Eres el Peregrino Número

sábado, 6 de diciembre de 2014

LA MALATERÍA DE PADRAIRA, EL TORNEIRO DE XESTOSELO, PENAFONTE Y BUSTELO DEL CAMÍN: EL PASO DE ASTURIAS A GALICIA



La antigua calzada entre Lucus Asturum y Lucus Augusti o su senda sucesora, origen del primer Camino de Santiago en la alta Edad Media, sale del paisaje de las camperas y fincas del pueblo de Castro, dando vista al recinto fortificado allí existente, para volver una vez más a acogerse a las frondosidades del bosque, solo unos cuantos metros más arriba de la carretera de Grandas de Salime a A Fonsagrada, aquí AS-28, iniciando otro hermoso itinerario entre carbayos y castaños, al lado de las fincas


Subimos así unos metros con el bosque a la derecha y el prado a la izquierda


La vegetación, además de darnos sombra, no nos impide contemplar las campiñas


Entre árboles, zarzas y helechos se vislumbra a nuestra izquierda una amplia panorámica de los campos verdes con las pequeñas y diseminadas aldeas de las inmediaciones, como Pedre, enmarcadas al fondo por las sierras del Valledor. Son As Pedragosa, El Vilarín, A Sobrenca, Fonteseca...


Es un deleite caminar por aquí, en buena sombra


Flores silvestres y camino de tierra y piedra


La caja del camino, honda y profunda, como corresponde a su antigüedad


Los bosques atlánticos...


Ruinas. Nos acercamos a Padraira


Casas de Padraira, cerca de El Devellón


Huertas de berzas


Murias.


Abajo la carretera y algunas de las casas de Padraira. Por aquí está el Vilar de San Lázaro y se supone que había casas de malatos o leprosos, cerca de la capilla de su hospital, a la que pronto llegaremos, casas citadas en una inspección del Visitador general de la diócesis en 1586


Paisaje de prados y bosques


Campiñas del valle del río de Ola, campos de Sobrenca, Fonteseca, Coto y Os Canadeiros


Muy a lo lejos seguimos viendo la Sierra del Palo


Y ya llegamos a la ermita de San Lázaro de Padraira, dedicaba antaño al servicio del desaparecido hospital de esta advocación, hecho al servicio de malatos o leprosos. La primera noticia que tenemos de él es del año 1581. si bien es casi totalmente seguro que ya existía desde mucho antes y que en origen pudiese ser, como en otros casos, un hospital de peregrinos que se especializó en estos enfermos. Estaría además relacionado con el que existió en Montouto, parroquia de Padrón, concello de A Fonsagrada y que en 1586 estuvo administrado precisamente por un tal Pedro Álamo "de Padraira". Una leyenda, al parecer infundada, atribuye a un tal Pedro de Pedre su creación en una supuesta inscripción que existiría en el puente de Salime, hundido en 1936 y luego anegado por el embalse del Navia, en la que se decía...

"Pedro de Pedre
de Castro natural
hizo el puente de Salime
la iglesia i el hospital
i la catedral de Lugo
donde se fue a enterrar
Abril Año de 1113"

Lo que sí es cierto es que la nobleza y el clero, además de reyes y magnates, solían patrocinar estas fundaciones, pues la lepra y otras enfermedades de la piel que se tenían por el mismo mal, eran una de las lacras más temidas de la antigüedad. Por eso el cuidado o amparo a estos enfermos, que se les mantenía relativamente aislados, era considerada uno de los ejemplos más evidentes de caridad cristiana


