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sábado, 1 de junio de 2024

LA RÚA DE SAN PEDRO (SANTIAGO DE COMPOSTELA) 400 METROS DE COCINA GALLEGA... Y MUCHO MÁS EN "UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA": EL MONASTERIO DE SAN PEDRO DE FÓRA Y EL CRUCEIRO DO HOME SANTO: LA LEYENDA DE JUAN TUORUM Y EL CONVENTO DE BONAVAL

A Cruz de San Pedro

Esta es A Cruz de San Pedro, sita en la encrucijada de este nombre, donde la rúa dos Concheiros, al cruzarse a la rúa da Angustia, da paso a la rúa también denominada de San Pedro, advocación de un viejo monasterio del antiguo Santiago extramuros, San Pedro de Fóra (de 'afuera' de las murallas), fundado en la baja Edad Media en el acceso principal a la ciudad del apóstol por el Camiño Francés o Camiño de Castilla, que se dirige a la Porta do Camiño, donde estaba la puerta de este nombre, en la desaparecida fortificación de la ciudad


Aquí llegamos procedentes de San Lázaro por As Fontiñas y el antiguo barrio de Os Concheiros, donde siglos ha estaban los vendedores de conchas o vieiras para los peregrinos que se dirigían al monasterio y, de allí a la catedral


A Cruz de San Pedro es un cruceiro de mediados del siglo XVIII en estilo neoclásico que vino aquí (no sabemos de dónde) con motivo de las mejoras urbanísticas que se acometieron en la ciudad en la preparación del Año Santo Compostelano de 1965


Dispone su columna de fuste cilíndrico sobre un pedestal alto y un capitel toscano


La cruz tiene abundantes nudos, que imitan un tronco podado, con Cristo crucificado a un lado, mirando a la rúa dos Concheiros y a los peregrinos que vienen hacia la catedral


Y al otro lado a la Virgen de la Soledad, mirando a la rúa de San Pedro y a los peregrinos que van hacia la catedral y el centro histórico de lo que fue el antiguo Santiago intramuros

La Virgen se representa en postura de oración

Está el cruceiro pues, en una histórica encrucijada, con Os Concheiros al este (derecha de la foto), la rúa da Angustia (al fondo, nombre de una antigua capilla compostelana), y la rúa Cruz de San Pedro a nuestra derecha

En la rúa Cruz de San Pedro hay una gran explanada que forma, en la práctica, una pequeña y muy acogedora plaza. Al otro lado de la rúa abre sus puertas a A Tasquiña de San Pedro, de Cristian Rodríguez, acreditado barman que compite en certámenes internacionales

En el artículo de Traveler Gastronomía titulado ¿Por qué todo el mundo viene a comer a esta calle de Santiago de Compostela. Rúa de San Pedro. 400 metros de cocina gallega, de Jorge Gutián, se ensalza a esta rúa y sus locales, empezando por este...

"Acostumbrada a ver pasar peregrinos desde hace siglos –es la calle por la que el Camino de Santiago entra en la ciudad histórica de Compostela - la Rúa de San Pedro ha pasado en los últimos años de albergar obradores de artesanos y casas de comidas tradicionales a convertirse en uno de los núcleos culturales y gastronómicos más activos de Galicia sin perder su carácter en el proceso. 
Algunas tabernas de toda la vida en las que aún es posible escuchar de vez en cuando gaitas o cantos de taberna conviven actualmente con estudios creativos, librerías, espacios dedicados a las artes escénicas y propuestas culinarias para todos los gustos en el que seguramente es el medio kilómetro más diverso del panorama gastronómico de Galicia. 
Justo antes de empezar la calle, en la plaza del Cruceiro de San Pedro, está este pequeño bar de toda la vida, recientemente reformado y que ha sabido mantener el ambiente de siempre. 
Déjate guiar por Cristian, al frente de la barra, a través de su excelente selección de vinos gallegos por copas. Y los jueves, además, hamburguesas".

Con sus terrazas al sol y a sombra, según la esquina, mantiene "El espíritu de las tabernas de siempre y cocina actual: croquetas de choco y jamón hechas con leche de cabra, por ejemplo. Cuidada selección de vinos y un ambiente siempre animado", nos dicen en Guía Repsol y de la que nos cuentan así en la página Planomato dedicada a la buena gastronomía:

"Si buscas un lugar en Santiago de Compostela que combine el ambiente de las tabernas de siempre con una propuesta gastronómica actualizada, tienes que conocer A Tasquiña de San Pedro. Este pequeño bar se encuentra en el corazón del Barrio de San Pedro, concretamente en la Rúa da Cruz de San Pedro, 2, justo al inicio de la Rúa de San Pedro y en la agradable Plaza del Cruceiro de San Pedro. 
Aunque el local ha sido reformado, ha sabido conservar ese espíritu de barrio que tanto aprecian los locales. Es un sitio acogedor e informal, ideal para tomar un vino o una caña, y es conocido por tener un ambiente siempre animado. Un detalle práctico y muy valorado es que es un establecimiento Dog Friendly, lo que facilita las visitas si vas con tu mascota, algo que los clientes recientes han destacado positivamente. Su propuesta de valor no ha pasado desapercibida, ya que fue reconocido con un Solete de la Guía Repsol en 2021, clasificándolo en la categoría de Bar, tasca o barra, con un rango de precios asequible, generalmente por debajo de los 35€ por persona. 
La oferta gastronómica de A Tasquiña se centra en tapas, raciones y comidas que fusionan lo tradicional con lo actual. En su carta encontrarás clásicos como embutidos, junto a opciones más contemporáneas como falafel y guacamole. Si hay un plato que ejemplifica su cocina moderna, son las croquetas de choco y jamón hechas con leche de cabra. Además, mantienen la tradición de la tapa de cortesía, que cambia a diario, ofreciendo un detalle de cocina casera, como unas lentejas bien guisadas. 
Un punto fuerte de la experiencia es su cuidada selección de bebidas. El local destaca por sus excelentes vinos gallegos por copas. Si te gusta el vino, te recomendamos dejarte guiar por Cristian, quien está al frente de la barra y es el experto en la selección de caldos. El servicio es otro aspecto muy bien valorado, con reseñas recientes que lo califican de “impecable” y “super amable”, destacando la calidad de la comida como “excepcional”. 
Dado que hoy es jueves, es el día perfecto para visitarlos si te apetece una buena hamburguesa. Los jueves son conocidos como el “día de la hamburguesa”, ofreciendo varias opciones caseras (entre cuatro y cinco distintas) que son descritas como ricas y con buen precio. En cuanto a horarios, A Tasquiña abre de martes a domingo. Los jueves, el servicio se divide en dos turnos: de 12:00 a 16:30 y de 20:15 a 23:30. Es un lugar que, sin grandes pretensiones de alta cocina, ofrece una experiencia honesta, sabrosa y con un ambiente de barrio que te hará sentir como en casa".

Estamos en un promontorio en el que, mirando hacia el este, divisamos O Viso, barrio y monte de las afueras de la ciudad, al sur de San Lázaro, de donde hemos venido procedentes del Monte do Gozo. Por el monte de O Viso discurre la Senda Mitolóxica, ruta senderista con recreaciones de personajes la mitología gallega


La rúa de San Pedro está formada mayoritariamente por edificios urbanos populares construidos durante los siglos XVII, XVIII, XIX y principios del XX. Su nombre se debe, como hemos dicho, a un antiguo monasterio que existió unos metros más adelante "hasta bien entrado el siglo XIX, ya por entonces una triste y mermada ruina, algunos de cuyos restos iban a servir para pavimentar la Quintana y el acceso a la Alameda, y que se calificaba “de Fóra” por estar fuera de lo que había sido el recinto amurallado urbano, diferenciándose así de aquel otro del mismo nombre, el de San Pedro de Antealtares, instalado en las proximidades del sepulcro apostólico y que luego pasaría a ser conocido como San Paio", como nos explica Javier Rosende Novo en su serie de la historia de las rúas compostelanas para el periódico El Correo Gallego 


A nuestra derecha, y en la esquina con la rúa da Angustia está la Churrería San Pedro "de toda la vida", como bien dice Andrea-Nuñéz Torrón-Stock en Dónde desayunar en Santiago de Compostela como un local: seis lugares únicos para empezar el día, publicado en Hule y Mantel el 23-8-2025:
"Si eres de Santiago, La Churrería de San Pedro no necesita presentación. Este bar de la esquina, con veinte años de historia a sus espaldas, es el lugar de reunión de parroquianos, familias y amigos de todas las edades, desde los que se toman vino con la tapa de langostinos del domingo a la hora del vermú a los abuelos que invitan a sus nietos a merendar un chocolate con churros o las vecinas que piden su café para llevar a la misma hora. 
Sin duda, es uno de los mejores lugares para desayunar, rico y barato y en un estupendo ambiente, siempre con la sonrisa de Ramona tras la barra. Lo difícil a veces es encontrar sitio. Para muchos, los mejores churros de Santiago. También encontrarás bocatas, hamburguesas, sándwiches, y una caña muy bien tirada para tomar al sol en sus dos mesitas de fuera en uno de los barrios con más encanto de la ciudad".

Un buen lugar sin duda para reponer energías dando cuenta de los manjares de esta rúa...


A nuestra izquierda, un veterano negocio compostelano, la panadería O Pan de Leis, con Fernando Leis y Yolanda Donet al frente, cuya biografía podemos conocer en la web de la empresa, de la que compartimos su historia...
"Somos la 4ª generación de panaderos en la familia, la 3ª al frente de Panadería Leis. En el año 1954, mi abuelo, José Leis Alonso, montó un pequeño horno de piedra en el número 70 de la Rúa de San Pedro. Eran tiempos muy duros y difíciles. Mi abuelo hacía pan y mi abuela, con un cesto en la cabeza, lo repartía por las casas de las aldeas.

En el año 1963, trasladan el horno a la Rúa da Angustia, en el mismo barrio, que es donde siempre estuvo nuestro obrador.

A finales de los 70´s, mi padre, José Manuel Leis Mouriño, se fue introduciendo poco a poco en el mundo de la panadería, echando una mano y aprendiendo una manera de hacer pan que, años más tarde, me enseñaría a mí. Con mucho esfuerzo y sacrificio consiguen que empiece a crecer poco a poco la panadería. En 1998 fallece mi abuelo, quedando al frente de la panadería mi padre. A partir de aquí, la panadería sufre una transformación enorme. Se modernizó todo el obrador con nuevos hornos y maquinaria  que permitían adaptarse a las necesidades del momento.

Unos años después, fue a mí, Fernando Leis García, al que le llegó el momento de introducirse poco a poco en la empresa familiar. Así aprendí, como había hecho mi padre años atrás, a entender este oficio.

En el año 2018, se jubila mi padre, quedando yo al frente del negocio familiar. Desde entonces intentamos dar otro giro en la dirección de la empresa y nos centramos en la venta directa al público, abriendo tiendas donde poder ofrecer la máxima calidad posible a nuestros clientes, al mismo tiempo que intentamos proporcionar una buena información sobre lo que están adquiriendo, para que sepan valorar las ventajas que tiene un pan bien hecho, con buenas materias primas y con la importancia de respetar cada proceso".

No es nuestra intención hacer una guía comercial ni hostelera de Santiago, pero entendemos oportuno ofrecer algunas pinceladas de establecimientos que puedan ser de interés al peregrino que los encuentra a su paso y, entre ellos, los sitios donde comer o tomar algo, y comprar comida, siempre son interesantes

Tengamos en cuenta siempre, eso sí, que no pocos cierran, abren, reabren con nueva dirección, cambian de nombre, etc., pero valgan estas pinceladas para hacernos una idea de lo que podemos encontrarnos en esta rúa

Destacan en su arquitectura balcones y galerías; algunas son viviendas altas y estrechas, de varios pisos, abajo pueden estar los portales pero lo común era que tradicionalmente hubiese tiendas, bodegas-almacén, tahonas, tascas y talleres, según la disposición tradicional, que en buena parte se sigue manteniendo


Un ejemplo de casa de esta rúa, la del Café Bar O Cruceiro



En esta rúa convivían artesanos, comerciantes y posaderos. Su origen se remonta a los tiempos en los que se construyó la muralla de Santiago tras la destrucción de la ciudad por Almanzor en 997 y, con ella, la destrucción de la primitiva cerca defensiva de San Sisnando II, mandada erigir por este obispo en 968 y que únicamente protegía, y mal, el llamado Locus Sancti Iacobi (el antiguo santuario prerrománico de Santiago y poco más)


Pero tras la destrucción la ciudad se reconstruyó y se reactivaron las peregrinaciones, sobre todo cuando a partir de 1075 empieza la construcción de la gran catedral románica, por lo que enseguida la población creció y se desparramó fuera del minúsculo núcleo fortificado, sobre todo en este su principal acceso. Nos lo explica Carlos Rey en San Pedro: la historia de un barrio único e independiente en Santiago de Compostela, artículo para El Español del 28-9-2020:
"La construcción de la muralla de Santiago -destruida en su práctica totalidad en el siglo XIX- se remonta al siglo X, cuando Almanzor arrasó la ciudad y la catedral sin encontrar apenas resistencia en su camino. 
El cierre de la ciudad, cuyas puertas sólo se abrían entre el alba y el atardecer, llevaba a los peregrinos a buscar cobijo extramuros, de tal modo que, poco a poco, se fue creando un ecosistema propio, relacionado con el Casco Histórico y a la vez independiente: el Barrio de San Pedro. 
De este modo, en San Pedro convivían desde peregrinos a artesanos, pasando por mercaderes y personas acaudaladas. El barrio fue tomando forma de la mano de múltiples ordenes religiosas, que levantaron muchos de los edificios que hoy día siguen en pie y en los que aún se pueden apreciar escudos con las iniciales de las órdenes de San Martiño Pinario (S.M.) y San Caetano (S.C.), así como de la propia Iglesia compostelana (S.T.)."

A la izquierda, la Pulpería O Bochinche, fundada en 2022 y de la que leemos en el periódico La Voz de Galicia lo siguiente a fecha 22-2-2026:

"Hay que comer de todo, y por ello también tiene que haber restaurantes para gustos diversos. Galicia se ancló durante décadas a sus raíces y tradiciones culinarias, lo que le ha permitido preservar una gastronomía única, pero la apertura a las cocinas del mundo y la irrupción de los chefs gallegos de alto nivel fueron marginando a las casas de comida de toda la vida hasta hacerlas extrañas para los más jóvenes, especialmente en los entornos urbanos. Brais López, Xulio Rey y Alejandro rondan los tres los 38 años. Se formaron en el Centro Superior de Hostelería de Galicia y tuvieron experiencias en restaurantes con estrella Michelin. Podrían haber tirado por las hamburguesas de calidad y hasta tenían materia para lanzarse a una cocina de gama alta, pero cuando regresaron a su tierra se dieron cuenta de que en ciudades como Santiago se había abierto una crisis de mesones muy populares con cierres llamativos como el de la Pulpería Fuentes o el Bodegón Os Concheiros, en muchos casos por falta de relevo generacional. «Vivimos unha época na que todo é moi gourmet, con máis discurso que o que é gozar da comida. Os comensais só falan do que poñen no prato, por iso cando pensamos nun proxecto conxunto quixemos recuperar as conversas normais», reivindica Brais. Junto a sus dos socios buscaron un local y lo encontraron en el número 122 de la rúa de San Pedro, con cuatro ideas en la cabeza: querían una casa con sabor a romería, a taberna, a pulpería y en la que sonase la música popular. 
Tenían los conocimientos y las ganas de trabajar, y después de muchas conversaciones en plena pandemia encontraron el modelo. O Bochinche, inaugurado en el 2022, es un proyecto «para a xente de aquí», pero también está triunfando entre los peregrinos y turistas, al estar al pie del último tramo urbano del Camino. El toque de distinción sobre las casas de comida tradicionales es la propuesta de carta, diseñada para hacer un rápido repaso por platos caseros probando cuatro o cinco cosas compartidas. 
La carta es relativamente corta pero no falta ningún clásico de Galicia, además de una ensaladilla especial que se puede probar por medias raciones o completas, con o sin pulpo. La segunda opción que más tira es, precisamente, el cefalópodo, en su versión á feira y con cachelos, que ya no hay tantos lugares que los pongan. Sin salir del mar es recomendable probar los chipirones crocantes fritos, hechos con harina de arroz; y del interior, los puerros en salsa, que llevan un toque oriental de kimchi. Se puede completar la comanda con paleta asada o raxo con patatas y coronar con el «emblema» de la casa, la torrija de brioche. Esta es solo una propuesta, pero hay más clásicos de la cocina gallega como la vieira, la empanada, la oreja a la plancha o la «tortilla lacazana» o guiños como los torreznos de Soria. 
Todo, hasta la ambientación, tiene un sentido tradicional de feria y de sencillez bien entendida, pero luego hay cosas que sí responden a los tiempos que corren. «Preocúpanos moito a conciliación e o equipo», explica Brais López. Van a por el cuarto aniversario y después de un tiempo de asentamiento han conseguido completar un año con las mismas cuatro personas para la cocina y la atención de las mesas, algo que lograron poniéndole sentido a los horarios y los días de apertura, más amplios en primavera y verano".

Otra reseña gastronómica es la que nos encontramos en la web gastronómica Planomato, con el título Pulpería O Bochinche: tradición y pulpo en San Pedro:

"Si estás paseando por la zona de San Pedro en Santiago de Compostela, es muy probable que acabes frente a la Pulpería O Bochinche. Este local, situado en el número 122 de la Rúa de San Pedro, ha sabido recoger el testigo de la tradición del pulpo en un barrio con mucha historia, ofreciendo un espacio que mezcla lo rústico con un toque industrial bastante actual. Es un sitio cómodo, amplio y con un ambiente informal que funciona bien tanto si vas con amigos como si buscas una comida familiar sin demasiadas complicaciones. Al entrar, te encuentras con un establecimiento que se define como casa de comidas, donde el trato es cercano y el servicio suele ser ágil, algo que se agradece cuando el hambre aprieta tras una caminata por el Camino de Santiago. 
La carta es una declaración de intenciones sobre la cocina gallega, pero con algunos giros que se salen de lo estrictamente clásico. Por supuesto, el protagonista es el pulpo. Tienes la opción del Pulpo á Feira, servido en raciones pequeña (14 €) o mediana (18 €), que mantiene el punto de cocción tradicional sobre el plato de madera. Sin embargo, si te apetece algo distinto, el Pulpo á prancha con parmentier de allada y tártara (18,50 €) es una de las opciones más comentadas por quienes lo visitan. También ofrecen bocados curiosos como la Gilda de pulpo por 3 €, ideal para abrir boca mientras esperas los platos principales. La propuesta no se queda solo en el mar; platos como el Torrezno de Soria con parmentier trufado (9,50 €) o las Croquetas de chipiróns na súa tinta (10,50 € las 6 unidades) complementan una oferta variada. 
Uno de los puntos fuertes de O Bochinche es su capacidad para ofrecer platos contundentes con una presentación cuidada. La Tortilla lacazana de xemas trufadas (14,50 €) es una de esas elecciones que suelen generar consenso en la mesa por su cremosidad. Si prefieres carne, los Bistés de Raxo con adobo secreto (14 €) son una alternativa sólida a los pescados y mariscos. Para cerrar la comida, los postres mantienen el nivel de la cocina casera. La Torrija de brioche con pepitas de chocolate y chantillí de vainilla (6,25 €) es una opción dulce y densa, mientras que el Arroz con leite crocante (5 €) ofrece un final más tradicional pero con un toque de textura diferente. 
En cuanto a la logística para ir, es importante tener en cuenta sus horarios. Abren de martes a sábado para comidas (13:30 a 15:30) y cenas (20:30 a 23:00), mientras que los domingos solo ofrecen servicio de mediodía hasta las 15:45. Los lunes el descanso es total, así que conviene planificar la visita. El rango de precios suele oscilar entre los 20 y 30 euros por persona, dependiendo de cuánto quieras compartir y de si te lanzas a por las especialidades de pulpo. El local es totalmente accesible para personas con movilidad reducida y aceptan pagos con tarjeta y móvil, lo que facilita bastante las cosas. Aunque el local es espacioso, se recomienda reservar, especialmente en fechas señaladas o fines de semana, ya que su ubicación en plena ruta de entrada a la ciudad lo hace muy concurrido".


Seguidamente y también a la izquierda tenemos el Restaurante A Maceta, fundado en 2016 y con Jorge Gago al frente. De este compartimos lo que de él publica Pacho G. Castilla en el apartado gastronómico de Elle del 29-4-2026:
"Es muy difícil, casi imposible, comer mal en Galicia. Encontrar un restaurante con propuesta gastronómica mediocre resulta casi una excepción, y toparse con un servicio que no dé la talla o que directamente no despliegue buen rollo es realmente 'off-topic'. Del pan, qué podemos contar. Tan sólo decir que, cuando uno regresa de esas tierras gallegas bendecidas por el buen producto y acostumbradas al buen hacer, maldices a quien tuvo la fatídica idea de desvirtuar la masa madre llevándola al terreno industrial. 
Es cierto que, en un territorio donde la rareza no es lo sorprendente, sino lo estandarizado o lo prefabricado, la tradición está muy presente. Pero aquí no se usa como reclamo: se celebra y se respeta, ajena a la distorsión que impuso la quinta gama. 
Galicia es territorio gastro por excelencia y Santiago de Compostela -dejémoslo en Santiago, como la llaman quienes la sienten propia- no es una excepción, claro, sin que esa faceta peregrino-turística haga pensar lo contrario. Y es que, pese a las propuestas (que “haberlas haylas”, como las meigas) de quienes, de forma algo anacrónica, insisten en creer que el turismo del siglo XXI sigue rindiéndose al 'fast food', a lo congelado y a vinos 'mainstream' sin alma, la realidad discurre por otros caminos. Y caminos muy 'ceibes' (libres), por cierto, como el que explora constantemente el chef Jorge Gago, alma culinariay cocinero en A Maceta. 
Hace diez años, este gallego de Caldas de Reis (Pontevedra) decidió dejar a un lado su trabajo como agente forestal y -tras pasar por A Curtidoría (Santiago), A Estación de Cambre (A Coruña) y Manso (Santiago)- abrió, junto a Manuel Iglesias, este restaurante situado en uno de los barrios menos gentrificados (si es que queda alguno todavía en España) de Santiago. A los pocos meses recibió el aval profesional, logrando el premio Cociñeiro Novo. Y, desde entonces, no ha parado de reinventar su propuesta gastronómica bajo una premisa: "Nunca estamos quietos", como él mismo aclara. De ahí que su cocina resulte inatrapable, inclasificable y, precisamente por ello, apasionante: "Me resulta difícil encasillarme en un tipo de cocina. Y si me pides hacerlo, te diré que nuestra cocina es joven y honesta". Nada más… y nada menos. 
A Maceta nació, en cierto modo, con vocación de nadar contracorriente. "No quiero que suene a lo que no es; pero cuando, en 2016, llegamos al barrio de San Pedro, quizás el plato más famoso aquí era el pulpo a feira". Y no, no pretende ser esta una declaración de ruptura con la tradición gallega, sino más bien un punto de partida -"los productos son muy gallegos y la manera de cocinar, de antes”, explica- para, desde esa herencia, decidir explorar otros mundos, movidos siempre por una innegable curiosidad y, todo hay que decirlo, humildad. "Nos falta muchísimo por aprender y por pulir. Tenemos esa juventud que nos permite no tener miedo a equivocarnos, con margen de maniobra", puntualiza el chef. 
De ahí que, sin perder el pulso de la temporalidad y con la técnica francesa como base, en A Maceta los giros de guion hayan sido constantes desde entonces. Lo describe a la perfección el propio Gago: "Hace poco empezamos a explorar una fusión más marcada con productos de Perú, a raíz de un viaje que despertó mi interés por su cultura. Ahora, en cambio, volvemos al mundo japonés. De hecho, en cocina hay un chico que se ha enganchado a los dumplings hasta el punto de parecer más un panadero que un cocinero". 
Su filosofía se traduce en platos que funcionan casi como 'manifestos'. Y así encontramos, por ejemplo, un sashimi de atún vermello con aliño picante, que habla de respeto por el producto. O del shao mai de tartar de gamba e salsa XO, que no sólo habla del 'expertise' de ese "panadero de dumplings" que tiene en su equipo sino también de esa querencia a la cocina cantonesa que se realiza desde una mirada minuciosa y repleta de matices. 
No falta el galo celta, raza autóctona convertida en uno de los más recientes emblemas de la nueva cocina galega, que Gago aquí presenta en albóndega (albóndiga) con cogumelos (setas de temporada) y una sueva crema de celeri (apio). Una receta que evidencia la cocina a fuego lento y equilibrio perfecto entre texturas melosas, aromas de la tierra y un equilibrio preciso entre tradición y refinamiento. Como también la fazula (carrillera) de vaca prensada con chirivía habla de un ejercicio donde confluyen paciencia, respeto, mimo y mirada contemporánea. 
En el capítulo de postres, la propuesta que el chef presenta como albahaca e cítricos -repleto de frescura y aromas- funciona como un necesario cierre ligero y perfectamente equilibrado. Un imprescindible llamado a convertirse en seña de identidad, capaz de dar continuidad a las múltiples facetas que A Maceta despliega sin perder coherencia. 
La carta de vinos acompaña de forma coherente el discurso de la cocina, con una selección amplia que pone el foco en el territorio, pero sin renunciar a referencias nacionales e internacionales. Un conjunto bien articulado, pensado para dialogar con el producto y reforzar la experiencia. 
Más allá de la cocina, en A Maceta conviven tres escenarios que apelan a una forma diversa de vivir la gastronomía: desde su mágica terraza -que da opción a tomar el aperitivo e invita a alargar eternamente la sobremesa-, hasta la barra, que permite una relación más directa con el producto, y la sala, en torno a una cocina abierta en un antiguo cobertizo, donde la experiencia se vuelve, si cabe, más pausada. Diferentes ritmos para un lugar al que siempre regresar para descubrir en qué punto del camino se encuentran".

"En el umbral que conecta el Camino de Santiago con el latir histórico de la ciudad, esta antigua casona con jardín es ya un clásico. Su propuesta de mercado prioriza a pequeños productores e ingredientes olvidados, fusionándolos con sutiles tintes japo-asiáticos. Con una cocina abierta en un antiguo cobertizo, el espacio ofrece una experiencia de producto honesta, sin complicaciones y actualizada con guiños cosmopolitas. Es un lugar acogedor que combina vinoteca con un comedor recogido, donde el estilo propio y la materia prima conquistan a un público fiel que busca la esencia del barrio bajo una mirada creativa y contemporánea", es lo que nos cuentan por su parte en la famosa Guía Repsol, mientras que en Michelín Guide nos deleitan con esta descripción:
"Se halla en la rúa de San Pedro, la vía por la que acceden a la ciudad aquellos peregrinos que van llegando por el Camino Francés, el del Norte o el llamado Primitivo. Aquí, en los bajos de un modesto edificio construido en piedra, encontrarás un restaurante desenfadado y de ambiente rústico-actual donde el chef al frente, Jorge Gago, apuesta por una cocina de fusión que juega con el recetario tradicional y el asiático (Puerros, stracciatella de búfala y almendra, Sashimi de caballa, Milhojas de avellana...). ¿Los puntos fuertes? Esconde un agradable patio-terraza, ideal para comer relajado o tomarse una copa, y atesora una nutrida bodega que destaca en el apartado de espumosos".

A Maceta: fusión gallega contemporánea en Santiago de Compostela es como titula su entrada la web culinaria Cenando con Pablo:
"Este Restaurante es de los mejores de Santiago de Compostela y muy recomendado por los santiagueses por su buena relación calidad/precio. Tienen una carta de cocina de autor gallega con toques asiáticos donde cabe la posibilidad de pedir medias raciones para compartir platos y comer más barato. El Restaurante se llama A Maceta y descubramos si ha sido una buena recomendación o es un restaurante sin más, para ello pediré un total de 10 platos.

Propuesta Gastronómica 
La propuesta gastronómica de A Maceta se basa en una cocina de fusión que mezcla tradición gallega con técnicas y sabores globales, siempre con una clara apuesta por el producto fresco de mercado y la estacionalidad.

Entre los platos más representativos y recurrentes destacan elaboraciones como: puerros con stracciatella de búfala y almendra, sashimi de caballa o jurel (reflejando la influencia asiática), tomates de temporada con queso gallego y steak tartar o picada madurada.

También aparecen propuestas como baos de chipirones o langostinos, pescados de ría y platos de cuchara modernizados, en una carta que equilibra lo reconocible con lo creativo.

Ambiente y ubicación

Situado en la Rúa de San Pedro, una de las entradas históricas a Santiago de Compostela, A Maceta se integra en un edificio de piedra con un estilo rústico-contemporáneo, desenfadado y acogedor.

El local cuenta con varios espacios diferenciados, incluyendo un patio interior ajardinado muy valorado, ideal para comidas relajadas o cenas tranquilas. La ubicación lo convierte en un punto habitual tanto para peregrinos que llegan a la ciudad como para público local, dentro de una zona con creciente actividad gastronómica y cultural.

Conclusión

A Maceta es una dirección imprescindible en Santiago de Compostela para quienes buscan cocina de producto con un enfoque contemporáneo y creativo, donde la tradición gallega se combina con influencias internacionales sin perder identidad".

Y aquí está Clem Café, que es La cafetería vegetariana y sostenible de Santiago de Compostela, que es como la llama Ana Ramos para su artículo en el periódico El Español del 1-12-2025:
"En diciembre de 2019Clémence Aymard abría las puertas de Clem Café en el número 118 de la rúa de San Pedro de Santiago de Compostela. Se trata de una cafetería vegetariana, con opciones veganas y sin gluten y que también ofrece menú del día.
Originaria de Francia, Clémence ya había vivido con su marido en Galicia antes y, por el trabajo de él, se han tenido que mover "un poquito". En 2019, llegó de Islandia y aterrizó en Santiago, con experiencia culinaria en restaurantes veganos y vegetarianos, "echaba de menos este tipo de negocio, con un estilo que te sientas como en casa", explica. 

A pesar de vivir unos meses difíciles tras su apertura, pues justo llegó la pandemia tres meses más tarde de abrir las puertas de su local, Clem Café se consolidó en el barrio con su cocina casera, con recetas suyas y caracterizadas por sabores que traspasan fronteras, resultado de los múltiples viajes que realizó Clémence.

"Estudié Historia de la Arqueología, pero he viajado mucho y al final me fui por la segunda vocación: la repostería y la cocina. Tuve la posibilidad de estudiar en Vigo, en la Escuela de Hostelería", explica la dueña. 
Su carta, además, se caracteriza por ser vegetariana, con muchas opciones veganas y sin gluten. En ella encontramos tostadas, con su pan casero sin glutendulces caseros como cinnamon rolls o banana bread, o bagels. 
También cuentan con menú del día, con sabores internacionales con platos como mezzé, o bành mi o también más tradicionales como unas croquetas veganas. Tanto el desayuno como el menú del día se pueden pedir a domicilio. 
"Es todo casero y natural, todo lo cocinamos aquí. Si preparamos carne vegetal tipo soja, la preparamos nosotros. No compro nada hecho, es una cosa que para mí está relacionada con el bienestar", menciona Clémence. 
Clem Café se alzó con el II Concurso Veggie Vuelta 2025 con su tapa dulce 'Tarta de chocolate con ganache de cacao', imponiéndose a decenas de restaurantes repartidos tanto en Galicia, como el resto de municipios de España.

Un restaurante sostenible

 Además de la cocina casera y vegetariana, si por algo también se caracteriza Clem Café es por su sostenibilidad. Desde los envases y cubiertos que se envían a domicilio, como el mobiliario del restaurante, hecho por el suegro de Clémence.

"La gente siempre se sorprende de la basura que sacamos al final del día, porque aquí nada se tira, reciclamos todo. Siempre digo, coges una fruta y puedes hacer tres preparaciones", comenta la dueña que menciona que en su local es "muy importante que todo se recicle".

 De esta manera, la proximidad también es muy importante en Clem Café. Utilizan frutas y hortalizas de sus vecinos del Mercado de Abastos, los huevos son ecológicos y el café también, trabajan con una tostadora compostelana, Coffe Mori, "a nivel de sostenibilidad, es un paso genial porque antes trabajaba con otro tipo de café y la política no era la que más iba acorde conmigo", añade Clémence".

