| Castroverde desde el Camino de Vilabade. A lo lejos la ciudad de Lugo |
A 20 kilómetros aproximadamente de la ciudad de Lugo, la villa de Castroverde, capital del concello del mismo nombre, señala, tras la bajada del Alto da Vaqueriza bien por Vilalle o bien por Vilabade (los dos caminos señalizados), que el Camino de Santiago ha ganado la chaira o llanura lucense, no tan llana como asegura su nombre, pero cuyas suaves colinas y llanadas intermedias constituyen un importante cambio orográfico en el Camino Primitivo, que ha dejado atrás los puertos de sus etapas más montañeras por el occidente asturiano y el oriente galaico de A Fonsagrada y Baleira
Castroverde se halla también en una muy importante encrucijada: el antiguo camino interior entre Asturias y Galicia, de la Sancta Ovetensis a Lugo y a Santiago de Compostela, se cruza aquí con el que comunica la costa, vía Mondoñedo y Meira, con la meseta rumbo a Os Ancares, El Bierzo y Astorga, ambos muy empleados por peregrinos y arrieros, entre otros viajeros y transeúntes de los caminos de antaño
Lo que sí que vemos porque lo tenemos de frente, es el albergue público de peregrinos, inaugurado en el año 2012 en esta hermosa ribera de Tarrío, a la entrada de Castroverde
Un sendero de losas se dirige a él. A la derecha hay un tronco seco, muy blanco, es el histórico castaño conocido como el Castiñeiro de Soutomerille, en mala hora derribado
"El edificio fue proyectado en Enero de 2.009 por el arquitecto Jesús Bouza Fernández. Mientras que la dirección facultativa, fue de mano del arquitecto José Ignacio Vila y el arquitecto técnico Javier Gómez Crespo llevó la ejecución de las obras. Obras que comenzaron en Noviembre de 2.011. Está construido en madera y cristal y tiene una superficie de 490 metros cuadrados. Se elevó unos 80 centímetros sobre el piso del suelo, para evitar las humedades de las cercanas fuentes del Arroyo de Tarrío (“Tras do Río”), que dibujan un meandro que bordea el solar por el Este. La cubierta tiene amplios voladizos para disfrutar del aire libre en el buen tiempo".
El Rego de Tarrío pasa subterráneo bajo la carretera y luego sigue a la izquierda de las casas del barrio, al otro lado de la LU-530, dando sus aguas un poco más allá al río Tórdea, afluente del Neira que es a su vez tributario del Miño, al que pertenece esta cuenca fluvial
"La presencia de cigüeñas en la provincia de Lugo se ha incrementado en las dos últimas décadas, de 200 parejas en 2004 a una estimación actual de 800.
El aumento de estas aves no se trata sólo de una cuestión numérica, sino también de territorio. Así, en décadas pasadas podían encontrarse en Lugo y Ourense, mientras que en la actualidad se extienden ya por las cuatro provincias gallegas. En la lucense se centran en la zona centro, en Terra Chá, Sarria y en el entorno de la capital, si bien su presencia es constante también en Lemos, Val do Neira, Chantada y A Ulloa.
Este crecimiento ha llevado a la Sociedad Española de Ornitología (Seo Bird Life) a actualizar el censo de cigüeñas en España, datos que no se renovaban desde 2004.
El incremento de estas aves en territorio gallego se debe, como explica Óscar Rivas, ornitólogo de la Asociación Galega de Custodia do Territorio, a un proceso de adaptación, ya que las cigüeñas han sabido aprovechar los recursos brindados por la proliferación de vertederos que les aseguran alimento. También las zonas de agricultura extensiva sirven de recurso para las cigüeñas, que emplean estas áreas para encontrar comida. Rivas asegura que la protección de determinados territorios es también un factor clave para la recuperación de estos ejemplares.
Al borde de la desaparición
Estas aves de la familia Ciconiidae vivieron los años 70 amenazadas, llegando al borde de la desaparición en la década siguiente. En los 80, la provincia de Lugo tan solo acogía a dos o cuatro parejas de cigüeñas lo cual, en palabras de Óscar Rivas, supone un "cambio notable".
Actualmente, los ejemplares más jóvenes continúan migrando y haciendo su ruta hacia África en los meses más fríos. Sin embargo, hay una tendencia a la sedentarización que, como afirma Rivas, es una actitud de las cigüeñas adultas. Estas prefieren pasar otoño e invierno en las áreas más cálidas, fundamentalmente en el centro y el sur peninsular, como en las marismas del Guadalquivir o los regadíos de las Vegas Altas del Guadiana.
Así, en los últimos 20 años, las provincias gallegas y especialmente la zona de Lugo, han presenciado un aumento de nidos en las alturas a donde regresarán las cigüeñas para ocupar lo que son ya sus hogares".
La construcción de esta carretera se prolongó largamente, unas cuantas décadas, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, pero cuando por fin se inauguró permitió el paso de carros y carruajes, mejorando notablemente las comunicaciones y el comercio, del que eran secularmente activos los arrieros de Astorga. En 1850, el Diccionario de Madoz decía así:
"El comercio principal es el que le proporcionan las ferias quincenales, concurridas por arrieros y maragatos que acuden con sus recuas a vender artículos de primera necesidad, toda clase de comestibles, utensilios de madera, cobre, hierro, etc., para los labradores; clavos y más herrajes, quincallería y telas del país, así como a la compraventa de ganado y exportaciones de la comarca".
El proyecto se publicó en diciembre de 1866 pero no se terminó completamente hasta diciembre de 1894. Entonces pudieron, entre otras cosas, establecerse las primeras líneas regulares de viajeros en carruaje o diligencia, así como un correo efectivo y una mejoría en el transporte de mercancías
"Va a ser un hecho, al fin. La salida de esta villa será a las seis de la mañana, para llegar a Lugo a las nueve. Y saldrá de Lugo a las tres de la tarde, en viaje de regreso (...). Ahora se podrá hacer el viaje en un día, con bastante tiempo para despachar cualquier negocio. Lo cual, como fácilmente se comprenderá, no es poco, ahorrando tiempo y gastos"
Tengamos en cuenta que estamos en una travesía urbana y el tránsito de vehículos puede ser en ocasiones importante y continuo, por lo que, para cruzar, iremos a hacerlo por el paso de peatones
"La antigua fortaleza del siglo XIV, perteneció a Álvaro Pérez Osorio duque de Aguiar y señor del condado de Villalobos por donación de Henrique II. Un siglo más tarde Sancho Sánchez de Ulloa, conde de Monterrey, se apoderó del castillo, que a su muerte hereda Isabel de Castro, prima de Sancho. Ya en el siglo XVI, Lope Osorio de Moscoso, de la casa de Altamira, compró el castillo, la villa y las tierras. Actualmente es propiedad privada".
Sin embargo es factible entrar hasta el mismo solar del castillo y llegar al pie de la vieja torre, que es lo que mejor se conserva de él. En una porción de lo que queda de las antiguas murallas se encuentra una inscripción que fue del Hospital da Fortaleza, uno de los hospitales de peregrinos que existieron en la villa, destaca el historiador Ricardo Polín en O Camiño Primitivo de Santiago, artículo publicado en la revista Lvcensia nº 6 (año 1993)
En el núcleo de Castoverde se constata la existencia de un hospital de peregrinos en el año 1287 y en 1307 también se reseña en una escritura entre el obispo de Lugo don Rodrigo Martínez y un tal Paio Miguélez, posiblemente situado en la antigua malatería de San Lázaro, cuya capilla, a la salida hacia San Miguel do Camiño, existió hasta época moderna. Al lado de la iglesia habría estado el de San Bartolomé, que fue construido "en la época de Felipe V según una inscripción fragmentada que se conserva en una de las casas de la villa, fue derribado en 1814", explican en la web del Concello de Castroverde
"Aquí existían dos hospitales: San Lázaro y San Bartolomé. Su administración se llevaba a cabo bajo la autoridad de Su Majestad; el primero percibía unos ingresos de 493 reales de vellón, y el segundo, 100. Ninguna de las dos instituciones cubría los gastos de atención o manutención de los pacientes, los cuales corrían por cuenta de los propios individuos. Un administrador cuyo nombre ha quedado registrado fue don Juan José Osorio y Omaña, residente en Santa María Madalena da Pena".
Este sendero de tierra de A Veiga es como si, nada más entrar en el casco urbano, hubiéramos salido de él. Se le llama Rúa do Médico, sin especificarse a qué médico o médicos podría referirse, lo que nos da por pensar que sería el camino que seguiría algún doctor de la antigua villa para atender a sus pacientes
Tras un poco de bajada, la senda, muy verde y bella, recorre, estrecha, el borde del gran campo llano de A Veiga. Sobre las antiguas ferias de Castroverde y su origen dice así el estimado cronista y erudito historiador Xosé María Gómez Vilabella en su blog dentro de la serie Castroverde na historia y no presente:
"En Castroverde, se accedía al recinto ferial a través de un paso estrecho —una especie de «puerta de la caridad»— enmarcado por un arco de piedra toscamente labrada. Apenas era lo suficientemente ancho para que pasaran aquellos autobuses de uso mixto que llevaban el letrero de «Ferias y Mercados». En este estrecho pasadizo se apostaban los mendigos; a ellos también hay que mencionarlos, pues forman parte de la historia, un sombrío retrato de una época crítica:
Postrado sobre una tabla de madera provista de cuatro pequeñas ruedas del mismo material, y sentado encima de una piel de cabra —junto a otras almas desdichadas, todas a la espera de un gesto de misericordia—, se encontraba aquel veterano de Filipinas. Los tagalos, hartos de España y de los españoles, le habían cercenado ambas piernas. Aquel hombre —o mejor dicho, lo que quedaba de él: ¡un fragmento vivo de medio siglo de historia!— recogía monedas de cobre en un cuenco desportillado; un cuenco que, cuando él se daba la vuelta sobre su tabla con ruedas, le servía también de orinal.
A pocos pasos de este veterano de Filipinas se hallaba el leproso. Era joven en años, pero, en todo lo demás, un anciano en proceso de descomposición. Su voz parecía surgir de la mismísima tumba: «Por las benditas almas de sus difuntos...», decía, ¡acompañado por un perrillo a su lado!