El aislamiento no era en realidad estricto, pues pese a las duras disposiciones que pretendían apartarlos de los sanos, solían muchos malatos hacer una vida más o menos integrada en la sociedad, iban a ferias y mercados o comían a la mesa de algunos vecinos que los acogían en momentos de penurias, cuando el hospital no se podía hacer cargo de ellos, dándose casos incluso de casamientos con personas sanas. Por ello no es de extrañar que en la inspección del 31 de diciembre de 1586 que hizo el Licenciado San Tirso en nombre del obispado ovetense se madaba que "de aquí en adelante los malatos esten recoxidos e no salgan a parte ninguna donde no puedan bolber a dormir en la malatería". Bien es verdad, recalcamos, que muchos males de la piel que se consideraban lepra no lo eran, y por ello se reflejaba que eran los abades de la Colegiata de Grandas, encargados de su administración y que nombraban sus mayordomos veedores y capellanes, quienes controlaban quien era ingresado ..." y cuando alguno ubiese de hentrar en la dicha horden lo admita el dicho cura o escusador con que primero traiga liçencia del bicario de Castropol y cedula del bisitador, y si alguno estuviese en dicha horden que no lo fuere, el Cura o escusador lo puedan echar fuera, sacando si truxere cedula del medico como es malato"


En la mencionada inspección de 1586 se estipulan diferente arreglos en el edificio del hospital, su capilla así como en las imágenes del santuario y las casas de los leprosos...

"Primeramente que se compre un misal nuebo y unas binagreras y una sábana y un frontal pa las fiestas, y agan un guardapolbo y una rexa al altar que esta afuera en el cabo, y que lo maderen y losen por arriba y rreboquen y pinten la bista del Sr. San Laçaro y un crucifixo pintado, y el altar de afuera pintado pa escusar el frontal, y que pinten las imajines de la iglesia y retechen en el techo de las casas de los malatos de suerte que no llueba en ellas, y lo mismo a la iglesia y que agan una caba alrededor de la iglesia por que no entre agua en ella, y pongan la campana en un yugo y agan un campanario de ella, lo qual todo cumplan, so pena de excomunión, a costa de dicha horden y malatería, y lo cumpla el mayordomo dentro de seis meses so pena de excomunión, y en defecto el cura lo ebite"

No deja de llamar la atención las abundantes exhortaciones al buen funcionamiento de la malatería, incluyendo la insistencia en los rezos, lo que da a entender que los preceptos religiosos tampoco eran demasiado estrictos, apuntando la necesidad de que el mayordomo concierte con un capellán una misa cada quince días, procurando sean estos domingos o fiestas de guardar, aparte de las que está obligado a decir el cura de Grandas y que este mayordomo "...compre a cada uno de los malatos que hubiere en la dicha horden un rrosario, a los quales mando so pena de excomunión que, pudiendo o no teniendo impedimento de enfermedad, lo rrecen al día tres beces, una a la mañana y otra al medio dia, y otra a la noche antes que se acuesten, y digan asimismo la Salbe Regina cada tarde, y las abes marías, tañiendo la campana todos los días, y el mayordomo y beedor y capellán les encargo la conçiençia pa que tengan quenta de ber como cumplen lo contenido en este capítulo..."

Naturalmente el capítulo de ingresos, donaciones, etc era sumamente importante, pidiéndose "que de aquí en adelante haya libro particular pa las quentas..." en el que se escriba lo que abonan los renteros de sus propiedades, que se marque el ganado de la orden y se recuente cada año, condiciones de venta del mismo y de compra y venta de otros bienes, y toda una estricta contabilidad y actividad comercial que garantizase la existencia de la malatería


La vieja capilla fue demolida en el siglo XVII y se construyó esta que vemos hoy en día, que conserva la cava o foso que la separa de las humedades de la ladera. Se conserva la tradición de la existencia del hospital a ella anexo pero no se sabe a ciencia cierta donde, sin duda muy cerca, pues este lugar, monte, fuente y arroyo son llamados de San Lázaro

Este hospital debió de tener siempre pocos enfermos, en 1598 sabemos que solo tres, unos veinte años después sabemos de una tal María López en 1619, María Fernández en 1620, año en el que también están María de Soto y su padre Gerónimo de Soto en un caso de contagio familiar. Miguel de Losas en 1624, Domingo Giraldo en 1630, Magdalena López en 1631, Catalina Fernández en 1652 y María Álvarez entre 1662 y 1676, que debió ser la única en ese periodo y que desde 1672 tuvo una asistenta personal "por estar tullida y no se poder vestir ni regir".  En el momento de su desaparición Padraira parece quedar sin malatos hasta 1699 cuando ingresa una mujer de la que desconocemos el nombre, si bien ya fallece solo un años despues. Es en esos años, concretamente en 1689, cuando se reconstruye la vieja capilla, confiriéndosele el aspecto que presenta en la actualidad


