Eres el Peregrino Número

domingo, 29 de octubre de 2017

ENTRANDO EN SANTANDER DESDE MURIEDAS, EL VALLE DE CAMARGO Y PEÑACASTILLO: EL GRAN RODEO POR LA BAHÍA (y 6)

Peñacastillo
Maliaño. Avenida de Bilbao
En Maliaño, población del municipio de Camargo que comparte casco urbano con Muriedas, su capital, se unen los dos caminos que se han separado en El Astillero, el que viene hasta aquí por Guriezo y Boo, recorrido netamente urbano e interior, y el que sigue el paseo marítimo por los astilleros, cruza la Ría de Bóo por el Puente de Bilbao y sube primeramente al Alto de Maliaño antes de llegar aquí, Avenida de Bilbao, en lo que es la ruta seguida por los peregrinos que bordean toda la bahía santanderina como alternativa a cruzarla en lancha desde Somo y Pedreña


El itinerario es todo él por esta larga calle que es la Avenida de Bilbao, la cual seguría en líneas generales el trazado del viejo camino real costanero, si bien en su mayor parte entre los edificios de pisos de la urbe que, en la práctica, conforma con Santander un gran espacio urbano


Esta señal nos informa que estamos a 11 kilómetros aún de Santander, capital de Cantabria, a 89,5 de Unquera, paso a Asturias, y a 583 de Santiago de Compostela


El crecimiento industrial y portuario de la bahía, la proximidad al Aeropuerto de Santander-Seve Ballesteros y a las grandes vías de comunicación, han propiciado el crecimiento de todas estas poblaciones


Estamos en una verdadera arteria comercial con tiendas, hostelería y servicios


Las aceras on muy anchas y el itinerario es como un gran paseo por la ciudad


Abundan las terrazas


Aún se conservan algunas casas unifamiliares de la localidad, anteriores al gran boom urbanístico


Camargo, llamado antiguamente Real Valle de Camargo, fue uno de los valles de la antigua Asturias de Santillana del llamado Pleito de los Valles por el que se libraron del poder señorial en 1581 creando la Provincia de los Nueve Valles, valles de Alfoz de Lloredo, Cabezón, Cabuérniga, Reocín, Piélagos, Camargo, Villaescusa, Penagos y Cayón, antecedente histórico de la actual Cantabria


Servicios públicos


Nos acercamos a una rotonda


En ella continuaremos de frente


Siempre por la acera


Siguiendo las señales


Y viendo algunas quintas, símbolo del pasado residencial del lugar


Estamos en Muriedas, carretera CA-140 que es la Avenida de Bilbao


A lo lejos vemos, a la derecha, el Polígono Industrial de Raos y al fondo la ciudad de Santander


Colonias de chalets


Edificios e industrias, continuidad hasta Santander, si bien algunos espacios verdes han sido recuperados, formando bosques en medio del asfalto, el acero y el hormigón


Algunas construcciones siguen manteniendo el estilo de la arquitectura tradicional


 Zona de casas unifamiliares con terreno


A lo lejos asoma el campanario de una iglesia


 Es la iglesia de San Vicente, junto a la que pronto pasaremos


Seguimos en la Avenida de Bilbao, cerca de grandes centros comerciales


Subimos un poco


Chalets y naves industriales


Bancos para sentarse


Urbanización El Sol


Colonias de chalets


Quintas y palmeras


A lo lejos más vistas de Santander


Y las dársenas de Maliaño y Raos, con intensa actividad portuaria


Valle Real, otro gran espacio comercial. Al fondo la boca de la Bahía de Santander


Así nos acercamos a la iglesia de San Vicente Mártir, fundada sobre una ermita preexistente por iniciativa del Marqués de Villapuente, Francisco de la Peña, en el siglo XVIII, haciéndole dos capillas, una dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe y la otra a San José


Las obras comenzaron en 1726 y hubo trabajos a mediados del siglo XX


Seguimos por la avenida


Dando siempre vista a Santander y el puerto


Seguimos por la acera


Las señales confirman la dirección a seguir


Urbanización Las Torres


Hilera de arbolado


Según la dejamos atrás vemos mejor la estructura de la iglesia de San Vicente de Muriedas, de nave única con capillas laterales


Iglesia parroquial de Muriedas en la actualidad


Antiguas casas de labranza, de los tiempos en lo que todo eran huertas y prados de pastos


Cruzamos este paso de peatones


En el suelo una flecha nos indica ir a la izquierda


Cruzamos ahora por este otro paso de cebra la Avenida de Bilbao


Y seguimos por la otra acera


Pasando junto al portón de una casa con terreno


Un hermosísimo jardín con fuente


Y artística verja


Aquí la Avenida de Bilbao se une a la de Burgos: vamos a la izquierda


Seguimos la acera


Pero cruzamos por aquí con cuidado la Avenida de Burgos


Pasando al otro lado a la calle Hermanos Gómez-Peredo


Por donde continúan las señales del Camino Norte de Santiago, junto a la urbanización Los Arces


Subimos poco a poco


Entre las casas


Chalets


Jardines


Bifurcación y a la izquierda


Subiendo al lado de la palmera


Fijémonos en el mojón xacobeo


Sigue la pequeña subida


Curva a la derecha


A la derecha de esta casa


Por aquí seguimos


Junto a más urbanizaciones


En La Zarzosa



Observemos una placa con flecha y concha en el muro de la derecha. Nosotros seguimos de frente, subiendo


Residencial Altos de Muriedas


Cruce y a la izquierda


Este tramo, desde la Avenida de Bilbao, tiene visos más residenciales y rurales, y así será hasta ir llegando a Peñacastillo, ya en el municipio de Santander


Va acabando la cuesta


Y seguimos por lo llano


Allí hay un cruce


Iremos a la izquierda


Siguiendo las flechas


Al lado de la Quinta El Bosque


Estamos en Herrera de Camargo


Parque y más urbanizaciones


Llegamos al cruce frente al Centro Cultural El Torreón


Vamos a la derecha


Zona de juegos infantiles y calle del Doctor Fleming


Estamos a poco más de kilómetro y medio de Peñacastillo, entrada a Santander


Aquí empezamos a bajar


Entre casas y campiñas


Hacia un pequeño valle


A lo lejos el pueblo de Igollo, bajo Peña Negra o Cotral (122 mts.)


Matas de árboles


Seguimos bajando


Siguiendo la acera


Aquí a la izquierda enlaza con este otro de los caminos señalizados que bordean la Bahía de Santander por su parte más exterior, de Galizano a Villaverde de Pontones, Solares, Heras, laderas de Peña Cabarga, Santiago de Cudeyo, San Salvador, Liaño o Muslera y el Alto de la Venta de la Morcilla, Revilla y Herrera


Por aquí discurre un arroyuelo


Y luego de bajar toca subir


Finca arriba


Junto a más casas


Buena acera en ascenso


Vamos llegando al final de esta cuesta


Pero justo donde acaba el ascenso hemos de desviarnos a la izquierda


Para seguir subiendo por aquí, en Los Coteros


Pasando junto a esta quinta


Y admirando, sobre las urbanizaciones de San Martín, las alturas de La Peña (140 m.) que da nombre a Peñacastillo, monte seriamente afectado por la actividad extractiva de sus grandes canteras


Su nombre procede de un castillo que se erguía sobre este picudo monte arbolado de solo 139 metros pero que, al estar rodeado de terrenos llanos, es una prominencia que se ve desde muy lejos


 Peñacastillo, una antigua fortaleza o castro, recinto fortificado prerromano en la que se quiere ver el más primitivo origen prerromano de Santander, donde hubo un castillo, muy posiblemente sucesor del ancestral castro cántabro, que fue abandonado al pasar el lugar plenamente a la jurisdicción santanderina en el siglo XVI. Allí se encuentra la Cueva de San Andrés, de viejas leyendas de tesoros escondidos, razón para algunos eruditos encuentren aquí la razón del topónimo Santander, de San Andrés más que del San Emeterio, mártir cuyas reliquias y las de otros santos como San Celedonio se veneraban en el santuario anterior a la actual catedral. La cueva, independientemente de las leyendas, sí parece responder a un poblamiento paleolítico muy anterior incluso al castro y al castillo


San Martín y a lo lejos Santander


Allí a lo lejos se extiende la finca La Remonta, de la que hablaremos cuando nos dirijamos al casco urbano de Santander. pues podremos visitarla en el itinerario de Peñacastillo a la catedral


Llegamos así a este tramo que es un verdadero mirador sobre los valles y colinas del entorno


Tenemos ahora, a la derecha, una buena vista del histórico Valle de Camargo


Ahí están las praderías del valle y los polígonos industriales, bajo el monte de La Verde, cuya máxima cota es el Verdenueva (139 mts.)


Y las canteras de La Verde


Por allí va también la Autovía S-30, la Ronda de la Bahía


Intensa actividad industrial


Pasamos esta casa de labranza


Mientras seguimos admirando todo el pueblo de Igollo con sus barrios y lugares: La Vega, Abajo, Igollo, El Juyo, Las Canteras, El Cabido, Las Escuelas, La Esprilla, Bojar, La Venta y La Iglesia


En El Juyo, en la cueva de este nombre, fue descubierto un asentamiento humano de 14.000 años de antigüedad perteneciente al Magdaleniense Inferior Cantábrico, con una losa que asemejaun ara y una cabeza de piedra con una cabeza tallada, mitad humana y mitad felina. Diversos especialistas lo han calificado como el santuario más antiguo del mundo


Por su parte la parroquia de Igollo aparece mencionada ya en el año 1025 bajo la advocación de Santa Eulalia. Es en el famoso Cartulario de Santillana del Mar y en ese dsocumento aparece donada a esa abadía, con sus casas, por Doña Eylo y su esposo


La iglesia actual, que vemos desde aquí, es del siglo XVII, en concreto del año 1696, sobre una antigua capilla anterior que fue derribada, trabajos al cargo de Vicente de los Perales y Santiago de la Lomba


Es una iglesia de marcado estilo renacentista que conserva en su interior retablos e imágenes de sumo interés


Campo e industria


Paisaje rural y verde


Todo este valle de Camargo fue fortificado durante la Guerra de la Independencia en un intento de las tropas napoléónicas por retener Santander cortando el paso a las tropas españolas


Mirando ahoira al norte veremos la Bahía de Santander, la más grande del norte de España


El puerto y a lo lejos El Puntal, el gran arenal de Somo. Por allí surcan las aguas las lanchas de Los Reginas o pedreñeras, las que desde Somo y Pedreña transportan a pasajeros hacia Santander. Un servicio regular de lanchas parece ser existía ya desde la baja Edad Media y era empleado por numerosos peregrinos, si bien la peligrosidad de las corrientes hacía que fuese muchas veces una singladura peligrosa para las endebles barcazas de entonces, además del pago del pasaje, por lo que no pocos realizaban esta circunvalación de la bahía por estos caminos, pese al gran rodeo. Más a lo lejos está la Isla de Santa Marina, donde hubo un monasterio, y los cabos y acantilados de Punta Langre y el Cabo de Galizano


En medio de la bahía El Pantalán, pantalán de Dynasol para el transporte, vía gasoducto, de gases licuados entre los barcos y la factoría de Gajano. Más allá Pedreña


Seguimos haciendo camino en Los Coteros. Cacicedo, otra de las poblaciones del municipio de Camargo