Un poco más allá, uno se topaba con una joven de cabello oscuro —¡o tal vez fuera simplemente la mugre lo que la oscurecía!—. No sostenía ningún plato, solo tenía la mano extendida. Era madre de tres niños pequeños, con menos de un año de diferencia entre ellos. Algún sinvergüenza —o quizás dos, o tres— se había aprovechado de aquella mujer indefensa, dejándola atrapada en aquel purgatorio, ¡sufriendo por los pecados ajenos!
De semejante miseria se pasaba al reino de la riqueza —¡o, al menos, a lo que por aquel entonces considerábamos riqueza!—. Allí estaban las piteiras —las mujeres que vendían aves de corral—, quienes se confabulaban para fijar los precios de las gallinas, los huevos, la mantequilla y el queso. Chorizos, manteca, tocino... Los artesanos estaban —¡estábamos, yo entre ellos, junto a los demás!— en la parte central, al fondo de los puestos. Las ovejas y las cabras se encontraban más arriba, en las laderas de A Lomba; y el ganado mayor —terneros, vacas, burros, caballos...— estaba más adelante y más abajo, bajo los árboles más grandes, cerca del arroyo. En los puestos se hallaban los vendedores, que habían llegado de sabe Dios dónde; incluso desde La Maragatería.
Las pulpeiras y rosquilleiras aportaban una nota de color —y de sabor, para aquellos pocos que podían permitirse tal extravagancia—. Otro lujo era el fotógrafo ambulante: un hombre que llevaba un pajarillo en una jaula y que, al asomar la cabeza por una manga extraordinariamente ancha, daba la señal para que el ave saliera, de vez en cuando, por la abertura del objetivo de la cámara... ¡solo para saludar a la persona a la que estaban fotografiando! En aquellas fotos apenas se ven sonrisas; se tomaban, sobre todo, para enviarlas a quienes estaban lejos, ya fueran soldados o emigrantes.
El dinero obtenido por la venta de ganado solía ir a parar a los bolsillos de los hombres, mientras que lo recaudado por productos menores —aves de corral, huevos y similares— acababa en los delantales de las mujeres. Sin embargo, rara vez permanecía allí mucho tiempo; ¡desaparecía —por mucho que hubiera!— en unos cuantos paxelos (pequeñas medidas de grano o productos similares)... y en una libra de chocolate para llevar a alguna mujer que acababa de dar a luz; ¡pues siempre había alguien en esa situación, ya fuera en la propia familia o entre los vecinos! Los tratantes de ganado —casi siempre forasteros— venían principalmente en busca de mulas: ¡los «motores» con destino a Castilla! Los carneros se enviaban a Madrid, y también a Barcelona, pasando por Zaragoza. En una época, el Ejército fue uno de los principales compradores de nuestros caballos y mulas; aunque su llegada —incluso cuando venían de paisano— infundía temor, pues solían rebajar los precios, pagando apenas el cincuenta por ciento de su valor. El resto se lo embolsaba el capitán, ¡para engrosar su «fondo reservado»!
En las ferias de antaño, era necesario registrarse con antelación para evitar la competencia de los vendedores «clandestinos», es decir, aquellos que no pertenecían al gremio correspondiente.
Las actividades comerciales no desaparecieron durante la Edad Media, a pesar de los trastornos que nos condujeron al feudalismo. Durante los siglos VIII y IX, la economía agraria predominaba de forma abrumadora en toda Europa occidental, especialmente aquí, en la región de la «Iberia húmeda». Este contexto dio lugar a mercados locales que se celebraban en fechas concretas y establecidas —programadas cuidadosamente para no interferir con otros señoríos—, en los cuales se compraban y vendían mercancías, herramientas e instrumentos relacionados con las actividades de la época.
Estos mercados —estas ferias locales— se celebraban bajo la protección de la autoridad pública (feudal, naturalmente), la cual garantizaba la seguridad de las personas y de las transacciones dentro de un ámbito territorial local y limitado. Esto se lograba mediante la denominada «paz de mercado»: una forma de protección jurídica rigurosa que los monarcas fueron asumiendo gradualmente como parte de su potestad de mando y sanción (ejercida a través del bannus, el cautum, el coto rexio, etc.). En el caso concreto de Castroverde, confluían dos tipos de protección jurídica: la «paz de mercado» y la protección especial otorgada a nuestro Camino, el cual gozaba de un estatus legal específico y de una supervisión dedicada".
"La llegada del tren a Lugo facilitó el transporte de ganado, lo que impulsó notablemente la cabaña ganadera en Castroverde. Lo que más llamaba la atención de los niños en estas ferias eran los juramentos que hacían los tratantes, acompañados de un sonoro choque de manos (la palmata). En su origen, se trataba de un juramento sagrado —una promesa inviolable arraigada en una tradición ancestral, un compromiso de fidelidad o fides pacta—.En las ferias nunca faltaban los pícaros ni los granujas; sin embargo, los habitantes de Castroverde gozaban de fama de ser gente seria y de fiar, pues siempre tomaban sus precauciones... ¡por si acaso! Eran habituales prácticas como las arras (señal o pago a cuenta), el sistema de wadia (transmisión pública de la propiedad) y la presencia de fermes (testigos). Estos contratos feriales —independientemente de la modalidad de wadia empleada— solían sellarse mediante una roboratio (o robra, término que aún se utiliza en la zona). Esto se formalizaba con un convite o banquete, conocido como alboroc, xantar o «comida de robra». Más allá de la pervivencia del derecho romano, aquí resulta evidente la huella de las fórmulas jurídicas suevas, lo que constituye una prueba más de su asentamiento en estas tierras.¿Y qué queda hoy de aquellas ferias? Poco más que pasear, saludar a los amigos, hacer algún recado en el supermercado... ¡y poca cosa más! Eso sí, ¡todavía nos queda el polbo (pulpo)! ¡Mientras haya pulpo, la feria sigue viva! Por cierto, no olviden que las ferias de Castroverde se celebran cada quince días, alternándose con las de Meira, ¡que siempre ha sido nuestra gran rival!"
El prado es un gran pastizal, en el que suelen verse algunos caballos, dividido en varias fincas entre el Campo da Feira y el camino que va a Covelas, parroquia al sur de la villa de Castroverde, que menciona la web del concello entre sus límites:
"La parroquia de Castroverde mide un cuarto de legua a lo largo de sus ejes y una legua y media de circunferencia; se estima que recorrerla por completo llevaría dos horas a paso ligero. Su límite comienza en el mojón de Pena Parda e incluye —entre otros puntos de referencia— el lugar del túmulo funerario (medorra) de A Valiña, San Miguel de Covelas, Os Picos Monteiros y Pena Cabalgada; desde allí, la línea continúa hacia la capilla de San Lázaro —ya desaparecida—, que la separaba de San Miguel, y prosigue a través del mojón de Riazor, el Rego das Forxas y Chao da Serra".
Así en 1343, se cita una tierra lindante con la ruta jacobea llamándola camiño francés, a lo que se añaden más documentos entre 1398 y 1402 con frases como "junto a çerca do castello... e fere de testa eno camiño francés", explica Ricardo Polín, quien en otra de sus obras, la guía Camino Primitivo a Santiago de Compostela, dice así:
"Es por ello que en el siglo XVIII aún se conservaban dos fundaciones hospitalarias en torno a esta villa condal: el hospital de San Bartolomé y el de San Lázaro, con capilla en la salida hacia San Miguel do Camiño, percibiendo ambos numerosas rentas. Incluso el antiquísimo monasterio de San Martiño de Bolaño (referido en el año 897) incluía los servicios de un hospital de peregrinos y transeúntes que accedían a este hermoso valle por la calzada medieval enlosada procedente de Meira y Mondoñedo en sentido transversal".
La llanura de A Veiga revela nuestra llegada a la chaira de la Comarca de Lugo, entidad supramunicipal a la que pertenece Castroverde, continuidad hacia el sur de la famosa Terra Chá
Vamos saliendo de A Veiga y pasamos junto al muro posterior de una de las naves de Almacenes Rico, empresa que tiene entrada por la rúa Rosalía de Castro
Hemos de estar atentos al ocasional paso de vehículos, pues a la izquierda hay un almacén de material de construcción. Fijémonos también en el hermoso tejo que hay detrás de la torre
Un vallado sigue separando esta corredoira de la rúa do Médico de las fincas de la izquierda, donde hay algunos frutales, jardines y un frondoso bosquete
De frente son las casas de la rúa Alcalde Abraira, donde se acaba esta subida, al menos de momento
No tiene nada que ver con subidas a puertos y sierras, pero a estas alturas del Camino los peregrinos ya llevan muchos kilómetros a sus espaldas y todo esfuerzo se cobra su tributo en sudores y fatigas
El Camino pasa pues siempre muy cerca de dicha rúa principal de Castroverde, por lo que en cada cruce podríamos desplazarnos hacia ella, donde están los comercios, farmacia, pensiones, etc.
