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jueves, 23 de mayo de 2019

EL CAMINO DE LA CONCHA LA COVA: DE LEBEÑA A CASTRO CILLORIGO POR EL DESFILADERO DE LA HERMIDA(CAMINO LEBANIEGO)

Cruce en Lebeña: de frente el Camino de la Concha la Cova o Camino Real de La Ventosa
Luego de atravesar Lebeña bajando de La Torca y El Pando, el Camino Lebaniego se bifurca en este cruce en dos rutas históricas, una va a la derecha a la iglesia de Santa María de Lebeña, monumento nacional, y luego cruza el puente sobre el río Deva para subir a Allande y Cabañes, donde hay dos albergues de peregrinos, público y privado, y luego por Pendes baja al valle cerca de Castro Cillorigo en dirección a Potes. El otro, del que nos ocupamos ahora, es el Camino de la Concha la Cova, también llamado Camino Real de la Ventosa, que sigue de frente y sube a los encinares en la ladera bajo la Peña Ventosa que le da nombre. Es el Camino Viejo, la antigua comunicación directa con Potes antes que en 1863 se abriese la Carretera de la Hermida (N-621). El Camino de la Concha la Cova es más corto que la subida a Cabañes, pero tiene un tramo difícil y un tanto peligroso, no muy largo, pero en el que se camina por un muy inclinado y pendiente peñascal al borde del precipicio sobre la carretera, por lo que es totalmente desaconsejable emplearlo con mal tiempo, lluvia, nieve, hielo o niebla, o si no se tiene algo de experiencia en montaña o se sufre de vértigo


Para seguir el Camino de la Concha la Cova, tal y como hemos dicho, seguimos de frente calle adelante hacia las últimas casas de Lebeña por esta parte, viendo en lo alto las praderías, peñascos calizos y encinales de La Cuesta, bajo la Peña del Encinal, al pie de Peña Ventosa


Es dar dos pasos y ya llegamos a una encrucijada, de tres calles, vamos por la del medio, la que sube de frente entre la casa y las barandillas


Aquí se inicia la cuesta del Camino de la Concha la Cova


Un poste señalizador nos informa de la dirección a seguir y también del kilometraje


A Castro Cillorigo "solo" cuatro kilómetros pero una hora y media de andadura, debido a las características del camino. A Santo Toribio de Liébana casi tres horas


Estudiado el asunto de tiempos y kilómetros emprendemos la subida


Desde aquí tenemos un buen mirador de la otra ruta, la que sube a Cabañes, que nos valdrá para hacernos una idea de su recorrido, comparándolo con este


Tomamos como referencia la casa en primer plano. A la derecha asoma entre los árboles parte de la iglesia de Santa María de Lebeña, hacia donde va ese otro itinerario, que luego irá al puente sobre el Deva y subirá a Allende (justo encima de la casa)


En Allende hay dos vías, una sigue subiendo directamente por la boscosa ladera de La Prada a la Collada del Pando (595 m) y la otra va por la garganta del río Rubejo (río viejo), a la izquierda de la foto. Allende, que no vemos desde aquí, está bajo los picachos de Ándara, el macizo oriental de los Picos de Europa, de los que vemos el Picu Ciruenzo (1.304 m), el Picu del Acero (1.676 m), Picu Solibeño (1.226 m) o Las Agudinas (1.976 m) y Las Verdianas (2.024 m). A la derecha de todo y en primer término es la caliza cumbre de La Prada (826 m) y La Canal de Agero


Tras hacernos de nuevo una idea del discurrir de los dos ramales salimos de Lebeña tomando la senda que tenemos enfrente, entre la casa y el garaje


Aquí se inicia una fuerte y dura subida


Estos son los postes que la señalizan


En un primer tramo caminamos entre altos setos silvestres


Empezando a ascender topamos esta primera curva a la izquierda


El camino va así a ganar altura rápidamente


Curva a la derecha..


Sobre los tejados de Lebeña...


A la sombra de los arbustos...


Enseguida llegamos a los bosques de encinas que dan origen a varios topónimos en estos lugares


Caminamos ahora en dirección este sobre el pequeño valle formado por el arroyo de Los Casares. Arriba a la izquierda asoma el Picu del Valle (705 m) y arriba a lo lejos la Sierra las Cuerres con La Coterona o Cuetu Torcal (1.104 m), por donde bajan los caminos que vienen de Cicera, el de La Canal de Francos y el del Colláu Arceón


Al ir subiendo en zigzag vamos dejando abajo Lebeña y su valle, una vega en la que el largo desfiladero de La Hermida se abre un poco en esa espaciosa vega que se extiende de norte a sur. Arriba el gran paredón del Cuetu Agero (1.022 m), una de las estribaciones del monte calizo de este nombre, el Agero, sobre La Hermida. A sus pies los montes de El Pando y La Gallega


A la izquierda de Agero La Canal de Agero y Allende. Más cerca, debajo de nosotros vemos bajar el otro camino, que se dirige primeramente a Santa María de Lebeña casi oculta por el arbolado


La iglesia y sus aparcamientos. Merece la pena, aunque vayamos por esta ruta, ir antes desde el cruce a conocerla, monumento nacional, su fundación se sume en los tiempos en el que Liébana acogió a numerosos refugiados procedentes del sur al amparo del naciente Reino de Asturias, de ahí su estructura e inspiración mozárabe si bien con gran influencia del Arte Asturiano. La torre, eso sí, si bien llama mucho la atención, es una construcción del siglo XIX, erigida en una restauración a finales de esa centuria


Atrás, encima de Lebeña, el camino por el que bajábamos desde lo alto de la Sierra las Cuerres


