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martes, 24 de marzo de 2026

LA GRAN FACHADA BARROCA DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO EN LA PRAZA DO OBRADOIRO (GALICIA) EL HOSPITAL REAL, EL PAZO DE XELMÍREZ Y EL DE RAXOI: SAN FROITOSO Y EL ANTIGUO CEMENTERIO DE LOS PEREGRINOS EN LA SALIDA A FISTERRA


Catedral de Santiago y a la izquierda el Pazo de Xelmírez. Praza do Obradoiro


Esta es la magnífica fachada occidental de la Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Compostela, joya del barroco gallego del arquitecto Fernando de Casas Novoa, culminada en 1750, poco después de su fallecimiento, y que sustituye a la anterior obra románica, comenzada en 1075 con el obispo Diego Peláez e impulsada seguidamente por el primer arzobispo de Santiago Diego Gelmírez o Xelmírez, quien mandó construir su palacio arzobispal, el Pazo de Xelmírez también muy reformado, justo al lado y pegado a ella, por cuyo arco palacial bajan los peregrinos desde la rúa da Acibechería para salir a esta grandiosa Praza do Obradoiro, sin duda una de las grandes plazas del mundo, no abarcando esta expresión únicamente el tamaño físico sino también el espiritual, social, histórico y monumental, meta de todos los caminos de Santiago y un conjunto por lo tanto que constituye uno de los grandes símbolos de la humanidad


Praza do Obradoiro

La Praza do Obradoiro, donde la gran fachada barroca de Casas Novoa cubre el famoso Pórtico de la Gloria, obra cumbre de la catedral románica, obra del insigne maestro Mateo, fue sin embargo y durante siglos un inmenso taller, ruidoso y lleno de actividad de maestros canteros y otros profesionales que acometían las obras catedralicias y las de los demás edificios en torno a este emblemático espacio cargado de simbolismo donde confluyen a diario peregrinos y visitantes de todo el orbe

A la izquierda el Pazo de Xelmírez

Uno de ellos, el propio Pazo de Xelmírez que, a pesar de las reformas en él acometidas a lo largo del tiempo, sigue conservando su aire de fortaleza, pues no en vano el arzobispo lo mandó construir como residencia y como defensa tras tener que huir del anterior, al otro lado de la catedral, en la actual Praza das Praterías, cuando lo asaltó e incendió una revuelta popular contra el férreo dominio al que sometía la ciudad, con gravosos tributos, para emprender esta y otras numerosas iniciativas que engrandecieron Santiago y fueron fundamentales para la promoción de los caminos de peregrinación que a ella llegaban, pero a un inmenso precio. No obstante, una constante de la historia compostelana era el continuo estado de tirantez de los prelados, que gobernaban no solo espiritualmente templos y diócesis, sino también la ciudad con plenas atribuciones de mando y por tanto casi siempre en pugna con los poderes civiles y estamentos sociales, nobleza, burguesía y clases populares


Por el Pazo de Xelmírez llegan los peregrinos a O Obradoiro a través del Arco de Palacio, Arco de Xelmírez o Arco do Pazo Arcebispal; viniendo de la rúa da Acibechería y tras ver la fachada norte de la catedral que, como esta, sustituyó a la románica en el siglo XVIII


El pasadizo formaría parte, con sus bóvedas y sus capiteles románicos, de la obra acometida por el arzobispo en su pazo primigenio. Desde el piso alto del pazo, actualmente parte del  Museo de la Catedral, Xelmírez veía ir y venir a las gentes por esta que fue verdadera rúa mayor de la ciudad, que desde la Porta do Camiño, al este, entrada del Camino Francés y por lo tanto de la gran mayoría de los peregrinos, de antes y de ahora, salía al oeste por la Porta da Trinidade, otra de las de la antigua muralla, de donde arranca el Camino a Fisterra y Muxía


Antes de entrar en él los romeros jacobitas habrán pasado la histórica zona de los artesanos azabacheros, gremio que le dio nombre a la rúa, admirando el monasterio de San Martiño Pinario y acaso el exterior de la pequeña capilla de A Corticela, vinculados al origen del culto a Santiago en Compostela, así como la Praza da Inmaculada, solar del antiguo Hospital de Santiago, el primer hospital de acogida de peregrinos de la ciudad, de los tiempos en los que ni la catedral románica estaba hecha, sino de la fundación de la primera basílica, prerrománica, del prelado Sisnando I y el rey Alfonso III El Magno, quien acudiría a su consagración en 899 con su esposa Ximena


Aquella basílica, de la que se han hallado sus restos, se había hecho sobre un primer santuario de tiempos de Alfonso II El Casto cuando se consideró verídico el hallazgo del que se tiene por sepulcro de Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio en este lugar, localizado místicamente por el eremita Paio de Solovio, aldea cercana, quien lo habría puesto en conocimiento del obispo Teodomiro de Iria Flavia (antigua sede de la diócesis) y este a su vez avisaría a la corte alfonsina ovetense


Arriba, las bóvedas de crucería, cuyos nervios reposan sobre capiteles románicos, de los que hablamos en la entrada de blog correspondiente al trayecto desde la Acibechería hasta aquí, guardan el testimonio del obispo Xelmírez, quien alentaría también la publicación de los cinco libros del famosísimo Codex Calixtinus, cuya divulgación por toda la cristiandad supuso el espaldarazo definitivo al fenómeno de las peregrinaciones en el siglo XII y a la consideración de Santiago como una de las tres grandes ciudades santas de la cristiandad, junto con Roma y Jerusalén


Si bien la antigua portada norte de la catedral o del Paraíso (así llamada por las alusiones de su antigua iconografía a Adán y Eva) era la más empleada en el medievo por su inmediatez al Camino, y que en tiempos de Año Santo Compostelano (Xacobeo) la puerta jubilar es la Porta Santa, así como que actualmente se emplea para entrar a la catedral más la Porta das Platerías, la mayor parte de los peregrinos pasan por aquí hacia O Obradoiro, considerada por muchos el kilómetro cero de la peregrinación y, por sus dimensiones, ubicación, vista de la mítica fachada occidental del templo y un largo etcétera se ha transformado en un gran lugar de socialización de gentes de todos los rincones del planeta


A nivel popular el lugar es famoso y conocido por los conciertos musicales, de grupos o solistas, principalmente gaiteiros, que deleitan el trasiego de viandantes a horas estipuladas. Escribe de ellos, o en concreto de uno de ellos, Adriana Quesada para El Correo Gallego del 10-7-2023:
"La figura del gaitero que toca en el arco de la Catedral de Santiago se ha convertido en algo habitual en la vida de los transeúntes que, diariamente, pasan por la Plaza del Obradoiro. Su música se puede escuchar sobre el sonido de la lluvia e, incluso, por encima del bullicio y energía que siempre han acompañado a esta zona en las temporadas de turismo. Sin embargo, pocos se preguntan cómo es la rutina de estas personas que, diariamente, se colocan bajo el arco dispuestos a tocar durante largos periodos de tiempo.
Uno de estos gaiteros, ya que son varios a pesar de la creencia de que es una misma persona que toca eternamente, es Miguel Anxo. Este joven se levanta cada día a las cinco de la mañana con el objetivo de pedir un buen turno, puesto que para organizarse los gaiteros quedan por la mañana para repartirse las horas y no coincidir entre ellos. Su alarma suena a las cinco de la mañana y a las cinco y cuarto ya está recorriendo las oscuras y frías calles de la ciudad para ser el primero en llegar a la plaza del Obradoiro: “Una vez una señora me persiguió todo el trayecto, pasé un poco de miedo, pero a veces suceden cosas divertidas porque me encuentro a gente que vuelve de fiesta”. 
A las cinco y media de la mañana las calles están prácticamente desiertas, pero le gusta levantarse lo suficientemente temprano como para conseguir los mejores turnos: las 12.00 o las 18.00 horas. Una vez allí, espera a que todos los gaiteros acudan a este lugar para charlar con ellos y esperar hasta las siete de la mañana, hora en la que se termina la repartición y todos comienzan a hacer sus vidas. 
Una vez cogido el turno de las 12.00 horas, Miguel Anxo se prepara para pasar el resto de su día. Sin la posibilidad de volver a la cama, recorre las calles de Santiago y disfruta de la imagen de los primeros rayos de sol golpeando la fachada de la Catedral. Después se dirige a hacer recados y desayunar, momento en el que recuerda cómo fueron sus primeros días en la ciudad y lo mucho que le costó empezar a tocar bajo el arco en el que ahora pasa tantas horas. 
“Al principio no tocaba en público, fue algo que sucedió de una forma orgánica”, admite. Cuando tenía trece años conoció a una chica que también tocaba la gaita y que era un poco mayor que él y, tras hablarlo, ambos se aventuraron a tocar en la fiesta del Albariño. Después de esta primera experiencia tardó un poco en volver a formar parte del mundo de la música callejera, hasta que en el 2021 se atrevió a ponerse a tocar en las ruinas de Santa María (Cambados), donde recaudó el dinero suficiente para irse a vivir a Santiago: “Yo tenía claro que quería tocar aquí”. 
Durante unos días se paseó mirando a todos los gaiteros hacer su música y, de vez en cuando, preguntaba qué tenía que hacer para poder tocar en ese lugar. “Antes te hacían una prueba para ver como tocabas, pero ahora ya no”, comenta. Por ese motivo lo más difícil fue descubrir la forma en la que se organizaban pero, cuando lo supo, no tardó en unirse a este ejército musical, aunque “al principio con tanta vergüenza que hacía lo posible para no tener que encontrarme con los demás”. 
A las 11.00 horas comienza a prepararse para ir a tocar, cogiendo todas las partes de la gaita y esperando que esta esté afinada: “A veces suena mal y no soy capaz de solucionarlo”. A esto se suma que los cambios de temperatura afectan mucho al instrumento, algo que ha estado sucediendo constantemente en la ciudad compostelana. Primero coge el puntero, que es la parte por la que sopla, y después las palletas, que son piezas hechas de caña con una doble lengüeta encargadas de producir el sonido. 
A las 12.00 se presenta en el arco y sucede el cambio de gaitero, similar al cambio que hace la Guardia Real en Inglaterra. A partir del momento en el que se coloca en su silla y empieza a tocar, le espera una larga hora y media en la que su único objetivo será hacer sonar el instrumento. Sin embargo, tocar no es lo único que hace sino que, a pesar de estar concentrado en su música, también tiene que interactuar con el público. 
No son pocos los que se acercan a él para pedirle una canción, tomarse fotos o preguntarle acerca de lo cansado que es tocar. Miguel Anxo responde con alegría, deja que los niños se acerquen a mirar como toca con gran curiosidad y también permite que le saquen fotos sin temor a las cámaras: “A veces me pregunto en cuántos perfiles de Instagram me habrán subido”. Lo único que lo diferencia de un guardia de la reina de Inglaterra es que se mueve para tocar, pero su forma de mantener la calma ante todos los acercamientos de la gente que pasa por delante requiere de casi la misma concentración." 

Es pues este un gremio y lugar lleno de experiencias humanas de todo tipo en base a los gaiteiros y gaiteiras que aquí tocan, como Xei, la gaiteira de fascinó a Maná con sus muñeiras en el Arco de Xelmírez y hasta la invitaron a actuar en su concierto de Santiago, que es como titula Patricia Calveiro esta noticia para La Voz de Galicia del 12-7-2025:
"Entre los gaiteiros que tocan habitualmente en el Arco de Xelmírez y ponen banda sonora a la entrada al Obradoiro a través de la Acibechería, está Ceila Fong Padrón. Diez años lleva ella actuando en esta escalinata anexa a la Catedral de Santiago, dotada con una sonoridad excepcional. En este tiempo ha vivido en ese mismo marco muchas anécdotas, cuenta una gaiteira de origen cubano conocida artísticamente como Xei: «Me acuerdo una vez que un chico brasileño se quedó escuchándome. Se acercó y me dijo: ‘Eres la persona más auténtica que he visto en esta ciudad'». Y, el pasado viernes, estando allí recibió una inesperada propuesta del grupo Maná, a los que fascinó tanto con su música que hasta le ofrecieron tocar con ellos al día siguiente en el concierto que dieron en O Gozo Festival
«Era por la tarde y había poca gente. Yo estaba tocando una canción, se pararon y me pidieron alguna pieza más arriba, porque le gustan las cosas bien agudas. Interpreté un par de muiñeiras rápidas, la última de ellas A Freixa, unos tonos por encima de lo habitual», recuerda Ceila, quien confiesa que no reconoció a los componentes de Maná, ya que iban acompañados de una guía turística (María Otero, de Destino Noroeste). 
«Empezaron a hacerme preguntas y nos hicimos unas fotos juntos, como con tantos otros turistas que pasan por aquí... En un momento de la conversación pregunté a una persona que iba con ellos si eran un grupo de música y me contestó: ‘Sí, son Maná'. Yo no sabía ni que actuaban el sábado aquí. Y, después de tocar las muiñeiras, me invitaron a subirme al escenario en su concierto e improvisar unos temas. Les dije: ‘¿Estáis locos? ¿Queréis que actúe delante de toda esa gente sin ensayar nada antes?' Y me insistían: ‘No pasa nada, va a salir bien...' La verdad es que son muy majos. Que llevando tantos años de carrera sean tan cercanos, y contraten un guía para conocer las ciudades que visitan, ya dice mucho de ellos. ¿Quién hace eso?». 
Aunque la gaiteira cubana declinó su invitación, pudo ver igualmente el espectáculo porque le regalaron entradas para asistir. En su lugar fue Carlos Núñez, al que escuchó decir que haría lo posible para que su actuación pendiente con Maná llegase a buen puerto. Xei asegura que no se arrepiente de la decisión que tomó, si bien agradece enormemente el gesto que tuvo con ella la banda mexicana. ¿Y cómo acabó tocando la gaita una joven nacida en Santiago de Cuba? «Yo me vine a Santiago a hacer la carrera de Química con 19 años y me quedé aquí. Andaba con gente a la que le gusta la música tradicional y, con veintipico, empecé a estudiar gaita en la asociación Brincadeira, en la rúa do Home Santo. Este es el instrumento rey en Galicia, es algo mágico y único», afirma una artista y vecina de Santiago que hoy se dedica a la música y la agricultura, con su propio huerto. «Aquí no se puede vivir de la ciencia», constata una gaiteira que formó parte del grupo de micro abierto del bar Embora A Ver Que Sae."

Según salimos del Arco de Palacio lo primero que vemos suele ser la gran fachada del Hostal dos Reis Católicos, habilitado como Parador Nacional de Turismo en 1954 sobre el antiguo Hospital Real, el que fuera gran hospital de pobres y peregrinos de Santiago, obra de los años 1501 a 1511 patrocinada por los Reyes Católicos tras la guerra de Granada y en cuyo honor fue rebautizado. Cierra toda la Praza do Obradoiro por el norte y se extiende hacia la antigua Porta da Trinidade, donde actualmente la Costa do Cristo marca sal salida del Camino a Fisterra por la rúa das Hortas hacia San Lourenzo y Trasouto. A lo lejos vemos los montes de Sarela de Baixo, por donde dicha ruta se adentra tras dejar atrás el casco urbano de la ciudad por A Ponte Sarela

Las obras fueron sufragadas en 1499 por los reyes Isabel y Fernando, gracias a los ingresos obtenidos con la conquista granadina, haciendo realidad un compromiso contraído durante su visita a la ciudad en 1486 con el deán Diego de Muros. En concreto se encomendó dar un tercio del tesoro capturado, el llamado Voto de Granada, para construirlo y mantenerlo como agradecimiento al Apóstol. Estaría dedicado a los peregrinos pobres y enfermos ya que "muchos de ellos perecen en el suelo de la catedral y otras partes, por no tener quien los reciba y aposente". La iniciativa promovería aún más las peregrinaciones en un momento en el que que estaban decayendo por diversas vicisitudes históricas y sociales y aún decaerían más con la Reforma de Lutero. Leemos en la Xacopedia:

"Tras la derrota en 1492 del Reino de Granada, el último bastión musulmán peninsular, estos monarcas deciden agradecer la que consideran fundamental ayuda del apóstol Santiago -“patrón de nuestras Españas”, señalan- a su causa. Lo hacen estableciendo, a favor de la diócesis compostelana, el llamado Voto de Granada, por lo que debía destinarse un tercio de este a la construcción y mantenimiento de un gran hospital en Santiago, para acoger sobre todo a peregrinos pobres y enfermos, ya que, como aseguran los monarcas en el documento fundacional, “muchos de ellos perecen en el suelo de la catedral y en otras partes, por no tener quien los reciba y aposente”. Fue, por lo tanto, un servicio fundamental para la pervivencia de Santiago como centro de peregrinación, aunque esta entrase en una lenta pero progresiva decadencia desde el siglo XV."


También fue necesaria una bula papal otorgando indulgencias a quien diese donativos para su construcción. Fue su arquitecto Enrique Egas, de la prestigiosa familia de arquitectos y escultores hispanoflamencos Egas, los Eyck Koeman originales. Para construirlo fue necesario derribar todo un barrio de casas aquí ubicado hasta entonces, y se destinó además de para, alojar peregrinos para asistencia sanitaria, siendo uno de los precedentes de los hospitales en el sentido actual del término:
"El edificio es obra del arquitecto castellano-andaluz de origen flamenco Enrique Egas (ca. 1455-1534) quien, reclamado en distintos lugares de España, levantó también el hospital de Santa Cruz de Toledo, el hospital Real de Granada, la biblioteca de la Universidad de Salamanca, etc. Comenzó su construcción en 1501 y su estilo abre Santiago y Galicia a las ideas arquitectónicas renacentistas, aunque finalmente es, sobre todo, una obra ecléctica, con ciertas reminiscencias góticas a la manera del propio Egas. Dispone su estructura en torno a cuatro patios y una hermosísima capilla central."

Su Capilla Real, en el interior, no fue acabada hasta 1527 y fue declarada monumento en 1912: está rodeada de cuatro patios, dos góticos de Enrique Egas dedicados a San Juan y San Marcos, y otros dos barrocos de San Lucas y San Mateo. Por entonces intentó suprimir todos los demás hospitales de acogida de peregrinos de la ciudad para concentrar todas sus rentas e ingresos en este, empezando por el citado Hospital de Santiago, tan cercano y, aunque no se llevó a efecto, con tan importantes patrocinadores este fue de siempre el mayor, estando siempre más o menos en uso hasta su reconversión en parador:
"El hospital fue en un principio destinado a la asistencia de los peregrinos y secundariamente a la atención sanitaria; por este motivo el edificio se construyó cerca de la catedral, aunque para ello fue necesario derrumbar un barrio entero de casas. Sin embargo, con el paso de los siglos la asistencia médica se convirtió en el principal objetivo del hospital. La razón es obvia: la decadencia de la peregrinación, pero no descuidó, al menos hasta finales del siglo XIX, a los cada vez más desperdigados y ocasionales romeros."

Con el declive de las peregrinaciones se potenció su función médica si bien se siguió con su misión original pues, aún el 1743 el peregrino Nicola Albani, nada propenso a las críticas, pues buena parte de su peregrinación la hizo durmiendo a raso, afirma habar visto "casi ciento sesenta peregrinos de diferentes naciones" aunque no se les da "otra cosa que tres noches de alojamiento con malísimas camas". Más tarde se registrarán solo como mucho algunas decenas, buena parte de ellos extranjeros, portugueses, franceses y españoles, como corresponde a las últimas etapas de las peregrinaciones antiguas, ya sin ingleses, alemanes. nórdicos, etc.:
"En el siglo XIX la llegada de peregrinos de diversas nacionalidades no se interrumpirá, pese a la decadencia extrema del fenómeno, como demostró la investigadora Carmen Pugliese. En los registros del centro constan años en los que su número apenas alcanza las pocas decenas, otros con varios cientos y son casi inexistentes los años sin anotaciones. Del total, algo más del treinta por ciento fueron extranjeros de distintas nacionalidades, principalmente -por este orden- portugueses, franceses e italianos."