A nuestra izquierda una laguna, El Pozón de los Coteros o La Pozona de Cacicedo, donde se han llevado a caba trabajos de recuperación ambiental


Lugar de observación de la avifauna


Grupo de casas en Los Coteros


Estamos en la zona de Miramar


Ahora tenemos una hermosa vista hacia Peñacastillo


Ahí están los barrios de Pedroso, La Peña y, más abajo, la gran llanura de San Martín con los polígonos industriales y las nuevas urbanizaciones


Lo que fue una zona rural de caseríos, huertas y vaquerías se ha transformado en un área residencial de la ciudad de Santander. Ya en 1898 se rellenaron las marismas aquí existentes y se instalaron unos altos hornos en esta zona que empezaría a llamarse Nueva Montaña, con las primeras casas para los empleados, en colonias como Bartolomé Darnís, El Carmen y Santiago Mayor


Por su parte la fortaleza que hubo en lo alto de La Peña fue abandonada en el siglo XVI, incorporándose la población a la jurisdicción de Santander. Las piedras de sillería fueron aprovechadas para hacer casas y la inmensa mayoría de los restos que quedaban desaparecieron en el siglo XX con la cantera


En el barrio de La Peña vemos la iglesia parroquial de San Lorenzo, justo al pie del antiguo Castillo de la Peña que dio nombre a Peñacastillo, peña que en el año 1025 era conocida como la Peña del Miradorio, esto es, el mirador, ahora el Alto de la Peña. Su estratégico enclave la convertía en una soberbia atalaya sobre estos antiquísimos pasos a los puertos naturales de la bahía sobre los que se asentaron las actuales poblaciones


Justo a sus pies se unen este camino y que el viene de Santander, el que emplean los peregrinos que han cruzado la bahía en lancha, para desde allí continuar hacia Santa Cruz de Bezana


Y así, contemplando este paisaje, empezamos a bajar por Los Coteros


Allí, a la derecha de Peñacastillo, Santander


Con los altos bloques de pisos de la Ciudad Jardín y otros barrios santanderinos


Más a lo lejos el centro urbano


Nueva Montaña, los polígonos undustriales y la ciudad


Pisos y factorías


Las grúas del puerto


Vacas pastando


Abajo la subestación eléctrica


Los Oteros, Miramar, Peñacastillo, Nueva Montaña y Santander


Seguimos en Los Coteros


Casa y jaerdín


Seguimos por la acera


Urbanización Alto Cacicedo


Otra área residencial donde aún hay algunas casas de labranza


Allí tenemos un cruce


Vamos a la derecha


Y frente al bar Bellavista llegamos a la calle La Central, bajando a la derecha


Camino de Peñacastillo


Buena bajada. A la derecha hay acera


Bajamos así a La Central, la subestación eléctrica, y al Polígono Industrial Elegarcu


En el valle de San Martín, bajo Peñacastillo


Estamos en la carretera CA-306


Bifurcación y a la izquierda


Atención a las flechas indicadoras


La Central


Y el paso bajo la Autovía A-67, la Autovía de la Meseta


Atravesamos el polígono


Y en este cruce vamos a la derecha


Aquí dejamos Camargo y entramos en el municipio de Santander


Nos dirigimos hacia aquellos edificios


Llegamos al alto


Y ya en llano seguimos ruta en la calle Joaquín Salas



Frente al Bar Chuchi


Pasamos junto a los jardines de estas urbanizaciones


Y aquí iremos a la izquierda


Veamos la flecha indicadora


Es la calle Ricardo López Aranda


 Esta es nuestra ruta


Espacio ya eminentemente urbano


Pasando junto al campo de fútbol Vicente Miera. Equipos míticos tuvo siempre esta localidad, como el Atlético Peñacastillo, fundado en 1924


La impresionante mole de piedra vertical de la cantera de Peñacastillo ante nosotros


Y así aquí tenemos un importante y significativo cruce. Actualmente la ruta oficial sigue a la izquierda para ir al cruce bajo la iglesia de Peñacastillo, desde donde entraríamos en Santander por la otra parte de La Peña si bien también podría irse de frente para ir a Santander ciudad por la parte derecha de La Peña, barrio del Castro, siguiendo la N-611, pero también podríamos seguir de frente para llegar a la capilla de Santa Lucía y enlazar con la N-611 en Campogiro, al lado de la finca La Remota. Esta ruta conserva las flechas amarillas y parte de la señalización que también tuvo antaño. En esta entrada de blog hablaremos de las dos opciones:

1) A SANTANDER POR LA N-611 DE PEÑACASTILLO A CAMPOGIRO


En este caso tomamos la calle de la izquierda, calle Voluntariado


Y subimos aceras arriba


Llegando a aquella colonia de chalets


El Pedroso


A la derecha La Peña


Y la iglesia parroquial de San Lorenzo


Llegamos a la Glorieta José Ortega y Gasset


Y seguimos al pie de otra urbanización de chalets


Todo recto


Y estamos en Pedroso, barrio de Peñacastillo


Vamos a la derecha


Y tomamos la calle Camarreal


En dirección a la iglesia


Cruzaremos mejor a la izquierda


Por el paso de cebra con semáforos, pues suele haber muchísimo tráfico


Ahí están las señales


Continuamos acera adelante


Y pasando junto a algunas casas veremos la rotonda de la iglesia, en La Peña


Seguimos por esta acera


Y aquí enlazamos con el camino que viene de Santander. Calle el Castro


Justo en este cruce


Teniendo a la derecha la iglesia de San Lorenzo


Los peregrinos que desde Santander, luego de cruzar la bahía en lancha, vienen de la ciudad, al fondo de la foto, por Cuatro Caminos, Cajo y Campogiro se unen aquí con este camino, donde convergen ambas rutas. El Camino Norte continúa a la izquierda, por el barrio de Lluja hacia Santa Cruz de Bezana. Nosotros podemos seguir de frente para visitar Santander (trayecto también señalizado) o seguir a la izquierda, si bien hacer el Camino Norte sin visitar la capital de Cantabria es en nuestra humilde opinión algo que no debería hacerse, a no ser que ya conozcamos las rutas que entran en ella "por tierra y por mar" y la propia ciudad


Esta es pues la ruta a Santa Cruz de Bezana


Ruta a la izquierda. Pero nosotros en este caso vamos a ir a la derecha...


Ruta a la catedral de Santander


Y así tomamos pues el Camino de Santander, al pie de La Peña


Rotonda abajo, por la carretera, barrio de Fonseca


Y así vamos recorriendo los barrios de Peñacastillo, población a las afueras de Santander que hasta hace unas décadas era totalmente rural, con vaquerías, huertas y caseríos, consituyendo hoy en día una zona en constante expansión industrial y urbanística. El topónimo hace referencia a la peña bajo la que estamos pasando, poblamiento antecesor del Santander actual, y a su antiguo castro

Es la calle El Castro, junto al polígono industrial El Campón

Y por aquí seguimos ruta, con los edificios de la ciudad muy cerca


A nuestra derecha La Peña, origen de Peñacastillo y tal vez del mismo Santander. La pìcuda peña llamó sin duda la atención a los más antiguos pobladores de la comarca y aquí se asentaron. La llegada del cristianismo sacralizó para la nueva religión los anteriores lugares de culto, apareciendo santuarios y monasterios, ermitas desaparecidas en buena parte y de las que son sucesoras los actuales templos, como la iglesia de San Lorenzo, justo al pie del antiguo Castillo de la Peña que dio nombre a Peñacastillo, peña que en el año 1025 era conocida como la Peña del Miradorio, esto es, el mirador, ahora el Alto de la Peña. Su estratégico enclave la convertía en una soberbia atalaya sobre estos antiquísimos pasos a los puertos naturales de la bahía sobre los que se asentaron las actuales poblaciones


Ruta a la catedral, a la Puebla Vieja


Palmeras entre el polígono y El Castro


Casas de El Castro


Bajo las laderas de La Peña


Son vías de bastante tráfico y entrada a las industrias. Seamos precavidos con el paso de vehículos


Naves del polígono


Divisoria entre la calle y el paso al polígono


Fila de casas


Continuamos todo recto


A la izquierda la estanción de Adarzo


Grupo de viviendas en un cambio de rasante, un pequeño altozano


A la derecha tenemos acera


Las viviendas unifamiliares obreras de antaño fueron dando paso a las nuevas urbanizaciones y bloques de edificios. Cuando a partir de 1898 se desecaron las marismas entre el Camino Real y el mar fueron apareciendo poblados como Bartolomé Darnís, El Carmen y Santiago Mayor donde vivían las familias de los empleados en los altos hornos


Una fachada con algo que nos es familiar


Una reproducción de un famosísimo cuadro, si bien muy gastado


Es una casa de vecindad restaurada


Seguimos de frente adelante


Barriadas de edificios de pisos sobre las anteriores viviendas unifamilares del extrarradio


Esta pequeña subida en El Castro nos lleva a pasar frente a la capilla del Cristo


En ella se ve en la verja la leyenda "Yo soy el Camino



Cristo crucificado


Y seguimos cuesta abajo a Campogiro


Campogiro, uno de los barrios de Peñacastillo, localidad al oeste del municipio de Santander que fue zona rural, como hemos dicho, donde asentaron sus casonas y palacios antiguas y linajudas estirpes cántabras.  Sus barrios originarios son Adarzo, Camino Real o Camarreal, Lluja, Ojáiz y San Martín. En el siglo XIX aparecieron nuevas barriadas como La Reyerta en San Martín o esta de Campogiro


Allí, en el cruce, viene a la derecha el camino que, desde el cruce tras el campo de fútbol, por la calle Ricardo López Aranda, viene a enlazar con este aquí para entrar en el casco urbano de Santander, ruta a la Puebla Vieja y a la catedral por la ermita de Santa Lucía, camino que ahora pasamos a explicar:

2: RUTA A LA CATEDRAL DE SANTANDER POR LA ERMITA DE SANTA LUCÍA


En este caso en la calle Ricardo López Aranda no iríamos a la izquierda hacia la iglesia de San Lorenzo de Peñacastillo sino que continuaríamos de frente en dirección a La Peña por esta acera


Llegamos a esta rotonda cruzaríamos y seguiríamos de frente rectos


Es una subida suave pero prolongada


Aquí, al pie de La Peña salimos a la calle Alberico Pardo, donde iremos a la derecha


Aquí cruzamos y seguimos de frente


Bifurcación


Y a la izquierda


Sigue siendo la calle Alberico Pardo


Cruzamos y vemos al fondo el gran letrero del Carrefour


Vamos ahora cuesta abajo


Junto a más urbanizaciones


El pirulí del centro comercial nos sirve de referencia


Salimos a la carretera N-623


Y vamos a la izquierda


En dirección a la gasolinera


Una flecha amarilla nos indica continuar hacia el santuario de Santa Lucía, que vemos a la izquierda detrás de la gasolinera


Nos apartamos un poco de la carretera nacional, viendo La Peña de Peñacastillo a la izquierda