Según el investigador J. Tolivar Faes, de cuya obra Hospitales de leprosos en Asturias durante las edades Media y Moderna extraemos todos es todos datos, da la impresión que la malatería sí hubiese tenido más pacientes en los siglo XIV y XV porque si no no se hubiese siquiera fundado. Así ya sin malatos en 1719 sus bienes eran arrendados por cuatrienios, siendo este hospital intervenido por la Real Audiencia en 1745 y desapareciendo definitivamente en ese siglo

Los ingresos se producían sin necesidad de recoconimiento médico si bien hay casos que se hacia, como es el caso de lo hechos por el médico del Cabildo de Mondoñedo...

"Certifico yo el Doctor Correa de Azevedo Médico del Cabildo y Ciudad de Mondoñedo, que aviendo visto a un muchacho de hedad de hasta doce años, que se llama Domingo Giraldo, hijo de Gabriel Giraldo de las govias de Castro de grandas, vezino de San Salvador de grandas, el qual esta enfermo de la lepra de los Arabes, aque en nuestro vulgar castellano llaman del Sr. s. Laçaro. Por lo qual certifico que le pueden recibir entre los mas enfermos de dicha enfermedad, por tener bastante necesidad y ser muy conveniente apartarle de la compania y comerçio de los sanos y sus hermanos, a quien puede pegar el dicho mal. Y lo firmo con mi çertificación, en Mondoñedo 4 de Henero de 630 años"

"Certifico yo el Doctor Correa de Azevedo, Medico del Cabildo y Ciudad de Mondoñedo, que vi la Relación que se me a dado del mal de Madalena López, vezina del concejo de Grandas y muger de Luis Lopez de Graá, la cual conforme la dicha Relación que vi y ba firmada de mi nombre, digo y declaro ser su mal una lepra de los Arabes, a la qual llama el Bulgo mal de s. Lázaro, por lo qual dego que debe ser admitida a la orden del Sancto, conforme a esta mi declaración y certificaçion firmada de mi nombre, en Mondoñedo ii de diciembre de 631"



Nos dice J. Tolivar Faes de no haberse hallado información de ningún tratamiento, si bien sabemos que en otras malaterías los cuidados se basaban en una mayor higiene y alimentación y en los baños en fuentes salutíferas. Sí se han recogido consejas populares en Grandas que hacen referencia a los malatos y su mal:

"Laçaro verde
nel monte choraba
que le comía el percebón
e la sarna"

Se trata según J. Tolivar faes de una versión muy abreviada de la recogida por Aurelio del Llano en otros lugares

"Lázaro en el monte está
dando voces de agonía,
y la Virgen bien le oía.
-¿Qué haces ahí Lázaro?
-Aquí estoy decípola y decípela
percebún y culebrún,
que aquí me quemo
que aquí me abraso.

-Lázaro: vete a tu casa
y en una escudilla de fresnal,
echarás agua de la fuente prial,
tres silvas de un silvadar,
tres ortigas de un ortigal
y tres arenitas de sal;
mojarás con esto tus llagas
y quedarán sanas y salvas"


En el interior una reja de madera cuarda retablo y altar. A la izquierda hay un tablón de anuncios


Se trata de un tablero de corcho en el que se clavan cartas, estampas y fotos, tanto de peregrinos en ruta a Santiago como de ofrecidos que van a rogar o agradecer algún don recibido.


Hay en la ermita de Padraira un antiguo retablo barroco


Destaca en él la imagen de San Lázaro que se supone fue la adquirida por esta malatería a finales del siglo XVI. Hay también un San Francisco de Asís, advocación caminera que rememora la supuesta peregrinación del santo a Santiago en algún momento entre los años 1212 y 1215. Hay también un San Salvador y un pequeño crucifijo


Volvemos al Camino


Algunas piedras del santuario parecen corresponder a la capilla anterior


Larga recta saliendo de Padraira


Mágico paraje, y más con niebla


Rocío de la mañana...