Empezando el siglo XX hay una cierta afluencia de peregrinos cuando se celebra el Año Santo Compostelano, pero su función hospitalaria, en el sentido sanitario del término, ya asumida por el nuevo Hospital Universiario, mientras que de la función de acogida de peregrinos, que aumentan tras la guerra civil, se encargan diversas fundaciones religiosas, buscándosele entonces al Real Hospital nuevos usos, como el de hotel de autoridades, y así en julio de 1954, en pleno Año Santo, se inaugura como Hostal de los Reyes Católicos, integrándose en la red de paradores nacionales de turismo. Su cafetería, abierta al público, se hizo en el antiguo 'comedor de peregrinos sanos'...
"En los primeros años del siglo XX se aprecia un incremento ocasional y siempre modesto de afluencia al viejo hospital con motivo, sobre todo, de los años santos. Sin embargo, las cada vez más acuciantes necesidades sanitarias acabarán relegando a los peregrinos a una casi total falta de atención. También es cierto que con el nacimiento de los nuevos medios de transporte y usos sociales dejan de llegar peregrinos a pie y ya casi nadie reclama atención en el centro. Por otra parte, los avances médicos lo convierten en poco funcional para la sanidad del siglo XX. En este contexto, el viejo y grandioso edificio comienza a ser visto como un emplazamiento idóneo para dar salida a las demandas de la ciudad de disponer de un recinto adecuado para la estancia de las numerosas autoridades, tanto españolas como foráneas, que volvían a visitarla desde los años cuarenta, y se decide su transformación en tal sentido.
En julio del Año Santo compostelano de 1954 el viejo Hospital Real abrió de nuevo sus puertas transformado en hotel con el nombre de Hostal de los Reyes Católicos. Su antigua función sanitaria la asumió un moderno hospital universitario pensado para ser el principal centro sanitario público de Galicia, en tanto que los peregrinos, que comenzaron a llegar a la ciudad de nuevo a pie en los años cincuenta, recibían con frecuencia la hospitalidad de las instituciones eclesiásticas. 
En los años sesenta el Estado integró el edificio en la Red de Paradores Nacionales. Es históricamente uno de los hoteles estatales más rentables de España gracias al resurgir de Santiago como centro de peregrinación y su confirmación como gran destino cultural y turístico. La cafetería del hotel, accesible para el público, es uno de los espacios que rememora la antigua función asistencial, ya que era en sus orígenes el comedor de los peregrinos sanos. 
En recuerdo de su vieja tradición jacobea, la dirección del Hostal de los Reyes Católicos ofreció durante años un pequeño número de comidas gratuitas -desayuno, comida y cena- a quien acreditase su condición de peregrino del Camino. Esta tradición ha sufrido varios cambios, por lo que el peregrino interesado deberá informarse de forma previa".

La gran explanada de O Obradoiro se cierra al sur con el dieciochesco Pazo de Raxoi, porticado totalmente a la larga. Su construcción, sobre un lienzo de la antigua muralla, partió del arzobispo Bartolomé Rajoy Losada en 1766, sobre la antigua cárcel y las murallas, siendo su intención hacer de él un seminario de confesores. Albergó el pazo la cárcel, ayuntamiento y residencia de los niños cantores del coro de la catedral, acólitos y sacerdotes, según deseaba el prelado. El edificio es en la actualidad sede del Concello de Santiago, de la Xunta de Galicia y del Cosello da Cultura Galega.


Su primer proyecto vino de la mano del arquitecto Lucas Ferro Caaveiro en 1764, pero fue modificado posteriormente por el ingeniero francés Carlos Lemaur en su condición de protegido del Marqués de Ensenada (famoso por su catastro). Fray Manuel de los Mártires ejerció de director de la obra y sus ejecutores los maestros López Freire y Alberto Alcoy. Los trabajos abarcaron el periodo de 1766 a 1772 y de su descripción arquitectónica se ocupa el gran historiador y arqueólogo jacobeo Manuel Chamoso Lamas en su Guía de Santiago de Compostela:
"La gran fachada principal, aunque sujeta a los fríos cánones neoclásicos, muestra la serena y rítmica ordenación arquitectónica que su corpórea densidad se articula con la potente y calculada distribución de cuerpos y ejes, sumiendo a la gran Plaza en un ambiente de quietud y solemnidad. La solución asoportalada de la primera planta, los tres cuerpos que marcan los ejes principales poderosamente arquitecturados, los frontones de coronamiento, recto en central y curvos los laterales, todo se coordina en imponer una elocuente impresión de monumentalidad"

El gran frontón triangular central es obra de los escultores José Gambino y José Ferreiro y en él se representa a la legendaria batalla de Clavijo en 844 en tiempos del rey Ramiro I contra los musulmanes en La Rioja, tan fundamental para la primera historia jacobea pues en ella se dice se apareció el propio apóstol Santiago montado en caballo blanco, a luchar a favor de los cristianos


Nacía así la versión bélica de un apóstol que nada tenía que ver en principio con la milicia, Santiago Matamoros. Además de esta nueva iconografía para el santo peregrino, se estipuló a manera de acción de gracias el pago del llamado Voto de Santiago, especie de tributo que habían de pagar a la iglesia compostelana diversos territorios peninsulares y que pervivió hasta primeros del siglo XIX. Esos ingresos fueron fundamentales para el desarrollo de la ciudad y la construcción de sus monumentos, así como para promoverla como gran ciudad santa de la cristiandad como Roma y Jerusalén


Realmente, tanto la batalla como el origen del Voto de Santiago parecen ser un mito, si bien posiblemente basado, como suelen ser los mitos, en sucesos reales, como el enfrentamiento de Albelda en 852. La leyenda parece nació como manera de buscar una razón sagrada e indiscutible a este impuesto del que se atisban sus primeras noticias realmente en el siglo XII y que fue reforzado a finales del XV con el Voto de Granada de los Reyes Católicos con el mismo fin, como dice la Xacopedia:
"No se puede fijar con exactitud la fecha de la institución del Voto de Santiago -probablemente sería alrededor del siglo XII- y resulta imposible acreditar la autenticidad del privilegio de Ramiro I. Pese a ello fue pagado por numerosos territorios y en 1492 vivió un período de reforzamiento al ser renovado con el Voto de Granada, instituido por los Reyes Católicos en señal de agradecimiento al Apóstol por su intercesión en la toma de esta ciudad, el último reducto musulmán peninsular. Considera Ofelia Rey Castelao que “la percepción del Voto de Santiago constituyó, a fines de la Edad Media y a lo largo de toda la Edad Moderna, la base económica de las instituciones jacobeas -arzobispo, Cabildo, capilla de música de la catedral y Hospital Real de Santiago-, lo que les reportó una extraordinaria riqueza -muy superior a la de otras [iglesias] semejantes-, pero también una incómoda singularidad entre las instituciones rentistas del Antiguo Régimen, derivada a su vez de la singularidad de la propia renta, cuyo confuso origen fue un quebradero de cabeza para historiadores y juristas desde el siglo XVI”. 
Por lo tanto, la percepción de la renta, lo mismo que su reparto entre las instituciones, fue desigual a lo largo de la historia, pero supuso una importantísima fuente de ingresos para la Iglesia compostelana y para el fomento del culto al Apóstol y la peregrinación a su santuario, al tiempo que fue responsable de parte de la pérdida de prestigio de la Iglesia compostelana desde el siglo XVI. A partir de esta centuria la resistencia al pago empezó a tener cada vez más partidarios, aunque la primera vez que se abolió fue en 1812. Poco después Fernando VII lo restituyó, fue revocado en el trienio liberal, repuesto de nuevo por el monarca y abolido definitivamente en 1834."

Y según avanzamos por la plaza, a nuestra izquierda tenemos ya la soberbia e impresionante fachada principal, orientada al luminoso sol de la tarde, del Pazo de Xelmírez con su principal entrada exterior, acceso al actual museo catedralicio por puerta de arco de medio punto a la que se sube por escalera de cuatro peldaños al estar a un nivel superior al del firme de la plaza


 Atrás asoman ya las majestuosas torres barrocas de la catedral, en una de las cuales de sus antecesoras románicas hubo de refugiarse el obispo con la reina Urraca I al desatarse la ira popular contra ellos en 1117 durante la visita de la monarca buscando la alianza del prelado contra su hermana Teresa de León, que le disputaba el trono. Ella fue capturada por los rebeldes y vejada pero logró escapar, reuniendo un ejército con el que atacó Santiago y acabó con la rebelión. Nos cuenta este episodio la biografía de la reina en Wikipedia:
"A finales de la primavera del 1117, en preparación a la campaña contra Teresa, Urraca marchó a Santiago a intentar reconciliar el concejo de la ciudad con el obispo Gelmírez. Gelmírez y el conde Traba, tutor del infante Alfonso, pactaron con Urraca, pero la población, que temía un trato desfavorable, se amotinó y los cercó en una torre de la catedral, entonces en construcción. Los rebeldes le prendieron fuego y les obligaron a abandonarla. A continuación, desnudaron y apedrearon a la reina hasta que algunos pudieron calmar a la turba. La soberana fue liberada y reunió tropas que hicieron capitular a los rebeldes. El obispo recobró el gobierno de la ciudad, que hubo de pagar una onerosa multa y sufrir el exilio de los cabecillas de la revuelta. Tras la rendición de la ciudad, la reina la sometió a una fuerte represión. 
El levantamiento, ejemplo de la inestabilidad urbana característica de la época en Europa, era señal del dinamismo urbano en el Camino de Santiago, como lo fue también el conflicto entre los burgueses y el abad en Sahagún, que duró de 1110 a 1117. 
También en 1117, Urraca I fue cercada en el Castillo de Sobroso por los partidarios de su hijo y su hermana Teresa de León, pero consiguió escapar y volver a Santiago de Compostela, tal y como se relata en la Historia compostelana."

Poderosas razones tenía pues el obispo para que su nueva residencia tuviera más trazas de castillo o torre-fortaleza que de residencia palaciega, al menos en el exterior, y en buena parte sigue teniendo, pese a que las reformas de arzobispos posteriores han eliminado prácticamente a la vista desde fuera el aspecto del que debió ser sobrio fuerte defensivo arzobispal, dándole un toque más residencial con numerosas ventanas y miradores a la plaza 


Y en la fachada, los heráldicos blasones de los prelados simbolizan el paso de los poderes guerreros feudales a los más cortesanos acontecidos sobre todo a partir del siglo XVI tras las reformas sociopolíticas, emprendidas sobre todo de los Reyes Católicos que además ampararon especialmente a la ciudad del Apóstol


Reformas que conllevaron posteriormente la reforma del pazo cuando ya habría perdido su razón defensiva. Sucesivos prelados, que lo habitaron posteriormente acometieron su transformación, ocultando totalmente su traza medieval exterior, casi toda la interior, y barroquizándolo dentro de un proceso que abarcaría a la misma catedral


Las primeras reformas vinieron hacia 1180 con el arzobispo Pedro Suárez de Deza, luego llegaron más con Juan Arias quien, a mediados del siglo XIII, quiso mostrar su poder y señorío sobre la ciudad, que volvía a tener tiempos convulsos, reformando el pazo con el maestro Boneth y proyectando una grandiosa catedral gótica que no llegó a realizarse (aunque sí a empezarse) y "que pudo cambiar por completo el diseño que hoy conocemos de la explanada de A Quintana y la forma de entender la propia Compostela, dice la Xacopedia. En cuanto a su sí logrado nuevo diseño palacial es la Wikipedia la que nos proporciona esta información:
"Su modelo fueron los obispados que por entonces se erguían en las principales sedes episcopales francesa, formados de tres componentes principales, además del palacio: una capilla, de uso exclusivo del prelado; una gran sala de doble planta, para diferentes usos, influenciado por el conjunto palaciego del obispo de París, construido por Maurice de Sully; y, por último, una torre, símbolo permanente del poder temporal del obispo sobre la ciudad. En los siglos XV y XVI el palacio se reformó de nuevo por decisión de los arzobispos Lope de MendozaAlonso de Fonseca y Ulloa y Maximiliano de Austria. 
En el siglo XVIII también fue reformado, con la construcción de una nueva planta que exigió levantar una nueva fachada barroca, a modo de contrafuerte."

Aquí está su puerta de acceso desde O Obraidoiro que, al traspasarla, da acceso al antiguo pórtico románico que quedó oculto con esta nueva fachada dieciochesca. "En el segundo piso destacan la interesante cocina medieval y el Salón de Fiestas y Comidas del siglo XIII. Destacan en este salón las ménsulas sobre las que se apoyan los nervios de los arcos que sustentan la bóveda de crucería, todas ellas decoradas con escenas de un festín medieval", explican en Santiago Turismo. En la actualidad forma parte de los espacios integrados dentro del Museo de la Catedral:
"Edificio románico de carácter civil anexo a la Catedral que debe su nombre a Diego Gelmírez, primer Arzobispo de Compostela y gran impulsor de su construcción. Es un espléndido conjunto arquitectónico medieval en el que destacan la Sala de Armas, la Sala Manrique, la Cocina y, especialmente, el Salón de Ceremonias, de grandiosa monumentalidad y bella ornamentación con ménsulas historiadas en las que se representa un banquete real. 
Las estancias del palacio se emplean como lugar de exposición, tanto temporales, de motivos relacionados con el conjunto catedralicio, como permanentes con los hallazgos arqueológicos y arquitectónicos, siendo este el caso del Espacio Maestro Mateo".

En su ya citada Guía de Santiago de Compostela, el genial erudito Manuel Chamoso Lamas, historiador y arqueólogo, nos deleita con su sinopsis histórica y arquitectónica:
"De esta noble construcción medieval sabemos por la "Crónica Compostelana" que el primitivo palacio quedó en ruinas como consecuencia de las revueltas producidas el año 1117 contra la reina Urraca y Gelmírez, y que este último lo reconstruyó hacia 1120 con la suntuosidad y esplendor que hacía menester al arribo a Compostela de cónsules y magnates". Importantes adiciones y reedificaciones realizáronse en tiempos del Arzobispo Juan Arias, hacia 1260, destacando entre ellas el famoso salón de fiestas o comedor de gala bajo la dirección de un arquitecto llamado Pedro Bonet. Los arzobispos don Lope de Mendoza y don Alonso de Fonseca, en los siglos XV y XVI, respectivamente, ampliaron el edificio dotándole de nuevas dependencias auxiliares. En 1575 fue construido sobre el viejo torreón el cubo saliente hacia la plaza del Obradoiro, en tanto el Arzobispo don Maximiliano de Austria construyó en el siglo XVII la fachada actual que dejó oculta la antigua.

Es el palacio antiguo la obra más notable representativa de la Arquitectura Civil de la Edad Media en España. Sobre una curiosa planta en T elévase la construcción correspondiente al tramo de cabeza, la más antigua, formada por dos cuerpos ocupados por los grandes salones bajo y alto, respectivamente, en tanto el otro tramo, más moderno, lo forman tres plantas quedando incluidas en ella las de la torre. La entrada al palacio antiguo, habitualmente abierta al público, hállase en la fachada oeste que da la Plaza del Obradoiro".

Esta es la entrada que da "acceso a un vestíbulo porticado que comunica con el gran salón de la planta baja", visitable, como todo el interior, en nuestra visita al museo


Como hemos dicho, la catedral barroca 'encapsula' o se superpone a la anterior, románica con elementos góticos, gotizantes y renacentistas, reconstruida varias veces y que alcanzaría su esplendor románico con el impresionante Pórtico de la Gloria del maestro Mateo, cuyas cuidadas y minuciosas tallas quedaron resguardadas del tiempo y sus inclemencias, pero a la vez ocultas al exterior, cuando Fernando de Casas Novoa hizo esta soberbia fachada barroca del Obradoiro, decidida por el Cabildo a consecuencia de los problemas de la anterior, en concreto de las continuas reparaciones de su rosetón central y del tener que apuntalarse las torres con contrafuertes. Realmente era todo ello la culminación de un proceso que había arrancado casi dos siglos atrás para cubrir la anterior obra románica y del que nos hace su cronología histórica la imprescindible Xacopedia:
"La fachada occidental del claustro, la que mira hacia la plaza del Obradoiro, comenzó a edificarse el 15 de octubre de 1568, con dirección de obra de Juan de Herrera. A partir de 1578, y después de un periodo de inactividad motivado por una fuerte epidemia iniciada en 1566, dirige las obras Gaspar de Arce Solórzano hasta 1590. El lienzo occidental contribuye a la regularidad del gran espacio urbano que es la plaza de O Obradoiro
En 1614 Jácome Fernández ofrece la traza para el remate definitivo del lienzo, planteando una atractiva, aunque arcaizante, planta abierta: una suerte de loggia adintelada compuesta por columnas jónicas con zapatas que sostienen un entablamento coronado por cornisa. La gran galería abierta a la naturaleza contrasta con la severidad del lienzo sobre el que se proyecta. El paisaje urbano contará también con dos nuevos elementos que surgen del nuevo claustro: las torres del Tesoro y de la Vela; La primera orientada a As Praterías, la segunda sobre la esquina sudoeste, ambas con su peculiar remate escalonado, vinculado a modelos italianos difundidos por Serlio. 
Las trazas, proyectos y planos de época barroca y del Siglo de las Luces, dibujados por los maestros de obras y aparejadores de la catedral, son las piezas que mejor informan sobre las ideas de renovación -algunas materializadas, otras no- que se dieron en la catedral durante los siglos XVII y XVIII. De singular importancia son los dibujos y proyectos del canónigo fabriquero José de Vega y Verdugo; por ellos conocemos el aspecto aproximado de los exteriores de la catedral a mediados del XVII, además de aquellos proyectos que presentó a sus compañeros de Cabildo para renovar la fachada de O Obradoiro..."

Las obras siguieron con los arquitectos Francisco de Antas y el gran maestro de la arquitectura barroca Domingo de Andrade, pero centrándose ya sobre todo en el altar mayor y el interior cara al Año Santo Compostelano de 1677. En 1711 es cuando llega Fernando de Casas Novoa para sustituir al ya anciano Andrade, aunque en principio dedicándose a tareas complementarias, hasta que se le encomiendan las obras de esta magna fachada en 1738, las cuales comenzaron en febrero de ese año y terminaron el 28 del mismo mes de 1750, de nuevo Año Santo Compostelano, tres meses después del fallecimiento de Casas Novoa, quien no las llegó a ver terminadas y cuya función directora pasó al aparejador Lucas Ferro Caaveiro:
"Fernando de Casas contó con una nueva oportunidad para transformar la imagen del templo jacobeo a partir de 1738. En estas fechas el Cabildo decide reconstruir la fachada principal, ya que la medieval presentaba una serie de problemas que obligaba a la frecuente reparación del rosetón central. Casas Novoa realizó el diseño del nuevo Obradoiro en 1738. Las obras se iniciaron bajo su dirección en febrero del mismo año y se prolongaron hasta el 24 de noviembre de 1749, fecha del fallecimiento del artista. La fachada prosiguió su construcción algunos meses más; su finalización data del 28 de febrero de 1750 (año santo compostelano), bajo la dirección del aparejador Lucas Ferro Caaveiro.

La excepcional fachada occidental dieciochesca se entiende como pantalla de cierre del Pórtico de la Gloria y de las naves de la catedral, por lo que se diseña con amplia superficie acristalada, con la idea de que permitiese el paso de abundante luz al interior de la nave mayor, gracias a su insólito paño central calado, un esfuerzo logrado a través de una sutil estructura que se pliega a la verdad arquitectónica preexistente, capaz de elevar sobre la terraza de la escalinata de Ginés Martínez un arco triunfal de varios cuerpos que refleja como un espejo la luz del ocaso y proyecta hacia el interior del edificio toda la intensidad lumínica del final del día. El Obradoiro de Casas Novoa impone el gusto barroco por lo espectacular, lo teatral y lo insólito."

