Eres el Peregrino Número

sábado, 22 de octubre de 2016

EL EMBARCADERO DE SOMO: SINGLADURA POR LA BAHÍA DE SANTANDER (CANTABRIA)

Un peregrino embarca en Somo en una embarcación pedreñera de las Lanchas Reginas
Llegan los peregrinos, hoy como antaño, al embarcadero de El Puntal en Somo, municipio de Ribamontán al Mar, tradicional paso a la ciudad de Santander por su extensa bahía. En nuestros días la singladura marítima revive este secular paso navegable gracias a las Lanchas Reginas, que cada media hora arriban a este pequeño puerto recogiendo a los viajeros, entre ellos numerosos romeros xacobeos que, luego de pasar junto a la iglesia de Nuestra Señora de Latas y encomendarse a su Patrona antes de emprender navegación, se disponen a cruzar el estuario hacia la capital de Cantabria. Otros han elegido otra variante, la de la senda costera por las playas de Galizano, Langre, Los Tranquilos, Loredo y el Arenal de Somo, también para llegar aquí.


Antaño, el paso de rías y estuarios, máxime este, el mayor del norte de España, causaba pavor a los viajeros. Eran endebles embarcaciones atestadas muchas veces de gentes, ganado y caballerías que expuestas a las fuertes corrientes, más de una vez naufragaban. Para más inri era gravoso en la mayor parte de los casos el pago del pasaje por lo que era común que, para evitarlo, se diesen grandes rodeos hasta hallar un paso franco y por tierra firme hacia el destino de la otra orilla, tal y como aquí acontecía, pues desde Somo puede irse al vecino pueblo de Pedreña (también con embarcadero) y de allí a El Astillero y Maliaño, junto al puerto y al aeropuerto de Santander, entrando así en Santander luego de rodear toda la bahía.


Esta segunda opción también está señalizada, si bien es una etapa más larga, pues han de recorrerse para ello casi 28 kilómetros de trayecto con un tiempo estimado entre siete y ocho horas de andadura. El paso en lancha es de 45 minutos. De esta alternativa, mayoritaria, nos ocupamos en esta ocasión.


Realmente, ver la ciudad de Santander desde aquí, tan próxima, al otro lado de la bahía y más allá del Arenal de Somo y El Puntal, anima a realizar este periplo marinero sin el riesgo de los peregrinos de antaño.


Vemos desde aquí también perfectamente los edificios del casco urbano santanderino, la zona de expansión urbanística entre el centro y La Magdalena, donde está la Avenida de la Reina Victoria y urbanizaciones como el Grupa Canalejas o, en lo alto, el Grupo Benidorm.


También el Hotel Real, ideado por Alfonso XIII para alojar a su séquito durante sus estancias veraniegas en Santander. Bajo sus auspicios se empezó a construir en 1916. Diez años antes la familia real ya venía a tomar los baños de ola y se asentarían en el cercano Palacio de la Magdalena, del que pronto hablaremos.


Se inauguró por todo lo alto el 12 de julio de 1917 y, décadas después y acabada la monarquía, el Hotel Real albergó numerosas iniciativas entre las que destacan los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Festival Internacional de Música de Santander, razón por la que en el hotel se alojaron directores como Rostropovich o Zubin Metha o que en su gran terraza Jorge Sepúlveda escribió la letra de la canción: "Mirando al mar soñé, que estabas junto a mi". El Hotel Real se desestazionalizó en 1972, cuando empezó a abrir todo el año y en el 2003 de reformaron la cocheras para el nuevo centro de talasoterapia.


Nuevas urbanizaciones se asoman a la bahía...


El Puntal y sus dunas, la enorme Playa de Somo, es la antesala paisajística para cruzar desde aquí la orilla santanderina de la bahía admirando las  y barrios que se levantan sobre ella.


La zona del Paseo de Pereda y Castelar y en lo alto el barrio Carmelo y la colonia Miramar, con el fondeadero de La Osa enfrente


Es muy posible que existiesen poblamientos muy antiguos, prehistóricos mismamente, en este lugar. la ladera norte de la colina de Somorrostro y la antigua ría de Becedo debieron ser parajes ya apetecidos para los más pretéritos asentamientos humanos antecesores de la ciudad.