En esta bifurcación iremos a la derecha. Al sur arriba los murallones de la Peña Ventosa. Peña la Ventosa o Peñaventosa


Sobre nosotros la Peña del Encinal o el Encinal de la Peña. El topónimo se repite al otro lado del Deva, como pronto veremos


Atentos a todas las indicaciones


Entre Peña Ventosa y el Cuetu Torcal el Colláu Arceón, por donde baja uno de los caminos que vienen de Cicera. Hay varios collados más y pasos naturales, como el de Pasanéu, rutas que comunicaban Liébana y el valle del Nansa y la costa, también accesos al sur a la meseta leonesa y castellana, muy recorridos por los arrieros y que cayeron en desuso cuando se abrió la carretera de La Hermida


La pista es ancha, pues comunica con las majadas, brañas o invernales, los pastos de las alturas. Pasan a veces tractores y vehículos todo-terreno


Todo el macizo de la Sierra de las Cuerres y Peña Ventosa es una prolongación de la gran cadena montañosa de Peña Sagra


Bifurcación en el encinar y a la izquierda


Peña Ventosa (1.434 m) y sus quebradas ante nosotros



Una nueva bifurcación en La Cuesta: ahora a la derecha


Y se sigue subiendo por El Encinal


Torre eléctrica sobre el camino


Seguidamente curva a la izquierda...


Y pasamos junto a la torre, que está en una estratégica atalaya


Allende y La Prada (825 m). Más arriba el Cuetu la Llosa (1.314 m)


El Picu del valle y a su derecha a lo lejos Mesa Sin Pan (974 m). A su derecha viene por la Cuesta la Matilla el camino de La Canal de Francos procedente de Cicera


Curva a la derecha


Ya va acabando el ascenso, con La Prada a la derecha


A la derecha de La Prada, el Agero. Vemos un poco mejor ahora, en medio, el Picu Agero (1.351 m), también llamado Cuetu la Jontaniella. El río Deva que forma la gran garganta de La Hermida, de unos 21 kilómetros, es el límite oriental de los Picos de Europa. Toda esta parte de Los Picos es llamada Ándara o Macizo oriental


Nos internamos en el bosque


Viene ahora un trecho bastante llano


Bifurcación y a la derecha


El camino se estrecha y se torna sendero


Y pasa metido entre frondosas masas arbóreas de especies autóctonas


Abundante hojarasca


Un verdadero túnel vegetal


Subimos un poco



Afloramientos rocosos


Una hermosa senda



Musgo en las piedras...


Un poco de subida. Tramo bastante pedregoso


La señalización: las flechas rojas del Camino Lebaniego


"Una piedra en el camino me enseñó que mi destino
era rodar y rodar, rodar y rodar.
Después me dijo un arriero que no hay que llegar primer
pero hay que saber llegar..."

Una canción que se nos viene a la memoria en este lugar, muy apropiada además en este Camino de la Concha la Cova, como enseguida vamos a comprobar también


De momento, la senda, fácil y cómoda, no hace presagiar el paso "complicadillo" que nos aguarda


Un itinerario idílico



Aquí el bosque se acaba, momentáneamente...


Y caminamos junto a la pared vertical de este peñasco


A la derecha hay una cueva


Estas cavernas son muy comunes en las peñas calizas, tanto en el interior como en la costa, muchos son abrigos naturales empleados desde la prehistoria. Una de estas cuevas dio nombre al lugar y al camino, la Concha la Cova


Junto a la cueva sigue el camino...


Ante La Prada y La Llosa


Aún más atrás y más arriba de La Llosa Los Castros (1.559 m) y el Picu del Acero (1.676 m)

Más a la derecha otra vista del Agero, con la carretera que sube a  Allende abajo


Y Lebaña y el desfiladero de La Hermida. A la derecha el Picu del Valle


Al fondo el famoso Jozarcu, La Pica de las Puertas o Monte de Santa Catalina (757 m), el guardián del desfiladero, solar del llamado Castillo de Piñeres, fortaleza de la que quedan vestigios, edificada como atalaya de vigilancia de estos estratégicos parajes en tiempos altomedievales, tal vez coincidiendo con la fundación del Reino de Asturias y la llegada de refugiados al amparo de las montañas, huyendo del nuevo poder musulmán que derribó el orden visigodo toledano. Su aspecto cónico destaca sobre el desfiladero de la Hermida, en él está la llamada Bolera de los Moros, explanada interior de la fortificación que tiene forma de bolera y está llena de leyendas sobre tesoros guardados por los moros, bolos de oro y similares, teniendo en cuenta que la acepción tradicional de moros se refiere en general a los antiguos pobladores, más que a posibles asentamientos norteafricanos. A veces incluso el término se refiere a no cristiano, incluyendo todo lo anterior al cristianismo. En ese sentido es preciso decir que el lugar, si bien no se ha demostrado estuviese construido sobre una fortaleza romana o castro prerromano, sí tiene señales de asentamiento anterior, pues en un tombo o abrigo natural ha aparecido un ídolo grabado atribuido a la Edad del Broce, unos 4.000 años atrás. En su rocosa cima hay un repetidor y, al otro lado, que no vemos desde aquí, el famoso Mirador de Santa Catalina, con impresionantes vistas sobre el desfiladero de La Hermida


Las montañas se cruzan ante el curso del Deva, yendo por él la sinuosa Carretera de La Hermida


