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viernes, 21 de noviembre de 2014

LOS PUENTES DE A CHANCA: EL MEDIEVAL Y EL DEL FERROCARRIL, ENTRADA A LA CIUDAD DE LUGO (GALICIA)

A Chanca, viaducto ferroviario
Agro do Couso
Luego de un delicioso anque largo camino por la campiña lucense, viniendo de Castroverde por Gondar, divisamos los edificios de la ciudad de Lugo en Castelo, enclave entre lo rural y lo residencial desde el que bajamos al barrio A Chanca por el Agro do Couso.


Llegamos a las primeras casas del barrio A Chanca, viviendas entre lo rural, lo popular y lo residencial en lo que fue una de las históricas entradas a la ciudad de Lugo, cuyas milenarias murallas aún no podemos ver, aunque sí los altos edificios de los barrios del este: Catasol, A Mina, San Xillao.


Allí yerguen sus altos pisos los edificios de A Ronda das Fontiñas, entre los que pronto subiremos hacia el centro histórico de Lugo y sus murallas.


En A Chanca, una pronunciada curva a la izquierda prosigue la bajada.


Desde la bajada hacia A Chanca divisamos los barrios de Portiño, Friás (al pie de la estación), Polígono Sagrado Corazón, Alto do Granxeiro...


Son barrios todos ellos sitos sobre la confluencia de los ríos Fervedoira y Rato que forman el río A Chanca, afluente del Miño, componiendo un valle que debió ser, tiempos ha, una formidable defensa natural de la varias veces milenaria ciudad.


Bajando en A Chanca destaca sobre el paisaje el puente ferroviario, o más que puente viaducto.


Grandiosa obra de ingeniería que no dejamos de ver, cada vez más cerca, llamando poderosamente nuestra atención en todo este trayecto, dado que es grandioso y altísimo, de piedra, sillería de esquisto y granito, con numerosísimos arcos, nada menos que veinte.


Se construyó bajo la dirección del ingeniero Ángel G. del Hoyo entre 1871 y 1874 para el paso de la línea A Coruña-Palencia y por aquí llegó el primer tren a Lugo el 5 de octubre de 1875. Se inauguró oficialmente en mayo de 1880 al completarse las obras de la estación.


A Chanca es un barrio popular ya prácticamente urbano, predominando en él las casas de planta baja o de un solo piso, a veces con terreno anexo y dispuestas en hilera al lado del Camino, camino que aquí realiza unas curvas para perder altura rápidamente en el descenso hacia el río.


La ribera fluvial ha sido recuperada en un bello paseo.



Últimos metros de descenso.


Al fondo, al acabar la bajada, vamos a la derecha.


Y nos disponemos a cruzar otro de los puentes del barrio, A Ponte A Chanca, junto al antiguo molino.


 A Ponte A Chanca, también recuperado y restaurado. Por ahí arriba subiremos al centro de la ciudad.


 Vista atrás, por donde acabamos de bajar, donde estuvo el molino, O Muíño da Chanca.


Llegamos al otro lado y no cesamos de admirar este puente medieval, también de varios ojos, reconstruido en 1570 y reparado varias veces, viéndose claramente a simple vista sus reconstrucciones.


Puente sobre el río da Chanca, en el que acaban de confluir las aguas de los ríos Rato y Fervedoria.


Desde aquí admiramos también en todo su esplendor el viaducto del  tren: los dos puentes de A Chanca.


298 metros de largo, 29 de alto y 20 arcos de medio punto de 9,5 metros de luz nos contemplan...


Desde A Ponte A Chanca nos fijamos también en la recuperación del entorno del barrio y del cauce fluvial. Vista al sur.


Vista al norte.


A Chanca.


A Ponte A Chanca, al otro lado dejamos atrás la bajada y... comenzamos la subida, junto a los muros de una quinta.


Una buena subida, para no perder la costumbre.


Más filas de viviendas populares.


Algunas han sido restauradas.


 Ahora el ascenso va entre dos grandes tapias de piedra.


Seguimos avanzando. Arriba del todo los edificios de pisos de As Fontiñas nos señalan el paso al centro del casco urbano.

Viviendas históricas del barrio, señoriales a un lado, populares al otro. Los edificios de pisos, al fondo.


Estamos ascendiendo por la rúa da Chanca hacia el centro urbano.


Casa de puertas y ventanas adinteladas, señal de su antigüedad.


Seguimos subiendo pero ahora más suavemente.


Las últimas casas del barrio, a la derecha.


Un par de zancadas más cuesta arriba y llegamos a la Ronda das Fontiñas.


Ya al pie de los altos edificios de la ciudad de Lugo: hemos entrado definitivamente en el casco urbano: semáforos, tráfico, pasos de peatones, bullicio si llegamos en días laborales, más quietud en los festivos. El ritmo, cuando pausado y cuando trepidante de una gran ciudad.


Aquí cruzamos la calle y seguimos de frente, por donde suben unas escaleras hacia la Ronda das Fontiñas.


En las escaleras un mapa dedicado a los peregrinos explica el itinerario del Camino Primitivo por la ciudad, entrando y saliendo de sus murallas, así como numerosos lugares de interés. Obsérvese que aparece reflejado el trayecto desde A Porta de San Pedro, por donde entraremos a la ciudad intramuros hacia la salida por A Porta Miñá (itinerario antiguo y original) y por A Porta de Santiago, que triunfó siglos después, al abrirse a los viandantes lo que en realidad fue primeramente una portezuela al servicio de los frailes de la catedral, que tenían al otro lado sus huertas.


En la Rúa das Fontiñas cruzamos a la Praza do Camiño Primitivo.


 Hay en Lugo una hermosa plaza, entre avenidas y modernos edificios, dedicada al Camiño Primitivo, justo a su paso. Aquí cruzamos la Ronda Fontiñas y subimos por el Carril das Flores


A la izquierda de la Praza do Camiño Primitivo subimos por el Carril das Flores.


 Llegar a la ciudad no quiere decir para nada que se acaben las cuestas, esta nació en un elevado castro galaico sobre el que los nuevos amos del mundo, bajo el nombre de Augusto y las órdenes de Paulo Fabio Máximo, levantaron un campamento militar que evolucionaría como civitas al venir a vivir a ella la población autóctona de los castros de la zona, erigiéndose templos, plazas, piscinas, termas, villas. La vieja Lucus Augusti llegaría a ser en el siglo III la capital del conventus lucensis, una de las tres partes de Gallaecia


Al final del Carril das Flores y de la ascensión desde A Chanca y Ronda das Fontiñas, un lúgubre pasadizo nos lleva a las murallas de Lugo, en concreto a la Porta de San Pedro, por donde seguiremos nuestro itinerario, ahora por la "ciudad intramuros". Es como un "renacimiento" personal, entras desde la cuesta del Carril das Flores y te introduces en este "túnel del tiempo" que, sino fuese por el tráfico y entorno urbanos modernos, nos parecería que nos lleva a un período muy lejano en el tiempo, a los avatares de la construcción de este Patrimonio de la Humanidad.

Porta de San Pedro. Murallas de Lugo.