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martes, 12 de marzo de 2024

EL FOMENTO Y EL FOMENTÍN (GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS) "LES LETRONES", EL MUELLE DE CARBONES, EL BARCO-CAFETERÍA Y LAS DÁRSENAS EN "EL TERRENO ROBADO AL MAR"

   

El Fomentín y El Fomento desde la Dársena Interior o Muelle de Oriente

Desde la Dársena Interior del antiguo puerto pesquero y comercial gijonés nos acercamos, pasando por los Jardines de la Reina, a la zona conocida como El Fomentín y El Fomento, con su fila de edificios frente a las dársenas de este nombre, construidas a partir de 1875 en lo que fue La Playa Pando, Mar de Pando o Arenal del Natahoyo, que desapareció al construirse estos nuevos muelles y ganarse terreno al mar para abrir la calle Rodríguez San Pedro, tránsito de los almacenes y navieras ubicados antaño en los bajos de estos edificios con los nuevos muelles de esta ampliación portuaria, ahora empleada como puerto deportivo al trasladarse sus tráficos marítimos al gran puerto de El Musel, al otro lado de la bahía


Este es el edificio de la antigua Sociedad de Fomento de Gijón, encargada de la gestión del puerto, si bien su primer "inquilino" fue realmente el Banco Minero Industrial. Es un bello palacete construido entre 1918 y 1920 a cargo del proyecto de Enrique Rodríguez Bustelo, ejemplo destacado de arquitectura urbana. Fue cárcel durante la Guerra Civil y en 1942 pasó a ser sede de otra entidad bancaria, el Banco Urquijo, que luego tuvo otras denominaciones bancarias


Edificio del Banco Urquijo es como más se le conoce actualmente en Gijón/Xixón. En 2020 fue adquirido para nuevos usos, según leemos en el periódico El Comercio a fecha del 28 de junio de ese año:
"El histórico edificio del Muelle recuperará la actividad en su interior, tras una década sin uso, coincidiendo con su centenario. Fue diseñado por el arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo, autor también de la iglesia de San José. El palacete se construyó entre 1918 y 1920 para albergar la Sociedad de Fomento de Gijón, aunque finalmente su primer uso fue como sede del Banco Minero Industrial. Durante la Guerra Civil fue utilizado como checa republicana y en 1942 el Banco Urquijo tomó el control directo. Los años de mayor pujanza de la sede bancaria se vivieron en los años 60 y 70, cuando llegaron a trabajar allí más de medio centenar de personas. Su nombre no paró de cambiar a partir de los años 80. Fue Banco Urquijo y Unión, Herrero y Caja España. En 2017 fue adquirido por un grupo asturmexicano que lo alquiló a la firma Spaces para esta nueva singladura como centro de trabajo flexible."

Es un edificio de corte regionalista que se asemeja a un palacio-residencia unifamiliar rodeado de jardín a estilo de los palacios renacentistas castellanos, por lo que tiene verdaderamente más aspecto de tal que de entidad empresarial-bancaria-industrial, que fue a lo que siempre estuvo destinado, quitando el paréntesis bélico y los años en desuso


A su izquierda, comienzan los arcos que siguen a lo largo de los edificios del Fomentín y Fomento por su salida a la calle del Marqués de San Esteban, antigua calle Comercio, dedicada luego al Marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo, Álvaro Armada Ibáñez de Jove (1817-1889) que era, además del marqués de San Esteban del Mar, séptimo conde de Revillagigedo, en los tiempos de la Sociedad de Fomento. Estando esta zona, donde la ciudad se extendió por su franja marítima occidental, en términos del antiguo coto señorial de sus antepasados, El Natahoyo, la medieval villa de Ataulio, por donde salía de la antigua población el Camín Real de la Costa, en este tramo denominado documentalmente Camino de la Gloria, lugar situado a la altura de la Estación del Norte (otra estación ferroviaria, ahora Museo del Ferrocarril de Asturias) y Playa de Poniente (al final del Fomento) y lugar donde se sabe existió una antigua venta caminera. También parece como "Camino que conduce a Candás, Camino vecinal a Candás, Entrada a Gijón, Salida de Gijón, etc.". Nos lo hace saber el cronista oficial Luis Miguel Piñera en su pormenorizado libro Las calles de Gijón, Historia de sus nombres:
"Aunque la calle del Comercio era la actual, Joaquín Alonso Bonet parte de que lo que se conocía como Comercio ocupaba algo de la actual Marqués de San Esteban, concretamente desde los Jardines de la Reina hasta el paso a nivel. Es el 7 de mayo de 1910 cuando se pierde el nombre de Comercio para ese tramo (sí lo mantendría la actual Joaquín Alonso Bonet) convirtiéndose en Marqués de San Esteban, tal como hoy la conocemos"

El Camino era ribereño, pues esta franja fue ganada al mar, constituyendo la entrada y salida principal de la villa por occidente, por lo que sería la empleada también por los peregrinos que, tras alojarse en el Hospital de la Villa, de los Remedios o de Corraxos, de Cimavilla, continuaban hacia Avilés. Por ella llegaba, mediado el siglo XIX, el tren carbonero del Ferrocarril de Langreo, inaugurado en 1852, trayendo el carbón de la cuenca minera a su salida comercial a través del ya atestado viejo puerto local, lo que motivó su ampliación, primero a partir de aquí y luego ya en el gran puerto exterior de El Musel, al abrigo de La Campa Torres, su cabo y promontorio, al otro lado de la bahía


Primeramente, el Ferrocarril de Langreo, que sustituyó a la Carretera Carbonera, abierta solo una década antes, discurría sobre un muro, El Muro de Langreo, que dificultó también el crecimiento urbano en esta dirección, hasta que su derribo en 1909 fue recibido con un festejo popular de celebración. En aquel momento, la Sociedad de Fomento de Gijón ya llevaba décadas de actividad, pues fue agrupándose en torno a un grupo de inversores entre los años 1875 y 1885 para, como hemos dicho, auspiciar y gestionar estos nuevos muelles que, a su vez, transformaron urbanísticamente sus accesos en lo que se llamó El Ensanche de Fomento, tal y como dicen en su Guía histórica y natural de la costa de Gijón Borja Álvarez e Ignacio Biain:
"Entre 1875 y 1885 un grupo de inversores integrados en la Sociedad de Fomento de Gijón construyeron un dique curvo de abrigo sobre la Playa de Pando llamado Muro Faustina y un muelle de ribera que delimitaba una lámina de agua dividida en dos dársenas, la de Fomento al oeste y la del Fomentín al este, por un muelle de madera que en 1891 se sustituyó por el actual espigón central de mampostería. Tanto este espigón como el muelle exterior estuvieron surcados desde su construcción por las vías del Ferrocarril del Norte.

La nueva infraestructura introdujo también una transformación urbanística puesto que con los terrenos ganados al mar se creó una franja urbana paralela al nuevo muelle de ribera creando un nuevo frente que coincide con la actual calle Rodríguez San Pedro y convirtiendo la anterior fachada marítima, el paseo del Comercio, en una amplia arteria de comunicación que unía y une la estación de ferrocarril con los jardines de la Reina y por tanto con el núcleo urbano. La nueva vía, Marqués de San Esteban, seguía el modelo de la parisina rue Rívoli, y así, con sus edificios porticados, creaba un gran paseo cubierto y con función comercia que fue ocupado por consignatarios, almacenes y todo tipo de negocios relacionados con la mar ocupando los locales que hoy concentran establecimientos de ocio en consonancia con la nueva función portuaria".

Y con esta franja de terreno entre las calles Marqués de San Esteban (izda.) y Rodríguez San Pedro (dcha.) ganada desde décadas, y con los muelles del Fomento y El Fomentín construidos y en pleno apogeo (pese a que la actividad comercial se iría trasladando a El Musel en un largo proceso), es cuando la Sociedad de Fomento encarga construir aquí, a su comienzo, su nueva y magnífica sede, cuya inspiración clasicista resalta a las claras en diversos detalles ornamentales en sus fachadas, máxime sin duda en esta, la principal, empezando por su misma puerta de acceso, a la que se accede a través de jardín cerrado con verja y subiendo unas escaleras


También de gran gusto por el clasicismo son todas estas filigranas de pináculos en el tejado, escudos, capiteles y numerosos y detallados ornamentos de época


En ellas hay alegorías de la industria y el comercio, una cara sobre una de las ventanas lleva un casco alado, lo que nos recuerda las representaciones del dios Mercurio, protector precisamente del comercio y del mar, ámbitos que aquí se unen 


En la misma ventana, más abajo y a la derecha, aparece una caracola, símbolo de la abundancia


En sus bajos y como muestra de los cambios acaecidos en esta antigua zona marítimo industrial transformada en espacio de ocio y hostelería desde la década de 1980, abre sus puertas el Restaurante Camelia, al que el historiador y gastrónomo Luis Antonio Alías le dedica su artículo culinario en el periódico El Comercio del 29-7-2021:
"El blanco edificio con abundantes elementos historicistas y torres montañesas, se terminó de construir para la Sociedad de Fomento allá por 1920, cuando la mal llamada 'gripe española' hacía sus últimos estragos mundiales. Tras darle sede al Banco Minero Industrial, posteriormente Banco Urquijo y brevemente Herrero/Sabadell, cayó en un letargo del que despertó recientemente. Un ejemplo de supervivencia y firmeza: nació en pandemia y renació en pandemia. De su renacimiento se encargaron varios profesionales asturianos con Félix por principal cabeza imaginativa. Este gijonés, de familia apasionada por el arte y propietaria de galerías, cuya colección de principales y promesas disfruta de un continuo crecimiento, ejerció la abogacía en México y regresó buscando ocupaciones más amables. El singular edificio de los Jardines de la Reina le ofreció un primer reto, el de su restauración y apertura al disfrute ciudadano. ¿Y qué mejor apertura que un restaurante cuya terraza, fronda de camelias y palmeras, pone gotas de Saint-Tropez ante el superior paisaje del puerto pesquero y Cimadevilla? Luego el interior de línea clara, cuelgan obras de Valle, Piñole, Orlando Pelayo, Aurelio Suárez, Camín, o de lo que en cada momento Félix desee compartir con sus clientes.
Raúl 'Chipi' guía la cocina. Este bilbaíno al que pronto su madre le vio más futuro entre fogones que entre pupitres (y acertó) forjó la práctica en el Nodo o el Santomauro madrileños, en Las Rejas de Manolo de la Osa, en Eneko Atxa de Azurmendi o en Casa Marcial y La Salgar de los Manzano. 
A tal bagaje añade técnica e imaginación propias y parte, como mandan los cánones de la excelencia, del mercado próximo, la temporada reinante, el trato y punto adecuados a cada ingrediente, las presentaciones sugestivas y -de eso se encarga el mestresala Alexis- la atención puntillosa. 
Hay ofrecimientos que no necesitan otro título que el de siempre: gazpacho, calamares de potera, arroz con pitu de caleya, solomillo de vaca en su jugo, torto con sardina y alioli, lomo de lubina al vapor con verduras; hay otros que añaden distintivos sustanciales: merluza del pinchu con su pil pil, algas, piparras y cebollino; steak tartar a las tres mostazas; carré de cordero con polenta, ajo negro y curry... 
Y hay otros que aportan especialísimos gozos a la actual dureza cotidiana: el huevo frito de aldea con foie y trufa, una vez elegido el pan, rota la yema y mezclados los colores, activa olas de serotonina."

El espacio de ocio y hostelería abarca a las tres dársenas: la Dársena Vieja, Interior o del Muelle de Oriente (a la derecha), El Fomentín (de frente), separados ambos por el Muelle de Minerales, hacia donde nos dirigimos ahora por la calle Rodríguez San Pedro y, al oeste, El Fomento, separado del Fomentín por la Dársena del Fomento, a la izquierda de la foto. Todas ellas son ahora sedes de empresas de deportes náuticos, de pasajes y paseos marítimos, e incluso también terrazas hosteleras


Camino del Muelle de Minerales y dando vista a la Dársena Vieja, que tradicionalmente es llamada El Muelle, nos encontramos con Les Letrones, unas grandes letras con el nombre de la ciudad en intenso color rojo donde la gente suele fotografiarse, a veces formando colas


Se trata de una obra que donó a la ciudad la Federación de Empresarios del Metal y afines del Principado de Asturias a solicitud del Ayuntamiento siendo alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, siendo inaugurada el 17 de marzo de 2011


Es un diseño de Juan Jareño, quien adaptó el logotipo de la marca turística Gijón a la escultura, hecha de acero macizo sin esculturas, lográndose el deseo de conseguir tener la imagen de la ciudad en tres dimensiones. Cada letra pesa unas dos toneladas, siendo el peso total de diez y su altura de tres metros. Su ubicación fue decidida a través de internet por los gijoneses, existiendo otros lugares candidatos, los cuales hemos recorrido en nuestro trayecto por el Camino de Santiago que atraviesa la ciudad: la Plaza del Marqués, los Jardines del Naútico o El Puente del Piles



