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domingo, 1 de mayo de 2022

SAN ROQUE L'ACEBAL Y LOS LEPROSOS DE SAN LÁZARO DE CAÑAMAL: EL GAITERU IGNACIO NORIEGA, LA BATALLA DE EL MAZUCU, EL DEÁN DE GUADALAJARA Y ANA MARÍA "LA LLOBERA" (LLANES, ASTURIAS)

  

Pasados El Ríu Purón y La Venta'l Pumar, el trazado oficial del Camino Norte en Asturias se acerca a la villa de Llanes por San Roque, San Roque L'Acebal, tras dejar atrás La Caleya las Ánimas y, tras unos pocos metros por el arcén de la carretera N-634, tomamos este ramal a la derecha para entrar en uno de los barrios de esta parroquia de San Roque, Caminu Real, que como su nombre indica está atravesado por el itinerario del milenario camino real (público, del reino) costero

La advocación a San Roque que dio nombre a esta parroquia evidencia su vinculación jacobita, pues fue traída por los peregrinos francos, esto es, de allende los Pirineos y centroeuropeos en general. Era santo peregrino, de ahí su relación con las rutas romeras, pues peregrinó a Roma (se le atribuye una más dudosa a Santiago) y, al haber pasado la peste, muchas poblaciones apestadas o temerosas de la terrible enfermedad se acogían a su amparo, fundándose numerosas capillas

Además de este pueblo de San Roque, en Llanes tiene otra importantísima advocación en la capilla de su nombre, sucesora del Hospital de San Roque, fundado al paso del Camino y frente a la Puerta de la Villa de las murallas llaniscas en 1330 por Juan Pérez de Cué para acoger pobres y peregrinos, origen de grandes romerías el día del santo patrón, el 16 de agosto, con su famosa Danza Peregrina de San Roque nacida en honor a los caminantes jacobeos. El Bando de San Roque, uno de los tres grandes de Llanes junto con La Magdalena y La Guía, organizador de las fiestas y de otras actividades es hoy en día una gran institución de villa y concejo

Estamos en el Valle de Mijares, que delatan antiguas plantaciones de mijo, cereal panificable que se empleó con profusión y hoy en día prácticamente desaparecido aquí. Literariamente el escritor de San Roque, Miguel Ángel Galguera, le ha dedicado la novela El Valle Invisible, fundamento de una senda cultural y paisajística de este nombre, con la que el Camino Norte coincide en algunos tramos


En esta bifurcación, llamativamente señalizada con una rosa de los vientos señalando los puntos cardinales, iremos a la izquierda, subiendo una suave cuesta


Un trecho en el que caminamos dirección norte, según indica esta orientación de los puntos cardinales


Aunque no vemos el mar, este está muy cerca. esta rasa litoral llanisca forma un pasillo natural entre las montañas y el mar aprovechado desde la Prehistoria hasta nuestros días por las principales vías de comunicación para pasar por el lugar menos complicado, este es el origen del camino real que dio nombre al barrio


Predominan las viviendas unifamiliares con terreno, ya más dedicadas a casas vacacionales, segundas residencias o alojamientos rurales más que al secular trabajo de la casería. Poco más allá vemos una espadaña y campanario


No es una capilla realmente, el la Casa Conceyu o Casa Concejo, reunión del concejo vecinal a roque de campana tañida, otra institución muy presente en Llanes y otros concejos asturianos


Por aquí pasaría el joven Carlos de Gante, quien sería Carlos I de España y V de Alemania, con su importante séquito flamenco en 1517, cuando tras arribar Tazones procedente de Flesinga para hacerse cargo del trono, recorrió la costa cantábrica por este antiguo camino, entonces el principal, con dirección a Santander, que era el destino planeado de sus barcos, desviados por una tormenta. Por ello decidieron continuar a pie, a causa de los vientos cambiantes.


Tomaron pues este camino pero en dirección contraria, rumbo este. El pasar los puertos asturianos tampoco les ofreció suficientes garantías, y decidió continuar a donde tenían programado y le estaban esperando, Santander, siendo recibido con honores, fiestas y fanfarrias en todas las poblaciones por las que pasaba especialmente en las principales (Villaviciosa, Colunga, Ribadesella/Ribeseya, Llanes, Colobres...), donde había alojamientos considerados decentes para él y más o menos suficientes para quienes le acompañaban, tal y como relataba su cronista por entonces, y acompañante, Laurent Vital, a veces sumamente puntilloso, pero que nos ha dejado buenas descripciones de lo que veía en el Camino


Bifurcación y a la derecha: a la altura de estas casas se acaba la corta rampa


Los símbolos de la concha xacobea nos indican, confluyendo, el camino a seguir


También el cartel con el nombre del barrio, junto a este muro


Y una concha de azulejo también en el muro de la derecha. Cerca de aquí están el barrio de La Somada y las cuevas de Collubina, famosa por sus estalactitas, y La Toral, con señales de ocupación prehistórica. Se sabe estos parajes estaban habitados al menos desde el Epipaleolítico, periodo así definido por la Wikipedia:
"El vocablo Epipaleolítico, que quiere decir "por encima del Paleolítico", fue una etapa de no gran duración en la prehistoria contando con que en la península ibérica duró solo desde el 8000 a.C al 6000 a.C. y contando que también cambió las formas de vivir como por ejemplo la ganadería y la agricultura y fue el comienzo de la transición en las formas de vida desde cazadores-recolectores a productores y también fue el comienzo de los nuevos cementerios. Fue acuñado a principios del siglo XX para definir una fase de la Edad de Piedra que hasta entonces se había denominado Mesolítico. Este nuevo término intentaba remarcar la continuidad cultural que se había demostrado que existía entre ambos períodos, muy alejada de la percepción de ruptura y decadencia que hasta entonces se había tenido de esta época"

Efectivamente, el camino real costanero sería el resultado del paso natural más empleado a lo largo de los milenios por estos vericuetos de la franja costera, el mismo que, más o menos conservado o transformado, seguimos nosotros ahora, una senda prehistórica que habría sido trillada y marcada a lo largo de los siglos. Durante la romanización sería vía romana y en la Edad Media camino real, que además de arrieros y viajeros vio el paso de los peregrinos


Tras ciertos siglos de decadencia, se sabe que en la época dieciochesca los caminos principales fueron en buena parte acondicionados para el paso con seguridad de las primeras líneas regulares de diligencias. Más tarde llegaría el ferrocarril y luego las carreteras, que los relegarían a simples vías pecuarias cuando no los harían desaparecer. Necesarios no obstante para la comunicación  de pueblos, barrios y lugares, o para acceder a las fincas, muchos siguieron existiendo, incluso fueron asfaltados para permitir la mecanización del campo y por ellos pueden circular  los vehículos, como es este el caso


Además de arrieros, artesanos trashumantes (como los zapateros de Pimiango o los tejeros llaniscos), pastores, peregrinos y demás caminantes y viajeros se sabe recorrían este camino los leprosos de la cercana malatería de San Lazaro de Cañamal, a sólo unos kilómetros más al norte, entre San Roque y Andrín, caritativa fundación para acoger y cuidar de los afectados por una de las enfermedades más temidas de la antigüedad, la lepra, pelagra, mal de la piel, mal de San Lázaro...


Además de la lepra, pacientes de otras enfermedades que solían manifestarse con males en la piel y que se tenían por la misma patología eran enviados a estas leproserías que serían el antecedente de los hospitales en el sentido sanitario actual del término, evolución de los hospitales de pobres y peregrinos especializada en la curación. Estos hospitales pudieron tener un primer origen como hospedajes de pobres y transeúntes, antecesores de los de caridad, y algunos se centraron más en las curaciones de enfermedades tan terribles como la lepra, amparadas por diferentes estamentos. En el caso de la de Cañamal por la iglesia de Santa María del Concejo de Llanes


No era muy estricto el aislamiento de estos malatos, aunque existía miedo al contagio y a las terribles desfiguraciones de la enfermedad, los leprosos se sabe iban por los caminos, pidiendo limosna, recogiendo fruta de los árboles (la malaterías tenían propiedades y rentas) y acudiendo a recoger los donativos, en dinero o en especie, que vecinos y forasteros depositaban para ellos y su sustento en los cepillos y hornacinas de las capillas u oratorios de ánimas de estos caminos, como el que hemos dejado atrás en La Caleya las Ánimas, luego de pasar el Purón y La Venta'l Pumar


Se supone que esta malatería de Cañamal habría sido fundada, como otras, en la baja Edad Media, muy posiblemente a raíz de la Carta Puebla de Llanes, como aconteció con el hospital de peregrinos de San Roque, pero no hay una documentación fidedigna que lo demuestre claramente. Como tantas veces pasa, las noticias documentales conservadas son ya casi al final de su historia, a principios del siglo XVIII que la vio desaparecer, en concreto en el Apeo de Cepeda de 1712, que dice que el pueblo de Cué limita "por el sur con el término del lugar de Andrín, en San Lázaro y la ería de Pandera". Esto hace sospechar al investigador José Ramón Tolivar Faes que, no apareciendo la de Cañamal ni de referencia ni en el Fuero de Llanes ni en otros legajos de la época, esta sería posterior a otra de las malaterías llaniscas, la de Ardisana, que se suponía su filial. Las dos, como todas, tenían de patrón a San Lázaro y la advocación de su capilla a Santa María Magdalena


Muchas de estas tierras, del valle de Mijares, se sabe eran de la malatería, así como otras de los pueblos y parroquias cercanas, como Pendueles o Posada, y es que los malatos, al ingresar, habían de dar como pago una heredad o terreno de medio día de bueyes de extensión, según leemos en los libros de cuentas:
"que en escanda y trigo tiene de renta setenta y dos zelemines y veinticuatro de maíz, que estos se reparten al presente, que no ay malatos, entre el cura y el administrador, y fábrica de dicha malatería, en esta forma: el Cura que es más antiguo de esta preciada villa, como lo es de los malatos, lleva una parte, el administrador otra parte, y lo restantes de dichas dos partes se deja para gastos precisos de la Capilla del señor San Lázaro y Casas de los Malatos, pero, cuando hay enfermos, les toca a estos su porción, como a dicho Cura, Administrador y fábrica... todos por iguales partes"

Como vemos, no siempre había malatos ingresados pero la malatería se seguía manteniendo y sus responsables y administradores repartiéndose las rentas, como solía suceder, pues, como todas, no  parece haber estado siempre bien administrada ni sus tierras, un mal general al menos en sus años de decadencia. Esto puede comprobarse en las cuentas que sus mayordomos habían de dar a los visitadores eclesiásticos, como comprobamos cuando en 1765 el último de ellos, Antonio de Noriega Mijares, manifestaba:
"que tiene por cobrar, y da en data, 15 celemines de pan y otros tantos de maíz que le debe D. Phelipe Lopez Mixares, Cura de Porrúa de la renta que paga a dicha malatería la capellanía que obtiene del hospital de San Roque, sita en esta villa, a razón de cinco celemines cada año, por mitad, dos y medio de pan y dos y medio de maíz, como pagan los demás capellanes de dicho hospital"

Como dice Tolivar Faes en su libro y tesis Hospitales de leprosos en Asturias durante las edades Media y Moderna, cuando no había malatos en la malatería existía resistencia a pagar unas rentas que sólo aprovechaban a los curas y administradores, tanto es así que en 1767 el Arcediano de Villaviciosa amenaza con "pena de excomunión mayor lata sententia" contra los deudores de efectos propios de la malatería. Es entonces cuando el citado párroco porruano D. Phelipe López Mixares responde:
"que siempre y quando se le notifique fundazion o pertenencia en que se haga constar tener obligación como capellán de la capellanía del hospital de San Roque de dar la limosna que se le pide a los malatos de San Lázaro para su manutenzión y se berifique que aya alguno, esta pronto, no obstante que el que responde no esta en posesión de darla, y esta si la diese, es coluntario y proseguiría con ella siempre que se le de recibo de los malatos, para cuyo efecto se da la dicha limosna y no otra persona"

Al visitador eclesiástico le parecieron los argumentos del párroco "fribolos cabilosos pretextos" pues antaño D. Felipe pagaba esa renta a la que ahora se negaba, y el 11 de octubre de1768 sele da un plazo de nueve días para satisfacerla bajo pena de excomunión y multa de 8 ducados, pero parece serle vino la muerte antes de abonarla, pues el mayordomo, en las cuentas del año, declara que fueron abonadas por sus herederos, en total 250 ducados y 50 reales... "erederos de Dn. Phelipe López MIxares, difunto cura que fue de Porrúa". Este abono parece haber puesto muy contento a este mayordomo, pues pensaba en que "otros deudores de dicha malatería le pagasen lo que le estaban debiendo por decir que mientras no pagase dicho cura jamás habrían de pagar cosa alguna"


