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miércoles, 7 de agosto de 2013

SANTA MARÍA LA REAL DE OUBONA: UN SÍMBOLO DE LA HISTORIA Y DEL CAMINO DE SANTIAGO EN ASTURIAS SE CAE. TINEO/TINÉU (ASTURIAS)

Santa María la Real de Oubona
Llegada al antiguo monasterio. El Camino sube a la izquierda luego de bajar al río Deina
Desde la histórica parada y venta de Piedratecha el Camino, procedente de la villa de Tineo/Tinéu por Las Canteironas, va en dirección al monasterio de Santa María la Real de Oubona a través de un hermoso y muy tupido bosque. Allí, casi en el fondo del valle,  un ramal se dirige hacia Villaluz mientras otro baja al río Deina para luego subir unos metros hasta llegar al antiguo convento, uno de los más importantes exponentes del arte y la historia del Camino Primitivo pero lamentablemente no el mejor conservado, el cual se encuentra en un terreno llano sobre la ladera que cae al río. A la derecha, justo en el cruce con la pista que comunica con el pueblo, hay una mesa con bancos de madera para disfrutar del paisaje y descansar mientras preparamos nuestra visita.


Para regresar habría que retomar el sendero hasta el cruce que va a Villaluz, el cual discurre por aquel bosque de enfrente.


Señales xacobeas (indicando el regreso por el mismo lugar por el que vinimos) en el camino al santuario, por el campo de la iglesia y su altarín de piedra.


Altarín de piedra de las procesiones.


Y ya estamos ante el mítico monasterio de Santa María la Real, símbolo del Camino y puerta de la historia: legendaria fundación altomedieval con un misterioso fundador, un tal Adelgaster que figura como hijo de un rey que oficialmente no tuvo descendencia, Silo, que en el siglo VIII tuvo su capital en Pravia, casado con Adosinda, nada más una enigmática inscripción en el interior del santuario, sobre una tumba, le menciona como hijo del monarca. Puede tratarse de un usurpador, un hijo ilegítimo o símplemente una falsificación. Lo cierto es que en 1903 se abrió la tumba y aparecieron dos restos, uno de un hombre y otro de una mujer. El texto menciona también a Brunilda, mujer de Adelgaster.


El origen del convento se sume en la noche de los tiempos, no sería extraño que el paraje fuese un nemeton o lugar sagrado precristiano, pues en la cercana Fonte del Matoxu, aprovechada por los antiguos frailes para suministro del cenobio con un sistema de canalización conservado en parte, se habla de apariciones de xanas o ninfas de la mitología asturiana, algunas realmente cercanas en el tiempo, fenómenos naturales de niebla y luz que el acervo popular da formas humanas. Sea como fuese el paraje es mágico desde tiempo inmemorial


Documentalmente se sabe que ya en el año 1000 habitaba Obona u Oubona una comunidad de monjas y frailes, pues en el 1022 el monarca Alfonso V confirmaba los límites del coto monástico. Luego las monjas se fueron a otras abadías en Babia y en Avilés. Los monjes se quedaron y llegaron los benedictinos. La iglesia propiamente dicha es románico de finales del siglo XII o principios del XIII. El monarca Alfonso IX en el año 1222, visita estos lugares estableciendo que los peregrinos que van "de romería a Santiago en Galicia" lo hagan por la villa de Tineo y por este monasterio, sin que nadie ose desviarlos por otra ruta (existió realmente otra más directa algo más al sur, el Camino de Mirallo y otra más aún por las riberas del Narcea para llegar a Allande, la Senda Ribereña del Narcea, ambas estudiadas por el investigador tinetense Rafael Lorenzo)


Verdaderamente la estetica arquitectónica de la parte medieval, fundamentalmente la iglesia, es muy sobria, con escasísima decoración labrada en piedra, muy propio de los cistercieneses, reformadores de la Orden de San Benito, pero que no parece ser se estableciesen o se hiciesen cargo del conjunto monacal


Esto empezamos a verlo claramente en su portada, de varios arcos con sus columnas y capiteles, totalmente lisos.


Ábsides románicos, en origen fueron tres pero se conservan, al exterior, únicamente dos, el del altar mayor y uno de los laterales.


Uno de los pocos símbolos aquí cincelados lo vemos también en una base de una de las columnas del antiguo triple ábside. Aunque al exterior reiteramos solo asoman dos, una grande y otro chico, donde están los altares. Ni ventanas ni canecillos ni cornisas presentan más decoración...


El ábside pequeño lateral.


Ábside del altar mayor.


