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viernes, 7 de agosto de 2015

A CORTICELA Y LAS CAPILLAS DE SU ENTORNO EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA (GALICIA) LAS CRUCES DE CONSAGRACIÓN DE PEDRO MUÑIZ "EL NIGROMÁNTICO" ¿UN ARZOBISPO MAGO?

 

A Corticela y su ubicación en la catedral de Santiago de Compostela

Los peregrinos que por la rúa da Acibechería se dirigen a la Praza do Obradoiro (donde se encuentra el kilómetro cero de los caminos de Santiago), pasan delante de la espléndida fachada septentrional de la catedral de Santiago de Compostela, la antigua Puerta del Paraíso por las escenas de Adán y Eva de su desaparecida portada románica. Un poco más a la izquierda sí veremos una capilla románica, la de A Corticela o Santa María da Corticela (al pie de la girola de la cabecera), del siglo XIII, la cual era un templo aparte, que realmente sigue conservando su peculiaridad y categoría de iglesia parroquial, el cual quedó integrado en el conjunto de las dependencias catedralicias en esa centuria, con el crecimiento de la catedral románica, y luego totalmente absorbido por ella a consecuencia de las grandes reformas y ampliaciones barrocas de los siglos XVII y XVIII. La unión definitiva se produjo hacia 1711 a través de un pasillo del brazo norte del transepto o nave transversal que le da al templo catedralicio su planta de cruz latina


Para conseguirse esta unión de A Corticela con la catedral hubo de sacrificarse la capilla de San Nicolás, cuyo espacio, como veremos adentro, hace de pasillo de comunicación con el transepto entre las capillas de San Andrés, cuyo exterior barroco vemos a la derecha, y la del Espíritu Santo, situada al otro lado, que también veremos desde dentro en esta misma entrada de blog


Una vez anexionada a la catedral, esta capilla de Santa María da Corticela, de la que también hablamos en la entrada dedicada a la Puerta del Paraíso, no se estimó necesario recubrirla de elementos barrocos (salvo en la parte que mira, al este, a la Praza da Quintana), como sí aconteció en el resto del templo catedralicio, y aunque por dentro sí se acometieron reformas, se conservó su estructura románica, la cual a su vez se superpone a una iglesia anterior, prerrománica, fundada por el obispo Sisnando I de Iria Flavia en el siglo IX con el rey Alfonso III El Magno y de la que han aparecido sus restos en las campañas arqueológicas acometidas en el siglo XX. Aquel templo abarcaría un espacio aún mayor hacia occidente (a la derecha de la foto)


Aquí, una comunidad de monjes atendía al culto y al mantenimiento de la tumba de Santiago en compañía de la de sus predecesores, los monjes de Antealtares, cuyo templo monástico se hallaba unos pocos metros al sur, fundado por el obispo Teodomiro y el rey Alfonso II El Casto, dicen las viejas crónicas de la Concordia de Antealtares, nada más confirmarse el hallazgo en el lugar de los que se tienen por restos del apóstol Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio tras las visiones del ermitaño Paio o Pelayo

Plano original: Xacopedia

Andado el tiempo y con el crecimiento de la catedral ya en época románica, así como de la ciudad y su población, se creó un clero catedralicio propio que asumiría las funciones de ambos monasterios en el cuidado del sepulcro apostólico y su culto. El de A Corticela será el germen del de San Martiño Pinario, situado al norte de la catedral y al otro lado del Camino, y Antealtares, primeramente bajo la advocación a San Pedro, pasó a ser San Paio de Antealtares, desplazándose varias veces de ubicación, al este, según la catedral se engrandecía. Compartimos de la Xacopedia esta primera fase de la historia del santuario, hasta la reforma románica del siglo XIII que le dio su aspecto actual:
"Es la más visitada de la basílica. Se encuentra en las inmediaciones de la puerta norte, por la que entraban históricamente los peregrinos del Camino Francés. 
El obispo compostelano Sisnando I y el rey asturiano Alfonso III el Magno crearon esta pequeña iglesia a finales del siglo IX -antes pudo existir un minúsculo oratorio- como centro de una comunidad de monjes dedicada al culto y custodia del sepulcro de Santiago, en compañía de la comunidad vecina de Antealtares, precedente remoto del actual convento de San Paio, que venía ejerciendo esta misión en solitario desde poco después del momento del descubrimiento de la tumba (820-830). Presidida por el abad Ronualdo, la nueva comunidad se instala unos metros al norte del espacio santo del sepulcro, en el lugar homónimo, diminutivo del latín curtis, que alude a un pequeño espacio cercado. 
La naciente comunidad construye la iglesia de la Corticela con tres altares, Santa Comba, San Esteban y San Silvestre. Se dedicó en un primero momento a San Esteban, pero pronto se convirtió en el primer templo mariano de la ciudad, por lo que acabó siendo conocida también como La Antigua. El templo logra al poco tiempo completar sus dominios con un convento en el inmediato lugar de Pinario, origen del actual monasterio de San Martiño. 
Los monjes van a mantener el culto al Apóstol en A Corticela cuando menos hasta principios del siglo XII, momento en el que son apartados a favor del clero catedralicio, que acaba asumiendo todo el control sobre el sepulcro apostólico. Pero A Corticela, que al surgir la catedral queda casi unida a esta, seguirá en poder de los monjes. Al inicio del siglo XIII es ampliamente remodelada y se construye la actual portada con un tímpano en el que se representa la adoración de los Reyes Magos, un motivo muy frecuente en las iglesias compostelanas y que estaría relacionado con el hecho de considerarlos como los primeros peregrinos cristianos. (...)".

Desde el siglo XVI, es decir, cuando aún no estaba unida a la catedral, aún románica, Santa María da Corticela pasa a ser una capilla especialmente dedicada a peregrinos "extranjeros y vascos", con monjes especialmente habituados al don de lenguas, llamados 'lenguajeros'. quienes realizaban confesiones y celebraban liturgias en diversos idiomas:
"En 1527 A Corticela deja de depender de los monjes de Pinario y pasa a ser administrada por la catedral como parroquia para “peregrinos, extranjeros y vascos”, se cita expresamente, con la intención de prestarles un servicio más adecuado. Con este fin, establecen en ella su sede los linguaxeiros -lenguajeros-, sacerdotes encargados de confesar en distintas lenguas a los peregrinos. La capilla será desde este momento un acogedor y tranquilo espacio para el recogimiento del peregrino recién llegado a Santiago, en una función que sigue conservando en el presente. 
En 1711 se realizó el actual corredor-escalinata que comunicó definitivamente A Corticela con la basílica desde el interior. Se eliminó para ello la antigua capilla medieval de San Nicolás. En 1966, aprovechando unas obras de restauración, se realizó una prospección arqueológica en la que se encontraron vestigios -tumbas excavadas en la roca, sobre todo- del cementerio romano en el que apareció el sepulcro atribuido a Santiago. 
A Corticela es, sin duda, la capilla más popular de la catedral. A ella acuden peregrinos de todos los países -algunos de ellos acabaron casándose en ella, tras realizar la peregrinación a Compostela-, pero también devotos compostelanos de la Virgen de los Milagros, allí representada, y estudiantes universitarios que, respondiendo a una antigua tradición, depositan papeles escritos con sus deseos ante una imagen de Jesús en el huerto de los Olivos (s. XVI). A la derecha, según se entra, se vislumbra un sepulcro medieval de piedra que, según ciertos estudiosos, habría pertenecido a una desconocida peregrina enterrada en la catedral".

Canecillos románicos en forma de quilla, con más o menos filigranas. Leemos en Románico digital:

"Hacia el exterior, es fácilmente perceptible la clara organización volumétrica de la iglesia, con la nave central elevada sobre las laterales, rematadas por series de canecillos esculpidos en los cornisamientos y con los muros masivos sólo abiertos mediante estrechas saeteras que iluminarán el interior del templo. En su lado noroeste se levanta la espadaña, que insiste en su función parroquial."

Detalle de la ventana en saetera, que proporciona algo de luz natural al interior de esta parroquial integrada "inclusa en la Catedral de Santiago de Compostela, símbolo del encuentro entre la devoción universal a la Virgen María con el culto sepulcral al Apóstol Santiago", nos dicen en la web de la parroquia, destacando que "Actualmente desempeña su labor como parroquia de Peregrinos y Extranjeros en la Diócesis Compostelana".

Más detalles de los canecillos, maravilla del románico de este santuario integrado en la catedral y parte de la historia de las primeras comunidades monacales destinadas al culto a Santiago en este lugar

"Tras el descubrimiento del sepulcro del Apóstol, se emplazan tres nuevas iglesias en los términos del bosque Libredón;  la sepulcral “supra corpus apostoli”, la de Antealtares y la Iglesia dedicada A San Juan Evangelista.  Estos tres templos se hallan emplazados en los términos del “locus”, y precisamente el justísimo emplazamiento que se adjudica a la Corticela, con su solar monacal en el lugar de Pinario, fuera de este “locus”, hace suponer que su fundación fue posterior a las 3 primigenias y posible origen de su nombre Corticella, diminutivo del latín curtis, que alude a un pequeño espacio cercado. 
La naciente comunidad construye la iglesia de la Corticela con tres altares, Santa Comba, San Esteban y San Silvestre. Se dedicó en un primero momento a San Esteban, pero pronto se convirtió en el primer templo mariano de la ciudad, por lo que acabó siendo conocida también como La Antigua. 
Los monjes compartieron su labor de custodios con la comunidad de Antealtares, que venia encargándose de la tumba en solitario desde el descubrimiento de la misma. 
El primer registro documental del que tenemos constancia data del 19 de abril del año 912 cuando el Obispo Sisnando, de la sede de Iria, concede al Abad Guto y a sus acólitos, custodios del locus sanctus, el terreno llamado Pignario. Este hecho será refrendado ese mismo año, en 27 de Junio, por el Rey Ordoño II, otorgando la casa de Vesulio, en el lugar de Pignario, y la Iglesia de Santa María de la Corticela, donde hasta ese momento ejercían su labor de protectores del sepulcro. 
Hasta el 997, tras la Campaña de Almanzor, no se construirá una capilla con advocación a San Martín de Tours en estos nuevos terrenos, pasando la comunidad cenobítica, nacida al pie de la tumba del Apóstolica, a ligar definitivamente su devenir a esta nueva ubicación que fijará el patronímico de la misma. 
Santa María la Antigua de la Corticela, con el crecimiento del templo catedralicio en el siglo XII, quedara engullida por este, articulándose su funcionamiento, todavía en manos de los benedictinos, en torno al culto al Apóstol. Al inicio del siglo XIII es ampliamente remodelada y se construye la actual portada con el tímpano de la Epifanía  en el que se representa la adoración de los Reyes Magos, que en un primer vistazo produce extrañeza al sólo encontrar dos de los reyes, el tercer Mago, está ya en el propio tímpano, acompaña genuflexo a la Sagrada Familia, portando su ofrenda en la mano, mientras que con la otra hace amago de quitarse la corona en señal de respeto y servidumbre 
En 1527 Santa María la Antigua de la Corticela  se transforma en parroquia, abandonando la dependencia benedictina,  como valedora  de “peregrinos, extranjeros y vascos”,  con la intención de prestarles un servicio más adecuado. Con este fin, establecen en ella su sede los linguaxeiros, sacerdotes encargados de confesar en distintas lenguas a los peregrinos. 
En 1711 se realizó el actual corredor-escalinata que comunicó definitivamente la Corticela con la basílica desde el interior.  Es en este siglo cuando el gran cierre barroco de la Catedral termina de incorporar el templo en el esplendido conjunto catedralicio. 
Entre 1940 y 1980 tanto la ciudad como su Catedral fueron objeto de numerosas intervenciones de la por entonces denominada Dirección General de Bellas Artes y Arquitectura".

