| Praza de Cervantes, Casa de Olimpio Pérez y, al fondo, la rúa da Acibechería, paso a la catedral |
A solamente unos 150 metros de la catedral de Santiago de Compostela los peregrinos, que han entrado en el histórico Santiago intramuros por la Porta do Camiño, As Casas Reáis y A Algalia, llegan a la Praza de Cervantes, encaminándose a la rúa da Acibechería, la histórica calle azabachera por excelencia de la ciudad, a cuyo final, en la Praza da Inmaculada, los peregrinos pasarán a la Praza do Obradoiro o, si es Año Santo Compostelano, a la Praza da Quintana para entrar en la catedral por la Porta Santa
Fue esta plaza, que se extiende rectilínea de este a oeste, como parte del Camino, el antiguo Foro medieval (s XII), lugar de encuentros y juntas vecinales, pues aquí el pregonero leía las actas del Concello y las normas y proclamas del arzobispo. En la actualidad, una fuente con columna sobre la que se yergue el busto del escritor Miguel de Cervantes Saavedra (de ahí su nombre actual), de la que hablaremos enseguida, la preside. El lugar se perfilaría como un espacio netamente definido y diferenciado en el siglo X con el paso de peregrinos
También se realizaban los dramáticos autos de fe en tiempos del férreo ímpetu de la Inquisición y aquí hubo patíbulo, junto con el rollo o columna que, simbolizando la autoridad, servía para exponer a escarnio público a los delincuentes
Era también la Praza del Mercado, razón por la cual pasó a ser la Praza do Campo, donde labregas e labregos ponían sus puestos de venta de productos campesinos, procedentes de las aldeas del entorno. En la actualidad, su literario nombre da pie a la instalación de mesas de venta de libros en el mercadillo de antigüedades de los jueves y sábados por la mañana y, al mismo tiempo, hay un mercado artesano que se celebra todos los días de junio a septiembre, coincidiendo con la mayor afluencia de gentes, muchos de ellos peregrinos, de 9 a 21 h
Rosario Valdés Blanco-Rajoy del Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento” CSIC-Xunta de Galicia, en su obra La capilla de los Neira de Luaces en la iglesia compostelana de Santa María do Camiño (SS. XVI-XVII)
"... antiguo mercado y centro neurálgico donde a comienzos del siglo XVII se desarrollaban los principales eventos de la ciudad como podían ser el levantamiento de pendones por el rey, las celebraciones por la “buena venida” de los arzobispos y también otros actos de carácter festivo como eran “los toros”, “las máscaras” y las carreras de “la sortija”, que se sucedían a lo largo de una semana con motivo de la onomástica del Apóstol Santiago. En la organización de todo ello participaban activamente los regidores de la ciudad y otras autoridades locales, que además contribuían a sufragar los costos."
| O Escuriño: la rúa das Casas Reais llega a Algalia de Arriba |
Los romeros jacobitas llegan a la Praza de Cervantes por la Rúa da Algalia de Arriba, en lo que es llamado O Escuriño (lugar pequeño y oscuro), conformado por el cruce entre esta calle y la Rúa das Casas Reáis, antigua Rúa do Camiño, que viene desde la Porta do Camiño por la iglesia de Santa María do Camiño
Era este antaño "el "nudo" más crítico de toda la red viaria compostelana", dice el escritor y erudito Asar Fernan Rodri en su página Picheleiros, "una compleja encrucijada en la que se encontraban las dos Algalias, la Rúa de Casas Reais y el ramal de acceso a Cervantes", la plaza que nos ocupa, situada a la izquierda
No era solamente el angosto cruce de calles el problema, sin que dos de las casas del mismo tenían un voladizo tan pronunciado que no dejaba pasar apenas luz que no permitía tampoco una buena ventilación: se entorpecía además el paso de gentes en multitud, como las procesiones y, lo que era especialmente peligroso, era proclive a propagar el fuego de una casa a la otra en caso de los no infrecuentes incendios, pues recordemos que en las casas el hogar era de leña, a lareira, y fuego era lo que empleaban también los artesanos tanto para calentar sus talleres como para trabajar en ellos.
Saliendo a la Praza de Cervantes el Camino sigue a la derecha a un paso ya de la catedral, aquí tenemos los soportales de la Casa de Olimpio Pérez, antigua casa de banca fundada en 1845 por el comerciante riojano Manuel Pérez gracias sobre todo al auge de la industria textil compostelana, de entonces acá por diferentes denominaciones según absorciones bancarias y cambios de gerencia y administración. El periodista José Antonio Pena Beiroa nos explica su historia en su artículo El convulso Olimpio Pérez, publicado en El Correo Gallego del 25-5-2022:
"En sus 166 años de vida, desde su fundación en 1847 hasta su absorción por el Sabadell en 2013, el finalmente llamado Banco Gallego tuvo, con certeza, la historia más convulsa de la banca en Galicia.
Nada menos que se llamó de seis formas distintas, tuvo siete propietarios, fue intervenido dos veces y contó con sede social en Madrid, además de la histórica en la compostelana la praza de Cervantes, de la que en 2022 se cumplen 50 años de su retorno coincidiendo con la entrada en su accionariado de Banca Catalana y Rumasa. Momento en que la familia Pérez Sáenz, heredera de su fundador, cesa en la propiedad y en el control del consejo.
Fue fundado por Manuel Pérez Sáenz como casa de banca y después de su fallecimiento como Hijos de Pérez Sáenz y desde 1909 fue Olimpio Pérez y Hijos. En 1957 se constituye como sociedad anónima con el nombre Banco Hijos de Olimpio Pérez, al que se refiere Xoán López Facal en su libro Olimpio Pérez. Unha historia da Compostela moderna, publicado en 2018 y así recuerdo que en Roxos lo seguían llamando mis vecinos de mayor edad.
La crisis de Banca Catalana de 1984 implicó que, cuando ya se llamaba Banco de Crédito e Inversiones, fuese intervenido y vendido al Banco Central, quien en 1987 decide cambiar su razón social pasando a llamarse Banco Gallego, quizás porque “Galego” sería difícil de entender en un banco donde su presencia en Galicia solo destacaba en plazas rurales de escasa población, como las de Camporrapado, Portomouro o Urdilde.
En un nuevo giro en 1993 lo adquiere la diminuta entidad madrileña Banco 21, fundada solo dos años antes por el que fuera CEO del Vizcaya Juan Manuel Urgoiti, manteniendo la propiedad solo un lustro porque en 1998 Caixa Vigo pasa a controlarlo. Pese a ello se mantuvo su imposibilidad de convertirse en un verdadero banco “regional”, provincial o especializado, lo que implicó, entre otros motivos, que su rentabilidad fue de las más bajas entre las entidades gallegas.
Su epílogo se escribió en 2013 cuando, tras ser nuevamente intervenido, es vendido por un euro al Sabadell. Fue consecuencia de la deficiente gestión arrastrada de su matriz, que no supo reorientar la estrategia de la entidad complementariamente a la de su propio negocio.
En realidad, el Gallego operaba más al estilo de una caja de ahorros en un mercado concurrente con el de Caixanova y, desde el cambio de propiedad de hace medio siglo, los sucesivos cambios de propietarios, razones sociales o discutibles estrategias de gestión no impidieron el trágico final de la que fue, sin duda, la entidad con un historial más convulso en la historia de la banca gallega y el único banco compostelano de cierto relieve."
Bien bajo los soportales, donde hay algunas terrazas hosteleras, o saliendo a la plaza, los peregrinos se dirigen por aquí a la catedral. "Las viviendas de Santiago de Compostela consolidaron en la ciudad histórica un estilo ecléctico de gran elegancia, pero adaptado a las tipologías y condicionantes urbanos ya establecidos desde el barroco, como la continuidad con las líneas de soportales", leemos en la biografía que nos ofrece la Real Academia de la Historia del citado arquitecto Manuel Pereiro Caeiro
Comúnmente se cree que esta condición de plaza pública, de administración, mercado e información, dio nombre a la calle de la derecha, la Rúa do Preguntoiro (lugar de preguntas, de preguntar). El consistorio estuvo aquí hasta que en 1787 se trasladó al Pazo de Raxoi en la Praza do Obradoiro (también por supuesto con su entrada de blog). En El Camino de Santiago urbano de Santiago Turismo leemos así:
"Hoy es el único edificio municipal barroco que se conserva intacto en Galicia. Una restauración interior ha permitido identificar las antiguas escribanías, el oratorio, el archivo y las mazmorras: se sabe que en la plaza llegaron a realizarse autos de fe en tiempos de la Inquisición y que en ella estuvo situado hasta 1570 el rollo o columna en torno a la cual se impartía justicia y a cuyo pie se situaba el patíbulo. La columna venía de presidir ejecuciones en el Monte de la Almáciga y pasó a la carballeira de Santa Susana, de donde desapareció en el siglo XIX."
No obstante, indagando en la historia del callejero compostelano, Javier Rosende Novo halla otra explicación al nombre de esta calle (que nos recordará al topónimo Preguntoiro, que hemos encontrado a la salida de Arzúa), vinculada además a los peregrinos y al famoso Diego Gelmírez o Xelmírez, primer arzobispo de Santiago e impulsor de la construcción de la catedral románica (sobre un templo anterior). Lo publica en el periódico El Correo Gallego del 31-10-2024:
"Tirando de retranca, habrá quien te diga que el nombre de esta calle proviene de que muchos peregrinos caminan despistados preguntando por la Catedral. Esta explicación tiene su encanto, pero el origen toponímico de la calle tiene una explicación histórica mucho más plausible.
A Compostela llegaban innumerables mercancías y, como ahora, había comerciantes deshonestos que buscaban enriquecerse ilegítimamente inflando los precios, siendo los peregrinos las principales "víctimas". Para evitar esto, que podría convertirse en una amenaza para la pujante economía compostelana, el arzobispo Xelmírez decidió que los precios oficiales de los distintos productos, desde el vino hasta las conchas de vieira que acreditaban la peregrinación, se anunciaran públicamente, es decir, se pregonaran . El lugar elegido fue, precisamente, esta Rúa do Preguntoiro, que hacía esquina con el primer Ayuntamiento (en la plaza de Cervantes). De esta manera, podemos afirmar que el origen del nombre de esta calle proviene de pregonar y no de preguntar."
En 1842 y luego trasladarse el mercado de productos del campo a la plaza de abastos, se erigió aquí el monumento a Miguel de Cervantes Saavedra, una alta columna con el busto del escritor y, a sus pies, una fuente, que realmente ya existiría desde tiempo atrás, pues en 1532 Claude de Bronseval, secretario del abad de monasterio francés de Clairvaux, que llega a Santiago como viajero y peregrino, dice que en ella se habla "más francés que gallego y se encuentran gran cantidad de franceses", y que su fuerte chorro limpiaba las inmundicias resultado de la actividad del mercado y trasiego de gentes. Diez años después es el Concello o Ayuntamiento quien afirma que es la principal, de la ciudad, destacando que presta servicio "a vecinos y peregrinos"
Este monumento y la marcha del mercado, donde los peregrinos más pobres se sabe mendigaban productos frescos para su sustento para completar lo que les daban las fundaciones benéficas compostelanas, supuso que esta plaza, que también se llamó Praza do Pan y Praza da Estela, pasase a ser conocida como Praza de Cervantes que, sin embargo, no se oficializaría como tal denominación hasta 1886
La fuente se aprovecharía de otra de la que se tienen noticias desde el siglo XV que había dado servicio al mercado y a la vecindad y habría sido profusamente empleada antes de que se dispusiese de agua corriente en todas las casas. Nos ofrece algunos datos históricos de ella Blanco-Rajoy:
"...a mediados del siglo XVI ya estaba muy necesitada de reparaciones y hacía tiempo que no recibía agua, a pesar de ser “[…] la fuente mas principal que está el mas en medio de la dicha çiudad [de Santiago] e conbersación de los veçinos della y de que todos gozan e para todos los romeros que bienen a este glorioso Apóstol Señor Santiago […]”; se consideraba la más necesaria para el servicio de la ciudad y “ […] para remedio de fuegos quando subçeden […]”29. A finales del mismo siglo, la fuente continuaba en muy mal estado (lo mismo que la fuente de la Puerta del Camino), por lo que en el año de 1600 el cabildo mandó pagar las correspondientes reparaciones a cuenta del portazgo de la ciudad."
Se desconoce además quien fue el autor de este conjunto ni del busto de Cervantes, descrito como "una breve tilde que se coloca encima de una "I" demasiado alta" por el periodista Antolín Faraldo en El Recreo Compostelano
Todo lo que podemos saber de la vinculación de Miguel de Cervantes Saavedra con Galicia se basa en sus apellidos, ambos topónimos de sendos pueblos gallegos, el Cervantes de los Ancares lucenses y el también lucense de Saavedra, concello de Begonte
En cuanto a su relación con el Camino de Santiago, es de destacar el episodio de El Quijote en el que Sancho, su escudero, se encontraría, rumbo a su Ínsula Barataria, con dos falsos peregrinos en lo que hoy denominaríamos el Camino del Ebro. Asimismo, de la filosofía de la peregrinación hallamos elementos en Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Aportamos para descubrirlo pare del artículo de la Xacopedia dedicado a este insigne autor:
"El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha
"En 1616, meses antes de su muerte, envió a la imprenta el segundo tomo del Quijote, titulado El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha con lo que quedaba completa la obra que lo sitúa como uno de los más grandes escritores de la historia y como el fundador de la novela en el sentido moderno de la palabra. A partir de una sátira corrosiva de las novelas de caballerías, el libro construye un cuadro tragicómico de la vida y explora las profundidades del alma a través de las andanzas de dos personajes arquetípicos y contrapuestos, el iluminado Don Quijote y su prosaico escudero Sancho Panza.
