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domingo, 23 de octubre de 2016

DESEMBARCANDO EN SANTANDER: LOS JARDINES DE PEREDA, LA GRÚA DE PIEDRA, EL CENTRO BOTÍN Y EL INCENDIO DE 1941

Muelle de Calderón y Jardines y Paseo de Pereda. Aquí arriban las Lanchas Reginas
Arriban las Lanchas Reginas, las populares pedreñeras, al muelle de Calderón, trayendo a viajeros y peregrinos a la ciudad de Santander luego de surcar su bahía desde Somo, una bellísima singladura que nos permite revivir el secular paso en embarcaciones del mayor estuario del norte de España si bien con seguridad y sin los miedos, zozobras y quebrantos causados por los bajíos y las corrientes en siglos pasados.


En nuestros primeros metros por tierra firme santanderina subimos la rampa...


Y llegamos al Palacete del Embarcadero, antigua estación de pasajeros y cuartel de la policía armada, diseñado  por el arquitecto Javier González de Riancho en 1920 y acabado en 1932. Reinaugurado en 1985 es centro de exposiciones propiedad de la Autoridad Portuaria.


En sus torres vemos el escudo de Santander, que rememora la participación de su marinería en la toma de Sevilla en 1248, con una nave surcando las aguas del Guadalquivir ante la Torre del Oro.


Luego la Grúa de Piedra es símbolo de la importante actividad portuaria santanderina, que prestó servicio desde el año 1900 hasta poco más de noventa años después, empleada para cargar y descargar de los barcos, formando ahora parte del paseo marítimo desde su restauración en el Muelle de Maura o Muelle de la Monja. Al proyectarse el Centro Botín se planteó trasladarla de sitio pero la contestación ciudadana hizo que esta mantuviese su posición y el nuevo centro cultural se inaugurase unos metros más allá. La reinauguración de la grúa, ya plemamente como elemento patrimonial, se realizó el 9 de junio del año 2017 y su restauración estuvo a cargo del arquitecto Francisco Rebollo con Calvo Construcciones y Montajes S.L.


Antes asentada sobre el fondo de la bahía, sobresale 14 metros sobre el furme del muelle, hecho de siellares de piedra del antiguo puerto, de ahí su nombre


 La grúa fue inaugurada el 17 de mayo del año 1900 tras el encargo de la Junta de Obras del Puerto a
 F.V. Sheldon y Otto Gerdtzen de este ingenio campaz de mover 30 toneladas, funcionando primero con máquina de vapor que fue al cabo de unos años sustituida por electrecidad. Llegó en su prueba inaugural a levantar 36 toneladas


Abundantes mejillones.


Agarrados a un pilar...


Detrás de la grúa está el Centro Botín, centro de arte de la Fundación Botín, proyecto del italiano Renzo Piano


Consta de sos volúmenes enlazados por pasarelas y miradores sobre la ciudad y la bahía, gran terraza, salas de exposiciones y abajo cafetería y restaurante


Durante su construcción se reacondicionaron estos Jardines de Pereda, paso del Camino, duplicando su extensión, llevando su gestión la Fundación Botín 


Recubierto de porcelana blanca su brillo característico le confiere una impronta muy especial


Subimos a sus pasarelas y miradores


Atalaya sobre la bahía


Al este, más allá del palacete y el embarcadero de las lanchas, entre los edificios y la orilla, está Puertochico, con el Real Club Marítimo, y al fondo la Dársena de Molnedo con el Centro de Vela de Alto Rendimiento,el Tiro Olímpico y el Palacio de Festivales.


Al otro lado del magno estuario El Puntal, el extensísimo Arenal de Somo.


El Embarcadero de Pedreña.


 Pedreña.


Peña Cabarga...


Y en esta orilla, más al sur, el grueso de la actividad portuaria santanderina, muelles de Maliaño y dársenas de Raos. En la lejanía es El Astillero, un municipio vincualdo desde la Edad Media con las peregrinaciones pues hubo monasterio benedictino. No todos los romeros se arriesgaban a la entonces gravosa y peligrosa navegación de las barquerías que cruzaban la bahía.


Y estos son los Jardines de Pereda, por donde andamos en dirección a la catedral


Llamará nuestra atención el edificio del Banco de Santander, obra de Javier González de Riancho, que empezó a construirse en 1919 sobre un preexistente hotel. En 1923 se realizaron grandes reformas y se pusieron diversas esculturas y bajorrelieves con alegrías de la banca como protectora de las artes, la cultura, la navegación, la minería, la industria y el comercio. Más tarde fueron añadiéndose las casas adyacentes y se añadió la parte izquierda a mediados del siglo XX.


Un gran arco salva el paso por la calle intermedia.


Una señal xacobea nos orienta por los Jardines de Pereda. El paseo no resultó afectado por el pavoroso incendio que asoló el casco histórico de la ciudad en 1941 y en él pueden verse edificios de los siglos XVIII, XIX y principios del XX.


