Eres el Peregrino Número

lunes, 24 de febrero de 2014

LA PLAZA DEL MARQUÉS, GIJÓN/XIXÓN (ASTURIAS): "BAXO LOS COYONES DE PELAYO" A LA CASA PAQUET Y LOS JARDINES DE LA REINA

La Estatua Pelayo y La Plaza'l Marqués o antaño de La Barquera
Nacer
baxo los coyones de Pelayo es una expresión muy de Gijón/Xixón que resaltan especialmente todos los nacidos en Cimavilla o barrio alto, quienes tienen a gala ser oriundos del lugar que dio origen a la ciudad, y es que baxo los coyones de Pelayo vamos a ir nosotros ahora, pues bajando desde el antiguo Hospital de Corraxos o peregrinos pobres luego de haber visitado la Casa Natal de Jovellanos y pasado bajo La Torre del Reloj, llegaremos a esta plaza.


Salimos a la Plaza del Marqués viniendo de la calle Recoletas, donde está la Casa de los Ramírez de Jove, del siglo XVI, aquí vemos las terrazas enfrente de las sidrerías que tanto abundan en el barrio alto de Gijón/Xixón.


Es una hermosa plaza abierta a la dársena, con numerosas sidrerías, bares, confiterías de golosos pasteles para los más llambiones, animadas terrazas y tertulias, la gente se toma algo y echa un culín siempre en prestosa parpayuela, lugar de citas y encuentros de vecinos y visitantes.




La plaza recibe el nombre por el Palacio del Marqués, que fue del marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo, título que ostentó por primera vez Carlos Miguel Ramírez y Jove, personaje notablemente influyente en la Asturias de su tiempo pues era comisario provincial, regidor de Xixón y caballero de la orden de Calatrava, título otorgado por el rey Felipe V en 1708.


El palacio empezó a construirse en 1705, bajo dirección de Francisco Menéndez-Camino Carreño, alrededor de una torre bajomedieval gótica (la oriental) del siglo XV, acabando los trabajos en 1721.


La mansión pasó a los condes de Revillagigedo en 1899, razón por la cual también se la llama Palacio Revillagigedo.


Son dos torres almenadas de cuatro alturas y una parte central de tres, profusamente decorada, con blasón en la planta superior, cinco balcones en la intermedia y cinco arcos en la entrada porticada del piso inferior. Fue residencia regia durante las estancias de reyes y reinas en Xixón y padeció las destrucciones de la guerra civil, habiendo de ser reconstruido parcialmente, siendo en la actualidad centro cultural. El escudo fue reconstruido totalmente en el año 2004 gracias a las investigaciones del padre Patac y a una foto del año 1860.


Es precisamente en el entorno del Palacio donde fue hallada, durante las excavaciones arqueológicas de 1989, el epígrafe con la inscripción:

                                                                        
    MEDUGENUS . CESAR
                                                                            ONIS . SIBI . ET . F . RUT
                                                                            ILIO . ANNORVM . XV .
                                                                            EX. GENTTE . CILUR
                                                                            NIGORVM

  
"Medugeno, hijo de Cesarón, (dedica esta estela funeraria) para él y su hijo Rutilio (que falleció a los) quince años de edad , de la gens de los Cilúrnigos".

Los cilúrnigos serían la gente o gens, organización suprafamiliar que poblaban la ciudad romana, en lengua céltica significa "caldereros" y posiblemente eran descendientes de los antiguos castreños que habitaban el primitivo emplazamiento de La Campa Torres y que se asentaron aquí tras la conquista romana, fundando la ciudad. Pertenencerían a la gentilidad de los luggoni, los astures lugones que habitaban el centro de la actual Asturias y cuyo nombre procede del dios Lug (Luggoni significa "Hijos de Lug"). Reclutados como guerrreros por los nuevos amos del mundo, algunos de ellos servirían en el fuerte de Cilurnum, actual Chester, defendiendo la Muralla de Adriano frente los pictos de la ahora Escocia, protegiendo el territorio britano en poder de Roma enrolados en la Ala II Asturum, unidad de caballería de unos 500 jinetes astures allí acantonada, que aunque con el tiempo recibiría el aporte de soldados de otras procedencias, conservaría este nombre.


