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lunes, 17 de agosto de 2015

A VIRXE DA BARCA EN MUXÍA: RITUALES ANCESTRALES EN LA ATALAYA DE LOS OCÉANOS Y DE LA HISTORIA


Nosa Señora da Barca, Muxía, al sol del atardecer
Llegando al santuario de A Virxe da Barca
La peregraciones a Muxía tienen su momento álgido al llegar al ansiado templo de Nosa Señora da Barca, al que llegamos, por el Camino que viene de Dumbría, dede el cruce de Hospital, luego de atravesar el centro de Muxía desde el paseo marítimo y la Rúa Real y visitar la iglesia parroquial de Santa María. Las piedras de estos penedos y acantilados fueron consideradas sagradas desde los albores de la civilzación, tanto por sus formas como por sus propiedades, algunas oscilantes e incluso emisoras de ruidos que las gentes tenían por mágicos o divinos. Si a esto unimos que están enfrente del Océano Atlántico, fin del orbe conocido durante siglos en occidente, y que por aquí pasaban, como siguen pasando, rutas comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico conocidas ya al menos desde los fenicios en busca del ansiado estaño, no es de extrañar que, con ese fluir de gentes y navegaciones, de comercio marítimo y de singladuras, llegasen nuevas ideas y religiones, conceptos técnicos, filosóficos y vitales, que hicieron de esta tierra un paraje muy especial y venerado, puertos naturales en los fondeaderos que son desde siempre las rías gallegas


El cruceiro de piedra que, delante del Camino, parece anunciarnos la llegada al santuario y a la vista del inmenso océano, simboliza en conjunto todo ese acervo cultural e histórico que hicieron de este un lugar de peregrinación. Piadosas leyendas quieren ver al mismo Apóstol Santiago Evangelizando estas tierras, invocando las iras de Dios y haciendo que este sumerga bajo las aguas a la mítica ciudad de Dugium, actual Val de Duio, en Fisterra, ante el poco caso que percibía se hacía a sus enseñanzas. Desconsolado y desmoralizado, el Apóstol se retira más al norte, siendo aquí donde se le aparecería la Virgen, arribada por mar en barca de piedra, anunciándole que su labor estaba hecha, que había sembrado las semillas de la fe y que habría de regresar a Palestina


Y así, justo en aquella orilla donde María consoló y animó a Santiagoaquellas adoradas piedras fueron los restos de la barca de la Virgen, desde las velas a su casco y timón, aportando a ellas los peregrinos. Aparte de la más que discutible veracidad histórica de todo ello esta tradición explicaría la temprana evangelización de estos lugares por gentes venidas, como las rutas comerciales marinas, por el océano desde el Mediterráneo hasta aquí, al Atlántico y sus confines conocidos, trayendo una nueva religión que superpondría su fe sobre los mismos lugares de cultos anteriores, erigiendo nuevos templos en ellos. Este sería el caso del santuario de la Virxe da Barca, el cual simboliza todo aquel flujo de gentes y pensamientos, actitudes ante la vida y la muerte, que se transmitireron a lo largo de milenios


Grandes impulsores de la cristianización de este enclave fueron los monjes del vecino monasterio de Moraime, asentado sobre lo que pudo fácilemente ser una de las primitivas comunidades cristianas de la vieja Gallaecia, ellos transformaron las creencias anteriores en nuevos templos, santos y vírgenes que dan vista desde estas mismas atalayas a la majestuosidad atlántica del que estaba considerado final de la tierra


 No en vano, nuevos monumentos de nuevas circunstancias históricas se yerguen en este paraje oceánico, como es la escultura A Ferida donde se inmortaliza la catástrofe del Prestige que en el año 2002 naugfragó en esta llamada Costa da Morte por sus quebrantos, extendiendo su mancha por todas las costas del Atlántico al Cantábrico y más allá. Por alguna razón cambian los tiempos, las gentes, las civilizaciones y las religiones pero los lugares "elegidos" permanecen, una constante que se repite en todas partes a lo latgo de toda la geografía e historia de la Humanidad


