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martes, 19 de marzo de 2024

EL CAMINO DE LA GLORIA: EL NATAHOYO (GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS) LA ESTACIÓN DEL NORTE, EL MUSEO DEL FERROCARRIL Y EL ÚLTIMO TREN DE MATA HARI EN LAS CALLES DE LA LUCHA DEL SECTOR NAVAL

 

Al oeste de Gijón/Xixón está La Gloria, y el Camino de Santiago pasa por ella, podemos decir sin ningún tipo de mentira ni de exageración, en concreto a la entrada del barrio de El Natahoyo que daba nombre a este antiguo-nuevo arenal que, desaparecido con las ampliaciones portuarias e industriales de las dos últimas décadas del siglo XIX fue recuperado artificialmente, aunque lamentablemente no su nombre origina, prefiriéndose, sin que se sepa muy bien porqué y sin un acuerdo plenario pertinente, el nombre nuevo, quizás más turístico, de Poniente, soslayando también el de Pando, Mar de Pando o Playa de Pando con el que también se la conocía, así como, durante un tiempo dieciochesco, la Playa del Paseo


En tiempos, era esta la entrada y salida por la costa occidental del camino que entraba y salía de la antes pequeña villa marinera gijonesa, donde había por tanto una venta caminera de la que existen citas en los censos, también dieciochescos, de Catastro de Ensenada


Por aquí saldrían, rumbo a Santiago, o vendrían, en su camino de vuelta, los peregrinos que se recogían al amparo del Hospital de los Remedios, de la Villa o de Corraxos, de Cimavilla, si bien por un paisaje muy diferente, de dunas y arenales que desaparecerían, según finalizaba el siglo XIX y empezaba el XX, entre las nuevas dársenas de El Fomento y El Fomentín, así como El Dique , dique seco de los astilleros aquí fundados frente al costero Monte Coroña y otras industrias que, solamente un año después también desaparecerían


De aquel entramado de factorías, no todas vinculadas a la marinería de manera directa, pues había desde madereras a cristalerías y arte gráficas, quedó como único ejemplo de las mismas una solitaria chimenea ante las nuevas urbanizaciones que transformaron totalmente el lugar por segunda vez en un siglo, las cuales hicieron desaparecer las viviendas obreras, entre ellas algunas ciudadelas, construidas en La Gloria y sus inmediaciones


También desapareció, al paso del Camino de Santiago por la actual Avenida José Manuel Palacio Álvarez, primer alcalde de la Transición, la Estación del Norte, inmediata a la zona portuaria, si bien esta se conserva en su edificio que es actualmente sede del Museo del Ferrocarril de Asturias, inaugurado el 22 de octubre de 1998


Unos metros más al sur vemos los edificios construidos sobre las antiguas casas del popular barrio obrero de El Parrochu, cuyo topónimo ha quedado relegado por el Laviada, nombre de una antigua factoría existente un poco más allá, Fábrica Laviada y Cía, que dio nombre a este barrio del distrito centro, el cual integró a otros anteriores, tal que este del Parrochu, el del Frontón o mismamente El Prau Redondu, donde parece que llegó a jugarse por primera vez al fútbol en Gijón/Xixón, en los primerísimos años del siglo XX


El barrio está ahora comunicado directamente con este arenal por la zona de El Solarón, amplios terrenos que quedaron libres en lo que fueron las vías de Renfe y Feve a la antigua Estación de Langreo, ferrocarril inaugurado en 1852 para el transporte del carbón de la Cuenca del Nalón al entonces pequeño puerto gijonés, que con el tiempo aglutinaría todo del tráfico ferroviario como Estación del Humedal que, previo acuerdo para crear una nueva estación intermodal, cayó en desuso y derribada en el año 2014


En la actualidad las vías férreas llegan a la estación provisional de Sanz Crespo, situada más al fondo, detrás del edificio de Atención Integral a personas sin hogar del Albergue Covadonga (derecha de la foto), pero sigue habiendo grandes espacios pendientes de su integración en la ciudad


Mirando atrás, los grandes edificios del Ensanche del Fomento por los que la ciudad fue creciendo según se ganaba este terreno al mar. Esta parte y la de la derecha, en la calle Marqués de San Esteban (antiguo señor del coto de El Natahoyo que hasta aquí llegaba), están cubiertas por soportales, pues antaño los bajos estaban ocupados por navieras y sus almacenes, con entradas hacia los muelles por un lado y hacia la calle por otro, donde primeramente estuvo El Muro de Langreo, por el que iba el tren carbonero del Ferrocarril de Langreo, llevando el mineral a los cargaderos del puerto, el viejo Muelle de Carbones


Y de frente a nosotros, en la Plaza de la Estación del Norte, la otra estación gijonesa, El Museo del Ferrocarril de Asturias está considerado uno de los museos ferroviarios más importantes de Europa, 17.000 metros cuadrados de instalaciones, donde se exponen varias locomotoras históricas y un tren del museo realiza un recorrido por el mismo


Aquí están la recepción, las salas de exposiciones temporales y permanentes, centro de documentación y archivo, aula didáctica, salón de actos, salas para organizar talleres, presentaciones y diversas actividades y eventos a lo largo de todo el año. Detrás existe una playa o red de vías, con vagones, tranvías, numerosas piezas, herramientas, señales y elementos relacionados con los trenes que iremos viendo al pasar al lado pues son visibles desde la calle


La antigua Estación del Norte sobre la que se edificó el museo forma parte de aquella epopeya que fue la comunicación por ferrocarril de la Asturias interior primero y luego de esta hacia la meseta. Se construyó entre 1872 y 1874 con proyecto de Melitón Martín, Ingeniero Jefe del Noroeste, entrando oficialmente en servicio al inaugurarse el tramo a La Pola L.lena el 23 de julio de 1874, servicio que continuó durante más de 115 años, hasta que con las nuevas infraestructuras ferroviarias dejó de funcionar como tal estación en enero de 1990. El especialista Guillermo Bas Ordóñez escribe de ella en Patrimoniuindustrial.com:
"La estación de Gijón responde a un proyecto redactado en 1871 por el ingeniero Melitón Martín para las líneas de Asturias y León concedidas a la Compañía del Noroeste. Martín planteó diferentes edificios agrupados por categorías según la importancia de cada enclave, algo común al planeamiento de las vías férreas de la época. De todas ellas, el modelo de mayor empaque correspondía a las de primera categoría, de las que tan solo estaban previstos dos ejemplares, uno en Gijón y otro en La Coruña. 
Los planos concibieron un edificio de cierto empaque, aunque con un planeamiento muy convencional para este tipo de construcciones. Dispuesto de forma paralela a las vías, constaba de dos plantas rectangulares bastante alargadas. La inferior contaba con un vestíbulo central del que se accedía a tres salas de espera destinadas a las respectivas clases de viajeros, un restaurante y los distintos despachos de circulación. Todo el piso superior estaba destinado a viviendas de personal. 
Los muros eran de mampostería enlucida, con sillería en los motivos decorativos (pilastras, zócalo, molduras en torno a puertas y ventanas). La cubierta era de pabellón, apoyada en cerchas metálicas. El conjunto se completaba con una amplia marquesina sobre columnas de fundición que resguardaba el andén principal. 
La estación de Gijón estuvo terminada en 1874 para la inauguración del tramo hasta Pola de Lena. Su hermana gallega fue concluida diez años más tarde y fue derribada en la década de 1960. 
La asturiana corrió mejor suerte. Estuvo en funcionamiento durante más de un siglo, pasando sucesivamente a manos del AGL, de la Compañía del Norte y, finalmente, de RENFE. Dejó de prestar servicio comercial en enero de 1990, cuando se abrió al tráfico la nueva estación de la Plaza del Humedal. 
El edificio fue rehabilitado y convertido en la sede del Museo del Ferrocarril de Asturias, que abrió sus puertas en 1998. Actualmente alberga los despachos, centro de documentación, sala de exposiciones y almacenes. Es un ejemplo de estación monumental del siglo XIX perfectamente conservado y un hito como punto de partida de la red de vía ancha del Principado."

Por su parte, en la página de Turismo Asturias no explican el origen de la estación en su época y contexto así como su entorno inmediato, industrial y portuario:
"Corría la segunda mitad del siglo XIX, y el Gijón/Xixón fabril, industrial y obrero crece sin cesar. Elemento clave de este crecimiento son las comunicaciones y el transporte, y en este contexto nace la Estación del Norte, que transforma el entorno rural y tranquilo de El Natahoyo en uno de los arrabales proletarios más relevantes de la ciudad. La zona, limitada por el ferrocarril y el mar, y vertebrada por la carretera de Candás se convierte en lugar de asentamiento de numerosas industrias, entre otras algunos de los astilleros más importantes del siglo XX español. El ferrocarril permitiría la salida al mar de mercancías industriales, y el tránsito de pasajeros por el eje central de Asturias, desde Gijón/Xixón a las cuencas mineras y viceversa. En definitiva vertebraba la vida, la economía, los cambios sociales y la revolución industrial, fue un símbolo de progreso y conocimiento.

En la actualidad toda esa historia reciente, y todo el poso obrerista, industrial, tecnológico y social asturiano tiene un claro exponente en el uso que se le dio a la Estación del Norte de Gijón/Xixón cuando en 1990 cesa su actividad, finiquitando así más de cien años de historia, y abriendo el conocimiento, la cultura y el ocio a las generaciones y viajeros actuales a través de su nueva vida como Museo del Ferrocarril."

