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lunes, 31 de octubre de 2016

SANTANDER: DE SOMORROSTRO A LA ALAMEDA DE OVIEDO Y CUATRO CAMINOS


Catedral de Santander
Una vez llegados y visitada la catedral de Santander, hito del Camino Norte en Cantabria y puerta de la historia, salimos a la explanada que se extiende ante ella, la Plaza de las Atarazanas, antiguos Astilleros Reales, aquí existentes cuando existía la Ría de Becedo, rellenada a finales del siglo XVIII, ante el cerro de Somorrostro o de San Pedro, lugar donde se hallaron los restos más antiguos de la población, un cerro fortificado y con asentamiento humano atestiguado desde los tiempos de la conquista romana, origen de la ciudad y emplazamiento de un castillo y de la Abadía de los Cuerpos Santos, antecesora de la catedral


 Aquí hay un monumento dedicado a la Asunción, la santa Patrona.


Y hermosa arboleda. Por aquí iremos hacia la calle de Calvo Sotelo, donde continúa el Camino.


La ruta está marcada: señales en el suelo...


Y señalización vertical


En Calvo Sotelo hay una ancha acera, árboles y edificios notables, muchos construidos tras el terrible incendio que asoló Santander en febrero de 1941, en plena posguerra


Placas informativas del gran incendio.


El desastre fue de tal magnitud que transformó buena parte de Santander. Hay una ruta histórica que recorre los escenarios del suceso.


Estamos pues en un lugar de honda trascendencia para la ciudad


Aquí se informa de otro acontecimiento clave en la historia santanderina.


Con fueros desde la baja Edad Media, la entonces villa de Santander era ya una relevante ciudad comercial, marítima y pesquera a la que se le concedió la preciada Carta Puebla y era centro de un territorio en el que confluían rutas terrestres y marítimas. Sus habitantes, amparados por la corona, vivían libres de los vasallajes feudales rindiendo tributo únicamente a la corona, excluidos de las apetencias señoriales de la nobleza terrateniente y de las extensas propiedades eclesiásticas de mitra y monasterios. Esta situación cambió drásticamente en el siglo XV cuando, dentro de las seculares guerras civiles al trono castellano los reyes perdieron poder, pues habían de satisfacer a la nobleza, que era quien ejercía dominio directo sobre la mayor parte del reino, reclutando numerosas huestes entre sus súbditos, pues su participación y la de sus ejércitos e influencia, también económica, era a la postre la que decidía el resultado de la contienda. Así fue como en 1466 el rey Enrique IV de Trastámara paga a su aliado el Marqués de Santillana, Diego Hurtado de Mendoza, otorgándole la villa de Santander, lo que provocó la resistencia de sus habitantes, primero diplomáticamente con la petición de revocación de la para ellos tan nefasta decisión y luego violentamente rechazando la entrada de las gentes del Marqués. Esto ocasionó que efectivamente Enrique IV se echase atrás y anulase la cesión.


En este plano de situación reconocemos como era Sanatander en aquel entonces, comprobando que había en este lugar una ría, desaparecida a finales del siglo XVIII pero de la que aún quedaban señales en 1936, la Ría de Becedo.


Ambas orillas de la ría estaban comunicadas por un puente que comunicaba La Puebla Nueva y La Puebla Vieja (zona en torno a Somorrostro), puente donde se opuso resistencia armada a los guerreros del Marqués de Santillana. El último puente aquí existente fue derribado durante las reformas urbanísticas del Frente Popular en 1936 (entonces llamado Puente de Vargas), dentro de los planes de ampliación de espacios urbanos abiertos acometidos por aquel entonces de diversas ciudades.


Documento de Enrique IV


Hoy en día esta plaza, con sus animadas terrazas, es un lugar de paso y encuentro en el mismo corazón y origen de la ciudad, donde ocurrieron algunos de los episodios más determinantes de su historia.


