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miércoles, 1 de abril de 2015

LA NAO VICTORIA: ODISEA DE MAGALLANES Y ELCANO "PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME"

Imágenes de la nao Victoria en el actual puerto deportivo de Gijón/Xixón, antiguo puerto de pescadores, mercancías y carbones
Dos años después del descubrimiento de América, en 1494, el Tratado de Tordesillas supuso un verdadero "reparto del mundo" en dos esferas de influencia, tanto por derechos de navegación, como de comercio, conquista e intereses en general, entre la corona española y la portuguesa. Casi inmediatamente se sintieron los efectos de ese reparto, los barcos españoles no podían navegar en aguas de jurisdicción portuguesa ni viceversa, a riesgo de verse apresados, confiscados sus bienes y encarceladas sus tripulaciones. De esta manera el comercio de las especias, uno de los bienes más preciados de la antigüedad, quedaba seriamente comprometido.


Las especias, condimentos de origen vegetal que dan aroma y sabor a los alimentos, pero también empleadas como conservantes y para hacer medicinas y perfumes, eran conocidas desde la noche de los tiempos en el orbe europeo, pues algunas como el anís y la mostaza son de procedencia mediterránea. Sin duda por ello los fenicios ya establecieron un comercio por mar basado en esta cara mercancía, importando además nuevas especias desde el lejano oriente a través de la navegación por el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, un comercio que continuó con egipcios, persas, griegos y romanos.


De esta manera al tomillo, azafrán, jenjibre, pimienta y otros muchos ya utilizados en la época clásica se fueron uniendo la canela, la vainilla y muchos otros, extendidos notablemente por Europa a través de la cocina y la medicina árabes, popularizando salsas y sabrosas recetas. Además de las siempre arriesgadas y no siempre posibles rutas comerciales marítimas, largas caravanas unían Asia y Europa con este menester. En un primer momento la invasión árabe afectó seriamente a las rutas, lo que obligó a que las nuevas especias fuesen cultivadas en los reinos europeos, aunque de forma totalmente insatisfactoria para el mercado por su escasez pues era algo únicamente reservado a los más pudientes. Las cruzadas reabrieron momentáneamente este comercio con los árabes, haciendo prosperar a ciudades especializadas en esta actividad mercantil, propiciando los viajes de numerosos mercaderes como Marco Polo, quien tanto influirá con los relatos de sus viajes en las nuevas exploraciones. Pero el cierre definitivo de estas vías por la expansión del Imperio Otomano hizo casi imposible el mercado de especias, llegando estas, cuando las había, a unos precios astronómicos, rivalizando con el oro y la planta incluso. Esto supuso un durísimo golpe para el occidente cristiano, pues ya en el siglo XIV raros eran los lugares donde no se condimentaban los alimentos con algún tipo de especias.


Para "burlar" ese bloqueo los portugueses abrieron la ruta hacia la India y las Islas de las Especias (Molucas) a través del Cabo de Buena Esperanza hacia el Índico y no descartaron explorar el Mar Tenebroso o Atlántico, sin duda atraídos por leyendas de navegaciones antiquísimas, buscando un paso por el oeste. Ya hacía tiempo que estaba más que demostrada la redondez de la Tierra pero, conocedores por sus acertados cálculos de la distancia de su diámetro, no hacían rentable sino imposible, una ruta comercial atravesando el inmenso mar. No todos estaban de acuerdo, un navegante de discutidos orígenes afirmaba que estos cálculos eran erróneos, que el planeta era más pequeño y que era perfectamente factible abrir esa ruta hacia las Indias. Su iniciativa fracasó en Portugal y en España, tras la unión de los reinos de Castilla y Aragón y la conquista de Granada, tuvo éxito in extremis después de muchísimos avatares. En 1492 zarpó con una nao y dos carabelas, con patricionio de los reyes tras unos acuerdos difíciles (Capitulaciones de Santa Fé) pero en paupérrimas y terribles condiciones. Logró atravesar el Atlántico y mantuvo hasta su muerte que aquellas tierras enran ya las Indias, puerta abierta a China, India y las preciadas islas de la especiería. No se tardó verdaderamente en sospechar que aquello era otra cosa, un nuevo continente pero, a pesar de las evidencias, Colón mantuvo su teoría pues si no, aquellos acuerdos quizás quedasen, como quedaron, hechos papel mojado.