A continuación se reproduce un fragmento de la obra, en el que satiriza el comportamiento de los falsos peregrinos y se describe su vestimenta en la época:
“Vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos estranjeros que piden la limosna cantando, los cuales en llegando a él se pusieron en ala y, levantando las voces, todos juntos comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaba ‘limosna’, por donde entendió que era limosna la que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era caritativo además, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana y dijeron:—¡Guelte! ¡Guelte!—No entiendo —respondió Sancho— qué es lo que me pedís, buena gente.Entonces uno de ellos sacó una bolsa del seno y mostrósela a Sancho, por donde entendió que le pedían dineros, y él, poniéndose el dedo pulgar en la garganta y estendiendo la mano arriba, les dio a entender que no tenía ostugo de moneda y, picando al rucio, rompió por ellos; y al pasar, habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él y, echándole los brazos por la cintura, en voz alta y muy castellana dijo:—¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos al mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo ni estoy ahora borracho.Admiróse Sancho de verse nombrar por su nombre y de verse abrazar del estranjero peregrino, y después de haberle estado mirando, sin hablar palabra, con mucha atención, nunca pudo conocerle; pero, viendo su suspensión el peregrino, le dijo:—¿Cómo es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?Entonces Sancho le miró con más atención y comenzó a rafigurarle, y finalmente le vino a conocer de todo punto y, sin apearse del jumento, le echó los brazos al cuello y le dijo:—¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime quién te ha hecho franchote y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura.—Si tú no me descubres, Sancho —respondió el peregrino—, seguro estoy que en este traje no habrá nadie que me conozca; y apartémonos del camino a aquella alameda que allí parece, donde quieren comer y reposar mis compañeros, y allí comerás con ellos, que son muy apacible gente. Yo tendré lugar de contarte lo que me ha sucedido después que me partí de nuestro lugar, por obedecer el bando de Su Majestad, que con tanto rigor a los desdichados de mi nación amenazaba, según oíste.Hízolo así Sancho, y, hablando Ricote a los demás peregrinos, se apartaron a la alameda que se parecía, bien desviados del camino real. Arrojaron los bordones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota, y todos ellos eran mozos y muy gentileshombres, excepto Ricote, que ya era hombre entrado en años. Todos traían alforjas, y todas, según pareció, venían bien proveídas, a lo menos de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos leguas”.En este texto Cervantes emplea la palabra ‘muceta’ con el mismo sentido que ‘esclavina’, y al decir que los mozos se quedaron en pelota no se refiere a que quedaran completamente desnudos, tal y como lo entenderíamos hoy en día. En otra parte, explica que “los peregrinos que hacían el Camino de Santiago adornaban la esclavina y el sombrero con conchas y azabaches”.Lleno de ironía se muestra también el escritor al mostrar la simplicidad de Sancho para entender el significado de Santiago como patrón de España: “Qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel Santiago matamoros: ¡Santiago y cierra España! ¿Está por ventura España abierta, y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?”.
Rubén Darío también evoca el sentido de la peregrinación de esta obra en el poema Letanía de nuestro señor Don Quijote (1905):
Noble peregrino de los peregrinos,que santificaste todos los caminos,con el paso augusto de tu heroicidad,contra las certezas, contra las concienciasy contra las leyes y contra las ciencias,contra la mentira, contra la verdad [...].
No relacionado con Santiago directamente, aunque sí con el concepto de las peregrinaciones, al que tantos romeros europeos iba quitando por entonces la Reforma de Lutero a los caminos, tenemos otra de sus obras, Los trabajos de Persiles y Sigismuda, de la que seguimos leyendo en la Xacopedia:
"La grandeza del Quijote no debe ocultar el valor del resto de la producción literaria de Cervantes, entre la que destaca la novela itinerante Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su auténtico testamento poético. Obra publicada póstumamente en Madrid en 1617, es una novela bizantina de aventuras que cuenta las peregrinaciones de sus protagonistas, que dependen exclusivamente de lo fortuito y del azar. Gran parte de sus peripecias transcurren en exóticos países, que Cervantes sólo conocía a través de relatos fantásticos y por la consulta de cartas geográficas. Además, los personajes cruzarán España para terminar sus peripecias en Roma, donde se unirán felizmente en matrimonio. Estos bellísimos príncipes, que viajan aparentando ser hermanos y bajo los nombres supuestos de Periandro y Auristela, forman parte de una trama retorcida y complicada que, en ocasiones, queda en suspenso cuando un recién llegado cuenta su fantástica y maravillosa historia.
Cervantes abandona en esta última producción el punto de vista realista y deja volar su imaginación para crear una bella ficción novelesca, en la que los héroes vencen y la vida es descrita con los más sugestivos colores. Probablemente, nuestro autor pretendía simbolizar la historia de la humanidad con una clara idea contrarreformista. En consecuencia, la peregrinación, que podría considerarse como la fuerza motriz de Persiles, no tiene en absoluto una causa religiosa, sino un motivo político o sucesorio, familiar o maternal. La peregrinatio es un ingenium, que idea la madre de Persiles para que su hijo pueda huir con su amante Sigismunda, y así evitar su matrimonio con Maximino. Nada más lejos que la fe como objetivo. Así, la protagonista incluso insiste:
“Mi peregrinación es la que usan algunos peregrinos, quiero decir que siempre es la que más cerca les viene a cuento para disculpar su ociosidad [...] sé que es justa, santa y loable, y que siempre la ha habido y la ha de haber en el mundo; pero estoy mal con los malos peregrinos, como son los que hacen granjería de la santidad, y ganancia infame de la virtud loable; con aquellos, digo, que saltean la limosna de los verdaderos pobres. Y no digo más, aunque pudiera”.
"La librería Couceiro, una de las más antiguas y emblemáticas de la ciudad, vuelve a sus orígenes y se traslada al corazón del casco histórico de Santiago. Concebida además como espacio cultural, acogerá actos literarios en un edificio rehabilitado por el arquitecto Iago Seara. Está especializada en libro gallego y publicaciones antiguas, y pretende que su apertura el próximo lunes revitalice culturalmente esta zona de Compostela...."
"En Compostela hay establecimientos que llevan toda una vida ubicados en el mismo lugar, y otros que han ido evolucionando y cambiando de local. Estamos en el año 1969, y en la ciudad abría sus puertas una librería en la rúa de San Pedro, Couceiro, que luego se instalaría en el Ensanche, en República do Salvador, en O Hórreo, y actualmente tiene su sede en la plaza de Cervantes. Se trataba de un negocio que en un primer momento estaba especializado en el libro escolar y en el material de papelería, para dar cobertura a las necesidades de los jóvenes estudiantes."
"Fue el pasado diciembre, mes en el que Greta Domínguez y Susana Feijóo -conocida por mucha clientela como Susi- cumplían diez años como propietarias del café-pub Agarimo, cuando anunciaron que con el fin de año terminaría su etapa al frente del popular local situado en el número 2 de la rúa Preguntoiro, junto a la praza de Cervantes. «Fue una década llena de aprendizaje, vivencias y risas. Aquí disfrutamos mucho, yo fui muy feliz, pero, sobre todo en la recta final, estábamos muy cansadas. Trabajábamos de media 13 horas. Cerramos por agotamiento», señala Greta al explicar un adiós que no pasó desapercibido en Santiago.
«Nuestra intención era coger unas vacaciones para reabrir en Navidades y ya cerrar el día 31, pero lo pensamos mejor, y decidimos ya descansar. Lo necesitábamos. La gente nos encontraba por la calle y se extrañaba. Nos preguntaba: ''¿y dónde voy a desayunar?'' Por redes nos empezaron a llegar muchos mensajes en los que hasta se nos decía que ''a zona vella perdía coa nosa marcha''», añade agradecida y abrumada esta hostelera de 43 años, originaria de Vila de Cruces, a la que el público local empezó a conocer cuando solo tenía 23.
«Mientras estudiaba Maxisterio quise buscar un trabajo y probé en hostelería. En el 2003 estuve seis meses en esta cafetería y ya me gustó», evoca sobre un primer contacto que retomaría cuatro años más tarde tras una etapa en el también conocido restaurante Roberto, en Vedra. «En el 2007 volví al Agarimo y poco después, entró Susana. Cinco años más tarde, en el 2012, alquilamos el negocio a su anterior propietario cuando le tocó la primitiva», recuerda sobre un paso al frente que conllevaría ciertos cambios en el menú, como introducir más bocadillos o ensaladas, aunque sin perder su esencia de cafetería para desayunos a primera hora, y de «chupitos a última», recuerda divertida Greta.
«Aquí el producto estrella era el jamón asado. Había gente que venía también todos los días solo por un pincho de tortilla», subraya, sin olvidar mencionar a esa clientela que «a diario se acercaba solo a saludar».«Muchos de mis mejores amigos salieron del bar. Aquí había un ambiente muy familiar. Está en una zona muy turística pero, más allá del verano, la gran clientela era gente de la ciudad», remarca la hostelera, razonando los motivos que las llevaron a dejar huella entre los compostelanos. «Yo creo que la gente va a un local, no por lo que ofrece, que también, sino por el trato de los camareros, por su cercanía. Cuando alguien muy fiel faltaba varios días o no venía a la hora que acostumbraba, nos preocupábamos y eso la gente lo estima. Lo que nos decían es que éramos ‘riquiñas'», comparte con timidez y cierta nostalgia. «En diciembre, ya estando cerrado el bar, hicimos una reunión de despedida para los más cercanos y ahí recordamos muchas historias, también de fiestas, como las de Fin de Año, cuando abríamos toda la noche. Abarcábamos todos los horarios, de ahí también el cansancio», enlaza Greta.
«Fue en la pandemia, con su freno, cuando yo recapacité sobre lo mucho que me hacía falta un parón, más relax. En la reapertura, por las condiciones que había, acabamos trabajando el doble. El último año estuvimos en el bar solo cuatro personas, entre nosotras dos, una camarera y una cocinera, cuando, antes del covid, lo normal en invierno es que tuviéramos tres camareros y dos cocineros. Ahora cuesta encontrar personal. Decidimos reducir horario; abríamos una hora más tarde por la mañana y cerrábamos un poco antes por la noche. Nos compensaba, pero creo que todo se fue acumulando», reflexiona Greta. «El cierre es una decisión muy meditada y muy necesaria para las dos. Toca echar el freno y cerrar una etapa, mirar nuevos proyectos. Susana, hacía tiempo, ya había estado a punto de abrir un restaurante. En mi caso me propongo descansar, aunque no descarto que en el futuro acabe volviendo de nuevo a la hostelería, aunque en unas condiciones distintas. La verdad es que yo disfruto con este trabajo. A todos los vecinos siempre les digo: ''seguiremos viéndonos por los bares''», destaca.
«El bar ya está alquilado. No sabemos si los nuevos gestores mantendrán el nombre del Agarimo, aunque a nosotros nos gustaría, al ser muy reconocible para esa clientela que lleva siendo fiel más de 20 años y que nos decía ''que les agarimábamos''», concluye risueña."
"Fue en el siglo XII cuando esta plaza, entonces también conocida como “Praza do Campo”, comenzó a consolidarse como punto de encuentro ciudadano. Hoy en día sigue siendo una de las . No en vano, se la denominaba “Foro”, por ser donde el pregonero leía las ordenanzas municipales. Esta función informativa dio nombre a la Rúa do Preguntoiro, que conecta directamente con la plaza.
A lo largo de los años, este espacio fue evolucionando hacia situarse en él un importante mercado donde se comerciaba con alimentos y mercancías, atrayendo a la burguesía mercantil de Compostela, cuyos vestigios aún se aprecian en las imponentes casas que rodean la plaza. (...)
El edificio del antiguo Concello de Santiago se erigió a finales del siglo XVII en la Plaza de Cervantes, diseñado para albergar las funciones administrativas de la ciudad. Antes de su construcción, el consistorio no contaba con un edificio propio y sus reuniones se celebraban en locales improvisados. Fue en 1480, por orden de los Reyes Católicos, cuando se estableció la necesidad de construir una “casa pública” para la administración municipal.
, pero las tensiones entre los poderes religioso y civil obligaron a su traslado a un edificio en la Plaza de Cervantes en 1582. A finales del siglo XVII, la modesta construcción fue reemplazada por un nuevo edificio diseñado por , uno de los grandes arquitectos del barroco compostelano y autor de la de la Catedral de Santiago.