Aquí tenemos, recuperado y delante del Palacio'l Marqués, El Pozu La Barquera, a cuyo lado había un hórreo, el de los Ramírez, en el que se escogían, el 24 de junio día de San Xuan, jueces y regidores, procedimiento de elección supromido a partir de 1543 al proceder la Corona a la venta de estos cargos, tal y como también nos informa el investigador Luis Miguel Piñera en su libro Cimadevilla recuperada. Atlas playu.



Terrazas y sidrerías.


Anteriormente, en los siglos III y IV, durante el Imperio Romano, hubo en el lugar una fábrica de salazones, estudiada y vuelta a tapar en una excavación de urgencia en 1991 con motivo de las obras de remodelación de la plaza.


Placa que recuerda la historia de La Barquera.


Mapa de Cimavilla.


Esta plaza fue llamada también de La Barquera, como siempre se conoció a este muelle, pues era buen resguardo de las embarcaciones, subidas por la rampa de piedra y colocadas sobre el suelo, lugar donde existió la capilla del mismo nombre, desaparecida en 1898 tras un cambio de propiedad, nombre relacionado con las barquerías donde estaban las lanchas de los pescadores.


 Bajo los edificios que cierran la explanada un pasadizo a manera de túnel comunica con la Plaza Mayor, donde está el Ayuntamiento.


Preside la plaza, mirando al muelle local, actualmente puerto deportivo. una llamativa estatua.


La estatua de un guerrero con capa y escudo que porta una cruz en su brazo extendido.


Se trata de Don Pelayo,  primer monarca del Reino de Asturias, la cruz que enseña es la Cruz de la Victoria, emblema que al decir de la tradición portó en la batalla de Covadonga y que podría tratarse de un símbolo de la cristianización efectiva del territorio.


La Cruz de la Victoria fue recubierta de oro y pedrerías en tiempos posteriores, reinando Alfonso III El Magno y es emblema de Asturias.


Por su parte esta efigie del rey es la enseña del escudo y bandera de Gijón/Xixón pues alguna tradición afirma que tuvo un tiempo aquí sus reales, en concreto en lo que luego sería la Torre del Reloj, donde había un alcázar posiblemente del tiempo de los romanos.


Por eso Nacer baxo los coyones de Pelayo es una expresión muy propia de aquí que resaltan especialmente todos los nacidos en Cimavilla o barrio alto, quienes tienen a gala ser oriundos del lugar que dio origen a la ciudad.


Y es que baxo los coyones de Pelayo estamos nosotros, situándonos ya en medio la Plaza del Marqués y contemplándola exactamente debajo de las faldas del monarca, donde está la fuente que vino acá desde la capilla de San Llorienzo de la Tierra, en El Muro, para completar este monumento conocido popularmente como La Estatua Pelayo,


Fue inaugurada el 5 de agosto de 1891, obra de José María López, así como el pedestal y las caras de leones incrustadas en sus paredes, por las que mana el agua.


La figura fue fundida en los talleres de la Sociedad Fábrica de Moreda y Gijón por el maestro fundidor Carlos García Nosti, afirmándose que el metal se aprovechó de cañones capturados en la guerra de Marruecos de 1860. Pelayo está representado mirando hacia el puerto con la Cruz de la Victoria en la mano derecha, brazo alzado y la mano izquierda sujeta el escudo apoyado en el suelo.


 En su base hay placas con textos en latín, uno de ellos es de Jovellanos, a sus espaldas y en su derredor se extiende esta magnífica plaza.

 
Los leones de la fuente miran a la plaza en todas las direcciones.





Así nos fijamos en otro destacadísimo edificio y monumento de la ciudad.


Y es que pegada al palacio, con el que constituye una de las estampas más típicas de la ciudad, vemos la Colegiata de San Juan Bautista, también barroca y diseño de Menéndez-Camino pero que contó con el aporte del arquitecto Pedro Muñiz Somonte, quien se encargó de cubierta y torre, siendo pagada por el tío del marqués y prior de la catedral de Oviedo/Uviéu Luis Ramírez de Valdés.


Destaca su torre-campanario picuda de tres pisos con torre-campanario y sus tres naves, que disponían de tribunas para los señores de la casa.


Enfrente de La Colegiata arranca en cuesta la Plaza de Fermín García Bernardo, antiguamente de San Juan Bautista, la célebre Subida a la Colegiata o para algunos La Cuesta del Escocia por un popularísimo bar de copas que estaba en el bajo de uno de los edificios situados enfrente del santuario.