Tras este tramo "abierto" volvemos al boscaje


Otro buen trayecto llano


En la umbría de las encinas


Otro túnel de arbolado,,,


Y a nuestra derecha está el Picu Aliago (627 m), que cierra por esa vertiente, al otro lado del Deva, otra gran estrechura del desfiladero de La Hermida. A su izquierda hay varios miradores naturales, uno de ellos el Mirador del Moro, relacionado con un asentamiento, posiblemente castreño, llamado el Corral de los Moros, donde hay señales de fortificaciones y cabañas circulares. A la izquierda del Picu Aliago hay otra peña picuda que también es llamada de Peña de la Encinal (615 m)


Esas cimas a nuestra derecha se levantan en un magnífico espolón calizo que se extiende sobre el desfiladero que era una verdadera fortaleza natural. Elucubrando, y dado que se divisa desde él el Monte de Santa Catalina, no sería de extrañar que el castro cántabro fuese utilizado en la alta Edad Media dentro de la red de vigilancia de los diferentes caminos lebaniegos


El camino avanza dando vista a la gran montaña de piedra...


Las encinas, junto con la caliza, predominan indiscutiblemente en el paisaje


Y los setos y floridos arbustos...


Un paisaje matavilloso en la puerta oriental de los Picos de Europa


Estamos en la ladera occidental de Peña Ventosa


Justo encima del desfiladero de La Hermida...


Más allá, El Picón


Un prodigio de la naturaleza en un paraje espectacular


Grandes moles picudas sobre las faldas de Canto de Valle


Los encinares ofrecen tramos de buena y fresca sombra en días de calor



Trecho recto y llano


Las flechas del camino...



Impresionantes agujas...


Los titanes de Peña Ventosa. No lejos de aquí está la Cueva la Mora, un posible asentamiento prehistórico famoso por sus estalactitas y estalagmitas. Como tantas veces decimos, aunque las leyendas de moros suelen hacer alusión a historias de tesoros por ellos dejados en su huida al ser derrotados por Pelayo, se atisba en la palabra moro una acepción de antiguo, o no cristiano en general, independientemente de la etnia, por lo que hacen referencia a antiguos pobladores: durante la alta Edad Media o la romanización, en época castreña, megalítica, o incluso anterior...


Caprichosas formas talladas por la naturaleza, producto de la erosión de la roca...


El guía del desfiladero


Los rayos, la lluvia, la nieve, los cambios de temperatura, desmenuzan la peña, que se desprende a lo largo de los siglos, argayos de peñascos y también de morrillos, piedras menudas que van rodando monte abajo, formando estos cascajales


La estrechéz del paso y la frondosa arboleda no nos dejan ver aún el fondo del desfiladero... pero pronto lo haremos...


Pasamos así bajo la picuda aguja


Y continuamos con el ameno paseo por el bosque de la ladera


Todo llano y recto


Aunque no haya posibilidad de pérdida las flechas rojas confirman que vamos en la dirección correcta


Aquí hay una cuesta...


En otro pedregal...


Mucha atención ahora pues nos vamos a desviar a la derecha


Estas señales, la del Camino Lebaniego, y la del P.R. o sendero de pequeño recorrido, nos lo indican


Y así tomamos el camino que sale a la derecha


También allí hay un poste con flecha...


Empezamos a bajar


El sendero baja entre los pedruscos


Y se adentra en el encinar...



Las raíces de la encina crecen y se meten por los recovecos más profundos de las grietas de la peña


Es una parte también de gran hermosura, en la apacible umbría del encinar cantábrico


Nuestras amigas las flechas...


También los pequeños hitos hechos por peregrinos, montañeros y senderistas con las piedras del camino


Volvemos a llanear...


Tupida foresta...


Aunque la flecha del poste parece indicar hacia arriba hay que seguir todo el sendero...


Caminado ya un buen trecho desde Lebeña la ruta sigue siendo cómoda y fácil de andar


Otro paso entre rocas...


Con lluvia alguna parte sí puede ser resbalosa, pero hasta el momento no hallamos aún mayor dificultad de paso


Las piedras forman aquí un poco de escalón, bajando nosotros ligeramente


Magnífica vista ante nosotros del Picu Aliago: impresionante donde crecen las encinas, en la misma pared vertical que cae al Deva


Todavía no podemos ver el río, en el fondo del desfiladero, tal es la altura del precipicio sobre el que estamos pasando


Pero sí se ven las grandes redes metálicas que evitan que las rocas caigan a la carretera


Formidables picachos


Poco a poco el sendero se estrecha al borde del abismo, si bien el frondoso encinar forma una gran red de ramaje y troncos


Un estrecho paso de montaña con la pared caliza a un lado y el bosque al otro


 Caminamos hacia la torre eléctrica


 Y aquí pasamos a su lado...


Señales de senderos P.R. y G.R.


Ahora, mirando al norte, entre las peñas del desfiladero vemos de nuevo el Agero


Y allí en medio Allende


Y ya llegamos al tramo "malo", atención


Vamos a estar muy atentos a donde ponemos el pie


Ahora sí vemos allá abajo el fondo del desfiladero...


Por esto no se aconseja esta ruta a personas con vértigo


El río Deva pasa por allí, encajado entre las paredes de la roca


El paso se estrecha aún más


Hay que poner con cuidado, un pie y luego el otro


El paso es un saliente de la misma roca. Estos son los metros más complicados


A partir de aquí el sendero se define un poco más


Pero hemos de seguir pisando con atención


Pues aún seguimos al borde del abismo...


Aquí ya se va un poco mejor


Hemos de ir ahora por esa roca en pendiente


Por ello, por riesgo a resbalones y caídas, tampoco se aconseja con lluvia, hielo, nieve...


Seguimos de frente hacia la pared del peñón


Casi hasta su borde


Veamos las señales: nos orientan por el mejor paso


Hay que ir por aquí...