Dicen que es en los barrios, como este de San Pedro, donde aún se mantiene la esencia típica del pichelerismo, es decir, de los picheleiros o habitantes de Santiago, llamados de esta manera por los antiguos artesanos fabricantes de picheles o vasos altos de estaño, uno de los gremios de la ciudad

 Así, la picheleira Tamara Montero escribía, ensalzando este su barrio en La Voz de Galicia del 21-5-2014, El barrio de San Pedro, el Soho compostelano, con motivo de sus fiestas:

"Yo, que crecí al abrigo de Os Concheiros y la calle Betanzos, que hice la primera comunión en la iglesia de la Angustia y aprendí a leer y a multiplicar en el colegio de las Fraguas. Yo, que recuerdo a Daniel haciendo magia con los zapatos en la rúa de San Pedro, las partidas del Cruceiro y que el parque más cercano con columpios era el de A Trisca. Yo, que pasé veranos enteros corriendo por el Don Bosco y tenía (todavía tengo) como punto de encuentro la Cruz. Yo. Yo no puedo. No quiero. No debo ser objetiva con esto. Lo que vengo a contarles es que he crecido en el mejor barrio de Compostela. Me atrevería a decir, aunque me linchen, en el mejor barrio de Galicia. En el mejor de Europa. En el mejor del mundo. Yo soy hija de los Estados Unidos de San Pedro, de Quiroga Palacios a la rúa do Home Santo. De Belvís a Bonaval. 
En su cara misma se lo digo: la verdadera compostelanidad, el picheleirismo de primera división, no está en el Obradoiro. Ni en la Alameda. Ni en la Catedral. La esencia misma de la ciudad está en los barrios. Salgan ya de la constreñida muralla de siete puertas de la primigenia Compostela y vean la vida con sus propios ojos. Vengan a los Estados Unidos de San Pedro, donde es picheleiro hasta el tuétano el kurdo que vende kebabs, el hipster de pura cepa que toma el vermú en A Moa y las cañas en el Mercromina y la señora que sigue bajando con su carro por la rúa do Medio para hacer la compra en la Plaza de Abastos. Vengan a San Pedro, el SoHo compostelano, el súmum de la modernidad. El súmum de la tradición. El súmum del multiculturalismo. El súmum de la compostelanidad. 
(...) Prepárense. La próxima fiesta es la del barrio, del 25 al 29 de junio. El año pasado nos tatuamos un Amor de barrio bien grande en el pecho. Nos echamos a las calles. Hordas de compostelanos de otras zonas se acercan a nuestros Estados Unidos de San Pedro y aprenden lo que vale un peine. Cómo es la verdadera fiesta. Qué significa querer tus raíces. Diez años se cumplían de aquella gesta que supuso recuperar la esencia de San Pedro, la llave de Compostela. Amor de barrio que han sabido transmitir a todos y cada uno de sus vecinos, auténticos protagonistas de la vida diaria y de las celebraciones que han conseguido insuflar nueva vida a la zona. 
Solo una cifra. En esta Feira da Primavera, que nació dentro de las fiestas del barrio pero que pronto tuvo entidad propia, había, en total, alrededor de 300 puestos. Muchos de comerciantes del barrio, que ese día se echan a la calle para vender al sol. Otros de artesanía, de comida y de bares, que tiraron litros y litros de cañas durante una jornada que tuvo una amplia programación para todos los gustos y todas las edades. San Pedro da la bienvenida a todo el mundo. Tanto, que tal y como destaca Antonio Pérez Casas, miembro de la comisión de fiestas y uno de los miembros más activos de la coordinadora del barrio de San Pedro, en un momento de profunda crisis esta zona es una de las pocas que dan la bienvenida a nuevos negocios ¿Los últimos? Una tetería con muchísimo encanto, al lado de una tienda de lanas y costura. Un poco más allá, una tienda de informática acaba de iniciar su andadura. Y se prepara ya la apertura de otro bar, según parece. Conviven con tabernas que parecen nacidas con el propio barrio. Con el ultramarinos y la droguería que ha surtido a mi familia desde siempre. Con la mercería en la que me compré mis primeros bikinis. Conviven con el bazar chino y el súper de barrio. Con el kiosko que me enseñó el amor por el periodismo. 
Ojo, que también hay ya dos albergues. Porque la calle con más encanto de Galicia es también el preludio del casco histórico para los peregrinos. San Pedro es el futuro bien anclado en el pasado. 
Les decía que acabamos de salir de una en San Pedro y ya nos estamos metiendo en otra. Porque la comisión de fiestas y la coordinadora trabaja ya en la undécima edición de las fiestas del barrio, que allá por la década de los 80 habían perdido fuelle pero que desde hace una década brillan con igual esplendor que las del Apóstol, sin desmerecer los fuegos, oigan, que además se ven fantásticamente desde el parque de Bonaval. ¿Que dónde está? Donde iba a estar, hombre. ¡En los Estados Unidos de San Pedro! 
La señora Julia, que tras la barra del Mosquito nos prevenía de que el licor café no es vino y que no se puede beber de la misma manera, seguro que mira desde donde esté ahora la juerga que se montará a finales de mes en nuestros Estados Unidos. La comisión trabaja ya a fulespín con el recio apoyo de los vecinos. Detalles, lo que se dice detalles, todavía no han podido darme. Una pena. Pero sí es verdad que habrá alguna que otra sorpresa en unas fiestas que tienen más de 40 actividades distintas. Empiezan el miércoles, justo después de San Xoán, que también da trabajo del bueno porque su cacharela -el picheleirismo nombra así a sus hogueras- es de las más concurridas y de mayor tradición. Otra vez, qué fiesta. Qué sardinas. Qué todo. 
Así las cosas, el miércoles, primer día de oda al barrio, habrá sorpresa. Durante la semana las actividades serán de tarde y de noche, pero el fin de semana, que la gente está más descansada y con más ganas de pasarlo bien, fiesta todo el día. Y atención a la Noite do Lastro, que en la plaza 8 de marzo, popularmente conocida como a Porta do Camiño, se lía pardísima con unos conciertos que no desmerecen a los de la Ascensión. Hay que ir ahorrando ya para la camiseta de las fiestas, el uniforme oficial del 25 al 29 de junio. Aunque también se puede ir de hippy. O de hipster. O de lo que uno quiera. En San Pedro caben todos. Para eso somos unos Estados Unidos. Vengan hombre, vengan. Somos los que tenemos las llaves del paraíso. Por eso somos San Pedro."

No obstante, aunque incipiente, por entonces aún no era aún tan grave el tremendo proceso de turistificación que afectaría a la ciudad y más a su casco histórico, con especial incidencia en los lugares por los que discurre el Camino, tal que este barrio de San Pedro. En el estudio Gentrificación y overtourism en destinos urbanos. El caso del Barrio de San Pedro en Santiago de Compostela (Galicia, España) de Ángeles Piñeiro Antelo, Lucrezia López y Miguel Pazos Otón se refleja cómo ha afectado totalmente al barrio esta situación, común a muchas ciudades y zonas turísticas:
"Durante la última década, uno de los principales desafíos del desarrollo de la industria turística en ciudades históricas europeas, y cada vez más en todo el mundo, ha sido enfrentar los efectos perniciosos de la gentrificación y el overtourism, que afectan a la calidad y autenticidad de la experiencia turística, y que provocan problemas de privatización y congestión de espacios públicos, pérdida de poder adquisitivo de los residentes, y aumento de los precios de la vivienda en los destinos afectados. Este trabajo analiza estas tendencias en el Barrio de San Pedro, uno de los más emblemáticos de la ciudad de Santiago de Compostela, destino de turismo urbano internacional, que también es la meta del Camino de Santiago, primer Itinerario Cultural Europeo, y una de las rutas de peregrinación más importantes del mundo. El principal objetivo del estudio es presentar los primeros avances de una investigación, centrada profundizar en la toma de conciencia y la elaboración de una respuesta ciudadana y asociativa, ante los problemas percibidos y asociados al desarrollo del fenómeno turístico en ciudades patrimonio. Se adopta una metodología cualitativa para conocer las dinámicas sociales y culturales que interactúan en este barrio singular dentro del espacio urbano y turístico compostelano."

De ello hablábamos ya en la entrada de blog correspondiente a San Lázaro, As Fontiñas y Os Concheiros, pues, como se lamentaba una vecina, "O barrio non ten nada que ver co que era, agora é todo para el turista", tal y como leemos en el artículo San Pedro: de la masificación a la pérdida de identidad de un barrio ahogado por el turismo que Lucía Martínez y Lois Lázara firman para El Correo Gallego del 13-2-2024:
"Calles abarrotadas en las que caminar es casi un deporte de riesgo, proliferación de viviendas de uso turístico (VUT) y otros negocios dirigidos a este sector, pisos de alquiler con precios disparatados, basuras apiladas, falta de mantenimiento, de aparcamiento, comercios “dos de sempre” que han bajado la persiana y lucen en estado de abandono carteles de se alquila o se vende...
Estos son los ingredientes de un cóctel molotov llamado turistificación que lleva haciendo mella en el barrio compostelano de San Pedro desde hace ya unos años. 
Aunque algunas de estas problemáticas son extrapolables a cualquier otro barrio de la capital gallega, desentonan con mayor intensidad en esa zona, especialmente durante la temporada alta de turismo y al tratarse el Barrio de San Pedro, además, de la entrada natural del Camino en Compostela. 
Por situar algún dato: la capital gallega cerró 2023 con 446.039 peregrinos según cifras aportadas por la Oficina de Peregrinos. 
Precisamente en el turismo es donde muchos vecinos y comerciantes ponen el foco al origen de algunos de sus principales problemas, como es el caso de la vivienda. Así lo cuenta en declaraciones a EL CORREO GALLEGO la presidenta de la AAVV A Xuntanza, Montse Vilar, haciendo hincapié en la falta de vivienda residencial disponible y en la subida desmedida del precio del alquiler y de compra de los pisos. Además de ser la problemática sobre la que más número de quejas recibe la asociación vecinal, en los últimos meses es también una realidad “preocupante, porque no momento no que a vivenda é o principal problema para asentarse no barrio ten toda unha deriva”, desencadenando un proceso que acaba por afectar al comercio local y de proximidad que “é do que se sostén o barrio”.

Si bien es cierto que el problema de la vivienda “é moito máis amplo e multicausal”, forma parte de un “cambio importante que levamos vivindo no barrio, nós levamos falando xa da turistificación dende 2019” y que se evidencia, entre otras cuestiones, en la subida del precio de la vivienda y en la proliferación “de negocios que non están dirixidos aos servizos, senón a outros perfiles de poboación que poidan estar polo barrio, principalmente turístico”, relata Montse.

Un cambio visible para cualquier vecino del barrio o para aquellos que ven imposible alquilar una vivienda en la zona. “O barrio non ten nada que ver co que era, agora é todo para o turista”, cuenta en declaraciones a ELCORREO una vecina que lleva más de veinte años viviendo en San Pedro y, por tanto, presenciando su transformación. 
Un barrio en el que es prácticamente imposible encontrar un piso asequible, pues como fruto de la turistificación, muchos propietarios de viviendas optan por subir los precios, ya que según su parecer “el barrio lo vale”. 
La transformación del modelo 
Hai unha transformación real do modelo de barrio (como fruto de esa turistificación), que se acelerou trala pandemia”, a la que se suman una “serie de actuacións a nivel das administracións sobre o espazo físico que están transformando de maneira clara o que son os modos de vida das comunidades que habitan San Pedro”, explica Montse Vilar. 
Entre esas actuaciones, la presidenta de la asociación destaca las obras de humanización de Concheiros que, desde su inicio, estuvieron marcadas por la polémica y el malestar de los vecinos, especialmente por la gran demora, pues los nueve meses del plazo de ejecución previstos inicialmente, se convirtieron en más de dos años. 
Las obras, que los vecinos denominan como “impostas”, estaban enmarcadas en un proyecto impulsado por el Gobierno gallego para mejorar e integrar las entradas de los Caminos de Santiago en la capital gallega. Siendo el barrio de San Pedro la entrada del camino francés, se convirtió, por lo tanto, en el gran foco. 
Durante meses, las obras de humanización de Concheiros mantuvieron en vilo a vecinos y comerciantes, que se vieron afectados por una intervención que duró más de la cuenta y que afectó a una de las calles más transitadas de Santiago. Para muchos, como es el caso de Fernando Lema, uno de los socios fundadores de la Unitaria, la obra “é un cúmulo de despropósitos e é para facer tres tempadas de Netflix”, comenta sobre todas las problemáticas que derivaron de dicha intervención. 
Y es que, en la actualidad, muchos vecinos siguen sufriendo sus consecuencias, pues como fruto de la remodelación de las calles, se redujo el número de aparcamientos disponibles. 
Una situación muy criticada por los comerciantes de la zona, ya que llegó incluso a afectar en la productividad de sus establecimientos. “Os negocios non funcionan se non hai onde aparcar, hai xente que deixou de vir por iso”, cuenta Ramona Martínez, que regenta la Churrería San Pedro junto a su marido desde hace ya 19 años. Una afirmación que también ratifica la peluquera Marta Álvarez, asentada en el barrio desde hace casi dos años con su negocio, y que también ve como la falta de aparcamiento “repercute a nivel clientes”. “Algunos no vienen porque no tienen donde aparcar”, sentencia al respecto. 
La pandemia: punto de inflexión 
A pesar de que tras la pandemia ese proceso de turistificación se ve incrementado, el confinamiento también supuso un antes y un después para los vecinos y comerciantes de San Pedro. “O confinamento permitiunos evidenciar o que era a cidade sen turistas (...) e fumos plenamente conscientes de que non necesitábamos saír do barrio para subsistir”, explica Montse Vilar. Una percepción que permitió al vecindario “redescubrir o que era a cidade, que a sostén e cal é a súa identidade”. 
Esta ‘revelación’ se vio interrumpida con la llegada de la desescalada, donde se produjo un incremento de visitas “hasta o punto que había unha sobreturistificacion e masificación de chegadas, un descontrol de números que a cidade non era capaz de manter”, cuenta Vilar. 
Así, a los problemas derivados de la vivienda, de la falta de aparcamientos y de la obra de Concheiros, con el fin del encierro volvía un viejo conocido con mucha más fuerza: la masificación turística. 
Por aquel entonces, raro era el día en el que por San Pedro no entraban grandes grupos de turistas sin control y con actitudes poco cívicas con el vecindario. “Todo é ruído, cantan seguido, eu non entendo porque teñen que entrar cantando a San Pedro”, se queja una vecina en alusión a varios grupos de peregrinos que inundaron el barrio gritando, una estampa que no dejó de repetirse durante los meses de verano. 
Al respecto, Lema lamenta “que se siga promocionando tan salvaxemente e se obvie que hai un problema”. Los últimos acontecimientos (en alusión a la llegada masiva de la JMJ Lisboa o el Ecofin, en el que no había taxis) evidencian que “a cidade non ten capacidade nin está preparada para aturar máis turistas nas tempadas altas”. 
“Desde Semana Santa ata setembro, ti non podes pedir un taxi”, explica el socio de Unitaria que hace mención además a que “hai un desprazamento, están botando aos veciños”. 
Como consecuencia de esa masificación, que irrumpe en el día a día del vecindario, se asentó un gran descontento y malestar social entre vecinos y comerciantes, especialmente por los ruídos y la ocupación del espacio público. 
Lema también pone el foco en estos ruidos: “eu vivo en Concheiros e é que non podes descansar un día, é esgotador”. En los mismos términos habla la peluquera, que ironiza sobre la “convivencia maravillosa” con los turistas, pues hay ocasiones en las que la masa de peregrinos es tal que “no nos dejan entrar por las puertas, salir del garaje o incluso tomar algo en una terraza porque no hay sitio”. 
Otro de los conflictos con los peregrinos se debe al uso de la bicicleta para bajar la calle de San Pedro, lo cual está prohibido y señalizado, pero “aínda que non se pode baixar, baixan igual”, explica Lema, que incluso llega a decir que “se non vivira xa no barrio, agora mesmo non decidiría vivir aquí”. 
Es muy triste que no vean que la gente que vive aquí no está muy cómoda”, es otra de las opiniones más reiteradas en un barrio ahogado por el turismo. 
Código de Boas Prácticas 
A esta “chegada descontrolada” se sumó “unha falta de responsabilidade a nivel afectivo por parte das administracións” que evidenciaban “o modelo turístico polo que está apostando a cidade”. “Parece que todo é camiño e é Xacobeo, que todo é camiñizable e xacobilizable”, incide Montse Vilar. 
Por ello, y tras lo vivido durante el confinamiento, “a veciñanza puxo un freno, unha barrreira como dicindo: ‘estamos aquí, vivimos aquí, necesitamos que alguén o teña en conta’”, explica la presidenta de A Xuntanza. 
Como fruto de esta sensación, la organización vecinal recopiló las principales quejas de los vecinos y surgió el Código de Boas Prácticas, que además de tener como objetivo trasladarlo a las administraciones, tenía otro mucho más amplio: el de repensar el modelo turístico de la ciudad. 
Al respecto de la iniciativa, Vilar sostiene que tuvo bastante más repercusión de lo esperado y que incluso “pensamos que o goberno actual recolleu un pouco o espíritu e empezou a mover a campaña esta de Compostela Fráxil”. 
Con todo, esta iniciativa de la asociación, que también tuvo un trabajo audiovisual por detrás, supone solo un grano de arena de todo lo que aun queda por hacer. 
Montse vuelve a incidir en que la solución pasa por “repensar o modelo turístico de Compostela”. É necesario poñer sobre a mesa todo isto e ver cara onde queremos camiñar (…) senón esto desembocará na expulsión da veciñanza e a cidade convertida nun parque temático”, sentencia. 
Y es que, el modelo apuesta por un turismo que presiona, que invade y cuya consecuencia más directa, además de la expulsión de los vecinos, será la pérdida de identidad que antaño caracterizaba y atraía de este barrio compostelano a partes iguales.

Otras claves 

A pesar de todas las consecuencias negativas que la turistificación puede tener sobre los establecimientos de San Pedro (como el cierre de comercios y su sustitución por otro tipo de negocios como albergues o lavanderías autoservice), existen locales en los que su supervivencia depende, en mayor medida, del gasto de los peregrinos. 

Es el caso de la Churrería San Pedro. Su dueña nos cuenta que durante el verano apenas queda gente del barrio, por lo que “traballamos moitisimo, sobre todo do peregrino”. A su parecer, “se tiveramos que traballar no verán sen ningún peregrino, teríamos que cerrar”. 
Una situación que para ella sufren muchos hosteleros, ya no solo de la zona sino del casco histórico compostelano: “Creo que se a Santiago lle falta o peregrino, os negocios pecharían”, finaliza. 
El ascensor y otras problemáticas 
Siempre la hubo, pero no tanta como ahora”, así habla de la droga la vecina que lleva más de veinte años viviendo en San Pedro. Y es que, junto a todos los problemas mencionados, la droga y los okupas son otras dos cuestiones por las que el vecindario “está tendo bastantes conflictos”, explica. 
Una situación que se vive en otros barrios de la ciudad y en la que, en los últimos meses, se produjeron varias redadas en narcopisos. 
Por otro lado, la falta de mantenimiento es otra de las peticiones más reiteradas. “Está moi desatendida a calle principal, o barrio de San Pedro abarca moito máis”, exclama otra vecina de la zona. 
Finalmente, fuentes consultadas por este medio también incidieron en la falta de mantenimiento del ascensor de Triacastela que, a pesar de ser fundamental para conectar los barrios de Fontiñas y San Pedro, acumula ya varios fallos en su funcionamiento. 
(Des)facendo barrio: el documental 
“As admnistracións só se preocupan do récord”, é unha das voces que protagoniza o documental transmedia (Des)facendo barrio. San Pedro, autovía para turistas. 
Un corto de unos aproximadamente 15 minutos en los que son los vecinos los que cuentan lo que están sufriendo. Fue grabado entre abril y julio de 2023 por dos estudiantes para su TFM: Érika Martínez y Samuel Pérez; y ha sido presentado recientemente en la Unitaria. 
“O obxectivo era poñer sobre a mesa a problemática, visibilizala. Vimos que había bastantes novas pero non había ningún traballo audiovisual”, comenta Érika. "Queríamos poñerlle cara á xente que sufre este problema", añade Samuel. Ambos coinciden y destacan la gran implicación de los vecinos durante la grabación."


Unos meses antes, el 10 de junio de 2023, Álvaro Sevilla titula su artículo para La Voz de Galicia "La alta presión turística moviliza a los barrios de Santiago: «O que estamos vivindo é unha hiperturistificación da cidade»", haciéndose eco de las quejas vecinales, anunciando que "En San Pedro retomarán el decálogo de buenas prácticas que se hizo viral en el 2022 y recuerdan que "que paga os impostos e os servizos son os que estamos aquí". Y así, el 31-7-2023 y en el mismo periódico leemos el titular El Ayuntamiento de Santiago saca un decálogo de buenas prácticas para evitar las actitudes incívicas relacionadas con el turismo, que se desarrolla en la siguiente noticia:
"El Ayuntamiento pondrá en marcha mañana una amplia campaña informativa y de concienciación para tratar de erradicar los actos incívicos que se están produciendo en la ciudad relacionados con la actividad turística, sobre todo en el entorno de la Catedral y en el principal acceso jacobeo a la ciudad, el barrio de San Pedro. La campaña se desplegará en múltiples soportes (las páginas web de Turismo y el Concello y sus redes sociales) y en las oficinas de turismo municipales y autonómicas, así como en el aeropuerto, autobuses, mupis urbanos de información y de una veintena de parques, además del despliegue de personal para informar a pie de calle. 

 Eso en la ciudad, porque la iniciativa llegará más allá. Al menos a los albergues y alojamientos del Camino más próximos a Compostela, para que los peregrinos y turistas que lleguen por esa vía se vayan concienciando sobre la necesidad de conciliar su derecho al disfrute de la ciudad con el respeto a una convivencia ordenada con los compostelanos y con su patrimonio artístico, que también lo es de la humanidad. 

Turismo de Santiago remitirá a todos esos centros, además de a los hoteles de la ciudad y establecimientos turísticos, el Código de Boas Prácticas, un decálogo para promover un turismo sostenible y en el que se invita a los visitantes a disfrutar de la ciudad, de su patrimonio artístico, zonas verdes y su vida cultural, pero también a hacerlo con sentido común en el uso de los espacios públicos y con el respeto que se merecen los compostelanos frente a manifestaciones de júbilo acompañadas de griteríos que alteran la convivencia. 
Un símbolo de reconocimiento universal, el que identifica el material delicado, el que debe «tratarse co máximo coidado», como el patrimonio histórico, es la base de esa campaña, que ayer presentaron en Raxoi la concejala de Turismo, Míriam Louzao; la subdelegada del Gobierno en la provincia, María Rivas; y la gerente de Turismo de Santiago, Flavia Ramil. Se trata de trasladar el mensaje de que Santiago es una ciudad patrimonio de la humanidad y exponer el cuidado que exige por parte de todos, también de quienes la habitan ocasionalmente. 
El Código de Boas Prácticas recoge, en gallego, castellano e inglés, una docena de consejos e indicaciones: la corresponsabilidad en el cuidado del patrimonio; el respeto a la diversidad; el interés por la autenticidad frente a «pseudo tradicións ou prácticas inapropiadas»; la singularidad del comercio y la gastronomía local; la necesaria contribución de los visitantes a mantener limpia la ciudad; su aportación también a la calidad acústica, evitando excesos de ruido al celebrar sus llegadas, ya sea vociferando o con el ruido de bastones sobre el pavimento, al que también dañan. 
La segunda mitad de ese decálogo arranca haciendo mención indirecta a los desmanes que se han visto en los últimos años en el Obradoiro y que se han intensificado este verano, aunque la alcaldesa defiende que no se han amplificado. El folleto indica que la calidad visual del paisaje urbano también «ten un valor excepcional» y que «non é unha área de pícnic nin unha zona de acampada». Los demás mensajes inciden en el respeto a la preferencia peatonal, recuerdan a los grupos numerosos que no están exentos de cumplir las normas de circulación y piden respeto para quien descansa sin tener que dejar de disfrutar de las muchas opciones de ocio que ofrece la ciudad, además de invitar a los visitantes a disfrutar de la tranquilidad de los parques urbanos y de ayudar con su actitud a la hospitalidad también. 
La campaña está pensada «en positivo», según Louzao, para motivar esas buenas prácticas entre los visitantes, aunque, con la información ya disponible en distintos formatos y medios, se comenzará a multar las situaciones sancionables. En San Pedro se empezará con los que bajan en bici en dirección prohibida en los próximos días, cuando se refuerce la señalización al efecto. Louzao defendió la tasa turística como medio para reforzar la limpieza y la seguridad.   
El Ayuntamiento está dispuesto a sancionar los actos incívicos ahora que ha puesto en marcha la primera fase para pedir sentido común en el uso de la ciudad a turistas y peregrinos. Pero lo tiene complicado con algunos de los actos que en los últimos meses han llamado la atención de los compostelanos. Ninguna ordenanza prohíbe comer en la calle —sí beber alcohol— ni dormir al raso en espacios públicos. 
Así lo asumía ayer Louzao, quien adelantó que el Concello quiere «facer as mudanzas precisas» en las que regulan el uso de los espacios públicos «para recoller estas cuestións que non están e que deberían estar». Pero eso precisa tiempo, dice la responsable de Turismo, quien también advierte que, aunque no sean punibles según la normativa municipal, hay cuestiones que son «de sentido común» y que deberían evitarse, como los pícnics en el Obradoiro. Y eso pretende el decálogo que ayer ya era visible en los mupis y que hoy se comenzará a distribuir en múltiples formatos y con distinto alcance social. 
Borja Verea (PP) insistía ayer en que con la información no es suficiente y reclamaba más presencia policial en el caso viejo y un reglamento para evitar estas situaciones y sancionarlas."

Y aquí tenemos el Decálogo de buenas prácticas para el final del Camino publicado por la Asociación Veciñal A Xuntanza, del que alguien ha dicho ya que habría de ser "extensible a todo el Camino". Y es que ya había saltado la máxima alarma, bien descrita por Rodrigo Brión Insua en Galicia@Press con la noticia Compostela tiene que elegir: o "parque temático para peregrinos" o ciudad que no "expulse" a sus vecinos en la que podemos leer lo acontecido tras una masiva llegada de peregrinos a la ciudad:
"Los vecinos de Santiago de Compostela han vivido semanas de tensión por la llegada de miles de peregrinos en las últimas semanas con motivo de la Peregrinación Europea de Jóvenes, un evento que puso contra las cuerdas el difícil equilibrio existente para la convivencia entre residentes y turistas. Los vecinos del barrio de San Pedro son de los más afectados por un modelo de turismo que consideran incompatible con una ciudad "con turismo religioso, pero también una oferta cultural atractiva, capital de Galicia, tradición universitaria, foco de innovación con una economía y vida social dinámica...". 
Mercedes Vázquez, miembro de la junta directiva de A Xuntanza, explica para Galiciapress las principales tensiones existentes en un barrio con los alquileres disparados por el peso del turismo, "hostil" para sus residentes más veteranos y que corre el riesgo de morir de éxito.  
Imaginen por un momento que toda la población de Baiona o Fene se marcha a Santiago de Compostela durante una semana entera. Más de 12.000 personas en agosto por la capital gallega, que ya dispone de un espacio limitado. Añadan a esto los turistas habituales, un goteo constante de centenares de personas en pleno Xacobeo. Pues este colapso es el que han vivido los compostelanos la semana pasada, con motivo de la Peregrinación Europea de Jóvenes, un evento que despertó las críticas de muchos vecinos por las escenas consideradas “incívicas” por los residentes, que se quejaron de los ruidos y las molestias provocadas por los jóvenes.  
Entre los denunciantes está la Asociación Veciñal A Xuntanzadel barrio de San Pedro, puerta de entrada para muchos peregrinos que terminan el Camiño de Santiago. La plataforma reconoce que estos días fueron “complicados” por “el impacto que tanta gente tuvo” en la vida cotidiana de la zona. “Hay que tener en cuenta que a día de hoy en la zona histórica deben residir alrededor de 15.000 personas, así que 12.000 (más los turistas de otro perfil) son mucha gente para una zona bien pequeña”, recalca Mercedes Vázquez, parte de la junta directiva de la organización. 
Espacios públicos saturados, basuras que no se recogen, ruidos, riesgos para la movilidad… Muchos son los inconvenientes que citan los vecinos por la turistificación que sufre su barrio y con la que conviven “durante varios meses al año”. “Por no hablar de la presión del turismo sobre el precio de los alquileres de viviendas y bajos comerciales, o de la evidente banalización de la experiencia del Camiño”, apostilla Vázquez.  
UN TURISMO QUE “EXPULSA” A LOS VECINOS 
Sin embargo, estos días el turismo fue un paso más allá y el difícil equilibrio para la convivencia entre los visitantes y los vecinos se fue al traste. “¿Conoces la diferencia entre un aficionado al fútbol y un grupo de hooligans? Pues eso es lo que tuvimos aquí”, ejemplifican desde la Asociación, que no entienden cómo en los alrededores del Bernabéu o Riazor esas prácticas no se consienten mientras que “aquí sí”. 
“Pero estas personas son solo la punta del iceberg de una industria que, como una fábrica de quesos o tableros, tiene un impacto que tiene que ser estudiado y limitado”, razona Vázquez. 
Ante ese iceberg del que habla la organización, A Xuntanza puso a disposición de todo el mundo un decálogo de buenas prácticas para peregrinos y visitantes, especialmente enfocado para la etapa final del Camiño de Santiago. Respetar a los vecinos, minimizar los ruidos o reducir el impacto sobre la vía son algunos de los puntos del documento, que actuó como “medio de denuncia” y que tuvo una acogida “unánimemente muy positiva” en el barrio, pero también de personas y negocios de otros puntos de Galicia atravesados por ramales de la ruta xacobea que sufren a diario episodios como los relatados en San Pedro."

Otro de los comercios con solera en San Pedro es el del zapateiro Pampín, uno de los últimos de la ciudad, entrevistado por Olalla Sánchez para La Voz de Galicia del 30-7-2023:
"Apura los días que le quedan para las vacaciones. «Necesítoas. Traballo moito. Boto neste recunchiño doce horas ao día», apunta José Pereiro, el zapatero de 60 años que atiende en la rúa de San Pedro a clientela de todo Santiago. Fue en lo alto de esa calle donde abrió en 1987 su establecimiento de reparación de calzado Pampín, nombre por el que ya se le conoce. «Aquí todos chámanme así e eu respondo. É o apelido da miña muller, María del Carmen Pampín. Só os comerciais danse conta ao ver a factura», aclara riendo, agradecido al calor vecinal. «Xa no meu primeiro día, hai 36 anos, tiven doce clientes. É algo que non esquezo, ao igual que o de como mudou todo. Nos 80 esta rúa era de dobre sentido e podíase aparcar. Daquela eramos catro os que reparabamos calzado nela e agora só quedo eu», lamenta, admitiendo su entrega a un oficio tradicional. 
Nacido en O Pino, creció en Arzúa, donde se inició como albañil. De joven se instala ya en Santiago. «A miña familia política é da rúa de San Pedro onde tiña este baixo, no oco das escaleiras. Eu quedara no paro e animáronme a montar algo nel. Tras aprender o oficio co zapateiro Ramón Castiñeiras na rúa do Franco, aos meses abrino. O traballo antes era máis sinxelo», prosigue desde un reducido, pero alargado espacio que no aparenta 30 metros cuadrados. «Dá pena que a xente non poida ver as máquinas que teño, como a de vulcanizar, coa que elaboro solas. Eu cóntoo, pero non é o mesmo», señala con entusiasmo, reconociendo ser «falador». «Gústame tratar coa xente, aínda que me despisto cos nomes. Dinme: "pero se son do barrio!"», afirma. 
«Aquí houbo épocas moi boas, sobre todo ata o 2007, cando arranxaba ata 30 pares ao día; logo baixou, pero nunca me faltou traballo. De feito, se algo me pesa é o estrés. Gústame ter os pedidos a tempo», defiende. «Outra clave para resistir foi o sacrificio e ser sincero. Con varios veciños levo tanto anos, incluso dende o inicio, que me deixan os zapatos e dinme: "failles o que lles teñas que facer, coma se fosen teus". Confían. Varios volveron despois de que nunha ocasión lles avanzara que non os reparaba. Se non merece a pena, é mellor contalo», admite con una valorada honestidad. «Un home tróuxome unhas botas e cando as metín na prensa non ía. En cada unha había un rolo con moito diñeiro. Foi no covid, cando, por medo, gardábanse os cartos. Ao ver o dono que non os tocara, recoñeceumo», evoca con orgullo. 
«O groso da miña clientela son veciños de 30 ou 40 anos. Houbo un relevo xeracional», constata, recordando más vivencias. «Un rapaz quixo reparar unhas botas Martens que case non estreara e que seu can mordera. Busqueille a pel ata en Alicante, pero saía caro. Ao final tinguín unha que tiña e reconstruínas. Quedou encantado, aínda que aos 15 días o can traboullas de novo e tamén ás da moza», recuerda con pesar por él. «O difícil para min é atopar materiais, non facer de cero uns zapatos», añade aclarando que esa es su «espinita». 
«Se fose máis novo comezaría coa fabricación artesanal de calzado, metería máquinas. É unha cousa bonita. Eu fágome os meus zapatos», muestra. «Un home insistiume en reparar uns tenis Adidas, de edición limitada, que tiñan a tea picada. Desmonteinos e fíxenos de novo. Xa dixen que agora eran de edición exclusiva», comenta sonriendo, explicando que ese trabajo lo compartió en Instagram. «Chámame a atención a repercusión que teñen nas redes sociais os arranxos e que a xente se sorprenda ao ver que se pode reparar de todo», sostiene. «Iso tamén nolo comentan peregrinos», añade desde una calle cada vez más transitada. «Un italiano detense aquí cada ano. Unha malagueña xa me envía zapatos. Arranxei outros para unha voda en Suiza», enlaza. 
Ya sobre el oficio, no es optimista. «En vinte anos, cando os mozos se xubilen, pode quedar restrinxido aos centros comerciais. Para aguantar necesítase esforzo. Ás miñas fillas non me gustaría velas nisto, tamén polo local. Cada vez somos menos os zapateiros que resistimos, como antigamente, en portais», subraya. «Na pandemia, para apoiarnos e resolver dúbidas, montei un grupo de WhatsApp con zapateiros de toda España. Ata fixemos unha xuntanza en Valladolid. Foi outro acerto», acentúa de nuevo risueño".

Y en El Correo Gallego del 21-4-2026 es Alba Prada Estévez quien nos deja esta referencia en relación a este y otros oficios tradicionales que resisten en Santiago de Compostela:
"Muchos compostelanos se sienten últimamente unos extraños en su ciudad. Buena parte de los negocios de toda la vida han cerrado para dar paso a tiendas orientadas al turista y al consumo rápido. No obstante, no todo es blanco o negro. Santiago conserva un tejido de profesionales que desafía la lógica del mercado contemporáneo. En una época marcada por la producción en serie y la inmediatez, mantiene oficios tradicionales que representan otra forma de entender el trabajo: más lenta, más precisa y profundamente vinculada a la identidad cultural de la ciudad. En medio de las tiendas de souvenirs o de las lavanderías de autoservicio, la capital gallega alberga varios tesoros: desde artesanos que trabajan la plata siguiendo patrones medievales hasta encuadernadores, zapateros o sastres que mantienen vivos saberes casi extinguidos. (...) 
Durante décadas, los zapateros formaron parte esencial del tejido urbano: no solo fabricaban calzado, sino que lo reparaban, lo adaptaban y alargaban su vida útil en una economía donde tirarlo y comprar otro no era una opción. Además, en el caso concreto de Santiago eran una figura casi imprescindible en el casco viejo dado que los peregrinos necesitaban frecuentemente arreglos de urgencia. Con la llegada del calzado industrial y el cambio en los hábitos de consumo (más orientados a lo desechable), el número de talleres ha disminuido notablemente, pero todavía resisten algunos en la ciudad. Reparaciones de calzado Pampín, en la Rúa de San Pedro, o Zapatería Zafiro, en las Galerías Zafiro de la Rúa de Frei Rosendo Salvado son algunos de los negocios que llevan años arreglando el calzado de los compostelanos".

Pasamos a Isengard "la librería friki del barrio", como la llama Ana Ramos para otro de sus artículos en el periódico El Español, este el del 13-3-2026:
Desde hace dos semanas, en el barrio de San Pedro de Santiago (en el número 112 concretamente), hay un espacio único y especial para los amantes de la literatura fantástica y del mundo del diseño gráfico, la librería Isengard, que abrió sus puertas el 26 de febrero de la mano de su vecino Andrés.
Tras varias andaduras en distintas tiendas que le hicieron abrir una propia, pero que tuvo que cerrar por la crisis, este compostelano vuelve a montar su propio negocio al lado de su casa. "Surgió la oportunidad de coger este local" comenta Andrés, "está cerca de casa, abro a las 10 y puedo salir a las 9:50 y aún me sobran tres minutos para abrir", bromea.

