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viernes, 1 de agosto de 2014

FONFRÍA Y EL HOSPITAL DE PEREGRINOS DE LA ORDEN DE MALTA (A FONSAGRADA, GALICIA) TOMANDO UNA CERVEZA 'PÍNTEGA' AL SON DEL BIRIMBAO DE HERMINIO VILLAVERDE: EL TALLER DE LUZ Y FORJA Y LAS NAVAJAS "MADE IN A FONSAGRADA"


Llegando a Fonfría

El Camino, que acaba de entrar en Galicia por O Acevo, concello de A Fonsagrada, procedente de Asturias, pasa por Cabreira para seguidamente salir a Fonfría, cabeza de la parroquia fonsagradina de este nombre, a la vista ya de la casa que fue del antiguo hospital de peregrinos allí existente antaño del que, aunque se desconoce su fundación, se sabe que perteneció a la Orden de Malta, una de las más poderosas de la cristiandad, conservándose documentación desde el año 1633, si bien su origen es muy posible que sea bastante más antiguo, medieval sin duda


El Camino es una pista ancha y llana en la ladera occidental del Monte Chao Grande, que da vista al Monte de Penoucos (999 m), en A Serra de Follabal por donde sigue la ruta jacobita, rumbo a Barbeitos, otro pueblo de la parroquia de Fonfría, un kilómetro y medio más allá, donde muchos peregrinos hacen un alto en el Mesón Catro Ventos a descansar unos instantes mientras toman algo, beben una cerveza o un viño da terra o disfrutan de las excelencias culinarias de la gastronomía fonsagradina


En el Monte de Penoucos se localizaron restos de un antiguo campamento provisional romano de vigilancia de la antigua vía que por aquí pasaba, la famosa Lucus Asturum-Lucu Augusti del Itinerario de Antonino (siglo III). Más allá de Barbeitos el Camino de Santiago sigue por A Serra de Follabal en dirección a A Fonsagrada, la capital del concello, por Silvela y su capilla de Santa Bárbara, sobre el profundo valle del Rego do Castro, río que luego, aguas abajo, será más conocido como Suarna, importante afluente del Navia o Río Grande 


De Silvela el Camino subirá al Alto de Paradanova para bajar al pueblo de este nombre, en el valle del río de Arime, donde se bifurca: la mayor parte de los peregrinos siguen por el Camín da Granxa directamente a A Fonsagrada, cuya línea de casas blancas destaca en lo alto del monte amesetado en el que se asientan, llegando a la Avenida de Asturias frente al barrio de Os Chaos y dirigiéndose al centro por la rúa da Penela, rumbo a la antigua Casa do Concello y a la iglesia de Santa María, junto a A Fonte Sacra, fuente histórica que dio nombre a A Fonsagrada


De A Fonsagrada el Camino Sale hacia O Padrón, donde la Orden de Malta tenía otro enclave de los dependientes de su Encomienda de Portomarín. Luego por Vilardongo, Pedrafitelas y Montouto sube a A Serra do Hospital, donde en el antiguo Real Hospital de Santiago de Montouto se une a la otra ruta de la bifurcación de Paradanova, la que va a A Proba de Burón, subiendo primeramente al sur de A Fonsagrada por el collado entre la población y en Monte do Marmoiral (933 m) -a la derecha-. Dicho Camino baja de allí a A Proba de Burón, en el valle del río da Proba, capital de la antigua Terra de Burón, extenso territorio disuelto administrativamente en 1836, pasando a ser el nuevo concello de A Fonsagrada, con esta su nueva capital. En 1928 se aprueba la reivindicación de varias parroquias de constituir un nuevo concello independiente, Negueira, que en 1929 pasará a ser Negueira de Muñiz en homenaje al emigrante benefactor que auspició su creación, José Antonio Muñiz Álvarez

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

A Proba de Burón, solar de A Fortaleza, castillo de los condes de Altamira, señores de esta tierra, quedó relegada a simple cabeza de una parroquia más del nuevo concello de A Fonsagrada, que tomó el nombre de la nueva capital, cuya ubicación en la ruta entre Asturias y Galicia fue esencial para que le ganase la partida a A Proba de Burón, ya que permitía un acceso más directo a A Serra do Hospital, por el trayecto antes dicho, que el itinerario buronés que, tras bajar a la población, ha de volver a subir a ganar altura, dando vista a A Bastida, con su antigua malatería u hospital de leprosos de San Lázaro y su iglesia románica de San Miguel, también de la Orden de Malta, y luego por Xestoso de Riba ganar A Serra do Hospital, cuya larga loma de A Lagoa Seca (1.108 m) destaca en el horizonte


Por supuesto, ni que decir tiene que, aparte de la ubicación de A Fonsagrada, las circunstancias sociopolíticas del momento motivaron este radical cambio administrativo, en pleno tiempo de las desamortizaciones, de las luchas de liberales progresistas y conservadores y, de ambos con los tradicionalistas en los albores de las guerras carlistas. Luego, al construirse las primeras carreteras, hacia Lugo y Asturias, estas pasaron por A Fonsagrada, quedando A Proba de Burón más relegada aún


En línea recta estamos a unos cinco kilómetros de A Fonsagrada; por el Camino son unos ocho kilómetros escasos, acaso un poco más por la carretera. La villa se nos antoja cercana pero la distancia que resta se cobra su tributo en tiempo y esfuerzo


A Fonsagrada se ha consolidado como capital de concello y cabecera comarcal, la existencia de numerosos servicios, alojamientos, tiendas y comercios, reputada hostelería, cajeros, farmacia, centro de salud, correos, mercado, etc. la han hecho un casi indispensable final de etapa. Es más, los muy escasos peregrinos que van por A Proba de Burón suelen hacer parada en A Fonsagrada y avituallarse y pernoctar, dada la casi absoluta carencia de todo ello en la vía buronesa. Suelen ser romeros ya experimentados que ya conocen la ruta fonsagradina, más empleada, y gustan de conocer esta


Prado abajo y a nuestros pies, fuera del Camino pero cercana a él, vemos el pueblo de O Castro, otro de los pertenecientes a esta parroquia de Fonfría. Su nombre hace referencia a un recinto fortificado castrexo que controlaría estas seculares rutas, el castro de Fonfría, como más adelante estaba el Vilarín de Riba, cerca de Silvela


En O Castro de fundó en 2015 la empresa de Cervezas Píntega, rehabilitando una de las casas y habilitándola como obrador de cerveza artesana, así como el pajar como vivienda de Juan Pablo Ferreirós, quien creó este producto, la Cerveza con malta en un hórreo de 1939, como titula su artículo M. Fernández en La Voz de Galicia del 11-7-2019:
"El ingeniero Juan Pablo Ferreirós estudió en Vigo y Barcelona, pero finalmente montó la pequeña industria Píntega en casa de su abuelo  
"Las «tullas» que almacenaban los diferentes tipos de cereal en un hórreo de 1939, que es como un mini museo, sirve ahora para almacenar los sacos de Malterie du Chateau que guardan la malta que proviene de Castle Malting, la empresa productora de maltas más antigua de Bélgica, una de las mecas de la cerveza.  
La construcción, llevada a cabo según un cartel en madera perfectamente rotulado, fue promovida por Manuel Arias y Modesta Fernández. Está en O Castro de Fonfría, una reducida aldea en lo más alto del municipio de A Fonsagrada, a unos diez kilómetros de la capitalidad municipal.  
El hórreo, en cuyo interior están los compartimentos de madera que almacenaban antiguamente el cereal de comer, trigo, serodo, manso y recho, según los rótulos de cada compartimento, forma parte de la casa del abuelo de Juan Pablo Ferreirós Arias. Este joven ingeniero de telecomunicaciones trabajó durante algún tiempo en ese sector. Tenía empleo y se sentía bien pagado, sin embargo lo dejó para hacer cerveza artesana. Cambió Barcelona por la casa fonsagradina de O Castro de Fonfría donde ahora produce Píntega, cerveza que comercializa en la comarca y también en algunas zonas de Asturias.  
Los ingredientes  
Ferreiros elabora su «birra» con cebada, lúpulo, agua y levadura liofilizada en seco. Asegura que no hay nadie en Galicia trabaje con este tipo de producto porque tiene escasa variedad y, por lo tanto, «estás limitado nos aromas». La otra opción son las levaduras líquidas.  
El joven «teleco» produce cerveza de naranja, limón y la Os Trobos. La primera es «más maltosa y con más cuerpo; una Speciale belga para los amantes de las tostadas»; la de limón es de trigo, «refrescante con un ligero toque a cítricos» y la de los «trobos», de fermentación alta con miel. Estas definiciones son las que figuran en la «Birrapedia», una biblia para los amantes de la cerveza. Además de los tres tipos referenciados, Ferreiros prepara alguna especial para alguna fiesta como la de Vilanova de Oscos (Asturias). Es la Cerveza dos Frades, que tiene un sabor intenso, es acaramelada y más licorosa. Todas ellas andan entre los 5 y los 8 grados.  
La producción varía dependiendo de la temporada.  
«Faise por lotes ou coccións. De cada vez saco 500 litros. O obxectivo estaría en facer dúas ao mes, que serían uns 12.000 litros ao ano», asegura el joven cervecero que, recuerda, es más partidario de primar la calidad que la cantidad.  
Ferreirós comenzó su proyecto entre 2014 y 2015. Antes ya elaboraba cerveza para consumo propio y optó por incrementar la producción con vistas a la comercialización.  
El promotor de esta cerveza artesana participa activamente en seminarios y otro tipo de actividades de promoción de esta bebida artesanal".

A la izquierda, las dos cimas del Monte de Picóis llegan ambas a la cota de 998 metros sobre el nivel del mar y unos 250 sobre su base en la orilla del Rego do Castro separando las parroquias de Fonfría y Suarna, ambas en A Fonsagrada, siendo una especie de espolón noroccidental de A Serra de Liñares. El río que aquí nace cambiará de nombre al pasar por la segunda parroquia


Nosotros caminamos en llano por la falda occidental del Monte Chao Grande donde, con motivo de unas importantes obras de mejora de la carretera LU-701, que pasa poco más arriba a la derecha, se habilitó una pista paralela que librase a los peregrinos de tener que caminar por ella 


Al entrar en Galicia los mojones jacobitas añaden una plaquita de bronce con la distancia que queda hasta el kilómetro cero de los caminos de Santiago en la Praza do Obradoiro frente a la catedral de Compostela. Este indica ciento sesenta y dos kilómetros y quinientos noventa y un metros


Tras las abruptas fragosidades de las sierras del occidente asturiano, la entrada en Galicia no ha tenido más cuesta considerable de momento que la corta y no demasiado dura del Chao de Folais, al subir desde el núcleo O Acevo, cuyo mesón, A Casa do Acebo, primera cada de Galicia en el Camino Primitivo, constituye una verdadera bienvenida a Galicia tras la fuerte ascensión a A Serra do Acevo, tras lo que hemos entrado en tierras Gallegas apenas cuatro kilómetros más atrás


Pero las etapas más montañeras del Camino Primitivo, donde muestra toda su dureza característica pero también la esencia de su belleza, aún no han terminado. Ni siquiera en el que viene a ser un final de etapa en A Fonsagrada: la subida a partir del Camín da Granxa, como remate final de la jornada, no es de las que se olvidan fácilmente. Si vamos por el camino de A Proba de Burón, por el que también se puede entrar en A Fonsagrada a través del barrio de Os Chaos, exactamente igual


Antes aún, la subida al Alto de Paradanova, que empieza al salir de Silvela, tampoco está nada mal dentro de los esfuerzos finales antes de llegar a la capital del concello. Recorreremos luego la cima del monte, que es parte también parte de A Serra de Follabal y bajaremos a Paradanova antes de la subida a A Fonsagrada, de la que en esta foto vemos el barrio de Os Chaos


Aunque A Serra de Follabal nos tapa buena parte de la subida, aquí vemos por dónde entra en el casco urbano fonsagradino el Camino de Santiago y por donde va el camino, también señalizado con los hitos oficiales, a A Proba de Burón. Ambos comunicados por el barrio de Os Chaos. Más a la izquierda es la zona de la iglesia de Santa María y A Fonte Sacra que dio nombre a la villa: por ahí subía el camino más antiguo (no señalizado). Existió un refugio u hospital de peregrinos pegado a la iglesia, aunque también se ubica enfrente, en la rúa Ron. No sabemos si se trata del mismo o de un cambio de ubicación


En A Proba de Burón, la antaño poderosa capital del territorio, no hubo dos hospitales sino tres, el de la Santísima Trinidad, fundado hacia 1338. y los de la Reina y de Santiago, mencionados en un documento de 1384 (hay un tercero en el barrio de A Bastida, el de San Lázaro, pero ya para leprosos o malatos). Ambos caminos se reunían en el Real Hospital de Santiago de Montouto, en A Serra do Hospital. A la derecha y más al norte es el Pico do Muradal (1.109 m), en la sierra de su nombre -a veces las alturas varían, metro arriba o abajo- de una a otra fuente y las transcribimos según cada una-


La vía que por aquí pasaba sería una senda de origen prehistórico que aprovecha el paso natural de A Serra do Acevo hacia a A Serra de Follabal, haciendo de pasillo entre la vertiente fluvial del Navia a la izquierda y al sur y el del Augüeira al norte, uno de sus afluentes, ambas de muy profundos valles y muy definidas y diferenciadas aún pertenecientes a la misma cuenca fluvial Naviega


El antiquísimo camino sería romanizado formando parte de la vía o calzada Lucus Asturum-Lucus Augusti que comunicaba nuevas civitas romanas fundadas tras la conquista romana del noroeste peninsular, siempre cerca de los antiguos castros de la población prerromana. Lucus Augusti existe total unanimidad en identificarla con la actual ciudad de Lugo, capital de los galaicos lucenses, mientras que casi es general que Lucus Asturum es una 'ciudad perdida' en territorio astur de los luggoni identificada con hallazgos aparecidos en la parroquia de Llugo o Lugo, en Llanera, un poco más al norte de la actual capital asturiana. A su vez la vía vendría por la Cordillera Cantábrica desde Astúrica Augusta, la actual Astorga


La Concordia de Antealtares, del año 1.077, es el primer documento que informa de la supuesta peregrinación de Alfonso II El Casto, desde su naciente corte ovetense, al otro extremo de sus dominios para verificar que la tumba localizada en la actual Compostela era la de Santiago el Mayor y sus discípulos Teodoro y Atanasio, suceso que habría tenido lugar dos siglos y medio antes de dicha expedición y, aunque no existe constancia alguna de qué ruta siguió si es que siguió alguna, se ha dado en pensar que sería esta que, en honor a ello, fue rebautizada en los años 1990 como Camino Primitivo en honor a haber sido 'el primero' o eso se le supone. Las más seguras peregrinaciones de Alfonso III (al menos dos) y las disposiciones de Alfonso IX favoreciendo extraordinariamente esta ruta, avalarían este itinerario. El mismo rey fundaría la puebla de A Proba de Burón hacia el año 1200, coincidiendo más o menos con esas diposiciones


