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jueves, 27 de marzo de 2014

SAN BALANDRÁN BUSCA EL PARAÍSO MÁS ALLÁ DEL MAR

Fisterra desde el Camino
Cuando se llega a los finisterres atlánticos, a los confines de lo que fue en la antiguedad el mundo conocido, surgen inmediatamente las leyendas, sustentadas posiblemente en acontecimientos reales aunque deformadas por el paso del tiempo, de aquellos que quisieron ir aún más allá y surcaron el océano siguiendo la rotación del sol, a la busca de nuevas tierras, antes incluso de los viajes colombinos o de las rutas vikingas. Uno de esos viajes aparece plasmado en la fantástica narración del libro Navegación de San Brandán en busca del Paraíso, una de las más célebres obras de la Edad Media y que sin duda inspiró a no pocos exploradores navegantes.

En el Cabo Fisterra
 El personaje de San  Brandán es totalmente histórico, se trata de un monje irlandés nacido en el año 484 que fue fundador y abad del monasterio de Clonfert en Galway. Se le conocía como Brandán el Navegante aunque su nombre aparece escrito también como Brendán, Balandrán, Brandano, Barandán o Borondón. La embarcación del tipo balandro también le debe esta denominación. Su popularidad fue tal que varias islas atlánticas lo llevan en su propio topónimo. Siguiendo con la parte absolutamente histórica, este santo fue uno de los evangelizadores irlandeses de las tierras oceánicas: embarcados en curraghs, veleros forrados de cuero, surcarían el Océano Atlántico y el Mar del Norte fundando cenobios y realizando misiones, al igual que San Columbano, con quien se dice se encontró en Escocia, y otros misioneros navegantes (no olvidemos en este contexto que la propia historia xacobea está tolamente vinculada con el mar, la evangelización del Apóstol y la traslación de sus restos, la inundación de la ciudad de Dugium, la aparición de la Virgen en Muxía, las barcas de piedra etc.). De aquellas navegaciones, la llegada de algunos de estos monjes con sus comunidades y colonos, a las Islas Feroe, e incluso a Islandia y Groenlandia, daria paso a las famosas expediciones vikingas que sabemos iban siguiendo sus pasos unos pocos siglos después. Aunque la presencia de estos irlandeses en Islandia y Groenlandia está demostrada no lo es así tanto, a diferencia de la de los vikingos, en las tierras americanas de Vindland (actual Terranova), aunque no es en absoluto difícil si tenemos en cuenta que los noruegos iban de alguna manera, tal y como señalan sus propias sagas recopiladas posteriormente en las eddas escandinavas, "siguiéndoles los pasos".

Kilómetro Cero en Fisterra... pero siempre hubo quien quiso continuar...
Pasando del monje histórico al personaje épico y literario hemos de decir que, al igual que otros libros de maravillas la  Navigatio Sancti Brandani se compuso por autores anónimos tiempo después de la vida del santo y de sus supuestas aventuras, basándose en literatura oral, con lo que el o los posibles relatos primigenios sin duda habrían sido notablemente alterados a través de sucesivos transmisores. El escrito recopilatorio de los mismos, si bien los plasmó en una forma "definitiva", sus sucesivas copias escritas a mano también alterarían sin duda detalles y episodios. http://revistas.um.es/medievalismo/article/view/51121
No por ello hemos de minusvalolarlo, esta obra ayudó a extender la idea, narrando navegaciones por el Océano hacia el oeste, que la Tierra era redonda, razón que ya estaría plenamente asentada y demostrada mucho antes de Colón.