Y así se convirtió, de manera exitosa, en otro de los ya de por sí numerosos reclamos turísticos por excelencia de la ciudad y concejo, ya desde el mismo momento de su instalación que generó intensa expectativa. Así leemos en La Voz de Asturias del 19-4-2019:
"Muy feo tiene que estar el día en el que nadie se haga una fotografía con las letronas. Con las cinco letras que conforman la palabra Gijón y que están instaladas en un rincón de los jardines de la Reina con el puerto deportivo y Cimavilla de fondo. 
Las letronas reproducen a gran escala la marca turística de Gijón que se estrenaba en 2009 y se convirtieron en emblema escultórico en 2011. Justo hace ahora ocho años, también entonces con la Semana Santa como el primer gran periodo festivo de su historia como gran reclamo turístico de la ciudad. 
Están hechas en acero macizo con el color rojo característico de la ciudad, miden más de tres metros de alto, tienen un grosor de 25 centímetros y cada letra pesa más de dos toneladas, casi diez en total. La adaptación de la marca a la escultura fue realizada por el diseñador Juan Jareño. Las letronas fueron donadas y fabricadas sin soldadora por empresas integradas en la Federación de Empresarios el Metal y Afines del Principado de Asturias (Femetal), en respuesta a la petición hecha entonces por el Ayuntamiento de Gijón para reproducir la imagen de Gijón en tres dimensiones. 
Los gijoneses también tuvieron mucho que ver en su ubicación en el muelle de puerto deportivo, en plenos jardines de la Reina, ya que este emplazamiento fue el elegido en una consulta popular que realizó el ayuntamiento a través de internet. Los jardines de la Reina se impusieron a otros espacios singulares de la ciudad como la plaza del Marqués, el Náutico, el cerro de Santa Catalina o incluso el puente del Piles. 
El objetivo era buscar un lugar céntrico o zona de paseo habitual para gijoneses y visitantes, de manera que se convirtiera en un punto de referencia para realizar fotografías de recuerdo de la ciudad, con un fondo que inmortalizase el paso por Gijón. 
Y, sin duda, así ha sido y seguirá siendo puesto que, tras el Elogio del Horizonte, es el enclave de la ciudad que más fotografías y reseñas acumula, por ejemplo, en Google: casi 2.000, y en estas fechas una media de diez diarias. 
En la mayoría, gijoneses y visitantes destacan que es parada obligatoria para hacerse una foto de la estancia en la ciudad, el objetivo para el que fueron diseñadas. «Es el típico sitio en el que hacerse la foto de haber estado en Gijón», se indica, de hecho, en algunos comentarios. Otros incluso lo consideran un clásico de la ciudad pese a que las letronas no llevan ni mucho menos tanto tiempo y hay quien considera que es un «recuerdo simpático» y hasta un «lugar mítico». Lo que está claro es que es uno de los emplazamientos más fotografiados de la ciudad, debido también a su acertada situación en un lugar de paso frecuente para locales y foráneos. "

El fondo es El Muelle, con su bosque de mástiles de yates y veleros, repleto en verano de embarcaciones deportivas como antaño lo era de lanchas de pesca hasta que estas se fueron también a El Musel, al nuevo puerto pesquero, y con ellas los pescadores de Cimavilla, el barrio alto y marinero origen de la ciudad, en concreto su zona occidental, sobre el puerto que al principio apenas era un gran embarcadero, el sub-barrio de la Soledad, que como su hermano, el de los Remedios (cada uno con su capilla de esta advocación) se transformó en parte de la ciudad hostelera y turística por excelencia, el casco antiguo


Y más allá la línea de edificios, también de antiguas navieras y empresas vinculadas con la marinería, que se extiende a lo largo de la calle Caludio AlvargonzálezEl Héroe de Abtao, así llamado por su participación en el combate naval de Abtao en la Guerra Hispano-sudamericana. Actualmente forma parte del gran paseo marítimo que recorre la mayor parte de la fachada de la ciudad que mira al Mar Cantábrico


A la derecha de Les Letrones, los Jardines de la Reina, por donde hemos venido, siguiendo la calle Muelle del Oriente, de la Plaza del Marqués, cuyo Palacio de Revillagigedo, antes del citado Marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo, asoma a la izquierda, ante la plaza que antaño se conocía como La Barquera


Los Jardines de la Reina, así llamados en honor a la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena con motivo de su visita oficial del año 1900, se hicieron en una explanada auspiciada por la Sociedad de Fomento para mejorar los accesos al nuevo puerto en expansión, llegando aquí, en vagones ferroviarios por El Muro de Langreo, el carbón que iba a ser seguidamente cargado en los barcos con la ayuda de aquellas grúas antiguas llamadas drops


Más antiguamente se extendía por aquí el Arenal de la Trinidad, así llamado por la capilla del Palacio de los Jove Huergo situado en las inmediaciones, el cual era la prolongación de la Playa Pando o Arenal del Natahoyo hasta La Barquera, a donde se resguardaban las embarcaciones cuando aún no existía este muelle, al pie de la capilla de este nombre, desaparecida acabando el siglo XIX con un cambio de propiedad, la cual miraba a las dos torres almenadas del barroco Palacio del Marqués, que domina la actual plaza


Detrás, la Torre del Reloj, construida en 1989 recreando la antigua, del año 1572, derribada en 1911 tras haber sido Ayuntamiento y cárcel. Se supone estaba hecha sobre una aún más antigua que, a manera de castillo-alcázar, guardaba la puerta principal de las murallas romanas arrasadas en el asedio trastamarista de 1395


Tanto el Palacio del Marqués, como su capilla de La Colegiata de San Juan Bautista, son actualmente espacios culturales, el primero dedicado a exposiciones y ser sede del Centro Internacional de Arte, y la segunda dedicada a conciertos musicales, presentaciones de obras y otros eventos y conmemoraciones


A su izquierda está la famosa Universidad de Cimavilla, así llamada por ser donde el profesor Fermín García-Bernardo impartía clases de Derecho, en su misma casa, labor que ejerció durante medio siglo y por eso a él esta dedicada una pequeña plaza en la cuesta de la Subida a la Colegiata


Seguidamente y a su izquierda la Casa Paquet destaca con su torre esquinada de gusto regionalista montañés y sus gustos renacentistas en lo que se proyectó pudo haber sido, parte de sus instalaciones, un soberbio albergue público de peregrinos que al final no llegó a hacerse realidad. Era en origen la casa familiar de esta estirpe de los Paquet, originaria de Francia, que vino a Asturias al calor de la industria ferroviaria pero que terminó en la naviera, como consignatarios de buques, ante el crecimiento acaecido en el puerto gijonés en aquellos principios del siglo XX


Entre la Casa Paquet y la Universidad de Cimavilla arranca la calle Oscar de Olavarría, otro empresario naviero que, además, llegó a ser alcalde en 1878. En ese lugar, esquina con la calle Vicaría estaba el famoso pub Escocia, que amenizó las noches gijonesas durante más de tres décadas


Por allí sube la calle Vicaría, así denominada por ser acceso directo al antiguo convento de las Agustinas Recoletas, cuyo tejado vemos asomar parcialmente en lo alto a la derecha de la foto, el cual, con la desamortización, pasó a ser Fábrica de Tabacos hasta su cierre en 2002


La calle Vicaría este barrio de Pesquerías del de los labrantes y mamposteros, el de los canteros y artesanos de la piedra, el de los Jovellanos y El Prau de Don Gaspar, el del Hospital de los Remedios para pobres y peregrinos, el cual estuvo en funcionamiento hasta ser sustituido por el Hospital de Caridad, entrando ya avanzado el siglo XIX


La línea de edificios de la calle Claudio Alvargonzález se asienta sobre los cimientos de la antigua muralla romana que se erigió ya en un momento que, si bien anunciaba ya la decadencia imperial, tenía a la vez la prosperidad necesaria para erigirla en defensa de un enclave importante en las rutas comerciales y terrestres atlánticas en base a la pesca y la industria de salazón


Aún hoy se discute, a veces muy acaloradamente entre especialistas, historiadores y arqueólogos, la naturaleza de la población romana en la que se asentaron los astures cilúrnigos, de la gentilidad de los luggones, cuando a partir del siglo I y con razones que sin duda tienen que ver con la conquista romana, van abandonando su antiguo castro de Noega en La Campa Torres (a sus pies se haría el puerto de El Musel) y se establecen aquí


Para unos habría de ser una civitas a la manera de Lugo aunque sensiblemente más pequeña y para otros un puerto comercial de entidad, la polémica incluso llegó a saltar a las primeras páginas de las ediciones dominicales de los periódicos. Lo que sí sabemos es que la muralla llegamos hasta el extremo del actual paseo y luego subía Cimavilla arriba unos metros sobre el mar, dejando luego paso a la defensa natural de su alto acantilado


Allí, a la derecha del edificio que fue de la Autoridad Portuaria y Junta de Obras después, el Tránsito les Ballenes, hoy día zona de chigres y sidrerías con la famosa Cuesta'l Cholo, recuerda en su nombre los siglos, entre el XIII y el XVII con la extinción de los grandes cetáceos del Cantábrico, fue este también puerto ballenero


Allí, está la Antigua Rula, la lonja del pescado, actual espacio expositivo y restaurante, construida sobre uno de los primeros muelles consistentes, el Victoria, que pudo construirse, ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, tras hacerse por fin, tras siglos de dejadez y destrucciones de las antiguamente ínfimas estructuras portuarias existentes, el gran Dique de Santa Catalina o Punta Lequerique, resguardando de una vez en condiciones esta ensenada


La necesidad de una rula o lonja de pescadores se vio necesario con el drástico aumento de capturas ocasionado por la introducción de nuevas artes de pesca (que a medio plazo llegaron a esquilmarla) y de disponer de un espacio adecuado para exponerlas y subastarlas, pues antaño se vendían en las mismas lanchas, por las calles, o en la pescadería municipal


Antes que esta, hubo una rula anterior en la calle Claudio Alvargonzález fundada frente al Muellín por la Unión de Armadores y Busques Pesqueros (UABP) en 1907, la cual entró en competencia con la nueva ahora Antigua Rula, que prevaleció, tanto sobre esta como sobre una tercera que llegó a fundarse en El Fomento en 1916 y que fue absorbida por la UABP


Andado el tiempo los pescadores con su rula también se irán como primero hicieron las navieras y empresas comerciales, a ejercer su labor en El Musel. Ahora, recalcamos, un bosque abigarrado de mástiles ocupa este muelle antiguo y, como veremos, también los del Fomento y El Fomentín


A la vez, otras industrias, las ya citadas del turismo, hostelería, deportes, comercio y servicios ocupan los muelles y gran parte de la franja costera y buena parte del centro de la ciudad y gran parte de sus barrios


Las industrias de antaño, unas se han transformado, otras desaparecido y otras, tanto antiguas, como nuevas, se han asentado en los polígonos industriales creados más al sur con el crecimiento urbano y la demanda, cada vez más drástica incluso, de viviendas y suelo residencial


Al no existir, a la vista, elementos más antiguos, dado el arrasamiento de la puebla medieval en 1395, testigo y  mudo de aquel proceso de siglos es el Palacio del Marqués con su capilla-colegiata ante la antigua Plaza de la Barquera y al pie de la enteramente reconstruida Torre del Reloj. Además detrás de la magnífica casona palacial, en lo que fueron sus huertas, donde estuvo la ahora parcialmente recrecida muralla romana, se halló la estela de Medugeno, en la que se menciona a los cilúrnigos como primigenios moradores de estos parajes, no hallándose hasta ahora pruebas determinantes de poblamientos anteriores en este lugar


Nos dirigimos al largo dique del antiguo Muelle de Carbones, el cual llega, en su extremo, hasta la boca del Antepuerto, estando su punta o extremo delante mismo de la Antigua Rula, viendo bien las pasarelas de acceso a los malecones y, a lo lejos, La Campa Torres, el antiguo solar de los cilúrnigos, gran castro comercial, pesquero y metalúrgico cuyas actividades parecen haber sido una premonición, de las de la ciudad, que, creció aún más exponencialmente, al llegar las empresas siderúrgicas y, a posteriori, la creación de la Unión de Siderúrgicas Asturianas Sociedad Anónima (UNINSA) el el valle de Aboño, el río que forma la ría de este nombre, al otro lado de La Campa, que luego pasó a la Empresa Nacional Siderúrgica (ENSIDESA) y, tras sucesivas reconversiones y readaptaciones, llegó a nuestros días como ArcelorMittal


En este lugar estuvo hace años atracado el popular barco-cafetería Ciudad de Algeciras, que aquí arribó el 21 de marzo de 1976 tras un largo servicio lleno de avatares que comenzó en enero de 1925 al encargarse su construcción para la Compañía Transmediterránea, llamado entonces Miguel Primo de Rivera en honor al dictador pero que cambió al nombre por el que más se le conoció al proclamarse en 1931 la Segunda República


Cubría el Ciudad de Algeciras las líneas del Estrecho de Gibraltar sustituyendo a los viejos vapores. Fue empleado al estallar la Guerra Civil para transportar tropas de África a la Península y luego se armó como patrullero del Estrecho. Al acabar la contienda volvió a su antigua singladura hasta que en 1953 fue llevado a Canarias, luego a Guinea y en 1957 a Baleares


El Ciudad de Algeciras es públicamente subastado en febrero de 1976 y adjudicado por poco más de dos millones de pesetas a la Asociación Asturiana de Capitanes de la Marina Mercante para hacer de él sede social con museo marítimo y biblioteca del mar. Al arribar a puerto la situación económica de la entidad propietaria obligó a cambiar de planes y amortizarlo como cafetería y pub-discoteca, siendo años después desguazado. La historia del barco y sus numerosos avatares ha sido estudiada y publicada por numerosos autores y puede localizarse fácilmente


Ante El Muelle, antiguamente El Cai o Cay, se extiende la ya varias veces citada línea de edificios de viviendas donde antaño hubo  navieras y, en sus bajos, almacenes de pescadores, algunas tiendas y tabernas marineras, que han dejado paso a sidrerías, cafés y salas de fiestas, al igual también que algún comercio


El barrio pescador, y también el labrante y mampostero de Cimavilla, había quedado tremendamente depauperado y en ruinosa decadencia llegados los años 1970 y, en las dos décadas siguientes fue sometido, como otros lugares de la ciudad, a una rehabilitación integral que prácticamente va llegando a nuestros días con actuaciones en inmuebles aún pendientes


Si bien, es verdad, que con el traslado del muelle pesquero y la rula o lonja a El Musel, así como los nuevos pescadores a barrios nuevos, el ambiente marinero y popular ha desaparecido prácticamente salvo en el recuerdo, diversos detalles y elementos constructivos, fotografías y detalles que se muestran con orgullo en bares, salones, comercios, entidades y sidrerías o, adaptado a los nuevos tiempos, en el trasiego, veraniego sobre todo, del puerto deportivo, no obstante muy diferente al antiguo laborar de pescadores y pescaderas


El malecón con sus pasarelas que suben y bajan al son de la marea, que ahora siempre cubre el fondo. Antiguamente las barcas pesqueras quedaban varadas a la bajamar en un gran barrizal de lodos


Se reconoce muy bien, pues destaca por su forma achaflanada el de la Comandancia de Marina o, actualmente y de manera oficial Comandancia Naval, construido en estilo Art Decó entre 1944 y 1948. La institución existe al menos desde el año 1800 pues a fecha 10 de mayo el rey Fernando VII nombra a su primer jefe, el capitán de fragata Francisco García González


Justo a su derecha derecha y, aunque no la vemos desde aquí, está la capilla de la Soledad, que fue del antiguo Gremio de Mareantes y da nombre a uno de los dos barrios en los que se divide Cimavilla. Tampoco vemos el monumento a Claudio Alvargonzález, el Héroe de Abtao, en las escaleras que suben a ella