Pasamos detrás de la gasolinera


Acabando casi la calle vamos a la derecha a pasar junto al santuario


Esta ermita fue construida en 1910, en el barrio de San Martín de Peñacastillo


Vamos a la derecha


Pasando al lado de ella


Las flechas amarillas nos indican seguir de la capilla de frente


Subiendo por aquí


Calle Juan Guerrero Urreisti


Subimos por la acera


Hay algún bar


Y salimos a la carretera del Empalme, donde podemos cruzar hacia las casas


Y seguir por la acera a la izquierda de la rotonda, bajo los edificios de pisos


Por allí sigue la cuesta


La acera se estrecha


Por lo tanto precaución pues suele haber mucho tráfico


Subimos hacia las casas


Abajo la N-623, centros comerciales, institutos y bloques de edificios de San Martín y Nueva Montaña


Inmensa zona de expansión urbanística que hace que Santander en la práctica se una a Muriedas, Maliaño y El Astillero en un gran núcleo urbano e industrial que se extiende por toda la ribera oeste de la bahía


Calle Campogiro


Curva a la izquierda bajo las laderas de La Peña


Viviendas populares de vecindad


Aceras a ambos lados


Iniciamos una bajada


Es el descenso a Campogiro, otro de los barrios de Peñacastillo, al oeste de Santander


Al fondo se ven los edificios de la urbe


Parada del autobús


A lo lejos divisamos ya los edificios de Santander, la zona de Valdecilla y Cuatro Caminos, a donde nos dirigimos


Esta es la entrada al parque público inaugurado en el año 2017 de la histórica finca La Remonta, tradicionalmente Quinta de Campo Giro, llamada así tras su conversión en 1921 en un centro de cría caballar y remonta, dentro de un contexto histórico que pasaremos a explicar


Se trata de una extensión que tiempo ha fue una península desde Peñacastillo hacia el mar que debió ser parte de las zonas de paso, de pasto y de vecindad de las poblaciones aquí asentadas desde la Prehistoria


A finales del XVIII Francisco Antonio del Campo y Alonso de La Sierra, primer Conde de Campo Giro, Síndico General y Alférez Mayor de Santander, importante armador e industrial, poseía una grandísima finca con molinos de marea y pomarada para elaborar sidra así como viñas para su preciado vino. Construyó en 1786 una fábrica de cerveza, dirigida por maestros cerveceros ingleses, y recogía grandes cantidades de lúpulo. También tenía fábricas de botellas, loza, azúcar, etc, recibiendo por ello su título nobiliario en 1797


Abarcaban estos terrenos de su propiedad desde el Camino Real hasta el mar, con dos estanques, uno de agua dulce y otro de agua salada, apareciendo hace años una vieja estatua de Neptuno que engalanaba el primero. El estanque salado era de agua que entraba del mar, secándose en marea baja. Había vacas, caballos, frutales y robles, chopos y álamos. Al fallecimiento del conde en 1817 sin descendencia, pues estaba casado con Doña Marta del Mazo pero no tenían hijos, título y posesiones pasaron a su sobrino Don Juan López del Royo y del Campo, miembro de la Real Maestranza de Caballería de Ronda


Tiempo más tarde, en 1921, con las gestiones de Antonio Quijano de la Colina, Conde de las Forjas de Buelna y Presidente de la Asociación de Ganaderos, la Diputación de Santander, compró esta finca de Campogiro radicante en el barrio de Cajo que,  revendida al Ministerio de la Guerra, sirvió para ser el Depósito de Sementales de Santander


Con el tiempo las instalaciones militares se trasladaron al municipio de Mazcuerras y este gran espacio quedó en desuso hasta que pasó a ser un gran parque de 10 hectáreas


En este mapa vemos el circuito de La Remonta


Un mapa del parque


Y ahora seguimos ruta calle abajo


Hacia el núcleo principal de Campogiro y de allí a la ciudad de Santander


En dirección al centro de la ciudad


Llegamos a un cruce


Pegatina en una farola con la concha xacobea indicando el Camino


Llegamos a la carretera N-611. Aquí enlazan este y el otro camino que viene de Peñacastillo, al otro lado de La Peña, desde la rotonda al pie de la iglesia de San Lorenzo


También enlaza, en el otro sentido, con la salida de Santander para los peregrinos que se dirigen a Santa Cruz de Bezana, Mompía, Arce, Oruña, Mogro... siguiendo la ruta rumbo a Santillana del Mar


Nosotros nos encaminamos a la catedral


Salimos a la Avenida de Campogiro y continuamos a la derecha


Seguimos junto a los muros de la extensa finca La Remonta, actual parque


Es normal que veamos venir peregrinos en dirección contraria, saliendo de Santander, sin duda la mayor parte son los que han cruzado la bahía en lancha desde Somo, en el servicio regular de Los Reginas o lanchas pedreñeras (de Pedreña). El paso vía marítima existe regularmente que se sepa desde la Edad Media y era empleado por no pocos romeros, si bien el pago del pasaje y el exponerse a corrientes y zozobras hacía que muchos prefiriesen rodearla por el recorrido que seguimos en estas entradas de blog


Otra entrada a La Remonta


Colonias de chalets


Campogiro es uno de los barrios de Peñacastillo, localidad al oeste del municipio de Santander que fue zona rural, como hemos dicho, donde asentaron sus casonas y palacios antiguas y linajudas estirpes cántabras.  Sus barrios originarios son Adarzo, Camino Real o Camarreal, Lluja, Ojáiz y San Martín. En el siglo XIX aparecieron nuevas barriadas como La Reyerta en San Martín o esta de Campogiro


Viviendas populares de vecindad


Pasamos bajo el puente del ferrocarril


Y entramos en el barrio de Cajo


A nuestra izquierda el Parque del Doctor Morales y arriba Cazoña, el primer barrio-dormitorio de Santander, de 1973


Subimos un poco de cuesta


Es la Avenida de Cajo


Pasamos hacia la factoría de Teka. Campògiro tuvo actividad industrial, pionera en Santander, desde el siglo XVIII, cuando era una extensa finca donde había encinares y castañedos


Palmeras en el parque


Gran cristalera


Caminamos en llano


Ya ante los primeros altos edificios a la entrada de la ciudad


Señalización en el suelo, esta en dirección contraria, para los peregrinos que salen del casco urbano


Cuevas en el parque



Pasamos junto a la Fundación San Cándido, inaugurada en el año 1928 para recogimiento de inválidos por trabajo y paralíticos, llamada entonces Asilo de San Cándido, siendo su benefactora Doña Emilia Herrera Vindel, quien crea esta fundación para asilo según manda en su testamento, dando para ello esta finca que heredó de sus hermanos Adela y Cándido en este barrio de Cajo, de ahí el nombre de San Cándido en honor a su hermano


La gerencia y dirección estaría a cargo de las Hermanas Carmelitas Terciarias Descalzas, luego Carmelitas Misioneras, con una casa para 22 asilados, hombres y mujeres, si bien después de la Guerra Civil quedó en exlusiva para mujeres


En 1978 se inaugura un nuevo edificio para 131 personas y la casa de la familia Herrera Vindel pasaría a ser residencia de las Carmelitas Misioneras. En 1986 abre sus puertas otro edificio anexo para 95 residentes construido por la Fundación Marcelino Botín y en terrenos también cedidos por la Fundación San Cándido, que en el año 2005 gestionaría en exclusiva el centro, si bien las religiosas seguirían con su actividad pastoral y voluntariado hasta que por cuestiones de edad dejan la Diócesis en el año 2013. En el año 2008 se inaugura un Centro de Día y en la actualidad la Fundación San Cándido dispone de 229 plazas de residencia


Zona de juegos en el parque


A nuestra izquierda está la capila del Poblado de Renfe, cerca de la Estación de Valdecilla, actual apeadero, y el almacén y talleres ferroviarios



Poblado de Renfe


Y este es el antiguo Parque de Bomberos, el Parque de Cajo


Kilómetro 208 de la N-611


Dejamos el Poblado de Renfe


Subimos junto a la farmacia


Muros y yedra


En aquella rotonda la Avenida de Cajo dará paso a la de Valdecilla


Y es que ya vemos delante de nosotros algunas instalaciones del Hospital de Valdecilla


Cruzamos el paso de peatones


Y al otro lado continuamos a la izquierda, ante los edificios del hospital, en concreto la Escuela Universitaria de Enfermería Casa de Salud de Valdecilla


Ahí pasaremos sobre el subterráneo de la calle Segundo López Velez


Vamos por la acera, cruzamos otro paso de peatones y seguimos a la izquierda de la Escuela Universitaria de Enfermería


Viendo a lo lejos la Facultad de Medicina (1969) y la Residencia Sanitaria Cantabria (1972), vinculadas a la historia del hospital


Tomamos la Avenida de Valdecilla


Y pasamos junto a El Intercambiador, parada de autobús de Valdecilla


Hospital de Valdecilla, oficialmente Centro Médico Nacional Marqués de Valdecilla, sucesor de la antigua Casa de Salud de Valdecilla fundada en 1929 por Ramón Pelayo de la Torriente, acaudalado indiano de modestos orígenes que hizo fortuna en Cuba y al que le fue otorgado su título nobiliario en 1916, que con la colaboración de su sobrina María Luisa Pelayo, marquesa de Pelayo, dio el impuslo definitivo para construir un nuevo hospital santanderino que sustituyese al antiguo de San Rafael, siendo para ello asesorado por especialistas como Gregorio Marañón. En la guerra civil fue hospital militar y tuvo clínica militar en la posguerra, mientras colaboraba ya estrechamente con la Universidad de Verano, luego Universidad Internacional Menéndez Pelayo



Padeció Valdecilla una larga crisis que se arrastraba desde la contienda, pero diversas iniciativas lograron hacerle salir de aquel marasmo, con nuevas inversiones, ampliaciones e instalaciones, contando con varias dependencias que vamos viendo al caminar frente a su entrada principal


A nuestra izquierda tenemos la Ciudad-Jardín, barrio todo él mayoritariamente de viviendas unifamiliares con parcela donde fue famoso Alfonso Sánchez de Movellán, quien criaba crías de leones en su garaje, cuyos nietos paseaban por la urbanización para gran asombro de todos. Las crías eran llevadas de adultos al pequeño mini-zoo de La Magdalena y más tarde al Parque de la Naturaleza de Cabárceno pero su criador se hacía cargo de su atención y cuidados. Una leona, Petra, se escapó de Cabárceno y fue Alfonso quien la apaciguó tras cuatro lastimosos días de búsqueda, con caricias y remolones, sin que hubieran de intervenir las armas de la Guardia Civil


Arriba una torre neogótica y un gran tejado fueron el Convento de las Salesas de Santander, quienes aqui estuvieron entre 1895 y 1982, cuando se establecieron en las afuera y esto pasaron a ser edificios de Juzgados


Pasamos la entrada del hospital


Cruzando el paso de peatones mientras vemos al fondo a la derecha la plaza de toros


Plaza de Toros de Santander o Plaza de Cuatro Caminos, inaugurada el 25 de julio de 1890, día de Santiago, con proyecto de Alfredo de la Escalera


Pero nosotros no vamos a la plaza, cruzamos el siguiente paso de cebra y avanzamos en recto por la Avenida de Valdecilla, enfrente de la gasolinera


Subiendo por esta ancha acera arbolada


Ciudad-Jardín y edificios de pisos


Paso subterráneo


Cuatro Caminos tiene oficialmente este nombre desde 1852, aquí confluían el Camino Real de Burgos, Las Calzadas Altas, el Camino de Becedo (la desaparecida ría) y el de Pronillo. Hubo un fielato o puesto de recaudación de bienes de consumo, conocido popularmente como La Tercera Caseta, pues había otras dos a la entrada de Santander por esta vía