Hay más de 200 árboles y están ubicados donde antes fueron los muelles mercantiles del antiguo puerto de Santander. Aquí está el Quiosco de la Música.


Y este es el monumento conmemorativo en honor de maestro de música y compositor Don Ramón Saez de Adana, nacido en Vitoria/Gasteiz e Hijo Adoptivo de Santander, fundador de la coral y escuela de música que pasó posteriormente a conservatorio. Sus composiciones se basan en el floklore cántabro.


La escultura fue inaugurada en junio de 1964.


Dejamos atrás el Quiosco de la Música.


Y llegaremos al monumento a quien está dedicado el parque, dedicado al novelista cántabro José María de Pereda, nacido en Polanco en 1833 y fallecido en esta ciudad en 1906. Autor de obras como Peñas Arriba, De tal palo tal astilla, Sotileza y La Puchera.


Es obra de Lorenzo Coullaut Valera y representa al novelista con diversos personajes y alegorías de sus obras.


La Montaña, uno de los nombres tradicionales de Cantabria.


Pereda en la cúspide, gran autor de novelas costumbristas donde plasmó las gentes y lugares de su tierra, en el estilo del realismo literario imperante.


Dedicado primeramente como su familia a las labores del campo, José María de Pereda, siguió sus estudios en el Instituto Cántabro de la calle Santa Clara de Santander tras pasar por la escuela primaria de su pueblo natal.


Terminados los estudios de humanidades y siendo medianamente aplicado fue a Madrid en 1852 con la idea de prepararse antes de iniciar en Segovia los estudios de la Academia de Artillería, pero se aficionó más a las tertulias de los cafés y fue testigo de la Vicalvarada o Revolución de 1954.


Regresa pues a Santander, fallece su madre y entra, a causa de diversos achaques, en un periodo de decaimiento, marchando a Andalucía para cambiar de aires a otros más cálidos y salutíferos, pero es entonces cuando, al aparecer en Santander el diario La Abeja Montañesa y dado que el periodismo era toda una novedad en la España de aquel entonces, se entusiasma con esta actividad y comienza a escribir.


Comenzó, bien como anónimo o bien con la firma Paredes, a relatar críticas teatrales y relatos costumbristas, llegando a fundar el semanario El Tío Cayetano. Luego pasó al teatro pero no llegaría a triunfar plenamente hasta pueblicar en 1864 su novela Escenas montañesa.


También publica en Madrid y ven la luz otras de sus obras, colaborando y entablando amistad con otros autores, participando también en política con el Partido Carlista, algo muy relacionado con el costumbrismo tradicional que plasmaba en sus libros, glorificando el mundo rural y sus valores frente a la ciudad, tal y como hacían otros escritores del momento.


Su carrera política, que no le evitó ser amigo de autores de ideología contraria, le llevó a ser diputado en Madrid y ampliar así notablemente su círculo de contactos, pero tras casarse decidió abandonar este frente y dedicarse a sus hijos pequeños, regresando, animado por sus amigos, a la vida literaria plena, aunque mientras escribía Sotileza se suicida su primer vástago, causándole una honda impresión que le deprime totalmente y le hace olvidar la escritura.


A partir de entonces y enfermizo y envejecido prematuramente, con desánimo y sentimientos de culpa, apenas sale de aquella pésima situación esistencial, únicamente publicando algunas obras menores y pronunciando su discurso de ingreso como miembro de número en la Real Academia Española, de la que ya era miembro correspondiente desde 1872.


El matrimonio de su hija en 1903 le levantó los ánimos pero no así su maltrecha salud, que, empeorando, llevó a su fallecimiento tres años más tarde.


Es Pereda recordado como escritor del costumbrismo cántabro, plasmando en sus obras gentes, paisajes y tradiciones, verdadero recopilador de la sociedad tradicional agraria que, ya entonces, atisbaba una profunda transformación pues la revolución industrial iba trayendo ya nuevas ideas sociales y políticas y cambios notables en el país.


Estudió asimismo notablemente el habla de Cantabria.


Su realismo y costumbrismo iban parejos al romanticismo y al naturalismo.


Buena parte de sus trabajos son autobiográficos.


Poco más allá pasaremos junto al tiovivo...


Y el bello puente del estanque...


Y aquí tenemos el monumento al Incendio y Reconstrucción de Santander tras el incendio de 1941, del que es autor el escultor santanderino José Cobo Calderón e inaugurado en 1989.


El conjunto representa a los habitantes de Santander y narra sus quebrantos ante el fuego y el viento que lo avivó y extendió arrasando el centro histórico, así como la posterior reconstrucción de esta parte de la ciudad.


