Eres el Peregrino Número

lunes, 2 de mayo de 2016

LA SENDA DEL RÍO PEÑAFRANCIA: UNA ALTERNATIVA AL CAMINO HISTÓRICO PARA ENTRAR EN GIJÓN/XIXÓN (ASTURIAS)

El río Peñafrancia
Camping Municipal
El Camino ha entrado en el concejo de Gijón/Xixón por La Olla, barrio de la parroquia de Deva, bajando hacia el camping municipal, que ofrece bungalows a los peregrinos y que, aunque denominado camping de Deva, se encuentra verdaderamente en términos de Cabueñes, por donde discurre el camino histórico y oficial. Últimamente se ha señalizado con flechas amarillas una interesante posibilidad, la senda peatonal y ciclista del río Peñafrancia, que desde la iglesia de Deva llega hasta el casco urbano de Gijón/Xixón. Realmente la citada senda no obedece a ningún camino histórico ni tradicional, sino que fue abierta hace unos años dentro de la red de sendas y vías verdes promovidas por el ayuntamiento. Su atractivo reside en que aparta al peregrino del tráfico y del asfalto haciéndole recorrer parajes de gran belleza, la mayor parte por las riberas del río.
 


Si deseamos emplear esta opción, señalizada con flechas amarillas hemos de salir del camping por El Camín del Pasadiellu y pasar al lado de los muros y árboles de la Quinta Vereterra, actualmente Quinta El Ynfanzón.


También veremos a nuestra izquierda el llagar de Sidra Arsenio.en Casa Aurelio Juliana.


El Camín del Pasadiellu baja ligeramente desde el camping al lado del muro de la Quinta Vereterra.


Divisamos parte del barrio La Reguera, en Deva.


En la carretera de Deva encontramos, al otro lado, la senda del río Peñafrancia, la cual llega desde la ciudad a la iglesia de San Salvador de Deva, antiguo monasterio y enclave pintoresco que, si se tercia, recomendamos visitar.


Nosotros no nos dirigimos hacia la iglesia sino en dirección contraria, a la ciudad, de la que distan unos 5-6 kilómetros. Para ello, llegados a la senda, caminamos hacia la derecha, siguiendo las flechas amarillas.


Vemos al lado nuestro el río Peñafrancia y al otro lado, en la misma vega, la Casa Segundo'l Molín, en términos de la parroquia de Cabueñes, uno de los molinos que trabajaba antiguamente con el agua canalizada de este cauce, la cual alimentaba la maquinaria de la molienda.


Al principio la senda va paralela a la carretera de Deva, muy cerca de El Cruce.


Seguimos admirando la vega con la Casa Segundo'l Molín.


Nos separamos de la carretera. Obsérvense las flechas del Camino.


Paralelos al río, en la misma orilla.


Ahora vemos mejor el hórreo de Casa Segundo'l Molín.


Y al sur el Monte Deva.


Nos cruzaremos con El Camín de la Maquila, vamos a descubrir, allá a la otra parte del río, la finca del vivero municipal, donde, como nos dicen los vecinos, "les flores de Xixón nacen en Cabueñes", plantas y flores para los jardines, plazas, avenidas y zonas verdes de todo el concejo. En esta zona y en sus contornos se organizaban antaño las giras o comidas campestres de El Castañéu la Vega,  en verano y con muchísima afluencia, música, bailes y "hasta echaben la comedia", a base de festivas representaciones teatrales. Su éxito llegó a compararse con el de la romería de Granda y se hizo popular una copla que inmortalizaba a sus grandes promotores.

                                                             "Aquí van los cinco más alegres
                                                              Pepe la Bodega
                                                              Pepe la Parrala
                                                              Luisón el de Xico
                                                              Jaime y Andresón."



Pero nosotro no vamos hacia allá, la senda apenas cruza el Camín de la Maquila no llega a cruzar el puente sobre el río y sigue a la derecha. El topónimo del camino hace referencia a esa maquila o parte de la molienda con la que se pagaba a los antiguos moliñeros y moliñeres.


La ruta está perfectamente señalizada con indicaciones tanto de la propia senda como  las flechas amarillas.


El sendero se estrecha un poco entre el borde de la orilla y una valla a nuestra derecha que nos separa del Centro de Formación Profesional Ocupacional y el Aulario Agrario, hay también a la izquierda un poco de seto de laurel y otros arbustos.


Por aquí está El Pielgu una parte del río donde los hombres y chavales iban a bañarse (las mujeres solían llevar el agua en un balde para hacerlo en casa). Incluso en meses del invierno como enero o febrero no faltaba al menos un día a la semana, corrientemente los sábados, para ir a zambullirse al Peñafrancia. Los cuartos de baño eran un lujo impensable que nada más existía en las quintas y mansiones más pudientes. Al no disponerse aún de agua corriente también se venía a traer el ganado para que abrevase.


Por eso, cuando el agua llegó a todas las viviendas, el poder disponer de ella a domicilio y en la casería fue uno de los mayores bienes que se recuerdan en las parroquias rurales, al unirse el vecindario normalmente en cooperativas para aprovechar los manantiales y recursos acuíferos del entorno, o bien para enganchar directamente a la EMA o Empresa Municipal de Aguas. Luego llegaría la lavadora, y el pesado recorrido, a veces con bastantes distancias hacia los lavaderos o las piedras del río, para hacer la colada y morirse de frío con el agua helada gran parte del año, también pasó al recuerdo.