En en lugar levantaron los franceses del general Barthelemy un cadalso para ahorcar a los levantiscos durante las guerras napoleónicas y en 1868 hubo barricadas de los liberales contra las tropas gubernamentales partidarias de la revolución que quiso destronar a Isabel II


En el año 1995, en medio de la rotonda aquí emplazada, se instaló la Esfera Armilar con los signos del zodiaco a manera de calendario astrológico obra de Javier Soto cuyo proyecto de atribuye a la sociedad artística Grupo Apia XXI. Una esfera armilar es un modelo del comos en miniatura y desde la perspectiva terrestre, empleado como instrumento astronómico y astrológico en la Antigüedad y Edad Media para calcular la posición de los cuerpos celestes, empleado también en la navegación


Nos dirigimos a la derecha a cruzar la calle Jernónimo Sainz de la Maza


Una de las travesías más concurridas y con más tráfico de Santander


Pasamos al otro lado. Justo tomaremos luego de frente la calle Alta, que sigue el camino antiguo hacia lo que fue La Puebla Vieja de Santander, si bien puede irse a la izquierda del alto edificio de pisos por la Alameda de Oviedo, por donde se ha señalado también el itinerario para los peregrinos la salida de la ciudad. Se trataría del antiguo Camino de Becedo, el que se dirigía al barrio de este nombre, entrada a la otra parte de la villa medieval, La Puebla Nueva, separa de La Vieja por la desaparecida Ría de Becedo, formada por el arroyo de la Mies del Valle, cuyo discurrir sería más o menos el de la actual Alameda de Oviedo


Y seguimos viendo la señalización


La ruta a la catedral de Santander


Cuatro Caminos queda a nuestra izquierda


Tomamos aquí nosotros la calle Alta, muy importante para la historia de Santander, antigua ruta a La Puebla Vieja. Aquí pasamos junto a la Plaza de México, donde estuvo antes el matadero y donde se celebra mercadillo. Al fondo es el Mercado de México, construido como la plaza tras el derribo del matadero en los años 80, así como un aparcamiento subterráneo


En esta plaza un gran monumento nos llama la atención


Es el erigido en honor del presidente mexicano Benito Juárez que representa a un blanco, un indio y un mestizo soltando un águila, simbolo del país, obra de Enrique Fernández Criach inaugurada como la plaza y el mercado en 1985


Vemos una representación del presidente y una de sus frases para la posteridad


"Entre los individuos y las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz"


Visitado el monumento seguimos ruta por la calle Alta, pasando ante esta farola isabelina


Señalización en la calle Alta del Camino de Santiago. Es posible que podamos ver en ocasiones señales en dos direcciones, esto es porque tanto el camino de la Alameda de Oviedo como este son las dos vías para entrar o salir de la ciudad, siguiendo los citados caminos a La Puebla Vieja o La Puebla Nueva


Pasamos así junto al Mercado de México


Y admiramos su grandiosa fachada


Esta parte de la calle Alta fue urbanizándose desde finales del siglo XIX en una zona de expansión de la ciudad que fue creciendo por el viejo camino. En 1801 el Ayuntamiento dispuso que este fuese el empleado por los carreteros que entraban con mercancía a la ciudad, dejando el otro, el de Becedo, para "paseo que disfruta el vecindario". A la derecha las reformas urbanísticas han creado un hermoso parque


Pasamos junto a él. Hay alquiler de bicicletas. En la Calle Alta estuvo también el vivero municipal


A nuestra izquierda vemos una alta torre, la del campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Bien Aparecida, que asoma sobre las copas de los árboles. Es uno de los muchos santuarios dedicados a la patrona de Cantabria, cuya fiesta se celebra en su templo principal, donde se desarrolla toda su venerada tradición en Hoz de Marrón, municipio de Ampuero


Al otro lado está la Alameda de Oviedo, el otro camino histórico y señalizado


Estamos en el cruce con la calle del Alto de los Leones. Nosotros seguimos de frente por la calle Alta, llamada antiguamente también Camino Alto o de Las Calzadas Altas


Y llegamos a La Caridad de Santander, a la derecha de la foto, institución creada en 1916  pero cuyos antecedentes se remontan al año 1890 cuando el Ayuntamiento de Santander fundó un pequeño asilo  de acogida en el antiguo Hospital de Calzadas Altas, dedicado por aquel entonces a recoger mendigos y niños abandonados, que existió hasta que en 1903 un incendio acabó con él, siendo reconstruido y del que se hicieron cargo en 1913 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, quienes ejercieron su labor hasta el año 2012. A partir de 1916 se intensifica su labor asistencial con niños y necesitados, especializándose posteriormente en personas mayores


En su fachada lucen también las señales del Camino


En la parte superior derecha vemos el escudo de la ciudad, con la Torre del Oro de Sevilla y un barco que rompe las cadenas del Guadalquivir, defensa de la ciudad, representación compartida con otros puertos cantábricos que participaron en la conquista de Sevilla en 1248. Arriba están la cabezas de los Santos Mártires San Emeterio y San Celedonio cuyas reliquias se celebran en la Iglesia Baja de la Catedral de Santander


Enfrente está la pista deportiva Verónica Cuadrado Dehesa, famosa jugadora de balonmanos que fue alumna de un centro de notable historia que vemos más allá, el Colegio Ramón  Pelayo, llamado popularmente El Grupo, inaugurado en 1933 pero cuya historia arranca unos años más atrás, siendo en segundo en antigüedad de Santander


En 1926 varios concejales del Ayuntamiento de Santander vieron la necesiadad de hacer un nuevo colegio para la creciente población escolar y con este fin se aportaron capitales a cargo del Ayuntamiento y de la Comisión de Homenaje al Marqués, el benefactor Ramón Pelayo, Marqués de Valdecilla, del que ya hablamos cuando pasábamos frente al hospital. Hubo además se dice una suscripción popular pero parece ser que el marqués, cuyo nombre llevaría el colegio, aportó una sustanciosa suma. El terreno fue cedido por el consistorio y fue autor del poryecto el famoso arquitecto Jorge Gallegos Trelanzi, especializado en la construcción de centros escolares pues estaba vinculado al Ministerio de Educación y a la Oficina Técnica de Construcción de Escuelas


Se inauguró en 1933 como Grupo Ramón Pelayo con dos escuelas graduadas para niños y niñas, siendo su primer director Antonio Berna, contaba con comedor para 200 alumnos que además de formarse veían atendidas sus necesidades vitales. Llegó a tener en 1936 nada menos que 1.051 alumnos. Al estallar la Guerra Civil la parte baja fue refugio y hospital, formándose una asociación de padres, una rondalla y un coro que llegó a participar en la Olimpiada Musical de Barcelona. En los años 70 fue reformado y ampliado tal y como vemos ahora y en 1971 llegó a los 1.200 alumnos


En origen El Grupo tenía 120 metros de fachada y veinte metros de altura en sus torres. En la actualidad la mitad del edificio es sede de la Universidad Internacional de Educación a Distancia


Antes que este grupo escolar estuvo aquí el Edificio de Exposiciones, dedicado a certámenes agroganaderos y de jardinería, así como actos públicos y grandes reuniones. Había incluso un cuartel que hubo de ser trasladado tras los gravísimos acontecimientos del 25 de julio de 1892, día de Santiago y fiesta grande en Santander, cuando por la tarde, saliendo de una corrida de toros, una discusión con el sargento del Regimiento Bailén aquí destinado, provocó una reyerta entre paisanos y soldados que acabó a tiros, estallando un verdadero motín que se extendió por toda la zona hasta la Alameda de Oviedo. Llegó a temerse un asalto al cuartel pero, pese a que por suerte no aconteció pues habría causado un desastre, los mandos militares, vista la animosidad de la población, decidieron trasladar el regimiento a otra ciudad. El Edificio de Exposiciones pasó en los años 20 a ser cuartel de los boy-scouts y luego en el solar se construyó esta institución docente, tal y como nos dice J. Simón Cabarga en su obra Santander en la historia de sus calles


Recorriendo toda la gran fachada del histórico colegio llegamos así a la altura de la calle Anjana, hada de la mitología cántabra


Señalización oficial del Camino de Santiago en Cantabria. Placa en el suelo


Delante del colegio hay una fila de casas populares con bares, tiendas y comercios


La calle Alta forma una larga recta. Al fondo, la parte que ya está próxima a lo que fue el casco antiguo recibió en el pasado otros nombres, pero este tramo siempre fue calle Alta o de Las Calzadas Altas, confirmado en 1845 al dvidirse en distritos la ciudad


En 1950 se reunificó el nombre de toda la travesía y quedó toda ella con el nombre de calle Alta, siendo sus habitantes llamados callealteros


A la derecha hay un gran aparcamiento


Más señales


Esta es la Plaza de los Derechos Humanos. Aquí estuvo antaño el cuartel de la Guardia Civil, inaugurado en 1928


Esta calle Alta sería la expansión hacia el sur de la antigua Puebla Vieja medieval, a lo largo del llamado Camino Real de Burgos, más allá de la desaparecida Puerta de San Rafael de las también desaparecidas murallas. Antiguamente aquí había huertos y alguna quinta y casa de labor. La parte más poblada empezaba un poco más allá


Vamos a nuestra derecha un solar y abajo los edificios en torno al puerto pesquero y los muelles de Raos, asomando un poco la bahía


Y a lo lejos Peña Cabarga: uno de los caminos que bordean la Bahía de Santander viene por abajo, núcleos urbanos de El Astillero, Guarnizo, Maliaño y Muriedas, que en la práctica son uno solo que se prolonga por toda la ribera hasta Santander. El otro viene de Villaverde de Pontones y realiza un gran rodeo de la bahía y todas sus rías, el trazado más histórico pero más largo, por Solares, Heras, Liaño, Revilla... cuando la bahía era más grande y no había puentes en las diferentes rías que la componen. El mar realmente llegaba aquí abajo, donde están estos edificios, por lo que esto eran acantilados


Altos bloques de pisos, como si quisiesen asomarse a ver la bahía desde aquí


Nos acercamos a la parte más antigua de la calle


Cambia notablemente a partir de aquí la fisonomía de la mayor parte de las casas, pues son de construcción más antigua, hasta donde llegaba la zona netamente urbana hasta entrado el siglo XX


Pasamos el cruce con la calle San Rafael y ya estamos ante otra institución escolar santanderina de notable historia


El Colegio de la Purísima Concepción. Su origen se remonta a 1862 y en otro lugar, cuando Sor Tomasa de Odrizola, de las Hijas de la Caridad, junto con su hermano Miguel, donaron la casa heredada de sus padres para fundar una escuela para niñas pobres, situado en la cercana calle de Rúa Menor, primero con dos clases y luego con cuatro aulas más de primera enseñanza y otras dos de párvulos, disponiendo de biblioteca, teatro y clases. Además cuidaron a los enfermos de una epidemia que asoló Santander, falleciendo por contagio una de las monjas, Sor Emilia. Durante la Guerra Civil las monjas salen de la ciudad no regresando hasta 1937 y reabriendo el colegio, arrasado por el Incendio de Santander de 1941, del que solo quedó intacta la campana de la iglesia. En vez de reconstruirse en el mismo lugar se viene aquí, adquiriéndose en agosto de 1943 en esta calle Alta el chalet de Saiz de Baranda, que estaba aquí situado, con huertos, jardines y flores, empezando inmediatamente las clases