Y a su izquierda, nueva vista de la zona de la Cuesta'l Cholo y Tránsito les Ballenes. La palabra cholo, con el significado de mestizo, se dice es procedente de hispanoamérica, quizás traída como apodo por algún emigrante retornado o algún marinero. Antes aparece denominado el lugar como Canto y Canto de la Riba, parte del desaparecido Paseo del Bombé, que luego pasó a ser parte de la calle Claudio Alvargonzález. Bajo la cuesta, en un hueco, se guardaba cerrándose con una puerta el encargado de los drops o grúas portuarias cuando arreciaba el temporal, antes que se hiciese el gran muro de protección de la Punta Lequerique


En el Tránsito les Ballenes están la sidrería El Planeta, a su derecha Las Ballenas y, en La Cuesta'l Cholo propiamente dicha, el Bar Mercante, que fue restaurado tal cual era tras un incendio, acaecido en 2022. Es entonces cuando el periodista Monchi Álvarez publica una semblanza a él dedicada mientras se ponían en marcha las obras de reconstrucción:
"Cimavilla se desperezaba como gata de su siesta. Orgullosa por ofrecer otra vez unas grandes fiestas. El martes 20 de septiembre dio el fuego un zarpazo en la cocina del Bar Mercante, pillando por sorpresa al personal que comía fuera de hora como marca la costumbre hostelera. Sofocaron los bomberos con celeridad un incendio que se llevó por delante vigas, cubiertas de madera y 57 años de trabajo llorados por Marisa, una de sus propietarias. Medio mes después del «susto» sin heridos, afortunadamente, sigue El Mercante clausurado, quemado, olvidado. Cuatro vallas de la policía local cierran el paso al brindis haciendo un torniquete en la Cuesta del Cholo. Al parecer el edificio no sufre daños estructurales pero todo sigue congelado en una suerte de foto fija, supongo que la burocracia tendrá que ponerse a dar pasos en cualquier momento. Me imagino un interminable juego de ping pong con dos contrincantes complicados. Una tortuga llamada administración y esa compañía de seguros que pone mil pegas.
En un país que es muy rápido para la sanción y muy lento en la solución. Son muchos los que echan de menos la animada terraza del Bar Restaurante Mercante: Paloma se enamoró, en una primavera extraña y adolescente, de una italiana de la que nunca más se supo, pero sus besos largos, las jarras de sangría y los cigarrillos compartidos, apurados, están prendidos a su memoria. Rubén improvisaba música con latas de cerveza a la puerta del bar hace ya tantos años que duelen, Manolita felicitaba al artista y Celso le ponía vino caliente cuando la noche de febrero hacía temblar los dientes y la escarcha entraba como un cuchillo por los pies. David tomaba churros finísimos en El Mercante, en las tardes de invierno, con su güela Carmina y su madre, Aurina. De rapazón cambió el chocolate y los churros por los culetes de sidra y algunos ginkas fabulosos. Pilar se enamoró en agosto de Cimata cenando chipirones y parrochinas en la Cuesta del Cholo, fijando sus ojos de océano entre la luna y el muelle, imaginando su vida partida por una mitad cántabra y otra asturiana. Todos los viernes, a la salida del trabajo, Javi saludaba al verano en la terraza de las mesas danzarinas con un cañón de cerveza bien fría en una mano y un sandwich vegetal riquísimo en la otra. El mejor sandwich vegetal de Jovellanos City que de vegetal solo tenía la lechuga y el tomate. 
Ayer mismo volví a pasar por Artillería con la esperanza de ver el paso libre, sin vallas. Con la esperanza de encontrar señales de recuperación: pintores, albañiles, camareros. Allí solo me topé con otros curiosos como el menda, pude oír de pasada como alguien decía recordar una panera que fue reformada en aquel mismo lugar, otro citaba al pintor Juan Mieres que en sus acuarelas hacía justicia a las perdidas jornadas de estío. Lo último que silbó mis oídos fue el ladrido de un perro pequeño con mirada triste que se cruzó fugaz en mi camino."

En cuanto a El Planeta, encontramos esta noticia de Marta Morís para El Comercio del 24-2-2014 en la que, dando la historia del fallecimiento de su dueño, José Luis Cristóbal Morís, explica la historia del establecimiento:
"Su vida siempre estuvo ligada al mar. Primero como marinero y después como propietario de un restaurante cuya fama a la hora de servir el pescado traspasa fronteras. José Luis Cristóbal Morís, dueño de El Planeta, falleció ayer por complicaciones de una leucemia que padecía desde hacía meses. La misma que no fue capaz de arrebatarle la característica sonrisa con la que, desde hace 47 años, recibía a todo aquel que franqueaba la puerta de su establecimiento. 
Hasta que José Luis y su mujer, Concha Victorero, compraron el restaurante, él siempre se había mantenido en el lado de fuera de la barra. Su relación con el mundo acuático comenzó en Luces (Colunga), donde trabajó varios años como marinero. Pero el destino había reservado algo distinto para él, y en 1967 se trasladó a Gijón, tomando las riendas de El Planeta, el restaurante más antiguo de la ciudad. Con la compra, el matrimonio adquirió también una gran responsabilidad, pues el establecimiento abierto en 1865 era uno de los puntos de encuentro más apreciados por los marineros de su barrio, Cimadevilla. 
Pese a la presión, José Luis y concha no defraudaron, y el cariño y esmero con que ésta preparaba el pescado pronto caló entre gijoneses y visitantes, haciendo de El Planeta uno de los referentes culinarios de la ciudad. «Quizás porque siempre vivió cerca del mar, mi padre era especialmente cuidadoso con la elección de la materia prima», recuerda su hijo mayor, José Luis. Pero el mimo a la hora de seleccionar las piezas no fue lo único que el colungués aportó al emblemático local. Su llegada imprimió un aire más fresco y actual al negocio. «Cogió un bar de barrio y consiguió que fuese un restaurante de referencia dentro y fuera de Gijón», señala su hijo. 
José Luis llevaba más de veinte años jubilado, siendo sus tres hijos, José Luis, Rosa y Roberto, los encargados de mantener a flote el negocio donde se criaron. Sin embargo, el apego que el hostelero sentía por el mismo era tal, que no pasaba un día sin que se diese una vuelta por el robusto edificio de piedra que preside la cuesta de las Ballenas. «¿Cómo lo iba a dejar? Él era el relaciones públicas del restaurante, en el barrio todo el mundo lo conocía y le tenía cariño», apunta su hijo mayor. Un cariño que él siempre devolvió. 
«Desde pequeños, mi padre nos enseñó a querer a Cimadevilla y a su gente que tan bien nos acogió desde el principio», rememoraban ayer sus hijos. 
Así, cuatro décadas después de hacerse con El Planeta, la familia Cristóbal Victorero decidió invertir en el barrio adquiriendo un palacio del siglo XVII situado a pocos metros de la sidrería, al que hicieron resurgir de sus cenizas. Nacía entonces El Zaguán, restaurante especializado en carnes que hoy, bajo el nombre de Vinoteca Caprichos, combina recetas tradicionales con singulares hamburguesas. 
Casi cinco décadas dan para mucho, y las personas que pasaron por El Planeta en todo este tiempo se cuentan por miles. «Nunca pensamos que la cosa iba a durar tanto. Esto es como una enfermedad contagiosa: cuando lo coges ya no lo sueltas», declaraba José Luis hace unos años a EL COMERCIO. Una enfermedad que, en su caso, funcionó como elixir de juventud, manteniéndolo fresco y jovial hasta el último momento."

Estos, y otros, son grandes referentes de la gastronomía marinera en Cimavilla. Citarlos a todos, además de sus locales de cofas y cafés daría para toda una guía culinaria, pues como dice Luis Antonio Alías, historiador y gastrónomo, "De las tascas para sardinadas a los pubs nuevaoleros y restaurantes estilosos, el antes puerto pesquero une tradición y vanguardia en su espléndido paseo", lo que le sirve para encabezar el artículo dedicado a otro establecimiento que da vista al viejo puerto, La Rula, del que continúa glosando lo siguiente en El Comercio del 1-4-2023:
"Antes de El Colonial, tantos combinados, tantas noches musicales, tantas citas con la pandilla (o con la pareja segura o por asegurar), hubo aquí un lavadero de coches. Y aún antes un almacén de pesquerías. Y quedan muchos antes, hasta los dos mil años que iniciaron romanos y cilúrnigos construyendo el primer cay y cargando rumbo a Roma barcos con garum.
Pero centrémonos en el ahora que nos ofrece La Rula, desde la que se ve, perpendicular y vecina, la antaño rula de campana, cuenta atrás y retablo de pescaderes, restaurante joven de frente acristalado, interiores modernos a fuer de clásicos, zócalos y barra de cerámica, originalidades decorativas y cuadros con fotos del Gijón en blanco y negro que los mayores llegamos a conocer. O casi.
El mar manda por lógica de emplazamiento y lógica de sentimiento. Y también el clasicismo puesto al día y la atención de principio a fin que se traduce, gustativamente, en almejas, coquinas, bocartes, parrochines, zamburiñas, calamares a la romana, salpicón de pixín y langostinos o pescados del día con el toque Andrea, cocinera playa pasada por El Veleru. Y si toca bonito, o angulas, o percebes, u oricios, o lo que la costera y los mariscadores proporcionen, al punto y al plato. Además de las sabrosas croquetas de pulpo o la ensalada templada de bacalao, ambas cuaresmales. Pero la tierra también manda, que se criaron pitos, gochos y vaques felices y lustrosos de aquí a Santa Catalina. De ahí el crujiente y tierno lingote de cordero lechal a baja temperatura, el solomillo a la plancha, o los pétalos rojos del roast beef. 

Aúna y concierta los esfuerzos Eduardo, un gijonés nacido en Valdesoto al que la hostelería, hijo de padres chigreros, le vino por genética, y que dada su juventud, inició carrera propia en la noche, aquella noche del cambio de siglo animada y confiada de Liquerique a Poniente hasta el derrumbe del ladrillo. Tocaba cambiar de tercio, y a las capacidades del local, renovadas y reavivadas por las capacidades del equipo, con una terraza sobre el paseo y ante el muelle que ni en Niza ni en Saint-Tropez, el restaurante le venía que ni pintado. Dicho y hecho."

"Nací el 25 de marzo de 1875, en la Garita, en la misma casa de las Ballenas, y fui bautizado a los dos o tres día en la pila de San Pedro. No supe lo que era ser rapaz de lancha, pero a los dieciséis años ya formaba parte de la "compaña" en la lancha "La Lola" que mandaba como patrón Xuan Laviada, que, con el Vázquez y Crisanto Morán, "El Talón", formaba el triunvirato de los pesquines de aquellos tiempos."

Este es el testimonio, en primera persona, de Julianín, uno de tantos pescadores de antaño que glosa Víctor Labrada, el gran cronista gijonés y, muy especialmente del barrio de Cimavilla, nacido cuando aún no existía ni la rula y, como se ha dicho, se vendía el pescado en la misma lancha o por las calles y las plazas, además de en los primeros edificios dedicados a pescadería:

"Cada patrón tenía una mujer encargada de vender el pescado y que se conocía por el sobrenombre de "baldonas". Cada cual pescaba con arreglo a lo que aquella pudiera vender. En una sola tirada y en solo dos redes podían pescar hasta cuarenta millares, cantidad más que suficiente para una buena pesca, si tenemos en cuenta que en aquellos tiempos no había la facilidad que hoy tenemos para enviar el fresco a todas partes. El pescado grande se llevaba bien embalado con hojas de laurel que lo conservan en buenas condiciones"


Dejamos El Muelle, Dársena Interior o Dársena Vieja y pasamos a El Fomentín dejando a nuestra derecha la explanada del antiguo Muelle de Carbones. La inauguración del puerto de El Musel en 1907 dio al carbón un embarque más rápido en barcos de gran capacidad, pero ello no supuso el abandono inmediato de estos muelles por los carboneros, que siguieron cargando aquí en barcos de menor tonelaje hasta avanzada la década de 1960, dada la gran producción minera asturiana. Mientras, los pescadores se concentran en El Muelle desde 1919 hasta la misma década de 1960 en que se reparten con el nuevo puerto pesquero de Rendiello en El Musel, a donde va primeramente la flota de altura, y luego todos los pesqueros que quedaban cuanto también se fue allí la rula en 1987


Y ya nos asomamos a la Dársena del Fomentín, separada de la del Fomento por el Espigón Central, cuyo muro vemos al fondo, el construido para separar ambas dársenas por la Sociedad de Fomento dentro de su primer gran obra de ampliación portuaria entre 1875 y 1885, hecho primero de madera y rehecho en 1891 en piedra de mampostería, que es el que vemos hoy en día


Señales hacia el Acuario de Gijón, Acuario Bioparc construido al oeste de los muelles de El Fomento sobre terrenos de los antiguos Astilleros del Cantábrico, que abrió sus puertas el 10 de junio de 2006 y que es hoy día uno de los polos de atracción de esta reconvertida zona portuaria


Son, insistimos, terrenos ganados al mar y a la antigua Playa de Pando, gran arenal desaparecido al oeste de la villa que, al estar bien recogido y resguardado fue donde empezó hacia mediados del siglo XIX el actual turismo de playa, cuando los avances médicos empezaron a recomendar los salutíferos baños de ola. Hasta entonces las playas eran consideradas lugares poco salubres, solo frecuentadas por pescadores. Si bien ya hacia 1840 parece haber constancia de esos baños, quien realmente los puso de moda fue Isabel II durante su estancia en la ciudad en 1858


En 1872 la concesión de la ampliación del pequeño puerto local a la Sociedad de Fomento fue la primera iniciativa portuaria e industrial hecha a expensas de la Playa de Pando. Al principio las gentes siguieron acudiendo pero, poco a poco, y ante la progresiva desaparición del Playón, como también se la llamaba, fueron trasladándose a la de San Lorenzo


Por aquellas fechas arreciarían las disputas entre quienes querían hacer el gran puerto de Asturias en esta parte de la ensenada y los que optaban para que fuese en El Musel. Los primeros fueron llamados apagadoristas  y los segundos muselistas. Fue en 1879 cuando el ingeniero de la Junta del Puerto, Fernando García Arenal, presentó un proyecto para ampliar los viejos muelles gijoneses con dos grandes diques de defensa que semejaban a un apagador de velas, instrumento muy común en la época, de lo que derivaría el apodo de sus partidarios


