| La Casa Puente, el Puente Nuevo y el río Nisón |
Hacia 1883, con la apertura de la carretera de Cangas, actual AS-14 Grandas de Salime-Puente del Infierno, el crecimiento urbano de La Puela/Pola de Allande, capital del concejo allandés, pasó la barrera natural que constituía el río Nisón y se extendió por la ribera contraria gracias a la construcción del llamado Puente Nuevo, que uniría dicha carretera con las procedentes de Tineo/Tinéu y Luarca/L.luarca, la cuales relegarían a los viejos caminos a simples vías pecuarias
Sobre el puente se construyó la famosa Casa Puente o Casa Cundo, en dos fases, una entre 1884 y 1886, es decir, justo con las obras del puente y la carretera recién terminadas, donde se ubicó el famoso Café Vitoria, a la derecha y por entonces en pleno límite urbano de la villa; y otra en 1927, la más grande y a todo lo largo del puente, que llega al Parque Toral o El Toural (izquierda), cuyas obras fueron autorizadas, previa compra del solar, por la misma reina regente Mª Cristina de Habsburgo-Lorena el 1 de marzo de 1886 en plena zona ya de expansión urbana, donde pronto se construirían también el nuevo Ayuntamiento y otros edificios emblemáticos a lo largo de la ribera y nueva carretera...
El Camino de Santiago, que sigue en lo posible el trazado de los antiguos caminos anteriores a la carretera, no llega a pasar el puente sino que, viniendo por la Calle Mayor a la Avenida de América, sigue de frente de la Plaza Diz Tirado a la Avenida de Galicia, pasando, eso sí al lado de la esquina de la Casa Puente en la que se ubica el Café Vitoria, fundado por iniciativa del emigrante Segundo González Victoria, Cundo, quien, con destilería en Puerto Rico, se vio muy afectado por la Ley Seca de Estados Unidos, por lo que decidió volver a sus orígenes y hacer esta casa y montar este negocio
El resto de la casa, sobre el puente como hemos dicho, se construyó ya en 1827 mezclando estilos modernista e historicista con galerías de gusto tradicional
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| Foto: Café Vitoria |
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| Foto: Café Vitoria |
"Café Vitoria, haciendo esquina a dos calles, con sus mesas de cubiertas de mármol, radios antiguas como elementos decorativos y una importante cafetera, que al primer vistazo recuerda el no menos importante aparato que tenían en Lhardy para hacer caldos. En otro lugar del establecimiento hay otra cafetera de dimensiones más reducidas, también como adorno o como constatación de pasadas grandezas, y en el interior, una mesa de billar. Se nota que en Pola de Allande corrió el dinero; lo certifica su hostelería."
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| Foto: Café Vitoria |
"Edificación residencial de promoción indiana construida para Segundo González Vitoria, quien en 1923 pide licencia municipal para ampliación de vivienda sobre el río Nisón. Es una de las edificaciones más singulares de Pola por su peculiar posición.Se trata de un edificio de carácter ecléctico que incorpora una amalgama de elementos habituales en los edificios de aquella época en la villa, como galerías, organización de los huecos en triadas, balaustradas y pilastras, en incluso la aparición de arcos rebajados divididos por pilastras.La ampliación respetó la edificación original y adosó la nueva construcción conformando un conjunto armonioso pero diferente en cuanto a las proporciones y la ornamentación.Destaca la hermosa escalera de forja y madera de arte modernista.El edificio combina estructura de vigas de hormigón para salvar el cauce del río y vigas de madera en las plantas superiores. Las vigas de madera resuelven el vano completo sin apoyos intermedios, alcanzando unas luces de casi 15 metros.La planta semisótano acogía las cuadras, en la planta baja, diversos locales comerciales, de los que hoy pervive el Café Vitoria, que aún conserva el encanto de un antiguo café. Las plantas superiores se dedicaron principalmente a viviendas"
"El establecimiento más conocido, y uno de los más internacionales de Asturias, es La Nueva Allandesa, frente al Ayuntamiento. Probablemente en todo el camino no se encuentre otro de tan arraigado espíritu jacobeo. Ofrece dos entradas, a la derecha a la cafetería y a la izquierda al comedor. El comedor es grande, con ventanales al río y a las casas con galerías de la otra mano que cuelgan sobre él y al puente que constituye el cogollo urbano de la villa, y lo primero que se percibe, además de los excelentes olores que llegan desde la cocina, es la multitud de lenguas que hablan los comensales. En una mesa comen dos alemanes y un inglés; en otra, varios franceses con una tailandesa; en la de más allá, un peregrino francés pide Borgoña para acompañar la «sopa asturiana», la versión inventada por Antonín del pote. Y en una mesa ante los ventanales, la representación de Cangas del Narcea: Vespertino y sus hermanos. Antonín se desvive atendiendo a todo el mundo y nos sirve un menú, si no vegetariano, vegetal: pote de berzas, repollos rellenos, pudin de verdura con arbeyos, cuajada con miel y arroz con leche. Todo estupendo. El pote es de los superiores de Asturias. Y las raciones son esplendorosas, a la altura de caminantes que calzan las botas de siete leguas. Antonín los conoce nada más verlos. Mientras nos despide a la puerta, aparece una peregrina curtida por soles, vientos y lluvias.-¿Usted es Trini? -le pregunta Antonín.Es Trini. Viene de Roncesvalles, por el camino del Norte."
"Pola de Allande es una agradable expresión urbana en el fondo de un valle muy verde. La cruza el río Nisón y es un importante cruce de caminos: al Norte, hacia la marina de Luarca; al Este, hacia Cangas del Narcea y Tineo, y al Oeste, hacia Grandas de Salime por el puerto del Palo. Que ésta es zona indiana lo certifican las casas de galerías acristaladas y las buenas muestras de arquitectura modernista y montañesa."
Estamos en lo que no deja de ser un 'ensanche' de la población hacia la otra ribera del Nisón, favorecido por la nueva carretera y su puente en 1883. Parece que de lo que primero se dice que se hizo fue el Parque El Toral o, como bien apunta Armando Barredo, El Toural, unos tres años más tarde, cuyos árboles ya vemos desde aquí, a la derecha del Ayuntamiento, por donde sube la carretera desde El Toural al barrio de Solares y a Freisnéu o Fresnedo
Aquí, en la esquina de la Casa de Carlos Santos, la travesía de su nombre da paso a la calle Donato Fernández, indiano y benefactor allandés, la carretera de Cangas tan recitada o, actualmente, carretera AS-14 Grandas de Salime-Puente del Infierno, con la que coincidiremos bastantes veces hasta la capital grandalesa
La construcción del Ayuntamiento de Allande, auspiciada por Carlos Santos, recordamos, cuya casa perfila sus galerías en esta esquina, ocasionó un grave problema, nos cuenta Armando Barredo. Por entonces el concejo era eminentemente rural y es más, aún básicamente cerealístico, es decir, algo tan esencial como el pan se hacía del trigo que se sembraba en los campos aledaños a las poblaciones, se molía en los molinos del río y se amasaba y arroxaba 'cocía' en el horno de casa. Para ello había que mallar el trigo, existiendo para ello una era en este mismo lugar, por lo que, quienes realizaban la malla, se encontraron sin lugar para hacerla, por lo que enviaron un escrito al consistorio pidiendo se habilitase un nuevo lugar para hacerlo, al lado de la iglesia
La obra tampoco fue fácil, pues se sacó a subasta pero nadie se la quedó, por lo que hubo de hacerse por parte del propio consistorio con dinero aportado en su mayor parte por Carlos Santos, emitiéndose para ello además unos pagarés, los cuales aún seguían circulando en los años de la década de 1930 pues aún no se habían concluido los trabajos ya que, siempre según cuenta Antonio Barredo en el vídeo citado, hubo de hacerse prácticamente pared a pared según llegaba el capital
"Se destina a depósito de archivo una dependencia de reducidas dimensiones, situada en la primera planta de la Casa Consistorial, que está acondicionada con estanterías compactas sobre rieles móviles. La Casa Consistorial de Allande es un edificio que se empezó a gestar en el año 1905, cuando el entonces alcalde, Carlos Santos, encargó al arquitecto Regino Pérez de la Sala la elaboración del proyecto. Tras someterlo a pleno en 1906, se acordó, por unanimidad, la construcción y subasta pública del mismo. Las obras del nuevo edificio finalizaron en 1909 y parece ser que empezó a ocuparse en 1910. Desde entonces el edificio, que se acerca a su centenario, alojó las dependencias municipales, biblioteca, juzgado de paz, cuartel de la policía municipal y de la guardia civil."
"Elegante edificio -pórtico en la planta baja, balconada de piedra y balcones con antepecho de hierro forjado en el primero, vanos, frontones triangulares y curvos, escudo en el frontón del vano central, ornamentada cartela con la leyenda "CASAS CONSISTORIALES", pilastras de fuste acanalado separando la fachada en tres cuerpos, reloj enmarcado por una bella caja de adornos florales rematando el edificio- construido en 1907 y con funciones culturales -sala de exposiciones y conferencias, importante archivo municipal- además de las administrativas"
"Su construcción, sobre proyecto fechado en 1905, se dilató hasta 1910 por motivos económicos", recuerda el panel informativo colocado en su parte inferior izquierda, donde se nos informa también que en su interior "destaca la escalera imperial iluminada cenitalmente sobre la que se articula la planta", así como que fue rehabilitado entre 1993 y 1996 "manteniendo su imagen exterior y la configuración espacial". El resto de la reseña dice así:
"Edificio de marcado aire institucional de estilo ecléctico que combina diversos elementos con predominancia del lenguaje clásico. La decoración se concentra en el cuerpo delantero destacando los recercados de los huecos, la cornisa y el cuerpo del reloj con abundante decoración mediante motivos florales y geométricos"
Y, en la placa, un dibujo de la casa consistorial tal y como la vemos al cruzar por aquí el Puente Nuevo
"Se organiza simétricamente, con laterales abiertos en huecos recercados y balcones de forja en la primera planta. La calle central tiene un mirador de forja y hierro rematado en arcos y filigranas. Elevado sobre éste asoma una buhardilla con la cubierta muy bolada y balaustrada abierta con decoración trilobulada en la ventana. La fachada está recubierta de cerámica blanca.Los remates de la cubierta estaban originalmente revestidos de elementos metálicos a modo de guardamalleta y crestería vinculando la construcción al estilo pintoresquista muy popularizado a finales del s. XIX. Conserva algunas estancias con la decoración y mobiliario original"
"Lo que parece aceptable es partir del latín TORUM ‘tallo’, ‘ménsula abombada en forma de cuerda’, ‘baranda de tierra’, ‘protuberancia de un músculo bajo la piel’ para explicar el asturiano tueru ‘tronco de árbol’, ‘tallo’. Una posible incrementación *TORALEM justificaría una serie de topónimos del tipo Toral aplicados a elevaciones o protuberancias del terreno"
Por fin se llegó a un acuerdo tras diez años por lo menos de ofertas y contraofertas y este nuevo espacio fue ganado para la ciudadanía de una creciente villa, colocándose el escudo allandés y, cien años después, fue ampliado y colocada esta placa conmemorativa
S. M. LA REINA DOÑA MARIA CRISTINASIENDIO REGENTE DEL REINOAUTORIZO POR R.D. DE 1 - 3 - 1886AL AYUNTAMIENTO DE ALLANDEPOR LA COMPRA DEL CAMPO DEL TORALO HUERTA DE TAMARÓN PARA MERCADOSY PLAZA PÚBLICA
"Allande es uno de los pocos concejos asturianos que puede presumir de disponer de armería propia en la edad media.