Una página bastante desconocida de la Estación del Norte es que de ella salió, rumbo a Madrid, la famosa espía Mata Hari tras su arribada al gijonés puerto de El Musel en plena Primera Guerra Mundial tras ser interceptada por el contraespionaje francés, un viaje que la llevaría a su trágico fusilamiento en las afueras de París, tal y como nos recuerda Adrián Ausin en el periódico El Comercio del 19-9-2014, citando el artículo publicado años atrás por el gran cronista gijonés Joaquín Alonso Bonet, contemporáneo de aquellos sucesos, en el mismo periódico y años atrás:
"Espiar a Mata Hari resulta fascinante. Sigues con insistencia la estela de su contoneo desde París hasta Madrid, pasando por Gijón, con especial interés en su escala en El Musel. Pero ha llovido mucho desde noviembre de 1916 (casi un siglo) como para que las huellas de la bailarina de los pies desnudos, como también la llamaban, no se hayan borrado de casi todas partes; en especial, en aquel breve trayecto entre el puerto gijonés y la estación del Norte, donde tomó un tren a Madrid. Sin embargo, al final, darás en tu propia casa con la prueba documental que buscabas. En la hemeroteca de EL COMERCIO, un auténtico templo donde se preserva el pasado, desde 1878 hasta 2014, está la solución.
Noviembre de 1962, Joaquín Alonso Bonet dedicó su sección ‘Pequeñas historias de Gijón’ al asunto bajo el título: “En Gijón empezó a declinar la estrella de Mata Hari (‘Ojo del día’), la espía H-21”, una apasionante página que el dramaturgo, poeta y periodista acompañó de una fotografía de Mata Hari, junto a un agente francés, en El Musel. La imagen muestra a una mujer elegante, distinguida y mayor. No concuerda con los presuntos 40 años que tenía la espía cuando pisó suelo astur (Bonet refiere 36). Pero esta circunstancia puede tener dos explicaciones. Una, que la diva hubiese mentido con la edad, como se ha sospechado siempre. Otra, que en aquellos tiempos una persona de 40 años no tenía el aspecto actual. La esperanza de vida era muy inferior. Lo cierto es que en la cubierta de aquel carguero procedente de Falmouth (Inglaterra), que entraba al puerto gijonés para llenar sus carboneras, estaba ella. Agentes franceses procedentes de la embajada de Madrid la aguardaban. 
Y ahora dejamos seguir narrando la historia al propio Bonet: “Momentos después desembarcaba una mujer hermosa, de belleza exquisitamente cuidada que entraba en el orden de lo excepcional. Tenía 36 años, sombrero con gran pluma, abrigo de pieles oscuras y sombrilla, en la que se apoyaba continuamente. Era Margarita Zelle, que pisaba el puerto gijonés con muestras de fatiga y palabras de desagrado por las molestias de un viaje incómodo, a bordo de un buque sucio y lleno de mercancías, el primero, como la dijeron en Falmouth, que salía para España. Pese a todo lo cual fingió una sonrisa, más esta sonrisa, instantes después, se le helaba en los labios porque uno de los agentes, entre corteses genuflexiones, la invitó a hacerse una fotografía. No pudo reprimir un gesto de contrariedad, pero, al fin, hubo de acceder la bella viajera. A su lado y, sin duda, para dar autenticidad a la foto, se situó otro agente, de gabán, hongo y bastón”. Prosigue Bonet: “La dama pasó en Gijón unas horas, en compañía de aquellos hombres de la embajada, que la colmaban de atenciones y delicadezas propias de la galantería francesa. Por la tarde estaba con su ocasional cortejo en la estación del Norte y en el tren correo salían todos para Madrid. Este viaje, colmado de zalemas y cortesías, tenía todos los caracteres de una detención”. 
En su apasionante relato, el dramaturgo gijonés contextualiza la presencia de Mata Hari en aquel barco. En principio, la mujer a la que había dedicado unos versos el mismísimo Rubén Darío (El canto errante, en 1907)  había embarcado en Vigo en el vapor ‘Hollandia’ para una misión en Bélgica. Pero el barco fue interceptado en alta mar por un buque inglés, que se la llevó a Falmouth. Los servicios de espionaje británicos y franceses le seguían ya la pista tras interceptar un radiocifrado sobre el pago de 15.000 pesetas a ‘H-21’ por sus servicios. Y H-21 era Margarita Zelle, Mata Hari, la bailarina de los pies desnudos, aquella bella mujer que cortejaba con altos mandos franceses y trabajaba para los alemanes. Lo primero que hicieron fue abortar su misión. Lo segundo, devolverla a España para tenerla bajo vigilancia. Y lo tercero, embarcarla. 
En su apasionante relato, el dramaturgo gijonés contextualiza la presencia de Mata Hari en aquel barco. En principio, la mujer a la que había dedicado unos versos el mismísimo Rubén Darío (El canto errante, en 1907)  había embarcado en Vigo en el vapor ‘Hollandia’ para una misión en Bélgica. Pero el barco fue interceptado en alta mar por un buque inglés, que se la llevó a Falmouth. Los servicios de espionaje británicos y franceses le seguían ya la pista tras interceptar un radiocifrado sobre el pago de 15.000 pesetas a ‘H-21’ por sus servicios. Y H-21 era Margarita Zelle, Mata Hari, la bailarina de los pies desnudos, aquella bella mujer que cortejaba con altos mandos franceses y trabajaba para los alemanes. Lo primero que hicieron fue abortar su misión. Lo segundo, devolverla a España para tenerla bajo vigilancia. Y lo tercero, embarcarla. 
El testimonio de Bonet ofrece una fiabilidad máxima. Nacido en 1889, Joaquín Alonso Bonet tenía 27 años en 1916. Fue por tanto coetáneo de los hechos, de los que, según refiere en el amplio reportaje, se documentó a principios de 1917 desplazándose a Madrid, donde se encontraba Mata Hari. Acudió a la Agencia Delgado Barreto, que distribuía sus noticias a EL COMERCIO, y a ‘La Cafetera’ de la Puerta del Sol, un departamento comercial de telefónica donde se reunían los periodistas y corresponsales de la época para intercambiar información. Cuando se presentó ante sus colegas, se produjo la siguiente conversación: 
-¿Vienes de Gijón? 
-Sí. 
-¿Y qué noticias tenéis allí de una famosa bailarina llamada Mara Hari? 
-Sólo se sabe que desembarcó en el puerto de El Musel y que salió creo que para Madrid. En Gijón estuvo solo unas horas. 
-Eso es saber muy poco. Aquí te informarás de otras muchas cosas. 
Así fue como Joaquín Alonso Bonet (fallecido en 1975) se documentó de todo lo acaecido antes, durante y después de la escala de Mara Hari en Gijón aquel frío noviembre de 1916. Poco después de su estancia en Madrid, la espía holandesa era detenida en Francia el 13 de febrero de 1917. Y unos meses más tarde,  el 15 de octubre, tras un complejo proceso, fue fusilada en las afueras de París. De eso hemos hablado ya. También del robo de su cabeza, embalsamada en el Museo del Crimen. Tocaba documentar la estancia de Mata Hari en Gijón. Aquí están las pruebas."

"Mata Hari fue descubierta por una fotografía que le hicieron en El Musel", titula por su parte la página Gijón en el retrovisor, donde se nos ofrece esta otra versión de los hechos:
"Nada tuvo que ver, como es lógico, que unos días antes corriese por las tertulias de “Corrida Street” el rumor de que frente al puerto de El Musel se había podido ver a un submarino alemán, pero lo cierto es que aquel noviembre de 1916, la famosa bailarina holandesa, Margarita Zelle –que luego se sabría que era la doble espía que trabajaba a la vez para Francia y Alemania, “Mata-Hari” que significaba “ojo del día”- fue descubierta en El Musel, cuando desembarcó de un carguero procedente del puerto de Falmouth. Joaquín Alonso Bonet la describió como “una hermosa dama, de belleza exquisitamente cuidada elegantemente ataviada: sombrero con gran pluma, abrigo de pieles oscuras y sombrilla en la que gentilmente se apoyaba”. Su rostro estaba marcado por las muestras de la fatiga tras las molestias de un viaje incómodo, a bordo de un buque sucio y lleno de mercancías malolientes. 
A pesar del mal estado físico en que se encontraba, no borró la sonrisa de sus labios tras desembarcar en El Musel cuando dos caballeros gentilmente le pidieron hacerle una fotografía. Aunque se mostró contrariada accedió a posar con un hombre que se situó a su lado: el autor de la fotografía y su acompañante eran agentes del servicio de contraespionaje francés. 
En el “Gran Café de Gijón” tomaba “Peppermint frappé” 
Con toda galantería, aquellos caballeros la acompañaron hasta la Estación del Norte para coger unas horas después el primer tren, un correo que partía hacía Madrid. En la capital de España se alojó en el “Palace Hotel” y hasta volvió a los escenarios teatrales donde la bailarina de los pies desnudos obtuvo un nuevo triunfo, no solamente por el embrujo de su arte que desplegaba con su belleza javanesa de gitana india, realmente fascinante. Con Enrique Gómez Carrillo, el director del diario madrileño “El Liberal” –aquel cuyos ejemplares vendía provocativamente Raquel Meller en el “Teatro Jovellanos”- estuvo en el “Gran Café de Gijón” en el paseo de Recoletos –que había sido fundado por el gijonés Gumersindo Gómez en mayo de 1888, tras hacer fortuna en Cuba- donde cubierto su rostro con un discreto velo bebía con libidinosos sorbos “Peppermint frappé”, mientras fumaba delicados cigarrillos egipcios sentada sobre uno de aquellos divanes de peluche en una de las mesas de mármol del fondo.  
Aunque se sentía muy a gusto en España, Margarita Zelle tenía el presentimiento de que algo malo le estaba a punto de ocurrir. Y así fue, ya que a finales del año 1915 desapareció misteriosamente del “Palace Hotel”. Cuentan que el día de su detención definitiva en París, en el “Elysée Palace Hotel” rogó que le dieran tiempo para ducharse y cambiarse de ropa, pero regresó completamente desnuda y repartiendo bombones, sin que sus tretas seductoras y sus innegables encantos sirviesen para conquistar a los hombres que la habían capturado. 
Unos meses después –antes de que finalizase la Primera Guerra Mundial- fue sometida en Francia a un juicio sumarísimo siendo acusada de espionaje, como doble agente de Alemania, aunque sin pruebas fehacientes por lo que actualmente la sentencia no tendría bases legales. Sin embargo fue condenada a muerte y ejecutada por un pelotón de fusilamiento el 15 de octubre de 1917, en Vincennes. 
“Mata-Hari” pidió que no le disparasen a la cara  
Su última voluntad fue que no le vendasen los ojos y pidió a los soldados que al dispararle no lo hiciesen a su cara. Tras de lo cual lanzó un beso de despedida a sus ejecutores y ha quedado constancia de que de los doce soldados que constituían el pelotón de fusilamiento, sólo cuatro acertaron con disparos en su cuerpo, uno de ellos en el corazón por lo que falleció al instante. Aunque ya no hacía falta, el oficial al mando, no obstante, la remató impíamente con un disparo de gracia en la sien.  
Su hermoso cuerpo no fue enterrado, sino que lo utilizaron para el aprendizaje de anatomía en las clases prácticas de los estudiantes de Medicina. No obstante, antes su cabeza había sido embalsamada y quedó expuesta en el Museo de Criminales de Francia hasta el año de 1958, en el que alguien se las arregló para robarla. Y desde entonces ya no se ha sabido nada de su paradero final."