El Camino tendría muchos nombres con el auge de las peregrinaciones en el siglo XII, aunque no olvidemos que los peregrinos eran solamente una parte, dado que eran, y fueron hasta la construcción de las primeras carretera avanzado el siglo XIX, los caminos principales de la arriería, trashumancia, emigraciones estacionales, etc. Algunas denominaciones pervivieron en la documentación y en la toponimia: Camín Real de Galicia, Camín Francés de Asturias, Camín Antiguo, Camín Grande, y muchas denominaciones locales


Es en este contexto histórico y viario cuando, en algún momento desconocido pero, con casi total seguridad en la baja Edad Media, la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, consagrada a la protección de los caminos y los peregrinos a partir de su fundación y la de su primer hospital en Tierra Santa durante las Cruzadas, se establece en la villa gallega lucense de Portomarín y crea una amplia red de hospitales de acogida de peregrinos y otras instituciones piadosas por este y otros numerosos caminos jacobitas, como es el caso de esta de Fonfría, cuyo antiguo edificio-refugio y su capilla, que pasó a ser la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, vemos desde aquí


Aquí tenemos el que fue el santuario del antiguo hospital, actual iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Fonfría (oficialmente Santa María Maladena), de estilo dieciochesco y en parte tapada por el cementerio, añadido después (antes se enterraría adentro o en el 'campo santo' alrededor, como era costumbre), así como el antiguo hospital de acogida propiamente dicho, situado justo enfrente, a su izquierda visto desde el Camino. La orden iría conociéndose sucesivamente como Orden de Rodas y Orden de Malta según allí donde se estableciese para hacer frente a la expansión turca


El que estas fundaciones hospitalarias, junto con viejas ventas y mesones, pudiesen ser sucesoras de antiguas mansio, mutatio o cauponas romanas, paradas de diferentes rangos en las vías imperiales, entra dentro de la elucubración tanto como en lo de bastante probable. Ahí tenemos el Monte de Penoucos con su campamento romano de vigilancia, por ejemplo, así como los castros galaicos antes mencionados, pero podríamos añadir, aún mucho más antiguos que los romanos y los castrexos, a los túmulos megalíticos o medorras existentes a lo largo de este trayecto y de los que hemos venido hablando desde O Acevo


Aunque estas necrópolis, posiblemente de la Edad del Bronce, han desaparecido en cantidad con el antiquísimo uso agroganadero de la zona, la erosión y paso del tiempo pero, sobre todo, con la imponente repoblación forestal de plantaciones de pinos en la posguerra para las factorías de celulosa, aún se han localizado tres en Fonfría, una en el Monte de Penoucos, también llamado Filso, y otras en el viejo camino hacia Barbeitos, por donde pasa ahora el Camino Primitivo, lo que demuestra que hace ya unos cuantos milenios que las gentes pululan por este y otros caminos aledaños


Pero aún hay más, se identifica con bastante seguridad a A Fonsagrada con una de las poblaciones del citado Itinerario de Antonino, la de Fontem Albei, siendo este el nombre además de su instituto de secundaria. Aquí abajo, el castro de Vilarín de Riba se encuentra justo al lado del Monte de Penoucos, lo que nos haría pensar en los romanos vigilando desde su campamento a la población local, además de al camino, esencial en las rutas auríferas astur-galaicas de la minería del oro y su control y comercialización


O Castro, ya lo hemos dicho, refuerza la idea de una muy especial presencia de núcleos de población fortificados en este trayecto que representa una comunicación muy directa entre los antiguos Conventus Asturiensis y Conventus Lucensis de la Gallaecia romana

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Más a la izquierda, el Pico da Cendadella (1.048 m), junto al que hemos pasado viniendo de Cabreira, es para la filóloga Andreoto Galíndezun topónimo derivado del latín civitaculam, "que probablemente marque una statio o mutatio viaria, campamento militar en un cruce de caminos", según afirma en su blog Arqueotoponimia, en el que le dedica la entrada titulada Cendadella e a vía natural entre Asturias y Galicia polo Porto do Acevo, de la que compartimos esta conclusión, basándose en el estudio de mapas e itinerarios antiguos (traducimos libremente):
"La milenaria vía pecuaria natural, luego reaprovechada como calzada romana o camino francés, y Camino de Santiago, llega entonces a las cercanos túmulos de Cabreira, de donde puede continuar para Fonfría delante del Pico da Cendadella"

Sigue el Camino, muy llano, por la falda del Monte Chao Grande, con el desmonte de la pista a la derecha, que lo separa de la carretera, y el brezal y bosquetes a la izquierda, en la bajada a la cabecera del valle del Rego do Castro o río Suarna


Una pequeña zanja o canaleta de drenaje de aguas sobrantes de lluvia, hecha de lajas de pizarra colocadas en 'V', cruza la pista


Densa barrera vegetal a la izquierda de tojos y arboledas, pero pronto saldremos a los hermosos prados que circundan la aldea de Fonfría, los cuales ya divisamos en lontananza, que nos ofrecerán un paisaje más amplio y abierto


Resuenan en este y otros pueblos fonsagradinos las melodías de Herminio VillaverdeO Cazote de Fonfría, gran músico popular a los sones del arpa de boca o birimbao , maestro que compartió su sabiduría con grandes artistas como Bieito Romero, del renombrado grupo de folk gallego Luar na Lubre

Herminio Villaverde. Foto en el Museo da Fonsagrada

En su honor compuso el asturiano Xuan Nel Expósito Prado el tema que lleva su nombre, "Herminio da Fonfría", dentro del disco del grupo Boides  titulado: Asturies Camín de Compostela editado allá por aquel Año Santo Compostelano de 1993 y reeditado hace unos pocos años. Su música sigue inspirando y haciendo escuela en todas las generaciones


Esta pieza, con numerosas denominaciones, birimbao, guimbarda, arpa de boca, trompa gallega, si bien presente en numerosísimas culturas del mundo y de gran antigüedad, alcanzó especial repercusión en A Fonsagrada y otros concellos de la zona, asturianos y gallegos, pues era hecha por los numerosos ferreiros que había en toda la comarca y tuvo una gran repercusión en la cultura popular que se sigue divulgando en nuestros días


En Musiqueando con María se nos dice que "es un instrumento musical idiófono (produce el sonido por la vibración de su propio cuerpo). Está compuesto por un marco de metal y una lengüeta o palleta normalmente de mismo material, esta última se sujeta al marco por medio de una cuña". Mariña Regueira escribe de él en el periódico El Progreso del 10-4-2025:
"El arpa de boca, la guimbarda o el birimbao es un instrumento presente en todo el mundo, de Mongolia a Argentina, o de Austria a Costa Rica, con variaciones en su tipología en función del lugar. En Galicia también tiene su eco en las montañas de A Fonsagrada, donde recibe el nombre de trompa, y también de birimbao. 
Este instrumento consiste en una lámina de bambú u otra clase de madera, hierro o acero, que se hace vibrar sujeta por un extremo a un marco del mismo material. Para su ejecución musical se toma con la mano izquierda, se sitúa entre los dientes, de modo que, al tocarse, la boca sirve de caja de resonancia. 
Emilio do Pando, Hermino Villaverde o César Leituego fueron algunos de sus grandes tocadores en el municipio. El primero de ellos fue el más conocido, y llegó a tocar en grupos como Luar na Lubre o Milladoiro. Su colaboración fue decisiva para la dotación de fondos del Museo Comarcal da Fonsagrada, donde en la entrada se encuentra la trompa más grande del mundo, elaborada por los herreros de la zona. 
Y es que la pervivencia de este instrumento en la comarca, su persistencia en A Fonsagrada, se debe también a la gran tradición de herreros de la zona. Así, la persistencia de la trompa en estas montañas es inseparable del trabajo de artesanos como Oliverio Álvarez, que le daba al instrumento el sonido perfecto, o Otilio Álvarez, que fue durante años su único constructor. 
Desde al año 2021 el instrumento se sigue fabricando con la colaboración de Daniel do Pando, y también el músico y cuchillero de Taramundi Carlos Quintana, así como los ferreiros de Santalla de Oscos, Paz Prieto y Friedrich Bramsteidl, que conforman el proyecto Avareira".
Birimbaos. Foto El Progreso

Es también en El Progreso, pero unos cuantos años antes, el 7-9-2010, cuando Julia María Dopico Vale publica El birimbao de Fonsagrada, donde da cuenta de su recorrido por en concello en pos de los músicos de este instrumento y del que extraemos este apartado en el que, además del arpa de boca y referencias a Herminio Villaverde, hace un repaso por parte de la tradición musical fonsagardina y de concellos aledaños, siguiendo el trazado del Camino Primitivo:

"Atravesamos Carballido, Paradavella, Castroverde… antes de llegar al destino en el que nos aguarda nuestra memoria viva, Emilio do Pando, uno de los últimos maestros de birimbao de Galicia. Es el birimbao un particular instrumento, conocido también como arpa de boca o trompa gallega, de los que podríamos clasificar como idiófonos, en el que el sonido se produce colocando el instrumento en contacto con los dientes y pulsando la lengüeta (la palleta) metálica que con su vibración produce el sonido que se modula en la cavidad bucal. Se afina en distintos tonos -do o si bemol- y se le atribuye un origen celta -aunque esto no es riguroso-. Nos dice Emilio que con este instrumento se puede tocar la escala completa y aún tres notas más. Él, Emilio, aprendió a tocar antes que a leer -por osmosis-, vio cómo alguien tocaba, probó y de oído sacó sonido. Tenía siete u ocho años. Su primer birimbao se lo compraron por seis reales -lo que vendría a ser una peseta con cincuenta- y se lo vendió aquel que él vio tocar por primera vez. Recuerda Emilio que por aquel tiempo había otro tañedor de birimbao, conocido como ‘O Cazote de Fonfría’, que también fabricaba los instrumentos «buenos, malos y regulares». Parece ser que era un personaje singular y mientras se ríe nos relata lo que reza su lápida: 
Aquí descansa o Cazote de Fonfría / panza arriba / postura que le agradó / mientras le duró la vida. 
Así pensó nuestro particular luthier que habitó nuestras montañesas tierras en aquellos tiempos. Hoy, pasado un siglo, ‘O do Pando’ recomienda que la fabricación del birimbao sea artesanal, los de las tiendas «no valen». En Santiago hay un constructor que vende por encargo, el ‘Che’. Cada birimbao cuesta entorno a 90 Euros. Es el precio de un instrumento que «no tiene fin», que «tiene para vidas y vidas» ya que además ahora en lugar de fabricarlo con hierro, como antiguamente, se hace en acero inoxidable. 
Los años 70 y los 80 fueron testigos de la revitalización de nuestra tradición musical, mostrando en ello interés la Diputación de Lugo, donde se conserva un birimbao de más de doscientos años de antigüedad, cedido, parece ser, por alguien que no sabía qué función desempeñaba y del que Emilio dice: «suena perfectamente». 
Nuestro protagonista dio cursos en esta institución y también en Ourense, Vigo o Asturias (San Antolín). En A Fonsagrada hay escuela, pero los alumnos no ven fácil aprender los tejemanejes de este peculiar instrumento. 
Una rica herencia 
En estas décadas grupos como Milladoiro o Luar na Lubre libaron de la tradición folclórica de A Fonsagrada, convirtiéndose ‘O do Pando’ en transmisor de la tradición musical propia de este pueblo, lo que heredó su nieto, Daniel Pérez ‘do Pando’, que sigue difundiendo aquello que aprendió de su abuelo. 
Entre otro de los muchos recuerdos de Emilio está otro personaje que recorría las estrechas calles de A Fonsagrada, era Florencio, un ciego violinista, que ‘zanfoñaba’ siguiendo aquella secular tradición medieval de juglares y ministriles, explicando en su cantinela los sucesos que acontecían por el lugar. Su viejo violín se conserva en el Museo de A Fonsagrada y sus romances los recuerda todavía nuestra fuente viva: 
A Rosiña do tangueiro / é unha boa costureira / taba cosendo no cuartiño da palleira. / detrás dela un rapaz que lle decía: / Parece que estás contenta, pois… / que Deus nos de alegría... 
Bartolo tiña unha filla / que se chamaba Leonor / ela estaba cosendo / no cuartiño do corredor. / O corredor era vello / e tiña furados no piso / se de abaixo se miraba / víaselle o paraíso… 
…Tapa as pernas, Leonor, / que se non me engano vexo / polo furado da porta / as orellas do conexo…
 Casi tradición ‘goliardesca’, cantando los placeres de la vida, no exentos de picardía rufianesca que todavía hacen sonreír a cualquiera. 
Pero además en A Fonsagrada, sigue viva una profunda tradición musical de gaiteiros, más jóvenes y más viejos. Emilio es también gaiteiro, toca con Os amigos da gaita da Fonsagrada junto con Manuel da Rapadela (gaita), Paradiñas (bombo) y Horacio do Cabo (tamboril). Paradiñas perteneció ya a otra formación: Os gaiteiriños da Puebla, de los que el pueblo hizo también singulares rimas: 
Os gaiteiriños da puebla / mala centella chos mate / non queren tocar a gaita / sin que lles den chiculate / Os gaiteiriños da Puebla / debaixo da gaita levan / tres palabriñas que dicen / «Árdeche o eixo, carballeira» 
Todos los años, la Asociación de amigos do Camiño Primitivo, hace su fiesta en el Hospital de Santiago de Montoto, fundado por Pedro I ‘El Cruel’, con una romería en la que Emilio suele hacer una demostración de birimbao y en la que además tocan los gaiteiros. 
Tiene A Fonsagrada también su muiñeira, a Muiñeira de A Fonsagrada de Jaime do Cabo, de Pobra de Burón, un hombre del que nos dice Emilio: «No conocía la clave de sol, pero tenía arte». 
Otra canción, ‘A miña burriña’ tiene en A Fonsagrada su origen: 
A miña burriña / cando vai ao muiño / vai toda enfariñada / cheíña de frío. / E mais de xeada / a miña burriña / sempre vai cargada 
Son retazos de los secretos musicales de A Fonsagrada, donde la raigambre popular está tan afincada como sus grandes montañas y que permanece incorruptible al paso del tiempo y las generaciones, que renuevan y hacen suya esta profunda raíz musical expresada de peculiar forma en este pueblo".


