Eres el Peregrino Número

lunes, 27 de junio de 2016

LA BARQUERÍA DEL CASTILLO. SOTO DEL BARCO/SOTU'L BARCU (ASTURIAS)

La Barquería del Castillo, vista desde el puente de La Portilla.
Los peregrinos que, recorriendo el Camino Norte llegan al concejo asturiano de Soto del Barco/Sotu'l Barcu, llegan al pueblo de El Castillo, donde antaño se cruzaba la Ría del Nalón en barca, de ahí el nombre del concejo.

Puente de La Portilla, algo más al sur y tal y como se ve desde El Castillo.
Actualmente esto no se hace así y los peregrinos se dirigen, dando un rodeo eso sí, por la calle que lleva su nombre, hacia El Parador y el Palacio de la Magdalena para cruzar el puente de La Portilla, abierto en 1883 y que evitó tan penosa y peligrosa navegación fluvial.

Calle del Castillo, a la derecha de la ruta actualmente señalizada. Por aquí en un momento podemos visitar la histórica Barquería del Castillo.
No obstante aquellos que, movidos por el afán de concer el Camino histórico quieran llegar a la famosa Barquería del Castillo pueden realizar un pequeño paseo para desviarse unos pocos metros y así, a la derecha de la calle de los peregrinos tomar la del Castillo, pasando así bajo buenos ventanales, galerías, balcones y corredores de tan hermoso pueblo.


Camino de La Barquería.


Atrás, al fondo, ha quedado la calle de los Peregrinos, por donde va el Camino.


Y ante nosotros la quinta en cuyo promontorio se levanta la torre que queda del antiguo Castillo de San Martín de Soto, baluarteque fue erigido, como otros de la costa, por el rey Alfonso III El Magno para defensa de la ría ante los ataques continuos de los normandos. Para ello se valió de una fortificación romana levantada a su vez sobre un castro astur. Siglos después el Castillo de San Martín fue tomado por Gonzalo Peláez "El Conde Rebelde" en sus guerras contra Alfonso VII El Emperador, volviendo a perderlo ante las huestes de Suero Vistrario, al servicio del monarca. Luego, a finales del siglo XIV, fue plaza fuerte de las revueltas de Alonso Enríquez contra la dinastía Trastámara. En 1447 el príncipe don Enrique entrega la fortaleza a Pedro Suárez de Quiñones, poderosa familia a quien el Conde de Valencia de Don Juan, Juan de Acuña, le disputará en 1462 esta posesión, al recibirla en pago por sus servicios el rey Enrique IV, mientras su dueño y heredero Diego Fernández de Quiñones era partidario del rival del rey, el príncipe Alfonso. Diego recuperará el dominio del castillo para su linaje en 1466. No mucho después los Reyes Católicos intentarán hacerse con el control para la corona de todas las fortalezas de sus reinos, delegando esta operación en sus representantes o corregidores, como es el caso aquí de Luis Mejía primero y después de Alonso de Valderrábano. Así en 1490 el Conde de Luna, de la saga de los Quiñones, se ve obligado a entregar la plaza junto con otras fortificaciones.

En 1492 el delegado real Hernando de la Vega lleva la tenencia del Castillo de San Martín y no volverá a haber luchas entre la nobleza por su pertenencia, los reyes serán sus dueños y de esta manera Felipe II otorgará a perpetuidad a finales del siglo XVI el título de "Castellano de San Martín" a Sancho de Miranda. El alcázar iría perdiendo su valor defensivo: al extenderse el uso de la pólvora la protección de la ría del Nalón o de San Esteban pasaría a cargo de unas baterías de cañones emplazadas en el promontorio del Espíritu Santo, sobre su misma desembocadura, a varios kilómetros de aquí y en términos del concejo de Muros. No obstante aún en el siglo XVIII las crónicas nos informan que era esta aún una construcción soberbia, con capilla dedicada a San Martín y siendo verdaderamente dos castillos con plaza de armas y torre del homenaje, la que llegó a nuestros tiempos, así como un túnel que comunicaba el puerto con la barquería, donde estaban las barcas que comunicaban las dos orillas. Ahora el lugar es como dijimos una extensa finca con jardines y arbolado, mas una casa con galería al pie de la torre y otras dependencias, propiedad de la familia Fierro, pues en 1918 el empresario y benefactor del concejo, Ildefonso Fierro, compró y restauró lo que quedaba del enclave.