Justo enfrente, en la calle Calvo Sotelo, vemos las señales del Camino.


Al fondo, aunque no hemos de ir necesariamente hacia allí, a no ser que queramos recorrer el centro urbano santanderino, veremos  la iglesia de la Anunciación, cuyas obras empezaron en 1607 y se trata de uno de los pocos edificios renacentistas cántabros, construyéndose gracias primeramente al patronazgo de Doña Magdalena de Ulloa, que con su marido Don Luis de Quijada fueron los preceptores de Don Juan de Austria. No obstante los trabajos fueron pagados por el Marqués de Villapuente. Resultó muy dañada por el incendio de 1941.


La portada, elevada de la calle, es de arco de medio punto encuadrada en un gran frotón sobre el que está la imagen de la Virgen. Más arriba dos blasones barrocos muestran los emblemas de las estirpes que apadrinaron este santuario, los escudos del primer marqués de Villapuente de la Peña, José de la Puente y Peña, y de su esposa la marquesa de las Torres de Rada, Gertrudis de la Peña y Rueda, quien sufragó las obras finales que pudieron hacer realidad su fundación. Aquí queremos recomendar que, si los peregrinos hacen escala y pernoctan en Santander, les será muy grato recorrer el centro urbano y a ser posible barrios como El Sardinero.


El Camino sigue por Calvo Sotelo adelante. Por estos lugares estaba la Ría de Becedo. La calle antiguamente era llamada de Atarazanas, nombre de los astilleros reales donde se construían galeones de vigilancia costera, buques de guerra y para el tráfico comercial con las indias. Detrás de los edificios de la derecha, construidos tras el incendio de 1941, en la calle Santa Clara, estuvo el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, del que sabemos por primera vez en un pleito de 1636 entre la Cofradía de la Misericordia y un vecino que lo había arruinado a causa de unas obras en una casa pegada a él. El canónigo Zuyer explica en su visita que "... está próximo al convento de Santa Clara, llamado Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, donde solo hay dos camas y el hospedado tienen la comodidad de dormir a cubierto en paja y este también está servido por una mujer pobre, que, por lo que me han dicho, asiste por mera caridad, no tieniendo el hospital renta alguna segura"


Es una ancha y ajardinada acera


En la acera de la izquierda, cruzando la calle Isabel II tenemos una disyuntiva: podemos seguir de frente o ir a la izquierda. Es la ruta al Albergue de peregrinos Santos Mártires, salida y entrada natural a la población cuando estos terrenos eran estuario. Por allí podemos luego continuar por la calle Alta hacia Cuatro Caminos, ruta que emplean muchos peregrinos procedentes de  Peñacastillo luego de rodear toda la bahía por alguno de los varios itinerarios señalizados existentes. Seguimos de frente por la Avenida Calvo Sotelo cruzando la calle de Isabel II. Por esa zona estaría el antiguo Hospital de la Misericordia, que según leemos en el tan reseñado libro Los Antiguos hospitales de Cantabria, estaba administrado por la Cofradía de esta advocación, que estuvo primeramente a cargo del de Nuestra Señora de Guadalupe, allá por el siglo XVII. Tras dos infructuosos intentos, uno en la calle de San Francisco y otro en Becedo, los cofrades solicitaron hacerlo en un terreno al sur de Las Ataranazas, comenzando la construcción en 1655 con el maestro de cantería Juan de Corino y las condiciones de cantería de Vicente de Herrera. En 1660, casi terminándose, varios vecinos de Guarnizo donan seis mil tejas para cubrirlo. En su visita el canónigo suizo Pellegrino Zuyer escribe, viendo las obras, que "el tercero debe ser el que han comenzado a construir fuera de la muralla, por lo que se verá de poca comodidad... y se llamará el Nuevo Hospital de la Misericordia". En 1726 se le menciona en una venta de un terreno del hospital al Ayuntamiento. Se le cita también en el Catastro de Ensenada como el único que funcionaba en Santander en ese momento (mediados del siglo XVIII) y en 1769 se publican los nuevos estatutos de la cofradía. Fue empleado como cuartel  y a finales de la centuria se sabe de un hospitalero-enfermero, Juan Antonio García, que voluntariamente recogía limosnas y cuidaba d epobres y enfermos. Es en 1790 cuando el Obispo y el Alcalde Mayor de Santander  piden al Consejo de la Cámara Real que autoricen construir un nuevo hospital, pues este de La Misericordia solo tenía 15 camas y por la escaséz de sus rentas nada más podía antender a ocho personas, habiendo desaparecido ya su cofradía, describiendo el Alcalde que "hallo una casa infeliz, mui reducida, situada dentro de la Poblazión, mal ventilada, sin distribuzión ni orden". El Obispo Menéndez de Luarca se consagraba a la construcción del nuevo Hospital de San Rafael, actual Parlamente de Cantabria, que visitábamos en la calle Alta