Efectivamente, la malatería no tenía ya malatos: en fecha 9 de noviembre de 1770, quien sería su último administrador, Antonio Noriega Mijares, declaró que llevaba unos catorce años en el cargo y que el último malato, llamado Domingo Díaz de Escandón y vecino de Vidiago, había fallecido en el primero de su ejercicio. Por esta declaración sabemos también que el Patronato de la malatería lo ejercía, sin precisar su título concreto, el entonces párroco de Llanes (parroquia de Santa María del Concejo), D. Domingo Antonio Basco


El 8 de octubre de 1770 tiene lugar la última visita del Licenciado Pisador, arcediano de Villaviciosa y, exactamente un mes después, llega Cañamal el Licenciado D. Emeterio Cacho y Calderón de la Barca, Abogado de la Real Audiencia de este Principado y comisionado por la misma para la visita, apeo y reintegro de las Reales Malaterías, por la que la leprosería de Cañamal fue declarada extinguida y sus bienes pasarían al Real Hospicio de Oviedo (actual Hotel Reconquista), al igual que las demás malaterías asturianas. Dice Tolivar Faes en su libro:
"y por hacer el trabajo del Apeo hubo de pagar el Administrador al Sr. Cacho 851 reales. Razón tenía el difunto Cura de Porrúa en negar su contribución a un hospital del cual ya nunca se beneficiaría enfermo alguno"

El Real Hospicio acogería a partir de entonces a los leprosos que pudiesen quedar, así como a otros enfermos y necesitados, y los bienes de las malaterías serían arrendados a particulares para su mantenimiento, más tarde serían vendidos o pasarían a ellos con otras fórmulas:
"La malatería de Cañamal, junto con la de Ardisana, fue arrendada por siete años, en Enero de 1792, a D. Pedro y D. Cayetano Posada y Posada, en 3.026 reales. Sus rentas, foros y frutos, aún fueron sacados a remate por el Hospicio de Oviedo en el Boletín Oficial de la Provincia de 25 de octubre de 1865"

Y esta es la historia de la malatería cuyas tierras se extendían por este y otros valles llaniscos, cuyos malatos, cuando los tenía, andaban por estos mismos camino que andamos nosotros, cuando llegamos a esta bifurcación, en la que seguiremos de frente, dando vista, al sur y suroeste, a las estribaciones de la Sierra de Cuera, gran cordillera que se extiende, paralela a la costa, a lo largo de unos 30 kilómetros, separando el concejo de Llanes de los de Cabrales y las dos Peñamelleras


Vemos en primer término El Picu'l Castiellu, con su inconfundible estructura picuda de peña caliza. Su cima se acerca a los 450 metros de altitud y en sus estribaciones se alzaba la fortaleza que le daba nombre, el Castillo de Soberrón, desde el que se gobernaba este territorio, en la alta Edad Media conocido como Aguilar y desde donde un potestas o delegado regio impartía justicia, recaudaba impuestos y alistaba soldados en nombre del monarca. Al concederse el fuero y Carta Puebla de Llanes, en algún  momento en torno a 1228 y otorgado por Alfonso IX, la población, portuaria, pesquera y comercial, pasó a ser su centro administrativo y el castillo fue abandonándose


Más allá las crestas calizas del Cuera de La Risque o La Valleya, La Cuesta'l Caballu, El Picu'l Colláu y La Muezca, el más alto (722 m), conformando un gran paredón vertical sobre las parroquias de Parres y Porrúa, esta última la del célebre párroco deudor de la malatería de Cañamal


Cañamal alude al cáñamo, planta que antaño debió ser plantada con profusión en estos campos de la rasa costera, el gran pasillo natural de unos 6 kilómetros de ancho entre las montañas y el mar donde se asentaron las poblaciones y sus caminos, tal que este, del que leemos en el libro El Camino de Santiago por Asturias. Topoguía 2.Ruta de la Costa, coordinado por María Josefa Sanz:
"Franqueado el río Purón, los romeros podían hospedarse, o simplemente reposar, en la Venta del Pomar, sita ya en términos de la parroquia de San Roque del Acebal, advocación de claras resonancias jacobeas. A su paso por esta feligresía también podían acogerse a la benéfica asistencia hospitalaria que, desde la baja Edad Media y hasta finales del siglo XVIII, aquí dispensaba la malatería de San Lázaro de Cañamal. Administrada y gobernada, en lo material y espiritual, por el beneficiado más antiguo del cabildo parroquial de Santa María del Concejo de Llanes, de quien dependía. Los restos dela que fuera su capilla son aún visibles en el prado que porta al expresivo nombre de prado de San Lázaro"

Llamativo es el dato que los peregrinos también se acogían al amparo de las malaterías de leprosos, lo que demuestra su gran vinculación. En esta entrevista que publica J.L. Argüelles a los investigadores Begoña González y Tomás Marcos en La Nueva España el 13-10-2011 se habla de ello:
-¿Cuál es la relación entre las leproserías y el Camino de Santiago?
-Mucha. La ruta jacobea perfiló territorios, personas, legislaciones... También obligó a adoptar medidas especiales. En las primeras épocas, hospitales de peregrinos o albergues y malaterías se confunden: son lo mismo. Con los años, se optó por diferenciar hospital y leprosería.
-¿Existían malaterías antes o crecen con la apertura del Camino de Santiago?
-Sí había malaterías antes y se conocía la lepra. Intuimos que existían leproserías, pero, evidentemente, crecen con el Camino. A finales del siglo XIII o principios del XIV, vemos que ya hay, perfectamente separados, albergues de peregrinos dedicados a las personas en tránsito hacia Santiago y las leproserías. En muchos enclaves del Camino primitivo van parejos: hospital y leprosería están enfrente el uno de la otra.
-¿La lepra fue un problema en el Camino de Santiago? Lo digo porque es fácil imaginar que hubo muchos enfermos que hicieron la ruta esperando algún tipo de milagro.
-Sí, había leprosos, pero también personas con todo tipo de enfermedades. Es evidente que uno de los motivos por los que la gente peregrinaba era buscar la curación. Los peregrinos salían ya enfermos de su casa, algunos con enfermedades mentales, tullidos... en fin, de todo. Por supuesto, encontrar un hospital en el Camino era un principio de supervivencia. Es más, el peregrino planificaba su itinerario siguiendo lugares en los que existiera atención sanitaria; era vital.
-¿Asturias estaba bien preparada, tenía suficientes puntos de atención al peregrino?
-De ese asunto sabe mucho más Tomás (Marcos), que lo ha estudiado a fondo. Había malaterías. La nobleza y el clero habilitaron, desde la apertura del Camino, casas y fincas para la atención de los leprosos. No olvidemos que eran unos marginados; por ejemplo, tenían que hacer chocar dos palos para avisar de su cercanía. En Asturias sí había una red de malaterías, con puntos en los centros de población más importantes"

Mirando al sur tenemos en primer término una de las sierras planas cuyas cimas en llanura dieron nombre a Llanes, La Cuesta Purón, cuya cota más alta llega a los 267 metros de altura. Estuvo antaño cubierta de robles que casi han desaparecido a causa de las quemas. Ahora abunda el monte bajo de terenos o brezales y gromos o argomales. Es como el Cuera sierra de pastos y de ahí se sacaba antaño el rozu, los matorrales con los que se hacía la cama del ganado en la cuadra. Más allá destacan las alturas del Cuera o Sierra de Cuera. En este sector sobresalen el Picu Jaba o H.aba (con hache aspirada -h.-) y La Cabeza Liño (1.179 m)


Entre ambas serranías El Cuetu'l H.orcáu o Jorcáu levanta su cima redondeada a 445 metros de altitud. Más allá Cueva Cotera, en Cuera, llega a los 1.135 metros, entre el Picu H,aba y La Cabeza Liño. Estas Montañas las cruzaba a pie con su gaita, para tocar por los pueblos de Llanes a Cabrales y las Peñamellareras el célebre gaitero Ignacio NoriegaEl Gaiteru San Roque L'Acebal, aquí nacido el 21 de agosto de 1924. Uno de los grandes referentes musicales populares del oriente de Asturias, que fabricaba él mismo los fuelles de sus gaitas, grabando varios discos. El 18-5-2007, con 82 años, se publica la entrevista que le hace Daniel Barga para La Nueva España:
"En 1945 Ignacio Noriega compró una gaita gallega en la Academia Militar de Zaragoza por el módico precio de trescientas pesetas. Eran otros tiempos. Después de repasar su trayectoria musical, nada más y nada menos que 52 años dándole aire a la gaita asturiana, de la que es un firme defensor, tal parece que el gaiteru de San Roque hubiera nacido con este instrumento en sus manos. «La afición me viene de pequeño, nunca olvidaré aquel festival de gaita que se celebraba en el campo de fútbol del Brao», en Llanes, rememoró. 
Ignacio Noriega, toda una institución de la gaita asturiana en la comarca oriental, ofreció su primer recital musical en la fiesta de San Francisco, en Rozagas (Peñamellera Alta), después de cruzar a pie la sierra del Cuera durante tres horas. El gaiteru de San Roque, que a sus 82 años cuenta con una memoria prodigiosa, recuerda una de las anécdotas más curiosas que le pasaron a lo largo de su carrera profesional. «La víspera de una fiesta me di cuenta de que tenía el fuelle (bolsa hecha con piel de cordero que sirve como depósito auxiliar del aire) rotu». La solución de urgencia que aplicó no fue otra que la de sacrificar un cordero y rociar la piel de sal. «Cuando estaba tocando en la fiesta, una mujer se me acercó y me dijo: "A, chacho, ¿que tien la gaita, que está llena de moscas?"». Era el fuelle, que olía a diablos. Le contesté que había echáu miel a la gaita para que sonara mejor», recordó Noriega entre risas. Durante más de cinco décadas, el Gaiteru de San Roque ha paseado su gaita por casi todas las fiestas del oriente de Asturias. 
En la actualidad, la gaita de Ignacio Noriega sigue dejándose notar en las fiestas populares de la comarca junto al fiel tamboriteru Manolo Vela Martínez, «el Gallu Po», del que recuerda una anécdota reciente la mar de simpática. «Teníamos que ir a tocar a Cabrales y Manolín estaba de serenu. Tuve que sacalu de la cama y eche-y una bronca terrible. Pero lo mejor de tóu fue cuando íbamos por Meré (Llanes) y me dice que había dejáu el tambor en casa. Casi lu mato a palos», comentó Noriega, quien añadió que en las fiestas «se nos acercan las muyeres, pero sobre todo los borrachos, porque siempre tienen ganas de juerga»

La peña cimera o más alta de Cuera es La Cabeza Torbina con sus 1.315 metros de altura, inconfundible con su mole picuda de caliza gris claro. Es una mítica cima montañera en esta secular tierra de pastoreo, si bien su acceso no es fácil dada las numerosas quebradas y hondonadas, los joyos o h.oyos (mal llamados a veces en plural "jous") tan habituales en la erosión kárstica. Su nombre está relacionado con turba y turbón, en relación a tempestad, siendo además muy frecuente que se levante la niebla cuanto antes se espera, por lo que se recomienda mucha precaución a los excursionistas en ese caso, dado que no hay un camino definido y la falta de visibilidad anula todas las referencias geográficas

Durante la Guerra Civil fue uno de los baluartes de las tropas del Consejo Soberano de Asturias y León, leales a la República, ante el avance de los nacionales que acababan de ocupar Bilbao y Santander. Las cimas cambiaron de mano varias veces en la cruenta Batalla de El Mazucu, en septiembre de1937, donde para doblegar la resistencia hubo de emplearse la táctica de bombardeo en alfombra de la alemana Legión Cóndor. Después de derrotados los republicanos, el asediado Frente norte resistió únicamente un mes, hasta la caída de Gijón/Xixón el 21 de octubre. M.Gutiérrez, en sus Crónicas de la Guerra Civil en Asturias, resume de esta manera la batalla en el artículo El Mazucu, una batalla peña por peña:

"La desigual y sangrienta lucha en el frente oriental decidió el curso de la Guerra en Asturias. Durante el mes de septiembre de 1937, las milicias republicanas fueron diezmadas en su intento por frenar el avance de un ejército que les triplicaba en número y contaba con el apoyo de la aviación alemana   
Los cráteres de las bombas con los que la aviación alemana sembró la sierra del Cuera, camuflados ahora por la naturaleza como accidentes del terreno, continúan en las cimas de Llanes y Cabrales. Han quedado, junto a algunos restos de trincheras y casamatas, como cicatrices de la línea defensiva con la que la República trató de impedir la toma de Asturias por el ejército de Franco. Hace 75 años, miles de españoles se enfrentaron en esos riscos en la llamada batalla del Mazucu, en realidad parte del frente oriental de una lucha sin cuartel en el Principado que comenzó en los primeros días de septiembre y que terminaría casi dos meses después con la entrada de las tropas nacionales en Gijón.   
En el Oriente de Asturias, los sublevados concentraron 33.000 hombres de las Brigadas Navarras, que unos días antes habían tomado Santander en un “paseo militar”. Aplastaron la línea defensiva del Deva, tomaron Llanes y en los terrenos de lo que ahora es un campo de golf se apresuraron a improvisar un aeródromo para los aviones alemanes de la Legión Cóndor. Los mandos republicanos del Ejército del Norte, temerosos de un desastre, no dudaron en fusilar a varios jefes acusados de cobardía y replegaron sus tropas hacia la sierra. Con menos efectivos, escasa artillería y apenas apoyo aéreo, la orden a los oficiales republicanos fue tomar posiciones, combatir “peña por peña” y convertir las montañas en un infierno para las tropas bajo el mando del general José Solchaga.

