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lunes, 31 de octubre de 2016

SANTANDER: DE SOMORROSTRO A LA ALAMEDA DE OVIEDO Y CUATRO CAMINOS


Catedral de Santander
El Camino Norte de Santiago llega a la Plaza de las Atarazanas, al pie de la catedral de Santander, capital de Cantabria. Las atarazanas eran los antiguos astilleros reales donde se construían galeones para la vigilancia costera, buques de guerra y comerciales con las indias, aprovechando la madera de los bosques cántabros, y es que aquí estaba la desaparecida Ría de Becedo, desembocadura del arroyo de la Mies del Monte, que formaba un abrigo y puerto natural al pie del Cerro de Somorrostro, donde se asienta la catedral, antes Abadía de los Cuerpos Santos, construida sobre un antiguo monasterio que a su vez se hizo sobre un santuario anterior donde se guardaron, al decir de la piadosa tradición, las reliquias de los mártires cristianos San Emeterio y San Celedonio, junto con otros desconocidos, en lo que fue un poblamiento romano guardado por una fortaleza que, llegada la Edad Media, pasó a ser el Castillo del Rey, de Santander y luego de San Felipe, que estaba justo detrás de la catedral. En medio hay en nuestros días un monumento a la patrona, Nuestra Señora de la Asunción


Fue colocado en el año 1949, ocho años más tarde del pavoroso Incendio de Santander, que arrasó con el casco antiguo


La Plaza de Atarazanas, resultado de la reordenación urbana tras el incedio de 1941, fue llamada así en 1945 en recuerdo la calle del mismo nombre que aquí estaba, lugar de los viejos astilleros reales. Por aquí iremos hacia la calle de Calvo Sotelo, donde continúa el Camino atravesando la ciudad, en lo que era la Ría de Becedo con su ribera


Hay bancos y una hermosa arboleda


La ruta está marcada: señales en el suelo...


Es una plaza peatonal muy frecuentada por los santanderinos y visitantes


Hay cafés y animadas terrazas...


Desde aquí admiramos edificios notables, construidos tras el Incendio de Santander de 1941 que tanto afectó al casco antiguo, destruyéndolo casi por entero. La antigua fisonomía de casas populares y algunas viejas casonas hidalgas se transformó a la hora de reconstruirlo. Se destinaron mayoritariamente las nuevas casas a familas acomodadas, organismos públicos y oficinas, transformando el centro urbano no físicamente sino también estética y socialmente


Unos paneles informativos nos indican cómo afectó el desastre a la población


El incendio transformó buena parte de Santander. Existe incluso una ruta histórica que recorre los escenarios del suceso. Este es su recorrido. Estamos pues en un lugar de honda trascendencia para la ciudad


Enfrente de estos bancos, entre la calle y la plaza, hay un largo estanque. Por allí sigue el Camino


Ante dicho estanque otro texto nos explica una parte muy importante de los acontecimientos que en este lugar se vivieron en el pasado


Aquí se informa de otro acontecimiento clave en la historia santanderina: la resistencia al poder señorial del medievo


Con fueros desde la baja Edad Media, la entonces villa de Santander era ya una relevante ciudad comercial, marítima y pesquera a la que se le concedió la preciada Carta Puebla y era centro de un territorio en el que confluían rutas terrestres y marítimas. Sus habitantes, amparados por la corona, vivían libres de los vasallajes feudales rindiendo tributo únicamente a la corona, excluidos de las apetencias señoriales de la nobleza terrateniente y de las extensas propiedades eclesiásticas de mitra y monasterios


Esta situación cambió drásticamente en el siglo XV cuando, dentro de las seculares guerras civiles al trono castellano los reyes perdieron poder, pues habían de satisfacer a la nobleza, que era quien ejercía dominio directo sobre la mayor parte del reino, reclutando numerosas huestes entre sus súbditos, pues su participación y la de sus ejércitos e influencia, también económica, era a la postre la que decidía el resultado de la contienda


 Así fue como en 1466 el rey Enrique IV de Trastámara paga a su aliado el Marqués de Santillana Íñigo López de Mendoza, otorgándole la villa de Santander, según documento reproducido en este panel, lo que provocó la resistencia de sus habitantes, primero diplomáticamente con la petición de revocación de la para ellos tan nefasta decisión y luego violentamente rechazando la entrada de las gentes del marqués y sus partidarios. Esto ocasionó que efectivamente Enrique IV se echase atrás y anulase la cesión.


En este plano de situación reconocemos como era Sanatander en aquel entonces, comprobando que había en este lugar una ría, desaparecida a finales del siglo XVIII pero de la que aún quedaban señales en 1936, la Ría de Becedo


Ambas orillas de la ría, donde vemos las lanchas y barcos de la que fue el viejo puerto, estaban enlazadas por un puente que comunicaba La Puebla Nueva y La Puebla Vieja (zona en torno a Somorrostro), puente donde se opuso resistencia armada a los guerreros del Marqués de Santillana, tal y como se recrea en este dibujo del panel, en el que se ve la lucha en el puente y las riberas de La Puebla Vieja y La Puebla Nueva (donde el de Santillana tenía aliados). Observamos también el puerto natural que era la Ría de Becedo


Desde aquí seguimos ruta pues a lo largo de la calle


En el edificio de viviendas y oficinas enfrente al estanque está la sede del Ilustre Colegio de Abogados de Cantabria, creadado por Real Decreto de 28 de mayo de 1838, que estipulaba para su cumplimiento la reunión fundacional celebrada unas semanas después a la que acudieron los dieciocho abogados entonces residentes en la ciudad, siendo su primer decano el más veterano, D. Antonio Pérez del Hoyo y llamándose por entonces, atendiendo a la denominación oficial de la provincia por entonces Ilustre Colegio de Abogados de Santander, cuya ámbito de actuación era únicamente el del partido judicial santanderino pero que a partir de 1946 se extendería por toda la provincia, entonces perteneciente a Castilla la Vieja. En el año 1941 se quemó todo su archivo y el de la Audiencia Provincial en el que estaba situado perdiéndose toda la documentación relacionada con su fundación y comienzos. La creación de la comunidad autónoma de Cantabria en enero de 1982 hizo cambiar el colegio al nombre actual


El documento más antiguo relacionado con un abogado en Santander es en 1397, cuando el malhechor Ruy Díaz de Arce, señor de la casa de Arce, al ser llevado a juicio pedía para su defensa al corregidor un abogado en un plazo de quince días, que viniese de Burgos, Valladolid o Palencia, dado que

"...en esta tierra yo no he ni fallo abogado ni letrado alguno sin sospecha que me ayude con derecho" a este fecho"

 Esta petición es denegada al informarle que su defensa está a cargo de Pedro Gonzáles de Fremar, "el mejor abogado y letrado de Santander y de toda la tierra..."


En el año 1495 los Reyes Católicos publican una pragmática contra los numerosos zurupetos o intrusos entendidos en pleitos que ejercían en la Merindad de Trasmiera, una de las comarcas de Cantabria, disponiendo "que en la dicha Merindad, de aquí en adelante, nadie sea osado de trabajar de abogado por otro en ningún pleito, a no ser que sea previamente escogido por los juzgadores de Derecho..."

Se sabe que mediado el siglo XVIII había en Cantabria 25 abogados, de los que solo dos estaban en Santander, su bien a finales de esa centuria, en 1793, el número había subido a 11. Con la creación de la Provincia de Santander la Real Chancillería de Valladolid y la Audiencia de Burgos instaron a la creación de este Ilustre Colegio de Abogados


Este es el edificio de La Polar, el primero que se construyó tras el incendio de 1941, llamado así por la compañía de seguros que se hizo cargo de los trabajos y cuyo nombre y anagrama aparecen en la cúspide


Dejamos así a nuestra izquierda esta Plaza de las Atarazanas y la catedral de Santa María de la Asunción con su Iglesia Baja, al llegar al corazón de la ciudad


En esta acera vemos las señales del Camino: la de abajo señala la dirección para nosotros, la de arriba es para aquellos que han optado por llegar a Santander bordeando y rodeando la bahía por alguno de los caminos señalizados


Al fondo, aunque no hemos de ir necesariamente hacia allí, a no ser que queramos recorrer el centro urbano santanderino, veremos  la iglesia de la Anunciación o de La Compañía


La iglesia de La Anunciación es el único edificio que quedó en pie de la antigua Plaza Vieja destruida en el Incendio de Santander. Allí estaba antaño el centro de la ciudad donde se unían varias de sus calles más importantes y donde estaban el antiguo Ayuntamiento y la Casona de Villatorre, además de numerosas viviendas y comercios



La iglesia quedó muy afectada pero fue lo único que pudo salvarse, se trata de uno de los pocos edificios renacentistas cántabros que han llegado a nuestros días. Sus obras empezaron en 1607 y se trata de uno de los pocos edificios renacentistas cántabros, construyéndose gracias primeramente al patronazgo de doña Magdalena de Ulloa, que con su marido don Luis de Quijada, mayordomo de Carlos V, fueron los preceptores de don Juan de Austria. La idea era construir un colegio de la Compañía de Jesús similar a los ya fundados por ella en otros lugares, del que solo queda este santuario. Las obras pararon entre 1617 y 1619 y fueron culminadas al sufragarlas el Marqués de Villapuente de la Peña y su esposa la Marquesa de Torres de Rada. Parecida a otra fundación de doña Magdalena en Villagarcía de Campos en Valladolid, se atribuyen sus trazas al cantero trasmerano Juan de Nates, siendo acabadas por Juan de Mazarredondo y Juan de Rivas


La Virgen de la Anunciación se encuentra en una hornacina


Más arriba dos blasones barrocos muestran los emblemas de las estirpes que apadrinaron la obra final de este santuario, los escudos del primer marqués de Villapuente de la Peña, José de la Puente y Peña, y de su esposa la marquesa de las Torres de Rada, Gertrudis de la Peña y Rueda, quienes aportaron los caudales suficientes para hacer realidad esta fundación


Aquí queremos recomendar que, si los peregrinos hacen escala y pernoctan en Santander, les será muy grato recorrer el centro urbano y a ser posible barrios como El Sardinero o la península de La Magdalena


El Camino sigue por Calvo Sotelo adelante, por donde venía al mar la Ría de Becedo. Era esta antaño La Ribera, como orilla que era de la antigua ría, así se llamó la calle desde el siglo XVI. En el año 1660 el canónigo italiano Pellegrino Zuyer, comisionado de la Comisión Consistorial, en visita de inspección ante los pleitos de Santander para crear un obispado no dependiente de Burgos, escribe en su informe que "la calle más larga es la de la Ribera, que no tiene más de 26 casas en fila". La Ribera, una vez rellenada la ría, no perdió al principio su carácter marinero, pues existieron almacenes de enseres navales y pertrechos para embarcaciones, además de despachos de navieras, escritorios de comercios, etc dado que era la salida natural al puerto pero, ganados también al agua los terrenos del actual Paseo de Pereda, La Ribera iba perdiendo la razón de su nombre, que desaparecería en 1930. José Simón Cabarga en su Santander en la historia de sus calles, nos informa que no todo el mundo estuvo de acuerdo con la nueva disposición portuaria, ya que hubo partidarios de mantener el sistema de muelles en el interior de la población, "como en los puertos del norte de Europa", si bien aquello pronto, con el vapor y el mayor calado de los barcos, hubiese sido imposible


Por la calle circularon los primeros tranvías de Santander, de mulas, y luego los eléctricos y los primeros coches que rodaron por la ciudad, tal y como nos informa Máximo Villar Faro en el blog de historia local Escenas de Santander, que queremos recomendar: En este trayecto urbano es indistinto que vayamos por la acera derecha o por la de la izquierda, si bien las señales están mayoritariamente a la izquierda a la derecha la acera es tal vez más ancha y, al mirar al sur, más soleada. Aunque el tráfico es intenso suele ser bastante fluido y varios pasos de peatones nos permiten cruzar de un lado a otro cuando queramos. Pondremos fotos indistintamente de una y otra acera a la vez


Más antiguamente, detrás de los edificios de la derecha, construidos también tras el incendio de 1941, en la calle Santa Clara, estuvo el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, del que sabemos por primera vez en un pleito de 1636 entre la Cofradía de la Misericordia y un vecino que lo había arruinado a causa de unas obras en una casa pegada a él. El canónigo Pellegrino Zuyer, explica en su visita que

"... está próximo al convento de Santa Clara, llamado Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, donde solo hay dos camas y el hospedado tienen la comodidad de dormir a cubierto en paja y este también está servido por una mujer pobre, que, por lo que me han dicho, asiste por mera caridad, no teniendo el hospital renta alguna segura"



En esta Ría de Becedo estuvieron como hemos dicho las Atarazanas Reales, muelles de barcos para la armada en los que se empleaba la madera de los bosques cercanos para construir buques siguiendo una milenaria tradición de carpinteros de ribera. Santander llegó a construir por mandato una nao al año. Tras cubrirse la ría el constructor Juan de Isla y Alvear mantuvo la tradición marinera del lugar con unos almacenes dedicados a piezas de los navíos que construía en Guarnizo, municipio de Astillero. Sus herederos hicieron más tarde solares edificables. De ello hablaremos un poco más adelante


En La Ribera estaba el puente, de mampostería, llamado antiguamente de las Atarazanas, que separaba las dos partes del antiguo Santander, y que sobrevivió al relleno del pequeño estuario, cuyo aspecto no agradaba pues estaba casi en ruinas y con grietas, embotellando el tránsito, por lo que se planteó sustituirlo por otro más moderno para comunicación de las calles transversales, diciendo de él amargamente el arquitecto Cristóbal de Bernaola en su informe al respecto redactado en 1831 que...