En el documento fundacional del otorgamiento Carta Puebla por el obispo de Oviedo don Pedro II, entre 1262/1267 el concejo de Allande aún no disponía de armas propias, por lo que sus procuradores rogaron pusiesen en su lugar los sellos el adelantado mayor del reino de León don Gutiérrez Suárez de Meneses (probablemente seis roeles en dos palos), la ciudad de Oviedo y al abad de san Vicente.
No obstante, pocos años después, en la hermandad suscrita en 1277, en La Espina, entre los concejos de Allande, Avilés, Pravia, Grado, Salas, Somiedo, Cangas, Tineo, y Valdés ya aparece con armas propias, aunque en la actualidad ya no se conserven las improntas pendientes del documento original, custodiado en el Arch. Mun. de Avilés, por lo tanto desconocemos su representación gráfica. El hecho ser un concejo mixto entre real y señorial, probablemente utilizaría los escudos gentilicios propios de los Señores de la tierra, la Casa de los Ponce, de Noreña, de Quiñones (señores de Gordaliza, Villanueva de Valdejamuz, Allande y Somiedo), Condes de Luna y Cienfuegos, que al tomar posesión del Señorío debían confirmar las Ordenanzas y prestar juramento de acatar las ordenanzas, fueros, usos, costumbres y libertades. Desde Suero de Quiñones defensor del Paso Honroso, hasta la Condesa de Luna en 1503, el contador Rodrigo de la Rua en 1515 y el corregidor Gutierre González de Cienfuegos en 1530.
Las nuevas Casas Consistoriales, de principios del s. XX, lucen en su fachada las armas cortas de España, cuartelado de Castilla y León, con Granada en punta y las lises de los Borbones en escusón, timbrado de corona real cerrada.
Desde 1905 viene usando el escudo y sello diseñado por el no muy acreditado heraldista Manuel S. Lac, con estudio abierto en Madrid, c/Doctor Fourquier, 30 3º, que describe, un escudo cuadrilongo, y en su campo la Cruz de la Victoria, de oro, pero que en el diseño se parece más a la Cruz de los Ángeles, por representar una Cruz con los brazos ensanchados, recubierta de pedrería, con la bordura de las medias lunas que, con el título de Lealtad, dice se ganaron en la Batalla del Salado. Hay que tener en cuenta que en esta época se desconocía la fundación de La Pola por el obispo don Pedro, dado a conocer por el profesor Ruiz de la Peña en 1969.
El Ayuntamiento de Allande aceptó de buena gana el diseño, porque eran las armas que se veían de forma reiterada por el concejo allandés: en la iglesia parroquial de san Andrés de La Pola/La Puela, en el castillo fortaleza de las Mestas¿ en Cimadevilla, en la torre de San Emiliano/Santo Millano, en la casa de los Mon de la Quintana, siempre con las armas del obispado de Oviedo, en cimera que son de Cienfuegos y la Rua, como armas de dignidad u homenaje y que llevaron a la portalada de Valdecarzana, en Muros del Nalón.
D. Baltasar González de Cienfuegos y Valdés (1612-1670), en uso de sus atribuciones como Señor de Allande, utilizaba un sello de placa, impronta sigilar sobre papel, cuadrilongo sobre cartela de piel de toro, cuartelado, ¿con el sello de mis armas¿: Cienfuegos, en forma de llamas en faja, Quiros, Miranda y Valdés. Al timbre la Cruz de Oviedo, acompañada de los Ángeles (Archivo Histórico de Asturias, Protocolos de Allande).
El 2 de enero de 1804, en las Casas de Cienfuegos, D. Francisco Antonio Rodríguez Trelles, mayordomo y administrador del conde Marcel de Peñalba, preside las elecciones de oficios de justicia, y como entre los electores no hubo conformidad en la elección de juez primero noble, nombró decisivamente a D. Manuel Antonio Fernández de Sierra, el mayor, vecino de Castanedo, y como había por costumbre que los electos diesen fianza, le releva de la misma y le nombra portal juez y "del sello huse y ejerza su empleo complentamente dentro del distrito deste conzejo" . ( A.H. de Ast caja 15834)
En cuanto a la asistencia de los allandeses a la batalla del Salado, en 1340, acudieron en mesnada con don Ruy Ponce de León, Señor a la sazón de la Pola de Allande, armado caballero de la Orden de la Banda, fundada ocho años antes, por Alfonso XI, al cual dio licencia para armar entre otros caballeros a Álvar González de Allande, según se menciona en la Crónica de Alfonso en Onceno. Este es el motivo de la bordura de sus armas y el título de Muy Leal, que utiliza con orgullo en Ayuntamiento de Allande.
Teniendo en cuenta que la forma del escudo es secundaria o indiferente, lo principal e importante radica en el campo y las figuras que le son propias, con sus esmaltes, para diferenciarlo de forma sencilla y visible de otras corporaciones. No obstante es evidente que las corporaciones muestran preferencia por un tipo determinado, que al ser usado reiteradamente se convierte, sin otra razón, en peculiar y representativo del poseedor o de la entidad pública.
Este fue el motivo por el cual Ayuntamiento de Allande, en 1971, solicitó la rehabilitación de sus armas, describiendo como mueble de su campo la Cruz Paté recortada¸ que heráldicamente se representa con las brazos ensanchados en los bordes, que es la que se venía utilizando, consagradas por el uso ininterrumpidamente desde principios de siglo, para autenticar la documentación oficial que la Corporación generaba. Representada también en el guión municipal, escudos en piedra, vidriera artística del lucernario del Ayuntamiento, en los muebles, colgaduras, concesión de honores y distinciones, etc.
Habiendo sido aprobadas por Decreto 718/91974 de 7 de marzo, publicado en el Boletín Oficial del Estado núm. 67 del 19 de marzo, disponiendo que el escudo quedase organizado en la siguiente forma: En campo de azur, la Cruz Paté, de oro, cargada de piedras preciosas, de gules y sinople. Bordura de gules con ocho medias lunas de oro. Timbrado de Corona Real abierta."
"Allande es un concejo, sin duda, lleno de sorpresas para los que deciden disfrutarlo y recorrerlo. Tierra de castros, de historia y de emigración, su paisaje se agranda ante el espíritu descubriendo brañas como las de Is, Campel o Bustantigo, por poner apenas un ejemplo. Desde el puerto del Palo parece que se está más cerca del cielo, sin embargo no hay que perder de vista la tierra que se pisa y el entorno que, con buen tiempo, sin duda nos seduce por completo e invita a detenerse a cada paso, para tomar una nueva fotografía. Quienes van una vez a este concejo, y descubre su paisaje, su paisanaje y su gastronomía, se queda sin duda alguna con ganas de volver para seguir disfrutando de todo ello.Pola de Allande es su capital y en ella, al fondo del parque de El Toral, a la derecha, se encuentra un local entrañable y acogedor que, como mesón restaurante abrió sus puertas el 6 de septiembre de 1990 con lo que, dentro de dos meses justos, cumplirá los 23 años. Se trata, como le llaman popularmente, de «El Casino». Su dueño, Sergio Rodríguez Pérez dice que antaño aquel local fue centro de reunión social regentado por una Sociedad Filarmónica que allí organizaba bailes y conciertos, y que acabó cerrando. «Cuando cogimos el local optamos por seguir manteniendo su nombre original, El Casino, que es como lo conoce ahora todo el mundo», añade. El comedor tiene una capacidad para unas 34 personas, contando también con otro pequeño comedor en la parte superior para 24.Los comienzos fueron duros, recuerda Sergio, pero a fuerza de constancia, buena mano en la cocina y la introducción de productos de la zona, El Casino se ha convertido en uno de esos bares de pueblo donde la tradición y la modernidad se combinan con sabiduría haciendo que, aquel que prueba alguno de sus platos, se sienta satisfecho. Buena parte de ese éxito reside, sin duda, en el buen hacer de su cocinera, María del Carmen Fernández, a quien todos allí llaman Marina, quien al tiempo que se mantiene fiel a la tradición, también sorprende a los comensales con alguna que otra novedad cada cierto tiempo.Entre sus elaboraciones más demandadas están el rollo de ternera relleno de berzas y morcilla, los chuletones, el solomillo, el entrecot y los escalopines. «Toda carne de ganadería de la zona que adquirimos en la carnicería de Pola», afirma, con orgullo, Sergio. Pero hay más platos apetecibles. Entre los tradicionales, a probar su pote de berzas, la fabada o los callos. Además de unos sabrosos y originales revueltos, sus cebollas rellenas de marisco y los embutidos de la tierra, cabe destacar, entre sus ensaladas, la de canónigos con jamón de pato y queso Peñasanta. Abundan también en El Casino los productos de la mar: lubina a la espalda, navajas, zamburiñas, doradas, berberechos, lenguado, besugo y rey. Eso sí, los pescados son por encargo. En el capítulo de postres, destacar, por ejemplo, la trilogía de tres chocolates a la menta, el biscuit de higos con crema de nueces, la tarta de chocolate o la tarta de queso (especialidad de la casa). También tienen menú. Cierran los lunes."
"Cuando unos anfitriones de lujo, como son Bea y Pepe de Bodega Vidas, no paran de recomendarte un restaurante, no puedes más que ponerte en sus manos e ir a probarlo. Así hicimos con Mesón El Casino, en la Puela d'Ayande, muy cerca de La Nueva Allandesa, que siermpre acaba acaparando casi todos los focos de atención.