Con esta apertura dice Andrés que viene "a hacer lo que sé hacer" que, además de tener una amplia experiencia de cara al público, también cuenta con ser un experto en el mundo friki. A los 13 años tuvo su primer contacto con un cómic gracias a los periódicos, "los dominicales ponían cómics en fascículos", recuerda, "estaba acostumbrado a los Mortadelos y todo eso, de repente veía fragmentos de cómics de ciencia ficción y que se vendían, no solo en el periódico, y ahí empecé".  
Años después, mientras estudiaba en Pontevedra, encontró su segunda casa en la Librería Paz, "me hice muy amigo del chico que la llevaba y fue mi mentor para mi primera aventura de tiendas. De hecho, fue el que me metió mucho el gusanillo en cómic". Ahora, es el propio Andrés quien recomienda a los clientes en su tienda y el que le abre un mundo nuevo a muchas personas, "me gusta pensar que hago un poquito como él". 

El término friki para él no es algo despectivo, "puedo decir que soy uno de los acuñadores del término", comenta entre risas. Así que, lejos de huir de ello, quiere convertir su local en "la librería friki del barrio". 
Para él, recomendar un cómic tiene mucho que ver con ser un poco "un psicólogo", para entender lo que le puede gustar a las personas, y también supone luchar contra el estigma de que "los cómics son para niños". Así, explica que "hay mangas serios y muy buenos" como Monster o cómics como Persépolis. 
"El lenguaje del cómic es muy distinto al de los libros", explica el dueño, "entre las recomendaciones que les hago a padres y madres muchas veces digo: si tu hijo no lee, comprarle un cómic no va a implicar que lea libros, ni siquiera que lea cómics. Hay chavales que leen libros y que leen cómics, es un estigma con el que hay que luchar" 
Un espacio de lectura y socialización 
Antes de entrar por la puerta, la tipografía, los dibujos hechos a mano en su exterior y el propio nombre de la tienda (referido a una fortaleza de El Señor de los Anillos) ya resumen muy bien lo que podemos encontrar en este espacio. "Es una tienda multivalente, tienes un poco de todo", resume Andrés. 
Aparte de cómics, mangas y literatura fantástica, de ciencia ficción o romántica; en Isengard también se puede encontrar y comprar juegos de mesa o modelismo que cuenta Andrés que vende casi a diario, "hacía muchos años que en Santiago no había modelismo, cerraron las últimas y está yendo bastante bien". 
Otras de las cosas más interesantes de la librería es su espacio de juegos, donde cualquier persona se puede sentar a jugar gratis en una de las mesas, "incluso tengo zona Wii, por si la gente quiere echar una partida un rato", añade Andrés. 
Además de la gente del barrio y de alrededores (como Concheiros o Fontiñas), también está yendo "mucha gente nueva que está empezando a venir a jugar y, tímidamente, a usar las mesas". De hecho, en la tienda ya han comenzado con sus "jornadas nocturnas" de juegos de mesa después del horario de cierre. 
"La gente que quiera venir a jugar, sobre todo orientado a estudiantes o trabajadores, que terminan de trabajar y dicen: “quiero echar una partida; en casa no puedo, no tengo espacio”, pues pueden venir aquí. Estamos hasta las doce de la noche con juegos de rol, de mesa, de cartas, lo que sea" una actividad por la que "tampoco se cobra". En Isengard también están preparando sus primeros torneos y "muy pronto espero poder anunciar los primeros cursos de ilustración, de pintar miniaturas". 
Andrés comenta que a este tipo de locales les ha ayudado mucho la "desdemonización del juego de mesa" y conocer "más allá del Monopoly de toda la vida"."En los universitarios, por los años que estuve en otras tiendas, se compraba muchísimo el juego de mesa pequeñito", un tipo de juego que destaca que "está triunfando mucho", "no tienes que explicar millones de reglas: sacas la baraja te pones a jugar y ya". 
Isengard es una tienda que no entiende de edades, "está viniendo mucho señor mayor a preguntar si iba a traer maquetas de barcos", y abierta a todo el mundo, "hay espacio para los perritos, el cubil de huargos (criatura ficticia creada por J.R.R Tolkien), que quieran venir y que puedan beber, también tengo golosinas para ellos". 
Una librería que ha venido a dinamizar a uno de los barrios más especiales de Compostela y dinamizar la vida de sus vecinos de la mano de uno de ellos, "por ahora lo del online no me lo estoy planteando seriamente, a mí me gusta que pasen los chavales y digan: "¿te ha llegado la novedad de esto? Encárgame tal" o que echen unas partidas"

A la derecha de la calle, otro restaurante: TS A Casa, de Santiago Abal y Marco Medeiros, La comida vegana que fusiona las Gastronomías de Galicia y Brasil, anuncia Mariló Pérez, de nuevo para el periódico El Español, a fecha 19-3-2025:
"Después de una amplia experiencia en el sector de la hostelería, hace ocho años Santiago Abal y Marco Medeiros se mudaron a Santiago de Compostela. Durante un paseo por la ciudad, Abal descubrió el barrio de San Pedro y lo tuvo claro. "Me llamó para decirme que si algún día volvíamos a abrir un negocio, tenía que ser ahí", relata Marco Medeiros. Así nacía TS A Casa (rúa de San Pedro, 113), una tapería para disfrutar de la comida vegana y vegetariana.
"Ahora hay muchísimos restaurantes vegetarianos, pero en 2017 solo había dos, así que aprovechamos ese nicho de mercado", señalan sus responsables. En un primer momento, Santi y Marco abrieron este negocio como coctelería, pero a la gente le fue gustando su oferta gastronómica y pasaron a centrarse en las comidas. "Nacimos como una coctelería con tapas y al final somos una tapería con cócteles", explica Santi Abal. Actualmente, cuentan con una carta conformada por una veintena de cócteles. 
Su cocina fusiona las raíces de ambos -Santi es de Sanxenxo y Marco de Brasil- y elabora con productos gallegos y de proximidad recetas brasileñas. Además, se caracterizan por preparar todos sus platos desde cero.  
Cuentan con una carta fija, en la que hay determinados platos que son inamovibles. "Hay un par de platos que los clientes no nos dejan sacar de la carta, como la hamburguesa A Casa y la hamburguesa libanesa, los nachos o el hummus", explican los responsables del local. Las tostas, croquetas o la focaccia completan su carta. 
Además de esta carta fija, ofrecen sugerencias semanales en las que Marco y su equipo dejan volar su parte más creativa, con platos que intentan adaptar a los productos de temporada. Entre sus últimas creaciones destacan su versión de la francesinha portuguesa, un burrito gallego-brasileño a base de grelos o un bollito de maíz típico de Brasil. 
Cuentan con opciones sin gluten y aunque su carta está conformada por elaboraciones veganas y vegetarianas, reconocen que el "80% de los clientes no son vegetarianos ni veganos, sino gente del barrio que viene a tomar algo y termina compartiendo un par de platos". 
De hecho, parte de la esencia de TS A Casa es que la gente de San Pedro se acerque a disfrutar de este acogedor espacio. Aunque por su ubicación también cuentan con turistas, destacan que han conseguido mantener el carácter de barrio a lo largo de los años. "Trabajamos mucho con la gente del barrio y eso es fundamental", destacan".

Dada la creciente demanda de cocina vegana en el Camino, nos agrada mucho compartir lo que de esta casa de comidas ha de decirnos Planomato:
"Si estás paseando por el barrio de San Pedro en Santiago de Compostela, es muy probable que te cruces con el TS - A Casa. Está en la Rúa de San Pedro, 113, justo en esa zona con tanta vida antes de entrar de lleno en el casco histórico. Es un local pequeño, con capacidad para unas 40 personas, que se siente bastante íntimo y acogedor. Lo llevan Santiago Abal y Marco Medeiros desde 2017, y han conseguido crear un espacio donde la cocina vegetariana y vegana se mezcla con toques gallegos y brasileños de una forma muy natural. No esperes grandes lujos decorativos, sino un ambiente alegre y cercano, de esos donde te sientes cómodo desde que entras por la puerta.
La carta es honesta y se nota que todo se hace allí mismo. Si vas con idea de picar algo, las croquetas son una de las opciones más variadas; tienes desde las de queixos galegos o boletus (vegetarianas) hasta las de portobello o verduras (veganas y sin gluten), con precios que rondan los 10€ o 11€. Otro plato que suele salir mucho de cocina son los nachos A Casa, que llevan un chili con carne de soja y crema tipo cheddar por 12€. Si prefieres algo más contundente, la burger A Casa es de las más pedidas: lleva una burger de soja, queso cheddar, rúcula y una salsa de pimentón en pan artesano. También tienen opciones curiosas como la focaccia de carbón, que es un pan negro con mozzarella y tomatitos, o los ñoquis de plátano con salsa de queso, que es una de esas recomendaciones que siempre aparecen en las reseñas de quienes lo visitan. 
Para beber, además de las cañas y tercios habituales de Estrella Galicia, tienen una selección de cócteles bastante amplia para el tipo de local que es. Puedes pedir desde una caipirinha o un mojito por unos (...)€ hasta un daiquiri frozen por (...)€. También trabajan con vermús locales como Petroni o Lodeiros. Es un sitio que funciona bien tanto para una cena tranquila como para empezar la noche con un cóctel. El rango de precios por plato suele estar entre los (...)€ y los (...)€, lo que permite comer o cenar por un precio razonable compartiendo un par de cosas. El local es accesible para sillas de ruedas, aunque al ser pequeñito conviene tenerlo en cuenta si vas en grupo. Abren de forma regular durante la semana, aunque siempre es buena idea echar un ojo a sus horarios actualizados antes de ir, ya que suelen estar bastante concurridos por la tarde-noche".

"El barrio de San Pedro se encuentra en el último tramo del Camino de Santiago y por él se entra en la ciudad histórica de Compostela. Acostumbrado a ver pasar peregrinos desde hace siglos, ya que es casi tan antiguo como la ciudad misma, ha pasado en los últimos años a convertirse en uno de los núcleos culturales y gastronómicos más activos de Galicia", nos explican en Buendía Tours, pero no solamente eran peregrinos los que iban y venían, sino todo tipo de gentes, dado que era la entrada principal a la ciudad:
"Nacido como un conjunto de suburbios y calles dispersas a la entrada de Santiago por el Camino Francés, era también utilizado por todos los que iban a Castilla y al norte y este de Galicia. Por esto, por aquí no solo llegaban peregrinos, también comerciantes, granjeros y viajeros en general. Este movimiento de personas y bienes, ha marcado profundamente la fisonomía del vecindario y el carácter de su gente, que aún hoy es acogedora, dinámica y cosmopolita. 
Durante siglos, el barrio concentró algunas de las actividades peligrosas o no saludables, que no podían llevarse a cabo dentro de los muros de la ciudad. Nada que ver con la realidad del barrio de hoy en día, donde tabernas de toda la vida, en las que aún es posible escuchar gaitas o cantos de taberna, conviven con estudios creativos, librerías y, en general, espacios dedicados a las artes".


Artes y artesanías, como El Taller de Fer, dedicado a artesanía en cuero en una de estas casas tradicionales que acaso sean de las más antiguas del barrio. Aquí trabaja Fernando Castro, De administrativo a maestro del cuero titula Patricia Calveiro el reportaje que le hace en La Voz de Galicia del 4-11-2025:
"Nació en el País Vasco, pero Fernando Castro Cores lleva en Galicia ya 30 años y ha criado a sus hijos hablándoles en gallego, lengua en la que se maneja en su día a día. Aunque, en general, «tampouco son moito de falar», dice este artesano de Compostela de 55 años, quien antes de convertirse en un maestro del cuero fue administrativo. 
«Cheguei a esta terra de forma ocasional. Acabei de estudar na universidade e os meus pais, que son galegos, tiñan unha casiña en Vedra, na que eu resido hoxe. O meu irmán sacou nese momento praza e veuse tamén. E eu coñecín aquí a unha moza, tiven dous fillos e quedei», resume de forma apresurada. Su oficio lo aprendió también de manera un tanto casual, constata: «Aos 5 anos de estar aquí quedei sen traballo. Coñecín a un rapaz arxentino e os dous empezamos a xogar co coiro e a menternos no mundillo. Apredemos así, pola nosa conta, indo a algunha que outra feira a ver que tal. E, co tempo, metémoslle un pouco máis de cartos e subimos de peldaño. O meu socio dediciu dedicarse a outras cousas e eu seguín pola miña conta. Hai 15 anos, despois de andar trotando como moitos artesáns polas feiras, decidín abrir unha tenda na que vender os meus traballos e instalar o meu obradoiro, que ata entón estaba na miña casa». 
Así surgió El taller de Fer, en la rúa de San Pedro, donde Fernando también comparte sus conocimientos y enseña a trabajar el cuero de forma artesanal a sus alumnos —que tienen desde 20 a 81 años—, los miércoles por la mañana y jueves por la tarde (pasó de las dar clases en la asociación vecinal A Xuntanza a su taller, ahora más personalizadas y con mayor afluencia). «Hai moitísima demanda e teño neste momento lista de espera para vir a aprender. O bo do coiro é que necesitas pouquiñas ferramentas para comezar: unhas tesoiras, un punzón, sacabocados, matacantos, cúter, agullas, fío e para de contar», indica. 
Como artesano, él encontró su propia línea de diseño, en la que combina lo tradicional y la vanguardia«Tes que atopar a túa propia liña para destacar e eu utilizo moitos tipos de coiro, moi coloridos, e busco facer diseños orixinais tanto na forma como nas tonalidades». Fernando hace bolsos, carteras, joyas, cinturones... hasta jarrones de cuero y suvenires de la ciudad, aprovechando que su taller está al final del Camino Francés y por su puerta pasan muchos peregrinos y turistas. Tiene, de hecho, su propia línea de artesanía en cuero inspirada en Santiago y su cultura propia (tapones, llaveros, pulseras, fundas de libreta, marcapáginas...). 
Este mismo público foráneo contribuye a que su marroquinería traspase fronteras, así como la página web que estrenará este mes«na que só imos vender os productos que teña na tenda. É dicir, na web non se vai ofrecer nada que non estea xa feito. Ata agora tiña unha especie de catálogo de produtos, pero a xente non podía clickar e mercalos online como agora», aclara un maestro que vive de algo que le encanta. 
«Despois de vintepico anos nisto, segue apaixonándome o meu traballo», afirma Fernando, quien de cara a su jubilación ya se plantea la posibilidad de ampliar la escuela y crear un centro de aprendizaje no oficial de creación artesanal en cuero. Es solo una idea, por ahora, pero ¡quién sabe!".


Al pasar frente a las casas de más solera no dejemos de fijarnos en un detalle...


Las famosas placas de Seguros Mutuos Santiago, también con su historia. En el año 1865 se creó la Compañía de Bomberos de la Ciudad de Santiago merced a un acuerdo entre el Concello o Ayuntamiento y la Compañía de Seguros Mutuos contra Incendios. Como parte de ese acuerdo las casas con el seguro contratado lucían en su fachada esta identificación en forma de azulejo, la cual encontraremos en la mayoría de los edificios del casco histórico pues forma además parte de su patrimonio y no pueden ser quitadas. Pauli González Díaz nos informa además de su "curiosa conexión con el incendio de Londres" en el periódico El Español del 21-5-2024:
"Las placas de Seguros Mutuos Santiago están por todas partes, decorando las puertas y acompañando a los números que identifican los portales. Sin embargo, lo cierto es que  muchos compostelanos todavía desconocen su significado y su historia.  

Y es que las calles de la zona histórica de Compostela están tan plagadas de detalles e historia que pasear por ellas se convierte en un auténtico viaje por la cultura y los modos de vida de muchas generaciones pasadas.   

Hemos decidido irnos hasta la Londres de 1666 para averiguar de dónde vienen, que función cumplían y cómo llegaron hasta Santiago. ¡Te lo contamos!

El origen de las placas de seguros

Los primeros datos que existen sobre estas placas datan de 1666, cuando Londres sufrió un gran incendio que hizo que, por primera vez, se diera importancia a la protección de los edificios del fuego. 

Esta gran llamarada, originada por culpa del horno de una panadería, calcinó más de 13.000 viviendas y edificios tan importantes como la catedral de San Pablo. Duró tres días y tres noches, pues las casas de alrededor eran de madera y no existía ningún cuerpo especializado en el apagado de incendios. Esto último dificultó mucho las labores de extinción. 

Los destrozos hicieron saltar todas las alarmas entre la población, en especial las de Nicholas Barbon, un economista que decidió crear The Fire Office, la primera oficina especializada en incendios de edificios. Además, creó un grupo especializado que tuviera los conocimientos necesarios para acudir a solventar cualquier percance en aquellas casas cubiertas por este innovador seguro.   

La idea que se le ocurrió para saber con rapidez qué casas tenían seguro y qué casas carecían de él fue colocar una placa con el rótulo de un ave fénix en sus puertas. De esta manera, los cuerpos contraincendios podían identificar si debían actuar con un simple vistazo.  

De Londres a Madrid 

Esta tradición llegó a España en 1822, cuando nació la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas en Madrid. Esta asociación utilizaba los mismos procedimientos que la londinense. El único cambio fue sustituir el fénix por un texto con el nombre de la compañía en las placas.   

Al igual que sucede en Santiago, estas placas todavía siguen colocadas en las fachadas de muchos edificios de Madrid, pasando inadvertidas en muchos casos. Algo contra lo que decidió luchar Laura Arribas, una diseñadora de interiores de Madrid, que abrió una cuenta de Instagram donde comparte fotos de estas placas. (...)

Su llegada a Santiago  
En el caso de Santiago, estos seguros no llegaron hasta 1865, cuando nació la Compañía de Bomberos de la Ciudad de Santiago, primera organización dedicada a apagar incendios de Santiago. Esta resultó de la asociación entre el Concello y la Compañía de Seguros Mutuos Contra Incendios.   
Igual que sucedía en Londres y Madrid, no todas las casas estaban cubiertas por este seguro, pues no todas las familias podían permitírselo, así que sólo aquellas que lo contrataban tenían cobertura contra el fuego. Las casas que portaban una placas de azulejo con el nombre de la compañía en sus puertas eran las que estaban protegidas.   
Como de costumbre, esta placa, más allá de indicar a los bomberos si debían actuar o no, se convirtió en un distintivo más de clase y de poder adquisitivo, pues sólo las familias pudientes de Santiago podían asumir los costes del servicio. 

En la actualidad, las placas de seguros forman parte del patrimonio arquitectónico del casco histórico de Compostela al mismo tiempo que recuerdan la importancia de proteger los hogares contra el fuego. Además, se han convertido en un atractivo turístico, pues algunas tiendas de souvenirs tienen entre sus artículos imanes y otros objetos que imitan estos diseños."


No son, ni mucho menos, los únicos símbolos que podremos encontrar en las fachadas de las casas, sobre todo de las más antiguas


Aparte de los blasones solariegos de los pazos urbanos, otras marcas y emblemas señalaban, por ejemplo, la propiedad, tal que aquí


Un pino, por ejemplo, advierte que era su dueño el monasterio de San Martiño Pinario, que veremos al pasar al lado de la fachada norte de la catedral en dirección a la Praza do Obradoiro. A lo lados, muy gastadas, están las letras S M


Hermosa casa de tres plantas con balcón saliente de artística barandilla de hierro forjado en la superior. En la puerta vemos otra de las placas de Seguros Santiago. La planta baja es la sede de la parroquia


A la derecha sigue esta hermosa fila de casas populares pintadas de blanco pero que dejan a la vista sus marcos y dinteles de buena piedra granítica de sillería gallega


Nos acercamos a la 'misteriosa' rúa da Carricova, donde Ana Gayoso cuenta en El Español del 3-4-2022 que una leyenda dice que en ella se localizaban los más antiguos prostíbulos de la ciudad, así como que hubo una pequeña librería que alquilaba a los niños 'tebeos por horas'


Pero justo antes de llegar a ella vamos a fijarnos en los símbolos existentes en esta fachada

En la planta baja, entre la puerta y la ventana, hay un cáliz, lo cual señala que era propiedad del Concello de Santiago. Pero en la planta alta y a la derecha aparece una cabeza tocada con mitra


Parece representar un prelado; se sospecha sea una escultura románica procedente de algún antiguo sepulcro, acaso del extinguido monasterio de San Pedro de Fóra, que por alguna razón decidió reaprovecharse y colocarse en este lugar


La rúa da Carricova puede deberse al apellido, Carricoba, de algún antiguo residente, o a que, al ser una palabra equivalente a cuesta empinada o barranco, haga referencia a su desnivel, ya que es toda de escaleras. Por ella no hemos de pasar para nada, pero ya que la tenemos delante hablaremos de su 'misterio', relacionado además con las peregrinaciones

Foto: Ana Gayoso para El Español

A partir de esta rúa de San Pedro, al llegar al primer rellano hay once escalones; luego hay seis hasta llegar al segundo, cinco hasta el tercero y otros seis hasta llegar arriba, donde se llega a la unión con las rúas do Medio, do Rosario y do Campo da Angustia, es decir, una cadencia 11, 6, 5, 6 que coincide con los periodos de años en los que se celebra el Año Santo Compostelano, es decir, cuando el día de Santiago cae en domingo. No se sabe si es una mera casualidad o si se se hizo a propósito.  Olalla Sánchez en La Voz de Galicia del 19-4-23 intenta desentrañar este misterio ayudada por Eugenio González, párroco de San Pedro
"¿Casualidad o no? ¿Mito o realidad? La publicación de un tuit de un profesor de Xeografía de la USC, Miguel Pazos Otón, ha vuelto sembrar la duda sobre una coincidencia que muchos vecinos de San Pedro conocieron ya en el año 2020. 
Fue a finales de ese año de la pandemia cuando el salesiano gijonés Eugenio González, profesor emérito del Instituto Teológico Compostelano y vicario de la compostelana parroquia de San Pedro, publicó su libro A Santiago por San Pedro, en el que revela muchas de las vivencias y historias de este barrio que él conoció cuando solo tenía 16 años. «En ese momento yo vivía con un familiar que hacía de guía para los peregrinos franceses; con él supe muchas de las anécdotas y leyendas de esta zona. Luego, además de impartir catequesis, fui profesor de historia, algo que me fascina», explica González desde la propia rúa da Carricova, de cuya curiosa historia se hace eco en el título, y sobre la que se pronuncia. «El pasaje en el que recojo la coincidencia de los escalones con los años santos fue de los que más sorprendió a los vecinos, y por el que más me preguntaron. ¿Fue hecho adrede? ¿Genialidad del arquitecto o le salió por casualidad? Yo investigué mucho, pero no llegué a ninguna conclusión. Lo único cierto es que es así. Si me tuviese que pronunciar diría que es difícil hacer de esa forma la secuencia si no se pensó antes», defiende González, admirado por su construcción. «De confirmarse su intencionalidad, también se corroboraría que su autor era un erudito del Camino y de la historia; que quiso dejar su huella», añade el vicario parroquial de San Pedro. 
Santiago Losada, Paletó, cronista oficioso de Compostela y fuente inagotable de dichos, recuerdos, direcciones, fechas históricas, tradiciones o leyendas, se decanta, sin embargo, por la simple «casualidad». «Yo soy vecino de esta zona desde el año 1968 y, sin embargo, aún me di cuenta de ello hace 25 años. Yo creo que el que construyó la escalera buscó que siguiese la misma situación o línea de las casas de esta rúa», defiende Paletó, aclarando, además, cuándo se pudo levantar. 
«Esta calle se llama da Carricova porque, en lo alto, la empresa Freire era donde tenía las cocheras para sus diligencias o carrozas. Hasta el principio de la década de los años 60 realmente aún no había escaleras; era una rampa que llevaba a ese aparcamiento. En gallego Carricova significa descenso brusco», remarca Santiago Losada, incidiendo en la falta de propósito de la coincidencia. «Es una casualidad, aunque es innegable que a todo el mundo le sorprende», concede divertido. 
«Llama la atención, igual que muchas de las vivencias que encierra el barrio», corrobora Eugenio González. «El libro A Santiago por San Pedro lo compraron sobre todo vecinos que querían conocer su historia, o regalárselo a familiares que también vivieron aquí», añade agradecido ante el reclamo que tuvo su volumen, de fines solidarios. «Los 800 ejemplares se agotaron rápidamente», aclara. 
«En el título otro capítulo que tampoco pasó desapercibido fue en el que relato la historia de la iglesia de San Pedro, de la que solo queda un recuerdo de lo que llegó a ser. Se conocía como iglesia de San Pedro das aforas, porque estaba fuera de las murallas de la ciudad histórica. Sus antiguas piedras se utilizaron para tapar el cementerio de A Quintana dos mortos», desliza con entusiasmo, antes de volver a la rúa da Carricova, de la que muchos vecinos afirman que tiene la «señal de prohibido más bonita de la ciudad». «Esta calle mide tan solo 64 metros de longitud, pero tiene mucha historia», concluye ilusionado". 

Como hemos dicho, nosotros no hemos de ir por Carricova para nada, por lo que una vez conocedores de sus 'misterios' continuaremos por la rúa de San Pedro, que avanza recta y en suave descenso


Desde aquí vemos la torre que queda en pie de las dos que tuvo iglesia del convento de Santo Agostiño, construida a mediados del siglo XVII por el arquitecto Fernández Lechuga con una donación del Conde de Altamira al convento que fue de la Orden de los Agustinos Descalzos


Esta torre nunca fue terminada y así se quedó, la otra fue destruida por un rayo en 1788 y desapareció, el convento fue desamortizado en el siglo XIX y en la actualidad hay una comunidad jesuita y funciona como colegio mayor universitario. Es una buena referencia visual además para saber que, a sus pies, está el Mercado de Abastos, del que se dice que es el segundo lugar más visitado de Santiago después de la misma catedral, así como la iglesia de San Fiz de Solovio, vinculada al origen de la ciudad 



Hermoso caserón todo el de granítica piedra de sillería y con largo balcón saliente de forja en el segundo piso. Hace esquina con la rúa do Campo do Forno, de la que se decía que era de las calles que mejor olía en Santiago de Compostela, dado que en ella se concentraban los panaderos con sus masas, harinas y hornos, de ahí su nombre, según nos cuenta Javier Rosende Novo el 6-3-2024 en El Correo Gallego:
"Se decía que Campo do Forno era una de las calles que mejor olía en Santiago cuando allí se concentraban los panaderos con sus masas, harinas y molletes. Ahora poco queda de aquel antiguo oficio que colmaba este estrecho y alterado cruce de callejones, antiguamente sin salida y a mitad de la Rúa de San Pedro, adonde se habían trasladado los obradores del pan, que poco a poco habían sido retirados del interior del recinto amurallado y de sus inmediaciones por los peligros que suponía trabajar con fuego dentro de una ciudad hacinada de edificios de madera."

Asoma ahora a la derecha de la torre del convento de Santo Agostiño una de las torres de la catedral, A Torre do Reloxo o, popularmente, A Berenguela, pues se atribuye su construcción al arzobispo Berenguel de Landoira en el siglo XIV como torre defensiva, si bien este dato se discute. La estructura actual es de entre los años 1468 y 1484


Entre 1676 y 1680 le fueron añadidas dos plantas más y fue embellecida por el arquitecto Domingo de Andrade dentro de la gran reforma barroca de la catedral. Bajo ella todas las noches puede verse la aparición del célebre Fantasma del Peregrino, en la Praza da Quintana, en concreto en la llamada Quintana de Mortos, llamada así por haber estado el antiguo cementerio. Es el acceso a la Porta Santa durante los años santos compostelanos


Una frutería en la esquina con la rúa Campo do Forno, cuyos aromas permanecen en el recuerdo de muchos compostelanos como Xosé Rodríguez, que así la glosa en su sección Mi calle para La Voz de Galicia del 19-2-2002:
"Unha das rúas de Santiago que mellor arrecende, nominalmente falando, é Campo do Forno. Un imaxina unha historia ateigada de masa, fariña e boletes. Logo respira fondo para captar as esencias do bo pan e atópase con cemento e vivendas de novo selo. A estampa que viviron os antergos ficou soterrada polo cal dos tempos. Pero permanece o signo da tradición pechada nos rótulos que recuperan un vello anaco de Santiago. Non ten moita trascendencia Campo do Forno, unha ruela estreita case na metade da rúa de San Pedro, arrodeada de rúas con sabor máis tradicional. O detalle de maior engado é esa praciña que un se atopa de bruzos, nada máis baixar a pendente inicial, presidida por unha fonte. Unha rúa enfila cara onde os lagartos tomaban panchos o sol. Unha rúa sinxela, sen máis pretensións que a dunha vecindade unida. Pero Campo do Forno ocupa unha pegada do tempo. Se hai algo que un lembra co maior afecto do mundo é a pá colocando masas de centeo ou de millo na ardente superficie para recoller boroas de gloria. O arrecendo da nenez impregna insconscientemente a rotulación adherida ó muro da nosa querida ruela".

La rúa de San Pedro es la que articula el eje del barrio y fue la continuidad, o prolongación, de la calle mayor de la ciudad extramuros, por ello ha merecido dos veces la consideración de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, una por pertenecer al casco antiguo compostelano y otra por ser Camino de Santiago. Hay quien dice que es La calle bohemia con más vida de Santiago:
"Rúa de San Pedro se presenta como uno de los rincones con más personalidad de Santiago de Compostela. Quien la recorre descubre una calle con fuerte vida de barrio, donde la asociación de vecinos juega un papel clave impulsando iniciativas que mantienen viva la identidad local. En los últimos años la zona ha dado un salto cualitativo en propuestas culturales y de ocio, hasta ganarse la fama de barrio alternativo y creativo dentro de la ciudad. Como resume Yamil Doval Dios, esta vía es hoy “conocida como la zona bohemia de la ciudad”, un lugar donde se combinan la tradición vecinal y un ambiente dinámico que atrae tanto a quienes viven en Santiago como a quienes llegan de visita. Sus fiestas, muy arraigadas y populares, completan un paisaje urbano que invita a pasear sin prisa y a integrarse, aunque sea por unas horas, en la vida cotidiana compostelana".

Casa alta y estrecha, como lo son sus dos puertas. Llamativos balcones en el primer piso y vistosa galería en el segundo


A la derecha, otra casa con el símbolo del pino al lado de la puerta. Es de un estilo similar a las de la margen derecha de la calle que hemos dejado atrás, al pasar la rúa da Carricova



Otro de los comercios emblemáticos del barrio es la tienda de lanas naturales FainoTí, que es también taller de artesanía donde se imparten cursos prácticos de costura, calceta y ganchillo



Todas estas habrían sido casas de comerciantes, artesanos e hidalgos que se asentaron con el tiempo en este que fue durante siglos el acceso principal a la ciudad del Apóstol, las cuales fueron reformándose, creciendo muchas veces en altura, con el transcurrir del tiempo



A partir de aquí la rúa se estrecha, por lo que habremos de estar más atentos aún al tráfico pues, aunque escaso, solamente de residentes y transportes públicos desde 2020, el paso de los autobuses ocupa un gran espacio en la vía, toda la calzada adoquinada prácticamente


Todo este tramo es un lugar en el que muchos peregrinos fotografían A Berenguela y la torre de Santo Agostiño entre las casas de San Pedro. Un poco más abajo veremos las otras dos torres barrocas catedralicias de la fachada de O Obradorio, donde está el famoso kilómetro cero de todos los caminos de Santiago (aunque existen otros dos en Fisterra y en Muxía, hacia donde muchos continúan, llegando hasta 'la mar océana')


A Berenguela o Torre do Reloxo tiene 72 metros de altura, su mecanismo actual data del año 1831 y presenta la característica, en sus cuatro esferas, que tiene una sola aguja, pues las horas las dan las campanadas. Nacida como torre defensiva en momentos truculentos en los que algunos arzobispos compostelanos habían de hacer frente tanto a enemigos externos como internos (varios sufrieron las iras populares, llegando a ser quemado el antiguo pazo arzobispal), al perderse este carisma fue organizada como una nueva torre para las campanas


Domingo de Andrade, al crecerla y reformarla, le colocó numerosos símbolos jacobeos que veremos mejor desde la Praza da Quintana. Aquí vemos las torres al sol de la mañana. La del medio es lo que quedó de la destruida por un rayo de Santo Agostiño. Su compañera (a la izquierda), recalcamos que nunca fue rematada y quedó pendiente de hacer su cúpula y última fase


Como hemos dicho, en esa zona estaba la aldea de Solovio, una antigua aldea, posiblemente un antiguo castro, precedente urbano de la ciudad, cuya gran necrópolis romana, luego sueva y medieval, albergó los que se tienen por restos de Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio, los cuales descubrió el eremita Paio cuando en la zona había había crecido un bosque, llamado Libredón, siguiendo extrañas luminarias


Luego acudiría Teodomiro, obispo de Iria Flavia, quien pondría en aviso al rey Alfonso II El Casto, quien se personaría en el lugar desde su naciente corte ovetense, acaso empleando una ruta similar al actualmente denominado Camino Primitivo. De todas maneras recordemos que el testimonio de estos acontecimientos más antiguo que existe es el documento de la Concordia de Antealtares, redactado casi dos siglos y medio después, en 1077


Sin embargo algunos hallazgos arqueológicos realizados en el siglo XX confirman la presencia de los restos humanos de tres hombres en la tumba apostólica y en 1955 apareció la lauda sepulcral de Teodomiro, quien deseó enterrarse en el lugar del hallazgo, cuyos restos fueron también analizados y es muy posible que correspondan a él


Estamos además en una red viaria de gran antigüedad, posiblemente prehistórica y romanizada, donde se establecería la mansio o parada de postas imperial denominada Aseconia en el Itinerario de barro (años 267 a 276) o Asegonia en el Itinerario de Antonino (s. III) y Asegonion en el Anónimo de Rávena (s. III o IV). Antes habría un castro galaico en Solovio o en las inmediaciones, pero el poblamiento más antiguo en lo que posteriormente se llamaría Locus Sancti Iacobi sería una mámoa o túmulo megalítico que daría nombre a un lugar y, con él, a la Porta da Mámoa, en la desaparecida muralla (al sur del casco antiguo)


Existen en la rúa de San Pedro algunas joyerías con taller de orfebrería que conservan la tradición de los antiguos ourives que vendían en la calle sus objetos religiosos a los peregrinos. Una de ellas es la de Kinda Haudek, de cuya biografía y buen hacer leemos en su web:
"Desde mi taller en Santiago de Compostela diseño y elaboro joyas artísticas únicas en plata y oro, empleando técnicas tradicionales de orfebrería y un enfoque profundamente personal. 
Nací en Hungría y estudié Sociología en Budapest, pero fue en Galicia donde encontré el lugar desde el que expresar mi lenguaje artístico. Me formé como platera en la Escuela de Arte y Superior de Diseño Mestre Mateo y desde 2015 trabajo de forma independiente, creando piezas con alma que nacen del diálogo entre mis raíces centroeuropeas y la inspiración de mi tierra adoptiva".