Hasta la siguiente señal


A la sombra de la gran peña caliza...


Vuelve a formarse un poco de senda


Y ahora a bajar a la derecha...


Unos cables nos ayudarán en este descenso


Vayamos agarrados a ellos


Unos momentos intensos, realmente inolvidables en nuestro paso por el Desfiladero de La Hermida


Bajamos por el roquedo...


Veamos bien que los cables están bien sujetos


Y allá vamos paso a paso cuesta abajo


Entre peñas y encinas


Hasta aquella roca...



Miramos un momento a las alturas de este picachón


Y nos metemos por este paso...


Por la pared de la roca sigue el cable


Y ya dejamos el "mal paso", no mu muy largo, eso sí, pero que hay que hacer con precaución


De nuevo sendero...


Al lado del despeñadero pero ya más llano y seguro


Vamos hacia la torre eléctrica...


Otro admirable balcón sobre el desfiladero


Por aquí hay que bajar... a la derecha


Otro paso un tanto complicado, no tanto como el anterior pero donde también hay extendido un cable


Vamos por la parte "pisada", agarrándonos bien



Hay aquí otro tramo en roca lisa...


Pisemos con cuidado


Incluso se han hecho unos peldaños para apoyar el pie, picando la piedra



Fuerte bajada en pleno barranco


Aquí se terminan la bajada y el cable


Vamos a la izquierda


Por otro pedregal...


Controlemos las flechas rojas...


Y las marcas del P.R.


Hemos dejado ya atrás los más difíciles vericuetos de esta ruta


Abajo volvemos a ver el río Deva, que nace en Fuente De, al pie de los Picos de Europa


En sus 50 kilómetros de recorrido recibe las aguas de varios afluentes, siendo los principales el Urdón, el Cares, el Quiviesa y el Urdón. En su desembocadura en el Mar Cantábrico hace de frontera con Asturias y forma la ría de Tina Mayor. Los peregrinos del Camino Norte, del que nos hemos separado pasado Serdio, lo cruzan por el puente entre Unquera y Bustio


El paso es estrecho, rocoso, pedregoso, pero comparado con lo anterior ya nos parece una "autopista"...



El Camino Real de la Ventosa y los murallones que desde su cima bajan al río


De nuevo en el encinar...


Más piedras caídas...


Por eso abajo está la red de contención


Pasamos el pedrero...


Y seguimos pegados a la pared rocosa...


Nuestra mano toca la peña al pasar...


Y avanzamos siempre en dirección sur


Al fondo la Sierra Cobeña...


Camino tallado en la roca viva...


Camino Real de la Ventosa


Otro paso más por rocas caídas de la montaña en el pasado...


Paraje agreste y abrupo, pero de belleza incomparable


Cascajar


A la derecha seguimos absortos ante los imponentes picachones verticales calizos


La encina crece en la misma pared, otro prodigio natural


Arriba incluso, en un poco de pradería forman un bosque


Más piedra suelta



El Camino se ensancha


Y tiene un buen tramo empedrado


Dando vista al Monte Bedoya, al sur, ya se vislumbra el final del desfiladero


Esta grandiosa garganta estuvo habitada desde hace al menos 20.000 años a tenor de los hallazgos arqueológicos localizados en algunas cavernas que, como hemos visto, fueron abrigos naturales desde la más remota noche de los tiempos


Sus paisajes han encandilado a grandes artistas, pintores que los han plasmado en sus lienzos, como el paisajista Carlos de Haes, o fotógrafos de naturaleza y montaña


La riqueza minera del desfiladero, de los Picos de Europa y del valle de Liébana propiciaron la llegada de la Real Compañía Asturiana de Minas y la construcción de la carretera que dejó sin uso estos caminos de herradura, recorridos por pastores, peregrinos, viajeros y muchos arrieros con sus mulas


El camino pasa sobre otro de los varios argayos existentes


Las señales aquí se han pintado sobre esta gran roca desprendida de Peña Ventosa


Por eso encontramos aquí la red...


Pisando los morillos...


La vegetación crece en la caliza...


En cualquier grieta o hueco donde pueda arraigar, agarrarse y crecer...


Las rocas arroyan por la ladera


Y sobre ellas se hace camino...


Volviendo luego al apacible sendero...


Ya casi adivinamos el valle de Liébana


Aún hemos de pasar bajo las últimas estribaciones de Peña Ventosa por La Canal, la gran hendidura de la montaña, sobre el desfiladero de La Hermida


Antes de llegar a las suaves colinas de la Sierra Cobeña


Por ahí el camino casi parece una carretera


Y es que a partir de aquí va a ensancharse notablemente


Picudas agujas en las peñas al otro lado del río


A lo lejos el Puerto de San Glorio (1.609 m), antiguo San Clovis o San Clovio, pasos naturales hacia Palencia al este y  León al oeste,  por donde va en la actualidad la N-621 y por donde el viejo trazado caminero principal ha sido recuperado con el Camino Vadiniense, desde el que pueden seguir hacia el Camino Francés los peregrinos que deseen continuar hasta Santiago tras llegar a Santo Toribio de Liébana


Destacan alturas como el Alto de la Triguera (1.896 m), El Motajal (1.979 m), Tabla Maltrota (2.027 m), Puerto de la Vega de Arriba o Collada Bragatesa (2.065 m), el Coriscáu (2.234 m), Valdeloso (2.013 m) Peña Cascajal (2.027 m), Peña Gustal (1.947 m)


Por San Glorio se dice pudo entrar una de las seis legiones romanas que forzaron los pasos de la cordillera durante las guerras de conquista de los años 29 al 19 a. C, que supusieron la ocupación del territorio cántabro y astur, culminando la anexión de Hispania al Imperio de Augusto


Y más allá de San Glorio la muralla de cimas se extiende hacia la Peña de la Nave (1.868 m), El Boquerón (1.799 m), o el Portillo de las Yeguas (2.103 m), el Alto del Naranco (2.219 m) o el Sestil del Robadoiro (2.215 m) y Peña Prieta (2.536 m)


Ahora el camino sí que está bien trazado labrado ancho y llano, con pared lateral de piedra abajo a su derecha


Todo el recorrido es un excelente mirador al norte y al sur...