De frente es la rúa Curros Enríquez, poeta gallego del Rexurdimiento. Por ella podríamos ir directamente a la iglesia, pero el Camino señalizado nos indica ir a la izquierda, por la rúa Alcalde Abraira
Aquí tenemos en esta columna de cierre de este jardín de bellísimos y coloristas rosales las placas de la concha y la flecha pertinentes. Recordemos SIEMPRE que la flecha amarilla es el único símbolo inequívocamente direccional del Camino de Santiago, INDEPENDIENTEMENTE de la posición de la concha
En cuanto a la rúa, decir que está dedicada a quien fuera alcalde de Castroverde, Sabino Abraira, vinculado a la restauración del Pazo de Vilabade, que era de su familia
Poco caminamos por esta rúa y poco tramo por lo tanto en llano. Nada más pasar el portón de la casa del rosal cruzaremos a la derecha
Fijémonos en el mojón indicador, pues no es demasiado difícil que nos pase desapercibido si caminamos un poco despistadamente
Aquí tenemos, empezando la cuesta, un magnífico caserón estilo casa-bloque, de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas con alta chimenea
Sus paredes son parte de mampostería y parte de sillería, esta en los vanos (puerta y ventanas) así como en parte de la fachada. "A vila de Castroverde ten casas de dúas e de tres plantas. As máis antigas, en boa pedra de granito, e as modernas…,¡tenden a ir mellorando! ", exclaman en la entrada del Concello de Castroverde dedicada a la parroquia de Santiago de Vilariño
Dejamos a la izquierda la entrada a la finca de esta primera casa y continuamos de frente por la cuesta de O Outeiro, aquí a pleno sol
Pero ya decimos que es corta, poco más allá de la segunda casa enseguida se acabará, a un paso ya de la iglesia y de la Casa do Concello
Es Casa Cando, espléndidamente rehabilitada y reformada para alojamientos rurales, orientados tanto a viajeros y visitantes como a peregrinos
Hay aquí un primer cuerpo de planta baja con acceso a la finca. Un poco más adelante a la derecha está la explanada de los aparcamientos
Y desde aquí vemos parte de los edificios de la rúa Rosalía de Castro, la zona más netamente urbana de Castroverde, con A Serra do Padrairo, también llamada do Miradoiro, Mirador, Vaqueriza, Vacariza (ambas formas escritas con 'B' o con 'V') Serra da Ferradura... por donde bajan los caminos a Vilabade y a Vilalle que confluyen en el barrio de Tarrío
Su silueta es alargada, por lo que su cumbrera es como una alta colina de altura bastante similar en su crestería, destacando la cota del Pradrairo con sus 1.029 metros de altura sobre el nivel del mar
La casa de la izquierda, con sus placas solares, es la de la tienda de Alimentación Serra antes mencionada. Detrás está la explanada de las fiestas, donde se encuentran el colegio público, el polideportivo y otras instalaciones a las que se llega por la rúa Alcalde Xetas, curioso nombre del que se ocupa Silvia Iglesia en el periódico El Progreso del 5-3-2025 con el artículo ¿Quién era el alcalde Xetas y por qué hay una calle en Castroverde con su nombre?:
"José Fernández Díaz era un hombre echado para adelante, quizás por arrastre del nombre de la familia, la de Xetas. Gobernó Castroverde en 1950 y desde su puesto impulsó la localidad hacia la carretera. Falleció con su mujer en un fatídico accidente.
A quién se le va a ocurrir llamarle a un alcalde xetas? En Castroverde hay una calle que, inevitablemente, recuerda al término castellano jetas, pero detrás de la anécdota más o menos curiosa está el alias de una familia de la parroquia de Barreiros de la que saldría un hombre que mientras gobernó su municipio durante siete años, entre 1950 y 1957, dio un impulso a la localidad.
Pese a tratarse de tiempos en los que la dictadura franquista se hacía fuerte, él, pese a su pensamiento conservador, resultó ser "un dos alcalde máis prolíficos e carismáticos da historia do concello, un avanzado ao seu tempo", recuerda el historiador, profesor y cronista oficial de Castroverde, Ricardo Polín, quien recogió y narra la historia de este personaje.
José Fernández Díaz, cuenta Polín, fue, quizás por herencia y arrastre, una persona atrevida, "sempre tirando para adiante e abordando a idea de progreso que traía na cabeza cando regresou de facer a vida fóra, vencendo as reticencias que dominaban na aldea", en la de Barreiros en particular y en Castroverde en general.
Se refiere así al tiempo que Xetas estuvo emigrado en México, donde trabajó en una fábrica de cinturones y maletas. Hasta allí seguiría viajando años más tarde para atender los negocios, por lo que, detalla Polín, "non é raro que en 1936 aparecese doando 200 pesetas nunha campaña de subscrición Pro avión en Lugo". Allí también sería donde forjaría su carácter emprendedor, "mesmo antes de asumir responsabilidades políticas no ámbito municipal".
Nunca perdió el vínculo con Barreiros y, de hecho, convirtió su casa natal, la Casa de Arriba, en una escuela pública, para luego llegar a promover la construcción de escuelas de niños y niñas en la propia localidad de Castroverde. Estaban dotadas, como era habitual en la época, en el segundo tercio del siglo XX, de vivienda para el profesorado.
Estas aulas se mantendrían con plena actividad hasta principios de la década de 1980.
Las primeras frisonas de Santander
En ese interés perpetuo por modernizar la tierra en la que había nacido, Xetas levantó una innovadora granja para la que importó las primeras vacas frisonas llegadas desde Santander, cuenta Polín, "malia a desconfianza mostrada polos paisanos porque eses animais non servían para o traballo do campo nin viñan adaptadas a este medio", acostumbrados a la labor que desempeñaba el ganado del país.
Xetas fue también impulsor del primer pozo de purines y el primer silo de hierba verde del municipio. Años atrás, en 1938, José Fernández ya había enviado ganado vacuno a la Intendencia Militar como importante productor local.
Hizo también un aserradero de madera y, en consonancia con ese arreón inicial al medio rural, abrió vías forestales y permitió el acceso directo a cada parcela. Todo ello sin haber llegado ni siquiera los tractores.
También introdujo la plantación de pinos. No sabía mucho de aquella nueva especie, pero arriesgó. Puso muchos y densos y luego tendría que escogerlos, un trabajo al que se dedicaron jornaleros que también acabarían pelando los troncos para preparar los puntales precisos para las minas asturianas.
Estrenó la nueva casa consistorial de castroverde
En cuanto a las infraestructuras, fue en 1951, poco después de aterrizar como alcalde, cuando inauguró la nueva casa consistorial de Castroverde. Tenía alcaldía, oficinas, juzgado y consultorio médico y veterinario, detalla Polín, y sustituía el viejo consistorio en la Praza da Fortaleza, que funcionaba desde había un siglo.
Esa decisión supuso, sin pretenderlo, un cierto abandono de la zona histórica alrededor de la torre para apostar por la orilla de la carretera, que había sido abierta en el siglo XIX.
Bajo su mandato se destinarían 345.211 pesetas no solo al nuevo consistorio, sino también a la dotación del nuevo campo de la feria y sus pendellos.
En esa época llegó a Castroverde el cuartel de la Guarda Civil junto al Grupo Escolar Unitario de Niños y Niñas. Y en 1960, darían por fin fruto sus gestiones para dotar de abastecimiento de agua a la localidad desde A Liñeira, en la sierra de Vilabade.
Agrega el cronista que Xetas supo resistir los escollos y presiones de las familias más pudientes que se oponían a los cambios que él proponía, e incluso puso dinero de su propio bolsillo. "O secretario advertíalle perante os seus ambiciosos proxectos que non había diñeiro. El, golpeando coa man dereita o peto no que tiña a carteira, dicía: Temos diñeiro, temos".
Casado con la vasca Beatriz Ahedo, el matrimonio fallecería el 22 de junio de 1962 en un trágico accidente de tráfico cerca de La Bañeza, en León, al chocar su vehículo con un camión que iba en sentido contrario. Ambos descansan en el cementerio de Barreiros.
Una calle con su nombre lleva al campo de las fiestas
Una calle de 200 metros creada en la década de 1980 bajo el mandato del médico David González García como alcalde del municipio de Castroverde. Conduce desde la carretera LU-530, la que une Lugo con A Fonsagrada, hacia el campo de la fiesta de Castroverde y a la parte trasera de las instalaciones del CPI.
Aquella nueva vía llegaba para honrar a José Fernández Díaz al ser nombrada Rúa do Alcalde Xetas.
A esta calle, que lleva también a Montecubeiro, Bolaño y Pol, se le dio forma sobre el área medieval de A Ferraría, explica Ricardo Polín, "entre o emblemático e antigo saltadoiro coñecido como O Cancelo Mouro e o paso da estrada da Fonsagrada, onde o veterano Pacón de Serra, decano dos comerciantes, mostraba os seus bocois".
¿Qué hay allí?
Hoy en día, a la calle del alcalde Xetas dan un lateral de la residencia de atención a personas mayores O Castro y otro lateral de la tienda Serra Alimentación.
A unos metros se encuentra Talleres Díaz, así como el espacio en el que se desarrollan, entre otras actividades, las verbenas con motivo de las fiestas patronales de Castroverde, que se celebran cada año en julio, en honor a Santiago Apóstol".
"La batalla de Montecubeiro (en latín Mons Cuperius) fue un enfrentamiento armado en el que las tropas astures comandadas por el rey Silo derrotaron los rebeldes que en Galicia se habían alzado contra la dominación asturiana. Culminó con la definitiva incorporación de las tierras gallegas a la Monarquía asturiana.
La zona septentrional de Galicia había sido anexionada a Asturias por el rey Alfonso I, que impuso como obispo en Lugo a Odoario, un refugiado cristiano de la antigua provincia romana de África. En las décadas subsiguientes, particularmente durante los años de gobierno de Fruela, tanto en Galicia como en otras regiones periféricas se desarrollaron ciertas tendencias secesionistas que pugnaban por liberarse del dominio político asturiano.
Pero fue durante el reinado del rey Silo cuando tuvo lugar una revuelta que tanto la Crónica Rotense como la Sebastianense describen como generalizada. Para sofocarla, las tropas asturianas avanzaron por la calzada romana que unía Oviedo y el centro de Asturias con las poblaciones de Lugo y de Iria Flavia e interceptaron a los rebeldes gallegos a la altura de Castroverde, donde los derrotaron.
Según el canónigo compostelano Antonio López Ferreiro en la parroquia de Montecubeiro existen dos castros, los de Maxide y Sarceda, que quizá pudieron servir como refugio a las tropas gallegas frente asedio asturiano".