Nos asomamos un momento a la Plaza de Francisco Javier Fernández Rodríguez.


Y vemos la fuente del palacio.


 Así como el Camino, que viene bajando desde el monte de La Granda.


Bajamos así, junto a la cerca o muralla almenada de El Palacio, a la antigua Barquería del Castillo, viendo al fondo a su "sucesor", el puente de La Portilla, ante El Sablón, el gran meandro que forma aquí la Ría del Nalón.


La Portilla.


Abajo vemos la barquería. Antaño las barcas de pasajes salían de aquí rumbo al embarcadero de El Forno, al otro lado de la ría, tal y como haria, aún en 1843 el capitán inglés Samuel Cook Widdrington. Arriba es el barrio de La Magdalena, por donde baja actualmente el Camino señalizado hacia La Portilla.


Su aspecto no debe ser muy diferente al que econtraban peregrinos y viajeros que acometían en paso del estuario en peligrosas embarcaciones expuestas a las corrientes.


Boscosa ribera.


A nuestra izquierda el pueblo del Castillo. Por las casas de arriba sigue el Camino.


Ante los muros del Castillo ya vemos el embarcadero.


Es actualmente un pequeño embarcadero de pescadores ribereños.


Puertos naturales que existirían desde la más remota antigüedad.


Esta ribera de El Castillo tiene no pocas reminiscencias mitológicas, pues aquí, en el Cañu del Charcu, se dice vivía un cuélebre (serpiente alada de la mitología asturiana), con unas alas grandísimas, al que un día se llevó la marea.


Cabañas donde los pescadores guardan su instrumental y aparejos.


El paraje no obstante es totalmente romántico y evocador.


Bien merece una visita.


Muelles de entablado.


Pequeñas lanchas.


La Barquería del Castillo.
 

Al otro lado se encontraba La Barquería del Fornu, actualmente desaparecida.


Redes y aparejos.


Los muelles son un modesto entablado.


 Enclave absolutamente evocador.


El paso de las rías era antaño un desafío formidable para viajeros y peregrinos, porque según las crónicas, barcas y barqueros, cuando los había, solían cobrar muchas veces precios elevados por pasar personas y caballerías. Al mismo tiempo las embarcaciones no eran en su mayor parte un portento de seguridad, era fácil caer al agua e incluso zozobrar y naufragar por la fuerza de las corrientes. Por ello muchas personas, temerosas de sus dineros y vida, solían desviarse hacia el interior. Esta es la razón en Asturias de los enlaces (no señalizados actualmente como rutas xacobeas salvo el que va de Oviedo/Uviéu a Avilés) entre Camino de la Costa y Camino del Interior o Primitivo, pues también ocurría en ocasiones lo contrario: en épocas de nieves, fríos o tormentas, muchos preferían bajar al más benigno clima costero para seguir ruta, pese al inconveniente del paso de las rías. El inconveniente cesaría aquí en 1883 al construirse El Puente la Portilla, paso del Nalón por la nueva carretera, el cual admiramos sobre las aguas, junto a más pequeños embarcaderos de tablas, en la lejanía, bajo las alturas de las montañas que dominan el litoral, en cuyas faldas se asientan las aldeas. Junto al puente hay también un islote herboso, El Yaín.


Un buen lugar para descansar, normalmente solitario y mágico.






Es hora de volver, regresamos pues de La Barquería del Castillo.


Y por aquellas casas del pueblo, seguiremos haciendo ruta. El Castillo, un paraje de historia, tradición y leyenda. Inolvidable.