"Su disposición artística es tan tosca y antigua que más parece construcción de los bárbaros y silingos que de los tiempos posteriores"

Por ello al año siguiente comienza a hacerse uno nuevo de madera subastado por poco más de 28.000 reales a José López Bustamante pero, estando casi acabado, empezaron las protestas del vecindario pues había errores estructurales que era preciso arreglar, suspendiéndose las obras mientras se buscaba una solución. Incluso llegó una Real Orden en 1833 exigiendo terminar de una vez, a lo que el Ayuntamiento de desentendió aduciendo que...

"la obra es perjudicial en la forma y modo en que está comenzada (...) según todos los informes y el juicio de los inteligentes consultados"


El estallido de la I Guerra Carlista hizo pasar el asunto a un segundo plano hasta que seis años más tarde se planteó retirar el malogrado puente de madera con la idea de hacer uno más acorde con la estética urbana, habiendo para ello un fondo de donativos de emigrantes de ultramar. Así se proyectó uno más, de piedra, proyecto de Antonio Zabaleta presupuestado en 110.000 reales de vellón. Las obras arrancan en abril de 1840 y finalizan en marzo de 1841, siendo llamado Puente de Vargas en conmemoración de la batalla de ese nombre, cuando Santander estuvo a punto de caer en manos de las tropas del Infante don Carlos en 1833 al principio de la dicha carlistada 



Bajo el Puente de Vargas pasaron aquellos primeros tranvías de tiro animal, pero al llegar los eléctricos su parte superior salvaba a duras penas, lo que hizo que se hiciese otro más en 1912 según diseño de Antonio Corral, con barandilla de hierro con columnas con farolas, ensanchándose también la calle y haciéndose unas escaleras


En 1936 y dentro de las reformas urbanísticas acometidas por los ayuntamientos del Frente Popular al comienzo de la Guerra Civil para descongestionar las atestadas ciudades, se derriba este último puente siendo alcalde Ernesto del Castillo y Bordenabe, quien era apodado por estas iniciativas El Piqueta. con la idea de hacer una avenida, llamada de Rusia que no se llegó a realizar. Cuando entraron los nacionales la nueva corporación de Emilio Pino Patiño mantuvo las escalinatas que quedaron del puente mientras se hacían otras para subir a la catedral. Todo pereció en el dramático Incendio de Santander de 1941, habiendo de ser totalmente reconstruida la práctica totalidad del casco histórico santanderino. En la actualidad prácticamente nada recuerda, salvo la misma disposición de la calle, a cómo era antes La Ribera


Esta es la esquina con calle Lealtad, conocida en 1814 como "callejuela desde Remedios a Atarazanas" y que fue llamada en 1845 Lealtad por el arquitecto municipal Chávarri recordando el título concedido en 1467 a la entonces villa de Santander por Enrique IV por su lealtad a la Corona tras las violentas disputas con el Marqués de Santillana. Se trata otra de las calles destruidas en el incendio de 1941 si bien esta continúo existiendo totalmente reformada


Seguimos recto recordando que en Atarazanas vivió el gran poeta y escritor Gerardo Diego, nacido en Santander en 1896 y que, tras estudiar Filosofía y Letras en Deusto y doctorarse en Madrid, fue catedrático de Lengua y Literatura en los institutos de Soria y de Gijón. En 1920 publicará El Romancero de la novia, luego Poemas (1918-1921) en 1922, Soria. Galería de estampas y efusiones en 1923, Manual de Espumas en 1924 y Versos humanos en 1925, con el que consigue el Premio Nacional de Literatura. Realizó además dos versiones de su Antología con la que dio a conocer a los autores de la Generación del 27 y dio como profesor cursos y conferencias en todo el mundo, además de ser critico literario, musical y taurino y columnista de varios periódicos, a la vez que, prácticamente todos los años, publicaba alguna nueva obra


Gerardo Diego volverá a Santander tras casarse en 1934 y ejercerá también aquí de catedrático en el Instituto. Además de escribir y publicar poesía estudia pormenorizadamente la literatura española y sigue sus tareas de conferenciante y crítico musical. Estando de vacaciones en Francia estalla la Guerra Civil y él toma partido por el bando nacional, escribiendo poemas políticos a su favor. Acabada la contienda se va a Madrid en 1940 e imparte sus clases en el Instituto Beatriz Galindo. En 1947 pasa a ser miembro de la Real Academia Española y en 1956 gana el Premio Nacional José Antonio Primo de Rivera con Paisaje con figuras. En 1979 comparte con Jorge Luis Borges el Premio Cervantes, falleciendo en Madrid en 1897


Vemos en la arquitectura de los edificios inspiración en el estilo herreriano dentro del Renacimiento, como los cónicos picos, homenaje al cántabro Juan de Herrera, arquitecto del monasterio madrileño de El Escorial. Tras la contienda civil fue este estilo resurgió siglos después al ser promovido por el bando vencedor en muchas construcciones públicas de aquel tiempo, tal que en este de la izquierda, Tesorería General de la Seguridad Social


Cruzamos la calle Isabel II. Al llegar a esta esquina tenemos una disyuntiva: podemos seguir de frente o ir a la izquierda por la otra de las calles que aquí llegan, Rua Mayor. Es la ruta al Albergue de peregrinos Santos Mártires. Por allí podemos luego continuar por la calle Alta hacia Cuatro Caminos, ruta que emplean para entrar en el centro de Santander, naturalmente en sentido inverso al nuestro, muchos peregrinos procedentes de  Peñacastillo luego de rodear toda la bahía por alguno de los dos itinerarios señalizados existentes. Otro entraría por aquí, viniendo por el antiguo Camino de Becedo, junto a la ría de este nombre. Por esta zona se planeó en 1882 hacer un túnel bajo la colina para comunicar a la izquierda directamente con la zona de extensión urbana hacia la estación de ferrocarril y el muelle de Maliaño pero el proyecto no se aprobó. En su lugar sí se hizo una rampa, la Rampa de Sotileza, construida entre octubre de 1885 y marzo de 1887, si bien la obra del túnel se retomaría unas décadas más tarde, no ya aquí sino un poco más al oeste, como enseguida veremos


Realmente la mayor parte de los peregrinos en la actualidad suelen llegar a Santander procedentes de Somo y Pedreña en lancha, algo que también se hacía en el pasado, pues documentalmente ya se sabe que en la Edad Media existía algún servicio regular de embarcaciones de orilla a orilla, si bien no con la seguridad de ahora


Al fondo vemos una buena explanada, es la Plaza del Ayuntamiento, enfrente esta calle pasa a llamarse Jesús de Monasterio


Para recorrerla, pues merece la pena, lo mejor es ir por esta acera de la derecha


Una barandilla nos orienta unos metros por la calle Isabel II


Y esta es la Plaza del Ayuntamiento de Santander, hacia donde cruzaremos nosotros. Todos estos terrenos fueron antaño marismas donde el riachuelo Mies del Valle desembocaba en la Ría de Becedo, paso del Camino Real que, paralelo al de Burgos, que entra hacia la catedral por la calle Alta, discurría por estos parajes, siendo promovido por el Marqués de la Ensenada en 1753 como acceso directo de los productos castellanos, trigo y lana, hacia el Puerto de Santander sin pasar por el abigarrado centro urbano de la Puebla Vieja


En lo que hoy es la plaza el Camino Real se dividía en dos, uno hacia la Puebla Vieja y otro  por la Puerta de Santa Bárbara o de la Reina hacia la Puebla Nueva, los barrios originarios de Santander


Las marismas y la ría desaparecen como hemos dichos a finales del siglo XVIII y a primeros del XIX se urbanizan estos espacios con casas de dos y tres pisos con talleres en la planta baja, extendiéndose por aquí la ciudad y construyéndose una parada de postas para viajeros y correo. En la misma ribera existía desde mediados del siglo XIII el Convento de San Francisco, entre las puertas de La Sierra y San Francisco, donde se celebraban desde 1399 las reuniones del Concejo de la Villa, instalándose en él en 1836, tras la Desamortización, la Diputación Provincial. En este momento la plaza se llamaba de Becedo, como la desparecida ría, luego de las Delicias y al final en la de Pi y Margall, presidente de la I República Española


En el año 1896 se derriba el viejo edificio monacal franciscano para levantar este Ayuntamiento de Santander, sustituyendo al anterior en la Plaza Vieja, así como los edificios donde se haría el Mercado de la Esperanza, inaugurado en 1904 detrás de estas consistoriales y construido todo ello también en los antiguos terrenos franciscanos desamortizados. Del convento solamente se conservaría la iglesia durante 40 años más


El edificio original del Ayuntamiento era en tamaño la mitad del que vemos hoy en día y fue construido según proyecto de 1897 del arquitecto Julio Martínez-Zapata, con un presupuesto de 600.000 pesetas e como hemos dicho inaugurado en 1907 con el alcalde Luis Martínez Fernández. Esta nueva ubicación de las consistoriales cambió el nombre a esta plaza, antes dedicada a Pi y Margall


En 1936 y con motivo de las reformas urbanísticas del Frente Popular son derribadas otras construcciones sitas en la actual plaza como la Casa de Juan de Isla, donde Juan Fernández de Isla tenía almacenes de pertrechos navales relacionados con el Real Astillero de Guarnizo, siendo además un gran impulsor de la industria y la agricultura y fundador de fábricas de loza y harina, siendo encargado por el Marqués de la Ensenada de administrar el comercio de lana castellana preparando el Puerto de Santander para tal fin. También estaba la Casa de Cortines, manzana de viviendas propiedad del empresario Leopoldo Cortines Sánchez, dueño de los balnearios de Alceda y Ontaneda así como Director-Gerente de la Sociedad Nueva Montaña y uno de los fundadores del Banco Mercantil en 1899. En los bajos estaba el Café Cántabro


La iglesia del Convento de San Francisco fue derribada en 1936 para ampliar estas consistoriales, pero el estallido de la guerra civil, seguida de la larga posguerra (cuando a esta plaza pasó a ser llamada del Generalísimo) y diversos litigios con el obispado retrasan esta ampliación cuatro décadas, hasta 1967, cuando fue reinaugurado tras una segunda fase de obras en la que se le dio la configuración actual, trabajos que habían empezado en 1963 al ser derribado el edificio de viviendas de SEPI, donde estaba la Academia Puente y en su bajos abría sus puertas El Gran Bazar, construyéndose en su lugar una fuente luminosa, desmontada en 1983, con la construcción del aparcamiento subterráneo, para llevarla a la Glorieta de Pontejos en El Sardinero


Como dato curioso diremos que aquí estuvieron compartiendo espacio una estatua ecuestre de Francisco Franco inaugurada en 1874 y un escudo de la II República, retirados ambos en el año 2008, siendo la última estatua del caudillo retirada en España de un espacio público municipal. La última reforma de la plaza es del año 2009, ideada para celebraciones ciudadanas




En lo concerniente al cenobio de los frailes franciscos podemos decir que era uno de los muchos fundados por la Orden en los núcleos urbanos pujantes ya en la Edad Media, siempre relacionados con los caminos de Santiago rememorando la peregrinación de San Francisco de Asís a Compostela, tanto es así que las leyendas afirman que era el mismo santo y fundador de la Orden quien los iba estableciendo a su paso


 Lo cierto es que los primeros franciscanos de Santander se asentaron en una ermita dedicada a Santa María Magdalena donada por Roy Gutiérrez de Escalante, si bien enseguida salieron a asentar su cenobio más allá de las murallas, como gustaban de hacer, haciendo su fundación en esta orilla del arroyo Mies del Valle que forma la Ría de Becedo, siendo sus benefactores los linajes de los Escalante y los Torre y llegando a contar con 34 monjes 


 En 1291 el Papa Nicolás IV otorgaba indulgencias a los que viniesen en romería a este convento durante las fiestas. Además recibía muchas donaciones de rentas de los llamados hombres buenos o regidores de la villa, sobre todo propiedades en La Villa Nueva, justo al oeste del monasterio, que con las limosnas de los fieles fueron sus principales ingresos. En sus depedendencias se reunía en Concejo de Santander en el medievo, siendo mediadores en los pleitos con los linajes de la ciudad. En algún momento antes de 1417 se trasforman en franciscanos observantes, esto es, los seguidores de las reglas de San Franscisco originales sin adaptaciones temporales, que era lo propugnado por los franciscanos conventuales, autores de las sucesivas reformas


Entre 1808 y 1814 padeció las desgracias de la Guerra de la Independencia cuando fue cuartel y un par de décadas después las políticas desamortizadoras fueron la causa de la exclaustración de su comunidad y la extinción del convento en 1836. Mientras iba demoliéndose en este sector la cercana muralla medieval y la ciudad se extendería prontamente en esta dirección


Justo enfrente de la Plaza del Ayuntamiento, al otro lado de la calle Jesús de Monasterio, vemos unas escaleras, es la Cuesta del Hospital, que recuerda la antigua existencia del Hospital de la Misericordia, que según leemos en el tan reseñado libro Los Antiguos hospitales de Cantabria, estaba administrado por la Cofradía de esta advocación, que estuvo primeramente a cargo del de Nuestra Señora de Guadalupe, allá por el siglo XVII. Tras dos infructuosos intentos, uno en la calle de San Francisco y otro en Becedo, los cofrades solicitaron hacerlo en un terreno al sur de Las Atarazanas, comenzando la construcción en 1655 con el maestro de cantería Juan de Corino y las condiciones de cantería de Vicente de Herrera. En 1660, casi terminándose, varios vecinos de Guarnizo donan seis mil tejas para cubrirlo. En su visita el canónigo suizo Pellegrino Zuyer escribe, viendo las obras, que