Por suerte, no ocurrió aquí lo mismo que con la fachada norte o de Acibechería, a la que le dedicamos la oportuna entrada de blog, que con la desaparición de la Puerta del Paraíso románica y sus escenas de Adán y Eva para sustituirla por una nueva imagen barroca deslució totalmente la que había sido durante siglos la entrada principal, por su inmediatez al Camino, de la mayor parte de los peregrinos, prácticamente de todos los que acudían por el llamado Camino Francés, salvo cuando en los años santos compostelanos empleaban la Puerta Santa. En este caso la impresionante fachada barroca del Obradoiro se convirtió sin duda en la imagen más conocida y característica de la catedral de Santiago


La portada do Obradoiro de acceso a la catedral llegó, con sus maravillas y rituales del Pórtico de la Gloria, de los que hablamos en la entrada de blog pertinente, a ser la más emblemática y elegida por los peregrinos, relegando incluso a la norte, si bien es un tema que se discute. Pero lo cierto es que esta antigua plaza-taller sigue siendo la de la mayor congregación de caminantes jacobitas y visitantes, existiendo en muchos de ellos un cierto desconcierto, al hallar las puertas de esta portada occidental del templo cerradas y las del lado norte empleadas para la salida, pues se encamina la entrada de la gente hacia la de las Praterías. Estas decisiones han descontextualizado totalmente gran parte de la historia y simbolismo de estos accesos


Según avanzamos, casi podríamos decir más bien deambulamos, por la Praza do Obradoiro, vamos a tener nuevas perspectivas de la catedral y de los demás edificios que miran a la misma, como el antiguo Hospital Real y actual Hostal dos Reis Católicos, "que entró en servicio en 1509, aunque las obras, en los estilos plateresco y renacentista, concluyeron años después", explica el gran historiador, divulgador jacobita Manuel F. Rodríguez en su gran libro Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta, donde apunta más curiosidades:
"Pese al objetivo del nuevo hospital de mejorar la atención a los peregrinos, lo que comenzó a suceder en el resto de la ciudad fue lo contrario. Los viajeros del apóstol comenzaron a ser vistos con creciente desconfianza, en gran medida fruto de la intransigencia religiosa de los siglos XVI y XVII. En 1569 se les prohibió permanecer más de tres días en la urbe, orden que se reactivó en 1594 lamentando la presencia de "muchos extranjeros, franceses y de otras naciones", a los que se amenazaba con la cárcel. Sin embargo, la atención a los peregrinos sin recursos en el gran hospital se mantuvo, con altibajos, hasta avanzado el siglo XIX, centuria de total decadencia de la peregrinación y cuando era ya un centro sanitario orientado a la población local".

Impresionante es su portada de acceso, cincelada a manera de retablo y al gusto plateresco obra de los maestros franceses Guillén Colas y Martín de Blas, con escenas de la Salvación vinculadas a su función tanto sanitaria como de hospedería, lo que supondría una primera modificación del proyecto de Egas. Está considerada el primer gran conjunto de arquitectura monumental renacentista de Galicia




En la parte más alta y en sus respectivas hornacinas bajo ángeles sobre pedestal reconocemos, de izquierda a derecha, a San Pedro, Santiago el Mayor, El Salvador (Cristo)...


Y, a partir de la ventana, a la Virgen María y a San Juan. Esta es la ventana del Aposento Real, en el que se alojaban los reyes durante sus estancias en Santiago


Y arriba y a la derecha de San Juan está San Pablo que, debajo de él y hacia el suelo tiene a María Magdalena, Santa Lucía y abajo del todo Eva. A la izquierda y debajo de San Pedro están San Juan Bautista, Santa Catalina de Alejandría y Adán, todo ello entre más figuras menores y numerosas filigranas, destacando los medallones de los reyes fundadores, Isabel y Fernando, a los lados de la puerta de arco de medio punto y, sobre ellos y extendidos entre San Juan Bautista y María Magdalena, los Doce Apóstoles. En Crónicas de la Emigración el erudito Isaac Otero nos ofrece esta completísima disertación sobre su significado:
Esta parte dianteira veríase reforzada por un espazo ou praciña delimitada por uns fermosos marcos ou piares pétreos unidos por unha cadea e que serían o gromo da futura praza do Obradoiro”, nos indica Manuel Vilar Álvarez en su monografía A Praza do Obradoiro, colección ‘Arte na Pedra’, Ediciones ‘A Nosa Terra’, ‘Concello’ de Santiago de Compostela’, 2005.  
Fue en 1543 cuando los pilares fueron instalados, tras difíciles y prolongadas negociaciones con el Ayuntamiento santiagués, a fin de que le concediese ese trozo de terreno, lo cual haría en 1532. Precisamente ese trozo de terreno es la simiente de la que brotaría la plaza de ‘O Obradoiro’. La portada de ‘O Hospital’ se encuentra concebida como un paño que oculta la arquitectura. Su función es la de un arco de triunfo en el que los ciudadanos y los numerosos peregrinos que hasta acá llegaban tuviesen no sólo una imagen de que esto era un hospital, sino de cuál era realmente el poder de la monarquía.  
Ahora bien, su ‘programa iconográfico’ ¬–esculpido por los maestros franceses Martín de Blas y Guillén Colás en 1523– es posible comenzar a leerse por la parte inferior, donde se esculpe a un lado Adán y al otro Eva, quienes son aquellos que trajeron el pecado al mundo y, consecuentemente, se hallan en la génesis de las enfermedades.  Arriba de ellos se sitúan dos intercesoras contra los males corporales: Santa Catarina (protectora de los moribundos) y Santa Lucía (protectora de la vista). Luego, el Bautista y la Magdalena, personas que anuncian una nueva vida: la llegada de Cristo y la vida arrepentida. En la zona superior, unos apóstoles, la Virgen y El Salvador, esto es, la ‘vida eterna’, en compañía de Dios Salvador. Debajo, y con menor tamaño, el ‘colegio apostólico’.  Además, podemos observar una serie de personajes de la mitología, como Prometeo, el ‘robador del fuego de los dioses’. Asimismo, Eros y las Gorgonas, las virtudes cardinales y otros tales como un peregrino, un médico o un astrólogo. Encima de la puerta sobresalen dos ‘medallones’ del estilo Renacimiento, con las imágenes de los Reyes envueltas en coronas vegetales. Así, pues, en esta fachada conviven representaciones del pecado con otras que lo dirimen, tanto del cuerpo como del espíritu, de lo mortal como lo inmortal, deseo de amor y sabiduría. Como apreciamos, siempre subrayando la relación entre la enfermedad del cuerpo y la salud del alma. De tal manera que el médico y el peregrino nítidamente aluden a la función ejercida por el propio edificio.  Bien podríamos afirmar que la fachada está iconológicamente estructurada en tres niveles: un primero donde se representa el mundo humano de la muerte y del pecado. Sobre él iría el mundo de la Iglesia que nos ayuda a llegar al tercer nivel, es decir, el del mundo definitivo por encima del pecado: la Gloria. Si consideramos los primeros libros de admisión de enfermos con los que contamos, éstos datan del siglo XVII, en una época en que el peregrinaje no se hallaba justamente en sus mejores momentos. Hojeando estos libros, la mayoría de los enfermos eran santiagueses y gallegos, sobre todo de condición pobre. Esto explica que la decadencia del ‘culto xacobeo’ obliga al Hospital a acercarse a la sociedad en la que estaba inmerso".

Detalle más de cerca de los Doce Apóstoles y de los medallones de Isabel y Fernando. Arriba, un texto alusivo


A los lados, los escudos de los Reyes Católicos. Esta portada significaría la conclusión de la fase constructiva del hospital, pero no tardaron demasiado en salir a la luz defectos de la edificación, y así nos lo explica Ana E. Goy Diz, Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, en Del Hospital Real de Santiago al Parador de los Reyes Católicos. Un edificio emblemático del arte gallego:
 "treinta años después el edificio presentaba un aspecto ruinoso. En la documentación se describen problemas de estabilidad, los patios amenazaban con desplomarse, la fachada principal sufría importantes daños, el agua entraba en la capilla y las enfermerías se habían convertido en corredores insalubres, oscuros y húmedos en los que se hacinaban los pacientes"

Se le encarga entonces al prestigioso arquitecto renacentista Rodrigo Gil de Hontañón, "uno de los maestros de mayor crédito del momento", subsanar estas deficiencias. Éste asumió el proyecto, pero no llegó a ejecutarlo, recayendo la obra en manos de Francisco Julí, maestro de cantería entallador, la cual, cuando terminó, varió sustancialmente la traza original de Egas:
"En 1555, aprovechando uno de sus viajes periódicos a Santiago, Rodrigo Gil recibió el encargo del administrador del Hospital, don Pedro de León, de elaborar un informe que analizara la situación del edificio y las reformas que era necesario acometer para el mantenimiento de la obra. Dicho informe lo conocemos a través de la transcripción de Villamil y Castro (1902-1903). En él se destacaban los desaciertos del arquitecto Enrique Egas al elegir los materiales y al calcular la resistencia de los elementos portantes, que al arruinarse amenazaban la estabilidad de todo el inmueble. Por este informe los capitulares entregaron a Rodrigo Gil unos treinta mil maravedíes, de los seis mil ducados que el Consejo Real les había concedido para las obras. La reforma se planteó como un proyecto a desarrollar en sucesivas campañas, con el fin de que los enfermos no tuvieran que ser desalojados y se pudiera continuar con la práctica de la medicina. (...)

Cuando terminaron las obras, del proyecto inicial de Enrique Egas quedaba la concepción espacial del edificio y la distribución de las principales dependencias, pero se había alterado el aspecto de los patios y de la fachada..."

Detalle de uno de los escudos, así explicados en Santiago de Compostela Turismo:
"A ambos lados, los enormes escudos -el real a la izquierda y el imperial a la derecha- dan fe de la presencia monárquica, al igual que los medallones de la parte superior de la puerta principal, que representan a los fundadores Isabel y Fernando. El resto es una finísima ornamentación que la historia del arte describe como plateresca, por trabajar la piedra como si de piezas de plata se tratase." 

Pero de la intervención de Rodrigo Gil de Hontañón poco queda también a la vista. En 1678 el monje-arquitecto del cercano monasterio de San Martiño Pinario Fray Tomás Alonso, contemporáneo de Domingo de Andrade, acomete la reforma de la fachada renacentista instalando esta gran balconada apoyada en grandes ménsulas decoradas profusamente siguiendo el gusto barroco, al igual que tres nuevas ventanas. Pero que no se nos escape, con Santiago de Compostela Turismo, otro pequeño gran detalle, la puerta de la derecha...
"La puerta que encontramos a la derecha de la fachada era la inclusa o el torno donde se abandonaba a los niños huérfanos o indeseados. Llegó a haber en el siglo XVIII más de 800 niños venidos de toda Galicia. Tras ser bautizados, eran distribuidos entre mujeres de las aldeas, a las que se les pagaba para que les diesen el pecho hasta los 2 años. Pero no siempre se cumplía. Y por las condiciones sanitarias de la época, sólo un 10 por ciento de los niños de la inclusa llegaban a los 7 años. No fue el caso de la escritora Rosalía de Castro, que fue bautizada en la capilla del Hospital. A pesar de ser registrada como hija de padres desconocidos, se libró de la inclusa al hacerse cargo de ella su madrina."

Detalle de las ménsulas que sostienen el balcón, el cual se divide en dos partes a partir de la portada, este es el arranque del de la izquierda a partir del escudo real


Y en el balcón, una de las ventanas, con minucioso trabajo de florituras de temas vegetales con sendos ángeles en sus extremos y otras virguerías artísticas tan características de fray Tomás Alonso


Es Hospital Real fue, después de la misma catedral, el lugar de Santiago más aludido por los peregrinos que nos dejaron sus testimonios escritos, reflejados en su libro por Manuel F. Rodríguez en su apartado Del que todos los peregrinos hablan...
"Nunca vi un (hospital) más espléndido", asegura el alemán Sebal Örtel (1521), lo mismo que el noble polaco Erich Lassota von Steblay (1581), que lo cita como "magnífico y rico" añadiendo que "en él los peregrinos, pagando o sin pagar, están cuidados según clase y edad". El italiano Giovanni B. Confalonieri (1594) alaba su botica y aporta un conocido dato de la política de atención al hospital: los tres días gratis que podían permanecer en él los peregrinos sanos. "Se les da por tres días lecho, habitación y fuego", afirma. Y añade: "Las camas de los enfermos están situadas como en mamparas, limpias, con buenos colchones".

"Otro noble polaco, Jakub Sobiesky ya en siglo siguiente, en 1611, incide en sus "grandes recursos y fondos" y en sus medios sanitarios: "Tiene botica propia, muy costosa y bien dotada, médicos y cirujanos y puede rivalizar con los mejores hospitales del cristianismo". Sobiesky, por cierto destaca los muchos peregrinos de todos los países y naciones" que recibe la ciudad. El austriaco Cristof Gunzinguer (1655) se fija en la capilla, "construida de tal forma -escribe- que toso los encamados, sean los que sean, puedan oír la santa misa a un tiempo desde todas las salas de enfermos y desde todas las camas, tanto en el piso inferior como en el superior". Por su parte, el alemán Johann Limberg (1676) es de los pocos que se quejan: "A los peregrinos pobres les tratan muy mal", dice. Sin embargo, se supone que ese trato no alcanzaría a los enfermos, si hacemos caso a lo que cuenta poco después el francés Albert Jouvin. Afirma que estos "son muy bien tratados y cuidados, cosa que nosotros mismos observamos".

En el siglo XVIII la actividad del hospital se mantiene. El simpático italiano Nicola Albani (1743) encontró en él "casi ciento sesenta peregrinos de diferentes naciones". Y el francés Jean Bonnecaze (1748) llega sin recursos, acompañado de sus amigos Gomer, Pétrique y Pierre Laplace, y solo se queda tres días porque -ratifica como otros- "no dejaban dormir (gratis) más tiempo, lo que le lleva a marchar de la ciudad".


Más allá, otra de las ventanas, esa con frontón triangular sostenido sobre columnas. Fijémonos asimismo en las gárgolas de cuyas bocas surgen tubos de los que el agua de lluvia cae al suelo desde el tejado evitando que mojen y afecten a la fachada. Esta fachada es una de las tres "que se rematan con un rico cornisamiento en el que destaca la famosa cadena pétrea", nos señala Manuel Chamoso Lamas


Y es que "Lo que más impresionó a la gente cuando construyeron el hospital, que ya era un edificio imponente para su época, fue la ornamentada cornisa superior. Esta cadena pétrea que rodea toda la altura del edificio era muy admirada y descrita por los peregrinos que visitaban el hospital, sin olvidar las gárgolas, que representan a seres fabulosos, animales e incluso seres humanos en posiciones obscenas", como bien nos advierten en Santiago de Compostela Turismo


La ventana y su remate del frontón triangular, con un óculo en medio y sendos personajes alegóricos a los lados


Y debajo, la gran línea de ménsulas. "Estas instalaciones fueron ampliándose para atender las necesidades sanitarias de la ciudad, que llegaron a un punto crítico durante la hambruna del año 1769, cuando se registraron más de 4.300 enfermos", vuelven a sorprendernos con esto datos históricos en Santiago de Compostela Turismo. Su sistema de piso alto y bajo y de patios interiores tenía este funcionamiento:
"La vida del hospital estaba organizada para que los hombres ocupasen la mitad izquierda y las mujeres la derecha. En la planta baja se ubicaban las hospederías de peregrinos sanos, y en los pisos superiores las enfermerías o salas de los convalecientes más enfermos, también separadas por sexos y por clases sociales. Tres de las enfermerías tenían la particularidad de formar una T sobre la capilla, para que los pacientes pudieran observar el altar de dos pisos mientras se celebraba la misa. Esta capilla, de estilo gótico-renacentista, es Monumento Histórico-Artístico y está rodeada por cuatro hermosos patios a manera de claustros, dos de ellos renacentistas y dos barrocos."

Las ménsulas con sus virguerías cinceladas y caras de seres y personajes fantásticos. Fray Tomás Alonso era muy puntilloso y detallista con los elementos decorativos, tanto que así nos lo reafirman en ArteHistoria:
"Fray Tomás Alonso es fundamentalmente un decorador que aborda pequeñas construcciones o remodelaciones, primando el sentido ornamental a base de formas fantásticas en las que entremezcla elementos vegetales y humanos, como aparecen en las ménsulas de la balconada de la fachada del Hospital Real, excesivas en su decoración abigarrada y turgente, de una gran imaginación en el manejo de un vocabulario que incluso evoca el mundo medieval, como recuerda Bonet"

Fijémonos en las caras de estos seres alegóricos. Merece la pena echar un vistazo al Anteproyecto de Hospedería de Peregrinos en Santiago de Compostela de los arquitectos: F. Moreno Barberá, Gómez González, Cano Lasso, R .de la Joya en la Revista Nacional de Arquitectura para admirar el proceso de reconstrucción y rehabilitación para hacer de este edificio el parador nacional que conocemos hoy en día y donde podemos leer, dentro del contexto de la época (mediados del siglo XX en España, saliendo aún de la posguerra civil y mundial), algunas consideraciones tal que estas, que son solamente una muestra de las existentes en el artículo:
"Este se ha proyectado con un concepto social. Para buscar una comparación fácil podría decirse que la instalación es comparable a la de un transatlántico: existen habitaciones de todas las categorías, desde el departamento de gran lujo, con salón, hasta la cama en un dormitorio colectivo. Asimismo, el servicio de comedores: se ha instalado un restaurante de lujo, otro de tipo medio, una cafetería de servicio rápido y un local para cervecería y marisquería, todos servidos desde la misma cocina. Todos podrán, pues, encontrar en el Hostal la habitación o restaurante que más convenga a sus posibilidades, sin discriminación aparente, pues la entrada y los servicios de recepción son los mismos para todos los huéspedes, como corresponde al sentido cristiano que debe presidir una instalación de esta clase.

El aburrimiento

Se ha acometido la resolución del problema del aburrimiento mortal que afecta a la mayoría de nuestras ciudades turísticas. Después de visitados los monumentos artísticos, recorridas las calles pintorescas y tomadas las fotografías de rigor, al mediar la tarde el viajero, fatigado, se enfrenta con el vacío absoluto. Ni un café confortable donde sentarse a descansar, ni un espectáculo de aceptable categoría estética, ni un local típico decentemente decorado donde tomar una copa, ni un lugar de cierta categoría social en el que disfrutar de una música agradable. A falta de todo esto, el viajero abandona, aburrido, nuestras más bellas ciudades y, al final, nuestro país. 'La cafetería instalada en el Hostal, con su terraza frente a la catedral; la marisquería y cervecería, con su bolera tipo americano adjunta, y el salón de té y baile, ofrecen posibilidades de entretenimiento, que es necesario tener en cuenta si queremos conservar nuestra clientela turística y resistir la competencia internacional".

Un largo banco corrido de piedra se extiende al pie del Hostal dos Reis Católicos antiguo Hospital Real. Aquí empieza A Costa do Cristo (la cuesta do Cristo) que, bajando a la rúa das Hortas, es el comienzo del Camino a Fisterra y Muxía


Es el lugar en el que se emplazaba la Porta da Trindade (Puerta de la Trinidad) de la antigua muralla de Santiago, también llamada del Santo Peregrino, pues allí estuvo el cementerio de los peregrinos. Precisamos de la muy buena explicación de Manuel F. Rodríguez en su 'guía secreta' de Santiago:
"En dirección oeste baja ante la fachada del Hostal dos Reis Católicos la Costa do Cristo, una suave pendiente que concluye en la que el Codex Calixtinus (s. XII) cita como la puerta del Santo Peregrino). Era la desaparecida puerta de la muralla por la que se accedía al antiguo cementerio de peregrinos, función de la que deriva su nombre, ya que los peregrinos fallecidos en el viaje adquirían la condición de santos. También se conoció como la puerta de la Trinidad al tener enfrente la puerta del mismo nombre (...) que se ubicaba en paralelo al actual templo de San Fructuoso (s. XVIII), en la rúa das Hortas. La perdida iglesia, existente ya en el siglo XII, se conoció como de los Peregrinos, porque a su vera estaba parte del cementerio más antigua en la que estos fueron enterrados y por acoger ceremonias en su recuerdo.

La Puerta del Santo Peregrino tuvo un segundo sentido jacobeo. Por ella salían los peregrinos que seguían viaje al 'fin del mundo', a la Costa da Morte, el poniente extremo donde el sol moría sin remedio en el mar y a donde, según viejas leyendas, viajaban las almas de los muertos. El emblemático acceso desapareció en el siglo XVIII para facilitar las obras del palacio de Raxoi y el servicio al contiguo hospital Real".