Es una hermosísima ruta, muy natural y muy verde.


De las estrecheces el paisaje se abre a otra deliciosa vega en este valle del río Peñafrancia. Estamos en la parroquia de Cabueñes, en concreto en el barrio de La Pontica.


Nos hemos separado un poco del cauce: esta es la canal del molín, esto es, el canal que llevaba agua a otro de los molinos existentes en la ribera, hacia el que nos acercamos.

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Flores de la "campana", blancas y amarillas, crecen e iluminan de color la canalizada vereda.


Allá ya reconocemos El Molín de Valienta o de Pepe La Isla, al que nos acercamos.


Y una hilera de árboles recorre las orillas del Peñafrancia.


Flores y árboles frutales.


La canal del molín.



Canal, senda e instalaciones del centro ocupacional.



Vuelve el vallado a nuestra derecha.


Aquí tenemos la quintana del Molín de Valienta.


La senda.

El canal del molino.


La senda y el canal encajados entre los setos silvestres, les sebes.


Hermosa caleya entre setos y fincas que nos lleva directamente al que fue El Molín de Valienta o de Pepín de La Isla: se trata de una vivienda de planta alta con el molino al lado y finca, guardada por muros y portiella, con hórreo y huertas al lado. Está situada a nuestra izquierda y por esa misma vereda vemos la canal  hecha para llevarle el agua. Ya no se trae grano a la molienda, los molinos hace tiempo que dejaron de funcionar. Estos eran de maquila, es decir, privados, donde los dueños o molineros cobraban una medida de lo molido, la maquila, en unidades denominadas celemín. En otros lugares existieron también los de vecera o propiedad de varios vecinos que tenían "la vez" o días señalados para moler cada uno. Antes de los molinos de agua se molía en morteros de mano, piedras en las que se hacía un hueco y en él se machacaba el grano, muchas son mismamente de época perromana y no es demasiado difícil que las podamos ver en alguna quintana reconvertidas en bebederos pa les pites, pequeños abrevaderos para las gallinas, en medio de los gallineros. Es factible que ya en el tiempo de la dominación romana existiese algún molino hidráulico que emplease la fuerza motriz del agua para hacer girar toda la maquinaria, pero indudablemente muchos se construyeron en la Edad Media. Se molía lo que se plantaba: trigo, escanda, mijo, centeno...pero con la llegada del maíz de las américas la molienda prosperó, desde los siglos XVII ó XVIII los molinos se propagaron grandemente por toda la red fluvial hasta en los ríos y regueros más pequeños. La importancia del pan era tal que se llegó a crear toda una cultura con él relacionada, desde su cultivo hasta la elaboración y consumo, desde los usos y utensilios hasta los esconxuros y oraciones, no faltando las casi siempre pícaras historias, canciones, refranes de las horas pasadas, muchas nocturnas, con el trabajo de moler en los molinos. En el siglo XX, sobre todo pasada la postguerra, se popularizaron en muchas caserías los molinos eléctricos, por lo que ya no era necesario emprender cada pocos días el proceso de llevar los sacos de grano al molino, sino que ya se molía en casa. Después las tahonas, panaderías y obradores empezaron a repartir el pan por las aldeas, con lo que ya se hacía un trabajo menos. Más adelante la implantación de impuestos especiales como actividad industrial hizo parar la muelas de muchos de los que aún quedaban trabajando. Hoy en día en Asturias aún muelen unos pocos, algunos de ellos especializados en productos de calidad o integrados en establecimientos hosteleros y comerciales. Otros no muelen pero los dueños han conservado su maquinaria y estructura, buena parte han sido readaptados a las viviendas, como habitación o almacén. En munchos concejos se han abierto y promocionado sendas turísticas por el cauce de los ríos molineros, esta es una de ellas, pues aunque no nació exactamente como "ruta de molinos", al seguir las riberas de un río, nos encontramos varios de ellos, al menos sus canales y edificios externos o quintanas contiguas.


La misma senda nos llevará ahora a la carretera, El Camín del Trole, donde está el llagar de este nombre, allí bajo esos robles o carbayos tan esbeltos.


El Llagar El Trole, fundado en el año 1935 y adquirido en 1970 por Amador y María Herminia, quienes empezaron a hacerlo famoso por sus renombradísimas espichas. La espicha es una fiesta con sidra, en la que además de beber se come, principalmente tortillas, huevos cocidos, chorizo, jamón, llacón, etc. En realidad el término alude a la "espita"(asturiano espicha) que cierra el orificio de los toneles de sidra, por eso la acción de abrirlo es espichar. En la vieja sociedad rural los vecinos iban de casa en casa ayudando en su elaboración y después hacían el mismo periplo probando la sidra, la preba, de los diferentes llagares, esto fue el origen de la espicha, que siguió evolucionando hasta ser como hoy la conocemos, donde la gente se reúne, por lo general comiendo de pie aunque siempre hay unas sillas dispestas donde quien quiere se sienta y se levanta ocasionalmente, mientras los camareros espichan la sidra de los propios toneles. No resulta difícil que se contrate algún gaitero que amenice la velada y raro es que no se termine cantando, existiendo numerosas composiciones especiales para la ocasión, muchas de ellas recopiladas ahora en libros y discos de cantares de sidra y chigre.


