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sábado, 8 de febrero de 2014

LANGUIDEZ DE LAS RUINAS DEL PALACIO DE SANTA ENGRACIA. PENDUELES (LLANES, ASTURIAS). TESTIMONIO DE UN DESAPARECIDO ESPLENDOR


A nuestro paso por los pueblos del litoral llanisco encontraremos numerosos palacios y quintas de los indianos, símbolo de toda una estirpe de emigrantes. El fenómeno de los indianos o americanos, denominación de quienes iban a ultramar a "hacer las Américas", aunque podria definirse como nacido en el "Siglo de Oro" español, adquirió total relevancia social entre el siglo XIX y las primeras décadas del XX, pues fue ingente la cantidad de personas, principalmente varones jóvenes, prácticamente adolescentes, que se embarcaron a buscar fortuna en toda hispanoamérica... Cuba, Puerto Rico, México, o Argentina principalmente, pero también otros países y lugares de habla española en el Nuevo Continente. Aquellos que regresaban y además con fortuna, solían levantar sus nuevos palacios y mansiones en sus mismas poblaciones de origen (unas veces aprovechando la vieja casa familiar y otras levantándolas nuevas) así como patrocinar numerosas iniciativas benefactoras en favor de la vecindad, escuelas, plazas, iglesias, casinos (en en sentido de centros culturales), traídas de aguas y luz, así como un largo etcétera que hicieron de muchos de ellos personas notablemente influyentes.


En gran parte esas construcciones siguen en uso y buenas condiciones, pero en otras no, este es el caso del Palacio de Santa Engracia, en Pendueles, cuya verja, finca con palmeras y edificio ruinoso, constituyen una de las características de nuestro paso por este pueblo, cabeza de la parroquia del mismo nombre y cabeza de uno de los valles en los que se divide el concejo de Llanes desde la antigüedad.


En un principio esta quinta fue llamada de Mendoza Cortina, pues su primer dueño y creador fue el indiano Francisco Mendoza Cortina, quien emigró a México en 1835, regresando casi un cuarto de siglo después e intalándose en Madrid con sus negocios y carrera política, fruto de su éxito en diversas empresas americanas. Pero aunque afincado en la capital de España patrocinó en Llanes diversas iniciativas sociales y benéficas, al mismo tiempo que compraba solares para engrandecer su solar familiar y se hacía con un título nobiliario, el de Conde de Mendoza Cortina, heredado por su sobrino Gabino Mendoza Fernández, ya que Francisco no tuvo hijos. Gabino remató definitivamente el proyecto de su tío para esta quinta allá por el año 1885, con sus vistosas galerías de hierro y cristal, ahora armazón herrumbroso pero que aún en pie nos permite hacernos una idea de su desaparecido esplendor.


Una hija de Gabino, Fernanda, se casó con el Conde de Santa Engracia, Francisco Dosal Sobrino, y de ahí viene la denominación del palacio que más se emplea ahora. Tras los buenos años llegó la decadencia, fue hospital en la guerra civil y después cayó en el abandono. Un proyecto de restauración dentro de una operación inmobiliaria parece haber quedado de momento paralizado.