Aún Colón navegaba en nuevas expediciones cuando tanto los Reyes Católicos como otras monarquías, patrocinaban otros viajes y otros descubrimientos. Vinieron de las Américas nuevas especias y nuevos cultivos, pero la deseada ruta al lejano oriente por el Índico quedaba en manos portuguesas tras el mencionado Tratado de Tordesillas.


En el año 1519, reinando ya Carlos I de España, se pone en marcha la Armada de las Especias con cinco naos: la nao capitana Trinidad, la nao Victoria, la Santiago, la San Antonio y la Concepción. La idea: buscar un paso que enlazase el Atlántico con el Pacífico (entonces Mar del Sur, recién descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513 atravesando vía terrestre el itsmo de Panamá), haciendo lo mismo que los portugueses en África pero en América, hacia el oeste. Los adelantos en la navegación propiciados por esta era de descubrimientos tal vez ya hiciesen no solo posible sino también rentable esta epopeya.


La nao era uno de esos adelantos, ya empleado por Colón pues la Santa María era una nao. Básicamente se trataba de un barco de tres mástiles de vela cuadrada y castillos de proa y de popa. Se trataba de una evolución de barcos medievales de inspiración vikinga, los knarr o barcos mercantes de casco redondo y mástil único de vela cuadrada (no cunfundir con los épicos drakkar de exploración y combate). Su sucesor fue la llamada coca del medievo, que fue con el tiempo adoptando mejoras como el timón de codaste que sustituyó al de espadilla y fue propio de las primeras naos de la baja Edad Media, las cuales adoptarón además un segundo y luego un tercer mástil más. Tuvieron castillo de popa, como las cocas, pero también uno de proa, detalle este las diferenciaba de las carabelas, otra nueva embarcación, así como por disponer de un francobordo más alto que estas y de un bauprés o mástil de proa. Su nombre llega a través del catalán nau desde el latín navis (nave, barco).


Era capitán general de la "Armada para el descubriento de la especiería"  Fernando de Magallanes (Fernando de Magalhaes o Fernado de Magalhaes), militar, marino y navegante portugués nacido en 1480 en Sé, Oporto, aunque Vilanova de Gaia y Ponte da Barca reivindican este nacimiento. Era de linajuda estirpe, su padre Rui de Magalhaes era hidalgo de la casa conde de Faro y ocupó cargos como alcalde de Aveiro y juez oridinario, procurador de cámara y concejal de Oporto, mientras su hermano Aires de Magalhaes llegó a ser subdiácono de Braga en 1509. Fernando de Magalhaes o Magallanes comenzó sirviendo como paje en la corte de la reina Leonor, casada con Juan II de Portugal. En 1505 se enroló en la Armada de la India y estuvo varios años en ese país apoyando al primer virrey portugués Francisco de Almeida para expulsar a musulmanes y venecianos de sus enclaves comerciales y marítimos, participando en combates: Goa, Cochin, Quiloa, Diu al igual que en la conquista de Malaca, logrando una buena promoción por sus méritos. Era su compañero y amigo (quizás también primo) Francisco Serrao, quien se quedó en oriente para partir en la primera expedición a las Islas de la Especiería, llegando a ser consejero militar del Sultán de Ternate, mientras Magallanes retornaba a Portugal y participaba en diversas operaciones militares del norte de África, no sin recibir cartas de Serrao en las que le hablaba de estas Islas Molucas y de sus demandados productos. 


 En 1514 Magallanes cayó en desgracia tras un caso de lo que hoy llamaríamos corrupción por comercio ilegal con los habitantes de Azamor (en el actual Marruecos), perdió sus cargos y aunque tuvo oportunidad de trabajar como marinero un año después rechazó la oferta, dedicándose a estudiar las cartas de su amigo con el cosmógrafo Rui Fabeiro. Decepcionado sin duda con las autoridades portuguesas, buscó un paso hacia el Mar del Sur vía Océano Atlántico y sospechó que las Molucas estaban dentro de la zona de influencia española del Tratado de Tordesillas. Con esta idea ambos viajaron a Sevilla y ofrecieron sus servicios, gozando de tan buena acogida (Magallanes se casaría allí en 1517 con Beatriz Barbosa, pariente suya) que pronto les dió grandes valedores, como el obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca. Gracias a ello Carlos I los nombra capitanes en marzo de 1518 y luego comendadores de la Orden de Santiago, encargándoles ilusionado la realización de su proyecto, junto con unas excelentes condiciones como el monopolio de la ruta por diez años y el cargo de gobernadores junto excelentes ganacias y concesiones