Sin necesidad de bajar la Costa do Cristo y, por lo tanto, sin tener que salir de la Praza do Obradoiro, podemos ver la zona del antiguo hospital de peregrinos acercándonos al límite de la explanada de esta plaza al lado del Pazo de Raxoi, donde detrás de él asoma la iglesia de San Fructuoso (San Froitoso), antigua capilla de las angustias construida a finales del siglo XVIII y diseñada por Lucas Ferro Caaveiro para ser vista desde esta plaza precisamente


Mismamente, al estar a un nivel sensiblemente más bajo que la plaza, en la rúa da Trindade, que aquí se une a la Costa do Cristo, a la rúa das Hortas y a la rúa das Carretas, se forma un espacio en permanente umbría en la que el Pazo de Raxoi proyecta su sombra sobre el templo. El cementerio de los peregrinos estaba extramuros de la ciudad amurallada y desapareció a principios del siglo XIX. Seguimos leyendo a a Manuel F. Rodríguez:
"...acogió a fallecidos de todo el orbe cristiano durante más de setecientos años. Recibía los cuerpos de todos los peregrinos muertos en cualquier circunstancia. Lo cuenta por ejemplo Wenceslao Schaschez (1467), que lo visita. En él, dice, "entierran a los peregrinos que mueren en la ciudad y a los pobres del hospital". Ángel Blanco de Salcedo, canónigo de la catedral y administrador del hospital Real, mandó enterrarse en él en 1710. Es un ejemplo de la alta consideración de este camposanto, al que se asociaron las inmediatas iglesias de la Trinidad y la actual de San Fructuoso, obra del siglo XVIII.

El de Santiago era el último de los cementerios de la ruta jacobea. Se visitaba para reconocerse en quienes habían entregado su vida a Santiago y adquirido, por ello, la santidad. El cementerio era, en este sentido, una puerta hacia el Cielo, Hoy tristemente nada recuerda la fuerte simbología de este lugar, y eso que la muerte sigue formando parte del camino, afortunadamente en una proporción muchísimo menor."

Quizás lo más llamativo sean las grandes estatuas de las Cuatro Virtudes que tiene arriba en lo alto: la Prudencia, La Justicia, la Templanza y la Fortaleza. Dos a cada lado del campanario, sobre la saliente corona real y el escudo de España


Dado que una lleva una espada, otra una copa, otra un espejo y la cuarta una palma, se le ha querido ver popularmente una gran similitud con las cuatro sotas de la baraja española: la de espadas, la de copas, la de oros y la sota de bastos...


La Fortaleza, con una columna en las manos, a la izquierda, se compara con la Sota de Bastos. La Prudencia, a la derecha, con la serpiente en una mano y el espejo circular, como una moneda, en la otra, recuerda a la Sota de Oros


La Justicia o la Sota de Espadas a la izquierda y a la derecha la Templanza o Sota de Copas


El campanario, adornado con volutas y pináculos


Justo debajo, el escudo real


Hornacina con la Virgen de las Angustias. El templo es también conocido como de las Angustias de Abaixo o de la Real Angustia. La hornacina, entre columnas, está rematada en un frontón semicircular abierto con una representación en forma de roseta de lo que parecen un grupo de querubines y coronada


En un cartel sobre la puerta leemos Parroquia de San Fructuoso. A la izquierda vemos una representación de un ánima en el purgatorio, la cual nos recuerda mucho a las que vimos en los medallones a la entrada de la Capela das Ánimas en la rúa das Casas Reais, cerca de la Praza de Cervantes acercándonos a la catedral


Según la hora del día, se proyectan unas sombras u otras en la fachada. Esta es la de la balaustrada en la que estamos nosotros. Su origen está en las reliquias de San Fructuoso que trajo de Braga el arzobispo Diego Xelmírez, habilitándose para ellas una capilla en la catedral hasta que contó aquí con un santuario propio. Muy interesante lo que nos cuenta la web Rincones de Santiago:
"Algunos le llaman la iglesia de la baraja o de las cuatro sotas. Desde la terraza exterior del Hostal de los Reyes Católicos, que se encuentra frente a San Xerome, tenemos una perspectiva ideal para contemplar la fachada de la iglesia parroquial de San Fructuoso, también conocida como de la Angustia de Abajo, en el mismo barrio de la Angustia. Es un templo de estilo churrigueresco del Siglo XVIII, se empezó a construir en 1754 y es obra del arquitecto Lucas Ferro Caaveiro. En este lugar, a principios del siglo XVI, existía una capilla dedicada a la Vera Cruz que en el XVIII dio lugar al templo de San Fructuoso, monje berciano que luego fue obispo de Braga.

La parroquia de la Angustia salió de la correspondiente capilla catedralicia para ocupar un templo propio. Su nombre se debe al grupo del Descendimiento de la Cruz o de la Angustia que mandó hacer a sus expensas el enfermero del Hospital Real Bartolomé Barreiro, por los milagros que la gente decía haber obtenido. Es obligado fijarse en las esculturas que la coronan, realizadas por Gambino y que representan a las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, cuyos atributos la gente identifica con las cuatro sotas de la baraja española, bastos, oros, espadas y copas.

Es interesante el interior con planta de cruz griega y cúpula barroca. En el muro sur está esculpido un pequeño relieve, una calavera con dos tibias cruzadas colgada de un paño o mortaja y una cartela con la siguiente inscripción: " Como tú te ves, me vi; como me ves, te verás ", aludiendo a la fugacidad de la vida."


Y como en los medallones de la Capela das Ánimas hay una representación de un hombre y de una mujer


En la rúa das Hortas un peregrino parece regresar de Fisterra. Muchos hacen la famosa 'cometa', así llamada por la forma del recorrido: Santiago-Fisterra-Muxía-Santiago...


Aquí os dejamos un mapa, de la autoría del que esto os escribe, y un texto de Manuel F. Rodríguez en su libro de 'secretos compostelanos':
"La Iglesia compostelana ha mirado en algunos momentos con recelo el hecho de que los peregrinos continuasen viaje a Fisterra y Muxía, tras la estancia en Santiago. Este cercano viaje al extremo oeste -a 90 km-, el lugar que los antiguo consideraban el fin del mundo por poniente, tenía que provocar en ellos una atracción atávica. Un atavismo que se prolongó de forma sorprendente después del siglo XV, cuando se supo que más allá de Fisterra estaba en realidad América. La prueba es que en el presente esta ruta la siguen realizando cada año, con la misma intensidad, miles de peregrinos desde Compostela.

Se percibe como una vía emocional, no religiosa. Pero no está tan claro. Santiago era considerado el apóstol evangelizador de la tierra última, como se cita en el Codex Calixtinus (s. XII). El finis terrae fue, además, un espacio pronto cristianizado: el destino del peregrino era Muxía, donde la leyenda afirmaba que la Virgen se había aparecido a Santiago en una barca durante su evangelización en el extremo del mundo, y el cabo de Fisterra, el límite occidental donde el sol mostraba su última luz.

Y a este cabo se llegaba y se llega pasando ante la iglesia del Santo Cristo de Fisterra, donde se celebra desde tiempo inmemorial la Pascua de Resurrección: el regreso de la vida y de la luz que allí muere gracias al sacrificio supremo de Jesús, comparable, salvando todas las distancias, al del propio peregrino que alcanzaba este punto extremo tras mil penalidades. La mayoría de los caminantes al fin del mundo salía de la ciudad pasando ante el cementerio de los peregrinos. Otro elemento que otorgaba connotaciones a la partida. 

Son numerosos los relatos históricos de autores de distintas nacionalidades que narran el viaje desde Santiago al finis terrae. Domenico Laffi (1670) es uno de ellos: "Preparamos buenas provisiones de pan y vino y salimos por la puerta situada hacia el Mediodía, dirigiéndonos hacia poniente". Laffi y otros peregrinos aluden a Santiago y Fisterra, incluso en el título de sus libros, como destino inseparable"

Moviéndonos un poco a la derecha, veremos otro elemento del templo su gran cúpula circular. En La iglesia de San Fructuoso en Santiago: un templo a los pies del Obradoiro, Carlos Rey publica en El periódico El Español este muy interesante artículo que queremos compartir:
"A escasos metros del kilómetro cero de Santiago de Compostela, la Praza do Obradoiro, se encuentra uno de sus edificios más característicos: la Iglesia de San Fructuoso, también conocida como Iglesia das Angustias de Abaixo, un templo barroco churrigueresco del siglo XVIII. 
Pese a encontrarse en lo alto de la Rúa das Hortas, su fachada fue concebida para ser vista desde el Obradoiro, en el mirador junto al Pazo de Raxoi, por lo que a día de hoy es habitual verla en fotografías de los atardeceres compostelanos, con el sol perdiéndose tras el Monte Pedroso. 
Más allá de la belleza de la iglesia, en su entorno también tuvo cabida uno de los cementerios más importantes de la ciudad, donde se enterraba a los peregrinos fallecidos en Santiago y a los pacientes que perdían la vida en el cercano Hospital Real, el actual Hostal dos Reis Católicos.  
La primera constancia documental de un templo en la ubicación actual de la Iglesia de San Fructuoso data de 1510, cuando existía allí una pequeña capilla, adyacente al cementerio del Hospital Real  
Fue precisamente un enfermero de hospital, Bartolomé Barreiro, quien a mediados del siglo XVII sufragó el coste de situar en el interior de la capilla una imagen de la Virgen de la Angustia. 
La devoción que despertó aquella virgen fue tal que cien años más tarde, ya a mediados del siglo XVIII, el propio Hospital Real promovió la construcción -financiada a través de limosnas- de una iglesia en el emplazamiento de aquella pequeña capilla, cuyo diseño le fue encargado a Lucas Ferro Caaveiro. 
Ferro Caaveiro, natural de A Capela y alumno de la escuela de Fernando de Casas Novoa, lo sucedió en el cargo de maestro de obras de la Catedral de Santiago. Antes de que le encargasen la construcción de la Iglesia de San Fructuoso también fue responsable de completar la "Fachada dos Carros" del monasterio de San Paio de Antealtares. 
La primera piedra del templo, por aquel entonces denominado Iglesia das Angustias de Abaixo, se puso el 11 de junio de 1754 y, aunque dos años más tarde ya se oficiaban misas en su interior, su construcción no finalizaría hasta 1965. 
El edificio presenta varias particularidades, como que su planta cuenta con una cúpula en el centro y está coronada por un llamativo cimborrio, o que la ornamentación de su fachada, excepcionalmente alta, se centra en la parte superior, a la altura de la Praza do Obradoiro. 
En esta fachada destacan, además de una hornacina con la imagen de la Virgen de las Angustias en la parte inferior, la presencia en lo alto de las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. 
La importancia de esta iglesia no es menor: desde 1920 es la sede de la parroquia de San Fructuoso, la más importante de la capital gallega, toda vez que incluye la práctica totalidad del núcleo urbano y la propia Catedral de Santiago."

La rúa das Hortas, antigua rúa da Trindade o Trinidade (Trinidad), debe su nombre a las huertas que tenían, muchas siguen teniendo, las casas por su parte posterior, donde hay un gran patio de manzana. Estas huertas eran habituales en el casco antiguo pero aquí especialmente pues hasta dieron nombre a la calle por la que va el Camino a Fisterra y Muxía, del que también escribe el historiador gran historiador, divulgador jacobita y peregrino Antón Pombo en sus tantas veces reeditada guía El Camino de Santiago. Camino Francés:
"Los viejos cultos paganos de carácter solar y litolátrico, vinculados con la interpretación de la fertilidad, fueron cristianizados e integrados en la leyenda jacobea. Surge así la aparición mariana de Muxía, según la cual la Virgen, trasladada en una barca de piedra, vino a confortar al apóstol Santiago, desanimado por no poder convertir a los rudos gentiles de estas tierras. En el lugar, santificado por la permanencia del casco, la vela y el timón de tan prodigioso navío, fue levantada una capilla, a partir del siglo XVIII convertida en un santuario que convoca una gran romería a principios de septiembre. En cuanto a Fisterra y su cabo, ha quedado vinculado a la leyenda de la traslación del apóstol por medio del episodio que desplazó a sus discípulos, que habían transportado su cuerpo decapitado de Palestina a Padrón, hasta el fin del mundo. A la desaparecida ciudad de Dugium acudieron a solicitar del legado romano el permiso de enterramiento, pero este los encerró y, cuando lograron huir con la ayuda de un ángel, los persiguió hasta el río Támara (Tambre), cerca de Negreira, hasta llegar a un puente que se derrumbó arrastrando a los malvados. Este relato fue incorporado al Códice Calixtino.

En Fisterra es venerada la dramática imagen gótica del Santo Cristo, según la leyenda, llegada por mar. Donde terminaba el mundo conocido de los antiguos, la idea de la muerte adquiría un gran peso simbólico. Tal vez por ello la Semana Santa fisterrana pone todo su acento en la Resurrección. Cristo es como el sol que, tras sumergirse en la tinieblas, resurge cada día para vivificar el mundo.

Al llegar a estas tierras, los peregrinos se hacían con las conchas de vieira encontradas en sus playas, y ante la visión del océano quemaban sus viejos ropajes en un rito que significaba la purificación. El itinerario histórico a Fisterra y Muxía, recuperado en los años 90 por los Amigos del Camino, ha alcanzado en los últimos años una gran popularidad por la necesidad sentida por muchos peregrinos de prolongar sus pasos, en busca de claves y respuestas, más allá de Compostela. En el final físico, que de naciente nos condujo a los promontorios extremos de poniente, la puesta de sol en el mar adquiere todo su valor. El final es solo un comienzo nuevo".

En estos primeros pasos, el Camino de Fisterra y Muxía, al que le dedicamos toda una serie de entradas en este blog, tras bajar la Costa do Cristo, sigue de la rúa das Hortas y prosigue por la Poza do Bar hasta la carballeira de San Lourenzo de Trasouto, saliendo del casco urbano de la ciudad pasando el río Sarela en A Ponte Sarela


Y luego sube a Sarela de Abaixo, algunas de cuyas casas vemos desde aquí, antes de adentrarse en el monte de eucaliptos que vemos al fondo para continuar hacia O Carballal y Quintáns saliendo del concello de Santiago por el Alto do Vento y entrando en el de Ames para, por Ventosa y el Alto do Mar de Ovellas, tomar el rumbo a Ponte Maceira y cruzar el mítico puente sobre el Tambre del que nos habló Antón Pombo para llegar a Negreira por A Chancela, culminando la que sería una primera etapa del camino al mar de muchos peregrinos


A lo lejos y a la izquierdam reconocemos también la Carballeira de Santa Susana, con la gran noria de las fiestas de Santiago, la semana del 25 de julio. El lugar era conocido antiguamente como Outeiro de Poldros y en él había un castro galaico, uno de los enclaves milenarios que precedieron a la fundación de la población actual

Se celebraban, hasta hace unas décadas (1971), importantes ferias de ganado. La propia carballeira podría ser parte del grandioso bosque que antaño ocupaba estos lugares, el mítico monte Libredón de la tradición xacobea y que se extendería hasta aquí, donde el ermitaño Paio hallaría entre luminarias y prodigios el sepulcro de Santiago y sus discípulos

En la cima de Santa Susana, copatrona de la ciudad, esta la iglesia de su advocación, consagrada en el año 1102 por el arzobispo Xelmírez para albergar las reliquias de esta santa, traídas también de Portugal. Es sin duda uno de los lugares a visitar si nuestra estancia en Santiago se prolonga un día o dos (más que merece la pena), por su historia, belleza y vistas de la catedral y casco antiguo. Por ello le dedicamos asimismo la imprescindible entrada de blog


En la actualidad, un espacio ajardinado, con un laberinto de boj ocupa lo que fue aquel antiguo cementerio de peregrinos. Es necesario decir que en la Edad Media todos los peregrinos fallecidos en el Camino eran considerados santos, recibían por intercesión divina la indulgencia plenaria y por eso la antigua advocación del Santo Peregrino en la antigua puerta de la muralla sita en este lugar. La catedral concede una compostela (certificado de haber hecho el Camino), a los peregrinos fallecidos en ruta, hayan llegado o no a la meta- Del cementerio del Santo Peregrino sigue contándonos Carlos Rey:
"Mucho antes de que existiese la iglesia, en su entorno destacaba el importante cementerio, de cuya presencia hay constancia desde el siglo XIII. 
El camposanto se encontraba extramuros, junto a la conocida como Porta da Trinidade -en honor de la iglesia del mismo nombre, situada a su lado y demolida en 1930- o Porta do Santo Peregrino, una de las siete grandes puertas de la desaparecida muralla de Santiago. 
En él se enterraba a peregrinos procedentes de toda Europa que fallecían en Santiago -en tumbas señaladas con una concha de vieira-, así como a los pacientes que perdían la vida en el cercano Hospital Real. Así fue hasta el siglo XIX, cuando fue clausurado. 
La Iglesia de San Fructuoso cuenta con una pequeña puerta en la parte sur que da a este cementerio. En ese mismo muro también se puede observar una calavera con una enigmática inscripción: "Como tú me ves, te verás. Como tú te ves, me vi". 
No queda ningún vestigio de aquel cementerio: en 2010 se construyó en su lugar el laberinto de boj que todavía continúa allí a día de hoy, a la vez que se plantaron cinco cipreses."

Volviendo sobre nuestros pasos para seguir nuestro periplo por la Praza do Obradoiro, vamos a fijarnos ahora en la línea de pivotes de piedra que cierran una franja de espacio delante del antiguo Hospital Real; se trata de una zona que fue de asilo dentro de la que se podían acoger los perseguidos por la justicia y solicitar amparo al hospital. Se les llama candelabros porque en los más altos se colocaban hachas de viento (varias mechas juntas  cubiertas de cera) con las fiestas, por eso tienen un hueco en la parte superior. Son obra de 1542 del maestre Miguel y las cadenas, forjadas por el maestre Guillén, se colocaron poco después


En lo referente a sus cuatro patios, que no vemos obviamente desde el exterior, resaltar que dos de ellos, los frontales son de Enrique de Egas, mientras que los otros dos forman parte del proyecto dieciochesco de Fray Manuel de los Mártires, modificados durante las obras, en las que intervinieron Ferro Caaveiro y Varela Velado en unas obras que se prolongaron de 1766 a 1798


Por aquel mismo entonces el administrador del Hospital Real  se opuso a la construcción del Pazo de Raxoi, hacia el que nos dirigimos, dado que según denunció le quitaba luz natural y ventilación al hospital, además de afectar a la salida y entrada de enfermos y peregrinos. Lo cierto es que hasta su edificación la Praza do Obradoiro ofrecía una vista amplia y abierta hacia el oeste y las rutas a Fisterra, Muxía y otros lugares de las rutas xacobeas hacia el mar de la Costa da Morte, con unos impresionantes atardeceres; por ello al irse cerrando esta plaza con el Pazo de Raxoi se levantaron lógicas suspicacias en su época


Las obras se acabaron en 1772, el mismo año que fallece su promotor, el arzobispo que le dio forma y nombre, Bartolomé Rajoy y Losada, natural de la coruñesa Pontedeume, quien promovió también la reforma barroca de la románica Puerta del Paraíso o de la Acibechería en la catedral (la norte)


Tanto allí como aquí aparecen los escudos del prelado: fijémonos en él en el frontón semicircular derecho



Lo veremos también en el otro extremo, en el frontón semicircular izquierdo. Los soportales se abren al exterior por una larga fila de arcos de medio punto que, en el cuerpo central, se transforman en vanos rectos. Su estilo es de corte neoclásico francés, fachada simétrica con un frontón central de remate triangular y dos frentes laterales de remate circular, todos descansando en columnas jónicas. Repasamos sobre su historia lo que ha de decirnos la Wikipedia:
"El solar sobre el cual se construyó el palacio de Rajoy, estaba ocupado anteriormente por las cárceles, lo civil y lo eclesiástico de la ciudad, y un tramo de la muralla, que defendía la urbe por la parte del poniente. La doble propiedad sobre el predio originó discordancias entre el Obispado y el Ayuntamiento. Este presentó un proyecto en 1764, de la autoría de Lucas Ferro Caaveiro, con la idea de ubicar la Casa del Ayuntamiento entre ambas cárceles. Por su lado, el arzobispo Bartolomé de Rajoy tenía en mente colocar ahí el Seminario denominado de Confesores y la residencia para los niños del coro catedralicio, para lo cual presentaba un proyecto diferente, encargado a Andrés García de Quiñones. Sin embargo, además de la controversia entre los copropietarios, surgió una tercera parte interesada, el Hospital Real, alegando que se atentaba contra su propiedad. El litigio consiguiente llevó a la intervención de la Capitanía General de Galicia y la de la Real Cámara, resolviéndose, finalmente, de manera salomónica el 13 de mayo de 1767, que el futuro edificio albergase el Consistorio compostelano, el Seminario de Confesores y las cárceles, de acuerdo al proyecto del ingeniero Carlos Lemaur, según se había propuesto por la dicha Capitanía General. 
De acuerdo con la anterior resolución, el edificio fue construido según las trazas de Lemaur, siendo dirigidas las obras por el fray Manuel de los Mártires, y como ejecutores reales por los maestros Juan López Freire y Alberto Ricoy, y, según la inscripción que figura en el friso del mismo palacio, las obras se extendieron entre 1766 y 1772. 
El palacio contribuyó a realzar la plaza del Obradoiro, que carecía de un edificio digno en ese lado, incluso cuando hacía pocos años que se había terminado la imponente nueva fachada occidental de la sede compostelana."

