuevo empleo. Un día en la prensa vio un anuncio en el que se solicitaban traductores de español y fue a la entrevista de trabajo, donde advirtieron a los aspirantes que era para la Legión Cóndor y que quien quisiera podía irse. Nadie se echó atrás y Kurt se fue a la guerra, regresando el 6 de junio de 1939 para participar en el desfile de bienvenida celebrado en la Puerta de Brandemburgo

El 1 de septiembre Alemania invade Polonia y comienza la II Guerra Mundial, pero la familia Bormann regresa a Santander en diciembre haciendo una vida aparentemente normal, si bien Kurt mantenía estrecha relación con otros alemanes residentes y miembros del partido, como su lider Rohe, Diersen, propietario de una especie de acuario, el Vivarium, en El Sardinero, y Beseler. Tras la guerra y sabiéndose buscado Kurt se escondió en los Picos de Europa, donde hasta entonces veraneaba con su familia durante aquellos años. Más tarde se fue de allí, ocultándose en un camión para ir a Madrid donde alguien le hizo unos pasaportes falsos lituanos. Con ellos él y su familia embarcaron de Barcelona a Canarias y de allí a Venezuela, de donde regresarían en 1954, cuando la Guerra Fría hacía tiempo que había hecho caer en el olvido muchas cuentas pendientes entre antiguos enemigos. Otro famoso agente alemán en Cantabria fue Spitzy El Pasiego, del que tocará hablar cuando lleguemos a Santillana del Mar


En el año 1885 celebrando la traída de aguas a Santander se instaló en la alameda una fuente y arco monumental al que se subía por una escalinata y que daba paso a una glorieta con un templete en que que se daban conciertos durante las ferias veraniegas estaba justo aquí a la izquierda, hacia la calle Vargas, donde ahora están las escaleras mecánicas y el centro de salud. Estaba justo aquí a la izquierda, hacia la calle Vargas, donde ahora están las escaleras mecánicas y el centro de salud


El ahora Centro de Salud de Vargas ocupa el lugar en el que se construyó en 1974 la nueva Casa Sindical, acabada en 1978 pero que como tal nunca fue inaugurada


En los primeros metros y entre estas dos farolas hallamos un pequeño gran monumento


En medio de este jardín admiramos una reproducción en bronce de la torre gótica de la catedral de Oviedo (Asturias), colocada aquí en el año 2009 con motivo del centenario de la confraternizacion astur-cántabra que dio nombre a esta Alameda de Oviedo


Fueron unos actos muy emotivos que festejaron además el 175 aniversario de la antigua Alameda Larga


Una placa nos recuerda la efeméride


En unas jornadas, muchos peregrinos llegarán a esta catedral de la capital asturiana. Si bien algunos hacen etapas largas y otros más cortas, unos avanzan rápido y seguido, otros van más despacio o se detienen a ver y visitar algunos lugares, pero podemos decir que en algo más de una semana. unos nueve días, llegarán allá


La reproducción, donación del Ayuntamiento de Oviedo, es obra de la escultora Sara Iglesias Poli, es la representación de la torre gótica fruto de las grandes reformas y ampliaciones del siglo XVI sobre el anterior templo románico ovetense y el más antiguo prerrománico, construido para albergar las Reliquias de Jerusalén, luego de largos años escapando de guerras e invasiones desde su origen a lo largo del Mediterráneo hasta llegar a Toledo y luego a Asturias


Al lado de la primer basílica prerrománica, cuyos restos veremos a sus pies al llegar allá, Alfonso II tenía su palacio, desde donde se dice salió en alguna fecha de las primeras décadas del siglo IX, a verificar el hallazgo del sepulcro de Santiago en el extremo occidental de sus dominios, en Compostela, cerca del Finis Terrae atlántico, siguiendo tal vez la vía romana, también continuadora de rutas ancestrales, de Lucus Asturum (Llugo de Llanera) a Lucus Augusti (Lugo) y luego la Vía XIX del Itinerario de Antonino. Sería el antecedente del actualmente llamado Camino Primitivo pero también de todos los caminos a Santiago y por ello, cuando lleguen a la catedral ovetense los peregrinos podrán decidirse entre este Camino Primitivo o continuar el Camino Norte para regresar a la costa en dirección a Avilés, otra muy antigua ruta de peregrinaciones