Enseguida se pusieron manos a la obra, contratadando a un buen grupo de marineros (entre 32 y 60 por nao) abundando sobre todo vascos y portugueses entre los que aparecen varios de sus parientes y hasta su esclavo Enrique de Malaca, adquirido en Sumatra los años de sus servicios en las Indias. Muchos castellanos desconfiaban de los portugueses, pese a que el rey de aquel país quiso que se lo entregasen para encarcerlarlo e incluso rompe agriamente con Faleiro. Esto amargaba seriamente los preparativos que se estaban realizando para armar las naves en Sevilla, agravado todo ello por la falta de fondos hasta que una vez más el obispo de Burgos intervino en su favor, logrando que el comerciante Cristóbal de Haro apoyase económicamente la expedición, además de aportando productos para canjear por las especias. Antonio Pigafetta, cronista y geógrafo veneciano, que sería uno de los supervivientes de la expedición, narraría todos los pormenores de la aventura.


Por fin salen las naos de Sevilla el 10 de agosto de 1519, aunque las labores de avituallamiento prolongarán su estancia posterior en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) hasta el 20 de septiembre. Harían arribada en las Canarias y pasarían frente Cabo Verde y Sierra Leona para cruzar el Atlántico y llegar a la bahía de Guanabara, actual Río de Janeiro, el 13 de diciembre. En el Gran Río de la Plata (ya explorado parcialmente en 1516 por Juan Díaz de Solís) perdieron todo un mes en la búsqueda de un paso de uno a otro océano hasta que al ir estrechándose el magno estuario tuvieron la triste confirmación que por allí no era posible. 


A partir de entonces fueron abandonando las tierras más o menos conocidas de la Plata para buscar infructuosamente un paso al Mar del Sur en lo que bautizó Magallanes como la bahía de San Julián el día de ese santo, donde al desembarcar encontraron a nativos de alta estatura, los aonikenk, a los que apodaron con el mote de un gigante novelesco, Patagón, denominándose desde entonces este extenso territorio Patagonia.


El 31 de marzo de 1520 los expedicionarios se asientan en el lugar donde ahora es Puerto San Julián, celebran misa el Domingo 1 de abril y Magallanes decide pasar allí el invierno. Pero lo inhóspito de la zona, el frío intenso, la poca luz y la escaséz de alimento, la decepción por no encontrar un paso, la desilusión y el cansancio ante la perspectiva de quedarse parados durante meses hacen mella en la marinería. A decidir el capitán general de la flota reducir las raciones los capitanes de las otras cuatro naos firman una petición oficial de regreso a España. Recibida con rotunda negativa deciden, junto con parte de la oficialidad y tripulación de las naos Concepción, Victoria y San Antonio (la nao Santiago capitaneada por Juan Serrano se mantiene nominalmente fiel tal vez por ser demasiado pequeña para el combate) asesinar a Magallanes, que dirigía la flota desde la Trinidad, en un complot que es rápidamente descubierto y desbaratado en un confuso enfrentamiento


El castigo es severo pues Luis de Mendoza, tesorero de la Armada y capitán de la Victoria, es apuñalado en una celada cuando recibía a cuatro emisarios en un bote para pactar un posible arreglo de la situación. Otras naves rebeldes se rinden y Juan de Cartagena, capitán de la San Antonio e Inspector General o Veedor de la Armada es muerto y descuartizado, perdonándosele la vida a Gaspar de Quesada de la Concepción gracias a que su mando como capitán fue dado por el mismo Carlos I, aunque se le abandonaría a su suerte con un sacerdote participante en el motín, Pero Suárez de la Reina, quizás el mismo capellán de la expedición y en el lugar que pasaría a llamarse Isla San Julián o Isla Justicia desde entonces. 


Habrá más penas y ejecuciones, como el ahorcamiento de un oficial en un paraje que 67 años después sería llamado por el corsario inglés Francis Drake Punta Gallows (Punta Horca), al descubrir restos del patíbulo. Posteriormente se perdonaría a otros cuarenta amotinados condenados a muerte entre los que se encontraba Juan Sebastián Elcano, contramaestre de la Concepción. El suceso, que traería consecuencias inmediatas haría correr numerosa tinta y literatura en siglos venideros, cuando disculpando cuando acusando a unos y a otros.