 "el tercero debe ser el que han comenzado a construir fuera de la muralla, por lo que se verá de poca comodidad... y se llamará el Nuevo Hospital de la Misericordia"


En 1726 se le menciona en una venta de un terreno del hospital al Ayuntamiento. Se le cita también en el Catastro de Ensenada como el único que funcionaba en Santander en ese momento (mediados del siglo XVIII) y en 1769 se publican los nuevos estatutos de la cofradía. Fue empleado como cuartel  y a finales de la centuria se sabe de un hospitalero-enfermero, Juan Antonio García, que voluntariamente recogía limosnas y cuidaba de pobres y enfermos. Es en 1790 cuando el Obispo y el Alcalde Mayor de Santander  piden al Consejo de la Cámara Real que autoricen construir un nuevo hospital, pues este de La Misericordia solo tenía 15 camas y por la escaséz de sus rentas nada más podía antender a ocho personas, habiendo desaparecido ya su cofradía, describiendo el Alcalde que "hallo una casa infeliz, mui reducida, situada dentro de la Poblazión, mal ventilada, sin distribuzión ni orden". El Obispo Menéndez de Luarca se consagraba a la construcción del nuevo Hospital de San Rafael, actual Parlamento de Cantabria, en la calle Alta


Seguimos avanzando por la explanada de la Plaza del Ayuntamiento, antiguas marismas de la antigua ría junto a las que pasaba el Camino Real y las rutas que entraban desde las llamadas Calzadas Altas, sitas a la derecha, en el Cabildo de Arriba, caminos plantados de árboles que le proporcionaban sombra y jalonados por mesones, parada de arrieros, carreteros y viajeros que entraban y salían de la ciudad. En 1801 el consistorio ordena que no pasen por aquí las carretas de bueyes dictando que...

"conociendo lo urgente y útil que es la avenida de la carretería por el camino alto o de las calzadas altas no se permitía a la carretería venir por el Camino de Becedo"

Queda así mandado que sea el camino de arriba el empleado para tal menester, lo que sería un primer precedente de la urbanización del lugar


En las siguientes décadas, además del desarrollo del puerto y de la industria, Santander se consolidará como centro turístico de importancia al nacer lo que agora llamaríamos el turismo de playa. Los nuevos avances médicos y sanitarios redescubrieron la bondad y propiedades salutíferas de los baños de mar y los balenarios, algo que prácticamente había desaparecido en Europa desde tiempos de Roma, además de su forma de ocio y relación social. Así ya en 1847 se anuncia la primera temporada de baños de ola en la prensa madrileña en 1847. Primeramente acudían familias pudientes de la burguesía madrileña y catalana pero paulatinamente y a lo largo del tiempo la costumbre de bañarse en las playas y tomar el sol como fuente de vitaminas y salud, también como nueva forma de turismo, se iría extendiedo a las clases más populares


Si bien ya con Isabel II y Alfonso XII hubo una gran promoción de las playas cantábricas y santanderinas en general, es con Alfonso XIII cuando Santander se consolida como lugar de veraneo favorito de la corte. Con la familia acude un muy importante séquito y, tras ellos y como resultado de las noticias de prensa, otras numerosas gentes, principalmente clases pudientes, que irán buscando acomodo en la ciudad, algunos haciendo negocios e incluso levantando sus casas y quintas de recreo. Todo ello favorecerá también los cambios urbanísticos, la expansión del sector servicios y el aumento poblacional


A la derecha es la calle Amós de Escalante, dedicada en 1907 al escritor y poeta aquí nacido, en la primer casa de la calle, en 1831, estudiante en el Instituto Cántabro como José María de Pereda y Menéndez Pelayo y que, pese a seguir la carrera de Ciencias en Madrid, se decantó por las letras, colaborando en la prensa santanderina y madrileña, cronista del diario La Época firmando como Juan García y colaborador del Seminario Pintoresco Español, La Tertulia, la Ilustración Española y Americana, el Boletín de Comercio, El Atlántico o La Revista Cántabro-Asturiana entre otras. Tras el fallecimiento de su madre en 1860 multiplica su actividad, publicando sus obras Del Manzanares al Darro en 1863, Del Ebro al Tíber en 1864, Costas y Montañas. Libro de un caminante en 1871, El Veredero en 1873, En la Playa (Acuarelas) y Doctoral y penitenciario en 1875, Ave Maris Stella y su Historia montañesa del siglo XVII ve la luz en 1877


En 1880 se casa con María de la Colina y de la Mora y vuelve definitivamente a Santander. En verso escribió Marinas, Flores y en 1890 publicó En la Montaña, llegando a ser muy apreciado por su educación y maneras además de por su obra, tanto por Menéndez Pelayo como por su amigo el político y literato Juan Valera, quien afirmó que era "el mejor educado de los hombres", mientras el primero afirmaba que "los libros de Escalante los tengo sobre la mesa para aprender de ellos cada día"



Falleció en esta calle en 1902, barrio de Becedo, entonces llamada Calle del Correo por la parada de diligencias que lo transportaban. Enfrente estaba la Plaza de Becedo, con sus jardines estilo romántico, lugar escogido en 1889 para ser parada y salida del tranvía, primero de mulas, luego de vapor y seguidamente eléctrico, que iba hacia Cuatro Caminos y después hasta Peñacastillo


Anteriormente, ya en 1837, poco después del nacimiento de Amós de Escalante, se había hecho una calzada enlosada hasta la calle Cervantes, unos metros más allá. Este es el aparcamiento subterráneo cuya construcción supuso la última gran reforma de este plaza


A nuestra izquierda tenemos la calle Jesús de Monasterio, llamada así desde 1903 en honor a este músico cántabro oriundo de Potes y fallecido ese mismo año. De frente sigue el Camino


En la calle Jesús de Monasterio, esquina con calle Garmendia, estuvo el famoso Bazar San Carlos, que tenía su célebre expositor en la misma acera. Antes había estado en un local más pequeño unos metros más a la izquierda. Era una de las antiguas jugueterías de Santander



Pasamos enfrente de estos edificios siguiendo la calle Jesús de Monasterio


Si nos fijamos, calle Garmendia arriba, vemos ahora el Juzgado Social Nº2 de Santander en el barrio del Cabildo de Arriba, Las Calzadas Altas. Al otro lado de él va el otro camino, el de la calle Alta, paralelo a este pero por lo alto de la colina, de ahí su nombre


La calle va en cuesta, muy livianamente pero en un continuo ascenso


Zona de terrazas


Fijémonos ahora en lo que veremos a la izquierda


Al pasar vamos a la izquierda el Pasaje de Peña, El Túnel, el lugar donde en 1936 el alcalde Ernesto Castillo Bordenabe, retomó la idea para comunicar el centro de la ciudad con las estaciones y los muelles por un subterráneo, al lado de donde estuvieron los Almacenes Simeón y bajo la calle Alta. Dada la situación político-social del momento iba a llamarse el Túnel del Pueblo y los trabajos estarían a cargo de obreros voluntarios


Las obras se reinician en 1940 pues, pese al cambio de régimen, se estima ser una buena idea, y así lo ordena el ministro de Obras Públicas, Alfonso Peña Boeuf, inaugurándose el pasadizo con sus 200 metros de largo, en 1943, empleándose tierra y piedras para rellenar el Muelle de Maliaño. Pese a que se le puso el nombre de Pasaje de Peña en honor al ministro popularmente siempre fue más conocido como El Túnel


Arriba vemos los edificios de la calle Alta y un parque, el de la Plaza de Juan José Ruano, donde se conservan restos de la que fue Casa de Recogidas de Santa María Egipciaca, hecha en el siglo XVIII para recoger mujeres pobres y en mala situación, algunas caídas en la prostitución y la delincuencia, siendo una iniciativa del obispo Rafael Tomás Menéndez de Luarca y Queipo de Llano


En 1819 la fundación queda extinguida y el inmueble es utilizado como cárcel hasta la inauguración de la Prisión Provincial en esa misma calle Alta. Vemos arriba a la entrada del túnel el escudo de Santander


Uno de los edificios remozados de la calle Jesús de Monasterio, donde estaba la Casa de Isla, muy importante para la historia de este rincón de Santander


Y es que por aquí vamos llegando a otro de los espacios históricos de la ciudad y su ensanche hacia el oeste: La Alameda Primera, creada frente a lo que fueron los almacenes y talleres de Juan de Isla y Albear, levantados en el siglo XVIII donde se fabricaban enseres y aperos para los barcos que se hacían y reparaban en los astilleros de la bahía, desde Santander al Astillero y Guarnizo, los cuales se extendían hasta bastante al oeste, hasta la actual Plaza de Numancia


Su quiebra motivó que fuesen siendo convertidos en fraguas, tiendas, mesones y otros negocios que transformaron el aspecto del lugar. Ya en 1798 empiezan a fraguarse los primeros cambios urbanísticos en estos terrenos, que se prolongarán durante el siglo XIX extendiéndose hasta Cuatro Caminos


Van a partir de entonces a ir desecándose las marismas y plantándose arbolado, colocándose bancos y construyéndose una gran fuente ornamental. Aquí se cortaría el paso a las carretas de bueyes (como ahora se hace a los camiones a la entrada de las ciudades), siendo edificados los solares colindantes con casas de dos o tres pisos con industrias y talleres e iría creándose una zona residencial, construyéndose al norte el barrio de La Florida


Era dueño de las mayor parte de los terrenos por aquel entonces Toribio Rubio, y esa es la razón por la que la calla paralela a esta que pasa detrás de estos edificios se llame Calle Rubio. Esta parte pasaría en 1862 a llamarse calle de la Alameda y en 1868 Cuatro de Septiembre conmemorando la Revolución de aquel año, La Gloriosa o Septembrina, que supuso el exilio de Isabel II, denominación que duraría hasta la Restauración de 1876 y vuelta de los Borbones. Era conocida como Alameda Primera para distinguirla de la Alameda Segunda o Alameda de Oviedo que estaba un poco más allá, por donde pasaremos también nosotros en dirección a Cuatro Caminos


Esta es la esquina  con la calle Cervantes, a donde ya en 1837 llegaba la calzada enlosada que venía de la Plaza de Becedo, por donde acabamos de pasar. La calle venía a ser la que delimitaba por este sector el barrio de La Florida


Estamos en una de las principales arterias comerciales santanderinas, que ya se configuraba como tal en aquellos sus primeros tiempos, cuando ya se instalaban las primeras tiendas y cafés, . También había barracones y almacenes, algunos se transformarían en cines y salas de fiestas


Zona también de hostelería y terrazas


Uno de los pasos de peatones de la calle


Vista frontal de los edificios donde estuvo la Casa de Isla antes de urbanizarse la calle


Los edificios, altos, son de diversas épocas y estilos. Suelen presentar grandes galerías, ventanas, balconadas... para aprovechar la luz solar y asomarse a la animación de la calle


Los de esta acera norte parecen los levantados cuando se urbanizó este sector


Destacan aquí las filigranas de los herrajes de los balcones


Tal y como decimos la acera norte es la más luminosa, pues mira al sur


La Alameda Primera fue levantada a finales del siglo XX para hacer un gran aparcamiento subterráneo que paliase la falta de estacionamientos en las atestadas calles del centro urbano del que cuya entrada vemos en esta foto a la izquierda de la farola


A la izquierda vemos un edificio construido en los años 70, el de Simago, nombre de una antigua cadena comercial aquí instalada. Más antiguamente estuvo aquí en los años 20 del siglo XX el Pabellón Narbón, uno de los primeros cines de Santander. Poco más adelante y en la misma calle era la Sala Narbón de fiestas y bailes, inaugurada en 1916. Durante un tiempo la juventud que presentase diez chapas de Gaseosa Santa Marta entraba gratis, lo que provocaba verdaderas procesiones por los bares buscándolas. Cerró en 1957


Junto al edificio de Simago la calle Obispo Sánchez de Castro


 Otra parte de los edificios de la acera norte


Amplio tránsito peatonal. En 1949, dentro de la recomposición de la ciudad tras el incendio del 41, la acera norte, a la derecha, se une con la Alameda Primera, haciéndose allí una gran acera en la que se instaló una pérgola de piedra cubierta con enredadera, que vemos a la izquierda


Más terrazas y edificios de época. A la derecha la calle Florida, que mantiene el nombre del barrio residencial aquí creado al urbanizarse la zona en el siglo XIX


Cristaleras que miran al sol


La pérgola a nuestra izquierda


Bancos para sentarse. Al fondo vemos la calle Marqués del Arco, que comunica con la calle Alta, la otra entrada histórica de la ciudad, aquella a La Puebla Vieja (Somorrostro), también señalizada como itinerario jacobeo por el Cabildo de Arriba



Aquí vemos la pérgola desde enfrente, desde la citada calle Marqués del Arco


La pérgola es uno de los elementos que quedan en pie de la antigua alameda aquí existente. Un poco más al oeste está la Alameda Segunda, la Alameda de Oviedo, por donde pronto pasaremos. Al otro lado de la calle, acera izquierda, estuvo el Pabellón Narbón, uno de los primeros cines de Santander, del empresario Alfredo Narbón. Luego se haría la Sala Narbón, donde se celebraba a principios del siglo XX la verbena de San Juan