Costa de Muxía, testimonio de otras sagas marineras y evangelizadoras
En líneas generales la obra relata que San Brandán tuvo noticia de la existencia de la Tierra de Promisión al otro lado del mar, gracias al relato de otros monjes que ya habían estado allí, en concreto la isla de San Ailbeo, tenida por muchos por Islandia pues se habla que el mar se congelará impidiendo la navegación. Por ello parte inmediatamente con catorce monjes a los que se unirán tres más. En este periplo hallarán islas y monstruos y una especie de Purgatorio donde están las personas condenadas antes de ir al Paraíso, todo ello con diversas aventuras y sucesos. Se habla de una isla de las ovejas que se identifica con las Feroe y es famoso el capítulo de la isla donde celebran misa de Pascua y, tras prender una hoguera, resulta ser el pez gigante Jasconius, una más que posible descripción del lomo de una ballena o similar. En otra isla llegan al Paraíso de los Pájaros, donde estos se unen a los rezos de los monjes, pájaros que resultan ser "ángeles neutrales" que no tomaron partido entre San Miguel y Lucifer durante su enfrentamiento. En la isla Ailbe encuentran a más frailes, en voto de silencio, sin enfermedades en ochenta años de estancia. De inmediato navegan a la isla de las uvas donde consiguen vino para los actos litúrgicos.  Posteriormente escaparán del Paso del Infierno, si bien con uno de los monjes es devorado por monstruos escupe-fuego. Tras más vicisitudes llegan a la Tierra Prometida donde los recibe Pablo el Ermitaño, luego de otra peripecia con Jasconius localizan la Isla del Paraíso pero, extrañamente, no se dan de ella descripciones, regresando los frailes a irlanda.

Tras la llegada a los finisterres atlánticos se imponía para muchos seguir peregrinado en busca de la Tierra Prometida. A partir de ahora, por mar. Pedra de Abalar, Muxía
 El libro que relata esta odisea inspiró otros volúmenes sobre viajes de Santos, como Saint-Malo en Bretaña y San Amaro en España, entre otros. Fue entonces cuando se intentó también localizar geográficamente alguna de esas tierras por parte de estudiosos de la época, los cuales inspiraron diversas singladuras marineras, entre ellas sin duda la de Cristóbal Colón, quien se sabe tuvo buen conocimiento de esas y otras obras viajeras hacia "el otro lado del mundo".

Camino de Fisterra
 Volviendo a la realidad histórica... ¿pueden estas descripciones basarse en tradiciones marinas de viajes atlánticos que llegasen, en un afán evangelizador y peregrino, incluso a América antes mismamente, no solo que Colón sino que los establecimientos vikingos en Terranova?. No es descartable aunque tampoco cien por cien necesariamente demostrable. Cuando los vikingos noruegos llegaron a Islandia (año 860) los monjes y colonos irlandeses siguieron allí unos catorce años más en sus fundaciones hasta que un buen día prefirieron poner pies en polvorosa ante tan peligrosos nuevos vecinos, ¿donde se fueron?: la respuesta vino bastante tiempo después, cuando los vikingos llegan a Groenlandia (la Tierra Verde), y encuentran sus poblados pero... vacíos, ¿y a donde se fueron pues ahora?. Algunos relatos señalan que a la "Gran Irlanda", un territorio que alguien relaciona con la Terranova o Vindland a donde a la vez también llegarían los vikingos en torno al año 1000, siguiendo siempre a aquellos irlandeses. Un pasaje extraordinario de las eddas cuenta que los noruegos llegaron a entablar conversaciones con nativos que conocían algo de gaélico irlandés. La presencia nórdica documentada y demostrada en esa parte de Norteamérica, incluso con cartas en el Vaticano (con el tiempo, como todos los vikingos, fueron también cristianizados), llega al menos hasta 1410, menos de un siglo antes del viaje de Colón.

Ría de Corcubión desde la playa de Cee, camino de Fisterra
 En 1961 se descubren los restos de la colonia vikinga de Leifbundir (fundada por Leif Erikson según las sagas escandinavas) en la costa norte de Terranova, a la que llegaría en 1976 el investigador Timothy Severin pilotando un curragh para demostrar la factibilidad de la antigua navegación irlandesa, no físicamente demostrable como la vikinga pero no improbable como hemo reseñado.