 
   Cocinas de la Brigada Vasca en las proximidades del
   Mazucu. / Constantino González-Archivo Municipal
   de Gijón
 
 Así comenzó una batalla en la que pronto el alto mando franquista se dio cuenta de que para vencer en Asturias tendría que aplastar una resistencia feroz. Cada mañana, sus cañones machacaban las posiciones republicanas. Sus soldados arrastraban las piezas de artillería por barrancas impracticables para los mulos. La aviación alemana atacaba sin más descanso que el que imponían las condiciones meteorológicas las posiciones republicanas. La Legión Cóndor recurrió al “bombardeo en alfombra”, concentrando los ataques de sus escuadrillas en puntos determinados para tratar de arrasar los focos de resistencia. Como los aviones desplegados en Llanes todavía no podían emplear las nuevas bombas incendiarias, los mecánicos del ejército nazi idearon lo que su jefe de unidad, Adolf Galland, denominó “una bomba Napalm rudimentaria”. Montaron sobre recipientes llenos de gasolina una bomba incendiaria y otra de fragmentación. Contra los riscos, su eficacia era limitada, pero lo que  también definieron los alemanes como “los primeros lanzallamas desde el aire” llevaron a las filas republicanas una aterradora lluvia de fuego.
 
   Una pieza alemana del 88 cañoneando el Mazucu. 
Día tras día, el ejército de Franco martilleaba sin descanso con esta combinación de fuego artillero y aéreo. Luego, lanzaba a sus tropas al asalto. Pero desde las castigadas líneas de defensa, las ametralladoras volvían a tabletear y las descargas de fusilería convertían cada ataque en una carnicería en la que ambos bandos sacrificaban a sus mejores unidades. Unos y otros recurrieron a empujar a sus soldados a punta de pistola al combate. El Gobierno republicano llegó a asegurar que sus tropas habían causado un millar de bajas al enemigo en una sola jornada. A diario, los camiones del Ejército de Franco entraban en Llanes cargados de cadáveres. 
El Consejo Soberano de Asturias y León, que había asumido el Gobierno de una Asturias aislada de la capital, envió al frente a sus mejores comandantes. Manolín Álvarez, el comunista  Fernández Ladreda y el anarquista Higinio Carrocera serán algunos de los hombres que la República homenajeará como héroes. Resistirán lo indecible sin que el armamento que reclaman con angustia acabe por llegar. Sin artillería, tuvieron que acompañar el fuego de sus fusiles con bidones cargados de dinamita, a los que pusieron una mecha e hicieron rodar por la montaña. Después recurrirían a bombas de mano y, rebasadas ya sus posiciones, se defendieron en sus parapetos a la bayoneta.  Emplearon incluso tácticas casi suicidas. Sabedores de que los nacionales marcaban sus posiciones avanzadas con paneles y banderas para evitar bombardeos sobre sus propias filas, cuando los aviones atacaban ordenaban el avance hacia el enemigo para evitar las bombas.
 
   Aviones alemanes en el aeródromo de Cue, en
   Llanes. / Archivo de Artemio Mortera
 

 Las órdenes republicanas son tajantes: “Al militar que abandone el puesto no hay que darle tiempo a explicar por qué lo abandonó. Se le fusila antes, sin que explique nada. No se puede perder el tiempo en excusas de cobardes”.

Pero todo resultó inútil. Las brigadas republicanas fueron masacradas. El 14 de septiembre, las Brigadas Navarras lanzaron todos sus efectivos al combate. Al día siguiente, el parte nacional afirmaba escuetamente: “Se ha ocupado el pueblo del Mazucu, alturas al Norte de dicho pueblo, alturas al Oeste de Peña Villa, así como Peña Labra”. Hasta el día 22, unos heroicos infantes de Marina mantuvieron su bandera en lo alto de Peña Blanca. “Ha sido una pesadilla”, reconocían sus enemigos tras conquistar a sangre y fuego el último bastión de resistencia"


Siguiendo camino, enlazamos con otro ramal y seguimos de frente por estos barrios de la parroquia de San Roque


Fijémonos en la flecha amarilla pintada en el muro que confirma la dirección a seguir


A nuestra izquierda, ya quedando atrás, El Cuetu y El Corral de Encima, donde hay alojamientos rurales


Del paso del Camino por San Roque L'Acebal escribe, también citando a la malatería, Luis Antonio Alías, gran fuente de información en sus obras, tal que El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios, publicada en 1992:
"En el lugar de Covielles, muy próximo al Acebal que San Roque, santo de devoción introducida por los peregrinos franceses, terminará patrocinando, se fundó en el siglo XII una malatería, la de San Lázaro del Cañamal. Todavía hace menos de un siglo estaba en pie la capilla del hospital, que acogió enfermos hasta finales del siglo XVI o comienzos del XVII y de la que subsisten unos mínimos y solitarios restos de muro"

Ahora hemos de estar muy atentos pues vamos a dejar el asfalto a la altura de la entrada a la siguiente casa


Aquí, a nuestra derecha y entre el mojón y el portón, sigue nuestro camino a adentrarse en ese bosquete


Aunque el mojón, en principio, se ve bien, puede pasarnos desapercibido si tendemos por inercia a continuar por el asfalto, máxime si crece en torno a él la vegetación o lo oscurece alguna sombra de la arboleda, al caer la tarde...


Al norte-noroeste vemos La Cuesta, sierra plana junto a la costa que va a ser nuestro último obstáculo orográfico antes de entrar en la villa de Llanes, capital del concejo. Es también llamada La Cuesta'l Cristu por ser el solar de la capilla del Cristo del Camino, donde esta nuestra ruta del Camino Norte oficial se unirá a la Senda Costera, que pasa por la falda de la montaña al otro lado de esa loma


El Cristo del Camino se halla a unos 110 metros de altura en La Jorcada, su vertiente más occidental, y de allí bajaremos directamente a la población tras subir desde Ortiz, al norte de La Galguera y una vez pasado San Roque y cruzada la carretera de Andrín


También llamada la Sierra Plana de Cué, su máxima altura es de 188 metros (otras fuentes dicen 191). En sus alturas hay actualmente un campo de golf que ocupa el lugar del antiguo Aeródromo de Cué, desde donde los aviones de la Legión Cóndor despegaban a bombardear las posiciones enemigas en la Sierra de Cuera, así como realizar otras operaciones en el Frente Norte. El aeródromo había sido ocupado por los nacionales el 5 de septiembre durante su avance. El piloto más afamado de la escuadrilla alemana, Adolf Galland, que se alojaba en la quinta indiana de El Coju La Guía, calificó la pista como una "cancha grande de tenis"


Realmente la historia del aeródromo habría de remontarse al año 1919, cuando el piloto acrobático francés Leonce Garnier, que ya había volado en las gijonesas fiestas de Begoña en 1911, fue el primer aviador que aterrizó en la planicie de la sierra. Más tarde, durante la II República, el arquitecto municipal Joaquín Ortiz García, elaboró el proyecto para un aeródromo de uso eventual, tanto para aviones civiles como militares, en caso de emergencia. En 1933 sería final de etapa de la II Vuelta Aérea a España y un año más tarde jugaría un papel importante durante la Revolución de Asturias. Tras la Guerra Civil, estuvo operativa la Escuela de Vuelo sin Motor, en la que se formaron unos 550 pilotos de planeadores entre 1944 a 1963


Dejando casas y prados nos metemos pues en uno de esas pequeñas arboledas autóctonas que jalonan el paisaje de la campiña de la rasa litoral llanisca
 

El boscaje es básicamente lineal, se prolonga al lado del Camino, proporcionando frescor y buena sombra, no es por lo tanto muy frondoso pero constituye un espacio natural realmente bello


A nuestra izquierda hay un prado y en medio una charca, más allá arbustos y matorrales cierran la finca


Parece una de esas formaciones de hoyos tan abundantes en estas tierras calizas la cual hubiese quedado inundada por algún manantial, sumidero, o arroyo subterráneo 



En verdad, estos afloramientos rocosos kársticos y sus formaciones geológicas afloran a la superficie abundantemente en toda esta franja desde los cordales costeros al mar


El Camino se torna en un estrecho y bello sendero entre alloros o laureles y zarzas, la vegetación del matorral y del seto silvestre


Hay también avellanos, nogales y castaños. La hierba crece pero se pasa sobradamente bien. Se agradecen caminos tan silvestres y no demasiado humanizados, cuando no decir urbanizados


Helechos y hierbas altas separan la senda de las fincas colindantes


Setos, árboles, arbustos y demás plantas forman uno de esos túneles vegetales que tanto nos gustan, proporcionándonos umbría y frescor en los días calurosos en los que pega el sol, pero también nos ofrece cierto resguardo de las lluvias, al menos del orbayu y orpín, también de los vientos


Es un verdadero pasillo de especies vegetales bien alfombrado por las hojas caídas sobre el suelo de tierra y piedra, tal vez restos del antiguo empedrado que pavimentaba el camino real


Unos metros más allá la luminosidad señala que vamos a salir del boscaje prontamente


Llegamos a un pequeño claro entre la espesura y continuamos siempre de frente


Un poco de empedrado y enfrente un edificio de plantas


Es una urbanización de apartamentos, con gran garaje debajo, al otro lado están las naves del Polígono de San Roque, en la carretera


Pero nosotros no vamos a salir aún a la carretera, sino que seguiremos a la derecha, por estos aparcamientos


Si no vemos señales puede darnos la impresión que al final de la explanada el paso se corta, pero no, el Camino sigue


Seguimos todo recto y vemos que la ruta continúa por este camino, entre el vallado del polígono y el bosque


Hay buenos nogales, la pista es ancha y de suelo de grijo o zahorra


Aquí está la concha jacobea que nos confirma que vamos por el buen camino, alegrándonos la marcha


Un muro y valla guarda la explanada posterior de las naves de los números 2 y 3


El Camino es en sí en este trecho una transición entre el bosque y lo urbano e industrial


Y se hace calle, llegando a las primeras casas, donde comienza el firme de asfalto


Es una zona residencial, de chalets con jardín y terreno, así como viviendas unifamiliares: el barrio Juan de Juanes, curioso antropónimo por su redundancia, sin duda se trata de algún antiguo vecino que tenía terrenos por aquí. No sabemos si tendrá relación alguna con el pintor renacentista español Vicente Juan Maçip, conocido como Juan de Juanes


Los don juanes era además como se conocía al gremio de cesteros o maconeros llaniscos, artesanos ambulantes que, como los tejeros del concejo o los zapateros del vecino Pimiango tenían su propia jerga gremial, estudiadas por Francisco García González en El Mansolea: una jerga gremial en el Oriente de Asturias y por Xosé Lluis García Arias en El cascón, la xíriga de los goxeros de Peñamellera


Vemos ya desde aquí las casas de la carretera, en concreto, al otro lado de la N-634, las situadas en torno a la iglesia parroquial, que mira a las alturas del Cuera: el barrio de La Roza


En primer término el bloque de casas donde estaba, en primer término, la Parrilla Asador La Roza, uno de los numerosos establecimientos de comidas de San Roque existentes en este tramo


La iglesia la vemos un poco más allá, solo parcialmente, orientada su espadaña al cuera, su traza actual corresponde a las reformas efectuadas sobre una capilla anterior, dedicada a Nuestra Señora de la Concepción, a finales del siglo XIX, siguiendo criterios historicistas. En ella se guardaron las imágenes de la capilla de la Malatería de San Lázaro de Cañamal, pero estas también se perdieron


Una iglesia anterior se construyó en 1791, pues San Roque formó parte en lo eclesiástico de la parroquia de Santa María del Concejo (Nuestra Señora del Conceyu) de Llanes hasta 1891, que es cuando se decide hacer esta nueva parroquial, tras desecharse un proyecto, que aunque empezado no llegó a culminarse, para construir una gran iglesia parroquial al lado de este camino real, que veremos un poco más adelante, pues lo construido fue aprovechado para hacer una vivienda. 