La casa que vemos ahora en medio es la del Bar y Restaurante O Camiño antes reseñado. Allí arranca la Travesía de Montecubeiro precisamente, que comunica con el barrio de A Fortaleza, cuyo monte de O Castelo con la Torre do Homenaxe asoma sobre los tejados de la izquierda
Ya se dijo también que el castillo se asienta sobre un castro galaico, pero el lugar debió de estar siempre fortificado o refortificado, pues la fortaleza dominaría el condado de Flammoso, uno de los once que componían la división sueva de Galicia y antecedente del dominio señorial de esta comarca, llamada así por el río actualmente denominado Chamoso (de chama 'barrizal, lodazal'), que forma pasillo natural en la salida de Castroverde hacia Lugo
Y entonces, según la leyenda, uno de los antiguos condes de Flammoso que tenían aquí solar socorrió a los defensores de Lugo durante el asedio musulmán del año 714, entrando con vituallas (panes y carneros), parte de las cuales hizo tirar por las murallas a los hambrientos sitiadores para que pudiesen celebrar la Pascua, causándoles fuerte desmoralización la abundancia de que parecían disfrutar los sitiados, por lo que levantaron el cerco pero fueron luego perseguidos y vencidos por las tropas del señor de Castroverde
Y esta es la razón por la que en el escudo de Castroverde figuran la Torre do Homenaxe, el pan y el carnero, el bollo o bolo que, según también la leyenda, dio nombre a la parroquia de Bolaño, cuyo monasterio de San Martiño recogía a los romeiros que venían de Mondoñedo y Meira. Pero mejor compartamos lo que nos cuentan al respecto en la entrada de la web del Concello de Castroverde dedicada a este escudo y su historia (quien entienda el gallego que lea, por supuesto, la versión original, obra del gran cronista Xosé María Gómez Vilabella):
"Aprobado en la sesión plenaria del 25 de marzo de 1992: El primer cuartel, sobre campo de sinople (verde), presenta un castillo de plata, con la sillería perfilada en sable (negro) y las aberturas en gules (rojo). El segundo cuartel, sobre campo de gules (rojo), muestra un cordero de plata, yacente, acompañado en el cantón siniestro del jefe por un bezante de oro.
Ostenta una corona de conde, lo cual resulta apropiado dado que el lugar sirvió como sede del Condado de Flammoso, uno de los once condados establecidos bajo la división sueva. El río Chamoso nace en las inmediaciones de nuestro castillo; de hecho, la toponimia suele constituir el testimonio más fiable al que puede recurrir la Historia. En su mismo nacimiento, sus aguas incipientes riegan los extensos prados del Val Verde (Valle Verde). Cabe señalar que el rey Alfonso III firmó varios documentos en esta fortaleza —¡quizás una propiedad que perteneció a alguno de sus propios antepasados!— encabezándolos con la fórmula: In Castrum de Vallis Viridis ...
Asimismo, esta página incluye un fragmento de un antiguo mapa del Galitiae Regnvm (Reino de Galicia), que muestra claramente la alineación de Lugo con Castro Verde y las tierras de Burón, extendiéndose hacia la Pars Astvriae (la región asturiana), un territorio con el que hemos mantenido un vínculo histórico significativo.
El castillo —o lo que queda de él— fue construido bajo el patrocinio de los condes de Lemos, siendo objeto, probablemente, de modificaciones posteriores y notables mejoras por parte de sus ilustres propietarios sucesivos. En 1514, su entonces dueño, Alonso Niño de Castro —Merino Mayor (magistrado principal) de Valladolid—, vendió la villa, la fortaleza y las tierras de Castroverde y Luaces al conde de Altamira por 5.500.000 maravedís; ¡una fortuna para la época! Originalmente, se trataba de un castro; y como castro permaneció cuando los romanos planificaron, dotaron de puentes, pavimentaron y atravesaron sus tierras con la Vía Lucus Augusti – Gigia.
Hoy en día, se están llevando a cabo importantes esfuerzos orientados a su recuperación y restauración... ¡antes de que se derrumbe hasta la última piedra!
El bollo y el cordero encierran cierto misterio; resultaría fascinante saber dónde termina la leyenda y dónde comienza la historia. Lo presentamos aquí de buena fe, tal como nos lo contaron nuestros abuelos:
Durante el asedio de Lugo —quizás en el año 714—, cuando fuimos atacados por los seguidores de Alá (esos vecinos a quienes habíamos pedido un «préstamo» de fuerza, solo para descubrir que actuaban como usureros, apoderándose de todo el terreno, o, para ser más precisos, de la mitad), nuestro conde —el conde de Flammoso— acudió en auxilio de la ciudad. Dado que estas tierras siempre han servido como la mejor despensa de Lugo, se abrió paso a través del cerco, trayendo consigo una manada de terneros, ovejas, carneros y cabras, además de trigo y otras provisiones.
Una vez dentro de las murallas —donde los defensores permanecían, como era de esperar, inquebrantables—, llegó el día de la «Gran Pascua», la Kevira musulmana. El conde, conmovido por la penuria que sufrían los sitiadores, lanzó por encima de las murallas un rebaño de ovejas y carneros —vivos— para que los seguidores de Mahoma pudieran celebrar sus rituales. También les envió suficiente pan para garantizar que no les faltara nada en una ocasión tan solemne. Los musulmanes reflexionaron: «Esta gente resiste las heladas... y, por lo visto, están bien abastecidos; ¡incluso tienen huertos dentro de las murallas! ¡Será mejor que nos larguemos!».
Y se marcharon, aunque no hacia Astorga, en dirección al sur. Como eran bastante astutos —¡sin duda habían aprendido un par de cosas de los judíos!—, apenas salieron de Lugo tomaron la Vía do Castro Verde, con la intención de saquear todo lo que encontraran a su paso. Al darse cuenta de esto, Bol-año —pues ese fue el apodo que se le quedó— salió tras ellos como un jabalí enfurecido, y no paró hasta acabar con todos... ¡allí mismo, en Covadonga, junto a la Cueva de la Señora! El apodo terminó convirtiéndose en apellido e incluso dio origen al gentilicio de la parroquia de Bolaño, cuna de sus partidas de combatientes. Los descendientes de aquel señor —un hombre tan generoso como valiente— se multiplicaron de tal manera que, hoy en día, no es raro encontrar este apellido incluso en las Américas".
Siguiendo las señales, continuamos por la rúa do Outeiro, ahora en suave bajada junto a otra antigua casa de piedra restaurada
"Fundado hace un cuarto de siglo por César Pereira y su mujer María Labrada, posteriormente y hasta la fecha actual, ha continuado con la tradición del negocio su hijo Manuel Pereira y su esposa María Isabel Díaz, conservando siempre el encanto, buen servicio y la cocina elaborada propia de la zona.
Algunas de nuestras especialidades son el Menú del día de lunes a viernes, el Menú especial del peregrino y una amplia selección de platos a la carta como cabrito, bacalao, huevos con chorizo y la mejor ternera gallega además de servir las mejores tapas, bocadillos y raciones. Podrás degustar nuestro menú especial del peregrino y deleitarte con nuestros riquísimos huevos con chorizo".
Fijémonos en la ventana lateral, a la derecha, que fue en tiempos un balcón similar a los de la fachada principal. El hueco se tapó con ladrillos pero no se revocó
"Local con ambiente tranquilo y familiar donde podrá desayunar o tomar un café a primera hora de la mañana, además sirven cervezas, vinos, combinados, licores...", explican en Páxinas Galegas
Aquí está el cruce entre esta rúa do Outeiro con la rúa da Feira a la izquierda, la rúa Doctor Fleming a la derecha y, de frente, la Praza do Concello, por donde sigue el Camino
Y aquí tenemos la iglesia parroquial de Santiago de Vilariño. Al fondo, en la calle Doctor Fleming, está la Cafetería A Lenda, también con sus terrazas, otro muy buen lugar para desayunar, comer cenar, tomar algo si hacemos parada o pernocta, a un paso de la rúa Rosalía de Castro. Por aquí, haciendo un corto desvío, podríamos visitar A Fortaleza y O Castelo de Castroverde, acercándonos a la Torre do Homenaxe (véase la entrada de blog a ella dedicada)
La iglesia actual es del siglo XX pero construida sobre otra anterior que estaría en el cruce del Camiño Real o Camiño Francés entre Asturias y Galicia hacia Lugo y Santiago y el Camiño de Castilla de Mondoñedo y Meira a Os Ancares, El Bierzo y Astorga (ruta de peregrinación y arriería)
En la plaza y al lado de la capilla lateral meridional se encuentra el busto del político y sindicalista Manuel Cordeiro Pérez, nacido en la parroquia de Riomol, "Panadero de profesión, desde muy pronto colaboró activamente en el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT). Fue sindicalista y político socialista. Elegido diputado a Cortes por Madrid en junio de 1931, participó como delegado del Ministerio de Hacienda en CAMPSA. Asimismo, fue representante de la Mutualidad Obrera en la Comisaría Sanitaria y representante de UGT en la Comisión interina de Corporaciones. Gerente de la Mutualidad Obrera, perteneció a varios Jurados mixtos", según informa su entrada biográfica en Wikipedia,
"Nació en Castroverde, provincia de Lugo, en 1881.
Siendo aún muy joven, contaba entonces con diecisiete años, se trasladó a Madrid en busca de trabajo y de mejores perspectivas de vida que las encontradas en su provincia de origen. Allí trabajó inicialmente como aprendiz de dependiente de taberna y ultramarinos, aunque pronto comenzó en el que habría de ser su oficio, panadero, siendo su primer destino la fábrica de Pan de Viena que la familia Baroja tenía en la capital de España, donde conoció al escritor Pío Baroja. Cuando la práctica de este oficio se hizo difícil o poco remunerada por diferentes causas, Cordero trabajó también como mozo de imprenta en la Correspondencia Militar.
Aunque no tuvo oportunidad de asistir a ninguna escuela donde aprender a leer y escribir, su inteligencia natural, su fuerza de voluntad y su afán de superación hicieron que superara el analfabetismo, para lo que se ayudó de las organizaciones obreras y su red de centros educativos y culturales; posteriormente llegó a adquirir una formación cultural y societaria que lo encumbró hasta puestos de la máxima responsabilidad en el seno de la Unión General de Trabajadores (UGT) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Su autodidactismo y la fe que tenía en la instrucción como vehículo de emancipación individual y colectiva explican también la importancia que Cordero concedió siempre a la educación de la juventud obrera, materia sobre la que escribió tanto en El Socialista —del que fue redactor durante diez años— como en el Boletín del Sindicato de Artes Blancas, órgano en el que colaboró con no poca frecuencia sobre ése y otros temas, especialmente de carácter sindical. Fue esa “obsesión” por la formación de los obreros y especialmente por los jóvenes socialistas lo que hizo que, en medio de un relativo amplio debate sobre la necesidad o no de introducir el deporte en las organizaciones juveniles obreras, Cordero manifestase su opinión en contra al entender que la práctica del deporte organizado distraía de la verdadera finalidad de las Juventudes Socialistas, que no era otra que el estudio y la capacitación profesional, política y societaria.
