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jueves, 20 de febrero de 2014

PRAIA DA LANGOSTEIRA, ANTESALA DE FISTERRA: LAS CONCHAS DEL PEREGRINO Y EL MONTE PINDO, EL OLIMPO CELTA DE GALICIA

Llegando a la Praia da Langosteira con Fisterra al fondo
Hemos dejado atrás Sardiñeiro y la recogida y coqueta playa de la Cala de Talón cuando el viejo Camiño Real llega a la grandiosa playa de arenas blancas que es la Praia da Langosteira, muy vinculada a la tradición xacobea de estas tierras y a la historia, antiquísima, de estos parajes atlánticos de Galicia, admirando en una bellísima concha la villa de Fisterra con el Monte Facho, el antiguo Promontorio Nerio, el de la costa de los míticos y ancestrales pobladores nerios, las gentes que poblaban el territorio antes incluso de la llegada de Roma. Vemos también el cabo, el faro, cuya inauguración a mediados del siglo XIX sustituyó a las grandes hogueras que se prendían en la montaña para guiar a los navegantes y para avisar de peligros, así como el itsmo que lo une con el continente


Estuvo en lo alto del Monte el Ara Solis o altar del sol, del que hablan los geógrafos y navegantes de la antigüedad, adoración solar al astro rey que se oculta al atardecer en las aguas del Mar Tenebroso, derribado según la tradición por el propio Apóstol Santiago en sus peregrinaciones, justo en el lugar en el que siglos después se diría apareció el Cristo de Fisterra (donación en realidad de un obispo ourensano vinculado aquí por linaje), cristianización del simbolismo de la Resurreción, pues el sol, tras "morir" al final del día resucita al principio del siguiente, en la mañana, para dar luz al mundo frente a las tinieblas de la noche


El Cristo de Fisterra, venerado en la iglesia de Santa María das Areas, al lado de la carretera que va al faro, abierta en 1929, fue durante siglos la veneración más occidental al Hijo de Dios y santuario situado en el que era para occidente durante milenios el Final de la Tierra, el Finis Terrae. Si bien hubo aún otro más occidental, el de San Guillerme, en lo alto del Monte Facho y sobre la villa de Fisterra, cristianizando también un lugar de culto pagano en una campo de túmulos y dólmenes, a donde iban las parejas con dificultades para tener hijos yaciendo en el leito do santo, piedra milagrosa de la fertilidad


Una red de sendas recorre el Monte Facho, comuncando también con las oscilantes Pedras Santas de las que hablan los viajeros de antaño. Actualmente la mayor parte de los peregrinos y los visitantes suben al cabo atraídos por la puesta de sol aunque pocos recorren otros lugares de tanta o mayor trascendencia incluso, donde vivió retirada una bruja o bárbara, la Orca Vella, autora de un sinfín de desmanes según la leyenda popular. Se enterró ella misma en un sarcófago que había hecho poco más allá de San Guillerme, arrastrando con ella a un pastor al que tenía preso y encantado y cerró con un gancho la gran lápida que los sepultó. La vecindad oyó los gritos del pastor pero no pudieron hacer nada pues unas hostiles serpientes que salían de la tumba los rechazaron


Era esta la costa de los nerios y de los ártabros, antiguos pobladores de la zona, donde había un gran puerto natural, el portus magnus artabrorum,  que aprovecharon los romanos, se trata del puerto de la mítica ciudad Dugium y su célebre, actualmente Duio, dos parroquias al sur de Fisterra. Las leyendas dicen que el gran puerto estaba aquí, en Langosteira o sus inmediaciones. No en vano es un fondeadero natural de aguas tranquilas en contraste con las procelosas corrientes oceánicas, causa de tantos naufragios. La memoria de la ciudad nunca se olvidó del todo, así en 1610 el militar y escritor Mauro Castellá Ferrer afirmaba que "En Galicia, junto a Nuestra Señora de Finisterre, adonde avía un templo el más antiguo de España al que llamaban los gentiles Ara Solis ay los cimientos de una ciudad q se llamaba Duyo, y la población que ahora hay conserva el mismo nombre en la qual habitava el rey o Superior de la Provincia"