Volviendo a El Progreso, es Nieves Neira quien nos deleita con su artículo Herminio de Fonfría e a trompa, en el que, a fecha 10-12-2023, nos informa que en diciembre de 1978 O Cazote de Fonfría participaba en el por entonces celebérrimo programa Raíces de Televisión Española, dedicado a al música popular y disponible en RTVE play, anunciado en prensa de una manera un tanto peculiar, con frases como "Herminio construye y toca un instrumento que él denomina arpa de boca. Música para una aldea de cinco casas", refiriéndose a Fonfría


quien pudo grabar las últimas melodías de este músico la víspera de Reyes de 1991, trece días antes de su fallecimiento. Su música volverá a aparece, junto con la del referido Emilio do Pando, en el disco La voz antigua años después. Nos agrada también compartir, de la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, el estudio Miradas en los senderos de la trompa de la musicóloga Natalia Regueiro que constituye una alegoría de este instrumento tan autóctono como universal:
"Es curioso como en muchas ocasiones de nuestra historia cuando viajamos a través de culturas ajenas a la búsqueda de nuevas inquietudes, sin saberlo nos encontramos de frente con nuestras propias raíces. Parece como si esta circunstancia se convirtiese ya, desafortunadamente, en una condición indispensable para aproximarnos al pleno (re)descubrimiento de las distintas realidades de Galicia. 
Un caso bien sintomático es lo que ocurre, precisamente, con la “trompa gallega” –de la que hoy voy a hablar aquí–, más conocida por el nombre exótico de “birimbao” o por otros términos tan originales como, por ejemplo, “arpa de boca”, “guimbarda”, “trompa de París” o “arpa judía”, entre muchas otras denominaciones posibles. Se da incluso la paradoja de que este instrumento musical importado hace siglos por los europeos a América fue y sigue siendo conocido en nuestra sociedad más por las películas o bailes típicos del continente americano que por la tradición secular que tiene en la cultura gallega, así como en la cultura española o europea. Es bien cierto que nada sabremos de nosotros si no esculcamos en nuestras propias raíces pero tampoco de los demás si solamente buscamos alrededor de nosotros, así que sin afán de aislamiento ni tampoco de globalización, el presente trabajo intenta, con una mirada volcada a la vez hacia adentro y hacia afuera, rescatar esas miradas múltiples que atravesaron los distintos caminos de la trompa en Galicia caminando en la voz y en el son de sus propios protagonistas, sin dejar de establecer, naturalmente, diálogos en torno a la guimbarda más allá de nuestras fronteras. 
A ciencia cierta, poco se sabe del origen concreto que a lo largo de la geografía europea pudo tener un instrumento tan universal como el birimbao mas, por su situación particular, menos se conoce aún la procedencia real de la trompa en Galicia, instrumento que, por lo que se tiene noticia, únicamente se conserva en el municipio de A Fonsagrada, de ahí que este trabajo en torno a la trompa gallega se centre de manera especial en este enclave que, dadas las circunstancias, tomaré como metonimia de Galicia. Por otra parte, si se recurre a la etimología del birimbao, la cuestión tampoco resulta menos compleja. Quizás, a mi modo de ver, las claves que mejor puedan ayudar a entender la procedencia y terminología de la trompa en general y de la gallega en particular sean, justamente, sus propios trazos. Se hace necesario, pues, rastrear bajo esa multiplicidad que, a todos los niveles, caracteriza a la guimbarda, para tratar de desentrañar que es lo que, en cada caso, nuestra trompa tiene de común y de particular, de universal y de autóctono, de mito y de realidad y así hasta un largo etcétera. 
Al margen de que el birimbao tenga, en diferente grado, forma y función, una presencia probada en los cinco continentes, es posible afirmar que fue la “transculturalización” de la que hablaba el eminente antropólogo Fernando Ortiz, el factor que mejor define el singular trayecto de este instrumento, siempre adecuado a las necesidades y formas de vida de la sociedad que lo adoptó. De cierto, tanto en Galicia como en todas las sociedades, etnias o pueblos en los que se dio y se sigue a dar la trompa, se mantuvo el común denominador de tratarse de comunidades dispuestas a acoger este instrumento foráneo siempre y cuando se adaptase a su propia música y filosofía vital. No es de extrañar, pues, que teniendo en cuenta las distintas modalidades, denominaciones, usos y modos de tocar existentes en torno al birimbao, el mismo Wright concluyese que en el caso de la guimbarda “hay tanta variedad de música como de forma en los instrumentos” por la naturaleza idiosincrática que adquiere en cada zona y por la personalidad que le confiere cada intérprete y constructor. 
Tanto es así que, con sólo una mirada a los nombres y a las morfologías que suele adoptar este instrumento según su procedencia, podemos tener una orientación muy clara de cómo se fue aclimatando en el espacio y en el tiempo el birimbao, si bien, como es natural, en aquellas zonas que comparten un origen común exista un cierto aire de familia. En este sentido, no es gratuito el hecho de que a lo largo de Europa, salvando los trazos léxicos de cada idioma, muchos de los términos con los que se nombra a este instrumento tengan un cariz semejante entre las distintas geografías europeas por el origen primeramente asiático y luego francés con el que se asocia la existencia de la trompa en nuestro continente desde el siglo XIV y XV, tal y como delatan algunos textos e iconografías. 
Voces como las ya mencionadas “trompa”, “birimbao”, “arpa de boca”, “guimbarda”, “trompa de París” o “arpa judía”, con sus variantes “trompa de boca”, “trompa gitana”, “trompa gallega”, “trompa judía”, etc., así lo atestiguan, lo que no quita, en cambio, que entre esta rica y curiosa sinonimia existan nombres autóctonos e, incluso, nombres más caprichosos que no dejan de dar un toque original o de humor a este instrumento musical. 
A tales efectos, nomenclaturas como “scacciapensieri” (espanta pensamientos) y “spassapensieri” (distrae pensamientos) en italiano; “rebute” (desperdicio en francés antiguo), “trompe de laquais” (trompa de lacayos) y “trompe de Béarn” en francés; “guitarra” en provenzal; “brummeisen” (zumbido o hierro zumbador), “maultrommel” (tambor de boca), mundharmonika” (acordeón o armónica de boca) en alemán; “ributhe” (deshecho o desperdicio en escocés antiguo); “tromp de Béarn” en los textos ingleses del XVIII); “pío-poyo” en asturiano y “gaita de sapo” o “música de sapo” en gallego de A Fonsagrada, testimonian con claridad el deseo de hacer ver cual era la consideración real de la que gozaba este instrumento en sus culturas, fuera de que algunas de estas ingeniosas voces nos inviten a la imaginación por su innegable carga creativa. 
Por supuesto, no faltan en este ámbito anécdotas o vestigios literarios que traer ahora aquí a la memoria. Desde el juego de palabras gallego que recoge el musicólogo Fernando López-Acuña L.“birimbau”, “bimbirán”, “bimbirimbán”, “bimbirimbau”, “birimbán”, “birimbar”, “birlimbán” o “birlimbau”, de clara motivación onomatopéyica; pasando por los dichos gallegos “tes ganas de tócalo birimbau”, cuando alguien resulta molesto o por el de “o birimbau non che é gaita, é un ferriño que toca” (creado en función del sonido grave y básico que sirve para producir los restantes sonidos y melodías de este instrumento), es fácil comprobar como el imaginario de este tipo de recreaciones gallegas se caracteriza más por su agudeza y vivacidad –propia del carácter popular– que por su amplio repertorio. En este sentido, también mantiene ese espíritu que acabamos de describir la copla “Á porta do fiadeiro, / hay unha pedra i un pau / onde se sentan os mozos / a tocá-lo birimbau”, recogida por el etnógrafo Xoaquín Lorenzo en el Cantigueiro popular da Limia Baixa. 
Pero, incluso la atracción literaria por la trompa va mucho más allá al tener un hueco especial en los poemas “Birimbao” y “Mentras imos andando", del escritor celanovés Celso Emilio Ferreiro, quien abre así una tradición de trompa en lo que conocemos como “literatura culta” gallega, aunque, en este caso, los poemas mencionados mantengan ese trasfondo popular del que parten. Si, por otro lado, acudimos a la literatura en castellano resulta sorprendente como, en pleno auge de los “siglos de oro” de la literatura española, nada menos que el propio Miguel de Cervantes empleaba la voz “trompa de París” en su novela El celoso extremeño y en su obra cumbre El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605-1615); época en la que también el escritor sagaz Baltasar Gracián utilizó “trompa de París” en su novela alegórica El criticón (1651- 1657). Aún hay quien afirma que las primeras noticias de la existencia de la trompa en la Península Ibérica están contenidas ya en unos versos que en el siglo XV Antón de Montero remitió al poeta español, primer “Marqués de Santillana”, Íñigo López de Mendoza (1398-1458), especificándole que: “Y ante el son de las trompetas / tañer trompas de París”. 
Sea como fuese, sí se pueden extraer de aquí algunas conclusiones para entender mejor la implantación real que tuvo la trompa en España y, más concretamente, en esa Fonsagrada (municipio oriental de Lugo) que prácticamente besa a su “prima-hermana” Asturias. Una proximidad que, de hecho, hace que en estos lugares gallegos y asturianos cercanos a la raya no se conozcan fronteras ni tampoco se establezcan, a día de hoy, diferencias esenciales entre la trompa de estos dos núcleos donde ya no se plantea si fue Galicia la que originó la guimbarda en Asturias o si sucedió justo lo contrario, si no que se presume, con razón, de ser uno de los pocos lugares de España donde aún vive esta tradición. En todo caso y volviendo al tema que nos ocupa, por las fuentes que tenemos a nuestra disposición, se deducen los siguientes trazos: el birimbao en España comienza a tener una consistencia palpable a partir del siglo XV (aún cuando no exista con certeza una data concreta de su penetración en la península); por el uso casi exclusivo de la voz “trompa de París” en los primeros tiempos de su establecimiento entre nosotros, en detrimento de otros términos que con el paso de los años fueron cogiendo más auge que el anterior, en nuestro territorio parece más apropiado hablar de un origen francés (y no, como se especuló, de una posible procedencia árabe o africana), lo que, en consecuencia, también ocasiona tomar la voz “trompa” como la más genuina entre las existentes (de ahí que sea ésta la que más se utilice en este artículo). Por último, decir también aquí que tan relevante es entender la esencia del birimbao desde la realidad material en la que se asentó como desde la realidad inmaterial que inspiró o en la que se recreó, porque ambas van cogidas de la mano y ambas posibilitaron que este instrumento musical se adaptase a nuestra idiosincrasia de tal manera que más allá de nuestras fronteras nuestra trompa ya se nombra en la contemporaneidad como “trompa gallega”. 
Una buena muestra de esa brisa mágica a la que acabo de aludir, culpable de que el mundo de la trompa se tiña también de una pátina poética de especial atractivo es, curiosamente, la que tiene que ver con los gallegos Ovidio Fernández y Otilio Álvarez o con el asturiano “Pepe O Ferreiro”. Su encuentro con el birimbao representó tal conmoción y aventura que mismo parece salir de una de las novelas del escritor nantés Jules Verne. Aún hoy “Pepe O Ferreiro” se emociona cuando recuerda como dio con la trompa a través de una película del oeste americano que vio de niño cuando todavía existía cine en Grandas de Salime. Este hallazgo tuvo para él tal magnitud que muchas fueron las noches de insomnio ideando cómo podría tocar y construir semejante instrumento que, incluso, le hacía sangrar los labios cuando practicaba con entusiasmo. Asimismo, algo parecido fue lo que experimentaron Ovidio Fernández y Otilio Álvarez al dar con una vieja trompa toda oxidada y medio descompuesta arando en el campo, descubrimiento por el que decidieron investigar seriamente para hacerse constructores, instrumentistas y vendedores de trompa, llevando incluso su son hasta Buenos Aires, como es el caso de Ovidio Fernández. Quizá también una motivación similar fue la que llevó a un tal “Lobito” a transitar por las calles lucenses de los años 70 con la música de su birimbao, mientras no pintaba ni andaba por las tabernas pero sí, sin saberlo, por las líneas de algún poema bohemio de esos años. 
Se puede pues concluir que el anecdotario y el trasmundo del pueblo tradicional gallego se deslizó por la música y la realidad de nuestra trompa como también fluían a través de ella los bailes, los cantos, los cuentos, los refranes, los dichos, las adivinanzas y todo aquello que sirviese para disfrutar y divertirse conjuntamente al son de la trompa y al calor de la lumbre del lar en las largas noches de invierno. De tener vivido estas reuniones a las que la gente de A Fonsagrada solía llamar “Polavilas” y que, en ocasiones, se extendían más allá de la cocina o servían también para encontrar pareja, bien podrían inspirar a Ánxel Fole nuevas narraciones para su libro de relatos Á lus do candil. Contos á caron do lume. 
Por lo que se lleva dicho hasta ahora, queda probado entonces cómo desde que el birimbao se introdujese en nuestras tierras por vía francesa (seguramente a través de los peregrinos y comerciantes de quincalla que se hospedaban en los hospitales del Camino de Santiago, como el Hospital de Peregrinos de Montouto), su trayectoria por las montañas de A Fonsagrada dejó al descubierto una forma tan personal y auténtica de hacer suyo este instrumento que, en este sentido, hubo quien incluso se apresuró a decir, con acierto, que la comarca de A Fonsagrada ya no puede desligarse de ese “ding dang” que a través de las décadas se convirtió en el “latido del paisaje”, ancorado en pleno corazón de las sierras orientales de Galicia. 
Y bajo este prisma también conviene recordar aquí el hecho de que en Galicia, afortunadamente, el arte de construir, forjar o tocar trompas tiene nombre propio, en la destreza, sensibilidad y oficio de hombres tan significativos como: César Fernández de Leituego; Otilio Álvarez de Vilarmeán; Oliverio Álvarez de Queixoiro; Herminio Villaverde, “O Cazote de Fonfría”; Juan Antonio Villaverde de Fonfría o Emilio Pérez “O Pando” de la propia Fonsagrada y de “Pepe O Ferreiro” (José M. Naveiras Escanlar) del pueblo asturiano de Grandas de Salime. En general, la historia y la vida de estos constructores y/o intérpretes de trompa, mas también de estos músicos innatos y de estos artesanos, labradores, pastores, ganaderos, herreros o canteros que acabamos de citar, semeja casi toda una epopeya, teniendo en cuenta la osadía, la lucha e ilusión constantes que adaptaron para salir adelante en la vida, tener una formación, realizarse como músicos o constructores de instrumentos musicales y afrontar así la postración, la marginalidad, la frustración o la penuria a la que se vieron sometidos sin excepción y en distinto grado, tanto antes y después de nuestra guerra civil como a lo largo del franquismo. Basta una mirada a sus biografías –llenas, por otra parte, de tantas anécdotas –, para darse cuenta del carácter extraordinario de estos hombres que, a pesar de todo, supieron guardar y enriquecer con su arte y con su conocimiento una tradición y un oficio que, en la actualidad, vuelve a resurgir tímidamente en nuevas generaciones después de estar en serio peligro de extinción. 
En este punto es obligatorio hablar del Centro de Artesanía e Deseño de Galicia (Diputación Provincial de Lugo) por representar una entidad pionera en reconocer la relevante contribución que estos artesanos del sonido o, si se quiere, trovadores polifacéticos de los siglos XX y XXI, llevaron a cabo para la mejor comprensión de la trompa gallega y, por extensión, para rescribir la historia de la música tradicional gallega desde la raíz misma de nuestro pueblo y de su buen hacer. A este respecto se pueden mencionar actividades multiculturales e interdisciplinares como: “Música no museo”, “Xornadas ó redor da Trompa” y los “Concertos e mercados de Trompa do San Froilán”. Ya en el plano más didáctico, es necesario señalar también la creación, en el Obradoiro de Instrumentos Musicais del CADG, de una exposición de carácter permanente que muestra una amplia colección de trompas de los cinco continentes haciendo especial hincapié en Galicia, así como la innovadora elaboración de una “carracatrompa” con el fin de explicar en las escuelas la estructura básica en la que se asienta el sonido de la trompa. 
En sintonía con esta conciencia de continuidad y de estudio para que la trompa no permanezca entre nosotros como un residuo sino como algo vivo, tiene particular representatividad también que la historia y el sonido de la trompa gallega siga a darse a conocer por músicos, grupos o especialistas como Rodrigo Romaní, Susana Seivane, Emilio Cao, Luar na Lubre, Milladoiro, Bieito Romero..., que incluyeron el birimbao en sus álbunes o estudios; que en discos internacionales como Naciones celtas o asturianos como Felpeyu se encuentre una muñeira dedicada al singular trompista gallego ya fallecido, Herminio Villaverde; que en colecciones musicales de prestigio como “La tradición musical en España”, Galicia esté representada por una “Muiñeira con Birimbao” (16); que aparezcan nuevos forjadores de trompa como Che (Xosé Vázquez Suárez) de Brión e Iván Alvite de Bretoña; que grupos gallegos que reivindican la música tradicional como “Birimbao” lleven la voz de la trompa en el propio nombre de la formación, aún cuando este término no sea el más antiguo y, sobre todo, que ejemplos como César Fernández, Otilio y Oliverio Álvarez, Juan Antonio Villaverde, Herminio Villaverde, “Pepe O Ferreiro” (José M. Naveiras Escanlar) o Emilio Pérez “O Pando”, que nos enseñaron y siguen enseñándonos a los gallegos y a los de fuera la esencia de la trompa con una accesibilidad, sencillez, ilusión, dinamismo y sabiduría popular digna de elogiar. 
Después de este punto y aparte, únicamente queda cuestionarse sobre cuál puede ser la forma convencional de la trompa en Galicia y, por lo tanto, su modo de definirla. Dadas las múltiples variantes del birimbao que existen por todo el mundo, la respuesta habría que buscarla enlazando parámetros tan dispares como lo artístico, lo funcional, lo material, lo creativo, lo musical o lo sociocultural, porque todos ellos tienen una importancia decisiva para establecer la forma y la función de la trompa gallega que, desde tiempos ancestrales, llegó hasta nosotros con pequeñas variaciones. Desde el punto de vista técnico, en líneas generales se tiene clasificada a la trompa gallega como un “idiófono punteado”, es decir, capaz de producir un sonido por el propio material del instrumento. Su pequeña estructura está formada por un armazón, que en A Fonsagrada se conoce como marco o hierro, dispuesto en: 
“forma ovalada, cuyas puntas, en vez de juntarse para completar el óvalo, se prolongan en paralelo formando un mástil por donde discurre la lengüeta, en su movimiento vibratorio. La lengüeta no está fundida en el armazón, va insertada en él por medio de una pequeña cuña que permite cambiarla cuando se quiera. La lengüeta es la gracia de la trompa (tal vez por esa razón también se llama ‘palleta’), debe estar bien templada para que tenga una consistencia acerada y vibre”, o como dicen por A Fonsagrada que “ballestee”, quizá porque muchas de las lengüetas de por allí se hicieron con unas ballenas de paraguas de las antiguas, de esas “calexadas” o, a veces de la hoja de una guadaña. Sea como fuere el caso es que en A Fonsagrada no faltó tampoco la renovación, pues si al principio las trompas eran todas de hierro, luego se pasó a las trompas de hierro y acero inoxidable y finalmente a las de acero inoxidable. Tampoco los soportes de trompa quedaron ajenos a la renovación, que con el tiempo se convertirían en una caja de madera o de acero inoxidable, combinando así los materiales propios del lugar, los propios del oficio y los propios de los nuevos tiempos. Todo con tal de mejorar este instrumento que tiene en la propia boca del instrumentista la mayor dificultad para tocar porque es ésta la que hace de caja de resonancia y tiene que partir de un son para encontrar a los otros sonidos. En suma, toda una aventura. 
Decía la fotógrafa francesa de origen alemán Gisèle Freund: “habitamos un rostro que no vemos”. Pienso que esta frase bien se podría aplicar a nosotros que, en muchos aspectos, aún seguimos ojeando hacia Galicia con una mirada legañosa que no nos deja ver más allá, ni tampoco leer entre líneas, apreciar y comprender nuestro patrimonio, degustar, en suma, del sabor indefinible de una tradición, de un modo de ser y estar en Galicia pero también en el mundo. Y es que, como bien entendiera Herminio: “Leer, lee cualquiera, el caso es saber lo que dice”. Al fin y al cabo, “somos lo que leemos y escribimos lo que somos”, así que de nosotros depende que la tradición de la trompa gallega y la hazaña de los que hasta ahora mantuvieron viva esta riqueza musical y cultural, coja, sin perder su esencia, el son del futuro en las fuerzas vivas de lo autóctono".