Y es que el exdeán de la catedral de Santiago de Compostela, José María Díaz, llegó a decir que "En Santiago no se hizo una catedral para una ciudad, se hizo una ciudad para una catedral", y es que, asentamientos previos aparte, la ciudad nació y creció al amparo de las peregrinaciones, superponiéndose incluso a la destrucción de la antigua basílica (y de la ciudad entera) con la razzia de Almanzor en agosto de 997, quien no obstante respetó la tumba del Apóstol. Es más, puede decirse que, pasado un tiempo después de aquello, se vio la necesidad de hacer toda una catedral, siguiendo el impulso de un arte que llegaba por entonces e impregnaba toda Europa, el románico. Sus obras empezaron en 1075 y fue consagrada en 1211


A nuestra derecha, otra orfebrería, u ourivería, la de Brigantia Orfebres, de la que queremos también compartir parte de la amplia información que nos ofrecen en su web:
"Mi nombre es Nuria Prado-Loureiro, nací en 1989 en Teo, A Coruña. Desde muy joven tuve claro que me gustaba trabajar con las manos. 
Con 19 años descubrí mi pasión: el mundo de la orfebrería. Comencé a cursar el ciclo superior de Joyería Artística en la escuela de artes Mestre Mateo. Desde ese momento estudio, investigo y practico el trabajo con los metales. 
Utilizo las técnicas tradicionales de la joyería gallega en diseños actuales que aplico en joyas y otros complementos. Principalmente utilizo oro y plata y también otros elementos naturales como piedras preciosas y semipreciosas, perlas, azabache… Hago diseños para colección, piezas únicas y también piezas personalizadas. Me inspiro en la cultura gallega, la naturaleza y mis propias vivencias. 
En 2019 nace Brigantia Orfebres, mucho más que una marca. Brigantia representa todo mi mundo creativo. Diseño y creo piezas con alma, exclusivas y que llevan un pedacito de mí en cada parte del proceso de elaboración. Cuidamos la profesión e intentamos mantener activas las técnicas artesanales y tradicionales de la orfebrería. Recuperamos joyas antiguas e impartimos talleres y charlas para acercar el oficio a quien desee conocerlo de cerca. Porque Brigantia no sólo es Nuria, sino todas las personas que forman parte de ella en el día a día, manteniendo vivo el hermoso oficio de la orfebrería: alumnas y alumnos, aprendices, oyentes, visitantes… Ahora también me acompaña en esta aventura Ariadna, mi hermana, que también se está formando como joyera.  
Tenemos una tienda-taller en la Rúa de San Pedro, en Santiago de Compostela, donde puedes conocernos y vernos trabajar en vivo..."

Y seguimos por los 400 metros, o 425 dicen, para ser más exactos, de una rúa que bien merece la pena conocer y disfrutar, si bien es cierto que no pocos peregrinos pasan raudos y veloces con ganas de llegar a la Praza do Obradoiro, considerada el Kilómetro Cero, repetimos, de la peregrinación, si bien los peregrinos medievales solían emplear sobre todo la Porta do Paraíso, en la fachada norte o de la Acibechería (la rúa de los azabacheros), la más inmediata al Camino Francés, el más empleado, pues además ahí estaba también el desaparecido Hospital de Santiago, que los acogía


Estamos pues aquí a unos 800 metros, poco más o menos, de O Obradoiro, que más que plaza fue durante siglos una gran explanada donde trabajaban los canteros de la catedral y otros edificios de su entorno, un taller u obradoiro, 'obrador', que le dio nombre. Cuando se hizo allí el nuevo Hospital Real entre los siglos XV y XVI (actual Hostal dos Reis Católicos) y se mejoró la escalinata de acceso, se fue confirmando aquella entrada occidental como la principal, algo que ya habría empezado a suceder cuando el famoso maestro Mateo culminó el Pórtico de la Gloria tres siglos atrás. No obstante, la actual disposición de entrada y salida, cerrando el acceso directo del Obradoiro al incorporarlo junto con el Pórtico al Museo de la Catedral (con pago previo y sin posibilidad de hacer fotografías) empleando la portada sur (As Praterías) como tránsito principal (salvo la Porta Santa en años santos compostelanos) ha trastocado totalmente el tradicional trasiego de gentes en torno al templo catedralicio y su interior


Vistosos y floridos balcones se asoman a la rúa de San Pedro en la casa nº 82


Muchas casas cerraron su planta superior con galería acristalada sobre todo cuando a partir de las últimas décadas del siglo XIX la industria del vidrio se modernizó, siendo una manera de integrar térmicamente espacios de balcón o corredor en el interior de la vivienda. En no pocos casos se añadió incluso una planta más con este fin


A la derecha, otra fachada con detalles de la antigua propiedad


Otro pino señala que fue propiedad de San Martiño Pinario. Aquí las iniciales SM se ven mucho mejor, así como la representación de las ramas del árbol. Al lado está la placa de Seguros Santiago


Cuando la rúa de San Pedro estaba abierta al tráfico en general, separaban la calzada adoquinada (paso de vehículos) unos muy molestos bolardos que, no obstante protegían al peatón, no pocas veces te tropezabas con ellos ensimismado viendo las torres de la catedral


Ahora asoman a la derecha de A Berenguela la Torre de las Campanas y, a la derecha, la Torre de la Carraca, instrumento que sustituye a las campanas en Semana Santa en señal de duelo por la Pasión de Cristo. Las originales eran románicas, curiosamente una sensiblemente más grande que la otra, siendo crecidas y revestidas de elementos barrocos por el arquitecto Fernando de Casas Novoa, quien sustituyó a Domingo de Andrade al frente de las obras acometidas en ese periodo, las cuales le dieron al conjunto el actual aspecto


Entre las dos torres de la fachada barroca de la catedral se ve también un poco el cimborrio sobre el altar, construido entre y 1663 y 1667 por el arquitecto salmantino José de la Peña de Toro y reformado en 1671, tal vez bajo la dirección del también arquitecto, este compostelano, Domingo Antonio de Andrade


En la torre románica anterior de las campanas se guardaron en la Edad Media el obispo Diego Xelmírez y la reina Urraca I de una turba enfurecida que para hacerles salir quiso prender fuego al edificio, de hecho quemó el pazo episcopal, que estaba entonces en la Praza das Praterías, afectando a la portada románica


El obispo escapó pero Urraca fue atrapada y vejada por la muchedumbre si bien, consiguiendo huir, se pone al frente de sus ejércitos y asedia a la ciudad, que se rinde y es sometida a gran represión, restituyendo en su puesto al obispo. Esta es la explicación del suceso extraída de la biografía de la reina en la Wikipedia:
"A finales de la primavera del 1117, en preparación a la campaña contra Teresa, Urraca marchó a Santiago a intentar reconciliar el concejo de la ciudad con el obispo Gelmírez. Gelmírez y el conde Traba, tutor del infante Alfonso, pactaron con Urraca, pero la población, que temía un trato desfavorable, se amotinó y los cercó en una torre de la catedral, entonces en construcción. Los rebeldes le prendieron fuego y les obligaron a abandonarla. A continuación, desnudaron y apedrearon a la reina hasta que algunos pudieron calmar a la turba. La soberana fue liberada y reunió tropas que hicieron capitular a los rebeldes. El obispo recobró el gobierno de la ciudad, que hubo de pagar una onerosa multa y sufrir el exilio de los cabecillas de la revuelta. Tras la rendición de la ciudad, la reina la sometió a una fuerte represión. 
El levantamiento, ejemplo de la inestabilidad urbana característica de la época en Europa, era señal del dinamismo urbano en el Camino de Santiago, como lo fue también el conflicto entre los burgueses y el abad en Sahagún, que duró de 1110 a 1117"

El esplendor del crecimiento catedralicio y con él el de la ciudad no fue tarea fácil ni tampoco económicamente barata; además del llamado Voto de Santiago que habían de sufragar las diócesis españolas, la propia ciudad era sometida a un severo régimen de control tributario y, aunque nominalmente existía un poder civil o Concello, su convivencia con los arzobispos no fue nunca fácil. No es de extrañar pues que estos erigiesen torres defensivas y que el nuevo pazo episcopal de Xelmírez se pareciese más a un castillo que a una mansión en el concepto que tenemos hoy en día


Diego Xelmírez retomó las obras de la nueva catedral románica tras el parón de estas en 1088 cuando fue depuesto el obispo Diego Peláez quien bajo su mandato se iniciaron, auspició además la escritura del Codex Calixtinus que resultó ser una gran guía para el peregrino medieval que fomentó inmensamente las peregrinaciones desde toda Europa, consiguió grandes mejoras urbanísticas y que Santiago pasase a ser sede metropolitana en 1120, de diócesis a archidiócesis y él de obispo a arzobispo, pero todo tuvo un precio


El propio arzobispo Berenguel de Landoira, de origen francés, no pudo hacerse cargo de su puesto salvo tras entrar en la ciudad presentando batalla en cruentos combates. Los burgueses de Santiago no vieron con buenos ojos su elección, armaron un ejército lo asediaron en la ciudad, por lo que hubo de escapar y vivir en algunos castillos cercanos entre 1318 y 1320. Comenzaron unas largas negociaciones en las que, en una de las reuniones, sus fieles asesinaron a los cabecillas rebeldes en el castillo de A Rocha Forte, entonces atacó la ciudad, ejerciendo notable represión, luego retomó la labor de Diego Xelmírez, al que admiraba, leemos en la Xacopedia:
"Tras una concienzuda represión, el francés, hombre de gran cultura, inició un periodo de prestigio exterior de la archidiócesis. Su experiencia como maestro general de los dominicos le ayudó a afrontar su renovación y reorganización. Gran admirador de la labor de Diego Gelmírez (s. XII), el más decisivo arzobispo en la promoción exterior del santuario compostelano durante la Edad Media, reavivó la actividad cultural y peregrinatoria de Santiago, que pasaba por un periodo de abatimiento. 
El latinista Díaz y Díaz, que lo considera uno de los hitos de la historia culta compostelana, ha destacado su labor de difusión del Codex Calixtinus (s. XII) y la activación del escritorio catedralicio. Mandó recopilar las gestas de su mandato, quizá para justificar su actuación para hacerse con el gobierno del Arzobispado, y, sobre todo, promovió la recopilación del Tumbo B y el Tumbo C de la catedral, que ofrecen numerosas noticias clave para entender el mundo jacobeo compostelano. Lo hizo bajo la dirección de su canciller y tesorero, el también francés Aymeric de Anteiac, que reunió a un notable grupo de copistas y expertos en la materia".

Este cruento comienzo arzobispal es el que atribuye a Berenguel de Landoira la construcción de A Berenguela como torre defensiva, sin embargo otros opinan que dicha torre era la de A Trinidade, que estaba justo enfrente, saliendo de O Obradoiro por la Costa do Cristo hacia occidente (actual rúa das Hortas). Sea como fuere se ve no todo fueron felices circunstancias las del desarrollo y esplendor de la ciudad en torno a su germen catedralicio


A nuestra izquierda, Defímeras, galería de arte contemporáneo, otro de los locales de actividad artística que dinamizan la vida cultural de esta rúa, fundada en 2022 por los hermanos Begoña y Carlos Martínez. La corresponsal Patricia Calveiro los entrevista para La Voz de Galicia del 14-4-2023:
"En el local que otro día ocupó en Santiago la librería Chan da Pólvora, en la rúa de San Pedro, está ahora Defímeras, un curioso espacio de arte donde dos hermanos de Monforte muestran sus obras y quieren dar voz también a otros autores «que pretenden un lenguaje diferente». Ellos son Carlos Martínez Casanova, un fotógrafo que lleva viviendo 17 años en Londres y se ha especializado en los retratos por encargo (especialmente a actores teatrales, entre los que se encuentra Trevor Fox, por ejemplo, quien formó parte del reparto de las películas Billy Elliot o Bridget Jones); y su hermana mayor, Begoña, una profesora que da clases de refuerzo en una academia compostelana por las tardes y cultiva por las mañanas su lado creativo.
«Mi campo principal de trabajo son las matemáticas y la química, pero además hago instalaciones con un lenguaje muy particular: utilizo juguetes infantiles para hacer obras más maduras», explica ella, conocida artísticamente como Beca. Carlos, por su parte, quería explorar el retrato comercial desde una perspectiva más artística y personal, tras haber trabajado durante 20 años con galerías dirigidas por otros. Las obras de uno y otra participan en un diálogo muy personal en Defímeras, que abrió sus puertas en octubre y debe su nombre a una palabra inventada. «El prefijo es una negación, porque algo efímero que dura un segundo a veces pasa a quedarse en nuestras vidas y a ser una inspiración, algo perpetuo. Además el nombre va en femenino, por una lucha particular», explica Begoña. 
Los dos hermanos se encuentran esta semana en Sevilla y participan, desde ayer y hasta el domingo, en la Feria Andaluza de Arte y Cultura con un montaje llamado Alicia out of Wonderland. Será una de las propuestas que compartirán con el público de Santiago en su sala de exposiciones, posiblemente en verano y en un formato más pequeño para adaptarlo al tamaño del local de San Pedro, complementado con la visión de otros artistas. «Estamos abiertos a todos los géneros y tenemos la inquietud de enriquecernos con otros artistas, del cruce de influencias y corrientes. Nos interesa ver cómo una idea, como la de Alicia, germina y va evolucionando con nuevas perspectivas», indican unos monfortinos que dicen haber sentido interés por el arte desde muy pequeños. Además, para el próximo mes mostrarán en una exposición individual el trabajo de uno de sus primeros artistas invitados, el fotógrafo Alejo Romero. «Mi intención, en el futuro, es traer colaboraciones de gente de Londres y llevar allí cosas de aquí», indica Carlos".

Seguidamente, otro restaurante: Erkan Dönar Kebap y, continuación y también a la izquierda, la heladería Xearte Briggite, de la que compartimos su historia y la biografía de su fundadora, Brígida Hermida Ferro:
"Me llamo Brígida Hermida Ferro, aunque muchos me llaman Briggitte. 
Estudié ingeniería agrónoma en la Universidad de Santiago, donde me diplomé en el año 2005 y tras haber tenido el honor de realizar dos estancias con beca Sicue en las Universidades de Valencia y Lérida. Precisamente en Lérida me especialicé en gestión medioambiental y desarrollé los cinco primeros años de mi carrera profesional. 
En el año 2011 retorné a Galicia donde empecé a trabajar en el sector lácteo y conocí de primera mano el universo del helado. Comencé a formarme… Y en 2014 abrí Xearte. Cuatro años después, en 2018, realicé en la Universidad de Valencia el Máster en Experto Heladero, obteniendo su premio extraordinario. Y un año después, en 2019, fui invitada a formar parte del grupo 20BajoCero, que reúne a veinte de los mejores maestros heladeros de España.
Xearte nace en julio de 2014 en el barrio compostelano de San Pedro, puerta de entrada del Camino de Santiago en la ciudad. Cada mañana, los aromas de este barrio de extramuros, al que antiguamente llamaban los Estados Unidos, se cuelan por la reja de la heladería que, tan pronto como se abre, contempla un incesante discurrir de peregrinos y vecinos que vienen y van. ¿Cómo no ser una heladería cosmopolita? 
Así, en nuestra carta contamos con sabores autóctonos y del mundo. Quince imprescindibles, quince especiales y quince estacionales componen una oferta en la que no faltan sabores de siempre como la nata, la fresa o la vainilla; sabores de hoy como la stracciatella, el dulce de leche o la galleta oreo; sabores autóctonos como la tarta de Santiago, el licor café o el peregrino; y sabores estacionales como el turrón, la castaña o el requesón con nueces.  Todo un deleite para los sentidos que es fruto del trabajo, la experimentación y el desarrollo de nuestro pequeño obrador de San Pedro".

Olalla Sánchez escribe de esta xeadería entrevistando a su dueña en artículo publicado en La Voz de Galicia del 10-7-2022 tras su reconocimiento por la Guía Repsol:
"Reconoce divertida que no sabe qué helado les dio a los expertos de la Guía Repsol que en junio concedieron a su heladeríaXearte Brigitte, un Solete de verano por ser uno de esos sitios cercanos y apetecibles a los que acude, y recomienda, el público local. «No lo esperaba. Lo supe cuando me llamaron, poco antes de que se hiciese público. Fue un subidón. Acabamos de cumplir nuestro octavo aniversario...», encadena feliz a sus 41 años Brígida Hermida desde su negocio de la rúa de San Pedro, donde todos la conocen como Brigitte. «Es la traducción al francés de Brígida. Yo quería que mi nombre apareciese en la marca y cuando abrí me fijé en el país galo al ser una de las cunas del helado», expone con entusiasmo sobre una vocación a la que, admite, llegó por casualidad. 
Tras formarse como ingeniera agrónoma en tres universidades, se centró en temas de producción láctea en granjas, primero en Cataluña, donde también trabajó para la Generalitat y una escuela politécnica superior, y, desde los 29 años, en Galicia. «Entré en una cooperativa donde había un proyecto sobre helados. Me formé en ello, me atrajo y, dos años después, me decidí a abrir algo propio. Elegí Santiago porque soy de Vila de Cruces y quería estar cerca», precisa, evocando con una sonrisa la reticencia inicial que despertó su decisión. «Mi familia temía que solo pudiese trabajar dos meses al año, pero yo sabía que aquí había hueco para una heladería artesanal, con ingredientes cuidados con los que innovar y con un obrador en el local, algo que en el 2014 aún no era habitual», subraya ante unos principios con los que no se equivocó. «La abrí y al tercer día ya necesité refuerzos. Al mes éramos cuatro trabajadores. Creo que ese fue mi primer éxito, igual que escoger San Pedro», resalta agradecida a un calor vecinal que influyó en su rápido despegue. 
«Cuando inauguramos era junio, casi San Xoán, muy celebrado en esta calle. Me propusieron un primer desafío: "¿por qué no lograr un helado de sardinas con pan de broa?" Formulé la receta, lo hicimos y, desde entonces, el día 23 siempre se agota», señala sobre una primera etapa que no dejó de sorprender. «Llamaba la atención que el helado de limón, que hacemos con zumo natural, fuese blanco o que el de vainilla tuviese puntos negros. Lo preparamos con la vaina natural, que no es amarilla», aclara, recalcando también su desvelo por trabajar con frutas y helados de temporada y productos de proximidad, algo que, junto a los sabores y propuestas distintas, como de quesos gallegos o uno de cocido, cree que se valoró. «Por ahora no se me resiste ningún sabor. Para un restaurante -siempre son los que nos proponen más retos- hice, para un salmorejo, un helado de ajo», remarca con ilusión.  
«Algo que me motivó fue ganar en Alicante un premio de investigación por un estudio sobre la calidad de la leche en el helado. Ahí ves que lo estás haciendo bien. Otro impulso fue acceder a la directiva de la Asociación Nacional de Heladeros Artesanos. Gran parte de los integrantes son del sur y, de 450, solo hay 50 mujeres», apunta con una tarrina en la mano. «Cada día tomo un helado después de comer», confiesa risueña. 
De nuevo sobre la ciudad, en donde admite inspirarse mientras acude a la Praza de Abastos o toma un café -«el helado Compostelana surgió al ver a gente desayunando una tarta de Santiago»-, sostiene que el 80 % de sus clientes proceden aún del barrio. «Yo no tengo niños, pero vi crecer a todos los de esta calle», destaca y cita sus nombres y preferencias. «No olvido la cara de uno, intolerante al gluten y a la lactosa, que con ocho años pudo probar aquí su primer helado, de fresa», desvela satisfecha. «Hubo un momento en que dudé si buscar otra ubicación más céntrica, pero desde la pandemia, y por los gestos de los vecinos, no me lo planteo. Me puede más eso. Nunca quise montar una franquicia», defiende. «Tras el Solete, me emocionó ver su respuesta. Pasaron a celebrarlo y una, ya amiga, hasta con champán. Creo que ese trato familiar fue una de las razones del premio», continúa. 
«Hay días que vendemos 400 helados y a las 20.00 horas nos quedamos sin algunos sabores, algo que al principio me ponía nerviosa, pero hoy en día ya no. Les convenzo con otro de la época», explica riendo. «El primer año dejamos de vender en septiembre. Ahora ya cerramos en noviembre y volvemos a abrir en diciembre», termina feliz.
Foto: Xearte Briggite

Y, con motivo de su décimo aniversario, es Anxo Bentrón quien publica en El Correo Gallego su reportaje y entrevista a fecha 12-7-2024:
"Creamos en Santiago una tendencia en el mercado de los helados artesanos". Así define Brígida Hermida, propietaria de la heladería Xearte Brigette, los comienzos de su negocio. El pasado mes de junio, concretamente el día 14, la heladería situada en la rúa de San Pedro, cumplió una década endulzando los paladares de santiagueses y visitantes, 10 años en los que no dejan de sorprender con la creación de nuevos sabores de elaboración propia, tan curiosos como inesperados en muchos casos. La heladería, que nació "un poco por una casualidad", es desde el primer momento una referente de los helados artesanales en la ciudad
Formada como ingeniera agrónoma, Brígida descubrió un proyecto sobre los helados que la encandiló hasta tal punto que decidió formarse y especializarse en ello. "Conocer lo que hay detrás de la producción y la elaboración es un poco lo que más me atrajo para dedicarme al mundo de los helados", añade. 
Vecina de Vila de Cruces, se decidió por abrir su negocio en Santiago al ser "una ciudad que siempre me gustó y como no había ninguna heladería artesanal vimos una oportunidad". "También pensé que era el lugar ideal porque en la ciudad hay esa relación con el mundo artesanal tan característica", destacó. La ausencia de negocios similares eran para Brígida una ventaja destacable para abrir su heladería, pero también una fuente de incertidumbre, "al principio era un poco reacia porque no sabía como iba a funcionar". Sin embargo, esas dudas iniciales se despejaron rápidamente ante el éxito que despertaron sus helados. "Estos diez años fueron muy satisfactorios. Creo que nos fue muy bien y que fuimos la pionera de las heladerías artesanales en la ciudad", señala. 
Una de las principales características distintivas, aunque no es la única, de Xearte Brigitte es la amplia variedad de sabores que ofrece. Desde sabores clásicos como chocolate, vainilla o mango, a sabores innovadores y de creación propia como el helado de licor café, de tarta de Santiago o el de sardinas para celebrar el día de San Juan, no hay sabor que se le resista a la heladera. Con una variedad de sabores tan variopinta y extravagante la inspiración es clave, una creatividad que le viene a Brígida "de mí misma, de hablar con otros heladeros o chefs, e incluso de lo que pide la gente. Hay un poco de todo". 
Aunque cuenta con una amplia gama de sabores en catálogo, no todos están disponibles durante todo el año. Mientras que los sabores tradicionales si que se pueden probar en cualquier momento del año, hay otros que van por épocas o temporadas y que no están disponibles los 365 días del año. Un claro ejemplo es el helado de licor café, especialmente reclamado entre los clientes, que solo está disponible en épocas de fiesta. "Como tiene alcohol aprovechamos para reservarlo para las fiestas. Lo hacemos en las Festas de San Pedro, en las Fiestas del Apóstol o por Navidad", explica. 
En relación a las Fiestas del Apóstol, en la pasada edición presentó una gran novedad: el sorbete de Tomate negro de Santiago, con el que decidió rendir homenaje a la ciudad que desde hace 10 años acoge a su negocio. El helado fue un éxito, se agotó en pocas horas, y este año están a la espera de volver a elaborarlo, pero el mal tiempo no está acompañando. "Estamos esperando que nos traigan los primeros tomates, pero esta climatología lo está dificultando", comenta".

A la derecha, Joyería Noga, otro de los grandes obradores de orfebrería de San Pedro, de Adriana Clemencia, española y colombiana casada con un gallego que, ambos residentes en Tenerife, decidieron establecerse en Santiago antes de la crisis económica de 2008. Estudió joyería en la Escola de Arte e Superior de Deseño Mestre Mateo, abriendo posteriormente esta joyería-orfebrería donde vende sus diseños


Además de una joya, pueden comprarse flores para nuestros amores del Camino en Floristería Embora, con décadas abriendo sus puertas en el barrio


En este local, han abierto varios negocios últimamente, es el bajo de un edificio de época entresiglos, con cinco balcones numerosas filigranas en la fachada


Las admiramos al pasar. Fijémonos que es de los que tiene el azulejo de Seguros Santiago



Más tiendas y hostelería. Hasta tatuajes nos vamos a poder hacer en esta calle, más de uno se ha grabado, o mandado grabar en Dr.Mortiis Tattoo Clinic: una concha, una flecha amarilla, una cruz de Santiago o cualquier otro motivo jacobita en señal de satisfacción y recuerdo por haber llegado


A la izquierda, la Farmacia de Ana Celia Conde Lousado, otro negocio de esta rúa que ha sido, es y será de mucha utilidad a los peregrinos. En la planta baja, entre la puerta y el escaparate, está otro de los pinos símbolo de las propiedades monacales de San Martiño Pinario. A la derecha estuvo la Librería Couceiro, fundada en 1969 y que en 1975 se trasladó a la rúa República del Salvador, para instalarse posteriormente en la Praza de Cervantes, donde la visitaremos poco antes de llegar a la catedral. Nos informa de este trasiego El Correo Gallego del 2-8-2021:
"En el número 9 de la calle República de El Salvador, donde ahora se encuentra un comercio de la marca textil Bimba y Lola, vivió por mucho tiempo la mítica Librería Couceiro. Fue su segunda ubicación, puessus puertas se abrieron el 10 de marzo de 1969 en la Rúa de San Pedro, dedicándose al libro escolar y a la papelería. Su propietario, el librero Xesús Couceiro, iniciaba entonces la carrera de la que sería una de las librerías más emblemáticas de la ciudad, así como un negocio familiar. Pero en el año 1975 Couceiro se trasladó al Ensanche, una decisión arriesgada en una época en la que la zona no acaba de despegar a nivel comercial. La elección fue acertada. Fueron 32 años en los que la librería aumentó sus horizontes y acercó la lectura a toda la ciudadanía. 
En 2007, Couceiro se trasladaba de nuevo. Lo hizo, además, volviendo a sus orígenes: el casco viejo, corazón de la ciudad. Su nueva ubicación en la Praza de Cervantes cumplió a finales de julio 14 años, en un recorrido histórico que la liga a Santiago, a su memoria y, sobre todo, a sus lectores."

La rúa de San Pedro continúa su suave bajada y las torres catedralicias van ocultándose a nuestra vista al ir haciendo camino, así nos lo explica Rosario Valdés Blanco-Rajoy, del Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento” CSIC-Xunta de Galicia, en su trabajo La capilla de los Neira de Luaces en la iglesia compostelana de Santa María do Camiño (SS. XVI-XIX):
"El Camino Francés se denominó más tardíamente como Camino de Castilla y a su paso por el arrabal compostelano, llevaba el nombre preciso de “Rúa de San Pedro” con que se conoce hoy en día. A mediados del siglo XVI las rúas de San Pedro y Hortas eran las dos calles principales de la ciudad por el tráfico de personas y mercancías; según varios testimonios de la época, ninguna de ellas estaba empedrada por lo que “[...] las dichas calles ban muy fondidas e las casas quedan muy altas e descobiertos los cimientos y en muchas partes ha menester para subir a ellas dos o tres grades y están muy peligrosas para se caer […]” y en el invierno el agua de la lluvia, traía “[…] muchos lodos y fosas de tal manera que no pueden por ellas andar ni caminar a pie ni a caballos sino con trabaxo [… ]”, todo ello iba en detrimento de los vecinos, moradores “[…] e peligrinos e romeros y caminantes […]"

La rúa de San Pedro era, insistimos, una de las más transitadas de la ciudad, por no decir la que más, tanto en relación con los peregrinos y demás viajeros como con los vecinos en general, al tratarse del "nexo de unión entre la ciudad amurallada y el antiguo arrabal de San Pedro, el primero y quizá el más populoso de Compostela que se habría creado en el siglo X, en la márgenes del propio camino, extramuros y en el entorno del antiguo monasterio de “San Pedro de Afora”, sigue diciendo Blanco-Rajoy


Dicho monasterio, fundamental además para la historia de las peregrinaciones, se encontraba unos metros más abajo, en el siguiente cruce a la izquierda y, si vamos corriendo y con prisa, con la vista puesta al frente es posible que ni lo veamos o, mejor dicho, no veamos la iglesia de su advocación, San Pedro, sucesora del templo monacal, desaparecido


A partir de ese cruce vemos que la calle hace un ángulo a la derecha: es el segundo tramo y trecho final de la rúa de San Pedro, donde se concentran también bastantes negocios, no pocos de hostelería, en este casi medio kilómetro de gastronomía gallega y otras cosas de sumo interés, como nos cuentan en Santiago de Compostela Turismo:
"Se trata de una de las citas imperdibles compostelanas, una de las calles con más auge de la ciudad, lugar de encuentro de turistas y residentes. Disfrutaremos de restaurantes tradicionales con la típica cocina gallega en un entorno “enxebre”, pero también de nuevas propuestas que en pocos años se han convertido en estandartes de innovación, sin olvidar las tendencias como la comida vegana."

Enxebre, adjetivo gallego que define lo puro, auténtico y genuino y sin alteraciones, por eso Sergio Romero titula Los cinco mejores restaurantes 'enxebres' para hincharte en Santiago de Compostela su semblanza culinaria compostelana para El Correo Gallego del 25-3-2024 en la que, de esos cinco, dos los encuentra en esta calle, los dos primeros además de su artículo. Pronto los veremos pero vamos a ir ya abriendo boca...
"En Santiago de Compostela, tanto turistas como picheleiros cuentan con infinitas opciones para disfrutar de la deliciosa y variada gastronomía gallega. La comida tradicional es uno de los emblemas de la capital gallega y un orgullo para sus residentes, por lo que ya os hacéis una idea de la calidad de los restaurantes que os vamos a mencionar. 
En estos restaurantes 'enxebres', podrás disfrutar de la esencia de la cocina gallega con platos como el pulpo á feira, la empanada, el lacón con grelos o la tarta de Santiago, entre otros manjares, tras una plácida jornada paseando por el casco histórico de la ciudad. No obstante, la oferta es infinita, por lo que te invitamos a conocer cinco de los mejores restaurantes tradicionales de Santiago para hincharte a comer. ¡Bo proveito! 
El Restaurante A Moa es uno de lo restaurantes de moda en la ciudad. Situado en la Rúa de San Pedro, 32, ofrece una experiencia gastronómica única en un ambiente acogedor y con un servicio de primer nivel. 
Algunos de sus platos más típicos son el hummus de castaña, los choquitos de Rianxo en su tinta con ali-oli y la merluza Menier. Además, A Moa ofrece un menú semanal, ideal para quienes deseen probar una variedad de platos a un precio razonable. 
Obviamente, recomendamos visitar el Restaurante A Moa para disfrutar de una experiencia culinaria única en un entorno muy agradable. 
El restaurante O Dezaseis, ubicado en el número 16 de la Rúa de San Pedro, es un clásico en uno de los barrios de moda de Santiago. Con 25 años de trayectoria, su secreto radica en una cocina de inspiración tradicional adaptada a los tiempos, enfocada en productos gallegos y en respetar su esencia. 
Entre sus platos más destacados se encuentra el pulpo a la parrilla, un auténtico manjar para los amantes de la cocina gallega. Pero este es solo la punta del iceberg, pues en la carta le acompañan auténticas maravillas de la gastronomía gallega como la empanada, los pimientos de Padrón, el caldo gallego, las croquetas de lacón o la tradicional tarta de Santiago".

En una de las casas históricas de la rúa, el Albergue SP 55 de Bossh! Hotels


Y, antes justo del cruce, otro negocio muy visitado por los peregrinos, la Mercería Mª Luisa, de Luisa Ríos, entrevistada para La Voz de Galicia por Olalla Sánchez publicada el 17-3-2025:
"Admite que nunca pensó en mudarse de la rúa de San Pedro, la calle donde arrancó su negocio, Mercería María Luisa, en 1982. «Ni se me pasó por la cabeza; la gente de este barrio me lo dio todo, su confianza, la posibilidad de crecer… Aquí somos, junto a la farmacia, uno de los negocios más veteranos», comenta, con la misma motivación del inicio, María Luisa Ríos. «En junio cumplo 65 años. Tengo sentimientos enfrentados porque, por una parte, me gustaría descansar, pero, en realidad, la cabeza no me deja. Y este trabajo me encanta… Al final decidí acceder a una jubilación activa y seguiré con la tienda… Cuando lo anuncio a los vecinos, lo celebran, y eso me empuja más. Ya son 43 años junto a ellos...», repasa. 
Nacida en Carbia, en Vila de Cruces, llegó a Santiago siendo muy joven. «Vine con 15 años y me quedé con una tía. Yo estudiaba y trabajaba. Ella tenía en el número 86 de esta calle un pequeño taller con una tricotadora, donde aprendí a tejer. Años después, monté allí una mercería, ya con mi nombre, María Luisa. Los inicios fueron complicados, sin mucho dinero ni experiencia. Imagina que abrí la tienda un 7 de enero sin darme cuenta que eran las rebajas», rememora sonriendo. «Esa anécdota la conté cuando di hace unos años el pregón en las Festas de San Pedro y hubo quien se emocionó...», continúa. 
«Poco a poco, con el boca a boca y mucho esfuerzo —mis primeras vacaciones las cogí tras 21 años—, el negocio empezó a bulir. Empecé a traer también firmas de lencería, yendo a ferias en Madrid o Barcelona, y centrándome en ese sector, con mucha venta de bragas, calzoncillos o sujetadores de tallas grandes. En los 90 me trasladé al número 53 de la calle, a un local mayor», explica, sobre un crecimiento afianzado, además de por un amplio surtido, por un trato cercano y el calor vecinal. «Tengo un cliente que ya venía de niño con su madre. Ahora vive en México, donde es un empresario de éxito. En cada agosto, cuando vuelve, nos compra aquí toda su ropa interior. Antes yo cerraba en ese mes, pero él me llamaba y venía a atenderle. Muchos valoran eso... y, los mayores, que les llevemos producto a probar a casa. Otra vecina del barrio, ahora médico en Tenerife, viene también en cada temporada...», encadena, entre recuerdos. «Nuestros bañadores tuvieron siempre fama, como uno marinero de Majestic que arrasó. No olvido tampoco las bragas anunciadas en la tele como las que ‘eliminan solo lo que sobra' y que fueron un furor... Hasta la crisis, teníamos colas», evoca, no sin añoranza. «Pero siempre nos mantuvimos», aclara. 
«Creo que la gente aprecia que sigamos como una lencería clásica, de las de toda la vida. Los peregrinos nos dicen: ‘‘En otros países de Europa ya no hay tiendas como esta; donde te enseñen además cada caja...". Muchos, cuando repiten en el Camino, vuelven aquí», apunta, señalando que en el negocio solo hubo una reforma, algo que contrapone con la transformación que hubo fuera. «Yo empecé en una rúa de San Pedro que tenía doble sentido. Viví cinco levantamientos de la calle, lo que fue duro... Antes aquí había mucho más negocio de proximidad, frente a la carencia actual de carnicería, pescadería, tienda de zapatillas... Aquí los comerciantes nos compramos unos a otros. Somos una piña. Conmigo en la tienda está ahora María, nacida en el barrio», enlaza con orgullo sobre la joven dependienta que la animó a dar el salto a las redes. 
«Fuimos a un curso y en los últimos años nos lanzamos a hacer vídeos para Facebook e Instagram. En esta lencería antigua, y a mi edad, no dudé en hacer desfiles tanto en bañador como en vestidos de playa, batas, camisones y zapatillas... Pensé: "¿Acaso no me pongo en bañador en la playa?"», razona divertida. «Muchos vecinos bromean conmigo o me dicen: "Tes valor...". Pero al final ven los vídeos y me piden por privado que les aparte productos», añade riendo, reconociendo haber tenido siempre arrojo. «Hace 20 años, a mis 45, fui de las primeras en Santiago en dejarme el pelo blanco por un problema con el tinte. La gente defendía que me ponía años, pero yo me gusté, y al final muchos me copiaron en la calle», afirma, sin dejar de nombrar a San Pedro. «Tanto quiero a este barrio que mi hija y yerno llamaron a mi nieto Pedro», acentúa".