Manuel Cordero inició su actividad militante en el Centro Obrero de la calle de Relatores y poco después, en 1905, se afilió al PSOE. Llegó a ser presidente del Sindicato de Artes Blancas de Madrid, uno de los más veteranos y emblemáticos de la ciudad, y más tarde, coronando su proyección societaria, de la Federación Nacional de Panaderos, desde donde desarrolló una gran actividad en pro de la centralización organizativa y financiera del oficio así como por la obtención de mejoras laborales y sociales para el mismo.
En 1919 se presentó a las elecciones municipales en Madrid, siendo elegido concejal y teniente de alcalde por los distritos de Hospital y Latina. Y aunque un año después formó parte de la candidatura socialista a las Cortes por las circunscripciones de Almadén (Ciudad Real) y Jerez de la Frontera (Cádiz), no resultó elegido ni en uno ni en el otro. Fue vocal obrero suplente del grupo Textil, Vestido y Tocado e Industrias de Lujo en el Instituto de Reformas Sociales entre los años 1920 y 1924, y representante socialista suplente en los Comités Paritarios puestos en pie por la dictadura del general Primo de Rivera. En mayo de 1930 fue elegido gerente-tesorero de la Mutualidad Obrera que los socialistas tenían en Madrid —había sido fundada en 1905 como cooperativa médico-farmacéutica y funeraria de los trabajadores asociados—, sin duda el cargo más importante dentro del Consejo Central que dirigía este organismo, cuya sede social se encontraba en un inmueble ubicado en la calle Eloy Gonzalo. Durante la gerencia de Cordero, la Mutualidad llegó a tener once farmacias a su disposición y diez consultorios médicos donde se ofrecían los servicios de medicina general, cirugía, partos y enfermedades de la mujer, otorrinolaringología, enfermedades de la piel, oftalmología y difteria. Estuvieron afiliados a la misma unos doce mil quinientos obreros y gracias a su experiencia Cordero publicó algún trabajo sobre ella y sobre el mutualismo en España en las páginas del Almanaque de El Socialista para 1933.
Manuel Cordero fue igualmente vocal de la Comisión Ejecutiva de la UGT, cargo en el que permaneció ininterrumpidamente entre 1914 y 1932; en el Comité Nacional de la central sindical desempeñó en 1935 la vocalía de la Federación de Artes Blancas.
Formó parte también de la Comisión Ejecutiva del PSOE desde 1928 hasta 1939. Y representó tanto al partido como al sindicato ante diversos organismos internacionales sindicales y políticos.
En las elecciones a Cortes celebradas en 1923 resultó elegido diputado por Madrid, si bien su actividad parlamentaria fue muy breve debido al pronunciamiento que en septiembre de ese mismo año encabezó el general Primo de Rivera. Se presentó de nuevo, ya en la República, en las elecciones a Cortes constituyentes de junio de 1931, volviendo a ser elegido. Presidió en la Cámara la Comisión de Responsabilidades que debía juzgar las responsabilidades del régimen monárquico y de la dictadura primorriverista, lo que le valió ser el centro de una dura campaña orquestada por la derecha política contra dicha Comisión y contra los dirigentes de la UGT que ocupaban cargos políticos.
Como representante del PSOE perteneció a la Comisión electoral que negoció el programa del Frente Popular de cara a las elecciones de febrero de 1936 y más tarde al Comité Central que coordinó las candidaturas frentepopulistas.
Su labor de publicista se encuentra en diversos artículos repartidos en la prensa socialista —escribió, además de en El Socialista y en el Boletín de las Artes Blancas, en la revista Acción Socialista— y en el libro Los socialistas y la revolución, aparecido en 1932. En esta obra hace una valoración muy positiva de la revolución que, según él, se realizó en España el 14 de abril de 1931 y que acabó con los obstáculos tradicionales que impedían el desarrollo del país. Explica también los factores —de orden autodefensivo fundamentalmente— que a su juicio motivaron la actitud del movimiento socialista ante la dictadura de Primo de Rivera. Finalmente, justifica la participación ministerial de los socialistas en el Gobierno de la República, que juzga muy conveniente para los intereses de los trabajadores y en consonancia con lo que venía ocurriendo en Europa desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial.
Durante la Guerra Civil siguió ejerciendo su labor como concejal y diputado provincial de Madrid. A su término, se exilió en Francia, desde donde pasó a Casablanca rumbo a la Argentina. El 14 de diciembre de 1940 llegó a Buenos Aires. Apenas unos meses después murió en esta ciudad".
"Castroverde saldó este domingo parte de la deuda histórica que tenía con uno de sus hijos más ilustres, el político socialista y líder sindical durante la Segunda República Manuel Cordero Pérez. El emotivo acto, en el que se descubrió en la Praza do Concello una estatua en su honor, contó con la presencia de familiares del homenajeado; el alcalde, Xosé María Arias; el presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé, o el cronista oficial de Castroverde, Ricardo Polín, entre otras personalidades y numerosos vecinos.
A pesar de ser una figura clave en la aprobación del sufragio femenino, la relevancia de Manuel Cordero -nacido en la parroquia de Roimil en 1885- pasó hasta hace muy poco desapercibida tanto en su municipio natal como en la provincia de Lugo. De hecho, la impulsora de este homenaje, Cristina Castedo, reconoce que conoció la trayectoria de este político casi de casualidad, "cando a miña nai mostroume un traballo de Xesús Trashorras no que facía referencia á labor feita por Cordero durante a Segunda República".
"Alucinei", admite esta estudiante de 20 años, cuando supo que aquel hombre nacido en el mismo municipio que ella fue clave en la aprobación del voto femenino que defendía Clara Campoamor en 1931 y que además "non dubidou en enfrontarse aos seus propios compañeiros políticos para defender ese ideal".
"Hasta ese día nunca oín falar del, nin no propio colexio de Castroverde faláronnos nunca del", explica Cristina Castedo, que una vez que supo la historia de su paisano le propuso al Concello la posibilidad de realizar algún tipo de homenaje que ayudase a conocer la trayectoria de este político. La idea encontró una excelente acogida por parte del gobierno local, traduciéndose en el homenaje celebrado este domingo.
En su labor de investigación para conocer la mayor cantidad de datos sobre la trayectoria de su paisano, Cristina Castedo también consiguió contactar con la familia de este destacado político, fallecido en Buenos Aires en 1941 y, de hecho, ayer asistieron al acto en Castroverde tres nietos y algún bisnieto, mostrándose todos ellos muy sorprendidos al conocer por primera vez el pueblo donde nació su antepasado.
Todas estas circunstancias hicieron que el acto de domingo fuera especialmente emotivo. Durante el mismo, se descubrió una estatua con el busto del político, obra del escultor Miguel Couto. Por su parte, los familiares de Manuel Cordero, que acudieron al homenaje desde Madrid, obsequiaron al Concello con una fotografía de su antepasado, acompañado de otros destacados políticos de la Segunda República.
El presidente de la Diputación, José Tomé, destacó la importancia del trabajo realizado por Cordero y "a súa loita pola igualdade real. Un feito polo que aínda hoxe seguimos loitando dende a sociedade e dende a política".
Ricardo Polín también subrayó la importancia de reivindicar la figura de Manuel Cordero, "por ser un símbolo de todos os que loitaron pola liberdade e cuxa labor foi posteriormente silenciada pola ditadura".
Polín acudió al homenaje con un elemento simbólico, como es el único libro escrito por Cordero Pérez -titulado Los socialistas y la revolución- en el que muestra los pilares fundamentales de su ideología y para el que pidió "a necesidade dunha reedición", con el fin de que no se pierda esa memoria.
El cronista oficial de Castroverde subrayó, en este sentido, que el homenaje a Cordero es, en definitiva, "un recoñecemento a un loitador pola liberdade, sobre todo, nun municipio que padeceu de forma moi directa as consecuencias da represión, con feitos como os de Montecubeiro ou apropia figura de Enriqueta Otero".
Dentro de los propios elementos simbólicos del acto, el grupo Zuncurrundullo interpretó Negra sombra para abrirlo y lo cerró con el himno gallego, mientras que las banderas republicana y feminista cubrieron parte de la estatua".
"Manuel Cordero Pérez. Nacido en Castroverde, Lugo, en 1883; fallecido en Buenos Aires (Argentina) en 1941. Llegó a Madrid siendo muy joven; trabajó primero como recadero en una taberna, después en una tienda de comestibles y, finalmente, como panadero. Desconozco cómo conoció a mi tía Ramona —nuera del expresidente Nicolás Salmerón y Alonso—, cuya familia lo acogió bajo su protección y le facilitó el acceso a la Casa del Pueblo, donde estudió con gran intensidad. Llegó a ser un dirigente de la Federación de Artes Blancas (panaderos, pasteleros, etc.) dentro de la Unión General de Trabajadores (UGT). Fue diputado socialista por Madrid en 1931, miembro de la Comisión Ejecutiva de la UGT entre 1914 y 1932, y formó parte de la Comisión Ejecutiva del PSOE de 1931 a 1939. Es autor del libro Los socialistas y la revolución (1932), entre otras muchas contribuciones.
Formó parte de la dirección de la Internacional Socialista y viajó a Ginebra en varias ocasiones como delegado ante la Oficina Internacional del Trabajo. Asimismo, fue miembro de los órganos directivos tanto del Partido Socialista como de la UGT. Durante la Guerra Civil, permaneció en Madrid, donde continuó su labor en el Ayuntamiento y en la Diputación Provincial. Al finalizar la contienda, logró escapar a Francia; más tarde se trasladó a Casablanca y, finalmente, partió hacia Argentina en diciembre de 1940. En Buenos Aires, colaboró en diversas publicaciones, mientras su esposa trabajaba como costurera para ayudar a cubrir los gastos del hogar. (...)
En una ocasión, mientras visitaba uno de los palacios de la familia March en Mallorca, me presentaron a una nieta de don Juan. Hablamos sobre las bellezas y los aspectos menos agraciados de Mallorca y, de repente, sin venir a cuento, le dije: «¿Sabe? El mundo es un pañuelo; resulta que soy del mismo pueblo que Manuel Cordero Pérez...».