Un contrafuerte en el muro revela una transición al gótico, como corresponde al románico tardío del siglo XIII en el que se remodeló la capilla. Si siguiésemos por aquí saldríamos a la Praza da Quintana y la Porta Santa, que tienen su específica entrada de blog

Pero de dichas plazas, así como de otros aspectos del exterior de esta capilla, disertamos ya ampliamente en sus respectivas entradas en este blog. Pasamos ahora a ver A Corticela, y otras capillas aledañas, por el interior

Esta es la portada norte de la catedral de Santiago o antigua Puerta del Paraíso, en la fachada da Acibechería, vista desde dentro, la puerta más utilizada en el medievo por los peregrinos de la catedral románica por su inmediatez al Camino Francés y al Hospital de Santiago que los acogía. Ahora está o bien cerrada o empleada como salida en momentos de gran afluencia

 A la derecha, según la vemos de frente, arranca el pasillo hacia A Corticela, solar que fue de la capilla de San Nicolás, una de las capillas románicas que consagró el obispo Diego Xelmírez (a partir de 1120 arzobispo) en el año 1105, obra parece ser del llamado maestro Esteban. Las obras de la catedral románica había empezado en 1075 con el prelado Diego Peláez y el apoyo del rey Alfonso VI, pero la destitución del obispo en 1088 había paralizado los trabajos hasta la llegada de Xelmírez. La antigua iglesia prerrománica de A Corticela llegaría se supone hasta aquí

Esa antigua capilla de San Nicolás formaba parte de las que tenían monjes con don de lenguas, junto con la del Salvador (de la que hablamos en la entrada de blog dedicada a las capillas de la girola) y la de A Corticela para las confesiones de peregrinos extranjeros. También se entregaba entonces aquí la compostela o certificado de haber realizado la peregrinación. No había exposición del Santísimo Sacramento pero sí Custodia

Este lugar de la capilla de San Nicolás fue el que pasó a formar parte en el siglo XVII del tránsito hacia la parroquia de A Corticela, que veremos enseguida, y a la capilla de San Andrés, que encontramos al avanzar en dirección a ella. La advocación a San Nicolás quedó relegada a un pequeño absidiolo que es este que encontramos al lado de la fachada norte o da Acibechería y su Puerta del Paraíso

Observamos su estructura románica de altas columnas que sostiene un arco de medio punto liso que descansa en capiteles labrados con filigranas vegetales. En 1695, al construirse una sacristía tras el altar, comenzó a llamarse de San Antonio y, en 1696, vino aquí la parroquia de San Fructuoso

Es por ello que en su gran retablo neoclásico del retablista gallego Manuel de Lens de 1729 se pusieron en 1766 imágenes de los santos a los que estuvo la capilla dedicada: San Antonio Abad, San Fructuoso y San Nicolás, además de otra de San Blas y una pintura de la coronación de la Dolorosa


La Virgen de Fátima fue ofrendada a la catedral por peregrinos portugueses en 1948

Antes de avanzar por el pasillo donde estuvo la capilla de San Nicolás hacia A Corticela, venimos a este lado a la capilla del Espíritu Santo, construida en el final de la parte oriental del brazo norte del transepto a mediados del siglo XIII sobre otra anterior del siglo XII

Es la más antigua de las capillas góticas de la catedral y fue ampliada en el siglo XIV y en su altar se rinde culto a la Virgen de la Soledad, advocación por la que también se la conoce. La puerta no obstante se debe a reformas barrocas posteriores, de Domingo de Andrade, en el siglo XVII, autor también de la reja

Sobre ella vemos una de las cruces de consagración de la catedral románica que, en número de doce, se colocaron en diferentes lugares del templo cuando se celebró dicho ritual en abril de 1211 siendo arzobispo Pedro Muñiz. Sus trazos dorados muestran arriba el sol y la luna y abajo las letras alfa mayúscula y omega minúscula, primera y última del alfabeto griego, símbolo del principio y fin de todas las cosas que es Cristo. En el círculo que cierra la cruz se lee:

ERA MILLENA 
NONA VICIES DVODENA
SVMMO TEMPLA DAVID
QVARTVS PETRVS ISTA DICAVIT
(En la Era de 1249 Pedro IV dedicó este templo al sumo David)


Con motivo del 800 aniversario de la consagración se publicaron estas guías sobre dichas cruces que, dedicadas a los doce apóstoles, el arzobispo fue ungiendo siguiendo un ritual del que sabemos gracias a que se conserva el acta de consagración. Leemos en el blog Campus Stellae: los caminos a Santiago:
"En la mañana del jueves de la segunda semana de Pascua del año 1211 (21 de abril), el obispo de Compostela, Pedro Muñiz, oficiaba el largo rito de dedicación de la Catedral de Santiago. Como huellas de aquel día perduran las doce cruces de consagración que marcan un singular recorrido por las naves de la basílica. El obispo fue ungiendo e incensando las cruces una por una. Son cruces que ostentan en sus cuatro ángulos el sol, la luna, el alfa y el omega. Llama la atención las inscripciones que las rodean, dísticos latinos, unos de carácter conmemorativo y otros de significado espiritual. 
El acta de Consagración se conserva transcrita en el Tumbo B de la Catedral con la testificación del notario que tuvo ante sus ojos el documento original. Según el documento, estuvo presente en la consagración el rey de León, Alfonso IX, acompañado de su hijo, el infante Fernando, de su hermano Sancho y de los principales magnates del reino. El acta está firmada, además de por el obispo Pedro Muñiz, por los obispos de las diócesis de Ourense, Lugo, Mondoñedo, Tui, Coria, Guarda, Évora, Lisboa y Lamego".

La ubicación de las doce cruces, de las que se sabe que no todas se encuentran en su ubicación original como resultado de las reformas acometidas posteriormente en el templo, como las de este claustro. En la web Ars Rituum podemos hallar un excelente trabajo sobre ellas y el documento de consagración

Foto: catedraldesantiago.online

La capilla románica primigenia se construyó sobre la iglesia prerrománica de A Corticela cuando esta se transformó en la románica que sigue siendo hoy en día. La reforma gótica del siglo XIII de esta capilla se debió a las reformas de Gonzalo Pérez de Moscoso para su suegro Pedro Vidal, quien hizo de ella su panteón familiar, en el que se encuentran sus restos y los de otros familiares y personajes destacados. Es entonces cuando adquirió su forma alargada, de bóveda apuntada y ménsulas decorativas en las que reposan sus nervios. Contaba con dotación para doce clérigos que en el siglo XV son proclamados racioneros (cargo eclesiástico catedralicio) del Espíritu Santo por el arzobispo Álvaro de Isorna, encargándoles del canto del Salve Regina todas las tardes a la Virgen...

Salve, Regina, Mater misericórdiae:
Vita, ducedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, éxsules, fill Hevae,
Ad te suspiramus, gementes
et flentes in hac lacrimarum valle.
Eia ergo Advocata nostra,
illos túos misericordes óculos ad nos converte. Et
Et Jesum benedictum fructum ventris tui, 
nobis post exilium ostende.
O Clemens: O pía: O dulcis Virgo María

Compartimos del amplio artículo que le dedica Wikipedia a esta capilla:

"La Capilla de Sancti Spiritus o del Espíritu Santo fue fundada en el último tercio del siglo xiii por disposición del burgués compostelano Pedro Vidal en el transepto septentrional de la catedral con el fin de que este espacio fungiese como lugar de enterramiento para él mismo y su esposa, además de solicitar misas pro anima. Originalmente emplazada entre las capillas románicas de Santa Cruz (al sur) y San Nicolás (al norte), la fundación no implicaba un lugar diferenciado sino que consistía en un sencillo altar ubicado en el muro que separaba ambas capillas, en cuyas proximidades se encontraba la lauda sepulcral de Vidal. Un siglo después, uno de sus bisnietos, Gonzalo Pérez de Moscoso, arcediano de Reina y desde 1392 cardenal de la catedral, sufragó el levantamiento de una capilla ex novo con el objetivo de ampliar el espacio funerario, promover sus propias devociones y afianzar el mantenimiento del culto. Según el documento fundacional de 1383, la capilla fue erigida bajo la advocación del Espíritu Santo y entregada a un total de doce clérigos, denominados capellanes de Sancti Spiritus. En consecuencia, y representando a los religiosos, Joan Afonso recibió la llave de las puertas de la capilla y se comprometió a la celebración de misas por su alma y la de sus parientes, siendo la iniciativa llevada a cabo con el consentimiento del cabildo y el arzobispo Rodrigo de Moscoso, hermano de Gonzalo. Los capellanes fueron nombrados por el cabildo para asistir a maitines cuando se cantaban a medianoche, oficio que se prolongó hasta el siglo xix según se desprende de las constituciones antiguas: 

En 21 de Junio de 1511 acordó el Cabildo que se toque á maitines en todo tiempo desde la una de la noche á las tres, y que los Cardenales, Canónigos y Racioneros que asistiesen á ellos contados á Prima. En consideración á las muchas enfermedades que se notaban por causa de las lluvias y fríos, se dispuso en 8 de Noviembre de 1531 que se empezasen los maitines media hora ántes de anochecer; y en 18 de Mayo de 1543 que asistiese para presidir un Cardenal ó Canónigo por turno de antigüedad, y á falta de ellos un Racionero, ganando por esto un real de plata

El arzobispo Álvaro de Isorna, quien fungió como tal de 1445 a 1448, fundó y dotó un colegio bajo idéntica advocación con el nombre de Racioneros, tomándolo de estos doce capellanes, los cuales pasaron a ocupar la Iglesia de la Compañía de Jesús el 15 de octubre de 1769 en virtud de la orden procedente de la Real cédula del 19 de agosto anterior, con la obligación de cumplir las fundaciones de las que estaban a cargo los jesuitas. Los racioneros aceptaron mediante escritura pública el 22 de septiembre de 1526 la obligación de cantar la «Salve» todos los días por la tarde delante del altar de Nuestra Señora de la Preñada en la nave de la Soledad de la catedral conforme a las constituciones y ordenanzas de la Cofradía de la Salve Regina, recién restituida; para este fin el cabildo les otorgó el 24 del mismo mes y año la suma de 100 000 maravedís pares de blancas ante el notario Alonso Rodríguez de Saavedra. Los racioneros tenían a su vez la obligación de asistir a las horas canónicas en el coro de la seo así como a las procesiones, si bien fue necesario recordarles estos deberes el 12 de enero de 1543 con motivo de su ausencia, la cual justificaron con el pretexto de tener que atender las fundaciones de la Capilla de Sancti Spiritus. Trasladados a la Iglesia de la Compañía de Jesús, y aumentada su renta con el importe de las fundaciones que cumplían y que antaño se hallaban a cargo de los jesuitas, con el tiempo fueron evadiéndose de sus responsabilidades en el coro de la catedral, asistiendo únicamente a la consagración de los óleos y a la procesión del Corpus Christi. 
Además de los racioneros, en la Capilla de Sancti Spiritus tenían asentada los azabacheros la Cofradía de San Sebastián desde al menos 1410 con motivo de la peste. En 1422 la hermandad estableció una concordia con los racioneros en virtud de la cual se instaló una imagen de San Sebastián en un altar dentro de la capilla, en el lado de la Corticela, «a maao siestra quando entran en a dita Capela». Dicha imagen, encargada por la propia cofradía y realizada en piedra caliza, sería probablemente reemplazada por otra que fue bendecida el 15 de enero de 1448 por fray Vasco de Vitre, obispo de Sebaste y administrador apostólico del Convento de San Juan de Coba. Se sabe gracias a Antonio López Ferreiro que la talla, hoy conservada en el Museo Catedralicio, aún se encontraba en la Capilla de Sancti Spiritus en 1904, mientras que de acuerdo con Ana Belén Requejo Alonso, la imagen fue trasladada en esa época al muro frontal de la epístola, a un altar dedicado a las ánimas del Purgatorio, habiendo ocupado para 1784 la zona central del lado del evangelio. La devoción a este santo iría decreciendo paulatinamente conforme aumentaba la popularidad de San Roque a la par que se producían mejoras en la medicina y la higiene. El traslado de los racioneros a la Iglesia de la Compañía de Jesús provocaría a su vez la llegada de nuevas devociones a la capilla, todas ellas vinculadas al Espíritu Santo tal y como se desprende de un pleito entre los racioneros y el cabildo en el siglo xviii, donde se constata la asimilación de las advocaciones de la Virgen de la O, Nuestra Señora de la Preñada y la Inmaculada Concepción, esta última patrona de la Prima, la cofradía en la que se integraban los clérigos de Sancti Spiritus".