La explanada a la entrada del Museo del Ferrocarril lleva el nombre, desde el año de su inauguración, de Dionisio Fernández-Nespral Aza, ingeniero industrial y militar artillero, director de la empresa Naviera del Nalón S.A. y presidente del Club de Tenis y del Real Club Astur de Regatas, directivo del Real Sporting de Gijón y del Club de Golf de Castiello, directivo de la Junta de Obras del Puerto, presidente de la Comisión Distribuidora del Carbón, teniente de alcalde...entre otros cargos


Nos dice el Cronista Oficial Luis Miguel Piñera en su libro Las calles de Gijón, Historia de sus nombres, que la iniciativa para dedicarle una calle partió de un grupo de empleados, "encabezados por Nicolás García (que murió en accidente de tráfico antes de hacerse realidad la calle de Fernández-Nespral), a los que se sumaron múltiples ciudadanos que valoraron las cualidades de Dionisio como empresario y como persona."


En la fachada de la estación, bajo la placa con el nombre de la calle, otra, colocada en abril de 1999, resume su biografía


A la derecha, los llamados por su forma los edificios-barco de las urbanizaciones de Poniente, este primero es el llamado Edificio Arión, del arquitecto Diego Cabezudo Fernández, construidos a finales de la década de 1990 en los terrenos de los antiguos astilleros


El nombre del edificio, en la fachada


Al otro lado es la Avenida Mariano Pola, otro gran pionero de la industrialización asturiana, antes llamada de Castrillón por la empresa maderera de Demetrio Fernández Castrillón, una de las primeras aquí ubicada y de la que existen noticias documentadas desde 1873. A ella pertenecía la chimenea de ladrillos que ha quedado, como suele decirse, descontextualizada, solitaria en la explanada entre las urbanizaciones y el arenal 


Fue sin embargo más conocida popularmente como La Chimenea de Basurto, nombre de una famosa industria de cristalería ubicada al lado de la maderera de Castrillón, que dio nombre también al antiguo pedreru existente en este sector de costa. Un símbolo de aquellas industrias que desaparecieron en la zona oeste de la ciudad y, según Luis Miguel Piñera, no por azar:
"No fue casualidad que a partir de 1850 se instalaran todas las fábricas en El Natahoyo y La Calzada. Así se aseguraban que el viento llevaba el humo fuera de la ciudad y de las zonas residenciales de la burguesía. Porque no fueron cuatro o cinco las que se construyeron, sino muchísimas fábricas, cada una con varias chimeneas, que suponían una gran contaminación, aunque es cierto que en el centro había algunas factorías, como la cristalería de Begoña"

La calle, también conocida tiempos como calle del Muleto, apodo del dueño de una finca cercana, aparece 1863 está reflejada como Camino de la Gloria, nombre que se repite en actas municipales en 1873 y en el Padrón de Vecinos de 1935, pues La Gloria era el nombre de unos terrenos propiedad del Conde de Revillagigedo (que había unido su título al de Marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo). También alguna vez fue conocida como Pando, por la playa 


En el lugar hubo ciudadelas obreras, conjuntos de moradas pequeñas y muy humildes con servicios comunes, de las que sabemos desde 1880, cuando se colocan en la zona farolas de gas pero que debían existir desde tiempo antes, son Les Cases de La Gloria. También estaban Les Cases de Castrillón, que se tiraron en 1878 y fueron propiedad del citado Demetrio Fernández Castrillón, el de la cercana maderera, para sus obreros


Se sabe además que, anteriormente a la revolución industrial, en el siglo XVIII, hubo en La Gloria una venta caminera para dar servicio a los usuarios del antiguo Camín Real de la Costa, que por aquí saldría, o entraría, en la villa gijonesa cuando era mucho más pequeña, siendo aquí El Natahoyo la antesala de la población


Otra ciudadela, o patio, como popularmente se llamaban, muy anterior a estos grandes edificios modernos porticados, fue el de Les Cases de la Condesa de Revillagigedo. Luis Miguel Piñera en su libro Ciudadelas, patios, callejones y otras formas similares de vida obrera en Gijón (1860-1960) nos informa que en 1928 el representante de la condesa, Baldomero Alonso Gutiérrez, solicitó al Ayuntamiento en 1928 permiso para construir 60 casas para obreros en una parcela propiedad de su representada con este texto:
"Como el fin social que persigue es contribuir a resolver el problema de la vivienda, dando facilidades para que las clases modestas puedan ser propietarias del inmueble, se ceden al Ayuntamiento unos 2.500 metros cuadrados"

Se dieron licencias en 1933, pero bastantes menos que para 60, de las que se sabe tenían comedor, dormitorio, despensa, cocina, baño y patios trasero, siendo su proyectista el arquitecto Benigno Rodríguez. Aquellas casas, como las demás de esta zona, unas 110 viviendas y algunos bares y locales, estando ya mayormente en malas condiciones, desaparecieron con la reurbanización y transformación completa del lugar en los años 1990, coincidiendo con la recuperación de la playa, dentro del plan especial del PERI de la Playa de Poniente

 
Respecto a la actual Avenida José Manuel Palacio, el alcalde, estuvo antes dedicada a Juan Carlos I, el rey, siéndole retirada en 2021. Antiguamente era la Prolongación de Marqués de San Esteban


Según pasamos contemplamos la explanada de la llamada playa de vías del Museo del Ferrocarril, donde se exponen trenes y diversos elementos


Hay representados trenes de prácticamente todas las compañías que operaron en Asturias a lo largo de la historia. Así se presenta en la web Gijon.es:
"El Museo del Ferrocarril de Asturias abrió sus puertas en 1998 y actualmente cuenta con una de las colecciones ferroviarias más importantes de España.  Está dedicado a la conservación, investigación y difusión de la historia industrial de Asturias, cuyo elemento vertebrador fue el ferrocarril. El museo conecta la historia nacida con la Revolución Industrial con el presente y actúa así como un importante elemento dinamizador de la cultura local y asturiana."

Trenes correo. La antigua Estación del Norte está muy vinculada, como vimos a la evolución de El Natahoyo como barrio obrero e industrial y de esta forma lo afirman asimismo en la página referida:
"El Museo se ubica en el inicio del histórico barrio obrero del Natahoyo, cuyo origen, a finales del siglo XIX, tuvo mucho que ver con la edificación en 1874 de la terminal del Ferrocarril del Noroeste, actual edificio principal del Museo. El total de espacio dedicado al Museo comprende tres edificios y una amplia playa de vías, con un total de más de 14.000 metros cuadrados. De ellos 10.000 integran la exposición permanente y, en el resto, se ubican la zona administrativa, centro de documentación, sala de exposiciones temporales, sala de actividades, taller de restauración, de reserva y espacios verdes.

La antigua estación, que se corresponde con el modelo de primera categoría de la Compañía, responde al proyecto del ingeniero Melitón Martín. En su andén histórico se muestra una buena parte del material móvil. En este inmueble se sitúan en las salas de exposiciones temporales, que ocupan antiguas dependencias de la estación. En la planta superior, en las anterior zona de oficinas y vivienda del jefe de estación, se encuentran la biblioteca y el centro de documentación, así como servicios administrativos.

En 1990 la estación cesó su uso como terminal ferroviaria y se decidió su uso como museo. A tal efecto, se diseñó un edificio, paralelo al preexistente y unido a él por medio de una marquesina. Responde al proyecto de los arquitectos Hernández Sande y alberga salas de exposición permanente y el salón de actos. Completan las instalaciones un edificio polivalente, destinado a exposición, taller de restauración y almacenes, los andenes y la antigua playa de vías de la estación, donde se ubican más elementos de material móvil, incluyendo los que permanecen en estado operativo."


Por aquí entraban los trenes en la estación, y siguen entrando, los que, como hemos dicho, hacen un pequeño recorrido por esta playa de vías, contribuyendo a su mantenimiento


Las aceras de la avenida forman un verdadero bulevar, plantado de árboles. Es un recorrido netamente urbano pero muy ameno al pasar y ver aquí vagones, locomotoras y otras piezas y elementos ferroviarios


Son en total más de 2.000 piezas de las que más de cien son material móvil, esto es, locomotoras, vagones y coches de hasta siete anchos de vías diferentes que constituyen el mayor conjunto de material histórico ferroviario preservado en toda España:
"Además, se han conservado todo tipo de objetos relacionados con la labor ferroviaria como faroles, herramientas, o teléfonos. Entre el variado conjunto de piezas que custodia el Museo, cedidas en su mayoría por empresas y entidades públicas colaboradoras, destacan las locomotoras de vapor y las relacionadas con los ferrocarriles mineros e industriales, dada la intensa vinculación de la economía asturiana con estos sectores."

