Eres el Peregrino Número

Buscador de Temas del Camino de Santiago

domingo, 23 de octubre de 2022

LA ERMITA RIOSELLANA DE SANTA ANA "PARA GLORIA DE DIOS Y COBIJO DE LOS PEREGRINOS": EL ANTIGUO PASO DEL SELLA BAJO EL MONTE CORBERU (ASTURIAS)


Puerto de Ribadesella/Ribeseya (Asturias). El ensanche y el Monte Corberu

Antes que se construyese el primer puente en 1865, a raíz de las obras del ensanche de la población ganando terrenos a la ría y con la construcción del nuevo puerto, el paso de la Ría de Ribadesella/Ribeseya se hacía con el servicio de barquerías que fue del antiguo Gremio de Mareantes, el cual se encontraba enfrente de la capilla de Santa Ana, en un extremo de la villa, allí donde ella hace un 7 siguiendo la forma del estuario, guardada por el Monte Corberu, o quizás deberíamos escribir Coveru, lugar de cuervos, que cierra por el este la desembocadura del Sella, formando un abrigo natural empleado ya en la prehistoria como ensenada fluvial y marítima


En el extremo del monte y dominando la bocana de la ría, hay una explanada en la que se alza la capilla de la Virgen de Guía erigida en el siglo XVI, donde estuvieron las baterías de defensa costera, ahora recuperadas en ese mismo lugar. Más antiguamente, en lo más alto de esa loma que se alarga como un brazo entre el estero y el mar, L'Atalaya (103 m), hubo una fortificación más antigua que formaba parte del sistema torres, castros, atalayas y baluartes que protegían tanto la costa como la ribera del Sella, allí donde hacia 1270 Alfonso X El Sabio fundo la puebla de Santa María Magdalena del Puerto, sobre una población portuaria, portus, preexistente desde la más remota noche de los tiempos, a tenor de las representaciones de cetáceos halladas en las impresionantes cavernas rupestres de las inmediaciones


El ensanche riosellano amplió considerablemente el espacio de la villa, que fue edificándose hacia el puerto durante la segunda mitad del siglo XIX, dejando oculta su antigua fachada marítima-fluvial que miraba al estuario y su salida al mar, el casco antiguo, de origen medieval y renacentista, también con palacios barrocos, por donde discurre el Camino señalizado, recorriéndolo, pues sigue el trayecto de los antiguos peregrinos (y viajeros en general) hacia dicha capilla de Santa Ana, a donde se acogían sin duda temerosos ante la perspectiva de cruzar estas no siempre calmadas aguas en barcas no muy seguras y normalmente atestadas


La capilla de Santa Ana se conserva aquí, en el lugar en el que la ría hace un 7 que también hacen la villa, y con él el Camino, y donde estuvieron también el Ayuntamiento y el antiguo barrio de pescadores de L'Aguda


Si tomamos como referencia el edificio de la Cofradía de Pescadores, que vemos en primer término, esta capilla de Santa Ana, está ahora oculta por los bloques de pisos que hay detrás. Antes, como el viejo barrio pescador y toda la antigua puebla, se encontraban sobre la misma orilla del Sella, extendidos linealmente sobre la estrecha franja ribereña entre el agua y los altozanos situados más atrás, que también eran una defensa de la población


Para llegar a la capilla de Santa Ana y siguiendo el Camino señalizado con conchas jacobitas, venimos de ese núcleo histórico desde la iglesia parroquial de Santa María Magdalena (fijémonos en sus dos altas torres y enorme cúpula en medio de la foto) a salir junto al barrio de L'Atalaya en la Plaza del Mercado de Ganado y, seguidamente, dirigirnos hacia el muelle riosellano por la calle Manuel Caso de la Villa (a la izquierda de la foto)


Ya son los de esta calle los edificios del ensanche de Ribadesella/Ribeseya, hecho a raíz de las obras del nuevo puerto, que comenzaron en 1784 pero avanzaron muy lentamente, incluso se pararon durante la francesada, no dándose por acabadas hasta 1854. Luego, el proyecto de rellenar lo que se llamaron los "terrenos de la Nueva Población", llegaría en 1855 a cargo del arquitecto Darío de Regoyos Molenillo, padre del pintor Darío de Regoyos