Más al sur Peña Castillo tiene todos los visos de ser un primer asentamiento prerromano habitado después al menos hasta la Edad Media. Lamentablemente y al haber sido tradicionalmente explotado como cantera se han perdido muchos restos de aquel tan oscuro como apasionante periodo


Pero no es hasta época romana donde hallamos los primeros testimonios incontestables de la fundación de la primera ciudad, el Portus Victoriae Iuliobrigensium, que, independientemente que estuviese aquí o en otro lugar, son evidentes señales de un puerto y civitas o villae romana cuyos restos han aparecido en toda esta ribera, desde el subsuelo de la catedral hasta La Magdalena.


Pasada la época romana sufrió el primigenio asentamiento los ataques de pueblos bárbaros y en tiempos del rey Alfonso II El Casto se funda aquí la Abadía de los Cuerpos Santos sobre un santuario anterior ubicado en Somorrostro en el que se hallaba el relicario de los santos San Emeterio y San Celedonio, los cuales habrían sido decapitados en Calahorra en el siglo III y cuyos cuerpos, unos siglos después, habrían llegado a Santander en una barca de piedra, creencia similar a la llegada del cuerpo decapitado de Santiago a Galicia, escapando de la invasión musulmana.


Dice la creencia piadosa que la barca dio la vuelta a esta península y chocó atravesando lo que hoy es la Isla de la Horadada, en la boca del estuario, guardándose a partir de entonces estas reliquias en una cueva situada en el Cerro de San Pedro y, cristianizando sin lugar a dudas un lugar sagrado pagano, se fundó un primer templo al que le sucederá posteriormente este monasterio donde se veneran los restos de San Emeterio, San Celedonio y otros mártires desconocidos.


Se acepta generalmente que el topónimo Santander viene de Portus Sanctorum Emeterii et Celedonii, y en concreto de San Emeterio por evolución fonética de Sancti Emetherii-Sancti Emderii-Sanct Endere-San Andero-Santendere-Santanderio-Santander). Si bien en los mapas antiguos aparece cuando como San Emeterio y Sant Ander, versión esta última que ha dado pie a la posibilidad que estuviese vinculado a San Andrés, aunque la advocación a este santo no aparece relacionada con la ciudad en ningún momento de su historia. En este orden de cosas en la vecina Asturias su romance llama a San Emeterio Santo Medero y Santo Medé, una evolución linguística muy a señalar pues puede ser comparable a la aquí acontecida con el nombre latino.


En el año 1187 el rey Alfonso VIII de Castilla le otorga la preciada Carta Puebla por el que se regula una gran autonomía local y fueros para la población, libre de apetencias señorales. Esto favoreció notablemente el asentamiento de más vecinos, así como la pesca, el comercio terrestre y marítimo y la elaboración de escabeches y explotación de viñas. A partir de entonces se divide en dos barrios principales dentro de sus murallas, La Puebla Vieja o parte más antigua en el cerro de Smorrostro, con el monasterio de los Cuerpos Santos y el puerto, y la Puebla Nueva con el convento de Santa Clara y, fuera de la fortificación, el de San Francisco. Ambos barrios estaban unidos por un puente sobre la ría de Becedo, hasta que esta fue rellenada a finales del siglo XVIII pero de la que aún quedaban señales en fecha tan tardía como 1936.


A finales del siglo XII empieza a construirse, sobre la Abadía de los Cuerpos Santos, la catedral de la Asunción, a escasos metros de la orilla pero que no vemos desde aquí, tapada por los edificios de la urbe. En esos siglos bajomedievales la marina santanderina participa, junto con la de otros puertos cantábricos, en la toma de Sevilla (año 1248), portando a partir de entonces en su escudo un emblema con la Torre del Oro y una nave rompiedo las cadenas que protegían la ciudad por el río Guadalquivir.


Mientras contemplamos la ciudad desde Somo recordamos su historia mientras esperamos la llegada de las Lanchas Reginas.


Ya suben aquí los peregrinos, al igual que los romeros de antaño, pero con menos riesgos. Aquellos que deseen hacer la ruta a pie han de dirigirse a la carretera, al fondo de la foto.