No me dio oportunidad de continuar; en ese mismo instante, desapareció como un relámpago, dejándome allí solo, ¡como si le hubiera recordado al mismísimo Satanás! ¡Desde luego, estaba bien al tanto de la historia de su familia!"
Esta es la puerta sur del templo parroquial de Santiago de Castroverde o Santiago de Vilariño, suele estar cerrada, pero podemos decir que cuenta con importantes retablos e imaginería, destacando una imagen de la Virgen que vino de la capilla de A Fortaleza, así como un retablo de la misma procedencia, pero mejor que nos lo cuente también Gómez Vilabella:
"El retablo mayor es de grandes dimensiones y ocupa todo el testero del presbiterio; es de estilo neoclásico y de interés moderado, y presenta figuras de yeso. En cuanto a las capillas laterales, a la derecha se encuentra un retablo barroco con cuatro columnas salomónicas en el cuerpo principal y otras dos, más pequeñas y decoradas con racimos de uvas, en el ático. Incluye una imagen de San Roque de 0,70 m de altura. A la izquierda hay otro retablo barroco, dotado de cuatro columnas salomónicas bien proporcionadas y adornadas con prominentes racimos de uvas; esta pieza procede de la capilla del castillo. Adosada a la pilastra derecha del arco triunfal, sobre un pedestal de piedra diseñado con forma de castillo, se alza la «Virxe do Camiño» —también llamada «Virxe do Castelo» debido a su procedencia—. Se trata de una talla en piedra que data del primer tercio del siglo XVII y que fue restaurada en 1955. En la sacristía se conservan una imagen de Cristo (0,70 m) y dos cruces procesionales de metal, una de las cuales proviene del castillo. También hay dos cálices (0,25 m), uno de ellos moderno y dorado. El retablo barroco dedicado a la Inmaculada Concepción procede, asimismo, de la capilla de la fortaleza.
El escultor Paco Pestana, natural de Castroverde, describió así la imagen del santo patrón, Santiago: «...Siempre a los pies de Santiago y su caballito —absorto y con la mirada fija en el guerrero que está a punto de seccionar la media luna y la garganta del moro postrado—, yace un Mahoma hosco y ceñudo, que apenas parece una víctima...»
No se desconoce sin embargo al autor de un singular elemento en medio de la explanada de esta plaza, entre la iglesia y la Casa do Concello
Un ingenioso efecto para imitar la lluvia. la fuente se ha convertido en uno de los grandes símbolos de Castroverde y del Camino para muchos peregrinos
Son llamativos los gestos de los niños apiñándose debajo para que el agua no les moje, mirando todos hacia arriba. En Caminando por Galicia y más se nos dice que "simboliza la unión, la solidaridad y el refugio compartido"
"Funcionario jubilado, dedica el tempo libre a la búsqueda de maderas y raíces adecuadas para llevar a cabo sus proyectos artísticos. Pero esta no es su única afición, también la pintura, la restauración de muebles centenarios y los trabajos en piedra ocupan buena parte de su tiempo. A los doce años ya dedicaba su tiempo libre a la talla de figuras en maderas autóctonas. A ellos hay que añadir los paisanos y las figuras de barro que Darío modelaba por los muros y caminos de su pueblo o los camiones de cáscara de pino que hacía con su navaja".
Otra es la placa, también de bronce, conmemorativa del Camino de los Derechos Humanos, como las que ya hemos visto en algunas poblaciones y lugares de la ruta jacobea. Hay en total unas treinta, diseño del artista español dEmo (Eladio de la Mora) a lo largo de diferentes etapas de varios de los caminos de Santiago, dedicadas a cada uno de los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, patrocinadas por personas particulares, organizaciones privadas y estamentos públicos de todo el mundo
"El escudo de Galicia es uno de los símbolos oficiales de Galicia y tiene su origen en las antiguas armas del Reino de Galicia. Su elemento principal es un cáliz de oro sumado de una hostia de plata sobre campo de azur, acompañado de siete cruces, composición que constituye una de las armerías territoriales más antiguas documentadas de Europa occidental.
Las primeras representaciones conocidas de las armas gallegas aparecieron en armoriales europeos de finales del siglo XIII, como resultado de una interpretación heráldica parlante que relacionó el nombre de Galicia con la voz latina calix («cáliz»). A lo largo de los siglos, el escudo experimentó diversas transformaciones iconográficas, incorporando elementos como la hostia, las cruces o la custodia, aunque mantuvo de forma constante su identificación con el antiguo reino gallego.
Su diseño actual, heredero de la tradición heráldica desarrollada durante la existencia del Reino de Galicia, fue oficializado mediante la Ley 5/1984, de 29 de mayo, de los símbolos de Galicia, que lo describe como un escudo de azur con un cáliz de oro sumado de una hostia de plata y acompañado de siete cruces recortadas del mismo metal, timbrado con corona real cerrada.
En la actualidad, el escudo constituye el emblema heráldico oficial de Galicia y forma parte de la bandera de Galicia, además de ser utilizado por las principales instituciones de la comunidad autónoma
Elementos heráldicos
El artículo 3 de la Ley 5/1984, de 29 de mayo, de los símbolos de Galicia, establece la descripción oficial del escudo:
En campo de azur, un cáliz de oro sumado de una hostia de plata y acompañado de siete cruces recortadas del mismo metal, tres a cada lado y una en el centro del jefe. Al timbre, corona real.
Esta formulación recoge los elementos fundamentales de la tradición heráldica gallega y constituye la descripción oficial vigente desde 1984.
La composición actual del escudo es el resultado de una larga evolución iconográfica desarrollada entre la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Aunque su formulación legal fue fijada en 1984, todos sus elementos principales cuentan con antecedentes documentados en las representaciones históricas de las armas de Galicia.
El escudo consiste en un campo de azur cargado con un cáliz de oro, sumado de una hostia de plata y acompañado de siete cruces recortadas del mismo metal. El conjunto aparece timbrado con una corona real cerrada.
El cáliz
El cáliz constituye la figura principal y más antigua de las armas de Galicia. Su presencia está documentada desde finales del siglo XIII en diversos armoriales europeos que atribuyen estas armas al Reino de Galicia.
La interpretación generalmente aceptada por la historiografía especializada relaciona su origen con un arma parlante derivada de la semejanza fonética establecida por los heraldistas medievales entre «Galicia» y la voz latina calix («cáliz»).
A lo largo de los siglos, el cáliz permaneció como elemento constante de las armas gallegas, incluso después de la incorporación de la hostia y de las cruces.
La hostia
La hostia no figura en las representaciones más antiguas del escudo. Su incorporación se produjo progresivamente entre los siglos XVI y XVII, en un contexto marcado por la Contrarreforma y por el auge de la devoción eucarística.
La creciente identificación simbólica de Galicia con el culto al Santísimo Sacramento favoreció la transformación del antiguo cáliz medieval en una representación de carácter marcadamente eucarístico.
Desde el siglo XVII, la hostia aparece de forma habitual en las representaciones del escudo y terminó incorporándose a la descripción legal aprobada en 1984.
Las cruces
Las cruces comenzaron a incorporarse a las armas gallegas durante la Edad Moderna. Su número, forma y disposición variaron notablemente según las épocas y los autores, existiendo representaciones con cuatro, seis, siete o más cruces.
Desde el punto de vista heráldico, se trata de cruces recortadas, es decir, figuras aisladas cuyos brazos no alcanzan los bordes del campo del escudo.
La historiografía tradicional las relacionó frecuentemente con las siete provincias históricas del Reino de Galicia —Santiago, Betanzos, Mondoñedo, Tuy, Lugo, Orense y La Coruña—, aunque esta interpretación carece de una confirmación documental explícita para las representaciones más antiguas.
La legislación vigente fija definitivamente su número en siete, distribuidas tres a cada lado del cáliz y una en el centro del jefe.
La corona real
El escudo aparece timbrado con una corona real cerrada, símbolo de la dignidad regia históricamente asociada al Reino de Galicia.
La corona responde al modelo de corona real cerrada utilizado en la heráldica española desde la Edad Moderna y adoptado por la mayor parte de las entidades territoriales históricas integradas en la Monarquía española.
Su utilización como timbre quedó consolidada en la heráldica contemporánea gallega y fue recogida expresamente por la Ley 5/1984
Esmaltes
Los esmaltes empleados en el escudo de Galicia son el azur, el oro y la plata, conforme a la descripción establecida por la Ley 5/1984.
El campo del escudo es de azur, mientras que el cáliz es de oro y tanto la hostia como las siete cruces son de plata. Desde el punto de vista heráldico, el oro y la plata pertenecen al grupo de los metales, mientras que el azur forma parte de los colores. La composición respeta así la denominada «regla de los esmaltes», principio fundamental de la heráldica europea que prescribe la disposición de metales sobre colores o de colores sobre metales".