Una leyenda relativa a Dugium dice que padeció destrucción por inundación divina al negarse a aceptar las predicaciones de Santiago, marchando luego a este a Muxía donde se le apareció la Virgen, la otra que fue en Dugium donde los discípulos del Apóstol, que traían el cuerpo de su maestro a ser enterrado al lugar de sus acciones misioneras tras ser decapitado en Palestina, fueron a pedir ayuda de su rey para buscarle lugar de enterramiento, enviados allí por la reina Lupa, que quería traicionarles. El rey les prepara una emboscada pero escapan y les persigue hasta A Ponte Maceira en Negreira, otro hito del Camino, por el que hemos pasado. Es entonces cuando el puente se derrumba al paso de los soldados del monarca de Dugium y los discípulos se salvan de la encerrona. Así el escritor, viajero y filólogo George Borrow, Jorgito el inglés, que recorrió el norte de España entre 1835 y 1840 vendiendo biblias protestantes, publicaba en su obra The Bible in Spain, or the Journey, Adventures, and Imprisonment of an Englishman in an Attempt to Circulate the Scriptures in the Peninsula (Londres, 1843, traducido La Biblia en España por Manuel Azaña) que... "En aquella playa se alzaba en otro tiempo una ciudad comercial inmensa, la más antigua de España. En la bahía, hoy desierta, resonaban entonces millares de voces cuando las naves y el comercio de todo lo descubierto en la tierra se concentraban en Duyo"


A la izquierda de la playa están A Punta de Alba y A Punta Polveira



Punta de Alba, comienzo de la playa, siempre ante el Monte Pindo y boca de la Ría de Corcubión...


El Monte Pindo es una gran mole rocosa de abruptos picachos que llegan a los 627 metros de altura, lleno de resonancias mitológicas en sus milenarios caminos y sendas que comunican campos dolménicos y tumulares, fortalezas en ruinas y lugares legendarios donde se han hallado enigmáticas inscripciones. Tanto es así que el intelectual y escritor Ramón Otero Pedrayo, patriarca das Letras Galegas, llegó a decir: "El seno determinado por el Fisterra y la punta de Nuestra Señora de los Remedios puede denominarse golfo o bahía de Fisterra, o quizá mejor del Pindo, por la grave y bella testa de este monte simbólico que desde el centro de la curva y en imponente caída sobre la costa, preside y centra sus horizontes. Se le ha llamado uno de los Olimpos Célticos y forma uno de los parajes de mayor emoción de Galicia"


Una pasarela de madera salva las dunas protegidas de este arenal de casi dos kilómetros de largo donde los peregrinos de antaño se lavaban antes de llegar a la meta de su peregrinación, limpieza física pero también espiritual después de largas jornadas por valles y montañas para llegar al mar. Otro ritual, el de quemar ropas en el cabo, es moderno y sin tradición histórica, sin duda hecho a imitación del que sí existió en la Cruz dos Farrapos de los techos de la catedral de Santiago. El abuso de este neo-ritual que provocó en su momento algún incendio en el entorno del faro y la cochambre del paraje ha sido prohibido


Hay bar, restaurante y en verano salvamentos en el núcleo de Calcova


Un verdadero paseo marítimo recorre el borde el arenal, ideeal en verano para darse un chapuzón. Una verdadera delicia, también en invierno en la mágica soledad de esta extensa ribera



La peregrinación a Santiago culmina en Fisterra realmente, y esto no es una nebulosa de relatos, sino que hay documentos y fundaciones hospitalarias desde la Edad Media a lo largo de todo este itinerario que, para algunos investigadores, ya existía como camino iniciático desde los mismos albores de la civilización. La necesidad se seguir la rotación solar es una constante en muchos pueblos a la hora de buscar nuevas tierras donde asentarse. El sol dirige sus pasos y de noche... la Vía Láctea, llamada popularmente, y no por casualidad, el Camino de Santiago. Circunstancias que nunca pasaron desapercibidas a nuestos observadores ancestos, siempre atentos a las señales de la naturaleza, Vía Láctea que no sería para ellos sino un reflejo en el cielo del sendero marcado en la tierra



Un buen lugar para descansar unos instantes y meditar...