Y así vamos yendo, por este camino empedrado desde la iglesia parroquial de Santa María de Muxía, al santuario de Nosa Señora da Barca, que en su fábrica actual es un templo de estilo popular marinero edificado en el año a partir de 1719 sobre otro más antiguo el cual sería a la vez una reconstrucción o refundación de edificios anteriores. Existen testimonios de una capilla anterior desde el año 1544 aunque las evidencias de culto cristiano se retrotraen a la alta Edad Media, sin duda superpuestas a creencias más antiguas cristianizadas. En la zona hay localizados castros galaicos y construcciones tanto romanas como suevo-visigóticas


Nosa Señora da Barca de Muxía se hizo realidad con las donaciones de Xoan de Rivadeneira, conde de Frigilianay Aguilar y su esposa Alfonsa de Castro, las cuales continuaron con su hija Tereixa de Taboada y su yerno el conde de Maceda. Los condes están enterrados en su interior junto al altar mauor. Ante la ermita se extiende A Punta da Barca o Punta Xaviña, donde estaba Santiago cuando se le apareció la Virgen María y le consoló diciéndole que su misión estaba cumplida y habría de volver a Jerusalén. Esas son las piedras que la leyenda dice fueron parte de su barca y el más primitivo santuario un oratorio con una imagen que la Virgen entregó al Apóstol


Su porte se vio magníficamente realzado al añadírsele en el año 1958 las dos torres que hoy en día tanto le caracterizan y le hacen destacar, hechas gracias a la donación de un muxiano emigrante a América Romualdo Bentín. Al lado está la casa rectoral, del año 1829 y más allá el Faro de Muxía, del año 1981 pero sustituyendo a otro instalado en 1898, dos años después del nuevo faro de Cabo Vilán y ocho después de la tragedia del Serpten, crucero de la Royal Navy hundido en estas costas


El edificio hubo de reconstruirse entero después del trágico temporal e incendio que padeció en las navidades del año 2013, reconstrucción realizada no sin polémica
 

Llegando al campo del santuario contemplamos mejor la Punta Xaviña, donde las gentes recorren el lugar queriendo reconocer cada parte de la barca de piedra de la tradición xacobea



Así, la legendaria barca en la que vino la Virgen y que dio nombre al lugar, está presente en Muxía y los roquedos de la Punta da Barca que miran al Océano Atlántico y ría de Camariñas en este evocador paraje de la Costa da Morte



Como ya hemos dicho la leyenda habla de la llegada aquí de la Virgen María surcando el océano en una barca de piedra con timón, velas y demás componentes también de piedra que se apareció en el lugar para consolar y animar al Apóstol Santiago cuando este se desesperaba ante lo baldío de sus esfuerzos evangelizadores en estas tierras entonces paganas


También queremos reiterar que independientemente de la realidad histórica del suceso este incide en la cristianización de estos lugares según tradición fomentada por los monjes del cercano monasterio de San Xiao de Moraime, quienes marcaron aquí su impronta, pues hasta el mismo nombre de Muxía se relaciona con los monxes que aquí tuvieron puerto marítimo y fundaron este templo mariano. El origen del monasterio se enmarca en el siglo VI por lo que estaríamos hablando prácticamente de los albores de la cristianización efectiva de Galicia


Además de la relación con la barca de piedra en la que también volvería a Galicia el cuerpo del Apóstol, se perciben tradiciones de míticas navegaciones evangelizadoras transmitidas en los más dispares rincones del Viejo Mundo


Estas piedras de la barca, como tantas de otros muchos lugares, revelan ser pervivencia de religiones ancestrales. Así la Pedra de Abalar sería el casco de la nave, la Pedra dos Cadrís la vela y la Pedra do Timón el timón de la barca. Más alejada y quizás no relacionada directamente con las de la barca está la Pedra dos Namorados, que por su forma parece una pareja besándose


Las peregrinaciones más antiguas documentadas son del siglo XV, lo que no quiere decir ni mucho menos que las hubiese desde muchísimo más atrás, si bien estas costas fueron muchos siglos inseguras. La caída del imperio romano, proceso gradual, afectó a la seguridad  en general de todos los rincones de sus vastos dominios hasta que se asentaron los nuevos reinos, pero la debacle de las rutas comerciales marítimas vino con las incursiones de vikingos y sarracenos que, al ir cesando en la baja Edad Media, propiciaron el asentamiento de gentes en estos puertos naturales en torno a las rías