Este primero es, por ejemplo el edificio del Café La Villa en la esquina entre la calle y la citada Plaza del Mercado de Ganado, donde este se celebró hasta 1968. La edificación del ensanche estuvo sobremanera a cargo de los indianos retornados, pues ellos construyeron sus casas aquí, a veces familiares y a veces de vecindad, disponiendo los bajos para sus tiendas, cafés, chigres, comercios y almacenes, bien para sus negocios propios o bien para arrendarlos


Puede decirse pues que con estos indianos arranca el proceso industrializador riosellano y se configura la población tal y como la conocemos hoy, con estas calles lineales trazadas en base a la explanada del ensanche, que no obstante aún aparecía casi vacía en el plano de Francisco Coello de 1861. Uno de aquellos edificios pioneros fue, en esta misma calle y a nuestra derecha el que actualmente se ubica el Hotel Covadonga, fundado en 1969 y regentado durante muchos años por Ramón Cifuentes, Cuartes, y su mujer Andrea Ruíz, pasando luego a Ruíz de Oña, hijo de Pablo Oña el de la Imprenta


Anteriormente, hasta más o menos por aquí llegarían las aguas del estuario, bañando L'Aguda, el barrio pescador que existió hace tiempo. Ahora es el arranque de la Gran Vía, una de las tres largas calles comerciales en torno a las que se articuló aquel ensanche, donde, según nos cuenta el profesor Ramón Capín Rama en El sabor de los establecimientos comerciales de Ribadesella, artículo publicado en La Nueva España el 27-6-2012, estuvo la Droguería de Pedro Peláez, luego de Pineda, víctima de las riadas del Sella que era célebre por vender perfumes de calidad:
"El negocio era atendido por don Pedro y por su madre, doña Salus. Peláez, que llegó a ser concejal del Consistorio riosellano, tenía dos hijos, Margarita y Pedrín, de los cuales se ocupaba principalmente una tía, doña Carmen (en aquellos tiempos era frecuente que una hermana del marido o de la esposa viviese en casa con el matrimonio, ocupándose de las labores del hogar y de los hijos). En una ocasión, una enorme riada inundó todo el pueblo y, ante la marea de agua, doña Salus se encaramó sobre el mostrador de la droguería; posteriormente, tras largo rato de espera y cierta dosis de pánico, alguien se encargó de rescatarla en un bote de remos."

L'Aguda era uno de los barrios originales de la puebla medieval, el último antes de la capilla de Santa Ana y las barquerías. Más atrás estaban los que ya hemos pasado siguiendo este itinerario, L'Atalaya, La Iglesia y El Portiellu, este posiblemente el más antiguo de todos

Camino del puerto nos acercamos al cruce con la Calle del Comercio, a nuestra izquierda, la calle central del eje viario del ensanche, donde a su comienzo tuvo Juan José Cobos su taller de bicicletas. A nuestra derecha es la calle del Sol, donde estuvo la antigua cárcel, en un edificio que no se conserva. Allí fue luego a parar el Ayuntamiento, cuando en 1746 el obispado manifestó su rechazo a que las juntas vecinales se celebrasen en la capilla del antiguo hospital de peregrinos de San Roque, al lado de la iglesia, en cuyo atrio habían tenido lugar anteriormente, como era tradición, los conceyos abiertos. Pero la casa consistorial aún cambiaría varias veces de ubicación a partir de 1815, "cuando finalmente el consistorio se embarcó en un viaje en busca del espacio perfecto", escribe la redactora Andrea Inguanzo para El Comercio el 30-3-2014 en Ribadesella encuentra su casa consistorial:

" En 1902, ante la necesidad de levantar un ayuntamiento nuevo, ajustado al concejo e igualmente respetable, el Ayuntamiento adquirió un solar, donde finalmente no se llegó a construir, pero ya se iba acercando lo que se ha conseguido en la actualidad ya que, dicho terreno, pasó a formar parte de lo que hoy se conoce como la plaza de la Reina María Cristina, o plaza del Ayuntamiento. Pocos años después, y dentro de ese bucle de inusualidades, en 1936 las dependencias municipales pasarían a ocupar el espacio donde se emplazaba el Casino de la villa"