Del cruce tomamos el sentido de la izquierda, viendo al otro lado la finca e instalaciones del llagar. Aquí podemos cruzar la carretera pues la senda como tal sigue a la vera de la tapia, bajo la sombra de los carbayos.


La senda y El Trole.


Existe a mano izquierda un lugar excepcional:  La Charca, un verdadero encanto de la naturaleza, entre más juncos y cañaveras pero formando una pequeña vega donde el río se cruza con la canal que devuelve el agua al Peñafrancia tras pasar por El Molín de Valienta o de Pepín de La Isla, de donde venimos.


 
La Charca, con El Llavaderu la Castañal, lavadero restaurado al que antiguamente venía a lavar la ropa toda la vecindad, cuando no se disponía aún de agua corriente.


Aquí se forma un estanque delante del lavadero, con salto de agua incluido y puente de madera, mesa y banco para sentarse, un lugar maravilloso donde echar el freno y reposar unos momentos de nuestra caminata, aquí donde dejamos el barrio de La Pontica y entramos en el de Cefontes, también de Cabueñes, el de las "cien fuentes" y solar del apellido Cifuentes.


El río Peñafrancia, antaño denominado río Deva, al igual que otros existentes en otras partes de Asturias y de toda Europa, antigua deidad celta de la naturaleza, madre de vida y simbolizada principalmente en las aguas y ríos. Luego pasó a denominarse de Peñafrancia por una capilla construida en su mismo nacimiento, El Güeyu Deva, cristianizando sin duda un paraje de cultos antiquísimos.


La Charca, verdadera hermosura.



Aquí, si hemos ido a ver La Charca, cruzaremos la carretera para entrar en la finca La Castañal.


Observemos las flechas.


En la otra orilla está La Fuente La Castañal, con el cañu al lado mismo del río


Entrada flanqueada por grandes muros de piedra, estamos entrando en la parte de la finca La Castañal integrada en la Senda del Ríu Peñafrancia, con pradería, mesas y bancos de madera.


Además de las arboledas autóctonas, en La Castañal hallaremos especies de árboles ornamentales también de gran belleza.


Entre estas especies destaca por su altura y majestuoso porte un ciprés de Lawson, especie originaria del estado de Oregón, en los Estados Unidos.


El muro de la tapia sigue cerrando la finca por nuestra izquierda y tras el ciprés  ya llegamos a la salida.


La senda atraviesa la finca.


Un hermoso puente peatonal pasa a la finca privada, cerrada con portón pero donde podemos ver desde aquí un hórreo, y varios árboles y arbustos, así como altos y llamativos juncos dispuestos en xunqueres y cañaverales.



Nosotros nos dirigimos a la salida de la finca.




El río Peñafrancia siempre a nuestro lado.



A nuestra derecha una extensa pradería.


Un prau llano con pomarada donde se encuentra El Molín de Lucinda, con toda su quintana de molino, casa, hórreo y huertas, solar de antiguos moliñeros y moliñeres, en aquellos tiempos en el que el panchón de trigo o la boroña de maíz se hacían en casa, arroxando na forna, siendo continuo el trasiego de gente a las moliendas, con el grano llevado en sacos, cargado en burros, o a recostines, a la espalda.


Todo el trayecto es sumamente llano.


La senda, entre la orilla y las fincas.




El río forma vistosos meandros.



Tramo de vegetación ribereña que casi nos oculta el curso fluvial, a la derecha otra extensa pradería.



A la izquierda un alto seto guarda la finca en la que está La Torre Gregorio, que aunque oculta por este manto verde, no hemos de dejar de reseñar que fue casona solariega de los García de Jove, de primeros del siglo XVII, con capilla dedicada a San Gregorio. Tras ella, tampoco la vemos desde aquí, está la carretera N-632, la siempre conocida popularmene como "carretera antigua de Villaviciosa".




El sendero sigue.


Pista ancha de tierra.


Y cruzamos el puente.



Puente pequeño, o pontica, sobre el río Peñafrancia. Atrás, en la cercana carretera,  aunque no lo vemos queremos mencionar El Llagar de Cabueñes, prestigioso establecimiento hostelero, comedores y espichas, ambientado en el que fue El Llagar de Milio Xuan, muchos de cuyos componentes y piezas forman parte del local (si quisiéramos ir a él a tomar algo, pues está muy próximo habríamos de seguir directos por el camino que acabamos de dejar al pasar el río, saliendo directamente a través de él a la carretera, cruzándola con cuidado).


Vayamos al llagar o no, siempre hay que cruzar este puente siguiendo las flechas amarillas.


Paso del Peñafrancia.


Más meandros.


Una pèqueña subida en Villa Ascensión, una bonita casa con terreno y balcón en lo que se conoce como El Xigal, topónimo relacionado con lugar de piedras pequeñas y rendondas, xigues, como las que encontramos en las orillas y lecho de los ríos.


Estamos en El Camín del Río donde a partir de ahora y durante un largo tramo podremos coincidir con el paso de vehículos a motor.


Nos hemos apartado del río y ya vemos este gran valle de Cabuñes en toda su plenitud, con la Universidad Laboral al fondo.


Y la capilla de Nuestra Señora de la Corrada.