Adelante, como ya vimos al llegar, en la portada ni arcos, fustes y capiteles presentan motivos esculpidos, ni los canecillos de la cornisa que sobre la se eleva.


Arriba las espadañas de los campanarios son un añadido muy posterior a la obra románica.  
A la izquierda hay un estrecho paso entre la nave de la iglesia y el camposanto que nos permite acercarnos a ver los ábsides.

A la derecha se va al claustro, pasando por la puerta cuadrada a la derecha de la foto.


Estos edificios corresponden, como el claustro que ahora veremos, a las profundas reformas barrocas iniciadas siglos después y nunca plenamente terminadas.


Aquí está en esta fachada el escudo con la imagen del patrón de la Orden, San Benito, situada sobre el blasón.


Es fácil que aquí estuviese la casa de audiencias o dependencias principales como la morada del abad. A la derecha, la puerta cuadrada por donde seguiremos nuestra visita.


Pasamos entonces por aquí hacia aquellos edificios.


Y continuaríamos por la puerta cuadrada a la izquierda. Esa es la parte exterior del claustro, donde estarían las celdas de los monjes y otras dependencias.



Camino del claustro.


En los años 90 del siglo XX una escuela-taller trabajo en el lugar pero aquel trabajo no tuvo continuidad.


Al fondo pasaremos al claustro por desoladas estancias.


Ruinas y abandono por doquier.


Salimos al exterior.


Restos desparramados.


Pasillos vacíos...

Al lado de la iglesia se tiró el primitivo claustro románico para en 1658 hacer el actual, barroco, con sus arcadas y edificios, a cargo de los arquitectos Melchor de Velasco Agüero y Andrés Pérez, obras suspendidas 30 años después y que no volvieron a reanudarse, quedando este claustro inacabado.


Actualmente el lugar es uno de los parajes más sorprendentes que podamos encontrar. La decadencia y el misterio de las viejas piedras que se cubren de musgo y hiedra...


El inacabado claustro parece ser una ruina provocada por una guerra, pero simplemente fueron dos cosas, no acabar una obra a tiempo dejando pasar su esplendor y luego, el paso de los siglos sin encontrar una alternativa de uso, beneficiosa para vecindario y visitantes, incluyendo en nuestro caso a los peregrinos.


La yedra se come los muros.


Majestuosidad de una decadencia de siglos...


Arte en el olvido, historia y patrimonio que se sumen con la exuberante naturaleza del valle.


Claustro solitario, casi fantasmagórico, pero totalmente evocador. Parece mentira pero en Oubona se impartían clases de Filosofía, Latín y Teología, aún en el siglo XVIII recibía las rentas de 78 aldeas, fue centro económico y cultural de la zona, e incluso sanitario, pues se aplicaban remedios medicinales de los monjes para muchas dolencias, bastantes basados en el muérdago, los cuales aliviaron a vecinos y peregrinos en unos tiempos en los que los médicos solo los había en la corte. Uno se hizo especialmente famoso, fray Valentín Calviño, médico y cirujano de Oubona. La primer mención a la sidra asturiana sale también de la más antigua documentación de este cenobio, pues los monjes animaron a que se sirvise sidra a los trabajadores que hicieron labor en la construcción del monasterio que aquí hubo anterior a este (s.VIII). La impronta de Oubona caló tan hondo que aún hoy en día son numerosas las leyendas populares que circulan sobre él en boca de la vecindad de la comarca

La vida monacal fue languideciendo y en 1835, con la Desamortización de Bienes Eclesiásticos (La Desamortización de Mendizábal), marcharon los últimos frailes, pasando todo a poder del Estado, que lo subastó sin éxito en 1844.


La iglesia cambió entonces de advocación y pasó a ser de San Antolín, dejando de prestar servicio al extinguido monasterio y pasando a ser la parroquial del pueblo.


Y la que nunca se llegó a terminar.


Paseando por el claustro que no llegó sin duda a ver fuentes en su jardín...


La consolidación de las ruinas de lo que no se llegó a hacer y el aprovechamiento con nuevos usos de las primitivas estancias podría rendundar muy beneficiosamente en favor de todos. Además de la restauración del santuario, actualmente parroquial.


El claustro y sus rincones...


Por aquí, desde el claustro puede pasarse también a ver los ábsides.


El silencio de las ruinas. Allá por los años 90 hubo como dijimos, un primer trabajo de restauración, que quedó luego en poco o en nada. El conjunto continúa deteriorándose y amenaza la más completa ruina.


Sendas en el claustro, pisadas de los visitantes que quedan impresionados con este enclave tan sugerente y lleno de misterio...