El 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, el Concello de Santiago reconoció su trabajo y trayectoria, como el de otras siete mujeres "compostelanas con trayectorias en distintos ámbitos, desde el de la acción social al sanitario, divulgativo, económico y de la seguridad. La lista, consensuada por toda la corporación, abarca tanto a mujeres naturales de la capital como por haber desarrollado aquí sus tareas profesionales", como informaba La Voz de Galicia
"Luisa Ríos, propietaria de una mercería en San Pedro, es una «das figuras máis queridas e recoñecibles da entrada do Camiño Francés en Compostela e unha cronista viva da evolución da rúa e do barrio nas últimas décadas». Y no solo «representa a xeración de mulleres que co seu esforzo diario detrás dun mostrador sostiveron a economía local e a vida social da cidade», sino que su establecimiento es, más allá de un negocio, «un punto de encontro veciñal e un referente no histórico barrio de San Pedro», apunta el Concello. Su reconocimiento «rende homenaxe a todas as mulleres autónomas que foron e son motor dos barrios de Compostela».

Y, en el cruce, a la izquierda, la Cafetería Bar Esquina, en el nº 58 de la rúa de San Pedro


El Camino sigue de frente pero, como hemos dicho, nosotros vamos a desviarnos unos metros a la izquierda para visitar la iglesia de San Pedro Apóstol, sucesora del extinguido monasterio de San Pedro de Fóra


Aquí están las dos terrazas del bar, una frente a la entrada y la otra al otro lado de la Calzada de San Pedro, llamada así para distinguirla de la rúa, con la que se cruza en este lugar. Al fondo está la ruela das Fontiñas, donde se encuentra, oculto tras las casas, el que se dice que es "el bar más escondido de Santiago de Compostela", El Pampín, "la escondida casa de comidas de Santiago de Compostela a la que van los mejores cocineros", dice de ella Almudena Ávalos en el periódico El País del 26-7-2024:
"Es, posiblemente, el bar más escondido de Santiago de Compostela. El Pampín (Ruela das Fontiñas, 4) se encuentra en la parte trasera de la bulliciosa rúa de San Pedro y parece que buscara en su ubicación un refugio a salvo de las modas gastronómicas. Al frente está Alén Tarrío (43 años, Santiago de Compostela), chef que en 2019 se alzó con el premio de Cocinero del año, en el Fórum Gastronómico A Coruña. “Ganarlo haciendo cocina tradicional fue una absoluta sorpresa”, cuenta. 
Tarrío creció en el restaurante de sus padres, el desaparecido Mesón Tarrío López. “Era una casa de comidas de verdad, de las que olía a callos y empanada, y los clientes eran amigos. Mi madre cocinaba carne asada, el jarrete, la cabra… platos típicos de barrios de Santiago. Pero yo odiaba ir a echar una mano los fines de porque quería estar con mis amigos”. 
Después de terminar EGB, su padre le propuso que estudiara cocina. “El había sido migrante en Suiza, los chefs allí estaban muy considerados y estaba convencido de que la cocina iba a explotar en España”. Por eso hizo la formación profesional y luego trabajó en hoteles y restaurantes. “Probé en la alta gastronomía con Paco Morales y Marcelo Tejedor. Y un día, al regresar a casa en 2014, me pregunté dónde podía comer aquello que hacía mi madre y no encontraba. Las casas de comida estaban desvirtuadas o eran de raciones, y las marisquerías eran los restaurantes tradicionales. Empecé a ir a casas de comidas de otros lugares como Arzúa, donde había mucho puchero y mucho guiso”, recuerda. 
La motivación de esta investigación culinaria se basaba en el anhelo de poder tener su propio espacio. “Quería hacer una casa de comidas tranquila, donde elaborar escabeches, empanadas… todo muy gallego. Y así acabé haciendo, aunque es cierto que he metido alguna licencia como los arroces o algún destello de comida francesa que me gusta mucho”. 
Lo intentó en 2015, pero no encontró financiación ni local que se adaptara a su pequeño presupuesto. “En 2017 apareció este local tan tabernario, viejuno y escondido que me hizo mucha gracia. Mi madre se echaba las manos a la cabeza porque ella estaba en un restaurante de 200 metros cuadrados, con un cocinón tremendo y le preocupaba que el local no tenía ventanas”. Pero Tarrío no tenía miedo y lo vio claro, era su momento. 
Pampín Bar, como reza en su cartel de la fachada, era una tasca de 1972 de la que Tarrío conservó su nombre, el logo del gallo, el suelo de terrazo, la barra y los baños. “Está igual porque no se puede tocar, y me alegro que así sea. Solo descubrimos las vigas y tapamos las paredes con un panel porque había mucho ruido”. 
Desde que abrió en diciembre de 2017, ha mantenido la filosofía de casa de comidas, pero con los años ha ido elevando la propuesta poco a poco. La estructura de la carta, que expone en una pizarra que borra a diario, cuenta con entrantes, plato de verduras, arroz, carne guisada, pescado al horno, carne guisada y a la plancha y postre. Con dos fuegos y un horno, dan de comer a un máximo de 25 personas. “Los cocineros cuando lo ven alucinan”, dice Tarrío. 
Los escabeches son una seña de identidad y, dependiendo del día, el comensal se puede encontrar con uno de perdiz, de mejillones, de xouvas o de navajas. “Cuando abrimos, pocos restaurantes los hacían en Santiago. Tampoco se encontraban lugares con paté de campaña, que nosotros lo hacemos siempre, en terrina o en costra”, explica. Las empanadas, rellenas de zorza o lomo de castaña, solo las ofrecen en temporada alta porque no tiene manos para poder elaborarlas siempre. Si tiene, hay que pedirlas. En la carta no falta nunca ni la carne guisada de costilla madurada ni un buen plato de verduras. “Además, los jueves elaboramos una menestra con lo que nos traen de la huerta”, asegura. Tarrío borda los arroces con productos de temporada. Dependiendo de la época del año, pueden pedirse de ingredientes como bonito de Burela (17 euros) o gallo de Mos, “al que Aduriz bautizó como cococha de tierra después de probarlo aquí”, explica orgulloso. 
Los pescados al horno de Pampín se deciden cada día según lo que dé el mar. “Pescado azul suelo tener porque me gusta mucho la caballa, el jurel, el xargo, pero también el lenguado. Y para quien no le guste el pescado, proponemos una buena carne a la plancha”. En los postres, ha cogido fama el coulant de tarta de Santiago, por el que cuenta que preguntan muchos de sus clientes nada más entrar. 
Tarrío se encarga de seleccionar los quesos gallegos que ofrece y una selección de vinos muy cuidada, la mayoría de bodegas vecinas con pequeñas tiradas y que conoce bien. “El 70% de los vinos son gallegos”, recalca. A degustar el trabajo de este cocinero, asegura que vienen muchos colegas de profesión. “Cuando abrí flipaba porque haciendo cocina de absoluta tradición, vinieron Andoni Aduriz, Josean Alija, Paco Morales nos visita siempre que viene a Galicia, o René Redzepi, que ya ha estado dos veces. ¡Dos veces! Pudiendo ir a cualquier otro lugar, fue un halago que repitiera. Además, me dijo que en todo el mundo había visto pocos restaurantes con tanta personalidad. Eso motiva mucho para seguir”. El boca a boca es la mejor publicidad del Pampín y lo mejor es llegar a él con un cicerone de la ciudad. Si no, Google Maps hace bien su labor. De compartir su orgullo gallego ya se ocupa Alén Tarrío al recibir en casa".

San Pedro, barrio y rúa, reciben evidentemente su nombre el templo aquí existente, donde contemplaremos la actual iglesia de esta advocación, de estilo neoclásico, pero que es sucesora de un santuario medieval del siglo IX que habría sido erigido más allá de las viejas murallas siendo obispo Sisnando I, entre los años 877 y 920. Es importante tener en cuenta que este obispo habría consagrado en 899 la prerrománica basílica de Santiago, antecesora de la catedral en presencia de Alfonso III El Magno, la cual sustituía al primer santuario mandado hacer por Teodomiro y Alfonso II El Casto


Más segura es, no obstante, la fundación aquí de la abadía benedictina de San Pedro de Fóra en el siglo XI, llamada así, por estar fuera de las murallas y para distinguirla del antiguo monasterio de San Pedro de Antealtares, situado dentro de la cerca medieval, al lado de la catedral y cuyos monjes fueron los primeros custodios de la tumba y altar del Apóstol con Teodomiro y Alfonso II. Más adelante el enérgico Diego Xelmírez les eximiría de ese cometido, se entiende que con gran disgusto, su monasterio de desplazaría varias veces a consecuencia del crecimiento de la catedral, y se cambiaría su nombre y advocación por la de San Paio de Antealtares 


"La fábrica medieval de este monasterio era de estilo románico, muy semejante a la de Santa María del Sar; fue definitivamente demolida en 1839. En su lugar se levanta hoy en día el edificio neoclasicista de la iglesia parroquial de San Pedro", nos dice Blanco-Rajoy sobre la suerte corrida por este otro convento, el de San Pedro de Fóra


Aquel antiguo cenobio aquí existente, entonces en un entorno netamente rural, ocupaba el solar del actual templo y subsistiría, entre otras cosas de cobrar rentas a los vendedores de conchas, concheiros, del cercano barrio de este nombre, al menos desde el siglo XII


En el siglo XV las reformas de los Reyes Católicos y del Papa Urbano VIII supusieron el final de la vida monacal. La relajación de costumbres y la centralización monástica encaminaron la actividad conventual al monasterio de San Martiño Pinario, al norte justo de la actual catedral, a donde pasaron sus rentas y monjes, si bien se instalaron aquí algunos capellanes para mantener el culto

 
Así empezó un tiempo de decadencia, si bien el cenobio se sabe fue mandado reconstruir en 1631 por el arzobispo Diego Vela Becerril, pero poco duró la obra nueva, pues en 1667 es el mismo cabildo catedralicio quien denuncia su nueva ruina así como la usurpación de sus imágenes


Aunque dos benefactores particulares, Simón Suárez Berbetoros y Tomasa de Luaces, desearon ampliar el santuario, a finales del siglo XVIII ya no se podían celebrar aquí los oficios religiosos dado su franco deterioro, llegando a rebajarse paredes y techo para evitar su derrumbe. En 1842, ya sin tejado, se instó por parte del Ayuntamiento a su derribo,  pero al no hacerse y caerse parte de la estructura en 1854, fue demolido definitivamente y en su lugar se construyó el templo actual. Con sus piedras se enlosó la Praza da Quintana, al pie también de la catedral de Santiago, así como el camino desde la Porta Faxeira de la antigua muralla a A Alameda 


Hasta ese siglo XIX su campo fue empleado como cementerio, en 1962 se hicieron estudios arqueológicos a cargo de José Guerra Campos y a principios del siglo XXI excavaciones arqueológicas en las que se hallaron cimientos de la iglesia románica y enterramientos desde el siglo IX de frailes y peregrinos inhumados en el antiguo monasterio, pues tuvo hospedería para los romeros, dándoles servicio desde mucho antes que se construyese del Hostal dos Reis Católicos en el siglo XVI e incluso posiblemente el más antiguo Hospital de Santiago. La reurbanización del año 2004 recupera en el tamaño y forma de la plaza las dimensiones de la desaparecida construcción medieval, así como con losa rojiza se señala ese camposanto. Esta es la evocadora descripción del Centro Virtual Cervantes de esta iglesia:
"Al igual que les ocurre en Trieste a Italo Svevo y a Claudio Magris, el viajero que llega a Compostela ama las cosas que no existen y encuentra en la ausencia su propio destino. Pensemos en la plazuela de San Pedro, donde figura la iglesia neoclásica bajo cuyos cimientos se oculta el tiempo perdido, o mejor, las páginas de un libro que leemos de atrás hacia delante. Ruinas, vislumbres, atisbos de lo que un día fue y dejó de ser la ciudad. Desde hace mucho la arqueología sabe construir este tipo de reminiscencias. De ahí que nos guíe esa disciplina a la hora de figurarnos cómo creció el recinto de San Pedro de Afora. 
En el atrio descubrieron los investigadores algunos enterramientos. Dicen que corresponden a romeros que hallaron su cobijo final en el viejo monasterio benedictino, antaño usado como hospedería. Los restos más antiguos están datados en el siglo xii, el mismo en el que se alzó el antiguo cenobio. Como un fondeadero en el que confluyen los regatos de la historia, el suelo de San Pedro nace de la memoria y asimismo la enciende y la excita. Por eso decimos que las figuras talladas por Ferreiro no sólo enriquecen el interior templo; tienen además algo de guardianes o de exponentes de una nostalgia gloriosa."

Si tenemos oportunidad, no dejemos de visitar el interior de la iglesia para admirar las tallas del prestigioso escultor José Ferreiro, gran representante del neoclasicismo en Galicia, existentes en su interior


Al entrar y, mirando hacia arriba la fachada del templo, contemplaremos el semióculo u óculo semicircular que da luz natural al interior de la iglesia


Justo encima, un pequeño símbolo labrado en la piedra no ha de pasarnos desapercibido...


Un pino y, al lado, dos conchas, símbolo de los peregrinos que aquí se acogían y aquí se enterraban y que tal vez revelen también la vinculación del santuario con las vieiras y su venta en Os Concheiros, pues, como leemos en Turismo Galicia, "Desde el año 1200 se beneficiaba del canon que tenían que pagar los vendedores de conchas situados en sus cercanías"


El pino, por su parte, señala, como los demás que hemos visto en la rúa de San Pedro, su dependencia del convento de San Martiño Pinario desde el siglo XV. Esta es su historia resumida en el Portal de Archivos Españoles (PARES):
"Se cree que su fundación data del siglo IX, pocos años después del descubrimiento, según la tradición, de los restos del Apóstol y del origen de la actual ciudad de Santiago. En sus primeros años se organizó como una iglesia rural anexa a la Catedral de Santiago. El nombre de Fóra le viene precisamente por encontrarse a las afueras de la ciudad y para distinguirlo del de Ante Altares que se encontraba dentro. 
Una vez establecida en ella la comunidad benedictina tuvo varios prioratos agregados, entre los que se encontraba el de San Antolín de Baíñas. Al igual que Santiago y sus templos adyacentes, San Pedro de Fóra fue destruido tras la campaña de Almanzor, a finales del siglo X. Edificado de nuevo, fue restaurado totalmente hacia el año 1173, tuvo funciones de hospital y hospedería de peregrinos del Camino de Santiago, albergando también un espacio dedicado a dar sepultura a los monjes, pobres y peregrinos que fallecían en sus instalaciones. 
Durante los últimos años del siglo XV, en el marco de la reforma de los monasterios impulsada por los Reyes Católicos, el Papa Inocencio VIII ratifica la solicitud de incorporar San Pedro de Fóra, junto a todas sus rentas, al monasterio de San Martín Pinario. La bula papal de 1487 suponía que el monasterio dejaba de existir como abadía y monasterio independiente, no obstante parece ser que la ejecución de la misma no se llevó a cabo inmediatamente y la comunidad religiosa se mantuvo durante unos años más. Sin embargo, en otra bula de enero de 1494, sí se mencionaba como definitiva la incorporación de San Pedro de Fóra a San Martín.
Tras la salida de los monjes a Pinario, San Pedro de Fóra quedaba extinguido como monasterio, manteniendo únicamente algunos capellanes encargados de mantener el culto diario en la iglesia. Las dependencias del Monasterio fueron quedando en estado ruinoso hasta el siglo XIX que desapareció por completo. La iglesia actual de San Pedro conserva algunos restos de la primitiva construcción del antiguo monasterio."

Adentro admiramos la planta basilical de tres naves, con bóveda de cañón la central o nave mayor, separada de las laterales, la de la epístola y la del evangelio, por dos arcos de medio punto a cada lado


Este es el lado del evangelio, el izquierdo según entramos y el derecho visto desde el altar mayor


Y a la derecha, es el lado de la epístola, sus nombres se deben a que están frente al lugar en el que se leen epístolas y evangelios en los oficios religiosos


Este es uno de los retablos y oratorios de ese lado de la epístola, una de más magníficas obras de José Ferreiro


A su derecha un cuadro de la Virgen con el Niño, estilo icono ortodoxo, colocado sobre una orla de rayos celestiales; arriba dos ángeles portan una corona. Encima, vemos uno de los ventanucos que dan luz natural a estas naves


En el retablo, de llamativo color claro, hay diversas hornacinas para algunas imágenes religiosas, destaca por su tamaño la del Ecce Homo que lo preside. Arriba a su derecha están las de los evangelistas San Marcos y San Juan (esta sin su talla) y a la derecha San Mateo y San Lucas (en esta su figura también ha desaparecido)


Entrada a la sacristía, con una talla de la Virgen del Carmen a la izquierda de la puerta y otro retablo a la derecha


El escultor José Ferreiro, de nombre completo José Antonio Mauro Ferreiro Suárez es considerado el más importante representante del neoclasicismo en Galicia entre la segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del XIX. La mayor parte de su obra está repartida por las iglesias de Santiago de Compostela


Este retablo representa una escena del Nacimiento con María, José y el Niño en el pesebre. A la izquierda hay una talla grande de un santo que no hemos podido reconocer


La vinculación de José Ferreiro, nacido en la cercana villa coruñesa de Noia el 14-1-1738, con Santiago de Compostela se remonta a los ocho o nueve años de edad, cuando llega con su madre a esta ciudad tras la muerte de su padre, Domingo Ferreiro, de quien heredó el oficio de escultor


Al faltar el padre de familia y ser el mayor del cinco hermanos hubo de ponerse a trabajar y por ello ingresó en el taller del maestro José Gambino, coruñés de ascendencia genovesa, cuya familia había fundado en Faramello la primera fábrica de papel de Galicia, aunque sin embargo su abuelo, llamado como él, era escultor y de él aprendió estas artes que luego transmitiría a su vez a su discípulo José Ferreiro, que terminó siendo su yerno, pues se casó con su hija Fermina en 1758. Leemos en su biografía de la Real Academia de la Historia:
"En el taller de Gambino, Ferreiro no sólo completó su formación técnica y estilística, sino que progresó de tal forma que en el año 1758 se casó con la hija de su maestro, Fermina Gambino, con quien tuvo tres descendientes. El lazo familiar vino a ser la culminación del perfecto entendimiento entre maestro y discípulo, hasta el punto de contratar ambos en pie de igualdad las obras que debían realizar, aun las de mayor envergadura. 
En el taller de su suegro, además, Ferreiro entró en contacto con el arte italiano, puesto que Gambino era hijo de un genovés que, a principios del siglo xviii, había montado una fábrica de papel cerca de Santiago, adonde además traía consigo la tradición artística de su país, legado que pasó a sus sucesores en forma de bocetos, estampas y grabados que se convirtieron en fuente de primera mano para conocer el arte de los grandes maestros (Rafael, Miguel Ángel...), pero sobre todo el barroco italiano encarnado por Bernini, huella que se descubre una y otra vez en la obra de Ferreiro, cuya evolución pasa por tres etapas: una de formación, otra de madurez, que algunos llaman también “magistral”, y una última, la de Sanabria, denominada así por transcurrir en estas tierras actualmente pertenecientes a Zamora. 
El patrimonio técnico y artístico de raíces barrocas, heredado de su propio padre, se verá endulzado por la estética rococó dominante a mediados del siglo xviii en Compostela que su suegro le transmite y que se manifiesta en la producción de juventud que se atribuye a Ferreiro..."

Vista del altar y del magnífico retablo con las tallas de santos de José Ferreiro, cuyo primer trabajo de envergadura fue con su suegro en el retablo del monasterio de Sobrado dos Monxes, al que seguirían más tarde el de San Mamede de Carnota y el frontón escultórico de la fachada del Pazo de Raxoi. En Sobrado, Ferreiro conocería al maestro escultor Manuel Francisco Álvarez de la Peña, de quien incorporaría las pautas del arte neoclásico, pues los monjes le habían encargado dirigir la construcción del grandioso retablo mayor "con arreglo al nuevo orden", trayendo para ello el abad "a los mejores escultores del Reino de Galicia"


A la derecha y orientado al sur, otro ventanuco da luz a esta cabecera con su altar mayor y retablo, en el que arriba, rematando su estructura, vemos otra imagen de la Virgen María con el Niño, mientras que abajo, en medio, está San Pedro, inconfundible con sus llaves; a la izquierda es San Andrés con su cruz y a la derecha un evangelista, tal vez San Juan, hermano de Santiago el Mayor


Esta temprana veneración y patronazgo a San Pedro en el acceso más importante a Santiago no es casual, la Xacopedia nos informa que desde el primer momento se quiso vincular en Compostela el culto a Santiago con el de San Pedro, lo que no dejó de levantar serias suspicacias en otro gran centro de peregrinación de la cristiandad, San Pedro de Roma. Ya al descubrirse los restos de Santiago o los que por tales se tiene, se construye un primer templo dedicado a San Pedro, a los que seguirán otros más tal que este de San Pedro de Fóra, apoyado en el siglo XII por Diego Xelmírez:
"Tras la desaparición física de los dos apóstoles, no volvemos a tener noticias que los vinculen, hasta que en la Edad Media surge la cuestión jacobea. El primer motivo que los vuelve a unir -y ahora no precisamente en positivo- va a ser la problemática cuestión de la evangelización de la Península Ibérica. Según la tradición compostelana, Santiago viaja al extremo occidental del mundo conocido -España y Galicia- y logra establecer, no sin esfuerzo, las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, según la tradición romana, serían los apóstoles Pedro y Pablo los protagonistas indirectos de la evangelización peninsular, al enviar desde Roma a los primeros discípulos encargado de la misión. Se sostiene que el propio Pablo pudo ser el primer evangelizador peninsular. En algún texto incluso se alude a una posible visita de San Pedro.  
Pese a las periódicas suspicacias entre Roma y Compostela por la cuestión indicada, la Iglesia compostelana procuró, desde sus primeros tiempos, vincular la figura de San Pedro a la del Apóstol enterrado en Compostela. Cuando, tras el supuesto descubrimiento de los restos de Santiago, se construye el primer templo a él dedicado, también se levanta otro, posteriormente desaparecido, bajo la advocación de San Pedro como cabeza de la Iglesia. En el siglo XII el arzobispo Diego Gelmírez promueve la iglesia de San Pedro de Fóra, en la entrada del Camino Francés en la ciudad, en el actual barrio de San Pedro."


Y es que además, en tiempos de Diego Xelmírez, el Codex Calixtinusel gran corpus documental jacobeo, destaca a San Pedro, San Pablo y Santiago el Mayor como los discípulos favoritos de Jesús, considerándolos las Tres Columnas de la Iglesia, Roma con San Pedro, Compostela con Santiago y Éfeso con San Juan, una idea que llevaba latente tiempo atrás. La propia evangelización de Hispania sería entonces indirectamente obra también de San Pedro y San Pablo al habérsela encomendada a Santiago, e incluso se diría que ambos en algún momento estuvieron en la Península


Sea como fuese la teoría de las Tres Columnas fue atacada por Roma pues casi planteaba una paridad entre las tres sedes, Santiago en occidente, Roma en el centro y Éfeso (San Juan) en el oriente. La suspicacia de Roma hacia Santiago había llegado a ser tal que en el Concilio de Reims del año 1049 el papa León IX pronunció excomunión contra el obispo de Santiago, Cresconio, por utilizar el título Episcopus Apostolicae Sedis o, en concreto, Episcopus Iriensis et Apostólice Sedis, lo que hizo temer a Roma por un posible cisma, "A pesar de que surgía la idea metropolitana de la sede del Apóstol, sería Gelmírez quien un siglo después lograría convertir este prestigio moral en estatuto jurídico, pero siempre supeditado a la iglesia romana", leemos en Xacopedia:
"Basándose en una interpretación interesada de la figura de Santiago el hermano del Señor o el Justo, que asimila a la del Santiago el Mayor, la Iglesia compostelana de los siglos XI y XII intentó difundir al Apóstol jacobeo como uno de los tres grandes pilares del cristianismo. La intención última era promover a Compostela como una de las tres grandes sedes de la Iglesia universal. Al final la propuesta no funcionó, pero evidencia la ambición y el atrevimiento de varios de los prelados de este periodo. 
En este sentido Manuel Díaz y Díaz explica que esta teoría sitúa a Pedro, sucesor de Cristo, en el centro del ecúmene, a Santiago a la izquierda en el Occidente, y a su hermano Juan en Éfeso, a la derecha, de acuerdo con la conocida petición hecha por la madre de estos a Jesús. Esta teoría se atestigua en el capítulo XIX de la Historia de Turpín, y con matices más elaborados en el sermón Exultemus, pero ya aparece establecida de manera rudimentaria en el conocido himno astur de 786. Las tres sedes debían tener preeminencia absoluta y ser los grandes patriarcados de la cristiandad. La teoría, terminantemente reprobada por Roma, que ve peligrar su jurisdicción única, se mantuvo en terrenos puramente especulativos, concluye Díaz y Díaz. 
López Alsina destaca que, para la Iglesia compostelana, “estos tres santos lugares en que predicaron tres apóstoles están por encima de las demás sedes del mundo. Roma tiene que ser la primera sede, pues Pedro era el príncipe de los apóstoles. Compostela debe ser la segunda, porque Santiago fue, tras San Pedro, el mayor de los apóstoles. Sabemos por Giraldo de Beauvais que Gelmírez deseaba que la apostolicidad compostelana se reconociera con la concesión de un patriarcado”.

Pila bautismal y arriba cuadro en relieve con la imagen de San Juan Bautista bautizando a Jesús en el Jordán


Sobre ellos, el Espíritu Santo


Pasamos ahora al lado del evangelio, donde hay otro retablo y esculturas de José Ferreiro, de quien se dice que de la influencia rococó de su maestro evolucionó con Manuel Francisco Álvarez de la Peña a un clasicismo muy personal, llegando a ser definido por el historiador de Arte Ramón Otero Túñez como "un escultor barroco de alma neoclásica"


En Santiago de Compostela, además de estas esculturas de San Pedro de Fóra, aparecen obras suyas en el convento de San Martiño Piñario, en el de San Francisco, en el de San Domingos de Bonaval, el frontón del Pazo de Raxoi con la escena de la batalla de Clavijo y la estatua de Minerva para la Universidad (hoy en la Facultad de Química), etc.:
"Numerosas parroquias de toda Galicia presumen de tener alguna obra de este artista y, a pesar de que, efectivamente, trabajó de manera incansable para dar satisfacción a todos los encargos que recibía, gran parte de las que se le atribuyen son obras de escultores que, ya en vida de Ferreiro, lo imitaban, algunos con gran habilidad"

En este retablo aparecen de nuevo la Virgen María, San José y el Niño Jesús en su infancia


Detalle de las esculturas, estos retablos laterales reflejan pues episodios de la vida de Jesús


Arriba, en la pared transversal, una imagen de San Roque, santo peregrino cuyo culto se extendió tanto con las peregrinaciones como con la peste, que él mismo padeció cuidando a los enfermos durante su peregrinación a Roma. Aparece mostrando las llagas de su pierna contraídas con la enfermedad y, al otro lado, un ángel, siendo esta una de sus características iconografías



Seguidamente a este retablo de la Sagrada Familia llegamos ya al último que encontraremos en esta iglesia


Muestra una gran escultura de San José con el Niño Jesús


En la etapa final de su vida, Ferreiro se va a vivir y a trabajar a Sanabria, llamado en 1813 por el párroco de Hermisende (donde morirá el 2 de enero de 1830), el sacerdote José Rodríguez, natural de O Carballiño, en Ourense, quien le conocía de su antiguo destino en San Martiño Pinario. Hermisende además pertenecía por entonces, como otras parroquias sanabresas, del obispado de Santiago:
"El motivo por el que el afamado escultor decidió instalarse allí, ya con setenta y cinco años, hubo de venir determinado por un cúmulo de circunstancias que se iniciaron con el fallecimiento de su esposa, en 1806, seguida de la muerte de su hija mayor, María, y el pleito puesto por su yerno Jacobo Pecul, disconforme con las partijas que Ferreiro había decidido hacer en 1812 entre su hija Manuela, casada con Pecul, y su yerno Vicente Portela, viudo de María, en representación de sus hijos menores. Pero para cuando el litigio se hubo resuelto, en 1817, con la corrección de las partijas, el escultor ya había decidido quedarse a vivir hasta su muerte como huésped del párroco de Hermisende, para quien hizo sus últimas obras importantes, trabajando también esporádicamente para otras feligresías vecinas. (...) 
En Hermisende murió a los noventa y un años, aún trabajando. Su muerte puso punto final a la producción de uno de los artistas más prolíficos no sólo de Galicia, sino de toda Europa."

Como solemos hacer cuando visitamos iglesias y otros santuarios, es al salir cuando nos fijamos especialmente en el coro, arriba y sobre la entrada


Desde la Calzada de San Pedro regresamos a la rúa homónima y, con ella, al Camino. Además del germen en torno al viejo monasterio medieval de San Pedro de Fóra, la web del barrio de San Pedro nos dice que este nació "como un conjunto de arrabales y rúa extendidos a la entrada de Santiago por el Camino Francés" y que es "un barrio casi tan antiguo como la propia ciudad", un Camino por el que venían los peregrinos pero también, y sobre todo, comerciantes, viajeros y campesinos


Enfrente, en la esquina, estaba A Tenda Carmiña y, a continuación, se halla actualmente el espacio de creación gráfica y pintura Oficina Rúa


La rúa de San Pedro hace aquí un poco de curva en esta encrucijada, a la que antes hacíamos referencia, pues es donde empieza su tramo final hasta la Porta do Camiño, la entrada en el antiguo Santiago intramuros


Dejamos a nuestra derecha la Travesía de San Pedro, que comunica esta rúa de San Pedro con la rúa do Medio, paralela a esta y que pasa unos metros más arriba, la cual viene de otro histórico santuario de este barrio, una capilla que, aunque no vemos desde el Camino, estimamos muy conveniente mencionar, pues es la razón de la existencia de la rúa da Angustia en A Cruz de San Pedro. Nos habla de ella Blanco-Rajoy:
"En el mismo arrabal de San Pedro se encuentra la capilla de “Nosa Señora da Quinta Angustia” o de la “Angustia de Arriba”, erigida por Cristóval Francés en 1465, quien en esa fecha recibió de manos del abad de San Pedro de Afora, el foro de un solar para poder edificarla5; en la inscripción fundacional (que se conserva en el dintel de la puerta de la sacristía), se menciona la ermita junto con un hospital6. Precisamente en “unos hospitales” que estaban cerca de esta capilla, fue donde se recluyó a los afectados por el brote de peste que se produjo en la ciudad en 15977. El visitador Jerónimo del Hoyo indica que lo que allí había por entonces eran “[… ] tres casas junto a Nuestra Señora de la Angustia para los pobres de mal contagios, a cargo de los limosneros que fuesen de los señores arçobispos […]”

En esta esquina estuvo el Bar El Mosquito, un clásico del taceo, beber vino en tazas, de Santiago de Compostela, con Julio a su frente. Lleva mucho tiempo cerrado, pues ya el 10 de agosto de 2011 La Voz de Galicia lo recordaba con morriña:
"La reapertura de O Tranquilo viene a compensar la reciente pérdida del Mosquito, que con la desaparición de aquel venía siendo un poco el buque-insignia del taceo de la rúa de San Pedro. La taberna no pudo aguantar mucho tiempo la marcha de su propietaria, Julio, y a los pocos meses llegó su ocaso definitivo. 
¿Definitivo? Lo mismo se decía de O Tranquilo, cuando la parroquia lo dio por enterrado para toda la eternidad. Pero alguien desplazó la losa, y los afligidos clientes de O Mosquito esperan que ocurran algo semejante ocurra con este local, de quien dicen que aún recibe infructuosamente pedidos de su afamado licor café. 
La rúa de San Pedro era una de los grandes ramales del taceo en Compostela, y aun continúa siéndolo, pero muy mermado por las notables bajas habidas en la nómina de tascas.

Pasando la curva, se va acabando la ligera pendiente en baja de la rúa de San Pedro viendo ahora ya su final ante la Porta do Camiño, de la que nada queda ya allí, como tampoco de la muralla, por donde se entraba en el Santiago intramuros y de la que dice Blanco Rajoy:
"La llamada “Porta do Camiño” de la ciudad de Santiago de Compostela, corresponde a la antigua “porta Francigena” que menciona el Códice Calixtino como “primus introitus” de la urbe2. No solo era la entrada correspondiente al Camino Francés por tanto, una de las más transitadas de la ciudad, sino también el nexo de unión entre la ciudad amurallada y el antiguo arrabal de San Pedro, el primero y quizá el más populoso de Compostela que se habría creado en el siglo X, en la márgenes del propio camino, extramuros y en el entorno del antiguo monasterio de “San Pedro de Afora"

A nuestra izquierda está la Escola Teatro Danza Espazo Aberto, fundada en 1992 y que imparte enseñanza de artes escénicas


Por aquí desfilaba la comitiva de los nuevos arzobispos compostelanos, que eran recibidos en la Porta do Camiño como señores de la ciudad dentro de un ceremonial de recibimiento y entrega de llaves, para luego continuar hacia la catedral


Admirable línea de miradores-galería en la planta alta de esta fila de casas, la primera la del estanco, donde nos fijamos en el llamativo balcón de hierro forjado y filigranas del primer piso


Y en la pared, el texto Se chove que chova, 'si llueve que llueva', que nos recuerda los versos de Federico García Lorca Chove en Santiago de sus Seis poemas galegos...
Chove en Santiago,
meu doce amor.
Camelia branca do ar
brila entebrecida ó sol. 
Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e de sono
cobren a valeira lúa. 
Olla a choiva pola rúa,
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaído
soma e cinza do teu mar. 
Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
ágoa da mañán anterga
trema no meu corazón

La rúa sigue en ligera bajada; al fondo, en las casas de la Porta do Camiño, empezaba la muralla. Allí dejaremos esta calle para tomar la rúa das Casas Reáis


La aldea del extrarradio hubo de tener una cierta impronta urbana al estilo de villa lineal que debió de hacerse especialmente perceptible en la baja Edad Media. En APTCM Galicia nos lo cuentan así:
"En el siglo XV, la Rua de San Pedro comenzó a cobrar vida con la construcción de edificios emblemáticos que reflejan la arquitectura gallega. Desde entonces, ha sido testigo de innumerables eventos históricos, desde celebraciones religiosas hasta encuentros culturales. La mezcla de estilos arquitectónicos, que van desde lo gótico hasta lo barroco, le da un aire de autenticidad y encanto. Cada piedra tiene una historia que contar, y cada esquina invita a la curiosidad".