Una estatua de bronce despide a los romeros en el embarcadero de Somo, El Puntal. Al fondo está el Puente de Somo, por donde siguen hacia Pedreña, ya en el municipio de Santa Marina de Cudeyo, perteneciente también como este de Ribamontán al Mar a la comarca de Trasmiera.


Antiguamente hubo en Somo una venta en la que se hospedaban muchos de los que cruzaban aquí la bahí, conservándose el topónimo Las Ventas.


Embarcadero de Somo.


Bicigrinos y al fondo el Puente de Somo.


Hora de zarpar


Buen viaje.


Rumbo al Puente de Somo.


El embarcadero de Somo y la taquilla de los billetes.


Santander nos aguarda.


El Puente de Somo o de la Ría de Cubas se inauguró en el año 1978 para comunicar directamente esta población y Pedreña, no sin cierta oposición por Parte de la Junta de Obras del Puerto pues afectaba al cercano puerto deportivo allí existente.


Más antiguamente había que dar un rodeo aún mayor para circunvalar a pie la Bahía de Santander.


Así llegamos a Pedreña, pasando junto a la Punta Contrajón y surcando la ensenada de La Barquería, topónimo relacionado con el secular paso en barcas.


Somo queda atrás...


Así como a nuestra izquierda el puente, con sus pilares.


El Puente de Somo. Ría de Cubas, una de las que coforman la bahía de Santander, con los ríos que aquí desembocan.


Nos acercamos pues a Pedreña,ante la Punta Aguda y Punta del Rostro.


Allí, estás Lanchas Reginas hacen siempre escala, al ir y al volver, razón por las que se las conoce popularmente como las pedreñeras.


Puerto de Pedreña.


Pedreña, El Muelle.


Embarcadero de Pedreña y Santander, ciudad que en 1296 llegó a formar una hermandad cn otras villas cantábricas para defender, con la fuerza si fuese necesario, sus intereses comerciales frente a la competencia de otros puertos del Atlántico Norte.


En Pedreña por su parte está atestiguada la existencia de un asentamiento medieval.


El embarcadero de Pedreña.


El Muelle y puerto deportivo van quedando atrás.


Hay sitio afuera y adentro...


Rumbo al embarcadero.


Arribada y escala en Pedreña.


Y seguimos surcando las aguas, doblando la Punta del Rostro...


Rumbo a Santander...


Navegamos por la mayor bahía del norte de España, con 22,42 kilómetros cuadrados, 9 kilómetros de longitud y 5 kilómetros de ancho.



El Puntal queda ahora a nuestra derecha.


El Puntal, arenal de Somo, forma una larga cuña que se adentra en la bahía. Al otro lado está el fondeadero del Promontorio. Quintas y mansiones, así como nuevas urbanizaciones, se extienden a lo largo de la Avenida de la Reina Victoria sobre las playas de Los Peligros y La Magdalena, aquí tapadas por El Puntal del Arenal de Somo, hacia la península y palacio de La Magdalena, antigua residencia real.


Domina la bahía, al norte de la ciudad, el palacio y península de La Magdalena, donde se han localizado restos romanos de a partir del siglo I de nuesta era, justo tras la conquista del territorio por parte del Imperio de Augusto en las guerras asturcántabras contra Roma. Dada su privilegiada situación sobre la ciudad y la desembocadura fue desde siempre un enclave fortificado en el que se libraron algunas batallas durante la Guerra de la Independencia.


A primeros del siglo XX fue regalado al rey Alfonso XIII y allí se construyó entre 1909 y 1911 el palacio real, razón por la que también se conoce al lugar como Real Sitio de la Magadalena. Se esperaba, como así fue, que la presencia del monarca con su familia y séquito promocionase Santander a todos los niveles, especialmente por parte de las clases más pudientes, que estableciesen aquí sus quintas de recreo, residencias, negocios y espacios de ocio, principalmente la vela. Alfonso XIII utilizó el lugar como mansión de veraneo entre 1912 y 1929. Es de entonces cuando, por iniciativa real, se planta en la península el bosquete de pinos. Luego pasó a ser sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, hasta la actualidad.