 

Celdas de los monjes y otras instalaciones fruto de aquellas malogradas reformas dieciochescas. En la década de los años 70 del siglo XX funcionó aquí la escuela nacional que se decía entonces.


Volvemos pues al campo de la iglesia.


Con la idea de visitar el interior.


Adentro apreciamos las tres naves del templo, siendo la central, la que va al altar mayor la más ancha y alta. están separadas por arcadas semicirculares quese dirigen a los tres ábsides del fondo.


Este el el triple ábside del fondo, el que por la parte de atrás solo asoman dos. Preside el conjunto el Cristo de Oubona, arriba en lo alto.





Cristo románico, seguramente contemporáneo de la fundación de esa época.


Este arco del altar mayor, arco triunfal o arco toral, sí presenta unos capiteles labrados, aunque someramente.



Capiteles de la izquierda.


Capiteles de la derecha.


El altar mayor está presidido por un retablo barroco del siglo XVII presidido por Santa María.



Aquí a un lado hay un sepulcro.


Sepulcro con una inscripción datada en el año 1656.


La polémica inscripción de los legendarios y supuestos fundadores del cenobio. Adelgaster hijo de Silo y su mujer Brunilda. Sus restos habrían sido trasladados aquí en aquella época de colocación de la lápida... "Adelgaster hijo del rey Silo me fundó. Año de 781. Reedifiqueme el de 1659".


La tumba se abrió en el año 1903 apareciendo dos restos humanos, uno mayor que otro, que se atribuyeron a un hombre y una mujer. Existe una coincidencia, el primer abad del que tenemos noticia, del año 1022, se llamaba Silo, igual que el pretendido padre de Adelgaster, el rey Silo de Asturias... solo que entre uno y otro hay nada menos que casi trescientos años de diferencia.


enigma de Silo, Adelgaster y Brunilda, el enigma del Camino.


Pasamos a ver el ábside lateral izquierdo, con su pequeño altar.



Y ahora vemos el ábside derecho "cerrado" con uno de los retablos dieciochescos de la época.


Retablo del ábside derecho.



Realmente si atendemos a la estructura de alguno de los arcos de la nave, apuntan a ojivales, casi parecen de transición al gótico.


 Alló otro de los retablos del siglo XVIII.


 Y retablo de San Roque.


Otro de los santos peregrinos, como San Martín y el propio Santiago, cuyo culto se extendió con las romerías a Compostela.


Vista de las tres naves desde el altar.


Ahí está el órgano.


Del que han desaparecido sus partes metálicas.


Pila del agua bendita.


A las puertas, nueva vista de las tres naves y el altar mayor.


Volvemos a salir al exterior.


Los hermosos proyectos se han quedado hasta el momento en simples recuerdos sobre el papel, varias iniciativas ciudadanas claman contra esta situación y se organizan para solicitar atenciones para acabar con esta lamentable verguenza de un elemento fundamental del patrimonio del primer Camino de Santiago de la historia.


El monasterio tiene hasta una canción dedicada, relacionada con aquel primer año del gran impulso xacobeo del Año Santo Compostelano (1993). El tema Oubona del disco Asturies Camín de Compostela, donde entre otros grandes músicos participaba el gaitero José Ángel Hevia.


Afuera, en el camino de llegada, reparamos en otras viejas construcciones mientras vemos arriba el pueblo, Podemos subir a tomar algo y a pedir las llaves en el bar (hay dos realmente). Hay buenas tomas de todo el conjunto y el valle...


Vamos a ir ahora a por agua a la Fonte del Matoxu...


Hay un camino que va hacia las primeras casas del pueblo, aquí muy cerca del templo.


Vemos el viejo monasterio desde la senda a la fuente...


 La Fonte'l Matoxu. Ahora un chorro de agua sobre un muro de piedra entre helechos y zarzales, agua curativa cuya mitología de xanas y encantos pudo ser un precedente precristiano de veneración del lugar. Aprovechada por los frailes y canalizada, tal y como vimos al llegar. El propio erudito Fray Benito Jerónimo Feijoo vino a Oubona atraído por sus salutíferas propiedades.


El viejo monasterio espera por mejores tiempos y que sus muros acogan, como los de otros antiguos monasterios asturianos, buenas iniciativas y servicios para peregrinos, vecinos, amigos y visitantes, salvaguardando nuestro patrimonio en beneficio de todos y sirviendo de positivo activo para pueblo y concejo... pero de momento toca aguardar. ¿Hasta cuando?


Atrás quedó Santa María la Real de Oubona, un tesoro del Camino pendiente aún que alguien lo descubra y ponga en valor....


Ahora, retornando al Camino, nos vamos, dejando paso a los tractores, hasta Villaluz...