El nuevo colegio tenía dos clases de párvulos y seis para niñas de primera enseñanza, enseñándose también taquimecanografía, Bachillerato y Comercio. De tarde había clases de costura, con la colaboración de las Hijas de María, había catequesis y aportaciones económicas y visitas de las Luisas de Marillac a los pobres en sus casas. En 1967 se inauguraba el nuevo pabellón, donde actualmente se dan clases, junto con otro más pequeño en 1968 con gimnasio y capilla. Años después el centro se reconstruye por completo y reabre sus puertas en 1985, con residencia para las Hijas de la Caridad, recepción, salón de actos, aula de informática, biblioteca, dirección, secreataría, AMPA y sala de usos múltiples


Estamos en el barrio del Cabildo de Arriba, cuyos orígenes hay que buscarlos en las primeras extensiones de la antigua Puebla Vieja más allá de las desaparecidas murallas, al sur del Cerro de Somorrostro y a partir de una de sus puertas, la de San Pedro, que lo separaba de la Rúa Mayor, ya intramuros, donde tenían su residencia la nobleza y los clérigos. El Cabildo de Arriba fueron en principio unas casitas de planta baja con huertos a lo largo del Camino Real de Burgos, asentándose en la zona del Arrabal el primitivo barrio de pescadores. La expansión urbana fue configurándole su aspecto actual a partir del siglo XVIII, siendo entre este siglo y el siguiente cuando de asienta su actual fisonomía, desapareciendo la mayor parte de las construcciones medievales. Es la única zona del casco antiguo que sobrevivió al Incendio de Santander de 1941


A la izquierda, en otro gran aparcamiento, estuvo el Cementerio de San Fernando o de Calzadas Altas, aprobada su construcción en 1813 trasladando aquí los enterramientos que hasta entonces se hacían en la catedral cumpliendo la Cedula de Carlos III de 1787 para llevar los camposantos a los extrarradios de las poblaciones por condicionantes de salubridad y evitar las epidemias de peste y cólera, y siendo como tal ordenado aquí por el obispo Rafael Menéndez de Luarca unos años después. Al principio los primeros enterramientos se efectuaban en la huerta del Convento de San Francisco, abajo junto al Camino de Becedo, donde ahora está el Ayuntamiento, pero el terreno era pequeño y al cavar nuevas tumbas salían emanaciones de enterramientos anteriores, dado que a causa de la humedad los cuerpos tardaban en descomponerse. Esta fue la razón de hacer el nuevo camposanto aquí, en la Peña del Cuervo, un lugar extramuros donde el consistorio, estando el pleitos con la Iglesia, adquirió a la condesa de Isla estos terrenos al lado del Convento de la Santa Cruz y frente al Hospital de San Rafael


En Cementerio de San Fernando fue proyectado por el arquitecto municipal Casimiro Pérez de la Riva con forma de cruz e inaugurado en 1832 si bien algunas fuentes informan de inhumaciones ya en 1830, siendo al principio llamado de Santa Cruz como el convento anexo. Pese a ello costaba cambiar las costumbres ya que la gente no gustaba de enterrar donde no hubiese iglesia al no considerarlo terreno sagrado, por lo que siguió enterrándose en San Francisco, por lo que en 1833 el Intendente de la Provincia de Santander hubo de recordar la prohibición de enterrar en las iglesias y su entorno, teniendo además el Ayuntamiento que establecer este como único lugar de enterramiento a causa de una epidemia de cólera en 1834 y que no podría velarse a los difuntos más de tres días en casa, y que el cuerpo había de ser traído entonces a la capilla de este cementerio de Santa Cruz hasta su sepultura. En 1838 se trasladaron aquí las tumbas del cementerio del monasterio franciscano


En 1864 se inauguró un monumento en homenaje a la Legión Auxiliar Británica que había intervenido como aliada contra los carlistas. Pronto el cementerio fue quedando pequeño y en 1881 se encarga al mismo arquitecto un nuevo en Ciriego, que tras problemas con los terrenos es inaugurado en septiembre de 1893 bajo la supervisión del nuevo arquitecto municipal Joaquín Ruiz Sierra, siendo allí trasladadas las tumbas a excepción de los de los militares británicos, llevados al Cementerio Protestante de Cazoña, llamado de los ingleses, inaugurado en 1864. Más adelante en este lugar se construyó la Prisión Provincial, que se inauguró en 1935 y fue derribada en el año 2010


A la altura de este aparcamiento comprobamos que caminamos por lo alto de una colina, con el mar a la derecha y a la izquierda los terrenos, hoy totalmente urbanos, por donde se extendía la Ría de Becedo, que dividía en dos a la antigua población. En el siglo XIII Santander se articulaba en dos núcleos, separados por la Ría de Becedo pero unidos por un puente y cerrados por muralla, uno era este, el de la calle Alta que seguiría hacia la calle Rúa Mayor, conformando la Puebla Vieja, y otro la Puebla Nueva, calles de San Francisco y Santa Clara, al otro lado de la desaparecida ría, formada por el arroyo de la Mies de Valle, el cual bajaba por la actual Alameda de Oviedo, al otro lado de los primeros edificios de abajo


Esta ría desapareció a causa de la expansión urbana santanderina se supone a finales del siglo XVIII aunque no se sabe a ciencia cierta la fecha exacta. El pequeño estuario fue fundamental pues fue el fondeadero natural en base al que se haría la ciudad y el primer asentamiento en época romana, sin olvidar que la zona estaba ya poblada desde la Prehistoria y que en la cercana Peñacastillo está el castro antecesor de la fundación del Portus Victoriae (puerto de la Victoria) Iulobrigensium, construido tras la conquista de Augusto en las guerras cántabras.


En la distancia y lo alto de la otra colina de la ciudad, llamado precisamente el Alta, vemos los altos edificios del Colegio María Auxiliadora de los Salesianos de Santander, a donde vinieron en 1908 tras llegar a la ciudad en mayo de 1892 llamados por el obispo Don Vicente Sánchez de Castro asentándose primeramente en Prado de Viñas


Por allí pasaba el Camino del Alta, que comunicaba la estructura defensiva de Santander, en concreto el castillo del Pronillo con el de San Salvador de Hano en la península La Magdalena, abierto al finales del siglo XVIII por el mariscal Juan de Pignatelli para transportar tropas, armamento y pertrechos de uno a otro fuerte en previsión de un posible desembarco francés. Era un camino recto en el que dos carros podrían cruzarse y que enlazaba con otros que iban hasta la Sierra de Liencres, al oeste, donde había más baluartes. Pronto perdió su razón militar y en su entorno, principalmente en esta colina que mira a la bahía, se construyeron algunas quintas con jardines mientras del camino se hizo un paseo con árboles y cunetas al ceder terrenos para ello varios particulares. Luego el casco urbano creció también en esa dirección


Siguiendo por la calle alta al fondo reconocemos un edificio notable al que nos acercamos, nada menos que el Parlamento de Cantabria, construido en el edificio del que fue Hospital de San Rafael, fundado en 1791 con el apoyo del obispo Rafael Menéndez de Luarca cuando el ya mencionado de la Misericordia iba cerrando sus puertas tras una larga tradición hospitalaria



Ese mismo año, cuando empieza a trabajar la primera imprenta santanderina, uno de sus primeros trabajos es precisamente imprimir la Circular por la que el prelado solicita ayuda económica para su construcción, manifestando que el antiguo de la Misericordia estaba muy destartalado tras haber sido asilo, hospital y cuartel. Fija el obispo el precio de su construcción en un millón de reales, exponiendo sus gestiones legales para hacerlo realidad y que ha sido para ello encargado por el Real Consejo, pasando a ser él "protector, tutor, curador y padre de sus diocesanos"


Es puesto bajo a advocación a San Rafael Arcángel y su construcción recae en el arquitecto municipal José Alday Fernández. En su reglamento destacan las normas religiosas como las misas y el Rosario dado que su función principal era la de "preparar a buen morir a los moribundos". Es inaugurado tras arduas gestiones y pese a que no estaba acabado en junio de 1791 con bendición y misa obispal acudiendo numerosas autoridades. Aún había a su alrededor casitas que fueron desapareciendo. Luce el edificio espléndida fachada de sillería con un soportal de nueve arcos, planta de ocho ventanas y un hueco central para imágenes y patio interior. A lo largo del tiempo su función fue transformándose según las necesidades de cada época, pasando de asilo a hospicio, casa de maternidad y de pobres, a centro hospitalario en el sentido médico actual del término, fundado como tal en un edificio naexo a la Casa de la Caridad en 1820 con la Junta Municipal de Beneficiencia y el cirujano doctor Juan Mons, con sectores para mujeres, hombres y niños. Por vicisitudes paró en 1830 pero reabrió tres años después, estando a su cargo las Hermanas de la Caridad. Un año más tarde una Real Orden establece que la Junta Municipal de Beneficiencia se haga cargo de su administracción con el apoyo del Ayuntamiento de Santander, disponiendo entonces de 200 camas, capilla, huerta, jardín y aljibe con pozo de agua para autoabastecimiento del hospital y sus servicios higiénicos y quirúrgicos


En 1847 las Hermanas de la Caridad se hacen cargo de su régimen interior tras llegar a Santander tres años atrás, siendo la superiora Sor Dolores Larrainzar, afianzándose como hospital con todas las garantías sanitarias posibles en aquel entonces, pionero de la cirujía moderna en Santander. La puesta en marcha de la Casa de Salud Valdecilla, antecesora del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, junto al que acabamos de pasar antes de Cuatro Caminos, motivó su cierre en 1928


En 1982 la Asmblea Regional de Cantabria organiza un concurso para rehabilitar el inmueble ganado por los arquitectos José Manuel Sanz y Juan López Riobóo quienes empiezan las obras dos años más tarde, consiguiendo en 1987 con ello el Diploma de Mérito del Premio Europa Nostra para la protección del patrimonio arquitectónico y natural europeo


Seguidamente otro elemento muy importante, aunque desvencijado, del patrimonio y la historia de Santander, el que fue el Convento de Santa Cruz, construido entre los años 1641 y 1656 con proyecto de fray Lorenzo de Jorganes con iglesia, claustro y cuartos para las monjas clarisas que lo habitaron durante casi 180 años


Fue su fundadora y benefactora María de Oquendo, natural de Orio en Guipúzcoa y casada con ur armador santanderino, dama que dió al convento una renta anual de 50.000 ducados procedentes de los impuestos de Sevilla y otros tantos en concepto de derechos de carga y descarga en el puerto de Suances, del que también hablaremos en las siguientes etapas del Camino Norte en Cantabria


Tras la Desamortización de Bienes Eclesiásticos las clarisas fueron expulsadas por el obispo en 1835 y el edificio pasó a ser la fábrica de tabacos de Santander en 1838, llegando a trabajar a finales de ese siglo unas 1.200 operarias haciendo cigarros y cigarrillos manualmente, contando eso sí con una máquina de vapor para mover las picadoras. La actividad tabaquera pervivió hasta el año 2002 cuando se trasladó a la fábrica de Entrambasaguas. Ahora el viejo convento y fábrica no tiene usos su bien se proyecta sea el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria. La iglesia es de nave única con bóveda de cañón, con cúpula de media esfera sobre pechinas