Y esta es la Plaza del Ayuntamiento de Santander, hacia donde cruzaremos nosotros. Todos estos terrenos fueron antaño marismas donde el riachuelo Mies del Valle desembocaba en la Ría de Becedo, paso del Camino Real que, paralelo al de Burgos, que entra hacia la catedral por la calle Alta, discurría por estos parajes, siendo promovido por el Marqués de la Ensenada en 1753 como acceso directo de los productos castellanos, trigo y lana, hacia el Puerto de Santander sin pasar por el abigarrado centro urbano de la Puebla Vieja. En lo que hoy es la plaza el Camino Real se dividía en dos, uno hacia la Puebla Vieja y otro  por la Puerta de Santa Bárbara o de la Reina hacia la Puebla Nueva, los barrios originarios de Santander


Las marismas y la ría desaparecen a finales del siglo XVIII y a primeros del XIX se urbanizan estos espacios con casas de dos y tres pisos con talleres en la planta baja, extendiéndose por aquí la ciudad y construyéndose una parada de postas para viajeros y correo. Cerca de aquí existía desde mediados del siglo XII el Convento de San Francisco, entre las puertas de La Sierra y San Francisco, donde se celebraban desde 1399 las reuniones del Concejo de la Villa, instalándose en él en 1836, tras la Desamortización, la Diputación Provincial. En este momento la plaza se llamaba de Becedo, como la desparecida ría, luego de las Delicias y al final en la de Pi y Margall, presidente de la I República Española


En el año 1896 se derriba el Convento de San Francisco para levantar este Ayuntamiento de Santander, sustituyendo al anterior en la Plaza Vieja, así como los edificios del Mercado de la Esperanza, quedando únicamente la iglesia


El edificio original del Ayuntamiento era en tamaño la mitad del que vemos hoy en día y fue construido según proyecto de 1897 del arquitecto Julio Martínez-Zapata, con un presupuesto de 600.000 pesetas e como hemos dicho inaugurado en 1907 con el alcalde Luis Martínez Fernández. Esta nueva ubicación de las consistoriales cambió el nombre a esta plaza, antes dedicada a Pi y Margall. En 1936 y con motivo de las reformas urbanísticas del Frente Popular son derribadas otras construcciones sitas en la actual plaza como la Casa de Juan de Isla, donde Juan Fernández de Isla tenía almacenes de pertrechos navales relacionados con el Real Astillero de Guarnizo, siendo además un gran impulsor de la industria y la agricultura y fundador de fábricas de loza y harina, siendo encargado por el Marqués de la Ensenada de administrar el comercio de lana castellana preparando el Puerto de Santander para tal fin. También estaba la Casa de Cortines, manzana de viviendas propiedad del empresario Leopoldo Cortines Sánchez, dueño de los balnearios de Alceda y Ontaneda así como Director-Gerente de la Sociedad Nueva Montaña y uno de los fundadores del Banco Mercantil en 1899. En los bajos estaba el Café Cántabro


