Eres el Peregrino Número

miércoles, 20 de noviembre de 2013

POR LA CALLE MAYOR AL AYUNTAMIENTO, EL PALACIO DE MERÁS, LAS CAMPAS Y LA ANTIGUA IGLESIA: RECORRIDO POR LA VILLA DE TINEO/TINÉU (ASTURIAS)

Plaza del Ayuntamiento. Tineo/Tinéu
Antiguo convento de San Francisco, actual iglesia parroquial de San Pedro
En la villa de Tineo/Tinéu, capital del concejo del mismo nombre, el Concechón, el peregrino ha llegado desde San Roque por el Paseo de los Frailes a la iglesia parroquial de San Pedro, antiguo convento de San Francisco, con su crucero enfrente que es símbolo y referencia de todos los que entran por el Camino al casco histórico de la población. Una vez llegados aquí existe la posibilidad de continuar al lado del santuario por la Travesía de La Torre, siguiendo el camino que sale del centro urbano hacia La Sierra, en caso que deseemos pernoctar más allá o, si nos hospedamos en Tineo/Tinéu, en alguno de sus albergues, fondas, hoteles, pensiones...seguir de frente cuesta abajo por la Calle Mayor. también si deseamos comprar algo o visitar alguno de sus monumentos y lugares de interés, que es lo que vamos a hacer en este caso


Esta es la Travesía de La Torre, la que tomaríamos si deseamos continuar Camino hacia Las Canteironas, L'Alto Guardia, Villaluz... en este momento los siguientes albergues estarían en Campiello y en Borres/Bourres

Y esta es la Calle Mayor que baja de frente y que es la que seguimos en este caso, Pasando primeramente junto al Palacio de los García de Tineo, actual casa de cultura. Fueron los García de Tineo una de las más importantes familias de la antigua villa, levantado en el año 1520 según reza una inscripción en uno de sus escudos, palacio con detalles de estilo gótico y renacentista, como las bolas y remates de los dinteles de las ventanas, algunas picudas, que lucen su fachada, o la puerta ojival. Los balcones son parte de las reformas barrocas de los siglos XVII y XVIII


Y bajamos por la Calle Mayor, donde el caminante pasará junto a largas filas viviendas de varias plantas, antiguas y típicas, con balcones, galerías, ventanales... y hasta escudos y blasones


Atrás quedó la iglesia


Buena bajada de suelo adoquinado, semipeatonal


Aquí a un lado pasamos junto a la Plaza del Comandante Caballero.


Placa de la plaza


Cuesta abajo ya vemos a lo lejos el Palacio de Merás


Ya vamos llegando al final de la calle Mayor que, como su nombre indica, fue antaño la calle principal de la localidad


Escudo en una casa de la calle Mayor.


Y así, según venimos bajando, vamos llegando al Ayuntamiento


Llegando de esta manera a la Plaza del Ayuntamiento, verdadero corazón de la villa.


Pasan peregrinos a caballo, que vienen del albergue Mater Cristi, sucesor del hospital de peregrinos de igual nombre que aquí existió en siglos pasados


Antiguamente el convento de San Francisco era lugar de concechos y juntas vecinales, hasta que en el siglo XVI tuvieron estos local propio junto a la desaparecida torre medieval en La Plaza las Campas, unos metrós aún más abajo.


En el siglo XVI se compró una casa, con pajar, sobre la que se construyeron las consistoriales, cuya primer sesión municipal se celebró en 1835.


En 1859 fue levantada una segunda planta, en 1866 se compró un reloj nuevo, para sustituir al viejo que vino del monasterio de Oubona (también en esta ruta), en 1925 se le añadió el actual pórtico y en 1987 se acometió una redistribución interior y se le añadió una tercera planta.


Soportales del consistorio. El Camino, calle Mayor, pasa al fondo.


Plaza del Ayuntamiento y sus bares y terrazas. Esta era hasta hace unos años la zona por la que pasaba todo el tráfico que afluía, entrando y/o saliendo de Tineo/Tinéu, ahora casi prácticamente un fantástico bulevar...


Cafés, casas de comidas, bares, comercios...


Si nos apetece, por qué no pedir alguna maravilla culinaria de la tierra, como un poco de chosco, para abrir el apetito, capricho del manjar del buen paladar, con Indicación Geográfica Protegida.


Un paseo perfecto, que se completa conociendo la idiosincrasia de los lugares que visitamos. Por allí por ejemplo, calle Calvo Sotelo, llegaríamos a la casa solariega de Riego Núñez Flórez


Casa que perteneció a la familia del general Riego, quien se sublevó en Las Cabezas de San Juan (Cádiz) contra el absolutismo de Fernando VII, el primer día del año 1820.


Blasón del escudo de la casa



Cruzamos así la Plaza del Ayuntamiento hacia el Palacio de Merás y las Plazas de El Fontán y Las Campas, esencia de la historia del lugar


Allí pasaríamos a la Oficina de Turismo, muy importante para cualquier información que precisemos sobre alojamientos, teléfonos, mapas, taxis, autocares...


