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miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL SALTO DE SALIME: OBRA DE TITANES SOBRE EL RÍO NAVIA (ASTURIAS)

El Salto de Salime, en el río Navia y paso del Camino.
"Pedro de Pedre, de Castro natural, hizo el puente de Salime, la iglesia y el hospital, y la catedral de Lugo, a donde se fue a enterrar"

Así rezaba la inscripción labrada en las viejas piedras del puente de Salime, sepultado bajo las aguas del embalse del mismo nombre, inaugurado a mediados del siglo XX. El peregrino las recuerda mientras camina por la calzada, entre asfaltada y empedrada, que discurre por las alturas de esta colosal obra de ingeniería, pero antes ha tenido que realizar otra proeza casi tan tinánica como esta, bajar desde Buspol a este lugar, el Salto de Salime, en el río Navia, el llamado "Río de los Tres Caminos", pues nace en O Cebreiro,  paso del Camino Francés, sigue hacia el norte cruzándose con el paso del Camino Primtivo y desemboca en la ría de Navia, paso del Camino Norte o de la Costa.



Poniendo así fin a la larguísima bajada desde Buspol el Camino sale al asfalto en la carretera AS-14, construida para dar servicio a las obras del embalse y para nueva comunicación con A Fonsagrada (Galicia) a mediados del siglo XIX.


Pero de pronto vemos una especie de cueva horadada en la roca a mano derecha, formando un pasillo que puede reocorrerse.


Es la entrada a la llamada Boca de la Ballena.


Se trata de un mirador diseñado por el pintor y arquitecto Vaquero Turcios, que con su padre Vaquero Palacios participó en las obras de esta monumental presa.


Nos asomamos a la Boca de la Ballena, un verdadero balcón sobre este fantástico lugar.


Aquí tenemos una impresionante vista de auténtico vértigo sobre el río y ante El Muro, el gran muro del Salto de Salime.


De frente vemos silos y tolvas de los materiales empleados para su construcción, los cuales quedaron abandonados tras inaugurarse la gigantesca presa.


Esta es la bajada que se dirige, bajando a las orillas del río a las intalaciones eléctricas de turbinas y otros elementos que transforman en energía a fuerza de las aguas embalsadas.


Es la carretera, privada de las intalaciones, que se dirige a la central eléctrica


A la entrada de esta central llegamos a ver lejanamente desde la Boca de la Ballena un relieve que muestra todo el proceso de producción de energía eléctrica, obra de Joaquín Vaquero Palacios. Su hijo, el también arquitecto y pintor Joaquín Vaquero Turcios, fue el autor de los murales, restaurados por él mismo en el año 2003, al celebrarse el 50 aniversario de la inauguración. Y es que, en tiempos de penurias, aventurarse a juntar artistas e industria era insólito, pero dio tan buen resultado que la idea fue imitada tanto en España como en otros países, consiguiendo Vaquero Palacios la medalla de oro del Consejo de Arquitectos por estas realizaciones.


En nuestros días se realizan al Salto de Salime visitas guiadas, que hay  que concertar previamente. Además, una muestra de elementos relacionados con el mismo y los poblados para albergar a trabajadores y sus familias, como el Hospitalillo y otros ejemplos, así como fotografías de época, podemos verla en nuestra obligada visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime.

La Boca de la Ballena y El Salto de Salime.


Desde la Boca de la Ballena nos dirigimos al paso del Salto de Salime. A la izquierda, por donde vamos nosotros, son términos del concejo de Allande, al otro lado es el concejo de Grandas.


En la bajada a la presa vemos La Boca de la Ballena, asomada al abismo, balcón-mirador muy visitado por los peregrinos.


Bajo el Camino, que sigue la carretera del embalse, hay una gran estatua de la Virgen de la Luz, veneración relacionada con la producción eléctrica, otro gran símbolo del Salto de Salime, que cuanto más lo observamos, a él y a su entorno, más emocionados nos sentimos...


El Salto de Salime fue en su día la presa más alta de España, en su construcción se batieron "records" en muchas facetas, como la colocación de hormigón, que tardaría muchos años en ser superado; más de 4.000 toneladas en un solo día. 630.000 metros cúbicos se necesitaron para hacer este gigante de 134 metros de altura, el más alto de Europa en aquel momento, con un radio de 400 metros en su coronación.


Se construyó para la producción de energía eléctrica, satisfaciendo a través de sus líneas la demanda en Asturias y otras comunidades.


