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jueves, 17 de septiembre de 2015

LA LARGA BAJADA DE BUSPOL AL SALTO DE SALIME EN EL RÍO NAVIA: "EL RÍO DE LOS TRES CAMINOS" Y LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD (GRANDAS DE SALIME, ASTURIAS)


El Camino baja al Salto de Salime, con el río Navia abajo y arriba los montes de Pedras Apañadas
Buspol y al fondo Grandas de Salime
Uno de los trayectos del Camino Primitivo más recordados por los peregrinos a causa del larguísimo descenso que conlleva es la bajada desde el pueblo de Buspol en el concejo asturiano de Grandas, hasta el Salto de Salime.

Capilla de Buspol
Tras la tan hermosa y fotografiada capilla de Buspol, la cual formó parte del hospital de peregrinos que aquí existió en el pasado, la senda baja lentamente y delimitada por altas lajas pizarrosas o chantas que la separan del prado que baja en pendiente hacia abajo (derecha de la foto).


Es formidable la vista de la que gozamos al suroeste, de la sierra de Pedras Apañadas, de 1.204 metros, al lado de O Alto do Acevo y puerta de Galicia, alturas que descienden también como un tobogán sobre el río Navia, que ya vemos desde aquí, sumido en las profundidades.


También reconocemos, dibujando colinas en la citada serranía, los surcos y vaguadas boscosas formadas por los arroyos que a él desembocan desde aquellas cimas... El Rigueiro del Gato, El Riguerio da Brañota, praderías de aldeas como Penafurada, Airela y Armilda, bajo A Pena Mouxada, o la zona del castro de Pelóu, ya en la raya con el concello gallego de Negueira de Muñiz. Más abajo de ellos discurre El Rigueiro da Bulliqueira, son corrientes fluviales lejanas que no podremos reconocer tampoco, ocultas en el boscaje, pero sí su evidente acción en la orografía de la montaña.


Desde este mojón la villa de Grandas nos parece muy cerca, y cerca está en línea recta desde aquí.


Pero nos queda un buen periplo antes de llegar a ella, hermoso camino pero toda una epopeya para pies y piernas...


Aquí la senda se vuelve pista pedregosa y ancha, iniciando rápidos descensos ante la visual de las aguas embalsadas de Navia, encajonadas entre estas cordilleras altas y majestuosas, abriéndose paso entre sus moles de tierra y piedra, cubiertas de árboles.


Las aguas del embalse, aunque muy abajo al fondo del todo, se nos antojan relativamente próximas. En realidad no es así, nos aguardan unas dos horas de bajada más alto de tramo llano, incluso otra pequeña subida, pasar a la altura de la presa, seguir un buen tramo más allá y luego otros veinte minutos de bajada hasta la carretera y el mirador de la Boca de la Ballena. En total pueden ser entre dos horas y media y tres las horas que empleemos, siempre caminando con calma, "sin prisa y con no demasiada pausa para no perder el ritmo", en llegar a El Muro, la pared del embalse, por donde pasa la carretera.


Esta extraña percepción de ditancias y la prolongada bajada a la que sucederá de inmediato una subida a la villa de Grandas de unos cinco kilómetros más han hecho que alguien haya calificado a esta etapa como "sicológica", pues todo nos parece mucho más próximo e inmediato de lo que realmente está y se nos trastoca un poco el tiempo que en principio pensamos emplear.


Se trata y puede sonar a broma, con retranca pero se trata en cierta manera de una verdadera explicación práctica de la Teoría de la Relatividad y del binomio espacio-tiempo.


El precepto fundamental teoría de la relatividad es que "la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador". Bien, pues aquí tenemos al fondo la villa de Grandas, vista tan cercana, pero a pesar de ello nuestro camino y esfuerzo por esta ruta la va a hacer extremadamente más lejana


Empiezan los grandes zig-zags para perder prontamente altura. Buspol está a unos 1.000 metros de altitud y el río a unos 200. Un formidable desnivel.


Al fondo, en la montaña de enfrente, vemos A Paiciega, en el concejo de Pesóz/Pezós, unos de los poblados que se construyeron a mediados del siglo XX para albergar a los muchísimos trabajadors que vineron a las obras del embalse. Más al fondo es Sanzo y El Pico Sequeiros


Otro buen descenso.


Montañas del occidente astur, paisajes del alto Navia.


Inmensa caída hacia el valle. A la izquierda vemos Grandas de Salime y la carretera que sube desde El Salto, por donde habremos de subir también nosotros.