Mientras permanecían invernando Magallanes ordenó a la nao Santiago el reconocimiento de la costa más al sur, perdiéndose en una tormenta al ser arrastrado y destrozado contra las rocas del ahora conocido como río Santa Cruz, salvándose todos menos un grumete esclavo negro del capìtán, que pereció ahogado aquel día mayo de 1520. Poco antes hubo otro doloso episodio de disciplina al ser castigado con ser arrojado al mar el grumete de la Victoria Antonio Varesa tras ser acusado de sodomía.


La tripulación superviviente informó eso sí de haber encontrado mejores fondeaderos de abrigo más al sur y el 18 de octubre zarparon las naos a iniciar su exploración en busca del paso a los mares del sur, llegando el 21 de octubre a lo que bautizaron como el Cabo de las Once Mil Vírgenes conmemorando el día de Santa Úrsula. Magallanes ordenó a la Concepción y la San Antonio que se adelantasen a explorar el territorio. Pasaron dos días y la Trinidad y la Victoria aguardaron su regreso temiéndose lo peor pues hubo temporal, pero al fin las vieron llegar más o menos desarboladas anunciando que había un estrecho tal vez factible de atravesar. 


Convocados todos ante el hallazgo, Magallanes desveló que, una vez allí continuarían hacia las Molucas, lo que fue discutido por otros de sus capitanes, que manifestaban que era un grave riesgo al no haber comida nada más que para tres meses y que sería mejor regresar a España para realizar una nueva expedición con más avituallamiento. Magallanes afirmó que una vez hecho la mitad del viaje nada le haría retornar sin concluir la empresa. El 1 de noviembre, día de Todos los Santos, emboca por fin el que resultaría ser el esperado paso al Mar del Sur y le denominaría con esta advocación.


Surcando las aguas del que sería conocido como Estrecho de Magallanes este mandaría que la San Antonio y la Concepción se aventurasen por un canal entre las islas mientras la Trinidad y la Victoria lo harían por otro, quedando en volver a los tres días al punto de origen para informar. En un principio todo fue bien pero la San Antonio se adelantó mucho a su compañera que era más lenta o "menos marinera". 


En esta circunstancia estalló un nuevo motín a bordo en el que, no sin heridas por la confrontación, el piloto Esteban Gómez tomó el mando, desandó lo andado durante la noche y desertó, iniciando la ruta de regreso a España no sin antes arribar a la Isla San Julián y recoger a los amotinados allí abandonados a su suerte en la anterior sublevación. Después de un arduo viaje llegaría a España y la tripulación (unos 50 pues tuvieron una baja durante el viaje) afirmaría que el resto de la flota había sucumbido.


La Concepción pasa con alegría el gran canal luego de las penalidades de atravesar un laberinto de islas y canales,  pero espera sin éxito a la San Antonio. Las tres naves se reunirían y esperarían en vano durante cuatro días. A Magallanes la idea de deserción le parecía absurda y prefería creer que se habían perdido o naufragado. 


 El 27 de noviembre llega al deseado Mar del Sur, al que Magallanes rebautizaría como Océano Pacífico, al encontrarlo en profunda y serena calma, que es como se le llama desde entonces. Enfilaron entonces el rumbo de las Molucas, por suerte sin tempestades, pero hasta las islas Marianas no pisaron tierra firme y la comida prácticamente se acabó en tres meses de durísima travesía de hambre y escorbuto en la que se comieron hasta las ratas, por las que se pagaban verdaderos dinerales, cuero y serrín y el agua se pudrió. 


Grande fue pues el alivio cuando el 6 de marzo de 1521 avistaron una isla , quizás la actual Isla de Guam en el archipiélago de las Marianas, donde los nativos, que comerciaban con los de otras islas, acudieron raudos en sus lanchas con comida y agua, pensando que, pese a que eran gentes para ellos desconocidas, estarían acostumbrados a su vez al comercio y trueque. Lamentablemente los expedicionarios pensaron que se trataba de un generoso regalo y los aborígenes, contrariados por la falta de pago, abordaron de noche los barcos sigilosamente y se llevaron todo el hierro que puedieron pues era metal desconocido para ellos. Ello provocó las iras de Magallanes que ordenó una expedición de castigo para incendiar sus aldeas, causando varias muertes entre los chamorros o habitantes de este archipiélago al que denominó por ello Islas de los Ladrones.