Ahí está la carretera. Si bien ya a finales del siglo XVIII se trasladaban minerales a través del desfiladero, la apertura al tráfico de carros en 1863 supuso que el eje económico lebaniego se dispusiese en torno a ella. Las sendas de la montaña eran de herradura, esto es, para pasar a pie o con mulas y caballos, y solo algunos tramos servían para carros. Por ello los pueblos de las alturas, por donde discurrían las ancestrales rutas de la antigüedad, perdieron importancia en favor de los que se emplazaban en la carretera o sus inmediaciones


La carretera eso sí, es muy sinuosa y estrecha, si bien absolutamente espectacular en los 21 kilómetros que atraviesan el desfiladero. Cada poco tiempo se realizan labores de ensanche, arreglo y mantenimiento dadas sus características orográficas


Las impresionantes agujas que hemos dejado atrás...


El paredón sus canales y encinares...


Nos adentramos en La Canal


Una señal llamativa


Advierte que se vaya bien pegado a la roca. Pensamos que debe ser para advertir a quienes hacen esta ruta en el otro sentido, pues es cuando se les empieza a estrechar y complicar el paso


La Canal y sus imponentes argayos


Estos desprendimientos, enormes laderas de piedras sueltas, son muy usuales en los Picos de Europa y sus aledaños


Paso entre las rocas...


Al pie del peñón...


En el pedregal crece la vegetación de montaña


El trayecto está sumamente señalizado


Salimos del pedregal


Y bordeamos el gran muro calizo de la montaña...


Y ya empezamos a adivinar el gran valle central lebaniego


Todo de frente y sin pérdida...


Curva a la izquierda


Crecen los árboles en la vereda del camino


Indómitos e inolvidables paisajes de la montaña cantábrica


Otra gran red metálica contra desprendimientos


Impresionantes farallones en lo alto de La Canal de Ventosa


Abajo, mirando al sur, la carretera y el valle


Pasamos junto a la red


A nuestra derecha ahora la entrada al desfiladero desde Potes, con el tramo de camino que hemos dejado atrás...


Y de frente la salida del desfiladero viniendo de Lebeña, una gran vista del valle de Cillorigo, sector norte de los valles de Liébana, surcado por el río Deva. Al fondo la Sierra de Colio, en medio de la foto, con la Collada de Huerta (565 m). A sus pies, enfrente, se unen este y el camino que viene de Cabañes por Pendes


Por las laderas en segundo plano baja el citado camino, del que nos hemos separado en Lebeña. Es más largo, es cierto, pero no tiene la complicación de este y nos permite contemplar otros muy buenos paisajes y lugares, además de poder disfrutar de la hospitalidad de los dos albergues de Cabañes, verdadera institución del Camino Lebaniego


Más arriba en lo alto las cumbres de Ándara, el Picu Paña (1.354 m), Los Castros (1.559 m).Picu del Acero (1.675 m)


A lo lejos Las Agudinas (1.869 m)


Vamos terminando de bordear la Peña Ventosa, una referencia geográfica muy importante en esta parte del camino, que empezábamos a ver viniendo de Cicera


La roca viva va dejando paso al verde de la hierba poco a poco...


Los diferentes valles lebaniegos, formados por el Deva y sus afluentes, se ofrecen a nuestra vista en lo que ya son los últimos kilómetros para llegar a Potes y a Santo Toribio


Tras ser tierra de promisión para muchos refugiados mozárabes del sur durante el Reino de Asturias, Liébana fue territorio en posesión de más de una veintena de monasterios que se ocupaban de la repoblación y administración del territorio, de los que en torno al año 1000 irían quedando los tres principales, San Martín de Turieno (advocación primera de Santo Toribio de Liébana), Santa María la Real de Piasca y San Juan de Naranco, quienes al ejercer su señorío asentaron el feudalismo en estos valles y fomentaron el cultivo de la vid, que pervive en nuestros días


Liébana pasa a ser parte del señorío de don Tello, hijo de Alfonso IX y Señor de Castañeda en el siglo XIV. Tras su muerte dejó una hija, Aldonza de Castañeda, y su viuda doña Leonor de la Vega se volverá a casar, con Diego Hurtado de Mendoza, con quien tendrá un hijo, Íñigo López de Mendoza, lo que ocasionará graves pleitos familiares por estas posesiones entre los Mendoza y los Manrique, pues con estos segundos había emparentado Aldonza al casarse a su vez con Garci Fernádez Manrique, enfrentamientos que no cesarán hasta que en el siglo XV La Liébana le sea otorgada al poderoso Marqués de Santillana, pasando después a su hijo el Duque del Infantado, un señorío que durará hasta las reformas liberales del siglo XIX


Al ir avanzando vamos a ir viendo mejor, según dejamos el desfiladero, el paisaje a los lados del valle. Ahora empezamos a ver Pendes y Castro Cillorigo