¿Quién es María Nogueira?María es una mirada que observa la realidad no solo de Castroverde, sino también de muchas otras localidades en el medio rural. Fotógrafa y viajera experimentada, hace algún tiempo decidió dejar la ciudad de Barcelona para regresar a su lugar de origen, con el propósito de aportar su experiencia a una comunidad pequeña y escasamente poblada.Formación y primeros pasos profesionalesMaría Nogueira tiene 36 años y puso en marcha su propio negocio a los 27. Nació en Castroverde; cuando tenía siete años, sus padres se trasladaron a la ciudad de Lugo para atender mejor las necesidades de sus hijos. Aunque se establecieron en la ciudad, mantuvieron un vínculo muy fuerte con su pueblo natal: los viernes dejaban su piso ordenado y pasaban todo el fin de semana en el pueblo, donde también disfrutaban de sus vacaciones de verano.Tras acumular diversas experiencias laborales —como dependienta y cajera en un gran supermercado—, estudió Fotografía en la Escuela de Artes y trabajó como fotógrafa en Lugo durante dos años. En esa etapa, surgió la oportunidad de trabajar en Barcelona, donde se adentró en el mundo de las agencias de modelos realizando retratos para sus portafolios. Recuerda que su trayecto diario consistía en un viaje en tren de una hora y media por sentido. Un día, mientras viajaba en tren al atardecer, empezó a plantearse si ese era realmente el estilo de vida que deseaba para su futuro. Comenzó a sentir el deseo de echar raíces, pero no estaba convencida de que Barcelona fuera el lugar adecuado para ello. Habló con su empleador y solicitó un traslado a la sucursal de Lugo, donde permaneció un año. Al finalizar ese puesto, se encontró en situación de desempleo durante una etapa social complicada, marcada por la crisis económica. En ese momento, tuvo que tomar una decisión vital importante, valorando los aspectos que consideraba fundamentales para su trayectoria profesional.Regreso al medio rural y emprendimiento: la fotógrafa María NogueiraCastroverde se presentó como una posibilidad de futuro, que María aceptó sin dudarlo: dejó su piso en Lugo y regresó a la casa familiar. Casi de inmediato surgió la idea de abrir un estudio de fotografía en Castroverde, al darse cuenta de que el pueblo carecía de un servicio de este tipo. Recuerda que su familia le advirtió que el proyecto fracasaría, pues consideraban totalmente inviable sacar adelante un negocio así en un lugar tan pequeño. Sin embargo, María era consciente de que vivía en su propia casa —lo que suponía un menor riesgo en comparación con otros proyectos que había emprendido anteriormente—, y ese fue el impulso que necesitaba para abrir la tienda.En mayo de 2012, abrió su estudio de fotografía. Recuerda que su primera clienta fue una mujer que acudía casi a diario para solicitar copias o ampliaciones de fotografías antiguas. Dado que, por aquel entonces, el negocio no contaba con una gran afluencia de clientes, empezó a estudiar —por su cuenta— cómo promocionar su iniciativa empresarial. Esto la llevó a participar en diversos proyectos colaborativos, todos ellos con el objetivo de forjarse una reputación. El año 2013 resultó algo mejor, y 2014 marcó un punto de inflexión para su negocio: fue contratada para 15 bodas y 35 ceremonias de Primera Comunión entre marzo y diciembre. Este auge también le permitió ganar visibilidad tanto en medios digitales como impresos, lo que supuso un impulso considerable para su actividad. Desde hace cuatro años, vive y trabaja en Castroverde; un estilo de vida que logra mantener gracias a la diversificación de sus servicios, que incluyen sesiones fotográficas de temática navideña, fotografías para documentos de identidad o pasaportes, y colaboraciones en proyectos municipales.María siempre ha sostenido firmemente que el futuro de cualquier comunidad rural depende de que los jóvenes decidan quedarse a vivir en estos pueblos. El mismo año en que ella abrió su estudio, también se inauguró un bar en la localidad, un grupo de mujeres jóvenes se hizo cargo del supermercado local y otras asumieron la gestión de una pastelería. Ella señala que el hecho de que haya jóvenes al frente de negocios que ofrecen servicios al público ayuda a atraer a otras personas que podrían plantearse trasladarse al municipio.Un factor que la animó a quedarse fue su experiencia previa viajando, la cual le permitió reflexionar sobre su propio entorno. A veces, el viaje más significativo que uno puede emprender es el del distanciamiento; a menudo, es durante los periodos de ausencia cuando aprendemos a valorar realmente lo que tenemos cerca, sin idealizar en exceso lo que se encuentra lejos.El emprendimiento y el entorno ruralLa crisis de la Covid-19 generó una situación social marcada por desafíos importantes que exigían soluciones por parte de todos los sectores de la población. Lo mismo ocurrió en el entorno rural: fue necesario abordar la situación desde la perspectiva de la innovación y la resiliencia. Para el negocio de María, la Covid-19 supuso un cierre total durante tres meses, acompañado de una gran incertidumbre sobre el futuro de su actividad.Sin embargo, ella decidió reinventar su medio de vida, replantear sus estrategias y buscar una nueva forma de llegar a sus clientes. Al comienzo mismo de la pandemia, puso en marcha un proyecto centrado en la personalización de mascarillas certificadas, comercializándolas por toda España. María utiliza este ejemplo para subrayar la importancia de anticiparse a los acontecimientos en cualquier circunstancia, no solo durante una pandemia global, sino también en la vida cotidiana. Las empresas rurales también deben apostar por la innovación y adaptarse a las demandas que surjan en cualquier parte del mundo. En general, existe una carencia de formación social en materia de emprendimiento; aunque este problema afecta directamente a las zonas rurales, no es, ni mucho menos, exclusivo de ellas. Una de las razones principales por las que la gente evita las áreas rurales es la idea preconcebida de que emprender allí resulta especialmente difícil. No obstante, este planteamiento suele pasar por alto que desarrollar una trayectoria profesional en los centros urbanos también es complejo, pues conlleva inestabilidad laboral, desempleo y obstáculos considerables a la hora de acceder a determinados sectores profesionales.María no fue la única integrante de su familia que se aventuró a emprender en un entorno rural. Su hermana, abogada de profesión, ejerció durante 15 años en despachos tanto en Lugo como en Castroverde. Con la llegada de la pandemia y el inicio de la etapa escolar de su hijo, se replanteó su profesión y su futuro laboral. Siempre se había sentido atraída por el mundo de las flores, así que decidió dejar atrás la abogacía para emprender un camino distinto. Comenzó cerrando su despacho en la ciudad y limitando sus consultas jurídicas a Castroverde. Finalmente, aprovechando el impulso del estudio de fotografía de María, lanzó la marca «Myswalnut», a través de la cual crea una gran variedad de arreglos florales.María señala que las mujeres emprendedoras del siglo XXI aprovechan la globalización para descubrir oportunidades de negocio a escala mundial. Gracias al uso de las nuevas tecnologías, logran ser más competitivas a la hora de llevar sus productos al mercado. Una de las fortalezas clave de este negocio reside en su capacidad para aprovechar un nicho de mercado ya existente en la zona. Además, la fotógrafa María Nogueira participa activamente en el desarrollo de la comunidad local, colaborando con otros negocios que operan en el municipio de Castroverde. En este contexto, la formación resulta fundamental, al igual que la capacidad de diversificar la oferta de productos en función del perfil de los consumidores o de la época del año.Aunque siente una clara pasión por su trabajo, es consciente de que, en ocasiones, es necesario compaginar diversos roles. Hace algún tiempo, la iglesia de Castroverde buscaba a alguien disponible durante las horas de la mañana para atender a los peregrinos. Dado que el monumento se encuentra justo al lado de su establecimiento, no dudó en ajustar el horario de apertura de su negocio para adaptarse a este nuevo compromiso profesional.Castroverde está de modaMaría puso en marcha el proyecto «Castroverde está de moda» tras reflexionar sobre la tradicional feria de artesanía que se celebraba anteriormente en el municipio. Proveniente del mundo de la moda, se planteó una pregunta: ¿por qué no llevar un desfile de moda a un municipio rural? En su primera edición, lanzó la iniciativa sin que supusiera coste alguno para su propio negocio. Logró reunir a veintidós modelos, seis diseñadores de Ourense —todos ellos formados en la escuela Felicidad Duce—, además de profesionales de peluquería y maquillaje. Todos participaron de forma gratuita, y la iniciativa atrajo a una gran afluencia de visitantes al municipio.Al año siguiente, el desfile continuó, incorporando un elemento innovador: el body painting (pintura corporal). Para la tercera edición, María decidió transformar la actividad en una iniciativa remunerada. El evento, ya consolidado, se ha convertido en una cita destacada dentro del calendario festivo de Castroverde. En su novena y más reciente edición, María presentó vestidos confeccionados por su madre durante su etapa como modista, permitiendo que estas creaciones desfilaran por la pasarela. Más allá de contribuir al desarrollo rural mediante la atracción de visitantes, esta iniciativa sirve como plataforma para reivindicar la libertad que debería corresponder a todas las personas. Desde el principio, María tuvo claro un aspecto fundamental: en la pasarela no existirían requisitos rígidos en cuanto a tallas. Su objetivo es normalizar la diversidad corporal y desmantelar los cánones de belleza convencionales.El vínculo y el entorno ruralMaría reconoce que no existen reglas estrictas a la hora de establecer vínculos. Para ella, la posibilidad de pasar los fines de semana en una comunidad rural le brindó un nivel de libertad que nunca experimentó en la ciudad de Lugo, ni durante su infancia ni en su adolescencia. Un factor fundamental para forjar este tipo de conexión es el acceso a una vivienda donde sea posible construir un futuro. En este sentido, considera que los municipios deben tomar la iniciativa, fomentando la rehabilitación de edificios vacíos mediante incentivos para sus propietarios. El entorno rural cuenta con los medios necesarios para generar nuevas oportunidades de empleo, diversificando las actividades y aprovechando los recursos locales y endógenos.Al abordar la despoblación, resulta vital implementar estrategias que eviten tanto la pérdida de habitantes como la incapacidad de atraer a nuevas personas a las zonas rurales, especialmente a los jóvenes. Es importante tener en cuenta que, cuando alguien se traslada a un lugar para establecerse, por lo general busca la compañía de otros miembros de la comunidad. Es esencial cuidar estos asentamientos, entendiendo la prevención de la despoblación como una red; tal como señala María: «La gente llama a la gente».Identidad ruralPara María, el entorno rural significa bienestar, tranquilidad y calidad de vida. Ofrece la posibilidad de mantener una alimentación saludable y permanecer conectada con el mundo natural. Si pudiera dar un consejo a alguien que vive en una zona rural, le animaría a explorar y experimentar nuevas realidades.Cometer errores es, sencillamente, una oportunidad para empezar de nuevo; por ello, anima a cualquier persona que tenga una idea relacionada con el medio rural a intentar ponerla en práctica. No obstante, esto no implica actuar sin analizar detenidamente las mejores estrategias empresariales; por este motivo, subraya la importancia de buscar asesoramiento profesional y formación para cualquier proyecto que se desee emprender".
"Con ella, se van 25 años de pan artesanal y las variadas empanadas caseras que le dieron fama
El difícil relevo generacional y la propia dureza de un oficio artesanal cuyo momento de máxima actividad se desarrolla cuando los demás duermen han dejado a Castroverde sin su última panadería tradicional.
Agapito Gil González se puso al frente del negocio el 18 de julio del año 2000. "Acórdome perfectamente da data porque era o meu aniversario", recuerda. Llegó al oficio casi de casualidad y sin apenas experiencia, "lembro a primeira fornada. Os bolos que levei á feira estaban totalmente ennegrecidos, queimados, pero aínda así os vendín todos", indica entre risas.