En su blog Pepe El Ferreiro, el fundador y director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, José María Naveiras Escanlar evoca así sus recuerdos vinculados a este singular instrumento, desde que era niño...
"... en una película de vaqueros y pieles rojas aparecía un personaje sentado bajo un frondoso árbol y se oía la música de un instrumento que no se podía identificar. Sólo las notas y la letra llegaban melodiosas al oído. Cuando la imagen de un primer plano mostró aquel sedente actor, pude colegir cómo su mano izquierda, semidoblada, tapaba parcialmente su boca; el índice de la mano derecha pasaba por debajo del pómulo marcando el ritmo, cerca de la comisura y su carrillo, pero no se entreveía aquel instrumento que desgranaba un monótono sonido que, sin embargo, resultaba melódico y grato a mis oídos. Quedé impresionado y al día siguiente, en la fragua de mi padre, conté a los presentes aquella extraña interpretación musical de desconocido ingenio. ¡Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que todos conocían el sonoro artefacto y además mi padre había hecho alguno en su juventud! Aquello, señores míos, fue apoteósico; mi júbilo no tenía límites. La herencia genética había identificado la música, pero además me permitiría hacer el artilugio que la emitía y hasta era posible que aprendiera a interpretar alguna pieza. Fue arduo hacer aquel mágico aparato e inútiles los esfuerzos para ejecutar, con virtuosismo, su singular música. Nunca logré uno que sonara bien y mis labios eran pellizcados, continuamente, por la lengüeta que emite el sonido. 
Este extraño aparato de vibrantes y tranquilizadoras notas se llama trompa. Pero este universal instrumento recibe otros nombres como birimbao, arpa de boca y el sugestivo espanta pensamentos italiano. 
Hay trompas metálicas, de madera, de asta y hueso. Se tocan apoyando el soporte de la lengüeta en los dientes y se hace vibrar ésta impulsándola con el dedo índice. Las notas se modulan con el paladar, que hace de caja de resonancia, según el espacio que la lengua deje libre; pero los buenos interpretes ejecutan con la laringe y, en un ejercicio similar a la ventriloquia, desgranan notas que los aficionados somos incapaces de lograr. 
Años después de mi frustrado encantamiento musical, Melchor Legazpi de Os Teixois, Taramundi, me dijo que la trompa que yo tenía en el Museo no tocaba bien. Para mí el hecho no era nada nuevo; pero nadie podía negar que fuera un descubrimiento de «cine». 
Creo, además, que aunque no esté relacionado con la trompa, lo que les voy a narrar de este personaje merece la pena. En cierta ocasión unos visitantes a Os Teixois vieron las artísticas navajas que fabricaba el polifacético Melchor. Aquellas piezas, difíciles de conseguir por ser de encargo, se convirtieron en un ansiado objeto para aquellos turistas que con insistencia pretendían que les vendiera una. Nuestro artesano navalleiro, que es persona pausada, inteligente y algo socarrón, con parsimonia lió un cigarro de picadura, le prendió fuego y después de rascar ligeramente su cabeza, de blanco pelo, dio la siguiente explicación: 
—Miren ustedes ¡oh!.... Eu teño días que me levanto de bon humor.... y, si me cae ben a xente..., fago úa navalla, pa que vexan el xeito de faela. Despois... hai veces que, si me parece regálola. Pero ¡ai oh!... non é el caso de hoi 
Felicidades a ti, Melchor, por tus 90 años y que «cumplas muitos más». 
En Grandas de Salime, a 20 de julio de 2005".

Efectivamente, Fonfría son un piño de casas concentradas mayormente desde la iglesia hacia la carretera, siguiendo el Camino, si bien hay una un poco antes, al lado de la fuente de preciada agua que dio nombre al pueblo


Un poco más allá, al otro lado de la carretera y fuera del Camino se encuentra el lugar de Ferreirous, topónimo que guarda el testimonio de la antigua saga de ferreiros del lugar, fabricantes de birimbaos, además de otras muchísimas cosas, por supuesto


Poco más al norte está el Carballal das Veigas, promontorio que viene a ser una prolongación septentrional del Monte Chao Grande que se asoma sobre el Río da Ferraría, otra referencia a los ferreiros, oficio que alcanzó gran auge entre los siglos XVIII y XIX y desaparecido en el XX con la industrialización salvo en lugares muy determinados para fabricación de objetos de artesanía o similares


El Camino pasará al otro lado de la iglesia, cuya estructura actual es dieciochesca, centuria en la que comenzaba la decadencia de la Orden de Malta. Sin embargo el hospital de acogida se sabe que estuvo en servicio hasta primeros del siglo XX, fecha extraordinariamente tardía


El que la "Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (SMOM), conocida singularmente como Orden de Malta o Caballeros Hospitalarios, a veces como sanjuanistas, y en origen llamada Orden del Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén", como leemos en Wikipedia, estableciese tan nutrido elenco de fundaciones sanjuanistas en el corto trecho del Camino, o mejor dicho, de los dos caminos, a su paso por la Terra de Burón es algo que no puede obedecer a casualidad y que habría de demostrar la importancia que tuvieron estas rutas


Recapitulando y haciendo cuentas hemos de pensar en este Hospital de Fonfría, en el de leprosos de San Lázaro de A Bastida (ruta buronesa), en el enclave de O Padrón y en el de Paradavella, este ya cerca del concello de Baleira y una vez unidas las dos rutas que se separan en Paradanova, como hemos dicho. Estas fundaciones se administrarían a través de la Encomienda de Portomarín, el establecimiento más importante de la Orden en Galicia, del que nos cuentan así, además de la vinculación de los sanjuanistas con los caminos, en Fundación Jacobea:
"La Orden de San Juan de Malta y las órdenes militares en general, tuvieron un especial protagonismo en el Camino de Santiago, donde la presencia de sus caballeros, entre monjes y guerreros, fue fundamental para la defensa de los peregrinos y del propio itinerario. A lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna la Orden de San Juan, militar y hospitalaria de San Juan de Malta fue la más famosa de todas ellas. 
La Orden de San Juan fue fundada en el siglo XI en Jerusalén, cuando a causa de las Cruzadas los caminos que se dirigían al Santo Sepulcro se habían vuelto muy peligrosos y la presencia de sus caballeros era esencial para proteger a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa, donde llegó a poseer el hospital de peregrinos más famoso de la Edad Media, tal y como recuerda el compostelano Códice Calixtino. 
Herederos de los bienes de los templarios, trágicamente erradicados en el siglo XIV, la Orden de San Juan tuvo el poder y la riqueza necesarios para extenderse a lo largo y ancho de toda Europa. La reconquista y las continuas luchas religiosas favorecieron su presencia en España, donde los caballeros-peregrinos eligieron instalarse, sobre todo, a lo largo de Camino de Santiago, pues no hay que olvidar que el Camino francés constituyó durante siglos una especie de límite del territorio cristiano, por lo que su fortificación y defensa sería tan necesaria como la construcción de hospitales para albergar a los peregrinos. 
La primera referencia a la presencia de los caballeros de San Juan en el Camino de Santiago es de 1126, cuando Atapuerca fue donada a la Orden por Alfonso VII. En los años sucesivos importantes complejos y monasterios le serían cedidos, entre ellos el navarro complejo de Cizur Menor, con una iglesia, un hospital para peregrinos, una mansión fortificada y vastas propiedades agrícolas; en Puente la Reina llegaron a poseer el control para cruzar el río Arga, de gran valor estratégico, que habrían heredado de los templarios; también en Castilla poseyó importantes encomiendas, como la de Burgos y Buradón con propiedades en lugares tan jacobeos como Belorado, Viloria, Grañón u Hornillos del Camino. 
La casa más importante de la Orden en Galicia fue la encomienda de San Juan de Portomarín, de la que todavía se conserva su la iglesia de San Nicolás. La estratégica disposición de esta encomienda junto al río Miño deja clara la tendencia de sus monjes-caballeros a situarse próximos a los pasos de ríos con el fin de protegerlos y asegurarlos. Dicha encomienda fue sostenida por las ricas propiedades y los derechos de paso sobre el río, pero también por la nobleza y la hidalguía local, como el Conde de la Maza o el Marqués de Bóveda. Todos ellos habrían ejercido como mecenas de la institución, favoreciendo con sus mandas testamentarias el mantenimiento de sus hospitales, capillas y altares, que se habrían convertido en sus lugares de enterramiento. 
Por otro lado, la Orden de San Juan creo una importante red de hospitales que se extendería mucho más allá de los lugares donde poseía una casa o encomienda. Entre estos hospitales destacan los famosos de Ostabat y Pie de Port".