Este edificio, terminado en 1690, era una muestra de funcionalidad y sobriedad barroca. Destacaba por su fachada de granito con una puerta principal imponente y un balcón sostenido por ménsulas clasicistas. En su interior, se organizaban las dependencias municipales, como el archivo, el salón de plenos y la capilla, conectadas por una sólida escalera de piedra.
Uno de los elementos más destacados de la antigua casa consistorial son las sillas diseñadas por Domingo de Andrade en 1690 para los alcaldes de la ciudad. Estas piezas, únicas en , representan la combinación perfecta entre funcionalidad y simbolismo barroco. Las sillas están adornadas con elementos iconográficos como , la arca y la estrella, símbolos de , además de guirnaldas y figuras que evocan la naturaleza y la prosperidad.
El antiguo Concello permaneció en la Plaza de Cervantes hasta 1787, cuando . Desde entonces, el edificio tuvo varios usos, incluida su transformación en viviendas y la adición de un tercer piso. Finalmente, en 2001, volvió a manos del Concello y fue restaurado para convertirse en la actual Zona C, un espacio cultural que acoge exposiciones y actividades artísticas, además de servir como ."
En cuando a la iglesia de San Bieito do Campo hemos de decir que es sucesora de otras anteriores sitas en este lugar, de las que se sabe de su existencia desde el siglo X, cuando habría un primitivo santuario que ya reedificara el famoso arzobispo Diego Xelmírez en el siglo XII siguiendo trazas románicas que desaparecieron posteriormente. Consultamos de nuevo a Rosario Valdés Blanco-Rajoy, que nos realiza su sinopsis histórica, ligada al cabildo catedralicio y a linajes como los Moscoso:
"En la plaza del Campo se encuentra todavía hoy la iglesia de San Benito, que se levantó en el solar de otra fábrica construida en tiempos del obispo Pelayo Rodríguez (muerto en el año 985); era la octava de las diez iglesias que según el Códice Calixtino había en la ciudad de Santiago. Reconstruida por el arzobispo Gelmírez en 1122, volvió a ser reedificada en el siglo XVIII. Junto a la iglesia de San Benito, por el lado del mediodía, se encontraban las antiguas casas del cabildo y al otro lado se alzaba una casa construida en estilo gótico ojival, de la que fue dueña Urraca de Moscoso a finales del siglo XV"
"En 1795, logró el encargo de proyectar y edificar la iglesia compostelana de San Benito del Campo. Dibujó tres planos que fueron examinados en Madrid y aprobados por la comisión de Arquitectura el 28 de agosto de 1795, con algunas modificaciones de Pedro Arnal, director de Arquitectura de la Academia."
"La fachada trasluce la preocupación vilanovina por el estudio de la geometría y la búsqueda de un juego de luces y sombras, acentuado por el rehundimiento de la calle única, el marco del semióculo y el nítido resalte del frontón triangular. La iglesia se terminó a finales de 1799, comenzando a utilizarse en enero de 1800", seguimos leyendo en la Real Academia de la Historia
A su derecha se encuentra el Cantón o Cantones de San Bieito, unas rúas que, con el mismo nombre, fueron escenario de una batalla, o escaramuza durante las Guerras Carlistas, que explica el profesor Manuel Gago para Xurxo Melchor, de La Voz de Galicia del 19-3-2021 dentro de su Ruta de la Compostela negra:
Allí, en la primavera de 1846, un soldado liberal cae muerto ante el fuego de los realistas venidos a Santiago para sofocar la revuelta gallega. Un chico de trece años es testigo de aquel hecho. Un chico llamado Manuel Murguía que cuarenta años después narró aquellos hechos en La Voz de Galicia como el primer levantamiento galeguista de la historia.
Melchor de Prado y Mariño, como era habitual, trabajaba a la vez en este y otros proyectos, abarcando diversas iniciativas, de la que nos da cuenta igualmente la Real Academia de la Historia:
"Al año siguiente de dibujar los planos de esta iglesia presentó en la Academia su ideario arquitectónico, plasmado en la Disertación que acompañaba a su proyecto para una Biblioteca Real (1796), con el que obtuvo el rango de académico de mérito. Una vez titulado viajó a Portugal para realizar una comisión artística ordenada por Carlos IV, y algo más tarde formó parte de una expedición arqueológica a Cabeza de Griego. En 1798, se encontraba en Santiago, ultimando San Benito del Campo y recibiendo nuevos encargos. El 9 de julio de 1798 la Universidad le pidió un nuevo proyecto para la fachada, zaguán, escalera y piezas adyacentes del edificio académico que estaba construyendo. Los planos que presentó el 9 de agosto de 1798 fueron alterados en el proceso de ejecución (1799-1802). En 1798 también realizó el proyecto para las casas de los canónigos de Iria Flavia (Padrón, La Coruña), situadas frente a la iglesia colegiata."
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| Foto: Jason Laurie |
"La iglesia compostelana de San Benito presenta desde hoy un renovado aspecto, tras la restauración efectuada en las pinturas murales de la bóveda y en los cuadros ubicados en la zona del presbiterio. La responsable del proyecto de restauración, Ángeles Fernández Santiago, se muestra muy satisfecha por el trabajo realizado, que acaba de culminar con la colocación de los cuadros. El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, que hoy preside en el templo santiagués la ceremonia eucarística en la que se confirmarán siete jóvenes, ha resaltado el compromiso de la Iglesia diocesana para preservar, cuidar y poner en valor el patrimonio artístico religioso. La restauración de las pinturas murales de la bóveda y de los cuadros se ha llevado a cabo gracias a los fondos propios de la parroquia y de aportaciones de sus fieles, según explica Santiago Ferreiro, párroco de San Benito.
Hace algo más de un año comenzamos la intervención en la Iglesia de San Benito con la restauración de las pinturas murales de la bóveda , explica la restauradora Ángeles Fernández Santiago, responsable de los trabajos que ahora acaban de finalizar. Estaban muy oscurecidas, con varias capas de barniz que no permitían leer la escena correctamente , relata. En las tareas de limpieza de las pinturas de la bóveda y de restauración se descubrió la existencia de otro fresco anterior. Encontramos la fecha: 1853 , indica la restauradora, y la firma de los autores, que eran José Bondad y Manuel Pasantino, siendo el fabriquero Jacobo Freire . Aquel primer fresco fue sustituido por el que actualmente ha sido limpiado y restaurado. Del antiguo mural, realizado sobre mortero fresco y con una escena parecida a la que ahora podemos ver, se ha dejado a la luz una cabeza de ángel, de un estilo barroco , indica Fernández Santiago.
Finalizada la restauración del mural, se acometió la de los cuadros de Plácido Fernández Arosa, que también estaban muy oscurecidos . Ahora, señala la restauradora, es posible advertir el claroscuro de las escenas . De la complejidad del trabajo restaurador da cuenta el hecho de que los cuadros son curvos, sin bastidor, lo que hacía que la tela empezara a desprenderse , algo que ahora ha quedado subsanado con la colocación de los correspondientes bastidores , apunta Ángeles Fernández Santiago."
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| Foto: Jason Laurie |
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| Foto: Jason Laurie |
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| Foto: Jason Laurie |
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| Foto: Antonio González |
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| Foto Mons André Sampaio |
La iglesia de San Bieito do Campo que, como dicen en Santiago de Compostela Turismo, "a pesar de la sobriedad y la pureza de líneas y dentro su pequeño tamaño, conserva un cierto aspecto monumental acentuado por su aislamiento en la plaza", tiene a su lado otro templo santiagués, si bien este gastronómico, Casa Manolo, justo a su izquierda, "la catedral civil" como la llama el genial escritor, hospitalero, peregrino y gran maestro José de la Riera en el capítulo Mitos del Camino de Santiago de su libro Camino de vuelta:
"Akelarre de mochilas y bordones, griterío y euforia desbordada por doquier… grupos que se saludan, amigos que se despiden, otros que se reencuentran y el pobre José Luis intentando poner cierto orden y algún concierto en ese gozoso caos que se repite todos los días, sea Año Santo o no, sea “temporada alta” o no, ya caiga un sol radiante o chuzos de punta sobre la compostelana Plaza de Cervantes. Allí está Casa Manolo, “la otra catedral”, amparo y remedio de peregrinos de todas las latitudes, refugio de almas perdidas en el Camino y jubilosamente reencontradas entre las mesas y fogones del mítico restaurante santiagués y santiaguista. Es, para muchos, el último contacto real con el Camino de Santiago antes del duro regreso, el último abrazo, el penúltimo “Buen Camino”.
Los hermanos Manuel y Antonio Rodríguez Gómez llegaron desde Ourense para ganarse la vida en Santiago con una filosofía clara: aliviar los estómagos del prójimo, que es una de las formas más auténticas y honradas de amar a los semejantes. Eligieron para ello, en 1953, un humilde local en la Rúa Travesa, muy cerca del actual emplazamiento del restaurante, que tardó muy poco en convertirse en referencia absoluta para los estudiantes de la cercana Facultad de Letras, para las gentes que frecuentaban el mercado y para todo aquel aldeano que llegaba a Compostela para hacer “recados”, para ir al médico, para asistir a la feria… pero para los estudiantes, al modo de Coimbra, Casa Manolo era casi una “república”. En los años sesenta y setenta allí se comía, se conspiraba, se hacían planes y se arreglaba el mundo. Era un establecimiento afanoso y libertario, donde las mesas corridas igualaban al catedrático (que los hubo) con el funcionario de correos, a los conspiradores del PC con los señores abades, llegados a Compostela desde cualquier parroquia del rural gallego para reclamar “lo suyo”. Una verdadera república del grelo y del cocido, una democracia hecha igualitaria por la empanada de xoubas o de raxo, un parlamento donde los campanillazos de la presidencia llegaban desde la cocina acompañados de natillas o flan de la casa.
Con el renacimiento de las peregrinaciones jacobeas, a mediados de los ochenta del pasado siglo, comenzaron a llegar los peregrinos. Casa Manolo no figuraba en ninguna guía, ni repajolera falta que le hacía, fue el buen trato y los buenos precios unidos al boca a boca, lo que pronto hicieron de la modesta casa de comidas un referente absoluto para aquellos primeros peregrinos que aparecían en Compostela recorriendo un Camino resucitado. Después, ya en los noventa, llegó el maremagnum a la modesta casa de comidas, el magnífico totus revolutum gastronómico y vital que muchos peregrinos no dejaban de practicar por nada del mundo, después de la visita a la Rúa do Vilar y su Oficina del Peregrino y del abrazo al Apóstol que sonríe bondadoso en la cercana catedral.
Pero fue precisamente a finales de los noventa cuando vino “el cambio”. El viejo local se quedaba pequeño ante la marea peregrina así que José Luís Gayoso, yerno de Manolo y al frente del local, “tiró palante”, se estableció en Cervantes en los antiguos locales de Almacenes Simeón, se sentó con el arquitecto Pedro del Llano y de ahí salió el coquetón local de diseño actual. Naturalmente, cundió el pánico entre la peña habitual, ya mayoritariamente peregrina: “José Luís ahora ha abierto un local para la pijería”. Pero nada más lejos de la realidad: los quince primeros platos a elegir, los quince famosos segundos, el precio moderado como pocos, la filosofía de siempre y sobre todo la sonrisa abierta y la mano tendida a los peregrinos hicieron el resto: local siempre a tope y clientela peregrina “in crescendo”. A los valores gastronómicos de Casa Manolo hay que añadir (incluido en el precio) la sabiduría, la cordialidad y la paciencia del propio José Luis y de toda su gente, algo realmente difícil de conseguir en medio del aparente caos (perfectamente organizado, por otra parte) del restaurante en hora punta, justo cuando se mezclan lenguas inverosímiles pidiendo chipirones con arroz o caldo gallego, una fotografía con Manolo (los brasileños le adoran), un consejo, un recado traído de lejanos países… todo el ecumenismo, toda la solidaridad y la inmensa fiesta del Camino se congregan allí.
José Luís no quiere publicidad (le sobra), no quiere entrevistas, “lo importante no soy yo, son ellos”, dice refiriéndose a la clientela feliz que vocifera en las mesas. Realmente un mito del Camino de Santiago. Pertenece a la estirpe de Pablo Payo, el inolvidable mesonero de Villasirga, en los Campos Góticos, y representa cincuenta y seis años de trabajo bien hecho, un día y todos los días, que demuestra que no todo en el Camino es picaresca y abuso, que todavía quedan lugares donde el peregrino es recibido con cariño, tratado con esmero, escuchado, alentado. A José Luis sólo le queda una cosa tras tantos años a pie de obra y hablando de un Camino que conoce de carrerilla: “hacer” el Camino. Lo tiene difícil, a no ser que lo haga debidamente disfrazado, es querido urbi et orbi y no pasaría de Navarra. Y eso le pasa por haberse convertido en uno de los símbolos de una Compostela perenne, acogedora, abierta a todos (como en los siglos) y que aún pervive entre los muros de locales como Casa Manolo, la otra catedral de Santiago de Compostela."