Castro Cillorigo está abajo, a la izquierda de la foto. Nuestro camino apenas entra en el pueblo, solo por las casas de la carretera y un poco más abajo del núcleo central, en torno a su iglesia. Pendes está arriba, atravesado por el camino que viene de Cabañes y que también baja al valle por Castro Cillorigo pero tampoco entrando apenas en él, sino siguiendo hasta la ya mencionada ermita de San Francisco, donde se reúne con este. Poco más arriba vemos los altos del Cotanillo (647 m), La Coteruca de Colio (848 m) y, sobre estos, los altos paredones calizos de La Tarambiella (1.099 m) y el ya citado Picu la Paña con sus 1.354 metros de altura, así como los demás de esa zona de Ándara ya reseñados


Pendes es famoso por su apreciado castañar, con árboles de más de 500 años, La Castañera de Pembes o El Habario, situada al lado del camino de Cabañes, así como por su quesería, siendo además acceso al yacimiento y mirador del Corral de los Moros, junto al Picu Aliago, del que ya hemos hablado


Por su parte Castro Cillorigo es famoso por su iglesia dieciochesca y sus casonas, una de ellas, la de Eduardo García Llorente, fue museo etnográfico


En Castro nació en 1757 Francisco del Corral y Soberón, célebre guerrillero contra los franceses cuando Liébana fue llamada España la chica por haber expulsado a las tropas napoleónicas nada menos que 13 veces, llegando incluso a ponerse en marcha una academia de caballería parta el Séptimo Ejército en el cercano pueblo de Colio, la de los Húsares de Cantabria, haciéndose cargo de ella el renombrado militar Díaz Porlier, El Marquesito. Francisco llegaría a coronel en aquella guerra y sería condecorado por Fernando VII en 1815. Uno de sus hijos, Juan Antonio del Corral y de Mier, sería un rico hacendado y empresario que, dedicándose a la política, llegaría a ser alcalde de Sahagún y diputado. Ambos resultaron altamente beneficiados por la compra de terrenos expropiados a la iglesia en las desamortizaciones del siglo XIX


Aquí podemos detenernos, justo a las puertas del desfiladero, para ver el río a nuestros pies dirigirse al mar, el Deva, nombre de origen céltico, que denomina una diosa de la naturaleza de raíz indoeuropea, la Gran Diosa Madre que da la vida, simbolizada en las aguas y el nacimiento de los ríos. Esta Diosa Madre de la Naturaleza (agua es germen de vida) quedó cristianizada en la advocación a la Virgen María, pues según el cristianismo es también una Gran Madre del género humano


La adoración a Deva es un ejemplo de la veneración y el respeto de las antiguas culturas para con el entorno natural que hace posible la vida y de la que el agua es el principal fundamento. No es de extrañar que un elemento fecundador y femenino como es el agua quedase divinizado por un ser también femenino, Deva, y este fuese con el tiempo transformado o asimilado a nuevo nombre, aunque no de función, cuando una nueva religión se superpone a las anteriores. Tanto el río como su nacimiento en Fuente Dé (Fuente Deva), tienen el nombre de la divinidad


No muy lejos de aquí, en la cercana Asturias, encontramos reminiscencias de Deva en varios topónimos, como la Isla la Deva casi enfrente de la desembocadura del Nalón, el río Deva que nace en el Monte Auseva en Covadonga, al otro lado de los Picos de Europa, o la parroquia de Deva, en Gijón, nombre antiguo de su río Peñafrancia, pero hay muchas más desde Europa hasta la India y entre ellos destacamos en Galicia el río Deva en Pontevedra, Deba en el País Vasco, que también denomina a un río y a una villa, el Deventer en Holanda, la ciudad de Devon y Devonshire en Inglaterra, las Divonna de Francia, Diviciacos, famoso druida galo; el Dvina, río de Rusia y Letonia, la Diva de los persas y un larguísimo etc que sería harto prolijo enumerar


También este culto a Deva parece estar muy emparentado con las creencias en los seres femeninos del agua y las cuevas que existen en la mitología de todas las culturas y que en Cantabria Asturias están representados por las anjanas, injanas o xanas, que se aparecen en fuentes, ríos y lagos


Admirando este impresionante paisaje de La Hermida y el río Deva nos despedimos de tan celebérrimo desfiladero en nuestro itinerario al ya cercano monasterio de Santo Toribio


Durante siglos, la dependencia señorial del valle, se hizo patente en sus estructuras sociales y económicas, si bien no fue un dominio excesivamente gravoso salvo por algunos tributos, pues los pueblos lebaniegos se reunían en concejos vecinales para su gobierno, especializándose los situados en la montaña y los del valle en la agricultura de cerales y viñas, si bien para autoconsumo mayoritariamente, si bien los excedentes eran puestos a la venta en el mercado de Potes, del que se sabe documentalmente que estaba regulado ya en época medieval. Las rutas de la arriería entre los puertos de Comillas, San Vicente de la Barquera, Pesués y Llanes también pasaban por Liébana en su comunicación con la meseta y, tras el descubrimiento de América, no pocos emigraron al Nuevo Mundo


En el siglo XVIII las juntas vecinales y el corregidor gobernaban, aún con dependencia señorial, la llamada Provincia de Liebana, que será de las fundadoras en 1778 de la Provincia de Cantabria, antecedente de la actual comunidad autónoma. También será parte, hasta las reformas de 1835, de la Intendencia de Burgos