Vuelta a girar y a ver el río Navia...


Impresionante cantidad de agua.


Abajo los pinares de Trasmonte. Arriba Pedras Apañadas. Si nos fijamos quizás veamos, cerca de las cimas, la carretera AS-28 que sube al Alto do Acevo. El Camino en ese tramo va muy cerca de ella, incluso coincide entre Xestoselo y Penafonte.


Grandas más cerca... o eso parece.La carretera que sube a la población también es muy visible.


Realmente el descenso apenas acaba de empezar...


Camino, embalse y montañas.


En nuestro trayecto a veces la bajada se suaviza y a veces se torna más directa, atrás van quedando los pastizales y nos internamos en un paisaje de monte bajo, con brezos y arbustos, abedules, aunque pronto caminaremos bajo las extensas repoblaciones de pinos.


Es un camino pedregoso y con mucha piedra suelta.


Más al sur es el concello gallego de Negreira. La frontera autonómica entre Asturias y Galicia hace grandes entrantes a ambos lados del río, divisoria sinuosa que sigue montes, regueiros y picachos.


Bosques de pinos. Pronto caminaremos a su sombra.


Al bajar de altura llegamos a los citados pinares, que vemos desde este estupendo mirador natural...


Mirador sobre el río Navia, verdaderamente "El Río de los Tres Caminos" pues nace en el Alto do Cebreiro a 1.240 metros de altura, en concreto en las cercanías de la aldea de Busnullán, concello de  Pedrafita do Cebreiro y provincia de Lugo (Galicia) un lugar de grandísima importancia en el mal llamado Camino Francés (todos los caminos por los que venían francos eran llamados así, no solo ese), luego el mismo río es cruzado aquí por el Camino Primitivo y desembocará en el mar en la villa asturiana de su nombre, Navia, por donde lo cruza el Camino Norte o de la Costa.


Su nombre parece estar relacionado con la raíz indoeuropea navia que está relacionada con los ríos navegables y emparentada con las palabras nave, navegar, navegación, etc. y con una diosa de las aguas, la diosa Nabia.


Penedos, roquedos sobre el Navia, componiendo este auténtico balcón natural.


Más allá, la villa grandalesa asoma sobre el bosque. La contemplamos antes de adentrarnos en el pinar.


Y el Navia, el gran río.


Desde su nacimiento hasta el mar el río sigue una dirección muy rectilínea y directa hacia su desembocadura, a diferencia de la mayor parte de los ríos cantábricos, que hacen grandes revueltas y meandros.


Mojones con conchas peregrinas, con piedras encima depositadas por los caminantes, nos confirman siempre la dirección correcta, pero de momento no hay mayormente pérdida, es todo cuesta abajo en largos tramos zigzagueantes. Pronto los pinares nos ocultarán momentáneamente la panorámica del entorno y nos meteremos en las frondosidades del bosque.


Bosque de pinos.


La pista baja fuertemente y realiza varios zig-zags.


Aquí empieza la parte más puramente "sicológica" del grandísimo descenso. Inmersos en el bosque vamos perdiendo las referencias visuales de la zona.


Solo troncos y más troncos.

Unos metros en llano.
Pero pronto vuelve la bajada.





Pinos y brezales, tojos, arbustos y matorrales.


Otra curva y seguimos bajando y bajando..


Es una continua repetición de situaciones: bajada, curva, bajada y otra curva. Y así varias veces.

Tomándolo con calma, pues las bajadas prolongadas pueden hacer resentirse un poco músculos y articulaciones, el descenso culmina en un cruce de caminos, llegando aquí a tramos relativamente llanos. Suele estar esta bifurcación bien señalizada, también con flechas y mojones: hemos de seguir camino A LA DERECHA. El ramal de la izquierda es testigo de algún que otro despiste y quebranto, pues forma parte a una larga bajada hasta la orilla del agua, hacia las pocas casas, normalmente deshabitadas, que quedaron del pueblo de Salime tras la construcción del embalse. De allí no hay continuidad posible...salvo volver a pie por el mismo camino. En teoría un lancheiro pasa o pasaba antes a determinadas horas o días, al parecer más en verano, con su barca, pero no nos arriesguemos, últimamente hasta ese ramal parecía estar en desuso y bastante abandonado. Por eso, recordemos siempre: al llegar al camino llano, dirigámonos a la derecha, la ruta a la presa o Salto de Salime.


Efectivamente no todo es bajada en este trayecto, aunque predomina.