"El Camino discurre por las callejuelas del barrio de San Pedro, que dan la bienvenida al peregrino con sus pequeñas e históricas casas, atraviesa Porta Faxeira y sube la cuesta de Casas Reais para llegar a la plaza de Cervantes. En ese punto, la parada es obligada: Casa Manolo, un lugar de paso y reunión para los visitantes de Compostela.
El restaurante, que nació como una modesta casa de comidas en la rúa Travesa, fue fundado por los hermanos Manuel y Antonio Rodríguez Gómez hace más de 50 años. Éste lleva sirviendo, incansable, a miles de comensales los platos caseros que lo caracterizan.
¿La fórmula de su éxito? Casa Manolo cubre un nicho de mercado que hasta el momento no había sido explotado. Los caminantes, hartos de una Ruta en la que las comidas copiosas son forzosamente sustituidas por bocadillos, llegan a la meta de su recorrido con ánimo de premio gastronómico y con los bolsillos más vacíos tras la Ruta.
La relación del restaurante con el Camino de Santiago es indudable. De hecho, los peregrinos suponen un 80% del total de los clientes que se acercan cada jornada al establecimiento, y que degustan la variedad de platos del ya acuñado como menú del peregrino, 15 primeros y 15 segundos a elegir.
Y es que "Santiago vive del Camino, un bien que debemos cuidar para mantenerlo", afirma Paloma, hija de José Luis Gayoso, quien lo regenta actualmente. Y Casa Manolo vive de los peregrinos, con los que mantiene una relación especial, que pervive con los años. "Un grupo de la Bañeza nos visita desde hace 20 años, tampoco faltan a la cita anual excursiones de Godelleta, en Valencia, y Membrilla, en Ciudad Real, por citar algunos ejemplos de estos días".
Asimismo, el restaurante ha recibido la visita de asociaciones de amigos del Camino de Santiago de ámbito nacional e internacional. La de São Paulo ha dejado su particular huella en el establecimiento, con la bandera que preside el comedor principal, singular reliquia qua llama la atención de los brasileños que acuden a esta casa de comidas.
Semana Santa supone el albor de los meses de mayor actividad, que se concentra en mayor medida entre el 15 de julio y el 15 de agosto, cuando el trajín en los dos comedores que posee el establecimiento es constante.
Casa Manolo, a 50 metros de la Catedral, se erige como el templo culinario del peregrino, que se encuentra, se reúne y junta en el banquete de la plaza de Cervantes, cumpliendo con el ritual gastronómico xacobeo.
Estos comedores han albergado a comensales de todo el mundo, la mayor parte peregrinos que, invitados por el boca a boca al que tanto debe el restaurante, acuden a este rincón del casco viejo, punto de encuentro del viaje xacobeo."
"El restaurante Casa Manolo, de la Praza de Cervantes, acaba de salir al mercado del alquiler. El establecimiento se oferta en la página web de la inmobiliaria Quatrium por 9.000 euros mensuales. La decisión se adoptó hace unas pocas semanas, y Paloma Gayoso, hija del fallecido José Luis, explicó que la intención no es cerrar ni dejar la actividad. De hecho, Casa Manolo seguirá abierto hasta enero, cuando cerrará como todos los años para dar vacaciones al personal y «también para descansar nosotras, porque este ha sido un año muy difícil». Tras las vacaciones, Casa Manolo volverá a la normalidad.
"Yo estaría dispuesta a seguir con el restaurante que fundó mi abuelo materno, pero tantear el mercado para saber si podríamos encontrar alguien que puede conservar el legado de mi familia, explica Paloma.
Esta joven empresaria, que trabajó en el local al tiempo que cursaba sus estudios de Derecho, tiene claro que «no será fácil conseguir alguien para dejarle el negocio, porque queremos que se mantenga el legado de mi familia". Casa Manolo es más que un negocio para nosotras».
El restaurante fue fundado en 1953 por el abuelo materno de Paloma, Manuel Rodríguez Gómez, con la ayuda de su hermano Antonio, que poco antes había abierto el también famoso La Tita, en la Rúa Nova. En los años 80, José Luis Gayoso comenzó a trabajar en el local, y cuando se casó con Manuela González, hija del fundador, el matrimonio asumió la gestión. Manuela siempre fue la encargada de la cocina, y José Luis trabajaba en el comedor. El empresario, a lo largo de las cuatro décadas vinculado a Casa Manolo, consiguió convertirse en uno de los hosteleros más queridos de la ciudad, y este cariño se refrendó con la concesión del galardón de hijo adoptivo, otorgado por el Concello de Santiago.
Casa Manolo es un referente entre los estudiantes de varias generaciones en Santiago, y también consiguió hacerse un hueco entre los establecimientos hosteleros más visitados por los turistas y peregrinos. Su nombre aparece en las guías de viajes y está siempre entre las recomendaciones de las plataformas de restauración."
"Situado en plena plaza de Cervantes, en el tramo final del Camino Francés y a “cien pasos de la catedral”, este emblemático restaurante lleva décadas dando alimento al agotado romero en la meta de su peregrinación.
Su tradicional comida gallega en cantidad y a buen precio ha hecho de Casa Manolo uno de los establecimientos de referencia para los peregrinos que llegan a Compostela. Situado en pleno Camino Francés, en la antigua plaza de O Campo (hoy Cervantes) su fama no solo se ha transmitido de boca en boca sino que ha llegado hasta las guías más utilizadas que lo señalan como un lugar de necesario paso en el camino.
Son muchos los peregrinos que se reencuentran en este local tras haberse conocido en algún punto de la ruta y que sellan aquí una amistad breve pero intensa. Tanto como lo es la experiencia jacobea.
El restaurante posee varios premios de arquitectura por su diseño innovador y por la magnífica rehabilitación llevada a cabo entorno al año 2000 por Pedro de Llano. Gracias a esta reforma la casa de comidas preferida de los estudiantes compostelanos por su relación calidad-precio pasaba a convertirse en un establecimiento moderno, cuidado y sumamente agradable.
Hoy los peregrinos han sustituido en gran medida a aquellos estudiantes, aunque en invierno ambos colectivos comparten protagonismo en el amplio comedor de Casa Manolo. Y junto con ellos muchos compostelanos acuden en busca de sus generosas raciones a precios razonables y en un entorno inigualable."
"Si hoy os contamos que ha fallecido José Luis Gayoso, a la mayoría de los lectores es probable que no os suene el nombre, pero si añadimos que se trata del gerente y propietario del restaurante Casa Manolo, todos los peregrinos sentiréis una amarga emoción.
En efecto, José Luis llevaba años al pie del cañón en un negocio familiar, junto con su mujer Manuela y su suegra Inmaculada en la cocina, ofreciendo un menú copioso, con muchos platos a elegir, a un precio imbatible, con el mérito que tiene hacer algo así, conjurando tentaciones, en pleno casco histórico compostelano.
Durante los años universitarios recuerdo haber sido un asiduo cliente de la casa cuando aún estaba en la Rúa Travesa, donde había abierto sus puertas en 1953 por obra y gracia de los hermanos Manuel y Antonio. En los años 80 era un local frecuentado sobre todo por estudiantes, que nos sentábamos en cualquier mesa, aunque estuviese ocupada y mientras hubiese sillas libres, lo que constituía una buena disculpa para «ligar». Había que comer rápido, porque la filosofía de la casa era dar cuantos más menús mejor, nada de tertulias. En aquel entonces el precio era de 300 pesetas.
Con el traslado a la Praza de Cervantes, y el pulcro diseño minimalista del arquitecto Pedro de Llano, muchos nos temimos que el encanto costumbrista de aquella casa de comidas, que parecía salida del relato troyano de Pérez Lugín, había concluido. Craso error, porque José Luis mantuvo el mismo estilo con un poco más de modernidad, nada más, y la costilla de cerdo seguía saliéndose del plato, ahora cuadrado en vez de redondo.
En esta nueva y brillante fase el local se consagró, definitivamente, como lo que en su día definimos como la meta laica del peregrino, entiéndase como complemento a la catedral. Se había convertido en una cita obligada para los que llegábamos a Compostela, que aquí nos encontrábamos, cuando aún éramos pocos, y departíamos. En los años 90 ya comenzaban a formarse colas, tan largas como las del abrazo del apóstol, y desde entonces Casa Manolo ha sido un fidedigno termómetro de la salud del Camino de Santiago.
Un día le pregunté a José Luis cuál era el secreto, tan bien guardado, para poder ofrecer aquellos platos caseros rebosantes, con tantas opciones para elegir, a un precio fijo tan ajustado. Me lo explicó, con esa sonrisa burlona de fina ironía galaica que lo caracterizaba, con pelos y señales, pero comprenderéis que no lo revele aquí, por respeto a la confidencia y, desde luego, para evitar que la competencia copie una fórmula que nada tiene que ver con los locales de comida rápida que ahora tanto proliferan.
Desde la comunidad peregrina echaremos de menos a una persona que, pese a la presión del turismo de masas, nunca ha perdido la paciencia y las buenas formas, y que ha sabido concedernos una satisfacción en la meta, quizá el lugar más difícil para conseguirlo.
Nos permitimos, en nombre de los seguidores de Gronze, enviar un cariñoso saludo a Manuela, su mujer, y a Paloma, su hija, animándolas a seguir con un proyecto que es mucho más que un restaurante, pues ya ha alcanzado la categoría de mito. Y mitos, en el Camino, quedan muy pocos. ¡Gracias, José Luis, por tu dedicación y amistad!"
"El nombre (algara) que, probablemente, esté relacionado con la práctica medieval de las incursiones de tropas en territorios foráneos en busca de botín, se ajustaría bien a la zona alta de la ciudad conocida como de la Atalaia, que, desde la estrategia militar, habría que cuidar en tiempos de guerra, pues la ciudad discurría a sus pies y sería presa fácil de la artillería enemiga, que podría tener en el Hospital de San Roque un magnífico aliado para su asentamiento. Otra hipótesis vincula el término a una sustancia de olor intenso utilizada en algunos productos de cosmética y perfumería de origen foráneo que se comercializaría aquí, en proximidad con el barrio judío."
"Las obras de rehabilitación del Banco Gallego, en la plaza de Cervantes, para convertirlo en la sede compostelana de la Fundación Caixanova se iniciaron hace tan solo días, y estarán terminadas a finales de 2009, con la vista puesta en el Año Santo de 2010. El arquitecto responsable del proyecto, José Luis Pereiro, explicaba ayer en declaraciones a este periódico que la obra será una "rehabilitación total" del edificio, en la que se invertirán seis millones de euros.
El técnico -bisnieto de Manuel Pereiro Caeiro, el arquitecto que lo diseñó- explica que el inmueble "está muy catalogado", por lo que la única posibilidad que existe es rehabilitar y "conservar todos los elementos", así como la estructura. La única reforma prevista es la del espacio exterior, en la parte trasera del edificio, "que se rehabilita como jardín" que ya existió en el XIX. El plazo para completar las obras que maneja el arquitecto es de 14 meses, "hasta el 31 de diciembre de 2009", un período que considera "bastante corto" para el trabajo que va a suponer la "rehabilitación total" del inmueble.
El edificio albergó en su origen la Banca de Olimpio Pérez, después absorbida por el Banco Gallego. En un primer momento, la familia de banqueros se asentó en el palacio de los vizcondes de Torres Novaes, en el 17 de la plaza de Cervantes. A finales del siglo XIX la banca se expandió: adquirieron los cinco edificios colindantes para derribarlos y hacer la nueva sede. En su día, la demolición del palacete renacentista generó polémica, pero en 1886 se construía el nuevo edificio, que ha conservado durante más de cien años la majestuosidad y los lujosos acabados de la época de Olimpio Pérez.
Mientras inicia las obras en Cervantes, la Fundación Caixanova está negociando con Patrimonio la modificación del Plan Especial que permitirá convertir el edificio de almacenes El Pilar en un auditorio. "Esperamos que se resuelva de aquí a final de año", explica Pereiro, si bien ya se da totalmente por descartado que la obra pueda estar terminada para el Año Santo. "Hay que hacer toda la demolición y es muy problemático", apunta el técnico, que no quiere barajar, por ahora, fechas para la puesta en uso.
Uno de los elementos más valiosos del edificio de Cervantes son las carpinterías de pinotea, una madera que se trajo desde África y que se utilizó para suelos, contraventanas y artesonados. Estos elementos han superado ya los cien años y se conservan en buen estado. Forjas y vidrieras forman parte también de la lista de elementos a conservar.
El proyecto de José Luis Pereiro supone recuperar el jardín con que el palacete contaba en sus orígenes, en la parte trasera. A lo largo de los años este espacio fue invadido por casetas de servicios, con una construcción deficiente y que no cuentan con ningún valor. Son lo único que está previsto eliminar durante la rehabilitación.
El inmueble que Manuel Pereiro Caeiro diseñó en 1886 rompió con los moldes de la construcción que hasta ese momento se estaba haciendo en Compostela. El edificio de la plaza de Cervantes se convirtió así en el primero con un aire de modernidad, acorde con las inquietudes y los gustos de la burguesía de finales de siglo.
