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sábado, 28 de febrero de 2015

CASA DO CONCELLO DE RIBADEO (LUGO, GALICIA): EL PAZO DEL MARQUÉS DE SARGADELOS



La actual Casa do Concello de Ribadeo está en la famosa Praza do Campo y al lado de la no menos célebre Torre dos Moreno. Fue un pazo urbano mandado construir por Antonio Raimundo Ibáñez  Gaston de Isaba, Marqués de Sargadelos máxima figura de la economía y la Ilustración, fundador de la renombrada fábrica de Cerámica de Sargadelos, que tuvo fundición, entre otras numerosas iniciativas comerciales, culturales y políticas. Muerto trágicamente en un linchamiento durante la francesada, su imagen recuerda tan genial figura en esta consistorial.



El pazo fue construido por iniciativa de su fundador a finales del siglo XVIII sobre una construcción anterior de 1568, se trata de una mansión de trazas neoclásicas que tenía huerta y jardines, sitos en los edificios actualmente aledaños que fueron costruidos mucho después. Destacan sus balcones, forjados en las industrias del marqués. En los años 40 del siglo XX pasó por compra a ser la nueva sede consistorial.


En sus escaleras de la actual Casa do Concello se ve una estatua que representa al Marqués.


Antonio Raimundo Ibáñez Gastón de Isaba y Llano Valdés nació en la aldea de Ferreirela, concejo asturiano de Santalla de Ozcos, el 17 de octubre de 1749, donde está emplazado el Museo Casa Natal del Marqués de Sargadelos. Su bisabuelo Juan de Ibáñez Gastón de Isaba ya tuvo cargos importantes en el gobierno de la Junta General del Principado y su padre Sebastián era escribano del Ayuntamiento de Santalla.


De niño Ibáñez Gastón de Isaba estudió en la escuela del pueblo haciendo después Humanidades con los frailes del monasterio de Vilanova/Villanueva de Ozcos. Tenía veinte años cuando fue elegido administrador de la poderosa familia asturiana de los Rodríguez Arango y Mon, viniendo a ejercer su cargo en esta villa de Ribadeo, un importate puerto comercial donde se haría cargo de los negocios de la mencionada estirpe. En 1773 marchó a Cádiz en representación de sus administrados a vender diversas propiedades urbanas que los Mon tenían en la ciudad andaluza. Con el dinero que ganó en la operación compró aceite de oliva y vino, así como otras mercancías andaluzas que gozaban de gran demanda en el norte. Fletó un barco para transportarlas y logró iniciar un buen negocio con los beneficios conseguidos, haciéndose con un capital de 12.000 pesos que le permitió emprender por su cuenta nuevas iniciativas comerciales entre los puertos andaluces y levantinos con los asturianos y gallegos.


Antonio Raimundo Ibáñez Gastón de Isaba hizo asimismo carrera política y fue diputado por el Concello de Ribadeo, mientras realizaba otro gran negocio de importación comerciando directamente con las ciudades portuarias del Mar Báltico trayendo lino del norte de Europa. Con esta actividad los puertos de Ribadeo y Luarca/L.luarca alcanzaron un notable incremento de sus arribadas, al igual que varias industrias textiles de la comarca asturgallega. Pero es en 1788 cuando se ilusiona con su proyecto más ambicioso, la fábrica de hierro y acero de Sargadelos, en la parroquia de Cervo, concello de Viveiro, la cual empezó a funcionar en 1793 bajo la gerencia de Francisco Ritcher, oficial de Artillería, dando trabajo a casi trescientas personas no solo de la zona sino trayendo además a los mejores artesanos metalúrgicos del País Vasco, Cataluña, Francia e Inglaterra.


Para seguir de cerca la empresa, Gastón de Isaba, que además había sidro nombrado en 1794 comisario de provincia de Marina, hizo construir un pazo en el lugar. La industria se completaba con talleres, hornos, almacenes, viviendas para los obreros, canales, presas y hasta establos para los animales de tiro, junto con un mesón con fonda. La leña para los hornos de la industria se extraía de los bosques del contorno y con saltos de agua en los ríos se daba fuerza a los ingenios hidráulicos de las máquinas de la factoría. Fueron sin duda los primeros altos hornos modernos de la historia de España. Para ellos cogía los afamados caolines de burela, material refractario de gran calidad que hizo que alguno de estos hornos aguantase décadas enteras para asombro de los técnicos ingleses que visitaron la fábrica.


Al principio se fabricaron en Sargadelos aperos de labranza, artículos domésticos e industriales, herrajes y herramientas. El gobierno quiso comprar el factoría para unirla a las nuevas fábricas de municiones y armamento que se estaban levantando en Trubia y Oviedo/Uviéu (Asturias) pero no lo pudo conseguir, aunque Ibáñez Gastón firmó un buen contrato con el Ministerio de la Guerra para hacer munición y suministros para la artillería, llegando a tener la consideración de oficial superior del Real Cuerpo de Artillería.