En 1887 la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos, mostraba un estudio más favorable a El Musel, la sociedad se debatía en dos bandos irreconciliables con sus propios periódicos, valedores y grupos de presión pero, aunque tardaron años aún en iniciarse los trabajos, al final los muselistas ganaron la partida. No siendo ello obstáculo no obstante para que la costa oeste del concejo se industrializase en su práctica totalidad con más muelles y astilleros. Actualmente, tras crisis y reconversiones, los antiguos muelles comerciales fueron también reaprovechados para el puerto deportivo


Allí está el balneario de talasoterapia de Talasoponiente, construido no sobre este Espigón Central, como podría parecer en la foto, sino en el siguiente, como pronto comprobaremos, el viejo Muro Faustina o dique curvo, y curvo sigue siendo, que en la actualidad separa El Fomento de Poniente 


Aunque El Musel crecía, y se había desechado el proyecto del puerto apagadorista, la producción minera e industrial crecía aún a mayor ritmo, por lo que estos muelles siguieron siendo indispensables mucho tiempo, estando además bien comunicados con el ferrocarril carbonero, infraestructura ferroviaria de la que El Musel carecía, siendo una paradoja que, aunque a él pudiesen arribar barcos de gran tamaño, no pudiese llevárseles la mercancía



Y así, la mayor parte de la estiba de carbón se realizó por estas dársenas, lo que favoreció grandemente a la Sociedad de Fomento que las gestionaba y cuyo edificio-sede vemos ahora a nuestra izquierda. "El movimiento del carbón en las dársenas locales en la segunda mitad del siglo XIX constituyó el 58% de su tráfico si nos atenemos a la cantidad, sin embargo cualitativamente en tráfico no carbonero supuso el 90% del valor total de las mercancías", leemos en Guía histórica y natural de la costa de Gijón, de Borja Álvarez e Ignacio Biaín:
"El abanico de productos que conforman el comercio decimonónico delimitan con precisión lo que es y será en el siglo XX la economía asturiana. Junto a el carbón encontramos el mineral de hierro que la fábrica de Mieres, la planta de Duro Felguera en Langreo y la gijonesa Moreda demandan. Hierros y manufacturas metálicas, madera, materiales de construcción, productos químicos como jabón, petróleo (desde 1872), alquitrán (1892) y abono (1893), semillas y forrajes, productos textiles y calzado y alimentos. Estos tráficos, a grandes rasgos, son los mismos que ocuparán los muelles de El Musel"

De esta manera, y aunque El Musel y estaría operativo oficialmente desde el 23 de febrero de 1907 atracase el primer barco, el que la Sociedad de Fomento construyese esta su fastuosa sede más de una década después en este lugar da una idea de la importancia y tráficos que tendrían estos muelles de El Fomento y El Fomentín tanto por entonces como en las décadas siguientes


Las grandes ventanas y largos balcones de la fachada que mira a puerto serían un buen mirador para observar la actividad con las labores de carga, descarga, llegada y salida de buques y mercancías, así como todo movimiento en estos muelles


Mismamente la nueva calle, en terrenos, recordamos, también ganados a la Mar de Pando, fue dedicada a uno de los creadores de esta Sociedad de Fomento, Faustino Rodríguez San Pedro, abogado y miembro del Partido Conservador, quien llegaría a ser ministro de Haciendaministro de Estado y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante el reinado de Alfonso XIII; Luis Miguel Piñera nos dice de él y de su calle:
"colaboró en el desarrollo de Gijón con la creación de diversas empresas, como La Algodonera de Gijón, en La Calzada, la Sociedad de Fomento y la Azucarera de Veriña. Parece ser que fue el primer gijonés nombrado hijo predilecto, en 1908, muriendo en 1925, a los 92 años, después de haber sido consejero de la Corona y vicepresidente del Senado. Aunque la grafía originalmente correcta del apellido (y así es como aparece en el Acta Municipal el día que se le concede la calle, el 14 de mayo de 1892, es San Pedro), es muy corriente que aparezca tanto en callejeros, mapas, expedientes de obras o incluso en artículos que se refieran al personaje titular como Sampedro, y la costumbre hizo que esta rotulación de Rodríguez Sampedro llegara a ser considerada correcta. Más discutible es la expresión que vemos en diversos callejeros llamando a la calle Rodríguez S. Pedro."

A la izquierda, la calle Zamora fue la antigua Travesía del Carbón a causa de los depósitos que aquí tenía el Ferrocarril de Langreo, depositados para su embarque. Luego estuvo dedicada, entre 1932 y 1941, a Linares Rivas, quien fue ministro de Fomento y uno de los grandes valedores del puerto de El Musel


Nos fijamos arriba, en la torre, en sus ventanas entre columnas con fustes, basas y capiteles, estos bien cincelados con filigranas


Y, entre ellos, cabezas de leones con las fauces bien abiertas, dejando ver colmillos inferiores y lengua


Miran hacia abajo, las caras en edificios de esas décadas primeras del siglo XX, como de las últimas del XIX, son una característica de muchos ejemplos destacados la arquitectura gijonesa más relevante de esa época de entresiglos


Nos acercamos un poco más para admirar de cerca esta elegante fachada que, sin ser la principal y de acceso, está bien proyectada tanto para ver como para ser vista, pues esta sería la que verían también las tripulaciones de los buques que arribaban a El Fomentín y El Fomento


Puede decirse que el gran impulsor de esta Sociedad de Fomento fue el noreñense, afincado y casado en Gijón/Xixón, Faustino Fernández Bobes quien, tras ser alcalde, "se dedicó a su actividad industrial creando la Sociedad de Fomento, que urbanizó lo que se conocía como la Playa y Mar de Pando, construyendo el actual Muelle del Fomento y el edificio para las oficinas de dicha sociedad", nos cuenta el investigador y cronista Janel Cuesta en su artículo para El Comercio del 9-5-2022


Fue este entonces el "terreno robado al mar limitado por la línea de pleamar junto a la carretera de Ribadesella a Canero y los citados diques" que aparece en una escritura de 1888, donde se construyó el gran Ensanche de Fomento, por donde crecía este barrio que, en origen, estaba en términos de El Natahoyo, que fue del coto del Marqués de San Esteban


Los edificios, remozados, "tienen sus bajos muy altos", donde antaño estaban los almacenes de las navieras que trabajaban con las dársenas. En nuestros días hay en ellos garajes y locales comerciales, como el de una de las Heladerías Regma que hay en España, empresa fundada por Marcelino Castanedo Riera en base a una heladería comprada a unos italianos en Santander en 1933 a la que puso de nombre una composición con los de sus hijas, Regina y Margarita. Seguidamente está el pub Tarantino que, como otros establecimientos, tienen entrada también, al otro lado del edificio, por la calle Marqués de San Esteban, tal y como lo tenían las antiguas navieras


Seguidamente, enfrente de la entrada al parking, es el Restaurante Mamaguaja, del que también escribe Luis Antonio Alías en El Comercio, edición del 25-8-2022:
"Se entra por Marqués de San Esteban, soportales que acomodan la terraza. Cruzado el umbral con sus tanques de cerveza, su barra larga y activa, sus mesas altas para charlas a dúo, sus botelleros y sus plantas añadiendo naturaleza viva y enramada a la naturaleza reposada de vinos y cañas, alcanzamos el ángulo del comedor. Enfrente quedan los diques de Fomento y Fomentín mientras el mar se encarga de dibujar el horizonte por las cristaleras. Las mesas esperan y nos acogen y acomodan de inmediato, si bien la bienvenida del personal, todos, desde Pedro y Pablo mestresalas, o Tere la recepcionista, al resto de impecables camareros, resulta próxima, cálida e impecablemente medida. Mamaguaja, que une las palabras madre y niña, un asturianismo con sonoridad caribeña, cuida cada detalle al mejor extremo.
El chef, Fernando, es un veterano y querido colaborador de estas páginas, con larga experiencia en cocina y geografías. Muy joven marchó a estudiar inglés por el Reino Unido e inició la carrera 'peeling potatoes' para ganarse unas libras. Retornó directamente a la escuela de Begoña, y luego nos cautivó abriendo 'La Viñuela' por su capacidad y gracia compositiva: coge una receta tradicional, le suma algunas pertinentes innovaciones, añade una nueva presentación, y de resultas fuerza amablemente el paladeo de porción corta y tránsito largo, con amplitud de gusto y renovados matices. «El pescado y el marisco son, aparte de mi especialidad, mi principal pasión», subraya. Y además posee la difícil ciencia de la parrilla, del golpe de calor justo, del tostado exterior y la intensidad interior. Y también la difícil ciencia de los arroces marineros. 
Mentiéndonos en tema manducatorio, el tartar de ostras y carabineros con helado de yuzu y citronella, el carpaccio de bonito de temporada con vinagreta de cigalas, y el tartar de tomate con esferas de burrata, muestran hasta qué punto la magia del corte mínimo, del especiado medido, de los jugos y aceites, de las maceraciones, enjoyan las crudités, mientras las croquetas de chipirones en su tinta y las de leche fresca y jamón ibérico ponen nuevos vestidos y ternezas a las nostálgicas de la abuela. Después, la lubina a la brasa con ragout de vieiras, tirabeques y emulsión de oricios conforma un todo perfumado y cremoso que centra el lomo del pescado de los refinamientos, y el jarrete de ternera asturiana, glaseado a baja temperatura añade el certero corte y migado alrededor del hueso de Pedro Heres o Pablo Menéndez, un espectáculo que hace boca. 
Al lado de Fernando trabaja Javier Marcos, otro de los jóvenes rompedores, mejor cocinero asturiano del 2000 al que aplaudimos sus propios restaurantes -Mar de Tapas, La Volanta- ejerciendo clasicismos refrescantes."

Y en el bajo del Edificio Fomento, la Cafetería Banus, situada en la esquina de esta calle Rodríguez San Pedro con la de Felipe Menéndez, otro pionero de la industria local, con cargos destacados en el puerto y en la Agremiación de Fabricantes e industriales, no en vano el nombre antiguo de la calle era Travesía del Comercio. Fue también presidente de la Patronal gijonesa, de la primera Feria de Muestras, que se celebró en el año 1924 e impulsor de la Mutua Asturiana de accidentes, que estaba en la calle que hora lleva su nombre. En cuanto a la cafetería, decir que estaba a su frente durante 40 años el reconocido matrimonio de Marcela Alcalde Urbaneja y Pablo Robles Merino, quienes también trabajaron en el bar Bahía, el mesón Los Robles y la cafetería Coral. Luego Banus pasó a su hijo Ignacio Robles, si bien su madre siempre colaboró con él hasta su fallecimiento en 2013


La gastronomía marinera sin duda ha de imperar en este marco portuario con vistas a El Fomentín y El Dique Central que separa esta dársena de la del Fomento, donde abren sus puertas más locales y establecimientos, extendidos a lo largo de la explanada de su espigón


El siglo XVIII fue abundante en proyectos para la ampliación portuaria gijonesa, incluso se vislumbraba el hacer ya uno exterior, pues La Campa Torres ofrecía un refugio natural que aprovechaban naves de todo tipo antes de entrar a puerto, o una enorme dársena que abarcaría toda la bahía. Sin embargo los primeros pasos efectivos tardaron en fructificar


Auspiciado un nuevo puerto en el siglo XV tras la destrucción de la antigua puebla medieval en las guerras trastamaristas, este sin embargo fue siempre muy deficiente y de obligada y continua reparación. Llegado el 1700 ya languidecía y en 1723 un temporal abre en su endeble muro una gran brecha. Siete años más tarde otra galerna termina de destruirlo, siendo entonces, al plantearse su reparación, cuando surgen varios proyectos, pues las obras de reparación, pese a invertirse en ellas unos 55.000 reales, no resultaban nada satisfactorias, llegando la ruina total, tras varias tempestades, en 1749, cuando quedó abierta la vieja y pequeña dársena, en la que apenas cabían 30 ó 40 barcos 


Avanzando aquella centuria, nuevas obras bastante elementales avanzan muy a trompicones, pero en 1765, al suprimirse el monopolio de Cádiz y Sevilla para comerciar con América ofreció a Gijón/Xixón y a otros puertos un gran aliciente, abriéndose ante ellos un grandísimo potencial. Si bien las cosas iban terriblemente despacio y un detalle como que el Comisario de Marina residiese en este puerto no llegó hasta el año 1798


El puerto, empleado como muelle de entrada de pertrechos ingleses en la francesada, volverá a poner en marcha nuevos proyectos, pero llegaban antes la nueva Carretera Carbonera y acto seguido los ferrocarriles de Langreo y del Norte que se hacía, por fin, algo efectivo, con la construcción de la Punta Lequerique o Lequerica, el Dique de Santa Catalina, que vemos a lo lejos, según acuerdo de 1858 con la visita de Isabel II


Luego llegarían el Muelle Victoria, donde se instalaría la Rula, permaneciendo muchos años en el lugar hasta su traslado a El Musel y se produciría la llegada de nuevos proyectos de ampliación y, con ellos, la citada lucha enconada entre quienes quería hacer aquí el gran puerto gijonés y los que manifestaban hacerlo en El Musel con su gran abrigo y profundo calado


Como hemos dicho, al final el gran puerto, no solo de Gijón/Xixón sino de Asturias, se hizo en El Musel, pero ello no implicó que, mientras, estas dársenas de El Fomentín y El Fomento fuesen completadas y prestasen servicio durante muchísimo tiempo


El Dique Central que separa estas dársenas es el más ancho, lo que permite la instalación de casetas permanentes de empresas y servicios, puntos de información y hostelería, como el Ocean y sus célebres terrazas


Más allá, la urbanización nacida con motivo de la adecuación de los terrenos de los antiguos astilleros al oeste de El Fomento para hacer la nueva playa artificial de Poniente, recibe también este nombre. Allí quedó, solitaria, la famosa Chimenea de Basurto, como vestigio prácticamente único, de las empresas del lugar. 