En octubre de 1938, nada más entrar en la villa las tropas nacionales, se decidió alquilar como Ayuntamiento el primer piso de una casa que había aquí a la izquierda de este bloque, entre las calles Comercio, Marqueses de Argüelles y Santa Marina, donde en el piso bajo estaban los ultramarinos de Casa Cuenco. Se habilitó un despacho para el alcalde y para el secretario junto con dos salones más con mostrador para el personal y servicios. En 1976 y tras arduas negociaciones de más de una década con los propietarios se organizó el traslado al consistorio actual, en el Palacio de Prieto-Cutre, frente la Plaza de la Reina María Cristina, donde ya había comprado tiempo atrás el consistorio unos terrenos, que no llegaron a edificarse, pues pasaron a ser dicha plaza, con la idea de construir allí su nueva sede

Aquel antiguo consistorio riosellano aquí ubicado constituía pues un mismo edificio con la cárcel y también con el juzgado municipal, el cual abarcaría este solar entre las actuales calle del Sol y calle del Sella, a donde se quiso traer en 1905 la escuela de niños desde su destartalada sede enfrente de la actual Plaza del Mercado de Ganado, pero los padres se opusieron dada su proximidad a los calabozos. Luego de pasar por una sede intermedia la escuela estaría en el mismo edificio que ocuparía luego el Ayuntamiento de la posguerra, según informa en Cien años de las escuelas de La Atalaya el investigador riosellano Toni Silva (La Nueva España 12-1-2016):

"En 1905, por fin, desalojaron la ruina de la Atalaya y acomodaron la escuela en el primer piso de la casa nº 14 de la calle del Muelle, donde estuvo hasta 1912, año en que se trasladó a un edificio recién construido de Teresa de la Villa, viuda de Caso, en el que estuvo instalada hasta 1919, pagando una renta de 1.000 pts. anuales. En este último local tuvo después su sede el parrandero "Club de los IX" y, tras la guerra civil, la Casa Consistorial de la dictadura. La escuela de niños, gracias a la testarudez de Valeriano Díaz y a la inyección de moral que supuso la visita en 1912 del gran pedagogo Manuel Fernández Juncos, pasó en 1913 a ser graduada en tres secciones, tal como prescribían las modernas corrientes pedagógicas que se iban imponiendo en el mundo civilizado, y que en España estaban siendo abanderadas por la Institución Libre de Enseñanza y el krausismo."

Y es esta calle del Sol precisamente la que vamos a tomar ahora, yendo a la derecha, pues detrás de este edificio es donde está, totalmente escondida en un oscuro rincón, la capilla de Santa Ana, al lado mismo por tanto de aquel desaparecido edificio de consistorio, cárcel y juzgado

No dejemos de mencionar la rula o lonja de pescadores, que vemos a nuestra izquierda, y a lo lejos el promontorio del Monte Corberu donde se sitúa la capilla de la Virgen de Guía, pues nuestra idea es, luego de llegar a ella, bajar desde allí al Paseo de la Grúa y, siguiendo todo el puerto, regresar por aquí para cruzar el Puente del Sella y continuar Camino a Santa Marina, al otro lado de la ría

La calle del Sella es peatonal, aquí sacan sus terrazas a la calle varios negocios hosteleros donde antaño estuvo la Sidrería Tinín, de Celestino Gutiérrez Berdial, Tinín, gran hostelero y pescador que fue antes minero, pastor, emigrante y camarero, bien glosado por Ramón Capín Rama en Un personaje singular: Tinín (La Nueva España 10-2-2007):

"Nació en el barrio de La Cuesta Vieja de Ribadesella. Su vida laboral comenzó de muy joven en la mina Ana, en la localidad de Berbes, y más tarde trabajó durante un año en León como pastor, en compañía de familiares que residían en esa provincia. Tinín formaría parte de los muchísimos españoles que durante la década de los años sesenta y setenta emigraron a Europa en busca de trabajo; pasó tres años en Suiza (con su mujer) trabajando en la construcción, habiendo dejado a sus hijos al cuidado de una cuñada. A la vez que enviaban dinero para la manutención de sus hijos trataban de ahorrar algo que les permitiese instalarse por su cuenta. De regreso al pueblo Tinín trabajó como camarero en diferentes cafeterías de Ribadesella hasta que abrió su propio negocio, una sidrería-restaurante que tuvo gran éxito. Finalmente, hace unos años abriría un hotel que sigue funcionando en la actualidad.