Los monjes de Moraime pudieron así sacar partido a su puerto y auspiciar la llegada aquí de pobladores de otros lugares que serían el origen de la actual Muxía, y los obispos compostelanos favorecerían aún más a partir de entonces estas peregrinaciones pues buscaban la concesión del privilegio real del derecho de carga y descarga de mercancías internacional aquí y en Fisterra. El gran auge de las peregrinaciones a Muxía llegaría en el siglo XVIII


Dado su gran tamaño se dice que antiguamente se hacían y reparaban en su interior la velas de las lanchas pesqueras, así que se pintaba de blanco para que pudiese ser visto a mucha distancia por todos los navegantes. La grandiosa y multitudinaria romería de la Virxe da Barca se celebra entre el 9 y el 15 de setiembre, siendo el día grande el sábado. Antaño se festejaba toda la noche porque la marcha se realizaba el domingo al mediodía, pero junto con el gran jolgorio había procesión y penitencia pues no pocos venían de rodillas de Muxía por el Camiño da Pel. Si bien se alquilaban habitaciones a los romeros que acudían a otros se les entregaba algo de paja para que se acomodasen en torno al santuario


La espadaña barroca, que fue desarmada al construirse las torres, fue instalada al lado de la iglesia, en el camino que viene de la Rúa da Barca que la comunica con Muxía por la carretera AC-5202 y por acera


Ahí está la rectoral


Accedemos ahora al interior. La puerta principal, que mira al oeste, es relativamente pequeña y modesta en comparación con la monumentalidad del edificio


Se sabe de cinco retablos barrocos que aquí existieron originariamente. De ellos el que llegó a nuestros días fue el que donó el arzobispo de Santiago Don Antonio Monroy y que se encuentra no aquí sino en la cercana iglesia parroquial de Muxía. El retablo mayor fue obra del maestro Miguel de Romay, contratado con las obras del santuario en 1717. Todo el interior hubo de ser restaurado y los retablos reconstruidos como consecuencia del gran incendo de diciembre de 2013


Otros dos retablos barrocos son los de San Xoan y San Miguel, antes de Santiago Apóstol, situados en la nave uno frente al otro. Este es San Miguel


Este es San Xoán



La planta es de cruz latina y en su interior hay exvotos, normalmente maquetas de barcos, ofrecidos por marineros que en caso de apuro rogaron a la Virgen y se salvaron


Más altares tienen también retablos e imaginería, la Saleta y la Concepción, ambos de 1872, y el del Cristo y la Virgen de los Dolores



Pescadores y  marineros de todos los tiempos y de todos los países se han encomendando a esta Virgen y su poder para salir indemnes de tempestades y calamidades oceánicas. Escritores y poetas han glosado santuario, población y mágico enclave


Salimos de nuevo al exterior a ver ahora las piedras de Muxía


Y aquí está la oscilante Pedra de Abalar, el casco de la misma barca de la Virgen, una piedra en la que, al moverse según donde se ejerciese presión, guardaría el testimonio de aquellas creencias, piedra que quiere recuperarse, como el mismo santuario, de continuos azotes del temporal. Se dice que solo podía moverla la gente "libre de pecado" ya que sinon no se movía o abalaba

 
Así en el año 1446 el peregrino de Ausburgo Sebastián Ilsung (1446) habla de su viaje A Finster Sterren y al barco de Nuestra Señora, y logra mover la piedra, diciendo que "el que ha matado a alguien o está excomulgado y no ha expiado totalmente su pecado no la puede mover ni siquiera un trocito". También se cuenta que antaño servía para discernir la culpabilidad o inocencia de las personas acusadas de alguna grave falta. El domingo siguiente al 8 de septiembre se celebra la multitudinaria romería de Nosa Señora da Barca, declarada de Interés Turístico Nacional, es entonces cuando sale la procesión marinera con un intenso ritual en el que se hace bailar u oscilar a la Pedra de Abalar, algo que solo logran los inocentes y libres de pecado, según esta antigua tradición.