Terrazas en la esquina con la calle Florida, que ostenta el nombre del barrio nacido al norte de la Alameda Primera


Varios quioscos de prensa jalonan todo este trayecto, además de las farolas estilo clásico. Son las farolas fernandinas o isabelinas, aparecidas por primera vez en aquellos reinados de Fernando VII e Isabel II y que han seguido fabricándose hasta nuestros días. Suelen instalarse en lugares de interés histórico si bien también a veces en barrios nuevos. Cuando lleguemos a Oviedo siguiendo el Camino Norte nos encontraremos con otras iguales


Otra vista de las terrazas frente a la confluencia con la calle Florida


Más balconadas y galerías


Y otra línea de terrazas. Uno de los antiguos cafés de la Alameda Primera fue el Café Cántabro, que antes estaba en Becedo


Nos acercamos así a un importante cruce de calles


Hermosos Jardines justo al comienzo de la calle Burgos


Y este es el Monumento a Amnistía Internacional, que representa a la llama encendida, símbolo de la paz, obra de Blas Crespo e inaugurado en 1991


Al otro lado de la calle estaba la famosa Sala Narbón


Al final de las terrazas llegaremos al cruce con la calle Isabel la Católica que viene en bajada a la derecha. En ella estuvo la sede de la comunidad protestante con capilla y escuela que el pastor Enrique de Tienda inauguró en 1904 tras el preceptivo permiso municipal, la cual reemplazaba a otra más antigua sita en un almacén de la calle Limón. La fundación protestante fue suprimida en 1937 al caer Santander en manos de los nacionales para pasar a ser local de la Falange hasta 1942, cuando lo compró  el contratista Ceferino Damián Casanueva González, quien los restituyó a sus antiguos propietarios, la Compañía Española-Americana con sede en Boston. Solo quedaban de las dependencias del santuario unos bancos que serían donados a la iglesia de la Consolación, sita en la calle Alta


De frente es la calle San Luis, pero nosotros iremos a la izquierda


Tomamos la dirección de la calle Burgos

En la calle Burgos, a la derecha de la Sala Narbón está el que fue otro de los cines míticos de Santander, el Gran Cinema, que abrió en 1924 y cerró en los años 90, actual sede de la ONCE. La fachada del antiguo cine, catalogada, fue respetada, pero el interior ha sido derribado y reformado


Admirando esos históricos edificios cruzamos el paso de peatones


Esta calle es ahora mayoritariamente una gran explanada peatonal y comercial


Admiramos algunas filigranas en los elementos de la fachada del antiguo cine, en el que también numerosas compañías teatrales actuaban en sus galas de verano




Y seguimos calle arriba a la derecha


El tramo del Camino Real en la Mies del Valle entre la Casa de Isla y la Plaza de Numancia empezó a ser llamado calle Burgos en 1845. Por aquí se seguían extendiendo antaño los talleres y almacenes de Juan de Isla y Albear a los que sucedieron otras industrias comercios y mesones, noticias que se remontan al menos al siglo XVIII


En 1949 se estipuló que como calle Burgos se conocería a este tramo, desde la calle Pelayo a la Plaza de Numancia


La calle fue peatonalizada hace unas décadas, al construirse para el tráfico el túnel subterráneo, lo que descongestionó esta parte de la ciudad y favoreció al comercio existente, estando los edificios gratamente restaurados. Forma en nuestros días un hermoso paseo con árboles y farolas, con bancos para sentarse, zona de mucho tránsito peatonal comunicación de los barrios del oeste con el centro urbano


Por aquí circulaba también el tranvía de mulas desde que en 1883 la Sociedad Anónima del Tranvía Urbano de Santander consigue la la concesión de una línea entre la Plaza de Molnedo en Puertochico y Cuatro Caminos y la Estación del Norte, inaugurada en julio de aquel año hasta la Plaza de Numancia, prolongándola cinco años después hasta Cuatro Caminos. En 1889 se pasó al de vapor entre la Acera del Correo y Numancia, y en 1890 hasta Peñacastillo


En 1908 la línea pasó a ser eléctrica en su totalidad cuando era propiedad de la empresa Nueva Montaña Sociedad Anónima del hierro y del acero, tras haber pasado en 1898 a las manos de la belga Societé Anonyme des Tramways de Santander et du Sardinero


Los edificios de su fachada norte son los que más mantienen la fisonomía original de aquellos tiempos, con numerosos balcones-galería


Las farolas son de otro estilo y tienen abajo en su base un banco circular de piedra


Señalización del Camino de Santiago colocada en el suelo


En todo este trayecto desde la Plaza del Ayuntamiento el recorrido no es del todo llano, una subida, muy ligera y leve pero continua, sigue hasta Cuatro Caminos


Es un hermoso bulevar peatonal muy agradable y cómodo de caminar, con abundantes bajos comerciales


A la izquierda escaparate de dulces tentaciones gastronómicas


Quesada pasiega y sobaos pasiegos... recetas tradicionales evolucionadas a nuestros días


Según el investigador Adriano García Lomas el actual sobao pasiego evoluciona de una receta tradicional elaborada con masa de pan, azúcar blanco y mantequilla, a la que se podían añadir huevos, cáscara rallada de limón, y anís o ron. Pero los actuales sobaos son una exitosa receta ideada por Eusebia Hernández Martín, cocinera del famoso doctor Madrazo, cuando a petición de este preparó un alimento especial, ligero y nutritivo que, basándose en la antigua receta, cambia la masa de pan por harina de trigo y no añade agua


La razón fue conseguir un producto que alimentase bien y fuese tolerable por los enfermos recién operados por el famoso médico en su sanatorio. La nueva receta tuvo un éxito sin precedentes y es el origen de los sobaos tal y como hoy los conocemos


Y también como no las célebres anchoas de Santoña, de las que hemos hablado al pasar por allí


Llegamos así a una plaza


La Plaza del Rey Juan Carlos I, que fue antaño la Plaza del Reenganche llamada así por ser donde se instaló, a mediados del siglo XIX la oficina del reenganche militar


Es una hermosa explanada con más líneas de árboles y terrazas de las muchas cafeterías existentes


Aquí está instalado uno de los tiovivos permanentes de la ciudad de Santander


En 1876 se inauguró una fuente que aprovechaba el agua el manantial de Perines y en 1955 un busto del pintor Agustín Riancho


En la fuente el escudo de Santander


Esta farola monumental, al igual que otras que veremos después, vinieron aquí de su antigua ubicación la Plaza de Farolas al lado de los Jardines de Pereda


Con sus clásicos angelotes, este cubierto de musgo...


En la reforma de principios de los años 90 con el subterráneo de la calle Burgos la plaza se integró en ella, suprimiéndose el aparcamiento y un vial que la cruzaba, pasando a conocerse con su nombre actual


Edificios de la parte norte de la plaza, ante esta explanada en la que también se celebran algunas fiestas


La plaza se alarga hacia un paseo con dos filas de árboles


Es una gran explanada con terrazas a la derecha, frente a los cafés del lugar


Más señalización del Camino Norte en el suelo. Característica de Cantabria


Otro transitado lugar de Santander, comunicación del centro con los barrios del oeste


Las animadas terrazas y las fachadas de colores claros son la característica de este tramo


A la izquierda empieza la calle Vargas, que recibió este nombre en 1859 en recuerdo a la batalla mencionada anteriormente, cuando se evitó la toma de Santander por los carlistas en 1833 con la resistencia de la guarnición de la ciudad, acantonada en el Castillo de San Felipe, y la de la fragata San Juan 



Allí se encontraba antaño el Colegio San Agustín. Los Padres Agustinos que lo dirigían habían estado antes en Rúa Mayor, desde 1902, y luego en el Colegio Cántabro desde 1917 a 1936, cuando fue requisado al estallar la guerra. Luego, tras una estancia en Castelar, impartireron sus enseñanzas aquí a partir del curso 38-39 cuando empezó a llamarse San Agustín. Hubo diferentes obras y ampliaciones hasta que en 1975 se trasladaron a una nueva ubicación en El Sardinero. En su lugar hay ahora un edificio de pisos


Caminamos ya por la hermosa arboleda


En la calle Vargas hay un buen trecho de edificios antiguos soberbiamente restaurados


Nosotros continuamos por este agradable paseo entre filas de árboles ornamentales y bancos


Bellos rincones de Santander donde apetece descansar unos instantes


Se hace patente la cuesta hacia Cuatro Caminos


Más bellos edificios restaurados


Bajo nosotros pasa el túnel. A la izquierda la calle Vargas


A partir de aquí el urbanismo cambia, llegamos a otro hito del Camino...


De frente la Alameda de Oviedo, a la derecha la Plaza de Numancia, donde vemos (a lo lejos a la derecha de la foto) otra de las farolas procedentes del paseo de este nombre. Justo allí y paralela a la Alameda de Oviedo, antes Alameda Segunda, arranca la calle de San Fernando, antiguamente residencial, con quintas y chalets con terreno, pero también industrial. Al empezar estaba la fundición de Colongues Klint, quien fue alcalde entre 1888 y 1889


Vamos a pasar pues a la Alameda de Oviedo, pero antes reparamos en esta pequeña locomotora


Es un puesto de Casatañas


El Castañero de la Porticada


La Alameda de Oviedo tiene su origen en el año 1833, cuando dentro de las iniciativas urbanizadoras  en este sector hacia el que crecía la ciudad se empezó a trabajar en un paseo en la vaguada del viejo Camino de Becedo, mirando que junto con el paseo fuese, en paralelo a él, una calzada ancha para el paso del Camino Real o Carretera de Castilla, el cual empezaría al comienzo de la calle Vargas. Se dice que hubo en tiempos un mojón con el Kilómetro Cero de dicha carretera


Para hacer el paseo, varios particulares cedieron terrenos y el Ayuntamiento de Santander compró otros, propiedad del cabildo catedralicio, a una onza el carro de tierra. Este bello paseo fue abierto en 1834 llamándose entonces la Alameda Larga, luego Alameda Segunda para diferenciarla de la anterior Alameda Primera y, en 1909 durante unas jornadas de confraternización entre ambas ciudades, unidas entre otras cosas por los viejos caminos costaneros, pasó a llamarse Alameda de Oviedo. Así era como publicaba la noticia en ese año de 1909 el Diario Montañés:

"Por Oviedo, Se da lectura de otra proposición firmada por el Alcalde, señor Escajadillo lo los concejales señores Orallo, Quintanal y Bezanilla, para que se dé el nombre de Oviedo a la Alameda Segunda, correspondiendo a las atenciones tenidas por la capital asturiana para Santander. Se aprueba por unanimidad. El señor Bisáñez propone que se conmemore de alguna manera este acuerdo y el señor San Martín pide que se faculte a la Alcaldía para que ésta vea la forma en que ha dedicarse a Oviedo en homenaje. Por unanimidad, así se acuerda"

La Alameda de Oviedo es además el segundo parque más antiguo de Santander, tras los Jardines de Pereda, estos de 1805


Esta otra farola monumental de la antigua Plaza de las Farolas, fue instalada, junto con otra que veremos después, en una de las dos glorietas construidas en este paseo en 1947


En esta vemos entre dos angelotes el escudo de Santander, con un barco que fuerza las defensas del río Guadalquivir junto a la Torre del Oro de Sevilla en la toma de la ciudad en 1248, donde participó la marinería santanderina junto con la de otros puertos cantábricos y arriba las cabezas de los Santos Mártires San Emeterio y San Celedonio cuyas reliquias y la de otras víctimas cristianas quiso la tradición piadosa que se guardasen en el viejo monasterio, luego Abadía de los Cuerpos Santos,  antecesora de la actual catedral


Tras esta primera isleta comunicando las calles adyacentes, cruzamos de nuevo un paso de peatones y avanzamos cuesta arriba por la larga rampa del paseo, que nos llevará a Cuatro Caminos. La Alameda de Oviedo tiene en total 725 metros de largo y una superficie de 18.000 m2. El barrio dispone de un censo que ronda los 4.500 vecinos si bien los habitantes reales son bastantes más.

José Simón Cabarga explica en Santander, Biografía de una ciudad, los avatares que hicieron realidad este paseo, pensado para dar frescor las tardes y noches de verano

"A principios del verano de 1833, Santander pasaba por un mal momento: las clases obreras sufrían una dura crisis y para acudir en su auxilio, el Ayuntamiento decide construir la que ya para entonces se llamaba Alameda Segunda. Se adquieren los terrenos. Según el proyecto, La Alameda tendría 70 pies de anchura, con las calles de paseo y arbolado y dos jardines en El Verdoso"

En ese año, de reformas liberales, comenzaba la I Guerra Carlista, por lo que los prisioneros de ese bando, alrededor del centenar, son empleados en estas obras con "gratificación diaria de real y medio a los jornaleros y de dos reales en cada braza de pared a los canteros. También se plantaban los primeros chopos. En total, contando los veinticinco hombres de guardia de vigilancia de los presos, se gastaban 445 reales al día. El Ayuntamiento se ahorraba unos 210 reales sobre el empleo de los jornaleros libres"

El contratista don Ángel de las Pozas dio por terminadas las obras dos años después, en 1835


A la izquierda tenemos alguno de los edificios más antiguos del mismo que han llegado a nuestros días, también en la calle Vargas. En un principio, con La Alameda ya construida, no eran muchos los santanderinos que acudían aquí a pasear, pues estaba en una zona en la que aún apenas si había alguna casa de labor. No sería hasta finales del siglo XIX cuando, llegados veraneantes a tomar los baños de mar a El Sardinero, un grupo de jóvenes de familias importantes planteó allá por el año 1855, la idea de celebrar fiestas coincidiendo con las corridas de toros que se celebraban en la calle Libertad, patrocinando el Ayuntamiento la iniciativa


Así José Simón Cabarga escribe en su obra Santander, biografía de una ciudad que...