Buena idea el haber hecho esta estructura de cierre en base a un murete bajo de hormigón y artístico trabajo de forja vanguardista que nos permite contemplar una parte muy importante de los espacios expositivos del museo: los andenes


Dentro de las actividades periódicas se organizan las Jornadas del Vapor, cuando se poner en marcha locomotoras históricas de vapor y diésel, pudiendo los visitantes desplazarse en cortos viajes por el museo en los trenes, los antiguos coches de madera y, además, apuntarse a las visitas guiadas especiales


Otra es el Mercadillo Ferroviario que se celebra en Navidad, organizado por la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Gijón "Don Pelayo". Esta es la completa información que nos aporta Wikipedia:
"En sus amplias instalaciones de unos 17 000  —formadas por el recinto de la antigua estación de RENFE, la llamada playa de vías y dos edificios de nueva planta— guarda una de las mayores y mejor conservadas colecciones de máquinas y vagones de ferrocarril del continente europeo. Además conserva coches de viajeros, vagonetas y tractores de los ferrocarriles mineros, tranvías, así como otros objetos y útiles vinculados a las infraestructuras ferroviarias. 
Algunas de las históricas compañías ferroviarias clave para el desarrollo del ferrocarril en Asturias y en España que se encuentran representadas en el museo son las siguientes: 
Ancho de vía internacional: 
Ferrocarril de Langreo;
Compañías de vía ancha: 
Compañía de Ferrocarril del Noroeste de España; 
Compañía de Caminos de Hierro de Asturias, Galicia y León; 
Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España; 
Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE); 
Compañías de vía métrica: 
Compañía de los Ferrocarriles Económicos de Asturias (Oviedo-Oriente); 
Sociedad General de Ferrocarriles Vasco Asturiana; 
Compañía del Ferrocarril de Carreño [Aboño]; 
Ferrocarril Estratégico Ferrol-Gijón; 
Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE); 
Se destaca un amplio conjunto de locomotoras de vapor de diferentes ferrocarriles, como el ferrocarril de Langreo (tercera línea férrea construida en España tras los trazados de Barcelona-Mataró y Madrid-Aranjuez) o de numerosas líneas mineras e industrias. En un principio, estos ferrocarriles nacieron para atender los intereses mineros, y las líneas se originaron en una simple expansión de las creadas internamente para atender las necesidades minero-industriales. Esto explica que se usaran diferentes anchos de vía, así como la falta de conexión entre las distintas líneas, solo conseguida progresivamente con la creación de RENFE (1941) y FEVE (1941)."

A la derecha vemos el Edificio Administrativo de Servicios Múltiples del Gobierno del Principado de Asturias, habilitado en 2018 en los antiguos Juzgados de Poniente, que habían quedado sin uso en 2013



En la acera de la derecha, al pie de los edificios de la avenida, el trayecto está jalonado de conchas doradas colocadas en la acera en la primavera del año 2009

En toda esta antigua zona fabril al oeste de la ciudad, donde ahora hay imponentes edificios, existieron numerosas ciudadelas obreras, por lo general próximas al chabolismo, de las que pocas han llegado a nuestros días


De otras solo nos ha quedado el nombre sin saber nada más: La Harinera, Ordieres, Les Cases de Juacu, Les Cases de Pepe'l Indianu, Les Cases de Zamora o Les Cases de Nava, tal y como nos sigue diciendo el Cronista Oficial, historiador y erudito gijonés. Luis Miguel Piñera en su obra Ciudadelas, patios, callejones y otras formas similares de vivienda obrera en Gijón (1860-1960)


Por su parte, La Gloria dio nombre a una importante industria conservera, Conservas La Gloria, empresa familiar fundada en 1926 en El Natahoyo y a la que popularmente de la conocía como La Fabriquina. En 1926 pasó a llamarse Viuda de Ventura González y, ya en 1970 y con la dirección de los hermanos Julio y Alfredo González Barrio, se creó la marca Costera en base a ella. En 2005 se trasladaron fuera del barrio, al Polígono de Somonte III


Vemos entre los edificios el Paseo del Alcalde Tini Areces, que fue como se nombró en 2022 a la gran explanada del Arenal del Natahoyo, Mar o Playa de Pando, oficialmente Poniente, en reconocimiento a quien fuera alcalde, después Presidente del Principado de Asturias, Vicente Alberto Álvarez Areces, a cuyo paso por la alcaldía gijonesa se acometieron estas y otras muchas actuaciones urbanísticas en toda la ciudad y concejo


La reconversión portuaria e industrial de la bahía trajo consigo gran cantidad de terrenos que quedaban libres de los antiguos astilleros, dársenas y fábricas, que se reaprovecharon como grandes espacios renaturalizados en buena parte de los casos, y urbanizados a la vez, entre ellos el renacimiento de esta antigua-nueva playa


Llegaron al lugar otras potentes industrias, la del turismo y el ocio, que abarca desde la hostelería al puerto deportivo y los deportes náuticos y, evidentemente, la inmobiliaria, con todas estas nuevas construcciones y edificios que miran al Cantábrico


Proseguimos camino todo recto junto a la larga playa de vías de la Estación del Norte y Museo del Ferrocarril, contemplando a nuestro paso gran parte de sus instalaciones interiores


No es como estar dentro del museo ferroviario pero se le parece bastante. He aquí una pequeña locomotora de vapor, muy posiblemente para usos mineros, industriales y portuarios


Si bien las conchas doradas aparecen en la acera derecha, como hemos visto, nosotros preferimos avanzar por la de la izquierda para admirar esta gran colección de máquinas, vagones y vías


Entre los hierros del cierre hay buena visibilidad hacia este espacio museístico interior y vamos a aprovecharlo


Más allá, El Parrochu y El Polígono de Pumarín y, entre el museo y ellos, los grandes espacios dejados libres con la desaparición de la Estación del Humedal del antiguo Tren de Langreo (luego de Feve y posteriormente también de Renfe al cerrarse esta Estación del Norte), para la que existen suculentos proyectos urbanísticos e inmobiliarios, por lo que es posible que, pese a los retrasos, cuando vengáis por aquí este entorno de la Estación del Norte haya cambiado sensiblemente y El Solarón esté edificado


Al otro lado de El Solarón reconocemos de nuevo el Albergue Covadonga (a la izquierda de la foto), con las casas de El Parrochu detrás. A su derecha y algo más lejos las torres de pisos del Polígono de Pumarín, construido a partir de la década de 1970 en solares que, como los de El Parrochu, pertenecieron antiguamente a La Braña, parroquia de Tremañes, al igual que El Natahoyo


En medio de la foto reconocemos bien el Hotel Silken Ciudad de Gijón y, a su derecha, la nueva estación ferroviaria, Estación de Gijón o Estación de Sanz Crespo, así llamada por la calle en la que está ubicada, se trata de una estación provisional inaugurada el 28 de marzo de 2011 que espera ser sustituida, sine die, por la Nueva Estación Intermodal, otro de los proyectos existentes para estos amplios terrenos que siguen, pese a haberse habilitado algunos pasos, formando una larga y ancha franja que hace de barrera entre los barrios del oeste y los del sur


Allí entraba hacia el corazón de la ciudad la Autopista Y, inaugurada el viernes 13 de febrero de 1976, por donde ahora discurre la GJ-81 o Autopista Acceso a Gijón Sur, dentro del gran reordenamiento viario acaecido en la ciudad a partir de las ingentes reformas urbanísticas abordadas a partir de la década de 1990 y que, como vemos continúan en nuestros días y están pendientes de nuevas transformaciones con motivo de la puesta en marcha de los planes para El Solarón y su entorno


Luis Miguel Piñera, en Ciudadelas, patios, callejones y otras formas similares de vida obrera en Gijón (1860-1960), nos dice que las casas de El Parrochu eran en principio una decena en la actual calle de Sanz Crespo en una propiedad de los señores Delor y Tejera, muy pequeñas y sin W.C. formando una calle que por entonces se llamaba Villanueva, en honor del arquitecto que hizo el Instituto Jovellanos. El mismo autor recoge de la prensa local varias noticias relativas a El Parrochu y que plasma en otra de sus grandes obras, Memoria de El Humedal y Laviada, la primera en 1890 (10 de diciembre en El Comercio), con quejas de la insalubridad de estas viviendas:
"Una censura enérgica merecen algunos propietarios de antihigiénicos edificios que, atentos solo a satisfacer un estrecho espíritu de especulación, no reparan en que los infelices inquilinos de estos edificios raquíticos y malsanos que se llaman ciudadelas hagan una vida por todos conceptos deplorable, y de cuyas consecuencias alguna responsabilidad han de alcanzar a sus dueños por el abandono y punible descuido. Hablamos de ciertos grupos urbanos del Llano, de las llamadas casas del Parrochu, en ciertos sitios de El Natahoyo y aún en determinados comprendidos dentro del casco de la población"
Es interesante advertir que, según el escrito, El Parrochu estaba "fuera del casco de la población", y efectivamente Piñera nos recuerda que anteriormente, en tiempos de Jovellanos, había aquí dos paseos arbolados que salían del antiguo arrabal de La Rueda (El Carmen) y llamados El Paseo de las Viudas y El Paseo de los Reyes. este creado por los comerciantes gijoneses en 1797 a manera de celebración del nombramiento de Jovellanos como embajador en Rusia (seguidamente Ministro de Gracia y Justicia), pues sabían era de agrado del prócer, pues este afanaba en la compra y plantación para la ciudad de especies arbóreas. En cuanto al Paseo de las Viudas sabemos sabemos iba del Humedal a la actual Carretera Vizcaína, siendo también citado por el ilustrado en sus Diarios, pues él mismo lo ayudó a crear, junto con otros de las inmediaciones, como los de Las Damas y La Estrella