Ya te da que pensar que siempre que pasamos por allí, lo vimos lleno. Tiene una terraza muy soleyera que da al parque de la Puela, justo en el centro. Dentro, una zona amplia de barra, con mesas para tomar algo. Y en la parte de atrás, un comedor. Reserva.
Y acabas de confirmar tus sospechas cuando te sientas a la mesa, y en la carta encuentrar un apartado de "Carnes de Allande". Porque en El Casino cuentan con ganadería propia, y si no acaban sus existencias, siguen ofreciendo carne de la zona de otros ganaderos locales. Y eso es algo que no abunda y que tenemos que reconocer. Además, que es una carne excepcional.
Nos sentamos 7 personas a cenar. Comenzamos con Cecina y Queso de Cabra. Muy rica la cecina.
Seguimos con una Ensalada de Cecina, Queso y Frutos Secos. Ya os dije que la cecina estaba muy rica, así que había que repetir.
Calamares. Por cierto, tienen la carta adaptada para celiacos, que siempre es de agradecer.
Y llegamos a la Chuleta. De ganadería propia. Y de vaca vieya. Madurada unos 25-30 días. Excepcional. Merece muchísimo la pena. Buenos trozos, carne con sabor, pero que se deshace en la boca. Maravillosa. Viene acompañada de unas patatas fritas.
De postre, Requesón con Compota de Manzana y Mermelada de Frutos Rojos. Buenísimo.
Para beber, 100 Montañas Carrasquín 2019 de Bodega Vidas. Uno de mis vinos favoritos. Hay pocas botellas, apenas 2000, pero es que la uva carrasquín, con el tiempo necesario de guarda, te da unos toques a tierra, minerales, únicos. (...) son precios más que populares. Sitio muy recomendable, la verdad."
"El Ayuntamiento de Allande ha distribuido una nueva edición del calendario que edita anualmente y que este año dedica a las cocineras del concejo. La encargada de la biblioteca municipal, Tania Rodríguez, ha recopilado las biografías y fotografías de las catorce mujeres que lo ilustran, reuniendo información desde mediados del siglo XIX.
La mayoría ya han fallecido, otras recuerdan los que consideran «los mejores años de su vida», aquellos que pasaron entre fogones. Es el caso de Plácida Lozano. En el negocio hostelero familiar, el restaurante Lozano, de Pola de Allande, se emociona al contar como comenzó todo en el pueblo de Berducedo, en la casa de comidas de sus padres.
En las ferias «se mataba un xato de más de doscientos kilos y se cocinaba y vendía en el día». A los 35 años, se trasladó a Pola junto a sus hermanos Melquiades y Elisa. Allí se hicieron cargo del bar-tienda que regentaban sus tíos y lo convirtieron en «el primer bar moderno» de la comarca. Fueron pioneros en servir helados y en celebrar bodas, por lo que pronto tuvieron que ampliar las instalaciones. «Si un año no llegábamos a las 35 bodas, era un año malo», explica Plácida, que ha perdido la cuenta de allandeses a los que ha visto celebrar su matrimonio.
Ya hace más de veinte años que se retiró, pero no ha olvidado ninguna de sus recetas. Tampoco la gente ha olvidado su famosa tortilla de patatas. También recuerda que, a la hora de llegar el autobús de Alsa a Grandas de Salime, preparaba tres grandes tortillas «que se acababan al momento» y se ríe al acordarse de aquellas sartenes que perdieron el fondo de tanto utilizarse o de sus dedos que, asegura, están ya doblados de tanto sujetar las patatas para pelarlas.
Junto a su historia, el calendario repasa las vidas de otras 13 mujeres que regentaron restaurantes y fondas y de reconocidas guisanderas que eran llamadas por particulares para preparar en sus casas las comidas para celebraciones especiales."
"No solo de Camino vive el peregrino" leemos en el grupo Viandas y manjares de los caminos de Santiago, y es que el caminante debe alimentarse, por lo que, comidas, cenas comunitarias o las vituallas de llevar en la mochila son siempre necesarias. Esta villa es uno de los referentes gastronómicos del Camino de Santiago y de toda Asturias, razón por la que deseamos compartir el artículo Dónde comer en Allande, publicado en España fascinante a fecha 28-1-2022:
"Ubicada en el extremo oriental del concejo de Allande, del cual es capital, Pola de Allande es una hermosa localidad que constituye un notable punto de paso del Camino de Santiago en su travesía por tierras asturianas. Su gastronomía despierta el interés de todo aquél que busca comer en Pola de Allande.
QUÉ COMER EN POLA DE ALLANDE
Pola de Allande es una localidad que puede presumir de tener una rica tradición agrícola y ganadera. Sus casas de labranza, sus ríos y sus pastos son la principal fuente de abastecimiento para una cocina de esencia y corte regional donde, no obstante, también puede percibirse el toque de la modernidad.Respecto a las carnes, el concejo de Allande es el lugar de origen de una de las mejores terneras asturianas y como tal, esta es uno de los platos más afamados del lugar junto a las carnes de caza o una amplia selección de embutidos artesanales como chorizos, morcillas, choscos o andoyas.
Los potes tradicionales como el de berzas, la clásica fabada o las truchas de los ríos que recorren estas tierras completan una oferta culinaria rica y variada. En el apartado repostero, no hay que olvidar los requesones y quesos como el famoso afuega’l pitu, además de toda clase de postres tradicionales asturianos.
A LA CARTA
Las opciones para comer en Pola de Allande son variadas y de notable calidad. El Casino es uno de los establecimientos más característicos del lugar. Su cocina es de corte tradicional y sus fogones son los responsables de especialidades como la carne de ternera cocinada de diversas maneras, pescados u otros platos como cebollas rellenas de marisco.
El hotel Lozano cuenta con un restaurante que ofrece a sus clientes una nutrida carta donde es fácil encontrar toda clase de guisos tradicionales asturianos, buenas carnes y pescados traídos directamente de las costas del norte. Cuentan con menú del peregrino y otro de precio más elevado pero muy completito. El bonito a la plancha y la fabada están de 10.
Otro establecimiento a tener en cuenta para comer en Pola de Allande es Nueva Allandesa, un lugar que emplea ingredientes de primera calidad y procedencia local para dar forma a una carta donde no faltan toda clase de recetas propias del imaginario asturiano. Paté de morcilla, fabada, carne asada, pastel de verduras y repollo con ternera, yogurt casero...Saldrás bien lleno y muy, muy contento.
A un kilómetro escaso de la localidad, en El Mazo, se encuentra Casa Gayón, un restaurante cuya principal especialidad son las carnes de ternera y cerdo, además de toda clase de potes y guisos tradicionales, siempre elaborados con materia prima de total confianza."
"El edificio actual empezó a gestarse en la sesión del Ayuntamiento de fecha 28 de Febrero de 1905. Aquel día, el Alcalde, Carlos Santos, dio cuenta de que el arquitecto Regino Pérez de la Sala, nombrado al efecto, había despachado el proyecto para la construcción de una Casa-Ayuntamiento. El proyecto que se sometió al examen de la Asamblea, acordando ésta, por unanimidad, aprobarlo. El importe de la obra ascendía a 90.822 pesetas una más que respetable cantidad para aquel entonces. Con 395 metros cuadrados de planta, se utilizó un modelo arquitectónico de moda, similar a los Ayuntamientos de Mieres, Cabañaquinta o Pola de Siero. Se aprobó que la financiación de la obra se hiciese en tres años así como el pliego de condiciones.
Se acordó también enviar el expediente el Gobernador Civil de la provincia quien el primero de agosto de ese año autoriza la subasta. Un año después de la aprobación del proyecto, y después de sacar a subasta dos veces, sin haber concurrido licitadores, el Pleno Municipal, en sesión de 2 de Febrero de 1906, acuerda solicitar al Gobernador la declaración de excepción de subasta decidiéndose realizar las obras por administración, contratando los albañiles y adquiriendo los materiales necesarios para la construcción. Y así en las actas municipales se recoge el pago de salarios quincenales a los obreros que participaron en la construcción, siendo larga la lista de proveedores de la obra. La piedra de sillería se transportó desde Cornellana en carros de bueyes.
Con las obras ya apunto de terminarse llega un momento en que se agotan los recursos por lo que se plantea el suspenderlas o buscar financiación. Así las cosas, es el propio Alcalde, Carlos Santos, quien ofrece el anticipo necesario para la terminación de aquellas.
En 1.907 se encarga el campanil a la casa Bertrand Hnos, de Oviedo, por lo que se abonan 600 pesetas y el reloj a la casa Girod de Madrid. Ya finalizadas las obras, en 1.909 el Ayuntamiento se ocupó del ornato de la zona circundante, proponiendo el derribo del tendejón cubierto que había detrás de la casa consistorial que servía de mercado de frutas y productos agrarios.
La nueva casa consistorial debió ocuparse hacía marzo de 1.910 y en octubre de ese mismo año se acordó el último pago de 300 pesetas al propietario de la casa ocupada por las oficinas municipales mientras finalizaron las obras del edificio.
En el año 1.992, debido al estado de deterioro de la estructura de madera y tejado se procede a realizar una importante remodelación que duró dos años y contó con un presupuesto de ochenta millones de pesetas."
"Pasar por Pola de Allande y no comer pote asturiano se ha convertido en algo insólito de un tiempo a esta parte. Vecinos de la zona, turistas dispares y viajeros animados a recorrer el Camino Primitivo no han salido de la capital de Allande, de poco más de 700 habitantes, sin probar la cocina tradicional de La Nueva Allandesa, el restaurante familiar que este 2017 celebra 60 años de historia.
La Allandesa, como se conoce popularmente al establecimiento, lleva seis decenios sirviendo pote asturiano sin omitirlo de su carta ni una sola vez. «Todo el que entra, tiene la certeza de que podrá degustarlo, así lleva siendo los 365 días del año desde 1957», explica Gelina Fernández, tercera generación responsable del negocio. Solo ha habido tres días en los que no ha sido así: «Cuando fallecieron mis abuelos Rafael y Encarna y cuando me casé yo», cuenta Fernández. En total: casi 21.900 días dedicados a los platos de cuchara.