Seguimos nuestra ruta bajo las monumentales arboledas de La Alameda


En 1932 se instaló en esta segunda parte de La Alameda la Feria de Muestras, que se celebrará todos los años hasta la Guerra Civil


A nuestra derecha estuvo la fábrica de gaseosas Santa Marta y un poco más adelante el Cine Capitol, que cerró sus puertas en el año 2002, y el Colegio Hispano


Aquí durante La Ferias o Feria de Santiago, fiesta mayor y semana grande de Santander, se instalan numerosas barracas con comida, bebida y atracciones


Al fondo ya vemos Cuatro Caminos, el final del paseo de La Alameda. La calle Vargas no pudo prolongarse hasta allí nada menos que hasta 1946, pese a estar el proyecto aprobado en 1883, al no poder evitarse la industria de fundición construida en 1862 por los empresarios Roviralta y López que impedía esta apertura al tránsito


El 25 de septiembre de 1883 la línea del tranvía de mulas desde Molnedo inauguraba por la calle San Fernando su nuevo itinerario hasta a Cuatro Caminos desde sus anteriores paradas de destino en la Plaza de Numancia y luego enfrente de la cervecera La Cruz Blanca. La subida aquí existente, si bien no parece mucha, fue la suficiente para que la empresa del tranvía solicitase en 1883 al Ayuntamiento permiso para electrificarla  y dejar las mulas. No le fue concedido y hubo de pasar al tranvía de vapor en 1889, siendo la primera locomotra la Peñacastillo el 25 de junio de aquel año


A nuestra izquierda vemos una alta torre, la del campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Bien Aparecida, que asoma sobre las copas de los árboles


Es uno de los muchos santuarios dedicados a la patrona de Cantabria, cuya fiesta se celebra en su templo principal, donde se desarrolla toda su venerada tradición en Hoz de Marrón, municipio de Ampuero


Abajo, en los bajos de la calle Vargas, hay varios locales comerciales


 Al otro lado, por la calle Alta, va el otro ramal que comunica Cuatro Caminos con el Cerro de Somorrostro y  la catedral, atravesando el barrio del Cabildo de Arriba, de los primeros que crecieron fuera de las antiguas murallas. Como hemos dicho también está señalizado para entrar y salir de la ciudad


Y así llegamos al Quiosco de las flores...


Durante unos años, en los llamados Jardines de Verdoso, al final de La Alameda, se celebraba durante las fiestas la feria ganadera santanderina


Ahora es un espacio totalmente urbanizado dentro de la ciudad. En los tiempos de las ferias ganaderas estaba en las afueras, prácticamente ya en zona rural...


En todo este entorno entre La Alameda de Oviedo  y la calle Alta acontecieron los gravísimos acontecimientos del 25 de julio de 1892, día de Santiago y fiesta grande en Santander, cuando por la tarde, saliendo de una corrida de toros, una discusión con el sargento del Regimiento Bailén destinado en el Edificio de Exposiciones (cerca de la actual iglesia de la Bien Aparecida, donde ahora está El Grupo o Grupo Ramón Pelayo), provocó una reyerta entre paisanos y soldados que acabó a tiros, estallando un verdadero motín que se extendió por toda la zona. Llegó a temerse un asalto al cuartel pero, pese a que por suerte no aconteció, pues habría causado un desastre, los mandos militares, vista la animosidad de la población, decidieron trasladar el regimiento a otra ciudad. El Edificio de Exposiciones pasó en los años 20 a ser cuartel de los boy-scouts y luego en el solar de construyó esta institución docente, tal y como nos dice J. Simón Cabarga en su obra Santander en la historia de sus calles


Final de la Alameda de Oviedo en Cuatro Caminos, el gran cruce a la entrada de la ciudad, que tiene oficialmente este nombre desde 1852 pues aquí confluían el Camino Real de Burgos, Las Calzadas Altas, el Camino de Becedo y el de Pronillo


Hubo también un fielato o puesto de recaudación de bienes de consumo, conocido popularmente como La Tercera Caseta, pues había otras dos a la entrada de Santander por esta vía


En Cuatro Caminos, llegados a este monolito, iremos a la izquierda para, bordeando la gran rotonda existente por la derecha ir a salir a a la Avenida de Valdecilla, que tenemos enfrente


No sin antes ver el citado monolito, del año 1948, que rememora una vez más la participación de buques y marineros santanderinos en la conquista de Sevilla