Había sido una iniciativa del deán de Guadalajara (México) don Pedro Díaz Escandón, nacido en el barrio de Covielles en 1738 y que quería dotar a su parroquia de nacimiento de un templo en condiciones, encargándose del malogrado proyecto el arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San FernandoCustodio Fernández Moreno, pero en 1826 falleció en un naufragio de regreso a España, por lo que la obra, tras su fallecimiento y dado su patronazgo personal, no llegó a terminarse


Este deán, con su obra y biografía fue glosado por Inés García Navarro Aguirre en su obra El deán don Pedro Díaz Escandón (1738 - post 1826) y el proyecto de Custodio Teodoro Moreno para la iglesia de San Roque del Acebal. Llanes, AsturiasSegún cuenta es fácil que en el naufragio se perdieran también todos los bienes y dinero acumulados durante su vida, con los que aparte de establecerse de nuevo en su pueblo, pensaría sufragar la inconclusa obra



Antes de llegar a la que habría de ser la iglesia, pasamos detrás de El Llar del Acebal, otro de las renombradas sidrerías y casas de comidas de San Roque


Aquí, en esta explanada vamos a salir a la carretera, la larga recta de San Roque, donde abren sus puertas varios establecimientos y empresas, restaurantes, hoteles, bares, casas rurales, tiendas, talleres, existiendo varias naves industriales


Carretera que vamos a seguir durante un buen trecho, hasta el final de la recta, pero antes podremos hacer un alto y descansar en esta terraza


Y es que aquí vemos la parte construida de la que iba a ser la nueva iglesia parroquial de San Roque sufragada por el deán y diseñada por el arquitecto académico, únicamente los cimientos y el piso bajo hasta la cornisa. Es muy posible que como la iglesia de San Roque que hemos visto se erigiese como anejo de la de Llanes en 1792, esto animase al religioso a emprender la construcción de un gran templo, pues era señal que, con el tiempo, San Roque L'Acebal podría independizarse totalmente, cosa que como hemos dicho, finalmente sucedió, un siglo después


Estando aún sin hacer la actual carretera, el camino real era la principal comunicación del pueblo, por lo que el deán buscó estos terrenos, probablemente suyos por herencia familiar, para construirla aquí al lado del Camino. Con este fin, ya en la primavera de 1819 se presentaron cuatro proyectos para conseguir la aprobación pertinente que habría de cursar la Academia de San Fernando, obra de Juan Antonio Vigil y enviados por Antonio de Simón Guerra, encargado de los curas beneficiados de la parroquial de Santa María de Llanes, pero no fueron aprobados, tal vez por falta de algunos documentos imprescindibles, como el memorial, el informe facultativo y un avance del coste de las obras, además de no tener el autor el título preceptivo


Parece que la decisión dejaba entrever que si se adjuntaba la información pertinente podría aprobarse el proyecto, pero la carencia del título necesario de arquitectura de Vigil echaba por tierra esa posibilidad, no existiendo constancia que volviese a intentar mandar nada, ya que además el asunto se retomaría en una junta académica en noviembre, cuando el arquitecto Custodio Teodoro Moreno, de la misma Academia, presentaría el suyo propio, según solía pasar cuando pasaba tiempo sin que hubiese noticias de que se presentase nueva documentación sobre una solicitud pendiente. Este trabajo de Teodoro Moreno buscaba seguir las líneas clasicistas entonces promovidas por Bellas Artes, por lo que sería definitivamente aprobado en la primera Junta del año siguiente, el 11 de enero de 1820


La obra se basaba pues en el gusto neoclásico imperante y del que era buen maestro el arquitecto proyectista, nacido en Estremera, Madrid, en 1780 y que ya había ingresado en esta prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con sólo 12 años. Las obras comenzaron pero por las causas referidas la iglesia nunca se terminó, se levantó este primer piso hasta las impostas. Se revela iba a ser un estilo clásico fernandino y con planta tendente a la centralidad, con vocación de cruz griega y que seguramente estaría cubierta con cúpula sobre el crucero y sostenida por cuatro pilares achaflanados. La cabecera estaría orientada al este y sería de una altura un poco menor que la de la nave, con dos estancias laterales que harían de sacristías, a las que se accedería por sendas puertas enmarcadas por molduras de oreja simple y estarían iluminadas por vanos abocinados hacia el exterior en las fachadas norte y sur, habiendo desaparecido la sur, al abrirse un espacio como puerta del garaje para la casa que se hizo en lugar del santuario


La entrada principal estaría en la fachada oeste, y la cubierta sería sin duda de bóveda de cañón sostenida por dos arcos fajones, luego vendrían otras dos estancias con ventanas abocinadas semejantes a las de las sacristías y a continuación dos capillas, una frente a la otra, abiertas por arcos de medio punto sostenidos sobre pilares decorados por una imposta. Su cubrición, según se comprueba por las ménsulas y otros detalles de la pared, sería mediante bóveda de arista, como la del transepto y la capilla mayor, solución que es la aplicada en la cercana capilla del Cristo del Camino, cuya reforma fue auspiciada por el mismo deán en 1818 y que sí se hizo, tal y como veremos al subir a su solar en La Jorcada, camino de Llanes

El exterior tiene aspecto casi de fortín, hecho de sillares muy bien encuadrados que siguen la sobriedad clasicista. Sobre la puerta que da al Camino se lee la inscripción:
                                                                + 
                                               SE EDIFICÓ AÑO DE 
                                                             1821
Se supone que sobre la moldura superior hubiese estado el escudo del deán, su promotor, dentro del contexto social del momento, en el que un noble, con exitosa carrera eclesiástica en las Américas, regresa con fortuna al solar familiar realizando una promoción religiosa de su patronazgo, con importante innovación artística que haría perdurar su memoria. Un ideal que de alguna manera precede en el tiempo al que traerían muchos indianos, fenómeno migratorio que estaba a punto de ocurrir cuando el deán regresaba a su tierra. Al mismo tiempo comprobamos cómo la Academia ejercía su control sobre las nuevas construcciones para someterlas a su gusto neoclasicista imperante, enviando sus propias propuestas a los proyectos de nuevas construcciones


Al otro lado de la actual carretera estaba la Casa de la Roza, que ya no se conserva, casona familiar del deán, la cual tenía una capilla dedicada a la Concepción que, como hemos dicho fue ampliada para ser la nueva parroquial al conseguir en 1891 San Roque la independencia eclesiástica de Santa María de Llanes pero haberse perdido de manera irremisible la fortuna de don Pedro Díaz Escandón, con la partida que habría destinado a la construcción de la parroquial a la que había consagrado su pensamiento pero que no llegó a materializarse


La capilla de la Concepción de Covielles había sido también precisamente una iniciativa del deán Escandón, a la que tenían que acudir cada año las huérfanas que recibían la dote la fiesta de San Pedro y San Pablo, por lo que también era conocida con la advocación de San Pedro, la cual pasará a ser por estos avatares parroquial de San Roque L'Acebal ante la imposibilidad que nadie pagase la obra del magno templo proyectado en el camino real. El gran historiador y filólogo Martínez Marina dirá esto de ella:
"... capilla moderna titulada de la Concepción. Como patrono y de su capellanía es el poseedor de la Casa de Díaz Escandón. Es de un cuerpo embovedado a lo gótico. Su retablo del orden corintio tiene tres nichos y remate en un crucifijo. En medio está la titular y a los lados san Pedro y San Pablo en mediana talla "

Este lugar junto a la carretera y ante La Roza, es un alto para perfecto para  seguir contemplando tan excelsas vistas del Cuera, testigo de las andanzas de la famosa pastora Ana María García La Llobera, acusada de brujería por la Inquisición, por lo que, a diferencia de otras muchas, fue posible, en base a sus interrogatorios y expedientes, reconstruir su vida y andanzas, siendo además un caso especialmente chocante pues, de la pléyade de brujas asturianas, fue la única que se sepa documentalmente que se las vio directamente en proceso con el Santo Oficio y, esto además, lejos de su tierra. Antes de entrar en su biografía sería preciso saber qué se entendía en su tiempo por llobera o lloberu, y para eso qué mejor que plasmar parte del excelso artículo titulado Ana María García: la Llobera de Llanes, que encontramos en Céltica.es, pero podríamos adjuntar infinidad de enlaces y estudios al respecto, baste como muy buen resumen:

"Conocemos varios procesos de la Iglesia contra individuos que eran acusados entre otras cosas, de tener bajo control a una manada de lobos y usarla en perjuicio de la gente. A grandes rasgos esa sería la definición de un lobero. Sin embargo con esto nos quedaríamos muy cortos. La capacidad de convertirse en uno de ellos no estaba al alcance de cualquiera, e incluso en muchas ocasiones no era algo que ellos desearan. 
En este concepto se entremezclan viejas tradiciones paganas, como las de los hombres lobo, lobishomes galegos, etc… cuyas habilidades provienen casi de una maldición, más que de un deseo. Otras personas recibieron este don y no fueron capaces de controlarlo con lo que su vida fue un tormento, como nos cuentan los relatos de otros procesos inquisitoriales"

Nacida en 1623, hija de Juan García y de Toribia González, campesinos del pueblo de Posada, de los que quedó huérfana de muy niña, Ana María García infancia muy dura pues hermanos y familiares la consideraron una carga, iniciándose un triste periplo para ella, de casa en casa. Así se sabe que hasta los tres años estuvo en el hogar de Catalina Juárez y Juan García, pasando luego al del hermano de este, Diego Soga, hasta los siete años, trasladándose seguidamente al de Juan Gutiérrez de Ardisana, hasta los 14 años. Seguidamente queda embarazada de otro familiar, Francisco Soga, escapando a casa de Toribia Sánchez, que parece ser también era pariente:

"Ana María nació en 1623, de Juan García y Toribia González, labradores en Posada de llanes. En algunas fuentes encontramos que era la séptima hija de siete hermanas. Este hecho es fundamental para convertirse en lobero/a. Igual que el hombre lobo, el lobero debe ser el séptimo hijo de siete hermanos para tener ese poder, o al contrario, ser objeto de esa maldición. 
Lo cierto es que la pobre Ana María no tuvo mucha suerte en sus primeros años de vida, ya que quedó huérfana a los dos años. El ser la más pequeña al cuidado de hermanos mayores la convirtió en una carga de la que tuvieron la necesidad de librare, dándola en adopción y pasando por distintas familias. A los tres años se sabe que estaba con Catalina Juárez y Juan García. Luego pasó a la casa del hermano de éste, llamado Diego Soga, hasta que cumplió siete años. Hasta los 14 vivió en casa de Juan Gutierrez de Ardisana. Un familiar, Francisco Soga, con la que la obligan a casarse la deja embarazada y ella, la que no tenía miedo a los lobos, huye a Llanes, a casa de otra pariente, Toribia Sánchez"

A los 20 años Ana María García entablaría relación un una famosa bruja del pueblo llanisco de Bricia, Catalina González, que la formará en sus artes. Se sabe esta maga, de aspecto un tanto siniestro, tenía un séquito de seguidoras jóvenes y adolescentes con las que celebraba "reuniones de brujas" de las que se carece de más información salvo la extraída de sus propias confesiones al proceso que sería sometida por la Inquisición, en la que hemos de decir que todo reo que quisiese librarse de la hoguera decía lo que querían oír sus inquisidores, con el subsiguiente arrepentimiento, para librarse de males mayores, por lo que está completamente en entredicho:

"En Bricia, una aldea próxima, a los 20 años, conoce a Catalina González, una bruja que era ya famosa en toda la comarca por sus artes. Catalina no era cualquier bruja. De ella se decía que era la encargada de reclutar jóvenes adolescentes, para que acudieran a los akelarres (una palabra ajena al asturiano proveniente del euskera pero que usaremos como referencia general para las reuniones de brujas). Es decir, Catalina tenía algún grado dentro de la jerarquía de hechiceras asturianas"



Dentro de los rituales y conocimientos transmitidos por Catalina, sin duda vinculados a los de las brujas europeas, estarían los saberes relacionados con la naturaleza, invocaciones, cultos al bien y al mal, fórmulas de pócimas y ungüentos, símbolos y conexión con ciertos animales, en este caso con los lobos:

"Según la crónica del proceso, sería ella la encargada de enseñarle a Ana María a convocar a los animales, ya que hasta entonces ella no había manifestado tener ese poder. Además le transmitió una serie de conocimientos, por lo que podemos deducir que la había elegido como su aprendiz. 
Por ejemplo le enseñó a preparar ungüentos y remedios para curar enfermedades, así como las palabras con las que convocar a los lobos y hacer que la obedecieran. “Aquí tres, aquí dos, aquí dos”cuenta la crónica (por lo que sabemos que llevaba siete lobos) que ordenaba a los lobos, de distintos colores, que llamaba con un silbido tras meterse dentro de un círculo protector dibujado en la tierra"



Tras la muerte de su maestra, Ana María, cansada de recorrer pueblos, se fue a las montañas, entrando en contacto con pastores trashumantes de las brañas. Siempre según los datos de su proceso inquisitorial, desde las majadas de Llanes, con vaqueros de Los Argüellos, llegaría a Covadonga, luego a los Picos de Europa y más tarde a Payares, saliendo a la cañada real, por donde discurrían los rebaños desde los pastos altos de la cordillera, en verano, a los del sur y en invierno. Su presencia se haría muy popular, dado que sabiendo conjurar a los lobos, estos no atacarían al ganado gracias a sus dotes loberas:

"Los años al lado de Catalina le dieron tiempo a prepararse para ser la sucesora de la bruja, la que en su lecho de muerte le entregó un objeto, una saya. La entrega de este objeto marca el momento en que el maestro crea el vínculo (más allá de la muerte) con el aprendiz. Con eso Catalina transmite su poder a Ana María. 
No sabemos qué pasó por la mente de la chica, pero a raíz de la muerte de su maestra sabemos que se desplaza a las montañas. Probablemente se alejara de la Iglesia ya que el brazo de la Inquisición llegaría a las aldeas de la costa asturiana, mejor comunicada, pero tendría más dificultades en adentrarse entre los perdidos valles de los Picos de Europa 
Es la tierra de los vaqueiros, quien entre las  montañas y los espesos bosques movían su ganado estacionalmente. Los pastizales de verano de Llanes, en las montañas eran la tierra de los Argüellos. Allí se unió a dos vaqueiros y con ellos sabemos que se desplaza a Covadonga. Tiempo después la encontramos en la Cañada Real tras haber pasado por Pajares, salida natural a la Meseta (...) 
Ana vivió con los vaqueiros, haciendo lo que había aprendido, y su fama fue creciendo a medida que pasaba el tiempo. La leyenda de la llobera ya circulaba por los valles, y en las oscuras noches a la lumbre de las hogueras de los pastores"



Se sabe que La Llobera, como pronto la llamaron, nunca pasaba desapercibida, pues a sus artes unía una muy especial belleza, curaba al ganado de males físicos y lo guardaba de sobrenaturales, desde enfermedades y accidentes hasta males de ojo y encantamientos, preparando además brebajes mágicos o curativos para los pastores, basados en flores y animales, pero a la vez sabía vengarse de quienes la querían mal o con los que tenía algún problema o discusión:

"Imaginaros a la joven, tras una vida de penurias desde su más tierna infancia, miseria, y desprecio, ahora era una mujer temida en toda la montaña, donde el poder que rige es el de la madre Naturaleza, y ella tenía la capacidad de controlarla 
Dicen que durante tres años vivió su época de esplendor como la llobera, ayudando a los vaqueiros que la contrataban, curando enfermedades, roturas de huesos, haciendo el bien entre los que la llamaban pidiendo ayuda. Era especialista en preparar remedios a base de plantas de la montaña según la crónica. También se vengó de los que no quisieron ayudarla y dañó al ganado de los que se atravesaban en su camino"

Por los caminos de la trashumancia y la arriería, el amor de un vaqueiro la llevó a Toledo en 1648. El mozo trabajaba en las tierras de don Gabriel Niño de Guzmán, donde una pariente suya, Doña María del Cerro, mujer del mayoral Alono Millán, quiso rebuscar en el pasado de Ana María. Se dice que había detrás un asunto de celos, la señora estaba molesta que La Llobera hubiese hubiese encandilado a uno de sus pastores y un día la cogió y la encerró, forzándola a confesar su vida y avatares, denunciándola seguidamente a la Inquisición:

"Ana además de encontrar su camino en la montaña, encontró el amor. Un joven vaqueiro encandiló el corazón de la joven y ella, un espíritu libre, dejó la protección de las montañas y se fue con él a Toledo, donde el chico estaba al servicio de Don Gabriel Niño de Guzmán. Era 1648, y sabemos el día, un 25 de mayo"


De esta manera el 21 de junio de aquel mismo año 1648 el fiscal del Santo Oficio, don Juan de la Vega y Dávila, firma la denuncia, esgrimiendo sobre ella nada menos que once apartados de acusaciones:
"Acuso criminalmente a Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias, presa en cárceles secretas. Y digo que siendo la susodicha cristiana bautizada y en al común opinión y estimación tenida y reputada por tal, gozando de las gracias y privilegios, inmunidades, prerrogativas y excepciones que los demás fieles católicos cristianos suelen y deben gozar, olvidando sus obligaciones, ingrata y desconocida a tantos y tan singulares beneficios, en ofensa de Dios nuestro señor y contra su santa fe..."

Tremendo debió ser el susto de La Llobera al entrar en las inquisitoriales mazmorras y ser prontamente sometida a interrogatorio. El dicho fiscal fue esgrimiendo con todo detalle los los maléficos actos que se le atribuían:
"1. Que (...) en un lugar de dicho concejo de Llanes cierta persona de vida tan relaxada y nefanda que aconsejó y dixo a la rea si quería andar con los lobos y encantarlos, había de dar el brazo derecho al diablo, y que haciendo con las manos un cerco en la tierra y dando un silbido vendrían a su mandado, y los encantaría: y que si también quería hacer mal con ellos lo podría hacer, y que si no, podría guardar el ganado dellos, y hacer que no hiciesen mal a los ganados, ni a persona alguna. En lo cual vino la rea (...) ofreció el brazo derecho al Demonio, diciéndole: yo te ofrezco este brazo derecho. 
2. (...) que habiendo muerto la dicha persona y dexado a la rea una saya como tan su amiga, estando ésta a solas hilando (...) se le apareció un bulto negro de hombre, con cuernos a los lados de la frente (...) asiéndole del mismo brazo el bulto dixo si le ofrecía aquel brazo; y la rea respondió que se lo ofrecía; y él la volvió a decir que bien sabía que aquel brazo era suyo (...) Con lo cual se fue el bulto, y aunque entonces no lo dixo quién era, bien entendió la rea que era el Demonio, y como a tal le ofreció el brazo derecho. 
3 y 4. Que siguiendo el consejo que en capítulo primero ha referido la dio la dicha persona, y continuando la rea el crédito que la dio y al Demonio (siendo padre de la mentira y el mayor enemigo de las almas) en confirmación de la amistad y pacto que hizo con él, ofreciéndole su brazo derecho para que la favoreciese y asistiese, habiéndose ido con unos pastores, con quienes ha tratado deshonestamente y andado tres años, ha llamado a los lobos haciendo el cerco en la tierra y metiéndose dentro, y dando un silbo venían siete lobos de diferentes colores, que eran demonios, y se iban tras ella por donde quiera que iba, y cuando estaba dentro del cerco andaban ellos alrededor sin entrar en él, y la rea los repartía, tres por una parte, dos en otra y dos en otra, y venían unas veces sin llamarlos y otras porque los llamaba para que estuvieran con ella. 
5. (...) que era tal la familiaridad que tenía con los demonios (...) en forma de lobos (...) que no podía hallar sin su compañía. Y sabiéndolo los pastores la instaron, y ella se los prometió no hacer mal con los demonios a sus ganados ni a los de otros ni a personas algunas, si bien no siempre lo cumplía, antes echaba los lobos al ganado que le aprecia y a la parte que le hacía mal pasaje. 
6. (...) que en las dehesas de Alcudia, habiendo la rea llegado a un cazador que llevaba una carga de conejos y perdices a vender, le pidió un conejo, y no se lo quiso dar y dentro de tres días comieron los lobos a una bestia de carga de dicho cazador. Y todos lo atribuyeron a que la Lobera lo quería así, teniéndola también por bruja hechicera. 
7. (...) que en dichas dehesas llegó otra vez la rea a una majada de un pastor y, no habiéndola dado lo que ella le había pedido, le comieron a segunda noche los lobos tres cabras. 
8. (...) que para llamar a los demonios decía la rea ciertas palabras, que afirmó no podía decir porque la vendría mucho daño (...) Lo cual no es de creer, sino que maliciosamente las calla. Y así pido la declare"

Ana María contestó punto por punto las preguntas de la acusación, reafirmándose en las primeras respuestas y rematando su defensa con una solicitud de clemencia:

"(...) que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho (...)"


Según el investigador Juan Luis Rodríguez Vigil en su obra El confín del Santo Oficio, Ana María tuvo suerte, en esas avanzadas fechas del siglo XVII, a las puertas de la Ilustración, ya había gentes letradas y críticas, incluso entre los influyentes inquisidores que la juzgaron, sobre los verdaderos poderes satánicos de las brujas, y no veían porqué el maligno había de perder el tiempo con tan bajos menesteres. Otras opiniones, como Caro Baroja, afirman que no había suficientes pruebas contra ella, siendo muy posible que el tribunal se diese cuenta que, sortilegios aparte, en el trasfondo de la denuncia contra ella había un asunto de celos. Seguimos leyendo en Céltica.es:
"Le pidieron que citase las palabras mágicas con las que gobernaba a los lobos, y los conjuros que pronunciaba, pero ella se negó, asegurando que si lo hacía un gran mal caería sobre todos los que estaban en el juicio. No la debieron creer, y lo cierto es que si lo pensamos, fue una buena estrategia en su defensa ya que el hecho de no pronunciarlas la eximía de su acusación.

También dijo que era cierto que Catalina le había dado una saya pero que ella nunca se la había puesto, la segunda negación, lógicamente hecha para salir del paso" 
Imagen ficticia de Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias. (Obra de Eugenio Racuenco)

Ni qué decir tiene que la confesión y relato de Ana María de su vida se hicieron, aunque no llegase a ser torturada, bajo un importante impacto emocional. Sin duda el verse ante tan severo tribunal y pensar en las posibles consecuencias debió ser un tremendo shock. Por ello, el 3 de agosto de 1648, previa preceptiva abjuración de sus artes de hechicera y pactos diabólicos, fue ingresada en un convento para su corrección, tal y como rogaría ella misma:

«Que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho.»


No sabemos con cuanto éxito expiaría sus brujerías en el cenobio, porque sí se conoce que salió prontamente y, escarmentada, volvió a sus tierras del norte y Asturias donde, fácilmente, seguiría ejerciendo su labor, ya que el clero local no parecía ocuparse tanto de esos menesteres caza-brujas. Este sería su aspecto en el momento del proceso. Más allá de ello la historia le pierde el rastro:
«Estatura pequeña o mediana, de piernas y nalgas rotundas y fuertes, pecho generoso y torso amplio, con cabellos arrubiados y rizados y la faz definida por ojos de intenso color azul, en todo caso con pómulos altos, nariz pequeña y tez clara o abundante de pecas, que la Lobera tendría, no obstante muy atezada por la continua exposición a la intemperie».


Salimos a la carretera N-634 en la Recta de San Roque, que seguiremos durante un trecho no demasiado largo que se ve compensado por las muchas cosas que ver y conocer, como de las que ya hemos hablado, así como las muchas posibilidades que se nos ofrece como parada y fonda, mesa y mantel, verdadera antesala de la villa de Llanes


A nuestra derecha una antigua quinta de buenas galerías y detrás un gran valle que se extiende hasta La Cuesta Cué por el norte-noroeste, y hasta Andrín y la mar por el norte-nordeste


Por la parte más occidental de La Cuesta, que empezamos a ver desde aquí, al final de la recta, subiremos al collado de La Jorcada por La Cuesta'l Cristu, llegando a la ermita del Cristo del Camino, en cuyo campo enlazaremos con la Senda Costera de Llanes. 


Esa senda costera llanisca pasa al otro lado de la montaña, por la falda norte de La Cuesta y no la llegamos a ver desde aquí. Sube desde Andrín al mirador de La Boriza y pasa junto a las instalaciones del antiguo aeródromo, ahora campo de golf, si bien también puede dejarse en La Boriza para bajar directamente a Llanes por la carretera de Cue (LLN-2)


La Senda Costera de Llanes no es camino jacobita oficial pero tiene gran aceptación entre los peregrinos como alternativa pues, si bien en sensiblemente más largo y no sigue el trazado histórico del camino real, evita los tramos de asfalto de este. A él le dedicamos las oportunas entradas de blog desde Buelna


En esos altos se intentó hacer frente a la primera incursión francesa acaecida en Llanes, en mayo de 1809, si bien el teatro de operaciones más inmediato abarcó este llano de San Roque, donde acamparon las tropas napoleónicas y todo el valle de Mijares. En Apuntes históricos, genealógicos y biográficos de Llanes y sus obres, libro de Manuel García Mijares publicado en 1893, se cuentan estos episodios:
"Los franceses, en número de 2500, al mando del general Bonet, pasaron el rio el 21 de dicho mes; el paisanaje de estas inmediaciones, el Gobernador militar Posada y otros Jefes de la alarma se reunieron en esta villa, y con sus chuzos salieron en la tarde del 22 a la cuesta del Santo Cristo del Camino: el enemigo, con la vista de la gente se contuvo y se acampó en las inmediaciones de San Roque; a la mañana siguiente avanzó muy temprano: los paisanos quemaron la pólvora y se retiraron, y el enemigo entró sin oposición. Como hallaron al pueblo sin prevenciones, y no hubo quien los recibiese, saquearon las casas y robaron cuanto pudieron, lo que no sucedió en otras villas de la costa que les salieron a encontrar. También estropearon el archivo del Ayuntamiento, raseraron los padrones de calle hita, órdenes y demás papeles que se hallaban en él. Los primeros soldados que entraron dispararon y mataron al marinero Hilario del Castillo, por que tenía un fusil en la mano y no le quiso largar. Tambien mataron a Santiago de la Fuente, vecino de Póo, por que le hallaron en casa unos cartuchos de pólvora. Pero uno de los oficiales primero de a caballo, al llegar a la portilla del convento (que estaba al extremo Occidente de la Huerta de don Ramón M. de Labra, frente al colegio de primera y segunda enseñanza), fue muerto de un balazo que le disparó un soldado asturiano desde el camino. 
Dejaron una guarnición corta en esta villa al mando del Coronel Cretén, y los demás siguieron a Oviedo con otras tropas que después fueron entrando, y al cabo de un mes volvieron a pasar por esta villa y Cabrales, por que los asturianos, al mando de Ballesteros, les llamaron la atención por Santander, a donde fueron a caerse tomando el camino por los montes de Covadonga. Al pasar el enemigo por el valle de Mijares, disparó a José Mijares, por que se les hizo sospechoso 
 En 19 de Agosto del mismo año de 1809, volvieron a entrar los franceses en esta villa en número de trescientos hombres; la mitad se adelantó a Ribadesella y trajo arrestado a don Antonio Ardines" 