Más allá, están las antiguas instalaciones del astillero Naval Gijón, cuyo origen ha de buscarse cuando esta zona portuaria estaba en expansión, allá por 1888, con Cifuentes, Stoldtz y Compañía, construyendo un dique seco cuando la Fábrica de Maquinaria, Fundición, Calderería y Dique Seco Cifuentes, Stoldtz y Compañía, empresa fundada en 1855 por Anselmo Cifuentes, constituyó esta sociedad que en 1940 será comprada por Duro Felguera, la cual se fusionará en 1984 con la Compañía Marítima del Museo, del año 1953, naciendo así Naval Gijón, que luego sería Astilleros del Cantábrico y Riera, la cual cerrará definitivamente en 1985 tras una durísima reconversión que agitó estas calles en auténticas batallas campales durante varios años. Leemos en Wikipedia:
"El astillero Cifuentes, Stoldtz y Compañía (Dique Duro Felguera desde 1940), origen de Naval Gijón, fue fundado en 1888 y fue el primero en ubicarse en Gijón. En 1900 se funda Constructora Gijonesa en un emplazamiento contiguo al dique de Stoldtz, que es adquirida por Manuel Loring, conde de Mieres en 1909. En 1917 se amplían sus instalaciones, y en 1925 lo adquiere la familia Juliana, por lo que adopta el nombre de Juliana Constructora Gijonesa, para ser vendido en 1956 a Astilleros Euskalduna, que a su vez se convirtieron en Astilleros Españoles en 1969 y en IZAR en 2000. La factoría de Juliana se denominó entonces IZAR Gijón, pero recuperó el nombre de Factorías Juliana cuando es adquirida en 2006 por Factorías Vulcano S.A., que, a su vez, vende las instalaciones a Astilleros Armón en 2010.​ En 1902 la sociedad comanditaria Riera, Menéndez y Cía. creó un tercer astillero en Gijón: Astilleros G. Riera en La Calzada, y en 1906 se crea un cuarto: Astilleros del Cantábrico, en el Natahoyo, a continuación de los muelles de Fomento. En 1939, la propiedad de Astilleros del Cantábrico pasa a Ángel Riva Suardíaz, y en 1952 se fusiona con Astilleros G. Riera, convirtiéndose en Astilleros Cantábrico y Riera, que cierra en 1985. Sobre sus dársenas se halla hoy el Acuario de Gijón."

En la actualidad, la única permanencia de aquellas industrias de fabricación de barcos es la del astillero de Armón, cuyas grúas vemos en lontananza, empresa fundada en 2011 sobre alguno de aquellos astilleros precedentes:
"En 1911 se funda en Gijón el cuarto astillero de la ciudad con el nombre de Constructora Gijonesa. Anteriormente se habían fundado Cifuentes, Stoldtz y Compañía (1888), Astilleros G. Riera (1902) y Astilleros del Cantábrico (1906). Constructora Gijonesa se ubica en un emplazamiento contiguo al dique de Stoldtz. En 1925 es adquirido por la familia Juliana y cambia de denominación a Juliana Constructora Gijonesa, para ser vendido en 1956 a Astilleros Euskalduna, que a su vez se convirtieron en Astilleros Españoles en 1969 y en IZAR en 2000.La factoría de Juliana se denominó entonces IZAR Gijón, pero recuperó el nombre de Factorías Juliana cuando es adquirida en 2006 por Factorías Vulcano S.A. Finalmente, en 2010, Astilleros Armón compra las instalaciones de Factorías Juliana a Vulcano y funda Astilleros Armon Gijón S.A. en 2011."

Más en la distancia, los edificios de La Estrella, señalan el paso de El Natahoyo y Santolaya hacia La Calzada por Cuatro Camino y, en la lejanía, el Monte Areo indica la ruta del Camino de Santiago hacia Avilés tras subir desde Veriña y Puao, rumo a El Valle y Tabaza en Carreño y a Trasona, en Corvera


Como gran parte de la fachada marítima de la ciudad, El Fomento y El Fomentín se adecuaron como gran espacio de ocio y paseo al cesar totalmente la actividad portuaria. Sus diques ofrecen actualmente un gran espacio abierto a la ciudad que invita a recorrer sus muelles


A lo lejos, el Dique de Santa Catalina que forma el antepuerto, la tan añorada obra, puede decirse que durante siglos que, cuando se hizo realidad, aceleró enormemente el proceso de expansión portuaria, industrial y urbana por el Ensanche del Fomento


Constituyen hoy en día una de las partes más visitadas y concurridas de la ciudad, sobre todo en verano, cuando esta, como prácticamente todas las poblaciones turísticas y costeras, multiplica su población con la llegada de veraneantes


La estampa de Cimavilla, o en concreto la parte de su barrio de La Soledad que está en primera línea de costa, sobre El Muelle, invita a ser fotografiada con las lanchas y embarcaciones deportivas, yates, veleros, catamaranes, motoras, etc., en primer término


La Antigua Rula, con su centro de exposiciones y, a su izquierda, el Restaurante Auga, sobre el Muelle Victoria, son testigos de la historia de este puerto que nació sobre sus destrozadas ruinas, al igual, a su izquierda, que la antigua rampa ballenera y La Cuesta'l Cholo, zona sidrera por excelencia, sobre todo al aire libre, lugar de animación, citas y encuentros


Ahí tenemos el Muelle de Carbones, junto al que pasábamos hace un momento desde Les Letrones, el inconfundible edificio de la Comandancia Naval y los árboles del paseo portuario de la calle de Claudio Alvargonzález


Es la evolución, urbana y humana, de "las destartaladas casucas, figones, chacinerías, puestos y viejas tabernas "xarriqueras", es decir de las que vendían en jarras echando de pellejos, odres, pipas, barricas o barriles, su consumición a los parroquianos, a las que se refiere el cronista gijonés y playu por excelencia Víctor Labrada:
"Presumir de "playu", por ejemplo, es tanto como tratar de demostrar que se es más gijonés que cualquier otro que haya nacido, pongamos por caso, entre los "Cuatro Cantones y la Cruz de Ceares, pasando por los barrios del Carmen o de la Arena". En realidad, es un orgullo que no puede molestar a nadie, porque fuera de casa, todos tenemos a gala ser "playos"

Es decir, para los de fuera todos los gijoneses son playos, pero, "dentro de casa" los playos son únicamente los de Cimavilla, se dice que por ser los que se tenía como usuarios pescadores de la playa, la de San Lorenzo, antes que esta se pusiese en boga tras desaparecer esta de Pando


A los gijoneses en general se les da en llamar más culomoyaos (culomojados), otro apelativo de referencia marinera por estar la ciudad al borde del mar, al menos durante muchos siglos pues el crecimiento urbano en todas direcciones llegó incluso a tragarse, total o parcialmente, parroquias que habían sido eminentemente rurales y situadas hacia el interior, como Ciares, Roces o Tremañes (a donde pertenecía El Natahoyo como su franja costera


Avanzamos ya sobre la explanada del Dique Central, pasando de El Fomentín a El Fomento, la siguiente dársena que veremos al paso del Camino


A la derecha el espigón, todo a la larga, con las terrazas del Ocean, observemos las numerosas farolas, cada una con cuatro puntos de luz



A la izquierda, en la ya mencionada esquina con la calle Felipe Menéndez, antigua Travesía del Comercio, sigue la zona de bares, pubs y restaurantes


Aquí, en el ya mencionado Edificio Fomento, sobre la Cafetería Banus, está la sede gijonesa del periódico La Nueva España. A continuación, la calle Felipe Menéndez conforma el paso de El Fomento al barrio del Carmen, más antiguamente llamado el arrabal de la Rueda, que en el siglo XVIII era barrio artesano y de talleres y almacenes que surgió al lado de la actual calle Corrida, por entonces Ancha de la Cruz, que comunicaba el barrio alto, llamado en la época de Cima la Villa, con el bajo, la población que iba creciendo al sur de su núcleo originario, conocido documentalmente como Bajo la Villa


Primeramente se diferenciaban ambos barrios, el La Rueda y el barrio de El Carmen, donde estaba la capilla de este nombre, al principio bajo la advocación de San José, en la que estaba su inscripción fundacional:
"Esta Capilla del Patriarca San José que para mayor honra de Nuestro Señor la hizo a su costa don Francisco Álvarez Tejera, vecino de esta villa, por sí y Ana González Cienfuegos, su primera mujer, en el año 1705, y la dotó de una fanega de pan de su fábrica y con 330 reales en dinero y 30 fanegas de pan cada año para el capellán de ella"

Empezando el siglo XIX al del Carmen se le conocía como Barrio de El Paredón del Carmen a causa de la existencia de un paredón que guardaba la zona de los temporales marinos, pues esta parte recordamos estaba sin edificar y formaba parte del Mar de Pando. 


En 1815 ya aparecen unidos en el oportuno padrón de habitantes y en el siglo XX desaparece definitivamente el topónimo La Rueda, al menos a nivel oficial, poco después de la desaparición también de la capilla, cerrada al culto el 8 de agosto de 1898


Al fondo, vemos la Plaza del Carmen, solar de la antigua capilla del barrio, que, como dice Luis Miguel Piñera, perdió su sentido de barrio "debido a las importantes modificaciones urbanísticas que sufrió la zona con expropiaciones, derribos y nuevos alineamientos en Álvarez Garaya, Carmen y Libertad"


El edificio del antiguo Café Diario fue construido en 1914 y tiene, como los demás, entrada al otro lado por la calle del Marqués de San Esteban. Es por lo tanto anterior mismamente al de la Sociedad de Fomento, del que tanto hemos hablado


Entre las filigranas decorativas podemos volver al reconocer el casco alado de Mercurio, dios romano del comercio, señor de los caminos, protector de los viajeros y mensajero de los dioses. Se le relaciona con la palabra latina merx 'mercancía'


Balcones de forja muy artísticos y cuidadas guirnaldas completan la ornamentación de esta fachada soberbiamente restaurada


Y entre las guirnaldas, caras femeninas de rizosa cabellera miran a la calle y al mar, por donde venían y salían los barcos a estos diques


Un detalle más de cerca de una de estas caras


Observemos ahora la calle de Felipe Menéndez al fondo, en la esquina con la del Marqués de San Esteban


Ahí hay otro edificio notable, el llamado Edificio de la Mutua, antigua Mutua Asturiana de accidentes que, como dijimos fundó Felipe Menéndez proyectado por Manuel del Busto en 1923 dentro del estilo regionalista montañés tan característico en Asturias durante las tres primeras décadas del siglo XX


Se construyó entre 1924 y 1927, cuando se estaba urbanizando intensamente esta zona entre los muelles del Fomento y el barrio del Carmen


Como en el caso del de la Sociedad de Fomento, se asemeja más en verdad a una residencia palacial urbana que a edificio sede de entidades, dentro del gusto que predominó en la época. Así balcones, áticos y grandes ventanales lucen esplendorosos sobre estas calles


En lo alto, el nombre, La Mutua...


El Fomento, otra bella dársena que se extiende hasta el antiguo Muro Faustina, aquel primer dique curvo de abrigo construido por los industriales agrupados en sociedad sobre la Playa de Pando que fue el origen de estos muelles de ribera, de cuya historia nos ofrece un perfecto resumen el filólogo Ramón d'Andrés en su Diccionario toponímico del concejo de Gijón:
"Desde la segunda mitad del siglo xvi existía un puerto de una dársena en Gijón. Después de los destrozos que el mar produjo durante la primera mitad del siglo xviii, se sucedieron los proyectos de arreglo y ampliación. En 1872 Amadeo de Saboya promulga un Real Decreto para construir un muelle de más de 500 metros que se internaría en el mar desde la playa de Pando, ampliando así el puerto de Gijón, que tenía una dársena acabada en 1790. La construcción se realizó entre 1875 y 1885, con un dique en redondo y un espigón que separa El Fomento de otra dársena más pequeña, que la gente llamó y sigue llamando El Fomentín, que a finales de los años 60 del siglo xx estuvo a punto de ser rellenado para levantar edificios. Toda esta zona de Gijón fue de uso industrial. En 1979 cerró el desguace de barcos que todavía trabajaba en El Fomento; desde entonces, se produjo la progresiva recuperación de ese espacio urbano, hasta convertirse en una de las más animadas de la ciudad."

Muro que como destacamos era de madera hasta 1891, conformando esta nueva zona portuaria que si bien hizo desaparecer El Playón constituyó un importante enclave de tráficos portuarios hasta mucho después de que El Musel funcionase a pleno rendimiento


Luego los diques cayeron, este y el del muelle pesquero, en desuso hasta que se transformaron en pantalanes deportivos, en el libro El ocio como respuesta ante la crisis industrial del libro Guía histórica y natural de la costa de Gijón leemos lo siguiente:
"El semiabandono funcional del puerto a comienzos de los ochenta era consecuencia de la ausencia de tráfico carbonero desde 1965, de un desplazamiento de los pescadores hacia las modernas instalaciones de El Musel y del cierre en 1979 del desguace de buques situado en el arranque del muelle curvo de Fomento. Esta situación devino en una iniciativa pública en la que participaron el Ayuntamiento de Gijón, el Principado y la Junta de Obras del Puerto que pretendía renovar una infraestructura histórica emplazada en pleno centro urbano. El uso deportivo  de la misma es una expresión más de la monocorde solución que el Estado, más lejano o más cercano, ha dado a la crisis industrial gijonesa. El ocio, enfocado hacia la consecución de un turismo como nueva actividad que encaje las largas listas de parados que los cierres y las reestructuraciones masivas de empresas han dejado en la ciudad, tiene una expresión más"

El edificio de Talasoponiente o el del Acuario, que está más adelante, forma parte de aquellos equipamientos destinados a la nueva industria del ocio, al igual que ha sucedido en otras áreas portuarias en circunstancias similares


Fundamentalmente se aprovechó la infraestructura portuaria con ligeras modificaciones y se colocaron estos pantalanes flotantes en las dársenas, dragadas entre 1985 y 1988, integrándose los muelles de ribera en la ciudad como paseos


Al fondo, las antiguas rampas-varadero de El Fomento fueron habilitadas como tienda-taller de reparación de embarcaciones. Luego llegaría la adecuación de la playa artificial de Poniente cuyo paseo de pérgolas vemos al fondo, recortándose su silueta ante la Sierra de Torres


Perdidos pues para la industria, pero ganados estos espacios para la ciudadanía al hacerlos paso, se instalaron barandillas a lo largo de todo el puerto y sus diques


Escuelas y alquileres de motonáutica y otros deportes acuáticos los vemos aquí y allá según caminamos por El Fomento, multiplicándose en verano su actividad exponencialmente, al igual que la afluencia de gentes a este paseo y a los restaurantes, pubs y discotecas que jalonan este recorrido. Así leemos por ejemplo en Barceló Experiences:
"El frente marítimo de la ciudad de Gijón, uno de los más importantes a nivel comercial dentro del Arco Atlántico, se asoma a orillas del mar Cantábrico con un marcado aire medieval. Conocida turísticamente como la capital de la Costa Verde, Gijón se presenta como una ciudad abierta y vibrante, en la que conviven diariamente más de 270.000 personas. Y quien dice diariamente, también dice ‘de noche’. Porque la animada vida nocturna de la cual goza Gijón no es sino una prolongación de la vida que respira hora tras hora desde su fundación hace 2.500 años. La oferta de ocio nocturno es amplia y variada, y permite elegir según el gusto particular: sidrerías y pubs, bares de copas y discotecas… Todo espacio es bueno a la hora de indagar Gijón bajo la luz de la luna."

