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domingo, 26 de enero de 2014

RIBADISO (ARZÚA, A CORUÑA,GALICIA), RECUPERACIÓN DE UNA SECULAR TRADICIÓN HOSPITALARIA

Ribadiso y su albergue, antiguo hospital de peregrinos
En la ruta a Arzúa desde Melide (A Coruña), a una jornada o dos de Santiago de Compostela, el peregrino llega por la parroquia de Castañeda a Ribadiso, en concreto Ribadiso de Baixo cruzando el río Iso por su puente medieval de piedra y llegando al  albergue de peregrinos en A Ponte Ribadiso, el cual recupera una larga tradición hospitalaria.


Estamos ante uno de de los lugares más significativos de la ruta jacobea, el antiguo Hospital de Peregrinos de San Antonio de Ribadiso, regentado en la Edad Media por las monjas terciarias franciscanas del monasterio de Santa Cristina da Pena, en Santiago, pasando luego a la cofradía de plateros de Santiago de Compostela.

 
En 1993 fue rehabilitado y es un ejemplo de como se ha mantenido y recuperado la tradición hospitalaria del lugar, edificios de piedra y hórreo, buena pradería en la ribera, literas y zona de acampada, escaleras que bajan al río y maravillosa playa fluvial.


Un lugar gratamente acogedor y cargado de historia xacobea


Y esta es A Ponte de Ribadiso, puente romano en origen que formaba parte de la vía que comunicaba Lucus Augusta (Lugo) con Asecona (Compostela).



En 1523 la cofradía de plateros de Santiago, sucesores en su función hospitalaria a las monjas franciscanas, arrendó este hospital a un particular, Rodrigo Sánchez de Boado, vecino de Rondal, a condición que siguiese prestando servicios a los peregrinos y mantuviese el lugar en buen estado.


"E aveys de tener las dichas casas del ospital llevantadas e reparadas, e camas e ospitalero en ellas que acoja a los peregrinos que al dicho ospital vinieren e les haga touda caridad", rezaba el acuerdo.


 El antiguo hospital de peregrinos fue perdiendo su función hasta que, restaurado entre los años 1992/93, volvió a su labor originaria, atender a los romeros a Santiago.


Un lugar excepcional para quedarse a pernoctar si estamos cansados o se nos hace tarde para emprender la larga ascensión que nos resta hasta Arzúa.


El Camino y la bajada al río. Por allí volveremos a subir.
 

 En las inmediaciones han abierto sus puertas otros buenos establecimientos y posadas, como Casa A Curiscada, casa de labor del siglo XVIII rehabilitada para el turismo rural y en la que antaño dormían en su palleira los romeiros a Santiago.


As Leiras, vegas llanas del río Iso que vemos desde la cuesta


Repecho arriba entre las casas de Ribadiso.


Largo ascenso el que ahora comienza


Unos andando...


Y otros en bicicleta


Es la cuesta que nos queda para llegar a Arzúa, población caminera por excelencia.


Allí está la N-547 que nosotros no cruzaremos dada su peligrosidad en una curva sino que pasaremos bajo un puente, hacia el que se dirigen los peregrinos arriba a la izquierda.


Subiendo a Arzúa.


El valle del río Iso ya va quedando atrás, abajo...



Salimos a la carretera, pero no la N-547 sino otro ramal que se dirige a la villa de Arzúa. Esta vía dispone de buena acera hasta la población. Aquí la cuesta arriba se hace menos acusada.


Ya encontramos los primeros albergues.


Algunas casas tienen su preciosa parra en la fachada que da a la calle.



La subida se va acabando. Allí arriba saldremos a la N-547.


Una buena vereda con seto nos separa del tráfico de la carretera naciona en esta recta llana que, pasando junto a algunas casas, naves y hoteles nos llevará a la entrada del casco urbano de la villa de Arzúa.


Y ya estamos en Arzúa, villa caminera, sí, pero también quesera por esencia.