Hojarasca en el Camino


Salimos a unos prados


Cruzamos la carretera AS-28 y llegamos a Xestoselo


Y llegamos así a un tramo asfaltado enfrente de una casa con mucha historia: A Casa'l Torneiro


Y es que aquí vivió el gran maestro artesano José María Muiña Díaz El Torneiro de Xestoselo, un torneiro de torno de pedal, maestro artesano hacedor de cuencos y recipientes de madera toda una vida, a quien se homenajéo hace años en reconocimiento a su labor por el mantenimiento de esta tradición y por su colaboración tanto con el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, haciendo demostraciones en vivo y cediendo piezas, como con el Museo del Castro del Chao Samartín que también conocíamos en nuestra saga caminera por este concejo grandalés, pues conservaba elementos arqueológicos que luego fueron expuestos en este, como un hacha pulimentada que halló en sus pesquisas por el lugar, dado que fueron los propios vecinos quienes primero llamaron la atención sobre su existencia e importancia.

Con José María Muiña, El Torneiro de Xestoselo, frente a su casa durante una de nuestras peregrinaciones, hace unos pocos años
La tornería, como otras labores artesanas, fue durante siglos una actividad especialmente importante que José María ayudó a recuperar y rescatar del olvido. Él empezó a aprender con 13 años cuando vio al torneiro gallego Pedro de Vivero trabajando en el cercano pueblo de Penafonte, por donde pronto pasaremos.


Os adjuntamos unas imágenes recientes de un torneiro haciendo su trabajo en el torno, dentro del festival Valdesoto d'Antañu










José María Muiña, nacido en 1920, fue homenajeado en reconocimiento a su labor y a su gran humanidad. Falleció hace pocos años aún, en el 2012.


De aquel tiempo son estas fotos que os presentamos, cuando su propia familia salió a recibirnos y saludarnos a la puerta de casa en una de nuestras peregrinaciones, presentándonos a esta gran persona a la que desde aquí también queremos recordar y, muy modestamente, también homenajear.



A las puertas de la casa


La casa y el Camino...


Desde Xestoselo vemos los campos de la zona de A Xorenga, lugar famoso por los símbolos megalíticos, petroglifos, allí localizados. No hemos de pasar por allí, pero es un testimonio más del poblamiento de estos milenarios pasos naturales entre valles y collados y un pasado que tantas vecinas y vecinos de Grandas se ocuparon de mantener y transmitir, tal y como estamos comprobando en nuestro caminar por estos lugares.



Ahora viene un poco de carretera desde Xestoselo hacia Penafonte, bajo el Monte do Zarro. Más al oeste, asomando un poco a la izquierda de la foto, es el Monte da Curiscada, ruta al Alto do Acevo y entrada en Galicia por A Fonsagrada


En ligera cuesta arriba, es en nuestra modesta opinión uno de los más monótonos de toda esta ruta. No especialmente largo, pues se ve al final el pueblo de Penafonte, pero sí cansino, viéndose compensado por el paisaje de los puertos. En este recorrido, aunque existen amplios arcenes, extrememos las precauciones, el tráfico en ocasiones, aunque no suele ser intenso, sí pasa a cierta velocidad.


Hay algunas casas, huertas, fincas, y vemos la transición entre los paisajes de praderías de pastos hacia los altos del Monte do Zarro, montañas de zarzas y monte bajo, acceso al Alto do Acevo, Puerta de Galicia, de la que nos separan unos poquísimos kilómetros, un momento especialmente apasionante para cualquier peregrino, una subida que comienza aquí, en el trayecto a Penafonte


 Al llegar a Penafonte nos desviamos de la AS-28, cruzando a la derecha para entrar en el pueblo.


Aquí el Camino pasa al lado y exactamente detrás del llamativo ábside hexagonal de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, documentada desde el año 1605 pero sin duda santuario de origen muy anterior a esta fecha



En 1895 se acometieron importantes obras de restauración tras haber sido afectada por un fuerte temporal, trasladándose un tiempo los cultos a una aldea de esta misma parroquia, Soane, un poco más al este, al otro lado de la carretera.