Si bien es extrañísimo que se refieran al "marcado aire medieval" gijonés, dado que la antigua puebla fue arrasada hasta sus cimientos en 1395, es posible se refieran a alguno de los palacios barrocos (que no medievales) que se mantienen en pie y de los que hemos hablado en las entradas de blog dedicadas al recorrido jacobita por el casco histórico


Y dado que el ocio es una gran industria que abarca desde la hostelería hasta la salud y el deporte es llamativo cómo todo se une en esta franja marítima, desde las copas a los gimnasios, de la buena mesa a a la actividad física, de las zonas de marcha a los cuerpos torneados


Si bien los peregrinos, por sus condicionantes, tal vez no sean de pararse demasiado en un sitio y no abusar demasiado de ciertos excesos, cierto es que tienen difícil sustraerse, sobre todo en verano, a la amplia oferta existente para todos los gustos, desde tomar algo a horas nocturnas y pasear hasta una singladura por la bahía o un masaje reconfortante, todo está aquí al alcance


Mismamente, en lo alto del edificio de Talasoponiente, existe un restaurante con espléndidas vistas de la ciudad y sus puertos, inmerso en un ambiente netamente marinero


Simplemente pasear a cualquier hora con esta reconfortante visión es todo un placer al nuestro alcance. Este es el panorama del que disfrutamos en este delicioso paseo marítimo gijonés


Un paseo con su zona de copeo, como volvemos a decir, pues los bajos de aquellas navieras se han llenado de locales de moda, cafés y variada hostelería. Seguimos leyendo en Barceló Experiences:
"Descendiendo la cuesta del Cholo desde Cimadevilla, rápidamente llegamos al puerto deportivo de Gijón, un importante lugar de amarre dentro del Cantábrico, y hogar de escasas, pero muy apreciadas salas de fiesta. Más grandes y con música más comercial, aquí los disco-bares se centran en un público más selecto. El Ocean, situado en una de las dársenas del puerto, es una moderna terraza con vistas al mar, cuyas cartas de cócteles y de platos de cocina fusión representan a la perfección este tipo de espacios. 
Y en el extremo izquierdo del puerto, encontramos el café Trisquel, un retorno al ambiente más sosegado, donde es posible tomar unas cañas a ritmo de música folk. 
Fomento, un barrio genuino con ritmos latinos 
El otro gran espacio nocturno de Gijón se encuentra a menos de veinte metros del mar, en una calle paralela al puerto deportivo. Marqués de San Esteban —o como se conoce popularmente, la “calle de los arcos”—, reúne, junto a sus aledaños, lo que comúnmente se ha denominado Fomento. Todavía inserta en el casco viejo de calles irregulares, se dice que esta zona se mueve con ritmos latinos debido a la abundancia de pubs con temática tropical que acoge, tanto en decoración como en banda sonora. El pub Bananas o el pub La Habana son dos buenos ejemplos de esto que venimos diciendo. 
Por su parte, la zona de Fomento también reúne lugares tan variopintos como el Blow-up, cuya debilidad por la música ye-ye se hace patente al instante; o el pub Buddha Gijón, una discoteca con marcado estilo oriental en la que las estatuas de Buda y los techos de madera marcan el contraste con la música de los años sesenta y setenta que suele sonar en la sala. Es, además, lugar habitual de bolos mediáticos de estrellas televisivas. 
Si nos entra hambre antes de tiempo, el Dosmasuno Gastro, en la cercana calle del Carmen, sirve unas patatas bravas de gran fama en la ciudad; y la Cava Baja, en la también cercana calle de Cervantes, se gana el reconocimiento a base cachopos y quesos de Asturias. 
En definitiva, la calle Marqués de San Esteban y sus alrededores resultan fáciles de encontrar. Su extremo oriental, el que más pega con Cimadevilla, es famoso por acoger las famosas letronas rojas de Gijón. Un punto de reencuentro impagable si la noche gijonesa se desmadra (aquí los pubs y disco-bares suelen abrir hasta las 6 de la mañana cada fin de semana). Que no te sorprenda encontrar aquí alguna que otra despedida de soltero o de soltera."

Esta es la salida del Parking de Fomento, otra de las actuaciones abordadas al transformarse la antigua zona portuaria e industrial haciendo de ella un gran paseo marítimo. A nuestra izquierda el Cabaré Pícaro, fundado en 2002 y el Wow!, otros de los locales de música y copas de la zona, que abarca, al otro lado, los de la calle del Marqués de San Esteban


En la actualidad El Fomento está dentro del gran barrio Centro, figurando como uno de sus lugares junto con el Carmen, El Humedal, Zarracina, Begoña, Los Campos, El Muro (compartido con el barrio de L'Arena), El Náutico, El Parchís, La Plazuela, la Puerta la Villa, Zarracina..., pero antaño, recalcamos, formó parte de El Natahoyo y de los términos del coto del Marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo, que tenía su palacio, como hemos visto, ya en las puertas de la ciudad vieja y barrio de Cimavilla


Y en el bajo de otro elegante edificio restaurado de época, el Club Marítimo Astur, integrado en la Real Federación Española de Vela, fundado en 1979 por doce aficionados a la pesca deportiva en embarcaciones de recreo, en la actualidad con medio centenar de socios pero que llegó a agrupar a 316 en 2006, su momento de máximo apogeo, según datos de La Nueva España del 23-12-2022


Es aquí especialmente famoso su restaurante, a quien en 2019 Luis Antonio Alías le dedica una estupenda reseña en el diario El Comercio de fecha 1 de agosto, informando, lo primero y que no sabe mucha gente, que la entrada al mismo es libre pese a estar dentro del club. Además, también nos ofrece una buena descripción del edificio:
"«¿Se puede entrar?», pregunta el desavisado. Hay razón. Se trata de un club, bien lo destaca el letrero superior, y el anglicismo suena a establecimiento privado con miembros exclusivos. Pero no es el caso. Los navegantes de lancha, caña y altura que aquí disponen de su centro social y de su punto de encuentro, han abierto hace años el comedor a todo gijonés deseoso de un plato de mar mirando al ídem. Y quien dice mar, dice tierra con igual entusiasmo que Rodrigo de Triana.
Luego, se puede entrar; aún mejor, se debe entrar. 
Pino cocina. Y nuestro viejo buen amigo -vaya lo de viejo exclusivamente por tantos años de complicidades y colaboraciones- forma parte del grupo de chefs indiscutibles en conocimientos y reconocimientos. 

Solamente unos días después es el también gastrónomo Alfonso Mateos quien publica sus impresiones del Restaurante Club Marítimo Astur en su blog La Llingua Llambiona (el 20 del mismo mes):
"A veces, uno se levanta con antojo de comer algo ¿verdad?, a mi me suele ocurrir con el arroz. Tengo la necesidad de comer un rico arroz, y acordándome de la anterior visita que hicimos, pensé en volver al Club Marítimo Astur en Gijón, a probar uno de los deliciosos arroces que trabaja Pino, en su cocina. 
Como sabéis se encuentra en la calle Rodríguez San Pedro 15, en la zona del puerto deportivo y conocida popularmente como Fomento. A pesar de ser un local del Club Marítimo Astur, el acceso es libre para su restaurante. 
Una carta sencilla, con varios entrantes, como salpicón, jamón, croquetas, ensaladas, anchoas,…seguido de sus arroces, pescados y alguna carne. 
Para compartir y como entrantes pude probar las croquetas, bastante ricas, muy cremosas, los calamares, como siempre deliciosos, y el cachopo, bastante bueno, carne tierna, pero poco hecho. En cuanto al arroz, optamos por el marinero, con calamares, almejas y langostinos. Estaba delicioso, no se puede decir más, con ese puntito de socarrat tan bueno. 
De postre no pude dejar pasar la tentación de pedir charlota, un postre que seguramente no tomaba desde los 90, tan nuestro y a la vez tan olvidada de nuestros recetarios. Para beber un Albariño Do Ferreiro, D.O. Rías Baixas y agua. El precio fue de unos 20-23 € teniendo en cuenta que había niños. El servicio y atención perfectos."

Dos años después, Pino, el cocinero, se jubilaban lo que motivó una segunda visita de Alías para dar el merecido parabién a quien se había puesto al frente de los fogones, Trinidad Llera, y así lo publica en El Comercio del 26-8-2022:
"Pino se ha jubilado. Cocineros así deberían tenerlo prohibido, incluso argumentando que lleva cocinando y cotizando casi desde la primera comunión. ¿Y lo que perdemos sus parroquianos? Respiremos tranquilos. Para que no se pierdan sus arroces, sus pescados al horno y a la espalda, o sus guisos y guisados de prau y monte, deja heredera, una alumna ya maestra largamente formada en su estilo y pericia que suma, además, el talento propio.
Trinidad Llera nació en La Providencia, ante los cantiles del cabo San Lorenzo, y no puede vivir sin el mar delante. Pronto siguió el camino de su madre, abuelas y tías, hosteleras y catedráticas de marinados, pochados y puntos de cocción; aún adolescente ganó seguidores en chigres y merenderos por las gracias que encerraban sus tortillas, calamares o tacos de bonito. 
Pino descubrió el filón y le ofreció compartir fatigas y honores en el Bar Somió, recordado pórtico de tan gastronómico barrio donde vaciábamos gozosamente paelleras y besugueras antes de que trasladase tal espíritu aquí, frente al Cantábrico parcelado por los diques de Fomento y Lequerica. 
Trini ofrece clasicismo de fondo y forma sin saltarse paso alguno, del sofrito lento a la ajada en punto dorado. Sus selecciones y lentitudes primorosas construyen lo que cada día mejor resulte, trátese de calasparra con almejas, de pescados de roca con panaderas, de bacalaos con gruesas lascas de nácar, de cabrito con patatinos, de vacuno con jugo y terneza, o de potes con pringue de pan obligatorio. Es club privado de marinos, pero también comedor de par en par abierto a todo el público."

Efectivamente, además de en sus excelencias culinarias, fijémonos en la fachada "novecentista, simétrica de miradores y balcones, y con arranque de arquerías que enmarcan cristaleras sobre Fomento y Liquerique" que tan bien ha descrito Luis Antonio Alías, así como en sus señoriales balcones de hierro forjado


Las navieras, por entonces, y otras muchas empresas, como la misma Sociedad de Fomento, gustarían establecerse en casas que, además de amplias y funcionales en sus habitáculos y almacenes, ostentasen cuidadas filigranas como muestra de su empaque y prosperidad, dejando espacio a la filigrana y al arte


He aquí unos detalles decorativos de esta fachada marítima del edificio, vistos de cerca


Una magnífica muestra de lo que fue el Ensanche de Fomento, acaecido a la vez que la construcción de estos muelles y de la muy cercana Estación del Norte, inaugurada el 23 de julio de 1874, tal y como nos dice el gran geógrafo Gaspar Fernández Cuesta en La construcción histórica de la ciudad de Gijón:
"... importante obra acometida, a medio camino entre la reforma interior y la expansión, fue la ocupación del arenal occidental, o de Pando, sobre cuyos terrenos se llevó a cabo la ampliación del puerto viejo en la década de 1880. Todo comenzó en 1872, cuando el industrial Faustino Fernández, promotor de la denominada Sociedad de Fomento, obtuvo la concesión municipal para ampliar las instalaciones portuarias. La concesión preveía ganar terrenos al mar para construir la nueva dársena de Fomento, y además un pequeño ensanche residencial que finalmente dio origen a una nueva calle, la del marqués de San Esteban, cuyo frente porticado septentrional se levantó a lo largo del año 1891, y que servía además para unir el casco histórico con la nueva estación de los Ferrocarriles del Norte, ya muy cerca del barrio del Natahoyo."

Como en cualquier lugar, hay negocios y establecimientos que duran en el tiempo décadas y décadas mientras otros cambian constantemente de nombre y gerencia, por eso se ven ciertos cambios cada vez que se pasa por una calle, sobre todo de las más especialmente transitada, tal que esta


Aquí a la izquierda está ahora, en otro edificio destacable, el pub Bananas, pero observemos un detalle, en lo alto de la fachada, que caracteriza a la arquitectura gijonesa actual en la restauración de casas notables e históricas


Es el recrecido y la construcción de nuevos áticos, no siempre acordes con la estructura original del edificio, una solución que pretende rentabilizar las labores de restauración con el añadido de nuevas viviendas, un sector en auge y expansión a causa de gran demanda. De este tema de los recrecidos urbanísticos tan en boga en la ciudad, escribe, a nuestro entender muy acertadamente, David Alonso en el digital MiGijón del 3-8-2023:
"Los recrecidos son esas alturas que se dan sobre edificios existentes que, generalmente, gozan de un nivel de protección urbanístico establecido por la normativa municipal y que exige al promotor y al constructor de la obra mantener una serie de parámetros estéticos que preserven la esencia, la belleza, el estilo y la historia del edificio. Pues bien, mientras eso se hace, con mayor o menor acierto, sobre el edificio existente, encima de él se construyen, a mayor gloria de la edificabilidad y rentabilidad del suelo, el mayor número de viviendas posibles y donde el estilo arquitectónico ya es ‘libre’. Este proceso, del que hay pocas ciudades en España con más ejemplos que Gijón, trae como resultado (...) que, a poco que levantéis la cabeza en cualquier de vuestros paseos por la ciudad, encontrareis numerosos ejemplos de esto que os digo.
Son ejemplos que acaban cercenando lo poco que queda de lo que un día aspiró a ser una ciudad dotada de cierta elegancia en sus edificios, en sus formas, reflejando ese carácter de sus habitantes: obrero, burgués y comercial. Nada de eso queda ya.