O Centolo, roca de dramáticos naufragios en el mar de Fisterra
 Hemos hablado de San Brandán y algunos viajes precolombinos desde la perspectiva histórica y legendaria, pero aún nos falta una vertiende más, también de leyenda pero especialmente llamativa: el santo cristiano parece superponerse a un héroe irlandés mucho más antiguo y de nombre casi idéntico, Bran, también navegante, pero este de un mundo precristiano y pagano. Hijo de Ferbal y que navega al encuentro de la Tierra de las Hadas, Emain Ablach, en un relato de gran parecido con el Ulises griego (¿una tradición común indoeuropea o anterior de míticas navegaciones milenarias recreada sucesivamente a lo largo de generaciones?). Un hada embruja el corazón de Bran y tras la invitación de esta no duda en hacerse a la mar con algunos compañeros buscando su mágica tierra y también viviendo todo tipo de peripecias de isla en isla. Llegados a su destino pasan unos meses en esas tierras de hadas pero los compañeros de Bran, nostálgicos de Irlanda, le obligan a regresar, decisión consentida por la reina de la isla con la curiosa condición que no pongan pie en tierra. Al volver uno de los acompañantes de Bran no hace caso y desembarca, conviriténdose en ceniza. Bran se da cuenta que, en vez de meses, había transcurrido un siglo desde que dejaron la verde Erín. http://www.revistanm.com.ar/bregon/brpdf002.pdf

Formación rocosa con cruz en los acantilados del Cabo Fisterra
Las aventuras de Bran mac Febal fueron pasadas a texto escrito por los monjes irlandes hacia el año 900 d.C. Todo empieza cuando el protagonista despierta tras escuchar una música placentera y se encuentra con una rama plateada con manzanas. No duda en llevarla a palacio y cuando la está enseñando aparece esta hada o princesa cantando las alabanzas de la Pomarada Bendita ( Emain Ablach). Por ello con tres naves y 29 marineros emprende rumbo allí al día siguiente, encontrando al dios del mar, Manannan mac Lir, quien les cantó nuevamente las delicias de las Islas Afortunadas. Seguidamente encuentran y abandonan la Isla de la Alegría, pues todos sus habitantes ríen sin parar y parecen ebrios, síntomas que presentó uno de los tripulantes de las naves al desembarcar en ella. Después permanecen un año en Tir na mBan, la Tierra de las Mujeres, donde se inicia el dramático episodio del regreso. Tras hacerse ceniza uno de los marineros nada más desembarcar en Irlanda, las naves de Bran vuelven a alta mar y nunca más de vuelve a saber de su expedición.

Fisterra con su legendario monte entre la niebla marina
¿Existe en algún lugar de los Caminos a Santiago alguna de esas míticas islas de San Balandrán que, cuando reales, cuando legandarias, bañan las costas del Atlántico y sus mares aledaños, como el Cantábrico?. Nosotros en este momento sabemos de una, La Isla de San Balandrán o Samalandrán en la Ría de Avilés en Asturias (Camino de Santiago Norte o de la Costa), desaparecida al dragarse el estuario pero que conserva  el topónimo una playa próxima. La tradición asegura que antes se llamaba La Llera, hasta que un barco llamado San Balandrán encalló en ella en el siglo XVIII...

...¿habían vuelto a aparecer las perdidas naves de Bran?

La Ría de Avilés (Asturias), a escasísimos metros del Parque del Muelle y del paso del Camino. La Playa San Balandrán se encuentra situada muy al fondo en la ribera derecha del estuario

Foto y artículo de la desaparecida isla de San Balandrán en la Ría de Avilés

http://www.elcomercio.es/v/20120603/aviles/chocante-asunto-islas-fantasticas-20120603.html

Enlaces con la historia de la Isla de San Balandrán

http://blog.elcomercio.es/episodios-avilesinos/2013/09/29/el-misterio-de-san-balandran-en-la-ria-de-aviles/

http://www.elembarcadero.es/cosasnuestras/csn012.html

http://www.elcomercio.es/v/20100920/aviles/tras-huellas-balandran-20100920.html

Si localizan alguna más en sus Caminos no duden en hacérnoslo saber...