Aún en 1884 Julio Somoza conoció aquel paseo, del que decía estaba plantado de álamos hasta la Estación de Langreo, y así lo plasmó en su obra Cosiquines de la mió quintana

Aquellas primeras casas de El Parrochu fueron por fin derribadas, pero luego el topónimo renació con otras nuevas hechas a lo largo de la Carretera Vizcaína o de la Vizcaína, naciendo un nuevo barrio lineal a lo largo de esta vía, llegando a ser muy popular, pues hasta aparecen mencionadas en una obra de teatro del gran José García Peláez, Pín de Pría, titulada ¡El diañu de los microbios!, de 1914, dentro de un diálogo en el que uno de los personajes, Xico, dice:
¿A que non quema les 
Cases del Parrochu, que asemejen
más cobiles d'animales
que sitios pa vevir xente?
Un año antes, según datos de Piñera en Memoria de El Humedal y Laviada, se sabe que las casas eran 13 y su dueño Francisco García Muñiz

Y ahora, la madre de todas las batallas, ¿por qué el nombre de El Parrochu?. A ciencia cierta parece que no se sabe con certeza, por casos similares de otras ciudadelas, patios, viviendas obreras, etc. parece el mote de alguien, dueño, inquilino, personaje célebre, etc. Lo primero que nos viene a la mente es que esté relacionado con parrocha (sardina pequeña), siempre tan apreciada en las mesas gijonesas y comida especialmente antaño por las clases populares, vendida al altu la lleva por las célebres pescaderas en plazas y recorriendo la villa y sus barrios con sus carritos de mano, pregonando su mercancía. No obstante se denomina parrochu, textualmente, a los brotes, pequeños y retorcidos, del avellano, mientras que parrochal es un sitio con arbolado. Parece que se trata de la misma raíz lingüística que parroquia, del latín parochia y este a su vez tomado del griego paroikia, que hemos visto traducir como cercano, habitar cerca, espacio delante de casa, y que a nosotros llega con diferentes acepciones, básicamente entidad administrativa religiosa y en muchos lugares también civil, grupo de fieles, e incluso grupo de clientes, normalmente de un bar, tasca, taberna, chigre...


De las antiguas casas de El Parrochu no queda nada, todo el barrio, ahora integrado oficialmente parte en Laviada y parte en El Polígono de Pumarín es de casas construidas a posteriori, teniendo como eje vertebrador la Carretera Vizcaína, las vemos parcialmente desde estas instalaciones museísticas


Llamativos ingenios ferroviarios de la tecnología del ayer


Museo en el que hay un hermoso paseo con bancos, dando vista este a aquella fila de vagones de transporte de mercancías


Y a nuestra derecha sigue la fila de edificios entre esta Avenida de José Maanuel Palacio y la calle de Mariano Pola


Esta es la llamada zona del Acuario, y como tal figura en la parada del autobús, dada su proximidad al Acuario de Gijón, otra de las instalaciones hechas en los solares de los antiguos astilleros, en concreto los del Cantábrico


Nada en nuestros días hace pensar en las ciudadelas, astilleros y desguaces de barcos, factorías y casas obreras que se extendían por La Gloria y sus inmediaciones, y menos, antes aún, los campos y el viejo Camín Real, junto con otros ramales y sendas, de El Natahoyo, la antigua villa de Ataulio o Ataúlfo, dice la etimología, y para eso tenemos al profesor Ramón d'Andrés, filólogo, y su Diccionario toponímico del concejo de Gijón, donde dice:
"la hipótesis más probable es que este nombre provenga de la expresión *ĭn Attaŭlĭō [in attaúlio], literalmente ‘en Ataúlio’, aludiendo o a un sitio así llamado, o al nombre del dueño de una tierra. De *ĭn Attaŭlĭō se pasaría primero a *en Ataóyo, luego a *n’Ataóyo (igual que en + Asturies da lugar a n’Asturies), fusionado después en Nataoyo y perdiéndose la conciencia de que la n- inicial fuera la preposición en. De todos modos, el testimonio de variantes como Ataoyo o Lataoyo (procedente de *L’Ataoyo), es buena prueba de que el nombre latino Attaŭlĭō pudo conocer también una evolución en solitario, sin suponer una preposición delante. Las secuencias -lĭ- del latín dan como resultado asturiano una -y-, como mŭliĕrem, tripalĭum, que originan las palabras muyer, trabayu ‘mujer, trabajo’. El nombre Attaŭlĭus [attaúlius] sería la latinización de un nombre visigodo, semejante al que dio lugar al actual Ataúlfo o Adolfo, y provendría de la expresión germánica athal-wulf ‘lobo ilustre’

(...) El Natahoyo es un lugar poblado del cual existe constancia desde época romana. La documentación medieval se refiere a un lugar junto al mar donde había huertos, prados, montes, fuentes, acueductos, pesquerías, salinas, etc. La capilla de San Esteban del Mar es del siglo xviii. Históricamente, El Natahoyo era un barrio de la tradicional parroquia rural de Tremañes. El nombre de El Natahoyo se ha utilizado también para llamar El Río Cuti (o Cutis), que desemboca en el lugar, y a alguno de los arenales occidentales situados entre L’Atalaya y El Monte Coroña (playa de El Natahoyo). La industrialización transforma totalmente la fisionomía de la zona: la fábrica de loza «La Asturiana» es la primera, en 1876, pero enseguida le siguen la de «Moreda y Gijón» en 1879, la refinería de Rufino Martínez en 1890, y tantas otras."

El Natahoyo fue durante siglos coto señorial de los marqueses de San Esteban "como a un tiro de cañón de la villa" tal y como se decía en 1828. El gran erudito, catedrático, geógrafo y urbanista Ramón María Alvargonzález en Gijón: Industrialización y crecimiento urbano, nos informa que aquel año tenía "115 almas" (habitantes) y en 1849, es decir, justo antes de la llegada del Ferrocarril de Langreo, tenía ya 190, cifra que podríamos decir sería la inmediata antes de su industrialización


Los ferrocarriles y las mejoras portuarias lo configuraron como el primer gran barrio industrial gijonés, siendo el viejo Camín Real, llamado también Camín de Veriña, Camín o Carretera de Candás, u otras denominaciones según cada época, su eje vertebrador


El Camino sería por supuesto el empleado por los peregrinos de antaño para entrar y salir de la ciudad por el occidente y seguiría más bien el trazado de la actual calle Mariano Pola, detrás de los edificios de la derecha, como hemos dicho, aunque por vicisitudes urbanísticas y viarias se ha señalizado por aquí



Allí en Mariano Pola vemos parte de lo que fueron los astilleros de Naval-Gijón, que fue ejemplo de la lucha contra la durísima reconversión naval. La historia puede decirse que empieza cuando en 1887 la compañía Cifuentes Stoldtz y Cía, nacida de una fundición en el Mercado del Sur, logró la primer concesión de terrenos en la Playa del Natahoyo para un dique seco con el que satisfacer la demanda local de nuevos buques y reparaciones


Luego serían fundados varios astilleros más a lo largo de todo este tramo de bahía, pues en 1901 la empresa fue absorbida por la Sociedad Española de Construcciones Metálicas de José Orueta, integrándose después de la guerra en Duro-Felguera. El astillero Riera se crea en 1901 y Astilleros del Cantábrico en 1906 al lado del Fomento, fusionados en 1952, con 600 empleados, cerraron en 1985. En 1925 un astillero fundado en el año 1900 junto al de Stoldtz fue adquirido por la familia Juliana, se trataba de una sociedad autorizada en 1906 a instalarse en la desembocadura del río Cutis, comprada por el conde de Mieres en 1909 para fundar Constructora Gijonesa


En 1956 Juliana pasó a la Compañía Euskalduna de Construcción integrada en 1969 en Astilleros Españoles del Instituto Nacional de Industria. Otra entidad fue la Sociedad de Astilleros de Gijón, de 1920, transferidos sus activos en 1935 a Astilleros del Cantábrico. Puede decirse que los astilleros tuvieron entre los años 50-80 del pasado siglo XX su período de mayor esplendor, cuando daban trabajo a más de 3.000 personas

Llegarían después 20 años de duras reconversiones y lucha obrera para oponerse a aquel grave desmantelamiento, tras el Real Decreto de Reconversión Industrial de 1982. Luego de diversas tensiones entre gobierno, empresarios y sindicatos, se procede a la fusión de Duro Felguera y Marítima de El Musel naciendo Nagisa (Naval Gijón S.A.) en 1984, cuyos muros vemos ahora de frente. Tenía unos 745 trabajadores en el dique seco de Duro Felguera

En diciembre de 2008 los trabajadores aprueban por 68 votos favorables y 12 contrarios aceptar el ERE y los despidos propuestos por la dirección de la compañía, ocasionando el cierre del astillero el 31 de mayo del 2009. Todo el drama de las reconversiones y disturbios inspiró la famosa película Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, pues aunque ambientada en Vigo se basa en los sucesos acaecidos en Naval Gijón y se inspira, según los autores, en los sindicalistas Cándido y Morala de la Corriente Sindical de Izquierda, sin duda el sindicato más activo en aquellas movilizaciones

Últimamente sus terrenos han sido aprovechados para la celebración del certamen literario y festivo de la Semana Negra que une a literatos de novela negra y otros escritores y artistas en una gran feria multidisciplinar en la que hay desde puestos de venta de libros a coloquios, conciertos y hostelería. Su escenario, que vemos en la foto, se instala a principios del mes de julio