Hombre de facultades físicas excepcionales (indispensables, como veremos, para soportar su ritmo de trabajo), fue durante un tiempo portero del Club de Fútbol Ribadesella. También participaba a menudo en competiciones locales como carreras de camareros (con la bandeja llena de vasos y botellas) y las populares cucañas; incluso hay quien dice que estos torneos acabaron desapareciendo porque siempre los ganaba el mismo: Tinín.

Pero su vida laboral estuvo siempre acompañada de la pesca. Sus primeros conocimientos se los transmitió su padrastro, Rafael, ya de muy joven; una impronta que marcaría toda su vida. De familia humilde, la pesca no sólo constituía una afición para nuestro singular personaje: era a la vez un medio de incrementar sus ingresos. Una mezcla de afición y necesidad en una época en la que los salarios eran más bien escasos. Es aquí donde hacían falta condiciones físicas para complementar el duro trabajo diurno con interminables horas de pesca nocturna. Pocas horas de sueño ha disfrutado nuestro protagonista. Ya en su primera fase como minero, al salir del tajo cogía su caña y se iba a intentar ganar otro jornal por la bahía, y así seguiría durante prácticamente toda su vida hasta casi la edad de jubilación.

Muchos en Ribadesella recordarán a Tinín, con una de sus cañas de ocho metros al hombro, camino del paseo de la Grúa. Durante muchos años sólo usó aquellas enormes y espectaculares cañas de bambú, cuya utilización durante horas sacando peces del agua requería, sin duda, tener buenos bíceps. «En aquellos tiempos», nos explica, «las cañas con carrete las tenían sólo los ricos». Su primera caña con carrete sería un regalo de Reyes de su madre. Era el primer regalo de Reyes que Tinín recibía y que constituía, a la vez, una inversión para pescar más y así aumentar los «amusquis». Mientras nos cuenta estas cosas Tinín no puede evitar la emoción del recuerdo y observamos una lágrima arroyar por su mejilla."

Ahora, según entramos en la calle del Sella, vemos la derecha la Sidrería María Manuela Bistró, especialidad, como otros muchos riosellanos, en pescados y mariscos frescos del Cantábrico. La gastrónoma Nandi Monteagudo le dedica un reportaje en Ydondecomemos.com, su excelente blog, con motivo de su apertura en 2014:

"El joven chef Javier del Blanco, antes jefe de cocina de Nerua, nos abre las puertas de María Manuela Bistró. Un coqueto y acogedor restaurante ubicado en la bonita villa de Ribadesella, donde poder degustar una cocina tradicional asturiana con toques creativos.

En la carta, llena de propuestas apetecibles, vamos a encontrar platos originales donde la imaginación cobra un gran protagonismo. Además, la clara inspiración oriental que queda reflejada en muchas de sus creaciones, da como resultado unas recetas tan sorprendentes que no van a dejar indiferente a ningún comensal. Tal es el caso del exquisito bocado de Borona (receta tan auténticamente tradicional que es difícil encontrarla en un restaurante: harina de maíz “preñada” de “compango”) y Berza o los Fritos de pixín, cítricos y rúcula. Entre los mariscos podremos elegir entre pasta rellena de txangurro con sopa miso o la Cigala asada con tallarines de arroz, calabacín, calabaza y jugo de su cabezas.

El toque oriental lo apreciaremos en pescados como la Dorada, wok de arroz venere, frutas secas y su crema. No podemos pasar por alto las sabrosas carnes como el Cochinillo a baja temperatura, melón-pepino, patata-romero o el Entrecot de buey y patata rellena de Peral. Y obligado es dejar hueco para el postre para no perdernos la especialidad de la casa: tarta selva negra… bizcocho micro, ganache de chocolate, panacota de kirsch y helado de cereza. ¡Increíble!