La historia arrancó por los años cuarenta del siglo XX, en plena posguerra. Era el año 1945 cuando dos empresas, Hidroeléctrica del Cantábrico y Electra del Viesgo, constituyen una comunidad de bienes para la construcción de dos embalses en El Río Navia, uno en Riodeporcos, Ibias, que no llegó a materializarse (aunque de cuando en cuando aún alguien saca el proyecto del cajón), y otro este de Salime.


En 1946 empiezan los trabajos para abrir nuevos accesos al lugar en el que se proyecta el embalse, antes aislado en un paraje montañoso, con un nuevo trazado para la carretera de Allande a Grandas y a A Fonsagrada. Trabajarían durante varios años más de 3.000 personas, habiendo de ser edificados para ellos y sus familias varios poblados, el primero el de A Paicega con doce pabellones, luego El Camín con seis pabellones de dos pisos, economato, panadería, peluquería, almacenes, cuartel, cantina, iglesia y escuela. A pie de presa se levantó el de Eritaña y en la carretera de Grandas el de Vistalegre (por sus buenas vistas), llegando gente de toda España.


Para transporte de los materiales desde el puerto de Navia se trazó un teleférico de 36 kilómetros (el más largo de Europa entonces y uno de los mayores del mundo). El embalse influyó en el desarrollo económico y social de la comarca, sobre todo con las nuevas comunicaciones, pero también queda el triste recuerdo de los muchos pueblos que desaparecieron, junto con 1.995 fincas, con más de 3.000 parcelas, 25.360 árboles maderables, 13.800 frutales, 14.051 cepas de viña, ocho puentes, cinco iglesias, varias capillas, cuatro cementerios y varias carreteras y caminos.


El embalse influyó en el desarrollo económico de la comarca, sobre todo con las nuevas comunicaciones, pero también queda el triste recuerdo de los muchos pueblos que desaparecieron, junto con 1.995 fincas, con más de 3.000 parcelas, 25.360 árboles maderables, 13.800 frutales, 14.051 cepas de viña, ocho puentes, cinco iglesias, varias capillas, cuatro cementerios y varias carreteras y caminos.


Otros lugares, como Vilarpedre, Barcala o San Pedro de Ernes no llegaron a desaparecer pero la concesión obligó a mantener la comunicación de los vecinos con una lancha que surca las aguas varias veces al día.


En medio de un frenesí indescriptible de cientos y cientos de personas trabajando a la vez, inmensos bloques de hormigón empezaron a levantarse a lo alto como rascacielos, ni siquiera había andamios metálicos, hubo que hacer de madera los castilletes de las obras y comprar decenas de parejas de bueyes muy fuertes y muy grandes, que arrastrasen los troncos de árboles altísimos para poder construirlos.


Maquinaria poca, casi todo "a mano". Tuvieron que desviar el río, dejar seco su cauce para poder trabajar, habiendo de excavarse un largo túnel y revestirlo de hormigón. El cemento se fabricaba "in situ", por lo que se erigieron silos y tolvas, muchos de los cuales aún pueden verse, desparramados como hemos dicho por las aristas de la montaña, así como almacenes, planos inclinados y muchas instalaciones más. Lo que es propiamente la presa con su central no empezaría a componerse hasta tener bien preparada la base, transcurriendo esas obras de 1948 a 1953. Parecía una quimera, más con el aislamiento y embargo de las Naciones Unidas a la dictadura franquista, pero hubo algunos episodios poco conocidos que la hicieron posible, entre ellos el suministro en secreto por parte de Inglaterra de turbinas y generadores para energía eléctrica.


Tomamos pues la carretera en El Muro, el muro del embalse, a donde antaño se venía a pescar... furtivamente. Aquí empezamos a "caminar sobre las aguas" a lo largo de la carretera en dirección al otro lado, quizás tal y como hizo en 1953 la escritora Dolores Medio cuando visitó las obras como enviada del periódico El Español, publicando sus impresiones para tan fabulosa obra, verdadero reto en una época difícil, pero también una innovación, al unir ingeniería y arte. Esta parte es la vertiente que pertenece al concejo de Allande. Al otro lado y durante unos pocos metros andaremos por términos del concejo de Pezós, pero luego unos metros más entraremos en el de Grandas de Salime.