Su portada principal está tapiada y tiene un frontón semicircular partido


Se dice que cuando las cigarreras abandonaron el edificio dejaron escrito en un muro "Bienvenido Patrimonio, os dejamos el convento, amarle y respetarle como nosotras hemos hecho"


El conjunto espera por su rehabilitación


La acera se ensancha en este tramo, frente al portón del Parlamento de Cantabria. A la izquierda vemos un edificio construido más recientemente

Poco más adelante, a la derecha, tenemos la entrada al Parque Sotileza, nombre de una novela del gran escritor de Cantabria José María de Pereda, que plasmó también este barrio. Allí, en la fachada de un edificio, se han pintado escenas de la obra, basadas en la vida de los pescadores del barrio marinero aquí existente antaño


Vecino pintor y matrimonio de pescadores. Arriba vecina con flores


Faro y galerna


Curando pescado al sol y espantando gaviotas. Una mujer con la escoba y arriba un niño echándoles un jarro de agua. Balcón arriba con remos y redes


Pescador arreglando redes y abajo niño atrapando pájaros exponiéndose a coscorrón maternal


La madre limpia el pescado y los niños juegan


Antes de seguir por la calle Alta vamos a visitar un momento el parque para conocer otros lugares de Santander


En esta placa vemos que también es llamado el Parque del Agua


Pasamos así bajo el gran mural


El parque fue inaugurado en el año 2001 con la idea de recrear el recorrido de un río desde su nacimiento a su desembocadura


El río es aquí el paseo del parque, con sus curvas que semejan meandros. Al principio las rocas de la montaña... más abajo hay muestras de ingenios hidráulicos


Abajo son los terrenos ganados antiguamente a las marismas de la bahía en Maliaño, rellenados a partir del siglo XIX en una de las intervenciones más importantes para el desarrollo urbano de Santander, dando origen a una gran explanada donde se haría la Plaza de las Navas de Tolosa, actualmente Plaza de las Estaciones. Se construyeron jardines con el nombre de Alameda de Isabel II que en 1881, con los vaivenes políticos, pasó a ser de Calderón de la Barca conmemorando el segundo centenario de su fallecimiento y que daría origen a la actual calle. En 1886 se diseñó el paso de las vías ferroviarias por estos rellenados terrenos y se construyó una terminal de mercancías y otra de pasajeros,siendo también paso del tranvía. El lugar quedaría destruido en 1893 con la terrible y trágica explosión de vapor Cabo Machicaco


 Al iniciarse las tareas de reconstrucción se planeó un gran bulevar, pero al estar también aquí las vías del ferrocarril y del tranvía este no podía disfrutarse plenamente para el paseo. Se pretendía que se trasladase la estación a otro lugar pero la compañía ferroviaria se negó, acabando en un tumulto popular el 27 de abril de 1902 que acabó con el incendio y destrucción de las instalaciones. Así es cuando las compañías Ferrocarril del Cantábrico y Ferrocarril de Santander a Bilbao acuerdan con el Ayuntamiento construir una estación para las dos, llamada Estación de la Costa o del Ferrocarril de la Costa

En los primeros meses de la Guerra Civil el alcalde Ernesto del Castillo derriba la estación con la idea de unificarla con la de la Compañía del Norte, sita en esta Plaza de las Navas de Tolosa, en otro lugar mejor, si bien se mantuvieron los andenes. Tras la contienda se aprueba dicha unificación si bien serían en realidad dos estaciones, una para vía estrecha y otra de ancho ibérico


En 1941 sale adelante el proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto y del Ingeniero Carlos Fernández para estas dos estaciones, unidas pero a la vez separadas en dos edificios. Primeramente se hizo la de ancho ibérico, la que vemos más acá, acabada en julio de 1943, y seguidamente la de vía estrecha, un poco más lejos de nosotros, inaugurada cuatros después. Una gran torre central se levantó además a la vez entre ambas estaciones y sus instalaciones


La plaza pasó entonces a conocerse como de Las Estaciones, si bien la gente la conocía como La Suelta, donde paraban carros de caballos que podían alquilarse como transporte y que luego darían paso a camiones y furgonetas con ese menester. Con el boom automovilístico se transformó además en aparcamiento improvisado y su gran explanada sirvió como improvisada parada de las líneas de autobús, hasta que en los años 80 se construyó la actual Estación de Autobuses que vemos a la izquierda. Actualmente se conoce como Navas de Tolosa que une las calles Cádiz y Calderón de la Barca


En la calle de Cádiz, que está justo antes de la plaza, se originó en trágico Incendio de Santander de 1941 que transformó la ciudad tras arrasar casi todo su casco antiguo de La Plaza Vieja y La Plaza Nueva. Bajo los edificios que vemos enfrente es la calle Calderón de la Barca. Toda esta zona era el ensanche de la ciudad vieja hacia Maliañó y quedó totalmente calcinado. Al reconstruirse se hizo una total reordenación urbanística del lugar. En los nuevos edificios abundan fondas, hoteles y pensiones dada su proximidad a las estaciones de tren, autobús y autocar


A lo lejos, al sur de la bahía, que los altos edificios apenas nos dejan ver, reconocemos Peña Cabarga


Su cima más alta el Pico Llen (570) m) donde pese a la distancia se reconoce el Monumento al Indiano y a la Marina de Castilla


Luego de conocer un poco más de la historia de Santander regresaremos al Camino...


Volvemos a la entrada del parque


De nuevo ante el mural


Nada más salir por el portón, de frente, otro edificio notable


A la izquierda, en el número 30, está el edificio habitado más antiguo de Santander, del siglo XVIII


En su fachada vemos un escudo


El de los Estrada


Esta zona del Cabildo de Arriba sobrevivió al Incendio de Santander y se trata de uno de los primeros barrios extramuros de la vieja puebla medieval, que no obstante tampoco debió impresionar demasiado al canónigo Pellegrino Zuyer cuando la visitó redactando un informe ante la petición de crearse aquí un obispado no dependiente de Burgos (cosa que no sucederá hasta casi un siglo después), cuando escribe que...

"(...) para verificar más ciertamente su número, he contado todas las casas, tanto del recinto de la muralla como las que están fuera de las puertas (...) y esta diligencia no es difícil, pues no hay más que seis calles que pueden tener el nombre de tales y que apenas si en ellas caben dos carrozas; las otras todas son callejuelas de poca consideración, que no tienen casas particualres, siendo casi todas las mismas casas de la calles principales que corresponden en una parte a dichas callejas (...)"


Pese a ser un barrio céntrico y a tener importantes edificios el Cabildo de Arriba padeció durante décadas un importante abandono y deterioro al que se quiso poner remedio en el año 2007 con un proyecto de rehabilitación integral pendiente de desarrollar. Hay edificios abandonados y otros que se han venido abajo, si bien algunos han sido restaurados


Llegamos a la esquina con la calle Monte Caloca, donde está el Juzgado Social Número 2, el Juzgado de la calle Alta


Aqui estuvo el cementerio del antiguo Hospital de Santa María de la Consolación, del que vamos a hablar ahora


La espada y la balanza de la Justicia en la fachada


Y enfrente esta es la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, que fue construida a mediados del siglo XVIII donde estuvo antaño el antiguo Hospital de San Pedro, del que se sabe desde el año 1321, también llamado de Santa María de la Calzada o de Nuestra Señora de la Consolación por una ermita que aquí había del siglo XV en base a la que se hizo el actual santuario


Su benefactor fue el indiano mexicano Pedro Corbán de la Vega, quien donó 212.558 reales para su ampliación, cantidad pensada en principio para construir una nueva catedral en la Puebla Nueva pero que al final se inviritió para esta obra. Los trabajos comenzaron en 1757 con el maestro de obras Francisco Pérez del Hoyo y acabaron el 3 de septiembre de 1773, siendo bendecida y abierta al culto en 8 de agosto de 1744, siendo declarada parroquial en 1868 por el obispo José López Crespo


La iglesia es barroca y presenta en su fachada un pórtico con arco de medio punto y una sola nave con crucero



En lo concerniente al hospital de peregrinos sabemos de él por documento de su fundador, Gonzalo Ruiz de Escalantes, el 29 de abril de 1333, en el entonces llamado arrabal de Fuera de la Puerta (la población que empezaba a extenderse más allá de la muralla). Había tres unas torres en tres solares donde Gonzalo había vivido, con bodega y huerto. El hospital tenía iglesia con cementerio además de una plazoleta, viñedo y limoneros, siendo su capacidad para acoger hasta doce pobres de la villa, dando preferencia a familiares de los Escalante en caso que pasasen penurias. Abajo estaban las camas y el comedor y la cocina viviendo arriba una provisora y cuatro freras o beatas que cuidaban la iglesia


Por el testamento fundacional sabemos que el prior y cabildo de la Iglesia Colegial eran nombrados sus administradores, estando obligados a visitarlo una vez al año coincidiendo con el aniversario del fallecimiento de su fundador, rezar por su alma y revisar las cuentas. Con la venta de unas fincas se construyó una capilla anexa dedicada a Santa María de la  Consolación con su imagen presidiendo el altar mayor, además de la Santísima Trinidad, Todos los Santos y Santo Tomás. Hay pocas noticias de su historia, conservándose una carta de pago a un particular del Cabildo de la Catedral de Santander por la renta que pagaba por las casas y viñas arrendadas de este hospital y un documento de 1620 que menciona a la hermana Catalina como freira y a la hermana María de la Teja como hospitalera, según datos del libro Los antiguos hospitales de Cantabria de Ana Rubio Celemín y Jesús Ruiz Cobo


Seguimos por la calle Alta, antigua calle de pescadores y marineros e inspiración de cuadros y novelas, descrita así por J. Simón Cabarga en su obra Santander en la historia de sus calles...

