Eres el Peregrino Número

jueves, 24 de marzo de 2016

FISTERRA: VILLA MARINERA, HOSPITALARIA Y PEREGRINA

A Cruz de Baixar. Entrada a Fisterra
A Cruz de Baixar, emblemático cruceiro del siglo XVI en San Roque. Aquí entra en la villa de Fisterra el Camino, viniendo de la Praia da Langosteira. También enlaza con este la variante que viene de Muxía por San Martiño de Duio


Por este lado el cruceiro presenta una imagen de la Virgen con el Niño.


Y por el otro a Cristo crucificado.


Sobre los arenales de la Punta San Roque, As Pardas y Punta Suacruz, divisamos el puerto fisterrán y más a lo lejos el Monte Pindo, en Carnota, abarcando la vista la entrada a la ría de Corcubión y aún más allá, hacia las Rías Baixas...


Entramos así en el casco urbano de Fisterra, dirigiéndonos al la Casa do Concello, que se ve al fondo...


Largas filas de viviendas conforman la rúa de Santa Catalina.



Hay hermosas y floridas balconadas.


Llegando a la Casa do Concello.


Altas galerías.


Suelo empedrado en el tránsito a la Casa do Concello de Fisterra.



Seguimos rúa abajo, ahora bajo los balcones...


Esta fue durante siglos la calle principal de Fisterra, hoy empedrada y semipeatonal, la del Camiño Rela que se dirige a la punta del Cabo, atravesando la villa.




Bajando desde la Casa do Concello.


Hay por toda la población numerosos alojamientos y albergues.


Llegando al centro del centro...


En esta zona veremos más hostelería y comercios.


Llegados al cruce con la rúa que baja al puerto podemos apartarnos momentáneamente del Camino para asomarnos a la fachada marítima fisterrana, admirando primeramente el Monumento al Emigrante, que recuerda a los muchos fisterranos y fisterranas, así como gallegos en general, que hubieron de marchar de sus hogares en busca de oportunidades que aquí no tuvieron.


Es obra  del escultor Agustín de la Herrán Matorras por encargo del Alcalde José Fernando Carrillo Ugarte, siendo inaugurado en 1993.


Gesto impasible pero a la vez desolado el del emigrante que se lleva sus pocos bártulos para el barco. La emigración fue intensísima desde finales del siglo XIX hasta los años 60 y 70. Últimamente vuelven a abundar los gallegos que han de irse fuera, aunque por lo general no en circunstancias tan sumamente penosas como las de antaño...



En torno al monumento se dispone una plaza rodeada de establecimiento especializados en gastronomía marinera...



Los peregrino suelen aquí acercarse al muelle para descansar y meditar. Algunos vienen de muy lejos pues ya antes de Santiago habrán empezado a caminar, por lo que se trata para la mayoría del final de la peregrinación, una experiencia que sin duda marcará sus vidas.



Muelle de Fisterra y Monte Pindo. La lonja puede visitarse. Lonja Turística de Fisterra.



Hermoso paseo del Muelle.



La historia de la villa está totalmente vinculada a los cultos solares del Cabo Fisterra, cuyo origen se sume en la noche de los tiempos y fueron cristianizados con la epopeya xacobea, pero también lo está a este puerto, abrigo natural a la entrada de la ría y de gran riqueza piscícola y marisquera.


Ambiente marinero, olor a pescado y a mar, y a pescados y mariscos cocinados en las tascas y restaurantes de toda esta ribera.



Vivo retrato colorista en de las lanchas y edificios. Lugar de mucho tránsito.


Escaleras al mar...


Gran explanada. Arriba es por donde el Camino entra en Fisterra procedente de San Roque.


Hay puerto de pescadores y puerto deportivo...


Los muelles...


Arenal del puerto...


Allá se encuentra A Punta Conserva. Un topónimo sin duda relacionado con las antiguas fábricas conserveras.


La villa transformó su aspecto a partir de los años 60 y 70 del siglo XX.


Monumento a los fallecidos en estas costas...



Multitud de embarcaciones. A fondo divisamos la Praia da Langosteira...


Fisterra: villa y puerto.



En esta explanada portuaria hallaremos también mesa y mantel.


Exquisiteces culinarias...