"La Feria habría de durar del 23 al 28 de julio; tendría carácter general, tanto para ganados como para toda clase de mercancías. Se colocarían, a un y otro lado del salón de La Alameda, puestos de venta para los efectos industriales y el comercio, y al final del paseo, en los jardines de El Verdoso, se celebraría una exposición pecuaria. La feria de ganado propiamente dicha, se celebraría en la sierra de la Albericia hasta la altura de Rucandial, obligándose a los vecinos de Monte, Cueto y San Román hacer plantío de arbolado. En los jardines de la Segunda Alameda se situó una tienda de Pabellón para la Diputación y el gobernador. Otra para el Ayuntamiento y las demás necesarias para el servicio oficial de la feria...(...) Aquel mismo invierno comenzó a prepararse el terreno de la Albericia y la Feria se inauguró  en el día previsto, el año 1869"

El día grande y central de la feria habría de ser el 25 de julio, por lo que fue inmediatamente llamada Feria de Santiago, Las Ferias, si bien el historiador José Simón Cabarga, en su libro de 1979 Santander Biografía de una ciudad, manifiesta que no se sabe la razón exacta de la elección de esa fecha

"Por qué fue elegida la fecha del 25 de julio, día de Santiago Apóstol, Patrono de España, como centro de vastas diversiones, es cuestión que ni se cita en los anales santanderinos ni nadie ha podido ofrecer una justificación convincente. Se ha señalado que, hasta entonces, se celebraba una romería en el Alto de Miranda, creada artificiosamente por un tabernero para atraerse la clientela, porque allí no existía una ermita al santo que razonase la fiesta, ni los santanderinos rendían culto especial al Apóstol"

Por su parte Juan Carlos Flores Gispert en La Alameda d Oviedo y Santander lo explica así:

"La Alameda fue  lugar de celebración de las ferias y fiestas de Santiago para muchas generaciones de santanderinos. Tras su etapa inicial de celebración en el Alto de Miranda, las fiestas de verano de Santander (celebradas en Santiago por ser el patrón del comerciante de Miranda que las creó), se trasladaron a La Alameda en 1869, cerca de los bailes campestres de El Reenganche, junto a la actual calle Alcázar de Toledo, y en El Verdoso"

Y en la Biografía de Santander de José Simón Cabarga se lee:

"... debido a las reformas introducidas en el recinto, las barracas y atracciones feriantes tuvieron que buscar nuevo emplazamiento"

Este emplazamiento pasó primero por Los Arenales, en las inmediaciones del actual Barrio Pesquero, luego a Las Estaciones y calle Madrid y, seguidamente, a Cuatro Caminos, al final de esta Alameda precisamente



En los primeros tiempos, cuando se instalaban las casetas, se esparcía arena de la playa en el suelo. El crecimiento de la ciudad y las reformas de 1947 provocaron el traslado de Las Ferias...

"En el año 1950, la feria recibe un decreto municipal de desahucio, porque a la isabelina Alameda le llegó el momento de la transformación y la ciudad de lona tuvo que buscar acomodo a la orilla del mar"

Ya en 1892 se tomó la costumbre de, una vez acabadas Las Ferias, llevar las casetas a la fiesta de San Roque en La Cañía, por lo que los feriantes podían aprovecharlas más, en todo el periodo que abarca desde el Carmen, a mediados de julio, comprendiendo todo un mes de fiestas. En la actualidad durante Las Ferias se disponen puestos y casetas de bebidas y pinchos y en las calles aledañas hay algunas romerías populares






El paseo tenía a los lados largas filas de chopos, actualmente son mayoritariamente plátanos altos y frondosos, algunos centenarios. En 1941, durante el Incendio de Santander, el fuerte viento que lo extendió arrasando el casco histórico de la ciudad, ocasionó también la caída de algunos grandes árboles

El aspecto actual de La Alameda es resultado de las obras costeadas por los vecinos con un impuesto especial en los años 80 del siglo XX, cuyo importe les fue devuelto a muchos de ellos luego de diversos pleitos judiciales, tal y como nos explica Juan Carlos Flores-Gispert en su libro La Alameda de Oviedo y SantanderEn el año 2006 se fundó la Asociación de Vecinos La Alameda, luego de un movimiento vecinal espontáneo surgido años atrás como consecuencia del plan de construcción de un aparcamiento subterráneo


Este jarrón decorativo es exactamente igual a otro existente en la Plaza de Puertochico. Ambos estuvieron antiguamente también en los jardines centrales del Paseo de Pereda


Desde aquí vemos, a nuestra derecha pero más lejos, la Plaza de Numancia, nombre que recibieron en 1883 unos terrenos que había al lado de El Reenganche y urbanizados a partir de 1876


Allí se construyeron una escuelas públicas y se inaugura en 1905 el Parque de Bomberos de Voluntarios, que hacían sus prácticas y edificios en este lugar para deleite de los alumnos del cercano colegio. Antaño estuvo también la Escuela de Comercio. Hasta mediados del siglo los cortejos fúnebres al cementerio de Ciriego paraban en esta plaza, siendo reflejado en las esquelas como "el lugar donde se despedía el duelo" y en la frase popular como "el sitio de costumbre"


Desde el jarrón seguiremos ruta, rampa arriba. Ya en 1824, una década antes de hacerse La Alameda, los vecinos de Becedo pidieron fuese este llamado barrio de Las Delicias, contestando la corporación que no correspondía cambiar el topónimo tradicional si bien no había inconveniente en que la línea de casas a la derecha fuese conocida como calle de "Fernando Sétimo, Rey Absoluto" y que como tal así sería señalado. En 1845, luego de escarmientos bélicos, sociales y políticos, pareció más conveniente dejar de lado a tan polémico monarca y llamarla oficialmente San Fernando


Hubo en el paseo bancos de piedra con respaldo de hierro forjado que fueron trasladados con el tiempo, algunos, a los Jardines de Pereda, donde aún pudimos verlos cuando pasamos por el lugar. También estuvieron los escudos heráldicos rescatados de las viejas casas del casco antiguo desaparecido con el Incendio de Santander de 1941, luego llevados "al portal del Ayuntamiento, al Museo Marítimo del Cantábrico, y a los almacenes municipales, sin que nunca más se supiera de estos últimos, uno de ellos era el de los apellidos Pontejos, Salmón, Parbayón y Albear, procedente de la antigua iglesia de San Francisco, de Santander, desaparecida o, mejor, derribada, en 1936 para realizar la ampliación del Ayuntamiento", en frase de la historiadora María del Carmen González Echegaray


Dentro de las no pocas reformas de la plaza, en 1932 se cambió el trazado de los jardines, construyéndose una fuente luminosa y una bolera que no existen en nuestros días, eran los momentos de la inauguración de la Feria de Muestras de Santander, que se celebraría anualmente hasta la Guerra Civil. De ello leemos también en el libro de José Simón Cabarga:

"En el año 1932 el signo moderno se aposentaba en La Alameda en una vistosa Feria de Muestras, que era el trinfo del hierro, la uralita y la madera de okume, de las fuentes luminosas con juegos de agua y de luces cambiantes"


Antaño los chavales, en bandos, echaban hurrias, esto es, armaban guerras de piedras, de la que así escribe Picapiedra en el blog Sin ley ni orden:

"...la hurria, un juego cruel y audaz, solo apto para valientes y feroces luchadores, un juego atávico que forjaba el carácter y la templanza. Su naturaleza cruel y despiadada lo sumieron en el olvido, de hecho este vocablo no figura en el diccionario castellano, ni se menciona más que en fútiles charlas de bar, por aquellos que lo jugábamos. La hurria era un desafío, dos bandos enfrentados en un descampado, cada uno con sus montañas de munición a sus pies, las piedras, separados por una prudente distancia, para evitar proyectiles de grueso calibre y corto alcance, dos grupos de niños, niños en blanco y negro, niños de cocina económica y de patatas con chorizo, niños de pan oscuro, de pelo rasurado o de corte tipo palangana, descalzos, con coderas y rodilleras para tapar los rotos de la ropa, niños de la calle. Raqueros, como se nos denominaba en mi ciudad natal, raquerucos del puerto, siempre a la caza de una moneda, o de una piedra

Una vez repartidos los bandos y las municiones, todos en su lugar, comenzaba el juego, al principio se escogía una buena piedra, ligera y volátil, se la daba vueltas en la palma de la mano buscando su mejor posición de agarre, una mano que ya empezaba a sudar, que temblaba previniendo los golpes, y que aún así se mantenía firme en su lugar. La primera piedra siempre fue la más tardía, los contendientes nos increpábamos, calentando el momento, hasta que alguien mentaba a la madre de otro, y eso, como cantaba Manolo Escobar por la radio de la época, eso era sagrado

Los proyectiles volaban llenando el cielo de Franco, un cielo triste y apagado, una y otra vez nos agachábamos a recoger nuevas piedras, el momento más delicado, ya que entonces no veías venir las de los contrarios, y la cabeza gacha era una estupenda diana. Se derramaba la sangre, empapando una vez más la sedienta España, un reflejo de otras luchas y otras guerras, iban cayendo los combatientes, uno tras otro, los había que se arrastraban fuera de alcance, sosteniendo con las manos una rodilla sangrienta, o una cabeza enchichonada, otros aguantaban el embate con pedradas en los brazos o en la espalda, signo inequívoco de que se cubrían o se volvían cuando la pedrada era irremediable. Los más fieros lo soportaban todo, llenos de golpes, chichones y moraduras, heridas y rasponazos, seguían tirando hasta que se acababa el montón de munición o no quedaba nadie en pié a quien tirarle. En ocasiones se terminaba la montonera y uno aprovechaba las que le habían tirado, hasta que por fin, uno ganaba o se rendía ante la superioridad enemiga

Tras la lucha, los contendientes se saludaban y se daban la mano mientras comentaban el juego: “Casi te doy”, “Mira donde me has pegado”, “Lolo tiraba con tejas”, algo que por cierto, estaba muy mal visto, ya que los trozos de teja cortaban allá donde pegaran, y entre chanzas y risas, los luchadores volvían a ser niños. Había lágrimas si, pero no de dolor, sino de impotencia, lagrimas risueñas cuando acertabas el tiro, y lágrimas furiosas cuando te acertaban. Era un juego duro, donde los débiles y los delicados no tenían cabida, jugábamos a ser hombres, jugábamos a sobrevivir

Hay quien dirá que una vez jugada la hurria, muchos no volverían, al contrario, siempre volvían, la cobardía estaba mal vista, si hubo quien cambió de bando, pensando que en el contrario le iría mejor, y no siempre era así, el mal lanzador recibía siempre más de lo que daba, y atinar bajo una lluvia de piedras, es un signo de puntería y templanza..."


En 1946 el Ayuntamiento le quitó una porción al sur para alargar la calle Vargas, a nuestra izquierda, completando entonces, después de más de un siglo, el proyecto original de 1833. Vemos en la calle otros de los edificios históricos de La Alameda


A los lados de la zona de juegos se extienden largos asientos corridos. Tiempos quedaron atrás en los que el cinematógrafo Lumiere animaba aquellas Ferias tan bien descritas también por José del Río Pick en Memorias de un periodista provinciano:

"Casi desde principios de julio se empezaban a armar las casetas de madera por un ejército de carpinteros y peones. Se armaban también los arcos de hierro para la iluminación de gas. Frente a la plaza de Numancia se colocaba el arco monumental, alarde arquitectónico, constituido por tres arcos concéntricos, en los cuales se fijaban hileras de bombillas de varios colores, que al encenderse producían un efecto fantástico. En el arranque de los arcos, bombonas de gran tamaño de cristal rojo, azul o amarillo daban más encanto a la iluminación. Luego seguían los arcos sencillos, provistos de bombillas blancas en número crecidísimo, pues ocultaban toda La Alameda hasta El Verdoso. esta iluminación se encendía la víspera de Santiago, y encargados de tal menester eran unos faroleros, subidos en unas grandes plataformas movidas sobre ruedas,que lentamente iban de arco en arco, y los hombres encaramados arriba, con el auxilio de unas pértigas en cuya punta ardía una llama, iban encendiendo las bombillas una a una. Cuando las plataformas rodantes empezaban a moverse y la iluminación se iba encendiendo, los chiquillos nos estremecíamos de júbilo, porque aquel espectáculo no tenía par con ninguno de los otros que por entonces nos ofrecían a la infancia.

La víspera de Santiago tenía lugar por la noche la inauguración oficial de la Feria. Todos los arcos estaban ya encendidos y del Ayuntamiento o de la Plaza de Pombo salía un cortejo, en el que figuraban carrozas alegóricas. Rompían la marcha heraldos a caballos y la Banda de La Caridad, también llamada de la "Sopa de Ajo", que dirigía el maestro Ahedo. También formaban parte de este cortejo los Bomberos municipales y Voluntarios, llevando antorchas encendidas. Y entre un estrépito de cohetes y bombas, de música y gritos, se ponía en movimiento el confuso tropel, al que estaba mezclado todo el pueblo. Las clases distinguidas, las familias del Muelle, esperaban ya en la plazoleta central de la Alameda, en los bellos jardines d elas fuentes, y en el templete que allí se alzaba tocaba una Banda de música militar, contratada por el Ayuntamiento en Vitoria o Logroño, o cantaba un orfeón.