"Una vía destartalada de "desempedrados adoquines", de casuchas misérrimas con olor a parrocha habitadas por mareantes del Cabildo de Arriba, y lugar de los más típicos de la Puebla Vieja o Alta, del que se apoderó la literatura y Pereda le hizo escenario de "Sotileza". Siete de aquellas casas fueron demolidas por decisión del "iconoclasta" alcalde Villa Ceballos en 1883. El pueblo entero acudía a la calle Alta todos los años a regocijarse con las verbenas de San Pedro, festejo del que se había hecho tema mítico por todos los epígonos del costumbrismo local" 


Edificios de diferentes épocas y estilos, como esta en el cruce con la calle de Santa María Egipciaca, una de las más antiguas del Cabildo de Arriba y Calzadas Altas, donde estuvo la Casa de Recogidas de esta advocación fundada por el obispo Menéndez de Luarca para acoger mujeres que habían caído en la miseria, a veces en la prostitución y delincuencia, trasformada en cárcel provincial en 1819 hasta que se construyó en 1934-1935 la que estuvo en lo que fue el Cementerio de San Fernando.  La demolición de la prisión antigua supuso, con las reformas, un cambio en el aspecto del barrio


En la calle estuvieron las Casas de Hoz y en 1845 la calle en cuesta llamada de Garmendia


Balcones y galerías asoman a la calle


Este tramo de calle, el más próximo a la puerta de las antiguas murallas, era conocido como Fuera de la Puerta en el siglo XVI. También, por ser su prolongación natural, Rúa Mayor, que actualmente empieza un poco más allá


Llegamos al importante cruce con la Rampa de Sotileza a la derecha y la Cuesta del Hospital a la izquierda. Aquí estuvo la Puerta de San Pedro en las desaparecidas murallas, puerta que tres hidalgos locales abrieron a las huestes partidarias del Marqués de Santillana cuando la villa, aforada desde 1187 por Alfonso VIII, le fue concedida en 1466 por Enrique IV en pago a sus fidelidades en las guerras dinásticas, si bien hubo de volverse atrás en su decisión ante la rebelión de sus moradores. Las murallas en este sector serían derribadas entre 1802 y el final de la francesada


A la derecha la Rampa de Sotileza, nombre de la novela Sotileza de José María de Pereda que evoca este barrio, arranca a la altura del mesón donde se reunían los pescadores, en una casa construida tras el derribo de las murallas, donde hay a mano derecha una plazoleta donde celebraba sus asambleas el Cabildo de Mareantes de San Pedro o de Arriba, a donde llegaba una escalinata por los acantilados de El Paredón desde El Dueso, un fondeadero natural al pie del muro sur de la catedral, donde se guardaban las lanchas de este cabildo y que, por su mal estado, ya reclamaban sus miembros en 1815  "la reedificación de la escalera para bajar a los muelles"



En 1882, al rellenarse los terrenos de Maliaño se decidió por fin reformar el camino de El Paredón y El Dueso basándose en un proyecto de ocho años atrás, construyéndose la Rampa de Sotileza entre 1885 y 1887 comunicando con la calle Cádiz


Por su parte, la Cuesta del Hospital, a la izquierda, hace referencia al Hospital de la Misericordia, que según leemos en el tan reseñado libro Los Antiguos hospitales de Cantabria, estaba administrado por la Cofradía de esta advocación, que estuvo primeramente a cargo del de Nuestra Señora de Guadalupe, allá por el siglo XVII. Tras dos infructuosos intentos, uno en la calle de San Francisco y otro en Becedo, los cofrades solicitaron hacerlo en un terreno al sur de Las Ataranazas, comenzando la construcción en 1655 con el maestro de cantería Juan de Corino y las condiciones de cantería de Vicente de Herrera. En 1660, casi terminándose, varios vecinos de Guarnizo donan seis mil tejas para cubrirlo. En su visita de aquel mismo año el canónigo suizo Pellegrino Zuyer escribe, viendo las obras, que "el tercero debe ser el que han comenzado a construir fuera de la muralla, por lo que se verá de poca comodidad... y se llamará el Nuevo Hospital de la Misericordia"


En 1726 se le menciona en una venta de un terreno del hospital al Ayuntamiento. Se le cita también en el Catastro de Ensenada como el único que funcionaba en Santander en ese momento (mediados del siglo XVIII) y en 1769 se publican los nuevos estatutos de la cofradía. Fue empleado como cuartel  y a finales de la centuria se sabe de un hospitalero-enfermero, Juan Antonio García, que voluntariamente recogía limosnas y cuidaba de pobres y enfermos. Es en 1790 cuando el Obispo y el Alcalde Mayor de Santander  piden al Consejo de la Cámara Real que autoricen construir un nuevo hospital, pues este de La Misericordia solo tenía 15 camas y por la escaséz de sus rentas nada más podía antender a ocho personas, habiendo desaparecido ya su cofradía, describiendo el Alcalde que "hallo una casa infeliz, mui reducida, situada dentro de la Poblazión, mal ventilada, sin distribuzión ni orden". El Obispo Menéndez de Luarca se consagraba a la construcción del nuevo Hospital de San Rafael, actual Parlamente de Cantabria, que visitábamos en la calle Alta


Por la Rúa Mayor seguimos ruta a la catedral de Santander, entrando en lo que sería propiamente La Puebla Vieja o Puebla Alta, dentro de las murallas que, antes aún del incendio de 1941, conservaba su red de callejuelas, siendo esta la calle principal, comunicación de la torre de la catedral con la Puerta de San Pedro aquí existente, la cual también dio nombre a este tramo de calle dentro de la cerca, hasta que triunfó el de Rúa Mayor que, como su nombre indica, fue en tiempos pasados la principal de la población


Era la Rúa Mayor una calle medieval con casonas solariegas con linajudos blasones de piedra y de empedrado firme donde el sol apenas entraba en su angosta estrechura, salvo en determinadas épocas y al atardecer. Solo de ella quedan algunas casas apenas salvadas del incendio y transformadas. Era residencia de clérigos de alto rango, aristócratas que se disputaban preeminencia sobre la villa, y jefes militares. Tampoco debió impresionar sobremanera al inspector eclesiástico Pellegrino Zuyer al plasmar en 1660 en su informe que:

"(...) se construye en siete u ocho sitios de la villa de Sant'Ander, pero son casas muy ordinarias; la mitad, de piedra, y la otra mitad, de madera. No he visto más de seis o siete casa que tuvieran proporciones de verdaderas casas, y todas de piedra (...)




La calle, en este tramo relativamente tranquila pese a la cercanía a las más bulliciosas de Santander, que pronto veremos, era en aquellos siglos pasados tránsito continuo de gentes y solar de artesanos que tenían sus talleres en las bodegas o partes bajas de las casa, tal y como escribe José Simón Cabarga...

"Todavía allí, a mano derecha, un viejo orfebre italiano perpetuaba la noble artesanía antañona, de cuando el oro y la plata eran cincelados a la mayor gloria del Señor. Después, el vecindario era todo de empleados y artesanos, de canónigos y jubilados. De una bodega salían a la calle las notas de un piano porque allí había un artista afinador, ciego, de tacto maravilloso y de oído sutilísimo. De otra, la vaharada caliente de un taller de plancha, con muchachas de mejillas encendidas, inclinadas sobre la alegría de los lienzos inmaculados. Había un rumor de máquinas de coser, de hábiles bordadoras que tarareaban una cancioncilla a media voz, como era todo en la Rúa Mayor. Y según se iba avanzando y torciendo hacia la Cuesta del Hospital, iba gradualmente cambiando el carácter; ahora era algún cafetucho con sólo dos mesas de mármol y un tasquero que fumaba en silencio su tagarnina mientras los parroquianos hablaban de gallos de pelea; el taller de un ebanista que robaba reflejos suaves a la tarde para regalárselos al barniz de un armario de caoba ... "


Además del Incendio de 1941 la calle vio otros desastres, ya en 1304 otro incendio destruyó buena parte de las casas, y en 1467, tras el fracaso del Marqués de Santillana para hacerse con la antigua villa, fueron destruidas las hidalgas moradas de quienes fueron sus partidarios, los que le abrieron las puertas, a la sazón los Fernández de Alvarado, los Gutiérrez de Alvear y los Gonzalo de Solórzano


En nuestros días también sufre un importante deterioro, bien visible en algunas casas derrumbadas


También a la derecha, en lo que fueron los Juzgados de Primera Instancia


Aquí comienza una bajada y curva a la izquierda


Atención pues a la derecha, al lado del garaje, está la puerta del albergue


Albergue de peregrinos Santos Mártires de Santander


Desde el albergue sigue la bajada por Rúa Mayor


Abajo hay una señal en el suelo pero en dirección contraria, señalando la ruta al albergue a los peregrinos que han llegado a Santander procedentes de Somo y Pedreña en barca, desembarcando en el Muelle de Calderon y viniendo por los Jardines de Pereda


Al lado otra señal nos indica la ruta a la catedral


Realmente a la catedral de Santander podríamos ir directamente desde aquí, pues ya la vemos cercana, al fondo a nuestra derecha. Solo habríamos de bajar las escaleras aquí existentes, seguir esta calle, la de Emilio Pino, cruzar la de Isabel II y luego por la explanada de Lealtad subir por las escaleras que suben al santuario, del que vemos su robusta y alta torre


La otra posibilidad es seguir estos indicadores y continuar por la calle Rúa Mayor


Así llegaríamos a la esquina con la calle Rúa Menor, sucesora de otra de igual nombre que sucumbió en el desastre de 1941. No nos resistimos a presentar la explicación que de ella hace el genial José Benito Cabarga en su libro Santander en la historia de sus calles:

"La Rúa Menor era vecina poco recomendable para la noble Rúa Mayor. Si por el día era de un pintoresquismo alborotado por las noches se encendía en gritos, en canciones irrepetibles, en parrandas empapadas de vino. Fue una especie de cáncer inurbano que se le enquistó a la Rúa Mayor, a su flanco, y paralela a ella, en un plano más bajo. No se la conoció como verdadera calle hasta el año 1795, que es cuando aparece por vez primera en un reparto de alcaldías de barrio. Por eso no la ennoblecieron casonas ni había en toda ella un escudo que acreditase antigüedad ni menos historias porque fue la suya una historia triste y lamentable, la de su existencia. Corría también de levante a poniente, serpeando al ritmo de su topografía para acabar en la cuesta del Hospital. A su paso, algunas transversales, callejones tétricos más bien, o más peor, la comunicaban con la Rúa Mayor. No pudo redimirse nunca, y el fuego se ensañó en ella hasta destruirla hasta la raíz. Sólo un par de casas quedaron al final, que son las que hoy retienen su nombre" 

En la Rúa Menor donde estuvo el primer Colegio de la Purísima Concepción fundado en 1862  por Sor Tomasa de Odrizola y su hermano Miguel que luego se trasladó a la calle Alta.


En la esquina está el cine Los Ángeles, que abrió sus puertas el 23 de agosto de 1957 con la película La Familia Von Trapp (Sonrisas y Lágrimas). Ángeles es el nombre de la mujer de su fundador, Marcos Restegui Riega, que fue el primero en España en proyectar películas en Cinemascope, en el cercano y desaparecido cine Alameda, llegando a ser también propietario de los cines Capitol y Santander. Por él ha pasado buena parte de la historia del cine. Cerró en el año 2003 pero volvió a abrir dos años después gracias a uno de sus diez hijos, Carlos Restegui, compitiendo exitosamente con los tiempos modernos dando variedad y buenos precios



Las letras de neón fueron escritas con la misma caligrafía con la que las escribió Marcos Restegui


Seguimos la bajada de la Rúa Mayor. Al reconstruirse el casco antiguo no se siguieron las pautas arquitectónicas anteriores y se diseñaron edificios de nuevo cuño, muchos de ellos viviendas para rentas altas que cambiaron la idiosincrasia tradicional de estos barrios y lugares, entonces (1941) de clases humildes y populares puesto que los aristócratas, burguesía industrial, etc. ya se había mudado mayoritariamente a otras zonas de la creciente ciudad. El primitivo vecindario, alojado en poblados construidos a toda prisa, casi todos alojados de aquí, en su mayor parte no volvió. Los nuevos edificios, al crecer además en altura, incrementaron la angostura de estas rúas




Aquí nos unimos a la calle Isabel II, que viene a nuestra izquierda y llegamos a Calvo Sotelo, donde seguiremos a la derecha. Es fácil que podamos encontrarnos con peregrinos que van hacia la izquierda, serían los que han desembarcado en lancha y toman la salida de Santander, también señalizada por aquí, en dirección a las calles Jesús de Monasterio y Burgos, tomando luego la Alameda de Oviedo, Cuatro Caminos y por el Hospital de Valdecilla continuar a Peñacastillo por Cajo. Todos estos terrenos fueron antaño marismas donde el riachuelo Mies del Valle desembocaba en la Ría de Becedo, separación de La Puebla Vieja de La Puebla Nueva, paso del Camino Real que, paralelo al de Burgos, que entra hacia la catedral por la calle Alta, discurría por estos parajes, siendo promovido por el Marqués de la Ensenada en 1753 como acceso directo de los productos castellanos, trigo y lana, hacia el Puerto de Santander sin pasar por el abigarrado centro urbano de la Puebla Vieja


En nuestro caso, como hemos dicho, tomaremos la dirección de la catedral, a la derecha. Toda esta zona hubo de ser reedificada tras el terrible Incendio de Santander de 1941, desapareciendo los edificios originales de viviendas del casco antiguo y calles como la de Atarazanas, cuyo nombre se debe a que en la desaparecida Ría de Becedo estuvieron dicho las Atarazanas Reales, muelles de barcos para la armada en los que se empleaba la madera de los bosques cercanos, para construir buques siguiendo una milenaria tradición de carpinteros de ribera. Santander llegó a construir por mandato una nao al año.