Foto: www.vigoenfotos.com

En el siglo XVI Jácome García y otros arquitectos reformaron cabecera y sacristía y en el XVII, el ya citado Domingo de Andrade, aportó una tribuna abierta, además de su también mencionada portada. Existen siete sepulcros de los que los tres más destacados son el del chantre Juan de Melgarejo (año 1534), el del cardenal Pedro Varela (1574), el del fundador Pedro Vidal y el del arzobispo Alonso Sánchez de Moscoso, decorado con un Descendimiento de la Cruz del siglo XV. Del mobiliario, los antiguos retablos y del actual, sigue contando así Wikipedia:

"Antiguamente la capilla contaba con tres altares, dos de estilo churrigueresco (el retablo de las ánimas y el de Nuestra Señora de la Preñada) y el restante de corte neoclásico (el retablo del Salvador), de los cuales ninguno ha llegado a nuestros días. El retablo de las ánimas fue trasladado allí en 1776 desde su capilla, ubicada en la entrada al claustro, en un espacio que para finales del siglo xix recibía el nombre de «cuarto de descanso», mientras que otro de los retablos, el dedicado a Nuestra Señora de la Preñada, procedía de la primera columna inmediata a la reja del lado del evangelio en la nave de la Soledad, a la que se hallaba fijado. El tercer y último retablo, presidido por una antigua imagen del Salvador, fue realizado en 1862 para dotar a la capilla de un altar adicional en el que los beneficiados pudiesen celebrar misa. Respecto al segundo de ellos, este fue realizado en 1703 por Domingo Rodríguez de Pazos, corriendo la policromía a cargo de Francisco Sánchez tal y como consta en las cuentas de la fábrica de la catedral, en las que figura un pago de 1000 reales por este concepto en 1705. Cabe destacar que este retablo, el cual cobijaba una imagen de Nuestra Señora de la Preñada facturada a comienzos del siglo xiv por el Maestro Pero, guardaba una estrecha relación con San Gabriel ya que en la sección inferior se hallaba un relieve alusivo al sueño de San José, hoy conservado en el Museo Catedralicio. Por otro lado, en la Quintana había, entre otras, una capilla dedicada a la Virgen de la O la cual fue fundada por Pedro Balanguiño con renta suficiente para un capellán y el cumplimiento de cierto número de misas. El arzobispo Juan de Sanclemente terminaría ordenando su derribo por hallarse en estado ruinoso, señalando al capellán el altar que vulgarmente se denominaba «de la Preñada», muy próximo al de la Soledad; una vez derribada la capilla, la Cofradía de la Virgen de la O, integrada por sastres, se trasladaría a la cercana iglesia del Monasterio de San Pelayo de Antealtares. 
Por su parte, el retablo de ánimas respondía a un proyecto de Miguel de Romay realizado aproximadamente entre 1714 y 1716, siendo Francisco Sánchez quien lo pintaría en este último año por 5890 reales. La imagen principal de dicho retablo sería un Cristo crucificado obra de Juan Bautista Celma y Bernardino de Xorapán en 1570, hoy conservado en el Museo Catedralicio, mientras que Juan Antonio García de Bouzas se ocuparía en 1725 de retocar otra talla de la capilla, concretamente una imagen del Santísimo Cristo. Cabe destacar que la presencia de estos tres retablos en la Capilla de Sancti Spiritus supuso por otro lado la pérdida de un retablo anterior, facturado en 1695 por Meyranes Valladares y policromado por Juan Carballo, quien el 2 de febrero de ese mismo año «otorgó carta de pago de 3700 reales, a favor del arzobispo Monroy, por dorar el retablo mayor del Colegio de Sancti Spiritus, pintar el colateral de San Sebastián, las rexas de la capilla y los dos santos de dho. retablo»

Foto: Lancastermerrin88 en Wikipedia

El retablo actual vino aquí en 1945 cuando se retiró el antiguo coro de madera en el trascoro de la catedral (nave central), el cual a su vez sustituía al gran coro pétreo medieval del maestro Mateo, autor asimismo del Pórtico de la Gloria. Son autores del retablo los escultores Miguel de Romay y Antonio Alfonsín, quienes colaborarían en diversas obras más en la catedral, como los órganos, las escaleras y los tornavoces de los púlpitos. Se apunta a que el pintor García de Bouzas hizo un desaparecido retrato de la Verónica para este retablo en 1707. Su historia comienza así:

"Los orígenes del retablo de la Soledad se remontan al siglo xvii. En 1666 el arzobispo Pedro Carrillo y Acuña trató de perturbar al cabildo en la posesión de la que este gozaba para castigar a quienes dependían de él, además de pretender alterar la forma en que se nombraba al administrador del Hospital de San Roque. Ante la negativa del cabildo, se desató un pleito de tal magnitud que Antonio de Aguiar, juez eclesiástico de la Quintana, encarceló a cuatro canónigos, entre ellos el vicario del deán, quien debió ser sustituido en su papel de presidente del cabildo por el provisor, el cardenal Munibe, por ser el que ostentaba mayor antigüedad, lo que provocó las protestas del prior Pedro de Navia y Mariño, quien alegó que las bulas apostólicas prohibían que un deán, y en este caso el presidente, fuese provisor o visitador. El 3 de marzo de 1667 el cabildo acordó que, «en atención á los riesgos de la moneda por su subido valor para asegurar la perpetuidad de las fundaciones hechas en la Capilla del Santo Cristo de Burgos, la plata ú oro que se depositase, fuese á razón de doce reales el real de á ocho; que, esto no obstante, por este año interin Su Excelencia no aseguraba fincas bastantes para la fundación, se asistiese capitularmente después de Completas todos los viernes de Cuaresma á los Misereres graciosamente y sin interés alguno con toda la Capilla de Música». 
El 24 de marzo, el doctoral Yáñez Parladoiro manifestó que el fiscal eclesiástico delataba a numerosas personas, y que la mayoría de las veces, cuando el fiscal perdía el pleito y era por tanto condenado al pago de las costas, los damnificados no tenían cómo cobrarlas, por lo que solicitaba que se le exigiesen fianzas y que tanto el provisor como el juez eclesiástico fuesen residenciados por personas competentes para así no tener ocasión de actuar libremente. Sumado a lo anterior, Yáñez pedía que se celebrase un sínodo para que el clero expusiese todos los problemas que sufría y que a su vez se nombrasen jueces sinodales puesto que solo había uno. Entretanto, el cabildo había llegado a algunos acuerdos para socorrer a los cuatro canónigos encarcelados; debido a que otros seis canónigos habían recurrido al nuncio para que este dejase sin efecto los acuerdos de la corporación, el 26 de marzo todos ellos fueron condenados a un año de privación de voto activo y pasivo además de a una multa de 200 ducados cada uno, de los cuales 200 fueron aplicados al Convento de Santa Bárbara de La Coruña y los 1000 restantes al retablo de la Soledad que entonces se estaba proyectando realizar para dar cobijo a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la cual fue emplazada provisionalmente en el retablo de San Jorge o en el de Nuestra Señora de la Preñada mediante acuerdo del 29 de marzo de 1666, mismo año en que la talla fue adquirida".

CC BY 4.0. Foto Enciclopedia 1993 para Wikipedia

A la talla de la Virgen de la Soledad, que preside el retablo y da a la capilla otra de sus advocaciones, el arzobispo fray Rafael de Vélez regaló su manto bordado mientras peana, ángeles y figuras decorativas obedecen a donaciones:

"... la talla de Nuestra Señora de la Soledad que preside el conjunto, facturada en 1666 por 2147 reales, se atribuye a talleres madrileños ya que fue traída de la capital española, si bien Manuel Murguía declaró a finales del siglo XIX que la imagen era generalmente asignada a Gregorio Fernández Prieto, quien no empezaría a trabajar en la catedral hasta la década de 1740, cuando talló la Inmaculada Concepción que preside el retablo de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca. 
En la fábrica, encomendada por el cardenal Rodrigo de Romay, descendiente de los condes de Lemos (patronos de la fundación), participaron también el escultor Juan Antonio Morales y el platero Francisco Antonio Rodríguez, quienes elaboraron el frontal, las gradas y la peana con sus ángeles y cartelas, siendo esta al parecer la última obra de Morales ya que no se poseen noticias de otros trabajos posteriores. Concretamente, Rodríguez labró en 1747 la peana, los ángeles y las cartelas de plata por un precio de 3134 reales y 12 maravedís, todo ello con un peso de 447 onzas y cuatro adarmes, mientras que el frontal y las gradas corrieron por cuenta de Morales, quien realizó dicha obra unos años antes, siendo las gradas pagadas por el deán Manuel Francisco Rodríguez de Castro. A mayores, la Venerable Orden Tercera encargó en 1733 al orfebre Nicolás do Monte la ejecución de dos arañas de plata para que dotasen de luz y adornasen el retablo, obra que debía ser de importancia puesto que «para resto del trabajo le pagaba la cofradía 2398 reales». Se sabe que con anterioridad acompañaron a la imagen otras dos arañas de plata que fueron colocadas por disposición de José Rubio de Lascana, quien en 1687 ofreció 200 ducados para velas de cera que debían ser encendidas frente a ella. Igualmente, estuvo ubicada en su primitivo emplazamiento una gran lámpara de cristal donada en 1864 por voluntad testamentaria del canónigo Pedro Méndez Acuña; esta lámpara, hoy retirada, era encendida hacia 1870 con motivo del villancico que se cantaba frente al retablo cuando había procesión mitrada". 


Artísticamente se concibe al retablo como un superviviente del antiguo coro de madera y de ser uno de los primeros trabajos de Romay, además de, espiritualmente, por la memoria de su intensa devoción compostelana de los tiempos de cuando estaba en dicho coro, en la nave mayor, tal y como se aprecia en esta pintura, (al fondo) titulada El Pórtico de la Gloria, de Jenaro Pérez Villaamil fechada en 1849:

"La imagen de Nuestra Señora de la Soledad adquirió fama rápidamente entre los fieles ya que al poco de su llegada, en la década de 1670, empezó a ser mencionada en los testamentos de los feligreses como destinataria de misas, mientras que para la década de 1720 su retablo se había convertido en altar privilegiado, título otorgado a petición del deán que consta por vez primera en un testamento con fecha del 7 de octubre de 1727, lo que ayudó a incrementar su popularidad. En el periodo 1701-1730, de un total de 5468 misas establecidas en los testamentos de la ciudad para ser celebradas ante un altar privilegiado, tan solo 48 fueron oficiadas frente al retablo de la Soledad (0,88%), mientras que de 1731 a 1760 esta cifra aumentó a 2160 (17,7%), creciendo su fama no solo en Compostela sino también en zonas rurales ya que en el periodo 1701-1760, de un total de 2222 misas, 174 fueron celebradas frente a este altar (7,84%), ascendiendo a 423 misas sobre un total de 2478 de 1761 a 1790 (17%). 

Pese a su fama, Murguía calificó el retablo de la Soledad de «pobrísimo y mezquino», además de referirse en términos peyorativos al Calvario que entonces remataba el conjunto y que, trasladado junto con el retablo a la Capilla de Sancti Spiritus, sería conducido al Museo Catedralicio, donde se conserva actualmente: «[…] coronado, para vergüenza nuestra, con el informe Crucifijo que se levanta sobre la balaustrada del coro» (la imagen cristífera de este Calvario, fechado hacia 1340, sería retocada por Jerónimo de Castro y Losada en 1685 ya que hay constancia en dicho año de que el escultor arregló la «cabeza y manos del Santo Cristo que está encima del altar de Nuestra Señora de la Soledad»). Sumado a lo anterior, Murguía comparó los querubines presentes en el retablo de la Soledad con los ángeles que adornan el camarín del retablo mayor, obra de Juan de Figueroa, describiendo estos últimos junto con la labor de cincelado como superiores y descalificando el retablo nuevamente al referirse al mismo como «de distinta mano, y por desgracia nuestra, harto inferior de lo que pudiera esperarse del artista de quien acabamos de hablar», pues entonces se afirmaba que Figueroa era el autor de la orfebrería del retablo de la Soledad. En su comparativa entre el camarín y el retablo, Murguía declaró que «las cabezas de los ángeles y hasta el cincelado de los frontales lo atestiguan de una manera tal, que no permiten la menor duda. Su insuficiencia es notoria, y la inferioridad de esta última obra, respecto de la del altar mayor, sobrado manifiesta. Basta decirlo así».

La estructura es la de un retablo-hornacina del gusto clasicista que tenía el antiguo coro lígneo en el que estaba anteriormente:

"...lo que explica la presencia de dos grandes pilastras compuestas con fuste estriado y un entablamento fuertemente moldurado organizado a partir de volutas y triglifos. El nicho consiste en un gran arco de medio punto abocinado y cerrado con una diminuta bóveda de cascarón y una exedra casetonada destinada a dar cobijo a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, concentrándose todo el despliegue ornamental en el intradós y en las columnas, para lo cual Romay empleó tres elementos: grecas de hojas carnosas, decoración vegetal de grandes acantos que cubren las pilastras y la clave del arco, y figuras de querubines que decoran el espacio libre del retablo en un claro ejemplo de horror vacui, potenciando así el carácter barroco del conjunto. Estos ángeles tenantes sostienen diversos instrumentos de la Pasión (Arma Christi), así como el corazón de María o lámparas, reflejando algunos el dolor causado por la muerte de Jesús, todo ello relacionado con las cajas de los órganos del coro. Este discurso teológico queda complementado en el tondo del ático, donde figura San Jorge luchando contra el dragón (recuerdo del primitivo emplazamiento del retablo), y en el frontal y las gradas, área en la que aparecen de nuevo los instrumentos de la Pasión y un corazón coronado de espinas en representación del Sagrado Corazón. Por su parte, la talla de Nuestra Señora de la Soledad, imagen de vestir, luce túnica y manto obsequiados por el arzobispo y religioso capuchino fray Rafael de Vélez; estas prendas, bordadas en oro y salpicadas de piedras preciosas, fueron confeccionadas por una monja jesuita del Convento de la Enseñanza y costeadas por Vélez con su mejor pectoral y anillo, además de con la Gran Cruz de Carlos III, distinción con la que fue agraciado a su vuelta del destierro al que había sido enviado con motivo de la guerra de la Independencia".