El Banco Gallego, que adquirió la Banca de Olimpio Pérez, respetó cada detalle del edificio. Hasta el momento del cierre de la entidad, en 2006, los retratos de la familia fundadora presidieron el despacho del director, mientras que en la planta baja se conservaban vidrieras, forjas y escalinatas de mármol ."
"Situado en un edificio de finales del siglo XIX, en la céntrica Praza de Cervantes, el Centro Abanca Obra Social dispone de tres salas de exposiciones, una sala de conferencias, varias aulas y talleres para la organización de actividades formativas de diversa índole, salas de reuniones y un centro de Información, Asesoramiento e Integración Sociolaboral para Inmigrantes. Alberga, además, la primera exposición permanente de arte gallego en Compostela."
"Enrique es un veterano de la banca compostelana que hace poco abandonó su oficio tras 44 años de servicio. Entró como botones («todos entraban así en aquella época, en donde llegamos a ser 30 botones») el 22 de febrero de 1965 en la oficina principal de Hijos de Olimpio Pérez, hoy Sabadell-Gallego. Ya por entonces residía en la casa familiar de Raxoi, 6, la misma que ocupa hoy. El ambiente en las dependencias de Cervantes era entrañable: «En el banco éramos una gran familia, en donde se sabía todo, si íbamos a misa o no». Eso hoy suena a chino: «Son dos mundos tan opuestos que no se parecen en nada. Hoy la gente en los bancos es menos que un número».
Enrique vivió una crisis y la entrada del Central de Alfonso Escámez. A esas alturas, y subiendo los peldaños del escalafón, era apoderado. Luego pasó a interventor de la oficina principal del entonces Banco de Crédito e Inversiones: «Estoy contento porque pasé por puestos importantes y de confianza».
El banco tenía mucha clientela. Curiosamente, en la primera etapa las sotanas barrían los escalones de la oficina: «El clero era todo de Olimpio Pérez. No había un sacerdote que no tuviese cuenta aquí». ¿Y cómo se trataban? «Muy bien». Los jueves el mínimo relax era imposible. La feria atraía a la ciudad y al banco a riadas de personas. Las colas eran de órdago: «Venía toda la gente de las aldeas». Una estampa que adquirió el color sepia: «Hoy hay oficinas en cualquier sitio. Antes no había otro remedio que ir a las ciudades».
La competencia de los bancos no entrañaba la ferocidad actual. Pero sí la había con las pagas extras. Si otro banco abonaba una cierto día, el de Cervantes no iba a ser menos: «Por cualquier motivo daban una extra». Los dientes del redactor se alargan como un acto reflejo.
El cierre de la oficina de Cervantes fue duro: «Sentí una pena grande al dejarla. Trabajé ahí 39 años y era mi segunda casa».
Junto a su actividad bancaria, el mundo deportivo y el entorno vecinal suscitaron el interés de Enrique, que ha seguido en estos últimos años las obras de la rúa Raxoi y ha ido a menudo al pazo homónimo para abordar los problemas de la intervención: «Es que apareció una fuente en San Clemente y los dineros de la obra de la rúa Raxoi los han metido ahí en detrimento nuestro».
Este y otros problemas le hicieron meditar la necesidad de fundar una asociación de vecinos. Ya está creada. Se llama A Galea, denominación que tenían las huertas de la zona. La entidad abarca Raxoi, Trindade, San Clemente, Figueroa y Entrecercas. En los próximos días la directiva presidida por Enrique Martínez convocará a los vecinos a una reunión para analizar las necesidades y demandas e involucrar a los residentes: «Ya me llamó el edil José Rosende para conocerme».
En el plano deportivo, Enrique se encargó de poner en marcha la nueva etapa del club de baloncesto Peleteiro, a petición del director del centro. El equipo ha llegado a figurar en la liga EBA, pero era «complicado y costoso» mantener un elenco de altura. Por la cancha del Peleteiro han pasado más de una vez, sin embargo, ojeadores del Barcelona y del Real Madrid: «Es una buena escuela de baloncesto».
"¿ el soportal, tan presente en muchas ciudades y en Galicia particularmente en Santiago, nos recuerda que este inquilino urbano era un elemento beneficioso y perjudicial al mismo tiempo?
Lo primero porque actuaba como un gran paraguas para los viandantes, garantizaba la seguridad de sus desplazamientos, ampliaba la superficie de los pisos orientados a la calle y permitía la exhibición de mercancías a los establecimientos comerciales emplazados bajo ellos; lo segundo, fundamentalmente, porque suponía una clara injerencia en el espacio comunal pudiendo llegar a atosigarlo descaradamente. Sus amplias secuencias en Rúa do Vilar y Rúa Nova, las más memorables de toda la comunidad, nos recuerdan que su presencia se hizo particularmente insistente en la ciudad hasta que el siglo XIX le declarase una guerra sin cuartel que no terminó hasta bien entrado el siglo XX, pero para entonces había perdido sectores enteros y múltiples eslabones."
"En 1866 una orden municipal ordenó derribar muchos soportales compostelanos por su estado ruinoso. Se salvaron solamente los de rúa do Vilar, rúa Nueva, San Benito, Cervantes y Cantón del Toral, por su buen estado, conservando así el recuerdo del Santiago medieval, dándole a la ciudad una nota de encanto y admiración para sus visitantes."
"Los actuales soportales que existen en el casco histórico solo son una pequeña parte de los muchos con los que contó la zona. Muchos de ellos fueron desapareciendo para dar mayor amplitud a las calles y permitir el tránsito de personas y mercancías."
De nuevo es Javier Rosende Novo en El Correo Gallego (31-10-2024) quien nos informa de los cambios acontecidos en esta plaza y en concreto en sus soportales:
"La plaza, en realidad un rectángulo y un triángulo, que se erigen como lugar de encuentro de los dos grandes ejes norte-sur y este-oeste que vertebran la urbe, está centrada en la actualidad por una fuente decimonónica rematada por un busto de Cervantes, que es lo que da el nombre a este espacio, perimetrado por un puñado de edificios singulares. Durante siglos estuvo instalado en ella el rollo -columna de piedra utilizada como picota- para los enjuiciamientos, que luego se trasladó a Santa Susana. Con el tiempo ha ganado en uniformidad, aunque perdiendo ese pictoricismo que el tiempo le había ido otorgando con soportales altos y bajos, redondos y apuntados y una arquitectura variopinta que podía ir desde un palacio a un modestísimo inmueble."
"La plaza de Cervantes es uno de lo puntos de encuentro más habituales de los habitantes de Compostela, un emplazamiento en el que dar comienzo a una mañana de compras y recados o a una tarde de vinos y tapeo.
Esta plaza actúa como espacio organizador de una de las zonas más altas del casco histórico, y es que hasta ella acaban conduciendo casi todas las rúas de su entorno, ya saben, podríamos decir que todos los caminos llevan a Cervantes, con perdón de Roma.
Hay que decir que el busto del ilustre escritor que preside la plaza fue colocado en lo alto de una columna en la primera mitad del siglo XIX y con ello nos recuerda que el autor del Quijote portaba dos apellidos de origen gallego, Cervantes y Saavedra. Pero no piensen que este lugar debe toda su historia a esta figura de la literatura ya que tenemos que remontarnos atrás para explicar todo lo que acontecía en este emplazamiento.
Situándonos en el siglo XII, la que hoy es conocida como Plaza de Cervantes era conocida como el “Foro” pues era un punto donde el pueblo se reunía y acudían a escuchar al anunciador o pregonero que leía los acuerdos municipales y las ordenanzas del Arzobispo.
Posteriormente, la actividad comercial que generaba Compostela en la Edad Media era inmensa y era en esta plaza, la de Cervantes, en donde se sabe que hasta se llegaron a realizar autos de fe en tiempos de la Inquisición y que hasta 1570 se situaba en ella el rollo o columna en torno al cual se impartía justicia, una columna que venía de presidir ejecuciones en el Monte de la Almáciga y que pasó a la Carballeira de Santa Susana, en donde se le perdió la pista en el siglo XIX.
Como ya avanzábamos, esta plaza ubicada en el Norte del casco histórico, comenzó a ser un punto neurálgico de intercambio comercial en la época medieval y el sitio donde los pregoneros daban a conocer al pueblo las nuevas legislaciones, normas o cualquier acuerdo que hubiese decidido el Ayuntamiento.
Aquí encontramos la razón del nombre de una de las calles que va a desembocar en la Plaza, la Rúa do Preguntoiro. Preguntoiro, que viene de Preconitorum, era el término con el que se denominaba al encargado de pregonar las tarifas de los productos que se intercambiasen, intentando así, evitar posible fraudes, sin demasiado éxito, todo hay que decirlo.
Con el paso de los años, no pocos, la Plaza se convirtió en el lugar por excelencia de asentamiento de mercaderías, sobre todo de alimentos y pasó a denominarse entonces como Plaza do Pan o Plaza do Campo funcionando como el principal espacio de mercado de Santiago. Fue a finales del siglo XIX cuando ese espacio de mercado se trasladó a su ubicación actual, el Mercado de Abastos y entonces la plaza se bautizó con el nombre que luce hoy en día, Plaza de Cervantes.
Como curiosidad extra sepan ustedes que el entorno de esta plaza estuvo poblado sobre todo por la burguesía, los mercaderes, cambiadores de moneda, notarios e hidalgos urbanos que se repartían por allí y por Casas Reais, la Rúa da Moeda Vella y la zona de la Algalia. Además consta que en la Praza de Cervantes trabajaban los físicos y cirujanos de la ciudad entre los siglos XIII y XIV. Además en esta plaza estuvo ubicada durante dos siglos la antigua sede del ayuntamiento de Santiago, hasta que en 1787 se ubicó en el actual Pazo de Raxoi.
Actualmente es una de las plazas por las que pasear y es zona casi inevitable de paso si se quiere recorrer el casco histórico pues comunica la zona más baja con la más alta y es normal que la atraviesen varias veces en su visita. Parte de la plaza está cubierta por soportales es un emplazamiento estupendo para gozar de un café al sol, comprar algo en uno de los ultramarinos más antiguos de la ciudad, el mítico Cepeda o , simplemente, dejarnos llevar por el ir y venir de la gente, que recuerda a aquel foro que hoy vigila Miguel de Cervantes."
"En septiembre de 1575, un joven soldado se embarcaba en Nápoles rumbo a España para tratar de que le reconocieran el grado de capitán. Entre sus pertenencias había una carta de permiso de ausencia firmada por Juan de Austria y su hoja de servicios. Pretendía llegar a la corte, solicitar su nuevo puesto y volver a Italia al mando de su propio tercio. Pero cuando su barco navegaba frente a costas catalanas, el 25 de septiembre, fue abordado por una flotilla de corsarios argelinos. Tras ser llevado a Argel junto a su hermano, los piratas encontraron las cartas de recomendación, lo que les hizo pensar que se trataba de una persona importante por quien se podía conseguir mucho dinero. Fue vendido a un traficante de esclavos que lo mantuvo preso, a la espera del gran rescate que nunca llegaba, durante cinco años, hasta que, el 19 de septiembre de 1580, se compró su libertad mientras estaba en el puerto de Argel a bordo de una galera atado con dos cadenas. Cuando llegó a Madrid, en 1580, aquel joven alférez ya no era el mismo y decidió dejar el ejército y ponerse a escribir. Lo que nadie sabía en aquel momento era que aquel hombre, Miguel de Cervantes Saavedra, que acabaría convirtiéndose en la máxima figura de la literatura universal, tenía orígenes gallegos."
"¿Pero cómo surgió esta teoría? Durante años se ha considerado la posibilidad de la ascendencia gallega de Cervantes, básicamente porque la forma de expresarse en sus obras y las referencias a costumbres y fiestas muy localizadas en puntos de Galicia, parecían indicar que su conocimiento de la zona tan solo podía surgir habiendo nacido allí o teniendo orígenes gallegos.
Pero en 2011, esta teoría se convirtió en algo más que eso. Ese año fue hallado en la Biblioteca Nacional un documento del que ya existían copias y menciones, pero del que nunca se había encontrado el original. En este documento, descubierto entre los fondos de la biblioteca del Conde de Lemos custodiados en la propia Biblioteca Nacional, Méndez Silva, un reputado genealogista portugués del siglo XVII que fue cronista del Felipe IV, nombra en la genealogía del alcalde de Toledo, Nuño Alfonso, la procedencia gallega de este y se refiere a los Cervantes como sus ascendientes, dejando claro el origen gallego de esta familia.
En ese mismo documento se hace referencia a otro manuscrito anterior de Florian de Ocampo, que se custodiaba también en la biblioteca del Conde de Lemos, protector de Cervantes y de muchos de los ilustres maestros de las letras de la época, en el que se habla del cautiverio del escritor en Argel, de que era un prisionero muy destacado y que su origen estaba en tierras pertenecientes al Reino de Galicia.
Por si esto fuera poco, existen documentos del Colegio de los Jesuitas de Monterrei en Ourense, uno de los grandes centros educativos de España de su época, que afirman que Cervantes estudió allí, lo que le permitió conocer algunas de las fiestas y costumbres ancestrales del Entroido gallego como los peliqueiros, a los que también hace referencia en algunas de sus obras, además de mencionar su tartamudez.