 Dentro de la sala de turbinas, las pinturas de los murales de  ocupan una superficie mayor que el cuadro del Juicio Final de Miguel Ángel. El artista llegó a subirse a la plataforma del puente-grúa cargado de botes de pintura y brochas, que le caían continuamente, mientras su ayudante Luis volvía a tirárselas arriba o a subírselas a dicha plataforma, que cimbreaba en el aire colgando de los cables, para gran sufrimiento y mareo del autor, que pintaría tras este numerosos murales más en todo el mundo. En este se explica toda la saga constructiva del Salto de Salime, desde la primera gota de agua hasta el río y el embalse, una inspiración heredada de su abuelo, Narciso Hernández Vaquero, que hizo la primer central eléctrica asturiana en Somiedo, siendo además quien planeó este pantano, a mediados de 1940. Narciso también está representado en los murales, en los que todo se muestra, hasta los trágicos accidentes sufridos durante su construcción, en los que la cifra de fallecidos, según las fuentes, varía entre los cien y los trescientos. Las pinturas tienen un añadido, fruto de la restauración: Vaquero Turcios pintó unas ménsulas dedicadas a Einstein, Plank, Freud y Picasso, que no podría haber hecho en su momento por ser contrarias a la ideología del régimen.


En nuestros días se realizan al Salto de Salime visitas guiadas, que hay  que concertar previamente. Además, una muestra de elementos relacionados con el mismo y los poblados para albergar a trabajadores y sus familias, como el hospitalillo y otros ejemplos, así como fotografías de época, podemos verla en nuestra obligada visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime.


Nos asomamos a las imponentes esclusas...



Aquí, según a cada lado que se miremos, no sabemos qué nos produce más impresión, si avanzamos por la vereda orientada al norte un vertiginoso mirador, en ocasiones con "balconcillos", se asoma la pared del principio.


Un increíble y altísimo tobogán hasta las profundidades del valle del Navia, encajonado aquí por inmensas moles de montañas.


 Allí al fondo está el antiguo poblado de Eritaña, el esqueleto de unos bloques de viviendas de los antiguos empleados.


Si miramos al sur, la gran masa de agua, que llega hasta poco más abajo del borde de la carretera, nos hará figurarnos la auténtica Atlántida que yace sumergida, pueblos asturianos y gallegos que sucumbieron en este verdadero océano fluvial, decenas y decenas de metros debajo de nosotros, con sus casas, iglesias, campos, huertas y cementerios...


Pueblos como Salime, Subsalime, San Feliz, Salcedo, Doade, Veiga Grande, Saborín, A Quintana, Riodeporco, Vilagudín, Barqueiría, San Pedro de Ernes, Barcela... antes incluso de ser construida la presa el paisaje abrupto parecía estremecer algunos corazones.


No en vano así nació la leyenda que relata cómo el diablo se acercó a Salime y se dedicó a entretenerse efectuando sus maldades, saltando de risco en risco sobre los despeñaderos encima del río, con tan mala fortuna que en un mal brinco se cayó al agua y se vió arrastrado por la fuerza de la corriente, llegando a temer por su propia existencia. Al final consiguó agarrarse a unas ramas y logró ganar la orilla, dando unos desgarradores gritos de alegría que rebotaron de peña en peña por todo el desfiladero...¡Salime! ¡Salime! ¡Salime!, no callaba reafirmando a viva voz que había podido salir del terrible apuro, quedándole de esta manera el nombre de Salime a estos lugares. Algún vecino de Grandas dice con socarronería que menos mal que lo hizo antes que se construyera la presa, porque si lo hace ahora, quizás ya no viviese el diablo. Es una leyenda divertida pero imaginaria, pues el topónimo tiene en realidad más que ver con todos los derivados de Salia, hidrónimo indoeuropoeo que da nombre también al Sella, a Sayambre, Saja, Xalón, etc.


Por allí sube la carretera. El poblado de Vistalegre, otro de los construidos para obreros y sus familias, muestra sus abandonadas casas, capilla y otros edificios escalonadamente desparramados por las pendientes laderas en las que el bosque vuelve a ocupar el terreno abrupto en el que se edificaron, haciendo de él un pueblo fantasma.


Un poco más arriba y sobre las aguas del embalse una de aquellas casas sí fue aprovechada y presta servicio en nuestros días a peregrinos, viajeros, turistas y visitantes.


El Hotel Las Grandas, que cuenta con albergue.


Avanzamos al otro lado.


El discurrir de la carretera por todo lo largo de la cima del salto no son muchos metros pero sí inolvidables. De frente y tambiénenclavadas con un equilibrio imposible de las laderas de la montaña, se ven las antiguas instalaciones que sirvieron para construir el embalse. así como las casas, similares a pueblos fantasma, donde vivían los munchos trabajadores que se necesitaron para levantarlo.