En esta otra foto, sin el escenario, vemos parte del Acuario de Gijón, inaugurado el 10 de junio de 2006. Dispone de doce zonas temáticas dedicadas a puertos, ríos y costa asturianos, Atlántico, Caribe, Cabo de Hornos, Pacífico-Índico, Mar Rojo, Madagascar, Cabo de Buena Esperanza y Atlántico Subtropical. Son 2.000 metros cuadrados de exposición, con 60 acuarios de agua dulce y salada, auditorio, sala educativa y zona de recuperación de mamíferos y reptiles marinos. Son en total unas 250 especies de animales: peces, invertebrados, mamíferos, reptiles, anfibios y pájaros, destacando varios tiburones de Florida, tortugas y los simpáticos pingüinos. También hay tienda y, arriba, cafetería, con excepcionales vistas de la costa gijonesa


En los bajos de los edificios-barco que miran a la playa está la famosa sidrería-restaurante Tierra Astur, paraíso de la gastronomía asturiana y de los productos autóctonos, con gran comedor ambientado a manera de llagar de sidra, tienda de productos asturianos y local para espiches o fiestas sidreras, galardonado en 2024 como tercer servicio turístico más competitivo de España


Insistimos en que estamos en un barrio que ha visto cambiada su fisonomía de manera total dos veces en menos de un siglo y medio. De arrabal rural y señorial con campos y arenales a barrio obrero, industrial y portuario. Y luego, de lo anterior a barrio residencial y turístico por excelencia


Esta es la parte de El Natahoyo en la que esto es sin duda más palpable y evidente, tanto es así que, aunque dentro del barrio, se la tiene a esta antigua zona de La Gloria, Pando o, modernamente, Poniente, como una entidad poblacional singular, con su propia asociación vecinal mismamente, por ejemplo. No debe extrañarnos pues, por ejemplo, la noticia titulada El Natahoyo marca fronteras que da la periodista Ana Alonso para la edición del periódico La Nueva España del 2-10-2009:
"La Asociación de Amigos de El Natahoyo tiene un cita mañana, sábado. Su comida anual desde hace ya dieciséis años, además de incluir un homenaje a un vecino ejemplar, José Luis Álvarez Margaride -presidente de Thyssenkrupp-, va a tener en esta ocasión un tinte reivindicativo. Uno de los organizadores del encuentro, Joaquín Cipitria, capitanea el interés de muchos de esos vecinos del barrio industrial que peinan canas por hacer valer el nombre y los límites fronterizos que siempre tuvo El Natahoyo. Por eso mismo, a la reunión de mañana irán pertrechados con un plano oficial del barrio con el cuño de la Unidad de Integración Corporativa del Ayuntamiento. 
«Estamos fartucos de discutir con algunos que Santa Olaya o Poniente son barrios de El Natahoyo. Y donde hay información, no hay discusión. Este año vamos a taparles la boca a unos cuantos secesionistas», sostiene Joaquín Cipitria. En el plano oficial del barrio -que acompaña esta información- se puede ver que El Natahoyo, a efectos de consideración municipal, empieza en la mitad de la playa de Poniente, coge el Museo del Ferrocarril, llega hasta Sanz Crespo, baja por la avenida Príncipe de Asturias, pasa Cuatro Caminos y entra a la playa de El Arbeyal dejando a un lado la Casa del Mar y al otro el edificio de la EMA. Los organizadores del encuentro también han estado recopilando citas y referencias históricas del barrio, donde entre otras muchas cosas queda patente que antaño la hoy golosa playa de Poniente era conocida como arenal de El Natahoyo. 
«Tenemos que ponernos firmes porque, si seguimos dejando que diluyan nuestras fronteras, al final ocurrirá como con la playa, que, aunque hubo algunas voces que pedían que se respetara nuestro nombre, al final optaron por ponerle Poniente. ¿Si San Lorenzo no es la playa del Oriente, ni El Arbeyal la de Occidente, por qué a nosotros tuvieron que quitarnos la identidad?», sostiene Cipitria. No es el único que ha tenido que llamar la atención a algunas autoridades locales por el mal uso, en público, de los límites del barrio. 
En el fondo, lo que late en la discusión es el interés de muchos natahoyinos por resaltar el valor del que fue «barrio industrial por antonomasia, el que acogió a más de 5.000 personas trabajando directamente en los astilleros, el que llegó a tener más de 60 empresas ubicadas en sus calles... un barrio que dio de comer a casi todo Gijón»."

A nuestra izquierda, vamos llegando al final de la playa de vías del Museo del Ferrocarril. Esta parte es la del taller de restauración, donde hay máquinas, vagones y diversos elementos y piezas en este proceso


Gran parte de ellos están cubiertos por lonas. Fijémonos asimismo cómo las vías dan aquí ya la vuelta al recinto


Entre uno y otro edificio hay espacios verdes y/o peatonales que comunican esta Avenida de José Manuel Palacio con la calle paralela, Mariano Pola


En uno de estos tránsitos está el Hotel la Polar, con sus llamativos balcones de vidrio azulado y, abajo, recepción, cafetería y terrazas bajo los soportales, una característica común a estos bloques


Como dato importante es preciso decir que figura en la famosa Guía Gronze, donde se destaca "Consultar precios especiales para peregrinos"


Allí a su derecha, en la calle Mariano Pola, vemos otra parte de los astilleros de Naval Gijón, que en el momento de escribir estas líneas está en fase de ser adquirido por el Ayuntamiento para "su proyecto empresarial ligado a la economía azul", leemos en La Nueva España del 20-3-2024, por lo que es posible que la fisonomía de la zona cambie en esta calle como lo hará en El Solarón si se cumplen las expectativas


En cuanto a la memoria de la lucha del sector naval cuyos restos aún se contemplan en El Natahoyo, podemos, por ejemplo, leer, dentro de su análisis de la historia e idiosincrasia del barrio, el artículo El Natahoyo Stories (I): la conquista del lejano oeste, que nos ofrece Agustín Palacio en el periódico digital MiGijón del 9-9-2020, contando con los testimonios de la vecindad, como la de Lilián Valle o trabajadores como Cándido González Carnero:
"«Yo aquí lo vi todo, lo viví todo, y creo que he tenido que salir del barrio para valorarlo. Me vienen muchas imágenes. Yo estudié en el instituto de La Calzada, y aquel era un ambiente muy reivindicativo y luchador. Del día a día en El Natahoyo, recuerdo muchas huelgas, muchas protestas. La vida en el barrio era correr, y salir a la calle con la policía detrás, y era estar entre las pelotas de goma, y tener que dar la vuelta porque había un camión colgado de una grúa en mitad de la calle, pero siempre se luchó por cosas tangibles. Unas se consiguieron y otras no, pero siempre había algún motivo». «Hoy de eso no queda nada, veo poco sentimiento de lucha», lamenta Lilián.

La primera vez que los trabajadores de Naval Gijón cortaron el tráfico de la ciudad con un camión suspendido de una grúa del astillero a varios metros del suelo fue en 1988. Para entonces la lucha contra la reconversión del sector naval en la bahía de Gijón ya llevaba cuatro años en marcha. Iba a durar, al menos, veinte más. 

Aunque trabajaba en los astilleros desde los 70, donde ya se habían logrado importantes conquistas contra la práctica del prestamismo laboral, Cándido González Carnero, sindicalista histórico de Corriente Sindical de Izquierda (CSI), vino a vivir a El Natahoyo en 1984, el mismo año en que el demiurgo urbanístico que a mediados del XIX había traído las fábricas al oeste, empezó a ejecutar su desmantelamiento.

 Pese al aura romántica de la lucha del sector naval gijonés en la cultura popular, los recuerdos son amargos, como dice Cándido: «El proceso industrial de la zona de El Natahoyo es de triste recuerdo, en la medida en que el bienestar social de una familia pasa por tener empleo, y muchas lo perdieron»."


Eran tiempos convulsos llenos de contrastes, el final de los astilleros y las industrias fabriles para dar paso a las industrias del turismo y del ocio. Coincidían conciertos de los Rolling con lucha obrera en las calles y verdaderas batallas dentro del astillero que, ocupado por los trabajadores intentó ser tomado en vano por la policía aprovechando que parte de la plantilla estaba fuera, participando en las negociaciones:
"La segunda y última vez que una grúa de Naval Gijón dejó suspendido un camión sobre la calle Mariano Pola para cortar el tráfico fue en 1995. En aquella ocasión estaban a punto de llegar a la ciudad los Rolling Stones para dar un concierto histórico, y Tini Areces, entonces alcalde, estaba preocupado. La demanda de los trabajadores era sencilla: lograr la transferencia tecnológica que permitiría la construcción de varios buques quimiqueros, asegurando trabajo para varios años. Durante las negociaciones, tendieron una trampa a los trabajadores. A la hora de comer, mientras negociaban en el café de la estación, la policía entró en el astillero. «Querían sacar a la gente de las grúas, pero eran nuestro punto fuerte. Mientras tuvieras medios para resistir dentro de la grúa, la batalla estaba ganada».

En 40 minutos lanzaron más de cuatrocientos cohetes contra los antidisturbios. Uno explotó debajo de un coche policial levantándolo varios centímetros del suelo. «Vámonos de aquí, están locos», se escuchó gritar. «Están dispuestos a morir por el astillero». Areces viajó a Madrid al día siguiente. Naval Gijón consiguió los contratos y la grúa retiró el camión de la calle. El 22 de julio, los Rolling Stones abarrotaron el Molinón. En El Natahoyo todavía quedaban quince años de lucha."