Luego de aquellos primeros quebrantos, en octubre de 1809 se estableció una línea de defensa en el río Purón, al mando del general Nicolás de Llano Ponte, quien estableció su cuartel general entre Covielles y L'Acebal, pero su oponente, el general François Bonet, rompió esa línea con 4.000 soldados el 25 de enero siguiente, entrando en Llanes tras saquear Parres y La Pereda
"En el mes de Octubre del expresado año llegó el Coronel don Carlos Rato con un Ingeniero a reconocer varios puntos de defensa, y acordaron fortificar la línea de Purón. Se construyó una buena trinchera de tierra y fagina; se arrimaron algunos cañones con la tropa y artilleros correspondientes al mando del general don Nicolás Ponte, que vino luego a promover las obras, fijando su cuartel general en los lugares de el Acebal y Covielles" 
Después de dos meses de trabajo y cuando todos habían concebido alguna esperanza de defensa, volvió el General Bonet, a intentar el paso por esta parte de la provincia. Pasó el rio de Unquera con cuatro mil hombres, y se acercó al de Purón el día 25 de Enero de 1810. Después de una hora de resistencia por nuestra parte, aparentó el General enemigo un parlamento, y mientras se evacuaba, hizo conducir a cierta altura sus cañones, batió nuestras líneas y pasó la tropa el rio, y nuestros soldados desampararon sus posiciones. 
Los franceses acamparon en aquella noche en la villa y sus inmediaciones, pero principalmente el mayor número cargó sobre la Pereda y Parres en donde hicieron un rico saqueo, por que los pudientes habían retirado hacia aquellos lugares sus principales haberes. La tropa enemiga se entregó al desorden: cometió mil excesos con las gentes dispersas que encontraron escondidas por las cuevas y pajares, y es imposible explicar la pena y aflicción en que todos se vieron: muchos se salvaron subiéndose a los montes de noche por medio de las nieves, prefiriendo la compañía de las fieras a la de los franceses; a la verdad, que semejantes escenas solamente las puede conocer el que las experimenta por sí mismo, o el que las coteja con la aflicción general en que se hallará el género humano cuando amague el fin último de todas las cosas. 
El enemigo encendió en aquella noche una multitud de hogueras; cenó sus robos; a la mañana siguiente registró lo que no había podido hacer por la noche, y a las diez del día se le dio la orden de marchar hacia Oviedo cuya ruta siguió también la tropa que fue entrando"


Un poco más allá de esta gran finca estaba la famosa Malatería de San Lázaro de Cañamal, de la que aún se conservaban en pie algunos muros, no en el mismo lugar de Cañamal sino en un prado denominado de San Lázaro. En su estudio sobre las malaterías asturianas, Tolivar Faes hace mención también a la existencia de una Fuente de los Malatos y un barrio de los Malatos, que guardaba memoria de su asentamiento


Otro investigador, el escritor Francisco González Galguera, Pancho del Cañamalnos ofrece un testimonio que es muy importante, pues nos dice que la romería de San Lázaro allí celebrada era de las más importantes del concejo, incluso con feria de ganado:
"... San Lázaro. Siempre que la toponimia nos lleva a este nombre -San Lázaro- nos deriva también a Lazareto y de ahí a leprosería. En Asturias malatería y malatos a sus habitantes. Aquí pueden contemplarse todavía las paredes de lo que fue "centro de salud".

Se sabe que los enfermos se surtían de agua del manantial que hay en La Galguera, llamado hoy aún, fuente de los malatos y que se movían por los alrededores del lazareto haciendo sonar una campanilla para apercibir al resto de ciudadanos y evitar el acercamiento. 
En el sitio que lleva su nombre, perteneciente al lugar de Covielles y a orillas de la carretera de Andrín, estuvo situada la antigua ermita de San Lázaro, de la que sólo quedan unos lienzos de pared que forman parte del muro de una finca. 
La romería de San Lázaro era una de las más concurridas del Concejo y célebre además por el peculiar entretenimiento del «pique de huevos». Había también feria de ganados y numerosos puestos de tejidos, calzado y otras mercancías. 
Derrumbada la ermita en la primera mitad del siglo XIX, se trasladó la romería a las inmediaciones de la Iglesia Vieja, dejando de celebrarse en los últimos años de dicha centuria. 
La pequeña imagen del Santo fue llevada a la iglesia parroquial, así como la campana de la ermita, que estaba colocada en el arco superior del campanario, y solamente se tocaba cuando se administraba el Santo Viático a los enfermos. Una y otra desaparecieron durante la guerra civil. 
Contiguo a la ermita de San Lázaro estuvo situado el Hospital Lazarino de Cañamal, que cita don Fermín Canella en su Historia de Llanes, y que era el 4° entre los de su clase establecidos en Asturias"

(Extraemos este texto de la página de la asociación El perru de San Roque explicando la Senda del Valle Invisible)

Le atribuye este autor, al contrario que Faes, que no encontraba documentos fidedignos de su temprana fundación, una antigüedad anterior al mismo Fuero de Llanes, fechándola hacia 1206.

"No se conoce con exactitud la época en que ha sido fundado este Hospital, pero se sabe que es anterior al Fuero de Llanes, el cual fue otorgado por Alfonso IX en primero de octubre de 1206, por lo que puede suponerse que el Hospital de San Lázaro data por lo menos del siglo XII o de los primeros años del XIII. 

En una escritura de venta que obra en nuestro poder, se habla de unos prados en el sitio de Antona, que pertenecían a la Malatería de Cañamal, y no sería aventurado suponer que la llamada Huerta de las Monjas hubiese pertenecido también a dicho establecimiento benéfico; el nombre de la finca y su proximidad al Hospital, abonan esta hipótesis. 

El hecho de que el Hospital lazarino llevase el apelativo de Cañamal, indujo a algunos a suponer que estuvo situado en las cercanías del barrio del mismo nombre, pero tal suposición carece de todo fundamento. 

Lo más verosímil es que tanto el barrio como el Hospital, tomasen su nombre de la plantación de cáñamo -cañamar-, a la que en pasados siglos se destinaba una buena parte de las próximas ería de La Pandera y Piñeres, además del centeno y la escanda, pues sabido es que el maíz no empezó a cultivarse en esta comarca ni fue conocido en toda Europa hasta después del descubrimiento de América, por ser planta originaria de este último continente. 

Como ha sucedido con otras muchas instituciones, el paso de los siglos fue borrando recuerdos, fechas y detalles del Hospital Lazarino de Cañamal"


Abundando en estas noticias que nos da Pancho de Cañamal, otra escritora, Maiche Perela Beaumont, nos explica algo más de las desaparecidas romerías de San Lázaro y en qué consistía la recuprada tradición festiva de El Pique de Huevos, que es precisamente el título del artículo que publica en El Oriente de Asturias a fecha 6-2-2021:
"No faltaba feria de ganado y puestos de tejidos, calzado y otras mercancías. Además, se entretenían con lo que llamaban “pique de huevos”, juego de origen medieval, desconocido en otros lugares de Asturias e incluso de España, que consistía en sostener un huevo duro y golpearlo contra el de otro participante hasta conseguir romperlo. 

 De la ermita, que no llegó a la mitad del siglo XIX, se conservó únicamente la pequeña imagen de San Lázaro y la campana, que estaba colocada en el arco superior del campanario, ambas se depositaron en la Iglesia Parroquial, pero no se retuvieron, ya que desaparecieron durante la Guerra Civil. 
Tampoco, queda nada del Hospital Lazarino del Cañamal contiguo a la ermita, y como ella abrigado de los vientos del norte por la Cuesta de Cué, del que dicen que se fundó con anterioridad al otorgamiento del Fuero de Llanes; y que poseía muchos bienes, no solo fruto de donaciones sino de la aportación obligatoria de medio día de bueyes que se exigía a cada enfermo para ser admitido. Dicho hospital seguía existiendo 300 años después, pues consta que la Malatería de Ardisana, que era una filial del mismo, fue fundada en el siglo XVI. En cuanto al cementerio en el que al parecer se enterraban a los malatos, que es como en Asturias se denominaban a los enfermos de lepra, se mantienen unas ruinas y una hornacina. 
Lo que si ha perdurado es la fuente de la Galguera, donde los malatos que acudían en fila y tocando una campana para advertir y evitar el acercamiento del resto de los ciudadanos, bebían y se lavaban, y que tomó su nombre de esa circunstancia.

Desgraciadamente, el paso de los siglos, como ha ocurrido con otras muchas instituciones, fue borrando la historia, las fechas, los detalles de la Ermita y del Hospital lazarino de Cañamal, aunque hace dos años los vecinos de San Roque del Acebal recuperaron una de las tradiciones pérdidas de la romería de San Lázaro:“El pique de huevos”


Se conserva además el acta de la visita de don Hemeterio Cacho y Calderón de la Barca el 8 de noviembre de 1770 donde se entrevistaba con el último mayordomo de la malatería, don Antonio Noriega Mijares, plasmando el inventario de los bienes de la misma ya en su extinción:
"En el termino de Cañamal Parroquia de Santa María de Conzeio, iurisdicion de la Villa y Conzejo de Llanes, a ocho de No­viembre de mil setecientos y setenta, el Licenciado don Hemeterio Cacho y Calderón de la Barca, Abogado de la Real Audiencia de este Principado, comisionado por los señores de ella, para la visita, apeo y reintegro de las Reales malaterias que ay en el, acom­pañado de mi el presente escribano, y de Antonio Noriega Mija­res, vecino de esta Villa de Llanes y actual mayordomo de los efec­tos de la malateria de San Lázaro de Cañamal, sita en el termino de este nombre, paso a hacer la visita e inspección ocular de las celdas, ropas y mas haberes correspondientes a dicha malateria, y hallo que esta se compone de dos cuartos que en el dia hacen uno por haber faltado el panderete o tavique que les dividía, y este se halla con sus puertas a el saliente, y la cubierta de teja, madera y pontón, los zimientos de piedra, cal y canto, y tienen de ancho 27 varas, y de largo 18 = Mas otra abitacion de 24 pies en cuadro, y delante de ella y por la parte del medio dia, ay un soportal de 14 baras de largo y tres de ancho, sus cimientos de piedra y postes de madera, y cubierta de lo propio que los cuartos. Y todo el re­cinto de estos se compone, de Saliente a Poniente 24 varas, a el Medio dia y Norte otras tantas, sin que en ellas se encontrase malato alguno, como ni tampoco ropas, mantas ni otras cosas relativas a el abrigo de los enfermos, y si dichas agitaciones bastante arruinadas y necesitadas de forzosos reparos por amenazar ruina; ebacuado esto paso a hacer la propia inspección de la Capilla de el Señor San Lázaro, la que tiene delante de si y por el medio dia un pórtico de diez baras y media de largo, y de ancho cuatro, el suelo de el de Baldosa vien labrada, los cimientos de piedra, y los postes de madera, la cubierta de la propia conformidad que los cuartos; en el ámbito de dicho cabildo ay un altar de pintura, y en el un Cruzifijo, una Nuestra Señora, y San Lázaro, todos de pintura, el que sirve para celebrar la misa el dia del santo; la cubierta de el es de tabla, barrote y pontón, la mesa de dicho altar y tarima son de canto labrado; pegado a este y a el lado del ebangelio, ay una puerta con su arco de piedra para entrar en la capi­lla de San Lázaro; esta se compone de onze varas de largo y ocho de ancho hasta la reja dela capilla mayor, en la que ay un co­lateral de madera con su urna de lo propio, y en el la imagen de un crucifijo, una Cruz, y San Lázaro, la capilla mayor es de bóbeda y pintadas sus paredes, la que se condivide de la iglesia con una reja de madera, y tiene al Poniente y Oriente cuatro varas y cuarta, Medio dia y Norte cuatro y tercia; cubierta en igual forma que los nominados cuartos, y en ella esta un retablo con dos columnas pintadas de barios colores, y en medio de el una urna tamb'en de madera pintada, y en esta San Lázaro y un cruzifijo encima; la mesa de dicho altar es de piedra, y el frontal de madera pintada, también se halla en la precitada capilla maior un cajón de madera con su llabe, que sirbe para bestirse el sacerdote; y en el las alajas siguientes: un misal nuevo con su atril de madera = un manual = un cáliz, patena y cucharita de plata sobredorada = dos bolsas de corporales, la una muy usada y la otra de seda nueba y forrada en encarnado, blanco, morado y negro: y dentro de esta unos cor­porales con su hijuela nuebos = dos albas de lienzo casero con su encaje por abajo, la una muy bieja y la otra casi nueba = dos casullas, una de lana muy gastada y la otra de seda, y esta tiene lo correspondiente para decir misa = un amito = un paño de labatorio = tres sabanas de Morles con sus encajes a el rededor para cubrir los altares = una lampara con sus cadenitas de plata y baso de vidrio = dos campanas, una pequeña y otra grande. Y todo lo referido esta metido en un Circuito de dia y medio de bueyes de prado, cercado de piedra cal y canto = que es lo único que dicho Comisionado encontró corresponder a dicha malateria de San Lázaro de Cañamal; y lo firmo con dicho Comisionado el ya nombrado Antonio Noriega Mijares e io el presente escribano en fe de ello".