Seguidamente serían los primeros europeos en explorar las Islas Filipinas (nombre en honor de Felipe II que les daría en 1542 el español Ruy López de Villalobos), desembarcando en Samar el 16 de marzo y llegando a la conclusión acertada que habían completado el proyecto de Cristóbal Colón de llegar a los mares de China y Cipango, en el extremo oriente. El territorio, aunque inexplorado por occidentales, ya era "familiar", tanto es así su esclavo Enrique de Malaca se podía comunicar con los indígenas en su lengua. Ello propició una alianza con jefes tribales como el Raján Humadon de Cebú, quien se bautizó con su esposa e, impresionado por las armas de los europeos, convenció a Magallanes para participar en un combate con su rival Lapu-Lapu de la Isla de Mactán.


 Desembarcando en la isla con solo 49 hombres e incendiando un poblado ocasionó una reacción de 1.500 guerreros enemigos. Magallanes ordenó la retirada pero algunos hombres aislados quedaron rodeados y esto hizo que la batalla se prolongase durante horas. Herido por una flecha envenenada en la pierna y por una lanza en el brazo siguió combatiendo y esto permitió que se salvaran la mayor parte de los marineros. No obstante, al ser reconocido como el jefe, un grupo de guerreros lo rodeó y le dio muerte con lanzas y espadas.


Duarte Barbosa, navegante portugués y uno de los supervivientes, fue nombrado capitán de la Armada y capitán de la nao Victoria. Desgraciadamente siguió implicado en aquellas guerras tribales y pereció en una encerrona: enfrentado con Enrique, el esclavo de Magallanes, al que amenazaba con enviarlo de vuelta a Portugal como esclavo de la viuda de Magallanes. Enrique de malaca confabuló con el Rajá Humabón que, simulando ser amigo, invitó a Duarte y alguno de sus hombres a un banquete, siendo envenenados el 1 de mayo, solo cuatro días después de la muerte de Fernando de Magallanes. Queda ahora de jefe, nombrado en Mindanao, el español Gonzalo Gómez de Espinosa y en la nao Victoria llega a capitán Juan Sebastián Elcano. 


La falta de marineros para maniobrarla ocasiona el triste abandono de la Concepción, siendo quemada ante la isla de Bohol. Ambos capitanes se desentienden de más sinsabores y llegan por fin a las Islas de las Especias, las Molucas, objetivo geográfico y comercial del viaje, ya conocidas por chinos y persas desde siglos atrás y desde donde iniciaban su periplo comercial hacia Europa. Ahora los portugueses ejercían su presencia y sin duda no estarían muy contentos si se enterasen de la llegada de estos serios contrincantes mercantiles de la corona española, ayudados para encima por no pocos compatriotas lusos.La Trinidad se quedó en el puerto de Tidore pues navegaba mal y ambas naos decidieron separarse, Juan Sebastián Elcano seguiría al oeste hacia España y Gonzalo Gómez de Espinosa regresaría al Pacífico rumbo a América. Tras tres meses de reparación emprenderían navegación el 6 de abril de 1522 con 54 hombres, su objetivo era tomar la ruta de Panamá pues tenían malos recuerdos del Estrecho de Todos los Santos. Hallaron corrientes contrarias, sufrieron tempestades, quebrantos, extravío de la ruta y muertes. Por si no fuera poco resultaron dañados el mástil mayor y los dos castillos, por lo que acordaron regresar a las Molucas para probar suerte con el itinerario encargado a Elcano. Los portugueses, con establecimientos en las cercanías, apresaron a los 17 supervivientes, quienes previamente habían solicitado ayuda dado su lamentable estado, y les confiscaron todo, obligándoles mismamente a trabajos forzados en la construcción de una fortaleza. Muy pocos lograrían después de tiempo regresar a España. 


 Portugal seguiría manteniendo sus derechos sobre las Molucas, lo que ocasionó conflictos con España que también establecería algunos dominios las islas, pero al final el archipiélago será definitivamente ocupado por los holandeses (en concreto la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, primera multinacional del mundo) y en 1663 los españoles abandonarán su último baluarte de Tidore. En el siglo XIX los ingleses las ocuparán breve tiempo durante las guerras napoleónicas y tras ellas revertirían a Holanda quien las mantendría hasta la invasión japonesa de 1941, Imperio del Sol que necesitaba terriblemente una nueva "especia", el petróleo. En 1945 la vuelta al dominio holandés de las Molucas se haría imposible y formarían parte de la Indonesia independiente desde 1949.