Si bien la mayor parte de los peregrinos suelen pasar más o menos apuradamente a culminar su romería en la Praza do Obradoiro y visitando la catedral, no son pocos los que se detienen acá y allá a ver, comprar o tomar algo y, por supuesto, una vez se cumplimentan los rituales de llegada y se descansa un poco, casi todos ellos se desparramarán por la ciudad, regresando muchos a esta rúa que tan bien les acogió:
"La Rua de San Pedro no es solo un destino turístico; es un lugar donde la historia y la modernidad se entrelazan, creando un ambiente vibrante y acogedor. Cada visita es una oportunidad para descubrir algo nuevo, ya sea un rincón escondido, una obra de arte impresionante o un platillo delicioso. Así que, la próxima vez que te encuentres en Santiago de Compostela, asegúrate de dedicar tiempo a explorar esta fascinante calle."


La línea de edificios de elegantes balcones de hierro forjado, algunos salientes y floridos, de galerías, con escaparates en los bajos, se extiende por toda la rúa. Es nuestra verdadera "calle mayor", como en algún momento lo fue, para dirigirnos al corazón de la ciudad. Al igual que vía de llegada, era también utilizada para todos los que se dirigían de aquí hacia Asturias, León y Castilla, además de allende los Pirineos. El barrio ha sido descrito alguna vez como "una pequeña ciudad dentro de Santiago"


La rúa de San Pedro hace aquí una recta en rampa descendente, viendo al fondo la concentración de casas de la rúa das Rodas, que sigue el trazado de la antigua muralla, la cual, como tantas otras, fue desapareciendo en el siglo XIX por los condicionantes urbanísticos imperantes tras mucho tiempo sin valor defensivo alguno


Se conserva de aquella muralla el famoso Arco de Mazarelos, pero no aquí, sino algo más al sur de la Porta do Camiño, más allá del Mercado de Abastos. Se trata de una de las antiguas puertas, por la que entraban, entre otros viajeros, los peregrinos de la Vía de la Plata y, entre otras mercancías, el vino de Ribeiro procedente de Ourense, como consta en el capítulo IX del libro V del Codex Calixtinus:
A cidade de Compostela está situada entre dos ríos llamados Sar y Sarela. El Sar se encuentra al oriente entre el Monte do Gozo y la ciudad, y el Sarela al poniente. Las entradas y puertas de la ciudad son siete. La primera entrada se llama Porta Francíxena; la segunda, Porta da Pena; la tercera, Porta de Sofrades; la cuarta, Porta do Santo Peregrino; la quinta, Porta Falgueira, que conduce a Padrón; la sexta, Porta de Susannis; y la séptima, Porta de Mazarelos, por la que llega a la ciudad el precioso Baco.

Que no se nos olvide decir que esta calle tiene su propio himno, Pola rúa de San Pedro, compuesta por Magín Blanco para Malvela en 2011, fue reinterpretada y readaptada por las cantareiras Uxía, Mondra y otras, así como la producción de Xosé Manuel Budiño; esta es su letra
Cantora que ves cantando esta doce melodía,
canta que estou agardando, canta que estou agardando
a que chegue o novo día.

Cantora que ves cantando cántame a túa canción
porque aínda levo gravado, porque aínda levo gravado
espiño no corazón.

O teu canto ha de ser leve pra que non faga ferida,
o querer ha de ser fondo, o querer ha de ser fondo
pra que dure toda a vida...

O merlo tamén cantaba pra fuxir da soedade,
a soedade xuraba, a soedade xuraba
que ela non facía male.

Pra chegar a Compostela guiábame pola lúa.
Pola rúa de San Pedro, Pola rúa de San Pedro meteuse na casa túa.

Aquí vai a despedida, aquí vai a derradeira,
se tes o corazón roto, se tes o corazón roto
non haberá quen o queira...

Y esta su música...


Hablar de todos los comercios y locales de la rúa sería prolijo, pero podríamos citar, aquí a la derecha A Despensa, tienda de alimentación que puede sernos especialmente útil para avituallarnos cara a nuestra entrada en el centro histórico. El lugar es famoso además por las frases que escribe Carlos, el dueño, cada día en la pizarra, las cuales llaman la atención, como pone de manifiesto el periódico La Voz de Galicia el 9-2-2026:
"Desde el 2022 una de las primeras tareas de Carlos, al frente de A Despensa —una tienda de productos de alimentación, hogar, bebidas frías y comida para llevar situada en la rúa de San Pedro, en Santiago—, es, además de abrir el establecimiento, cambiar la frase escrita en una pizarra de su exterior. «La escribo a diario. Como explico en la pizarra son ''Frases para reflexionar''», apunta Carlos, evocando cómo fue el intento de hacer pensar a la gente y de dar también una mayor visibilidad al negocio lo que empujó a llevar adelante la iniciativa. 
«Empecé recordando flases clásicas, de Homero o Aristóteles. Ahora, ya escribo frases más actuales. Intento ir acorde las fechas, como ahora en carnaval, pero tampoco eso es algo que me marque la agenda. Tengo páginas de referencias para consultar frases y ahí las busco a diario. Cada jornada dedico bastante tiempo a pensar la del día siguiente; son frases además que también me hacen pensar a mí», admite Carlos, señalando que aborda todo tipo de temáticas y oraciones, siempre que opten por el respeto y no hieran a ningún colectivo 
«Todas las frases, de las que muchas aclaro la autoría, las voy recogiendo en un Instagram que me abrí para ello», apunta aludiendo a la cuenta @_despensa_ en donde se leen desde oraciones ya célebres, como ''Hemos guiado a los misiles y desviado a los hombres'', de Martin Luther King o ''Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa se vuelve la naturaleza de su lenguaje'', del escritor y filósofo británico Aldous Huxley a otras anónimas. «Las elijo también al base al momento en que me encuentre yo», se sincera Carlos. La de este lunes es: «El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente». 
«Lo más bonito es que cada vez más vecinos se acercan para sugerirme frases. Algunos hasta me llenan folios con muchas y me los traen», añade, recordando algo que le emocionó. «Un vecino, que no sé quién es, me dejó una carta en el establecimiento. Me decía esto: ''Cando baixo pola rúa de San Pedro o primeiro que agardo ver é a torre de San Agustín xunto ás da Catedral. Penso que son unha perfecta combinación. O seguinte que quero ver é a pizarra da despensa, para poder baixar o resto da rúa reflexionando cada día con algo diferente. Creo que fas do mundo un lugar mellor''. Solo por eso vale la pena», realza".

Pero quien prefiera la mesa y el mantel tiene enfrente buenos referentes, como el ya antes mencionado Restaurante A Moa, célebre por sus productos y comida de mercado, dividido en dos espacio, el sótano, abierto a jardín, que es propiamente el restaurante y, a la misma entrada, el bar. Es El restaurante de Santiago donde disfrutar de la cocina tradicional gallega con un toque moderno, como afirma Mariló Pérez en El Español del 18-6-2025:
"En el número 32 de la rúa de San Pedro, en Santiago de Compostela, se encuentra A Moa. Con 14 años de trayectoria, este restaurante destaca por su cocina tradicional gallega, elaborada con un enfoque particular. "Queremos hacer platos que solo se puedan comer en A Moa", comentan sus responsables, Manuel Fernández y Lolo Castro.
A Moa se caracteriza por trabajar con productos de proximidad y de temporada y si hay un protagonista en su cocina son las verduras. "Todo lo vegetariano ha ido ganando peso con los años, en parte porque era algo que nos pedían los clientes. La gente también decide hacia donde tienes que caminar", señalan. 
En este sentido, en su carta nos podemos encontrar diferentes opciones vegetarianas como los puerros asados, las berenjenas, los calçots, las setas o las alcachofas, uno de los productos más demandados por sus clientes.
La carta de A Moa se va modificando en función de la temporada. Se trata de una carta sólida, que funciona muy bien entre sus clientes, conformada por unos 15 entrantes y cerca de una decena de segundos platos. 
Entre las opciones que se han convertido ya en clásicos del restaurante destacan las croquetas de 'polbo á feira', las voandeiras con escabeche de limón, los canelones, la croca, las alcachofas o el ceviche. "Aunque los primeros cinco años fueron muy duros y hubo que remar, ahora la gente confía mucho en que lo que le ofrecemos le va a gustar", destaca Manuel Fernández.
Además de su carta, cuentan con un menú del día, que van variando cada semana. Cuentan con tres opciones tanto de primer como de segundo plato y postre, siempre ofreciendo una opción vegetariana, una carne y un pescado. Y mientras la carta permanece más estable, en el menú del día sí que experimentan con sabores y texturas diferentes. 
Su carta de vinos está conformada por más de 50 referencias, entre las que nos encontramos vinos de las cinco denominaciones de origen gallegas, vinos españoles y también algún espumoso o vino dulce. 
La elección de San Pedro para establecer este proyecto gastronómico no fue casual. "La idea de barrio que había en la calle, la ayuda de lo cooperativo y de lo solidario, siempre nos gustó", reconoce Lolo Castro. 
esa identidad de barrio está presente en A Moa. "Al final hay una simbiosis, habitamos el mismo espacio dentro del barrio, la gente viene aquí y opina y nosotros escuchamos. En esa relación simbiótica y comunicativa, muy horizontal, creo que surgen cosas muy interesantes", destaca Castro".

Pasando el local de Stay Classic Tatoo está Camino Curry, "Unique Indian Restaurant for Pilgrims" de Kamal, el peregrino que lo dejó todo para montar un restaurante en Santiago, como encabeza Xiana Navarrete su artículo para El Correo Gallego del 11-7-2015:
"El Camino de Santiago es mucho más que una experiencia, para algunos supone incluso el comienzo de una nueva vida. Kamal Parekh abrió hace tan solo cuatro semanas un restaurante indio junto con su hijo en pleno recorrido del Camino Francés, en la rúa de San Pedro de la capital gallega, a menos de un kilómetro del destino final de la peregrinación: la catedral de Santiago.
Kamal, que todavía no habla mucho castellano, cuenta entusiasmado su historia y cómo el Camino le llamó, un relato inspirador para cualquiera, sea o no peregrino. 
Cocinaba para otros peregrinos

Desde julio hasta agosto de 2024, Kamal recorrió la Ruta Jacobea cocinando y alimentando al resto de peregrinos que, como él, decidían emprender ese viaje. Los caminantes le manifestaban lo "increíble" que era su comida y fue, cuando llegó al final de su recorrido, que decidió quedarse unos días más cocinando en el albergue para todo aquel que quisiera acompañarle o lo necesitase.

“La comida es espectacular me decían, pero ni siquiera en ese momento supe por qué estaba viniendo a Santiago", explica Kamal, que remarca que él no tenía una intención religiosa, sino que el Camino le llamó y que a día de hoy sigue sin saber por qué.

Pero tras regresar a su país, en noviembre de 2024, decidió que debía volver a Santiago, aunque esta vez sin billete de vuelta: "Durante 10 días me hospedé en un albergue y cociné para turistas y peregrinos. Iba al mercado e invitaba a gente a acompañarme durante la comida. Solíamos ser 15 o 20 personas, juntábamos varias mesas y comíamos juntos". 

Su comida fue un regocijo para muchos peregrinos que, cuando llegaban exhaustos al final del recorrido, se encontraban con un plato ya en la mesa. Algo que agradecían a Kamal, lo que le llenaba de forma incalculable. 

Fue por eso que, tras seis meses de infinitas gestiones y mucho papeleo, Kamal, director general de una empresa de tecnología e informática en Reino Unido, decidió dejar de lado esa vida y hacer “algo para la comunidad” alimentando a los peregrinos que llegasen a Santiago. 
Camino Curry abrió sus puertas hace tan solo un mes dejando ver un local cuyos colores representan la unión entre España e India, con una cuidada decoración, pero, sobre todo, con mucha ilusión por generar lazos y una comunidad peregrina. 
Kamal tiene expectativas a largo plazo, incluso ha comenzado una "pared de la fama" donde establece vínculos entre los peregrinos a través de la fotografía, otra de sus aficiones.  
Entre su menú se pueden degustar algunos platos tradicionales de la India, como el masala chicken curry o el chicken lollipop. Su propuesta echa a andar ahora en la concurrida Rúa de San Pedro con la intención de ser parada obligatoria para todos los que buscan la Praza del Obradoiro".

En La Gastronomía exótica que trae el Camino es Francesca Simonelli para La Voz de Galicia la que nos informa de este restaurante indio...


Los negocios parece se suceden más concentradamente según nos acercamos al centro histórico de la Compostela intramuros. Verdaderamente esta rúa y barrio constituyen una verdadera 'ciudad dentro de otra ciudad' 


A la derecha, la Tapería La Pinta, bar de tapas y raciones en otra de estas magníficas casas cargadas de historia en los que tantos negocios existieron en sus bajos durante toda su larga historia...


Y este es el Restaurante DeLito, de los que también disponen de terraza-jardín en su parte posterior y del que encontramos esta estupenda reseña de Juan Capeáns en La Voz de Galicia del 8-11-2021 con La rúa de San Pedro, escena de Delito:
"Qué puede surgir de una conversación entre vinos y carnes en un restaurante de Santa Comba en la que están presentes uno de los mejores sumilleres de Galicia, un exitoso empresario de la informática con fincas ganaderas en Ávila y dos hermanos tratantes de carne con ejemplares repartidos por granjas en Outes y Negreira? La respuesta es DeLito, en el número 26 de la rúa de San Pedro, el local que ocupó durante décadas la parrillada San Clodio. Los cuatro socios lo han calificado como un espacio gastronómico, pero se puede hablar sin reparos de un restaurante-restaurante, esa especie hostelera en extinción que se ha dejado ganar terreno en favor del tapeo, la ración compartida y el tique accesible.
Vayamos por partes, como los buenos carniceros. El nombre, DeLito, explica muchas cosas, y todas legales. Lito es el paño de cocina de los camareros, pero también era el apelativo cariñoso y familiar de los dos Aurelios que inspiran este negocio: Aurelio Vázquez Fachal, compostelano de nacimiento, nariz privilegiada y continuador de la saga hostelera que hace siete décadas abrió una casa de comidas en Santa Comba que a día de hoy es uno de los referentes gastronómicos de Galicia; y Aurelio Delgado, Lito, el que fuera asesor y amigo íntimo, además de cuñado, del presidente del Gobierno Adolfo SuárezSu hijo, Carlos Delgado Suárez, es consejero de una empresa de nuevas tecnologías, pero paralelamente ha mantenido la tradición ganadera de la familia, con fincas en Ávila. Las otras dos patas que tiran de este peculiar carro son los hermanos Sergio y Rubén Rama, aparejador el primero, tratante de ganado el segundo, que se han ido reinventando profesionalmente hasta dar con su pasión por los animales y la carne, ejerciendo como profesionales con base en el sur de la provincia coruñesa pero con la lupa puesta en cualquier ejemplar singular que se mueva por España. 
El Aurelio compostelano pondrá el alma, la profesionalidad y el «cariño» en este negocio sin perder de vista las brasas de Santa Comba, mientras que el resto de los socios serán los proveedores exclusivos de carne para degustar los chuletones y chuletas de vaca labrega, los solomillos y los T-bone de ternera avileña o un steak tartar que ejecuta con maestría el también sumiller Manuel Corralero, que desde la sala llevará el peso de un equipo muy bien escogido y con currículos contrastados.  
En una carta relativamente corta hay pescados (lubina a la brasa o bacalao confitado con crema de coliflor, además de lo que ofrezca el mercado ese día) y seis entrantes, tres pasados por la parrilla —navajas, berberechos y pulpo—, y también almejas a la marinera, mejillones en escabeche y foie con setas y patatas de Coristanco. Con los postres (torrija con helado, tiramisú, coulant de chocolate y tarta de tres quesos) se conforma una oferta muy compacta y basada en el producto que deja poco margen para el fallo. 
Como los negocios vecinos, el local cuenta con una planta al nivel de la calle, con barra y mesas altas; y un comedor en el bajo que da acceso a una terraza que tendrá su propio recorrido, aunque tiempo habrá para disfrutarla cuando llegue la primavera. De momento, la sensación del otoño, a cubierto, se llama DeLito, y no juzgarlo debería estar tipificado en el Código Penal."

Aquí estuvieron el Mesón Aflador, la Parrillada San Clodio, la Tapería Lúas... negocios que van y vienen, como a la derecha  Calzados Suso, tienda fundada en la década de 1950, uno de los comercios más veteranos del barrio, que también ha cerrado pero aún conserva su toldo


Otros abren, como el Café Eiquí, a continuación y a la derecha, cuya apertura constituyó toda una novedad que nos anuncia Amaya Mayer en Directo al paladar afirmando para encabezar que "Hay esperanza contra la gentrificación de Santiago de Compostela. Y este diminuto café, que cierra en fin de semana, lo demuestra"...
"Eiquí es un agujero cálido y luminoso, en los días de lluvia. Y acogedor. Con poco, consigue mucho
El barrio de San Pedro de Santiago de Compostela ha cambiado mucho en los últimos años. Un poco de gentrificación, sí, pero también proyectos nuevos que suman sin romper. Aún se respira espíritu de barrio, con su mezcla de vecinos de toda la vida, peregrinos en ruta y curiosos que se desvían del centro más turístico. 
Está en el número 17 de la Rúa San Pedro, y es fácil pasar por delante sin darse cuenta. Es poco más que un agujero en la pared. Un agujero cálido y luminoso, en los días de lluvia. Y acogedor: aunque haya poco espacio, puedes sentarte cómodamente en las barras laterales. Con poco, consigue mucho. 
Eiquí es el proyecto personal de María Pardo. En 2013 estuvo en Irlanda, donde entró en contacto con el mundo del café de especialidad. Después, ya en Santiago, pasó por otros proyectos como Cadrado Doce y Mori, hasta decidir montar algo propio. 
La idea detrás de Eiquí es clara y sencilla: café de calidad y repostería casera. María está a cargo de todo: hornear, extraer y atender, y ha encontrado el equilibrio necesario para poder hacerlo cómodamente. Por eso el horario es muy personal: cierra al mediodía y los fines de semana. A cambio de estas pequeñas limitaciones, tienes un buen café. 
La oferta se basa en café de especialidad de distintos tostadores nacionales: el de Singular Coffee (O Grove, Pontevedra) es un fijo, igual que el de Ineffable (Sevilla), pero puede haber más opciones, como el de Puchero (Valladolid), que también provee a Eiquí de chocolate. 
Espresso, batch, mocca; americano, con leche (animal o vegetal); y también matcha latte, chai o iced. Da igual lo que elijas: el café está bien trabajado, y es sin duda de lo mejor que se puede tomar en Santiago a día de hoy. No hay prisa, y se agradece. 
En una ciudad donde aún abundan los cafés mediocres o quemados, tener una taza así en el barrio es un lujo. Sin grandes alardes: solo café, hecho con conocimiento y cariño. 
La oferta dulce sigue el estilo anglosajón: muffins, brownies, crumbles. Muchos de los postres, además de estar ricos, son veganos, porque aquí se trabaja la inclusión. 
Yo probé una tartaleta bakewell —pastel de masa quebrada con un relleno de frutos y almendra— y un crumble de manzana vegano: ambos sabrosos y sin exceso de azúcar. 
Lo que hay en el pequeño mostrador es lo que se ha hecho esa mañana. Si se acaba, se acabó. 

En Eiquí hay vecinos con su café para llevar, trabajadores de oficina que caminan unos metros más para conseguir un café mejor, y peregrinos con buena puntería. Se mezclan quienes vienen cada día a por su dosis de cafeína y charleta con quienes están de paso, aunque la mayoría —alrededor del 80 %— son vecinos. Tanto es así que en agosto, justo cuando más turistas hay, Eiquí cierra por vacaciones.  
¿Por qué merece la pena? Porque el café está rico, ante todo. Porque es un negocio de barrio. Porque hay una chica barista, algo aún poco común en el mundo testosterónico del café de especialidad. Porque el café es de especialidad, pero no es el reclamo. Porque si decimos que comprar es un acto político, también lo es decidir dónde tomar nuestro café".


Eiquí es pequeño pero fue uno de los cuatro cafés compostelanos finalistas para ser la mejor cafetería de España, "un pequeño pero encantador local en el que disfrutar de un rico café de especialidad, que puede acompañarse de repostería casera", destaca la corresponsal Lucía Martínez con este motivo en El Correo Gallego del 29-1-2025. Forma parte además de La nueva ruta del café de especialidad en Santiago, como la anuncia la web culinaria Planomato...
"Esta nueva ruta del café se concentra en varios puntos, pero el Barrio de San Pedro y la zona de Concheiros son el epicentro. Aquí encontramos varios locales que han sido reconocidos recientemente. (...) Además, si buscas un sitio acogedor en el mismo barrio, Eiquí Café (Rúa de San Pedro, 17) es un pequeño rincón que ha sido finalista en los premios The Best Coffee Shops. Su dueña, María Pardo, rota orígenes de tostadores nacionales como Singular o Ineffable, y es famosa por su repostería casera, como el delicioso brownie de pistacho y almendra. Eso sí, ten en cuenta que Eiquí tiene un horario muy de barrio: cierra al mediodía y los fines de semana".

Acto seguido se encuentra la Casa do Taberneiro, centro social y casa de comidas en una vivienda antigua soberbiamente restaurada, como señalan en Arrobake Arquitectos: "La edificación es una construcción tradicional con una tipología de origen medieval propia de los rueiros de Santiago de Compostela caracterizada por la presencia de sus dos muros piñones dispuestos como fachadas. Hoy en día sólo quedan en el barrio dos inmuebles con esta tipología. La edificación es, por tanto, un testimonio del origen de San Pedro que nació como asentamiento extramuros en el camino Francés, ruta principal de peregrinaje histórica y actualmente". ofrece cocina tradicional gallega y del establecimiento y su historia leemos en Comunidad Slow Food lo siguiente:
"Situado en la Rúa de San Pedro, en Compostela, este centro sociocultural privado está gestionado por Susana y Pepe, responsables además de la cocina del CEIP López Ferreiro (perteneciente a nuestra red de comedores escolares Km 0). La edificación es una construcción tradicional con una tipología de origen medieval propia del callejero de Santiago. Es por tanto, un testimonio del origen del Barrio que nació como asentamiento fuera de la muralla ocupado por algunas granjas, hospedajes y tabernas que acogían a ciudadanos y visitantes que llegaban a la ciudad por el camino Francés, ruta principal de peregrinación histórica y actualmente.

José Castro Facal, nació en Aarberg (Berna, Suiza) en 1973 y se formó en la escuela de hostelería de Lamas de Abade en Compostela. En el ámbito laboral compaginaba el trabajo de un negocio familiar, la sidrería Abril Ares, con el trabajo para la administración dejando su marca en la guardería de Vires, la residencia de mayores Porta do Camiño y en la residencia de mayores Volta do Castro en Santiago y también en el colegio CPI Xaneda en Mesía, donde después de 4 años y con muy buenos recuerdos, renunció a su puesto de trabajo ya en en el comedor del López Ferrerio en Santiago quedaba libre por jubilación la plaza de cocinero. A día de hoy también compagina el trabajo en el colegio con un negocio familiar, el centro cultural privado A Casa do Taberneiro."

Se combinan pues aquí cultura y gastronomía, uniendo las funciones de centro socio-cultural y taberna intensamente enraizado en este su barrio, como nos dicen también en Planomato:
"Busca ser un testimonio de la tradición, cultura y vida del barrio de San Pedro en Santiago de Compostela. Ofrece gastronomía gallega tradicional y acoge actividades culturales, formativas y de ocio. Es una iniciativa privada de una familia con tradición de taberneros, un proyecto vocacional e intergeneracional que ofrece programación propia y un espacio abierto para vecinos, asociaciones y visitantes. La sede es una edificación tradicional de origen medieval, característica del caserío de Santiago de Compostela, con dos muros piñones como fachadas. Ha sido objeto de una premiada rehabilitación que destaca sus elementos patrimoniales. La planta baja funciona como taberna de barrio con producto local, la primera planta como sala multiusos (exposiciones, conferencias, presentaciones) y el espacio bajo cubierta para actividades infantiles y conciertos de pequeño aforo".

A la izquierda pasamos ahora delante del restaurante Casal do Cabildo, "Rústico espacio con chimenea donde sirven variadas tostas, tablas y platos gallegos con aire innovador", informan en Santiago de Compostela Turismo. Aquí estuvo antes el Bar 18 y cuenta con un patio acristalado. Unha alternativa divertida na rúa de San Pedro, dice de él el escritor Manuel Gago en su web Capítulo Cero:
"O Casal do Cabildo está pegado ao Dezaseis, a famosa casa de xantar compostelá concorrida por unha variada fauna funcionarial, política e cultural. En certo xeito, repite a exitosa fórmula posta en práctica por Suso Cova no Dezaseis: rehabilitación respectuosa, comida sinxela e sen complicacións, prezos moi axustados e unha carta abundante en racións para compartir. O sotarrego congrega as habitacións para xantar e cear, ao redar dun patio central velado. Un lugar ideal para quedar a unha comida de encontros ou para as ceas dos venres ou sábados. O servizo é moi atento, nada entrometido, aínda que anda algo descompasado pola novatura. Seguro que nalgúns meses a cousa mellora notábelmente. 
A carta destaca pola súa sinxeleza discreta, pero os pratos teñen un notábel coidado no produto e ás veces permítense innovacións prudentes e divertidas. As tostas, por exemplo, fanse con grosas rebandas de pan de leña e contan cun gran número de combinacións. Chegan sobre un tacor de madeira, o mesmo que as carnes, unha especialidade da casa, en plan chuletón-ton (esta repetición da sílaba final ten por obxectivo describir a dimensión das pezas). A maior excentricidade é a táboa Terra-Mar, que se sirve para un mínimo de 2 persoas, e que parece ter un tremendo efecto sorpresa nos incautos comensais que a solicitan. É un menú completo servido sobre un tablón de madeira, unha base de leituga e unha fila de patacas fritidas. Comézase co cheiro, co queixo, cos pementos morróns, cogumelos asados e pásase aos choquiños, aos lagostinos, ao churrasco de tenreira e ao de polo, todo por 11 euros por persoa. Nas dúas veces que pasei por alí saían táboas terra-mar da cociña como chineses de fábricas. Mención especial merecen os viños: aínda que a carta é escasa, pero correcta e con prezos contidos, é unha boa ocasión para probar os viños da propia adega propietaria da casa de xantar, a Casal do Cabildo. O mencía do ano é un viño moi sinxelo, moi frutal e cun potente e significativo final a regaliz. No Casal do Cabildo barrica, que debe ter sobre 4-6 meses de barrica, esa diversións poténciase coas vainilla da madeira, e sae só a 10 euros. Un viño divertido para quen non quere complicarse. 
Un lugar xenial para comezar unha noite na rúa máis viva e bonita de Compostela".

La casa, como prácticamente todas, ha tenido una restauración impecable
"En nuestro local hemos llevado a cabo una rehabilitación respetuosa, creando un escenario rústico con una decoración personal.

Contamos con dos plantas: La primera a pie de calle, donde alrededor de la chimenea se pueden degustar nuestras variadas raciones. El sótano o parte de abajo cuenta con distintas salas y comedores que están iluminados por un patio central al aire libre".

Y efectivamente, del número 18 de la rúa de San Pedro pasamos al 16, el mítico restaurante O Diezaséis - Casa de Xantar, ubicado en lo que muy antiguamente ya fueron unas caballerizas y del que dice el gastrónomo Carlos Rey que es O Dezaseis: un clásico de Santiago de Compostela en el que sentirse como en casa en el periódico El Español del 2-10-2020:
"En el número 16 de la Rúa de San Pedro se encuentra O Dezaseis, todo un clásico de uno de los barrios de moda de Santiago. ¿Cuál es su secreto? Una cocina de inspiración tradicional adaptada a los tiempos, apuesta por el producto gallego y respeto a su esencia. 
O Dezaseis inició su andadura hace ya 25 años, cuando los socios de varios locales de copas la ciudad que compartían una inquietud por la cultura y adquirieron el actual local, tras lo que comenzaron a construir un equipo con esas mismas inquietudes para dar forma a lo que hoy es O Dezaseis. 
Su gerente desde hace quince años, Avelino Martínez, destaca que en O Dezaseis "se mantienen esas mismas inquietudes, pero incorporando gente con ideas e ilusiones nuevas". 
"Tenemos una raíz común basada en la identidad: estamos orgullosos de saber que tenemos buen producto y cultura, historia y tradición propias, ese es el tronco común que nos une", asegura Avelino. 
Esta idiosincrasia se traslada a la carta a través de una apuesta clara por el producto gallego y de proximidad, el punto de partida de todas sus elaboraciones, entre las que destaca su plato estrella: el pulpo a la parrilla. 
El restaurante es un clásico del corazón de la Rúa de San Pedro, un barrio que ha cambiado mucho desde que O Dezaseis inició su recorrido. Con el paso de los años, en la calle han ido proliferando restaurantes que han convertido a San Pedro en todo un polo de atracción para cualquier aficionado al buen comer. 
"Lo que me entristece es que San Pedro es una zona que siempre ha sido barrio y ahora toca defenderlo a capa y espada para que siga siendo así; está muy bien que haya muchos restaurantes, pero a mí me gusta pasear y ver tiendas de comestibles, zapaterías, tiendas de bicicletas... lo hay que cuidar al máximo para que siga habiendo esa diversidad entre el turismo y la vida de barrio", prosigue. 
La pandemia ha afectado a O Dezaseis, aunque Martínez destaca que "dentro de la dificultad, tenemos que estar agradecidos de la gran respuesta de la clientela local", que ha mantenido a flote el local ante la caída del turismo. 
Al preguntar a Avelino qué es lo que hace especial a O Dezaseis, no tiene duda: "Lo bueno es que la primera vez que vienes es una casa de xantar, la segunda puede seguir siendo una casa de xantar, pero a partir de la tercera ya te sientes como en tu propia casa".

O Diezaseis, la cocina tradicional de referencia en Santiago de Compostela es lo que escribe por su parte Mariló Pérez en El Español del 7-11-2024:
"En el número 16 de la rúa de San Pedro, a las puertas del casco histórico de Compostela, se encuentra uno de los locales más emblemáticos de la ciudad: O Dezaseis. Esta casa de comidas, que el próximo mes de junio cumplirá 30 años, nació con el objetivo de convertirse en un lugar de referencia para la sociedad compostelana.
A lo largo de estas tres décadas, por sus mesas han pasado desde dirigentes políticos de todas las ideologías, a gente con más y menos recursos económicos o representantes de la Iglesia. "Una de las cosas que mejor se hicieron fue juntarlos a todos para que pudieran estar en un mismo espacio haciendo lo mismo, que era comer y disfrutar", destaca Gonzalo Abal, uno de los seis socios de O Dezaseis. 
Todo aquel que entra en O Dezaseis está rodeado de la tradición gallega, presente en la estética del local, todo de piedra y madera; en el trato cercano y familiar de los camareros con los clientes; y, como no, en su carta. Su oferta gastronómica se caracteriza por una cocina tradicional y popular, con elaboraciones sencillas y prácticas que le gusten a sus clientes. 
De hecho, en su carta podemos encontrar platos que se preparan desde hace 30 años, como su famoso pulpo a la plancha, el entrecot de ternera o el tiramisú. "Hay gente que viene solo por alguno de esos platos", comenta Gonzalo. Pero también han ido incorporando nuevas elaboraciones "con productos nuestros, de siempre, a los que intentamos darle un toque distinto, como el queso San Simón a la plancha con confitura de tomate", apunta. 
Además, los clásicos de siempre como el rabo estofado, la "carne ó caldeiro" o el bacalao gratinado con ali oli que siempre vuelven. "Bien en sugerencias o en algún menú, pero siempre resurgen porque nos gusta mantener este tipo de comidas". Otro de los cambios que esán introduciento en los últimos tiempos son las verduras de temporada, que "están en auge y la gente las demanda más", por lo que las introducen a las opciones que ya tienen. Sus productos son "100%" de Santiago y además de la carta, cuentan con menú del día, que va variando, y con menú para grupos. 
En cuanto a la carta de vinos, cuentan con unas 60 referencias, también predominando bodegas gallegas. "Vamos rotando, intentamos que haya variedad e ir trabajando con distintas bodegas".  
Con casi tres décadas de historia, uno de los secretos del restaurante compostelano está en "no cambiar". "No aspiramos a otras cosas, no tenemos por qué competir con nadie y estamos convencidos de que debemos seguir así", explica uno de sus socios".

Visitado por el periodista gastronómico Mark Bitman, en calidad de reportero de The New York Times, ocurrieron ciertas anécdotas que desglosa Mercedes Picky de Directo al Paladar:
"Todo comienza cuando el reportero de The New York Times, Mark Bitman, recorriendo las calles de Santiago de Compostela, se dispone a hacer un alto para comer; decide asesorarse y le recomiendan el restaurante O Dezaseis. Lleno de estupor en un principio cuando ve la decoración del local que califica como establo de ladrillo, piedra y madera, decide quedarse y sus miedos van desapareciendo a medida que empieza a degustar una estupenda empanada seguida de un buen pulpo.
Pero no todo iba a ser perfecto en la crónica de este reportero, y es en el momento de cuando nos habla de un excelente lacón con chorizo y grelos al que confunde este último con el brócoli añadiendo que es una "obsesión gallega". Se marchó encantado y es que no es para menos después de tomarse estos excelentes productos gallegos que regó con un magnífico Albariño. 
Encantados estamos aquí de que nuestra gastronomía sea cada vez más conocida y reconocida allén de nuestras tierras. Por si como el queréis disfrutar de una buena comida, el restaurante O Dezaseis se encuentra en la calle San Pedro 16 en Santiago de Compostela".