Uno de esos edificios ostenta en su fachada la placa que recuerda que allí estuvo la Universidad de Cimavilla, fundada por el abogado Fermín García-Bernardo y Álvarez de la Sala, donde dio clases de derecho desde 1942, Hijo Predilecto de Xixón en 1992. A la izquierda de estas casas sube la calle Vicaría, que  llega a la que fuese la vicaría del convento de las Agustinas Recoletas (después fábrica de tabacos), dividiendo en dos el barrio de Cimavilla, el de los Remedios y el de la Soledad, el primero, de la calle a la izquierda, en su origen más puramente de pescadores, adscrito a la capilla de esa Virgen, y el otro también con su capilla propia (la de la Soledad, sede del gremio de labrantes y mamposteros, de la que hablamos en el anterior capítulo), extendido de la calle hacia la derecha.


Aquí se inicia también la calle Oscar Olavarría, empresario naviero y Alcalde en 1878, llamada en los años 30 y 40 del pasado siglo calle Asfalto por ser de las poquísimas de Cimavilla asfaltadas, llegando a fundarse un equipo de fútbol, el Asfaltino, al ser de las preferidas para practicar el balompié, tal y como nos informan los trabajos de investigación de Luis miguel Piñera, que nunca nos cansaremos de recomendar.


La Colegiata y El Palacio del Marqués o Palacio Revillagigedo


La Colegita y la Torre del Reloj.


El puerto y La Barquera.


Cimavilla, casco histórico y monumental.


Mirando en esquina una cara al muelle y otra a La Colegiata es, a la izquierda de la foto, Casa Paquet.


Se trata de una bellísima construcción que basada en el modelo de un palacio renacentista sigue patrón estilo regionalista, tiene dos alturas en la parte que da vista al puerto, dos en las demás como consecuencia de la diferencia de nivel, así como una torre con balcón en esquina.



Es obra de 1918 del arquitecto Miguel García de la Cruz, inspirándose en los palacios españoles de la centuria del 1.500, arcadas ciegas del primer piso, balcón preciosamente labrado, hermosos detalles artísticos y arquitectónicos en esta obra hecha para Eduardo Paquet y su compañía consignataria de buques, que dio pie a otra célebre expresión en Cimavilla, pues cada vez que alguien pregunta un "¿pa qué?" otro suele responder "Paqué vive nel Muelle".


Los Paquet llegaron procedentes del sur de Francia a finales del siglo XIX para trabajar en empresas ferroviarias, fundando luego con un socio portugués la empresa naviera en 1914. Miembro destacado y descendiente de los fundadores era Luis Paquet, empresario marítimo, consignatario de buques, agente de aduanas en los puertos de Xixón y Avilés y cónsul de Francia, vocal de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gijón, consejero de la Autoridad Portuaria de Avilés y de la sociedad Lonja Gijón-Musel.


En este destacadísimo inmueble lleva tiempo planeando un proyecto para hacerlo albergue de peregrinos, esperamos se haga realidad algún día. Si bien es verdad que en Gijón/Xixón hay abundantes alojamientos turísticos (hoteles, pensiones, albergues privados), un albergue público y en el centro de la villa es una verdadera asignatura pendiente. Como albergue plenamente público, no dedicado exclusivamente a los peregrinos pero sí que acoge muchos, está el del Palacio de San Andrés de Cornellana, aunque a unos cuatro kilómetros de aquí, en el barrio de Contrueces y sensiblemente apartado del Camino, si bien comunicado por línea regular de autobuses urbanos (Emtusa)


 Justo abajo, a la derecha de Casa Paquet, y entre esta y las escaleras de piedra que suben hasta la cuesta de La Colegiata, está la puerta que daba acceso al refugio antiaéreo en el que se apiñaba el vecindario durante los bombardeos de la guerra civil, otro elemento de la historia de nuestra ciudad que se quiere rescatar del olvido.


Era relativamente grande, disponía de una curva cerrada para contrarrestar la onda expansiva de las explosiones, alguna vez se rompió una tubería y la gente hubo de salir afuera en tropel, causándose desgracias. En algún momento se habló de acondicionarlo y hacerlo visitable, a semejanza de los existentes en otras poblaciones, por lo menos no ignoremos las trágicas lecciones de su memoria.