Grandes cambios se vivirían ya en el siglo XIX en Liébana al extenderse en los valles el cultivo de las patatas y el maíz y al explotarse las minas de zinc de los Picos de Europa, así como otras que propiciaron la construcción de la actual carretera por La Hermida que se prolonga desde Unquera hacia San Glorio y Riaño. A finales de ese siglo los pioneros del montañismo sentarían las bases de la importante industria turística que haría de Potes la gran puerta de los Picos de Europa, sobre todo a raíz de la inauguración en 1966 del teleférico y parador de Fuente Dé. El turismo de montaña haría que Liébana, al menos sus principales poblaciones de los valles, no acusase el despoblamiento rural de una manera tan radical como otras comarcas limítrofes, si bien muchos vecinos emigraron a las Américas o a otras ciudades de España a buscarse el sustento


Liébana vivió también los episodios de la Revolución de 1934 con la toma del cuartel de la Guardia Civil y la creación de un comité revolucionario que fue sofocado al entrar, por esta carretera de La Hermida, las fuerzas gubernamentales. Dos años más tarde, al estallar la Guerra Civil, los falangistas detuvieron en Potes a una columna de milicianos procedente de Santander, si bien hubieron de retirarse a Palencia, consolidándose el frente en el Puerto de San Glorio y sus montañas hasta que en la primera semana de septiembre de 1937 Liébana era ocupada por las tropas franquistas, siendo la última comarca cántabra en caer en sus manos, e iniciándose la guerra de guerrillas con los maquis cántabros, hasta que en 1957 el lebaniego de Potes Juan Fernández Ayala, Juanín, es muerto por la Guardia Civil cerca de Vega de Liébana. A su compañero Paco Bedoya le sucedería lo mismo en diciembre de ese año cerca de Castro-Urdiales


Aquí, la caliza da paso al verde...


De la Peña Ventosa pasamos a la Sierra de Cobeña


La senda es ahora un tapiz de verde hierba...


Los encinares dan paso a arbustos y helechos...


Los postes indicadores balizan la ruta a Castro...


A la derecha la ladera de bosque que baja de Pendes hacia el río, y sus riberas


De frente nuevas vistas de Castro y Ándara


Encima de Castro, Los Praos, campos y bosquetes por donde desciende desde Pendes el ramal del Camino Lebaniego procedente de Cabañes


Se ven rodadas de vehículos, lo que delata que estamos en una vía de servicio a algunas fincas


El camino tiende a ir bajando muy poco a poco...


Siempre a la vista de Castro y la bajada de Pendes


Entre Castro y el camino va la carretera, que divisamos a lo lejos en una recta


Pasan peregrinos, pues saldremos a ella para caminar unos metros por su arcén, antes de cruzar al otro lado y pasar el puente sobre el Deva


Al menos dispone de buen arcén y hay paso por la vereda


Mientras nos acercamos a la carretera seguimos admirados con este paisaje, tan diferente de la gran garganta de La Hermida


Vemos un alto poste con una antena, por lo que nos damos cuenta que hemos llegado a zona poblada


Hay un poco de curva a la izquierda...


Y salimos a esta casa al pie de los cuetos de la Sierra de Cobeña


Aquí la senda se transforma en pista de hormigón


Pasamos delante de la fachada


Y continuamos por la ladera oeste de la sierra


Hay un puentecillo sobre la Riega de Cobeña, que desemboca en el Deva


Un regato que nace un poco más al este, en el Monte Bedoya


Bifurcación, seguimos de frente por la pista principal


Tramo arbolado, curva a la izquierda...


Y salimos a la carretera N-621


Ahora continuamos por el arcén a la izquierda en ruta a Castro Cillorigo


Hay, como hemos dicho, un buen arcén y ancho paso para los peregrinos


Sobre la ribera, en un alto, las casas de Castro...


Abajo hay una gran nave ganadera en la vega y unas casas


Sigue la señalización


Vista de frente hacia Ándara y abajo Los Praos, La Solana, Cotanillo, Monte Enebral, y La Peñuca de Colio


A nuestra derecha todo el macizo del Picu Aliago y La Peña del Encinal


Y a nuestras espaldas Peñaventosa y la entrada al desfiladero de La Hermida


El arcén se estrecha pero hay también un poco de vereda verde a la izquierda. Eso sí, no pongamos el pie en el surco que canaliza el agua de las lluvias pues puede ser resbalón casi seguro...


Caserón y finca con frutales...


Atención ahora antes de llegar a las primeras casas de la carretera, barrio de La Ventosa, de Castro


En esta recta, con bastante visibilidad y con prudencia vamos a cruzar a la derecha


Que no nos pasen desapercibidas las indicaciones pintadas en el poste de esta señal de tráfico


A la dereha...


Y cruzando


A 6 kilómetros de Potes y a 9 de Santo Toribio de Liébana


Al cruzar tomamos seguidamente esta pista


Y pasamos detrás de la primer casa de Castro...


Bifurcación y a la izquierda


Seguimos la arbolada ribera


Pasamos junto a la siguiente casa


La ruta es llana y sentimos el frescor y murmullo de la corriente fluvial


El Deva pasa a nuestra derecha, un poco más abajo


Y arriba vemos el núcleo principal de Castro


Llegamos a otro enclave...



El camino pasa a la derecha de la primera casa...


Esta es la fachada trasera, que mira al río


Las cuadras


Siguiente casa, donde hay, a la derecha, un taller de carpintería


Seguimos por aquí todo recto


Al fondo tenemos un cruce


Al llegar a él vamos a la derecha. Por ahí pasa el Reguero Trillayo


Otro afluente del Deva...