Foto: catedraldesantiago.online

Estos son los sepulcros del lado sur, el de la izquierda es el del chantre Pedro de Melgarejo y el de la derecha es el del cardenal Pedro Varela

Foto: catedraldesantiago.online

Un detalle de cerca de la expresión de su rostro, apoyado en su mano izquierda recostada su cabeza sobre dos almohadones. En la izquierda coge un libro

Foto: catedraldesantiago.online

Sepulcros del lado norte con arquitecturas y arcos trilobulados inspirados en el desaparecido coro pétreo del maestro Mateo


Visitada la capilla de la Soledad o del Espíritu Santo, volvemos de frente a la de San Antonio, de San Fructuoso o de Fátima y, a la derecha, subimos las escaleras hacia la de A Corticela


Primeramente y como ya hemos dicho, subidas las primeras escaleras llegaremos a la capilla de San Andrés, cuya puerta encontramos a la izquierda, fundada en 1674 por el arzobispo Andrés Girón en lo que fue la capilla románica de San Nicolás, "que servía como parroquia de extranjeros, dada su cercanía a la Puerta del Paraíso, punto de entrada para peregrinos. En el siglo XVII, fue transformada en un espacio de tránsito para conectar con la parroquia de la Corticela", nos recuerdan en catedraldesantiago.online


Aquí se conserva otro arco de medio punto, con bóveda de cuarto de esfera, desde el que vemos la capilla de A Corticela, deteniéndonos primeramente, a la izquierda, en la de San Andrés


Su acceso "se realiza a través de una verja del siglo XVIII, atribuida posiblemente al linaje de los Lorenzo". San Andrés tenía otra capilla, románica, donde ahora está la del Pilar, la primera que veíamos en la girola. Esta nueva fundación tiene relación con las reformas barrocas de la época, amparadas por el canónigo y arquitecto José de Vega y Verdugo con el arquitecto José de la Peña de Toro. En un principio fue cuerpo de guardas al estar al lado de la portada norte de la catedral, la ya citada Puerta del Paraíso, la más frecuentada por los peregrinos, siendo por ello parte de la parroquia de extranjeros aquí fundada

Foto: catedraldesantiago.online

Este retablo mayor se hizo de 1707 con trazas de Antonio Fernández Espantoso, muy inspirado en el gran Domingo de Andrade. Anterior a este fue el donado por Benito de Castro y su esposa en 1698 dedicado a San José. Existió un tercero dedicado a la Virgen de Covadonga que fue llevado a la iglesia de la Peregrina, cerca de Santiago. A la derecha están los sepulcros del canónigo Pedro García y del cardenal Juan Martínez Ternero, obra de Juan Bautista Celma


Sepulcro del canónigo Pedro García, año 1561 con un blasón de cinco conchas. En La representación de la muerte en Galicia durante el siglo XVI, de Mª Dolores Villaverde Solar, Profesora de Arte de la Universidad de A Coruña, se nos lo describe de esta manera:
"... con figura yacente sobre urna lisa, y al frente la inscripción:
ES DEL MUI RDO SR Pº GARCIA PRIOR Y CANONIGO DESTA SANTA IGLESIA EL QUAL DE NUEVO REEDIFICO ESTA CAPILLA AÑO DE 1561 Y LA DOTO PARA LA LUMBRE Y FABRICA DELLA Y ENCARGADOS DOMINGOS Y FIESTAS A CAPELLAN UN PATERNOSTER Y ABE
MARIA. 
Viste hábitos pontificales. Sostiene un libro en la izquierda y extiende la derecha sobre el vientre. Un león le sirve de apoyo a los pies y el rostro lo apoya en dos almohadones.

No está documentado, pero se vincula a Juan Bautista Celma, ya que existe una referencia documental: cuando en 1582 Mencía de Andrade encarga su sepulcro, pide que se haga igual al de Don Pedro García".

Sepulcro del cardenal Juan Martínez Ternero (1581), cuya escultura yacente carece de algunos de sus elementos originales, según nos explica también Villaverde Solar:
"En la capilla de San Andrés, se conserva empotrado en el muro del lado de la Epístola, de nuevo se trata de una escultura en piedra de Juan Bautista Celma que dio las trazas para varios sepulcros. Al encajarla en el lugar donde ahora se encuentra, se perdió la mitad de la mitra y los almohadones. Se dobla hacia la derecha, aparece así durmiendo, no muerto. En la mano derecha lleva un libro. Está bastante inclinado hacia el espectador, no hay rasgos individualizadores en el rostro, pero sí muestra en cambio interés por los plegados y telas.

Aquí utiliza la tipología habitual en los sepulcros (Celma), toda la atención la presta a los ropajes mientras descuida el tratamiento del rostro que evita cualquier muestra de sufrimiento".

En el año 1711 se hizo este corredor-escalinata que comunicó ya definitivamente la catedral con la iglesia parroquial de A Corticela, la cual quedó integrada y absorbida dentro de su conjunto en un proceso que ya había comenzado con el crecimiento de la catedral románica cinco siglos atrás, cuando de templo independiente pasó a formar parte de las dependencias catedralicias


Las trazas de la iglesia responden al esplendor del románico compostelano, ya tardío (siglo XIII) que, en buena parte, parecen obra del taller del maestro Mateo, constructor del famoso Pórtico de la Gloria y del desaparecido coro pétreo de la catedral, tal y como podemos ver ya en su misma portada de acceso


Está formada por dos arcos de medio punto sostenido por columnas lisas, a excepción de los capiteles sobre los que descansa dicha arquería, cincelados con temática vegetal tan usual en el románico, y a Románico digital nos remitimos adjuntando esta explicación:
"Con respecto a la fachada occidental, desde el pasadizo que comunica la Corticela con la Catedral se accede hasta su portada esculpida. Se trata de un vano de medio punto de grueso molduraje sobre pares de columnas acodilladas de fuste liso. Sus cuatro capiteles son vegetales, en tanto que la doble arquivolta y su guardapolvos presentan el habitual repertorio de gruesas hojas, característico de las obras influidas por la estela del Pórtico de la Gloria. El tímpano esculpido apoya en dos mochetas representando a dos personajes que muestran cartelas. Mientras, el tema escogido para el propio tímpano fue el de la Epifanía, que gozó de una singular popularidad en las artes gallegas de los siglos xiii y xiv. Siguiendo los parámetros estilísticos propios de las décadas posteriores a la finalización de la fachada occidental de la Catedral, la escena se desarrolla entre el propio tímpano y las arquivoltas. En el centro, aparece la Virgen sedente, con el Niño en el regazo, y acompañada a derecha e izquierda por san José, en pie apoyado sobre un cayado, y un rey mago genuflexo. Sobrepasando la superficie narrativa del propio tímpano, los otros dos reyes se situaron en la primera arquivolta, dirigiendo sus miradas hacia la escena principal, y sus cabalgaduras en la segunda."

Los arcos también muestran elementos vegetales-geométricos, pero lo que más llama la atención es, en el tímpano del arco, la escena de la Epifanía o Adoración de los Magos: en medio está la Virgen con el Niño; a la derecha San José con un bastón y a la izquierda uno de los tres Reyes Magos, en postura de genuflexión. Compartimos la impecable descripción que se nos ofrece a la entrada del santuario:
"Dentro de la peculiar distinción estética de la Corticela, ha de hacerse referencia a la "Portada", en la más pura tradición del estilo del Maestro Mateo, con el tímpano de la Epifanía; la Virgen Madre coronada y con cetro floral es el "Asiento de la Sabiduría", "Fruto bendito de su vientre; Jesús Niño, bendiciendo y con el "Libro de la Vida"; Él es el Masías ungido por el Espíritu Santo. A la derecha, San José invita a la contemplación del Misterio de Cristo. A la izquierda, los "Reyes de Oriente" adoran y ofrecen sus dones al Mesías, cuyos caballos aparecen en los arcos. Tema que está en íntima relación con los programas iconográficos del Maestro Mateo: la "Portada del Coro" (reproducción en el museo) y el "Parteluz" del Pórtico de la Gloria, con la profecía de Isaías: el "vástago del patriarca Jesé, nacido de la Virgen, con la genealogía divina y humana de Jesucristo, Hombre-Dios"

A su izquierda, en el arco interior vemos a los otros dos Reyes Magos


Y, en el siguiente arco, el exterior, dos caballos representan a sus cabalgaduras


Detalle de los reyes y los caballos de estos arcos


Capiteles del lado izquierdo...



Los fustes y basas de las columnas del lado izquierdo


Y los del derecho, con una pequeña bola a manera de cuña o uña por toda decoración


Capiteles del lado derecho


Filigranas de ellos y de los arcos


Sendos ángeles con cartelas en el intradós de la puerta, bajo la escena de la Epifanía


Y en la Epifanía, los tres personajes principales, los del tímpano, de cerca. Esta temática se repite en este y otros templos compostelanos. Sin ir más allá, en el antiguo coro pétreo del maestro Mateo había una, de la que solamente se conserva un fragmento con tres caballos de los Magos, que actualmente se expone en el Museo de la Catedral


En el tímpano de la iglesia de Santa María A Nova, de 1397, que ahora se encuentra en la Facultad de Filosofía, en el de Santa María do Camiño, hoy en su interior, y en el de San Fiz de Solovio se repite la misma temática de la Adoración de los Magos, así como en San Bieito do Campo, en la actualidad también adentro, formando parte del antiguo altar de la Virgen de Belén. Esta simbología y su abundancia no debe extrañarnos en esta ciudad, ya que a los Reyes Magos se les considera como los primeros peregrinos a Jesús


Y aquí tenemos la prolongación en altura de la iglesia, donde se aprecia la parte inferior de un rosetón que quedó tapado al unificarse A Corticela con la catedral. De la iglesia prerrománica anterior, la cual habría sido destruida, como la basílica primitiva antecesora de la catedral (la de Sisnando I), por la razzia de Almanzor en 997, nos cuentan también así en Románico digital:
"El conjunto de iglesias que compuso el primer lugar de culto dedicado a Santiago estuvo integrado por la propia iglesia del Apóstol, el baptisterio de San Juan Bautista –al norte de la anterior– y el monasterio de Antealtares. A éstos debían añadirse las dependencias destinadas a los responsables del culto en el lugar, que en estos momentos no existía como comunidad catedralicia sino monástica y con un cometido eminentemente parroquial, dependiente de la sede de Iria. 

Años más tarde, el obispo Sisnando remodeló las comunidades vinculadas al lugar, dando origen a la magna congregatio que tuvo su reflejo arquitectónico en la remodelación de Antealtares y Lovio, la reconstrucción del primer oratorio jacobeo bajo el patrocinio de los reyes Alfonso III (c. 848-910) y Ordoño II (c. 871-924) y la edificación de la nueva iglesia de Santa María de la Corticela, que nos ocupa ahora y que se localizó en el lado noreste de la iglesia apostólica. El nombre de Corticela procede del curtis, la corte o terreno cerrado vecino a la propia iglesia y que concluyó generando el posterior de Santa María de la Cortecella. Se trata de un topónimo idéntico al que hallamos en la iglesia de Santa María de la Corte, relacionada ahora con el monasterio benedictino de San Juan Bautista y San Pelayo, en el cercano conjunto de iglesias de San Salvador de Oviedo. Sabemos que la Corticela tuvo tres altares dedicados a San Silvestre, San Esteban y Santa Columba y que su función dentro del conjunto estuvo vinculada a los monjes de San Martín Pinario, hasta que en época moderna se convirtió en parroquia de vascos y extranjeros.

La construcción de la catedral románica llevó a que la Corticela quedara como un edificio muy próximo al ángulo entre la cabecera y el transepto norte de ésta, estando comunicada con la iglesia mayor mediante la puerta de Santa María, que se abría entre las capillas de San Nicolás y la Santa Cruz en el transepto catedralicio. De la antigüedad del edificio dieron cuenta las intervenciones arqueológicas con destino a la restauración de la iglesia, realizadas a mediados de los años sesenta del siglo xx por Manuel Chamoso Lamas y Francisco Pons-Sorolla. Éstas sacaron a la luz los restos prerrománicos de la segunda mitad del siglo IX, pero también se ocuparon de reforzar una imagen historicista de la misma, que potenciara su pasado románico en consonancia con el conjunto de la Catedral.

Las reconstrucciones hipotéticas realizadas sobre su posible aspecto original plantean que debió de tratarse de un edificio semejante a San Salvador de Valdediós, debido a su cronología pareja, ambos construidos en tiempos de Alfonso III de Asturias. La iglesia estuvo dividida en tres naves y contó con una cabecera de testero recto. Además, se ha propuesto que hacia occidente debió de ser más amplia de lo que conservamos, planteándose un tramo más de naves que acentuara el plan basilical del edificio, hoy mucho más corto".