Avanzamos por la recta de San Roque. Es ciertamente en la práctica una travesía urbana pero con muchos paisajes y cosas dignas de saber y conocer según pisamos cada metro de camino...


A la izquierda, La Vega, al sur se extiende Covielles, uno de los pueblos que, junto con L'Acebal, conformaron la parroquia de San Roque, al pie del Picu'l Castiellu, cuyas crestas calizas están parcialmente tapadas por los árboles, a la derecha de la foto. Más atrás, en el centro, los collados de El Toyu, Boduncu y Marabríu, bajo La Cabeza Ledesma (1.234 m) y Picu H.aba (1.162 m)


El Área Industrial de San Roque está constituida por una veintena larga de empresas a ambos lados de la carretera N-634. La iluminación y acondicionamiento de la calzada haciendo esta Travesía de San Roque se realizó en 2008, incluyendo nuevo asfaltado, cunetas y aceras a lo largo de unos dos kilómetros


En reunión vecinal celebrada en la Casa Conceyu de San Roque el 14 de octubre de 2016 se manifestó a las claras esta dualidad entre pueblo e industria y los pareceres de los habitantes de la parroquia. En Yes Llanes se plasmaron estas resoluciones: 
"Existe una cierta controversia entre los vecinos que defienden el carácter tradicional de pueblo y aquellos que entienden que la existencia de un polígono industrial en San Roque es un generador de riqueza y empleo. Algunos piden pues, alejar el futuro suelo industrial del centro. 
Al igual que en Vidiago, Riego y Puertas se busca transformar la N-634 en Travesía Urbana. Como tantos pueblos, piden una respuesta a las alegaciones presentadas al último plan y un plan de comunicación, sus dudas tienen que ver la calificación de suelos y el aumento de los gastos para los vecinos que supone un gran crecimiento urbanístico. El polígono industrial es considerado una gran ventaja, aún así reclaman una construcción que proteja el carácter del pueblo en el centro, teniendo en cuenta primero a sus residentes actuales para poder mantener su calidad de vida actual"

A la derecha, La Veguca, parrilla y restaurante, otro buen lugar para hacer un alto y reposar de nuestra larga caminata probando las maravillas de la gastronomía llanisca. Fue inaugurado en mayo de 1989 y toma el nombre del lugar donde está situado. Se recuerda con cariño a Gregorio Darrosa Esteban, Goyo, que junto con sus hermanos María Luisa, Tino y José Luis regentaba el negocio. Se promueven numerosos eventos gastronómicos, siendo célebres las cenas-baile. La Guía Repsol lo incluye en 2022 como uno de los ocho mejores restaurantes de carretera en Asturias "con buena cuchara y con buen pescado en uno de los pueblos más turísticos"


La Cuesta, símbolo de la historia de la aviación en Llanes, siempre ante nosotros. En el año 2017 se organizó en la Casa de Cultura de Llanes la exposición Llanes ¡a volar!.Historia del campo de aviación, en la que se detallaba la construcción y evolución de esta pista a lo largo de su existencia. De ella extraemos esta reseña en la página del propio Ayuntamiento:
"La muestra, de la que es comisario Higinio del Río Pérez, director de la Casa Municipal de Cultura (autor del guión y de los textos de los 28 paneles, así como del vídeo de introducción), recorre un período de cinco décadas, desde la visita a Llanes, en 1919, del francés Leonce Garnier (primer piloto que aterrizó en la Cuesta de Cue) hasta los años de la Escuela de Vuelo sin Motor, que estuvo operativa desde 1944 hasta 1963, y en la que se formaron 550 pilotos de planeadores. 
La historia que se relata habla de personajes que contribuyeron decisivamente a la consecución del aeródromo llanisco, como el comandante Pío Fernández Mulero, el arquitecto municipal Joaquín Ortiz García (autor del proyecto elaborado en los años de la Segunda República), el piloto francés Desmazières, el protagonismo de los llaniscos Benjamín Gutiérrez Junco, José Yanguas, Ricardo García Portilla (Rico), José Llaca Álvarez (destacado piloto de caza que en los años 40, formando parte de la Escuadrilla Azul durante la campaña de Rusia, sería condecorado con la Cruz de Hierro, tras derribar cuatro aviones soviéticos) y María de la Salud Bernaldo de Quirós y Bustillo (Eca), la primera mujer que obtuvo en España el título oficial de piloto, en los años 20. 
El campo de aviación llanisco, que en 1933 sería final de etapa de la II Vuelta Aérea a España, adquiriría una relevancia determinante en los años de la Revolución de Octubre, de 1934, y en la Guerra Civil, durante la cual sería base operativa para la aviación republicana, primero (con la presencia de pilotos soviéticos enviados por Stalin), y para la Legión Cóndor, uno de cuyos oficiales destinados en Llanes sería Adolf Galland, que posteriormente se convertiría en un legendario as de la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial" 
La exposición incluye fotografías, libros, insignias, partes de guerra, maquetas a escala de varios modelos de aviones y diverso material bélico cedido por el anticuario Arnaldo Bell (Antigüedades Intaria)"

El comandante Pío Fernández Mulero y el arquitecto municipal Joaquín Ortiz García se hicieron cargo de sacar adelante el proyecto de un aeródromo en Llanes que estaba fraguándose al empezar la década de 1930, al igual que el piloto Benjamín Gutiérrez Junco, nacido en el cercano pueblo llanisco de Parres, y el francés Desmazières, en cuyo avión llevó al fotógrafo y barbero Francisco Rozas Ramírez, autor de las primeras fotos aéreas de la villa llanisca en agosto de 1931. Llegada la II República, desde la Diputación Provincial el diputado llanisco Juan Antonio Pesquera Menéndez hace valer la idea. Luego, el capitán Pérez Pardo elabora un informe y en 1933 el naciente aeródromo será como hemos dicho final de Etapa de la II Vuelta Aérea a España


Uno de los grandes promotores del aeródromo, el piloto Benjamín Gutiérrez Junco, es el protagonista de una trepidante historia, la de una de las primeras filmaciones aéreas del oriente asturiano, auspiciada por la productora alemana UFA, por entonces parte del gran aparato propagandístico del ministro Joseph Goebbles.  De ella escribió Higinio del Río Pérez para La Nueva España el 10-3-2021:
"Benjamín Gutiérrez Junco, de Parres, se había convertido en prófugo cuando desoyó la orden de movilización para la guerra del Rif. Huyó a Francia, y allí se formó como mecánico y piloto de aviación. No pudo retornar a su casa familiar hasta más de diez años después. Vino volando en cuanto la Segunda República concedió una amnistía para los delitos políticos, sociales y de imprenta. Llegó a Llanes en agosto de 1931, en plenas fiestas de San Roque, en un avión pilotado por su compañero francés Desmazières, que se posaría en un improvisado campo de aterrizaje al oeste de la villa. Los dos aeronautas, recibidos como estrellas de la Universal por una comisión encabezada por el concejal Juan Antonio Pesquera, habrían de resultar aquí providenciales para el desarrollo de la aviación. 

Hicieron de taxistas aéreos, leyeron la geografía y persuadieron a las autoridades para construir un aeródromo en la cuesta de Cue. La idea fue acogida con entusiasmo y pudo hacerse realidad a corto plazo. Tres circunstancias concretas contribuirían a ello: la designación de la villa llanisca como meta de una etapa de la II Vuelta Aérea a España (1933), la revolución de octubre de 1934 (que hizo ver a los mandos militares, Franco entre ellos, las ventajas operativas del privilegiado altiplano de Cue y la posición estratégica de Llanes en la cornisa cantábrica) y, sobre todo, la Guerra Civil.     

Desmazières regresó a su país antes de que terminase el verano con un montón de fotografías de recuerdo que le había hecho Francisco Rozas Ramírez, y a Benjamín le aguardaría en su tierra una sugestiva carrera de aviador. Una de sus experiencias más curiosas la vivió cuando le encargaron llevar a bordo de su avioneta a un cameraman de la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft) para rodar una de los primeras filmaciones turísticas desde el aire en Asturias. Fue en febrero de 1935, dos años después de la llegada de Hitler al poder. Para entonces, la UFA, productora cinematográfica alemana fundada en 1917 en Babelsberg, a las afueras de Berlín, se había convertido en un poderoso instrumento propagandístico del régimen nacionalsocialista. En aquel año, Leni Riefenstahl estrenaba el documental “El triunfo de la voluntad”; Hans Sierck (Douglas Sirk) se iniciaba sobre los mismos platós de la eclosión del expresionismo, un tal doctor Hippel (al que en la película “La niña de tus ojos”, de Fernando Trueba, da vida el actor Heinz Rilling) velaba por la ortodoxia del cine nacional alemán desde una oficina instalada en la productora, y el führer acababa de visitar en enero los estudios de Babelsberg de la mano de Goebbels, convencido de que estaban ya completamente “arianizados”. Los genios judíos del Séptimo Arte (Lang y Wilder, entre otros muchos, así como decenas de guionistas, actores y compositores), artífices del prestigio adquirido por la UFA durante la República de Weimar, habían partido al exilio.

A más de dos mil kilómetros de distancia, entre tanto, el piloto de Parres y el cámara alemán, tras citarse en el vestíbulo del hotel Victoria, eran conducidos en automóvil hasta el aeródromo de Cue. El biplaza del llanisco sobrevoló playas y acantilados y, a continuación, puso rumbo a Sierra de Cuera y a los Picos de Europa. Debió de ser una película maravillosa.   

En julio del año siguiente, estallada la contienda civil, Benjamín Gutiérrez se incorporaría como voluntario a la aviación republicana. Prestó servicio en el frente Norte y en la zona de Valencia, y se perdió su rastro en la costa levantina. Una suerte idéntica a la que correría después el documental de la UFA entre los escombros de la Segunda Guerra Mundial"


Es de destacar que la primera mujer conel título de piloto de aviación de EspañaMaría de la Salud Bernaldo de Quirós y Bustillo, quien también estuvo en el aeródromo de Cué, tenía raíces llaniscas. Extraemos este episodio de su biografía de la Real Academia de la Historia:
"María Bernaldo de Quirós era la quinta hija de seis hermanos, oriunda de Llanes. Su padre, el marqués de los Altares, le proporcionó una amplia formación académica. Pronto sintió la llamada de la aviación y a mediados de 1928 fue la única mujer de un grupo de dieciocho alumnos que se inscribió en el Real Aero Club de Espala para recibir la formación aeronáutica necesaria en el aeródromo militar de Getafe (Madrid) 
La joven superó los requisitos físicos e intelectuales para acceder al curso de piloto. Su formación aeronáutica le fue encomendada al entonces capitán de Infantería y piloto militar de aeroplano José Rodríguez y Díaz de Lecea, profesor que, en cierta ocasión, afirmó que las mujeres carecían del esfuerzo necesario que exige la aviación. consideró a Bernaldo como una alumna excepcional, y le permitió hacer su “vuelo de suelta” (el primer vuelo en solitario en argot aeronáutico) el día 7 de octubre. María Bernaldo aprobó los exámenes siguientes, obteniendo el 24 de noviembre de 1928 el preciado título de piloto civil de aeroplano que otorgaba la Federación Aeronáutica Internacional (FAI)"



Estamos en el kilómetro 299 de la carretera N-634, la antigua Carretera de Unquera a Llanes, que antaño soportaba un tráfico intensísimo. Aunque fue mejorándose el trazado las sufridas comunicaciones de la franja cantábrica no empezaron a tener la necesaria fluidez hasta la apertura, tantas veces aplazada, de la A-8


Desde que este tramo se hizo travesía, además de aceras e iluminación, este tramo por San Roque dispone de varios pasos de peatones


Nosotros continuamos de frente todo carretera adelante. La acera se estrecha un poco delante de esta casa de hermosas ventanas y fachada


Pero ya salimos a esta gran explanada la izquierda la gasolinera, la estación de servicio. A ambos lados concesionarios de automóviles, talleres, naves comerciales...