                                              

Transmite un sonido especial al moverse y a veces lo hace, sin saberse el motivo, ella misma, sin que ninguna persona ejerza peresión física sobre ella. Las gentes de Muxía dicen que en el pasado lo hizo no pocas veces, bien como aviso de naufragios, bien para espantar ladrones y malhechores, según los dichos opulares. El sonido fue grabado en 1978 por un equipo de Radio Nacional de España


En 1466 Wenceslao Schaschek, secretario personal del bohemio Leo von Roztimal, escribe así de sus impresiones del lugar: "Vimos en la costa una nave con sus remos, cables y demás aparejos, hecho todo de piedra, y aseguran que esa nave transportó a Dios con su madre"


Y en 1484 Nicolás de Popielovo, procedente de Broclaw o Breslau, en Silesia, señala que vio aquí "un barco destrozado, hecho de pura piedra, con un mástil y una vela colgada, ambos de piedra. El mástil tendrá la altura de tres hombres y su volumen, tres hombres apenas podrían abrazarlo. Sin embargo, yo y otros pudimos mover esta piedra con una mano, y esto parece un gran milagro". Otros muchos después de ellos hablaron de Muxía en sus narracciones, de la barca de piedra y de los milagros de la Virxe da Barca




Por su parte la Pedra dos Cadrís sería la vela de la barca y, además de símbolo de fertilidad. Estaría relacionada con las curaciones de caderas y riñones enfermos o doloridos, pasando bajo ella como es preceptivo, indispensable para los aquejados de dolencias reumáticas. Pasar bajo ella es asimismo metáfora de renacimiento vital


La Pedra do Timón sería el timón  de la barca y la Pedra dos Namorados, esta no directamente relacionada con la barca de la Virgen y con forma de asiento, sería la correspondiente para jurarse amor eterno



 Y como no, en la Punta da Barca, el faro, puesto en el año 1981 sobre el solar del predecesor, instalado en 1898...



Mirando al Cabo Vilán y Ría de Camariñas...



Otro de esos maravillosos lugares para sentarse a contemplar la mar océana...


Más arriba, un monolito, A Ferida,  recuerda el desastre del Prestige y su marea negra en noviembre del año 2002


Hacia él subimos ahora...


Un monolito nos señala que estamos a unos 31 kilómetros de Fisterra


Unos peregrinos van a Fisterra desde aquí y otros lo hacen al revés, pues está señalizado en ambas direcciónes. Si se puede nosotros recomendaríamos hacer el circuito completo para no perdernos nada, regresando de Fisterra a Santiago, o en su caso de Muxía. Puede realizarse en una semana


Es obra de Alberto Bañuelos Fournier inaugurada en el año 2003


Desde A Ferida y desde todo en entorno del santuario de la Virxe da Barca se ven los majestuosos atardeceres de la Costa da Morte


Impresionantes puestas de sol en las que se ve al astro rey ocultarse como si se sumergiese en el océano, algo que ya maravillaba y sorprendía a los navegantes de la antigüedad


La Punta da Barca y el ocaso del sol


Décimo Junio Bruto, el general romano que llevó sus legiones al corazón de la Gallaecia, admiró este espectáculo no sin cierto temor, pues percibió como el sol "caía al agua con una gran llamarada"


Las torres del santuario ofrecen un marco imcomparable para tan magnífica experiencia


Poco a poco el sol desciende...


Va perdiendo paulatinamente su brillo hasta que ya le miramos de frente sin daño a los ojos


Reconociendo el disco solar


Que va desapareciendo


Como si se sumergiese en las aguas del Mar Tenebroso de los antiguos, el Final de la Tierra, santuarios en los confines del mundo conocido en occidente durante siglos


Una visión majestuosa y formidable


El sol desaparece...


Pero aún queda su luz, que irá dando paso a la penumbra nocturna para resurgir a la mañana siguiente sobre las montañas del oriente...


Mucha gente asiste a este impresionante suceso con gran emoción y sentimiento


Desde A Fereida continuaremos subiendo hacia lo alto de otro lugar muy importante en Muxía, el Monte do Corpiño