Terrazas y Camino


La ruta señalizada es el camino que hace de paseo sobre las dunas y que, entre pinos y matorrales, pasará entre las playa y su conjundo dunar y la carretera AC-445 y las casas y zona residencial de A Anchoa y As Escaselas, si bien nosotros preferiríamos recomendar, salvo que la metereología sea adversa, caminar por las blancas arenas de Langosteira


Y hacia las arenas vamos pues, tal y como haría el ya mencionado George Borrow, entusiasmado por esta experiencia:

"Por una playa de arena de blancura deslumbradora avanzamos hacia el cabo, meta de nuestro viaje. El sol brillaba reluciente, y sus rayos iluminaban todas las cosas. Delante de nosotros el mar parecía un espejo, y las olas que rompían en la costa eran tan débiles que apenas levantaban un murmullo. Avivamos el paso siguiendo el profundo contorno de la bahía, dominada por montañas gigantescas. Singulares recuerdos comenzaron a invadir mi espíritu: en aquella playa, según la tradición de toda la antigua cristiandad, Santiago, el Santo patrono de España, predicó el evangelio a los idólatras españoles"


Caminaremos pues al borde del mar, ante la península fisterrana y su itsmo. Una página bastante desconocida de la historia es que estas estratégicas costas gallegas fueron escenario de no pocos epidisodios de la II Guerra Mundial. Mismamente en agosto de 1943 cayó en esta playa un bombardero Liberator Americano y poco después un hidroavión Catalina de la misma nacionalidad amerizó en las cecanías, siendo ayudada su tripulación por pescadores de Corcubión


Las dunas y As Escaselas. Más allá es la subida a San Martiño de Duio por la ladera del Monte Pión, la ruta que viene de, o va a, Muxía, pues está señalizada en ambas direcciones


Las rías abrigo de navegaciones y largas singladuras, además de traer aquellas relaciones comerciales y viajeras, fácilmente fueron usadas sin lugar a dudas por algunos de los primeros evangelizadores del noroeste peninsular, en los mismos comienzos del cristianismo, pues era una ruta marinera muy frecuentada, desde Palestina y el Mediterráneo al Atlántico y de allí aún más al norte, a Casitérides, trayecto institucionalmente asentado por Roma pero ya empleado siglos atrás por los fenicios, en busca del estaño, tan abundante en las actuales Islas Británicas y fundamental para la obtención del bronce, metal del que se hacían numerosos objetos, desde adornos a herramientas, aleación de cobre y estaño


Las relaciones comerciales trajeron consigo las sociales entre los pueblos del territorio y los navegantes, fluyendo gentes e ideas, novedades tecnológicas y materiales pero también pensamientos y creencias, religiones, algunas orientales, como, andado el tiempo, sería el caso del cristianismo. De ahí viene esa estrecha relación del culto a Santiago, tenido por evangelizador de Hispania (independientemente de la realidad histórica del relato), con el mar. Muy posiblemente los primeros cultos cristianos vinieron por las rutas marítimas y en los enclaves costeros o sus inmediaciones estuvieron las primeras comunidades cristianas, que con el tiempo asimilarían los lugares de veneración anteriores e incluso algunos rituales y leyendas, a la nueva religión


No obstante la relación de Fisterra con el estamento eclesial no fue siempre amigable. Los habitantes llegaron a estar excomulgados en la baja Edad Media al no querer pagar tributos a los señores feudales a los que la mitra de Santiago había cedido esta función, excomunión levantada tras intervención real. No en vano la primera mención escrita a lo que es la población es del año 1199 (independientemente que existiese desde mucho ha) y se trata de una donación testamentaria de la por parte de la hija del conde de Traba Urraca Fernández de la eclesie Sanctee Marie de Finibus Térre



Venían santos y navegantes pero también invasores, en la baja Edad Media el corsario inglés Harry Pay asoló la población, una flota francesa la saqueó y se llevó incluso el cuerpo de San Guillerme y aún en 1809 durante la frnacesada las tropas napoleónicas hicieron estragos. El mar, riqueza comercial y pesquera, también ocasionó quebrantos. Las aguas que miran a la bahía son mansas pero las de mar abierto son peligrosas, ocasionando numerosos naugragios en todo este sector de la por esta razón llamada Costa da Morte, nombre aparecido a principios del siglo XX y que, aunque muy empleado y aceptado, no a todo el mundo agrada de resultas de sus implicaciones negativas