Como consecuencia de un gravísimo accidente en el que fallecieron ocho mineros de la Cuenca del Caudal en 1946, las autoridades ponen en marcha, en plena postguerra y auspiciadas por el subsecretario del Ministerio de Trabajo, Carlos Pinilla Turiño, un Orfanato Minero para hijos de trabajadores de la mina muertos en accidente, creándose como Fundación José Antonio Girón, entonces ministro de Trabajo, con un capital de 1.500.000 pesetas. La primer idea era que fuese una residencia con huerta, talleres, granja y canchas deportivas, para ello se compraron en este valle 1.544.572 metros cuadrados de terrenos, 381.551 con trámite de expropiación forzosa. Algunas de las caserías que desaparecieron fueron Casa'l Roxu, Casa Joselón, y Casa Portielles, donde estaba el pozo al que iban a por agua vecinos y vecinas de los alrededores.


El lugar estaba bien situado, próximo a Gijón/Xixón y comunicado por la carretera de Villaviciosa, pero los habitantes del valle al principio quisieron oponerse, pese al peligro que entrañaba enfrentarse con las autoridades del régimen vencedor de la guerra civil: recibieron una notificación del Ayuntamiento en la que, sin aparecer la palabra "expropiación" se les decía que tenían que abandonar sus caserías y que se les iban a pagar 6.000 pesetas por cada día de bueyes. Había casas, huertas, pomaradas y pastos y aquel precio les resultaba injusto. Se unieron, tuvieron reuniones e incluso provistos de trientes y otros aperos de labranza se concentraron  en la zona de la Pecuaria de Somió para que los topógrafos no saliensen a medir el terreno. Aunque la Guardia Civil vigilaba no llegó a intervenir y los vecinos tuvieron finalmente que vender sus tierras, pero en unas condiciones más ventajosas. Los que más aguantaron llegaron hasta las 35.000 pesetas por día gües, aunque pocos pudieron ver todo el dinero pues no eran los dueños sino los llevadores de las fincas y caserías.


De esta manera en 1946 arrancan unos trabajos que durarán una década, encargándose el proyecto a un equipo de arquitectos dirigido por Luis Moya Blanco y entre los que estaban su hermano Ramiro, José Marcelino Díaz Cantelo, Pedro Rodriguez de la Puente, Enrique Huidobro Pardo, junto con los mejores especialistas de la época en escultura, pintura, mosaicos, jardinería, ingeniería agrónoma, etc. Pero luego los vaivenes políticos y sociales harían variar la filosofía con la que nació el centro, al anunciar Girón en abril de 1950 la creación de centros de formación para hijos de trabajadores, a similitud de la Universidad del Trabajo Paul Pastur de Charleroy, en Bélgica.


 De Orfanato Minero el edificio pasaría entonces a ser la primer Universidad Laboral de las creadas en España. Las primeras obras constructivas empezaron en 1948, los primeros alumnos llegaron en 1955 y los trabajos finalizaron el día 25 de febrero de 1957,  al ser cesado Girón y reemplazado por Fermín Sanz Orrio, quedando pendientes entonces el remate de algunas labores. Tras un primer rectorado de Valentín García Rodríguez, amigo de Girón, la Compañía de Jesús estuvo al cargo de las clases y la dirección, la intendencia fue para las monjas Clarisas y en 1978 esta dirección y enseñanzas pasaron a personal docente de las Universidades Laborales.


Los primeros alumnos del año 1955 estaban relacionados principalmente con la Construcción y otros a las Artes Gráficas. En 1956-57 llegó la Formación Profesional, Bachillerato Laboral y Peritaje Industrial, en 1972-73 BUP, COU, Pre-Cou y Ciencias de Formación Empresarial, luego en 1975 vino la Formación Profesional de Primer y Segundo Grado y en 1976-77 es Centro Asociado a la UNED. Actualmente sus dependencias albergan entidades como Laboral Ciudad de la Cultura, Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales Jovellanos, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, sede de la multinacional ThyssenKrupp Elevator, Televisión del Principado de Asturias, y otras iniciativas. Desde la senda destaca su figura de superficie alargada, Luis Moya quiso que la entrada estuviese en la parte más alejada de la ciudad para que el conjunto fuese contemplado en su integridad por todos los que accediesen a él, pero es la altura de su torre la que causa más admiración, imitando a la Giralda de Sevilla es el edificio más alto de Asturias y el más alto de España en piedra, disponiendo de ascensor hasta el mirador en ella ubicado, también vemos la inmensa cúpula de su iglesia, la más grande del mundo en planta elíptica, y la torre-puerta, ente otros de sus espectaculares elementos constructivos.


Por su parte la Capilla de Nuestra Señora de la Corrada, del siglo XVI, aunquee por su fábrica no se descarta que pudiese ser parte de una fundación medieval más antigua, la cual forma parte de La Casona los Cifuentes, una quintana hermosa, con vivienda restaurada, paneras, y cuadras, todo ello con escudos y blasones de esta estirpe. 


Nuestra Señora de la Corrada.


La Casona los Cifuentes.


La capilla, la casona y la Laboral.


En la lejanía, junto a la carretera de Villaviciosa, está la Casa Adolfo,mirando para los edificios del Parque Científico Tecnológico, el único de España impulsado totalmente por un Ayuntamiento e inaugurado en el año 2000 en terrenos que fueron también de la Universidad Laboral.



Asimismo, asoma entre la arboleda el edificio del Hospital de Cabueñes.