Parece que la representación de la batalla de Clavijo en el gran frontón central no obedece a capricho sino que se vislumbra algo muy personal, pues el arzobispo tuvo un importante pleito con Antonio Ponce de León y Spínola, XI Duque de Arcos, quien pretendió infructuosamente suprimir el voto impositivo aplicado en relación con dicha batalla. Volvemos a consultar la Xacopedia:
"Hombre muy influyente, capitán general de los Reales Ejércitos desde 1772, llegó al ducado de Arcos en 1763. 
En 1771 promovió una prolongada campaña contra el Voto de Santiago, en la que contó con la inestimable colaboración del humanista y erudito alicantino Francisco Cerdá y Rico (1739-1800). Mediante la famosa Representación contra el pretendido Voto de Santiago, que hace al Rey nuestro Señor D. Carlos III el duque de Arcos, logra iniciar una de las campañas más duras y mejor documentadas a las que debió enfrentarse el denostado Voto de Santiago, recaudado entre el campesinado de distintas zonas de España y que reportaba a la Iglesia compostelana la parte principal de su sustento. 
La obra, redactada en realidad por Cerdá y Rico, “oculta bajo un disfraz filantrópico de defensa de los campesinos y de los derechos de la monarquía” el verdadero objetivo: la oposición del duque a que circulase por sus extensas tierras el trigo de Castilla destinado al Voto sin pagar ningún tipo de impuesto. Lo afirma Ofelia Rey Castelao, profunda conocedora de este privilegio de la Iglesia compostelana, quien añade que Carlos III respondió a las críticas del duque encargando al Consejo de Castilla y a las autoridades locales una encuesta para conocer la realidad de la percepción del Voto. Las iniciativas del duque de Arcos no lograron suspender el privilegio pero contribuyeron a su ya gran rechazo y a que aumentasen el fraude y los impagos".


Este admirado y "colosal edificio neoclásico de aire francés", como lo definen en Compostela, historias, leyendas y curiosidades de la ciudad Santa. es además en realidad el edificio más moderno de la Praza do Obradoiro, como hacen bien en recordarnos Marta González Vázquez y Joaquín González Dorao en su muy recomendable Guía ilustrada de la catedral de Santiago. Como siempre, Santiago de Compostela Turismo hace una estupenda sinopsis histórica y arquitectónica de cada monumento que nos vamos a encontrar y por eso lo queremos compartir:
"Cerrando la Praza do Obradoiro y situado frente a la fachada oeste de la Catedral, se levanta este palacio, mandado construir por el arzobispo Raxoi en 1766, para residencia de los niños del coro y seminario. Las obras fueron ejecutadas por el ingeniero francés Charles Lemaur. La larga fachada abierta con un elegante soportal, dota al edificio de una marcada horizontalidad. En el centro de la fachada puede verse un frontón con un relieve en mármol, en el que se representa la batalla de Clavijo, obra de Gambino y Ferreiro, coronado por la estatua ecuestre de Santiago. En el interior destaca la escalera rococó diseñada también por Lemaur".

Volviendo a la Wikipedia nos enteramos que en 1950 el geógrafo francés Jean Sermet planteó que el Pazo de Raxoi podría tener su inspiración en el Capitole de Toulouse, obra del arquitecto Guillaume Cammas acabada pocos años antes (1760). Posteriormente el historiador del arte ferrolano Alfredo Vigo Trasancos lo comparó con otras construcciones francesas de la misma época como la Mairie de Nancy que, como el Capitolio de Toulouse y este mismo pazo fueron y son sede del consistorio de la ciudad:
"El edificio se corresponde con un tipo palacial francés desarrollado por François Mansart, en último extremo asentado sobre modelos italianos: larga loggia porticada, con perpiaños almohadillados, sobre los que se alzan los cuerpos correspondientes, y abrazados por un orden colosal
A este patrón se ajustó la fábrica compostelana. Sobre un plano rectangular, predomina la horizontalidad, con los casi 90 m de longitud de la fachada, apenas rota por las acróteras y frontones del coronamiento, que contrasta con la verticalidad de la fachada catedralicia. En el cuerpo inferior destaca el asoportalamiento con veinte arquerías de medio punto en los lados y cinco adinteladas en el centro. Sobre esta loggia se desarrollan dos cuerpos superiores, ambos establecidos por columnas adosadas de Orden gigante jónica, que arrancan, sobre pedestal apoyado en el final del pórtico. Entre esas columnas colosales se abren cincuenta huecos, de tipo puerta en ambos casos, pues por ellas se accede al balcón corrido que recorre toda la fachada en el primer piso, y a una baranda en el segundo. Estos vanos aseguran la luminosidad de las estancias internas. 
Corona la construcción un ático adornado con balaustradas. En los laterales colocó el arquitecto sendos frontones curvados, y en medio un frontón triangular, sostenido por columnata pareada. De este modo se realza esa parte central, que además avanza ligeramente para la plaza, y hacia la que se reclama la atención, pues en ella se sitúa la entrada principal. Mientras en los frontones laterales se habían colocado sendos escudos de Rajoy, en el central se sitúa un tímpano que desarrolla, en relieve, la batalla de Clavijo, en la que según la leyenda intervino el mismo Santiago apóstol, epónimo de la ciudad, en auxilio de los cristianos. Fue diseñado por el pintor gallego Gregorio Ferro, y ejecutado, en mármol, por los escultores José Gambino y José Ferreiro, ambos también gallegos. Este último fue además el autor del Santiago ecuestre que termina la cimera del frontón. 
La parte posterior de la edificación es diferente, pues un abrupto corte de terreno y la cercanía de la Iglesia de San Frutuoso, imponía soluciones diferentes. El cuerpo inferior, hasta la altura de la plaza del Obradoiro, se destinó a albergar las cárceles. Se colocó un amplio patio central, y se proyectaron dos cuerpos laterales prismáticos, siguiéndolos las pautas de la fachada, pero con total ausencia de elementos que rompiesen la estereotomía de la obra, a no ser los huecos y balaustrada superior. 
La sencillez de los elementos arquitectónicos y la pureza de líneas, hacen de este edificio uno de los más importantes de España en estilo neoclásico".

Y, como hemos dicho, en el otro extremo volvemos a ver el escudo del arzobispo fundador


De este su blasón y su significado dejamos que nos deleite de nuevo la Xacopedia con su pormenorizada y excelente descripción:
"En su blasón se dispone una concha de vieira que nos indica que ocupaba la sede compostelana, bajo la que aparece el capelo o sombrero, que alude a su condición de prelado, y del que parten dos cordones, rematados en diez borlas a cada lado, que confirman su título de arzobispo primado. Debajo del capelo se sitúa la corona real y en los cuarteles se representa una torre sobre un puente y un río en homenaje a su Pontedeume natal -en el puente, mandado construir por Pérez de Andrade o Bo, había un hospital de peregrinos con cuatro camas reservadas-; los lagartos, que hacen referencia al linaje de los Losada; una torre o castillo y tres estrellas sobre una banda que lo cruza en diagonal."

Vecinos y peregrinos se acomodan en su largo soportal guardándose tanto de la lluvia como del sol cuando este cae a plomo sobre la explanada de la Praza do Obradoiro


Los arcos de este grandioso pórtico enmarcan la maravillosa vista de la plaza y la fachada occidental de la catedral, joya del barroco gallego de Fernando de Casas Novoa. Estamos sin duda en "uno de los lugares más deseados del mundo", como bien nos advierten en Compostela, historias, leyendas y curiosidades de la ciudad Santa


"La catedral de Santiago es la catedral del mundo", como bien afirmó el cardenal Angelo G. Roncalli, futuro papa Juan XXIII, cuando llegó a peregrinación a Santiago en 1954, "el llamado 'Papa bueno', aludía a la singular universalidad de esta basílica, meta de la peregrinación histórica más intensa y abierta", destaca Manuel F. Rodríguez. Las obras de la catedral románica comenzaron en 1075 tras una parece que muy pobre reconstrucción de la basílica prerrománica de Alfonso III y Sisnando I luego del ataque de Almanzor, quien la arrasó en 997, respetando sin embargo el sepulcro del Apóstol


Pero no comenzaron con el arzobispo Diego Xelmírez, cuyo pazo seguimos viendo en nuestro deambular peregrinatorio por O Obradoiro, sino con el obispo Diego Peláez (aún no eran arzobispos los prelados compostelanos) y el rey Alfonso VI, dada la gran afluencia de peregrinos y su proyección europea, proyectando un templo románico de grandes dimensiones que sería uno de los mayores de su tiempo, imitando a las llamadas 'iglesias de peregrinación' francesas


Sufragado, como casi todo, con el Voto de Santiago de la supuesta batalla de Clavijo, se llamó para construirla a maestros de toda procedencias pero especialmente franceses, empezándose por la cabecera, la girola en torno al altar mayor del sepulcro de Santiago y sus discípulos. Sin embargo hubo un tiempo de paralización hasta que Diego Xelmírez retomase los trabajos, aunque esta y otras iniciativas le costasen tener que prácticamente encastillarse en un palacio-fortaleza pegado a la catedral tras la revuelta contra él y contra la reina Urraca en 1117


Con Diego Xelmírez se acabó la girola y se hicieron las naves, las puertas norte y sur y el altar mayor, es decir, la mayor parte del nuevo templo catedralicio, ahora envuelto, como toda la obra románica, en este esplendor barroco


No fue sin embargo el enérgico Diego Xelmírez el arzobispo que tuvo el honor de consagrar el templo compostelano como catedral románica, sino Pedro Muñiz el Nigromántico, quien lo celebró con toda pompa y boato el 11 de abril del año 1211, en presencia del rey Alfonso IX y su corte, diez obispos, coros cantores, autoridades, fidalgos y pueblo en general. Natural de la coruñesa San Fiz de Brión, ocupó desde joven diversos cargos eclesiásticos, que le llevaron en 1205 a ser obispo de León y dos años después arzobispo de Santiago bajo el nombre de Pedro IV, haciendo valer su amistad con el papa Inocencio III para conseguir buenas concesiones en favor de esta sede


Persona activa en lo social, cultural y religioso, favoreció a las órdenes mendicantes y los estudios de Humanidades como manera de ilustrar al clero que había de transmitir las enseñanzas cristianas a los fieles. No obstante, su fama más duradera, legendaria o no, es la de mago o nigromante, pues se dice estaba versado en ocultismo y buscaba en la catedral la preciada piedra filosofal. No existen, de todas maneras, las más mínimas pruebas contemporáneas a él que demuestren que fuese realmente brujo, sino que son noticias transmitidas por cronistas eclesiásticos muy posteriores a su fallecimiento en 1224


Quizás la curación milagrosa de unas malas fiebres, orando a San Isidoro cuando ocupaba el sitial de León, junto con su pasión por los libros y la cultura, le valieron aquella fama. Durante su mandato sí se sabe que se suavizó un poco el férreo control eclesial sobre la ciudad y florecieron mínimamente los nacientes gremios de artesanos y burgueses. Luego de él él la Iglesia recurrió a arzobispos más intransigentes en este aspecto


Residiría en el pazo construido por Xelmírez, aunque otra leyenda apócrifa le presenta recluido en el monasterio de San Lourenzo de Trasouto, al lado de la Carballeira de San Lourenzo, a la salida de Santiago en el Camino a Fisterra, por disposición del papa Honorio II en castigo a su gusto por el ocultismo


Sea como fuese, el mitrado que favoreció los estudios y formación del clero, enviando incluso a monjes a estudiar a las universidades europeas, verdadera premonición de lo que con el tiempo sería la Universidad de Santiago, o que entabló buenas relaciones con los ámbitos no religiosos de la ciudad, pasó más a la historia con esta, tal vez sin duda inmerecida, nebulosa de magia y brujería. Un halo de esotérico misterio que, de todas maneras, suele envolver a numerosas catedrales como la de Santiago de Compostela, uno de los tres grandes lugares sagrados de la cristiandad junto con Roma y Jerusalén


Pedro Muñiz está enterrado al pie de la magna obra románica, transición a gótica, de la catedral, el Pórtico de la Gloria del maestro Mateo, el cual sustituía a otro anterior, románico pleno, que desapareció, pero del que daba cuenta el Codex Calixtinus. Comenzado en tiempos de su antecesor, Pedro de Deza, La fachada barroca de Casas Novoa lo preservó de la intemperie. No tuvo puertas hasta 1521 y se permitía a los peregrinos entrar y salir, incluso a dormir, día y noche


En un primer lugar, para asentar sobre ella el Pórtico de la Gloria, el maestro Mateo hizo una cripta en su base, la Catedral Vella o Catedral Vieja, que salvase el desnivel existente y que es esta que vemos desde aquí, cerrada con alta y artística verja. A principios del siglo XVII, en concreto en 1606 y siendo arzobispo Maximiliano de Austria,  se construyó la actual escalinata de O Obradoiro, con dos escaleras laterales,  para facilitar el acceso al pórtico y mejorar el aspecto de esta entrada tanto al espacio semisubterráneo de la cripta como a la iglesia catedralicia, donde aún estaba a la vista el Pórtico de la Gloria


Esta estructura sustituye a la anterior románica que hizo el maestro Mateo para salvar el desnivel del suelo con la gran portada románica del Pórtico de la Gloria. Gracias a los dibujos y proyectos del canónigo José de Vega y Verdugo conocemos cómo serían en esos siglos entre el renacimiento y el barroco los exteriores de la catedral, presentando ideas para al altar mayor o esta fachada del Obradoiro y abogando por una recuperación estética y por lo tanto general de la ciudad, en base a los nuevos edificios barrocos


La cripta o Catedral Vella forma parte ahora del Museo de la Catedral. La puerta de la misma está flanqueada por dos estatuas protogóticas de David y Salomón a cuyos lados parten dichas sendas escaleras


Detalle de las filigranas de la de la izquierda



En la de la de la derecha, la concha de Santiago


Maximiliano de Austria quiso impulsar una relación más directa entre la catedral y el Hospital Real construyendo esta bella escalinata que mejora físicamente esta cercanía. Permitirá un tránsito más cómodo a los peregrinos que se hospedan en él y, con el tiempo, sus rituales y los del Pórtico de la Gloria, con su extrema belleza y simbolismo, harán de esta la 'gran entrada' a la catedral, de frente a sus naves, capillas y altar mayor, rivalizando incluso con la portada norte o de la Acibechería, la más inmediata al antiguo Hospital de Santiago y a le llegada de los peregrinos del Camino Francés, la mayoría


Fue autor de obras y proyecto el arquitecto andaluz Ginés Martínez de Aranda, obra renacentista que se inspira en la hecha por Jacopo Vignola para el Palacio Farnesio de Roma y en la Escalera Dorada de la catedral de Burgos, de Diego de Siloé (o Siloe) y el maestro Hilario Francés. Tiene forma de rombo con dos rampas que rodean la cripta románica del maestro Mateo en la llamada Catedral Vella
 

El historiador Francisco Singul opina que esta preciosa escalinata "pretende elevar la posición de la catedral -de modo material y simbólico- con respecto a la plaza y a los edificios contiguos"


Marta González Vázquez escribe en la Guía ilustrada de la catedral de Santiago que "la plaza del Obradoiro se cierra por su parte este con la fachada de la catedral, la más grandiosa y ruca de las cuatro existentes, una clamorosa victoria barroca sobre el románico interior. Es evidente que hubo también la voluntad de crear, con esta portada, una gran plaza para configurar el centro de la ciudad", esto es, la Praza do Obradoiro, que como dice Wikipedia "es el corazón de Santiago de Compostela, su nombre hace alusión al taller u obrador de canteros que funcionaba en la parte posterior de la catedral durante su construcción. A ella llegan cada día hoy cientos de peregrinos. En el centro de esta bella plaza se encuentra el kilómetro 0 de todos los caminos a Santiago".