Elcano estuvo al mando de la expedición de vuelta a España en la nao Victoria. Este marinero vasco nacido en Guetaria en 1476 se enrolaría en embarcaciones pesqueras y mercantes desde niño, en su juventud participó en combates de la armada de guerra.Veterano de la batalla de Argel de 1509, tras ella se quedó a vivir en Sevilla, donde se embarcaría en 1519 en la Armada de la Especiería, comenzando como contramaestre de la Concepción. Perdonado por su participacion en el motín de Puerto San Julián, continuó toda la singladura hasta llegar a mandar la única nave superviviente, la nao Victoria. Para retornar a España se arriesgó a recorrer mares de asignación portuguesa pero evitando cualquier riesgo de contacto con estos peligrosos competidores en las rutas especieras. Así arribó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 con otros 17 tripulantes sobrevivientes.


 Dos días más tarde arribaban a Sevilla donde se procedió a descargar las especias, motivo de la odisea, reultando comercialmente muy rentable a pesar de las pérdidas en vidas y en barcos y material, lo cual favoreció futuras navegaciones por las nuevas rutas. Carlos I le concedió al Elcanao una renta de 500 ducados al año en oro y el famoso escudo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero me circundaste). Como consecuencia, la tripulación de la nave "desertora", la San Antonio, sería juzgada por traición al descubrirse la realidad. Elcano Fallecería cuatro años más tarde en esta misma nao Victoria, víctima del escorbuto, en una nueva travesía a las Molucas. El 5 de marzo de 1927 se botaba en su honor el buque-escuela que lleva su nombre: Juan Sebastián Elcano
 

Es necesario resaltar que en el listado de supervivientes NO APARECEN 13 INDIOS DE LA ISLA DE TIDORE. La relación oficial de tripulantes que volvieron es esta: 

Juan Sebastián Elcano de Guetaria (Guipuzcoa)
Francisco Albo, de Axio, isla cercana a Rodas
Miguel de Rodas
Juan Ancurio de Bermeo
Martín de Judicibus, genovés de Judicibus
Hernando de Bustamante, de Mérida
Andrés Hans, de Aquisgrán
Diego Gallego o Carmena, de Bayona, Galicia
Nicolao de Nápoles o el Griego, de Nápoles
Miguel Sánchez, de Rodas
Francisco de Rodas, de Sevilla (aparece en otros documentos como portugués)
Juan Rodríguez, de Huelva
Antón Hernández Colmenero, de Huelva
Juan de Arratia o de Sahelices/Saylices, de Bilbao
Juan de Santander o Santandrés, de Cueto, Cantabria
Vasco Gómez Gallego, de Bayona, Galicia.
Juan de Zubileta, de Baracaldo
Antonio Lombardo o Pigafetta, de Lombardía

No figuran en el listado, pues no regresaron, los cuatro asturianos participantes en la odisea, Pedro Hernández de Ribadesella/Ribeseya, Miguel de Pravia, Gutierre o García de Tuñón (Santo Adriano) y Juan de Oviedo. Naturalmente sí aparecen en la Relación de expedicionarios


Por su parte el único barco que regresó de los cinco de la expedición, la nao Victoria seguiría dando servicio hasta que desapareció en el Atlántico, regresando a España desde Santo Domingo. Su nombre viene de la iglesia de Santa María de la Victoria, iglesia del popular barrio Sevillano de Triana en la que Magallanes juró fidelidad al rey Carlos I.



En 1992 se hizo una réplica de la misma para la Expo de Sevilla. Construida esta en Isla Cristina, provincia de Huelva, tuvo un mal comienzo y penosa botadura pues al no tenerse en cuenta las mareas volvó en el ceremonial del 22 de noviembre de 1991, pero tras ser convenientemente reparada fue expuesta para tal evento en el sevillano puerto de Triana junto con las réplicas de la nao Santa María y las carabelas la Pinta y la Niña de Cristóbal Colón. Fue restaurada en el año 2004 y dio la vuelta al mundo participando en la Expo Aichi 2005 de Nagoya en Japón.


 En el 2009 zarpó del Puerto Santa María hacia Guetaria, cuna de Elcano, desde entonces acá realiza continuas singladuras siempre con motivos culturales, históricos, solidarios y de concienciación social. Una fundación se ocupa de sus actividades y mantenimiento, la Fundación nao Victoria.


La presencia española con posesiones directas en el Pacífico, tanto Filipinas como otras islas y archipiélagos, se mantuvo hasta el desastre del 98 y la guerra con Estados Unidos, así como posteriores tratados con Alemania en 1899, si bien en los últimos años incluso se discutió sobre la posible soberanía aún vigente sobre enclaves concretos, principalmente la célebre Micronesia Española, oficialmente el gobierno ha dado por zanjado definitivamente el tema.