Toda esta zona entre Somió, Cabueñes y Castiello donde se edificaron estos centros educativos, culturales, científicos, sanitarios y tecnológicos, reaprovechando terrenos y dependencias de la Universidad Laboral, recibe el nombre de "La Milla del Conocimiento".


Más a la izquierda, algo lejos también, junto a la Carbayera'l Tragamón, otro llagar: el de Sidra Gil.


Quizás en alguno de estos campos se plantó remolacha para la Azucarera Asturiana de Veriña, y tabaco para la fábrica de Cimavilla. Los agricultores recibían la semilla del tabaco y después habían de vender las hojas al Estado, por un precio fijado de antemano, pues era un monopolio; estaba prohibido hacer más de un corte a la planta porque el segundo era de mala calidad, pero se hacía, llegando a venir gente especialista desde Cuba, eran los años del estraperlo y con las hojas del segundo corte se elaboraban artesanalmente puros para posteriormente venderlos en la ciudad, quedando aún en algún campo de Cabueñes alguna planta tabaquera que crece de manera silvestre, como símbolo de toda una época.


El Camín del Río se acerca al Campu L'Horru.


Aquí cruzamos la carretera de Santurio y la senda prosigue al otro lado.


Siguen siendo terrenos muy llanos aunque a cierta distancia del río.


Pasando este cruce y siguiendo por la senda tenemos unas casas: Casa Ana, Casa Mari Paz, antigua Casa los Torrexones, en el lugar llamado El Campu l'Horru, donde está, no muy lejos, el Llagar y sidrería de Casa Segundo, pero el camino no va por ahí, solo informamos por si nos apetece desviarnos a tomar algo, que es siempre una buena idea.


Ahora hemos de seguir unos metros por la carretera. Atención en todo momento a las flechas amarillas.


Caminamos por el arcén junto a la finca La Mata.


La Caleyina.


Atención, que pronto nos desviaremos a la derecha según indica la flecha.


Desvío a la derecha: El Camín del Pozón.


Buenas indicaciones.


Campera arriba Casa Inocencio.



El Camín del Pozón, iniciamos una pequeña y corta subida.


Tenemos buenas vistas de La Caleyina y el valle de Cabueñes.



Sigue la subida.


Pasamos bajo el hórreo de Casa'l Chuchu.


Subimos unos metros más.



Llegamos a lo llano junto a estas huertas.


Y seguimos a la derecha.



Pronto llegamos a otra quintana: la de Casa Rubiera o de Antón de Medereo.


La Quintana Medero, donde además de panera vemos el hórreo.


El coche bajo el hórreo, el garage perfecto.


Hórreo que tiene expuestos en les colondres o tablas que componen la pared, diferentes aperios agrícolas: gradia, xugu, llabiegu, madreñes, hachu...


El camino sigue a la izquierda de la quintana, es El Camín del Tragamón.


La pomarada de Casa Antón de Medero.


Senda muy empleada por senderistas y cicloturistas.


Cruce de caminos: tomamos el de la derecha.


Al lado hay un gran área de descanso, donde estuvo el celebérrimo bar Los Maizales.


De frente La Carbayera'l Tragamón.


En este nuevo cruce tomamos el ramal de la izquierda para proseguir por El Camín de los Maizales. Esta parte del Tragamón no incluida actualmente dentro del cercano jardín botánico, es conocida como La Carbayera los Maizales por su proximidad a un famoso merendero que funcionó hasta no hace demasiados años al otro lado del camino y que a la vez recogía el nombre de una zona que, tiempo atrás, era toda un campo de maíz.


El lugar tiene una gran importancia dentro de la historia de la Transición en Asturias, pues desde los años 70 del pasado siglo XX se celebraba aquí el Día de la Cultura, al principio en plena dictadura, una gran romería con fiesta y música en la que se reunía prácticamente toda la oposición al régimen. 


En estos campos cantaron Victor Manuel, Ana Belén, Nuberu, Rosa León y un ciento de artistas comprometidos en una celebración en la que estaban representados todos los partidos de izquierda, creándose un ambiente muy proclive para que se encontrasen muchos protagonistas que fueron indispensables para el nacimiento y formación de los nuevos movimentos sociales y políticos que consiguieron estar en primera línea con la definitiva caída del franquismo y la llegada de la democracia.


Su gran promotor fue Óscar Roza Riera, natural de Cimavilla pero residente la mayor parte de su vida en El Natahoyo, donde participaba activamente en la sociedad cultural que llevaba el nombre de este histórico barrio obrero. Ilusionó a sus compañeros con la idea de una fiesta donde tuviesen cabida todos los colectivos sociales que estaban aglutinando nuevas formas de organización y trabajo fuera del aparato de la anquilosada y moribunda dictadura y sus organismos. El primer Día de la Cultura fue el 10 de septiembre de 1972 en esta misma carbayera, su éxito fue tal que pronto se adhirieron otras asociaciaciones, durando hasta 1984. Hubo un intento de recuperarla recientemente pero este no fructificó.


En El Camín de los Maizales, a mano izquierda, tenemos parcelas y chalets, donde antaño estaba el bar


La Carbayera'l Tragamón fue declarada monumento natural en el año 2003 y además de carbayos hay también castañales.


Algunos de estos árboles llegan a los 500 años de antiguedad, otros son ejemplares de entre 250 y 350 años, aprovechados tradicionalmente para leña y actualmente protegidos después de muchos años de abandono y vandalismo.