Recomendamos las fotografías y comentarios de El Zampón de Compostela de este y los demás restaurantes de la ciudad con sus especialidades. Vamos a compartir también de la muy interesante web El Santiago oculto de los peregrinos con motivo de los Dieciséis años de O Diezaseis:
"Su nombre, Casa de Xantar, no deja lugar a las dudas; estamos en un establecimiento donde comer implica algo más que alimentarse, que disfrutar de un bueno plato; es una forma de volver a aquellas comidas de antes, cocinadas lentamente al calor de la amistad y del buen hacer. 
Un local donde disfrutan tanto los que comen como los que cocinan o sirven; por eso uno de sus mayores logros es convertir los clientes ocasionales en fieles comensales y estos en amigos, una fórmula que lleva sumando devotos dieciséis años ya, y que continúa dando muchas satisfacciones a todos los que comparten ese emblemático espacio. 
Con motivo de este simbólico aniversario, muchos de los amigos de Avelino, Suso y Gonzalo participaron en la elaboración de un disco de edición limitada en el que, como no podía ser de otro modo, se escogieron 16 temas representativos del folk gallego. X. M. Budiño, Uxía, Malvela, Espido... y muchos otros amigos participaron en esta grabación que conmemora una importante trayectoria cargada de ilusiones y éxitos. 
“Doce años de pulpo a la parrilla” 
No tantos como el local pero casi, tiene este plato ideado por Rafa Riveiro allá por el año 2000 y que desde entonces se sirve de manera ininterrumpida en la carta del Dezaseis. Sigue siendo el plato estrella de la mejor tradición gastronómica que desarrolla ahora Gonzalo Lobato y de la que disfrutan ya por igual compostelanos y turistas o peregrinos. 
Porque la fama del Dezaseis subió esos peldaños que llevaban a una cuadra hace apenas dos décadas, y fue extendiéndose por la ciudad del Apóstol hasta llegar a todos los rincones. Hoy taxistas, recepcionistas y compostelanos recomiendan este local en el que, en fechas de gran afluencia, es preciso reservar si se quiere asegurar un plato. 
Funciona de lunes a sábado (...) y, además del famoso pulpo a la parrilla, ofrece multitud de platos en los que la estrella es el producto gallego pero su preparación deja un hueco para la imaginación o la experimentación que agradecen tanto los habituales como aquellos que quieren una comida tradicional diferente. Además cuenta con menú del día a elegir entre dos primeros y dos segundos, bebida, postre y café. 
Y pocos dejan escapar la ocasión de disfrutar de la sobremesa con alguno de los excelentes licores gallegos que ofrece la casa y que permiten extender ese momento de placer. 
Si ya lo conocen, no esperen más para volver a disfrutar de este agradable comedor. Y si aún no lo descubrieron, pongan rumbo a la calle de San Pedro. En el número dieciséis; no tiene pérdida".

Casas de apartamentos que, como en toda zona turística, proliferan en Santiago y más en rúas transitadas como esta. Luego, en el siguiente bajo, hubo una bocatería y, antes, aún estuvo el mítico Mercromina Bar Rock"Rock, pop, country, power pop, surf, punk, folk, soul, indie... la mejor música para la noche y también exposiciones, conciertos acústicos, series televisivas subterráneas y terraza", que hace tiempo es solamente recuerdo


La que sigue imperturbable es la veterana Barbería Milenio"una peluquería de siempre" a la que Carlos Rey le dedica este reportaje en La Voz de Galicia del 22-8-2016:
"El barrio de San Pedro, pese a haber cambiado mucho en los últimos años, sigue manteniendo su esencia. Sus vecinos no solo viven allí, sino que también hacen vida allí. Es uno de los lugares que mejor preserva ese aroma a un tiempo en el que el reloj y las prisas no dominaban la vida de las personas. Justo ese ambiente es el que se vive en la Peluquería Milenio, regentada por Gabriel Nogueira (San Pedro, 1981). Con la Porta do Camiño al frente, el barrio en el corazón y el casco histórico en el horizonte, este pequeño negocio resiste el paso de los años. 
«En este bajo siempre ha habido una peluquería, yo tengo un cliente de 97 años que había sido aprendiz aquí y aún recuerda el suelo de tierra, por ejemplo», explica Gabriel. Como tantos otros peluqueros «de los de antes», él comenzó desde muy joven: con tan solo quince años cogió por primera vez unas tijeras para aprender el oficio que a día de hoy le da de comer. Eran otros tiempos, claro. «Ahora es impensable que un chaval se ponga a trabajar con quince años, pero es la única forma de aprender este oficio» explica Nogueira, que trabaja en San Pedro, el barrio que lo vio nacer y crecer. «Creo que la mía fue la última generación de peluqueros de oficio», se lamenta. 
En octubre se cumplirán 16 años desde que Gabriel empezó a trabajar en Milenio. Antes había pasado cuatro años con aprendiz sin ganar dinero, por lo que su primer sueldo se lo ganó el mismo tras terminar su primer mes operando la peluquería en solitario. Los comienzos nunca son fáciles. «Cuando esperas a que entre tu primer cliente tienes una sensación extraña: por un lado quieres que cruce esa puerta, pero por otra tienes miedo y nervios», recuerda Nogueira. 
En el número 9 de la Rúa de San Pedro, en el que pasa trabajando una media de doce horas al día, pasan clientes, personas e historias pero, tras tantos años en un mismo lugar, pasan sobre todo amigos. Es frecuente que la gente, como es habitual en las antiguas peluquerías de barrio, se pare a saludar de camino al trabajo o cuando tiene que hacer un recado. El ruido de las tijeras, las máquinas de afeitar y los secadores no consigue apagar el motor que mueve el local, que es la conversación entre su propietario y los clientes que están esperando o siendo atendidos. «Si quieres que te corten el pelo en silencio y en diez minutos este no es tu sitio, aquí se trabaja con calma pero se ofrece un trato amable y productos de calidad», señala Gabriel. 
Observa con preocupación el sector, en el que ahora ha entrado mucha gente nueva ante el creciente interés por la barbería. «Pero esto no se aprende con un curso, con treinta años no puedes empezar, hace falta oficio para montar una peluquería, aunque ahora se hayan abierto muchas», afirma sin dudar 
Ante la pregunta de si desea jubilarse en su negocio, Gabriel no puede evitar esbozar una sonrisa. «Si puedo, espero que sí», afirma sin dudarlo. Le han llegado ofertas de otros países, pero no han sido capaces de moverlo de su barrio. «Aquí estoy a gusto, muy tranquilo, y tampoco voy a moverme ahora que estoy casado y con un hijo», concluye Nogueira. Parece seguro que el número 9 de la Rúa de San Pedro seguirá acogiendo a un peluquero de los de antes, con denominación de origen del propio barrio. 
Nombre. Gabriel Nogueira, nacido en San Pedro en 1981. 
Profesión. Peluquero desde los quince años, ahora es propietario de un negocio en su barrio de toda la vida. 
Rincón elegido. La Praza do 8 de Marzo, que marca el final del casco histórico y el comienzo de San Pedro."

En este lugar, la rúa de San Pedro va terminado su suave cuesta descendente. Estos últimos metros van a ser especialmente intensos por lo mucho que vamos a descubrir aún antes de llegar a la Porta do Camiño


Un paso más y pasamos delante del Café Bar Rodeiro, otro sumun de la gastronomía compostelana con la gran Divina Varela (su nombre hace honor a su buen hacer) al frente con su marido Julio Vázquez: renombrado establecimiento, entre otras cosas, por sus cocidos. Veamos esta noticia de La Voz de Galicia del 1-2-2024
"Que al inicio del otoño pasado cuando el matrimonio que regenta el conocido bar Rodeiro, en la entrada de la rúa de San Pedro, en Santiago, se decidió a anunciar en redes sociales que este año no habría en él cocido especial. «Quixen avisar con tempo, pero aínda así moita xente chama case a diario preguntando», admite Divina Varela, la cocinera y artífice de que desde hace décadas este restaurante popular se consolidase como uno de los grandes templos del cocido compostelano, con una buena parroquia de fieles que no concebía el invierno sin su plato tradicional. 
«Cando o anunciamos moita xente preguntoume que por que o deixo. Algúns non o entenden, aínda que a maioría, si. Nós xa temos unha idade, e supóñenos moito traballo. Non se dá feito», continúa Divina Varela. 
«O ano pasado foi unha loucura. Comecei a servir o cocido especial en outubro e xa non parei —salvo en Nadal— ata maio. E iso, a maiores da comida de diario», incide desde un local donde entran 40 personas y donde recibía grupos de 20 o 25 para degustar su apreciado manjar. «Tiña que solicitarse con reserva e moitos grupos non podían tomalo por falta de sitio», señala. 
«Era un ritmo de vida difícil para nós. Aquí estamos só o meu marido, Julio Vázquez, e mais eu», insiste Divina Varela, aclarando que tras meditarlo mucho, decidió que no podía seguir así. «Síntoo polos que chaman, pero creo que xa non estou para esas cousas, e gústame tamén atender ben o cliente de todos os días», comenta, agradeciendo siempre al apoyo de toda su clientela, fiel desde hace más de 30 años. 
Divina, una emigrante retornada de Venezuela, recordaba en una entrevista en La Voz que ella había aprendido a preparar el cocido de una tía suya, que trabajaba en restaurantes, con bodas y eventos. Desde que comenzó a hacerlo en el bar Rodeiro el eco se multiplicó, estando su comedor siempre solicitado.  
«Este ano a xente pode seguir gozando do cocido, pero os martes e os sábados, dunha forma máis lixeira, dentro do menú do día, pero non como cocido especial. Agora iso xa non», se reafirma."

El mismo periódico, pero con la firma de Patricia Calveiro, anunciaba la jubilación del matrimonio poco más de dos años después, el 26-2-2026, con la noticia Santiago se despide del Rodeiro, que cocinó su fama entre cocidos desde 1992:
"Por un lado, está el cansancio. Cada vez costaba más hacer el trabajo y necesitábamos ya parar. Y, por el otro, te vas con mucha pena porque llevamos 34 años aquí y tenemos clientes que el primer día que abrimos la puerta del Rodeiro entraron para adentro y todavía siguen viniendo», dice con voz emocionada e intentando frenar las lágrimas tras los cristales de sus gafas Julio Vázquez, dueño de uno de los clásicos de la hostelería compostelana en el que hoy bajarán definitivamente la reja. Él ha decidido jubilarse a sus 70 años junto a su mujer, Divina Varela, de 69. «Aunque estábamos cómodos aquí, hay que saber soltar», afirma ella, la cocinera que construyó la fama de este humilde negocio familiar entre cocidos, un plato que siguieron sirviendo religiosamente cada martes y sábado para medio centenar de personas hasta el último día. 
En apenas ocho metros cuadrados Divina hacía su magia. «La cocina es pequeñita, pero me adapté mucho a ella y ella a mí», constata una mujer que aprendió los secretos de la cocina tradicional con la tía de su madre, Carmen Salgado. «Ella era de Rodeiro, como nosotros [de ahí el nombre del bar, con el que quiso esta pareja hacer un homenaje a su tierra natal]», recuerda. Antes de abrir su establecimiento —a escasos metros de la conocida hoy como Praza do 8 de Marzo— en el barrio santiagués donde también residen (San Pedro), la pareja vivió durante diez años y medio en Caracas. Se fueron estando casados y allí nacieron sus dos hijas, Vanessa y Katty. «En Venezuela fui encargado de un restaurante y mi jefe siempre me decía que había que tener poquitos clientes, pero buenos», destaca Julio, quien tuvo a ese lado del charco su propia parrillada junto a otros socios antes de regresar con su familia a Galicia, en el 89. 
Echando la vista atrás, sienten que han pasado «toda una vida» en el bar Rodeiro, donde también arrimaron el hombro sus hijas desde pequeñas y su yerno. Empezaron tras la pandemia a cerrar los domingos, pero antes no cogían ni un descanso. «Trabajábamos los 365 días al año. No teníamos un respiro porque, gracias a Dios, siempre había encargos de cocido», explica un hostelero aficionado a trabajar la madera que hizo con sus propias manos las mesas del bar. Una de ellas se convirtió en su lugar favorito de esta segunda casa, la mesa que está junto a la cocina, confiesa: «Me senté allí para comer el primer día y sigue siendo mi sitio, aunque a veces viene la nieta y me lo roba, pero a ella se le permite todo». 
Sus dos nietos pasaron a ser, por derecho de cuna, sus visitantes favoritos, entre un público variopinto en el que había desde universitarios hasta profesores, médicos, políticos, obreros, peregrinos y turistas, vecinos del barrio... Ellos fueron el premio que les tocó en la lotería —junto con el de trabajar, comenta entre risas el matrimonio, quienes se consideran también afortunados por los dueños del local que ocuparon, «que han sido como hermanos»—. 
Esta mañana Julio acudía por última vez a hacer la compra por la mañana a la Praza de Abastos para el bar y Divina hizo su último cocido para un grupo con reserva a las cuatro de la tarde. Este domingo empiezan una nueva vida en la que tendrán más tiempo para sus nietos, para tallar madera, para viajar, para cocinar sin prisas ni agobios y descubrir en qué invierten el tiempo libre de esta merecida jubilación".

Y en la esquina, el Cafetapería Plaza que da paso, al final de la rúa de San Pedro, a la Praza 8 de marzo, así llamada desde 2007, haciendo caso a varias peticiones ciudadanas, tal y como nos cuenta Ana Gayoso en El Español del 7-3-2022:
"Si algo tiene Santiago de Compostela que lo caracterice es que sus rúas y sus plazas representan muy bien el sentir de todos y todas los compostelanos y compostelanas, de los peregrinos y las peregrinas, es decir, de cada uno de los ciudadanos que viven o llegan aquí. Y en una de esas llegadas más habituales, la que se indica por el Camino Francés, justo cuando termina la Rúa de San Pedro nos encontramos con una de las plazas que más ambiente y vida tiene actualmente. Se trata de la Praza 8 de Marzo, un lugar estratégico para el propio Barrio de San Pedro dada su ubicación y en la que es habitual que se organicen actividades de diversa índole, como conciertos, mercadillos, degustaciones gastronómicas… 
Además de todas estas cuestiones la Praza 8 de Marzo es, desde hace décadas, un punto en donde se ubican concentraciones y manifestaciones populares y de diferente carácter político algo que no pasó por alto el Ayuntamiento cuando en el año 2004 Mulleres Nacionalistas Galegas pedían que se nombrase en la ciudad una Praza 8 de Marzo. Aquel grupo de mujeres insistían en que se buscase una plaza céntrica, fácil de encontrar y que diera el merecido  protagonismo a las mujeres. 
Seguro que muchos ya lo sabrán pero por si queda algún despistado en la sala les recordamos que el 8 de marzo se celebra a nivel mundial el Día de la Mujer Trabajadora, instaurado así por la ONU en el año 1975. Es una fecha en la que, en origen, se reclama la igualdad de derechos de la mujer trabajadora, en un contexto de Revolución Industrial, pero que actualmente acoge todas las reivindicaciones propias del feminismo, de la igualdad entre hombres y mujeres como miembros de una misma sociedad. En realidad es un día que se celebra desde 1911 pero que no sería hasta 1975 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas estableciera este día como el Día Internacional de la Mujer.  
Si bien fue instaurado, como decíamos, en el año 1975 su razón se encuentra décadas atrás cuando en marzo de 1857 un grupo multitudinario de mujeres trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York salieron a las calles protestando contra sus condiciones laborales en las que trabajaban más de doce horas diarias y por las que recibían un sueldo más bajo que el de los hombres. Otro 8 de marzo, en este caso en 1908 terminó por hacer de esa fecha una efeméride mundial y es que tenía lugar otra revuelta en los Estados Unidos, esta vez mucho más numerosa, en la que 40.000 costureras de fábricas de todo el país se declararon en huelga para reclamar la igualdad de derechos. En una de esas huelgas ocurrió una verdadera tragedia. Dentro de la fábrica Cotton Textil Factory se declaró un incendio y los dueños del centro impidieron a las trabajadores la salida, causando la muerte de 120 mujeres. 
A la petición de que se nombrase en la ciudad una plaza como Praza 8 de Marzo se sumaron diferentes colectivos de la ciudad y el Concello tomó nota de las sugerencias aprobando en un pleno del año 2007 que la propuesta saliese adelante.  
Desde ese mes de noviembre del año 2007 la Praza 8 de marzo pasó a ser la ubicación por excelencia de los actos convocados por los movimientos feministas de Compostela, siendo el emplazamiento en el que tienen lugar las concentraciones alrededor del 25N, el 8M o las convocatorias de repulsa contra cada asesinato machista que sigue tiñendo de negro nuestra sociedad, recordándonos el camino que todavía tenemos que recorrer en materia de igualdad. 
La hoy llamada oficialmente Praza 8 de Marzo, como así lo acredita la placa que pueden ver en las fotos, cuenta con elevados árboles y piso empedrado y en el medio de la misma luce un antiguo cruceiro  del siglo XV de estilo gótico llamado Do Home Santo o Crucero Bonito y que recuerda el relato de Juan Tuorum, un herrero que habría sido condenado injustamente. Se conoce con el adjetivo de bonito porque cuentan que es el más hermoso de los siete que hay en el Barrio de San Pedro y al cual podríamos añadir que es testigo de una lucha que bien merece estar en la mejor de las consideraciones."

Al fondo, la rúa das Rodas se extiende por lo que fue el trazado del lienzo de la muralla entre dos de sus puertas, la Porta do Camiño o Porta Francíxena y, al fondo, la Porta de San Roque, al lado del hospital de este nombre que, fundado en el siglo XVI, estuvo dedicado a albergar a los enfermos de las epidemias de peste. Por esa puerta, también llamada de Algalia de Arriba, de Santa Clara o de A Atalaia, entraban peregrinos, viajeros y mercancías (Camino Inglés) "y conducía hacia la parte judía, la de A Trinidade o del Santo Peregrino, que daba acceso a la principal zona agrícola de la ciudad y al cementerio de peregrinos y era utilizada para proseguir el Camino hacia Fisterra", nos cuenta la Xacopedia


El nombre de la rúa das Rodas se debe a dos grandes ruedas que empleaban los cordeleiros compostelanos para confeccionar sus cuerdas, asentados en esa zona y que ejercían en ella su trabajo, "en uno de sus flancos, en concreto, el localizado tras la huerta del hospital de San Roque y en dirección a la Porta do Camiño", informa Javier Rosende Novo en El Correo Gallego, una "actividad que se desarrollaba al aire libre y fuera de los núcleos de población".


El antes mencionado Cruceiro do Home Santo o Cruceiro Bonito se encuentra a nuestra derecha en medio de la explanada de la plaza justo, detrás de las terrazas, al pie de la Costa de San Domingos, acceso al histórico monasterio de San Domingos de Bonaval


Es un cruceiro del siglo XIV que representa escenas de Cristo camino de la Cruz, y es llamado Cruceiro do Home Santo por la historia Juan Tuorum, protagonista una tradición legendaria en la que aparece señalado como uno de los cabecillas de la gran revuelta vecinal contra el flamante arzobispo Berenguel de Landoira antes mencionada


En ella, y a consecuencia del endémico problema de  los abusos jurisdiccionales eclesiásticos, muchos compostelanos asaltaron la catedral, llegaron a arrojar al suelo el estandarte apostólico y  obligaron al entonces arzobispo Berenguel de Landoira y a todo el cabildo catedralicio a exiliarse en durante dos años 


Posteriormente, consiguiendo regresar a su sede con todo su poder, tras asesinar a los cabecillas de la rebelión durante una de las largas negociaciones, emprende una dura represión que alcanza al citado Juan Tuorum, al parecer injustamente, pues se debe, siempre según la leyenda, a un delator que quería vengarse de Juan, ya anciano, por causa de un desamor con su hija


Prendido en su propia casa y condenado a muerte, se dirigía por aquí Tuorom conducido desde la cárcel al cadalso, en macabra comitiva para ser ahorcado, a la vista de las gentes, en el Monte Ouriz o da Almácida, a donde se subía por la actual Costanilla do Monte. Entonces, al pasar por aquí, antiguo barrio de O Gozo, había una capilla dedicada a la Virgen de Belén, hoy desaparecida, con una imagen de gran veneración, donde los reos se paraban para rezar sus últimas oraciones


Ante ella se arrodilla llorando Juan Tuorum diciendo en gallego antiguo "Vem et me-val" ( "ven e váleme", ven y sálvame) y, ante la sorpresa de todo el mundo, cae desplomado y los soldados del obispo no pueden reanimarlo: ha muerto antes de pasar por el trance, la humillación, el dolor y la deshonra de ser ejecutado públicamente


Se piensa que por intercesión o milagro de la Virgen a la que se encomendó, mitigando tan grave escarnio. Un perfume bien oloroso, casi de santidad, expele su cadáver. El pueblo de Compostela, asombrado, empezará a gritar "é un santo, é un santo", siendo enterrado entonces en la misma capilla y siendo puesta una lápida con su epitafio, lápida sobre la que se levantó este cruceiro. Con el tiempo la capilla desapareció y el lugar sería conocido como Bonaval, del "ven et me val" que exclamó Juan antes de morir


La leyenda y sus variantes tienen, insistimos, una base real: el episodio bélico acontecido cuando Berenguer de Landoira, derivación de Berengar de Landoire o Landore, maestro general de los dominicos, llegó desde la sede papal de Avignón en 1318, con el mandato papal de Juan XXII, su amigo, de poner orden en esta archidiócesis pues, como en otras ciudades y villas, la naciente burguesía local estaba disputando el señorío feudal eclesiástico, siendo misión para la que parecía bien capacitado, pues en aquel momento participaba en las negociaciones de paz entre Francia y Flandes


Lo cierto es que las cosas estaban peor de lo que tal vez parecía, los burgueses, encabezando una oposición vecinal, querían otro prelado más afín y, encabezados por Alfonso Suárez de Leza, llegaron a impedir que se instalase en el palacio arzobispal, habiendo de refugiarse en fortalezas próximas desde 1318 hasta 1320 cuando, a finales de ese año y durante unas duras negociaciones en uno de sus castillos de residencia, A Rocha Forte, cerca de Santiago, son asesinados los cabecillas de la rebelión, a lo que siguió una dura represión


El enérgico arzobispo fallecería diez años después en campaña contra los musulmanes en Andalucía. Si bien su mandato posterior suele considerarse de los más fructíferos para la ciudad y las peregrinaciones, la leyenda le ha dejado un poso de crueldad de tan agitada época de la que nos habla, incluyendo a este cruceiro con su descripción y su relación con el entorno, el historiador José María García Iglesias en Travel Viajes:
"La ubicación de este cruceiro compostelano fue en un terreno a relacionar con la capilla de Nuestra Sra. de la Angustia de Arriba, que pertenecía al antiguo monasterio de San Pedro de Fóra, sitio en el lugar que actualmente ocupa la parroquial de eses nombre. Figura ya su existencia en un documento de 1465, al aludirse a un lugar» o cual territorio é adificou o home Santo predicador o moción de pedra con unha crus que está en o camiño francés acerca de Foto nosotros Mosteiro e acerca de Almácega». Estamos en todo caso, ante unha obra a vincular con la orden dominica, lo que justifica que sea trasladado» al frente de la portada de Bonaval». Años más tarde, al hacerse obras en este sitio, se desmonta, por 1850, la devoción del párroco de San Paio de Sabugueira justifica su traslado a esta feligresía en donde se conservará hasta que, en 1964, vuelve a Compostela, disponiéndose en el lugar que ocupa, en este sitio ajardinado en obras dirigidas por Francisco Pons- Sorolla y que recibiría la denominación de Plaza del 8 de Marzo.
Y si la documentación citada relaciona a este cruceiro con el obrar de un » home santo predicador» la tradición lo vinculó a la muerte de un herrero o herrador, Juan Tuorum, quien fue condenado a muerte en 1320, siendo Berenguela de Landoira arzobispo y pidio auxilio de la Virgen, lo que le llevó a morir repentinamente, sin tener que ser ahorcado. Lo cierto es que ese vínculo con tal personaje se justifica, más que nada, en relación con la portada del primitivo claustro de Bonaval. 
Tan solo la cruz que remata el cruceiro en cuestión data en el siglo XV; en lo demás responde a tiempos posteriores. Esa parte superior del mismo se nos presenta como un conjunto iconográfico ciertamente rico. En su anverso hay dos niveles de representación; el superior nos presenta un Calvario; es decir, Cristo crucificado entre las figuras, en pie, de María, su madre, y Juan el Evangelista, en actitud meditativa; el inferior nos muestra, en el centro, un Santiago peregrino, también en pie, con el acompañamiento a cada lado de un peregrino orante. 
En el reverso, en tanto, se mantiene ese doble nivel de representación otorgándole el espacio superior y central, como sucede en tantos otros cruceiros, a la Virgen, en este caso en pie, portando en el regazo la figura del Niño; a sus lados se presentan, a la derecha, a San Pedro, al que hoy le falta la mano con el atributo de las llaves; y a la izquierda a San Pablo, identificado por portar la espada; ambos apóstoles en pie. 
Resulta de más compleja visión ( e interpretación) lo que se representa en la parte baja de este reverso de la cruz. A nuestro modo de ver, en la parte media, a quien se nos muestra es a Santo Domingo de Guzmán, siguiendo una iconografía muy cercana a la de una imagen que se localiza en el convento de las dominicas de Viveiro, datada hacia los años medios del siglo XIV. En tanto, a sus lados se presenta también a dos peregrinos orantes. Culto jacobeo y devoción dominica contextualizan, pues, el sentido de este singular cruceiro en el centro de Compostela".


Otro historiador, Alberto Solana de Quesada, nos ofrece esta y otra versión de la razón por la que aquí se encuentra este cruceiro. Para ello compartimos de su web Tradición Jacobea la entrada Juan Tuorum y el Cruceiro do Home Santo:
"Según algunas fuentes, en el primer tercio del siglo XIV, año 1320, tras la rebelión para evitar la toma de posesión del nuevo arzobispo de la sede compostelana, nace una leyenda popular sobre un personaje que vivía en la Porta do Camiño. Se trataba del herrero Juan Tuorum, acusado de traición por liderar la ocupación de la ciudad para evitar la toma de posesión del arzobispo recién nombrado por Roma, Don Berenguel de Landoira. Cuenta la leyenda, como trasfondo de la trama, que Juan Tuorum tenía una hija, Blanca de nombre, la moza más hermosa de la ciudad, pretendida por el noble don Alonso Yáñez, pero a quien Blanca negaba su amor que reservaba para el mancebo de nombre Gastón. 
Sofocada la rebelión de forma violenta y cuando las tropas arzobispales consiguen entrar en la ciudad, don Alonso Yáñez negocia las capitulaciones de paz con el prelado y entrega de la ciudad, delatando a Juan Tuorum de haber capitaneado la revuelta acusándole de echar al suelo las puertas del palacio arzobispal y su bandera, y enarbolar la del Rey; acuerda la entrega de Tuorum para ahorcarlo como traidor, maniobra con la que, además de quedar a bien con el arzobispo, eliminaba a Juan Tuorum, y le facilitaba acceder al amor de su hija Blanca de la que estaba profundamente enamorado. No previó que la bella moza, al conocer la felonía de su pretendiente, se suicidó arrojándose al río para evitar sus pretensiones. Relata Antonio Neira de Mosquera en su versión literaria de la leyenda que lo que incriminaba al herrador del campo de las Ruedas, el “generoso y esforzado” Juan Tuorum, era el boca a boca acerca de su espíritu idealista y querer defender lo que consideraba justo, además de tener una hija muy bella que provocó, por despecho al amor no correspondido, que delatara a su padre. 
Condenado a la horca en el Monte Ouriz (Monte de la Almácida), cuando la comitiva conducía a Juan Tuorom hacia su castigo, en el viejo barrio del Gozo, donde hoy está la calle de Bonaval, al pasar junto a la capilla de la Virgen de Belén, hoy desaparecida, donde según la tradición se detenían los reos para rezar sus últimas oraciones. Ante la imagen se detiene Juan Tuorum abrumado por la injusta deshonra a la que se veía sometido, la invoca para que le evitara aquella horrenda muerte diciendo en gallego antiguo ¡Vem et me-val!, (¡ven y váleme!). En aquel instante cayó fulminado como atravesado por un rayo. Los testigos entendieron que lo presenciado revelaba que Dios estaba con Tuorum, y que había sido víctima de un milagro que le salvó de una muerte pública y deshonrosa en la horca, aclamando unánimemente: «é un santo, é un home santo». Algunos, quizás exaltados por el fervor religioso, aseguraron que los restos mortales del herrador exhalaban un perfume maravilloso, propio de la santidad. En aquel mismo lugar se le dio sepultura, colocándose sobre su tumba el cruceiro que aún hoy se conoce como del “Home Santo”; nombre que también se le dio a la calle compostelana por la que pasaba antes del milagro. El «ven e váleme», según Antonio Neira Mosquera, se convirtió popularmente en «Bonaval», dando nombre también a la imagen de la Virgen. 
Hace algo más de un siglo, el Ayuntamiento santiagués efectuó unas obras en la Puerta do Camiño y, como interfería en ellas este Cruceiro, lo derribaron. El cura párroco de Sabugueira recogió las piedras y las trasladó a su feligresía, reinstalándolo allí, a unos 10 Kms de Santiago; próximo a Lavacolla, donde permaneció casi un siglo, salvándose de la ruina esta magnífica pieza. En época del Cardenal Quiroga Palacios se decidió recuperarlo y, ante la resistencia vecinal, se cuenta que tuvieron que volver de noche para llevárselo, situándolo nuevamente en la Porta do Camiño, instalado en los jardines frente a Santo Domingo de Bonaval en el parque que hay al final de la Rúa de San Pedro. El único elemento que se conserva del antiguo cruceiro gótico es la parte superior, siendo lo demás de cuando se trasladó a Sabugueira, o incluso cuando se montó nuevamente en la Porta do Camiño, en 1964".

Hermosa vista desde la plaza y el cruceiro hacia la Porta do Camiño, por donde nos adentraremos enseguida en lo que fue la ciudad antaño amurallada, cuya cada vez más influyente burguesía se revelaba en la baja Edad Media contra el poder feudal tanto señorial como eclesiástico:
"Desde que Compostela se conforma como “Villa burguensis” el poder político en la ciudad incorpora la organización de los vecinos libres de la urbe, en especial a partir de 1105 en que el conde Raimundo de Borgoña y la reina Urraca otorgan lo más parecido a un fuero de la ciudad: un privilegio que ofrece exenciones a los habitantes de la que ya es definitiva ciudad. Esta primera forma del poder político urbano sería la de un Concilium o Concejo abierto de vecinos libres, asamblea local con presencia del delegado episcopal o villicus, que representa el señorío arzobispal ante ella. La crónica de Diego Gelmírez, Historia Compostelana, informa de un poder político urbano que se concreta en reuniones en el lugar donde se ubicaba una capilla del Santo Sepulcro «se reunían cada viernes en la iglesia de Santa Susana llamada desde antiguo ‘Otero de Potros’, con gente pertrechada con diversas armas». Era la forma del poder político urbano, en reunión abierta, al margen del detentador del señorío eclesiástico. 
Hay por tanto un escenario básico de historicidad. Berenguel de Landoira, Maestro general de los dominicos, había sido designado por el papa Juan XXII como hombre de confianza para poner orden en la archidiócesis compostelana, cuyo señorío eclesiástico estaba siendo disputado por la burguesía local, encabezados por Alfonso Suárez de Deza, pretendiendo derrocar el señorío eclesiástico, impidiendo por la fuerza de las armas que se instalase en el palacio arzobispal, teniendo que refugiarse primero en el Castillo Rocha Forte y luego en Pontevedra, entre 1318 y 1320, año en que son liquidados los cabecillas de la rebelión, siguiendo después una represión entre los miembros del Concejo de la ciudad. A este Consejo debería pertenecer supuestamente Juan Tuorum, (aunque no aparece su nombre en las referencias escritas) y se le concede protagonismo de líder de la rebelión, por lo que será condenado. Estaría así justificado que entre sus partidarios quedara un poso de opresión e injusticia, a la que los relatores irán añadiendo elementos de la Leyenda de “La Virgen de Veneval” que veremos que es un siglo posterior a los hechos y que nada tiene que ver con la leyenda de Juan Tuorum".

No obstante hay otra versión, como hemos dicho, a la que incluso Quesada le da más verosimilitud, y es que fue erigido en conmemoración d la predicación en Santiago de Compostela de San Vicente Ferrer empezando la segunda década del siglo XV:
"Fuentes mejor fundadas, mencionan que el levantamiento del cruceiro de Bonaval y de otros cruceiros, fue obra de San Vicente Ferrer que en labor predicadora peregrinó a Santiago de Compostela en 1412, tras predicar por toda España. Según la tradición, a él se le deberían muchos de los cruceiros que se encuentran a lo largo de la ciudad jacobea, pues durante su estancia habría aconsejado que se instalasen estos símbolos en las principales calles. La denominación de cruceiro del home santo se refiere al predicador Vicente Ferrer que lo mandó levantar". 