Además de asuntos propios de cambios de gustos en arte, estética, urbanismo y liturgia, plantea González Vázquez que en el tiempo del barroco a Santiago le surgió una importante competencia en el patronazgo de España, el cual se consideraba así desde la batalla de Clavijo, pero no sería refrendado hasta Urbano VIII en 1630, contra el parecer de algunos que querían que se declarase también a Santa Teresa de Jesús como copatrona:
"Era necesario, por tanto, dotar a la ciudad y a la catedral de armas opulentas para seguir manteniendo esa primacía entre los santos y las iglesias españolas. La fachada del Obradoiro es una de esas grandes obras destinadas a hacer realidad ese objetivo. Altas, esbeltas, las dos torres sustituyen a unas anteriores desiguales en tamaño, algo que sorprendía mucho a los viajeros que escribieron sobre Compostela"

"En la planta baja el edificio se remata con una majestuosa escalinata para acceder al segundo piso donde, en el interior, se ubica el Pórtico de la Gloria. En el centro de este, un Santiago peregrino, con báculo y bordón, recibe a los fieles en su casa", sigue explicando Marta González Vázquez, aunque esto ha cambiado


En la actualidad, el acceso a la cripta desde la Praza do Obradoiro se mantiene pero con pago de entrada como parte del Museo de la Catedral; sin embargo la portada do Obradoiro se mantiene cerrada y el pórtico de la Gloria solamente es visitable desde el interior, entrando por la puerta de la Praza das Praterías, la meridional (a la derecha desde el Obradoiro) y también abonando entrada. Junto con ello se han perdido los seculares rituales de acceso por esta emblemática portada occidental


Se priva además a peregrinos y visitantes de la sensación, buscada por los constructores desde el románico al barroco de, tras el Pórtico de la Gloria, acceder de frente ante el altar mayor de Santiago maravillándonos de las tres majestuosas naves de la iglesia, muy altas, que van hacia él, cruzándose allí con el transepto que da forma al crucero y forma la planta de cruz latina de la catedral, viendo desde el primer momento la figura del santo a lo lejos y de frente, acercándose a ella paso a paso por el pasillo central o recorriendo las numerosas capillas laterales


El gran historiador, divulgador pionero de los caminos de Santiago y escritor Antón Pombo, en su tantas veces reeditadas guías de las diferentes rutas jacobitas con la editorial Anaya, manifiesta impecablemente esta contrariedad:
"Desde 2009 ya no es posible acceder al Pórtico de la Gloria para posar nuestra mano en la cavidad del parteluz ni darse un golpe en el Santo dos Croques; la gran obra del Maestro Mateo ha sido descontextualizada de la basílica y solo puede ser admirada, sin que ni siquiera nos permitan hacer fotos, tras abonar la entrada (suplemento al museo). También se ha eliminado otra tradición, de hecho ya olvidada, como era la de palpar la columna-relicario que contiene los bordones de Santiago y San Franco de Siena, que del crucero ha sido trasladada al museo (capilla de las reliquias)

Sigue siendo posible, ¡menos mal!, ascender al camarín de Santiago (imagen del s. XIII revestida con esclavina de plata), copia de la barroca regalada por Monroy para darle el abrazo, Y también descender a la cripta, redescubierta en 1885, para orar ante la tumba de Santiago (urna de plata)"

En lo alto de la escalinata vemos la ahora siempre o casi siempre cerrada portada occidental que, cubriendo al Pórtico de la Gloria, permitía el sublime acceso directo desde O Obradoiro a las naves y altar de Santiago, como fue el deseo de los prelados, arquitectos y constructores de antaño


Escudos reales, blasones catedralicios y de prelados, cruces de Santiago, columnas corintias estriadas, conchas jacobeas e infinidad de ornamentos cincelados, vegetales casi todos, conforman el ornato de la portada barroca que guarda la románico-gótica siguiendo un esquema que se extiende por buena parte de esta impresionante portada occidental


"En el siglo XVIII, en consecuencia con el afán de exaltación de la catedral como centro de poder religioso, se proyecta la nueva fachada aprovechando el sentido teatral y grandilocuente del barroco. Se encarga el proyecto al arquitecto Fernando de Casas Novoa. Las obras concluyen en 1750", escribe de esta maravilla Manuel F. Rodríguez. La torres con las que casas Novoa remató la nueva fachada aprovechaban las anteriores medievales pero incrementando su altura hasta los ochenta metros


Las torres siguen haciendo de esta catedral el edificio más alto de la ciudad, la de la derecha es la Torre de las Campanas, que alberga a estas, mientras que la de la izquierda es la Torre de la Carraca, el instrumento instrumento que se emplea en sustitución de las campanas en Semana Santa, en señal de duelo, pues las campanas han de permanecer en silencio por la pasión y muerta de Jesús


Arriba y entre las torres está la imagen de Santiago presidiendo la plaza y siendo adorado por dos reyes, que posiblemente sean Alfonso III El Magno y Ordoño II si se repite el esquema existente en la fachada barroca de la Acibechería, o tal vez sean otros


Es la imagen de Santiago Peregrino con su hábito como tal. Los reyes se representan según los conocimientos históricos de la época, más con atuendo dieciochesco que medieval. A los lados hay sendas bolas con dos angelotes y una cruz de Santiago cada una. Sobre Santiago, una concha peregrina


Abajo están sus discípulos Teodoro (derecha) y Atanasio (izquierda) y , en medio de ambos, una urna simboliza el sepulcro donde se hallaron sus restos. La estrella representa a las luces vistas por su descubridor, el eremita Paio o Pelayo, al igual que las cabezas de ángeles debajo del arca. El conjunto de esculturas es del año 1746, cuando fueron instaladas aquí, obra de los escultores Gregorio Fernández y Antonio Vaamonde, así como Francisco Fernández Montero, quien talló las imágenes de los cuatro ángeles que portan la Cruz de Santiago, dos a cada lado, pintados de blanco y oro por Juan Antonio García de Bouzas


La cruces laterales de Santiago y la que, en la cúspide remata el conjunto, son metálicas


La Torre de las Campanas, a la derecha, ya había tenido una importante intervención, concluida a finales del siglo XVII, con el maestro Peña de Toro, lo que obligó a Fernando de Casas Novoa a seguir su línea estética


Y así, en la Torre de la Carraca, que aún seguía conservando su traza románica, aprovechó para imitar su arquitectura y estilo artístico "y crear un enlace magistralmente compuesto que dotase de la más sorprendente y espectacular unidad formal y expresiva al conjunto", explica Manuel Chamoso Lamas


"Las numerosas esculturas que se reparten por esta fachada se deben a los escultores Fernández de Sande, Vaamonde, Gambino, Lens, Nogueira, López, Pose y Ramos", prosigue Chamoso Lamas. "Estuvieron policromadas, realizando esta labor de policromía el pintor Bouzas"


Em este conjunto escultórico de la Torre de la Carraca tenemos a la izquierda a Santa Susana, segunda patrona de la ciudad; a su derecha San Juan Evangelista, hermano de Santiago y, seguidamente y en una hornacina en la pared de la misma torre, Zebedeo, el padre de ambos


Un esquema similar lo tenemos en la Torre de las Campanas: en la hornacina de la pared está María Salomé, madre de Santiago y de San Juan Evangelista y, sobre la balaustrada del balcón Saliente, está Santiago Alfeo o el Menor, así llamado para distinguirlo del otro Santiago o el Mayor, al que está consagrada la catedral, y a su derecha, Santa Bárbara


Es interesante saber que el catolicismo considera a Santiago Alfeo o el Menor otro de los discípulos de Cristo, llamado también el Menor, mientras que la iglesia oriental los tiene por dos personas distintas. Existió también en tiempos cierta confusión entre el Mayor y el Menor. Dado que ello enlaza con la identidad del mismo Apóstol Santiago y el debate sobre quién está realmente enterrado en el sepulcro compostelano, estimamos muy oportuno compartir la entrada que le dedica la Xacopedia:
"Personaje relacionado con la vida de Jesús al que la Iglesia católica identifica como uno de los apóstoles de Cristo. Es la Biblia, a través del Nuevo Testamento, la que cita de pasada, en el Evangelio de Marcos, a un tal Santiago el Menor como hijo de una de las mujeres que contemplan la agonía de Jesús. Ni antes ni después se vuelve a mencionar otro Santiago con tal sobrenombre. Ante esto, su identificación ha resultado compleja y no resuelta del todo. Casi nunca se mantuvo que tuviese una identidad propia. Se acostumbra a identificarlo con los personajes citados en el Nuevo Testamento como “Santiago el de Alfeo”, Santiago el hermano del Señor o con ambos.
La iglesia oriental defendió desde antiguo que los Santiago Menor y Alfeo -este citado en los Evangelios como apóstol- fueron una misma persona, en tanto que el hermano del Señor sería el que aparece en los textos bíblicos con un gran protagonismo en el periodo que siguió a la muerte y Resurrección de Cristo y que posteriormente también se conoció como el Justo. La Iglesia romana intentó dar carpetazo a la cuestión en el Concilio de Trento (s. XVI) resolviendo que los tres eran un único ser: uno de los doce apóstoles de Jesús, el citado en las listas evangélicas como “Santiago el de Alfeo”. 
Esto no evitó que el debate siguiera y siga abierto. Distintos exégetas sostienen que la personalidad de Santiago el Menor coincidiría con la del hermano del Señor, calificativo con el que los pueblos semitas se referían también a los primos y otros parientes, pero no con la de Santiago Alfeo. Defienden, por lo tanto, la existencia de tres Santiagos distintos en el Nuevo TestamentoSantiago Zebedeo (conocido posteriormente como el Mayor) y Santiago Alfeo, ambos elegidos por Jesús entre los doce apóstoles, y Santiago el Menor, que sería la misma persona que el citado como “el hermano del Señor”. Para complicar más las cosas, ciertos sectores eclesiásticos siguen manteniendo la teoría de que Santiago el Menor sería la misma persona que el apóstol Alfeo, en tanto que el hermano del Señor tendría otra identidad.  
El Menor y el Mayor  
No se han producido casos de unificación de las identidades de Santiago Zebedeo y Santiago el Menor, en contra de lo que sucede con este último en relación con los Santiagos Alfeo y el hermano del Señor. Esto es así siempre y cuando no tengamos en cuenta la teoría mantenida por la Iglesia católica y muchos estudiosos que defiende una misma personalidad para el Alfeo, el Menor y el hermano del Señor.  
Como es sabido, en algún momento de la Edad Media la Iglesia compostelana atribuyó a Santiago el Mayor pasajes propios de Santiago el hermano del Señor. Se observa en el Codex Calixtintus (s. XII). Pero aquí estamos intentando perfilar la escueta referencia bíblica a “Santiago el Menor”. En este sentido, resulta curioso que el Nuevo Testamento se refiera a un “Santiago el Menor” sin oponerlo a otro “Mayor”, que no llega a citar. Sólo en textos cristianos posteriores a la compilación bíblica se empezará a mencionar a Santiago Zebedeo como “el Mayor” para diferenciarlo del “Menor” bíblico identificado, como hemos visto, ya con el Alfeo, ya con Santiago el hermano del Señor, ya con ambos. El sentido de esta diferenciación se resolverá en la dirección expuesta por el obispo italiano Jacobo de Varazze, en la Legenda aurea (s. XIII). Considera que el epíteto de “el Menor” se debe a que ingresó después que “el Mayor” en el grupo de los apóstoles.  
La Iglesia ha defendido la referencia bíblica al “Menor” en el tal sentido, ya que finalmente su papel en los orígenes cristianos fue más relevante que la del apóstol enterrado en Compostela, siempre y cuando nos atengamos a las teorías predominantes en Occidente que lo identifican como Santiago el hermano del Señor. En alguna ocasión se apeló a este discípulo como Santiago el Joven basándose en una casi siempre rechazada distinción por motivos de edad. También se ha especulado con la posibilidad de que estos dos Santiagos fuesen primos.  

La cabeza de Santiago el Menor 

Hay en el ámbito compostelano medieval, sin embargo, un claro y famoso ejemplo de interferencia entre Santiago el Mayor y Santiago el Menor. En el contexto del desmesurado culto y prestigio de las reliquias de santos en el medievo, el obispo de Coimbra -y antes de Braga-, Mauricio Burdino, deseoso de debilitar la cada vez más consolidada influencia de la Iglesia compostelana, peregrina a Tierra Santa hacia el año 1105 y al volver -posiblemente en 1109- asegura que trae con él la cabeza de Santiago el Mayor. Trataría así de poner en entredicho la identidad de la gran reliquia apostólica compostelana que, según la tradición, había llegado íntegra a Galicia. Ante la inseguridad en su camino de vuelta, deposita temporalmente la cabeza en el monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes, donde acaba cayendo en manos de la reina castellana Urraca. Esta se la entrega a Gelmírez con el ánimo de reconciliarse con él tras los duros enfrentamientos que habían vivido. 
De esta forma, el cráneo finalizará su andadura en Compostela en 1116, donde es recibido de forma triunfal en el Monte do Gozo, procedente de León. Fue utilizado por el obispo Diego Gelmírez como un éxito más de su labor a favor del santuario, sin poner en duda su atribución a Santiago el Mayor. 
Sin embargo, el objetivo preferente de la Iglesia compostelana de preservar sin fallo la tradición del traslado íntegro del cuerpo de Santiago el Mayor a España pudo ser el motivo que posteriormente llevó a que esta pasase a atribuir la reliquia ósea a Santiago el Menor o Alfeo, basándose en las teo-rías que consideraban una misma persona estos dos nombres bíblicos y el Santiago hermano del Señor. Siguiendo el Nuevo Testamento y textos posteriores, este Santiago había sufrido martirio en Jerusalén y allí había sido enterrado, lo que haría verosímil que esta reliquia procediera de Tierra Santa y correspondiese a un apóstol con ese nombre, al tiempo que salvaba la integridad previa del cuerpo de Santiago Zebedeo en Compostela. 
Actualmente la reliquia de Santiago el Menor es, tras la del propio Santiago el Mayor, la más famosa de la catedral compostelana. Se conserva expuesta en la capilla de las Reliquias en un busto-relicario de 1322 no menos famoso, realizado en plata sobredorada, con esmaltes y yemas, por orden del arzobispo compostelano de origen francés Berenguel de Landoira. Ante el hecho de que las reliquias de Santiago el Mayor eran inaccesibles desde los tiempos de Gelmírez, este prelado fomentó un culto alternativo a Santiago el Menor, incorporándolo a la procesión de cada 30 de diciembre con la que se conmemoraba y conmemora todavía el traslado de los restos de Santiago el Mayor a Galicia. Desde 1434 este busto-relicario luce en su cuello un collar de oro regalado por el caballero Suero de Quiñones, quien peregrinó a Compostela tras sus legendarias justas del Paso Honroso, en el puente leonés de Hospital de Órbigo (Camino Francés). El relicario adquirió su definitiva forma actual con la incorporación de una lujosa peana en el siglo XVII. 
En cualquier caso, el largo descanso de esta reliquia en Compostela no acaba de encontrar sosiego, ya que la catedral de Ancona asegura disponer también de una cabeza de Santiago el Menor, conservada en su Museo Diocesano."

En la Torre de las Campanas vivieron, en un pequeño habitáculo, los campaneros sucesivos con sus familias. El último que allí residió fue Ricardo, que hasta finales de la década de 1950 hacía además de sastre para la catedral y criaba gallinas, con el fin de ganarse para él y los suyos unos ingresos adicionales al viejo oficio


Era antes de las restauraciones del siglo XXI aún visible "el cobertizo adosado al muro de la torre, sobre las cubiertas, en el que estos animales se refugiaban cada noche, disfrutando, sin duda, de las mejores vistas de la ciudad", advierte Manuel F. Rodríguez en otro de sus secretos del Santiago oculto


En la gran fachada catedralicia unos grandes ventanales proporcionan abundante entrada de luz natural a las naves del interior, principalmente central o nave mayor y hacia el altar mayor o de Santiago. De él escribe Manuel F. Rodríguez:
"El frente central muestra una insólita y grandiosa superficie acristalada, diseñada en cuatro cuerpos, para la iluminación de la nave mayor. Imita un arco triunfal que también refleja de forma maravillosa y evocadora la luz del sol al atardecer, por su orientación al poniente. Por eso se conoce como 'el espejo'. Merece la pena es espectáculo si las nubes lo permiten".

Estas magníficas cristaleras fueron restaurados dentro de las campañas de rehabilitación de la catedral. Esta de la fachada del Obradoiro se realizó en concreto entre 2013 y 2018. En la web de la Catedral de Santiago podemos enterarnos de qué actuaciones se acometieron aquí y una sinopsis históricas de estos ventanales de la tribuna o galería elevada sobre la nave central:
"Los grandes huecos de ventana en la fachada del Obradoiro, al nivel de la tribuna, se cerraban con unas carpinterías de bronce, fabricadas y colocadas a mediados de los años ochenta del pasado siglo, que se encontraban parcialmente descolgadas por el empuje del viento, con riesgo de desprendimiento en los vanos mayores. 
Las desiguales facturas y disposiciones de las cajas revelan que a lo largo del tiempo hubo varias reposiciones de los ventanales, provocadas seguramente por su repetida degradación en una situación tan expuesta al sol y castigada por los temporales. Las fotografías antiguas muestran ventanales de madera con diferentes patrones de diseño y subdivisión, indicando que se iban sustituyendo -o reforzando- según su proceso de deterioro, trabajos realizados sobre la marcha por la carpintería de la catedral. 
No se dispone de datos de cómo pudieron haber sido los cierres originales, si vidrieras emplomadas o similares a los de madera que muestran las fotografías más antiguas, pero la configuración constatada de estos últimos, con maderas de muy pequeña sección, contribuía a su rápida ruina. Esa reducida dimensión no solo revelaba una deficiente tecnología de la madera y el vidrio, sino que también restaba luminosidad. 
Es evidente la intención primigenia de ofrecer un gran transparente en el centro de la fachada barroca, siguiendo la estela del medieval destruido, para iluminar con plenitud un interior que había quedado oscurecido con construcciones adosadas a las naves. 
Los nuevos ventanales se han realizado en madera de iroko. Sus entrepaños conforman una malla ortogonal de proporciones similares para todos ellos, a pesar de las diferencias de formas y tamaños entre los distintos huecos. La anchura media de los entrepaños es la habitual en las ventanas del casco histórico de la ciudad. El empuje del viento condiciona la adecuada sección de montantes y largueros; para mejorar la resistencia sin aumentar demasiado la sección de las piezas, los ventanales mayores se servirán de las trancas de hierro existentes, unos elementos históricos a conservar y reutilizar. Como resultado, sin subestructuras de refuerzo, ofrecerán una imagen continua y homogénea. 
Las ventanas incorporan pequeñas aberturas protegidas para una necesaria ventilación permanente, y se disponen varios elementos practicables para un eventual acceso al exterior. Los vidrios son laminados de tipo extra-claro, con muy bajo índice de reflexión. 
La mayor transparencia de los nuevos ventanales permite apreciar mejor la complejidad de la obra barroca en su superposición sobre la románica. A la vez, ofrece al exterior una presencia más tranquila y neutra, muy oportuna entre tan rica ornamentación, y por dentro más discreción en el marco del sobresaliente conjunto medieval de la tribuna. El acento expresivo de las carpinterías en fachada recae sobre las rejas que cierran los también nuevos ventanales frente al Pórtico de la Gloria, y sus portones. También mejora la visión desde el interior de la catedral hacia la tribuna y fachada de poniente, pues quedan menos elementos extraños de fondo que pudiesen interferir en la apreciación y disfrute de las formas prístinas de arcadas y óculos medievales."

Y volvemos a la portada barroca, ahora siempre cerrada, que daba acceso al templo, nártex intermedio, a través del Pórtico de la Gloria que, para el maestro Mateo, por su posición elevada y entrada al templo o 'cada de Dios' era el cielo y representaba la Gloria, y como tal la representaba en su iconografía


De la misma manera, abajo, la cripta representaba lo terrenal; hablaremos de ello cuando visitemos ambas estancias en la oportuna entrada de blog


La portada barroca, como las románicas precedentes, estaban concebidas como un arco de triunfo que recibiese a quienes entraban al templo a venerar al Apóstol. Otro tanto podríamos decir de las portadas de Acibechería, Praterías y Porta Santa. Hemos de recordar que estas obras barrocas se hacían para intentar paliar la decadencia de las peregrinaciones, que duraba siglos. En 1752 el Catastro del Marqués de Ensenada refleja que casi la mitad de la vecindad vive de modestos talleres artesanos para vender a los peregrinos


La historia de la catedral de Santiago de Compostela está totalmente relacionada con su entorno, pues existe además un "Santiago antes que Santiago", si se nos permite la expresión, de indudable importancia para comprender lo que habría de acontecer después, pues hemos de pensar que desde hace milenios, en los terrenos que hoy conforman la ciudad de Santiago y su actual concello, ya existían pobladores. De algunos de los más antiguos se conservan sus monumentos funerarios, túmulos o mámoas, así como petroglifos, dibujos simbólicos grabados y/o pintados en las rocas y penedos. Luego vendrá la cultura castrexa, llamada así por sus poblados fortificados o castros, de los que se catalogaron en Santiago unos 27


En este caso destaca uno localizado en pleno casco urbano y que hubo de ser fundamental para el nacimiento del Santiago actual, siendo su primer precedente urbano: se trata del castro de San Fiz de Solovio, mencionado como tal en el Libro de la Hermandad de Caballeros Cambeadores (siglos XIV-XV), donde se informa que "El cuerpo de Santiago estaba escondido en una cueva debajo de la tierra, en el Monte Burgo de Libredón, debajo del castro de San Fiz de Solovio". El emplazamiento exacto se entresaca de este dato, pues estamos hablando de la iglesia de San Fiz de Solovio, al lado del Mercado de Abastos (segundo lugar mas visitado de Santiago después de la catedral) y cerca de la actual Facultad de Geografía e Historia y de la rúa denominada precisamente do Castro. No en vano la tradición quiere que sea este el paraje en el que el eremita Pelayo vio las luces y prodigios que le señalaron la proximidad del sepulcro de Santiago

El Nuevo Miliario nº 5 Boletín sobre vías romanas, historia de los caminos y otros temas de geografía 

El castro hubo de ser determinante para que, al llegar la dominación romana, se estableciese en sus inmediaciones una mansio, especie de parada de postas con alojamientos, como un área de servicio actual  (para funcionarios imperiales en tránsito), llamada Aseconia y sita en la importante calzada romana que fue la Vía XIX del Itinerario de Antonino (Guía Michelín de la época), trazada para comunicar importantes poblaciones de la antigua Gallaecia, la cual comprendía todo el noroeste peninsular, y que a su vez parece estar basada en pasos naturales e itinerarios anteriores

Paulsburg CC BY-SA 4.0 (Wikipedia)