Esta es la parte más humanizada de La Carbayera'l Tragamón, la conocida como Los Maizales, como hemos dicho, se trata de un paraje empleado tradicionalmente como lugar de asueto, ocio y esparcimiento.


Realmente no se sabe a ciencia cierta si son parte de una carbayera más antigua y mucho más extensa o si son árboles más o menos aislados que crecieron en este lugar, aunque de buena parte de los actuales sí que hay testimonios que señalan que fueron plantados por mano humana entre los años 1600 y 1750.


Hubo talas hasta 1905, muchos árboles desaparecieron ese año y también en las grandes cortas de los siglos XVIII y XIX.


En Los Maizales casi siempre suele haber gente, sobre todo cuando acompaña el tiempo, principalmente en verano y fines de semana, pero es común que, a poco que las circunstancias metereológicas ayuden, las familias y amigos vengan a hacer picninc, o simplemente a pasear, en una espaciosa zona verde con zona soleada para broncearse y zona de sombra bajo las ramas y troncos de los viejos robles.


Es usual sorprender a algún esguil o ardilla merodeando por el campo que corre a guardarse esguilando, escalando a la carrera por el tronco de un carbayu si percibe que nos aproximamos demasiado.




Se sabe que en siglos pasados gran parte del actual concejo gijonés era un inmenso bosque de carbayos.


Verdaderas "islas" de lo que fue una verdadera selva...


El roble era en la sociedad céltica símbolo del poder de la naturaleza y era considerado el rey del bosque.


El muérdago o arfueyu que se cortaba con una hoz de oro había de cogerse con un paño y no dejarlo caer al suelo. Se trata de un símbolo mágico, curativo y medicinal basado en esta planta parásita que se alimenta de la savia del árbol, esto es, literalmente de su sangre. La esencia misma del árbol.


No deja de ser un casi imposible tabú pues el oro en sí mismo no tendría fuerza para cortar nada, aunque sí podría ser cobre, metal también dorado y lleno de resonancias mitológicas, o bien un baño de oro sobre otro metal.


Magníficos carbayos del Tragamón.






El Camino, a la izquierda, y la carbayera. A la derecha, al otro lado de la carretera del Tragamón o Camín de La Isla, está la parte del Tragamón más silvestre, incluida dentro del Jardín Botánico Atlántico,  junto con los jardines de La Quinta la Isla, que fuese del industrial Florencio Valdés Menéndez, mecenas y emprendedor, nacido en 1836, de numerosas iniciativas de hondo calado para la ciudad de la que llegaría a ser alcalde (fundador del periódico El Comercio, impulsor del tranvía de Somio), así como el área de El Molín de Rionda, uno más de los molinos que trabajaban con el agua del Peñafrancia, el cual, con sus almacenes, panera y otras dependencias ha quedado integrado en uno de los espacios verdes y expositivos que más se han hecho en los últimos años con el cariño de vecinos y visitantes. Su entrada principal está por el otro lado, mirando hacia la Universidad Laboral, pero no queremos olvidarnos de su presencia en las inmediaciones de la senda ni de su historia: se inauguró el 25 de abril del año 2003, tras un concurso internacional convocado por el Ayuntamiento, y se dispone en cuatro entornos diferentes, el Cantábrico, la Factoría Vegetal, el Jardín histórico de La Isla y el Itinerario Atlántico, dispone del molino y quintana de Rionda, cafetería, centro de recepción y otras numerosas dependencias y detalles, entre los que se encuentran la antigua caseta de baños de la mansión y alguno de sus primitivos ingenios hidráulicos. Son 250.000 metros cuadrados de los que buena parte eran del antiguo patronato de la Universidad Laboral y de la Quinta La Isla, siendo el primer jardín botánico del noroeste de España y el único especializado en vegetación y flora atlánticos, con más de 30.000 plantas de 2.000 especies diferentes. A lo largo de todo el año se ponen en marcha todo tipo de actividades dirigidas al público, cuenta con numerosas publicaciones, acoge presentaciones, conferencias y dispone de una Asociación de Amigos del Botánico fundada en el año 1999.


Un paraje realmente acogedor y mágico.






Mesas y bancos para sentarse.


Troncos huecos.


Maravilla y portento de la naturaleza.


Formas sugerentes y caprichosas.


Llegando al otro extremo de la carbayera.


La carretera y la parte del Tragamón integrada en el Jardín Botánico.


Al fondo reconocemos la industria de sidra champanada junto a la que pronto cruzaremos la carretera.


Parece ser que algunos retazos de corteya, cortezas que asoman del suelo, son la señal de lo que queda de viejísimos carbayones milenarios que aquí existieron.




Carretera'l Tragamón o Camín de La Isla, que cruzamos para seguir la senda.


Al otro lado vemos la Finca El Tragamón, donde está la Champanera de Villaviciosa, fundada en 1921, con su llamativo edificio histórico, verjas, palmeras, hórreo y naves de almacenamiento, emblemática industria sidrera que hace de este paraje y sus contornos sinónimo también de sidra y llagares, junto con otros que ya hemos visto y más que enseguida vamos a conocer.


Pasamos junto a los muros del Jardín Botánico.


Y entramos en la parroquia de Castiello Bernueces.