En Portomarín, llegó a contar no con una sino hasta "con tres órdenes de caballería, todas ellas implicadas en las labores de atención humanitaria a los peregrinos. En la margen sur estuvieron asentados los caballeros de la Orden de Santiago y la Orden del Temple, mientras, en la norte estaba la Orden de los monjes-caballeros de San Juan de Jerusalén. Su asentamiento fue propiciado por los monarcas de la época, nos dicen en la Xacopedia que, al referirse a Fonfría, dice así:
"El topónimo alude a un manantial de agua fresca que había en este lugar. Quizá por ello se instaló aquí un hospital de la encomienda de San Juan de Portomarín que contaba, según la documentación conservada, con oratorio, aposentos, enfermería y varias camas. Prolongó su existencia desde algún momento del período medieval hasta los inicios del siglo XX, cuando todavía figuraba abierto. La casa del antiguo hospital, que se conserva todavía con esta denominación, es hoy una vivienda particular inmediata a la actual iglesia parroquial, consagrada a la advocación caminera de Santa María Magdalena. Es una sencilla construcción sacra del siglo XVIII con diversas remodelaciones posteriores".

Encomiendas hospitalarias, campamentos romanos, castros galaicos, medorras megalíticas... demuestran que el Camino hubo de tener un flujo importante desde tiempos muy remotos, mucho antes sin duda que la vía Lucus Asturum-Lucus Augusti incluso y, por lo tanto, del Camino de Santiago, algo habitual en la mayoría de los antiguos caminos principales, si bien es verdad que las disposiciones de Alfonso IX en 1222, aunque referidas a los peregrinos y a las que se les hizo el caso justo, la favorecieron extraordinariamente


Otra cosa eran las rutas de arriería, las de los grandes transportistas de la antigüedad, que habrían de desplazarse en todas direcciones, u otras rutas jacobitas como las de la costa o de la meseta, pero el que Alfonso IX estableciese, aparentemente de manera férrea, el paso por tierras tinetenses a grandalesas por un itinerario determinado (había varios), sin duda favorecía a ciertas poblaciones y monasterios, así como a la llegada de nuevas fundaciones y, entre ellas, la de los sanjuanistas a Fonfría, Orden de la que nos siguen contando así en la Xacopedia:
"Su expansión se debió, según algunos estudiosos, a su capacidad operativa para dar servicio y asistencia a los peregrinos que se dirigían a Santiago. En la práctica, recibieron donaciones de la realeza -interesada en potenciar la peregrinación compostelana-, de particulares, además de hacerse en el siglo XIV con el legado de la Orden del Temple tras su desaparición.(...)
Con el paso del tiempo, la encomienda de la Orden de San Juan de Portomarín incrementó su red de posesiones y se convirtió en una de las más extensas y poderosas de la Edad Media gallega. Tenían propiedades principalmente en la provincia de Lugo, pero también en las de Ourense y A Coruña. Además, poseían bienes agrícolas, específicos de los hospitales, como eran sus granjas rurales, sometidas a una explotación intensiva con las que asegurar la subsistencia y estabilidad de la encomienda, y poder financiar su causa cristiana en Oriente".

Por supuesto, existían otros caminos, pero el flujo para los peregrinos se encaminaría principalmente hacia los que tenían una red asistencial conveniente para ellos y, en el caso del ahora llamado Camino Primitivo estamos viendo era especialmente nutrida al paso de estos puertos

No olvidemos que los peregrinos de antaño no iban, como ahora, pensando en un único camino predeterminado con los sugerentes nombres actuales, mapas pormenorizados, guías ni wikiloc ni similares, sino que se lanzaban a la aventura por noticias que les iban llegando de poblaciones, hospitales, refugios, ventas y posadas, etc., pero sobre todo de hospitales en el sentido de refugio de acogida y asistencia a romeiros, muchas veces abiertos también a pobres necesitados y enfermos, es decir, a los que iban per ager, por el campo, sin casa, de ahí el primer significado original de la palabra 'peregrino'

El Camino nos ofrece una vista que podríamos calificar de bucólica de Fonfría con sus casas en la ladera noroccidental del Monte Chao Grande 'llano grande' en su enlace con el Penoucos, diminutivo de penas, penedos 'peñas', acaso referidos a sus formaciones naturales, a las construcciones del antiguo campamento imperial, o a ambos

Pasamos ahora al lado mismo de la carretera AS-701 en la llamada Curva de Fonfría, separados de ella por esta franja verde recorrida por la cuneta que canaliza las aguas de lluvia

Como antes se ha dicho, con las ganancias de sus fundaciones los sanjuanistas habían de mantener sus encomiendas, la estructura general de la Orden y "financiar su causa cristiana en Oriente", es decir, defender sus poderosos pero a la vez siempre amenazados baluartes contra la expansión turca

Por supuesto y en primer lugar habría de mantenerse a los peregrinos en su estancia, aunque fuese con el consabido 'caldo, lumbre y lecho', aunque fuese de paja, al menos una noche a no ser que estuvieran enfermos, por ejemplo. Seguidamente, al hospitalero, administradores y algún religioso que oficiase las correspondientes misas y liturgias en el santuario hospitalario. Por ello, y además de sus motivos piadosos, todos estos establecimientos habían de ser altamente rentables, con sus donaciones, rentas de sus posesiones, limosnas, etc.

Y esto habría de ser general no solamente para los sanjuanistas sino para todas las demás órdenes e instituciones fundadoras, en este caso de hospitales, desde reyes y magnates a la iglesia, la parroquia, el concello o el mismo vecindario, por ejemplo. Cuando esto dejaba de ocurrir comenzaba la decadencia, algo que hubo de comenzar con la Reforma de Lutero, que privó a los caminos de numerosos peregrinos europeos, pero que se hizo especialmente patente en el siglo XVIII, con la crisis general del llamado Antiguo Régimen, que abarcó a las órdenes religiosas, como es el caso de los sanjuanistas u Orden de Malta

Como curiosidad a tener en cuenta hemos de decir que existe otro Hospital de Fonfría en Pedrafita do Cebreiro, en pleno Camino Francés, del que hay noticias entre los siglos XVI a XIX y que ofrecía a los peregrinos "lumbre, sal y agua", así como "cama con dos mantas" para los enfermos, junto con "un cuarto de pan, huevos y manteca". Este no dependía de los sanjuanistas sino de los franciscanos del convento del Sancti Spiritus de Melide (que veremos, pues poco más allá se unen camino Primitivo y Francés), pero su funcionamiento sería más o menos similar al de otras órdenes piadosas

Aquí empezamos a separarnos un poco de la carretera bajando hacia el pueblo o, más primeramente, hacia la fuente caminera que le dio nombre, llamativamente a una distancia de la iglesia, el hospital y el núcleo principal

Este territorio, como tantos otros, hubo de ser, en buena parte de propiedad y/o administración monástica, de ahí que, en 1187, un tal "Pedro, Monje de Fonsagrada" aparezca en un documento de fincas del monasterio de Vilanova o Villanueva de Oscos en Asturias. Hacia 1.200, como hemos dicho, Alfonso IX funda A Proba de Burón como un extenso territorio realengo dependiente directamente de la Corona, el cual abarcaba los actuales concellos de Negueira de Muñiz y de A Fonsagrada, pero eso no implicó la desaparición de los dominios eclesiásticos ni señoriales, que además recuperarían pronto protagonismo. Así se sabe que la poderosa familia Pasarín realizó importantes donaciones al monasterio gallego de Mera en 1281

Y a mediados del siglo XIV todo el territorio entró de lleno en la órbita feudal con los condes de Trastámara, linaje de origen gallego (Tras el Tambre-Trastámara) pero asentada en Castilla que llegaría a gobernar todo su reino largo tiempo. En 1480 Burón pasó a los condes de Altamira, sus aliados, pues el título es otorgado por Enrique IV de Castilla (Trastámara). Hubo de ser en alguno de estos contextos bajomedievales cuando la entonces Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, tras la conquista de Rodas en el siglo XIV también de Rodas y desde 1530 de Malta llega a Fonfría, pues desde los siglos XII y XIII, con el esplendor de las peregrinaciones jacobitas, aparecen sus primeras fundaciones a lo largo de los caminos a Santiago

En el siglo XII en concreto, los sanjuanistas ya aparecen en Portomarín con las donaciones de Alfonso VII y de su hijo Fernando II (este en 1158). Dada la dependencia de estos enclaves fonsagradinos de dicha Encomienda de Portomarín es de suponer que se fundasen posteriormente, sin conocerse una fecha concreta. Leemos al respecto de la presencia sanjuanista en A Fonsagrada en la Xacopedia lo siguiente:

"Es destacable por su relevancia para la asistencia al peregrino la notable presencia que tuvo la Orden de San Juan de Jerusalén en la Diócesis de Lugo y, en concreto, en la comarca de A Fonsagrada. No se acierta a establecer la fecha en la que se expandió por estas tierras, pero se cree que se mantuvieron hasta mediados del siglo XIX. En concreto, en A Fonsagrada consta que estaban presentes en parroquias como O Padrón (San Xoán), A Bastida (San Miguel), Paradavella (San Xoán), A Allonca (Santa María) y Fonfría (Santa María Madanela)"


El Hospital de Fonfría ya estaría pues funcionando cuando el primer conde de Altamira, Lope Sánchez de Ulloa y Moscoso, se hace con las extensas posesiones buronesas en una centuria especialmente marcadas por el feudalismo en aquella centuria y la revuelta irmandiña, como explican en Fonsaweb. Historia da Fonsagrada:
"Durante la Edad Media, a diferencia de otras zonas de Galicia donde predominaban las instituciones eclesiásticas, los hidalgos rurales (nobles de menor rango) eran los principales perceptores de rentas en estas tierras.

Este siglo estuvo marcado por las revueltas irmandiñas, en las que la población local se alzó contra los impuestos abusivos; sin embargo, en la práctica cambió poco la situación... Durante los días de las revueltas irmandiñas, los habitantes de Navia y Burón fueron liderados por Don Pedro Osorio, hijo del antiguo conde de Trastámara y hermano del marqués de Astorga.

En 1458, Inés de Guzmán, señora del concejo, vendió los derechos administrativos y fiscales al conde de Lemos, Don Pedro Osorio, por 500.000 maravedíes. Pedro Álvarez Osorio, guarda mayor del rey, luchó contra la revuelta de las Hermandades —conocidas como los *irmandiños*— a finales del siglo XV. Fue una figura destacada en las cortes de Juan II (1405-1454) y Enrique IV (1454-1474) de Castilla y León. Cultivó la poesía y recibió los títulos de conde de Trastámara (4 de febrero de 1445) y conde de Lemos (26 de junio de 1456); este último conllevaba la dignidad de Grande de España.

Hacia 1480: Este señorío pasó de la Casa de Lemos a la de la condesa de Altamira, doña Urraca Moscoso. La Casa de Altamira era una de las más importantes de Galicia en aquella época; administraba el municipio a través de un juez o *merino* (magistrado) nombrado por ella misma, gobernando las tierras de Burón hasta principios del siglo XIX. Entre las excepciones figuraban los cotos (jurisdicciones privadas) de O Padrón —regido por la encomienda de Portomarín—, Carballido (vinculado al monasterio de Villanueva de Oscos) y los cotos de Lamas de Moreira y Bustarvelle, que pertenecían a familias particulares.

Hacia... 1480–1485: Los habitantes de Burón entablaron un pleito contra doña Urraca, alegando que esta imponía tributos excesivos. En 1490, la Real Chancillería de Valladolid dictó una sentencia que les obligaba a pagar 12.000 maravedíes anuales, prestar un día de servicio al año en la fortaleza de Pobra de Burón, acudir a la llamada a las armas cuando fueran convocados y realizar diversas entregas de ganado. Este fallo fue confirmado por los Reyes Católicos mediante una provisión ejecutoria que obligaba al municipio a efectuar el pago.

Con este litigio, doña Urraca pretendía resarcirse de las pérdidas sufridas durante la rebelión irmandiña, en la que habían participado unos 10.000 hombres de Burón y Navia —encabezados por Pedro Osorio—, destruyendo la fortaleza que posteriormente hubo de ser reconstruida.

1490: Además de la sentencia mencionada, este periodo marcó el asentamiento de las familias Montenegro y Páramo en la región".

Una barandilla de madera separa el Camino en esta vuelta de la caída hacia la bajada que viene a continuación para llegar a la primera casa de Fonfría, la situada más próxima a la fuente


Salimos así al camino vecinal asfaltado que comunica Fonfría y la carretera LU-701 con la aldea de O Castro


Y al llegar abajo iremos hacia la derecha, en dirección a la iglesia de Santa María Magdalena o da Maladena de Fonfría


Aunque el rumbo parece obvio, cuando hay cruces y desvíos ninguna señalización está de más, como la de este mojón


Fijémonos en los dos mojones siguientes: realmente podríamos ir ya atajando prado abajo hacia la casa, donde está uno de ellos, pero vamos a ir hacia el siguiente, un poco más adelante en este mismo camino


Y es que así podremos acercarnos, aquí a la derecha a A Fonte, la antigua fuente que dio nombre a Fonfría, cuyo entorno ha sido recuperado


Este es el aspecto de la fuente en la actualidad, muy posiblemente muy diferente al de los tiempos del Hospital de la Orden de Malta, pues al lado está la explanada de lo que parece haber sido un lavadero, construcciones que no suelen ser anteriores a la primera década del siglo XX


La fuente propiamente dicha presenta estructura triangular cubierta a dos aguas por dos losetas de pizarra. El agua mana por un caño de hierro, del que se ve la herrumbre y sigue luego por un canalillo a pasar bajo el Caminoi


Se ven señales de un camino de losas de pizarra cubierto por la hierba. Se sabe que los peregrinos paraban a beber aquí desde tiempo inmemorial. Seguramente se refrescaban y acicalaban un poco antes de solicitar acogida en el cercano hospital sanjuanista


Aquí vemos todo el conjunto al sol del mediodía, con el canal y el camino a la fuente libre de hierbas


Caminamos así hasta el siguiente mojón, pero no sigamos más allá o saldríamos a la carretera


Fijémonos que nos indica tomar este sendero a la izquierda y bajar hasta el siguiente, el que está al lado de esta primera casa, abajo a la izquierda


Por aquí iremos directamente a la iglesia, cuya cabecera vemos al fondo a la derecha, y al núcleo principal del pueblo, rumbo al Monte de Penoucos, por donde seguiremos en ruta a Barbeitos


En su estudio dedicado a O Camiño Primitivo de Santiago, publicado en la separata de la revista Lvcensia nº6 de la Biblioteca del Seminario Diocesano de Lugo, el historiador Ricardo Polín dice así (traducimos libremente):
"Esta vía jubilea contó desde la época más primitiva con una gran protección regia bajo distintos monarcas: Alfonso III, Alfonso VI.Alfonso VII (quien peregrina por la misma), Alfonso IX de León -tal vez el rey que más hizo por esta ruta, ya que en el año122, hospedándose en el monasterio de Obona, cuando peregrinaba a Compostel, concede un privilegio haciendo obligatorio el paso de los peregrinos por la villa de Tineo, prohibiendo expresamente que se desviase la vía francígena o Camino Francisco"