La gran pregunta que plantea en su artículo en su artículo es si se podría haber abordado la reurbanización de La Gloria (Poniente) de El Natahoyo a la vez que se conservaba la industria, teniendo, entre sus entrevistados, diferente respuesta:
"¿Pudo haber convivido la industria naval con el desarrollo urbanístico en la bahía de Gijón? El historiador Luis Miguel Piñera, lo duda. «Que hubiésemos podido estar haciendo barcos en 2020, no lo creo. Los obreros de nuestro sector naval eran de élite, hacían productos buenísimos, pero que se construyan un barco en Corea cobrando menos, no lo puedes evitar. La competencia extranjera es enorme, se abaratan los precios. El capitalismo va donde puede sacar más dinero. Es muy lamentable, pero es inevitable. Creo que es ilusorio pensar que haciendo otra política hace veinte años podría haberse mantenido la industria». 
Cándido González, piensa lo contrario. «Pudo haber convivido la expansión del barrio con la industria, pero las entidades políticas nunca lo entendieron así, y los especuladores tampoco. Querían hacer negocio a cuenta de la expansión urbanística. Esa es una de las razones de la desaparición de la industria: un gran pelotazo urbanístico de 300.000 metros cuadrados en El Natahoyo», expone. «Un astillero no es fácil de trasladar, necesita mucho espacio. Optar por construir pisos prescindiendo de la industria, con la necesidad que tiene esta ciudad de empleo, es una barbaridad. Además, una industria como la naval, ahora en su máximo auge a nivel mundial. Gijón podría estar hoy saturado de carga de trabajo»."

Pasando las instalaciones del Museo del Ferrocarril, estos son los Jardines de Federico González-Fierro Botas, hechos por donde antaño iban las vías del tren

Por aquí pasa carril bici en el que alguna vez se ha pintado alguna flecha amarilla para guiar a los bicigrinos, lo cual ha dado lugar a diversos despistes, pues el Camino como tal sigue recto y de frente

Nosotros pues, seguimos por la acera donde una placa nos recuerda a quién está dedicado este lugar, el sacerdote Fierro Botas, gran filólogo jesuita ovetense nacido en 1942 y que estudió en el Instituto de Bachillerato Alfonso II, diplomándose en Lenguas Clásicas (Latín y Griego), siendo además doctor en Teología y doctorado en Ciencias Políticas y Sociología con la tesis La formación sindical impartida por Centrales representativas en España, 1976-1992

Placa en los Jardines de Federico González-Fierro Botas

Licenciado en Historia siendo profesor de Historia social, experto en lengua y literatura rusas y profesor visitante en universidades de la Unión Soviética y luego de la Federación Rusa. En su juventud trabajó como obrero manual en fábricas, cartero y otros en Cataluña, Galicia y Europa, colaborando con el sindicalismo clandestino para formar a sus militantes, haciendo un manual de formación. Destinado por los jesuitas como profesor a la Fundación Revillagigedo, muy cerca de aquí y que pronto veremos, llegará a ser su jefe de estudios. Funda con otros el Colectivo Manuel Fernández de Castro de sacerdotes favorables a la normalización del asturiano, siendo su presidente los años 1998 a 2002, traduciendo con Alejandro Rodríguez Alonso la Liturgia Católica y otras obras, así como cotraductor del Evangelio de San Lucas. En 1991 hace una versión en asturiano de las Poesías Líricas de Alexander Pushkin y colabora con la Sociedad Bíblica Internacional para su proyecto de traducción de las Sagradas Escrituras. En 1980 el periódico La Voz de Galicia le otorga el XXIII Premio periodístico Fernández Latorre por su publicación en la revista Encrucillada de su Reflexión ético-política ante o referendu do Estatuto de Autonomía para Galicia. En 1985 es Asesor de Justicia y Paz de Asturias y Coordinador de la Vicaría General del Arzobispado de Oviedo para las traducciones bíblico-litúrgicas al asturiano desde 1988. En el 2002 es patrono de la Fundación Caveda y Nava pero el 26 de junio de ese año fallece en accidente de tráfico en Vladivostok (Rusia). La Academia de la Llingua Asturiana y el Ayuntamiento de Gijón/Xixón convocan sendos concursos con su nombre, la primera de recogida de material literario escrito y el segundo de ensayo e investigación

Enfrente, si bien casi tapado por plantas y parterres, asoma un poco del barrio de Moreda, construido en los años 1990 en terrenos de El Natahoyo con Fondos Mineros de Asturias y donde varios organismos sindicales y patronatos de trabajadores levantaron edificios en lo que había sido la primera siderurgia de la costa asturiana, la Fabrica de Moreda y Gijón, fundada en París en 1879 al ser de capital francés, encendiendo un año después su primer alto horno

Con el tiempo Moreda pasó a denominar la empresa y sus alrededores, incluyendo la empresa de Lantero, o la refinería de petróleo de Rufino Martínez y Compañía, luego Sociedad Asturiana Santa Bárbara y después Campsa, todas ya desaparecidas de aquí. En la zona se planea construir la tan prometida estación intermodal en el desarrollo del proyecto Gijón al Norte

Más a la izquierda está la Comisaría de Policía Nacional; entre esta y Moreda se ha habilitado un hermoso parque con parte de la ribera del antiguo río Cutis recuperada

Poco más allá vemos el puente que antaño comunicaba ambos lados de las desaparecidas vías del tren, con la Estación Provisional de Sanz Crespo al otro lado. Allí estuvieron las primeras casas de El Parrochu, construidas acabando el siglo XIX en terrenos de los señores Delor y Tejera, eran muy pequeñas y carecían de retretes cuando la calle se llamaba Villanueva

 Al ser derribadas el nombre de El Parrochu se extendió a las de la Carretera Vizcaína, a su  izquierda. De todas maneras lo que más vemos y destaca son los edificios de los Juzgados y las torres del Polígono de Pumarín, que empezó a construirse en los años 1970 en una zona del antiguo barrio rural de Pumarín que ya estaba edificándose rápidamente en otros sectores. En la zona estuvieron más antiguamente Les Cases del Sebo, cuando esos terrenos pertenecían también a la parroquia gijonesa de Tremañes

Las torres de pisos son el elemento que caracteriza la arquitectura de El Polígano, como se dice popularmente. A su izquierda y separados de estos por la Avenida de Carlos Marx, están los de Laviada y sus barrios históricos de El Parrochu y El Frontón. Al este, en la lejanía, se reconocen bien las estribaciones del Monte Deva (que fue nuestra referencia visual entrando en el concejo de Gijón/Xixón) y la Llomba Riosecu hasta la Sierra del Fariu


Vista de El Parrochu desde los jardines. A la izquierda el cierre de la playa de vías del Museo del Ferrocarril. Son en concreto las casas en torno a la Carretera Vizcaína, que hace referencia a una antigua Fuente de la Vizcaína, que Luis Miguel Piñera sitúa donde hoy se unen la calle Carlos Marx y la Avenida de Portugal, a la que se iba a por el agua y que existiría desde tiempo inmemorial, si bien su primera referencia escrita aparece en 1864 cuando se abre un ramal desde ella al lugar de la actual Plaza del General Riego, un espacio al norte de El Parrochu donde se celebraba por entonces del mercado de ganados. Un año antes, en acta municipal del 29 de abril de 1863, un concejal llama al camino de la fuente Paseo de la Vizcaína 


Y aquí volvemos a preguntarnos por el significativo nombre de la fuente, La Vizcaína, que parece también un apodo de alguna mujer. No es extraño que las fuentes reciban antropónimos de este estilo, como Fuente la Gallega, Fuente'l Sevillanu, etc., existentes en bastantes lugares. En este nuestro caso podría tener que ver con alguna vizcaína, sin más, pues sabida es la relación estrecha entre los puertos cantábricos en general desde tiempos inmemoriales, pero especialmente intensos con la pesca y, sobre todo, con los balleneros vizcaínos que tuvieron asentamientos en prácticamente todos los puertos del litoral hasta Estaca de Bares o más allá


En el caso gijonés el caso de la Virgen de Begoña, patrona de Vizcaya, es elocuente. Por proximidad y afinidad se solía llamar vizcaínos muchas veces a vascos en general. Aquí estaríamos ante la dualidad que vemos a veces en la denominación de la actual calle, Carretera Vizcaína o Carretera de la Vizcaína: si tiene que ver con la fuente y esta es de la Vizcaína habría de ser así, pero popularmente se extiende Carretera Vizcaína. Sería un caso contrario al de la Carretera Carbonera, la del carbón, no de una mujer carbonera, por lo que en ese caso sí sería lo incorrecto Carretera de la Carbonera (como a a veces se ve)


Estos Jardines de Federico González-Fierro Botas se hicieron sobre el llamado Pozo de Tormentas de Poniente, cuya puesta en marcha formó parte de los trabajos de saneamiento de esta parte de El Natahoyo, El pozo que limpia Poniente, lo titulaba R. Valle para La Nueva España cuando se puso en marcha el 12-6-2009:
"Ahora mismo es sólo un gran contenedor vacío bajo el suelo de la plaza del Padre Máximo González y el Museo del Ferrocarril, pero, cuando se ponga en funcionamiento este lunes, el pozo de tormentas de la cuenca centro de Gijón será un elemento básico para la mejora de la calidad de las aguas de la playa de Poniente, el puerto deportivo y el centro de talasoterapia. La alcaldesa de la ciudad, Paz Fernández Felgueroso, inauguró ayer la nueva instalación de la Empresa Municipal de Aguas (Ema), que hoy vuelve a poder ser visitada por todos los ciudadanos en horario de 12 a 15 y de 17 a 20 horas en recorridos de media hora de duración. «Estas son esas instalaciones en las que el Ayuntamiento invierte tanto y que no se ven, pero deben ser apreciadas por los ciudadanos», recordaba la regidora socialista. El pozo de tormentas ha tenido un coste económico de 12 millones de euros y un período de construcción de más de dos años.
El grueso de la instalación son sus dos depósitos de agua. El primero, a un nivel superior, tiene capacidad para almacenar 3.700 metros cúbicos de agua. Y el segundo, a un nivel inferior, tiene un volumen de 22.600 metros cúbicos. Entre uno y otro, el equipamiento está preparado para controlar el vertido de aguas a la costa tanto en períodos intensos de lluvias como en épocas de grandes riadas, que estadísticamente se dan una vez cada cien años. El pozo retendrá las aguas de lluvia en épocas de abundancia para favorecer su depuración en la estación de La Reguerona antes de llegar al mar."