El propio Cervantes, en un apunte autobiográfico, dice que “en los montes de León”, como denominan los lugareños a los picos de Os Ancares, “tuvo origen mi linaje”.
En cuanto a sus apellidos, Cervantes es un apellido exclusivo del actual ayuntamiento de Cervantes, en la provincia de Lugo, por lo que cualquiera apellidado así tiene allí su origen. Respecto al Saavedra, es uno de los apellidos más antiguos de Galicia, conocido desde hace más de diez siglos y originario también de la provincia de Lugo. Es tan antiguo que, cuando las familias nobles comenzaron a dar importancia a la antigüedad de sus casas durante la Edad Media, todos se pusieron de acuerdo en que los Saavedra eran anteriores a todos.
Con todos estos datos, en la actualidad, ningún biógrafo de Cervantes puede negar su origen gallego, pero entonces, ¿por qué lo ocultó? ¿Por qué Cervantes escondió e incluso ocultó su ascendencia? Lo hizo, al igual que Cristóbal Colón, por problemas con la justicia. El escritor había protagonizado un enfrentamiento en el cual dejó gravemente herido a su contrincante, en un duelo, una actividad penada por la ley, provocando que se viese obligado a huir a Italia y a ocultar su lugar de nacimiento o su ascendencia para evitar ser descubierto.
De lo que no cabe ninguna duda es que Cervantes no nació en Galicia sino, como indica la historia oficial, en Alcalá de Henares. Pero lo que ya jamás se podrá negar es que el origen del escritor más universal de todos los tiempos es tan gallego como una buena empanada de zamburiñas, un sabroso pulpo á feira o unos deliciosos pimientos de Padrón. Yo, personalmente, me quedo con las filloas. ¿Qué diría Sancho?"
"...no todos los viajeros jacobeos que llegaban a la ciudad necesitaban mendigar para comer y dormir. Muchos disponían de recursos suficientes o sobrados. Lo demuestran, como veremos, la actividad comercial que generaban y las calles con albergues y posadas para los peregrinos surgidas al sudoeste de la plaza de Cervantes. Fueron muchos y muy diversos los establecimientos de este tipo extendidos por la propia plaza del Campo y en las calles inmediatas de A Moeda -o Acibechería-, Moeda Vella, O Preguntoiro, O Vilar, Nova, O Franco, etc.Tenían carácter privado y sus principales clientes eran los extranjeros. Existían albergues atendidos por gentes nativas de los principales países de origen de los viajeros, que estos elegían por afinidad e idioma, Se abrían en casas de piedra y madera de distintos niveles de calidad, pequeñas y endebles a veces, y su capacidad se situaba en torno a las diez-quince personas. Sobre el coste comparado del alojamiento se conservan pocos datos. (...)Hay referencias a albergues, hospederías y posadas desde el siglo XII. Los establecimientos que conocemos es casi siempre por los relatos de los propios peregrinos. Solían tener curiosos y chocantes nombres: El Escudo de Francia, de lengua gala (s. XV), El Hombre Salvaje (s. XVI), Los Tres Culones -o Los Tres Inválidos- (s. XVI), de lengua, propietaria y criados flamencos, La Paloma Negra, también de lengua flamenca (s. XVI). etc. En Los Tres Culones logra quedarse, tras múltiples dificultades para conseguir alojamiento, el flamenco Jean Taccouen, señor de Zielbke, en 1512. "Eran tantos los peregrinos -afirma- que no se puede encontrar posada. Había que acomodarse a las casas de los burgueses y artesanos, y los peregrinos pobres iban a los hospitales (...)Una de las historias más tristes de las muchas, buenas y malas, que las concentraciones humanas de las distintas nacionalidades ocasionaban en las posadas compostelanas sucedió en el albergue privado de La Paloma Negra. A ella acudían peregrinos flamencos, al regentarla una mujer de este origen e idioma, natural de la ciudad de Gante.La historia, recopilada por Antoon Viaene, cuenta que en 1538 estaba alojado en el citado albergue el peregrino Lieven de Caluwe, que dos años antes había escapado de Gante tras robar y matar a Antheunis van den Bossche, un notable de la ciudad.En su huida, Caluwe, confundido como un peregrino más del Camino de Santiago, llega a Compostela, confiesa en la catedral y obtiene la absolución de su pecado. Dado su origen, se instala en La Paloma Negra, a cuya dueña, atormentado y arrepentido, confiesa una noche su crimen, tras emborracharse con vino de O Ribeiro.La alberguera contó meses después la historia a los peregrinos ganteses Symoen de Rudder y Jan Paridaen, que la divulgaron a su vuelta a la ciudad. Cuando Caluwe regresó a Gante, ignorando lo que les esperaba, fue detenido y condenado a la hoguera en agosto de 1539. (...)El italiano Nicola Albabi (1743 y 1745), por su parte, habla maravillas de su posadera, buenísima mujer, dice, en cuya casa "con poco gasto se estaba cómodamente". Y añade que "hay muchísimas mujeres que hacen este oficio de alojar peregrinos sin cobrar mucho por sus habitaciones y camas, todas con colchones de paja, pero las hay también cómodas y más limpias para personas distinguidas". Tal es el buen rollo del italiano con su posadera, María Crespa, que el día de su santo la invita a ella y a su marido, así como a otros italianos que se encontraban en la pensión, a una gran fiesta nocturna con comida, música y luminarias al estilo napolitano en la que se gasta los ahorros del viaje..."
"Estamos ante la calle de Santiago de Compostela de más intenso significado para los peregrinos, ya que es la última antes de descubrir la catedral compostelana. Surgida en la alta Edad Media, casi con los inicios de la peregrinación, se convirtió en la vía natural de llegada a la basílica para cuantos venían por el Camino Francés, que eran -y siguen siendo- la gran mayoría.
Después de entrar en la ciudad por la llamada puerta francesa de la desaparecida muralla -actual Porta do Camiño- subían por la llamada calle Francígena -también conocida como calle del Camino y hoy como Casas Reais y Ánimas- y desembocaban en la plaza del Campo -hoy de Cervantes- que era en aquel tiempo el centro comercial de la ciudad. Desde aquí iniciaban la bajada por la rúa da Acibechería hasta la plaza del mismo nombre, que daba a la catedral por su puerta norte, el principal acceso histórico de los peregrinos. Eran menos de 200 metros de recorrido, al final del cual aparecía rotunda la ansiada basílica.
En los siglos XV, XVI y XVII esta calle concentraba un gran número de artesanos del azabache, que realizaban en este negrísimo y enigmático mineral recuerdos sagrados para los peregrinos, sobre todo figuras del apóstol Santiago, pero también amuletos, entre los que consiguió gran popularidad la higa, considerada muy eficaz contra el mal de ojo. Hoy siguen elaborándose y vendiéndose estos objetos, tanto como artesanas obras de arte como souvenirs. Con el declive de las peregrinaciones, esta calle, A Acibechería, perdió gran parte de su idiosincrasia artesano - comercial orientada al peregrino y ahora en ella predominan bares y diversos comercios. Sigue siendo -eso sí- envidiable testigo de los últimos pasos de los peregrinos."
"La tienda de productos variados que, desde 1931, lleva el nombre de Ultramarinos Cepeda forma parte del paisaje de Compostela desde 1888. Posteriormente, el padre del actual propietario se puso detrás del mostrador hasta que su hijo, José Luis Cepeda (...), tomó el relevo en 1959. Ahora tenía previsto jubilarse lo antes posible.
Especias variadas, frutos secos recién molidos y frutas escarchadas son algunos de los productos que sigue vendiendo con éxito este histórico local. Es habitual que, cuando llega la Navidad, se formen colas para adquirir los turrones y polvorones que vende, así como las hojas de bacalao traídas desde Islandia. Otro éxito de las fiestas navideñas son los empiñonados...."
"Todos tenemos un ultramarinos en nuestra vida. Colmado, abacería, abarrote, desavío o ultramarinos vienen a ser lo mismo, pequeñas tiendas familiares que venden productos básicos y de primera necesidad como aceite, conservas, productos de higiene o fruta y verdura.Este tipo de negocios nacieron en el siglo XIX con el fin de comercializar los productos que llegan de las diferentes colonias de ultramar con las que contaba España. Es por ello que sobre todo encontramos gran tradición de ultramarinos en las regiones donde existía una tasa alta de emigración (Asturias, Andalucía y por supuesto, Galicia).
Estos establecimientos eran humildes pero daban todo lo necesario a los ciudadanos en una época donde no existían las grandes superficies. Además hay que tener en cuenta que hasta bien entrando el siglo XX los supermercados de gran tamaño estaban lejos del centro urbano y por tanto este tipo de establecimientos pequeños tenían una gran acogida entre los vecinos de los diferentes barrios que acudían a ellos para las compras del día a día.
Los ultramarinos solían estar ubicados en las esquinas para así “hacerse” con clientes de diferentes calles, aunque era habitual que incluso en la misma acera existiese más de uno. Como en todas las ciudades, en Compostela las costumbres de consumo han ido cambiando y poco a poco los ultramarinos han ido desapareciendo pero existen todavía algunos que nos transportan a unos años donde esos locales eran, además, puntos de encuentro y reunión de los vecinos y vecinas. Esto fue aprovechado por los dueños de los ultramarinos para llegar a instalar incluso pequeñas barras de bar donde servir cuncas y tapas.
Tal y como les contamos muchos de los ultramarinos picheleiros fueron cerrando y algunos de ellos se reconvirtieron en tiendas de souvenirs gastronómicos destinados al turismo. Pese a ello, en el casco histórico todavía quedan abiertos algunos ultramarinos que nos evocan tiempos pasados. (...)
Si hablamos de ultramarinos compostelanos es imposible no pensar en Cepeda, uno de los comercios históricos de la zona monumental. Este negocio familiar se mantiene muy fiel a sus orígenes y aunque se van adaptando a los gustos de la gente hay productos que no abandonan, como la mezcla de las especias para los callos o la bica, muy apreciada entre los paladares más exigentes. El ultramarinos llegó a contar con fábrica de chocolate y un amplio almacén que poco a poco se fue reduciendo.
El local mantiene su estética intacta y es imposible no perderse entre sus cristaleras, donde los carteles escritos a mano informan de los precios de los bombones, higos o la esencia de vainilla."
"José Luis Cepeda es toda una institución en Santiago, y un ejemplo para las jóvenes generaciones de comerciantes. «Yo solo soy un trabajador al que le gusta lo que hace», asegura José Luis, mientras no deja de atender a sus clientes y a los proveedores que le traen mercancía. El Ultramarinos Cepeda es uno de los pocos que se mantiene muy fiel a sus orígenes, «aunque algunos cambios hay. En lo que era el almacén está ahora la consulta de mi hija, y ya no hay fábrica de chocolate. Hay menos granel y más envasado, porque los gustos de la gente van cambiando. Aun así, las mezclas de las especias para callos y otras cosas sigo haciéndolas». En su origen, el ultramarinos era de un matrimonio al que sucedió el padre de José Luis, y desde entonces no ha dejado de estar al frente del negocio ningún día. «Siempre aquí. No pienso en la jubilación, pero quizá un poco más adelante coja la media actividad», comenta. Ante la falta de relevo generacional, «tengo desde hace un tiempo un empleado para cuando decida qué hacer. Pero, llevo aquí toda la vida, y no sé qué haría fuera del mostrador».
"La tarta de Santiago está elaborada con almendras pulverizadas y azúcar (el mismo peso de ambas) mezcladas con huevo. Se obtiene así una masa compacta a la que se le añade cierta cantidad de mantequilla o manteca. Posteriormente, se hornea en un recipiente refractario a 180 °C - 200 °C durante unos 45 minutos, hasta que la parte superior se endurece. Como detalle final, se suele espolvorear azúcar fino sobre una plantilla de la Cruz de Santiago, de manera que, al retirarla, la silueta de la cruz queda impresa.
Estas tartas no deben incluir nada de harina, salvo en la masa que las recubre por debajo (masa quebrada), pero sí incluyen canela y ralladura de limón. La tarta debe tener un color dorado al corte y su textura debe ser ligeramente esponjosa y algo granulada. El aroma característico de esta tarta es una mezcla equilibrada entre la almendra y el huevo."
"Se desconoce su origen, puesto que es prácticamente igual a la Tarta de Elche, de la que se distingue por no llevar nada de harina. No se sabe nada acerca del consumo de almendra en Galicia durante la Edad Media pero se sabe que la carestía de este alimento lo convertía en un lujo reservado a pocos. La primera noticia que se tiene del uso de este "bizcocho de almendra", al que hoy conocemos como Tarta de Santiago, procede de 1577 durante una visita de Pedro de Porto a la Universidad de Santiago aunque por aquel entonces era denominada "torta real" la elaboración y la proporción de los ingredientes hacía pensar en lo que denominamos hoy en día "Tarta de Santiago". Las primeras recetas fiables proceden de apuntes de Luis Bartolomé de Leybar que datan de 1838 bajo el epígrafe de "Tarta de Almendra".