El origen de la barbarie urbanística arranca en los años cuarenta del siglo pasado y dura hasta prácticamente los años setenta. Durante este periodo, al son de la dictadura imperante en el país, se perpetraron atrocidades de alturas imposibles y densidades de viviendas en edificios hoy intolerables. De ese proceso salieron cientos de manzanas donde convivían edificios clásicos con nuevos edificios adyacentes de cinco, siete o hasta diez alturas más, con un resultado final que propiciaba esos murallones ciegos que se veían, y se ven, en casi todas las calles de la ciudad. 
Posteriormente, con la ordenación urbanística de la democracia, especialmente con el primer plan urbanístico riguroso de la ciudad, el Plan Rañada, de 1986, (debe su nombre a Ramón Rañada, el arquitecto que dirigió el equipo que trajo la cordura al urbanismo gijonés) se pone freno a mucho de todo esto. Aunque con el ‘boom’ de la construcción en la primera década del siglo XXI el asunto se volvió a desmadrar un poco, pero nunca como antes, puesto que la legislación del momento hacía de cierto freno. 
El origen de la barbarie urbanística arranca en los años cuarenta del siglo pasado y dura hasta prácticamente los años setenta. Durante este periodo, al son de la dictadura imperante en el país, se perpetraron atrocidades de alturas imposibles y densidades de viviendas en edificios hoy intolerables. De ese proceso salieron cientos de manzanas donde convivían edificios clásicos con nuevos edificios adyacentes de cinco, siete o hasta diez alturas más, con un resultado final que propiciaba esos murallones ciegos que se veían, y se ven, en casi todas las calles de la ciudad. 
Posteriormente, con la ordenación urbanística de la democracia, especialmente con el primer plan urbanístico riguroso de la ciudad, el Plan Rañada, de 1986, (debe su nombre a Ramón Rañada, el arquitecto que dirigió el equipo que trajo la cordura al urbanismo gijonés) se pone freno a mucho de todo esto. Aunque con el ‘boom’ de la construcción en la primera década del siglo XXI el asunto se volvió a desmadrar un poco, pero nunca como antes, puesto que la legislación del momento hacía de cierto freno. 
Después de todo esto os preguntaréis: ¿pero entonces, todos estos recrecidos son legales? Evidentemente sí, pero lo son, y de ahí mi pequeña disertación sobre la historia del urbanismo gijonés, porque derivado del aprovechamiento (el número de viviendas) que se ha dado en esas manzanas durante décadas de expolio, aun a día de hoy es jurídicamente muy complejo que en una manzana donde hay un edificio de trece plantas al lado de otro de cuatro, no se permita al de cuatro el famoso ‘recrecido’. 
Y así estamos, en el año 2023, viendo en Gijón como los pocos edificios que han resistido durante décadas a que les coloquen un sombrero horrible de plástico y hormigón, han de sufrir, hasta el fin de su existencia, la presión urbanística. 
Seguro que a todos se os ocurren ejemplos de este tipo, unos mejor resueltos que otros, pero todos robando la esencia del edificio que colonizan. Sin un urbanismo sostenible es difícil que podamos vivir en una ciudad sostenible. 
No hubiera podido escribir estas líneas sin la colaboración de Román, Sara y Dani, a quienes agradezco profundamente su interés en este asunto y el abastecimiento de numerosos ejemplos de recrecidos de edificios que asolan nuestra ciudad."

Otro excelentísimo artículo sobre los recrecidos gijoneses y su comparación con los efectuados en otras ciudades es ¿Hacer arquitectura o hacer negocio?, del geógrafo urbanista Rafael Suárez Muñiz, que podemos encontrar en la web de la Sociedad Cultural Gijonesa y del que extraemo los siguiente:
"... ejemplos de fagocitación arquitectónica, de «containers» adosados a edificios originales de gran valor arquitectónico. Cuerpos que nacen de otros como si de aliens se tratara. ¿Ese es el futuro de la arquitectura? Parece que volvemos a aquel pretérito adagio de «los malos arquitectos hacen edificios y los buenos: museos», pero más que nunca cabe secundar aquellas palabras del starchitect Frank Ghery (2014) en los momentos previos a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias: «En el mundo en que vivimos, el 98% de los edificios construidos son pura m****a. No hay sentido del diseño, ni respeto por la humanidad, por el buen criterio, ni por nada. Sólo hay edificios bobos». 
¿Los servicios de arquitectura municipales de verdad conciben como algo bello (entendiendo el concepto griego clásico de lo «bello») y necesario la añadidura de semejantes atrocidades en edificios históricos respetuosos con la escala del entorno? 
No se puede redactar un Plan General que en lugar de proteger: desproteja. No se puede convenir la segregación de jardines del elemento construido en aquellas parcelas de interés; la vivienda principal no es más que otro elemento del jardín y viceversa, son todo uno, un conjunto y, sobre todo, las importantes posesiones con jardines históricos. El resultado lo estamos viviendo ahora: jardines históricos en proceso de abandono, parcelaciones de fincas periurbanas para la construcción de chalets que no guardan ninguna relación morfotipológica con los colindantes. 
Es el momento del repliegue urbano, de crecer hacia dentro, de las tendencias inmobiliarias centrípetas, sí, pero no amparadas en la gentrificación ni en la destrucción creativa que está expulsando a los antiguos activos sociales y económicos de los cascos históricos y de los ensanches de las ciudades españolas. 
Tampoco es comprensible que la ciudadanía no actúe ni intervenga en las decisiones municipales. El urbanismo es ciudadano, se hace desde la base (bottom up), y el urbanismo es algo amplísimo que nos atañe a todos en múltiples líneas. El patrimonio puede ser de titularidad privada pero su disfrute, aunque sea visual / contemplativo, es general. Las ciudades se las están quedando los promotores y se las están alquilando o vendiendo a las clases más altas que ni siquiera residen en las mismas generando sectores inertes. Como decía el doctor geógrafo David Harvey en 2019, construimos y planificamos las ciudades para invertir en ellas en lugar de para vivir en ellas. 
Contra la acumulación capitalista, el desinterés municipal y la especulación urbanística solo caben posturas frontalmente opuestas."

Luego, otro par de nuevos edificios, el primero el de la sidrería La Llosa, de Ricardo y Rosi


El siguiente es actualmente la parte posterior del Registro de la Agencia Estatal de Administración Tributaria o, más sencillamente, la Agencia Tributaria, construido donde antes estaba la Aduana


Tiene también fachada por la calle Pedro Duro y, al otro lado, por la del Marqués de San Esteban. Es una obra cuyo proyecto corrió a cargo del arquitecto Javier Calzadilla y fue inaugurado en el verano de 2008...


Destacan en sus esquinas estos altos chaflanes acristalados a partir de la tercera planta. Agregada a esta entidad está la tripulación del Gavilán III, la embarcación de vigilancia aduanera con base en este puerto


El sol de la tarde se refleja bellamente en el vidrio, consiguiendo un imponente efecto que admiramos según avanzamos por el paseo marítimo


Cuando el edificio estaba aún en obras, el periodista Marcos Moro explicaba de esta forma sus características para el periódico El Comercio del 18-7-2007:
"Las tres fachadas que dan a Marqués de San Esteban, Pedro Duro y Rodríguez Sampedro serán ventiladas e irán revestidas de piedra arenisca traída de una cantera de Alcañiz (Teruel). Habrá un tratamiento diferente de la piedra en la franja de planta baja y entreplanta para dar continuidad en todos los frontales a la zona porticada de los reconstruidos arcos de Marqués de San Esteban. 
Por encima de esa altura la distribución de huecos será distinta, con ventanas de mayor tamaño (de 1,50 metros por 1,50). Ese envoltorio pétreo permitirá adaptar el edificio a su céntrico entorno urbanístico. 
En las dos esquinas del inmueble se instalarán dos muros cortina de vidrio azul. Esas cristaleras harán el mismo efecto espejo que los elementos embellecedores de las fachadas del plan del Muro. Son como una especie de parasol, que permite la entrada de la luz, pero en cambio amortigua el calor. El arquitecto del proyecto ha tenido como fuente de inspiración para esos miradores, que en la parte que da a Rodríguez Sampedro ofrecerá vistas privilegiadas a la playa de Poniente y al balneario, el remate en torreón de un edificio catalogado de Manuel del Busto en Marqués de San Esteban. 
El proyecto de ampliación de la sede de la Agencia Tributaria en Gijón, explicó Arturo Tuero, ha supuesto un desembolso a las arcas estatales que supera los 7,5 millones de euros. De esa suma un millón se ha ido sólo en obras de consolidación del arenoso subsuelo, para garantizar la estabilidad del edificio y de los inmuebles colindantes. La cimentación, al igual que pasó con el cercano balneario, ha tenido que reforzarse con micropilotes mediante la técnica utilizada durante la construcción del túnel del metrotrén denominada 'jet grouting'."

Enfrente, donde ahora abre sus puertas la Pizzería Albocalino, estuvo el Café Diario, que junto con el Parking Musical y el Pub Entrevallas, que estaban a continuación, marcaron la impronta de la generación ochentera gijonesa. Al fondo a la izquierda, en un viejo edificio derribado para construir nuevas viviendas, estuvo el mítico Café Trisquel, (sobre el más antiguo chigre de Casa Corripio) que luego se trasladó a los arcos de Marqués de San Esteban. Fundado por Rafa Álvarez y Beto García, a la muerte del primero, gran impulsor de numerosas actividades, como el certamen festivo-literario de la Semana Negra (que se celebra en los antiguos astilleros), el escritor Pablo Antón Marín Estrada le dedica esta semblanza en El Comercio del 3-11-2022:
"La organización de la Semana Negra de Gijón, habituada a bregar con toda clase de dificultades en sus 35 años de existencia, recibía ayer uno de sus mayores mazazos. Rafael Álvarez, su jefe de producción, «el hombre que era capaz de resolverlo todo» -en palabras que repiten sus compañeros-, fallecía el pasado martes en Madrid después de luchar durante meses contra una grave enfermedad. Puntal imprescindible del festival desde sus primeras ediciones, Rafa, como era conocido por sus numerosos amigos de los más diversos ámbitos de la ciudad, no pudo estar al pie del cañón en la cita de este año, pero estuvo muy presente en el recuerdo de quienes formaban equipo con él y su imagen, sonriente -la que todos evocan-, aparecía en un cartel colocado en la Carpa de Encuentros con la frase: «Maestro, mejórate pronto». Esa sonrisa y lo que reflejaba estaba en la memoria de las muchas personas que se acercaron en la tarde de ayer a recibir sus restos en el tanatorio de Cabueñes. Hoy a las doce del mediodía se ha celebrado allí un acto de despedida.
Desde que se difundió la noticia, las redes se llenaron con testimonios de decenas de cómplices que habían compartido con él diferentes episodios de un recorrido vital tan inquieto y rico como su propia personalidad. La Librería Paradiso rememoraba al chaval de dieciséis años que entró en su antiguo local de Cimavilla para trabajar y lo hacía con la foto de un joven con el pelo largo y bigote incipiente que sostenía un banjo en las calles de Lorient. Fue tomada en 1980 por su amigo el músico José Luis Carnero. La imagen desvelaba al pionero del folk, que reconocían otros de sus compañeros de viaje de aquellos días y que le llevaría también a fundar con Beto García el Café Trisquel en la calle Pedro Duro. En la Semana Negra encontraría un lugar en el que volcar su versatilidad profesional y creativa. 
Ambos aspectos eran los que subrayaba el director del festival, Ángel de la Calle, del amigo desaparecido: «Lo dije en la clausura y lo recalco. No solo era un jefe de producción, era un artista, un creativo capaz de poner en pie cualquier idea. Tenía una cultura muy amplia y, como venía de tantos mundos, siempre aportaba muchas cosas. Humanamente, es un palo muy fuerte y, en lo profesional, ni le cuento», expresaba. «Lo veo con su sonrisa y su camisa blanca, su energía vital. Era alguien que todo lo hacía posible, tenía solución para todo, una persona excepcional», apuntaba su compañera de equipo, la escritora Beatriz Rato Rionda. Los dos coincidían en que la Semana Negra será otra sin él."

La calle está dedicada a Pedro Duro, fundador de la empresa Duro Felguera en 1857, fundamental en los inicios de la industrialización asturiana. Antes fue la Travesía de la Rueda, por el antiguo barrio de ese nombre, integrado luego en El Carmen como hemos visto


Fue también llamada el Paseo de la Estrella, por la forma que tenía la muralla que, erigida con motivo de la Primera Guerra Carlista, a partir de 1836, guardaba la población hasta estos, por entonces, sus arrabales, constituyendo su derribo, unos treinta y tantos años después, para la expansión de la ciudad en todas direcciones, una esta del Ensanche del Arenal y su puerto


Por la calle Pedro Duro viene, procedente de La Guía, "el otro camino", el señalizado con las conchas doradas en el suelo que atraviesa la ciudad no por su fachada marítima sino por el trazado del viejo Camín Real de la Costa, luego carretera y actual Avenida de la Costa


Se trata de un itinerario histórico actualmente encajado entre los altos edificios de la urbe del que también hablamos en la entrada de blog a él dedicada. Puede decirse que actualmente, la mayor parte de los peregrinos opta por seguir las señales de este trayecto más marítimo


Por eso, a partir de aquí, veremos estas conchas doradas que, desde la Guía y por la Carretera de Villaviciosa, la Avenidas de la Costa, L'Acerona y calle Pedro Duro se instalaron en ese trayecto en el año 2009, cuando aún pasaban muy pocos peregrinos, tal y como se desprende de la noticia 213 conchas para llegar a Santiago, publicada por El Comercio el 9 de junio de dicho año:
"Los usuarios no son demasiados, «pero sean muchos o sean pocos, el Camino de Santiago tiene que estar señalizado a su paso por el centro urbano de Gijón, para evitar que los peregrinos se pierdan por la ciudad». Esa es la razón que esgrimió el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón para justificar la colocación de 213 conchas de bronce, de cinco milímetros de espesor, que guiarán al caminante desde el monolito de la rotonda de La Guía hasta el de Puente Seco, en Veriña.