Un año y pico después (18-10-2010) y tras el fallecimiento de Fierro Botas en un accidente de tráfico, el mismo periódico daba la noticia que a él se le dedicaba este nuevo espacio verde en La Gloria o Poniente:
"El pozo de tormentas de Poniente ya tiene nombre propio. Unos recién instalados carteles anuncian que la zona que ejerce de «techo ajardinado» de una de las mayores obras de la Empresa Municipal de Aguas (EMA) rinden tributo al fallecido jesuita Federico González-Fierro Botas. Un religioso comprometido con el movimiento obrero y el impulso de la lengua asturiana que falleció en 2002 en la localidad rusa de Vladivostok a consecuencia de un accidente de tráfico. Aunque nacido en Oviedo, Fierro pasó gran parte de su vida en Gijón, más concretamente en la comunidad jesuita vinculada a la Fundación Revillagigedo, en El Natahoyo.
Precisamente frente a este centro docente donde Fierro trabajó como profesor hay una pequeña calle peatonal que había sido la primera opción del Ayuntamiento para incluir el nombre del jesuita asturiano en el callejero local. La Junta de Gobierno tomó esa decisión en marzo del año pasado pero, posteriores problemas con vecinos de la zona, llevaron a los ediles a anular ese acuerdo y «reubicar» al estudioso en el área ajardinada del pozo de tormentas."
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La Fundación Revillagigedo, toda una institución gijonesa, se encuentra solo unos metros más allá, la veremos justo cuando pasemos este gran edificio y enlacemos, por la Plaza Padre Máximo González, con la calle Mariano Pola, la que pasa detrás de estos edificios a nuestra derecha, como recalcamos una vez más

Aquí tenemos otra vista de las instalaciones de naval Gijón, "una pujante industria naval, que impulsó el asentamiento en el barrio de numerosos talleres auxiliares", nos dice también Agustín Palacio en su artículo de MiGijón:

"... por aquel entonces ya se habían instalado otras industrias importantes en El Natahoyo: calderería OlmarCristalería BasurtoAvello (que posteriormente compró Suzuki), la Renault o Duro Felguera son algunos nombres emblemáticos de esta etapa de bonanza anterior a la reconversión, donde los astilleros se convirtieron en símbolo y orgullo del poder industrial del barrio. En los 70, operaban a pleno rendimiento en la bahía de Gijón tres astilleros: Cantábrico y RieraJuliana y la división de Duro Felguera
Uno de los recuerdos más comunes entre quienes vivieron aquel tiempo es el sonido de las sirenas de los astilleros, cuando sonaban a mediodía y una legión de obreros enfundados en monos azules invadía El Natahoyo. «Todo esto hasta la calle Ceriñola era un hervidero de trabajadores en monos azules», recuerda José Agustín Palacio. «Las mujeres venían a traerles la comida. No había táper, pero era algo que se parecía, y comían en la calle. Había más de 5.000 personas trabajando en esta zona, por eso lo recuerdas con añoranza. Ahora ya no hay esa cohesión que había antes. Formó parte de una generación. Luego, en los años 80, empezaron los problemas.»


Palacio nos proporciona en su reportaje dedicado al pasado industrial de El Natahoyo el recuerdo de una vecina, Lilián Valle, nacida en 1964 y que era dependiente de una tienda de alimentación en el epicentro industrial del barrio:
"Era dependienta en una tienda de alimentación en el epicentro industrial del barrio. Desde primera hora de la mañana preparaba bocadillos para los trabajadores de la zona. «Hice muchos. Había un turno a las ocho y media, cuando venían los de Suzuki; a las 10 otro con los de Inalza; a la 11 el recreo de los neños de la Fundación Revillagigedo; y a la una venían los de Olmar. Había que correr para prepararlos. La gente dejaba que pasaran los que estaban trabajando. Alguna vez había que llevarlos a la empresa, pero aquí venían ellos porque yo no podía».

Hoy trabaja en La Arena y echa de menos el espíritu de lucha del pasado. «Yo aquí lo vi todo, lo viví todo, y creo que he tenido que salir del barrio para valorarlo. Me vienen muchas imágenes. Yo estudié en el instituto de La Calzada, y aquel era un ambiente muy reivindicativo y luchador. Del día a día en El Natahoyo, recuerdo muchas huelgas, muchas protestas. La vida en el barrio era correr, y salir a la calle con la policía detrás, y era estar entre las pelotas de goma, y tener que dar la vuelta porque había un camión colgado de una grúa en mitad de la calle, pero siempre se luchó por cosas tangibles. Unas se consiguieron y otras no, pero siempre había algún motivo». «Hoy de eso no queda nada, veo poco sentimiento de lucha», lamenta Lilián."


En las zonas urbanas hay que estar especialmente atentos a la señalización del Camino: sean flechas amarillas pintadas, conchas jacobeas en estampa, pegatina o azulejo, o colocadas, doradas, en el suelo, pueden pasar desapercibidos en la vorágine señalética de la urbe y la gran cantidad de rincones, esquinas y recovecos existente. Y máxime aquí, que hemos tomado la acera de la izquierda para ver la playa de vías del Museo del Ferrocarril, cuando las conchas están en la derecha


Por eso aquí, hemos de cruzar a la derecha, cuando acabamos a llegar a la Plaza Padre Máximo González, fundador del Hogar de San José de amparo a niños huérfanos, antiguamente conocida como Callejón del Norte y Avenida de la Fábrica de Aceros, como se como se llamaba popularmente a la Fábrica de Moreda, que se extendía a partir de esta zona. Escribe de ella Luis Miguel Piñera:
"La Fábrica de Moreda, la primera siderurgia costera asturiana, se fundó en el año 1880 y popularmente era conocida como la Fábrica de Aceros. Hoy su lugar —que descubrimos inmenso— es del nuevo barrio gijonés de Moreda, cuyas calles recuerdan desfiladeros asturianos y cuyo centro es la plaza de la Ciudad de la Habana. Podemos situar en el lugar de esa plaza de La Habana los garajes y talleres de forja mecánica y calderería; la factoría de CAMPSA, aproximadamente donde los jardines traseros a esta plaza; los Altos Hornos, donde la actual Comisaría, y la parte de Acería y Fundición donde las actuales calles del Desfiladero de la Hermida y del Desfiladero de los Beyos."

En la Plaza del Padre Máximo González se encuentra la Estación de bombeo de El Natahoyo de la Confederación Hidrográfica del Norte, justo enfrente de los edificios de la Avenida Moreda, que era la antigua Avenida de la Fábrica de Aceros y Salida a Terraplén, límite de la factoría de Moreda y donde se amontonaban las escorias


Detrás de la estación de bombeo está también la calle Vicente Jove, "concejal del Ayuntamiento de Gijón a finales del siglo XIX y presidente de la Comisión de Serenos y Alumbrado. Tuvo especial intervención en la compra por parte del municipio de los terrenos de la playa del Arbeyal. Este gijonés escribió abundantemente en los periódicos locales La Opinión y La Liga de Contribuyentes, así como en la revista Asturias, que editaba el Centro Asturiano de Madrid. Falleció en su villa natal en mayo de 1917", escribe de nuevo Luis Miguel Piñera


Al cruzar, en el suelo, volveremos a hallar las conchas doradas que refuerzan la señalización en el casco urbano de Gijón/Xixón


Justo aquí es donde encontramos una de ellas, son comunes en numerosas urbes y son especialmente útiles. Aún así no es difícil que los peregrinos puedan despistarse, sobre todo si encuentran duplicidad o multiplicidad de señalizaciones en una misma zona, como ya dijimos no es infrecuente


Cuando se colocaron, en la primavera de 2009 como hemos dicho, aún pasaban pocos peregrinos por la ciudad, y así se desprendía de la noticia que de ello daba El Comercio el 3 de junio de dicho año, titulándola 213 conchas para llegar a Santiago:
"Los usuarios no son demasiados, «pero sean muchos o sean pocos, el Camino de Santiago tiene que estar señalizado a su paso por el centro urbano de Gijón, para evitar que los peregrinos se pierdan por la ciudad». Esa es la razón que esgrimió el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón para justificar la colocación de 213 conchas de bronce, de cinco milímetros de espesor, que guiarán al caminante desde el monolito de la rotonda de La Guía hasta el de Puente Seco, en Veriña.
«Esta señalización urbana, de la que ya disponen Oviedo, León, Burgos y Santiago, la teníamos pendiente en Gijón desde que en 1999 la Consejería de Cultura decidió marcar el Camino de Santiago a su paso por Asturias, dejando fuera del proyecto las zonas urbanas», explicó Justo Vilabrille, quien, en compañía del también concejal Tino Venturo, clavó la simbólica concha dorada delante del monolito de La Guía. Para llegar hasta Puente Seco se precisarán dos semanas y 16.000 euros. 

Y ahí, llegando a la calle Mariano Pola, sucesora del viejo Camín Real de la Costa, al final del muro del Astillero, ya vemos los edificios de la Fundación Revillagigedo, centro de formación profesional concertado de los Padres Jesuitas inaugurado en 1929 y a donde volvieron en 1940 tras los años en los que la Compañía de Jesús fue disuelta


Y, en primer término, la capilla de San Esteban del Mar, fundada en el siglo XVII, es uno de los símbolos de la historia de El Natahoyo que han llegado, casi milagrosamente a nuestros días y que, como hito histórico del Camino de Santiago por la costa gijonesa, nos indica, como las flechas y las conchas el trayecto a seguir, atravesando el barrio en dirección oeste, hacia Cuatro Caminos y La Calzada






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