Al mismo tiempo atronaban los órganos de las barracas, aquellos inolvidable que eran los verdaderos monumentos arquitectónicos, con varios pisos, en cada uno de los cuales hacían sonar largas cornetas filas de pajes de la Edad Media, de enanos barbudos copiados de los cuentos de Parrault y Andersen, y caballeros dieciochescos, de pelucas y casaca roja. Todos en miniaturas deliciosas y que automátiamente movían los brazos o alzaban o bajaban la corneta. En estas barracas se exhibían las figuras de cera, que representaban el papel de los actuales noticiarios de cine, porque reproducían plásticamente los episodios que apasionaban a la opinión. Así vimos a Higinia Balaguer en capilla; el asesinato del Presidente de la República Francesa, Sadi Carnot, y como evocación histórica, el último cuadro de la Guardia Imperial en la batalla de Waterloo"


Ahora tenemos a la izquierda la Farola de las Cuatro Estaciones, otra de las farolas emblemáticas de la ciudad, protagonista de un periplo que la llevó de plaza en plaza durante más de cien años


Esta artística Farola de las Cuatro Estaciones es un diseño modernista del arquitecto municipal Valentín Lavín Casalís esculpido en piedra de Novelda por José Quintana, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Santander


Se dice que las mujeres que simbolizan cada una de las estaciones se basan en la joven santanderina Basilisca García Herrera, admirada por su belleza y que sirvió de modelo. Estuvo en un principio, desde 1913, en la Plaza de Pí y Margall, después del Ayuntamiento pero enseguida fue llevada a la Plaza de la Esperanza. En 1983 regresó a la Plaza del Ayuntamiento tras acometerse las obras del parking subterráneo, sustituyendo a la fuente monumental que se llevó al Parque de Mesones en El Sardinero. Hsta que por fin 30 años después regresó aquí por petición vecinal


Fue la Asociación de Vecinos de La Alameda la protagonista del regreso de la célebre farola cuyas cuatro imágenes femeninas miran a los cuatro puntos cardinales


Están a la altura del número 53 de la calle Vargas


Siguiendo camino vemos en la calle de San Fernando, entre los edificios de la derecha, la Plaza de las Cervezas, donde estuvo antaño  la fábrica de cervezas La Cruz Blanca


Siguiendo de alguna manera aquella tradición abren en la plaza sus puertas varias cervecerías con sus terrazas


En días de calor la arboleda proporciona un agradable frescor y umbría con su maravillosa celosía vegetal. Cuando llueve filtra las gotas de lluvia. En otoño el suelo se cubre de hojas caídas como una alfombra y en invierno los árboles desnudos dejan pasar la ansiada luz para revestirse de hojas verdes en primavera... he aquí las cuatro estaciones también al natural en La Alameda...


Con el tiempo a los lados de la Alameda fueron abriéndose calles trasversales en nuevos solares edificables, las casas y chalets con sus jardines cerrados por verjas, como los de las familias Bustelo y Sierra, y las modestas fábricas locales fueron desapareciendo, salvo muy contadas excepciones, para hacer grandes edificios de pisos a partir de los años 1960-67, cambiando totalmente la fisonomía del entorno


Todo el año, pero principalmente en verano, es común ver peregrinos saliendo de la ciudad


La imagen se ha hecho familiar en Santander...


Si bien La Alameda es en sí misma un remanso de paz el ruido del tráfico, principalmente de la calle San Fernando, a la derecha, una de las principales vías de acceso al centro, es bastante intenso la mayor parte de los días


Aquí tenemos a los lados otras dos referencias de interés


A la izquierda, el edificio del Gobierno de Cantabria de la calle Vargas, sede de algunas consejerías y servicios, sito donde fue el Convento y Colegio de las Trinitarias


A la derecha, en San Fernando zona de esquina con Narciso Cuevas, estaba antiguamente el convento de las Adoratrices con su cementerio


Un poco más adelante, también en San Fernando y asomando entre los altos edificios, se conserva otra de las casas históricas del lugar, la de la bodega La Nueva Montaña


Con buen criterio se ha conservado y restaurado, pues se trata de uno de los últimos y escasos referentes que cómo eran las antiguas casas del barrio


Seguimos pues andando bajo las monumentales arboledas de La Alameda de Oviedo, recordando aquellas magníficas ferias que aquí se celebraron. Así el pintor José Gutiérrez Solana escribía de ellas...

"Una de las grandes distracciones del verano en Santander, y que todos esperan con impaciencia, es la ionauguración de la feria. Comienza ésta el día de Santiago y coincide con las corridas de toros; por la noche de víspera hay una gran retreta que parte del Ayuntamiento; la comitiva la forman una gran carroza alegórica en la que van unas cuantas chicas guapas con trajes ligeros, vestidas de ángeles, envueltas en gasas, con el pelo suelto, con coronas de reluciente hoja de lata y alas de trapo; detrás iban los bomberos, los municipales y los voluntarios, con sus cascos romanos, botas de montar, un rollo de maroma a la espalda y el hacha y el pico a la cintura, llevando grandes hachones y bengalas en las manos; detrás una bomba caprichosamente adornada, con una gran escalera"


"Luego venían los gigantones, la vieja de Vargas y su marido, tambaleándose por el camino y volviendo mucho sus enormes cabezotas, mirando al revés, y las gigantillas, haciendo contorsiones repartían vejigazos a los chicos que se acercaban a verlas de cerca, bailando al son de la dulzaina y el tamboril"


"Un hombre iba al lado disparando muchos cohetes y se soltaban globos grotescos; uno era una vaca con dos cabezas y ocho patas, y algún enano barrigudo, que subían dando vueltas por el aire. Cerraba la comitiva la banda municipal, tocando un pasodoble; tenían los carrillos hinchados de soplar y las caras congestionadas, mirando al público, orgullosos de su trabajo. Luego unos hombres tirando cohetes y detrás una porción de chicos y modistillas"


"La comitiva, desde la plaza de Becedo, seguía muy despacio por la Alameda Primera hasta terminar en el parque de bomberos; entraba la carroza y se daba por inaugurada la Feria. Ésta empezaba en La Alameda Segunda, que era un hermoso paseo en línea recta que terminaba al llegar a la plaza de toros. Este paseo, el más antiguo de Santander y el único que se conserva sin hacer reformas, tiene unos bancos de piedra y unos altos y centenarios árboles llenos de ramas que le sombrean. En la noche de inauguración se encendían los arcos de iluminación, que eran de hierro, pintados de encarnado, llenos de tulipas de gas de distintos colores y que se perdían a lo lejos, en disminución, en un aspecto fantástico; en sus costados presentaban gallardetes con banderas cruzadas con los escudos de todas las provincias de España, incluyendo los de las perdidas colonias. Estos arcos, que iban en disminución, destacaban en el cielo azul de la noche tachonado de estrellas; sus globos salteados tenían algo de juegos malabares de circo, de constelación de estrellas"


A la izquierda, un poco más allá del quiosco, estuvo, entre 1934 y 1970, el Cine Alameda, llamado durante la Guerra Civil el Cine del Soldado por los muchos que acudían a sus funciones


En el suelo de la calle Vargas una placa lo recuerda. En el mencionado libro La Alameda de Oviedo y Santander, de Juan Carlos Flores-Gispert, se plasman los recuerdos del empresario teatral santanderino Juan José Seoane, narrando sus añoranzas del lugar:

"Y el cine, recuerdo muy bien el cine Alameda, en el que se ponían los grandes estrenos santanderinos. Ese cine lo llevaba Marcos Restegui y allí pudimos ver películas como Ivanhoe y Las diabólicas. Ésta ha sido, sin duda, con la que más miedo he pasado en mi vida en un cine. Los grandes carteles del cine, que anunciaban las películas, los pintaba en Bilbao Vicente Rodríguez Ortigado, que era un gran artista"


Elegante farola de cuatro brazos. Podemos imaginarnos, pese al tiempo transcurrido y las reformas, cómo sería la feria de antaño, plasmadas por Solana, por lo que seguimos repasando un poco más su relato en La Alameda:

"A su derecha e izquierda se encontraban, en barracas de madera, los puestos que los había de todas clases. A la entrada de la feria había sacamuelas, subastadores, rifas humildes de cajetillas de puros secos de quince céntimos; en medio se veía un concejo dormido y viejo, que nunca tocaba a los que jugaban; otra de esas rifas era la de los caramelos; era un carrito con un tablero lleno de rayas de colores muy bonitos. Los caramelos tenían preciosos y brillantes colores, amarillos, verdes, rojos, representaban figuras y animales; un hombre y una mujer cogidos del brazo, los caballos tenían seis patas, para que los chicos chupasen más caramelo"

"Los fotógrafos al minuto trabajaban de noche y retrataban a las criadas y soldados; tenían unos lienzos pintados con el cuerpo de una torera o una mujer en traje ligero, con pantalones y medias de rayas, botas altas, la chambra de mangas de jamón y la blusa abierta enseñando los pechos: tenía este lienzo un agujero donde asomaban la cabeza los retratados y las fotografías, una vez hechas, daban la ilusión que el cuerpo era postizo"


Pasamos a la siguiente glorieta del Paseo de la Alameda, solución urbanística producto de las intervenciones de 1947 que provocaron el traslado de las célebres Ferias de Santiago, de las que seguía contando el pintor Solana...

"... las barracas formales, donde dormían de noche los dueños que echaban los encerados; eran verdaderas tiendas en que se vendían corbatas, lentes para la vista cansada, gemelos para el teatro,  pipas de madera y boquillas de espuma de mar, ligas,botones, en fin, todo lo que hacía falta: las barracas de rifas con sus cartones numerados; había aquí  muñecas, relojes de pared, despertadores, lámparas, cuadros, floreros, vasos, cromos tristes de asuntos de caza donde un jabalí devora a un cazador vestido de traje de pana y polainas; a su lado una escopeta de dos cañones"

"Más allá estaban los tiros al blanco; uno era de patos nadadores sobre los que se tiraban unas argollas de paja, que cuando quedaban dentro de la cabeza daban derecho a llevarse el pato, y también cuadros mecánicos de latón. Un pequeño circo de focas amaestradas y habitaciones con crímenes; los criminales arrastraban a una mujer por los cabellos hacia la cama y a su marido le llevaban al arca donde tenía guardado el dinero para que la abriese, levantando los puñales amenazadores por encima de sus cabeza... Cuando los tiradores daban en la diana, todas estas figuras se movían con gran ruido de resortes..."


En este lugar se levanta otra de esas espectaculares farolas trasladadas desde la Plaza de las Farolas o de Alfonso XIII aquí durante aquellas reformas de 1947


En el suelo vemos la señalización del Camino Norte de Santiago en Cantabria


Los angelotes de las farolas nos ven pasar...


Dejamos la segunda glorieta y por el paso de peatones cruzamos hacia la segunda mitad del paseo, a la altura del cruce de San Fernando con Perines


La calle Perines la vemos a nuestra derecha, allí tiempo atrás estuvo la fuente que suministraba agua a la de la Plaza del Reenganche


Al fondo vemos la iglesia de Santa María de los Ángeles, de los Franciscanos, santuario de traza totalmente urbana construido entre 1964 y 1967 por el arquitecto Luis Alústiza sobre la Capilluca de la Virgen de Fátima, donde se establecieron primeramente los frailes tras su retorno a Santander en 1956


Como historia curiosa podemos decir que la calle Perines, si bien más al fondo, vivió Kurt Bormman, el número 11 de la lista de los 104 agentes alemanes acusados de espionaje a favor del Reich en España, según un informe elaborado por los Aliados en 1945 reclamando su entrega a España  y que primero había estado en la Legión Cóndor de apoyo a Franco en la Guerra Civil, y según la acusación de los aliados era...

"Miembro de la Gestapo y del partido nazi. Utilizó su empresa aseguradora como tapadera para actividades del espionaje y participó activamente en el suministro de pasaportes falso a alemanes perseguidos". Sin embargo su hija Ruth, afirmaba que "no escondo que mi padre era simpatizante nazi, pero no creo que fuera un espía. Siempre queda la duda, pero nunca vi nada raro en casa ni, con el paso del tiempo, me lo contó"

(Información publicada por Gonzalo Sellers para El Diario Montañés el 23 de mayo de 2010)

Antes de la guerra Kurt Bormman trabajaba en su empresa de artes gráficas en Santander, donde vivía desde 1932 con su esposa Carmen y sus hijos. La familia decidió em 1936 ir a los Juegos Olímpicos de Berlín en la línea marítima que por entonces comunicaba Santander con Hamburgo, empezaban los juegos el 1 de agosto y ellos deciden salir poco más de una semana antes. Embarcados en el Orinoco y ya a mitad de singladura el capitán del barco les informa el 18 de julio que había estallado la guerra en España y que no iban a poder regresar, por ello al llegar a Alemania tuvieron que buscarse la vida y vivir en casas de familiares y amigos mientras Kurt buscaba un nuevo empleo. Un día en la prensa vio un anuncio en el que se solicitaban traductores de español y fue a la entrevista de trabajo, donde advirtieron a los aspirantes que era para la Legión Cóndor y que quien quisiera podía irse. Nadie se echó atrás y Kurt se fue a la guerra, regresando el 6 de junio de 1939 para participar en el desfile de bienvenida celebrado en la Puerta de Brandemburgo

El 1 de septiembre Alemania invade Polonia y comienza la II Guerra Mundial, pero la familia Bormann regresa a Santander en diciembre haciendo una vida aparentemente normal, si bien Kurt mantenía estrecha relación con otros alemanes residentes y miembros del partido, como su lider Rohe, Diersen, propietario de una especie de acuario, el Vivarium, en El Sardinero, y Beseler. Tras la guerra y sabiéndose buscado Kurt se escondió en los Picos de Europa, donde hasta entonces veraneaba con su familia durante aquellos años. Más tarde se fue de allí, ocultándose en un camión para ir a Madrid donde alguien le hizo unos pasaportes falsos lituanos. Con ellos él y su familia embarcaron de Barcelona a Canarias y de allí a Venezuela, de donde regresarían en 1954, cuando la Guerra Fría hacía tiempo que había hecho caer en el olvido muchas cuentas pendientes entre antiguos enemigos. Otro famoso agente alemán en Cantabria fue Spitzy El Pasiego, del que tocará hablar cuando lleguemos a Santillana del Mar


En el año 1885, celebrando la traída de aguas a Santander, se instaló en La Alameda una fuente y arco monumental, al que se subía por una escalinata y que daba paso a una glorieta con un templete en el que se daban conciertos durante las ferias veraniegas. Estaba justo aquí a la izquierda, hacia la calle Vargas, donde ahora vemos las escaleras mecánicas y el centro de salud


El ahora Centro de Salud de Vargas ocupa el lugar en el que se construyó en 1974 la nueva Casa Sindical, acabada en 1978 sobre lo que fue sede del Frente de Juventudes, pero que como tal sindical nunca fue inaugurada


En el recitado libro de Juan Carlos Flores-Gispert dedicado a esta alameda se plasman las vivencias del Ingeniero de Montes Gerardo García Rodríguez en este transitado lugar...