En catedraldesantiago.online nos recuerdan su historia y avatares y cómo sigue manteniendo su exclusividad y particularidad, unido físicamente a la catedral pero con su funcionamiento totalmente autónomo. De la misma manera que su aspecto cambió también lo hicieron sus advocaciones y titulares:
"La Iglesia de Santa María de la Corticela, aunque actualmente se encuentra integrada en la Catedral de Santiago de Compostela, conserva su identidad como una iglesia independiente y activa parroquia. Destaca entre las capillas de la basílica compostelana por mantener un estatus único: cuenta con horarios de misa propios, la celebración de sacramentos y un párroco asignado. 
Fundada bajo la advocación de San Esteban y con raíces que se remontan al siglo IX, la Corticela fue originalmente un lugar de culto prerrománico, vinculado al obispo Sisnando en tiempos del rey Alfonso III. 
 Desde el año 1527 ha sido conocida como la "parroquia de extranjeros y vascos", desempeñando un papel clave en la acogida espiritual de peregrinos y visitantes llegados de diversos puntos del mundo. (...) 
Fundación de la capilla de la Corticela: su inicio como una capilla independiente 
La Iglesia de Santa María de la Corticela tiene su origen en el siglo IX, durante el reinado de Alfonso III, y está estrechamente vinculada al obispo Sisnando. Se construyó como una capilla prerrománica independiente bajo la advocación de San Esteban, a las afueras de la naciente ciudad de Santiago de Compostela.  
Su nombre, Corticela, podría derivar de la palabra latina curtis, que alude a una cerca o fortificación cercana al lugar, relacionado con la muralla levantada por Sisnando para proteger Compostela de los ataques normandos. Esta capilla no solo servía para el culto, sino que desempeñaba un papel defensivo y espiritual para los habitantes locales. 
Desde sus inicios, su estructura y diseño respondieron al estilo característico de las iglesias de aquella época, similar a la desaparecida basílica de Alfonso III, de la que sería contemporánea. Presentaba tres naves, un presbiterio central cuadrado y una cubierta de madera a dos aguas, elementos comunes en el diseño arquitectónico de las iglesias de su época. 
En el siglo X, su dedicación cambió a San Martín cuando el rey Ordoño II concedió un terreno cercano para la construcción de un monasterio extramuros. Aunque la Corticela estuvo originalmente vinculada a este monasterio (el futuro San Martín Pinario), pronto desarrolló una identidad única al estar al servicio de los fieles y los peregrinos. 
Evolución histórica y su incorporación a la catedral 
Con el tiempo, la Iglesia de la Corticela sufrió diversas transformaciones que reflejan las etapas históricas y artísticas de Santiago. Durante el siglo XI, bajo el mandato del obispo Diego Peláez, la construcción de la nueva catedral románica generó la necesidad de modificar y reorganizar el espacio urbano. Aunque la Corticela seguía siendo una iglesia independiente, parte de su estructura fue ajustada para adaptarse a la proximidad de la nueva basílica, lo que implicó la demolición de un tramo de sus tres naves y su posterior consagración en 1088. 
En el siglo XIII se llevaron a cabo reformas importantes, como la construcción de una portada de acceso desde la nueva catedral a través de una estrecha calle. Esta portada, de estilo románico inspirado en el taller del Maestro Mateo, incluye una representación de la Epifanía en el tímpano, destacándose por su riqueza iconográfica y su técnica escultórica. 
No sería hasta el siglo XVII cuando la iglesia quedó integrada definitivamente en el conjunto de la Catedral de Santiago, debido a modificaciones urbanísticas como la construcción de la escalinata en 1711. Este proceso también implicó la "disfrazación" barroca de parte de su estructura medieval, particularmente en la cabecera, visible desde la Plaza de la Quintana. 
Hoy en día, Santa María de la Corticela conserva su estatus de iglesia parroquial independiente, con elementos arquitectónicos y artísticos que abarcan desde el prerrománico hasta el barroco. Su incorporación a la catedral le ha permitido mantener un papel central en la vida religiosa y cultural de Santiago, convirtiéndose en un símbolo de la conexión entre tradición e innovación".

Como símbolo de su independencia dentro de la estructura de la catedral, A Corticela tiene su propio tablón de anuncios con noticias de sus celebraciones, misas, liturgias y demás acontecimientos


Aquí encontraremos además un plano de la iglesia junto con un ameno texto de su historia y de lo que nos vamos a encontrar adentro


La antigua iglesia prerrománica tendrá altares dedicados a Santa Comba, San Esteban y Sal Silvestre, bajo cuya advocación estuvo primeramente, si bien enseguida pasó a ser de Santa María que, por tratarse del primer templo dedicado a la Virgen en Santiago, tuvo y tiene el adjetivo de la Antigua. Los frailes, dado lo pequeño del lugar, fundan en el año 912 el monasterio de San Martiño Pinario


Los monjes se San Martiño Pinario siguen haciéndose cargo del culto a Santiago hasta que se hacer cargo del mismo los frailes catedralicios con el reordenamiento administrativo del prelado Diego Xelmírez a principios del siglo XII, si bien A Corticela seguirá siendo de los monjes de San Martiño y será reformada con la impronta románica que ha llegado, más o menos reformada a nuestros días. El cabildo catedralicio se hará no obstante cargo de ella en el año 1527 y es entonces cuando de transforma en parroquia "para peregrinos extranjeros y vascos", contando con sacerdotes políglotas llamados linguaxeiros para confesarles en su idioma, haciéndose de ella un lugar de sosiego para los romeros, función que sigue ejerciendo en la actualidad


El santuario es de planta basilical y tres naves, de la que la más grande, ancha y alta, es la central, iluminada con profundos ventanales, mientras que las de los lados reciben luz con ventanas en sus muros. Al principio solamente tenía una capilla y luego se le añadieron dos laterales. Los arcos que separaban las naves fueron sustituidos por otros más grandes a cada lado, abiertos y sostenidos por una fuerte columna en medio


Estas naves están separadas por arquerías de medio punto que se sostienen por columnas de capiteles vegetales. Las cubiertas son de madera, siendo la de la nave mayor a dos aguas. Un detalle arquitectónico que nos remonta a sus orígenes prerrománicos


Sin embargo, la cubierta de las capillas es de bóveda de cañón y, entre ellas, la capilla mayor, más voluminosa, sostiene esa estructura sobre arcos fajones que descansan en ménsulas, no en columnas; continuamos la lectura de Románico digital:
"... el edificio que nos ha llegado es producto de la reconstrucción tardorrománica a la que fue sometida la estructura original, a comienzos del siglo XIII. Posiblemente al igual que su predecesora, utilizando el granito como material principal se levantó una iglesia de tres naves dividas por columnas con capiteles vegetales –en ocasiones cercanos al crochet–. Las naves poseen un corto desarrollo de dos tramos, con un intercolumnio de arcos de medio punto, que reciben una cubierta de madera. La cabecera está integrada por tres capillas de testero recto, herederas de la organización prerrománica, en este caso cubiertas con bóvedas de cañón. En la capilla mayor, la bóveda se sostiene sobre fajones que apoyan en sus muros laterales sobre ménsulas-capitel, mientras que en el muro de cierre hacia oriente se abre en una ventana en arco de medio punto de taqueado sobre columnas". 

A Corticela, como la catedral, tuvieron una primera reconstrucción tras el ataque de Almanzor, con el prelado Pedro de Mezonzo, pero el románico se impuso posteriormente en ambas. En la gran reforma del siglo XIII se sustituyeron los antiguos arcos divisorios de las tres naves por dos grandes arcos a cada lado, que se sostienen por tres columnas, de la que la central es la más grande y gruesa


Como es habitual, los personajes principales gustaban de enterrarse en espacio sagrado interior de los templos y, los más pudientes, en bien visibles sepulcros, como estos, en la nave del lado de la epístola, a la derecha del templo según entramos


Este primero a la derecha es el de una dama no identificada pero que para el arqueólogo y excelente historiador jacobeo Manuel Chamoso Lamas representa, dice en su libro Santiago de Compostela. Guía, "la estatua yacente de una dama, cuyo rico atuendo de tipo borgoñón del siglo XV y ser la capilla de peregrinos extranjeros, hace pensar representa a personaje principal y forastero"


Popularmente se piensa se trata de alguna peregrina rica y desconocida pero no tenemos en principio documento alguno que lo avale, pues ni siquiera el sepulcro tiene inscripción alguna. "Un doble motivo para entender la fuerza peregrina de este lugar y esta capilla única, que muchos caminantes buscan para meditar tras haber visitado al apóstol", afirma otro historiador. Manuel F. Rodríguez, en su libro Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta


Este sepulcro apareció en las excavaciones efectuadas en 1966, que permitieron comprobar la existencia de una gran necrópolis de época romana en este lugar, a la cual se superpuso una sueva y tuvo continuidad a lo largo de toda la Edad Media tras el hallazgo del que se tiene por sepulcro de Santiago. Leemos en la web Galicia pueblo a pueblo:
"... busto sepulcral de una dama yacente e identidad desconocida, que fue hallada durante unas obras de restauración, al adecentar un antiguo lucillo abierto en el muro norte. La misteriosa Dama de la Corticela, datada a finales del siglo XV, se muestra muy mutilada, con una anatomía bien modelada, concepción ampulosa de los atuendos, rica ornamentación y fino y detallado joyel. Parece recordar los atuendos borgoñones del siglo XV, pero también los que presentan las figuras femeninas de las pinturas de la Iglesia de VILAR DE DONAS, emplazada en el Camino de Santiago, si bien estas pinturas son obra de la época de Juan II. 
Una complicada toca al gusto nórdico de la época, envuelve su cabeza, mientras el rostro se ciñe con un borde decorado con una sarta de estrellas de ocho puntas, que se cierra bajo la barbilla dejando pendiente una estola, con idéntica decoración, que se tiende a lo largo del pecho. De los lados de la caperuza en que remata el tocado, parten bandas que se cruzan tras de la cabeza y dejan escapar entre ellas los bucles rizados de la cabellera. El brazo derecho se flexiona alcanzando la mano, muy bien modelada, la parte alta del pecho, sobre el cual se apoya extendida, mientras el antebrazo recoge y sujeta el manto enrollándolo para caer en amplios pliegues a lo largo del cuerpo y mostrar sus bordes finamente decorados.  
En el hombro un enorme broche o placa circular sujeta el manto, se decora con cabujones y muestra esculpida una estrella de ocho puntas que lleva inscrito en su centro un pequeño escudo, en cuyo campo figura como blasón una cruz latina con remates en doble bulbo.  
De esta placa pende una especie de collar que, cayendo sobre la espalda, alcanza hasta los pies y está formado por cuentas que alternan con torneados canutos. Es, sin duda, una de las más singulares obras de la escultura funeraria de Galicia".

La siguiente tumba sí está bien identificada, se trata del cardenal canónigo Gonzalo Eanes, natural de Betanzos y fallecido en 1342, bajo arcosolio gótico


Una escultura muestra su figura yacente vestido con su hábito y mitra, así como un libro sobre su pecho. Los blasones a los lados de la inscripción de la sepultura son de la Casa de los Becerra, fáciles de identificar por la vaquilla arrimada a un pino. Se dice que es el escudo más antiguo de este linaje


La cabeza del prelado descansa sobre almohadones, como es habitual en estas esculturas funerarias


Detalle del arco ojival del arcosolio, decorado con el motivo de puntas de diamante


A continuación, una portada original románica comunica con un pasillo exterior que pasa junto a alguno de los ábsides románicos de la girola de la cabecera de la catedral, además de con el exterior (Praza da Quintana) por la Porta dos Abades (Vía Sacra), pudiendo verse además los restos del iniciado palacio del arzobispo Berenguel de Landoira, al igual que, por una escalinata, bajar al recinto excavado bajo la Praza da Quintana, donde se hallaron cimientos de un gigantesco triple ábside gótico, proyecto inacabado del arzobispo Juan Arias, que hubiera cambiado absolutamente la fisonomía de la catedral


 Varias ventanas ofrecen buena entrada de luz natural al interior


Seguidamente y sobre un pedestal de madera, hay una talla de la Virgen de los Milagros, de gran devoción compostelana



Al fondo, en la capilla del lado de la epístola, tenemos una urna con la imagen del Niño Jesús de Praga, patrón del antiguo gremio de los teçeleiros o tejedores, anónimo alemán del siglo XVIII, cuyo culto promovieron los miembros de este gremio. "Conocida por su delicado trabajo escultórico y su expresividad, esta figura ocupa un lugar especial dentro del culto religioso de la Corticela, continuando como símbolo de protección y devoción entre sus feligreses", leemos en catedraldesantiago.online


Fue además capilla de los azabacheros, dada su inmediatez a la rúa da Acibechería, donde se estableció este gremio desde el medievo, bien instalados sus talleres al paso de los peregrinos del Camino Francés, que siempre fue el más transitado, pues era en el que confluían la mayor parte de los caminos de España y Europa, como sigue sucediendo hoy en día