Placa con un texto de Jovellanos, quien tantas mejoras reclamó para este puerto.


Puerto creado al reconstruirse la ciudad tras el asedio de 1395 y destrucción del viejo Gijón/Xixón.


Con el tiempo fue ampliándose pero muy poco a poco. A finales del siglo XIX ante la avalancha de la exportación carbonera se vio que quedaba pequeñísimo. En un principio se fue ampliando hacia el oeste, hacia El Fomento y El Fomentín, pero tras no pocas disputas se optó por construir un gran puerto nuevo en la ensenada de Torres, en El Musel.


La actividad comercial fue decayendo y quedó como muelle pesquero hasta que la rula o lonja de pescadores fue también para El Musel, ahora es puerto deportivo.


Monumento a la Sidra instalado en el año 2013 fomentando el reciclaje y empleando 2.800 botellas de sidra con un peso de ocho toneladas.


Casa Paquet, la calle Clauido Alvargonzález y el antiguo muelle local, actual puerto deportivo tal y como lo vemos siguiendo ruta desde la Plaza del Marquéshacia la orilla del mar.


Al fondo tenemos el pequeño Muelle Victoria, llamado también El Muellín, donde está la que fue durante muchos años La Rula o lonja del pescado, en la que este se subastaba, así como la aduana.

 
El Muellín fue una concesión al industrial Anselmo Cifuentes en 1871, hecho primeramente en madera y en sociedad con su yerno Florencio Valdés (el de la Quinta La Isla, Jardín Botánico Atlántico). Ellos dos fueron, junto con Oscar Olavarría y Juan Alvargonzález, los fundadores en 1878 del diario El Comercio, decano de la prensa asturiana.


Lanchas de pasajes ofreciendo singladuras por la costa gijonesa.


A esta plaza y muelle es a donde asoman también, todo hay que decirlo, los famosos Edificios del Serruchazu, un par de bloques de pisos que, construidos en años aún influenciados por el desarrollismo, excenden en altura más de lo que estéticamente sería aconsejable y para los que en su momento hubo una propuesta de desmantelar las plantas más altas, cual si se tratase de un serruchazo a su largura, propuesta que no se llevó a efecto pero que sigue dando ideas para artículos, comentarios, polémicas, conversaciones y chistes.


Dejamos la Plaza del Marqués por la calle Muelle del Oriente, antaño de Los Poyos, por unos poyos o bancos de piedra que deberían estar hacia la zona de lo que después serían los Jardines de la Reina,  tal y como nos comenta en sus estudios sobre las calles de la ciudad el investigador Luis Miguel Piñera, quien nos cita a su vez al gran narrador de todo lo playo Víctor Labrada, el cual relata en sus obras al poyo en el que se sentó la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de Isabel II, durante su estancia en Xixón en 1852 con motivo de la inauguración del Ferrocarril de Llangréu y al que por esa razón califica de El  Poyu Ilustre, que después quedaría en "lustre" con tanto uso y del que existe una copia en los actuales Jardines de la Reina, a los que iremos a continuación..


De la calle Muelle del Oriente a los Jardines de la Reina con sus altas palmeras plantadas en el primer tercio del siglo XX.

 
Los Jardines de la Reina, hasta donde antiguamente llegaba la  mar, terrenos ganados a la dársena, paso de la ciudad al muelle y que rememoran en su nombre a la reina madre María Cristina de Habsburgo-Lorena, en la visita que realizó en el año 1900 con su hijo, el futuro rey Alfonso XIII.


Esta reducción de la Dársena Vieja se acometió al ganarse al mar y al desaparecido Arenal de Pando todos estos terrenos a partir de 1885.


Esta antigua dársena, también denominada Dársena Interior está enfrente de los Jardines de la Reina., separada de la del Fomentín por el Muelle de Carbones.


El Muelle de Carbones al fondo. Hacia allá nos van guiando las flechas amarillas.