Cruzamos a la izquierda primeramente la calle Vargas


Llegamos al otro lado, al pie de un edificio en chaflán


Nada más cruzar tenemos a nuestra derecha un panel informativo


Información al peregrino con mapas de situación


Aquí vemos el itinerario que pueden seguir los peregrinos que han bordeado toda la Bahía de Santander por El Astillero y Peña Castillo para llegar directamente al albergue y la catedral por el camino de Somorrostro a través de las calles Alta y Rumayor, donde se conserva lo poco que sobrevivió al Incendio de Santander de su casco antiguo


También vemos arriba la entrada por Cuatro Caminos y Alameda de Oviedo, el trayecto que hemos hecho nosotros ahora para salir


Y vemos esta gran rotonda a nuestra derecha. En en lugar levantaron los franceses del general Barthelemy un cadalso para ahorcar a los levantiscos durante las guerras napoleónicas y en 1868 hubo barricadas de los liberales contra las tropas gubernamentales partidarias de la revolución de La Gloriosa que llegó a destronar a Isabel II


En el año 1995, en medio de la rotonda aquí emplazada, se instaló la Esfera Armilar con los signos del zodiaco a manera de calendario astrológico obra de Javier Soto cuyo proyecto de atribuye a la sociedad artística Grupo Apia XXI. Una esfera armilar es un modelo del comos en miniatura y desde la perspectiva terrestre, empleado como instrumento astronómico y astrológico en la Antigüedad y Edad Media para calcular la posición de los cuerpos celestes, empleado también en la navegación


Cruzamos la siguiente calle la calle Alta, la que emplean otros peregrinos para entrar o salir de Santander, viendo de frente la Plaza de México. La ruta sigue a la derecha, bordeando la plaza y rodeando la rotonda de Cuatro Caminos


Pero merece la pena acercarse un momento a esta gran explanada, donde estuvo el antiguo matadero hasta comienzos de los años 80. En el lugar se construyó esta plaza, el nuevo mercado y un aparcamiento subterráneo


 El Mercado de México fue inaugurado en 1985


En el lugar se celebran mercadillos los martes y los viernes


En la Plaza de México llama la atención un monumento en honor del presidente mexicano Benito Juárez que representa a un blanco, un indio y un mestizo soltando un águila, simbolo del país, obra de Enrique Fernández Criach inaugurada como la plaza y el mercado en 1985


Vemos una representación del presidente y una de sus frases para la posteridad


"Entre los individuos y las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz"

 
Placa de inauguración


Pasamos al lado del monumento


La base se asemeja a una pirámide maya o azteca


Las figuras en sensación de tensión y movimiento


Volvemos a ver las farolas isabelinas


Y llegamos al otro lado de la plaza


Aquí hay un gran circulo...


Cerrado por una artística barandilla...


Es un gran disco de inscripciones precolombinas


Al lado hay otro, pero este parece una pequeña plaza de reuniones


Justo enfrente, a un nivel más bajo, vemos la Plaza de Toros de Santander o Plaza de Cuatro Caminos, inaugurada el 25 de julio de 1890, día de Santiago, con proyecto de Alfredo de la Escalera


Desde aquí regresamos a la calle Alta


Y retomamos el Camino...


Seguimos bordeando la rotonda de la esfera


 Y seguimos así por esta acera


Cruzamos la calle Jerónimo Saiz de la Maza, ancha y de muchísimo tráfico siempre


Y en la otra acera iremos a la derecha


Fijémonos en la señalización


Aquí a la izquierda tomamos ahora la Avenida de Valdecilla



En la Avenida de Valdecilla empieza una bajada. El tráfico es la mayor parte de las veces muy intenso, cuando fluido o cuando pausado, no siendo infrecuentes ciertos atascos. Por ello hay un subterráneo que pasa bajo Cuatro Caminos  y enlaza con la calle Vargas, que fue abierto en los años 80. A nuestra derecha tenemos la Ciudad Jardín


Señalización para los peregrinos que entran y salen de la ciudad e hito kilométrico: a 36,5 kilómetros de Santillana, a 86 de Unquera y a 572 de Santiago de Compstela...


Dando vista a las quintas y chalets de la Ciudad Jardín salimos del centro de Santander por la Avenida de Valdecilla rumbo a Cajo y Peñacastillo


























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