No es infrecuente ver a los peregrinos detenerse y recoger conchas


Aquí las conchas también  indican el Camino


Pero son conchas naturales, arrojadas a la arena por el mar


En ocasiones un verdadero Camino de conchas


Estas son realmente las conchas y vieiras que simbolizan en verdad haber estado en tierras del Apóstol y haber llegado, no solo a Compostela, sinon al confín del mundo señalado por estas peregrinaciones basadas en las predicaciones apostólicas


Así ya en 1480 el romero alemán Felix Faber, quien llegó aquí tras 49 días de caminata, dice que las conchas no han de ser compradas en Santiago de Compostela sino recogidas en las arenas de esta playa para coserlas de las capas y sombreros demostrando a su regreso que se ha completado la romería y se ha estado en Jackobsland, el País de Santiago



Y en el sermón Verenanda Dies del Codex Calixtinus dice que ... "Hay en el mar de Santiago unos seres marinos que la gente llama vieiras, que tienen dos caras, de una parte y de otra, entre las cuales, como dos tejas, se oculta el animal con aspecto de ostra"


La misma playa está intimamente ligada a estas peregrinaciones y navegaciones y en sus leyendas se narran diversas epopeyas relacionadas con el Apóstol y con las numerosísimas conchas de vieiras que hallaremos en esta orilla


Quizás la más conocida sea la que afirma que, tras la ejecución de Santiago en Jerusalén en el año 42, los discípulos trajeron su cuerpo a estos lugares de la antigua Gallaecia que fueron escenario, siempre según la narración cristiana, de su misión evangelizadora
 

Llegaba pues la barca con sus restos y sus seguidores a esta playa del Fin de la Tierra, cuando se levantó un temporal. En ese momento caminaba por la costa una comitiva de novios en ceremonia nupcial


El mozo, a caballo, no dudó en zambullirse, con su montura incluida, a ayudar a los tripulantes de la embarcación en ese momento de apuro, pero acabó engullido por las olas. Sin embargo caballo y jinete fueron expulsados de nuevo a la playa por una misteriosa fuerza milagrosa, salvándose y saliendo al exterior completamente cubiertos de conchas


De esta manera, no ha de extrañarnos que el propio Codex Calixtinus informe que las conchas jacobeas viniesen de esta misma playa de Langosteira


Esta es la razón principal por la que las conchas de bieira son el símbolo de la peregrinación, pues este es realmente el final de la misma, la culminación de toda una epopeya física, espiritual, anímica y personal, nada a partir de entonces será exactamente lo mismo en nuestras vidas

 

El baño en las legendarias aguas de esta playa es por lo tanto una ancestral tradición jacobea, el peregrino se limpia del polvo y suciedad del Camino al culminarlo en el Finis Terrae o Fin de la Tierra (Fisterra), costumbres cristianizadas que muy posiblemente tengan su origen en cultos milenarios ante el mencionado Ara Solis, o altar del sol ante el que realizaban sus ofrendas navegantes y caminantes desde la más remota noche de los tiempos


 Ver ocultarse el sol en el horizonte marítimo y asistir al día siguiente a su nacimiento son símbolos de la Muerte y la Resurrección en el que fue antaño el fin del mundo conocido, pues no en vano estamos ya en la mítica Costa da Morte, de las más legendarias sagas xacobeas, basadas sin duda en un sustrato anterior antiquísimo, pues todas estas rías fueron en sí mismas puertos naturales y puertas hacia el interior del país, mar de navegantes, cuando exploradores, cuando comerciantes y cuando invasores, pero también costa de peregrinos, por mar y por tierra, que siguen al sol y a la larga senda estelada de la Vía Láctea, el Camino de Santiago en el Cielo, a él paralelo en el Firmamento

 

Sea como fuere, estamos en un espacio donde se unen historia, tradición y leyenda en medio de un hermoso paisaje lleno de naturaleza, emoción y sensaciones


Dunas y Escaselas con la subida a San Martiño de Duio al fondo


Nos acercamos a San Roque, final de la playa y entrada a la villa de Fisterra. Ahí están A Punta de San Roque, As Pardas y A Punta Suacruz



Lanchas de bajura


 Langosteira y San Roque


Y al sur, sobre Carnota, el Monte Pindo, el Olimpo Celta de Galicia, observa nuestros pasos como observó los de miles de viajeros, navegantes, invasores, santos y peregrinos a los largo de los milenios...