Dársena Interior, Dársena Vieja o Muelle del Oriente, también integrado en la actualidad en el Puerto Deportivo, con toda su fachada de soleados y luminosos edificios asomándose al paseo del histórico embarcadero, a lo largo de la calle Claudio Alvargonzález. Más allá de la antigua rula quizás distingamos el Dique de Santa Catalina, alto y largo murallón rompeolas que protege al muelle de los envites del mar. Es la famosísima Punta Lequerique, Lequerica, Liquerique, Liquerica, Liquiliqui... que como bien afirmaría aquel gran playu y periodista Dionisio Viña, de todas formas se dice en Cimavilla, y añadimos nosotros que también de todas formas y maneras se ve escrito incluso en mapas y nomenclatores. Todo viene del contratista vasco Lequerica, que construyó este espigón entre 1859 y 1864 tras la autorización de Isabel II en aquel fructífero viaje de 1858.


El antiguo cai o muelle se transformó en carbonero en el siglo XIX, pues desde que se inauguró el Ferrocarril de Langreo llegaban aquí  los vagones con el carbón de la cuenca minera por la antigua calle Comercio, después calle Joaquín Alonso Bonet y calle Marqués de San Esteban, para volcar su carga gracias a los antiguos drops o primitivas grúas portuarias, puerto donde se hacinaban hasta más de 100 buques de carga, tras entrar y salir de manera muy dificultosa, pues hasta entonces apenas se había hecho nada en el antiguo fondeadero local desde las ampliaciones del siglo XVIII. Luego las actuaciones de la Sociedad de Fomento agrandarían notablemente la dársena y ganarían espacios para los tráficos portuarios, astilleros y nuevas industrias.


En nuestros días los Jardines de la Reina siguen siendo un lugar de paso fundamental hacia el Puerto Deportivo desde la que era antaño la principal arteria de la ciudad: la calle Corrida, anteriormente Ancha de la Cruz, donde vemos en su arranque destacados ejemplos de arquitectura urbana. Allí, donde anteriormente fue la huerta del abad de Santa Doradía, estuvo el Hotel Iberia, luego el Hotel Saboya, inmortalizado en varias escenas de la película Los peces de colores de Nieves Conde. Otros establecimientos históricos fueron el antiguo Café Suizo (después del Oso Blanco), y el bazar de Piquero, entre otros, todos ellos al comienzo de esta calle de hondísima raigambre gijonesa, terrazas, cafés y comercios que comunican los muelles con el corazón de la ciudad, cantada para siempre por la canción de Manolín El Nietu Celo Xuan...

Les terraces la calle Corrida,
¡vaya ñeru pal que quier dir a fisgar!,
tan los güeyos baxo´l toldu
controlando la xente al pasar.
Nes terraces la calle Corrida
tar ociosu ye la cuenta pa charrar.
Naide achanta nesi xareu,
                                                        ¡qué gran viciu esi de despelleyar!   

Y es que ahí, al principio de la  calle Corrida, tenemos también la Plaza de Italia, abierta en 1936 al tirarse una manzana de casas, la de la esquina de Los Cuatro Cantones, en los planes urbanísticos efectuados bajo el gobierno del alcalde anarquista Avelino González Mallada. Se trata de la plaza donde, además de Corrida, tenemos el comienzo del popular barrio del Carmen, antiguo arrabal de La Rueda. Al comienzo de Corrida, esquina con San Antonio, está el edificio modernista donde se ubicaba el Café Oriental, construido en 1911 por el arquitecto Miguel García de lla Cruz para Antonio Sarri, balcones, miradores y figuras de cariátides, todo hecho con diferentes elementos, piedra caliza, azulejos vidriados, ladrillo...


 

También desde los Jardines de la Reina contemplamos, a la izquierda del arranque de la calle Corrida, el comienzo de la de la Trinidad, que debe su nombre a la capilla homónima, con su palacio, mandando levantar allá por  los años 1672-76 por don Manuel y doña Cristina, de la casa de los Jove-Huergo, casona blasonada de tres pantas con su capilla al lado, todo estilo barroco, conformando la calle, conjunto restaurado en 1963 y acondicionado años después para ser la sede del Museo Juan Barjola, inaugurado en diciembre de 1988 tras la donación de 104 cuadros de este pintor español  perteneciente a la corriente del expresionismo representativo, otro de los muchos museos y espacios públicos visitables en esta ruta.


Enfrente de capilla y palacio estuvo el Arenal de La Trinidad, desaparecido hace muchísimo, así como una de las más antiguas puertas de la villa, construida en el primer tercio del siglo XVII y derribada en 1781 al construirse la dársena, para la que constituía un estorbo. Se sabe que cerca existió un mesón, El Mesón Vieyu, donde la gente que llegaba a deshora, encontrando las puertas de la ciudad cerradas, aguardaba la hora de apertura.