Pasamos así a la capilla mayor, de cuya estructura ya hemos hablado y habremos de seguir haciéndolo, pues estamos en "la capilla más internacional" en cuanto a su relación con los peregrinos, ya que, como parroquia de extranjeros es una de las pocas iglesias cristianas del mundo que carece de jurisdicción territorial


Era costumbre que aquí celebrasen sus bodas los peregrinos extranjeros, sobre todo si se daba el caso que se hubiesen conocido haciendo el Camino. A ellos se han unido los nacionales pues desde 2001 es el único lugar de la catedral en el que se ofician los esponsales al decidir el cabildo no hacerlo en el altar mayor, reservado para el culto dada la creciente afluencia de peregrinos. Aportamos este artículo de Mundicamino del 28-6-2011:
"Entre las paredes de la Corticela se ha escuchado el sí quiero en muchas lenguas. Y es que esta pequeña capilla, ubicada dentro de la Catedral, es una de las más universales del mundo, ya que es una de las pocas iglesias de la cristiandad que no tiene jurisdicción territorial. 
Sus parroquianos son los fieles que llegan a la capilla medieval desde todo el mundo. Fue en el siglo XVI cuando fue designada como parroquia para los peregrinos extranjeros. 
Quizás por esta vocación universal la Corticela goza de gran predilección entre los caminantes que culminan la Ruta Jacobea, y muchos la escogen para celebrar su boda en ella. Este fue el caso del austríaco Herman Koch y la alemana Danuta Gotrwald, que contrajeron matrimonio en esta capilla en junio de 2007. 
Fue su afición por la nieve la que los unió, pero fue su pasión por el Camino de Santiago lo que les ayudó a consolidar su relación. Su primera experiencia en la Ruta Jacobea fue en 2002, cuando recorrieron parte del Camino en bicicleta. Esta peregrinación fue tan especial para ellos que, desde entonces, han sido varias las veces en las que han peregrinado a Santiago, siguiendo diferentes itinerarios. 
Los italianos Alessandra y Pietro también decidieron casarse en la Corticela después de recorrer el Camino de Santiago, allá por mayo de 2004. Decidieron casarse en Santiago tras ver la peregrinación del santuario de la Virgen de Palzi, en Calabria. 
En ese mismo año, la pareja panameña formada por Roi A. Rivera y Jenny Gisel contrajeron matrimonio en la pequeña capilla de la Catedral. Llegaron a Compostela tras un largo viaje desde Japón. 
Curioso fue el caso de la pareja estadounidense formada por los abogados Olga Sánchez y Quinn Clark, que incluso viajaron con un párroco de Las Vegas para oficiar los esponsales. Los novios escogieron Compostela porque Olga nació en la capital gallega, y fue bautizada en la Corticela, así que la novia quiso retornar a sus orígenes. La Corticela es el único lugar de la Catedral donde se pueden oficiar bodas, ya que en el año 2001 el Cabildo tomo la decisión de no celebrar enlaces en el Altar Mayor".

Admiramos la bóveda de arcos fajones que la dividen en tramos


Y estas son las dos ménsulas en las que descansan a la derecha, de temática vegetal


Las ménsulas de la izquierda



Más arriba y sobre este arco triunfal se encuentra el rosetón, otro de los elementos que da luz natural al interior de la iglesia, a la nave central sobre todo


Es polilobulado y su círculo exterior presenta decoración de ajedrezados


Un gran ventanal románico, por su parte, aporta más luz, principalmente al altar mayor


Presenta un arco también de decoración jaquelada o ajedrezada que descansa en columnas de capiteles de inspiración vegetal


La vidriera es de traza moderna y fue colocada el 21 de julio de 2021, como nos reseña esta noticia de la Archidiócesis de Santiago de Compostela publicada al día siguiente:
"Este 21 de Julio de 2021, siguiendo con las labores de rehabilitación de la Capilla de Nuestra Señora la Antigua de la Corticela Impulsadas por su actual párroco, Salvador Domato Búa, quien también es el director del Archivo Histórico Diocesano (AHDS), se procedió a la instalación de una nueva vidriera en el ábside sustituyendo la anterior. 
El diseño de esta corrió a cargo de José Ignacio García Fernández y fue ejecutada por el vidriero Javier Pintos Miranda, resultando de la colaboración entre ambos una obra de gran carga artística y espiritual que enriquece el valor ornamental y litúrgico de la conocida capilla compostelana. 
La composición vítrea representa una parra en su desenlace otoñal y su devota observación nos devuelve una imagen de Cristo en la Cruz. De esta manera, la percepción del plano terrenal, la vid, se transfigura en una representación divina, la de la crucifixión, mediante el acto de la liturgia".

Los estudiantes tienen aquí también un lugar de veneración ante la Virgen de la Consolación que preside este altar mayor, la cual es una joya renacentista del siglo XVI


La tradición consiste en depositar las peticiones en la mano de la Virgen durante los exámenes


Esa costumbre se realiza también ante la imagen de Jesús en el Huerto, sita en un arcosolio de la nave del evangelio, hacia la que vamos a ir ahora 


Se trata de una talla gótica de granito y policromada, del siglo XIV o XV, de gran realismo y expresividad en la que se representa a Jesús arrodillado y orando ante el que un ángel se le aparece portando un cáliz. En el blog Lugares de mágicos de Galicia de Carlos Gabriel Fernández se nos explica en qué consiste el ritual:
"La imagen en cuestión es famosa por las peticiones que se le realizan, especialmente jóvenes y estudiantes. Tantas, que en la parte inferior tiene un pequeño cesto de mimbre donde se colocan los papeles con los pedidos. Según hemos visto en varias ocasiones, los devotos dejan caer los papeles a través del hueco que forman los brazos de Jesús y apuntan para que el pedido caiga sobre la cesta, como una forma de reafirmar que el deseo se cumplirá.
Es uno de los pocos ritos que aun se pueden realizar en el interior de la Catedral, desde que la columna del Pórtico de la Gloria está vallado y no se puede tocar (antes se pedían cinco deseos apoyando una mano en un hueco donde caben los cinco dedos)".

Cuando vinimos no estaba el cesto, pero sí veíamos un papelito. Aportamos también lo que de esta tradición nos dicen en quintanamassages:
"La tradición de los «papelitos» o «billetes de la Corticela» está estrechamente ligada a esta capilla y a la imagen del «Jesús del Huerto». Se trata de una práctica muy arraigada entre los peregrinos y visitantes que acuden a la catedral. La tradición consiste en escribir peticiones, deseos o agradecimientos en pequeños trozos de papel, generalmente en forma de billete, y depositarlos junto a la imagen del «Jesús del Huerto». 
La creencia popular sostiene que esta imagen tiene el poder de conceder milagros y de escuchar las súplicas de los fieles que depositan sus papelitos con fe y devoción. Las peticiones pueden ser variadas, desde pedir por la salud de un ser querido hasta solicitar ayuda en situaciones difíciles o expresar agradecimiento por algún favor concedido. 
El rito de dejar los papelitos se realiza de forma discreta y respetuosa. Los fieles suelen arrodillarse frente a la imagen del «Jesús del Huerto», tocarla o abrazarla, y luego colocar sus peticiones entre las rejas o barrotes que protegen la imagen. Algunos también dejan los papelitos en el suelo de la capilla, creando así una especie de manto de deseos y agradecimientos. 
Cada cierto tiempo, los papelitos son retirados y quemados de manera ritual para, según la tradición, elevar las peticiones y agradecimientos al cielo. Se cree que de esta forma, las palabras escritas llegan hasta las manos de Dios y que el «Jesús del Huerto» continúa escuchando y concediendo las súplicas de los fieles. 
La Capilla de la Corticela y la imagen del «Jesús del Huerto» se han convertido en un lugar de devoción y encuentro espiritual para los peregrinos y visitantes de la catedral. La tradición de los papelitos es una muestra de la riqueza de la fe y las creencias que rodean este emblemático lugar de culto, contribuyendo a mantener viva su historia y esencia a lo largo de los siglos".

La aparición de un ángel con un cáliz a Jesús es un episodio bíblico que ocurre en el Huerto de Getsemaní justo antes de su detención, para consolarlo


En el siguiente arcosolio hay un Cristo Yacente, obra anónima del primer cuarto del siglo XVII


Escultura en urna barroca, su realismo es también muy impactante


Entre este Cristo yacente y la capilla mayor se halla la capilla del lado del evangelio o Capilla Penitencial de la Confesión Sacramental


En ella hay una estampa del Cristo del Calvario


Ventana tipo saetera sobre los arcosolios, por donde entra luz natural de la rúa da Acibechería y Praza da Inmaculada


Hay aquí una antigua puerta románica, hoy cegada, que daba acceso directo a la capilla desde el Camino (rúa da Acibechería), así como una pila bautismal del siglo XV. Arriba, más ventanucos saetera o aspillera, el de la izquierda, en el muro de separación con la capilla de San Andrés, cegado


Aquí estuvo colocada hace años la Virgen de los Milagros


La pila bautismal tiene bronces contemporáneos obra del artista gallego Suso León, autor también de la escultura de San Juan Bautista de este baptisterio donde, naturalmente, también se celebran bautizos. Al lado hay un sepulcro de época sueva (siglo VI) con lauda decorada con estola antropomórfica que se interpreta como la imagen simbólica del difunto. Dice Chamoso Lamas:
"La presencia de las tumbas excavadas en roca y el sarcófago viene a demostrar, una vez más, lo extensa que es el área cementerial tardo-romana y germánica que existió en Compostela. También permitieron las exploraciones descubrir pilares, hoy columnas debidas a la reforma románica sufrida por la primitiva obra del siglo IX"

La ventana ciega y otro de los capiteles de temática vegetal de los arcos que separan las tres naves de esta iglesia



Otra gran ventana sobre la portada de acceso


Visitada A Corticela salimos por el mismo lugar por el que hemos entrado, retomando nuestro deambular por los espacios y estancias del interior de la catedral


Los ángeles con cartelas bajo el tímpano de la Epifanía y el solar de la antigua capilla de San Nicolás


Volvemos así al brazo norte de la nave del transepto dejando a la derecha la capilla de San Antonio y a la izquierda la del Espíritu Santo o de la Dolorosa


Y a la derecha volvemos a ver las puertas de la portada norte o Porta da Acibechería


Arriba, las tribunas o triforios que recorren todo el piso superior de las naves laterales, con sus llamativas ventanas bíforas románicas


A este lado de la Portada da Acibechería y antigua Puerta del Paraíso


A este lado de la puerta se encuentra el arco sepulcral del prior Juan Vidal, fallecido en 1582, obra del destacado artista, que era escultor, pintor y rejero, Juan Bautista Celma


Juan Vidal fue famoso por su intervención en favor del llamado Voto de Santiago, impuesto catedralicio que se negaban a satisfacer los prelados andaluces. Se trataba de un impuesto que habían de satisfacer numerosas diócesis españolas en agradecimiento a la legendaria victoria de Clavijo frente a los musulmanes en el año 844 en la que se habría aparecido el Apóstol a pelear contra los cristianos. El impuesto pervivió hasta avanzado el siglo XIX


Al otro lado de esta portada se encuentra el arcosolio, también con escultura yacente, del obispo de Ourense Alonso López de Valladolid, fallecido en 1848


Es una muestra magnífica del último gótico y el báculo de bronce que sostiene el prelado un bello trabajo de orfebrería, elemento muy inusual en la escultura de la época


En este lugar se proyecto hacer un Panteón Real que no llegó a fructificar, pues las personalidades aquí enterradas fueron posteriormente trasladas a la capilla de las Reliquias, al otro lado de la nave mayor y en el acceso al claustro, al que dedicamos la oportuna entrada de blog


Ahora se encuentra aquí  la capilla de Santa Catalina, que mira a la nave lateral occidental del brazo norte del transepto


La siguiente es la capilla de Santiago Caballero, que pasaremos a ver posteriormente, antes de ir a la nave mayor a ver las capillas y elementos que tenemos aún pendientes de ver de estas nuestras entradas de blog dedicadas al interior y exterior de la catedral de Santiago de Compostela


Y aquí tenemos toda la nave del transepto y su cruce con la nave mayor en el crucero de la iglesia catedralicia, donde vemos los púlpitos renacentistas del altar mayor, obra también de Juan Bautista Celma. Al fondo el la portada sur o de As Praterías, por donde se encauza en la actualidad el acceso principal al interior de la catedral


La reja que cierra la capilla de Santa Catalina es una obra de 1763 de estilo barroco del artista Antonio Pérez que sustituía a otra anterior, renacentista, obra de Guillén de Bourse, donde se había colocado la tablilla en la que el cardenal Jerónimo del Hoyo dejaba constancia de que cualquier sacerdote podía celebrar misa en este lugar


Por sus arquerías y bóveda de arquería resalta que estamos ante otra de las capillas originales de la catedral románica, la cual en el siglo XVI quedó bajo el patronato de los marqueses de Bendaña, propietarios del famoso pazo de este nombre aquí en Santiago