Pasamos ya al otro lado y en ese tramo perteneciente a Pesós/Pezós vemos la entrada a las intalaciones del Salto de Salime, la carretera, cerrada con portón, que baja a la central eléctrica. En nuestros días se realizan al Salto de Salime visitas guiadas, que hay  que concertar previamente. Además, una muestra de elementos relacionados con el mismo y los poblados para albergar a trabajadores y sus familias, como el Hospitalillo y otros ejemplos, así como fotografías de época, podemos verla en nuestra obligada visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime

 
Pero no adelantemos acontecimientos, desde la entrada a las instalaciones iniciamos la subida hacia el antiguo poblado de Vistalegre, camino de Grandas. Un lugar que en invierno recibe el agua, cayendo en cascada, de un arroyuelo que, poco después de la citada entrada, marca el paso al concejo de Grandas de Salime.



La subida por la carretera en Vistalegre nos permite una vista del Salto de Salime, preciosa, desde el sur.


Desde la terraza del hotel tenemos una vista estupenda del poblado de Vistalegre.


Y del "gran salto".


Salto de Salime y salto el que dimos nosotros en una espectacular bajada desde Buspol y el inicio, ahora, de una nueva subida, esta hacia Grandas de Salime, la capital del concejo.


Un pequeño mar en medio de las paredes rocosas, que tienden incluso a la verticalidad, a cada lado del inundado valle.



Arriba, muy a lo lejos, es el pueblo de Murias. Poco más abajo viene la carretera AS-14 bajando desde Berducedo. A la derecha de la foto fue donde salimos a ella por el largo descenso desde Buspol.

Se domina bien la presa, asi como Vistalegre...


Salimos de Las Grandas y Villalegre.


Seguimos la carreteras por las laderas de El Zreixalón y en A Costa (la cuesta) nos asomamos a El Mirador, otro de los miradores sobre el pantano.


Desde aquí también tenemos amplias perspectivas en todas las direcciones. Aquí ahora al norte, con todo lo que hemos recorrido desde El Salto.


Vista al surm de los altos de Buspol al Alto da Cruz de San Francisco y El Pico Valiel.


Si hemos bajado tanto ahora tocará subir, no tanto pero sí una buena y larga recuesta de unos cinco kilómetros hasta la villa de Grandas capital del concejo.


Atrás va quedando El Salto, que ya no vemos desde aquí. La subida por la carretera, aunque sigue la serpenteante línea de las sinuosas laderas, es bastante llevadera pues asciende poco a poco.


Allá arriba son los altos de Buspol con sus aerogeneradores. Parece mentira la formidable bajada de entre 800-900 metros que hemos hechos desde aquellas cimas, primero por campos abiertos y luego por el bosque, así como el no menos largo recorrido "llano" por las sinuosas laderas con posterior bajada a la carretera y al embalse. Una proeza. Justo abajo vemos unas casas.


Es el pueblo de Salime, del que a veces afloran las casas, sumergidas casi siempre bajo el agua. Solo dos o tres viviendas sobrevivieron al embalse (a la izquierda de la foto) y en ellas vivió alguna famila durante años en condiciones paupérrimas, teniendo que ir en lancha al poblado o a Grandas, mismamente para llevar los niños a la escuela, muchas veces con gran riesgo y solemnes mojaduras...


A veces alguna guía informa del servicio de un barquero o lancheiro. Realmente lo hay pero no aquí, sino para ir de Villarpedre , unos kilómetros más al sur, a Grandas. No baje a Salime (no hay indicaciones) y vaya por la ruta señalizada al embalse tal y como aquí le informamos, pues nadie le recogerá al no haber embarcadero, nos dicen que ni siquiera cobertura, y habrá de dar la vuelta montaña arriba hasta enlazar de nuevo con la ruta que va al Salto, un auténtico calvario.


Salime, donde antaño se pasaba el Navia por su desaparecido puente, en el que estaba la inscripción de la que hablábamos al principio: "Pedro de Pedre, de Castro natural, hizo el puente de Salime, la iglesia y el hospital, y la catedral de Lugo, a donde se fue a enterrar".


Allí abajo reconocemos también un cortín o cerco de piedras donde se guardaban los trobos, truébanos o colmenas tradicionales para preservarlas de los osos golosos


Con estas vistas del atardecer nos encaminamos ya hacia Grandas de Salime, capital municipal, acercándonos al cruce de Pénjamo...