Estamos en la Plaza del Fontán, tradicional punto de encuentro vecinal, pues era el punto neurálgico de Tineo/Tinéu, tradicional plaza de mercados donde, entre otras muchas cosas, se compraban tradicionalmente las piezas de cerámica negra de los xarreiros, alfares tradicionales de L.lamas del Mouro



Por la calle Pío Cuervo vamos llegando pues a este Palacio de Merás, ejemplo destacado de arquitectura civil asturiana renacentista, del siglo XVI, fundado en 1525 y que en la actualidad es hotel con albergue de peregrinos


El palacio era solar de la casa valdesana de los Merás, cuna de una saga de militares y nobles que hicieron carrera en Nueva Segovia, actual centroamérica. Uno de los miembros de esta estirpe fue quien acabó con las tropelías del pirata turco Barbarroja, Garci Fernández de la Plaza de Tineo, quien mató en Tremecén (Argelia) al temible pirata otomano con base en Argel Aruch Barbarroja. Era Garci Fernández de la Plaza cuñado de Sancho García de Merás, bajo cuyos auspicios se hizo este palacio de Tineo en 1525. Soldado veterano, estuvo de alférez en la compañía del capitán Diego de Andrade, quien a su vez a las órdenes del Marqués de Comares hizo la guerra a los temibles piratas argelinos que dominaban el Mediterráneo


Al interior se accede por esta magnífica portada


Claustro interior, que es en la actualidad el comedor del hotel. Aquí tuvo posada Gaspar Melchor de Jovellanos el 25 marzo de 1795, cuando escribió en sus Diarios:

"...llegamos a Tineo al fin del día; a la casa de Merás: grande, antigua, con dos torres, al fin de una calle sucia y pendiente; el amo, anciano, buen hombre; el ama despierta: sobrina del arcediano de Grado, hermana del dueño de la casa de Cangas a que vamos; habrá sido linda, y tiene buenos restos y lindísimo modo; ocho hijos vivos; el arcediano tiene uno; lleva otras dos hijas casadas y el hijo; llegué muy mojado; pasadas las botas. Al fuego, a cenar"


Xuan Bello llega a describir el lugar como El Milagro de Merás:

"Yo, que soy del concejo de Tinéu, muy pocas veces he hablado bien o mal de la villa de Tinéu. Para los de Paniceiros era un lugar donde se iba a comprar a la feria, o al dentista, y para mí un sitio por el que se pasaba y, a veces, se paraba a tomar un café para despabilarse hacia distancias más grandes. Era un sitio, además, en el que yo solía ver un retrato de mi fracaso: una villa donde las construcciones crecían sin plan previo, negro y frío y desordenado, una especie de manchón en las solapas de mi alma. Hace veinte años, un día de verano, yo me bajé con mi bicicleta del autobús. Había planificado ir hasta Paniceiros, mi pueblo, pedaleando y me entretuve, en aquella mañana luminosa, dando una vuelta por la plaza del Ayuntamiento. Vi un edificio poderoso y me acerqué calibrando sus proporciones y estructura. O mucho me confundía o la mano del Renacimiento estaba allí: lo había visto cientos de veces, de paso, pero nunca me había fijado realmente en él. Aunque estaba dividido en tres viviendas, y la fachada estaba subdividida en varios manchones de cal que diferenciaban la entrada de cada vivienda. Bien se veía, sin embargo, que era un edificio exquisito, abatido por el tiempo, y con la potencia de un símbolo. Hoy, en el libro de Aurelio Menéndez, 'La villa de Tineo', veo que Gaspar Melchor de Jovellanos, el 25 de marzo de 1795, debió llegar como yo llegué y tener idéntica impresión. Anotó en su diario: «Llegamos a Tineo al fin del día; a la casa de Merás; grande, antigua, con dos torres, al fin de una calle sucia y pendiente». En aquella mañana, yo vi una puerta abierta: entré sigilosamente y, en un patio maravilloso, entreví entre las sombras un gallinero y una pocilga. El corazón se me encogió y pensé que haría falta un milagro para salvar aquella ruina y preservarla para futuros. Apunta Aurelio Menéndez: «Las estancias del Palacio albergaron a lo largo del siglo XX varios negocios y actividades: almacén de vinos, enseñanza privada, consulta de un dentista, comercios, bares... Al dejar de residir las familias, el Palacio cae en el abandono; a pesar de todo, los elementos esenciales de la primitiva edificación se conservaron». Así lo debí de ver yo. Este fin de semana, que una banda de cómplices nos liamos con la Fundación Valdés-Salas para hablar de literatura, dormí en el Palacio de Merás, ya entera y sabiamente reformado por Benjamín Alba, y pude comprobar que los milagros a veces suceden. La calle sucia y pendiente, que había visto Jovellanos aquella tarde, que había visto yo tantos años después, se había transformado en algo increíblemente bello. Me di cuenta cómo un edificio bello dialoga con su entorno, ennobleciéndolo, y cómo Tineo, tan abandonado, se convertía en un lugar esencial, plenamente esccrito. Los sueños tardan en cumplirse pero, ya se ve, no hay nada cómo esperar. Para soñar, lo he comprobado muchas veces, lo mejor es tener los pies en el suelo. Esto es lo que ha hecho Benjamín Alba muy discretamente y hoy podemos ver el Palacio de Merás magnífico y cambiando totalmente la fisonomía de la villa. Apetece ir a Tineo. De esta casa, me entero leyendo el libro de Aurelio Menéndez, fue García Fernández de La Plaza, que «fue el héroe tinetense que dio muerte al pirata turco Barbaroja, enemigo de los reyes Doña Juna y Don Carlos su hijo (Carlos I)». Debió de haber un gran jolgorio en la casa, y en toda la villa, cuando se enteraron de la hazaña. Pero yo tengo para mí que algo mucho más importante para Tineo que matar al turco aquel lo ha hecho Benjamín Alba: descubrir el alma enterrada de una villa. Estaba ahí y muy pocos la veían"