Aquí cerca llegamos a las puertas del terreno de juego del Club Deportivo Arenal y de la Escuela de Fútbol del Tragamón, donde quizás podamos asistir a algún partido o entrenamiento, viéndolo unos instantes desde la ruta.


También hay lugar para sentarse y descansar.


A la izquierda está la urbanización El Tragamón. La proximidad al casco urbano, que ya se divisa a la derecha de la foto, se hace patente al reparar en el número de nuevas construcciones de viviendas residenciales que se han hecho de unos años acá.


Explanada ante los campos de fútbol.


Flecha indicadora.


Árboles y campos.


Senda recta y directa.


Magnífica entrada en forma de arco al Llagar El Duque, famoso por su sidra y sus espichas, con restaurante y entorno ajardinado.


Campo Municipal de Golf  El Tragamón. Este campo se construyó en 1994 y fue homologado en el año 2003, con importante zona de prácticas y 9 hoyos.


Campus Universitario de Gijón/Xixón, al que alguna vez ocasionalmente se sigue llamando "de Viesques", cuando Viesques no está aquí, en realidad está a un par de kilómetros al menos, barrio urbano y residencial al sur de la ciudad.


Seto de yedra.


Camino de los edificios del campo de golf.


Pasaremos bajo un tendejón.


Esto formaba parte de una casería aquí existente antaño.


Oficinas del campo de golf.


Al lado, la cafetería.


Caminamos junto a la panera.


Y la senda sigue.


Al otro lado de la carretera del Tragamón tenemos la Quinta la Magdalena, donde si nos fijamos, podremos ver asomando el campanario de su capilla.


Los muros de La Magdalena, la carretera y la senda.


Aquí tomamos la pista de la derecha, la que pasa junto al campo de golf.




Allí está La Fuente'l Manolillo, con unos bancos dispuestos en torno a un bloque cuadrado de ladrillos en el que se está el cañu y donde es corriente ver a andarines y ciclistas rellenando sus botellines y cantimploras.


A nuestra izquierda, si nos fijamos, entre la maleza, un surco arbolado va paralelo al camino: es El Regatu Samiguel, que aunque la mayor parte de las veces baja casi seco, va a verter sus aguas al Peñafrancia.



El Manolillo, parada a beber un sorbo de agua...


Cierres del Campo de Golf.


Otro hórreo.


En medio del campo de golf, restaurado y ampliado con nuevas dependencias, El Molín de Sarafín, junto al que los aficionados practican su maestría en los hoyos aquí dispuestos.






Magnífico estanque.


Estanque y antiguo molino. Se aprecian los "ojos" o gueyos de sus rodendos por los que el agua salía tras moder las aspas de los rodendos que hacían girar las muelas o molares de la molienda.



La Torre, torre de la Laboral, inspirada en La Giralda de Sevilla.



Puente sobre el río Peñafrancia. Adviértase la flecha amarilla.


Por fin regresamos a la orilla del río que da nombre a esta senda.




Vuelven a formarse meandros.


Por este trayecto iremos dejando la parroquia de Castiello para entrar en la de Somió.


Pista anchísima y firme, muy llana.


Meandros.


Maravillosa sensación.


Senda muy trillada.



Árboles autóctonos que van dando paso aquí a una mata de eucaliptos.



El Peñafrancia nos acompaña.


Hojas verdes...


Excursión fluvial.


Fauna de las corrientes, patos o coríos. Las hembras son marrones pero estos deben ser todos machos con su collar blanco en el cuello y cabeza brillante verde-azulada, el típico ánade que grácilmente pulula por las aguas.


Peregrinos del río...


Romeros de las aguas...


Durante unos cuantos metros una barandilla de troncos de madera separa la senda del río, a nuestra izquierda, río cuyo murmullo se mezcla con el de los trinos de los pájaros, salvo en los días más fríos del invierno, cuando la naturaleza en ocasiones enmudece y un silencio solemne impera en la foresta, donde se llegan a formar verdaderos túneles naturales de arboles, ramas, hojas y vegetación, que quedan desnudos o casi, exceptuando los ejemplares de hoja perenne, para reverdecer y florecer intensamente en una gama de colores vivos y brillantes con el despertar de la naturaleza en primavera. En verano, la buena sombra arbórea alivia del calor y filtra la luz, siendo parajes de umbría, aún entonces reservas de humedad, incluso en las temporadas de la seca o sequía. El otoño, la seronda, viene a ser como una segunda primavera pues muchos árboles dan sus frutos y se mudan, en su manto antaño verde, a colores amarillos, ocres, pardos, rojos... como pintados por la paleta de un artista, tiñendo también el suelo de esa policromía, al desprenderse de su hojarasca.


Barandilla para separar cauce y senda.


Edificios del campus universitario.



Al fondo, una bifucación.


Tomamos la pista de la izquierda.


Veamos las señales.


Seguimos haciendo ruta.





En la ribera contraria y oculto por la vegetación, hay otro casi olvidado molino: El Molín de Castro.


Puente y más edificios. Nosotros seguiremos de frente por el paso de peatones y seguiremos senda ribereña adelante, por donde vienen aquellos ciclistas.


Y es que al otro lado del río vemos, en la parroquia de Castiello, la parcialmente cilíndrica estructura que tanto caracteriza a la Escuela Politécnica de Ingeniería, que sigue siendo conocida popularmente como "Ingenieros" o "La Escuela Ingenieros", a veces, como no, también llamada "de Viesques", pese a no estar en Viesques, aunque sí es la parte más cercana a este barrio de todo el campus universiatario.