Pero antes hemos de mencionar la Plaza del Ayuntamiento de Santander, que vemos enfrente. Las marismas y la ría desaparecen como hemos dichos a finales del siglo XVIII y a primeros del XIX se urbanizan estos espacios con casas de dos y tres pisos con talleres en la planta baja, extendiéndose por aquí la ciudad y construyéndose una parada de postas para viajeros y correo. En la misma ribera existía desde mediados del siglo XIII el Convento de San Francisco, entre las puertas de La Sierra y San Francisco, donde se celebraban desde 1399 las reuniones del Concejo de la Villa, instalándose en él en 1836, tras la Desamortización, la Diputación Provincial. En este momento la plaza se llamaba de Becedo, como la desparecida ría, luego de las Delicias y al final en la de Pi y Margall, presidente de la I República Española. En el año 1896 se derriba el viejo edificio monacal franciscano para levantar este Ayuntamiento de Santander, sustituyendo al anterior en la Plaza Vieja, así como las casas donde se haría el Mercado de la Esperanza, inaugurado en 1904 detrás de estas consistoriales y construido todo ello también en los antiguos terrenos franciscanos desamortizados. Del convento solamente se conservaría la iglesia durante 40 años más. El edificio original del consistorio era en tamaño la mitad del que vemos hoy en día y fue construido según proyecto de 1897 del arquitecto Julio Martínez-Zapata, con un presupuesto de 600.000 pesetas e inaugurado en 1907 con el alcalde Luis Martínez Fernández. Esta nueva ubicación de las consistoriales cambió el nombre a esta plaza, antes dedicada a Pi y Margall. En 1967 fue reinaugurado tras una segunda fase de obras en la que se le dio la configuración actual, las cuales habían empezado en 1963. Como dato curioso diremos que allí estuvieron compartiendo espacio una estatua ecuestre de Franco y un escudo de la II República, retirados ambos en el año 2008, siendo la última estatua del caudillo retirada en España de un espacio público municipal


Salimos pues a la calle Calvo Sotelo y nos dirigimos hacia la catedral. Vemos en la arquitectura de los edificios inspiración en el estilo herreriano dentro del Renacimiento, como los cónicos picos, homenaje al cántabro Juan de Herrera, arquitecto del monasterio madrileño de El Escorial. Tras la contienda civil fue este estilo resurgió siglos después al ser promovido por el bando vencedor en muchas construcciones públicas de aquel tiempo, tal que en este de la izquierda, Tesorería General de la Seguridad Social. El Camino sigue por Calvo Sotelo adelante, por donde iba al mar la Ría de Becedo. Era esta antaño La Ribera, como orilla que era de la antigua ría, así se llamó la calle desde el siglo XVI. De ella Pellegrino Zuyer escribe en su informe que "la calle más larga es la de la Ribera, que no tiene más de 26 casas en fila". Una vez rellenada la ría, La Ribera no perdió al principio su carácter marinero, pues existieron almacenes de enseres navales y pertrechos para embarcaciones, además de despachos de navieras, escritorios de comercios, etc dado que era la salida natural al puerto pero, ganados también al agua los terrenos del actual Paseo de Pereda, La Ribera iba perdiendo la razón de su nombre, que desaparecería en 1930. José Simón Cabarga en su Santander en la historia de sus calles, nos informa que no todo el mundo estuvo de acuerdo con la nueva disposición portuaria, ya que hubo partidarios de mantener el sistema de muelles en el interior de la población, "como en los puertos del norte de Europa", si bien aquello pronto, con el vapor y el mayor calado de los barcos, hubiese sido imposible


En La Ribera estaba el puente, de mampostería, llamado antiguamente de las Atarazanas, que separaba las dos partes del antiguo Santander, y que sobrevivió al relleno del pequeño estuario, cuyo aspecto no agradaba pues estaba casi en ruinas y con grietas, embotellando el tránsito, por lo que se planteó sustituirlo por otro más moderno para comunicación de las calles transversales, diciendo de él amargamente el arquitecto Cristóbal de Bernaola en su informe al respecto redactado en 1831 que...

"Su disposición artística es tan tosca y antigua que más parece construcción de los bárbaros y silingos que de los tiempos posteriores"

Por ello al año siguiente comienza a hacerse uno nuevo de madera subastado por poco más de 28.000 reales a José López Bustamante pero, estando casi acabado, empezaron las protestas del vecindario pues había errores estructurales que era preciso arreglar, suspendiéndose las obras mientras se buscaba una solución. Incluso llegó una Real Orden en 1833 exigiendo terminar de una vez, a lo que el Ayuntamiento de desentendió aduciendo que...

"la obra es perjudicial en la forma y modo en que está comenzada (...) según todos los informes y el juicio de los inteligentes consultados"

El estallido de la I Guerra Carlista hizo pasar el asunto a un segundo plano hasta que seis años más tarde se planteó retirar el malogrado puente de madera con la idea de hacer uno más acorde con la estética urbana, habiendo para ello un fondo de donativos de emigrantes de ultramar. Así se proyectó uno más, de piedra, proyecto de Antonio Zabaleta presupuestado en 110.000 reales de vellón. Las obras arrancan en abril de 1840 y finalizan en marzo de 1841, siendo llamado Puente de Vargas en conmemoración de la batalla de ese nombre, cuando Santander estuvo a punto de caer en manos de las tropas del Infante don Carlos en 1833 al principio de la dicha carlistada 

Bajo el Puente de Vargas pasaron aquellos primeros tranvías de tiro animal, pero al llegar los eléctricos su parte superior salvaba a duras penas, lo que hizo que se hiciese otro más en 1912 según diseño de Antonio Corral, con barandilla de hierro con columnas con farolas, ensanchándose también la calle y haciéndose unas escaleras

En 1936 y dentro de las reformas urbanísticas acometidas por los ayuntamientos del Frente Popular al comienzo de la Guerra Civil para descongestionar las atestadas ciudades, se derriba este último puente siendo alcalde Ernesto del Castillo y Bordenabe, quien era apodado por estas iniciativas El Piqueta. con la idea de hacer una avenida, llamada de Rusia que no se llegó a realizar. Cuando entraron los nacionales la nueva corporación de Emilio Pino Patiño mantuvo las escalinatas que quedaron del puente mientras se hacían otras para subir a la catedral. Todo pereció en el dramático Incendio de Santander de 1941, habiendo de ser totalmente reconstruida la práctica totalidad del casco histórico santanderino. En la actualidad prácticamente nada recuerda, salvo la misma disposición de la calle, a cómo era antes La Ribera

Detrás de estos edificios de la izquierda, en la calle Santa Clara, estuvo el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, del que sabemos por primera vez en un pleito de 1636 entre la Cofradía de la Misericordia y un vecino que lo había arruinado a causa de unas obras en una casa pegada a él. El canónigo Zuyer explica en su visita que "... está próximo al convento de Santa Clara, llamado Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, donde solo hay dos camas y el hospedado tienen la comodidad de dormir a cubierto en paja y este también está servido por una mujer pobre, que, por lo que me han dicho, asiste por mera caridad, no teniendo el hospital renta alguna segura"




Esta es la esquina con calle Lealtad, conocida en 1814 como "callejuela desde Remedios a Atarazanas" y que fue llamada en 1845 Lealtad por el arquitecto municipal Chávarri recordando el título concedido en 1467 a la entonces villa de Santander por Enrique IV por su lealtad a la Corona tras las violentas disputas con el Marqués de Santillana. Se trata otra de las calles destruidas en el incendio de 1941 si bien esta continúo existiendo totalmente reformada


Seguimos recto recordando que en Atarazanas vivió el gran poeta y escritor Gerardo Diego, nacido en Santander en 1896 y que, tras estudiar Filosofía y Letras en Deusto y doctorarse en Madrid, fue catedrático de Lengua y Literatura en los institutos de Soria y de Gijón. En 1920 publicará El Romancero de la novia, luego Poemas (1918-1921) en 1922, Soria. Galería de estampas y efusiones en 1923, Manual de Espumas en 1924 y Versos humanos en 1925, con el que consigue el Premio Nacional de Literatura. Realizó además dos versiones de su Antología con la que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y dio como profesor cursos y conferencias en todo el mundo, además de ser critico literario, musical y taurino y columnista de varios periódicos, a la vez que, prácticamente todos los años, publicaba alguna nueva obra

Gerardo Diego volverá a Santander tras casarse en 1934 y ejercerá también aquí de catedrático en el Instituto. Además de escribir y publicar poesía estudia pormenorizadamente la literatura española y sigue sus tareas de conferenciante y crítico musical. Estando de vacaciones en Francia estalla la Guerra Civil y él toma partido por el bando nacional, escribiendo poemas políticos a su favor. Acabada la contienda se va a Madrid en 1940 e imparte sus clases en el Instituto Beatriz Galindo. En 1947 pasa a ser miembro de la Real Academia Española y en 1956 gana el Premio Nacional José Antonio Primo de Rivera con Paisaje con figuras. En 1979 comparte con Jorge Luis Borges el Premio Cervantes, falleciendo en Madrid en 1897


Y llegamos a los Jardines de Somorrostro, ante la Delegación de Correos, inaugurada como Palacio de Comunicaciones el 7 de noviembre de 1926 (otras fuentes dicen septiembre de 1927), siendo obra de los arquitectos Secundino Zuazo Ugalde y Eugenio Fernández Quintanilla siguiendo las pautas del estilo regionalista montañés imperante en el momento. Once años atrás ambos habían ganado el concurso de la Casa de Correos de Santander, siendo el segundo quien estuvo al cargo de las obras. Pese a estar en la zona afectada por el incendio fue de los pocos edificios que se salvó sin grandes desperfectos


Y esta es la Catedral de Santander, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, y reconstruida tras el terrible incendio que asoló la vieja puebla o casco antiguo de la ciudad en febrero de 1941. La parte más antigua es la iglesia del Santísimo Cristo, construida en el primer tercio del siglo XII y llamada la iglesia Vieja o Iglesia Baja, se edificó sobre un primitivo asentamiento romano en el Cerro de Somorrostro, fundado tras la conquista del territorio cántabro por Augusto y aquí, al decir de la tradición, vinieron las reliquias, por mar y barca de piedra, como las de Santiago a Galicia, de los mártires San Celedonio y San Emeterio. Es la Plaza de las Atarazanas, recuerdo de la desaparecida calle a la que dieron nombre aquellos antiguos astilleros santanderinos









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