La estación de servicio es en lugar donde comienza oficialmente la Senda del Valle Invisible que, como hemos dicho, recrea la novela de Miguel Ángel Galguera, El Valle Invisible, relativa a este Valle de Mijares. Es un gran circuito circular que recorre el valle y sus barrios y lugares en torno a la población, explicando su historia y características, capillas, fuentes, lavaderos, cuevas, casas, etc., señalizando su itinerario con los topónimos de cada enclave, así como biografiando a alguno de sus vecinos más célebres. Fue inaugurada en abril de 2019 y también en sus placas y paneles muestra textos del autor relacionados con cada sitio y caserío


La corresponsal Andrea Inguanzo firma esta entrevista al autor, publicada en El Comercio el 5-12-2015, con motivo de la presentación de otra de sus novelas, Olor a piedras rotas, que con la de El Valle Invisible y El Oro de la Fuente Grande, forma una trilogía de la que comenta el autor, danto título al artículo: Escribí mis obras sobre Asturias para su gente:
"Se trata del broche final a una trilogía -heptalogía si se cuentan los volúmenes que no han visto la luz-, y la temática no puede ser más local. Miguel Ángel Galguera (San Roque del Acebal, 1953) podrá ver hoy a las 19 horas en la Casa de Cultura cómo sus lectores preferidos, los llaniscos, disfrutarán de la presentación de su libro 'Olor a piedras rotas' en un acto organizado por Tertulias en Llanes. «Podría decir muchas cosas de esta novela, incluso que ni siquiera sé si es realmente una novela, pero lo que sí estoy encantado de decir es que es una de mis obras sobre Asturias, la última seguramente, y todas ellas las escribí para su gente, para mi gente. Solo ellos la van a comprender tal y cómo es», explica el autor. 
Detalla que en sus páginas se encuentra descrita «la Asturias de cuando llovía en verano y la leche la daban las vacas». «Es una novela de hace mucho tiempo, cuyos escenarios son imposibles ahora. En Asturias no queda nada. Antes teníamos de todo, industria, carbón, vacas, pesca... Ahora es una provincia como otra cualquiera», sentencia. 
En el valle de Mijares 
'El valle invisible' y 'El oro de la Fuente Grande' son los otros dos títulos que completan esta trilogía. En este último volumen, «el canto del cisne de mi escritura sobre Asturias», aparecen como protagonistas un niño, una indiana, un cura y un alcalde, todos ellos emplazados en el valle de Mijares. 
Y si pudiera pedir un deseo este amante de las letras, éste sería «que se me tradujeran estas obras a la xíriga o la jabla». «Sería el hombre más feliz del mundo». Reconoce que, como regalo, si sus obras se pudieran comercializar en inglés o en bable, «elegiría el bable sobre todas las cosas, porque estas obras son de aquí». Recuerda con nostalgia cuando en Llanes «existían el Benavente y el Cinemar, y la gente iba a comprar agua a San Roque», y adelanta que en cuanto se vea jubilado «volveré a vivir al concejo que me vio nacer, a tomar el café al Pinín y a bañarme en El Sablón». 
Miguel Ángel Galguera es funcionario en el Ayuntamiento de Valladolid, su ciudad desde hace más de cuatro décadas, y desde donde se define como «un vallisoletano de Llanes». Además de contar con «12 ó 14 novelas por los cajones» ha escrito un «callejero sentimental de Valladolid», y tiene pendiente darle forma al «caleyeru de San Roque del Acebal». Actualmente también escribe en un periódico digital, 'Últimocero', donde ya le han dedicado varias editoriales. Para finalizar recuerda que «la literatura es pasado y, si no lo es, es que se trata de ciencia ficción».

Un gran aparcamiento y otra referencia muy importante, el Hostal Europa, que anuncia precios especiales para peregrinos


Es una buena alternativa si estamos cansados y se nos antoja aún largo el último trecho hasta Llanes, con la subida de La Cuesta'l Cristu incluida y posterior bajada


A la derecha la sidrería-parrilla, otro buen momento para comer o hacer una parada a tomar algo: a la derecha el hostal propiamente dicho. El gran cronista llanisco Higinio del Río Sánchez le dedica a su fundador, el somedano León García Fervienza, esta estupenda glosa en Llanes, mis personajes favoritos:
"Desde Arbeyales (Somiedo), onde había nacidu en 1927, León García Fervienza vino a Llanes alrededor de 1937. Jiyu de Juan y de Asunción, llegó a nuestru paraíso traídu por don Blas García, el cura del colegiu de La Arquera, fundáu en 1900. Esti don Blas, hermanu del güelu paternu de León, estuvo en La Arquera 4 décadas ejerciendo (Guerra Civil incluida). Querían que León estudiase pa cura (de jechu, pasó una temporada de seminarista en Covadonga). 
Después de León vinieron otros tres hermanos: Beatriz (que con su maridu Mino, de Teverga, pondría una tienda de comestibles en la calle Mayor), Juan y María.
León e un paisano de ampliu saber, de largu recorridu en las aficiones, de visión renacentista de las cosas. Albañil, canteru, constructor. Expertu en fósiles. Estudiosu del Caminu Jacobeu. Investigador del fenómenu OVNI. Además, destila oruju capaz de derribar a tou un regimientu de húsares.
 
E cofundador de la célebre Peña Cuetu Molín, que otorgaba anualmente un galardón a las personas que mejor representan los valores humanos en el Conceju.
Se casó en 1958 con Carolina Zarracina León, de Gijón, pero criada en La Borbolla, con la que se establecería en San Roque del Acebal y tendría diez jiyos: Carlos, Félix, Ana, Fernando, María José, Caroli, Meli, Felipe, Julio y Mónica.
 
Con su determinación de hierru, con su cuadrilla de peones y albañiles, con sus manos, sus poleas y sus pocos medios, abrió solares en roca viva para levantar edificios de un méritu y de una calidá acojonantes. Primeru la casa familiar de la Prida, con cuadra y todo. Luego el afamáu Hotel Europa, que tardó en jacer 13 años.
Con su colección de piedras prehistóricas de millones de años de antigüedá, fue en 1991 unu de los artífices de la exposición "Fósiles, aves y mamíferos del Conceju de Llanes", presentada en la Casa de Cultura, juntu al difuntu Pancho Martín, que cedió pa ello su incomparable colección de pájaros disecaos"

A la derecha hay unos edificios de pisos, de bajo y dos plantas, netamente urbanos: nosotros seguimos de frente, siempre en recto, ya en el barrio La Concha


Con su traza indiana de quinta, jardines y galerías, el Hotel Indiana, este de cuatro estrellas


Fue antaño el Chalet de Doña Gloria, conserva en su esplendoroso jardín las palmeras a la entrada de la mansión


En La Concha la acera se estrecha notablemente a partir de aquí. Al fondo reconocemos las arboledas de La Jorcada, La Cuesta'l Cristu, la parte más occidental de La Cuesta, el collado del santuario del Cristo del Camino, paso secular a la villa de Llanes y unión del Camino con la Senda Costera



Las casas de esta parte de La Concha se encuentran en una peña sobre el borde de la calzada y apenas hay sitio para la acera. Al menos hay un poco de arcén



La roca forma una pared acantilada. Luego un muro de hormigón asienta el terreno evitando corrimientos de tierra o desprendimientos


Es un vistoso grupo de casa que forman calle y fila sobre este peñón, algunas con cortafuegos y galería


A nuestra izquierda y al otro lado dela N-634 Los Cuetos, en las vegas y llanuras de La Riega la Mesa


Más arriba las moles calizas, casi paredes verticales, de las estribaciones de El Risque y La Valleya (722 m), entre El Texéu y Las Miangas, sobre Las Cuestas, en la Sierra de Cuera, justo al oeste del Picu'l Castiellu, donde sobresalen los altos de La Cuesta'l Caballu, y el paso de La Muezca, donde acaba la ascensión de El Texéu y entrada natural al Valle de Biango, al otro lado de esa cresta


La Venta Cuetos era una de las tres ventas camineras que existieron en San Roque, lo que demuestra la importancia de la localidad en las comunicaciones de antaño y las de ahora


Con Los Cuetos a la izquierda y La Cuesta de frente podemos seguir adelante ya casi saliendo de San Roque, por el último tramo de esta recta, pero en esta bifurcación podremos también dejar durante unos metros el asfalto y tomar un ramal de la Senda del Valle Invisible a nuestra derecha, teniendo como referencia aquellas naves de talleres, por las que pasaremos por detrás


La señal xacobea no sabemos muy bien si indica ir por esta pista o seguir por la acera. A su izquierda, en el suelo de la acera, hay una flecha amarilla casi indeleble. Pero ambos caminos van a confluir un poco más adelante, por lo que nos decidimos a tomar un trecho de esta ruta, en la que, por supuesto, P, uno de los barrios a visitar es el de Cañamal, descubriéndonos en el camino los escasos vestigios que quedan de la Malatería de San Lázaro, pero explicándonos su historia


La Cuesta siempre nos trae recuerdos del antiguo aeródromo y su historia, su conquista en la Guerra Civil costó numerosas bajas a los nacionales, según leemos en La huella de la Guerra Civil en Asturias:
"El día 4 de septiembre los nacionales iniciaban el asalto al aeródromo de Cué, improvisado campo de aviación, de enorme valor estratégico, desde el que los republicanos operaban con aviones Breguet XIX y los Fokker F-VII, de las Líneas Aéreas Postales Españolas, militarizados de forma artesanal. Los navarros, que tuvieron 250 bajas en un ataque suicida de su infantería, dejaron el espacio abierto para que volase desde allí la Legión Cóndor, al mando de Adolf Galland, con el Messermitch 109 y el temible Heinkel 51. Ello resultó fundamental para el posterior asalto a El Mazucu y el Benzúa. Al día siguiente, los navarros entraban en Llanes sin efectuar un solo disparo. Los terrenos del campo de aviación de Cué forman parte en la actualidad de un campo de golf de 18 hoyos"

Antes que la Legión Cóndor hiciese del aeródromo su base de operaciones, destacaron en el bando republicano los pilotos de caza Francisco Tarazona Torán, que vino de México a combatir a España, y Eloy Fernández Navamuel, cántabro de Torrelavega. 


No debía de ser fácil el aterrizaje en la planicie de La Cuesta, un piloto alemán, Walter Adolph, se estrelló el 5 de septiembre de 1937, recién ocupado el aeródromo, pilotando un Messerschidt Bf-109, si bien salvó la vida, existiendo varias fotografías del accidente


En aquel tiempo, un hangar subterráneo, proyectado por el arquitecto municipal Joaquín Ortiz, de quien ya hemos hablado, fue empleado por ambos bandos. Desaparecido en 1941, en 2009 se localizó la que debe ser la única foto conservada del mismo. Sobre él se construyó uno nuevo, de piezas prefabricadas de metal, según ordenó el primer jefe de la Escuela de Vuelo Sin Motor que aquí tuvo sede hasta 1963, Juan Catoira Garaboa, que había hecho los correspondientes cursos de vuelo en aeropuertos del III Reich, llegando a conocer a Hermann Göering, el jefe de la Lutwaffe


En relación al Campo de Golf La Cuesta, ahora existente, podemos decir que su historia arranca en 1989, cuando se crea una sociedad deportiva de este deporte según idea de Antonio Mijares Mijares, acondicionando su terreno de juego en el solar del antiguo aeródromo, cedido por el Ayuntamiento, quien había pasado la propiedad. El primer torneo se celebró el 24 de marzo de ese año, el cual constituye un éxito de participación. A partir de entonces el campo se va ampliando hasta nuestros días, aumentando el número de socios de manera considerable


Bordeamos el terreno de las naves aquí existentes y pasamos al lado de estas casas en dirección a las mismas laderas de La Cuesta


Un poco más arriba vemos la carretera de Andrín (LL-2), en la ladera. A ella iremos a salir prontamente


Pasadas las casas, mucha atención a esta bifurcación: hemos de ir a la izquierda (a la derecha es una entrada a una finca particular con huertas e invernaderos)


Como hemos dicho, vamos a pasar ahora detrás de las naves de los talleres y lavado de coches existentes al final de la recta dela Travesía de San Roque


Fijémonos en las señales de la Senda del Valle Invisible: son pequeñas y de color blanco y verde, como la de este poste


También hay flechas, pintadas igualmente de color verde, según vemos en este poste telefónico



Caminamos ahora entre la base de la carretera de Andrín y la explanada posterior de las naves industriales a la salida de San Roque, evitando maravillosamente bien unos metros de carretera


Es un bello paseo con suelo de hierba verde y murios de piedra a la sombra de árboles y arbustos, desde el que se contempla un buen paisaje, al sur


El valle de La Riega la Mesa con sus boscosas vegas, al norte de El Corneyal, en las cercanías de La Galguera, con una estupenda vista de La Sierra de Cuera y El Picu'l Castiellu en primer término, un fantástico paisaje montañero que nos acompañará ahora hasta la subida La Cuesta'l Cristu, antes de bajar a la villa de Llanes, a sólo un par de kilómetros de aquí o poco más...

























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