Visible desde gran parte del recorrido a Fisterra, ya desde tierras del interior, el mítico Monte Pindo, sito entre los concellos de Dumbria, Mazaricos, Cee y Carnota, rodeado de playas y rías (,a de Corcubión y la de Muros y Noya) estuvo siempre plagado de evocadoras historias y tradiciones



La forma puntiaguda, conformada por bolos graníticos rosados, de sus cimas, picachos y estribaciones, diferente a las demás montañas y colinas de la zona, y que se levantan sobre ellas y el mar, dando vista a la boca de la ría de Corcubión y dominando una parte importante del litoral gallego, de las Rías Altas a las Rías Baixas, han hecho de esta impresionante montaña, donde el río Xallas se desborda para desembocar en el Atlántico precipitándose desde la cascada de Ézaro (único río de Europa que cae en cascada sobre el mar), un grandioso símbolo de Galicia y del camino al Fin de la Tierra


Su espectacular orografía por lo tanto le confiere ese aspecto tan dado a historias de dioses galaicos, monstruos y seres mitológicos como hadas, sierpes, mouras y encantadas que le han caracterizado desde siempre


Reminiscencias patentes de cultos solares, el Ara Solis o altar del Sol, astro rey que "se sumerge" en las aguas de esta costa de ritos ancestrales, pero también adoraciones lunares pues tan espectacular como ver ocultarse a Helios ,el Sol, en el Atlántico es ver surgir a su hermana Selene, la Luna, sobre el Monte Pindo


Se dice que el nombre procede del celta binn dubh (monte oscuro) y que existen otros montes llamados exactamente igual en otros enclaves atlánticos como Escocia e Irlanda. Durante la dominación romana Celtici Supertamarci (celtas supertamarcos), gentilidades galaicas que poblaban la comarca


En el siglo X el obispo Sisnado de Iria Flavia ordena erigir un castillo para defensa del país de los continuos ataques vikingos, el de San Xurxo, en el que habitarían linajudas estirpes hasta su destrucción en 1467 durante las guerras irmandiñas. De este y otros castillos apenas quedan restos ni referencias, salvo enigmáticas inscripciones, como la existente en el Castelo de Penafiel, uno de los erigidos en esas cumbres, que dice: "Reyes, obispos y presbíteros alejen a todos de este castillo y lugar bajo pena de excomunión". Otro castillo era el de Canedo, pero es la de Penafiel la que más ha dado que hablar. Independientemente de teorías esotérico-románticas parece estar en relación con la pena de excomunión que el primer arzobispo de Santiago Diego Xelmírez hizo recaer en el señor de Traba, dueño de estos enclaves, con el que vivía en permanente enfrentamiento y que que mantenía prisionero en una de estas fortalezas al arcediano de Trastámara, allá por el año 1130.


Dentro de la epopeya xacobea se muestra como enclave que guarda el tesoro y tumba de la reina Lupa, la que quiso engañar a los discípulos del Apóstol,  y como escenario de acontecimientos más recientes y especialmente trágicos, fue escondite de gentes perseguidas durante la guerra civil


En sus estribaciones se han hallado numerosos restos arqueológicos varias veces milenarios, petroglifos, objetos de bronce y piedra, y hasta cimientos de una ermita primitiva que cristianizaría estos parajes, ya sagrados desde la más remota noche de los tiempos, dada su emergente forma sobre el mar del fin del mundo conocido en occidente


Muchos fueron quienes escribieron crónicas, estudios e impresiones sobre este monte, así el Padre Sarmiento compara su nombre con el macizo del Pindo en el Épiro, entre Grecia, Albania y Macedonia y recoge leyendas sobre las plantas medicinales del lugar, ciertamente de gran riqueza botánica, a la que le atribuyen remedios para las parejas que no podían concebir hijos, al igual que en San Guillerme, en el Monte Facho del Cabo de Fisterra, con el que guarda una estrecha vinculación. En relación con la fertilidad dice la creencia popular que la hierba en Pindo crece de la noche a la mañana por razón milagrosa


Por su parte el investigador Xosé Barreiro Barral informa de sus hallazgos en 1932, un poblado y una probable ubicación de una de las tres Aras Sextianas, monumentos en honor al emperador Augusto en las últimas fronteras del Imperio


El escritor César Antonio Molina dedicó estos versos al Monte Pindo: "O pasado sen teito está nese lugar./ O temor non desterrado ó descoñecido./ Procuramo-la bóveda nun frío mencer/ ou nun entardecer sanguiñolento,/ ata ser soamente sombras..."