La iglesia del Convento de San Francisco fue derribada en 1936 para ampliar el Ayuntamiento, pero la guerra civil, la posguerra (cuando a esta plaza pasó a ser del Generalísimo) y diversos litigios con el obispado lo retrasan 40 años, cuando en 1967 fue reinaugurado tras una segunda fase de obras en la que se le dio la configuración actual, las cuales habían empezado en 1963, cuando es derribado el edificio de viviendas de SEPI, donde estaba la Academia Puente y en su bajos abría sus puertas El Gran Bazar, construyéndose en su lugar una fuente luminosa, desmontada en 1983 con la construcción del aparcamiento subterráneo para llevarla a la Glorieta de Pontejos en El Sardinero


Como dato curioso diremos que aquí estuvieron compartiendo espacio una estatua ecuestre de Franco inaugurada en 1874 y un escudo de la II República, retirados ambos en el año 2008, siendo la última estatua del caudillo retirada en España de un espacio público municipal


La última reforma de la plaza es del año 2009, ideada para celebraciones ciudadanas


Siguiendo ruta estamos ahora en la calle Jesús de Monasterio.


Otra de las grandes arterias comerciales de Santander. Fijémonos en el cartel de arriba a la derecha indicando la salida de la ciudad, hacia donde nos encaminamos


Tiendas y comercios, altos edificios urbanos.


Balconadas y galerías


Jardines y farolas


Amplio tránsito peatonal


Más terrazas


Bancos para sentarse


Continuo trasiego de gente...


Más filas de terrazas...


Deguimos anzandno hasta el final de la calle


Intenso tráfico


Vamos a ir ahora un poco a la izquierda, dirigiéndonos a la calle Burgos y pasando junto a la sede de la ONCE, allí donde estuviera antaño el Gran Cinema


La fachada del antiguo cine, catalogada, fue respetada, pero lo demás ha sido derribado y reformado


De esta calle se tienen noticias desde el siglo XVIII


Se peatonalizó hace unas décadas, lo que favoreció notablemente al comercio del lugar


Sus edificios han sido notablemente restaurados


Vamos ya a la Plaza del Rey Juan Carlos I


Hay terrazas y arbolado.


Farolas y tiovivo


Bellos rincones de Santander jalonan este recorrido urbano


Filas de bancos


Pasamos a la Alameda de Oviedo: a la derecha en paralelo es la calle San Fernando y a la izquierda, también en paralelo, la calle de Vargas


Este bello paseo fue abierto en 1834 llamándoselo Alameda Segunda, alameda de la que se tienen noticias desde 1752 y plantada en lo que fue el primitivo Camino Real de Castilla, trazado sobre una milenaria calzada


En 1909 y por iniciativa del Ayuntamiento de Santander pasó a ser conocido como Alameda de Oviedo durante las fiestas de confraternización de ambas capitales


Aquí se celebraban antaño las Ferias de Santiago durante las fiestas, ferias ganaderas y bailes popularesm con música cántabra


Ha tenido a lo largo del tiempo numerosas reformas e intervenciones


Esta es la Farola de las Cuatro Estaciones, diseño modernista del arquitecto municipal Valentín Lavín y esculpida en piedra de Novelda por José Quintana.


Se dice que las mujeres que simbolizan cada una de las estaciones se basan en la santanderina Basilisca García Herrera. Estuvo en un principio, desde 1913 en la Plaza de Pí y Margall, después del Ayuntamiento pero enseguida fue llevada a la Plaza de la Esperanza. En 1983 regresó a la Plaza del Ayuntamiento tras acometerse las obras del parking subterráneo, sustituyendo a la fuente monumental que se llevó al Parque de Mesones en El Sardinero.