El extremo occidental de El Puntal es La Punta Rabiosa. Sobre ella vemos de nuevo el Hotel Real y a su izquierda el Muelle de San Martín y El Promontorio con el Museo Martítimo del Cantábrico, cuyas primeras colecciones se remontan al siglo XVIII, el Centro Oceanográfico y el Tiro Olímpico.


Un poco más a la izquierda está el dique de Gamazo con el Centro de Festivales, la Escuela de Marina y el Centro de Vela de Alto Rendimiento.
 

Más allá a la izquierda es la dársena de Molnedo y Puertochico, donde está el Real Club Marítimo, fundado en 1937.


A su vez más a la izquierda empezamos a divisar un poco mejor el Muelle de Calderón, donde está el embarcadero al que nos dirigimos y El Palacete, así como la Estacón Marítima y el paseo y jardines de Pereda.


Más al sur empiezan los muelles de Maliaño, el puerto de Santander.


La antigua puebla medieval sufrió dos graves incendos en pocos años, 1296 y 1311, por lo que fue excluida del pago de diezmos por el monarca Fernando VII con el deseo que sirviese para su recuperación.


Santander se convierte en una gran base naval de la corona castellana al entrar triunfante en el puerto la escuadra castellana de Enrique II tras la victoria de La Rochelle contra los ingleses, creándose las Atarazanas Reales, grandes astilleros para la flota, como los existentes en Sevilla y Barcelona.


Las boyas parecen señalar la mitad de la singladura. En el medio de la foto está el Palacete del Muelle con el embarcadero a su derecha, al que nos dirigimos, en el muelle de Calderón.


Cofirmada su dependencia directa del rey sin influencia de la nobleza terrateniente y feudal a lo largo del siglo XIV, su cesión al Marqués de Santillana en 1466 por parte del monarca Enrique IV provocó una revuelta popular que obligó a revocar esta contestada resolución, pero los conflictos entre los dos barrios santanderinos de La Puebla Vieja y La Puebla Nueva obligaron a otras disposiciones, como el nombramiento de dos alcaldes.


Otros dos graves acontecimientos que marcaron la historia de la ciudad fue la epidemia de peste de 1497, cuando la Armada de Flandes desembarcó con Margarita de Austria, quien venía a casarse con don Juan, el príncipe heredero de los Reyes Católicos, falleciendo 6.000 de sus 8.000 habitantes. Un siglo después otra peste redujo sus habitantes de 2.500 a 800 personas.


Santander empezó a recuperarse de tan grandes reveses en el siglo XVIII, favorecida por su condición de cabeza de partido que hasta entonces era exclusivo de Laredo y por la orden real de abrir el Camino de las Lanas con Burgos, haciendo de Santander el gran emporio comercial del Cantábrico. En 1754 es nombrada capital de la diócesis y el abad pasa a ser obispo, pasando la antigua iglesia-colegiata a ser catedral. Un año después Fernando VI le concede el título de ciudad y en 1783 se instituye el Consulado de Mar y Tierra de la muy noble y muy leal ciudad de Santander, itensificándose el intercambio marítimo con América.


Peña Castillo domina al sur puerto y ciudad, polígonos industriales, dársenas y muelles de Maliaño. En 1816 y con el apoyo de la burguesía industrial nacida de la prosperidad comercial y portuaria de crea la capital marítima, creándose numerosas empresas y astilleros y en 1851 llegaría el ferrocarril.



Esta burguesía industrial favorecería la ampliación de la ciudad con el Ensanche de Santander, expansión de la ciudad más allá de la vieja puebla medieval.


Ya desde mediados del siglo XIX el triunfo en Europa del turismo de ocio y salud para las clases pudientes abarcó a Santander pues esta promocionó sus playas para los salutíferos y recetados baños de ola, creándose la ciudad-balneario de El Sardinero. Esta iniciativa haría como hemos dicho que la propia familia real española hiciese de la ciudad su centro vacacional en tiempos de Alfonso XIII. Culturalmente la Universidad Internacional Menéndez Pelayo consolidó Santander como gran ciudad cultural. Su proyección se vería favorecida a nivel internacional con el aeropuerto, inaugurado en 1953 sucediendo al más antiguo de La Albericia y con las líneas marítimas del ferri con Plymouth y Portsmouth en Inglaterra.