Pasamos sobre él en un primer puente



Y en la siguiente bifurcación vamos a la derecha


Tomando aquí el puente sobre el Deva


Volvemos a ver Peña Ventosa a nuestra derecha


Ahora el camino, asfaltado, sube a la izquierda


Bajo esta línea de árboles, siguiendo al lado de la barandilla


Aquí hay un cruce y seguimos adelante


Por esta pista de zahorra


Atrás a nuestra derecha queda Castro, hacia donde no entramos a no ser que queramos visitarlo. Destacan sus casonas y la iglesia de San Vicente Mártir, construida en alguna fecha de la primera mitad del siglo XIX sobre un santuario anterior que ya había tenido reparaciones en 1802. En su interior hay un retablo neoclásico, pinturas barrocas e imaginería de diferentes épocas y procedencias


La pista, ahora a la derecha de la vega del Deva, sigue siendo muy recta y llana. Aquí cerca del cruce suele aparcarse la maquinaria agrícola


Seguimos orientándonos muy bien con la señalización



En esta franja ribereña hay buenos ejemplares de álamos y otras especies


Un poco de bajada


Un paraje idílico


Recorremos la vega del Deva en dirección sur


Bifurcación y a la derecha


Subimos un poco


Y continuamos bajo la enramada


Caminamos sobre la vega del Valle de Cillorigo. A nuestra izquierda el Monte Lusia (401 m)


La pista asciende muy ligeramente


Y así gana altura sobre el valle


Hay un poco de seto


Poco más arriba baja cerca ya el camino de Pendes y Cabañes. En lo alto Ándara sigue dominando la escena...


Seguimos de frente, pues el ramal de la derecha es acceso a los prados



Gran panorámica sobre el valle


El río, la carretera y la montaña


Murete de contención...


Fijémonos ahora en las montañas que vemos un poco más lejos


En medio de la foto reconocemos la singular silueta del monte La Viorna (1.151 m), al sur de Potes y sobre la unión de los ríos Deva y Quiviesa. En su ladera norte se halla el monasterio de Santo Toribio de Liébana y en todo su entorno las capillas sagradas que fueron refugio de eremitas, destacando la de la Cueva Santa, donde Santo Toribio se retiró, al decir de la tradición porque...

"... queriendo pelear con el enemigo a solas, subiose a lo alto del monte y en parte muy escondida del, labró una pequeña ermita, con mucha abstinencia, disciplina, continua oración y lágrimas, llegó a tanta perefección, que alcanzó de Dios sigulares favores..."

Con el tiempo se fundaría el monasterio de San Martín de Turieno, en el que se guardaron las reliquias de Santo Toribio (hay discusión sobre si Santo Toribio de Palencia o Santo Toribio de Astorga), del que más tarde tomaría nombre y advocación, reliquias traídas, como el Lignum Crucis, por los refugiados mozárabes del sur, al amparo de estas montañas donde al decir de las crónicas árabes y cristianas, las tropas de Alkama padecieron una serie de quebrantos a manos de las fuerzas de Pelayo tras la mítica Batalla de Covadonga, lo que puso fin a su breve dominio en estos parajes que serán de los primeros en repoblarse, al menos desde los tiempos de Alfonso I El Católico


Si bien la tradición piadosa quiere ver la traslación del Lignum Crucis o parte del brazo izquierdo de la Cruz de Cristo como obra de Santo Toribio tras su peregrinación a Jerusalén, tiene más verosimilitud el que fuesen recogidas en Liébana huyendo de las convulsiones que acabaron con el Reino Visigodo de Toledo. Así entre gentes e ideas los monasterios imperarían su dominio sobre el valle, naciendo la figura de Beato de Liébana, consejero y confesor de reyes y reinas, promotor del culto a Santiago antes que se produjese el descubrimiento de la que se tiene por su tumba en Compostela, y personaje determinante en la historia europea al oponerse al adopcionismo que se extendía por la cristiandad, tal y como siglos antes había hecho Santo Toribio con el priscilianismo, pero su obra fundamental, el Comentario al Apocalipsis, sería un verdadero best-seller que, interpretando el Apocalipsis de San Juan, realizaría un compendio de la mentalidad medieval ante el temor al fin del mundo, que sería copiado manualmente por escribas y miniaturistas hasta la saciedad

El impulso definitivo del monasterio vendría dado en 1512 por el Papa Julio II concede la celebración de un Año Santo Jubilar cuando la fiesta de Santo Toribio, 16 de abril caiga en domingo, convirtiendo de esta manera a este rincón de Liébana en otro de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad, junto con Santiago, Roma y Jerusalén, multiplicándose los peregrinos o crucenos para ganar el Jubileo, que duraba una semana después de la romería del santo y que a partir de 1967 pasó a ser de todo un año


Y así llegamos ya a la capilla de San Francisco de Tresvega, mencionada por primera vez en un documento de 1632, cuando se habían empezado las obras para su construcción, a cargo del maestro de cantería Juan de Anero. Aquí se sabe se celebraba una misa perpetua semanal  por parte del franciscano Francisco de la Lama y María Sánchez de la Lama, hasta que en 1665 el visitador o inspector del arzobispado Domingo Ramos de Risoba mandó que se celebrasen en la iglesia parroquial a causa del mal camino existente y de los pocos adornos y enseres litúrgicos de los que disponía, algo que pareció subsanarse en 1685. Sus pequeñas renta, de 8 reales anuales al empezar el siglo XIX, pasaron en 1823 a la parroquia de Pendes


Enfrente está la unión de los dos caminos que vienen de Lebeña, este de la Concha la Cova o Camino Real de la Ventosa y el que viene por Allende, Cabañes y Pendes


La ruta continúa de frente por Tresvega hacia Tama, capital de Cillorigo de Liébana para, por Ojedo y Potes, llegar a Santo Toribio





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