Tentaciones al peregrino, visitante y vecino...


Más tentaciones...


Volvemos a asomarnos al mar, ante el omnipresente Monte Pindo, en el concello de Carnota, al otro lado de la ría.


Al fondo el Monte Pindo y aquí la Praia da Ribeira y la Punta do Castelo.


Allí está el Castelo de San Carlos, fortaleza construida dentro de las iniciativas de defensa costera abordadas por el rey Carlos III en el siglo XVIII.

Realmente el monarca lo que hizo fue que acabaran de culminarse las obras enprendidas ya a mediados de esa centuria por los ingenieros Demaur Y Exaccha

El Castelo de San Carlos hubo de adaptarse al terreno para asentarse bien sobre la roca y por ello su forma tan peculiar...


Para llegar al fuerte hemos de atravesar la Praia da Ribeira y subir hacia el cruceiro.



Encantador lugar fisterrano...


Luego hemos de subir nuevamente rampa arriba.


Ya desde las incursiones vikingas o incluso antes las rías gallegas fueron entrada natural no solo de navegantes comerciales en son de paz sino de invasores que arrasaban estas costas y/o buscaban acceder al interior del país. Las endémicas guerras con Inglaterra y Francia de los siglos XVII y XVIII propiciaron la construcción de este baluarte contra flotas enemigas y corsarios.


Fue incendiado durante la invasión napoleónica y vuelto a construir mucho más tarde.


Perdida su validez defensiva en 1896 fue subastado públicamente por el Estado y adquirido por Plácido Castro Rivas, industrial de esta villa . En 1948 su hijo Plácido Castro Rivas  lo donó al pueblo de Fisterra para hacer un museo, deseo que se haría realidad al inaugurarse en el año 2006 el Museo da Pesca.


El Castelo dipone de tres torres almenadas que miran al cabo, a la ría y al pueblo...



Playa y dique del puerto, que libra a las embarcaciones de las bravuras del Océano Atlántico.


Hermosa playa urbana. Praia da Ribeira.


En el Paseo da Ribeira la Casa do Porto, almenada y con forma de torreón. Pervivencia de la arquitectura medieval fisterrana.


Volvemos sobre nuestros pasos, de regreso al puerto. Porto de Fisterra.


Y retomamos el camino señalizado en el Monumento al Emigrante.


Aquí está el albergue público de peregrinos de Fisterra, pero como hemos dicho hay muchos más, junto con hoteles, pensiones...


Avanzamos por la Rúa Real, la que sigue el trazado del Camiño Real...


Dejamos el albergue...


Y pasamos bajo balcones y ventanas...



Más hileras de casas. El Camino está empedrado y hace una curva...



Tránsito de viandantes pero aquí pasan pocos coches.


Elegancia arquitectónica...


Noble piedra gallega...


Largas balconadas floridas, de soberbio trabajo de herraje.


Otra hermosa fila de viviendas...




Fuente y cruceiro...






Maquetas de embarcaciones expuestas en los escaparates de las tiendas...


Coloristas azulejos...


Seguimos avanzando...


Praza Ara Solis, típica plaza de Fisterra, con susu pazos y hórreo...



En la Plaza Ara Solis la Casa do Cuadrante, llamada así por el cuadrante o reloj de sol de su fachada.
Está blasonada y conserva una inscripción que dice:  reedificola Juan Diaz de Valdivieso. Año 1604. Se piensa que antes hubo aquí un hospital de peregrinos.



Histórica fuente al pie de un importante santuario fisterrano...


Capela de Nosa Señora do Bo Suceso, barroca del siglo XVIII y coin cruceiro enfrente.


A sus pies pasa el Camino...


Por la rúa del Ara Solis nos acercamos al otro extremo de Fisterra...


Villa que vive intensamente sus fiestas, el Santo Cristo de Fisterra, día grande el Domingo de Resurreción en la intensa Semana Santa Fisterrana, fiesta de Interés Turístico Nacional...







Subimos pues nosotros ahora, saliendo del casco urbano y en la ruta al Cabo, al santuario que alberga al venerado Santo Cristo de Fisterra o Santo da Barba Dourada: la iglesia parroquial de Nosa Señora das Areas.