El nacimiento del establecimiento se debe «al tío González, que es como un Dios para nosotros». Él regaló el local –más pequeño de lo que es en la actualidad– a Pura y Rafael en 1957 para que trabajaran en él ambas familias. «A cambio, solo les hizo un encargo: que eligieran un plato para cocinarlo todos los días del año con la idea de convertirlo en el referente del establecimiento», cuenta ahora Gelina Fernández. El elegido, sobra decirlo, fue el pote porque «la familia tenía huertos propios y el embutido y los platos de cuchara son típicos de la zona».
Dos elaboraciones más se han convertido en toda una tradición en La Allandesa: el repollo relleno y el pudding de verduras, plato este último «ideado por mi abuela Encarna», explica Fernández. Se lo sirvieron estando ingresada en Madrid y al regresar a casa puso en práctica la receta modificando algunas cosas y añadiendo un toque personal, al incorporar una salsa casera de tomate natural. Algo similar hizo con la receta del repollo relleno que encontró en un libro antiguo de recetas y cambió hasta prepararla con ternera de aquí. «Ha sido mi tío Antonín el que más ha hecho por darlo a conocer, porque es un plato que costaba darle salida. Él pedía, y aún pide, a los comensales que lo prueben, al menos».
Cuando abrió la fonda hace seis décadas solo había un baño para todas las habitaciones, estancias en las que primordialmente vivían maestras y comerciales, había cocina de leña y «era mi tía Pura quien se encargaba de lavar las sábanas en el río», rememora la tercera generación.
Fue la segunda, es decir, los hijos de Antón y Pura y Rafael y Encarna, la que se encargó de llevar a cabo reformas con las que adecuarse a los nuevos tiempos y a una clientela creciente. En 1986, se puso baño en todas las habitaciones, lavandería propia y se modificó la antigua galería del comedor para dejarla como se puede ver en la actualidad. En 1989, se construyó una tercera planta para habitaciones, y, en 1997, se compró la casa contigua para alcanzar las 38 habitaciones con baño, se construyó otro salón, almacenes y cafetería y se amplió la cocina. Además, pusieron en marcha un servicio de ‘catering’ «que cocina in situ» –matiza Fernández–, cuyos platos se han probado, además de en Asturias, Galicia y Madrid, en los centros asturianos de Puerto Rico y Santo Domingo.
El secreto de La Allandesa está, dicen sus actuales responsables, en respetar a la primera generación en todo y en mantener la esencia de toda la vida «adaptándonos a lo que venga». Por eso «hacemos las recetas tal cual fueron pensadas hace 60 años y aún ponemos la perola encima de la mesa lleve potaje o crema de nécoras», indica Fernández y pone un ejemplo: «Hace poco nos pidieron para una boda nuestros platos, pero algo actualizados, y claro, en el potaje no hay modernización que valga. Lo que hicimos entonces fue prepararlo igual, pero sirviéndolo utilizando nuevas formas de presentación».
Lo que no cambia en La Allandesa es que más que una fonda sea considerada «una casa grande». Por eso que a la fiesta del 60 aniversario celebrada hace unos días acudieran en torno a 1.340 personas, entre amigos, familiares, vecinos, antiguos trabajadores y hasta conocidos de estos. «Yo llevo aquí desde que nací. Cuando salía del colegio venía a comer y sé que mis tíos y mi padre pasaron aquí los primeros años de su vida, celebrando los cumpleaños y demás fiestas en compañía de los vecinos», rememora ahora Gelina Fernández, quien cuenta, además, que en esa «casa de todos» nació el actor Frank Braña en 1934. Así lo firma él mismo en una fotografía que dedicó a Rafael.
Ahora convergen en La Allandesa dos generaciones. De la cocina se siguen encargando Geli Lacera y MariCarmen Pulido, de la segunda, y ya están dentro Gelina Fernández y su prima Carmen Rodríguez, de la tercera. «Y hay una cuarta. Mis hijas de 3 y un año y medio», bromea Fernández. La tradición manda y La Allandesa es toda una institución poniéndola en valor."
"La constancia junto a la historia y evolución del negocio es la mejor carta de presentación de La Allandesa. El respeto a la cocina tradicional transmitida de generación en generación no ha dificultado la adaptación a los tiempos con un punto de innovación, sobre todo a través de su apartado de catering. Estos son los factores que tras 60 años han convertido a La Allandesa en todo un emblema de Pola de Allande, lo que según Gelina Fernández para ellos es “todo un honor a la vez que una responsabilidad”
-¿Cuándo y cómo nace La Allandesa?
-En 1957, José González, tío de los hermanos Rafael y Pura adquirió La Fonda Nueva, para que sus sobrinos con sus respectivas parejas trabajasen en el negocio. Los dos matrimonios (Encarna y Rafael, y Pura y Antón) siguieron al pie de la letra la única condición de su tío, elegir un plato y elaborarlo todos los días del año, eligieron el pote, y con el paso de los años ha pasado a ser toda una seña de identidad de la casa. Mi abuela, Encarna, estuvo ingresada varios años en un sanatorio de Madrid, allí le daban un budín de verduras que a su regreso adaptó con salsa de tomate e incorporó a las especialidades del restaurante. El tercer pilar de la cocina de La Allandesa es el repollo relleno, que recuperaron de un antiguo libro de cocina.
-¿Cómo fue la evolución familiar en el negocio?:
-Trabajando en el negocio convivimos la segunda y tercera generación. Enrique, su hermano Antonín, la esposa de éste, Mari Carmen, y su hija Carmen, por parte de Antón y Pura, y por parte de mis abuelos, mis padres, Emilio y Geli, y yo, que soy la tercera generación. Mis hijas serían la cuarta generación, pero de momento son pequeñas. De la familia actualmente trabajamos siete personas en el negocio. (...)
-¿En qué se diferencian?:
"-Aquí no tenemos una carta al uso como en otros restaurantes, nosotros somos los que asesoramos y ofrecemos los platos. Seguimos trabajando sobre todo el plato de cuchara de guiso de toda la vida de las abuelas, siempre tenemos pote y otro guiso, además de carnes seleccionadas de la zona (cachopo, escalope, chuleta, ternera asada…). Nuestros postres son caseros: flan, nata, requesón con miel, tarta de chocolate o tarta de queso."
-¿Y las carnes y embutido?
-Solo trabajamos con ternera de ganaderos de la zona y concejos limítrofes. El ganado sabemos de dónde viene, cómo se ceba y la carne está asegurada. Con respecto al embutido seleccionamos a los proveedores de cerdos y una chacinera nos lo hace con nuestra receta propia. Para la morcilla utilizamos cinco toneladas anuales de cebolla y se matan unos 60 cerdos al año.
-¿Qué clientela tienen?
-A diario contamos con trabajadores y con un perfil sobretodo de comerciales, antes se alojaban dos o tres días aquí cada vez que les tocaba venir por la zona, ahora con la mejora de las vías de comunicación, no todos se quedan, pero incluso no teniendo que venir a Pola de Allande por trabajo, siguen viniendo a comer aquí. También por aquí pasan muchos peregrinos para los que tenemos un descuento tanto en menú como en alojamiento.
-¿Cómo ve el futuro?
-Mi prima y yo somos la tercera generación del negocio, ella trabaja en comedor y yo en administración, las dos teníamos muy claro que queremos continuar con el negocio."
"Sesenta años alimentando emociones. El restaurante La Nueva Allandesa celebró este fin de semana seis décadas de trayectoria y reconocido prestigio que comenzaron allá por 1957, cuando los hermanos Pura y Rafael Fernández, junto a sus respectivos cónyuges, se hicieron cargo de la hasta entonces conocida como La Nueva Fonda. El negocio fue comprado por José González, tío de Pura y Rafael, quien exigió a sus sobrinos «tener un plato estrella, en este caso el pote de berzas, que perdurase durante años», explicó Gelina Fernández, nieta de los fundadores.
La Allandesa, como es conocido en toda la región, engloba, además de la casa de comidas, un hotel, una cafetería y un negocio catering que han puesto en marcha recientemente y que «nos ha servido para abrir nuevas fronteras y formas de trabajar», aseguraron los propietarios.
Entre los platos míticos de La Allandesa, además del pote, están el repollo o el puding de verduras, una receta que Encarna Fernández, mujer de Rafael, trajo de Madrid. «Es un plato que conoció en el hospital, estando ingresada», explicó su nieta, Gelina Fernández.
Con motivo de su 60 cumpleaños, el restaurante acogió una gala en la que se dio cuenta de la evolución de este negocio familiar y se entregaron a sus artífices varios regalos. Entre ellos, una figura de la fachada de la Casa Consistorial -entregada por el Ayuntamiento de Allande-, un cuadro de Manolo García Linares -sufragado por más de 350 vecinos- y un reloj que lucirá en uno de los comedores del restaurante.
Después, 1.340 se dieron cita en el recinto ferial para disfrutar de una cena en la que, como no podía ser de otra manera, se pudo degustar alguno de los manjares de La Allandesa. Entre los asistentes hubo amigos y vecinos -el concejo cuenta con un censo de 1.766 personas, según los últimos datos del INE-, pero también clientes de toda la vida que siguen acudiendo año a año a Pola de Allande para sentarse a la mesa de uno de los restaurantes más afamados de la región."
El periodista y gastrónomo Carlos Maribona dice en la guía-magazine Tapas lo siguiente:
"Se definen como “fonda” y no les falta razón. Es ésta una casa de comidas por la que no pasa el tiempo. El comedor está siempre lleno de un público variopinto, de todas las clases sociales y edades –ahora también muchos peregrinos del Camino de Santiago–, que busca su cocina contundente y abundante a base de guisos y recetas que han pasado de madres a hijas. Siguiendo además la tradición asturiana de la montaña, prácticamente todo lo que sirven es de producción propia, desde las hortalizas y las legumbres hasta los embutidos o las carnes. Y, muy importante: todo a precios muy comedidos. Hay que ir con hambre para disfrutar de un auténtico festín de cocina tradicional: pastel de morcilla, unos de los mejores potes asturianos del Principado, pastel de verduras (de repollo y guisantes, cubierto por una salsa de tomate casera), repollos rellenos de carne, pitu guisado…
En contra de lo que se piensa parece ser que su nombre no tiene que ver ni con una marca de coches ni con que los compradores, de los que solía burlarse por su condición de nuevos ricos o que aparentaban serlo pedían "el más grande que haiga" sino con una derivación del término High Class o High Auto con la que denominaba a los coches de alta gama. De todas manea la discusión sobre el origen de la palabra continúa
"En La Nueva Allandesa, uno de los restaurantes con más solera de Asturias, sirven grandes clásicos de la gastronomía tradicional asturiana.