El Incendio de 1941 se originó en la calle Cádiz pero no se saben a ciencia cierta las causas, posiblemente un cortocircuito o una chimenea en la noche del 15 al 16 de agosto, pero lo cierto es que el fuerte viento sur imperante, con rachas de hasta 180 kilómetros por hora, lo extendió rápidamente durante dos días que acabaron con la ciudad antigua, donde abundaban las construccionesde madera. No hubo más víctima mortal que un bombero madrileño de los efectivos que desde todas partes acudieron a sofocarlo, Julián Sánchez García, pero los damnificados fueron 10.000 personas de manera directa, 7.000 de ellas en paro forzoso, sin trabajo y miles de familias sin hogar y cientos de empresas y negocios desaparecidos. Ello obligó a una rápida intervención de las autoridades en plena posguerra civil, creándose rápidamente barrios nuevos funcionales que transformaron buena parte del urbanismo santanderino, así como la reconstrucción de la zona destruida.


Aunque los focos principales fueron apagados a los tres días el incendio no se dio por extinguido hasta dos semanas después de iniciado. Mientras se trajo urgentemente comida y ropa para las víctimas de la hecatombe. Una placa recuerda aquellos acontecimientos en homenaje a quienes acudieron a salvar la ciudad, junto con unos versos de Gerardo Diego, quien también vería desaparecer su casa natas en la calle Ataranazas nº7. Esta es su Elegía de Ataranazas.

"Ni ascua ya, ni ceniza ni pavesa;
aire en el aire, luz en el sobrado
de la santa memoria. Aquel tejado,
trampolín de aquel sueño que no cesa;
vuelve la golondrina y embelesa
con su trovar mi oído enamorado,
y está el cielo del Alta serpeado
de altas cometas que el nordeste besa.
¿Todo es ya nada? El fuego ¿también puede
devorar la ilusión, lo que no cede?
A ese alado ladrón ¿no hay quien le ladre?
Nada es ya todo. Viva está mi casa.
Es verdad. No te has muerto. Un ángel pasa
por tus ojos azules, madre, madre".



Ahora, por la Plaza de Alfonso XIII pasaremos, en dirección a la catedral, ante dos edificios notables, a la izquierda el Banco de España y a la derecha Correos.




El escudo real, en lo alto de la fachada.


Placa explicativa.



Justo detrás asoma un poco la catedral.


Jardines del Banco de España y ábdisde catedralicio.


Aquí veremos una placa explicativa del incendio de 1941.


La Ruta del Incendio...


La ciudad en 1941.


Áreas afectadas.


La ciudad vieja, la parte que ocupaba la antigua puebla medieval, la Puebla Vieja y la Puebla Nueva, separadas por la anteriormente desaparecida Ría de Becedo, el que fue el recinto amurallado de la también desaparecida cerca medieval


Plano de situación.


Testimonios de solidaridad.


Fotos del siniestro: calle Atarazanas, donde estaba la casa natal de Gerardo Diego.


Cerro de Somorrostro, origen de Santander, aún en 1943, con la también semidestruida catedral a la izquierda.


Reconstrucción de la catedral.


Reconstrucción de ciudad y catedral en 1945. Calle Juan de Herrera.


Pero, con la torre de la catedral siempre a la vista, y ante el monumento a Alfonso XIII, pasamos también ante el edificio de la Delegación de Correos, hecho en 1915 por Eugenio Fernández Quintanilla y Secundino Zuazo Ugalde, en el tirunfante estilo regionalista montañés de la época.



Placa descriptiva del monumento.



No lejos de aquí tenemos la Plaza Porticada de la Delegación de Gobierno a nuestra derecha y al otro lado de la Calle de Calvo Sotelo, continuación hacia el este del Paseo de Pereda. No hemos de pasar por allí en lo que es estrictamente el Camino pero sí es una buena orientación si deseamos visitar el centro de la ciudad o dirigirnos desde allí a otros barrios y lugares.


Es la Plaza Porticada o Plaza de Pedro Velarde, héroe cántabro durante la Guerra de la Independencia, militar famoso por su levantamiento del 2 de mayo en Madrid contra la ocupación francesa, junto con Luiz Daoiz. La plaza fue construida en estilo neoclásico herreriano tras el incendio de 1941 y proyectada por los arquitectos Javier González de Riancho, Rafael Ruidobro y Valentín de Noval se inauguró en 1950. Está inspirada en la antigua aduana diechochesca que estuvo aquí y desapareció en el desastre. La plaza fue reformada y peatonalizada en el 2006, apareciendo durante las obras cimientos de la muralla medieval y refugios antiaéreos de la guerra civil. Sev realizan en ella numerosas actividades culturales.


Por su parte el Monumento al Héroe fue inaugurado el 2 de mayo de 1880, aniversario del levantamiento, y tuvo diversos emplazamientos.


Por allí al fondo, por los Jardines de Pereda y Plaza de Alfonso XIII vamos nosotros siguiendo el Camino


Pasando, también ante el edificio de Correos, al lado de la estatua de Alfonso XIII.


Pues bien, dejando la Delegación de Correos a la derecha...


Y el Banco de España a la izquierda...


Llegaremos, siguiendo las señales, a la catedral de Santander.