Camino Francisco, vía francígena, Camino Francés y similares denominaciones se aplicaban por lo general a todos los caminos procedentes de allende los Pirineos, de Francia, paso de peregrinos y demás viajeros 'francos', nombre que se aplicaba no solamente a los actuales franceses sino a centroeuropeos en general


Quiere la leyenda que los caminos franciscos sean por los que San Francisco de Asís peregrinó a Compostela en la peregrinación, no demostrada pero que se le atribuye, que realizaría en 1214, por la que iría fundando conventos a su paso, a lo largo de varios caminos a la vez, si hacemos caso a las tradiciones


Toda leyenda sin embargo tiene un trasfondo real, pues por todos estos diferentes caminos, sino el mismo San Francisco sí su discípulos, sí irían realizando dichas fundaciones, gustando de asentarse en las poblaciones principales



En el Camino Primitivo hemos conocido las fundaciones ovetense y tinetense y vamos a conocer las lucense y compostelana. Otras órdenes como los sanjuanistas también gustaban de establecerse en pleno campo, como aquí en Fonfría


La iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Fonfría es el primer santuario que se encuentran los peregrinos del Camino Primitivo en Galicia, unos cinco kilómetros después de pasada la frontera en A Serra do Acevo. A su derecha vemos el Camino subiendo entre las casas

 
Camino ancho y llano, de hierba y tierra y, por lo tanto, bien mullido por contraste con el abundante hormigón y asfalto de otros tramos. Un pequeño seto lo separa de la finca de la derecha y un murete del prado a la izquierda


Como vimos en Asturias, la mayor parte de las tierras de labor están dedicadas a prados de pasto y siega, o 'pasto y guadaña' como solía decirse, aunque siempre hay alguna huerta, como aquí a nuestra derecha. Secularmente y dada la orografía del terreno la zona siempre fue más dada a la ganadería que a la agricultura, pero algunos huertos siempre aparecen aquí y allá, como veremos ahora a nuestra derecha


Prados y pastizales imperan en el paisaje, junto con bosquetes y plantaciones de pinos, así como penedos en las alturas como las del Monte de Picois y el Pico da Cendadella. Antaño algunos cultivos, como los de cereales para hacer el pan en casa, eran imprescindibles, aunque hoy día prácticamente han desaparecido


Avanzada la posguerra, la política forestal del Estado se aplicó en la repoblación forestal con especies de crecimiento rápido en terrenos de antiguos pastizales sobre todo, cara a su empleo en la industria maderera y celulosas, pero no consiguió frenar el éxodo rural y el abandono del campo sino que incluso lo aceleró. Con las correspondiente disposiciones, muchos pastos comunales pasaron a los ayuntamientos y, de estos, al Estado, favoreciendo este drástico cambio de usos


El famoso Diccionario de Madoz, de mediados del siglo XIX, nos dice en el aparado de producción que en Fonfría se cultivan centeno, patatas, avena, maíz, castañas y nabos, criándose ganado vacuno, lanar, cabrío y de cerda, un panorama que estará vigente aproximadamente un siglo más, cuando la inmensa mayoría del terreno cultivable lo sea para forrajes, hierba para el ganado vacuno, al especializarse el agro gallego, como el asturiano y otros del norte, a la producción láctea y de carne para los crecientes mercados urbanos

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Vista atrás del Camino por el que hemos venido desde Cabreira por la ladera occidental del Monte Chao Grande y al lado de la carretera hasta la fuente y la primera casa, enlazando con el de O Castro


Y vista adelante del núcleo principal de Fonfría, la mayor parte de cuyas casas se extienden a lo largo del Camino y a partir de la iglesia, hasta la carretera


Iglesia de nave única, cabecera cuadrada con sacristía adosada, que tuvo entrada propia, actualmente cegada y, cosa llamativa, una espadaña del campanario hecha de hierro, muy posiblemente labor de algún ferreiro local. El cementerio está en el lado sur, aunque lo habitual era al norte, tal vez porque afectaba al Camino. Llama la atención la advocación a Santa María Magdalena, A Maladena de Fonfría, pues la Orden de Malta o sanjuanista solía preferir la advocación de San Juan, a quien estaba encomendada desde su origen


La Magdalena era la hermana de Lázaro y, dentro de la cierta confusión entre los lázaros de los evangelios, se considera a este, resucitado por Jesús, patrón de los leprosos o malatos, mientras que Santa María Magdalena sería la patrona. Por eso a San Lázaro está dedicado el Hospital de A Bastida, malatería de ese enclave sanjuanista a la salida de A Proba de Burón, y era esta la advocación de su capilla. Sin embargo la antigua parroquial sanjuanista, arruinada y subida al pueblo de Xestoso, lo está a San Miguel


Pasamos junto a las huertas y la caseta de aperos por este Camino que aquí vemos a mediados de la primavera, recién segado y desbrozado


Los historiadores Eleutino Álvarez Álvarez e Isidro García Tato, investigadores de la presencia sanjuanista en Galicia, dicen en la presentación del tercer volumen dedicado a este tema, según publica El Faro de Vigo del 4-12-2012:
"De la etapa medieval apenas existe documentación. Hay una teoría disparatada que dice que la propia Orden la destruyó porque pertenecían a la Orden del Santo Sepulcro, para borrar el estigma de los templarios. Nosotros creemos que la razón real es una deficiente gestión, muy distinta a la administración eclesiástica, que era mucho más eficaz".

Dado que la Orden resultó beneficiada al recibir buena parte de las posesiones templarias con la disolución de su orden, existe una vinculación entre ambas que ha servido de pábulo a no pocas leyendas infundadas, como vimos en la encomienda asturiana de San Xuan de Villapañada. Leemos de aquellos tiempos en la Xacopedia:
"Con la desaparición de los templarios en 1312, en muchos países europeos sus posesiones pasaron a formar parte del patrimonio de la Orden de San Juan. 
Es en estos tiempos, tras la caída de Jerusalén y de San Juan de Acre (1291), cuando la organización establece su sede en la isla de Chipre. Después compran la isla de Rodas, en la que erigen su base desde 1310 hasta 1522, cuando la orden debe capitular ante las tropas de Solimán el Magnífico. Seguidamente, llegarán a Malta (1530), donada a los sanjuanistas por el emperador Carlos I. En 1565 tuvieron que hacer frente a las incursiones de los turcos y en 1571 sus navíos participarían en la batalla de Lepanto".

Pero no serían los turcos los que privarían a la Orden de la isla a la que deben su último nombre, sino Napoleón, que la ocupa el 12 de junio de 1798 camino de Egipto, quedando su guarnición posteriormente aislada, lo que favoreció su rendición a los ingleses dos años después. Pese a que el Tratado de Amiens de 1802 obligada a restituir Malta a la Orden los británicos nunca lo harán y pasará a ser parte oficial de su imperio en 1814. No se independizaría oficialmente hasta 1964 aunque de manera efectiva las tropas inglesas no evacuarían la isla hasta 1979. Todos estos episodios apuraron la crisis de la Orden de Malta y su reorganización posterior:
"La ocupación francesa derivó en la entrada en escena del zar Pablo I, quien se hizo proclamar gran maestre del gran priorato de Rusia en 1797, amparado en su estatus de protector de la orden. Su sucesor, Alejandro I, mantuvo el título de protector, pero dispuso que el papa Pío VII eligiese uno de los candidatos a gran maestre. El pontífice escogió a Tomassi, quien tomaría posesión del cargo en 1803. 
En 1834 trasladaría su sede a Roma, donde se sitúa aún a día de hoy, muy próxima a la emblemática plaza de España. Poco tiempo después, en 1845, el papa Gregorio XVI emite su aprobación a la reorganización de la orden. 
La voluntad hospitalaria con la que nació la orden volvió a revelarse durante las dos guerras mundiales, donde realizó una continuada labor asistencial. Cuenta con dos sedes, ambas situadas en la capital italiana: una en el Palacio Magistral de la Vía Condotti y otra en la villa del Aventino. En los dos enclaves goza de estatus de extraterritorialidad gracias a un acuerdo suscrito con la República de Italia en 1960. El Gran Maestre de la Orden es considerado príncipe soberano y superior religioso, con potestad para impulsar ciertas leyes, administrar los bienes de la orden e incluso suscribir acuerdos internacionales. La elección de la cabeza de la organización corre a cargo de los caballeros profesos con votos perpetuos. 
La orden mantiene relaciones diplomáticas bilaterales con 104 países y posee el estatuto de Observador Permanente ante organizaciones como Naciones Unidas, el Consejo de Europa, la OMS, la FAO y la Cruz Roja. Expide sus propios pasaportes, emite sellos y acuña monedas. 
A día de hoy siguen rigiéndose bajo el antiguo lema Tutio Fidei et Obsequium Pauperum [Defensa de la fe y ayuda a los pobres]. En este aspecto, intentan mantener en la actualidad esa ancestral relación con el Camino de Santiago, colaborando con la asistencia al peregrino sobre todo en los años santos y significativamente en la catedral de Santiago, donde los coloristas uniformes de la orden parecen negar el paso del tiempo".

Pasamos al campo de la iglesia, cuya estructura dieciochesca sustituiría a la antigua capilla sanjuanista. El hospital, al fondo, enfrente, se dice que estuvo en servicio hasta principios del siglo XX, pero hacía mucho que la Orden de Malta se había ido de Fonfría, pues por real decreto del 8 de marzo de 1836, la Desamortización de Mendizabal nacionalizó y expropió el conjunto de sus propiedades y bienes seculares en la Encomienda de Portomarín. Leemos ahora en Wikipedia:
"En 1845, la Orden podía considerarse prácticamente disuelta, ya que en cada país existía y se organizaba de distinta manera. Hoy día se considera como su sucesora la Soberana Orden de Malta, establecida en Roma, y su nombre completo es Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta".

Llama la atención la poderosa cabecera de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas que acoge el altar mayor, fijémonos en el contrafuerte entre la cabecera y la nave del templo


Y por supuesto en la singular espadaña hecha de barras metálicas que parece sustituir a una más vieja de piedra, desaparecida. En la web Badaladas hay un interesante reportaje sobre sus campanas. Por ellas sabemos que fueron hechas, una en 1889 y otra en 1893, por Antonio Blanco Palacios, de la reputada saga de maestros fundidores de campanas de Mondoñedo, de origen cántabro. La de 1889 es la más grande, con 50 cm de altura y 52 cm de diámetro y en ella una inscripción dice
JESUS MA Y JOSE A ÑO DE 1889
SANTA BARBARA
ME HIZO ANTº BLANCO P.LOS
EL MINDONIENSE
La otra es de 38 cm de altura, 42 cm de diámetro y, salvo por la fecha, la inscripción repite la misma frase


En el campo de la iglesia hay una bifurcación: a la izquierda es el acceso al templo y camposanto, a la derecha sigue el Camino, pasando enfrente de dos casas: la de la izquierda era el hospital de peregrinos

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Como ellas, la iglesia es de piedra de mampostería. Salvo casos puntuales en ella no se ofician misas y los feligreses suelen ir a la de Santa María da Fonsagrada, en la capital del concejo. Por esta razón siempre la hemos encontrado cerrada y tampoco hemos localizado fotos del interior. En el cementerio está la tumba de Herminio Villaverde, con su epitafio antes referido, que podéis ver también en la web Badaladas, donde se dice que fue, además de músico, un gran campaneiro y recopilador de refranes, recogiendo unos 400 en la zona


El Hospital de Fonfría pasó a ser vivienda y tuvo para ello las correspondientes reformas, pero al menos su edificio se conserva. Dada su singularidad, no estaría de más, a nuestro entender, colocar alguna señal indicativa y texto explicativo de la importancia que tuvo este hospital sanjuanista, con su santuario, en la historia del Camino. Volvemos a consultar en la Xacopedia sobre estas fundaciones:
"La doble función de los hospitales de peregrinos, durante la Edad Media, consistente en alojamiento y atención sanitaria, se reconvirtió en los albergues actuales, que contribuyen al desarrollo local por la atracción de personas que realizan en Camino de Santiago. Eran atendidos por los denominados hospitaleros, personas dedicadas a los peregrinos que, en algún caso, fueron santificadas, como Santo Domingo de la Calzada o San Juan de Ortega. 
Históricamente, el paso de peregrinos que se dirigían a Compostela desde todos los países europeos precisaba de instalaciones específicas tales como hospitales, hospicios, albergues y posadas, que pudieran atenderlos en su camino. Además de los hospitales propiamente dichos, también recibieron, de forma más o menos continuada, ayuda asistencial en monasterios, conventos, iglesias, castillos y catedrales. Esta red generó un cuantioso y valiosísimo patrimonio histórico y artístico que, por desgracia, sólo en parte ha llegado hasta nosotros. 
En sus inicios, estos centros fueron fundados y dotados por reyes, nobles, obispos, órdenes religiosas y militares, incluso existieron algunos impulsados por cofradías de gremios de artesanos, con el nacimiento de la burguesía. 
En el Códice Calixtino (s. XII) se nombran “los tres hospitales del mundo”. Explica que el Señor instituyó en este mundo tres columnas necesarias para el sostenimiento de los pobres: el hospital de Jerusalén, el de Mont-Joux (Gran San Bernardo, en los Alpes) y el de Santa Cristina (en Somport, Camino Francés). Estos tres hospitales, prosigue, “están colocados en sitios necesarios; son los lugares santos, casas de Dios, reparación de santos peregrinos, descanso de los necesitados, consuelo de los enfermos, salvación de los muertos y auxilio de los vivos”.
 Se sostiene con frecuencia que el primero de los hospitales de peregrinos en España fue creado en el año 883 por Alfonso III en Villarmilde (Asturias). Este monarca impulsó una red asistencial. Díaz y Díaz señala en todo caso que es en el siglo XI cuando se empieza a organizar y a desarrollar la estructura de hospitales y albergues de atención al peregrino, con acogida caritativa, en el Camino de Santiago".