Arriba en la espadaña del campanario las campanas de bronce presentan sendas inscripciones:  en la de la izquierda "Mondoñedo / Blanco Palacio me hizo / Año 1838" y en la de la derecha: "Dedicada a San Antonio. Año 1858" .La advocación a la Magdalena se vincula, como la de San Lázaro, con el patronazgo religioso de malaterías y leprosos, lo que nos hacer recordar la leprosería de San Lázaro de Padraira por donde hemos venido justo antes de Xestoselo. En Penafonte o sus inmediaciones también hubo alberguería, la de Cuiña, de la que fue patrono el Conde de Altamira, última existente antes de llegar al Alto do Acevo.


Si visitamos el interior, un retablo barroco con la imagen de Santa María Magdalena y otras tallas de mucho interés (año 1769) despertarán nuestra atención, tanto en el altar como en la capilla denominada del meirazo.


En el campo de la iglesia se ha habilitado un espacio de recreo, con bancos y explanada, hermoso balcón sobre las tierras del alto Navia. así como una antigua inscripción por la que sabemos la fecha de construcción del actual templo.



En el campo de la iglesia se ha habilitado un espacio de recreo, con bancos y explanada, hermoso balcón sobre las tierras del alto Navia. Al fondo la Casa da Pena, junto a la peña que da nombre a Penafonte


El paisaje abarca hasta las montañas de Buspol y su increíble bajada hasta El Salto de Salime que nunca se nos olvidará. El Camino pasa justo detrás del santuario, poco más abajo de este campo-mirador.


Enfrente del santuario hay una fuente con lavadero cubierto, otro de los elementos que sin duda dieron origen al topónimo Penafonte. Los peregrinos suelen pararse aquí a descansar y llenar las cantimploras...


Un lugar apacible que invita al descanso, o al menos a hacer un pequeño alto en el Camino...


El agua es fresca pero siempre recomendamos precaución con el agua de las fuentes


Frescura natural de la piedra del lugar.


Sobre el lavadero la boscosa ladera este del Monte do Zarro.


Desde el lavadero, unas ocas, símbolo y emblema del Camino de Santiago, pues se dice que el Juego de la Oca se basó en él aunque sin duda sobre orígenes mucho más remotos, nos llevarán hacia la Casa da Pena, hermosa casería rural al pie de la peña de Penafonte.



Casa da Pena, A Pena o Pedrón Pena, origen del topónimo Penafonte, la peña de la fuente.


Las ocas y A Casa da Pena


Tanto es el sosiego placidez que se respiran en el lugar que más de un peregrino echó una cabezada y acabó pasando la noche en tan acogedor pórtico...


Buena sombra y resguardo.


Algunos peregrinos madrufadores tienen la suerte de disfrutar del gran mar de nubes que muchas mañanas cubre totalmente el profundo valle del Navia.


El sol de la alborada.


Majestuosidad de los paisajes.


La serenidad de las cumbres.


Extasiándonos ante la obra de la naturaleza...


Campanas de Penafonte




Con niebla o sin niebla hay que volver al Camino. Nos acicalamos un poco en la fuente y...


A seguir ruta.


El Camino desde el campo de la iglesia.


Atravesamos Penafonte cuesta arriba.


Abajo la carretera y al este la niebla sobre el valle, con las sierras al fondo, revela parecerse a un gran lago blanco de espuma o algodón...


Admiración...


Más altos que las nubes.


En este cruce subimos a la drecha. Fijémonos siempre en las flechas amarillas, como las que hay al lado del portón, en la parte de sombra.


Un viejo tractor aparcado.


Dejamos atrás las últimas casas y ascendemos por un fuerte repecho en el que vamos ganando altura, por la ladera del Monte do Zarro.


Atrás queda Penafonte y más allá aún la niebla matutina.


Éxtasis de la naturaleza.


La vista alcanza hasta El Palo y El Valledor.


