Eres el Peregrino Número

viernes, 27 de marzo de 2015

LA CONSOLACIÓN Y PEÑA CORVERA (CORVERA, ASTURIAS): EL SANTUARIO DE LA VIRGEN CONSOLADORA DE LA NIÑA PEREGRINA


Ermita de La Consolación
Fuente y lavadero de la Consolación
Los romeros que, una vez visitada la capital asturiana, decidan volver a la costa, hallarán, cerca ya de Avilés pero aún en términos del concejo de Corvera y nada más salir de Nubleo, su capital, el lavadero y fuente de La Consolación, al norte de Nubleo, la capital Corverana, manantial sito un poco ladera arriba, donde se ha habilitado un aparcamiento, dada la cantidad de gente que acude a beberla y llevarla en garrafas por sus propiedades curativas y culinarias, dado que según los análisis tiene menos hierro de lo normal, esto corrobora la creencia popular existente desde tiempo inmemorial que vanagloria sus cualidades salutíferas.


La fuente se halla en el paraje del bosque de Nubleo, de exuberante naturaleza y dado a las misteriosas historias de apariciones.


Fuente de dos caños de los que mana abundante el agua...


Es dentro de este contexto cuando habremos de hablar de devociones marianas que seguro cristianizan creencias naturalistas muy anteriores.


Frente al bosque de Nubleo y La Fuente la Consolación la larga acera que nos guiará hasta Avilés por la AS-17 cambia de banda: ahora hemos de cruzar con atención la ancha calzada de la carretera para cruzar al otro lado, al derecho, con barandillas sobre la estrecha foz o garganta natural que forma aquí el río Alvares, bajo el viaducto de la Autovía del Cantábrico


La foz del río Alvares, debajo nuestro...


Y atrás Nubleo, capital de Corvera


Ante nosotros tenemos La Peña Corvera, topónimo relacionado con la abundancia de cuervos y que daría nombre al concejo desde la baja Edad Media, cuando se asentaba con entidad diferenciada del antaño extenso Alfoz de Avilés


Se trata de un peñasco con vegetación donde se alza la ermita que enseguida vamos a visitar: luego de pasado el viaducto podemos seguir de frente o cruzar nuevamente un momento la carretera para acercarnos a este santuario tan vinculado a las peregrinaciones.


Una escalera ayuda en los primeros metros de cuesta hacia esta capilla, construida en un pequeño espacio más o menos llano entre la roca y el barranco.


Se trata de la ermita de Nuestra Señora de La Consolación, erigida por iniciativa de los Bango en el siglo XVI en este paraje que ya debía ser muy especial desde épocas remotas. En la peña al lado de la cueva hay una cueva de resonancias legendarias y en las inmediaciones se encontró un túmulo neolítico, por lo que quizás se trate de una cristianización de cultos a las aguas y a los nemeton o bosques sagrados, así como a los propios caminos, trillados sobre estos pasos naturales existentes desde que la orografía labró esta mítica garganta.


Existieron además dos cruceros de piedra y una casa de novenas para las oraciones de los peregrinos que aquí acudían (las novenas son ejercicios de rezo y devoción que se practican durante nueve días para lograr la gracia o intercesión de un santo, normalmente coincidiendo con su romería).


La leyenda nos cuenta que una vecina del avilesino barrio de Sabugo, Josefa Villar de Bances, venía por este mismo camino por el que anduvimos nosotros, regresando a Avilés con su hija pequeña tras adorar las reliquias de San Salvador en la catedral ovetense. Se les hizo de noche en la oscura, abrupta y boscosa garganta, por lo que la niña tuvo miedo y se echó a llorar, apareciéndosele entonces la Virgen para consolarla y calmarla, aparición mariana que sería el motivo de la construcción de un templo dedicado a La Consolación que, independientemente de estas tradiciones seculares, valdría de amparo y consolación a viajeros y peregrinos en este paraje, ahora menos dado a soledades.


 Los documentos nos informan que la fundación estuvo a cargo de Martín de Bango previa solicitud de su hermano y canónigo de Santiago de Compostela Alonso de Nomparte, allá por los años 1550-65,  llevando ya entonces esta advocación. Los capellanes y presbíteros de la ermita eran miembros del linaje, algunos de cuyos miembros reposan en las tumbas existentes en el interior.


En el siglo XIX se añadió una sacristía y en la actualidad una placa del año 1999 recuerda al último propietario privado del santuario, Luis Ureña Fernández-Blanco, cuando permutó la ermita al Ayuntamiento de Corvera en aquella fecha.


Aquellas sobrecogedoras soledades sobre la foz del río Alvares a su paso junto al santuario han cambiado mucho pues desde él divisamos las naves y edificios del populoso barrio de Los Campos, uno de los que creció con la intensa industrialización de la comarca avilesina y hacia el que nos dirigimos, viendo al lado la vía del tren. Poco tiene que ver este paisaje, seguramente, con el de antaño, cuando casi no habría casas


Antes de Los Campos entraremos en el barrio El Portalgo, acercándonos, de vuelta a la acera, a sus casas, unas pocas a los lados de la AS-17, donde estba el puesto de recaudación, peaje o portazgo, que dio nombre al lugar


E edificio de piedra se encuentra en ruinas y tragado por la maleza.

El Portalgo
Se construyó en 1850 y disponía de una cadena entre dos pilares para cerrar el paso hasta abonarse el pago pertinente. Hoy en día a este tributo le llamamos peaje y ha pasado de las carreteras a las autovías y autopistas.


Desde El Portalgo comenzamos a ver el embalse de Trasona, que se hizo con agua del río Alvares y del canal del Narcea para abastecer de agua y electrecidad a la empresa siderúrgica  ENSIDESA.


En una curva sobre el río Martimbón iniciamos el ascenso hacia Los Campos.


Caserías y factorías: nuevamente lo industrial y lo rural en un mismo espacio.


Abajo el embalse de Trasona, aprovechado también para los deportes náuticos...


Entrevíes a nuestra derecha, que fue en origen un poblado obrero de viviendas formando callejuelas sobre las camperas que caen al embalse de Trasona.


Ahora en Los Campos, ante los primeros edificios de pisos, puede decirse que comienza el casco urbano, pues aunque aún no es Avilés, el aumento radical de habitantes en las últimas décadas ocasionó que la ciudad llegase a abarcar parte de los concejos colindantes, como es este el caso.