En la Allandesa, como se conoce popularmente a este restaurante situado en Pola de Allande, en el occidente asturiano, se come como en casa, o al menos como en las casas de antaño en las que encima de la cocina de leña o carbón siempre había un guiso haciéndose a fuego lento.
Tienen un menú degustación que incluye sus clásicos -todos ellos muy contundentes-, como el pote de berzas, la fabada, el paté de morcilla o el repollo relleno, así como menú del día y carta. Su pote de berzas, uno de los cocidos asturianos por excelencia, es delicioso. Y casi todo el que lo prueba repite, porque está muy bueno y porque se puede, ya que en la Allandesa siempre dejan las bandejas en la mesa. El servicio es muy atento y su empeño en que nadie se vaya de allí con hambre va mucho más allá de gestos como dejar la fuente en la mesa incluso si solo una persona ha pedido ese plato. Prácticamente tras retirar cualquier plato la pregunta que sigue es “¿quieren repetir?”.
El occidente de Asturias, que hasta hace muy poco sufría un aislamiento provocado en parte por la tremenda belleza de su paisaje, muy montañoso, es un muy buen sitio al que ir a comer carne. Más que el cachopo, merece la pena probar el simple filete con patatas de toda la vida o los escalopines al Cabrales. Son platos en los que la calidad de su producto brilla.
Asimismo, es muy recomendable probar sus repollos rellenos o su pastel de verdura. En el apartado de postres la tarta de la abuela se lleva la palma, y también el requesón asturiano con miel es delicioso, así como el flan casero o los frisuelos.
El ambiente es variado, normalmente una mezcla de peregrinos, clientes habituales y huéspedes de su fonda. La decoración es clásica y los salones son muy grandes, con mesas cuadradas cubiertas por manteles blancos.
A La Nueva Allandesa hay que ir con el estómago vacío porque las raciones son muy abundantes y la comida es de esa por la que merece la pena hacer un paréntesis de la vida sana."
"La fama la tiene la fabada, pero si hay un plato que es representativo de la cocina asturiana es el pote. El rastro sobre su origen se recoge en el Diccionario de cocina y gastronomía de Asturias, de Eduardo Méndez Riestra, y se remonta a la Edad Media. El pote se cocinaba en los fogones de los hogares, de hecho toma el nombre del recipiente en el que se guisaba, aunque se cree que su consumo data de mucho tiempo más atrás. En aquella época era un caldo espeso con harina o legumbre en el que se cocía la verdura u hortaliza más abundante: berzas o nabos, y algún embutido. Con el tiempo, una de esas combinaciones derivó en la actual fabada, emblema de la gastronomía asturiana, y el pote asturiano añadió como ingrediente la patata.
Con el fin de elevar este humilde plato a los altares, acaba de celebrarse esta semana en el Parador del Monasterio de Corias, por iniciativa de la organización de la Junta Local de Hostelería de Cangas del Narcea, un concurso en busca del mejor pote asturiano, en el que han participado más de 80 restaurantes de toda España.
Durante un mes, más de 4.000 personas han emitido su voto, superando las 20.000 valoraciones sobre el sabor, el compango, así como la integración de la faba, que siempre ha de ser discreta, en la receta.
Un jurado, del que formaba parte CincoDías, concluyó que el mejor pote asturiano se come en La Nueva Allandesa, la tradicional casa de comidas de Pola de Allande. Allí trabajan dos guisanderas, Geli Lacera, la jefa de cocina con más de tres décadas en los fogones, y Avelina Menéndez, con 25 años de experiencia.
“El secreto de un buen pote está en el embutido, que sea casero, unas buenas berzas, un buen caldo hecho con la carne del cerdo, un fuego medio y mucho cariño”, explica Lacera, que asegura que el pote asturiano es al gran olvidado de la gastronomía del Principado. “Quitó mucha hambre”, afirma. El segundo puesto, y con una décima de diferencia con el ganador, fue para El Crucero, la propuesta que presentaron conjuntamente las cocineras de dos restaurantes de esta localidad del concejo de Tineo, Casa Emburria y Casa Lula, de cuyas cocinas se ocupan respectivamente Mayte Álvarez y Ángela Pérez. “Para hacer un buen pote se necesita mimo y buen producto”.
El bronce se lo llevó la Sidrería Suiss, de Cangas del Narcea."
"En muchas ocasiones se hace cierto aquello de que nos vamos a conocer lugares lejanos, sin ni siquiera conocer lo que uno tiene más cerca de tu propia casa, así que en esta ocasión nos acercamos al occidente asturiano, a La Puela (Pola de Allande), y visitamos un clásico que ya conocíamos allá por el 2013, el restaurante La Nueva Allandesa. Situado en la calle Donato Fernández, 3, este negocio familiar, con casi 70 años de historia, es conocido por su cocina casera y tradicional, donde sin duda alguna destacan el Pote, el pastel de verduras y el repollo relleno. Dispone de al menos dos comedores amplios para acoger a grupos amplios. No cogen reservas pero si, podéis apuntaros por si cuando llegáis, haya que esperar.
De entrante detalle de la casa, su clásico pastel de morcilla, tipo pate para untar, muy rico y original. El sabor os recordará mucho al del compango, aunque visualmente cualquier piensa en un pastel de cabracho. De primero pedimos fuera de carta fabes con manos de gochu. Deliciosas, el sabor suave de las manos con una faba fina y nada fuerte de sabor, de diez. Pude probar la fabada, que esta tal cual la recordaba, muy buena, pero no tenía el sabor típico de la fabada, a compango. Era más suave y se notaba el sabor a les fabes. El compango riquísimo, compuesto de morcilla, chorizo, un poco picante, el tocino, y lacón muy bueno. Embutidos nada grasos, mas bien secos con mucho magro, deliciosos. De segundo pedimos el repollo relleno, con una rica salsa y el sabor suave de repollo que con la carne guisada del relleno combinan perfectamente.
Por último, probamos el cachopo. La carne muy buena, como toda la de la zona, y en vez de empanado, viene rebozado en huevo y acompañados de patatas.
De postre pedimos la tarta de la abuela con coco, y la tarta de queso, ambas ricas. Para beber tomamos agua y sidra Canal, cafés y pan, todo ello por (...) € por cabeza.
En resumen, comida casera rica a buen precio ¿Qué más le pedís a la vida?"
Se puede repetir... y se repite. Pasamos a Guía Repsol y Nada combate el invierno como un buen pote asturiano, por David Remartínez, publicación del 8-1-2024 (recomendamos siempre entrar en el artículo para ver las fotografías de estas excelencias:
"El pote asturiano es uno de esos platos de casa que ya no hacemos en casa. De hecho, su cambio de nombre durante la segunda mitad del siglo XX probablemente se debió a la generalización de la receta entre los restaurantes. Lo que hoy se presenta ante el comensal como pote asturiano ha sido durante siglos el pote de berzas. Pote, porque recibía el nombre de su recipiente, como la paella o la olla ferroviaria cántabra: recetas antiguas que se definían por sus cazuelas, ya que el condumio final dependía de lo que hubiera ese día para arrojarles dentro. El pote de berzas se llamaba así porque siempre había berzas, esa col asturiana resistente a cualquier inclemencia, ruda, amarga antes de escaldarla, inevitable en cualquier huerta y sustancia principal de un plato que es historia regional.
El pote era una olla con tres patas para colocarla sobre el fuego, o acaso con una cremallera para colgarla sobre él. Los potes fueron de cobre hasta que se generalizaron los de hierro en el siglo XIX, según relata el presidente de la Academia de Gastronomía Asturiana, Eduardo Méndez Riestra, en su voluminoso Diccionario de Cocina y Gastronomía de Asturias. El pote es identidad, más incluso que la fabada –con la que a menudo se compara–, pues su raigambre en las montañas como supervivencia invernal se remonta a siglos, hasta difuminarse el origen.
A esa olla –a menudo única en las casas– se echaba agua, engordada con harina de legumbres o cereal, para cocer las fieles berzas. Si aparecían alubias de cualquier tipo, se cambiaban por la harina. Más lo que quedara de carne en el hogar: un tasajo de tocino, un rabo, una pata; un poco de alguna chacina sobrante del día de fiesta. El pote marcaba el nivel diario de prosperidad de la gente humilde.
Hoy, sin embargo, el pote está categorizado: berzas, patatas, alubias secas y compango similar al de la fabada: chorizo, morcilla, tocino y lacón. Hay quien añade otros ingredientes, pero los antedichos son inevitables. Y así, remozado en puchero de categoría, aparente hermano pequeño de la fabada pero en absoluto menor, el pote se ilustra en guías, tienta con sus profundos perfumes a los turistas y propicia una competición entre restaurantes de toda España donde participan un centenar de negocios.
Su primer ganador fue un local ya legendario en Asturias: 'La Nueva Allandesa', situado en Pola de Allande, capital del concejo de Allande. Imposible perderse en el mapa con tanta redundancia. El punto de referencia para llegar a este pueblo de apenas 700 vecinos es precisamente este hotel y restaurante abierto hace 62 años. En todo ese tiempo, solo han dejado de servir pote tres días: cuando fallecieron los fundadores, y cuando se casó Geli Lacera, su actual alma mater, segunda generación. Su hija, Gelina Fernández, de 34 años, garantiza la continuidad.
¿Por qué seis décadas de fidelidad al pote? Porque fue el requisito impuesto por José González, un tío de la familia, indiano adinerado, quien les regaló el local con el único mandamiento de destacar entre la hostelería vecina con un plato fijo y supino. El que eligieran, pero que concediera fama al lugar. Y así fue. El peregrinaje hasta 'La Nueva Allandesa' en pos del pote mítico concentra hoy todos los vértices posibles. El asturiano peregrina a su santuario local. Lo hace también el visitante foráneo. Y por supuesto, el peregrino de Santiago, que al recorrer este tramo del Camino Primitivo –agreste, montañoso y hermoso–, hace parada y fonda al doble calor de las berzas y las mantas de 'La Allandesa' (el uso popular le ha quitado lo de "Nueva").
"Antes en todas las casas se hacía pote de berzas a diario", constata Geli. El suyo es formidable precisamente porque todo proviene de casa, de la propia o de las de alrededor. Su familia cultiva dos grandes fincas de berzas de la variedad del occidente astur, más robusta. Compran a vecinos ganaderos cerdos y vacas, con los que elaboran su propio embutido, curado con humo de roble (el aroma ahumado es fundamental). Usan fabas pintas (mitad blancas y mitad granates) del concejo. Y lo mismo con las patatas. Solo una cifra para medir su éxito: gastan 3.000 kilos de chorizo y otros tantos de morcilla al año. En su cocina trabajan nueve personas. El hotel tiene 38 habitaciones.