Como hemos dicho al pasar por allí, dicho hospital de peregrinos de Villarmilde se identifica con el que hubo en el pueblo tinetense de Borres o Bourres, en este mismo Camino Primitivo, dato muy a tener en cuenta también para la historia de esta ruta jacobita y su red hospitalaria, la cual tendría su continuidad siglos después con la gran 'eclosión jacobea' de los siglos XII y XIII, además de, por supuesto, posteriormente, pese a los altibajos del flujo de romeiros en siglos posteriores;
"La fundación de los hospitales de peregrinos podía ser por motivos religiosos, como el cumplimiento de un mandato espiritual, el interés de asegurarse la salvación cuando el promotor partiera al otro mundo, o el intento de garantizarse la concesión de alguna petición pagada bajo promesa. También abundaban las razones políticas, estratégicas y filantrópicas.
Los hospitales estaban destinados a ofrecer acogida y ayuda en todas sus formas al peregrino, para poner en práctica obras de misericordia afines al peregrinaje como “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y dar posada al peregrino”. 
De Molina explica que “el hospital acostumbraba a cumplir tres funciones: asistir a los enfermos, asilar a los mendigos y dar alojamiento a los viajeros, en especial a peregrinos. Por eso los hospitales proliferaron en las rutas de peregrinación”. Los servicios más valorados y comentados en los diarios de peregrinación que surgen en el siglo XV eran los que daban cobijo por varios días y el sustento, que constaba de desayuno, comida y cena. 
En las numerosas escrituras de hospitales se dan instrucciones sobre el uso y dedicación de estos centros y ya en las más antiguas se indica que su función era servir de uso a los pobres y sustento a los peregrinos, según constató Alfonso VI, al referirse a la alberguería de Burgos en el año 1085. 
Reyes, obispos y señores feudales se aseguraban de dotarlos tanto de equipos como de medios suficientes; ya en propiedad, como tierras de cereales, huertos, granjas y animales, o bien en usufructo, mediante derechos y concesiones especiales, como diezmos. Así, se sabe que existía una considerable diferencia de unos sitios a otros, y de unos períodos a otros, pero todos tenían el mismo denominador común de dar a los peregrinos una comida lo más abundante y variada posible, según el régimen de la zona".

No obstante, por los documentos conservados, algunos de los cuales ya hemos expuesto en estas y otras entradas, muchos hospitales de peregrinos no tenían más que ofrecer que los consabidos 'lecho, lumbre, sopa' y a veces algo más, agua, vino, sal, etc., sobre todo en los periodos de su decadencia, que es en muchos casos de los que más documentación se conserva. Todo dependía, efectivamente, de la época, el lugar, los administradores...


La pequeña cuesta desde el campo de la iglesia acaba en Casa Teijeiro, hermosa vivienda de piedra de mampostería con cubierta de pizarra, cuyas louxas se hacen encajar unas en otras en la cumbrera


Es la misma estructura para la cubierta que vimos en el antiguo hospital, que ahora tenemos a nuestra izquierda, robusto edificio con un portalón de acceso sostenido por una pilastra. Fijémonos en la escalera de cuatro peldaños de accesos a la parte de la vivienda 


Ahora parece ser todo el edificio cuadra y gallinero

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Este otro edificio auxiliar al otro lado del Camino presenta en la cubierta el sistema de sujeción de las louxas a base de piedras colocadas encima, de la misma manera que en otras zonas se ponen sobre las tejas

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Gallinas y gallo picotean por el Camino y sus veredas, ofreciéndonos una entrañable estampa rural


Al pasar delante de Casa Teijeiro nos llaman la atención sus vistosas plantas y alguna cosa más


Un expositor con navajas y cuchillos...


Y piezas de artesanía en hierro y madera


Nos acercamos al expositor...


Y aquí nos enseñan muchas más, son las Navajas made in A Fonsagrada del artesano Avelino Fernández, del cercano pueblo de Penamaría, a quien Vanesa Bran le dedica el reportaje titulado con dicha frase en El Progreso del 21-9-2019:
"Cuchillería suiza, de Albacete, de Taramundi... ¿Y por qué no? De A Fonsagrada. Concretamente en la aldea de Penamaría el ganadero Avelino Fernández ayuda a mantener vivo este arte ancestral, un oficio que compatibiliza con el cuidado de su explotación con 30 cabezas de ganado. Este fonsagradino de 52 años se crió entre filos, mangos y acero, y siendo solo un niño aprendió a montar navajas de la mano de su abuelo Antonio. 
"Meu avó aprendeu o oficio de seu pai, que era do veciño pobo asturiano de Santa Eulalia de Oscos. Alí usaban para fabricar as pezas a técnica de Taramundi, pero eles déronlle o seu propio toque", explica el hombre, quien recuerda las largas horas que pasaba junto a su abuelo en el taller. "A min entantábame ver como dun anaco de aceiro e madeira saían pezas tan fermosas, e pouco a pouco fun aprendendo tamén eu a facelas". 
De este modo, un oficio tan meticuloso y paciente se convirtió en un hobby para Avelino Fernández, que tras la muerte de su abuelo se propuso mantenerlo vivo. "Navallas fíxenas toda a vida, pero nunca me dediquei profesionalmente a isto. Cando era mozo estiven varios anos en Madrid por motivos de traballo e hai 30 anos decidín montar o meu propio taller na miña casa de Penamaría", explica. 
En la actualidad, en su pequeño rincón, Fernández da vida a sus pequeñas joyas, un proceso tan delicado como laborioso. El primer paso es fabricar el mango, que siguiendo con la técnica de sus antepasados diseña con materiales tradicionales como madera o cuernos de vaca, pero también ha decidido innovar usando astas de corzo o balas para sus creaciones. "Hai anos este paso era moito máis laborioso pois faciamos todo a man. A pezas tallábanse coa lima e era moi complexo", precisa el artesano, que hoy en día utiliza un torno eléctrico. A continuación, la hoja de la navaja de acero inoxidable se doma al fuego con el calor del carbón como hace siglos. Y por último, se afilan a mano una a una y se graban con el sello familiar: una A mayúscula. "Esta era a marca de meu avó e segue sendo a miña", señala. 
Cada creación de Avelino es única y los mangos son totalmente personalizados. "Póñolles o nome, as iniciais ou o que me soliciten", explica el hombre, quien en la actualidad tiene puntos de venta en A Fonsagrada y Santa Eulalia de Oscos, pero sobre todo trabaja por encargo en el número 666.28.47.00. "Chámame moita xente de toda a contorna, pero tamén galegos emigrados no País Vasco ou Cataluña que queren levar un recordo de aquí", comenta este artesano. 
Para este fonsagradino su taller es un rincón para evadirse y echar a volar su imaginación. Sus últimas creaciones son unas pequeñas navajas cuya hoja mide apenas dos centímetros y están diseñadas con todo lujo de detalles. "Estou sempre innovando, é unha maneira de distraerme e coñecer xente pois a gandeiría é un traballo moi duro e nas aldeas cada vez hai menos veciños", dice. En la actualidad diseña una media de una docena de navajas diarias y cada vez tiene más demanda. "Cando teño un momento libre na granxa veño ao taller, non fago máis porque non dou feito", explica Fernández, uno de los pocos artesanos cuchilleros que mantiene vivo este oficio en la montaña lucense".

En Terras de Burón dicen de Avelino Fernández que es "Un artista artesano que sigue conservando las artes de la forja en el buen hacer de navajas y cuchillos. Boj, tejo, ébano... son los materiales más utilizados por este virtuoso creador para la manufactura de esta herramienta indispensable en la montaña". Y en La Voz de Galicia del 8-3-2020 es es periodista Xosé María Palacios quien publica De fabricar hoces para los trabajos del campo a diseñar navajas de autor:
"O traballo do campo foi cambiando, e o do ferreiro, tamén». Palabra de ferreiro que es hijo y nieto de personas que conocieron y practicaron el oficio de dar forma al hierro para satisfacer necesidades de la vida agropecuaria. Avelino Fernández, residente en la parroquia fonsagradina de A Trapa, domina a fondo los saberes de los ferreiros e incluso elabora el carbón que utiliza en la forja, pero ha ido cambiando los utensilios que fabrica. 
Son ya pasado los tiempos en los que un ferreiro de A Fonsagrada fabricaba hoces o hachas. Ahora, según explica Avelino Fernández, lo habitual es sacar del taller cuchillos y sobre todo navajas, cuyo mercado es variado. Tienen salida en Castilla y León y en Asturias, pero también las aprecian coleccionistas de toda España e incluso peregrinos del Camino Primitivo, que entra en Galicia por A Fonsagrada. 
Aprendió gran parte del oficio con su abuelo, que, como él, también compaginaba esa labor con el cuidado del ganado. Su padre siguió una línea similar, aunque con menos cultivo del oficio de ferreiro. No niega que hay, pese a los avances de décadas pasadas, una parte de dureza —«Darlle forma á folla en quente dá traballo», dice—, aunque también comenta que hay una pequeña esperanza de continuidad: un sobrino suyo se acerca de vez en cuando para verlo trabajar. 
El hierro que usa procede de Vizcaya; el acero, de Andalucía. La madera de los mangos es variada: usa la de brezo o la de boj, pero también otras, como la de ébano. El carbón que emplea es vegetal, elaborado con madera de brezo: por un lado, no hay problema en conseguir materia prima, puesto que abunda en la zona; por otro, el carbón obtenido cada vez que se pone manos a la obra le permite sacar una producción de unos 600 kilos, suficiente para más de un año con el ritmo de trabajo actual. 
Pero ser ganadero además de ferreiro no es una frustración para Avelino Fernández, contento de su trabajo en la forja: «Gústame moito, porque ademais non o fago por obrigación», confiesa. Por otro lado, sus piezas son conocidas y apreciadas, algo que comenta con lógica y abierta satisfacción: «Moitos coleccionistas de España teñen navallas miñas. Alí onde vou sempre teño un coñecido», explica. Ese prestigio parece compensar la dedicación a un trabajo que, dice, «era duro e é duro aínda» pero que le permite ser valorado por fabricar navajas de autor. 
Algunos pasaron por la forja pensando en aprender, pero pronto abandonaron. «A xente pensa que vai facer millóns, e non é así. É un complemento nada máis», explica Fernández, que además da una clave para el oficio: «Hai que ter unha pouca de maña», dice. 
Taramundi, un mundo cercano y conocido 
La actual presencia de ferreiros en el oriente gallego y en el occidente asturiano es la continuación de una tradición de siglos. En municipios como Taramundi, limítrofe con Galicia, el oficio no solo se conserva sino que hasta se ha promocionado como emblema turístico. Avelino Fernández conoce ese modelo, del que habla sin envidia. «Taramundi é máis coñecido», admite, aunque sin mostrar pesar por dedicarse también a la ganadería de carne".  

Y aquí vemos en la hoja la 'A' con la que Avelino Fernández firma sus obras...


En el costado de la casa más flores y más espacio para la artesanía. Es el taller Luz y forja de otro artesano, Pablo López López, de quien también publica La Voz de Galicia, con la firma de María Guntín, este completo artículo el 29-7-2023:
"Pablo López López (Oviedo, 1981) es un artesano atípico. No se dedica a tiempo completo a su proyecto más personal, que lleva el nombre de Luz y Forja, porque él vive de conducir camiones. Sin embargo, el reloj marca las dos de la madrugada cuando está en su taller, situado en Fonfría (A Fonsagrada), a caballo entre su amada Galicia y su Asturias natal. Allí disfruta, se relaja y crea. Su peculiaridad es que utiliza materiales sobrantes, por lo que todo lo que hace es reciclado, bien sea de hierro forjado, piedra, madera e incluso latón. 
El flechazo de Pablo con la artesanía empezó en 2016. Dos años después, viendo la buena aceptación que tenían sus piezas y lo mucho que disfrutaba haciéndolas, decidió ponerse las pilas. «Le dedico todo mi tiempo libre a esto. Aunque trabajo en Asturias, paso todos los fines de semana en A Fonsagrada. Cuando llego cada viernes lo primero que hago es entrar en el taller y me pueden dar las dos de la madrugada. Soy madrugador, así que a las seis de la mañana ya estoy con la faena otra vez», cuenta el artista. 
Sin embargo, Pablo López es conductor de camión desde hace algo más de 20 años. Un buen día decidió hacer un curso de soldadura y lo primero que salió fue una rosa. «La empresa para la que trabajo cogió un contrato relacionado con las torretas de telefonía. Del resultante de hacer los agujeros salieron las cabezas que utilizo para hacer muñecos», desgrana. 
Aunque Pablo vive en Lugones, su madre y pareja residen en Fonfría, hasta donde se desplaza semanalmente. «Allí está mi taller; yo soy más gallego que asturiano», dice sonriente. 
Un flechazo que ahora busca profesionalizar 
Pablo se puso manos a la obra en 2016, pero lo suyo con la artesanía viene de atrás: «Siempre me gustó, pero nunca me dediqué a esto. Lo que empezó a modo de pasatiempo fue evolucionando. Pasé de hacer rosas a pensar en ponerle luz a otra figura. Entonces me ayudó un compañero electricista y entre los dos diseñamos el nombre de Luz y Forja». 
Los materiales que utiliza Pablo para sus obras de arte salen muchas veces de las chatarrerías: «Cojo a peso cadenas, tornillos... y algunas de las lámparas de latón están hechas de tuberías. Todo es material reciclado, más del 90 %», explica. 
El trabajo manual requiere de poca herramienta: «Un yunque, martillo, radiales, alicates y poco más». Sin embargo, los tiempos son largos en esto de la artesanía: «Una rosa me lleva unos 40 minutos. Dependiendo de la pieza, puedes complicarla lo que quieras e ir incrementando el tiempo. Hago muchísimas rosas, porque es el producto estrella, pero también muñecos que representan distintas profesiones y hasta una Santa Compaña en honor a mi Galicia», relata. 
Para comercializar sus productos, Pablo asegura que lo que mejor funciona es «el boca a boca». Sin embargo, también mantiene al tanto a sus seguidores a través de su cuenta de Instagram (@luzyforja). 
Hace unas semanas, el joven acudió a una feria de Negueira de Muñiz para darse a conocer. «Es la primera a la que fui, porque de eso suele encargarse una alumna mía, que también está aprendiendo el oficio», explica. 
En temporadas difíciles, Pablo López disfruta de su pasión por la artesanía y sigue profesionalizándose: «Esto es lo que me relaja y siento que tengo futuro porque los productos tienen tan buena acogida que no solo los vendo en Galicia o Asturias. Ya mandé piezas a Albacete, Salamanca e incluso en avión hasta El Salvador», dice este asturiano acogido por Galicia".

Artesanía en forja, maceteros de pared y filigranas florales. La evolución del trabajo de los antiguos ferreiros


Acaba la pared de madera y seguimos, a la vez que caminamos, admirando esta exposición y deleitándonos con ella, Luz y Forja...