En concreto unía Bracara Augusta (actual Braga), con Ponte de Lima, Tude (Tui), Turoqua (Pontevedra), Aquis Celenis (Caldas de Reis), Iria FlaviaMartiaeLucus Augusti (Lugo) y Astúrica Augusta (Astorga). En torno a esa mansio y ese castro se fundarían villas y viviendas, las cuales tendrían una necrópolis, pues no en vano en las excavaciones hechas en el subsuelo de la misma catedral se hallaron sepulturas romanas y posteriores


El milenario culto al Ara Solis, el altar del sol que se oculta diariamente en los mares de la Costa da Morte, ante Fisterra (Finis Terrae, fin de la tierra), sin duda hace que estas vías, sendas y lugares estén vinculados con lo religioso desde la más remota noche de los tiempos. Se sabe de los navegantes que allí llegaban y rendían tributo al sol en aquellos santuarios naturales de la Costa da Morte, saga marinera acompañada de otras terrestres que, siguiendo también de día la dirección del astro solar y de noche la Vía Láctea (El Camino de Santiago en el firmamento), llegarían al extremo de la tierra en un peregrinar de antiquísimos orígenes


En el contexto de la romanización haría su aparición el cristianismo, por lo que estas tumbas, todas o en parte, podrían estar relacionadas en algún momento con el periodo de la evangelización del lugar. Aquí haría su aparición, a decir de la tradición, la figura del apóstol Santiago, discípulo de Jesús, quien predicaría en estas tierras en las tempranísimas fechas de las primeras décadas de nuestra era


Volvería a Jerusalén, donde sería decapitado, y sus restos serían trasladados por sus seguidores de nuevo a Galicia, en una barca de piedra. Independientemente de la realidad histórica del suceso, y de quien o quienes estuviesen realmente aquí enterrados, todo su legado simboliza las vicisitudes de la cristianización de Hispania y sería totalmente esencial para explicar la evolución social, política y religiosa de Europa entera


Persecuciones religiosas, invasiones, avatares históricos, la caída del Imperio Romano... harían que el poblamiento, tal y como sucedió en infinidad de localidades de entonces, fuese abandonado y casi olvidado. Aún así y fuese por verdad histórica o por la razón que fuese, cobraba fuerza la idea que Santiago el Mayor había sido el evangelizador de Hispania y que fue enterrado en algún paraje de la Gallaecia, destacando entre otros los escritos de Isidoro de Sevilla y de Aldhelmo de Malmesbury, en Inglaterra


Quizás más directa y fundamental pudo ser la intervención de Beato de Liébana en los primeros años de existencia del Asturorum Regnum o Reino de Asturias que, tras imponerse a la extensión del islam con la caída del poder visigodo, pasaba a ir ocupando precisamente gran parte del tan citado noroeste peninsular. Beato se sabe fue consejero, confesor, asesor... de algunos reyes y reinas, verdadero ideólogo de la corte, siendo protegido por los monarcas Silo y Adosinda primero, y Mauregato después, en sus disputas con el obispo Elipando de Toledo, que con sus enseñanzas y discusiones sobre la naturaleza divina de Cristo (un viejo dilema cristiano desde los tiempos de Arriano) hacía peligrar la unidad religiosa de esta parte de Europa buscando un acercamiento al islam, que cree en Jesús como profeta, aunque no como Mesías


En este su ámbito de actuación escribiría sus Comentarios del Apocalipsis de San Juan que causarían sensación en todo el orbe cristiano, temeroso del fin del mundo ante un contexto difícil de enfrentamientos e invasiones. Asimismo, su Himno Jacobeo preconiza nuevamente el culto a Santiago, presagio de lo que pasará no mucho después, en los albores y primera mitad del siglo VIII, reinando ya Alfonso II El Casto


Allá en las primeras décadas octava centuria, en el bosque Libredón, cerca precisamente del fin del mundo, de Finisterre, donde un eremita llamado Pelayo, que vivía en recogimiento, un buen día, según la historiografía oficial, deja su aislamiento y se encamina a Iria Flavia (Padrón) para avisar al obispo Teodomiro de los prodigios y señales de los que era testigo: luces, ángeles, apariciones sobrenaturales


El prelado acude y en este paraje, señalado por las estrellas, y las estelas... funerarias del Campus Stelae (existen no obstante otras explicaciones etimológicas al topónimo Compostela, como hemos visto en otras entradas de este blog), dice confirmar que allí se halla la sepultura, en mármol, del Apóstol Santiago, al que viejas tradiciones tenían por evangelizador de la vieja Hispania romana y de los últimos rincones de la Gallaecia


Sea como fuese la noticia corre y se extiende pronto, el rey Alfonso II El Casto sale de su naciente capital ovetense y se dirige a visitar esta parte de sus dominios para dar fe del hallazgo y hacer levantar un santuario para gran honra del Apóstol del Trueno, convirtiéndose en el primer peregrino, al menos peregrino conocido y poderoso, de la historia jacobea. Un documento fechado en 834, pero que parece ser una interpolación muy posterior, se dice así:
"Pues en nuestros días nos ha sido revelado el preciado tesoro del bienaventurado Apóstol, es decir su santísimo cuerpo. Al tener noticia de lo cual, con gran devoción y espíritu de súplica, me apresuré a ir a adorar y veneré tan precioso tesoro, acompañado de mi corte, y le rendimos culto en medio de lágrimas y oraciones como Patrón y Señor de España, y por nuestra propia voluntad, le otorgamos el pequeño obsequio antes referido, y mandamos construir una iglesia en su honor"

Como hemos dicho también en otras entradas de blog, gran parte de toda la historia está en entredicho. No es segura la presencia de Alfonso II El Casto, por ejemplo, y las noticias de la misma se basan en relatos muy posteriores; tampoco, en caso que hubiera emprendido la ruta es seguro qué ruta hubiese empleado, si bien desde la corte ovetense es fácil que hubiera seguido el ahora llamado Camino Primitivo en un trazado aproximado al actual, pero existen otros ramales interiores y también costeros. No se descarta que, de no ser el rey, hubieran acudido aquí sus representantes o nobles palaciegos, pues sí se vislumbra que en ese tiempo aparecen las primeras comunidades de monjes al cargo del recién descubierto sepulcro


No se sabe a ciencia cierta tampoco la fecha exacta de este suceso, la inventio, si bien la del año 813 que aparece en diversos estudios y publicaciones puede ser demasiado temprana pues hasta el año 819 se sabe que no estaba en el sitial obispal Teodomiro, sino Quendulfo II, ambos personajes totalmente históricos, por lo que las fecha debería ser un poco más tardía. Tal vez con el 813 se buscaba antiguamente coincidir con el reinado en vida de Carlomagno, emperador de los francos, al que muchos atribuyeron erróneamente ser paladín de las peregrinaciones, a raíz del Codex Calixtinus, pero que falleció en el año 814


Esta sería la historia del nacimiento del culto a Santiago, a grandes rasgos, aunque quizás no fuese tan rápida y sencilla. En un principio se advierte que pasan nada menos que dos décadas entre descubrimiento y documento de confirmación, no faltando la posibilidad que la noticia no fuese aceptada como veraz de buenas a primeras y necesitase un tiempo de poso, meditación o estudio. Tal vez incluso, el temor de sedes eclesiásticas y políticas como la propia Oviedo o Lugo, histórica capital de Galicia, a verse desbancadas, pesase también en una decisión definitiva

La batalla de Clavijo de Corrado Guiaquinto. Museo del Prado, Madrid

Mismamente la propia presencia del monarca en Compostela ha sido cuestionada, aunque no su disposición de ratificar definitivamente el hallazgo. Posteriormente y dada su significación como baluarte religioso, social y político ante las amenazas de musulmanes e infieles en la endeble frontera sur de la Europa cristiana, Santiago fue atribuido de simbolismo guerrero, patrón de ejércitos y guardián de peregrinos, fomentándose su culto y el lugar de su santuario a todos los niveles, equiparándose a Roma y la misma Jerusalén

Santuario de Alfonso II El Casto y Teodomiro. Fuente: Tradición Jacobea

Así primeramente se dispondría la construcción de una primera capilla, oratorio, iglesia o basílica en el emplazamiento de la que se tenía como tumba apostólica, hecha iglesia en el año 829, aún reinando Alfonso II El Casto, muy modesta y "de tierra y barro" según antiguos textos. De esta manera irían asentándose los primeros nuevos pobladores en torno a las en principio modestísimas fundaciones conventuales de Antealtares A Corticela. El escritor Pemón Bouzas yel historiador Xosé A Domelo nos lo cuentan en su libro Santiago de Compostela ¿y después del abrazo al santo qué?:
"El antiguo bosque de Libredón se vio cubierto por un grupo de pequeños cenobios o monasterios que proliferaron tras la propagación de la noticia del descubrimiento del sepulcro de Santiago el Mayor. El propio rey asturiano Alfonso II, apodado el Casto, ordena erigir sobre la tumba del Apóstol una pequeña basílica de piedra y arcilla, uniendo así el descubrimiento del sepulcro a la legitimidad de la monarquía asturiana, única heredera de los valores cristianos peninsulares. Corría el año 829, momento en el que se une el destino de la diócesis de Iria Flavia y la floreciente Compostela. El lugar del descubrimiento era conocido en aquellos tiempos como Arcis Marmoricis y no será hasta el siglo X cuando aparezca el suburbio en el entorno próximo a la basílica que reciba el nombre de Compostella, y que acabará por convertirse en el nombre definitivo de la ciudad.

¿Qué significa Compostela? La interpretación más aceptada, quizá por sencilla, nos remite a Campus Stellae o 'Campo de la Estrella' por ser este astro el que señaló el lugar exacto del enterramiento. Otros investigadores defienden el origen del término en Compostitum tellus, que significa "cementerio"

No mucho después del fallecimiento y entierro en Compostela de Teodomiro, este enclave se hace sede de la diócesis de Iria Flavia (oficialmente diócesis de Santiago en 1095), tanto por la creciente importancia del culto jacobeo como para alejarla de los desembarcos vikingos. Los peregrinos empiezan a llegar en número importante y ya a mediados de la centuria se sabe de un primer hospital para acogerlos

Basílica de Alfonso III El Magno y Sisnando I. Fuente: Tradición Jacobea

En el año 874 Alfonso III El Magno, quien peregrinó al menos dos veces a Santiago de manera documentada y netamente histórica, manda erigir una nueva basílica sobre el pequeño santuario de Alfonso II siendo Sisnando I obispo de Iria Flavia, el cual se consagra en 899 con presencia de ambos con toda la solemnidad. 
"Durante el reinado de Alfonso III se levantará una nueva basílica bajo la dirección de los propios arquitectos del monarca que siguen el patrón de las construcciones eclesiásticas propias de la monarquía asturiana"

Los peligros no cesaban,  el obispo Sisnando II moriría de un flechazo en Fornelos de Montes en 968 haciendo frente a los vikingos y casi treinta años después esta obra, de trazas prerrománicas y consagrada con gran ritual y boato, sería destruida en el año 997 por una razzia o incursión de Almanzor, quien no obstante respetaría el sepulcro de Santiago aunque se llevaría las campanas arrastradas por prisioneros cristianos, (siglos más tarde y avanzada la llamada la reconquista se haría la misma operación, pero a la inversa, devolviéndose aquí las campanas transportadas por cautivos moros):
"En los albores del año 1000, el sepulcro y el floreciente burgo compostelano sufren la mayor amenaza de su historia, ya que, como cuenta la tradición, las huestes de, caudillo cordobés Almanzor toman la ciudad un día de agosto de 997, no dejando piedra sobre piedra. Esa misma tradición nos transmite que  Pedro de Mendozo, a la sazón obispo compostelano, consigue defender el sepulcro con sus rezos y convence al invasor de que debe respetar el sagrado lugar.

A hombros de prisioneros cristianos, las campanas catedralicias serán transportadas a Córdoba para servir como lámparas votivas en la mezquita cordobesa. Habrá que esperar a los tiempos de Fernando III El Santo para que se produzca la toma de la antigua capital del califato y las campanas sean devueltas a la basílica compostelana, exactamente doscientos treinta y nueve años después de haber sido expoliadas".

Poco después, en el año 1000, se iniciaría la reconstrucción del santuario con el obispo San Pedro de Mezonzo, el mismo que evacuó la ciudad ante la acometida de Almanzor y, según la tradición, salvó el sepulcro apostólico, razón por la que se fortificaría junto con la ciudad. Aquel templo, auspiciado por el rey Bermudo III, era a todas luces insuficiente ante la afluencia de peregrinos a este uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad y por ello a partir del año 1075 se impulsaría la construcción de un nuevo santuario reinando Alfonso VI y siendo obispo Diego Peláez, cuya destitución en 1088 provoca la parada de las obras:
"Tras el primer milenio de la era cristiana, Santiago era ya una diócesis importante. Y será bajo el obispo Diego Peláez cuando en 1075 se inicien las obras de la gran basílica catedralicia, que, como iglesia de peregrinación, recogerá los formatos de las grandes iglesias francesas como Sainte-Foy de Conques o Saint-Sernin de Toulouse, entre otras..."

Es decir, un gran templo de planta de cruz latina y tres naves, cabecera con girola y cinco capillas absidiales. "Este vasto recinto interior presentará como elemento integrador una monumental nave central cubierta con bóveda de cañón, unas naves laterales con bóveda de arista y una amplia tribuna" (como en este mapa)

Diego Gelmírez ante Fruela Alfonso y Pedro Muñiz. Manuscrito Tumbo de Toxoutos (siglo XIII)

En el año 1090 el joven y estudioso monje Diego Xelmírez, hijo de un noble caballero nombrado como tal por sus servicios a la iglesia compostelana, es nombrado secretario y canciller por los representantes del rey Alfonso VI, los condes de Galicia Raimundo de Borgoña y doña Urraca (futura aliada y rival), para tres años más tarde nombrarlo administrador de la Diócesis de Iria Flavia (Padrón), que será extinguida en el 1095 por la la Bula Veterum Sinodalia del Papa Urbano II  y trasladada a Compostela, asumiendo que es el solar del sepulcro de Santiago, nueva sede con dependencia directa nada más que del papa


Los trabajos se reanudarán entonces con Xelmírez contando con los apoyos del entonces obispo Dalmacio, primero de la diócesis de Santiago como tal, y de Raimundo de Borgoña. Será precisamente Diego Xelmírez, al ser nombrado obispo en 1100 y arzobispo en 1120 (el primero de Santiago), el mayor promotor del éxito de la empresa, pese a que habría aún de paralizarse más de una vez, reanudándose gracias a limosnas y donaciones, como el Voto de Santiago y la presión fiscal principalmente, de ahí la construcción de su castillo-palacio de defensa contra los ingentes descontentos:
"Gelmírez no es solo el primer arzobispo de la diócesis santiaguesa, es la personalidad religiosa y política sobre la que se logra la conversión de Compostela en principal centro religioso de occidente. Gelmírez recogió los grandiosos proyectos de sus antecesores, supo culminarlos bajo el contradictorio manto de gran príncipe feudal y conciliador eclesiástico. No sólo será el constructor de la gran basílica catedralicia, sino uno de los grandes potenciadores del hecho jacobeo. No es más revelador que el hecho de que los reyes de la España cristiana se dirigiesen, a partir de los tiempos de Gelmírez, a los arzobispos compostelanos con el tratamiento de Padre mío y Pontífice de todo el Orbe"
Cuadro de Miguel Payá y Rico de Bernardo López PiquerUniversidad de Valencia-Estudi General 

Por supuesto, con todas las reticencias de Roma, que hasta muy avanzado el siglo XIX no reconoció pública y oficialmente la veracidad del sepulcro de Santiago en este lugar: la bula Deus Omnipotens del año 1884 del papa León XIII, auspiciada por el arzobispo y cardenal Miguel Payá tras el redescubrimiento en 1879 de las reliquias de Santiago, durante siglos ocultas en la catedral por miedo al pillaje de los corsarios en la cercana costa


Pero también, con todos los apoyos, en el año 1122 el papa Calixto II, gran devoto de Santiago, pues dos años antes elevó la basílica a sede Iglesia Metropolitana en detrimento de Mérida y, por lo tanto, a arzobispado con templo catedralicio, concede el privilegio del Año Santo Compostelano con perdones especiales e indulgencias a los peregrinos. A partir de entonces serán años santos compostelanos todos los que la festividad de Santiago Apóstol, el 25 de julio, caiga en domingo. De sus intervalos, premisas y características nos cuentan en Santiago de Compostela Turismo:
"Compostela goza de un singular privilegio concedido por vez primera hacia 1122 por el Papa Calixto II. De él se tiene conocimiento gracias a otra bula de 1179, ésta sí conservada: la Regis aeterni del Papa Alejandro III, que confirma el privilegio otorgado a la Catedral por el Papa Calixto II (1118-1124). Dos hermanos suyos, Raimundo y Enrique de Borgoña, habían tomado por esposas a las hijas del rey Alfonso VI, Urraca y Teresa, herederas de los territorios de Galicia y Portugal; y habían así fortalecido los ya sólidos vínculos entre la sede compostelana y el Papado, que se manifiestan claramente en el impulso que imprimieron Calixto II y el rey Alfonso VI a las peregrinaciones jacobeas. 
El privilegio consiste en que cada año en que el 25 de julio, fiesta del Apóstol Santiago, coincide en domingo, se podrán ganar en la Iglesia de Compostela las gracias del Jubileo. 
Debido a esta condición, los Años Santos se producen con aparente irregularidad, separados por intervalos de seis, cinco, seis y once años. Este 2021 será el Año Santo número 120 en la historia, contando a partir de 1182. Los siguientes serán en 2027 y 2032. 
La Iglesia, con el Año Jubilar, instituye un tiempo especial de gracia, durante el cual es posible obtener una indulgencia plenaria para el perdón de la pena que merecen los pecados cometidos. La condiciones para ganar el Jubileo son: 
1) Visitar la Catedral de Santiago donde se guarda la Tumba de Santiago el Mayor. 
2) Rezar alguna oración (al menos, el Credo, el Padrenuestro y pedir por las intenciones del Papa) Se recomienda asistir a la Santa Misa. 
3) Recibir los sacramentos de la penitencia (puede ser 15 días antes o después) y de la Comunión"
Miniatura de Calixto II en el prólogo del Codex Calixtinus

A este mismo papa se le atribuyó la autoría del Codex Calixtinus o Códice Calixtino, llamado así en su memoria, si bien fue realmente auspiciado por Diego Xelmírez como gran promoción de la naciente sede arzobispal compostelana. Su divulgación por el orbe contribuyó de manera absoluta a hacer de este una de las grandes metas peregrinatorias cristianas junto con Roma y Jerusalén


De sus cinco libros, el quinto, una verdadera guía para los peregrinos, se sabe es autor el monje francés Aymeric Picaud, que podría haber sido incluso el compilador, coordinador, o incluso autor de toda la obra. De todas maneras el llamado 'fenómeno de las peregrinaciones' habría empezado mucho más tempranamente. Atención a estos datos que nos dan Pemón Bouzas y Xosé A. Domelo:
"La primera crómica en la que se relata una peregrinación a Compostela es la que hace referencia al periplo iniciado en el año 950 por el obispo francés de Le Puy, un clérigo llamado Gotescaldo, que en compañía de algunos fieles partió desde la Aquitania para venera la tumba del Apóstol. Pero antes del clérigo francés muchos otros miles habían llegado a Compostela.

¿Qué motivó la rápida expansión del fenómeno jacobeo en toda Europa? Es difícil explicar una única causa como detonante. Muchos y puntuales impulsos acrecentaron el fervor hacia el Apóstol.

Alrededor del año 860, el 25 de julio, festividad de Santiago, ya figuraba en el martirologio de la catedral de Metz. Éste es un hecho de suma importancia. Por aquel entonces esa ciudad francesa formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico y a Metz llegaban eclesiásticos de todo el Imperio y de Inglaterra para estudiar en la gran escuela de canto romano que allí existía. Desde aquel lugar empezó pronto a desarrollarse un peregrinaje internacional a Santiago.

Dentro de la península, la monarquía asturiana bien pronto se convierte en potenciadora y salvaguarda de santo lugar. La certidumbre que por aquel entonces se le atribuía a las reliquias sagradas, sobre todo contando con la necesidad que se tenía de constituirlas en fermento de unificación de todos los pueblos cristianos de Europa, también significó entre los reinos cristianos de la península un elemento motor de identidad. Bajo estas premisas se empezó a construir el Camino de Santiago, constituido a medida que crecía el afán por peregrinar a Compostela.