En el año 1895 el palacio fue vendido a un particular por los descendientes de los fundadores, en concreto a un vaqueiro de Cezures  que quiso establecerse en la villa, según informa su nieto Nicolás Arganza, quien también informa al periodista Carlos Palacio de La Nueva España que en 1937 pasó a ser cuartel de las tropas nacionales en su avance desde Galicia en la Guerra Civil Española, teniendo luego su dueño que recomprarlo por 60.000 pesetas y rehabilitarlo por otras 37.000


En esta fachada, al sur, vemos abajo en el medio la salida del albergue de peregrinos y a su izquierda la exposición permanente de Valentín Alba "El Ferreiro", más de 1.000 piezas de antigüedades por él recogidas a lo largo de su vida


Seguidamente llegaremos a la Plaza las Campas, solar de la vieja torre que, derribada en 1912, dio origen y amparo a la naciente población medieval.


Ahora el espacio ha quedado totalmente urbanizado pero aún quedan casas antiguas, algunas de traza muy rural, quizás sean "sucesoras" de algunas que ya estaban en pie cuando acontecieron los trágicos sucesos que pasamos a relatar.


Y es que en un rincón bastante apartado, casi un poco escondido entre los modernos edificios, se encuentra una piedra con una gran cruz labrada, la cual señala el lugar en el que en 1809 los franceses  fusilaron al guerrillero Pedro del Tronco, durante la ocupación de las tropas napoleónicas.


Pero este enclave tan transformado en los últimos tiempos fue escenario de otro terrible suceso, no tan alejado del tiempo históricamente como el anterior, que en la población se vivió casi como una afrenta, pero a la vez un escarnio y una fiesta, formando sin duda parte de las más truculentas e incluso morbosas historias de la "España Negra", con abundantes reseñas de prensa y crónicas por las que sabemos lo que pasó con todo lujo de detalles.


En esta plaza se celebró la última ejecución pública de un reo dictada por un tribunal civil en España en tiempo de paz. El 27 de junio de 1899, a las ocho y veinte de la mañana, Rafael González Gancedo fue muerto a garrote vil en el cadalso aquí instalado, tras ser confeso y hallado culpable de un terrible crimen, pues había matado a su mujer y a su hijo pequeño. El  ejecutor fue el verdugo titular de la Audiencia de Burgos Gregorio Mayoral Sendino, que no hacía muchos años que había comenzado con el horrible oficio en el que llegaría a trabajar cuarenta años, tras ganar la plaza, poniendo fin a una vida de miseria.


Este verdugo fue glosado por diferentes escritores, pues después de esta participó en ejecuciones muy sonadas, llegando a perfeccionar el instrumental, haciéndole cambios para que este fuese más certero e instantáneo, pero manteniéndolo en secreto por miedo a que estas modificaciones no se ajustasen a la normativa. Sería llamado El Abuelo por su larga trayectoria, mientras él al garrote lo llamaba la guitarra.


 Nadie en esta villa quiso colaborar con aquello, los carpinteros se esfumaron pues no deseaban construir el cadalso, hubo que ir a por ellos a Cangas, buscados por guardias, para que efectuasen tan dolosa labor. Mucha gente se marchó, consideraba la ejecución pública una afrenta a la villa, pero otros se quedaron y más llegaron, procedentes de todo el occidente asturiano, familias enteras hasta con niños pequeños. Se vendía vino en pellejos pues la afluencia era tal que los vendedores aprovecharon el evento como un día de feria. El lugar está ahora rodeado de edificios, muy cerca de la estación de aubuses, pero sigue teniendo la forma de plaza o explanada pública que siempre lo caracterizó, aunque ahora prácticamente "amurallado" entre bloques de pisos.


Allí junto a Las Campas, al sur, está el cementerio, cuya capilla fue hasta 1880 la iglesia parroquial, muy antigua, pero reformada entre los siglos XIV y XV, luego restaurada en el XVIII, época en la que se talló la gran obra del magnífico retablo interior.


El traslado de la parroquial hacia el antiguo convento franciscano se efectuó no sin la oposición de gran parte del vecindario.


Una placa recueda la fosa del cementerio viejo...


Desde aquí, ya volveríamos arriba, a hace Camino, subiendo de nuevo a la Plaza del Ayuntamiento e iniciando la subida a Las Canteironas, próxima etapa de esta ruta...