A la derecha vemos, abajo, la figura de un peregrino y, arriba, la de un labrador


No nos despistemos admirando estas preciosas filigranas, pues llegamos a una bifurcación: a la derecha se sale a la carretera, empezando el asfalto, y a la izquierda sigue el Camino


El mojón nos lo indica, por lo que tomamos esta bella senda de hierba y tierra en dirección a la Casa do Ferreiro

Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán

Al pasar y mirar a nuestra izquierda, veremos la parte posterior de las dos casas enfrente de la iglesia. La de abajo es la del antiguo hospital de peregrinos


Tal vez aquí, en torno a la iglesia, todo fuesen cuartos, cuadras, graneros y otras dependencias de la Orden de Malta o de San Juan de Jerusalén cuando regentaba el antiguo hospital, incluyendo por supuesto las habitaciones para los peregrinos y la casa del hospitalero. Al fondo, los penedos del Monte Chao Grande señalan su cota más alta: 1.016 m


Seguimos caminando frente a la Casa do Ferreiro por un tramo llano y precioso, entre prados, casas y bosquetes


Artístico cartel a la entrada de Casa do Ferreiro


A la derecha hubo una casa con cuadra, que va desmoronándose con el transcurrir del tiempo y su solar cubriéndose de vegetación. Solamente quedan en pie algunos tramos de pared, como este al lado del Camino


Las arboledas forman un bosque del Camino a la izquierda, hacia el nacimiento del Rego do Castro, cabecera del valle del Suarna


La antigua entrada a la corralada de la casa en ruinas. El Camino hace un poco de curva a la derecha


Y sube ligeramente, casi imperceptiblemente. Al fondo asoman las copas de los pinos repoblados en el Monte de Penoucos, al que pronto llegaremos


Pasamos junto a estas casas y el Camino, de zahorra, empieza a hacer una ligera cuesta, casi imperceptiblemente al principio


Si bien hay pocos vecinos, las pocas casas de Fonfría parecen casi todas habitadas. Poco a poco iremos por aquí saliendo del pueblo


Ya vemos al fondo las señales de la carretera LU-701, a la que vamos a salir ahora, aunque no será por muchos metros y sin necesidad de pisar su calzada


Otra hermosa construcción de piedra. La existencia de canteras cercanas favoreció el empleo de este material en las construcciones. Muchas no parece que hubieran tenido nunca revoque


Cuadra, pajar y otras construcciones en el acceso a la casa desde la carretera, donde empieza un tramo asfaltado en el último tramo de cuesta


Cobertizos de tractores y maquinaria. Dejamos a la izquierda la entrada a la quinta y seguimos pues todo de frente hacia la carretera


También la entrada a las fincas al pie del Monte de Penoucos queda a nuestra izquierda. Estamos ya en la salida del pueblo de Fonfría


Un cartel advierte que empieza un tramo común con la LU-701, que seguiremos hacia la izquierda, por su vereda, sin necesidad de pisarla, como hemos dicho y recalcamos


Aquí estaba, apoyada en las ramas de un tupido acebo, una de las antiguas señales de madera artesanales hechas cara al famoso Xacobeo'93 que supuso la revitalización de este y otros históricos caminos jacobitas. De él nos cuentan así en la Xacopedia:
"Término en idioma gallego que se traduce al español como Jacobeo. Es en origen un adjetivo que alude a todo lo vinculado con el apóstol Santiago el Mayor, cuyo sepulcro sitúa la tradición en la ciudad gallega de Santiago de Compostela. Proviene de Jacob/Iacobus, nombre bíblico original de Santiago (Sant-Iacob).

A principios de los años noventa del siglo XX este adjetivo en gallego, transformado en nombre -Xacobeo-, fue elegido por la Xunta de Galicia -el Gobierno autonómico de esta comunidad española- como marca de un ambicioso programa promocional, cultural y turístico de dinamización del Camino de Santiago, aprovechando la celebración religiosa de los años santos compostelanos o años jubilares compostelanos, cada 6, 5, 6 y 11 años.

El origen del Xacobeo

En 1991, ante la inminencia del Año Santo compostelano de 1993, el Gobierno gallego estableció un programa de actividades para promover el evento con una clara finalidad turístico-cultural. Frente a la denominación dada por la Iglesia a esta celebración -Año Jubilar compostelano 1993-, basada en la tradición religiosa, el poder político gallego bautizó su propuesta promocional como Xacobeo 93, una marca con su correspondiente logotipo y mascota -el Pelegrín-. Era una iniciativa inédita y tenía un triple objetivo: la atención a los peregrinos, la dotación de servicios y mejora del Camino Francés, y la difusión internacional del evento y el acervo jacobeo mediante una amplia programación promocional y cultural, con exposiciones, conciertos con la presencia de algunas de las estrellas más sobresalientes de la música internacional, encuentros científicos y culturales, etc.

Los positivos resultados socioeconómicos y promocionales de la iniciativa -se denominó Plan Xacobeo 93 y en principio iba a limitarse al año 1993- animaron al Gobierno gallego a impulsar iniciativas similares, adaptadas y renovadas según las circunstancias, para los jubileos compostelanos siguientes (1999, 2004 y 2010).


El Xacobeo 93 fue posible gracias a la confluencia en el tiempo de cuatro factores: existía el precedente de los primeros intentos de recuperación del mundo jacobeo con finalidades turístico-culturales impulsados en los años sesenta por el Gobierno franquista, con epicentro en el Año Santo de 1965; la estructura política autonómica surgida del proceso democrático español estaba ya consolidada y se disponía de ideas y medios para afrontar este reto desde nuevas perspectivas socio-culturales; desde principios de la segunda mitad del siglo XX se abría paso una nueva visión internacional que resaltaba el valor del Camino como elemento de gran significado en el proceso histórico europeo, y, por último, el desarrollo del turismo religioso y cultural a principios de los años noventa era una realidad joven y en claro proceso de expansión, y ambos podían confluir de forma natural en el acervo jacobeo, un mundo singular y atractivo.

La idea del Xacobeo 93 surge en Galicia hacia 1991 para responder a los retos del previsible incremento de afluencia a Santiago que ocasionaría el Año Santo de 1993, el primero desde 1982. Pero la intención política básica inicial pronto manifiesta su deseo de ir más allá y convertir el acontecimiento en motor socioeconómico. El ejemplo inmediato lo ofrecían las Olimpiadas de Barcelona y la Expo 92 de Sevilla. En este caso, el mecanismo de activación sería el creciente prestigio del Camino de Santiago, al que estaban empezando a volver los peregrinos -de un modo nuevo que mezclaba espiritualidad, cultura y turismo-, pero que seguía en un estado de semiabandono.

El Gobierno autonómico gallego, encabezado por el Partido Popular (PP), logró la colaboración del Ejecutivo central, presidido por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que tomó diversas iniciativas a favor de la ciudad de Santiago -se creó un mecanismo específico de inversiones para ella- y de las restantes comunidades autónomas del Camino. Para ello se promovió un organismo de acción conjunta, el Consejo Jacobeo. Varias de las comunidades de los Caminos Francés y del Norte también tomaron determinadas decisiones promocionales y de recuperación de estas rutas -en algún caso ya las venían aplicando desde años antes-.

Por lo tanto, por primera vez en la historia, el apoyo político a los años santos compostelanos y al Camino de Santiago se concretó en una serie de proyectos propios, alternativos y complementarios, de alcance estatal y autonómico. Fueron, además, unas iniciativas ajenas por vez primera al poder eclesiástico, aunque procurando coordinar con este los asuntos más sensibles y financiando parte de sus actividades. El tronco principal del proyecto, impulsado desde Galicia, se denominó Xacobeo 93 a efectos promocionales, teniendo como símbolo la mascota Pelegrín, una extraña pero eficaz recreación del peregrino tradicional. El resultado más visible fue una gran respuesta de muchos españoles -con eco en el extranjero- que descubrieron, de pronto, el Camino de Santiago -concurrido de forma ininterrumpida desde ese año- y el mundo jacobeo.

Ante el inusual protagonismo de las administraciones públicas en una celebración que la Iglesia sentía como propia, no faltó algún desencuentro. Al final, las heridas cicatrizaron sin mayor problema. Ayudaron a ello los positivos resultados económicos y la gran afluencia de peregrinos y turistas -unos cinco millones visitaron Santiago-. En un año de recesión económica como fue 1993, Galicia -la comunidad más beneficiada por la celebración, como meta del Camino y principal inversora en el evento- fue una de las cuatro únicas comunidades autónomas españolas en las que creció el PIB -un 1,20%-. Hubo críticas ocasionales desde instancias políticas y de determinados colectivos del Camino de Santiago, que lamentaron su repentina masificación y el carácter agresivo de ciertas intervenciones, y de alguna zona de Galicia que se sintió discriminada".

Seguimos en paralelo a la 701 sin llegar a poner pie en ella, caminando por este margen izquierdo. Observemos la flecha amarilla pintada en el reverso de la señal de tráfico, a la izquierda


A la derecha es el barrio de Ferreirous, otra referencia a los ferreiros de la comarca. La carretera hace una larga recta hasta el Monte de Penoucos, estribaciones de A Serra de Follabal


Dos anchos cortafuegos atraviesan la montaña plantada de coníferas. Por el de la izquierda pasa una línea de alta tensión. El Camino seguirá hacia Barbeitos por una franja de arbolado autóctono que se extiende de derecha izquierda al pie de los pinares y al fondo del último prado


Este monte es el solar de uno de Los siete nuevos campamentos romanos de Lugo que definen la entrada y asentamientos de las tropas imperiales, como titula Suso Varela su artículo para La Voz de Galicia del 15-2-2024 dando noticia de su hallazgo:
"Que la percepción sobre la entrada, presencia y dominio de los romanos en el territorio galaico y, en especial, en la provincia de Lugo, ha ido variando en los últimos diez años es una constatación gracias al descubrimiento de una serie de campamentos itinerantes que desmontarían la historia más asentada durante años, aquella que decía que los romanos llegaron sin apenas oposición y crearon grandes campamentos desde donde las legiones controlaban las principales vías. El colectivo Romanarmy, integrado por investigadores de diferentes universidades, acaba de dar a conocer el hallazgo de otros siete nuevos emplazamientos temporales en la provincia de Lugo. 
Los arqueólogos actuales, como los de Romanarmy, trabajan con dos premisas que son contrapuestas. Por un lado libran una lucha contra el paso del tiempo y sus efectos negativos en la conservación de posibles yacimientos que aporten luz a la historia, pero a la vez disponen de unas potentes herramientas digitales que hasta hace unos años eran impensables y con las que ahora consiguen descubrir y profundizar en nuevos hallazgos. 
Eso ha pasado con el descubrimiento que ahora han sacado a la luz en la publicación «Entre valados e piñeirais. Achegas arqueolóxicas ao coñecemento da presenza militar romana na Galicia Nororiental», en el último número (33) de la revista Croa, editada por el Museo do Castro de Viladonga. 
Los siete nuevos campamentos 
La investigación, liderada por el arqueólogo Andrés Menéndez-Blanco (Universidade de Oviedo), agrupa los nuevos hallazgos en dos grupos. Por un lado habla de yacimientos de alta fiabilidad. Se trata de los recintos conocidos como O Vedro da Fame (A Ermida, Riotorto), A Costa (Arcillá, Cospeito) y As Pardellas (Guillarei, Friol). Y luego habría una categoría de posibles, basados en indicios con fuerte base real, como los de Monte Endemil (San Xoán do Mato / Saa, Palas de Rei), Penoucos (Fonfría / Barbeitos, A Fonsagrada), O Campo da Matanza (O Cádavo, Baleira) y A Lagúa (Airexe, Baleira / Pereira, Castroverde) 
Los primeros tienen un alto grado de conservación, lo que hace pensar a los arqueólogos de su absoluta veracidad, ya que además los investigadores los han comparado con modelos similares que han ido descubriendo durante la última década. Los campamentos con la etiqueta de probables están ubicados en zonas donde ha habido cambios en el territorio por el uso agrícola que han modificado el terreno y pueden generar dudas. 
Como explican los arqueólogos, además del paso del tiempo y de la modulación del territorio hecha por los habitantes de estas zonas durante siglos, se trata de campamentos con carácter perecedero, con un uso limitado en el tiempo, lo que ha complicado su descubrimiento. Han utilizando imágenes aéreas y de satélite, utilizando el Plan Nacional de Ortofografía Aérea que tiene el Instituto Geográfico Nacional, que luego corroboraron con la observación directa y el registro fotográfico sobre el terreno. 
Los investigadores han constatado que los siete nuevos campamentos encontrados en la provincia de Lugo guardan similitudes con otros recintos militares romanos ya documentados en el noroeste. (...) 
Con la aparición de más campamentos itinerantes, los investigadores van completando el puzle de cómo fue la entrada y el asentamiento del Imperio Romano en Galicia. En concreto, indican que los recintos de Penoucos (A Fonsagrada) y Campo da Matanza (O Cádavo, Baleira) inciden en la abundancia de fortificaciones romanas de campaña entre las montañas orientales de Galicia y el occidente asturiano. Explican en el artículo que lo largo del valle de Baleira «puido ter un papel central nos desprazamentos do exército romano a través do oriente lugués en sentido norte-sur». (...) 
Otro aspecto relevante que recuerdan los investigadores es que la presencia de poblados fortificados en el entorno de estos recintos temporales no puede ser ignorada a la hora interpretar las motivaciones que llevaron a los mandos militares romanos su asentamiento, «aínda que non temos evidencias de asaltos ou asedios a castros nas áreas galega e asturiana, os indicios de interrelacións entre poboados indíxenas e campamentos son cada vez máis numerosos». En este contexto, hay que recordar el hallazgo hace unos años, por parte del mismo grupo de investigadores, de un campamento temporal en Pol muy cerca del Castro de Viladonga. (...) 
El riesgo de desaparición 
Los investigadores alertan de que todos los recintos localizados están «moi alterados por unha acción humana continuada. Nunha paradoxal carreira, conforme dispoñemos de tecnoloxías e metodoloxías aplicadas que permiten a detección destes xacementos tan pouco visibles na paisaxe, os procesos de destrución destes sitios tamén se vai acelerando. Xunto co impacto da agricultura tradicional, nas últimas décadas os procesos de concentración parcelaria, de reforestación ou de construción de parques eólicos teñen sido críticos para moitos sitios». 
Por este motivo, los siete nuevos campamentos han sido notificados formalmente a la Dirección Xeral de Patrimonio de la Consellería de Cultura da Xunta de Galicia, instando a su catalogación para poder conseguir su protección".

Atención ahora, pues unos metros antes de la curva de la LU-701 dejaremos la carretera para tomar un camino a la izquierda


Es justo donde se acaba el margen peatonal de suelo de zahorra. Un mojón en la intersección nos lo indica, al lado de las señales viarias al fondo


Aquí, a Ciento sesenta y un kilómetros y cuatrocientos sesenta y tres metros, empieza la suave cuesta por la falda oriental del Monte de Penoucos, que bordearemos también por su ladera meridional y parte de la occidental para llegar a Barbeitos, donde podremos hacer parada en el Mesón Catro Ventos antes de seguir el cada vez más corto trecho que nos queda hasta A Fonsagrada...

























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