Al norte volvemos a tener una buena vista de La Magdalena y en medio la Isla de la Torre con la Escuela de Vela. A su derecha, tapada, está La Horadada, islote a la entrada de la bahía donde la historia quiso ver el choque de la barca de piedra que traía las cabezas cortadas de los mártires San Emeterio y Celedonio, choque que formó el arco natural de piedra destruido por uin temporal en el año 2005. A la derecha es la Punta Rabiosa y al fondo las playas de La Magdalena y los Biquinis.


Una pedrereña haciendo el viaje de ida a Pedreña y Somo. A la derecha el Museo Marítimo del Cantábrico. Obsérvese arriba una primera línea que quintas de recreo y atrás las moles urbanísitcas de bloques de pisos.




Arenal de Somo.


Santander tuvo otros dos grandes quebrantos en su historia más reciente, uno fue la explosión en 1893  de un barco, el Cabo Machicaco, que transportaba dinamita y ácido sulfúrico sin guardar, como casi nadie hacía, las preceptivas medidas de seguridad. Todo empezó por un incendio que atrajo a que otros barcos viniesen a ayudar, así como equipos de extinción, autoridades y numerosos curiosos, estallando entonces la carga y provocando 590 muertos y 525 heridos pues además destruyó algunas viviendas.


Otro fue el famoso Incendio de Santander, en 1941, que comenzó en la calle Cádiz la noche del 15 al 16 de febrero avivado por un fuerte viento sur que incendió durante dos jornadas el casco histórico de callejuelas y viviendas parcialmente construidas de madera. La única víctima mortal fue un bombero madrileño, Don Julián Sánchez García, que participaba en las labores de extinción. Pero el centro quedó arrasado y la ciudad asolada, con numerosísimas familias sin hogar y la vieja puebla medieval destruida. Esto dio lugar a tener que buscarles rápido acomodo y a la construcción rápida de varios barrios funcionales, transformado la organización urbana de la ciudad.


El embarcadero, el Palacete del Muelle y el edificio del Banco de Santander, ante nosotros, con los Jardines de Pereda.
 

El Puerto de Santander, al sur de la ciudad. A mediados del siglo XX se consideró llevarlo hacia los rellenos realizados allí con el objetivo de sacar del centro urbano la intensa actividad portuaria y lograr además más espacio y competitividad. El nuevo gran puerto santanderino se haría en la Ría de Raos, divisoria con el municipio de Camaro, inauguránodse estos muelles en 1985.


Luego en 1995-97 se haría el espigón central de Raos y en el año 2007 se trasladaría el tráfico pesado de graneles sólidos a una nueva estación más alejada de las viviendas.


Más al sur  El Astillero, donde ya los cántabros y luego los romanos extraían mineral de la Peña Cabarga y cuyos astilleros se hicieron famosos desde los tiempos de Felipe II, cuando se encargaron nueve galeones oceánicos para cargar y custodiar el oro de las Indias. Allí estaría la iglesia de Santa María de Muslera, que con los benedicitinos sería uno de los monasterios estrechamente vinculados con las peregrinaciones a Santiago. No en vano por allí van quienes se dirigen a Santander por tierra firme.


El Pantalán de Dynasol con sus tuberías, ante Eleches. Inaugurado en 1966 para llevar materia prima a la factoría de esta empresa, del grupo Repsol, en Gajano, a 5 kilómetros de distancia, contando los 1,8 que mide este pantalán.


Tras de nosotros vemos ahora en todo su explendor el pueblo de Pedreña, con sus barrios de Evaristo Lavín, Campo La Sierra, Consolación, Corino, Cuatro Caminos, Avenida Severiano Ballesteros, Onso, Ventura Hontañón Castanedo, La Junquera, El Cristo, El Monte, El Muelle, El Rostro, La Barquería, La Iglesia, La Portilla, La Rotiza, La Valle, Provincias, San Roque, Venecia, y Vía.


Aquí nació, vivió y falleció el gran golfista español Severiano Ballesteros. No en vano la población cuenta con un importante campo de golf.


Nos acercamos cada vez más a Santander. Paseo de Pereda y Real Club Marítimo.