Y por fin, 30 años después llegó aquí por petición vecinal


Las Cuatro Estaciones miran a la Alameda y sus calles adyacentes


Aunque llamada alameda la mayor parte de sus árboles son plátanos, algunos centenarios


La Alameda de Oviedo sube ligeramente en rampa


Peregrinas en La Alameda



Bellos jardines


Espectaculares farolas, instaladas en 1901 en la Plaza de Alfonso XIII y luego trasladadas aquí en 1946


Los angelotes de las farolas


Seguimos ruta y poco después hallamos un pequeño gran monumento.


En medio de este jardín


Se trata de una reproducción de la torre gótica de la catedral de Oviedo (Asturias), colocada aquí con motivo del centenario de la Alameda de Oviedo, tal y como reza una placa aquí instalada



En unas jornadas, muchos peregrinos verán la catedral real de la capital asturiana


Fue esta estatua donada por el Ayuntamiento de Oviedo en las celebraciones de aquel centenario, año 2009.



Seguimos nuestra ruta bajo las monumentales arboledas de La Alameda


Las calles tienen bastante tráfico, se trata de una de las principales entradas y salidas de Santander-centro


Al final del todo vemos el final del Paseo, en Cuatro Caminos



Antes veremos, aquí a nuestra izquierda, una iglesia.


La iglesia de la Bien Aparecida. Al otro lado, por la calle Alta, va el camino antiguo que comunicaba Cuatro Caminos con el casco histórico en torno a la catedral yendo primeramente por el barrio del Cabildo de Arriba, de los primeros que crecieron fuera de las antiguas murallas, camino empleado secularmente antes que este de la Alameda, que parte de un lugar donde estaba la desaparecida Ría de Becedo. Está señalizado pero más bien en el sentido hacia la catedral y el albergue, para los peregrinos que llegan a Santander rodeando la bahía por los itinerarios xacobeos existentes, uno cercano a la orilla y otro más exterior que se unen antes de llegar a Peñacastillo


Seguimos de frente, alameda adelante


Y llegamos al quiosco de las flores


Ya estamos en Cuatro Caminos donde, llegados a este monolito, iremos a la izquierda para ir a salir a a la Avenida de Valdecilla, que tenemos enfrente


Allí un monolito del año 1948 rememora la participación de buques y marineros santanderinos en la conquista de Sevilla.


Cuatro Caminos tiene oficialmente este nombre desde 1852, aquí confluían el Camino Real de Burgos, Las Calzadas Altas, el Camino de Becedo (la desaparecida ría) y el de Pronillo. Hubo un fielato o puesto de recaudación de bienes de consumo, conocido popularmente como La Tercera Caseta, pues había otras dos a la entrada de Santander por esta vía


En en lugar levantaron los franceses del general Barthelemy un cadalso para ahorcar a los levantiscos durante las guerras napoleónicas y en 1868 hubo barricadas de los liberales contra las tropas gubernamentales pasrtidarias de la revolución que quiso destronar a Isabel II. Hoy en día hay una rotonda ajardinada y una esfera con los signos del zodiaco


Cruzamos la calle de Vargas y hallamos esta placa de información al peregrino


Aquí vemos la salida de la ciudad... o la entrada por su ruta histórica, para los peregrinos que, optando por el camino terrestre, vienen desde El Astillero a la ciudad



Pasamos así al lado del Mercado y Plaza de México, donde se celebra mercadillo martes y jueves, en la calle Alta


Allí hay un monumento en honor del presidente mexicano Benito Juárez que representa a un blanco, un indio y un mestizo soltando un águila, simbolo del país, obra de Enrique Fernández Criach inaugurada en 1985


"Entre los individuos y las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz"

 

Nosotros circunvalamos la gran rotonda de la Plaza de Cuatro Caminos


Y luego de cruzar la calle de Jerónimo Sáiz de la Maza tomamos rumbo a la Avenida de Valdecilla, por donde iremos saliendo del centro urbano rumbo a Cajo y Peñacastillo