El proceso de este pote campeón es aparentemente sencillo: se cuecen en agua fría las fabas con un trozo de tocino durante dos horas, hasta que la mayor parte de las alubias se han desintegrado, espesando el caldo, y el tocino se pincha casi como gelatina. Entonces se añade la patata y, cuando rompe a hervir de nuevo, la berza (con un escaldado previo para quitarle el amargor), más el chorizo y la morcilla. Otra hora y media de cocción. Al acabar, se prueba, se sala, se separa el compango en una bandeja, se agarra la cuchara, y a pasarlo pipa. "Tú puedes comer fabada donde quieras, y nosotros la hacemos muy buena. Pero el pote es un cúmulo de sabores", dice Geli. En 'La Allandesa', su menú de cabecera añade otras dos recetas propias: pudin de verduras y repollo relleno de carne. Y que venga el invierno cuando quiera."
"A veces un reencuentro entre amigos te puede hacer volver a lugares en los que, a parte de su indiscutible calidad culinaria, se unen recuerdos y sentimientos de la infancia. Esto es lo que nos pasó con nuestra vuelta a La Puela y a este mítico establecimiento, La Allandesa. Se trata de un Restaurante y Hotel de 39 habitaciones, muy frecuentado por los peregrinos que recorren el camino primitivo a Santiago. Uno de esos sitios en los que casi no hace falta ni elegir platos, en el que las raciones de su menú degustación, van saliendo de la cocina hacia su amplio comedor, a la misma velocidad que los platos van quedando vacíos en nuestras mesas.
Para no romper tradiciones, volvimos a pedir el mismo menú degustación que ya probáramos hace más de 25 años. Para mitigar una corta espera, nos trajeron el mítico paté de morcilla. Un entretenimiento delicioso.
Llegó el primer plato, el rey de todos. Una receta que por si sola ya justifica la visita a este rincón del suroccidente asturiano. Galardonado en 2018 como el mejor pote a nivel nacional, elaborado con la misma receta que hace 60 años. En esta cocina, todos los días se elabora pote con ingredientes de la zona y, para nosotros, es impensable visitar La Allandesa sin probarlo.
A la misma vez que el pote, nos trajeron un surtido y variado plato de compangu, para que los comensales de todos los gustos tuvieran opción a la hora de acompañar su plato.
Pasada esta fase, nos llegó otro de los estandartes de su cocina, el pudding de verduras. Una especie de pastel de verduras cubierto por una rica y ligera salsa de tomate natural. Una receta que se consume con mucha facilidad, por su suavidad en el paladar..."
"Entre las montañas del suroccidente asturiano, hay un restaurante que se ha ganado el respeto de comensales y expertos gracias a su cocina tradicional, su fidelidad a las recetas de siempre y un plato que se ha convertido en su seña de identidad. Lo sirven por menos de (...) euros y, aunque pocos lo conocen fuera de Asturias, quienes lo descubren no tardan en volver.
Un rincón del occidente asturiano con historia y sabor
El nombre de La Nueva Allandesa resuena con fuerza en Pola de Allande, capital de un concejo atravesado por el Camino Primitivo de Santiago. Este establecimiento familiar, con más de 65 años de trayectoria, ha logrado algo que pocos consiguen: mantener vivas las recetas de sus abuelos sin perder el favor de los nuevos paladares. Su secreto está en cocinar como antes, sin prisas y con ingredientes de proximidad.
Entre sus especialidades brilla con luz propia un plato que no aparece habitualmente en los menús de otros restaurantes: el repollo relleno de carne guisada. Elaborado con ternera local y presentado en una "salsa casera ligera, pero con carácter", este manjar encontró en La Allandesa el lugar perfecto para reinventarse y convertirse en uno de los más solicitados. Quienes lo prueban hablan de una experiencia que trasciende lo gastronómico.
El legado de una fonda convertida en casa de comidasLa historia de La Allandesa comenzó en 1957 gracias a un gesto generoso: el tío González cedió el local a sus familiares con la condición de que eligieran un plato para servirlo a diario. La elección fue clara: el pote asturiano, cocinado durante décadas sin faltar un solo día. En palabras de Gelina Fernández, tercera generación al frente, solo tres días en más de seis décadas se ha omitido este plato de cuchara de la carta, según recoge elcomercio.es.
Además del pote de berzas y el repollo, otro clásico que conserva la firma familiar es el pudding de verduras, ideado por la abuela Encarna y preparado con una salsa de tomate natural que aporta un toque único. La familia ha mantenido su compromiso con la tradición incluso cuando ha modernizado el espacio o llevado su cocina más allá de Asturias gracias al servicio de catering, que ha llegado hasta Puerto Rico y Santo Domingo.
Además del mítico repollo relleno y el insustituible pote asturiano, La Allandesa ofrece otras especialidades que completan su propuesta de cocina tradicional. Son habituales en su carta otros platos de cuchara como la fabada, los callos o los garbanzos con bacalao, que siguen la misma filosofía: producto local, mimo en la cocina y respeto absoluto por los sabores de siempre.
Un desino para saborear y descubrir
Visitar Pola de Allande y no detenerse en La Allandesa es perderse una parte esencial del alma de esta zona. Su cocina, premiada y respetada, va de la mano con el entorno: arquitectura indiana, rutas de montaña y un ambiente rural auténtico convierten esta escapada en un plan completo. Comer bien es solo el principio. Sentarse a la mesa aquí es revivir un trozo de historia y saborear el pasado sin que el precio supere los (...) euros.
La clave del éxito de La Allandesa reside no solo en sus recetas, sino en el trato familiar y cercano que ofrecen sus responsables. El restaurante no es simplemente un comedor; es, como dicen muchos vecinos, "una casa grande", donde cada comensal es recibido como uno más de la familia. Esa calidez se percibe desde el primer saludo hasta el último bocado, y ha convertido al local en una institución gastronómica de referencia para quienes buscan autenticidad, tradición y sabor en pleno corazón del occidente asturiano."
"Una vez al año se celebra el Congreso de la Fundación Belenos. Fundación que lleva más de 23 estudiando, compartiendo y divulgando la cultura asturiana, desde la etnografía, pasando por la arqueología, biología y también, la historia de Asturies. Una labor impagable y desinteresa que condensan en su revista Asturies: Memora Encesa d'un País.
Una vez al año, y ya van 23 celebran su congreso en la Puela d'Ayande, tomando La Nueva Allandesa como sede, y ahí las mayores mentes pensantes de este país van a hablar sobre el tema a desarrollar ese año, en esta ocasión, historiadores, economistas, empresarios, filólogos, médicos y etnógrafos, se reunieron para hablar d'"aú vamos los asturianos".
La Nueva Allandesa es la sede oficial del congreso, en la que comemos y cenamos el sábado, y desayunamos y comemos el domingo. Así que hoy os vengo a hablar de la comida del sábado, y de la especial que se celebró el domingo.
El sábado nos sentamos en el comedor de arriba a comer Menestra. Pota al centro de la mesa, buenos trozos de tierna carne, maravillosa verdura, y, sobre todo, un caldo buenísimo. De segundo, Bacalao. Rebozao. Perfecto. La salsina con un toque picante. Y, por si quedamos con hambre, Escalopinos al Cabrales. La maravilla de lo sencillo. A esas alturas yo ya no estaba para el cabrales, así que los probamos solos y estaban buenísimos. Mención a las patatas fritas, qué complicao es encontrar un sitio donde estén buenas las patatas, bueno, pues éstas eran perfectas. Con el postre ya no pude. Para beber, SieteVidas, de Bodega Vidas, de Cangas. Genial, como siempre. Tiene cuerpo, pero es fresco. Muy bien con toda la comida.
El domingo, se unió a la fiesta Ángel de la cuenta Pote Asturianu (@PAsturianu), como organizador de la II Folixa del Pote. Un menú, ya abierto para el público general, además de para los asistentes al Seminario.
Con el salón a rebosar con más de 100 personas, nos dispusimos a probar 5 potes. ¡¡5!! Comenzamos por Pote. Hasta el pote final, todos fueron en un cuenco pequeño para degustar. Comenzamos con la receta más antigua del Pote, del S. XVI. Recogida en el Libro de "Guisados, Manjares y Potajes, de Ruperto de Nola, Cocinero Maestre de la Casa Real del Emprerador Carlos V", en 1525. Un pote sin patata, porque se cree que los invasores de América la introdujeron en la península alrededor de 1560, y que, en un principio, su uso fue dar alimento al ganao. Elaborao con verdura, cebolla y untu, que le da mucho sabor. Está buenísimo. Seguimos con otro bastante antiguo, Pote de Castañes. La textura de la castaña, perfecta, y viene bien cargao de ellas, aunque no se distingan en la foto. Mucho mejor sabor que pinta tiene el plato. Por cierto, y es algo que se puede extender a todos los potes, tiene un toque picantín de la morcilla MA-RA-VI-LLO-SO. Nos tuvimos que contener para no repetir porque quedaba todavía mucho por delante. Pote de Arbeyos. Muy bueno, suavinos, con un poco de puerro, y ese toque picantín. Pote de Fréjoles, o fréxoles o vainilles en lengua asturiana. Otro caldin buenísimo, con la patata y los fréjoles suavìsimos. Y por fin llegamos al rey de la fiesta, al Pote de la Allandesa. Aquí ya sí, pota al medio la mesa, aunque de los anteriores siempre nos ofrecieron la posibilidad de repetir las veces que quisiéramos. El pote perfecto, uno de los mejores que vais a poder probar. Picantín, denso, más de lo habitual en el occidente asturiano, con una berza con sabor y textura, patata suave, y poca faba. Al lao, Compangu. Que está buenísimo, todo. La morcilla es excepcional, le da sabor a todo el pote. Y el resto no se queda atrás, el tocín es una espectáculo. Yo pensaba que la cosa se iba a quedar ahí, en la mesa ya empezábamos a sudar. Pero no, todavía queda, Repollo Relleno. Otro de los platos icónicos de La Allandesa. Relleno de carne. Buenísimo. Y Costillas al Horno. Mira que el repollo les sale perfecto, pero estaban todavía más ricas. Salsina, patatas y una carne que sale sola.Una tarta 3 Chocolates. Rica. Para beber, Vino del occidente asturiano, sin DOP. De casa. En Cachu, por supuesto.