En 1548 se encargó un retablo al tallista Miguel Ramón, el cual fue sustituido en el siglo XVIII por este otro, más sencillo, con una imagen central de Santa Catalina, junto a una representación de la Virgen de Lourdes



Tanto en el transepto como en la nave mayor, las naves laterales son de bóveda de crucería mientras que las principales son de bóveda de cañón, separadas en ambos casos entramos por arcos fajones que soportan la estructura asentándose en haces de columnas románicas


Este es uno de los catorce relieves del Vía Crucis de la catedral, hechos en hierro patinado a finales del siglo XIX y donados por el catedrático de la Universidade de Santiago y erudito jacobita José María Fernández Sánchez, tal y como ha investigado el director técnico del Museo de la Catedral Ramón Yzquierdo Peiró. Hasta 2020 colocados en los paramentos o paredes de las naves, cuando fueron retirados para las obras de restauración catedralicias. Limpiados y restaurados fueron recolocados en estos soportes en 2023, mejorando su visión y transporte


Sobre él, otra de las doce cruces de consagración de la catedral de Santiago de Compostela por el arzobispo Pedro Muñiz el 21 de abril de 1211. En ella se lee:
HOC IN HONORE DEI
TEMPLVM IACOBI ZEBEDEI
QVARTVS PETRVS EI
QVINTO DICO LVCE DIEI

(Yo, Pedro IV, dedico a honra de Dios este templo de Santiago el Zebedeo, cuando brilla la luz del día quinto)

Y pasamos ya a la capilla o camarín de Santiago Caballero, que fue propiedad del poderoso gremio de los azabacheros


Se trata de una capilla sumamente pequeña en la que estaba antes instalada una estatua ecuestre del Santiago Matamoros según dice la leyenda se presentó a combatir en la batalla de Clavijo, de ahí el nombre de la capilla, que en principio era un acceso a las cubiertas de la catedral y sus torres medievales


En nuestros días se representa sobre el dintel de la puerta a los dos únicos papas que habían venido a Santiago de Compostela como peregrinos, Juan Pablo II (en 1982 y 1989) y Benedicto XVI (en 2010) hasta entonces, cuando se colocó esta obra en 2012 del vigués José Molares. Hubo antes que ellos, es cierto, 'futuros papas' que sí lo hicieron, pero antes de ser nombrados como tales. En medio hay una inscripción de dice:
SUMMI ROMANI PONTICIFES AS SEPULCRUM SANCTI IACOBI PEREGRINI

Y en el interior se ha colocado el áurea sepulcral del obispo Teodomiro, hallada en las excavaciones arqueológicas de 1955 en en entorno de la tumba apostólica, la cual se exponía antes en la sacristía, así como una imagen de Santiago peregrino en una urna iluminada en la pared del fondo. En el texto traducido de la lauda se puede leer:
EN ESTA TUMBA DESCANSA
EL SIERVO DE DIOS TEODOMIRO
OBISPO DE LA SEDE IRIENSE QUE FALLECIÓ
EN LAS DECIMOTERCERAS KALENDAS DE NOVIEMBRE DE LA ERA DCCLXXXV
Su descubrimiento causó conmoción pues, dado que las noticias del descubrimiento del que se tiene por sepulcro de Santiago son muy posteriores al hecho, se había llegado a poner en duda su existencia. Compartimos al respecto de sus restos lo que nos aporta la Wikipedia:
"En 1955, un equipo liderado por el arqueólogo Manuel Chamoso Lamas, durante trabajos en el suelo de la catedral de Santiago de Compostela, descubrió una lápida con una inscripción que hacía referencia al obispo Teodomiro. Debajo de esta lápida, encontraron los restos fragmentarios de un individuo masculino de edad avanzada, que asumiendo que se trataba del propio Teodomiro. No obstante, décadas más tarde, esta suposición fue cuestionada cuando una revaluación osteoarqueológica concluyó que los huesos pertenecían a una mujer anciana. 
Finalmente, un estudio publicado en 2024 en el que se realizaron análisis osteoarqueológicos, isotópicos y de ADN sugieren que los restos podrían pertenecer al obispo Teodomiro. La evaluación osteológica indicó que se trataba de un hombre de más de 45 años al morir, lo que coincidiría con un obispo nombrado a una edad temprana. Los análisis isotópicos de nitrógeno y carbono indicaron una dieta más humilde de lo esperado para un obispo, aunque esto podría ser explicado por las prácticas monásticas de la época o el contexto económico del siglo IX. Además, los resultados indicaron que los restos pertenecían a un individuo que residió durante sus primeros años de vida en la zona de Iria o, al menos, en la zona norte de la península. El análisis de ADN confirmó que los restos procedían de un varón resolviendo la anterior duda respecto al género de los restos y sugirieron una ascendencia, significativamente norteafricana, que podría estar vinculada a la interacción entre élites hispano-romanas y visigodas o, incluso, entre élites cristianas e islámicas después de la conquista islámica en las regiones sur/centro de la península ibérica. 
Aunque los resultados de la datación por radiocarbono no coincidieron exactamente con la fecha documentada de la muerte de Teodomiro, arrojando unos resultados más tempranos, son consistentes con la posibilidad de que realmente se trate del obispo, considerando el efecto de la dieta marina del individuo en la datación. 
En conjunto, las pruebas del estudio apuntan a que es muy probable que los restos óseos procedan del obispo Teodomiro, convirtiéndolo en el personaje histórico identificado más antiguo de España".

Avanzando hacia el crucero, donde se cruzan nave mayor y este transepto, encontramos a continuación de la capilla de Santiago Caballero otra puerta ciega, de arco de medio punto


Y, delante de ella, otro de los magníficos relieves del Vía Crucis


En el crucero vemos, atada a una columna de un poderoso haz, la gruesa cuerda de la que pende el famoso botafumeiro de la catedral, el cual vemos en medio del cruce de las naves, ante el altar mayor


Del botafumeiro y del altar de Santiago, con su grandioso baldaquino dorado sobre la cripta del Apóstol, hablamos abundantemente en la entrada de blog dedicada a este lugar y a las capillas de la girola


Y pasamos a la nave mayor, que en otra entrada de blog recorríamos desde el Pórtico de la Gloria hacia el claustro catedralicio y el brazo meridional del transepto, contando también de los órganos barrocos de la catedral, así como del antiguo coro de piedra del maestro Mateo, sustituido empezando el siglo XVII por otro de madera, el cual fue también retirado en 1946 para favorecer el tránsito por estas naves y crucero


Caminando bajo el órgano tomamos ahora la nave del evangelio o nave lateral septentrional  de la nave mayor, antiguo acceso por la Praza do Obradoiro vía Pórtico de la Gloria. En un principio, la catedral románica se disponía en un eje norte-sur entre las fachadas de Acibechería al norte, entrada más empleada por los peregrinos, repetimos una vez más, y la de As Praterías, al sur. Luego, con el Pórtico de la Gloria y posteriormente con el Hospital Real (actual Hostal dos Reis Católicos), sería el principal el eje oeste-este con sus rituales de acceso en el citado pórtico


En la actualidad, suprimidos esos rituales (mano en el parteluz del Árbol de Jesé, cabezazo en el Santo dos Croques) e integración del Pórtico de la Gloria en el espacio museístico de la catedral, la entrada se efectúa por la Praza das Praterías, como hemos dicho, además de por la Porta Santa en los años santos compostelanos


Y este es el tránsito entre el brazo norte del transepto y la nave mayor, con sus ventanas ciegas románicas


Aquí tenemos otra más de las doce cruces de consagración del obispo Pedro Muñiz; en ella leemos
TOT CRVCIBVS TOTIDEM
NUMERVM NOTO DISCIPVLORUM,
ECCLESIEQVE FIDEM
DCVMENTA SEQVENTIS EORVM

(Indico con tantas cruces el número de otros tantos discípulos y la fe de la Iglesia, que sigue las enseñanzas de ellos)

Bajo la cruz se ha colocado otro de los relieves del Vía Crucis de la catedral


Llegamos así a las puertas de la capilla de la Comunión, Esta es la capilla de la Comunión, también conocida como del Sagrado Corazón, fundada en 1451 por el arzobispo Lope de Mendoza para albergar su sepulcro, siendo reformada en el siglo XVIII al gusto neoclásico por el arquitecto Miguel Ferro Caaveiro según mandato del arzobispo Bartolomé Rajoy, quien también se enterró aquí, estando su sepulcro a la derecha


Elemento de la desaparecida capilla gótica de Lope de Mendoza son las puertas de entrada, esta con dos ángeles con hábito ostentando los blasones del arzobispo


Dado su deterioro, fue en 1764 cuando el prelado Bartolomé Rajoy decidió transformar la capilla funeraria en un nuevo espacio más funcional, invirtiendo para ello 15.000 ducados con el deseo de adaptarla a capilla de comunión de peregrinos, especialmente en años santos, y acaso como panteón personal


Realmente fue Domingo Lois Monteagudo quien emprendió las obras en 1766, pero "enfrentando diversos desafíos con los trabajadores, lo que lo llevó a abandonar el proyecto en 1770", cuentan en catedraldesantiago.online; es entonces cuando toma el relevo Miguel Ferro Caaveiro, "respetando los diseños iniciales y logrando un resultado que armonizaba con el estilo neoclásico", así descrito en la Real Academia de la Historia:
"La capilla de la Comunión de la basílica compostelana, concebida con una gran pureza clasicista (la planta es de plan central, que dibuja primero una forma octogonal, luego dos elipsis rigurosamente concéntricas para finalmente trazar una impecable rotonda enteramente circular), evoca el Panteón de Adriano y otros monumentos de la Antigüedad: el templo de la Tosse, el baptisterio de Letrán, el mausoleo de Diocleciano en Spalato, al tiempo que la interpretación que de ellos hizo la civilización italiana del Renacimiento y del Barroco desde Serlio hasta el propio Juvara, sin olvidar, por supuesto, obras de su maestro, como la capilla de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro o la iglesia de los Agustinos Filipinos de Valladolid. Lamentablemente, a él sólo le correspondió la primera de las tres fases (1768-1771), en las que desarrolló su construcción, pues las otras dos (1771-1772 y 1772-1782) ya se llevaron a cabo bajo la dirección de Miguel Ferro Caaveiro".

En la capilla, un diseño cuadrado se transforma en octógono y luego en un círculo que forma una hermosa rotonda neoclásica

Ocho columnas jónicas sostienen la cúpula, entre las que varias hornacinas albergan esculturas de los doctores de la Iglesia hechas por Juan Davila y Gregorio Español. En medio del pasillo, una sencilla lápida negra señala el lugar en el que se encontraba el desaparecido sepulcro de alabastro de Lope de Mendoza

A los lados del altar hay dos sepulcros de mármol del año 1900 obra del escultor Ramón Constenla con imágenes de la Fe y la Esperanza. En el de la izquierda están ahora los restos de este prelado mientras que en el de la derecha están los de Bartolomé Rajoy

Foto: Catedral de Santiago

El retablo es de Francisco Lens y la cúpula fue reformada en el siglo XX, cambiando una 'linterna' o tubo de remate con huecos para iluminación natural del recinto, por el óculo que vemos hoy en día


Arriba, las ventanas románicas originales no están cegadas y permiten el paso de la luz a través de las cristaleras en ellas colocadas


Aquí está la segunda de las puertas de esta capilla


Sobre ella, dos ángeles muestran un gran blasón



Debajo, sendos personajes con cartelas nos recuerdan a los que hemos visto en A Corticela y otras capillas de esta catedral



Continuamos por el nave del evangelio adelante en dirección a la fachada del Obradoioro y Pórtico de la Gloria


Según caminamos admiramos las placas del Vía Crucis extendidas por las paredes de la catedral



Y otra más de las cruces de consagración, esta con la lectura:
VT CRVCE SIGNANTVR
DOMINO CVM TEMPLA DICANTVR.
SIC CRVCE SIGNERIS
ET DOMVS EUVS ERIS 
(Del mismo modo que los templos se señalan con la Cruz cuando se dedican al Señor, así seas señalado con la Cruz y serás morada del mismo Dios)

Justo enfrente, en la nave de la epístola, otra cruz más:
CVM CRVCE TEMPLA VIDE
FIERI IACOBO ZEBEDEI;
NAM CRVCIS ABSQVE FIDE
NEMO FIT AVLA DEI

(Mira que este templo con la Cruz está hecho para Santiago, hijo de Zebedeo, porque nadie se convierte en templo de Dios sin fe en la Cruz)

Un poco más adelante y también en el lado de la epístola, la puerta hacia el claustro y de la capilla de las Reliquias, de la que también ofrecemos oportuna información en este blog. Al fondo, si bien el Pórtico de la Gloria ha quedado preservado tras su restauración, este ha quedado completamente descontextualizado del resto de la catedral, como otros espacios, al formar parte del museo para el que es necesario adquirir entrada pero sin posibilidad de hacer fotografías