Para Quesada, la historia de Juan Tuorun está más relacionada con el monasterio de San Domingos de Bonaval, situado en un pequeño promontorio detrás de la plaza y ocupado por su arboleda, sede ahora el Museo do Pobo Galego y Panteón de Galegos Ilustres, muy cerca del Centro Galego de Arte Contemporánea, abiertos ambos edificios a una plaza, también de San Domingos, antiguos terrenos monacales, que mira directamente a la Porta do Camiño:
"El vínculo con Juan Tuorum no es con el Cruceiro sino con la portada del primitivo claustro de Bonaval, que da una apariencia de verosimilitud al relato, pues dicha portada contiene una inscripción de 1330 que hace referencia al alma de Juan Tuorum: “Esta image he aqui posta por alma de Jhan Tuorum”. Está en el Pórtico que da entrada al cementerio de la Real Cofradía del Rosario, y que en su día era parte del primer Convento de Bonaval. Dicho pórtico fue trasladado en el siglo XIX a Lavacolla hasta que en 1970 regresó de nuevo a su lugar actual, en la entrada del cementerio del Rosario, donde recibían sepultura los miembros de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, de la que debería ser miembro Juan Tuorum. 
Filgueira Valverde (1906-1996) relaciona Bonaval con la leyenda de Juan Tuorum de modo breve y prosaico, cuando la cierto es que esta leyenda no era una tradición medieval como se quiere simular, sino un producto literario del siglo XIX que nace adornada de elementos novelescosLa difusión de la leyenda nace a partir de relatos novelados de Antonio Neira Mosquera: “La calle de Bonaval, Tradición popular, 1330” en Monografías de Santiago de 1850, y “Pórtico antiguo de la calle de Bonaval (Santiago)”, en Galicia Monumental, de 1854. En otras versiones de la leyenda se intercalan, sin fundamento, algunos episodios de la Gesta Berengarii Landoria, como en la obra de Bernardo Barreiro y Vázquez Varela de 1877, “El home santo de Bonaval: apuntes históricos sobre el herrador Juan Tuorum, caudillo popular del siglo XIV”. La leyenda se populariza con la versión teatral y versificada de Isidoro Casulleras “Juan Tuorum: Leyenda sobre una tradición gallega del siglo XIV”, premiada en el Certamen de los juegos Florales de 1880, con romántico final en que el mancebo Gastón acaba dando muerte a Alonso Yánez tras duelo de esgrimistas. Estos autores interpretan gratuitamente los datos históricos, incurriendo en una fantasía desbordante, inventando personajes, modificando épocas y manipulando protagonismos. 
Hay una equivalencia en el relato de las Leyendas Tradicionales Gallegas, que permite entender el trasvase y explica las incongruencias y duplicidades cuando la Tradición se ha convertido en Literatura en donde pesa más las formas del autor que el propio contenido de la tradición y su fondo de historicidad. La leyenda de “La Virgen de Veneval” es realmente la del ajusticiamiento de un estudiante injustamente acusado de asesinar al amante de una peregrina, crimen cometido por el conde de Aveiro. A partir de aquí acontecen los mismos hechos que se adjudican a Juan Tuorum, aunque aquí se trata de la Virgen de la Soledad, y la invocación del reo es ahora ¡Miña Virxe santa: ven el valme!. Leandro Carré Alvarellos la sitúa en 1427, un siglo después de la de Juan Tuorum, sin alusión alguna al cruceiro do Home Santo ni al topónimo de Bonaval. Parece tratarse, por tanto, de un “préstamo literario” que con total inventiva cambia la cronología del escenario y de sus protagonistas, y atribuye a Juan Tuorum acontecimientos de una tradición gallega un siglo posterior. 
Desde el primer tercio del siglo XIV numerosos burgueses compostelanos empezaron a recibir sepultura en el nuevo cementerio de Santa María de Bonaval, que se habías instalado en el primitivo claustro. A él daba acceso una portada con inscripción votiva de carácter funerario de 1330, financiada por Juan Tuorum como mecenas devoto de la Virgen de Bonaval, que había subvencionado en sufragio de su alma en el mismo año de la ceremonia de consagración del templo. Sin argumentos históricos y manejando incorrectamente las fuentes, se vincula al promotor de esta inscripción con un episodio de la citada sublevación urbana contra el arzobispo fray Berenguel de Landoira entre 1318 y 1320, diez años antes de la propia inscripción. La identificación del personaje al que se refiere la portada con un herrero al que convierten en caudillo de la revuelta, carece de fundamento y no guarda ninguna relación con aquella. 
Esta portada de Juan Tuorum que da acceso al cementerio y capilla de la Cofradía del Rosario (de la que a buen seguro era miembro relevante), con la imagen de la Virgen y el Niño en el centro del tímpano, está flanqueada por dos figuras de dominicos (Santo Domingo y San Pedro de Verona); a la izquierda de la inscripción a beneficio de su alma figura el año (1330) y a la derecha un blasón atribuible a Juan Tuorum, además de otros escudos de otros linajes nobiliarios en las mochetas o ángulos de la puerta; por tanto Juan Tuorum era benefactor de noble linaje, mecenas de ese portal, por lo que lo más probable que como devoto de la Virgen de Bonaval y benefactor de la orden de dominicos, fuera conocido y colaborador del arzobispo de su ciudad y Maestro general de los dominicos. Nada permite especular que fuera el líder de una rebelión. 
Sin embargo, la referencia de un manuscrito del siglo XVIII, sobre una lápida con los utensilios de un herrero con una pequeña cruz, donde yacía un “cuerpo santo”, pudo servir de argumento para atribuir el enterramiento a Juan Tuorum y venerarlo como santo. Asimismo, otras fuentes que mencionan el emplazamiento de un crucero denominado “la cruz del home santo” en la actual calle de Bonaval, fueron empleadas para vincularlo con él. Sin embargo este crucero era muy posterior y conmemoraba la peregrinación de San Vicente Ferrer a Santiago. Finalmente, la asociación del nombre de Bonaval con la invocación “ven e valme”, pronunciada por la víctima al pasar ante la imagen de la Virgen, no responde a una evolución lingüística lógica y no es más que una “etimología popular”. El origen del topónimo “Bone vallis”, traducible como buen valle, se remonta a la fundación del convento hacia 1222-1224 con la primitiva advocación de Santa María, y hace referencia únicamente a su localización geográfica y no a una expresión verbal.

Una tradición piadosa atribuye la fundación de San Domingos de Bonaval a Santo Domingo de Guzmán en 1219,  pero la peregrinación e intervención del santo revelan ser otra leyenda más que una realidad. Leyenda que continúa haciéndose palpable pues en el siglo XIV se construyó un pórtico gótico con una inscripción dedicada al protagonista de la leyenda de Bonaval: "esta image he aqui posta por alma de jhan tuorum"


El pórtico está situado en la capilla de la Virgen de Bonaval, trasladado en el s. XIX a A Lavacolla y regresando en 1970 aquí, donde se sitúa la entrada al cementerio del Rosario, donde descansan los restos de los miembros de la cofradía de esta advocación, fundada por familiares del conde de Altamira en 1504, la cual tiene una capilla en el interior de la iglesia


Ese cementerio fue añadido al General de Santo Domingo en 1847, hoy en el Parque de San Domingos de Bonaval. La iglesia es de estilo gótico-renacentista y alberga el Panteón de Gallegos Ilustres. Dispone de varias capillas y preciados retablos, siendo panteón de linajudas estirpes


El convento se reconstruyó a partir de 1695 por mano de Domingo de Andrade, el gran maestro del barroco gallego y de la reforma barroca catedralicia siendo su impulsor el arzobispo Antonio de Monroy, cuyo escudo ostenta la fachada, así como la imagen de Santo Domingo. La torre se atribuía al mismo arquitecto pero pudiese ser inspiración de Fernando de Casas Novoa, su sucesor, también al cargo de numerosas obras aquí y en otros monumentos de Santiago, destacando la fachada barroca de la catedral, la que mira a la Praza do Obradoiro


Sí es más seguro que la triple escalera helicoidal del interior convento sea obra cierta de Domingo de Andrade. El claustro es obra algo anterior, pues fue encargada su reforma en 1621 a Leonel de Avalle, sustituyendo al antiguo claustro medieval. Con la Desamortización de 1836 el convento pasó al Concello, llegó planearse derribarlo para hacer cuarteles, pero fue salvado y destinado a hospicio por mediación del arzobispo Rafael de Vélez. El viejo monasterio en 1945 tenía también colegio de ciegos y sordomudos, luego fue desocupado y así quedó un tiempo hasta que se destinó en 1963 a museo municipal, cediéndose en 1977 al Patronato del Museo do Pobo Galego


En la actualidad, en este lugar tan cargado de historia, tradición y leyenda, vecinos, visitantes y peregrinos se solazan en tan agradables y acogedoras terrazas


Un buen lugar para sumirse también en la lectura del Camino de vuelta de nuestro buen amigo y maestro peregrino José de La Riera, donde nos recrea amena y apasionante estos episodios que, ciertos, legendarios o ambas cosas, aquí acontecieron y/o tuvieron su escenario...
Leyendas compostelanas; Juan Tuorum: la Virgen de "ven e váleme"

¡Ah de las viejas leyendas! El golpeo de los bordones de peregrinos, repicando al alba sobre  las antiguas losas de la Jerusalén de Occidente, se ve siempre acompañado por otro repique, el  de las campanas que llaman a misa de primera mañana. Y en ese rumor, flotando sobre las chimeneas de Compostela,  vienen envueltas las antañonas leyendas.  Alguna forma parte de la memoria viva de la ciudad, como la de Juan Tuorum.  Hay docenas de versiones, yo se la he oído contar, a su aire, a un tabernero del Camino Portugués (¡Evohé!, Pepe “el lacónico”), la he leído en mil sitios, prefiero la versión – florida y barroca- de Leandro Carré, pero también me atrae la del tabernero, así que al final la transmito a mi manera y listo, que el derecho de narrar al libre albedrío no está en venta. Por eso, con el alba, te dejo con Juan Tuorum y su leyenda, súbela a tu mochila, como tantas leyendas del Camino de Santiago, no pesan, no agobian, y te ayudarán a comprender la magia de una ciudad que ha sido, durante jornadas agotadoras, la meta deseada y, muy probablemente, idealizada.

Eran los tiempos del arzobispo gabacho D.Berenguel de Landoire, dominico áspero que se presentó con su gente de armas a las puertas de una ciudad rebelde. Era Don Berenguel, efectivamente, de armas tomar y se las tuvo con toda la ciudad, que vio siempre en el arzobispo un amo duro y cabezón. Es en esa época remota cuando nace la leyenda de Juan Tuorum (también conocida como de la Virgen de la Soledad, de “Ven e Váleme” o de la Virgen de Bonaval). 
Compostela rebullía de gentes venidas desde toda Europa. Entre el enjambre de peregrinos que ocupaban las plazas próximas a la catedral destacaba una singular pareja. Él era un peregrino anciano, de largas barbas plateadas y mirada de acero. Ella una joven pálida y hermosa que avanzaba  arrastrada por la presa poderosa que el anciano había hecho en su brazo, rodeándola con unos dedos que parecían garfios. El peregrino, de pronto, ordenó despóticamente  a la muchacha: ¡ Canta ! La joven le miró implorante. El viejo insistió, imperativo: ¡Canta!. La multitud los rodeo expectante y, entre lágrimas, Beatriz, que (como era de esperar) así se llamaba la bella, comenzó a cantar:

Dous anos hai que somente 
que un señor de nobre casa 
namorouse dunha bela 
aunque caiñenta e vilana”. 
Se interrumpió Beatriz entre sollozos. El anciano ladró sin inmutarse: ¡ Prosigue !

“Quixo o nobre cabaleiro 
tratala coma unha dama 
e non facer, cal debera, 
de aquela moza sua escraba”

Nuevas miradas implorantes de Beatriz. La multitud permanecía en silencio, conmovida. El grito del viejo acuchilló el aire: ¡ Continúa, hija de Satanás ! 
“A luxuriosa rapaza 
xa cô bo vello casada 
aldraxou do nobre esposo 
as nuncas ofendidas cañas 
dende entón coa sua esposa 
vil, adúltera e vilana 
vai buscando pol-o mundo 
quen fizo tal aviltanza. 
Eu son a adúltera…..

Y Beatriz cayó desmayada. Entre la gente se adelantó entonces un estudiante: “¡ Viejo repugnante, dejadla, sois repulsivo, cobarde y vil ! “ El viejo echó mano a su daga, el estudiante a su espada y, a no aparecer los arqueros del arzobispo, ambos se hubieran atravesado entre los rugidos de una masa ya enardecida. El anciano y la joven desaparecieron en el tumulto. 
Se hizo la noche sobre la ciudad apostólica y, en una oscura rúa, ante un nicho donde se adoraba a la Virgen de la Soledad, solamente iluminada por un humilde candil, se emboza un hombre que aguarda. Pronto se oyen pasos. Es un doncel que avanza por la estrecha rúa para detenerse ante la Virgen. Desembaraza  la espada y se arrodilla ante la imagen. De pronto, un grito hiere la noche: “¡Confesión, me asesinan!” El doncel acude a las voces. Sobre las frías losas agoniza un caballero, con una daga clavada en el pecho. El joven atina a escuchar sus últimas palabras: “ ¡ Coñocin o meu asesino é… o vello conde d’Aveiro…que vestido de pelengrino… víñame perseguindo dende Portugal..! 
Naturalmente el doncel era nuestro conocido estudiante. Ávido, interrogó al moribundo: 
– ¿ La esposa de ese conde es joven, blanca y donosa? 
– É, chámase Beatriz….era miña noiva…. máis o pai casouna co’ese vil de Aveiro…Decídelle…que morro amándoa… 
Aparece la ronda de arqueros. Desgraciadamente, se culpa a nuestro estudiante de la muerte del caballero caído. Es declarado reo de muerte. Y un triste amanecer de primavera, mientras las primeras “anduriñas” revoloteaban por Compostela, lo sacan de las mazmorras y, zaherido por un gentío mostrenco y vengativo, es arrastrado hacia el cadalso. Cuando la comitiva llega hasta la imagen de la Virgen de la Soledad, se le permite al reo rezar un momento ante ella. El joven solo atina a decir:” ¡ Miña Virxe Santa, soy inocente, ven e váleme!”  Y, dulcemente, inclinando la cabeza sobre el pecho, entrega el alma. La multitud, conmovida, dio en gritar: ¡ Milagro! ¡ Ha muerto un inocente ! 
Desde entonces la virgen allí existente fue conocida como “A Virxe de Ven e Váleme” y por derivación, de Ven a Val y luego de Bonaval. Peregrino,  cerca, muy cerca de tu Camino y de la Porta do Camiño, se levanta el Monasterio de Bonaval. El pórtico de Bonaval, que da entrada al romántico cementerio del Rosario, está presidido por la inscripción: “Esta image he aquí posta por alma de Juan Tuorum. Era MCCCLXVIII”. Si los peregrinos lo supieran, dejarían una humilde flor del Camino en recuerdo del pobre Juan Tuorum. Ah, las viejas leyendas del Camino, las antiguas leyendas de Compostela…. peregrino no olvides, hay otra Compostela. 
Claro que si lees por ejemplo a Filgueira Valverde todo será más prosaico, resulta que Juan Tuorum era un herrador de la Porta do Camiño. Pero ¿qué importa? La imaginación de Carré, la del tabernero y la mía (absolutamente desatada, gracias sean dadas) nos permite contar las leyendas como nos peta. Al fin y al cabo, eso es lo que nos queda, las viejas y queridas leyendas. . 
Ah, sí , me estás preguntando por el Conde de Aveiro y por la bella Beatriz. Pues mira, eso es otra historia. La conoce perfectamente el tabernero, le preguntaré. 
From Jakobsland, José A de la Riera".


Ya habíamos advertido que estos metros finales de la rúa de San Pedro hacia la Porta do Camiño iban a ser especialmente intensos, como corresponden a lo que fue la gran entrada principal a la ciudad del Apóstol


Enfrente de la Praza 8 de Marzo está la Taberna O Catro, otro de los afamados restaurantes de esta rúa de San Pedro, de los que ofrecen la más suculenta cocina tradicional gallega


Enfrente, la rúa das Rodas (ruedas), también llamada Costa (cuesta) das Rodas, comunicación secular de la Porta do Camiño con el antiguo Hospital de San Roque, es glosada así por el escritor y periodista Camilo Friol en La Voz de Galicia del 28-8-2001:
"Contar os aros do toro dunha árbore é o xeito que meu avó me ensinou para calcularlle os anos. Aplicándoo ás cidades, habería que substituílos por rúas como a das Rodas. Compostela xa enguliu esta que fora a primitiva circunvalación da cidade. E con dous tipos de mateirais, a pedra da muralla medieval que cercaba o habitado, e o asfalto que troixo a rampa, eliminadora de barreiras arquitectónicas. Daquela gañouse a rúa o nome que agora leva, en vixencia polos milleiros de neumáticos que a diario a suben e a baixan. Rodas de vespinos, de coches, dos buses urbanos ou das bicicletas dalgún turista despistado. Pero esta finalidade circulatoria acabou por comerse o baixo das casas que quedan aló metidas. Polas beirarúas de servicio que lles deixaron case que non pasa ninguén. Barandas de ferro protéxennos de caer ó pasado. Queda o Rock and Blues e unha mercería china con roupa occidental. Nunha das fiestras que dá ás Rodas hai un letreiro pequeno que anuncia clases particulares. O seu tamaño non me deixou descubrir aínda que se ensina alí e iso que paso varias veces tódolos días por aquela costa que lle lo pon difícil ós xubilados do Fogar da Porta do Camiño e ós autobuses cando chegan á curva de San Roque."


Y a la derecha tenemos, más allá de la plaza, la Costa de San Domingos, donde en un antiguo pazo a la entrada del monasterio de Bonaval se encuentra actualmente la Residencia de Mayores Porta do Camiño


Y allí, el Cruceiro do Home Santo, cuyo elemento original es la muy tallada cruz en que se remata, sigue contemplando los pasos de gentes, entre ellos numerosísimos peregrinos, en lo que son ya los ultimísimos metros hacia la catedral


Su nutrido grupo de personajes parece que nos observa...


Ya en la última casa de la rúa de San Pedro siguiendo ruta hacia la catedral tenemos el Café-Bar Porta do Camiño, cuya entrada principal, y terraza, mira precisamente a ese lugar, que ya tenemos ante nosotros...


Y ahí tenemos también a la Costa das Rodas donde, en lo más alto, veremos parcialmente aquel antiguo Hospital de San Roque que acogía a los apestados a las puertas de la ciudad. No deja de ser llamativo que, al igual que las malaterías u hospitales de leprosos, afectados por otra de las enfermedades más temidas de la antigüedad por el miedo al contagio, estuviesen en los caminos y accesos más transitados tanto en Santiago como en otras poblaciones. Su estructura actual obedece a las reformas dieciochescas


Sobre la antigua muralla, decir que existieron varias casi desde el comienzo del culto apostólico y primer germen de la ciudad, si bien guardando un espacio sensiblemente más pequeño; la que llegó al siglo XIX y configuró el entramado viario de todo este área fue auspiciada por el obispo Cresconio entre los años 1037 a 1068. Leemos en Xacopedia:
"Actualmente, se conservan muchas evidencias, como el espacio de las antiguas puertas y de los postigos principales, tramos de la ronda interior, toponimia, etc. 
Las puertas de la muralla canalizaban el tráfico de personas y mercancías; desde ellas los vecinos accedían a los arrabales de la ciudad en los que se localizaban los diferentes negocios. Así, en el exterior de la puerta del Camino empezaron a situarse tiendas y albergues para peregrinos. 

En la actualidad, al igual que en los últimos diez siglos, la línea de la cerca continúa perfilando una clara frontera: hacia el interior, mantiene cerrada la ciudad más antigua, noble y monumental; hacia el exterior, el terreno vacío del antiguo foso fue sustituido por un cinturón de carreteras, calles y caminos que rodean la ciudad intramuros casi por completo. Mas allá de este cinturón, se mantiene perfectamente la red de Caminos que, desde las siete puertas de la ciudad, comunicaban Compostela con el resto de la península. Apoyados en estas antiguas vías de entrada y salida, se levantan los barrios históricos, extramuros".


Aquí, según nos dirigimos a cruzar a la Porta do Camiño en dirección a la rúa das Casas Reais por el paso de cebra de la rúa de Aller Ulloa, las losas del suelo muestran la frase, escrita en diferentes idiomas, "Europa nació en las peregrinaciones a Compostela"


A nuestra derecha, la antes mencionada terraza y entrada al Café Bar Porta do Camiño. Más allá y sobre otro lienzo de la muralla empezaba el convento de Santo Agostiño. Desde 1946 uno de sus grandes edificios es sede de la Escola de Arte e Superior de Deseño Maestre Mateo. Poco más allá están el Mercado de Abastos y San Fiz de Solovio, lugar que constituye el precedente poblacional inmediato al nacimiento de la ciudad de Santiago de Compostela


Aquí comienza a la izquierda la calle Aller Ulloa. Nos disponemos ahora a cruzar de frente a la Porta do Camiño, que tuvo varios nombres, como bien nos destacan en la Xacopedia:
"También conocida como Porta Francíxena o de San Pedro. Era la puerta principal por la que penetraban a Santiago de Compostela los peregrinos que acce-dían por el Camino Francés. El lugar donde se localizaba esta entrada, que actualmente se denomina igualmente Porta do Camiño, se sitúa en la intersección de la rúa de San Pedro con las de As Rodas y A Ensinanza, vías que forman un eje alrededor de la antigua muralla de la ciudad. Desde aquí se puede contemplar el convento de San Domingos de Bonaval, sede del Museo do Pobo Galego desde 1963. 
El cuadro urbano de Santiago de Compostela es el de una ciudad con recinto amurallado, donde las relaciones jacobeas con el territorio quedarían perfiladas ya desde 1150 y confirmadas en el siglo XIII con el desarrollo de arrabales, itinerarios y fundaciones conventuales inmediatas. 
La puerta por la que se introducían intramuros de la ciudad de Santiago de Compostela los peregrinos procedentes del Camino Francés y los que se incorporaban a él desde el Camino Primitivo, el Norte, el de Sant Jaume, el del Ebro, el de Madrid, etc, era solo una de las existentes. Aymeric Picaud, en el capítulo IX del Libro V del Códice Calixtino (s. XII), habla de que “siete son las entradas y puertas de la ciudad. La primera entrada se llama Puerta Francesa”.

Evidentemente, el nombre de Puerta Francesa o Francígena, se debe a que por ella entraban los peregrinos del llamado Camino Francés, al que se iban sumando a lo largo de su gran itinerario a su vez la mayor parte de los caminos de España y Europa, que eran, como hoy en día, la inmensa mayoría, "
"Como esta ruta es la que más peregrinos acoge pasó a llamarse ‘del Camino’, aunque los peregrinos procedentes del Camino Portugués y la Ruta do Mar de Arousa entraban por la puerta Faxeira, los del Inglés por la denominada puerta de la Rúa da Pena y los del Sudeste por la de Mazarelos, todas ellas citadas también entre las siete que se señalan en el Códice Calixtino".

Por aquí solían entrar altos dignatarios, incluyendo reyes y príncipes, sobre todo en visita oficial. También se recibía con todo el ritual a todos los prelados. No hay restos que fueran de la puerta, al menos a la vista, pero por la documentación existente sabíamos que tenía una estructura de dobla arco y una torre de planta cuadrada a cada lado, así como que, muy próximo, estaba uno de los edificios en los que se pesaban las mercancías que entraban en la ciudad. Fue demolida entre los años 1800 y 1835, una época en la que no se tenía la misma concepción del patrimonio histórico que ahora


En un murete a nuestra derecha, casi tapada y un tanto deteriorada, hallaremos la placa de bronce que conmemora la declaración del Camino de Santiago como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 10 de diciembre de 1993



Ahí tenemos este importantísimo cruce de calles en el que suele haber un tráfico casi siempre denso e intensísimo


Hermoso arranque de la rúa das Rodas, con sus edificios extendidos entre la Costa de San Domingos y la antigua puerta y hospital de San Roque


La residencia de mayores, blasonada (escudo labrado en piedra arriba a la derecha). En la puerta principal, la de la derecha, presenta a ambos lados dos símbolos también labrados en tierra. A la derecha (junto a la ventana) un cáliz representaría que fue pertenencia del Concello, mientras que a la izquierda (no se ve, a la sombra), una concha de vieira señala que lo fue del cabildo de la catedral. Es posible que ambos lo compartieran, de hecho sigue siendo de uso público


No quisiéramos olvidarnos de decir que en la Costa de San Domingos, un poco más arriba, se encuentra el Restaurante Anaco, Un trocito de buena gastronomía, dice de él la página gastronómica El Zampón de Compostela antes recomendada. Por su parte el periodista gastronómico Juan Capeáns publica de él en La Voz de Galicia del 20-9-2020:
"A mesa puesta y precio cerrado. Así le gusta trabajar a Víctor Lobejón, que también deja margen para los que prefieren ir a tiro fijo en la carta. Pero la gracia de Anaco es precisamente esa, disfrutar desde el primer minuto al poco de sentarse a la mesa y sin haber comido nada todavía, diseñando un menú entre todos los comensales y con las sugerencias de la casa, muy pegadas al mercado. Todos piden lo mismo y disfrutan igual. El restaurante todavía no ha alcanzado su velocidad de crucero, porque arrancó a finales del 2019 y la pandemia cortó su proyección y una reputación al alza ratificada en las pocas críticas que le ha dado tiempo a acumular en TripAdvisor: 16 comentarios, 15 excelentes.

Lobejón, nacido en Palencia, iba para ingeniero y se desvió hacia la gastronomía. Aprendió en la escuela de Luis Irizar, se fogueó en restaurantes madrileños prestigiosos y acabó trabajando en el Abastos 2.0. En la carta propone una docena de platos, algunos de los cuales también incorpora al menú diario en el que hay margen para quitar y poner atendiendo a los gustos de los clientes hasta llegar a seis o siete creaciones bien proporcionadas, para que no se convierta en una bacanal. Una sardina ahumada, unas almejas de carril, un huevo frito con trufa, falsas lasañas, albóndigas de jabalí... Son 35 euros con postre, pan y agua filtrada, aunque se puede y se recomienda preguntar por la carta de vinos, que es interesante".

Y aquí mismo, a nuestro lado y a nuestra izquierda, mirando también a la Porta do Camiño, tenemos el Choiva Café, bien ponderado por Alicia Pardo en El Correo Gallego del 16-2-2026:
"Dicen en los bares que las tapas son una inversiónel cliente se marcha contento -y con la barriga un poco más llena- y recuerda el local para la próxima, lo que, a la larga, asegura la ganancia. 
Aunque hay muchos establecimientos que no las ofrecen, aquellos que lo hacen suelen incluir un único tipo de tentempié. No es así en la última incorporación hostelera del centro de Santiago, que bate récords con la variedad de aperitivos que ofrece a su clientela y le permite disfrutar de un pincho distinto por cada consumición. 
Desde principios de febrero, fecha en la que inició su actividad en el número 3 de la Rúa Aller UlloaChoiva Café se ha ganado al público ofreciendo hasta cinco tapas diferentes a lo largo de la tarde-noche. Cada una la prepara personalmente su propietaria, Gabriela Henríquez, que se mudó a Santiago junto a su esposo desde Venezuela con la ilusión de montar "un lugar acogedor" en el que el público pueda "sentirse como en casa".
La cafetería, que cuenta con cafés y bebidas especiales, ya está conquistando con sus propuestas gallego-venezolanas y sus brunchs caseros con pan del país. Tal y como cuenta Henríquez, en Choiva siempre hay una opción para cada hora del día: desde completos desayunos hasta platos latinos y raciones tradicionales con los que saciarse al atardecer. 
"Choiva nace de la idea de hacer un lugar acogedor tanto para locales como para peregrinos. Queremos que sea como un pequeño Santiago, un sitio lindo en el que poder tomar un café tranquilamente", cuenta Henríquez. 
Dada la cantidad de borrascas que se han encadenado en las últimas semanas, admite que no podría haber bautizado su establecimiento con un nombre mejor. "La palabra representa muy bien a la ciudad", dice entre risas, aunque su origen está, en realidad, en la famosa canción de Juan Luis Guerra Ojalá que llueva café. 
Toda la carta de Choiva está pensada para ser "como un crucero con una pequeña parada en Venezuela". Y no hay nadie mejor que Henríquez y su pareja para trasladar al público al país latinoamericano. 
Ambos emigraron desde allí hace tres años -previa parada en Chile-, y decidieron montar un negocio que les diera estabilidad a ellos y a su familia. "Tenemos dos hijos y buscábamos algo que nos permitiese coordinarnos. Fue difícil, pero con mucho esfuerzo y amor pudimos montar Choiva", recuerda Henríquez. 
Tanto ella como su esposo eran controladores aéreos en Venezuela, pero parte del oficio ya lo traían de serie. "Siempre me ha gustado la cocina. Yo era la mayor de cuatro hermanos, así que siempre me tocaba estar ahí", dice entre risas la propietaria. Su marido aprendió rápidamente el trabajo de camarero y pusieron a andar su pequeño sueño de piedra en el corazón de la ciudad. En el futuro, dicen, esperan poder ampliar la carta y seguir recibiendo el "amor y el cariño" que les dispensa Santiago.

Seguidamente y en el mismo bloque se encuentra el Chichalovers, de Graciela y Darío, con ganadería familiar en Santa Comba y carnicería en la Plaza de Abastos. Patricia Calveiro nos cuenta de estos emprendedores y de este su negocio en La Voz de Galicia del 7-6-2024:
¿Qué sabe más a aldea que una bolla de pan artesano con chicharrones o con chorizo? Esos sabores tradicionales son los que se ha propuesto recuperar y llevar a un nuevo público Chichalovers, una nueva bocatería —nada convencional— especializada en chicharrones y chorizo de elaboración propia que abrirá sus puertas el lunes en Santiago. El antiguo quiosco de prensa y revistas que regentaba en su día la señora Preciosa en Porta do Camiño se ha convertido en un establecimiento take away donde se han propuesto «acercar la casa de la abuela al medio de la ciudad y reivindicar los sabores más auténticos, en un espacio con un toque urbanita».
Así lo explica Darío Capelo, propietario de la carnicería A dos Capelo cuya familia tiene una granja en Santa Comba, la cual será también el principal proveedor para este nuevo proyecto que comparte con su pareja -y ahora socia también en el terreno laboral-, Graciela Castro. «Yo quería dar una vuelta de tuerca a dos de los productos que vendemos en la Praza de Abastos. Allí llegan a un público más mayor y quería evitar que se perdieran entre las nuevas generaciones. Y Graciela estaba buscando un bajo para desarrollar eventos gastronómicos con su empresa, Onyvá. Encontramos este local, que nos encantó, y vimos la oportunidad de juntar en él nuestras inquietudes y de poner en valor el territorio y el producto de proximidad de una forma innovadora», relata él. 
La carta se compone de distintas combinaciones en formato bocadillo con el chorizo y los chicharrones como protagonistas: desde las más simples y magistrales (como Cajoendiola, que junta el embutido casero con queso) hasta otras más arriesgadas (como el Arredemo!, un brioche de chicharrones con pepinillos agridulces y chipotle picante, o su Maloserá!, que combina la fritura de cerdo con manzana ácida, cilantro, lima y salsa de yogur). Además, Chichalovers venderá bandejas de chicharrones o chorizo con queso de Arzúa gratinado; así como cucuruchos de chicharrones y chorizo dulce o picante (en este caso frío, para picotear). Y, para el postre, hay tanto el recurrido y genuino queso con membrillo acompañado con pan del país como un viaje a la infancia llamado Pan con chiculate, o una tercera opción más vanguardista bautizada como Unha porcallada (molde brioche con chocolate, crema de manises, plátano y frambuesas). 
Tras la primera toma de contacto, en una cata a puerta cerrada, esta pareja de emprendedores afincada en Santiago confirma satisfecha que «hemos tenido un buen feedback: que te digan que con un bocata los has transportado a la infancia y le has traído grandes recuerdos es muy bonito».

Y en el siguiente bajo abre sus puertas el Restaurante Petiscos, con opciones veganas y sin gluten de excelente tradición gastronómica gallega. La cercanía al Mercado de Abastos da merecida fama a todos estos locales. Al final y en la esquina con la Praza do Matadoiro está Benedita Elisa, cuyos propietarios y cocineros son Brisa Medina y Carlos Insua. Volvemos a La Voz de Galicia, esta vez con la firma de Xosé Amador para hablar de ellos:
"El tándem formado por los hosteleros Carlos Insua y Brisa Medina, que alumbra la luz del restaurante Benedita Elisa en una esquina de la Praza do Matadoiro de Compostela, cosecha reconocimientos mientras cultiva una cocina de pequeños detalles, que bebe en el cruce de tradición y modernidad. Su proyecto busca que los comensales disfruten de una velada gastronómica agradable, con platos elaborados, preferentemente con productos del entorno y de temporada, pero con recetas saludables y exquisitas. Detrás de cada propuesta, hay un equipo de profesionales bien formados, que constantemente intenta cambios y avances en la búsqueda de nuevos objetivos y que disfruta con su trabajo. En estos años Benedita Elisa ha superado varias reválidas y ha conseguido convertirse en una referencia con encanto entre la larga lista de establecimientos gastronómicos que mantienen las puertas abiertas en las inmediaciones de la plaza de abastos santiaguesa. Después de pandemia, el local ha abierto una nueva etapa, con la incorporación de Brisa, que aporta elementos de la cocina mexicana y de otros países latinoamericanos, y con Carlos, que ha estado desde los inicios. Esta pareja de jóvenes cocineros alimenta, con productos de Galicia, una hibridación gastronómica iberoamericana. La mundialización aporta un valor añadido a una cocina muy cuidada, en la que los pequeños detalles marcan la diferencia.
La parpatana, situada entre la cabeza y la ventresca del atún rojo, recibe la denominación de entrecot de mar. El plato gira alrededor del corte de chuletas de atún, listas para prepararlas a la brasa. La carne presenta una elevada infiltración de grasa, que luego aporta al plato una gran jugosidad. El resultado es una pieza deliciosa".
Foto: Café Porta do Camiño

Y en cualquiera de estos establecimientos nos detenemos a descansar, tomar algo, picar o comer, esperando que el semáforo de la Porta do Camiño se ponga en verde para entrar en la antigua ciudad intramuros compostelana


Tras este trayecto por la historia y la gastronomía de la rúa de San Pedro y otras aledañas al Camino, cruzamos hacia la Porta do Camiño, allí donde según las leyendas vivía el legendario Juan Tuorum "O Ferreiro da Porta do Camiño", con la sensación de saber un poco más del espíritu, la esencia y la idiosincrasia de los rincones por los que pasa nuestro periplo peregrino, rumbo ya a la rúa das Casas Reais y de la Capela das Ánimas y dejando atrás el milagroso de Bonaval, cantado en aquel antiguo romance de Gaifeiros de Mormaltán...

I a onde vai aquel romeiro,
meu romeiro, a onde irá?
Camiño de Compostela,
non sei se alí chegará.

Os pes leva cheos de sangue
e non pode máis andar,
malpocado, probe vello!
non sei se alí chegará.

Ten longas e brancas barbas,
ollos de doce mirar,
ollos gazos, leonados,
verdes como auga do mar.

-I a onde ides meu romeiro,
onde queredes chegar?
-Camiño de Compostela,
onde teño o meu fogar.

-Compostela é miña terra
deixeina sete anos hai
relucinte en sete soles
brilante como un altar

-Cóllase a min meu velliño
imoss xuntos camiñar,
eu son trobeiro das trobas
da Virxe de Bonaval

-I eu chámome don Gaiferos
Gaiferos de Mormaltán,
se agora non teño forzas
meu Santiago mas dará.

Chegaron a Compostela
e foron á Catedral,
Ai, desta maneira falou
Gaiferos de Mormaltán:

-Gracias meu señor Santiago
os vosos pés me tés xa,
si queres tirarme a vida
pódesma señor tirar,
porque morrerei contento
nesta santa Catedral.

E o vello das brancas barbas
caíu tendido no chan,
Pechou os seus ollos verdes
verdes como a auga do mar.

O bispo que esto ovíu
alí o mandou enterrar
E así morreu meus señores
Gaiferos de Mormaltán.

Iste é un dos moitos milagres
que Santiago Apostol fai








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