"... cuando las ferias de Santiago se celebraban en La Alameda y en Antonio López. Nosotros, una pandilla de chavalucos, íbamos todas las tardes a ver qué se guisaba por allí. Lo que más nos llamaba la atención era aquel prodigio de verborrea que se llamaba León Salvador; apenas dos caballetes y un tablón en el que se subía, al fondo una sábana que le anunciaba, y a la izquierda una maleta en la que echaba el dinero.

Su público, jóvenes sin dinero, chicas de servir, soldados sin graduación y algún que otro curioso, pero en total se formaba un nutrido corro, Aquel artista de la oratoria hablaba y hablaba y acababa vendiendo lo que se proponía: cuchillas de afetirar, tijeras, cuchillos de cocina, máquinas milagrosas para cortar los embutidos y a veces ¡corte de traje! Los chavales, puestos en primera línea, a vaces acabábamos molestando o poniendo en riesgo la estabilidad del tinglado.

"El charlatán", que así se les llamaba, nos mandaba retirar o nos decía alguna frase para alejarnos; un día, a los de un grupito que estaban muy inquietos les dijo: ¡A ver, vosotros, los de Miranda (porque íbamos a mirar y no a comprar. Uno de los chavales les contestó: ¡Somos de Perines!"

Perines, la calle que acabamos de pasar...


En medio de este jardín admiramos una reproducción en bronce de la torre gótica de la catedral de Oviedo (Asturias), colocada aquí en el año 2009 con motivo del centenario de la confraternizacion astur-cántabra que dio nombre a esta Alameda de Oviedo. Fueron unos actos muy emotivos que festejaron además el 175 aniversario de la antigua Alameda Larga

Todo empezó en el año 1909, cuando la Universidad de Oviedo celebró varias actividades de Extensión Universitaria en Santander, por lo que la corporación invitó al alcalde ovetense y varios concejales a estos actos, apareciendo así la noticia en prensa:

"Santander, día 30 de mayo, A las doce y media llegaron los excursionistas obreros de la extensión Universitaria, y los alumnos de la Universidad de Oviedo. Esperábanlos en la estación y sus alrededores las autoridades, las corporaciones y un gentío inmenso que les ovacionó a su llegada. El recibimienmto fue entusiasta. Acompañan a los excursionistas los catedráticos señores Altamra, Sela y De Benito y algunos profesores del Instituto. A las cuatro de la tarde, llegaron los representantes del Ayuntamiento y de la Diputación de Oviedo, siendo también recibidos afectuosamente. El Cuerpo de Bomberos municipal, y el voluntario, se hallaban cubriendo la Avenida de la estación militarmente. Los concejales y los diputados ovetenses se dirigieron en coches al bulevard Pereda, acompañados de dos representantes de las autoridades locales. En dicho boulevard revistaron á lo sbomberos y éstos realizaron luego ejercicios y simulacros. Uno de ellos simulaba el ataque a una casa utilizando las bombas el todos los actos de salvamento. Luego los excursionistas fueron al Sardinero, donde se les obsequió con un lunch.

Reina mucha animación y entusiasmo; los excurisonistas están contentísimos de los obsequios y atenciones de que son objeto"


Al día siguiente, 31 de mayo, prosiguen los actos...

"Los excursionistas ovetenses visitaron todos los edificios públicos y los servicios municipales. Por la tarde concurrieron á la gira marítima, que resultó animadísima. Luego fueron obsequiados con un lunch. De regreso estuvieron en el Ayuntamiento donde el catedrático señor Sela agradeció las demostraciones de afecto y cariñosa acogida dispensada por el pueblo de Santander. Le contestó el alcalde, diciendo que sólo hacía pagar una deuda que había contraído Santander con ASturias y mui especialmente con su Universidad, que con la Extensión Universitaria lograba la extensión de afectos. Reina mucho entusiasmo"


Y el tercer día se celebran más actos de confraternización:

"Los representantes asturianos continúan recibiendo demostraciones de simpatía.

El alcalde y los concejales de Oviedo visitaron oficialmente al Ayuntamiento, siendo recibidos por el alcalde y todos los concejales.

Entre los alcaldes se cambiaron expresivos saludos.

Los diputados provinciales asturianos hicieron también la visita oficial á la Diputación.

Luego visitaron, acompañados de comisiones de concejales y diputados el vapor alemán Kronprinzessin Cecilie, dónde el capitán obsequióles espléndidamente. Diéronse vivas al Kaiser y al Rey.

A la una de la tarde celebróse en la terraza del Sardinero el banquete citado en honor de los representantes asturianos por la Diputación y el Ayuntamiento. Brindaron los alcaldes y el gobernador civil. Después visitaron la estación biológica de la Marina Real y el Club de Regatas, donde se les obsequió con un concierto y un "lunch" á la una y media de la tarde.

A las tres ha salido para Oviedo el catedrático señor Altamira, á quien despidieron en la estación las más significativas personalidades santanderinas"

Unos meses más tarde es cuando la corporación acuerda por unanimidad, llamar a esta Alameda Segunda Alameda de Oviedo, tal y como decíamos anteriormente


Cien años más tarde, al conmemorarse la efeméride, el Diario Montañés recoge así la noticia en su edición del 15 de junio:

"Santander y Oviedo refuerzan su hermanamiento


Se inician los actos de aniversario de la Alameda con la inauguración de una réplica en bronce de la Catedral de Oviedo. La capital asturiana pondrá el nombre de Santander a una nueva plaza 

El alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, anunció hoy que una nueva plaza pública de la capital asturiana llevará el nombre de Santander. Se ubicará donde estaba la avenida de Santander, hoy una zona "deprimida" que se está remodelando y de la que surgirá un nuevo espacio urbano de 1.800 metros cuadrados con el nombre de la ciudad cántabra.

De Lorenzo hizo este anuncio durante el inicio de los actos de celebración del 175 aniversario de la apertura de esta avenida y el centenario de su denominación oficial como Alameda de Oviedo, evento que estuvo presidido por el alcalde asturiano y el santanderino, Iñigo de la Serna, y que consistió en el descubrimiento de una réplica en bronce de dos metros de altura de la Catedral de Oviedo, donada por este municipio con motivo del aniversario
En el evento, al que asistieron numerosos vecinos a pesar de la lluvia, actuó una banda de gaiteros y el cantante de Torrelavega Sergio Agüeros, que interpretó los himnos de Asturias y Cantabria, entre otros temas.
De la Serna recordó que De Lorenzo le ofreció la réplica de la Catedral cuando coincidieron en Valencia con motivo del nombramiento de Carlos Osoro como arzobispo de esa diócesis y abordaron el tema de los 175 años de la Alameda y el centenario de que se llame 'de Oviedo'. "Pensé que era una figura pequeñita, de las que entregamos los ayuntamientos como recuerdo, pero cuando el alcalde me dijo que medía dos metros, el mejor sitio que se nos ocurrió y que nos llena de orgullo era este lugar", explicó De la Serna.
Por su parte, el regidor asturiano, que hoy cumple 18 años en este cargo, se mostró orgulloso de que "esta vía importante" de Santander, "una ciudad querida y hermosísima", lleve el nombre de Oviedo. En este sentido, dijo que los asturianos fueron "tan bien tratados" en aquel acto que se celebró hace cien años, que cuando volvieron a su tierra pusieron el nombre de Santander a una avenida, entonces importante, y que también cumplirá cien años en el mes de julio.
Intensificar las relaciones
De Lorenzo manifestó que "la madre naturaleza ha sido muy generosa" con los cántabros y los asturianos, que como vecinos están unidos por "esa maravilla de la naturaleza" que son los Picos de Europa y que comparten el río Deva, "que no nos separa". Sin embargo, defendió la necesidad de que Santander y Oviedo "intensifiquen" sus relaciones porque son "dos ciudades culturales con programas envidiables" y que pueden hacer "buenos intercambios".
Tras reconocer que Oviedo tiene "envidia" a Santander porque no tiene playa "aunque con los fondos del Gobierno, algún día habrá playa en Oviedo", aseguró De Lorenzo, éste alabó la "magnífica convivencia" entre las dos capitales, aunque insistió en la necesidad de "ampliarla, ensancharla".
Finalmente, tuvo palabras de reconocimiento para cántabros relacionados con Asturias, como el arzobispo Osoro, y para asturianos que viven en Santander, como son Sagrario, que a sus 90 años trabaja en la Cocina Económica y que es la socia número cero del Centro Asturiano de Santander, a quien expresó su "admiración" y para la que pidió un aplauso. También solicitó al presidente del Centro Asturiano que recupere los premios que otorgaba esta institución".

La reproducción de la catedral de San Salvador, donación del Ayuntamiento de Oviedo, es obra de la escultora Sara Iglesias Poli, es la representación de la torre gótica fruto de las grandes reformas y ampliaciones del siglo XVI sobre el anterior templo románico ovetense y el más antiguo prerrománico, construido para albergar las Reliquias de Jerusalén, luego de largos años escapando de guerras e invasiones desde su origen a lo largo del Mediterráneo hasta llegar a Toledo y luego a Asturias


Al lado de la primer basílica prerrománica, cuyos restos veremos a sus pies al llegar allá, Alfonso II tenía su palacio, desde donde se dice salió en alguna fecha de las primeras décadas del siglo IX, a verificar el hallazgo del sepulcro de Santiago en el extremo occidental de sus dominios, en Compostela, cerca del Finis Terrae atlántico, siguiendo tal vez la vía romana, también continuadora de rutas ancestrales, de Lucus Asturum (Llugo de Llanera) a Lucus Augusti (Lugo) y luego la Vía XIX del Itinerario de Antonino. Sería el antecedente del actualmente llamado Camino Primitivo pero también de todos los caminos a Santiago y por ello, cuando lleguen a la catedral ovetense los peregrinos podrán decidirse entre este Camino Primitivo o continuar el Camino Norte para regresar a la costa en dirección a Avilés, otra muy antigua ruta de peregrinaciones

En unas jornadas, muchos peregrinos llegarán a esta catedral de la capital asturiana. Si bien algunos hacen etapas largas y otros más cortas, unos avanzan rápido y seguido, otros van más despacio o se detienen a ver y visitar algunos lugares, pero podemos decir que en algo más de una semana. unos nueve días, llegarán allá


Las Ferias de 1890 celebradas en La Alameda fueron también plasmadas por José Simón Cabarga, quien escribió de "las rifas, los puestos de baratijas, barracas donde se exhibía a la "joven tigre" y en la que unos adormilados turcos ofrecían un exótico espectáculo; el famoso circo Ferroni que no faltaba a la anual cita, el Museo de Pinturas y otro de figuras de cera; el parque zoológico de Malleu, domador de tigres y leones, los tío-vivos, los artilugios dignos del parque de atracciones de una gran urbe... Y a la entrada de La Alameda, cubierta a todo lo largo por ese mundo risueñamente pintoresco de los bohemios errantes, no faltaba un tenderete donde se vendía la biblia luterana"


Por otro lado, Manuel Amlard describe en su libro Mamá Grande y su tiempo esta Alameda y sus recuerdos:

"La Alameda, durante el invieron era tristísima. Sus altos árboles desnudos gemían con el viento y el suelo terroso se encharcaba. Era allí donde se despedía el duelo de los entierros. Tras del responso, el cura y los acompañantes se volvían, el cochero se quitaba el tricornio y peluca, arreaba a los caballos y, sin más ceremonias, la carroza seguía al galope con el difunto. Pero en la primavera La Alameda resurgía. Sus álamos, ya frondoso, se cuajaban de pájaros y el pie de ellos jugaban los niños. Era también paseo de enamorados, sobre todo al atardecer y, cuando tocaba a su fin, allí donde la ciudad concluía y empezaba el campo. Más allá de la fuentecilla romántica que fluía entre musgos por las fauces de un mascarón, había un ventorrillo frente al cual se celebraba los domingos un baile rústico de pito y tamboril, para las mozas venidas de los pueblos a servir a los señores de la ciudad y los mozos venidos a servir al rey.

