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jueves, 20 de febrero de 2014

PRAIA DA LANGOSTEIRA, ANTESALA DE FISTERRA: LAS CONCHAS DEL PEREGRINO


Hemos dejado atrás Sardiñeiro y la recogida y coqueta playa de la Cala de Talón. Los peregrinos se acercan pues a Fisterra, ya al alcance de la mano prácticamente, cuando se encuentran con el maravilloso arenal de la Praia da Langosteira...


Desde aquí admiramos un inolvidable panorama de la villa fisterrana, su puerto, el Monte Facho con su mítico Monte San Guillerme y la subida al Faro de Fisterra.


Son casi dos kilómetros de playa los de este fantástico arenal, de aguas tranquilas, guardadas del ímpetu del Océano Atlántico por el gran promontorio del Cabo Fisterra.


Extasiadas peregrinas y extenuadas, ante la mítica Fisterra.


Impresionante Monte Pindo, el Olimpo Gallego.


Punta de Alba, comienzo de la playa, siempre ante el Monte Pindo y boca de la Ría de Corcubión...

Peregrinos recogiendo conchas...
Bien por el paseo marítimo, entre pinares y zona residencial, o mejor aún, por sus arenas finas y claras, podemos ir caminando hacia la villa fisterrana, perfectamente a la vista delante de nuestros ojos.


Ideal en verano para darse un chapuzón, muy concurrida y con salvamentos y servicios playeros. Una verdadera delicia, también en invierno en la mágica soledad de esta extensa ribera.


La peregrinación a Santiago culmina en Fisterra realmente, y esto no es una nebulosa de relatos, sino que hay documentos y fundaciones hospitalarias desde la Edad Media a lo largo de todo este itinerario. Sin duda continuadoras de aquel Camino que ya existía desde los mismos albores de la civilización.

Paseo marítimo en la zona de Calcoba
Las rías y las navegaciones, además de traer aquellas relaciones comerciales y viajeras, fácilmente fueron usadas sin lugar a dudas por algunos de los primeros evangelizadores del noroeste peninsular, en los mismos comienzos del cristianismo, pues era una ruta marinera muy frecuentada, desde Palestina y el Mediterráneo al Atlántico y de allí aún más al norte, a Casitérides, trayecto institucionalmente asentado por Roma pero ya empleado siglos atrás por los fenicios, en busca del estaño, tan abundante en las actuales Islas Británicas, y fundamental para la obtención del bronce, metal del que se hacían numerosos objetos, desde adornos a herramientas, aleación de cobre y estaño.




La misma playa está intimamente ligada a estas navegaciones y en sus leyendas se narran diversas epopeyas relacionadas con el Apóstol y con las numerosísimas conchas de vieiras que hallaremos en este paraje.


Quizás la más conocida sea la que afirma que, tras la ejecución de Santiago en Jerusalén en el año 42, sus discípulos trajeron su cuerpo a estos lugares de la antigua Gallaecia que fueron escenario, siempre según la narración cristiana, de su misión evangelizadora.


Llegaba pues la barca con sus restos y sus seguidores a esta playa del Fin de la Tierra, cuando se levantó un temporal. En ese momento caminaba por la costa una comitiva de novios en ceremonia nupcial.


El mozo, a caballo, no dudó en zambullirse, con su montura incluida, a ayudar a los tripulantes de la embarcación en ese momento de apuro, pero acabó engullido por las olas. Sin embargo caballo y jinete fueron expulsados de nuevo a la playa por una misteriosa fuerza milagrosa, salvándose y saliendo al exterior completamente cubiertos de conchas.


De esta manera, no ha de extrañarnos que el propio Codex Calixtinus informe que las conchas jacobeas viniesen de esta misma playa de Langosteira.


Esta es la razón principal por la que las conchas de bieira son el símbolo de la peregrinación, pues este es realmente el final de la misma, la culminación de toda una epopeya física, espiritual, anímica y personal, nada a partir de entonces será exactamente lo mismo en nuestras vidas.


El baño en las legendarias aguas de esta playa es por lo tanto una ancestral tradición jacobea, el peregrino se limpia del polvo y suciedad del Camino al culminarlo en el Finis Terrae o Fin de la Tierra (Fisterra). Simbólicamente se lava de los pecados y nace redimido a una nueva vida, rituales que seguirán de aquí a la punta del cabo ya con otro de los elementos esenciales, el fuego, pues allí quemará sus ropas, si bien esta es una costumbre ahora tan arto "renacida" que no queda más remedio que ponerle coto por simple cuestión de higiene, salubridad y respeto al entorno.

Monte da Serra y Praia de Langosteira
Costumbres cristianizadas que muy posiblemente tengan su origen en cultos milenarios ante el Ara Solis, o altar del sol ante el que realizaban sus ofrendas navegantes y caminantes desde la más remota noche de los tiempos.


Ver ocultarse el sol en el horizonte marítimo y asistir al día siguiente a su nacimiento son símbolos de la Muerte y la Resurrección en el que fue antaño el fin del mundo conocido, pues no en vano estamos ya en la mítica Costa da Morte, de las más legendarias sagas xacobeas, basadas sin duda en un sustrato anterior antiquísimo, pues todas estas rías fueron en sí mismas puertos naturales y puertas hacia el interior del país, mar de navegantes, cuando exploradores, cuando comerciantes y cuando invasores, pero también costa de peregrinos, por mar y por tierra, que siguen al sol y a la larga senda estelada de la Vía Láctea, el Camino de Santiago en el Cielo, a él paralelo en el Firmamento.


Sea como fuere, estamos en un espacio donde se unen historia, tradición y leyenda en medio de un hermoso paisaje lleno de naturaleza, emoción y sensaciones. Dunas y al fondo San Roque, entrada en la villa de Fisterra.


Monte Pindo...


Cuando el Camino es arena y océano...


Peregrinos de Fisterra...


Una sensación fantástica, andar descalza por las arenas de Langosteira...


El Monte Pindo nos observa cuando llegamos a las puertas del triunfo.


El Monte Pindo será testigo pétreo de nuestros pasos por las claras arenas de Langosteira...


Lanchas de pescadores...


Monte Pindo omnipresente...


Lanchas y bar de la playa, en una antigua casa de piedra...


Espléndida Langosteira...


Impresionante Monte Pindo...


 Subimos hasta A Cruz de Baixar, en San Roque, cruceiro del siglo XVI...


 Desde aquí vemos el puerto, adentrándonos ya en el casco urbano de Fisterra...








                                    









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