Afectado en el año 2013 por un incendio calificado de atentado y que provocó movilizaciones ciudadanas, existe desde hace tiempo una importante acción popular que reivindica sea declaratentadodo Parque Natural y disponga de una mayor protección oficial, Hasta ahora está declarado Espacio Natural Protegido y Lugar de Importancia Comunitaria junto con la playa de Carnota


Bajo la montaña y ante la ría pueblos de pescadores, Quilmas, O Pindo o Ézaro, donde está la famosa cascada de este nombre, el Niágara Gallego, desmbocadura del río Xallas en el océano, el único caso en Europa en el que se da esta circunstancia, un llamtivo espectáculo natural que puede visitarse, si bien un tanto apartado para quienen hacen andando esta ruta, lo que no es óbice para recomendar, en esta u otra próxima ocasión, a estos lugares únicos muy vinculados también al Camiño de Fisterra


Los peregrinos posan sus mochilas y descansan ante la mar océana...


Bañistas y romeiros que vienen de Sardiñeiro. Arriba el Monte da Serra (207 mts.)



Arenas blancas y mar turquesa...


Al sur las Rías Baixas


Y el puerto pequero de Fisterra, muelles sucesores del que fue embarcadero natural de la Praia da Ribeira desde tiempo inmemorial, playa urbana fisterrana


Cuando el Camino es arena y océano...


Peregrinos de Fisterra. Iremos alejándonos de la orilla al llegar al final de la playa


En San Roque, ante la casa de piedra del Tira do Cordel, situado en la que fue, en 1812, una fábrica de salazón


Aquí nos uniríamos al camino señalizado por el borde de las dunas. Al fondo seguiremos subiendo por la Rúa Cruz de Baixar



 Pero antes admiraremos la playa desde aquí


A Punta San Roque


Y el Monte Pindo, omnipresente



Las puntiagudas aristas de sus cimas tienen de cerca figuras antropomorfas y otras que recuerdan a animales, así está el Xigante do Chan da Mina, O Vale Encantado, Os Agullóns, O Coloso de Pindo, unos han querido ver en algún enclave piedras de sacrificio de los celtas galaicos supermáricos y otros las Aras Sextianas que el general Sextius levantó a Augusto tras conquistar estas tierras


Unas concha labrada en piedra en esta gran playa de conchas que es Langosteira


Playa de conchas y conha de arena y océano


Salimos ya de la playa


Vamos dejando atrás el varadero


Y subimos por la Rúa Cruz de Baixar


 Vemos el puerto...


Pero no dejamos de admirar la espléndida Langosteira


A Punta San Roque y As Pardas. Al fondo la boca de la Ría de Corcubión


Camino enlosado que sube de la playa


Llegamos a unos apartamentos


Y ya estamos al pie de los edificios de Fisterra


As Pardas y A Punta Suacruz con el dique del puerto a lo lejos y el Monte Pindo en la lejanía


La cuesta se hace más liviana


Casas y hotel Mar de Fisterra


Soberbia panorámica de Langosteira


Y allí al fondo está A Cruz de Baixar


Donde también suelen detenerse los peregrinos


Peregrina en el Camino y Langosteira


 Llegando a A Cruz de Baixar, final de la cuesta


Otro emotivo momento de nuestro Camiño a Fisterra


 A Cruz de Baixar, en San Roque, cruceiro del siglo XVI


Aquí se une a este el camino que viene de Muxía


A Cruz de Baixar y su magnífico mirador sobre la costa gallega

                                             


 Desde aquí vemos el puerto, adentrándonos ya en el casco urbano de Fisterra











                                    









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