Buena subida. Atrás ha quedado también la carretera AS-28 que viene de Xestoselo.


Estribaciones de Pedras Apañadas, 1.204 metros de altura, más alla es Galicia, por los concellos de A Fonsagrada, del que nada más nos restan "metros" y el de Negueira de Muñiz. Abajo es Penafurada, aldea perteneciente a esta parroquia grandalesa de Penafonte, su nombre delata la vinculación de la zona con la minería romana del oro, pues un túnel llevaba agua a las minas de Valabelleiro. Buenas historias en la que ocupar nuestra mente mientras continúa la subida. El topónimo Pedras Apañadas parece hacer referencia a las piedras depositadas por los peregrinos siguiendo una tradición ancestral.


Sigue la subida por el Monte do Zarro arriba.


A Curiscada y las lomas que dan paso al Alto do Acevo Al otro lado empieza Galicia.


La pista va más llana
Subiendo a Bustelo del Camín desde Penafonte
Con grandísima emoción, recorremos los últimísimos kilómetros del Camino Primitivo en Asturias, que tan bien nos recibió, y nos encontramos ya a un paso de Galicia. Salimos del pueblo de Penafonte, al oeste del concejo de Grandas de Salime por el camino que sube a lo largo de las faldas del Monte do Zarro. Es el trayecto hasta el Monte da Curiscada, hito natural de la ruta xacobea, admirando un poco más allá las serranías de Pedras Apañadas (1.203 mts.), topónimo vinculado a las piedras transportadas y depositadas por romeros y viajeros desde la más ancestral antigüedad.


Los romeros remontan la subida desde Penafonte por la ladera sur del Monte do Zarro.


Luego de un primer tramo en ascenso ya vemos las cumbres de A Curiscada, con los 1.108 m del Pico Cuía en su cota más alta, cumbres llenas de esos nuevos molinos de viento que son los parques eólicos que tanto han proliferado en los últimos años allá por doquier. Reconocemos bien el Camino que sube allá, haciendo una S invertida, la ansiada ruta al Alto do Acevo, dando vista asimismo al Pico Cuia cons sus 1.108 metros de altura


Abajo es el pueblo de Bustelo del Camín, topónimo también  de más que clara vinculación caminera.


Son unas pocas casas y huertas, con algún bosquete cercano.


Pero el Camino no pasa apor el pueblo, sino que va un poco más arriba. Pronto lo caminaremos en empinada subida.


Nosotros cruzamos la carretera AS-28 y, durante unos escasísimos metros parece que nos dirigimos a Bustelo del Camín.


Pero bastante antes de llegar a Bustelo nos desviamos del asfalto por este sendero, abriendo la portilla.


El inmenso poder de las eléctricas se hace patente en el paisaje.


La subida es realmente larga pero muy bella.


El valle del Navia se cubre frecuentísiamente de nubes, es una maravilla del paisaje, viendo al este las serranías de El Palo y El Valledor que, aunque hace algunas etapas que hemos dejado atrás, continuamos viéndolas cada vez que ascendemos a sitios altos. Abajo a la izquierda es la carretera AS-28 que acabamos de cruzar. A nuestros pies y en medio de la foto es el Monte da Redonda. Más allá es Pena Mouxada, de 1.006 metros, Pena da Lagoa (1.008 m) y Monte Valía de Oural (1.004 m)


Adelante ya cuetos y lomas del Monte do Navallo y Pico da Lagoa, paisajes de los concellos gallegos  Negueira y A Fonsagrada . Aunque la vista abarca hasta Ibias y Os Ancares muy en la lejanía, donde Asturias, Galicia y León se dan la mano.


Trepidante cuesta al sabernos cerca de Jakobsland, el País de Santiago, como lo llamaban los peregrinos germanos...


Después de un trecho se acaba la ascensión y los peregrinos hacen un alto, tanto para darse un respiro como para admirar y fotografiar tan portentoso paisaje.


Coinciden aquí, unos llegan y otros se van. Todos intercambian impresiones. Muchos volverán a coincidir, incluso a veces se crean amistades.