Un cortín donde se guardaban las colmenas tradicionales, trobos o truébanos, de las apetencias de los osos. Lo vemos en las laderas frente a la ruta.


 Abajo, los pinos nos dejan de nuevo ver el río Navia. Por allí va la carretera a la villa de Grandas, por aquella ladera boscosa de A Costa hacia A Loma da Valía con los altos de As Campas (691 mts.)


Engañosamente puede parecernos estar cerca de las riberas, pero aún no, aún estamos muy altos. En este momento, tal vez algo cansados de la bajada, también nos da la impresión de estar próximos al mencionado paso del embalse por la carretera, pero hemos de tener paciencia, la senda, aunque más llana, sigue sinuosamente toda la forma de la falda del monte, nunca nos apartemos de ella, hay un verdadero precipicio cuesta abajo.


Muchos pueblos desaparecieron cuando se construyó el embalse. De ello hablaremos en el siguiente capítulo de esta ruta.


Al fondo los boscosos montes del Coto de Grandas.


Gran masa de agua... y profunda. La carretera bajo las faldas de Zreixolón y sobre A Costa (la cuesta).


Y allí está Vistalegre, por donde empieza a subir la carretera desde El Salto de Salime, presa que todavía no vemos desde este tramo.


Vistalegre es otro de los poblados, hoy abandonados, que se hicieron para los trabajadores que construían el embalse y sus familias. Únicamente en la casa de la izquierda, junto a la carretera, está ahora el hotel y restaurante Las Grandas, que tiene albergue de peregrinos.



Penedos.



Impresionante orografía.


El Camino discurre en ladera entre más pinares y masas rocosas, paisaje bellísimo que nos permite observar, cuando hacia el sur, cuando hacia el norte, toda la línea montañosa que desde El Pico del Tombo, hasta A Curiscada y As Campas, corforma la cadena montañosa al oeste del embalse.


El trayecto parece alargarse, es otra sensación que puede darnos en este momento, donde la gente a veces se preocupa un poco, pese a que es paso ancho y cómodo, pues puede dar la impresión que "la carretera al embalse nunca llega", y es que aún hemos de pasar a la altura del muro de la presa, pero más arriba de ella, entre los árboles...


Los pinos dejan paso a un gran castañedo. La frontera concejil nos hace pasar aquí del concejo de Grandas de Salime al de Allande.


Es ahora cuando con alegre sorpresa vemos abajo a la izquierda la gran presa del Salto de Salime y algunas de las instalaciones que se hicieron durante su construcción, estas a su lado y abandonadas. Arriba del todo están El Cerro dos Burros, As Carquelas (concejo de Grandas de Salime) y a su derecha A Paicega, A Llananda y A Lomba (concejo de Pesóz/Pezós)


No solo hemos llegado a la altura de la presa sino que la hemos pasado ampliamente. Por algo se nos antoja este recorrido tan largo, donde además del esfuerzo físico se requiere calma y paciencia de mente, pues el tiempo transcurre y aún queda bastante para llegar a la villa de Grandas, aquella que ya en Buspol, antes de empezar a bajar, nos parecía tan cercana.


El valle cae a pico. Al otro lado de la presa, paso de la carretera AS-14, esteremos durante unos metros en el concejo de Pesóz/Pezós, pero luego de unos pocos metros más volveremos a entrar en el concejo de Grandas de Salime.


 Ahora es cuando el camino viene a dar a este importante cruce...


Vuelve el descenso en zig-zag, rápido y directo, por los castañares. Otro larga bajada.


Vuelven los zig-zags, las vueltas, curvas y revueltas perdiendo altura rápidamente.


El sendero es un poco más estrecho.


En la fondosidad del castañar.


Vueltas y más vueltas.


Bajar y más bajar. Son las laderas boscosas de A Pena de Armadela.


Ahora sí que vemos cada vez mejor El Santo de Salime, con todas las viejas instalaciones de silos, cargaderos, etc. situados en la vertiente contraria, construidos en una ladera empinadísima, con muchos penedos o roquedos, pinos, matojos y arbustos, por donde venía el teleférico en el que se transportaban los materiales desde el puerto de Navia para tan titánica empresa



Un esfuerzo para piernas, cuerpo y mente. Parecería como un descenso a las simas más profundas de las entrañas de la tierra.


Las flechas amarillas nos confirman el camino correcto.


Ya llegamos abajo a la carretera, pronto veremos El Salto de Salime. Por fin el espacio y el tiempo voverán a sus parámetros ante los muros de embalse.