Después, poco a poco, fue aprendiendo el oficio. "Ensinoume o panadeiro ao que lle collín este forno, despois de que el abrira na vila outra panadería máis moderna, e tamén aprendín do primeiro que contratei", explica sobre su evolución en un trabajo en el que poco a poco se fue ganando cada vez más fama.
Aunque reconoce que la panadería le cambió su vida, "eu viña de facer moitos tipos de traballo e nunca pensei que fora a pasar 25 anos á fronte deste negocio", Agapito también reflexiona sobre los motivos que lo llevan a cerrar: "Teño artrose, asma do panadeiro, que ás veces faime complicado poder respirar e, para poder seguir, tería tamén que facer unha serie de melloras no local, que os donos non poden asumir a cambio do que lles pago".
Todos estos factores hacen que ahora, a sus 56 años de edad, quiera poner punto y final a esta etapa de su vida para mirar el futuro tal y como es él, con optimismo y dejándose sorprender por lo que le depare el destino: "Non teño claro que farei; teño moitas cousas na cabeza, pero o primeiro é intentar mellorar a saúde", asegura.
Pero esa forma alegre de ver la vida, no evita que Agapito reflexione sobre la situación que padece el rural. "Este é un oficio duro e non hai xente nova que queira tomar o testemuño, xa que ademais dos horarios é difícil a día de hoxe facer que este negocio sexa rendible", señala.
De tres panaderías a ninguna en pocos años
Aunque en el municipio hay otra panadería que vende pan gallego a través de sus despachos en O Corgo y Madrid, "o panadeiro tradicional desaparece", afirma Agapito. Y eso es lo que realmente lo apena. De aquellos tiempos en los que la capital municipal contaba con hasta tres afamadas panaderías que repartían pan por el municipio, en los últimos años ya solo quedaba él, "e agora xa non haberá ninguén que leve o pan ás aldeas", dice apenado.
Pasará así lo que pasa en otros muchos municipios del rural en los que poco a poco se van perdiendo servicios, "a xente, sobre todo a maior, dependerá dos taxis para que lle leven o pan ou terán que acudir a veciños para que vaian por el ás vilas", lamenta.
Por eso, en estos últimos días de trabajo intenta encontrar a algún panadero que se quiera hacer cargo de sus rutas, "aínda que non é fácil porque a ninguén lles renta economicamente. Dame pena deixalo por iso, porque quedarán sen servizo. Estes días, moitos deles despedíanse de min entre abrazos e choros", explica.
Y es que un cuarto de siglo da para mucho y en este tiempo, la relación de Agapito con sus vecinos le ha dado para múltiples vivencias y anécdotas.
Ir a repartir el pan y acabar ayudando en el parto de una vaca
Uno de esos momentos memorables es cuando un día llegó a una casa de Miranda a dejar el pan y acabó ayudando en el parto de una vaca. También recuerda que la noche antes de su boda, "paseina cocendo o pan que logo se ía servir no banquete que fixemos na Fonsagrada", dice.
Y es que Agapito es, sobre todo, un ser imprescindible en Castroverde, que logró convertir su panadería en punto de encuentro, "unha especie de after en datas sinaladas", que ahora, a buen seguro, muchos echarán de menos.
"As nosas empanadas siempre tiveron moita fama"
Pero además del pan cocido en horno de leña, lo que realmente dio fama a Panadería Agapito fueron las empanadas. "Á xente sempre lles gustaron moito, supoño que o segredo foi coller o punto á masa, xa que canto máis fermentada máis crocante queda".
Entre todas las variedades que ofertaba, la de liscos, ternera o bonito eran muy apreciadas. "Tamén chegamos a facer algunha de espinacas, noces e queixo do Cebreiro, aínda que, sen dúbida, a que máis pedía a xente e máis gustaba era a de mazá", señala Agapito.
También reconoce que en lo de las empanadas, "ten moito que ver a man da miña nai nas elaboracións, que practicamente me axudou ata a última fornada de hai dous días".
A lo largo de este cuarto de siglo, Agapito calcula que, solo de manzana, habrán salido del horno unas 300.000 empanadas, "co traballo que levan de pelalas e cortalas. Había días que hasta gastabamos 150 quilos".
El lavadero de la Fonte da Virtú, con cubierta a dos aguas de pizarra y estructura de madera sin revestir, sostenida por cuatro columnas cuadradas de hormigón
Un poco más adelante y en plena umbría nos encontramos con la fuente propiamente dicha
Hiedra, hierbas y musgos tienden a cubrir el conjunto
Unos pocos metros después hay un área de descanso con bancos, mesa y parrilla de piedra, papelera y, al fondo, en una cueva, el manantial. De las fuentes de Castroverde cuenta así Gómez Vilabella:
"Aguas.—Para disgusto de los taberneros, la elección no es nada fácil. Fíjense: los manantiales de A Veiga do Olmo, cerca del Campo da Feira —una zona turística actualmente en desarrollo, con piscinas y todo—. El manantial de A Pena, junto a A Casanova, o el conocido como As Señoritas. El manantial de Trabao, en la carretera hacia A Fonsagrada, justo al lado de la casa de Bonifacio. El manantial de Andrea, en la Rúa Nova (cerca del Campo da Feira). El manantial del Marquesado, que en otro tiempo abastecía a las casas de este barrio. El manantial del Mesón, en O Codesal, camino de Pereiroá. El manantial del Estancón, en el sendero hacia San Miguel. El manantial de Virtú, escondido en una cueva, con mucha discreción; ¡por algo lo taparon! Si eso no les basta, pueden visitar el manantial de Choqueiro, tan alegre como el que más. Luego está el arroyo de Riazor —¡ah, los azores de las cacerías de aquellos señoritos!—, que marca el límite con Bolaño; aunque hoy son lugares distintos, ¡hubo un tiempo en que todo era uno solo! Junto al camino de Rodinso se encuentra el arroyo de Codesal; y también está el arroyo de Tarrío —que antaño servía como lavadero comunal—, el cual constituye la verdadera fuente del río Tordea".
"La torre de Castroverde, cuyos orígenes se remontan al siglo XIV, ha iniciado el camino hacia su recuperación. La Diputación de Lugo aprobó este viernes, en su sesión ordinaria de junta de gobierno, destinar 262.781,15 euros a la renovación y humanización del barrio de A Fortaleza, en el que se encuentra la histórica edificación.
A esta partida se sumarán otros 262.000 euros procedentes de las arcas municipales, tal y como avanzó el alcalde, el socialista Xosé María Arias, lo que permitirá invertir más de medio millón de euros en el entorno de la torre, uno de los enclaves de "maior valor histórico, patrimonial e paisaxístico do municipio", indican desde la institución provincial.
El pasado mes de noviembre, el gobierno local castroverdés lograba un auténtico hito al hacerse con el total de la propiedad tras negociaciones durante casi dos décadas con los titulares del bien. Se trataba de once herederos de las familias Fernández de la Vega, Ferreirós y Díaz-Castroverde.
En aquel momento, el regidor ya avanzaba que, una vez culminada una de las grandes aspiraciones de su equipo de gobierno, la intención era destinar la fortificación a un uso cultural, idea que todavía se mantiene pese a que Arias insiste en que "primeiro hai que facer moitos traballos".
Se refiere así a la rehabilitación del barrio de A Fortaleza, pero también a la prospección arqueológica que está previsto llevar a cabo en las proximidades de la torre, ya que existen indicios de que bajo la superficie podría esconderse un patio de armas, extremo que solo se podrá confirmar cuando se lleven a cabo los trabajos de excavación.
Para su ejecución, para la que ya han logrado el visto bueno del departamento de Patrimonio de la Xunta, el Concello reserva 40.000 euros de fondos propios..."
La planta de la torre es rectangular y está hecha de gruesos muros de sillería granítica. En torno a ella se levantan restos de la muralla del castillo, ocultos por la arboleda, que se sabe tenía varias torres circulares unidas por gruesos muros
"Bajo el Antiguo Régimen, la jurisdicción pertenecía a los condes de Altamira, ¡quienes, literalmente, estaban firmemente arraigados en los cimientos mismos de nuestro propio castillo! Hacia mediados del siglo XVIII, esta parroquia seguía siendo propiedad de los condes de Altamira —figuras más conocidas por su nombre que por su rostro—, pues, como es bien sabido, ante las frecuentes ausencias del señor, sus residencias feudales quedaban al cuidado del alcaide y sus hombres. Este fue, sin duda, el caso de Castroverde, donde a estos señores, ocupados en la corte o en sus otras posesiones, casi nunca se les veía".
Tenemos que tomar el sendero que baja a la derecha. Hay una flecha amarilla pintada en la esquina y un mojón unos metros más adelante
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Como podemos ver, no es demasiado difícil despistarse, ya que el mojón está un poco alejado del lugar en el que se separan los caminos
Este es el souto o castañar frondoso que veíamos antes desde el Camino, por donde bajamos a la carretera de Lugo
Realmente es un cruce peliagudo de nada menos que tres carriles de una carretera general, esperemos que cuando vengáis se hayan puesto señales lumínicas, semáforo y paso de cebra o alguna solución, por el bien de todos
Nos encomendamos antes de cruzar esta carretera LU-530 y pasamos al otro lado ojo avizor pues los vehículos suelen pasar a gran velocidad aunque el tráfico no siempre sea intenso
Tras el túnel de hormigón, nos introducimos ahora en un túnel vegetal. Un poco más adelante veremos un par de mojones más
Hermosa pradería dando vista al Monte Reboleira (591 m), detrás de él, entre el arbolado, baja el río Recesende desde su nacimiento oficial en Montecubeiro, al norte de Castroverde, Más atrás están Cabanela (632 m), a la izquierda, y arriba a la derecha A Croa (667 m), en cuya cima hay un castro, cerca de Bolaño
Un poco más abajo divisamos ya el final de la cuesta en la aldea de San Miguel, cabeza de esta parroquia de Camiño o San Miguel do Camiño, enclave históricamente vinculado a los peregrinos y a las órdenes hospitalarias que los amparaban en su largo camino a Compostela, en concreto la Orden de Santiago, nada menos que desde 1187...




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