Pero era en el verano, durante el tiempo de las ferias, cuando estaba La Alameda más concurrida. Los días de corrida subía por ella, como por el cauce de un río, la multitud que iba a pie a los toros, y por la carretera a su costado, pasaban las calesas con mujeres de mantilla y peineta, los tranvías de mulas abarrotados, los picadores solitarios montados en sus jamelgos y, en un coche con toldo de flecos, sentados frente a frente en dos hileras, los toreros en traje de luces.

Se inauguran las barracas con toda solemnidad: autoridades, maceros, gigantes y cabezudos. Al principio estaban diseminadas: aquí un tiovivo, allí unos columpios.Luego venían los fotógrafos, donde asomando la cabeza por un telón, cualquiera se convertía en el torero que mataba un bravo toro de un volapié o en el yerno que atizaba una paliza a su suegra. Muchos anhelos insatisfechos quedaban así saciados. A continuación en pim-pam-pum o el hombre que hacía caramelos a la luz del acetileno, estirando la pasta carnosa que olía a menta y a malvavisco, en un gancho como el de las carnicerías. Pero a medida que íbamos subiendo, la multitud se hacía más compacta y también la doble hilera de las casetas de lona. El mercado de ilusiones y maravillas estaba en todo su apogeo. Allí se abría la barraca de las pulgas amaestradas, cuyo domador, bigotudo y arrogante, como un domador de leones, las alimentaba, a la vista del público, en sus propios bíceps. El que entraba, mediante una gran lupa sujeta a la mesa, podía ver cómo las pulgas combatían con espàdas, sacaban agua de un pozo y hasta se casaban, ella de blanco y él de etiqueta. Al lado estaba la caseta de la cabeza parlante, mujer degollada a filo de espejos, que adivinaba el porvenir, o al gigante ruso, cuya camisa de once varas se exhibía a la multitud de mirones. A continuación tómbolas, toboganes y carruseles. Telones donde se anunciaban animales monstruosos o la reproducción de crímenes célebres en figuras de cera. Pero descollando sobre los edificios de lona se alzaban los pabellones del circo y del cinematógrafo"


A esta altura y a la derecha, estuvo la empresa de Gaseosa Santa Marta, con cuyas chapas, como hemos dicho, podían entrar gratis los chavales al Salón Narbón  y un poco más adelante el Colegio Hispano y el Cine Capitol, inaugurado en 1962 y destruido por un incendio en su gran pantalla en 1978, siendo totalmente reconstruido, eliminado el piso superior. Su reapertura se celebró un año después con la película La fuga de Alcatraz y, en 2002, tras una historia de 39 años, fue el último cine que cerró en la ciudad


Siguiendo la larga y hermosa rampa de La Alameda, siempre recordando las históricas ferias, de la que el citado empresario teatral Juan José Seoane decía que...

 "... llegaban desde la plaza de Numancia hasta Cuatro Caminos. No solo se instalaban casetas de tiro con carabina y las tradicionales casetas de tiro de pelotas de trapo, sino que también había caballitos, el látigo, una noria y la ola. Y puestos en los que se vendía algodón dulce, siempre de color blanco, pues el rosa no se había aún incorporado a esa golosina infantil. También en las ferias se instalaba el teatro-circo Cirujeda, en cuya entrada se instalaban dos payasos animadores para atraer al público. Y también se instalaban los circo Price y Americano, en uno de los solares varios, muy grandes, que había en La Alameda, subiendo a la izquierda. Pepe Tonetti estaba contratado en el Circo Americano. Ahí es donde empezó este gran artista santanderino, de Cueto. A Pepe se le uniría más tarde su hermano Manolo, una vez que decidieron crear su inolvidable circo Atlas"


Al fondo ya vemos Cuatro Caminos, el final del paseo de La Alameda. La calle Vargas no pudo prolongarse hasta allí nada menos que hasta 1946, pese a estar el proyecto aprobado en 1883, al no poder evitarse la industria de fundición construida en 1862 por los empresarios Roviralta y López que impedía esta apertura al tránsito


El 25 de septiembre de 1883 la línea del tranvía de mulas desde Molnedo inauguraba por la calle San Fernando su nuevo itinerario hasta a Cuatro Caminos desde sus anteriores paradas de destino en la Plaza de Numancia y luego enfrente de la cervecera La Cruz Blanca. La subida aquí existente, si bien no parece mucha, fue la suficiente para que la empresa del tranvía solicitase en 1883 al Ayuntamiento permiso para electrificarla  y dejar las mulas. No le fue concedido y hubo de pasar al tranvía de vapor en 1889, siendo la primera locomotra la Peñacastillo el 25 de junio de aquel año


A nuestra izquierda vemos una alta torre, la del campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Bien Aparecida, que asoma sobre las copas de los árboles


Es uno de los muchos santuarios dedicados a la patrona de Cantabria, cuya fiesta se celebra en su templo principal, donde se desarrolla toda su venerada tradición en Hoz de Marrón, municipio de Ampuero


Abajo, en los bajos de la calle Vargas, hay varios locales comerciales


 Al otro lado, por la calle Alta, va el otro ramal que comunica Cuatro Caminos con el Cerro de Somorrostro y  la catedral, atravesando el barrio del Cabildo de Arriba, de los primeros que crecieron fuera de las antiguas murallas. Como hemos dicho también está señalizado para entrar y salir de la ciudad


Y así llegamos al Quiosco de las flores llegando a El Verdoso, solar de las citadas ferias ganaderas de antaño, donde en memoria de Mario Crespo recogida del libro La Alameda de Oviedo y Santander dice:

"... por las tardes se formaban verdaderas romerías con baile de pito y tamboril, y con figones (tiendas de lona), todo a la moda aldeana montañesa"


Mientras, José Simón Cabarga en Santander Biografía de una ciudad, describe así sus momentos de decadencia, no sin dejar de mostrar sus personales gustos musicales... y un toque épico al final

"Hacía tiempo que en El Verdero habían dejado de sonar la dulzaina y el tamboril del baile del Chispero. Primero fue la pianola; despuésl el horrendo jazz-band. Inevitablemente, la vieja Alameda constituía un anacronismo. Era como una anciana señora sentada a soñar melancólicamente, en ino de aquellos bancos de alto respaldo de hierro, bajo los chopos de hojas estremecidas, que han ido cayendo uno a uno, pero sin rendirse, como los dragones de la vieja guardia imperial..."


Ahora es un espacio totalmente urbanizado dentro de la ciudad. En los tiempos de las ferias ganaderas estaba en las afueras, prácticamente ya en zona rural...


En todo este entorno entre La Alameda de Oviedo  y la calle Alta acontecieron los gravísimos acontecimientos del 25 de julio de 1892, día de Santiago y fiesta grande en Santander, cuando por la tarde, saliendo de una corrida de toros, una discusión con el sargento del Regimiento Bailén destinado en el Edificio de Exposiciones (cerca de la actual iglesia de la Bien Aparecida, donde ahora está El Grupo o Grupo Ramón Pelayo), provocó una reyerta entre paisanos y soldados que acabó a tiros, estallando un verdadero motín que se extendió por toda la zona. Llegó a temerse un asalto al cuartel pero, pese a que por suerte no aconteció, pues habría causado un desastre, los mandos militares, vista la animosidad de la población, decidieron trasladar el regimiento a otra ciudad. El Edificio de Exposiciones pasó en los años 20 a ser cuartel de los boy-scouts y luego en el solar de construyó esta institución docente, tal y como nos dice J. Simón Cabarga en su obra Santander en la historia de sus calles


Final de la Alameda de Oviedo en Cuatro Caminos, el gran cruce a la entrada de la ciudad, que tiene oficialmente este nombre desde 1852 pues aquí confluían el Camino Real de Burgos, Las Calzadas Altas, el Camino de Becedo y el de Pronillo.


Hubo también un fielato o puesto de recaudación de bienes de consumo, conocido popularmente como La Tercera Caseta, pues existían otras dos a la entrada de Santander por esta vía. Entre 1966 y 1992 abrió sus puertas en Cuatro Caminos el Cine Santander. Hasta aquí llegaba antaño el enorme prado de la Quinta Porrúa (Porrúa-Vaquería), que se extendía cuesta arriba a la derecha, dando nombre hoy a un barrio popular de la ciudad


En Cuatro Caminos, llegados a este monolito, iremos a la izquierda para, bordeando la gran rotonda existente por la derecha ir a salir a a la Avenida de Valdecilla, que tenemos enfrente


No sin antes ver el citado monolito, del año 1948, que rememora una vez más la participación de buques y marineros santanderinos en la conquista de Sevilla


Cruzamos a la izquierda primeramente la calle Vargas


Llegamos al otro lado, al pie de un edificio en chaflán


Nada más cruzar tenemos a nuestra derecha un panel informativo


Información al peregrino con mapas de situación


Aquí vemos el itinerario que pueden seguir los peregrinos que han bordeado toda la Bahía de Santander por El Astillero y Peña Castillo para llegar directamente al albergue y la catedral por el camino de Somorrostro a través de las calles Alta y Rumayor, donde se conserva lo poco que sobrevivió al Incendio de Santander de su casco antiguo


También vemos arriba la entrada por Cuatro Caminos y Alameda de Oviedo, el trayecto que hemos hecho nosotros ahora para salir


Y vemos esta gran rotonda a nuestra derecha. En en lugar levantaron los franceses del general Barthelemy un cadalso para ahorcar a los levantiscos durante las guerras napoleónicas y en 1868 hubo barricadas de los liberales contra las tropas gubernamentales partidarias de la revolución de La Gloriosa que llegó a destronar a Isabel II


En el año 1995, en medio de la rotonda aquí emplazada, se instaló la Esfera Armilar con los signos del zodiaco a manera de calendario astrológico obra de Javier Soto cuyo proyecto de atribuye a la sociedad artística Grupo Apia XXI. Una esfera armilar es un modelo del comos en miniatura y desde la perspectiva terrestre, empleado como instrumento astronómico y astrológico en la Antigüedad y Edad Media para calcular la posición de los cuerpos celestes, empleado también en la navegación


Cruzamos la siguiente calle la calle Alta, la que emplean otros peregrinos para entrar o salir de Santander, viendo de frente la Plaza de México. La ruta sigue a la derecha, bordeando la plaza y rodeando la rotonda de Cuatro Caminos


Pero merece la pena acercarse un momento a esta gran explanada, donde estuvo el antiguo matadero hasta comienzos de los años 80. En el lugar se construyó esta plaza, el nuevo mercado y un aparcamiento subterráneo


 El Mercado de México fue inaugurado en 1985. Antiguamente durante un tiempo, como hemos dicho más atrás, se celebró aquí la Feria de Santiago, originariamente festejada en La Alameda y que, tras un periplo por diferentes ubicaciones, vino aquí, con sus barracas y el famoso Circo Atlas de Pepe y Manolo Tonetti. Luego de aquí siguieron teniendo continuos traslados: el espigón de Puerto Chico, la Playa del Camello, La Albericia. El Sardinero (parking de los campos de fútbol), la finca de Rostrío, etc.


En el lugar se celebran mercadillos los martes y los viernes


En la Plaza de México llama la atención un monumento en honor del presidente mexicano Benito Juárez que representa a un blanco, un indio y un mestizo soltando un águila, simbolo del país, obra de Enrique Fernández Criach inaugurada como la plaza y el mercado en 1985


Vemos una representación del presidente y una de sus frases para la posteridad


"Entre los individuos y las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz"

 
Placa de inauguración


Pasamos al lado del monumento


La base se asemeja a una pirámide maya o azteca


Las figuras en sensación de tensión y movimiento


Volvemos a ver las farolas isabelinas


Y llegamos al otro lado de la plaza


Aquí hay un gran circulo...


Cerrado por una artística barandilla...


Es un gran disco de inscripciones precolombinas


Al lado hay otro, pero este parece una pequeña plaza de reuniones


Justo enfrente, a un nivel más bajo, vemos la Plaza de Toros de Santander o Plaza de Cuatro Caminos, inaugurada el 25 de julio de 1890, día de Santiago, con proyecto de Alfredo de la Escalera. El coso sustituía al anterior, en la calle Santa Lucía, animando enormemente el tránsito de gentes por la Alameda de Oviedo


Desde aquí regresamos a la calle Alta


Y retomamos el Camino...


Seguimos bordeando la rotonda de la esfera


 Y seguimos así por esta acera


Cruzamos la calle Jerónimo Saiz de la Maza, ancha y de muchísimo tráfico siempre


Y en la otra acera iremos a la derecha


Fijémonos en la señalización


Aquí a la izquierda tomamos ahora la Avenida de Valdecilla



En la Avenida de Valdecilla empieza una bajada. El tráfico es la mayor parte de las veces muy intenso, cuando fluido o cuando pausado, no siendo infrecuentes ciertos atascos. Por ello hay un subterráneo que pasa bajo Cuatro Caminos  y enlaza con la calle Vargas, que fue abierto en los años 80. A nuestra derecha tenemos la Ciudad Jardín


Señalización para los peregrinos que entran y salen de la ciudad e hito kilométrico: a 36,5 kilómetros de Santillana, a 86 de Unquera y a 572 de Santiago de Compstela...


Dando vista a las quintas y chalets de la Ciudad Jardín salimos del centro de Santander por la Avenida de Valdecilla rumbo a Cajo y Peñacastillo


























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