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martes, 9 de diciembre de 2014

MONASTERIO DE SAN PELAYO. "LES PELAYES". OVIEDO/UVIÉU (ASTURIAS)



 El Camino Norte o de la Costa se ha adentrado ya en el casco urbano de Oviedo/Uviéu, capital asturiana y centro de gran peregrinaición medieval con las Reliquias de su catedral de San Salvador, desde donde salió el monarca asturiano Alfonso II El Casto para comprobar el hallazgo del que se tiene por sepulcro de Santiago en Compostela. Así, subiendo desde el Campo de la Vega y subiendo por la calle Azcárraga llega al monasterio de San Pelayo.


 El Camino sube por la calle Jovellanos y aquí, ante el monumento sl ilustrado asturiano, tomamos a la izquierda la calle San Vicente y pasamos frente a este convento de San Pelayo.


El Real Monasterio de San Pelayo fue una de las muchas fundaciones que hizo en la entonces naciente ciudad Alfonso II El Casto, entonces cenobio dedicado a San Juan Bautista, aunque la fachada que vemos en la actualidad, la Vicaría, es del año 1703, obra de Fray Pedro de Cardeña. En su interior se conservan partes medivales románicas, con señales del primitivo claustro, pues tuvo completas reformas a lo largo de los siglos. Las monjas pelayas, benedictinas conocidas popularmente como Les Pelayes, son una auténtica institución ovetense. Sus cantos, los sones de las campanas, su historia, forman parte consustancial del mismo origen de la población que llega a nuestros días.


Las monjas pelayas, benedictinas conocidas popularmente como Les Pelayes, son una auténtica institución ovetense. Sus cantos, los sones de las campanas, su historia, forman parte consustancial del mismo origen de la población que llega a nuestros días.


Este monasterio está situado justo al lado de la catedral asturiana, origen y salida del Camino Primitivo y por ende de todos los caminos a Santiago. Todo ello forma parte de un conjunto monumental construido, en su aspecto actual, entre los siglos XVI-XVIII, pero que como hemos dicho conserva elementos de tiempos bastante anteriores.


En la lejanía, la torre conventual de San Pelayo (la veremos cuando lleguemos a la Plaza de la Catedral) se asemeja a una especie de "hermana pequeña" de la de la catedral de San Salvador, sita a escasos metros:

La torre de Les Pelayes a la izquierda y la catedral de San Salvador con su torre.

Las monjas benedictinas habitan el convento de manera ininterrumpida desde hace un milenio, pues fue el único cenobio asturiano que se libró de la Desamortización de Mendizábal, en incluso recibió en 1854 al del Monasterio de La Vega, sito en las inmediaciones y transformado en fábrica de armas.


Las crónicas del obipo Pelayo informan, en la Edad Media, que el primer convento estaba dedicado a San Juan Bautixta y se construyó reinando Alfonso II El Casto, quien acababa de hacer de esta su capital tras diferentes avatares y traslados en reinados anteriores. El mismo obispo afirma que pasó a estar bajo la advocación a San Pelayo tras el traslado desde León aquí de las reliquias de este niño-martir, amenazadas por las incursiones musulmanas de Almanzor en el reinado de Bermudo II. Ciertamente la primer referencia documental existente es del año 996, cuando este rey dona el valle de Sariegu a esta comunidad femenina, presidida entonces por la reina Teresa Ansúrez. En aquellos momentos estas fundaciones, además de vida religiosa, constituían en otros casos lugar de retiro de reinas y damas de alta alcurnia, bien viudad o bien despechadas por sus regios maridos, como fue el caso asimismo de la reina Velasquita. Ambas reinas llevaron aquí una vida familiar, acompañadas de parientes y sirvientes, llegando mismamente a trasnmitir al citado obispo Pelayo una verdadera crónica negra del monarca Bermudo II, a quien el prelado censuraba sus continuos divorcios y casamientos de conveniencia.