Ahora, en lo mejor de su carrera empresarial, se animó a poner en marcha otras tres industrias, una de cerámica, otra de textil y una tercera de vidrio. Eran las Reales Fábricas de Sargadelos, instalándose entre los años 1804-06 y poniendo al frente de ella a Correira de Saa, técnico portugués que ya había demostrado su buen hacer dirigiendo la cerámica de Vilanova de Xía en San Antonio do Valle da Piedade (Portugal). Ponía en práctica los ideales de la Ilustración según los cuales cualquier persona tenía derecho a lograr sus máximos objetivos vitales sin importar el estamento social de su nacimiento, algo inaudito para la época. En 1807 salieron a la venta las primeras piezas de la que sería la famosísima Cerámica de Sargadelos y en ese mismo año comenzó el montaje de la fábrica de vidrio, pero su trágica muerte no le iba a dejar ver este proyecto hecho realidad. En 1808, cuando se tramitaba la concesión del título de Marqués de Sargadelos estalló el Motín de Aranjuez y a continuación llegó la francesada o invasión napoleónica.


Placa en honro del Marqués de Sargadelos en la fachada norte de la Casa do Concello de Ribadeo

Su vida empresarial, política y social, de un nivel poco visto en aquel entonces, fue sin duda alguna fudamento tanto de alabanzas como de críticas. Se ha escrito mucho sobre las causas reales de este dramático linchamiento, y casi hay opiniones para todos los gustos. Obligado como estaba a tratar con las más altas intancias del Reino, tal vez sus enemigos pensaron que era partidario de Godoy y por lo tanto afrancesado aunque cuando empezó la guerra con Francia tanto él como su familia se pusieron del lado de combatía a los franceses, uno de sus hijos luchó en Zaragoza y dos de sus yernos estaban movilizaos para hacer frente a las tropas de Napoleón.


Del Marqués de Sargadelos, como siempre se le conocería, se dice se llegó a donar sus caballos para emplearlos para tirar de los cañones. De nada le sirvió ante el encono de las enemistades labradas contra él. En enero de 1809 las tropas francesas ocuparon Ribadeo proclamando rey a José Bonaparte y las autoridades locales no plantearon oposición, siendo no obstante una táctica muy empleada para evitar represalias sobre la población civil. Una contraofensiva los echó de allí y tras un bombardeo de la villa los soldados napoleónicos se retiraron hacia Mondoñedo por miedo a un cerco. Entonces se dio uno de esos actos de violencia tan desgraciadamente comunes en todas las guerras. Ante un vacío momentáneo de una autoridad capaz, grupos de gentes se dedican al latrocinio o a las venganzas y cuentas personales. Era el dos de febrero de 1809 cuando una turba asaltó el pazo del Marqués, lo detuvo y lo saquéo, linchando a Antonio Raimundo Ibáñez de una forma terrible y cruel. Su mujer murió a los pocos días de la horrible pena e impresión mientras una de sus hijas se dice se volvió loca. El cadáver estuvo abandonado en el lugar durante horas ofreciendo un tremendo espectáculo de escarno, sin ropa y prácticamente descuartizado. Dos vecinos llamados Marcos Fernández y Fancisco Castro al fin se lo llevaron y fue enterrado secretamente en la iglesia del convento franciscano de Ribadeo.

Iglesia del antiguo convento franciscano de Ribadeo, actual parroquial
El porqué gentes de la misma zona se aplicaron con tanta saña en este asesinato ha dado siempre pie a muchas conjeturas, unos afirman que fueron azuzados por la aristocracia y el alto clero que veía en las prácticas comerciales del marqués un peligro de la Ilustración frente a los intereses del Antiguo Régimen incluyendo un arribismo social de la cada vez más preponderante burguesía frente a la nobleza, así como la aparición del proletariado. Para otros autores la razón sería prácticamente la contraria, envidias y también quebrantos ante unos pretendidos abusos del Marqués que aspiraba precisamente a ejercer algún tipo de poder señorial en la zona, pues ya en 1798 había padecido el asalto por parte de 4.000 campesinos de sus fábricas en Sargadelos, siendo la primera vez que su vida corrió peligro por estas causas. No se excluye que entonces unos explotasen el descontento de los otros, (tal y como se puso de manifiesto en el proceso judicial abierto a posteriori) haciendo correr rumores como que las fabricas no iban a pagar los derechos de la leña, en competencia directa con las necesidades de la población local, fuesen el detonante de aquel asalto que posteriormente se repetiría diez años más tarde en el mismo domicilio familiar.


Ciertamente, pasado el momento de rabias, iras y revanchas, no se tardó en lamentar el inmenso error de esta salvajada y se repuso la memoria del Marqués de Sargadelos.Sus funerales de celebraron en la cercana villa asturiana de As Figueiras (Figueras) y su figura sería recordada con admiración hasta nuestros días, tal como la mundialmente famosa Cerámica de Sargadelos, exisitendo asimismo una Asociación de Amigos de Antonio Raimundo Ibáñez que mantiene vivo su legado.


En la Praza do Campo, el busto al ilustre Ribadense José María Alonso y Trelles Jarén "El Viejo Pancho", poeta y escritor gauchesco uruguayo nacido en Ribadeo en 1857, contempla estos notables edificios y lugares.


No muy lejos, otro monumento de interés, el convento de Santa Clara.