"Cuando en 1924 José Mora abrió Casa Mora no se imaginaba que acabaría creando el emblema de la ciudad en lo que a pastelería se refiere. Él puso la cruz de Santiago a la famosa tarta de almendra, y fue también el responsable de otras innovaciones. A las distintas generaciones de Casa Mora se le deben las bombas, bombones o los primeros cruasanes de Santiago. La primera vez se degustaron en el Hostal dos Reis Católicos.
Casa Mora vivía de los compostelanos y de los universitarios que se concentraban en las facultades del casco histórico, y fue más adelante cuando cogió el bum del turismo, especialmente con la tarta de Santiago. La segunda generación la capitaneó el hijo de José Mora hasta su fallecimiento en 1987. Y fue su mujer, Teresa Bermúdez, la que se puso al frente hasta el año 2002. De ella todos recuerdan su moño blanco y su presencia constante en el local. De hecho, ganó en el 2000 la Medalla de Bronce del Concello. Actualmente, existe la pastelería Mercedes Mora –la nieta de José– en el n.º 50 del Vilar y en el 11 de Frei Rosendo Salvado."
"La tarta de Santiago es mucho más que un postre; es un símbolo de la tradición y la historia culinaria de Galicia. Con su distintiva cruz de Santiago dibujada en azúcar glas, esta delicia lleva siglos cautivando a los paladares y se ha convertido en un embajador de la gastronomía gallega en el mundo. Pero, ¿cuál es su origen? En nuestro restaurante gallego en Madrid, queremos compartir contigo la fascinante historia detrás de este manjar.
Los Primeros Pasos de la Tarta de Santiago
La historia de la tarta de Santiago se remonta al siglo XVI, aunque sus raíces podrían ser incluso más antiguas. Se cree que su receta está inspirada en las tartas de almendra que eran comunes en la cocina árabe durante la Edad Media. Con la llegada del Camino de Santiago y el auge de Galicia como destino de peregrinación, la tarta evolucionó hasta convertirse en un elemento representativo de la región.
La primera referencia escrita de la tarta de Santiago data de 1577, en un manuscrito del profesor Pedro de Portocarrero, quien mencionó una “tarta de almendras”. Aunque inicialmente no llevaba la cruz de Santiago, el uso de almendras y su textura esponjosa ya definían el postre que conocemos hoy.
La Tarta de Santiago: Un Símbolo con Historia
Fue en el siglo XX cuando la tarta adoptó su característica más icónica: la cruz de Santiago. Este detalle se añadió para reforzar su asociación con la tradición jacobea y el Camino de Santiago. La cruz se coloca como plantilla sobre la tarta y se espolvorea con azúcar glas, dejando su silueta perfectamente marcada.
Un Postre con Denominación de Origen
En 2006, la tarta de Santiago obtuvo la protección de la Indicación Geográfica Protegida (IGP), lo que garantiza su autenticidad y la calidad de los ingredientes utilizados. Según las normas de la IGP, una verdadera tarta de Santiago debe contener al menos un 33% de almendra, huevos, azúcar y no incluir harina, lo que le da su textura única y su sabor inconfundible.
La Tarta de Santiago Hoy:
En la actualidad, la tarta de Santiago se disfruta en todo el mundo, pero sigue siendo un referente en Galicia y una parada obligatoria para los peregrinos del Camino de Santiago.
Curiosidades sobre la Tarta de Santiago:
1. Un postre apto para celiacos: Al no incluir harina en su receta tradicional, la tarta de Santiago es una excelente opción para quienes siguen una dieta sin gluten.2. La forma redonda: Representa la perfección y la unidad, valores asociados al simbolismo cristiano.3. Un guiño al Camino: Muchos peregrinos la eligen como recompensa al llegar a Santiago de Compostela.
Disfrutar de una tarta de Santiago no es solo un placer para el paladar, sino también un viaje a través de la historia y la cultura de Galicia"
"En la región de Galicia, la devoción se lleva a la mesa con la ancestral tarta de Santiago. Este bizcocho de almendras es un manjar de la repostería gallega que debes probar en cuanto llegues a la región compostelana, pues tradicionalmente marca el final de la ruta jacobea del camino de Santiago, pero ¿cuáles son los orígenes de esta costumbre?"
El origen de la tarta de Santiago
La tarta de Santiago es un postre gallego de origen medieval, hecho con una mezcla de almendras, huevos y azúcar. Al probarla, es fácil percibir una textura peculiar, entre esponjosa y granulada, un gusto que también ha contribuido a su fama.
Este postre de almendras, ahora conocida como la tarta de Santiago, y mencionada por primera vez en el año 1577 durante una visita de D. Pedro de Porto Carrero a la Universidad de Santiago, se llamaba entonces “torta real”.
Las primeras recetas confiables provienen de las notas de Luis Bartolomé de Leybar y datan de 1838, con el título “tarta de almendra”.
La silueta de la Cruz de Santiago es sin duda un sello que certifica su originalidad. El origen de la Cruz de Santiago representada en su superficie, se remonta a 1924 cuando la repostería más grande de Santiago de Compostela, Casa Mora, concibió la decoración y comenzó a decorar la tarta con lo que se convertiría en su sello: la cruz de Santiago, símbolo de una antigua orden monástica y militar fundada en el siglo XII en el Reino de León y convertida en dinástica en 1482.
La Orden (pero también la tarta) debe su nombre al patrón de España y Galicia, Santiago el Mayor, Santiago Apóstol, bajo cuyos auspicios los cristianos de Galicia y Asturias comenzaron, en el siglo IX, a combatir a los musulmanes de España.
Desde el 3 de marzo de 2006 la tarta de Santiago puede presumir de ser un producto DOP (Denominación de Origen Protegida).
La tarta y la ruta jacobea
La tarta de Santiago se popularizó gracias a las peregrinaciones. Después de visitar la Catedral, los viajeros se disponían a conocer los rincones de la ciudad, y sobre todo la cocina local, de esta manera, la tarta aparecía como miembro imprescindible en las charlas de sobremesa de los visitantes.
Posteriormente, los peregrinos regresaban a casa con historias sobre la famosa tarta y recomendaciones de los mejores lugares para los próximos viajeros. Así se difundió la tradición entre los devotos."
"Ir de bares a tomar algo por Santiago a veces puede ser una autentica odisea, ya que entre los bares para guiris donde un agua te cuesta como si fuera champagne, los que parece que no tienen sitio nunca y los que una vez que encuentras uno, te das cuenta de que estás casi fuera de Santiago y que no te compensa,… al final no vives la verdadera experiencia Xacobea.
Por ello, en este artículo te traemos las mejores recomendaciones para tomar algo por Santiago y que no te tomen el pelo. (...)
Continuando con bares extravagantes e interesantes, nos encontramos con el bar A Gramola, donde nos podremos tomar algo con las vistas a la Plaza de Cervantes. Pero lo más importante de este bar es el ambiente que hay, puesto que se trata de punto de encuentro de práctica de baile y música en directo como pueden ser folk, rock, celta,…
Así que ya sabes, si quieres disfrutar la bebida acompañada de un buen espectáculo en vivo, no dudes en añadir este bar a tu lista de dónde tomar algo en Santiago."
"No importa si es de día o de noche, Santiago de Compostela es tremendamente variado y dinámico. Santiago es una ciudad con mucha vida cultural, en la que es frecuente encontrarse con múltiples eventos y conciertos diarios en sus bares principales. De la misma forma, existe un panorama del mundo folk y tradicional muy asentado en la ciudad, que posibilita la aparición de foliadas “espontáneas” en los locales de referencia del género.
La oferta de ocio nocturna se completa por sectores de la ciudad, en los que hay cabida para todas las edades y gustos. Desde bares de folk a bares de rock, pasando por discotecas o lugares de copas y cócteles relajados, con salas y jardines impresionantes.
Las “tabernas con arte” que nadie debería dejar de visitar son: El Atlántico, Casa das Crechas, A Gramola, El momo, Modus Vivendi, A Reixa, Riquela, La Flor, la terraza del Hotel Costa Vella, el Embora, la Borriquita de Belén, o Fonte sequelo, entre otras."
"Con la llegada del buen tiempo, Santiago de Compostela se transforma en un escenario donde las calles empedradas cobran vida bajo la luz dorada del sol. La brisa templada invita a prolongar las jornadas, y la ciudad se llena de risas y conversaciones que se extienden hasta bien entrada la noche. Es en este ambiente donde los pubs y bares de la ciudad se convierten en protagonistas, ofreciendo refugios acogedores donde disfrutar de una copa en buena compañía.
Santiago es hogar de una variedad de locales con carácter propio, cada uno aportando su esencia al tapiz nocturno de la ciudad. Desde establecimientos con décadas de historia hasta espacios modernos que marcan tendencia, la oferta es amplia y diversa. A continuación, una selección de los pubs más emblemáticos de Compostela, lugares donde la tradición y la modernidad se dan la mano para ofrecer experiencias únicas.
Situada en la Praza de Cervantes, A Gramola es una cafetería y bar que evoca tiempos pasados con su decoración y selección musical. Desde desayunos tempranos hasta conciertos en vivo, este local ofrece una experiencia completa para quienes buscan un ambiente relajado y cultural. Su terraza es perfecta para disfrutar de las vistas al casco histórico mientras se degusta una bebida. Por las mañanas, suele predominar el público turista."
"La Rúa da Acibechería se emplaza en uno de los dos grandes ejes de la ciudad que la atraviesan de norte a sur y de este a oeste cruzándose en la Praza de Cervantes. Forma parte de este último eje y se encarga de unir la Praza de Cervantes con la del Obradoiro en dirección a la Porta da Trinidade.
Recordada no sólo por la documentación y la toponimia, fue el emplazamiento de los trabajadores del azabache. Fue también un claro exponente de la estrechez de esa red viaria de la ciudad, incordiada por soportales, un caserío retranqueante y unos frentes tan próximos que, como en este caso, en determinados puntos se podrían alcanzar solo las tres varas de anchura (unos 2.5 m), con la correspondiente molestia para el tránsito de personas, pero sobre todo de caballerías y carros."
"Debe su nombre a que en ella funcionó el hospital de los peregrinos orientales, los más lejanos que recibía la catedral. Se situaba en el ángulo que forma esta vía con la propia Acibechería y en él se acogía a los devotos llegados de Palestina y Armenia, este segundo uno de los primeros países cristianos del mundo.
En su capilla se oficiaba misa en los ritos orientales, como el armenio. Perteneció a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén y a la catedral. Se cree que perduró hasta comienzos del siglo XVI."
"Dentro de la oferta del menú, hay un plato que se lleva la mayoría de los elogios: el pulpo a la gallega. Múltiples comensales lo describen como uno de los mejores que han probado, tierno y en su punto justo de cocción y pimentón. Este cefalópodo es, para muchos, la joya de la corona del local. Junto a él, otros platos como el raxo (lomo de cerdo adobado), las vieiras, la merluza fresca o el rape también reciben comentarios muy favorables, destacando el sabor casero y la buena mano en la cocina. La percepción general es que la comida es sabrosa, tradicional y se sirve en cantidades que, para la mayoría, resultan generosas.
Más allá del menú, Damajuana funciona como uno de esos bares de tapas donde se puede disfrutar de raciones variadas. La especialización en pulpo y raxo se extiende a la carta, consolidando su reputación en estos dos pilares de la cocina local. Es un lugar que apuesta por lo reconocible, por platos que evocan la cocina casera gallega, sin grandes pretensiones pero con una ejecución que satisface. Este enfoque lo convierte en uno de los bares recomendados para quienes no buscan innovación culinaria, sino el confort de un plato bien hecho y tradicional. La oferta de cervezas y vinos de la tierra complementa la experiencia, permitiendo un maridaje perfecto con los platos servidos."
"Perpendicular a la Rúa da Azibechería y paralela a la de Jerusalén, se encuentra una calle, la de la Troia, famosa más que por sus virtudes urbanísticas por haber acogido el escenario de una célebre novela estudiantil, La Casa de la Troya, de Alejandro Pérez Lugín. Su nombre no se vincula al de la ciudad que hicieron famosa los poemas homéricos, como en principio podría pensarse, sino que su procedencia, como la de otras Troias de la toponimia gallega y portuguesa, se vincula a la evolución secular del término celta Turobriga, “ciudad fuerte”.
La calle, con su trazado irregular y cuya nota destacada la sigue constituyendo la antigua pensión estudiantil, con más méritos emotivos que arquitectónicos, es muy corta y terminaba sin solución de continuidad en una de esas calles a mitad de camino entre plazoleta y encrucijada, la de Brillares, que, a su vez, enlazaba con la de la Fonte de San Miguel, que en un momento atravesaba la y proseguía a través de la actual Rúa da Porta da Pena. Todo un trayecto que se pretendió, a finales del siglo XIX, convertir en desahogo para la , que se encargaba de la comunicación norte sur de la ciudad, que era la que registraba mayor movimiento al estar relacionada con la carretera de A Coruña a Pontevedra.