El muelle de Calderón con el Palacete del Embarcadero, sito a su derecha y donde arribaremos. Atrás es el gran edificio del Banco de Santander, obra como el palacete del arquitecto cántabro Javier González de Riancho, construido entre 1919 y 1923 sobre un edificio preexistente y que presenta un gran arco como solución arquitectónica obligada para respetar la calle allí existente.


El Centro Botín o Centro Botín de las Artes y la Cultura, promovido por la Fundacion Botín y a cargo del arquitecto italiano Renzo Piano, con una altura que no supera a la de los árboles de los Jardines de Pereda, con dos grandes volúmenes que parecen elevarse sobre suelo y mar.


Más allá asoma una de las torres de la Catedral de la Asunción de Santander, sucesora de la iglesia-colegiata que a la vez se construyó sobre la Abadía de los Cuerpos Santos y esta a su vez sobre construcciones romanas, en el origen de la ciudad. Allá estaba la desaparecida Ría de Becedo. esa parte de la ciudad fue la más afectada por el incendio de Santander de 1941.


Más allá del Banco de Santander sobresale una torre alta y picuda, la de la iglesia del Colegio Kotska de los Jesuitas.


Vamos prestos a desembarcar.


Enfilamos el embarcadero...



En el Muelle de Calderón y junto al Palacete del Embarcadero.


Llega la Lancha Regina...


Atrás quedaron Somo y Pedreña...


Y allá, el Real Club Marítimo. La Lancha llega a la rampa.


La Arribada...


Van llegando los pasajeros.


Momento emocionante...


Hemos llegado a Santander, la novia del mar, como dice la canción de Jorge Sepúlveda...

 Santander, eres novia del mar
Que se inclina a tus pies
Y sus besos te dá.

Santander,las estrellas se van
Pero vuelven después
En tu cielo a brillar.

Yo también, dejaré tu bahía
Y un recuerdo en mi vida
Que jamás borraré.

Santander, al marchar te diré
Guarda mi corazón, que por el volveré



Desde el muelle tenemos una espectacular vista de la bahía de Santander al este, con los pueblos del estuario y las montañas de Cantabria...
 

El Pico Abejo, al sur de Rubayo y ante la planta de productos químicos


El Pico Llen, sierra de Peña Cabarga...


Elechas...


 A la izquierda el Puente de Somo, a la derecha Pedreña.


Pedreña


Lanchas Reginas o pedrereñas...



Ante el Real Club Marítimo de Santander podemos rendir tributo ante el monumento a Los Raqueros, chicos pobres o humildes, muchos huérfanos, que frecuentaban los muelles, como el de Puertochico, para zambullirse en el agua a recoger las monedas que les arrojaban.


El monumento es obra del artista José Cobo.


Placa explicativa.


Dos son las versiones del origen de la palabra raquero, una de la procedencia inglesa de la palabra wrecker para designar al ladrón de barcos y saqueador de naufragios, lo cual casaría con la tradición santanderina que era como los llamaban los marinos ingleses. Y otra del latín rapio-is con la acepción de arrebatar, arrastrar, llevar violenta o precipitadamente.


También se les pagaba por recoger cosas que caían al mar, existieron entre los siglos XIX y XX y pasaban la vida en el muelle, generalmente desnudos, nadando gran parte del tiempo.



Seguimos ruta, saliendo del muelle poco a poco...


Y llegando al tantas veces mencionado Palacete del Embarcadero, que fue antigua estación de pasajeros y cuartel de la policía armada. Fue diseñado  por el arquitecto Javier González de Riancho en 1920 y acabado en 1932. Reinaugurado en 1985 es centro de exposiciones propiedad de la Autoridad Portuaria.


Es de planta cuadrada y un solo piso.


En las torres de la entrada presenta el escudo de Santander...


Rememorando la conquista de Sevilla.


En la parte que mira al mar hay un pórtico sobre columnas.


La entrada principal mira a los Jardines de Pereda y su paseo.


Allí, antes del centro botín, vemos una de las antiguas grúas del puerto, La Grúa de Piedra, en el Muelle de Maura.


Reliquia industrial y símbolo de la ciudad...



Y ante el Banco de Santander seguimos ruta por los Jardines de Pereda.