Además de estas especialidades de la carta, María Manuela Bistró cuenta con dos menús diarios a un precio realmente atractivo: el Asturiano, para aquellos que quieran adentrarse en los sabores de la cocina autóctona. Y el María Manuela, compuesto por una selección de platos de la carta del bistró."


La tradición churrera riosellana es patente desde antiguo en sus fondas y cafés, y también en churrerías ambulantes como fueron la de Gloria y Pedro, fundada en 1952, de la que se decía que "los churros de Pedro saben a Gloria, qué gloria de churros los churros de Pedro" y la de Sara, que vendía patatas fritas, con un ayudante, por el Arenal de Santa Marina, con una cesta al cuello y envueltas en paquetes de celofán


Fijémonos en la abrupta ladera, acantilada podríamos decir, que había sobre la antigua ribera. Por ahí, a la derecha de la torre de la luz, sube el camino a L'Atalaya y Monte Corberu, ruta a la emita de Guía


Pero antes nosotros, como hacían los caminantes de las peregrinaciones históricas, nos acercaremos antes a la de Santa Ana, bien señalizada pero recóndita, hoy en día encajada en este callejón


Es la Travesía de Santa Ana: fijémonos en las conchas xacobeas oficiales que nos indican llegar allí


La ermita o capilla y su entorno, habitualmente muy umbrío en nuestros días, fueron restaurados en 1995. Sobre ella y cuesta arriba asciende el camino por la falda de la montaña, donde crecen arbustos y matorrales. Figura como que fue construida en el siglo XVI y que perteneció a la familia Armiñán y que fue del Gremio de Mareantes, pues desde ella como hemos dicho se tomaba la barca que cruzaba la ría, hacia el Arenal de Santa Marina, donde también tenían la de esta advocación, además de la Casa de las Ballenas, por donde proseguía el Camino


En el siglo XVIII, cuando parece ser fue restaurada o reformada, se hizo la que fue la Casa del Barquero, que como su nombre indica, era quien pasaba a las gentes, caballerías y mercancías, de una orilla a la otra antes que se hiciese el puente. También figuró como Casa de la Barca. Tal y como leemos en Xacopedia, voz Ribadesella:
"Desde la capilla de Santa Ana los peregrinos medievales debían tomar una embarcación si querían cruzar el río. En el presente no es necesario, ya que lo atraviesa un puente de hormigón levantado en 1940, en sustitución del anterior paso, fabricado en hierro y que fue destruido durante la Guerra Civil"

Esta es una imagen con sol, cuando este ilumina parcialmente la capilla y esta callejuela sobre la que se yergue peñasco arriba pues está asentada sobre la misma roca del acantilado, como ahora vamos a ver.  


Una estrecha escalera, formada por grandes bloques pétreos, nos sube a ella. Con lluvia y humedades acumuladas por la penumbra puede llegar a ser resbalosa, por lo que con buen acierto se ha habilitado un fuerte pasamanos metálico, de fundición, cuya sujeción se ha empotrado literalmente en la pared de piedra


Su restauración fue auspiciada, como tantas iniciativas culturales, sociales, deportivas y espirituales en esta villa, por quien fuera párroco de Ribadesella/Ribeyesa, Don Eugenio Campandegui García, cuya figura glosábamos al pasar por la iglesia de Santa María Magdalena. A sus pies, en un rellano, un banco corrido de piedra para sentarse


A su lado vemos la roca del cantil a la que nos referíamos, sobre la que se construye, firme y bien asentada, esta ermita, que como la ría y la misma población estaría relativamente bien resguardada por el Monte Corberu de las inclemencias de los vientos del norte


Participaron en esta restauración el Ayuntamiento y la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, la Asociación de Amigos del Camino local y vecinos y feligreses, siendo reinaugurada el 25 de julio, Día de Santiago, de 1995, "para gloria de Dios y cobijo de los peregrinos", tal y como decía una placa informativa. Fijémonos a la derecha en el ventanuco típicamente renacentista a manera de saetera-hornacina abovedada en forma de concha