Esta formidable portada es la de la capilla del Cristo de Burgos, fundada en 1664 con los auspicios del arzobispo Pedro Carrillo y Acuña como espacio para la oración privada y el culto, obra que anuncia el barroco de la mano del maestro trasmerano Melchor de Velasco y Agüero


La portada presenta dos columnas estriadas y frontón triangular abierto con blasón


El nombre de la capilla se debe a que la preside un Cristo en madera tallado en Burgos en 1774 y de cabello natural el cual sustituyó al lienzo original que aquí existía. La planta de la capilla es de cruz riega y presenta cúpula en su cubierta con mechinas en las que se muestran los escudos arzobispales

El sepulcro del arzobispo Carrillo se encuentra a la izquierda, obra del escultor Pedro del Valle, mientras que a la derecha está el del también arzobispo de Santiago Miguel García Cuesta, esta del siglo XIX y del maestro Cisneros. Ambas esculturas están en posición orante


El retablo del Cristo de Burgos es un trabajo de los escultores Mateo de Prado y Bernardo Cabrera, considerado este el introductor del arte barroco en Galicia. A la derecha otro retablo es el de Santa María Salomé y familia, en la que aparece intercediendo ante Cristo por sus hijos Santiago y Juan


El de la izquierda es el del Llanto de San Pedro, dedicado a su penitencia tras la negación de Jesús; ambos son de la escuela de Mateo de Prado, fuertemente inspirada en el maestro del barroco español Gregorio Fernández


La siguiente portada, de arco de medio punto, no es la de ninguna capilla sino la de la bajada a la cripta situada bajo el Pórtico de la Gloria, otra de las bellezas artísticas y arquitectónicas del maestro Mateo, de la que hablamos en la entrada dedicada a dicho pórtico


Y esta es otra de las estaciones del Vía Crucis


Sobre la portada, otra de las doce cruces de consagración empleadas en la ceremonia del arzobispo Pedro Muñiz en abril de 1211. Según la historia, la catedral de Santiago, a pesar de estar ya en su esplendor pleno, había sido bendecida de manera provisoria como templo que había entrado en servicio de manera urgente. Por eso el rey Alfonso IX, que como los anteriores había patrocinado las obras, urgió al prelado a celebrar una consagración solemne, algo para lo que tuvo que vencer la resistencia del arzobispo, quien no lo juzgaba tan perentorio, y así se hizo el 11 de abril de 1211 o en "la feria quinta tras la segunda domínica después de Pascua" de ese año:
HOC IN HONORE DEI
TEMPLVM IACOBI ZEBEDEI
QVARTVS PETRUS EI
QVINTO DICO IVCE DIEI

(Yo, Pedro IV, dedico a honra de Dios este templo de Santiago el Zebedeo, cuando brilla la luz del día quinto)

Y aquí está el parteluz del Pórtico de la Gloria con el Santo dos Croques, representación del maestro Mateo en su misma obra, ante el que los estudiantes se impregnaban de su sabiduría pegándose coscorrones 'croques' contra su cabeza


A sus pies está la tumba de Pedro Muñiz, el obispo que consagró la catedral, que se hizo famoso por ello pero también por la leyenda que le atribuía poderes mágicos, por lo que fue apodado El Nigromántico, o El Nigromante, parece que más bien con escaso fundamento. "Escritores franciscanos apuntan a que Pedro Muñiz practicaba la nigromancia (magia negra)", apuntan en la Xacopedia. Es posible que ello se debiese a su extremado gusto por el estudio y el fomento del arte y la cultura. Dado el interés de su biografía, leyenda incluida, compartimos lo que nos dice la Wikipedia:
"Pedro Muñiz (San Fins de Brión,¿?-Santiago de Compostela, 29 de enero de 1224), apodado el Nigromántico,fue un eclesiástico y canonista de origen gallego que ocupó varios cargos católicos de importancia a lo largo de su vida, destacando por encima de todos el de arzobispo de Santiago de Compostela (1207-1224). 
A pesar de su intensa labor dentro y fuera de la archidiócesis compostelana, el prelado pasó a la historia por haber sido el encargado de consagrar la Catedral de Santiago de Compostela en 1211y por sus supuestas prácticas nigrománticas, las cuales lo han llevado a ser protagonista de varias leyendas populares.

Biografía  
Antes de iniciarse en la vida eclesiástica, Pedro Muñiz, originario de San Fins de Brión, en el arciprestazgo de Amaía, vivía gracias a unas tierras que tenía en la localidad de la que era oriundo. Pero su vinculación a la Iglesia empezó al desempeñar, a una edad muy temprana, el cargo de archidiácono de la Catedral de Santiago de Compostela. 
Luego de una etapa en Santiago, Pedro Muñiz se trasladó a tierras leonesas, donde inicialmente ocupó el puesto de deán de León. Mientras desempeñaba este puesto, según recoge Lucas de Tuy en sus Milagros de San Isidoro, tuvo que acudir junto a Martín de la Santa Cruz (Santo Martino) para buscar cura a unas fiebres cuartanas que lo aquejaban desde hacía meses. Después de que ambos orasen cerca del altar de San Isidoro, Pedro Muñiz recobró milagrosamente la salud. A partir de ese momento, el futuro arzobispo de Santiago entabló una profunda amistad con Martín y desarrolló una gran fe en torno a la figura de San Isidoro. No en vano, a raíz de este hecho dedicó «una muy elegante y retórica homilía en honor de San Isidoro, a quien llama Apóstol de los Apóstoles de Cristo». 
En mayo de 1205 fue nombrado obispo de León y hasta principios de 1207 confirmó varios diplomas del rey Alfonso IX de León y el 26 de marzo de 1206, estuvo presente y confirmó el Tratado de Cabreros que ponía fin a las disputas entre los reyes Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX. Ejerció el cargo de obispo de León hasta principios de 1207 y en febrero del mismo año ya aparece el obispo Pelagius Petri (Pelayo Pérez) al frente de la sede leonesa.  
A comienzos de 1207 llegó como arzobispo a Santiago de Compostela, tomando el nombre de Pedro IV. Estuvo presente en las Cortes de León de 1218. Durante el tiempo que fue arzobispo hizo valer su amistad con el pontífice Inocencio III para lograr beneficios para la diócesis compostelana, se encargó de consagrar el complejo religioso (en abril de 1211) y supo mantener la estabilidad añorada en la segunda mitad del siglo XII. También mantuvo buenas relaciones con los reyes Alfonso IX y Fernando III de Castilla quienes realizaron cuantiosas donaciones y otorgaron varios privilegios a la sede compostelana. 
Falleció el 29 de enero de 1224, recibiendo sepultura, tal y como él había dispuesto, en el Pórtico de la Gloria. Antiguamente era tradición que las procesiones claustrales se detuviesen ante la tumba y dedicasen al desaparecido arzobispo una oración de desagravio por la fama adquirida tiempo después de su deceso. Incluso existen teorías que apuntan a que el popular Santo dos Croques podría formar parte, a modo de escultura orante, del antiguo mausoleo que contenía los restos mortales de Pedro Muñiz, el cual acabó siendo substituido por una lápida a ras del suelo. A día de hoy todavía es posible leer en la lámina sepulcral de bronce que recuerda a Pedro Muñiz un epitafio en latín, grabado en 1776 por el latonero Diego Álvarez, que reza lo siguiente:

 
Pedro IV fuiste obispo compostelano. Que la mano divina te conduzca a la derecha de Cristo. El arzobispo Pedro IV Muniz murió cuatro días antes de las calendas de febrero del año 1262 de la era hispana.
Fue sucedido en el cargo por Bernardo II.

         Labor como arzobispo 

Por aquel entonces, era frecuente que en el interior de la Catedral estallasen trifulcas entre los peregrinos para obtener un sitio en el que poder rezar, lo más próximo posible a la tumba del Apóstol Santiago. Muchos de los enfrentamiento conllevaban derramamiento de sangre, quedando el edificio execrado y cerrado al culto hasta que el arzobispo no oficiase de nuevo el complejo rito de consagración del templo. Sin embargo, el papa Inocencio III permitió a Pedro Muñiz sustituir este proceso por un simple rito de bendición. También consiguió el arzobispo que Su Santidad emitiese una bula contraria a los falsificadores de insignias de la peregrinación (el derecho de venta de estas correspondía a la basílica por medio de vendedores autorizados y controlados por ella) o que le permitiese emplear el palio arzobispal fuera de las diócesis de la metrópoli.

Sumamente interesado en la cultura y en la reforma de la vida cristiana (como venía siendo habitual en los prelados compostelanos), Pedro Muñiz también destacó como canonista, colaborando en el desarrollo del nuevo derecho culto de la Iglesia. Envió a sus clérigos a los studia franceses e italianos para que se versaran en las Humanidades, y también amparó a las órdenes mendicantes instaladas en la diócesis a sabiendas de que esto ayudaría en la renovación moral e intelectual del clero perteneciente a ella. No en vano, esta especie de mecenazgo sirvió para que los studia de los dominicos y franciscanos se asentasen en Santiago en torno a 1220, casi al mismo tiempo que lo hacían en ciudades como Oxford o París. La protección de las órdenes fue tal, que incluso Pedro Muñiz permitió que estas desarrollasen una actividad exegética sobre los recién descubiertos escritos aristotélicos, como eran De animalibus o los scripta minora, y empleasen los comentarios anteriormente hechos por filósofos como Averroes o Avicena. Quedaba así demostrado su vanguardismo en el seno de la Iglesia, pues tan solo diez años antes, el obispo de París había ordenado quemar todas las notas y comentarios que el panteísta David de Dinant había hecho sobre buena parte de la literatura aristotélica. 
Tanto el arzobispado de Pedro Muñiz como el de su sucesor, Bernardo II, estuvieron marcados por la paz, y un «dejar hacer» permitió a los burgueses compostelanos dotarse de una organización política de la que hasta el momento habían carecido. En este ambiente tan propicio se fraguaron los primeros gremios en la ciudad y la figura del concejo ganó una importancia que, a la postre, acabó por desbordar a la autoridad eclesiástica. De hecho, el trato tan benévolo dispensado a la burguesía por Pedro Muñiz hizo que tiempo después, el cabildo catedralicio se viese forzado a designar a un prelado combativo (Juan Arias Gallinato) en aras de preservar potestades en el ámbito de la política, la justicia y el régimen fiscal. No obstante, no se lograron grandes éxitos, pues la burguesía, que llegó a contar con la posición favorable del monarca, arrebató a la persona del arzobispo diversos poderes y privilegios. 
Leyendas 
Fueron varias las leyendas que surgieron en torno a la figura de Pedro Muñiz, todas ellas debidas a las supuestas prácticas nigrománticas que llevaba a cabo. No en vano, en un episcopologio del siglo XVI, que se conserva copiado en el Tumbo I de Constituciones, se le califica como «Pedro Muñiz, nigromántico gallego». También el padre Gonzaga, a través de su obra De origine Seraphicae Religionis Franciscanae (1587), contribuyó a la expansión del mito. Sin embargo, no existe ninguna prueba fehaciente con la que se le pueda achacar la práctica de la nigromancia, siendo lo más probable que su fama de «brujo» fuese debida a la elocuencia e inteligencia demostrada a lo largo de su vida. 
De entre todas las leyendas destacan dos. Según una de estas, el prelado habría buscado entre los símbolos de la Catedral la piedra filosofal; mientras que la segunda, narrada por el sacerdote Amaro de González en el siglo XVIII, le atribuye el poder de volar, del cual habría hecho uso en una noche de Navidad. Así, el arzobispo, movido por la nostalgia, se habría desplazado por el aire desde Roma, donde se encontraba a consecuencia de la celebración del cuarto Concilio de Letrán (aunque en la actualidad se sabe que el arzobispo no se hallaba entre los 1 500 eclesiásticos asistentes) hasta Santiago de Compostela, llegando a tiempo para cantar la última lección de maitines. 
Según el padre Gonzaga, el papa Honorio II, quien también había sido relacionado con la magia, obligó al arzobispo a recluirse en el monasterio de San Lorenzo de Trasouto a consecuencia de su interés por las ciencias ocultas, aunque este hecho ha sido desmentido por el escritor y eclesiástico Antonio López Ferreiro".


Cuando el Pórtico de la Gloria estaba abierto y con él la portada barroca occidental, se abría ante nuestra vista este espléndido panorama de la Praza do Obradoiro con el Pazo de Raxoi enfrente, gran explanada llena de historia que se considera el kilómetro cero de la peregrinación. Bien es verdad que muchos siguen la estela de la tradición jacobita que les lleva al mítico camino al mar, a Fisterra y Muxía, empezando a andar, un poco a la derecha, saliendo de la plaza por la Costa do Cristo hacia la rúa das Hortas...







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