 «Esta señalización urbana, de la que ya disponen Oviedo, León, Burgos y Santiago, la teníamos pendiente en Gijón desde que en 1999 la Consejería de Cultura decidió marcar el Camino de Santiago a su paso por Asturias, dejando fuera del proyecto las zonas urbanas», explicó Justo Vilabrille, quien, en compañía del también concejal Tino Venturo, clavó la simbólica concha dorada delante del monolito de La Guía. Para llegar hasta Puente Seco se precisarán dos semanas y 16.000 euros.

«Hemos mantenido conversaciones con la Consejería de Cultura y nos ha admitido el trazado alternativo de Pedro Duro y Rodríguez San Pedro», justificó Vilabrille quien, sin embargo, no aseguró que cuando esté ejecutado el plan de vías, el trayecto transcurra por la vía original. «A ver cómo queda el plan de vías. Si queda bien, volveremos a hacer el camino oficial», puntualizó el concejal."

Sin embargo, cuando posteriormente El Camino de Santiago se señalizó en Gijón/Xixón con azulejos con la flecha amarilla en un itinerario más paisajístico y marítimo, este triunfó plenamente. No es estrictamente histórico pero, como estamos viendo, sigue un trayecto muy similar a algunas de las entradas y salidas de la antigua y pequeña villa: el este por el barrio de L'Arena y al oeste hacia El Natahoyo y La Calzada, topónimo de indudable vinculación marinera


Y aquí coincide este itinerario jacobita gijonés con la ruta hacia el Acuario de Gijón, cuyas grandes tortugas azules nos encontramos pintadas por el suelo


Un poco de rampa, en ligera cuesta, es la que tenemos ahora para continuar hacia la Playa de Poniente, al final del Ensanche del Fomento y su línea de edificios


He aquí una de las flecha amarillas en azulejo de fondo azul marino que balizan el periplo santiaguista


A nuestra derecha, la rampa de reparación, venta y alquiler de embarcaciones deportivas que fue antes de esta dársena del Fomento: Astur Náutica


Y una hermosa vista de la dársena desde este magnífico mirador, con Talasoponiente dominando la escena


Al fondo, la nave de Astur Náutica, compartida con otro negocio de hostelería, La Buena Vida, cuya entrada mira al otro lado, a la Playa de Poniente


Más allá de la explanada de Astur Náutica vemos ahora salir los pequeños veleros de la escuela de vela


Disfrutamos desde aquí de una vista completa de estas instalaciones


El trayecto de salida de los peregrinos que se hospedasen, por ejemplo, en el Hospital de Corraxos de Cimavilla, sería, recordamos, por lo que sería el antiguo Camino a Candás, que enlazaría con el camín real costanero en este sector, el cual sería un gran conjunto dunar al lado del mar, como la zona donde está hoy en día el barrio de L'Arena, por donde vinimos hacia el centro de la ciudad


Los amantes del arte y de la historia han de saber que la calle Marqués de San Esteban está llena también de edificios burgueses de época edificados con la urbanización del Ensanche del Fomento tras el derribo de la muralla carlista y, posteriormente, El Muro de Langreo, del tren carbonero


En lo que sería la transición o tránsito entre El Fomento y El Carmen, en la esquina de Marqués de San esteban con Pedro Duro, hay, por ejemplo, un edificio muy original dentro del estilo Art-Decò, que triunfó entre 1920 y 1939, si bien tiene influencia en épocas posteriores


Fue proyectado en 1931 por el prestigiosísimo arquitecto Manuel del Busto para el industrial Bernardo Madiedo Valdés, restaurado en 2018 para hotel


En su torreón circular muestra unos elementos realmente interesantes basados en el arte azteca, algo de lo que gustaban mucho algunos indianos


Realmente símbolos similares inspirados en el arte precolombino se encuentran en blasones solariegos desde el siglo XVI, cuando alguno de sus miembros hizo la carrera de indias, lanzándose a la aventura colonizadora allende los mares


He aquí una reproducción de las célebres máscaras aztecas y otras filigranas y detalles decorativos


Si algún día se aplica el proyecto aprobado en 2021 para reformar todo este paseo, tal vez el peregrino se encuentre un entorno más verde y menos hormigonado. Así lo describía el periódico digital La Voz de Asturias el 17 de octubre de dicho año:
"El jurado del concurso de ideas para la remodelación y ordenación del ámbito del paseo marítimo Fomento-Poniente ha seleccionado a Foment-On como el proyecto ganador de las 13 propuestas presentadas. Es el más votado, después de que en una primera ronda de votación empatara con el denominado Gijón Simétrico
Foment-On presupuesta una inversión de 7,6 millones de euros y plantea, entre otras actuaciones para humanizar el espacio y darle prioridad a peatones y ciclistas, plantar 400 árboles, crear una grada en la cuesta del Cholo, una playa sin arena o llenar de verde la explanada de Poniente. (...) 
En primer lugar la propuesta incluye un plan para la reordenación del tráfico, que pasa por la priorización de los desplazamientos a pie o en bicicleta. Según la memoria del proyecto, los accesos a Cimavilla correspondientes a la zona de la propuesta se mantendrían como en la actualidad, con la reciente modificación del tramo de la calle Claudio Alvargonzález, convertida en vía de único sentido y salida de residentes y vehículos autorizados del barrio.
También se plantea el aumento de dos estaciones Gijón Bici en la Cuesta del Cholo y Jardines de la Reina, así como un incremento de los espacios para estacionar las bicicletas. 
El proyecto presenta la opción de eliminar el tramo de doble altura peatonal de Rodríguez San Pedro, junto con todo el trecho de escaleras de acceso a la playa de Poniente y el paseo mirador que recorre todo el borde de la playa desde el edificio de La Buena Vida hasta el de Talasoponiente." 
 Foment-On  concibe el desarrollo moderno del urbanismo como una actividad en paralelo a la sostenibilidad. En su memoria se contempla un considerable aumento del número de árboles entre la Cuesta del Cholo y Poniente y el uso de un tipo de pavimento que permita la filtración de aguas pluviales para su reutilización en tareas de riego. 
En total se plantarán 400 árboles nuevos (tamarindo, tilo, sauce cenizo…). También se empleará vegetación tapizante para disolver el límite entre la playa y el paseo (gramínea ornamental, romero, rosa de playa, clavelina de mar, gaura blanca, margarita marroquí, hierba de San Agustín…). 
Este plan de desarrollo considera dos espacios diferenciados. Por un lado, el de paseo, que comprende las calles Claudio Alvargonzález, Muelle de Oriente y la mitad de Rodríguez San Pedro. Por otro estarían los alrededores de Poniente."

Seguimos pues por el paseo de Fomento paso a paso hacia la Playa de Poniente, que puede decirse que no llegaremos a ver hasta estar prácticamente sobre la misma arena, pese a que estamos a muy escasos metros


A la izquierda, en los bajos de estos edificios, hay más tiendas y negocios de ocio, esparcimiento y diversión, locales de música y copas 


En el suelo, seguimos viendo las señales del camino al Acuario de Poniente. Cierto es, como leemos en la famosa guía Consumer-Eroski, que "La salida de una gran ciudad siempre es tediosa, sobre todo debido a las señales de todo tipo que impiden apreciar las flechas amarillas", por lo que, tal vez si se reorganiza todo este paseo, el Camino de Santiago podría tener una señalización que, sin ser necesariamente un gran charco de pintura o paneles gigantescos que afeen el entorno, sí más efectivas y visibles


El Camino, no obstante, no tiene de momento mayor riesgo de pérdida, es avanzar todo recto en dirección a Poniente y El Natahoyo. Tampoco es tediosa la salida del centro urbano, aunque cierto es que enseguida nos encontraremos con las muy concurridas y transitadas avenidas de El Natahoyo a Cuatro Caminos y La Calzada, a las que seguirán las zonas intensamente industrializadas que, saliendo del  casco urbano por El Cerilleru, nos encontraremos en Veriña y Puao, si bien pronto llegarán las planicies del Monte Areo y la bajada a El Valle de Carreño


Dado su interés como lugar para comer y alojarse los peregrinos queremos mencionar que a la izquierda está, tapado por estos muros de hormigón, el veterano restaurante con pensión de Casa Benita, fundado en 1947 y, poco antes de ella, la entrada del Café Trisquel por la calle Rodríguez San Pedro.


Resumiendo, a la izquierda los sitios para comer y tomar algo y... a la derecha con La Buena Vida, también


Y también a la derecha la escuela de vela, la rampa de reparación, Talasoponiente y la Dársena del Fomento, que ya hemos dejado atrás, con Cimavilla al fondo


Los personajes de los escribe Víctor Labrada en su libro Al aire de Cimadevilla son contemporáneos de aquella transformación portuaria que arrancó, pasada la mitad del siglo XIX con La Punta Lequerique y pronto se extendió por estos muelles a la vez que daba el salto a El Musel y desaparecía el viejo Gremio de Mareantes, de origen medieval sin duda alguna:
"... el "Gremio de Mareantes" festejaba con toda pompa en honor a la "Virgen de las Mareas", venerada imagen que fue llevada desde la capilla levantada en el Cerro de Santa Catalina, en compañía de la milagrera de San Roque, para dejarlas al amparo de la por siempre marinera capilla de la Soledad. Ambas imágenes han desaparecido en el año 1936.

Nada queda ya del famoso "Gremio de Mareantes". De aquel "Gremio" que, según escribiera el licenciado Cura Bolde, financiaba la pesca de la ballena y del besugo, y se encargaba de poner las condiciones para los desaparecidos "Remates" de cuyos fondos salían todos los gastos para previsión, defunciones y entierros, mandas, cirujano, escribano, naufragios y fiestas patronales, siendo la principal la del "Señor San Pedro", el primero y más sublime pescador de la Cristiandad.

Desde que se vendiera, según tradición, el antiguo solar del "Gremio" en Santa Cataliba, en cuatro onzas de oro, no queda ni la pulida "Vara de plata", aquella vara que tenían a gran honor portar por turno organizando la procesión, todos los componentes del "Cabildo" vestidos con la parda capa de fuerte estameña.

Esta vara quedó en poder de Aurelio Marino, pasando, al fallecer, éste, a manos de su hijo Cesáreo. De éste pasa a pertenecer a Faustino Pidal (práctico del puerto, conocido por "Fausto Prin"), quedando por último la dueña de la misma, su viuda, "Elisa la Perana". Aquí se pierde la propiedad, para aparecer la vara un día en la hermosa villa marinera de Luanco, donde aún está en la actualidad.

La Cofradía de la Soledad trató de hacer gestiones para recuperarla, pero nada en firme se hizo por falta, como siempre, de dinero..."
 
Poco más allá, la Sidrería Gijón Y el Indian Cafe, ambos tras los árboles, en los bajos de los bloques de pisos del Fomento


"La salida de Gijón es sencilla. Seguimos el paseo marítimo, junto al puerto deportivo, y avanzamos recto por la avenida Rodríguez San Pedro", nos dicen acertadamente en la primera frase de la etapa Gijón-Avilés de la guía Gronze, una etapa que, como suele acontecer, siempre hay quien "recomienda saltarse" por sus tramos urbanos e industriales, lo cual es una pena pues también puede perderse lugares muy interesantes y cargados de historia, además de las áreas naturales del citado Monte Areo y El Valle, en Carreño. La entrada a Avilés puede efectuarse por el Paseo de la Ría, entre árboles



Y ya estamos ante la gran explanada ante la Playa de Poniente, cuyo arenal empezamos a ver, más allá de los árboles, a nuestra derecha, inaugurada el 3 de mayo de 1995 y hecha con arena del fondo marino frente a las costas del concejo de Gozón



Para dirigirnos a ella podemos bajar primeramente por rampa o por escalera de anchos peldaños, pues el Camino sigue de frente y pasa al lado de ella


En la explanada hay varias casetas de diversas empresas relacionadas con la playa, el puerto deportivo y la náutica


Los árboles, tilos, en verano, cuando formando un pequeño bosque, proporcionan una excelente sombra en este lugar en el que el sol pega con fuerza


A nuestra izquierda, la Travesía del Fomento es otra de las calles perpendiculares que comunica las calles Rodríguez San Pedro y del Marqués

A lo largo de la última gran manzana de Rodríguez San Pedro abren también al público unos cuantos negocios de copas, música y comidas, pero sin duda de los más señeros es La Bodeguita del Medio, "bar de cócteles" de gran veteranía y renombre. Ya en 2014, cuando, La Bodeguita llevaba unos 30 años en El Fomento, su gerente Amaro Ruiz, es entrevistado para El Comercio por L. Ramos con motivo del Premio al local con encanto con el que había sido galardonado y lo titula "El encanto lo da la actitud del personal", una de las frases de Ruiz, publicado el 11 de junio:

"Casi tres décadas animando las noches gijonesas dan para mucho, aunque Amaro Ruiz se queda con la satisfacción de haber hecho pasar más de un buen rato a sus clientes. 
Premio al local con encanto. ¿Cómo han recibido la noticia? 
Con una mezcla de alegría y sorpresa, pues no estamos acostumbrados a recibir reconocimientos de estas características. 
¿Cómo nació La Bodeguita? 
Fue tras una visita a Cuba de los propietarios, Pío Ruiz y Javier Rodríguez. Les gustó mucho el ambiente y, como en Gijón no había ningún local especializado en música latina, decidieron abrirlo ellos. 
¿Qué hace que un local tenga encanto? 
Yo creo que entran en juego varias cosas, como la decoración, aunque lo primordial es la actitud del personal, que al fin y al cabo es lo que hará que el cliente vuelva. 
Tras 27 años en la brecha, ¿qué se lleva? 
Las vivencias, las amistades que he hecho gracias al bar y, sobre todo, la satisfacción de saber que la gente viene con la idea de pasarlo bien y lo consigue."


Las terrazas se llenan rápidamente en verano y, cuando en invierno o en cualquier otra estación acompaña un poco el tiempo, también, la zona suele estar por tanto muy concurrida la mayor parte de las veces, lugar de paseo para muchos gijoneses y visitantes, así como, por supuesto, para tomar el sol y darse un chapuzón cuando llega la temporada estival


Siguiendo ruta y sin desviarnos del Camino de Santiago, nos acercamos ya aquí a la Playa de Poniente, sucesora de aquella que fue del Mar de Pando o Arenal del Natahoyo, una de las tres playas urbanas de Gijón/Xixón, al paso de los peregrinos que ponen rumbo a occidente por las sendas de la costa asturiana









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