Con cafés, este II Menú del Pote costaba (...) €. El primero iba incluido en el precio del seminario. Un sitio sin el que no se podría entender la gastronomía asturiana. Felicidades también a Ángel que está haciendo una labor de difusión y dignificación del pote, enorme."
"Esta semana fallecía, a los 86 años de edad, Encarnación Fernández Parrondo, una de las cuatro personas que forjaron la leyenda de La Nueva Allandesa, el restaurante de Pola de Allande que se ha convertido en una de las grandes referencias en la cultura gastronómica asturiana, tradicional, copiosa y potente en los sabores. Es a ella a quien se le adjudica la implantación de dos de las señas de identidad más reconocibles del local: el pudin de verduras y el repollo relleno.
Encarna, como era conocida, compró en 1957 lo que era una vieja fonda en Pola, llamada La Nueva. En esta aventura estaba acompañada por su marido Rafael Fernández González y por la hermana de éste, Pura, y su cónyuge, Antonio Rodríguez Álvarez. Esta pareja de hermanos, Rafael y Pura, procedían del pueblo de Villagrufe, en el concejo de Allande, y Encarna vivía con ellos desde su matrimonio. Cuenta Pura que «yo tenía 9 años cuando la conocí. Fíjese usted, y no me separé de ella hasta el día de su muerte. Estamos tristísimos, como se puede imaginar».
En un principio recibieron un consejo impagable: hacer todos los días un plato, el mismo, que sirviera para ser reconocidos y para que cualquiera que pasara por allí tuviese claro que podía comerse eso mismo todos los días. El elegido, como no podía ser de otra forma en el suroccidente asturiano, fue el pote de berzas, santo y seña de la cultura gastronómica de cualquier casa de aldea de la comarca.
La situación era muy diferente a como es ahora. El esfuerzo necesario para poder poner en marcha un ambicioso negocio era supremo. No sólo había que luchar contra la precariedad de medios, sino que el tiempo y el trabajo que requería cada pequeño paso hacía obligado un tipo de trabajo extenuante. La cocina de carbón exigía una concentración máxima, un tiempo de cocción determinado y un cuidado especial para evitar que se perdiese la comida del día. O, por ejemplo, el hecho de que tuvieran que bajar a lavar los platos al río, en cada comida. Las condiciones eran duras para todos, pero para quien trataba de llevar adelante un negocio, como era el caso de Encarna y sus socios, aún más.
La historia de La Nueva Allandesa pudo cambiar merced a una desgracia. Encarna siempre fue delicada de salud. Se le tuvo que extirpar un pulmón a los 23 años de edad y desde muy joven padeció de asma. En una ocasión, ante un ataque más severo de lo habitual, tuvo que ser ingresada en una clínica de Oviedo. Y fue allí donde probó por primera vez el pudin de verduras.
No es que le enamorase, por supuesto, pues no dejaba de ser comida de hospital, pero llegó a la conclusión de que el problema radicaba en que las verduras estaban demasiado cocidas, desprovistas de sabor, o que, directamente, no eran de buena calidad. Se puso a trabajar en la cocina, con verduras de la zona, notablemente superiores a las de la ciudad, y acabó dando con un plato que pudo ser el detonante para que su restaurante pasase a ser una referencia en toda Asturias.
De la misma forma, la tercera pata de la oferta gastronómica de La Nueva Allandesa surgió del empecinamiento de Encarna. En un viejo libro de cocina encontró la receta del repollo relleno y trató, por activa y por pasiva, de dar con la tecla que hiciera de ése un plato especial, que marcase la diferencia con otros restaurantes.
Los cuatro dueños de La Nueva Allandesa habían conseguido establecerse, y habían conseguido crear un menú muy reconocible que les pusiera en el mapa gastronómico. Pero había un problema: nadie quería probar ni el pudin ni el repollo. Ahí entró en juego la perspicacia y la insistencia de Antonín, el hijo de Antonio y Pura, sobrino de Encarna. Fue Antonín el que, convencido como estaba de la enorme calidad de lo que salía de la cocina y de las manos de Encarna, insistía a todos los clientes en que probaran los nuevos platos. Cualquiera que haya pasado por el restaurante, y a fe que hay pocos de los visitantes de la comarca suroccidental que no lo hayan hecho, sabrán cómo de persistente es Antonín, su celebre «venga, te lo traigo y si no te gusta te lo cambiamos sin problemas» ha convencido a miles de personas para seguir comiendo.
Y, como no puede ser de otra manera, el que prueba el repollo relleno y el pudin de verdura no pide que se lo cambien. Es posible que, en todos estos años, nunca les haya pasado ese caso.
Encarna y su cuñada Pura, pues, fueron capaces de cambiar la tradición e introdujeron dos platos que, desde entonces, se asocian con enorme complicidad a todo el concejo de Allande e, incluso, a buena parte del occidente asturiano. Como siempre decían las cuñadas y recuerda María de los Ángeles Lacera, «Geli», nuera de Encarna, «la gente se sorprendía mucho de que tuviésemos tanta fama, y fama no sólo de que la comida estuviese rica, sino de que era muy abundante y llegaba a saciar totalmente, pero que sólo les ofreciésemos verdura. Claro, la sorpresa llegaba cuando veían la cantidad de carne que traen estos platos, y lo contundentes que son».
El restaurante fue creciendo sin parar. Se convirtió en un lugar elegido para celebraciones de cualquier tipo, desde bautizos a bodas, pasando por comuniones. Acoge, durante todo el año, tanto a trabajadores que están fuera de su lugar de origen como a los turistas que visitan el parque de Fuentes del Narcea. Es parada casi obligada para los grupos de turistas que llegan al monasterio de Corias en autobús e, incluso, para los equipos de fútbol de cualquier categoría que los fines de semana acuden a jugar a todo el Suroccidente, desde Cangas del Narcea hasta Tineo.
La Nueva Allandesa tiene el futuro asegurado, pues los hijos de los dos matrimonios que se hicieron cargo del negocio cuando era un pequeño hostal de Pola de Allande continúan ligados al negocio, y todos quieren preservar la tradición y el buen hacer de quienes les precedieron. Geli explica que «sabemos que la fortaleza del negocio está en respetar las cosas tal y como nos las enseñaron, tal y como vimos que se hacían, con el cariño y la pasión que siempre pusieron todos y, por supuesto, también Encarna».
La nueva gestión del local, en apariencia, no ha cambiado en absoluto. Es obvio que los medios son muy superiores a los que tenían hace cincuenta años, pero Geli explica que, la esencia no puede cambiar nunca, porque eso sería como no apreciar todas las enseñanzas de la mujer que «inventó» el repollo relleno. Siempre se pueden ir añadiendo platos a la carta, siempre se puede mejorar, como es el caso del también archiconocido «paté de morcilla» de La Nueva Allandesa, que llegó ya de la mano de Antonín y de la siguiente generación de responsables del restaurante, pero eso nunca impedirá que el aroma a cocción lenta, la selección exquisita de la materia prima, y la voz de alguien que te invita a que te lo comas todo, «que eso no puede quedar en el plato», sean las armas infalibles para La Nueva Allandesa, tal y como Encarna siempre hizo.
Pura Fernández González -que aparece en el centro con su marido Antonio Rodríguez y con la nuera de la fallecida, María de los Ángeles Lacera- vivió con la mítica cocinera Encarna Fernández desde los 9 años. Pura y Encarna eran cuñadas, pero se consideraban hermanas. Desde niña Pura vivió con la «inventora» del repollo relleno. Pura explica que la gran herencia que les dejó fue su laboriosidad. «Nosotros no somos gente orgullosa, ni queremos aparentar orgullo por nuestro trabajo, pero sí que estamos muy satisfechos de lo que hemos conseguido en la vida».
"La Nueva Allandesa es uno de los templos gastronómicos de Asturies, y Ayande merece la pena la visita solo por acabar comiendo allí (aunque es un conceyu precioso que pudimos recorrer más a fondo el año pasao y que tiene todavia mucho por explorar. Tenéis varies Farturrutes aquí).
Pero es que este año nos apuntamos al Seminario de Estudios Asturianos que imparte la Fundación Belenos (y os recomiendo), y los muy listos toman siempre como base de operaciones Ayande y La Nueva Allandesa como punto de encuentro para comer y dormir. Así que os vengo a hablar de las 3 comidas que hice en La Nueva Allandesa en 24h.
La comida del sábado fue espectacular. Un homenaje astur-galaico para probar lo mejor de la gastronomía de ambos laos.
Pote de Berzas. Perfecto. Uno de los mejores que vais a probar. Con alguna faba, pero casi ninguna. Caldo Gallego. Muy bueno, pero es que el Pote fue insuperable. De compangu, la parte asturiana. Maravillosa. La morcilla es de otro mundo. De casa, como el chorizo y la longaniza. Y el caldo gallego, con botieḷḷu, que el asturiano viene sin piel, y el gallego con ella. Viene también con Androya, o androḷḷa como dicen allí, que es un embutido parecido al botieḷḷu. De postre, Frixuelos. Normales y Vaqueiros. O Normales y Gordos. Según a quien le preguntes, porque en Ayande los Frixuelos normales son los vaqueiros. Están buenísimos. Con un poco de Miel de la Puela. Para beber, un Parcelas Singulares 2021 de Siete Vidas. Albarín negro, verdejo negro y carrasquín. Y para encima contar con sus elaboradores allí. Lujazo.
Para beber, un Parcelas Singulares 2021 de Siete Vidas. Albarín negro, verdejo negro y carrasquín. Y para encima contar con sus elaboradores allí. Lujazo. Pitu Caleya con Patatinos. Maravilloso. Pitu de los de verdad, ¿eh? Y de postre, Tarta de Queso. Suave. Bien.
Día 2. Comida de domingo en La Nueva Allandesa, después de comida y cena el día anterior, y una larga noche cerrando bares. No estaba el cuerpo para grandes Fartures, pero hicimos honor dignamente a nuestro nombre como pudimos.
Para recuperar fuerzas, comenzamos con vinu de la casa en cachu. Así sabe mejor. Merluza en salsa. Muy buena. Y Escalopinos al Cabrales. Con la salsa aparte. Y de postre, Tarta de Almendra. Muy buena. Lleva esa capa de coco por encima.
2 días. 3 comidas en La Nueva Allandesa. Felicidad suprema."