Años después (1053), el rey Fernando I ratifica durante su visita a la capital astur el apoyo real a este monasterio y sus cada vez más extensas posesiones. La primera abadesa cuyo nombre conocemos es doña Gontrodo en 1097, integrándose definitivamente el cenobio en la orden benedictina y su disciplina en el siglo XII, cuando aumentan considerablemente las donaciones tanto en la ciudad como en sus dominios rurales. Otro rey, Alfonso VII, les concedió los derechos de portazgo (algo que llamaríamos hoy en día "peaje" sobre mercancías) sobre el paso de Olloniego, la principal vía de comuniación entonces de Oviedo/Uviéu con los puertos de la cordillera hacia la meseta, así como de la propia capital y del concejo de Gozón. Muy importante fue el de Olloniego, aunque hubo de empeñarlo en el año del hambre de 1192 por la cantidad de 300 sueldos, recuperándolo no obstante poco después.


En el año 1222 Alfonso IX  le concedería al monasterio derechos sobre el alfolí de Avilés, almacenes y comercio de sal y mercancías de una ciudad portuaria que comerciaba entonces con toda Europa. Las posesiones se incrementan aún más notablemente, aunque estas se encuentras muy diseminadas a excepción del valle de Sariegu, razón esta por la que se opondría con éxito, junto con el monasterio cisterciense de Valdediós, a la concesión de una Carta Puebla para los habitantes de ese valle por parte del rey Alfonso X El Sabio en 1270, dado que sus especiales derechos para con sus pobladores, librándolos del poder señorial, afectaría gravemente a los intereses monacales. Entonces buena parte de Asturias les pertenecía, especialmente el núcleo en torno a Oviedo/Uviéu y Siero al igual que buena parte de la zona costera central. Por ello las abadesas pertenecían a las más linajudas estirpes. viendose en su sucesión y ascensión las diferentes fases de prosperidad e influencia de las familias de la nobleza, llegando a estar San Pelayo al cargo de la abadesa doña Sancha, hermana del emperador Alfonso VII, durante la segunda mitad del siglo XII.


Una parte de sus posesiones era trabajada directamente por sus vasallos de Sariegu pero otra correspondía a arriendos, cobrando el monasterio en especie o en dinero. Agricultura y ganaderías constituían la base de su riqueza.


La autonomía monacal fue decayendo cuando, a partir de las reformas de finales del siglo XV, entró en la órbita de la obediencia directa a la Congregación de Valladolid. Se intenbaba reformar las órdenes religiosas para acabar con el relajo de costumbres y que fuesen más a veces centros de retiro social que de oración y recogimiento. Fue entonces cuando San Pelayo fue escogido como sede asturiana de estas reformas de estricta observancia, pasando a él las tierras de San Bartolomé de Nava, Santa María de Villamayor y Soto de Dueñas, únicas fundaciones femeninas en el medio rural existentes en Asturias, cuyas monjas habían sido severamente amonestadas con duras acusaciones por el enérgico obispo Gutierre de Toledo, dado el estado en el que encontraba entonces la susodicha observancia religiosa. Si bien tanto o más pesaban los pecados de aquellas monjas "descarriadas" como el deseo de hacerse con el control de aquel fértil y estratégico valle entre el centro y el oriente de Asturias.


Aquel importantísimo aumento de ingresos permitió realizar en el edificio una profunda transformación, en realidad hacer un nuevo y gran conjunto: la iglesia entre 1592 y 1601, más luego obras posteriores que se rematan en 1703 con la fachada de la Vicaría.


El monasterio de San Pelayo en sus nuevos edificios así como el nuevo ayuntamiento y diversas casas se realizaron aprovechando las antiguas murallas de la ciudad, las cuales siguieron derribándose hasta bien entrado el siglo XX. Ciertos elementos que se suponen originarios del primer santuario se hallaron al acometerse las obras de restauración tras la guerra civil. También hay hospedería dedicada a aquellas personas que soliciten esta necesidad para "encontrarse a sí mismos o a Dios", tal y como rezan sus frases

Monasterio de San Vicente, a continuación de San Pelayo.
En el monasterio de San Pelayo se custodian en la actualidad importantes documentos del cercano, prácticamente anexo, cenobio de San Vicente, otro de los de grandísima trascendencia en Asturias durante siglos y frente al que también pasaremos en nuestro camino hacia la catedral...