Abajo el Montre do  Zarro y la carretera, también con eólicos. En estos parajes existió el Hospital de Peregrinos de Cuiña.


Océano de nubes.


Bien señalada y marcada la pista que baja de los poderosos eólicos hacia la carretera. Por la izquierda viene el Camino, por el que hemos pasado.


Una portilla, cierre de zonas ganaderas, simboliza el final de la cuesta y llegada a terrenos llanos.


Por aquí seguimos de frente, a la izquierda.


Es el Camín Grande, ya en lo alto del Monte da Curiscada.


Son usuales las nieblas, a veces alternando con un intenso sol.


Aún nos queda un poco de ascensión por este ramal
.

Esta es la verdadera cima del Camino, la pista que comunica la línea de aerogerenadores. Es un tramo, este de la portilla acá, no siempre bien señalizado, por lo que es común que algunos piadosos y solidarios peregrinos hagan flechas en el suelo aprovechando ramas de pino.


Bosques y pinares.


Estamos en Asturias, pero ante nosotros es ya Galicia. El paisaje no es del todo diferente pero cambia. Al occidente no se ven lejanos picachos pero sí alargadas sucesiones de colinas en el concello lucense de A Fonsagrada, el más grande de Galicia y uno de los mayores de España.


Tras coronar estas alturas, aún en Asturias, divisamos al oeste la Serra do Hospital, donde se fundaron antiguas intistuciones hospitalarias para acogimiento de peregrinos.


Pero la emoción se acentúa al ver la villa de A Fonsagrada, capital de concello y cabeza de comarca, parada y fonda de peregrinos, fin de etapa no solo en las guías sino en la práctica, pues desde bastantes kilómetros antes y hasta bastantes kilómetros después, no hallaremos tantos alojamientos, comercios, servicios, como aquí, con varios albergues de peregrinos y pensiones, casas de comidas, bares, farmacias, tiendas, etc.


Según el dicho popular a "A Fonsagrada nunca baixan os lobos" porque tienen que subir, en lo alto de una montaña, recortando su silueta ante la Serra do Hospital.


Y es ante la vista de A Fonsagrada cuando una pequeña y modesta pizarra en el Camino nos informa, en una sencilla inscripción, que aquí, en este preciso lugar se abrazan Asturias y Galicia. Se posan palos y mochilas y se inmortaliza tan importante acontecimiento. Puede parecer desde fuera casi irrelevante pero para nuestra mente libre y por evidentes razones va a ser una de las cosas que más se recuerden del Camino.


lugar donde loso pinos dan vista a la montaña lucense. Es la provincia de Lugo la que ahora nos acoge, pues de la misma manera que se pasa de tierras asturianas a gallegas se pasa de términos grandaleses a fonsagradinos.


Aademás de la placa, no tan cuidada y atendida como debiera, a veces unos hitos y alguna bandera señalan el paso de Asturias a Galicia, por donde vienen los peregrinos.


Bajamos por la ladera del Monte do Seixo.


Abajo adelante la carretera, y un poco más arriba de ella el camino, que se dirige hacia A Fonsagrada por aquella meseta llana, llamada Chao de Folais. Allí está la carretera LU-701, continuidad de la AS-28 en dirección a la villa fonsagradina. Abajo a la derecha es la profunda bajada al valle del río Nabalón, A Valía da Fonte y A Valía da Lías.


Reconocemos bien el Camino por el Chao de Folais, por donde caminaremos dentro de muy poco.


Altos edificios y bloques de viviendas.


Después de un tramo más o menos llano nos aguarda un fuerte descenso.


Y A Fonsagrada se nos irá ocultado a la vista por las lomas y los pinares...


Bajando por las laderas del Monte Seixo damos vista al Alto do Acevo.


Y esta es A Venta do Acevo, histórica parada caminera, donde confluyen, unos metros, Camino y carretera.


Alto do Acevo y Mesón do Acevo, una excelente parada para reponer fuerzas antes de encaminarnos a la villa de A Fonsagrada de la que aun distan unos 9 ó 10 kilómetros...