"No se asusten al ver las dimensiones de su comedor porque, cuando hablamos de casas de comidas, esperamos esa casita hogareña y no una plaza de toros, pero este hostal, a pesar de sus continuas reformas de mejora, mantiene el carácter familiar y rural que le hizo famoso hace ya muchas décadas.
Para los asiduos a este comedor, he de puntualizar que las raciones siguen siendo sin límite, o sea que lo de la foto es una mariconada mía que nada tiene que ver con las presentaciones de plato sopero y perola en la mesa, que caracterizan esta casa.
Se corrió el rumor de que había cambiado de dueño, pero fue un error debido a la venta de otro local en Grandas de Salime. Aquí todo sigue igual, hasta la distancia, que por mucho que digan que con la nueva carretera está a un paso, sigue estando lejísimos de todas partes.
Ir a Pola de Allande es una excursión deliciosa, pero debe plantearse como tal, pensando en ir a pasar el día, a disfrutar del viaje, como recomendaba Homero tras llegar a Itaca, parando en cada curva para respirar el aire puro de estos montes que quizás sean los mas vírgenes, los mas salvajes de España.
Así, cuando lleguemos y empiecen a sacarnos el pastel de verduras, el repollo relleno y el todopoderoso pote con compango casero, no saldremos corriendo sino que lo afrontaremos como si nos lo hubiésemos ganado.
Para los golosos hay postres caserotes, de los de verdad, sin filigranas pero de los de llevarse un par de tartas en la “tuper”
A la rica tarta de queso, pero no nos la llevamos a "a la tuper", como dice Pepe Iglesias
Postres variados. No nos resistimos a compartir una experiencia gastronómica extraída de Tripadvisor de título La mejor panzada de mi vida:
"De primero: Pote asturiano, con berza y compango en abundancia. Te ponen la sopera y la garcilla para que te eches lo que quieras, si lo acabas pides mas.
de segundo: Fabada, con su compango, una verdadera locura. Se deshacen en la boca, mantequilla. Pero lo mismo, no te cebes que queda mas¡¡
De tercero: pastel de verduras: , muy ligerito y sabroso. Aquí recomiendo hacer una parada, salir a echar un pitin los fumadores para cojer fuerzas.
De cuarto: Rollo de carne de los valles. Aunque ya estas sudando del esfuerzo, solo un bocado de este rollo te hace volver a tu infancia y a esos guisos de la abuela.
De postre: peazo de plato-degustación de postres Asturianos y caseros. buenísimos.
A todo esto los camareros, viejos veteranos en mil batallas, te animan a comer y comer y comer, hasta reventar cual globo de agua.
Es una verdadera batalla, pero para los que de verdad disfrutan comiendo, no se la deben perder.
Y si, queda un poco a desamano de Oviedo, pero esa noche ahorraras pelas en cenar, así que te puedes alojar en el hotel."
Enfrente de La Nueva Allandesa, el Jaybor, de Andrés Suárez, con sus terrazas en el rellano entre la casa y el Ayuntamiento
Y aquí, otro allandés ilustre, Avelino Rico, campeón del mundo de billar, nacido en Bustantigo en 1931, homenajeado en 2025, como recoge esta noticia de Demelsa Álvarez para La Nueva España del 1-9-2025:
"El Ayuntamiento de Allande y la asociación de mayores “Fonfaraón” realizaron un pequeño homenaje al vecino Avelino Rico, que se proclamó campeón del mundo de billar a tres bandas en los años ochenta. Además, aprovecharon el encuentro para recabar su autorización para utilizar su nombre en eventos deportivos, como el torneo de billar que ya se celebró hace unos años, así como en la creación de futuros galardones.
“Queremos dar nuestro más sincero reconocimiento y gratitud a Avelino, campeón de billar y orgulloso allandés por sus logros deportivos y por la ejemplar trayectoria”, le dedicó la alcaldesa, Mariví López, quien reconoció que “su triunfo es de enorme orgullo para todo el concejo”.
Además, la Alcaldesa destacó que “siempre ha sabido llevar con dignidad y orgullo el nombre de Allande allá donde ha competido, convirtiéndose en un referente y un embajador de nuestro concejo” y le agradeció su “generosidad” por permitir que el Ayuntamiento pueda utilizar su nombre para los eventos que puedan organizar relacionados con el billar.
Un acto que el homenajeado agradeció y reconoció que siempre ha llevado a Allande con él: “He llevado con orgullo el nombre de Pola de Allande por América y hasta Japón, es una tierra muy particular”.
Seguimos por la calle Donato Fernández, que hace esta curva a la altura de las casas de Ayones, en la histórica carretera de Cangas, que era en realidad hasta el llamado Puente del Infierno en una primera fase y, hasta Berducedo, del Palo allá, como suele decirse, en la segunda. Se prolongó en la posguerra para las obras del embalse del Salto de Salime y es actualmente la AS-14 Grandas de Salime-Puente del Infierno. Tras la construcción del Corredor del Narcea en la década de 1990 es la comunicación principal con el centro de Asturias por un lado, y con Galicia por el otro
Seguimos por este hermoso paseo con bancos y macetas en un tramo más ancho de acera, a la izquierda. A la derecha empieza la abrupta ladera de La Cuesta, falda septentrional del monte de Las Chanas, que cierra el valle del Nisón por el sur
En este lugar dejaremos la Avenida Donato Fernández para cruzar dicho puente a la izquierda, pero antes iremos a ver dos emblemáticas fuentes allandesas, en la acera de la derecha, también construidas al hacerse la carretera. Al fondo, en unas casas, estuvo el comercio de Román Ramos Argüelles, quien "fue presidente del partido liberal en Allande, juez municipal, y aparte del negocio de comestibles tuvo de tejidos y almacen de jamones. Su esposa se llamaba Florentina Zardaín García. Su hijo Emilio estudió derecho en Oviedo, fue juez municipal en Allande y Tineo donde vivió muchos años, también se dedicó a la construcción siendo contratista", leemos en los comentarios de Indianos a medias, entrada de la web Asturias por descubrir del fotógrafo Alejandro Braña
A escasos metros se encuentra la monumental y hermosa Fuente de los Dos Caños, hecha en 1883 y contemporánea por tanto de la carretera, a la salida ya prácticamente del casco urbano... o a la entrada, según se mire
Esta fuente, al restaurarla la última vez, en 2024, como la de los Burros, fue dejada en piedra vista. Ambas fuentes aprovechan el agua de fuentes naturales preexistentes y, de esta en concreto, hay documentos que informan sustituye a una más antigua que estaba unos metros más allá, en un sitio malísimo, por lo que, cuando se hizo la carretera, se aprovechó para hacer esta nueva en un mejor lugar y más accesible y cercano a la creciente villa
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| Foto: El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios de Luis Antonio Alías |
En esta foto del recitado libro de Luis Antonio Alías El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios se ve cómo estaba la casa a principios de la década de 1990, ya deshabitada pero que conservaba su estructura. Compartimos lo que de ella describe el autor:
"Posiblemente construida en las postrimerías del siglo XVIII y de grandes dimensiones resume, recia y vetusta, la estética popular y tradicional de los primeros edificios plurifamiliares: tres pisos y buhardilla, vanos de cantería, balcones con antepechos de hierro, doble galería de madera... Las balaustradas,, columnas de madera y palomares son -volutas, canecillos, barandillas- de tallada carpintería. Rodeada de río y de plaza, compone un rincón profundamente evocador"
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| Foto: Polavilla en Allande |
"-Por supuesto. El ejemplo más importante fue La Casa del Fraile, tal vez la primera casa plurifamiliar de la Pola de final del siglo XVIII y principios del XIX. Se destruyó porque el ayuntamiento obligó a derribarla pero ¿dónde están las piezas y el mobiliario que había dentro? Es una pena, porque se trata de un edificio que podría estar catalogado."
Hermosa vista del Nisón desde el puente, atravesando la villa. El hidrónimo parece claramente un aumentativo de nisu, una variedad de ciruela (Prunus domestica), pero podría elucubrarse en una evolución fonética del latín nidus 'nido' pero formada con el carácter de nidilus 'refugio', que en origen se aplicaría a lugares profundos y al resguardo de las montañas, como es el caso de su estrecho valle. La Enciclopedia del paisaje de Asturias nos dice así de él:
"Nace en la vertiente oriental de la sierra del Palo, al sureste del puerto del Palo. En su primer tramo fluye en dirección noreste para posteriormente, a partir de La Reigada, tomar dirección E-SE atravesando por medio La Pola, capital del concejo de Allande. Tras dejar la parroquia de Pola de Allande, discurre a través de Villagrufe, Celón, Villavaser y Linares, para finalizar uniéndose al río Arganza por la izquierda, en el límite con el concejo de Cangas del Narcea. Sus afluentes por la izquierda son el Fresnedo, Cereceda, Prada y Abaniella; por la izquierda se unen el Solana, el Mouras y el Valle Couz. Se le conoce también, a partir de la Pola, como río de la Pola o de la Puela. En la Ponte Llinares hubo un famoso balneario, el de Fontoria, a orillas del río..."
Bajamos en suave rampa asfaltada entre el río y el solar de la Casa del Flaire; a la derecha sigue la Calle Mayor, paso del Camino de Santiago
Un poco de vegetación ribereña. Fijémonos en las poderosas vigas de apoyo de los edificios de Ayones, cuya planta hace aquí un gran saliente sobre el Nisón
"El escaso complemento industrial, estaba en los mazos de hierro hidráulicos que se utilizaban para estirar el hierro, situados en El Mazu d'Arriba, El Mazu d'Abaxu, El Colobréu y La Ponte. Todos ellos eran propiedad de un viejo poder feudal: el conde de Peñalba, señor de Cienfuegos. Si hay algo que llama la atención de la evolución histórica moderna de Allande es la resistencia anti señorial protagonizada por sus vecinos"
Y, frente a la terraza del Café Centro, regresamos al trazado del Camino de Santiago ante la Plaza Diz Tirado, donde estuvo el antiguo Ayuntamiento, el cual hubo de tirarse al hacerse la carretera para construir el actual
Nuestros pasos se encaminan ahora a la Avenida de Galicia que, como su mismo nombre indica, se dirige, como nosotros, a Galicia, si bien aún quedan muchos muy hermosos tramos jacobitas por la zona más occidental de Asturias, buena parte de ellos en tierras allandesas, del Palo p'acá y del Palo p'allá, como suele decirse...





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