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viernes, 7 de agosto de 2015

EL ARZOBISPO MAGO QUE CONSAGRÓ LA CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA



Se trataba de Pedro Muñiz el Nigromántico, quien consagró con toda pompa y boato la nueva catedral románica de Santiago de Compostela (antecesora de la actual barroca) en el año 1211, en presencia del rey Alfonso IX y su corte, diez obispos, coros cantores, autoridades, fidalgos y pueblo en general. Natural de la coruñesa San Fiz de Brión, ocupó desde joven diversos cargos eclesiasticos, que le llevaron en 1205 a ser obispo de León y dos años después arzobispo de Santiago bajo el nombre de Pedro IV, haciendo valer su amistad con el Papa Inocencio III para conseguir buenas concesiones en favor de esta sede.


Persona activa en lo social, cultural y religioso, favoreció a las órdenes mendicantes y los estudios de Humanidades como manera de ilustrar al clero que había de transmitir las enseñanzas cristianas a los fieles. No obstante, su fama más duradera, legendaria o no, es la de mago o nigromante, pues se dice estaba versado en ocultismo y buscaba en la catedral la preciada piedra filosofal. 


No existe de todas maneras la más mínima prueba contemporánea a él que demuestre que fuese realmente brujo, lo que sabemos se transmitió por cronistas eclesiásticos siglos después del fallecimiento del prelado en 1224. Quizás su curación milagrosa de unas malas fiebres, orando a San Isidoro cuando ocupaba el sitial de León, junto con su pasión por los libros y la cultura, le valieron aquella fama.


La más famosa leyenda le presenta viniendo volando de Roma a Santiago cuando, sintiendo morriña por su ciudad durante el Concilio de Letrán, se presentó el día de Navidad a tiempo de oficiar los maitines. Ahora se sabe que el prelado no formaba parte de los 1.500 religiosos asistentes.



Durante su mandato se suavizó un poco el férreo control eclesial sobre la ciudad y florecieron mínimamente los nacientes gremios de artesanos y burgueses. Luego de él la Iglesia recurrió a arzobispos más enérgicos en este aspecto.


Otra leyenda escrita mucho después de su fallecimiento le presenta recluido en el monasterio de San Lourenzo de Trasouto (al lado de la Carballeira de San Lourenzo, a la salida de Santiago en el Camino a Fisterra, por disposición del Papa Honorio II en castigo a su gusto por el ocultimo.


Sea como fuese, el mitrado que favoreció los estudios y formación del clero, enviando incluso a monjes a estudiar a las universidades europeas, verdadera premonición de lo que con el tiempo sería la Universidad de Santiago, o que entabló buenas relaciones con los ámbitos no religiosos de la ciudad, pasó más a la historia con esta, tal vez sin duda inmerecida, nebulosa de magia y brujería. Un halo de esotérico misterio que, de todas maneras, suele envolver a numerosas catedrales.