Admiramos la hermosa panorámica del puerto deportivo y del barrio de Cimavilla, así como lo que fue el Muelle de Carbones.


Desde aquí vemos también toda la fachada occidental del casco histórico de Cimavilla, el flanco que mira al puerto, desde la estatua de Pelayo y el Palacio del Marques con La Colegiata hasta la Casa Paquet y aún más allá, hasta la Antigua Rula y los edificios de la Comandancia de Marina y Junta de Puerto, ya hacia la famosa Punta Lequerique, Liquerica, Lequerica, Liquerique y, como hemos dicho, otras variadas formas de decirlo, escribirlo y pronunciarlo.
 

 Cruzamos los Jardines de la Reina...


Y enfrente de nosotros tenemos el edificio que fuese sede de la antigua Sociedad de Fomento de Gijón.


Es un bello palacete construido entre 1918 y 1920 a cargo del proyecto de Enrique Rodríguez Bustelo, ejemplo destacado de arquitectura urbana que pasó a ser del Banco Minero Industrial.

 
Fue cárcel durante la guerra y en 1942  sede de otra entidad bancaria, el Banco Urquijo, luego en 2007 de Caja España.


A la derecha del edificio: Les Letrones...


 Grandiosas letras con el nombre de la ciudad ante las que todo el mundo se hace fotos.


Así es como nos iremos acercando al Dique Central para ir en ruta a la Dársena del Fomentín, recorrido donde hay paseos de tilos y bancos para sentarse.


A mano izquieerda se extienden las manzanas de altos edificios asomados a estos muelles, unos modernos y otros más antiguos pero restaurados.



Dejando atrás el viejo Muelle de Carbones vemos más lanchas y embarcaciones amarradas en el Puerto Deportivo, que ocupa todo lo que fueron antaño muelles industriales, carboneros y pesqueros.


Estamos en la Dársena del Fomento, recordemos que la ampliación del puerto local concedida a la Sociedad de Fomento en 1872 fue la primer iniciativa portuaria-industrial hecha a expensas de la Playa de Pando. Al poco arreciarían las disputas entre quienes querían hacer el gran puerto de Xixón en esta parte de la ensenada y los que optaban para que fuese en El Musel. Los primeros fueron llamados apagadoristas  y los segundos muselistas. Fue en 1879 cuando el ingeniero de la Junta del Puerto, Fernando García Arenal, presentó un proyecto para ampliar los viejos muelles de Xixón con dos grandes diques de defensa que semejaban a un apagador de velas, instrumento muy común en la época, de lo que derivaría el apodo de sus partidarios. En 1887 la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos, mostraba un estudio más favorable a El Musel, la sociedad se debatía en dos bandos irreconciliables con sus propios periódicos, valedores y grupos de presión pero, aunque tardaron años aún en iniciarse los trabajos, al final los muselistas ganaron la partida. No siendo ello obstáculo no obstante para que la costa oeste del concejo se industrializase de parte a parte.


Más edificios notables en la confluencia con la calle Pedro Duro: por aquí viene, desde la iglesia de San José, "el otro camino", señalizado con las conchas doradas en el suelo que atraviesa la ciudad no por su fachada marítima sino por el trazado del viejo Camín Real de la Costa, luego carretera y actual Avenida de la Costa. Se trata de un itinerario actualmente inmerso entre los altos edificios de la urbe.


A partir de aquí seguiremos hacia El Fomento contemplando también estas conchas metálicas doradas instaladas en el firme de las aceras y paseos...



Amplio lugar para pasear...






  Y así, andando, nos acercamos al Dique Este, que separa la playa de la Dársena de Fomento.


Al final del dique, situado a nuestra izquierda, destaca el edificio de Talasoponiente. Si antes hablábamos de la recuperación de los arenales y playas ahora lo hacemos con la talasoterapia, las propiedades salutíferas de los baños, tan presentes en Xixón por lo menos desde la época romana, con las termas localizadas en Campu Valdés pero también en las aldeas del interior del conceyu. Por aquí nos dirigimos ahora a La Playa de Poniente o recuperación del Arenal del Natahoyo, ruta al barrio de La Calzada.


Texto basado en nuestro libro:





Editado por Gran Enciclopedia Asturiana. Año 2013