Aunque muy verde, el entorno se vuelve cada vez más urbanizado.



Otro paso de peatones.


Seguimos de frente. A la izquierda es un ramal que sobre un puente peatonal lleva a la Escuela de Ingenieros.


Flechas en la barandilla.


Seguimos el curso de los meandros.


Poco a poco los árboles van dando paso a la campiña abierta.



Tomamos un atajo ante la Escuela Superior de Marina Civil, un poco en la distancia



Atrás va quedando el El Campus Universitario de Xixón, perteneciente a la Universidad de Oviedo/Uviéu, el cual se construyó en terrenos de las parroquias de Somió, Castiello y Cabueñes que en su momento fueron adquiridos por la Fundación José Antonio Girón para la Universidad Laboral (ninguna parte del campus está en Viesques), y en ellos tenemos la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales Jovellanos, la ya mencionada Escuela Superior de la Marina Civil, la Escuela Politécnica de Ingeniería, y la Escuelas Universitaria de Enfermería de Cabueñes, la de Relaciones Laborales y la de Trabajo Social.


Más antiguamente, las tierras pertenecían al conde de Revillagigedo y había caserías, donde ahora está la popularmente conocida como La Escuela Marina estuvo Casa Miguelón, y en la zona estaban emplazadas también Casa Obdulia y Casa José Antonio.


Los chalets de la urbanización La Guía, junto al Parque de la Víctimas del Terrorismo, ya a la vista.


Los edificios de la urbe, ya en lontanaza...


Edificios del barrio de Viesques y un monolito ante la senda.


Y es que mientras vamos andando, divisamos en la distancia pero cada vez más cerca, la llamativa y altísima escultura Hacia la Luz de Francisco Fresno, 22 metros de acero cortén con un trabajo de formas y oquedades que se alzan monumentales en medio de una rotonda.



Segumos por la pista principal, sin hacer caso a los desvíos.


Pasamos bajo este puente...


Proliferación de grafittis.



El río al lado.


Suelo enlosado.


Pista de zahorra. Pasaremos bajo otro puente.



Luego ya de vislumbran los tejados de La Guía.


Las urbanizaciones de La Guía.



Maravillosa vegetación fluvial. Parece mentira que estempos a escasos metros de la ciudad.


Caminamos hacia las instalaciones del Club Hípico Astur (CHAS).


Nos llama la atención una chocante construcción en esa orilla...


Nol en vano allá se alza la esbelta imagen de un verdadero "caballo de Troya" hecho de madera, enorme


Pista larga y recta.


Siempre pueden verse muiles o peces del río,coleando y a veces saltando entre las aguas. La fauna fluvial se completa con muchos coríos silvestres, patos que tienen aquí su hábitat y que le dan al lugar una sensación idílica, llevemos una cámara de fotos si somos amantes de este arte, pues merecerá la pena. Gaviotas, garzas y otras aves son fáciles de ver en el recorrido, unas están todo el año, otras son migratorias y dependiendo de la estación podemos hallar de vez en cuando alguna que otra "sopresa faunística".


Durante un buen trecho la parte derecha de la senda está delimitada por unas vigas de madera similares a traviesas de ferrocarril. Tras ellas va la pendiente verde que baja desde la acera, siempre con árboles.


Caminamos en paralelo a la Avenida Justo del Castillo.


Encantos de la naturaleza.




Instalaciones del hipódromo y complejo deportivo de Les Mestes.



Sigue la pista recta.


Han sido plantados muchos árboles.


Antaño, cuando no había senda ni avenida y los prados llegaban directamente al río detrás de las casas de La Guía, mucha gente se "colaba" a ver los concursos hípicos cruzando el río, que en verano apenas cubre.


El río Peñafrancia se torna ancho antes de abrazarse al río Piles desembocando en él, poco antes de su llegada al mar.


Les Mestes, zona deportiva que fue campo de aviación durante la guerra civil.


La Guía, entrada tradicional a la ciudad...


A la izquierda el barrio de El Bibio y en el medio de la foto el Estadio El Molinón del Real Sporting de Gijón.


Aquí estuvo El Puentín de La Guía, pequeño puente del viejo Camino, el Camín Real de la Costa, la variante histórica que viene de Cabueñes atravesando Somió, con la que enseguida confluiremos.


Subimos unos metros...


Vemos Les Mestes...


Y salimos a la rotonda de La Guía.


El río Peñafrancia desemboca en el Piles.


Avenida Justo del Castillo y rotonda de La Guía.


Allí en la otra orilla estaba El Puentín de La Guía, famoso establecimiento de hostelería que tomó el nombre del antiguo puente y a la vez dio nombre al lugar, pese a haber desaparecido, junto con su merendero y bolera ante las reformas urbanísticas aquí realizadas hace años.


Vemos la escultura Sentimientos de la que también hablamos en el apartado dedicado al Camino oficial, el cual se une en esta rotonda a esta altertativa que es la Senda del río Peñafrancia. Ahora tenemos dos opciones, las dos señalizadas: seguir por la Avenida de la Costa o pasar bajo el puente por la senda ciclista y peatonal que se dirige al Puente del Piles y a la playa.