"Noche fría en Santiago de Compostela, a pesar de estar en pleno mes de Junio, y en nuestra ruta nocturna damos con un bar-tienda-bodega, todo en uno llamado O Filandón. Es un local esquinero que se divide en 2 estancias, la primera está dedicada a la venta de productos gallegos ( quesos, embutidos, vinos…) y la segunda, un poco más escondida, está habilitada a modo de pequeño bar.
La estética es rústica, con techos bajos, paredes de piedra vista y mesas de madera que le confieren un ambiente cálido y agradable. La clientela es mayoritariamente joven, seguramente estudiantes de las diversas universidades compostelanas y mucho peregrino o erasmus que han adquirido como costumbre dejar anotaciones en las servilletas que, posteriormente, cuelgan en las paredes y que le confieren al local una especial idiosincracia.
La oferta gastronómica no es muy extensa pero de calidad; sobre todo embutidos y quesos de la zona, empanada y tortillas que se pueden regar con una, esta vez sí, gran variedad de vinos. En definitiva, un bar ideal para picar algo en un ambiente joven y distendido a precios asequibles."
«Cuántas noches allí», lamentaban rápidamente en redes muchos compostelanos que se hacían eco de la «triste noticia».«Tomeille moitas en O Filandón na miña vida compostelá, e vivín un par de anos alí ao carón. Viño, pincho xeneroso, riquísimas tostas de xamón e queixo, pouca cobertura no móbil e moi amigable conversa con ela. Tíñao todo», reflexionaba un cliente en X, la antigua Twitter.
Las despedidas llegaban también desde el ámbito hostelero —«Gran profesional y mejor persona. Te echaremos de menos compañera»— e incluso de distintos políticos que no dudaron en compartir sus recuerdos de su paso por el emblemático bar. «Adeus a Isa, unha das facianas do casco vello compostelá e alma do Filandón. Tan directa e falangueira como boa xente. Que mágoa», compartía el socialista Miguel Alonso Pumar.
La hostelera regentaba el conocido local desde el año 2000. Anteriormente se había iniciado en la hostelería en el bar Calviño, en el Cantón de San Bieito, regentándolo con su suegra.
O Filandón, desde su arranque, se ganó el corazón de compostelanos y turistas tanto por su aire enxebre como por ser una vinoteca y tienda de productos de degustación en la que disfrutar de ricos embutidos o quesos. Sus conocidas tostas eran otro de sus grandes reclamos. En los últimos años el local también se había hecho famoso por la tradición instaurada en él de dejar mensajes en servilletas de papel en sus paredes."
"Estamos ante la calle de Santiago de Compostela de más intenso significado para los peregrinos, ya que es la última antes de descubrir la catedral compostelana. Surgida en la alta Edad Media, casi con los inicios de la peregrinación, se convirtió en la vía natural de llegada a la basílica para cuantos venían por el Camino Francés, que eran -y siguen siendo- la gran mayoría.
Después de entrar en la ciudad por la llamada puerta francesa de la desaparecida muralla -actual Porta do Camiño- subían por la llamada calle Francígena -también conocida como calle del Camino y hoy como Casas Reais y Ánimas- y desembocaban en la plaza del Campo -hoy de Cervantes- que era en aquel tiempo el centro comercial de la ciudad. Desde aquí iniciaban la bajada por la rúa da Acibechería hasta la plaza del mismo nombre, que daba a la catedral por su puerta norte, el principal acceso histórico de los peregrinos. Eran menos de 200 metros de recorrido, al final del cual aparecía rotunda la ansiada basílica.
En los siglos XV, XVI y XVII esta calle concentraba un gran número de artesanos del azabache, que realizaban en este negrísimo y enigmático mineral recuerdos sagrados para los peregrinos, sobre todo figuras del apóstol Santiago, pero también amuletos, entre los que consiguió gran popularidad la higa, considerada muy eficaz contra el mal de ojo. Hoy siguen elaborándose y vendiéndose estos objetos, tanto como artesanas obras de arte como souvenirs. Con el declive de las peregrinaciones, esta calle, A Acibechería, perdió gran parte de su idiosincrasia artesano - comercial orientada al peregrino y ahora en ella predominan bares y diversos comercios. Sigue siendo -eso sí- envidiable testigo de los últimos pasos de los peregrinos."
"Debe su nombre a que en ella se concentraron los talleres y tiendas de azabache -acibeche, en gallego-, la piedra negra protectora deseada y adquirida por los peregrinos en forma de conchas, imágenes de Santiago, rosarios, higas, etc."
"Si hay un recuerdo identificado con los viajeros del Camino en Compostela, es el de los emblemas y tallas de Santiago peregrino que estos llevaban de vuelta a sus países de origen realizados en la mítica y enigmática piedra de azabache. La artesanía de este delicado lignito, que sigue formando parte de la imagen de la ciudad, alcanzó gran perfección, como demuestran las piezas conservadas en varios museos de Europa.No todos los peregrinos podían permitírselo. Pero los que disponían de recursos, lo tenían claro. Sabían del doble poder protector del azabache, que al que se le otorgaban desde tiempo ancestral distintas culturas, sumaba el derivado de su adquisición ante el sepulcro del amado e intercesor apóstol Santiago, tras el ímprobo esfuerzo del camino. Así sucedía con las delicadas formas de concha de vieira, las imágenes de Santiago con vestimenta de peregrino o los rosarios.Había, en todo caso, una figura en la que mucho peregrinos intuían una triple protección. Nos referimos a la higa (figa en gallego), el amuleto con la mano cerrada con el pulgar asomando entre el índice y el corazón. A las dos anteriores unía la derivada de esta forma universal contra el mal de ojo. De ahí su éxito, que continúa en el presente.La catedral y el poderoso gremio de los azabacheros controlaban la calidad de la piedra -la mejor venía de las minas de Asturias-, fijaban precios y luchaban contra las falsificaciones. Merecía la pena, porque el negocio, iba mejor que bien. En 1200 un acuerdo entre la basílica y los azabacheros fija en un máximo de cien el número de tiendas dedicadas a esta actividad."
"La artesanía basada en la piedra de azabache es la más característica del mundo jacobeo compostelano. No se conoce con certeza como se convirtió, junto con las labores en plata, en la de mayor éxito entre los peregrinos de la ciudad. Están pendientes estudios más amplios sobre la expansión de esta artesanía adquirida en Santiago por los peregrinos, pero lo cierto es que se extendió por gran parte del continente europeo, en un proceso de difusión semejante al producido con las conchas de vieira, adquiridas en masa por los llegados a la meta compostelana.
Quizá se deba este éxito a las propiedades mágicas concedidas desde antiguo a este lignito compacto y escaso, de intenso color negro y de un espléndido, elegante y siempre misterioso brillo una vez pulido. San Isidoro (s. VII) hablaba de sus bondades protectoras. También ayudó a que Santiago se convirtiera en el gran centro histórico de esta artesanía el hecho de que las escasas minas donde se obtenía este mineral estaban en Asturias, relativamente cerca de la ciudad. Era además una materia prima de gran calidad y finura y menos costosa que los metales preciosos.
Ya en el siglo XIII estaba la artesanía del azabache asentada en la ciudad. Figuras con la forma de la concha de vieira y esculturas representando a Santiago con el atuendo tradicional de peregrino resultaban los motivos con más éxito, seguidos, avanzando el tiempo, del Santiago matamoros, en este caso destinado a los peregrinos españoles, y los rosarios con iconografía alusiva.
Tenía también gran acogida -y la sigue teniendo como souvenir- un amuleto contra el mal de ojo ampliamente difundido en Europa durante siglos. Nos referimos a la higa, una escultura de tamaño variable en forma de puño con el dedo pulgar situado debajo del índice que se utilizaba sobre todo para -con la ayuda de Santiago- proteger a los niños del mal de ojo.
El gremio de los azabacheros
El de los azabacheros, nacido en el siglo XIV, fue quizá, junto con el de los cambiadores, el más poderoso y pujante gremio artesanal compostelano centrado en la atención a las necesidades y demandas de los peregrinos. Resulta ser también uno de los más activos, llegando a contar con varios cientos de profesionales y aprendices en los momentos de mayor pujanza, en los siglos XV, XVI y parte del XVII. Se agrupaban en torno a la Cofradía de Santa María, cuya existencia se constata desde 1410.
El nivel de calidades, y por lo tanto su precio, según se tratara de una u otra piedra de azabache era notable, lo que permitía dar respuesta a todo tipo de demandas y disponibilidades. A veces las piezas se engastaban en plata y se adaptaban como colgantes e insignias, pero esto se dio sobre todo en los últimos siglos, en los que plateros y azabacheros unieron su actividad.
El éxito de esta artesanía habla a las claras del notable poder adquisitivo de muchos de los peregrinos que visitaban la ciudad, ya que el precio de las manufacturas azabacheras de calidad era elevado, tanto por el coste de esta piedra como por la dificultad de su tallado y pulido. Fue así como en el siglo XVIII, ante la gran disminución de peregrinos, sobre todo de origen extranjero, esta industria entró en decadencia, dejando en un segundo plano los motivos jacobeos y abriendo el camino a otros productos, como los collares, pendientes, etc.
La producción y venta de las manufacturas en azabache se concentraba en la plaza y rúa da Azabachería o Acibechería -sigue conservando esta denominación- lugares centrales de la actividad de los peregrinos históricos.
La artesanía en muchos momentos sublime del azabache compostelano tuvo repercusión en otros puntos de las Rutas Jacobeas, especialmente en ciudades próximas a las minas donde se obtenía. Destaca León, que conserva viva la memoria de la calle de la Azabachería, donde se concentraba esta actividad, en parte vinculada al mundo jacobeo. También Oviedo, meta y lugar de paso de peregrinos, cuenta con una vieja tradición.
El azabache hoy
El número de profesionales compostelanos que mantienen viva esta histórica artesanía es reducido. Quedan en activo apenas una decena de maestros, que además tienen que enfrentarse a un grave problema: la minería del excepcional azabache asturiano muestra síntomas de agotamiento. A cambio, está muy vivo y presente por tiendas de toda la zona histórica el azabache de factura industrial y de origen más impreciso: presenta una menor calidad, según determinados expertos, pero ofrece precios al alcance de casi cualquier bolsillo.
Las más clásicas producciones de inspiración jacobea, que renacieron en el siglo XX con el propio resurgimiento de la peregrinación, vuelven a competir con el gran éxito de ventas de otros productos en plata y azabache -pendientes, collares, sortijas, etc.- también característicos de la que fue y es la capital mundial de la artesanía en azabache. Las tradicionales conchas de vieira, la imagen de Santiago peregrino y las higas más depuradas son la gran referencia de la artesanía del azabache para los peregrinos y turistas más informados y con mayor poder adquisitivo. El mejor azabache compostelano sigue procediendo de Asturias, pero debido a su escasez también se importa, como decimos, de otras zonas del mundo -hay minas en Estados Unidos, Turquía, Alemania, etc.- donde se localiza casi siempre en pequeñas cantidades.
El Museo de Pontevedra posee la mayor colección del mundo de azabaches históricos compostelanos, con más de trescientas piezas. Hay también significativas muestras en otros museos españoles y europeos.
En Santiago es posible observar verdaderas obras de arte de la producción histórica azabachera en el Museo de las Peregrinaciones, con una amplia y reveladora colección, y en varias tiendas artesanas..."
El arzobispo Diego Xelmírez llegó a tener la potestad de acuñar la moneda propia de la ciudad, pues se sabe que en el año 1120 hizo construir una capilla en su pazo "ante la que se acuña la moneda, frente a la iglesia de Santiago, a la derecha se sale de la misma iglesia del Apóstol" por lo que esta rúa da Acibechería también sería llamada de la Moneda o Moeda
La mayoría de los peregrinos siguen de frente pues ese es el paso a la Praza do Obradoiro, lugar considerado, al menos en la mente de muchos, el kilómetro cero de la peregrinación. También desde la Praza da Inmaculada, justo antes del Pazo de Xelmírez, se accedía a la catedral por su portada norte, antiguamente del Paraíso, entrada histórica por el Camino Francés y donde estuvo durante siglos el Hospital para pobres y peregrinos de Santiago, el segundo que se fundó en la ciudad, también con Xelmírez, sustituyendo a uno más antiguo de tiempos de Alfonso III el Magno y el obispo Sisnando I junto a la antigua basílica prerrománica consagrada con su presencia en 899 sobre una más modesta iglesia de Alfonso II El Casto, santuario primigenio
No obstante, principalmente si es Año Santo Compostelano, suelen desviarse a la izquierda para dirigirse a la catedral de Santiago por la Praza da Quintana, entrando, como es preceptivo, por la Porta Santa, que se abre la víspera del Año Santo y permanece abierta durante el mismo. El Año Santo Compostelano se celebra cuando la fiesta de Santiago (25 de julio) cae en domingo, aunque ya se han celebrado algunos años santos extraordinarios, como el Jubileo de la Misericordia o la prórroga del Año Santo 2021 al 2022 por causa de la crisis de la covid 19










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