Desde el rellano sube aún otro tramo de pétreos peldaños


Y esta es la parte posterior de los edificios de pisos que al otro lado miran al muelle y estuario


El santuario es pequeño, prácticamente un oratorio, figura como capilla de Santa Ana y de las Ánimas en 1788, cuando como hemos dicho hubo de ser rehabilitada y restaurada por el Gremio de Mareantes, que establecieron aquí su culto así como en Santa Marina, dos advocaciones vinculadas en lo religioso, pues Santa Ana es la madre de la Virgen María, como en el paso del estuario, por lo que su simbolismo no habría de pasarnos desapercibido


Una gran portada de arco de medio ocupa prácticamente toda la fachada de ingreso, cerrada por un portón de fundición de verja que nos permite ver el interior


Adentro admiramos su estructura de bóveda de cañón, sobre la que está por fuera el tejado a dos aguas, su planta ligeramente rectangular; el ventanuco que da luz al altar, que prácticamente ocupa todo el espacio interior, así como su mesa, las lámparas colgantes y la roca madre a la vista, sobre la que se hizo la pared de piedra aprovechando un peñón sobre el viejo puerto 


El altar con su mantel, fijémonos detrás en el banco corrido de piedra bajo la pared del fondo, cuyas imágenes principales son Santa Ana (con su iconografía habitual acompañada de la Virgen y el Niño y a su izquierda Cristo en la cruz. Más pequeñas, otras imágenes en las paredes laterales son la Santina o Virgen de Covadonga a la izquierda y San Antonio a la derecha. Hay una pequeña hornacina de usos litúrgicos bajo la ventana-saetera y se ven a los lados de esa pared tras el altar otros dos pedestales, posiblemente para más imágenes u otros elementos sacramentales


Santana está representada sedente y sobre sus rodillas, a su vez, aparecen sentados su hija la Virgen María y su nieto, e hijo de esta, Jesús como Niño. Ambos sostienen el orbe o bola del mundo, por lo que puede ser una representación a la vez del Salvator Mundi


A la izquierda la imagen de Cristo crucificado en una representación del desenclavo o Descendimiento


Debajo, precisamente se ven, pequeños, otros dos elementos y símbolos de la Pasión, el martillo y las tenazas del desenclavo, sobre el monte Calvario o Gólgota


Sobre la portada, un mínimo tejadillo de madera sostenido por dos columnas cuadradas de madera sobre dos pequeños muretes forman un también diminuto pórtico


Al otro lado continúan las escaleras, que ahora emplearemos para bajar


También aquí, la roca del peñón. El musgo impera en este casi siempre sombrío rincón, tan importante para la historia que, a pesar de la existencia de un puente sobre la ría desde mediados del siglo XIX, no ha sido dejado de lado en la señalización oficial del Camino Norte en Asturias


Si bien a la derecha podemos también seguir hacia otras subidas al Monte Corberu, preferimos en nuestro caso emplear la que hemos visto antes junto a la torre de la luz de la calle el Sella, por lo que iremos a la derecha, reservando otros tramos del paso por el muelle a nuestro regreso por el camino portuario del Paseo de la Grúa


Realmente, a partir de aquí ya no hay señales oficiales del Camino de Santiago, es una ruta de un kilómetro hasta la capilla de la Virgen de Guía que recomendamos, pues si estamos bien de tiempo, de fuerzas y pernoctamos aquí o cerca va de verdad a merecer la pena realizar


Y de esta manera y a la derecha de la torre, más escaleras, ahora un corto pero buen repecho, nos aguarda en este primer tramo de subida al Monte Corberu, auténtica atalaya sobre Ribadesella/Ribeseya, su ría, playa y estuario, camino de la ermita de la Virgen de Guíapatrona del mar, como bien dice algún cantar...
Virxen de Guía
patrona del mar
los marineros
vanse a embarcar. 
Vanse a embarcar
ya van a salir
los marineros
gústenme a mí





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu visita y contribuir con tu comentario... Únete a la Página Oficial en Facebook para descubrir nuevos contenidos....Ultreia!