Es curioso observar la opinión que se tenía desde la España musulmana de este hecho. En el año 845, Alzagal, un poeta de Al-Andalus, escribía: "Su kaaba es un ídolo colosal que tienen en el centro de la iglesia; juran por él y desde las partes más lejanas, desde Roma lo mismo que desde otros países, acuden a él en peregrinación..."

Las peregrinaciones continuaron tras la incursión de Almanzor y a pesar de los peligros que amenazaban tanto por el sur peninsular, debido a las guerras locales en los reinos cristianos, como los ataques a las costas por piratas berberiscos y normandos.

El auge del fenómeno de la peregrinación apostólica también tienen apoyos en la España cristiana. El rey navarro Sancho III El Mayor se erige en protector del camino a su paso por sus territorios, al ser consciente de las ventajas que a su reino le proporcionaría el paso de peregrinos. Algo parecido acontece en tierras castellano-leonesas con el rey Alfonso VI.

Los monjes cluniacenses potencia y protegen el camino con la intención de lograr la unidad de la cristiandad en torno a la figura del papa, convirtiendo la ruta jacobea en motor de la aproximación entre las diversas comunidades cristianas de Europa.

En la conciencia Europea, Santiago y Galicia están tan unidos que los normandos llamarán Jacobsland a todo el territorio gallego. Los alemanes extenderán esa denominación de Tierra de Santiago a toda España".

Una de las intervenciones más discutidas por Diego Gelmírez o Xelmírez en la catedral fue la de destruir el mausoleo romano donde se descubrió la tumba apostólica para hacer un nuevo altar, considerado un sacrilegio por parte del Cabildo. Las intervenciones del maestro Mateo, patrocinadas por Fernando II, se inician en 1168 con el ya tantas veces mencionado Pórtico de la Gloria y, acabado este, se hacen las torres románicas predecesoras de las actuales barrocas, la fachada principal y el coro de piedra, por lo que lograría consagrarse definitivamente en el 1211, pese a que los remates aún ocuparían parte del siglo XIII. La consagración sería protagonizada como hemos dicho por el arzobispo Pedro Muñiz El Nigromántico, con la presencia de Alfonso IX: 
"En la actualidad, el complejo catedralicio de Santiago ocupa cerca de 23.000 metros cuadrados. La planta de la iglesia alcanza en su interior se mantiene inalterada: la nave principal alcanza los 100 metros de longitud y el transepto los 65. La cúpula se eleva 30 metros sobre el nivel del suelo y son 20 los metros que se alcanzan en las naves centrales. Más de mil columnas sustentas este exuberante ejercicio arquitectónico de bóvedas, arcos y galerías"

Pero luego la construcción no permaneció inalterable ni mucho menos, pues es cuando se hacen varias capillas góticas de las que de alguna ya hemos hablado al pasar por la fachada norte. En 1334 Leonor González funda una capilla a la derecha de esta fachada occidental con la  escena de la Epifanía, actualmente en el Museo de la Catedral y, entre fines del siglo XIV y comienzos del XV se hace en la cabecera la capilla de los España o de Nuestra Señora de la Blanca por parte de la iniciativa Juan Miguélez do Camiño, seguida por la de Fernán González do Preguntoiro, quien sería regidor de Santiago en 1418 y notario de su Iglesia, construyendo un panteón familiar. Como nota curiosa, hasta las reformas barrocas las torres tuvieron este chocante aspecto: una sensiblemente más alta que la otra

Dibujo de José de Vega y Verdugo de entre 1656 y 1658

Estas obras de recintos funerarios góticos acaban con la del del arzobispo Lope de Mendoza, dedicada a Nuestra Señora del Perdón, derribada luego por el arzobispo Rajoy o Raxoi para hacer la rotonda ilustrada de la capilla de la Comunión. En el siglo XV se hicieron en las antiguas torres trabajos de reforma, donando Luis XI de Francia sus dos campanas mayores. A finales de esa centuria el peregrino Arnold von Harff intentó ver los restos del Apóstol, incluso pagando, pero le dijeron que "no es costumbre enseñarlo; que el cuerpo santo de Santiago está en el altar mayor, y que quien lo dudase, en el mismo momento se volvería loco como un perro rabioso..."


Harff, joven noble alemán, estaba peregrinando a los tres grandes santuarios de la cristiandad, Santiago, Roma y Jerusalén, si bien tal y como dejó escrito, no sólo para consuelo y salvación de su alma, sino "también para conocer las ciudades, los países y las costumbres de los pueblos", por lo que se le ha calificado más de viajero que de peregrino, aunque es un ejemplo de los cambios de motivación por los que se hacía el Camino en su época, marcada porque, ya antes de la ocultación de los restos de Santiago en 1589, se dice que por miedo a un ataque inglés del temido corsario Francis Drake al año siguiente del desastre de la Armada Invencible (que no reaparecen hasta 1879), no se gustaba de mostrar las reliquias del Apóstol, al menos desde Diego Xelmírez dice Manuel F. Rodríguez:
"A principios del siglo XII, cuando el arzobispo Diego Gelmírez, impulsor de las obras de la catedral románica y de las peregrinaciones, decidió levantar gran  el altar mayor medieval sobre el mausoleo romano de Santiago, formado por dos pisos, este se rellenó de escombros y se tapió por completo el acceso al sepulcro apostólico. Se desconoce el motivo. Es un gran misterio. Se ha alegado que lo hizo para cortar de raíz la constante petición de reliquias del cuerpo del apóstol, que habrían quedado en el lugar, aunque desde ese momento nunca estuvo clara su ubicación. Fueron muchos los peregrinos que lo lamentaron. Si osaban preguntar por la cuestión eran amenazados con las penas del infierno. Entre otras desgracias (...)

Los peregrinos echaban en falta esa conexión, pero como el propio Harff, continuaron viniendo desde lejanas tierras, confirmando la fuerza excepcional y en constante renovación que mueve a los viajeros de Santiago el Mayor".

Además de sus dudas sobre la autenticidad de las reliquias, pues por aquel entonces se decía que el cuerpo de Santiago podía estar en el Languedoc, y de que afirmaba no haber encontrado buen alojamiento ni alimento en España, el noble alemán dejó mala constancia de su estancia pues a su regreso fue asaltado y varios de sus compañeros de viaje fueron asesinados, llevándose los malhechores todo lo que llevaban, así es que solo recomienda en su escrito que peregrinen a Santiago pobres, ladrones y asesinos. Una muestra del final de la época dorada de las peregrinaciones, si bien habría ciertas reactivaciones de las mismas en siglos posteriores


Llegado el siglo XVI con el Renacimiento  el objetivo de las profundas intervenciones que se realizarían a partir de entonces se basarían en que no decayesen la importancia del santuario, ciudad y peregrinaciones tras el triunfo del protestantismo en media Europa occidental. Es entonces cuando se hace el nuevo claustro sustituyendo al medieval (gótico y hecho a su vez sobre otro románico de 1114, el original) con el arzobispo Alonso III de Fonseca, cuya zona exterior vemos a la derecha de la torre sur o de las Campanas


La construcción del claustro renacentista incidiría en la creación de nuevos espacios tanto dentro de la catedral: la sacristía, el Tesoro, o las capillas de las Reliquias y de San Fernando, etc., como fuera con rúas y plazas. Los arquitectos Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón serían algunos de sus artífices, poniendo el arzobispo la primera piedra en 1521. Dos años después se inician los trabajos en la capilla de los Clérigos del Coro o de la Concepción, junto a la del Sancti Spiritus


Y esta es la Torre da Vela, obra de Jácome Fernández de 1615 que, como otra torre similar, la del Tesouro o Tesoro, a la que imita y de la que hablamos en la correspondiente entrada de blog, tiene forma de pirámide escalonada de diez escalones decrecientes simbolizando posiblemente la perfección. Se supone pudo inspirarse en las pirámides aztecas o en palacios mesopotámicos y debe su nombre a que en ella se colocaba un gran pendón, similar a una vela, durante las fiestas de Santiago


Este mirador sobre O Obradoiro del frente exterior del claustro es conocido como la Galería de la Balconada y es también obra de ese mismo maestro y en ese mismo año. Una larga serie de columnas jónicas sostiene la estructura de su cubierta


Más allá de la Galería de la Balconada empieza a asomar la Torre do Reloxo o Torre del Reloj, de 72 metros de altura y conocida como A Berenguela porque su origen pudo ser una torre defensiva gótica de tiempos del arzobispo Berenguel de Landoira en el siglo XIV. La estructura actual es posterior, hecha entre 1468 y 1484 para albergar un reloj y cuya campana es también llamada Berenguela. La primera fue donada por el rey fránces, muy devoto de Santiago, Luis XI, en 1484 al acabarse la obras, por lo que un tiempo a la torre también se la llamó 'del rey de Francia'. Fue reformada ampliamente en el siglo XVII por el recitado Domingo de Andrade y terminada en 1680


Se accede a ella a través del piso superior del actual Museo de la Catedra y es uno de los lugares del mismo, junto con el claustro, en el que dejan hacer fotografías, al menos en el momento de escribir estas líneas...


La horizontalidad del edificio del claustro contrasta equilibradamente con la verticalidad del templo catedralicio, es la catedral románica que se encapsuló en barroca pero pudo haberlo hecho antes de gótica de haberse llevado a cabo el proyecto del arzobispo Juan Arias, quien sí hizo el claustro gótico antecesor del actual, pero su proyecto de nuevo templo gótico del siglo XIII apenas vio más que la colocación de unos cimientos de la que sería la nueva girola de la cabecera, de ellos y de tan ambicioso proyecto malogrado hablamos en la entrada de blog referida a la Porta Santa y Praza da Quintana...


Como tantas veces se ha dicho, la catedral de Santiago no se hace para una ciudad, sino que es la ciudad de Compostela la que se hace para la catedral, todo ello envolviendo la que se tiene por tumba apostólica, la cual volvió a ser visitable gracias de nuevo al cardenal Miguel Payá, que con la colaboración del canónigo López Ferreiro, proyecta bajo el altar mayor una cripta, que veremos visitando el interior, a la que podrán ver los fieles para ver y orar ante el arca de plata que contiene las redescubiertas reliquias de Santiago y sus discípulos, abierta en 1891 al público


Ya al otro lado de O Obradoiro, una magnífica vista del antiguo Hospital Real y actual Hostal dos Reis Católicos, a cuya derecha por el Arco do Pazo Arcebispal o Arco de Xelmírez, con la plaza llena de visitantes y peregrinos


El arranque de la Costa do Cristo y el Pazo de Raxoi, con su larguísimo soportal


Muchos son los que recuerdan aquí a Juan Carlos Lema Balsas, Zapatones quientras una azarosa vida, hace de esta plaza su vida desde el Año Santo de 1993 vestido de peregrino a la antigua usanza, dejándose hacer fotos con turistas y platicando con unos y otros, atento, servicial, pero también con problemas que le acompañaron durante toda su existencia. Se dice criado por las Hermanas de la Caridad de A Coruña al ser abandonado por sus padres. Se supone que su nacimiento sería en A Ponte do Porto de Camariñas en 1954. A los seis años pasaría al Colegio Salesiano coruñés, viviendo luego en Castrelo, Cambados, donde fue preso por hurtos y fue en la mili castigado por desacato. Revela que fue trabajando de camarero en Cambados cuando, cansado de la rutina, decidió llevar esta vida, tal y como nos lo cuenta Paula Cantelar en Diez años sin Zapatones, el peregrino más reconocido de Santiago de Compostela en el periódico El Español del 1-5-2025




Se afirma también que el rey Juan Carlos I le dijo cuando lo conoció que tenía "la sala de estar más bonita de España". Pero los golpes de la vida continuarían, en el año 2011 fue desahuciado por su casero e ingresó en un centro de desintoxicación de alcohol, en el año 2013 es atropellado en el Camino Francés cuando estaba a un kilómetro de Santiago y resulta con las dos piernas fracturadas, se repone pero no recupera su ánimo. Como triste final, apareció muerto en Pontevedra el 15 de mayo de 2015. Realmente de su biografía real poco se sabe aunque hay unos cuantos puntos más claros de los que no se desdecía, no pocos autores, peregrinos, personalidades, etc., que lo conocieron han glosado su figura


Una de ellos es la escritora María José Lorenzo y su libro Zapatones el peregrino eterno, publicado en 2024, del que compartimos la reseña de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago:
"Deben ser muy pocos los peregrinos que hicieron el Camino a Santiago en las dos últimas décadas delo siglo pasado o en la primera del XXI quienes no tengan algún recuerdo e incluso fotografía cuando los teléfonos aún no contaban con esta herramienta, con un personaje habitual en el Camino Francés. 
Y es que el fallecimiento de Zapatones, como así gustaba autodenominarse, en 2015 tras haber sufrido un grave atropello dos años antes precisamente cuando acompañaba a unos peregrinos en Melide (A Coruña), ha dejado a la Plaza del Obradoiro sin una de sus imágenes más icónicas  

La de este hombre vestido con la capa y el sombrero de peregrino coronada por la concha de vieira y con el bastón siempre en mano, recibiendo a todo aquel que, por unas monedas, quisiera inmortalizar su llegada a Santiago de Compostela con un personaje que "no lo tuvo nada fácil en la vida".

De icono del Camino a héroe de novela 
 Lo sabe muy bien la escritora María José Lorenzo que acaba de publicar la novela Zapatones el peregrino eterno, de la editorial Literatura Abierta en la que convierte a este icono del Camino, que lo sigue siendo casi una década después de su fallecimiento, en el principal personaje de la trama. 

Aunque aclara que este libro "no es una biografía", sí reconoce que ha ahondado en la biografía de Juan Carlos Lema Balsas, nacido en 1954 EN el pequeño núcleo de Ponte do Porto, en la localidad coruñesa de Camariñas y que fue uno de los dos hijos de una madre soltera que decidió dejar en un orfanato, lo que para la autora del libro "puede explicar la personalidad y alguna de las actitudes con la que muchos recuerdan a Zapatones, del que unos hablan como un personaje muy amable, mientras otros destacan su irreverencia y mala educación".

Eso sí, reconoce que tras investigar mucho ha logrado convertir "a alguien que no fue un héroe, en eso precisamente, un héroe" a lo largo de una novela en la que los orígenes de Zapatones "apenas ocupan ocho páginas" pero en las desvela algunos mitos, "como que nunca estuvo en la cárcel a pesar de que él presumía de haberlo estado durante 4 años"

Páginas biográficas en las que explica quién fue para hacerlo protagonista de una ficción "en la que Zapatones hace todo el Camino Francés, desde San Juan hasta Santiago, con los misterios e historias que se va encontrando por el Camino". (...)

 Y en la que María José Lorenzo a buen seguro volcará todo lo vivido en el proceso de investigación y escritura de esta novela con este personaje, Zapatones, del que no duda en reconocer que "me ha cautivado" y advirtiendo a los lectores de que "ellos también se van a sentir muy atraídos".

Para concluir que "él debe estar en el cielo riéndose mucho con todo lo que está pasando".


No es ni mucho menos la primera vez que Zapatones es personaje literario; mi amigo y maestro del Camino José de la Riera le dedica este capítulo de su magnífico libro Camino de vuelta, en el que, además de glosar al personaje, nos revela la existencia de una compostela o certificado jacobita especial, la "compostela zapatona"
XXVI
MESTER DE REBELDÍA:
LA "COMPOSTELA" ZAPATONA
(A Juan Carlos Lema, que fue rebelde)

Esto que sigue lo parí hace ya bastantes años. La mayoría de los peregrinos actuales recuerdan a Juan Carlos Lema como un ser deteriorado, mendigando un vaso de vino en el Obradoiro. Otros se han reído de él, como si fuera un mono de feria, le invitaban a unos vasos para descojonarse aún más. Algunos políticos lo utilizaron para diversas "inauguraciones". Él se dejó, se dejó ir. Pero hubo una época en que fue grande, instalado en su plaza mayor de Europa, rezongón, cachondo, escéptico y sentimental a la vez, enfrentado a media Compostela y al sursum corda. Esta fue una de sus genialidades que epató a la Jerusalén de Occidente y a esos canónigos que tanto pasaron de él. Va por ti, Juan Carlos. Tengo que buscar la Zapatona de Pazos, a ver dónde coño anda. Un abrazo.

***

Imagino que es imprescindible iniciar el año con cierto sentido del humor, supongo que es de lo poco que nadie nos puede quitar. Hablaba el otro día de ese personajes que es "Zapatones". Él es quien aparece en toda cuanta foto del Obradoiro publica la prensa, ataviado con lenguas barbas merovingias y todos los arreos reglamentarios del peregrino medieval. Tan pronto aparece abrazando al rey de España, al arzobispo, a cualquier grupo de peregrinos o a turistas que aparecen por allí a quienes luego les pide la voluntad por hacerse una foto con él. Cierto es que a los peregrinos no les achucha demasiado, por algo son colegas, pero a los turistas de bermuda no los perdona. Es una larga historia la de "Zapatones" -y bastante "heavy"- que os ahorro traer aquí por lo menudo. Sólo decir que son frecuentes (y harto glosados y celebrados) sus altercados con la policía que guarda ele buen orden en el Obradoiro, sobre todo cuando "Zapatones" anda sobrepasado por su amor al ribeiro que se conserva en las pipas del Franco, amorosamente mecido por las campanas de Compostela. José María Castroviejo, uno de los escritores ha entendido el alma celta de Galicia, aseguraba que el ribeiro tenía mejor sabor en Compostela que en cualquier otra parte, precisamente porque era mecido por el tañido grave de la gran campana Berenguela.

"Zapatones no desmerecería en absoluto en una banda de peregrinos gallofos dieciochescos, más bien sería su capitán. Tampoco haría mal compañero de trapisondas caminando con gente como Nicola Albani. Anunciaba el otro día que "Zapatones" tuvo un arrebato, una visión o, más bien un altercado más con la Oficina del Peregrino (donde es absolutamente despreciado) y había decidido donar a la humanidad un documento único, la "Compostela Zapatona", o más bien "La Zapatona", como él quiere que se llame. Servidor había tomado el tema como una cosa más de esas que tiene "Zapatones" cuando se inyecta el ribeiro directamente en vena, un brindis al sol por mor de una pelotera más del canónigo Don Jaime García. Así, con unos vasos de ribeiro por medio (mientras esperaba a Fernando Pazos el día de la Traslación del Apóstol, "Zapatones" fue el que me detalló los problemas que había tenido Fernando para entrar con la policía para entrar ese día en la catedral), me informó extensamente de que tenía la Zapatona en imprenta y que había ya una muestra en fotocopia y que ya había extendido solemnemente una al primer peregrino que había encontrado ese día en el Obradoiro. Sí, a un peregrino rubio, fuerte y con cara de mala leche. Sí, se llamaba... Fernando Pazos, el que llegó por el Camino Inglés, cubierto de barro de los pies a la cabeza, y que tuvo una fenomenal zapatiesta con la policía, que no le dejaba entrar en una catedral llena de autoridades para dar un abrazo a su Apóstol.

Servidor no daba crédito, sobremanera por observar, a medida que caían los ribeiros, el extraordinario color púrpura que iba tomando la nariz de "Zapatones". Me aseguró, además, que el texto de "La Zapatona" había sido parido al alimón con cierto poeta maldito y peregrino en una noche de vino y rosas bajo las estrellas de Compostela.

Recogí a Fernando para depositarlo en Ferrol, donde había dejado su coche, y le comenté, medio en broma, el tema de la Zapatona. Fernando introdujo la mano en su mochila y me dijo: todo es verdad, mira lo que me ha dado "Zapatones", la primera "Zapatona" de la historia.

Planté mis ojos ante semejante documento histórico que me veo en el deber ineludible de dar a conocer. Señoras y señores, afición toda, en rigurosa exclusiva: La Zapatona.

ANVERSO DE LA COMPOSTELA ZAPATONA: entre gran imaginería barroca y rodeado por cadenas del Hostal de los Reyes Católicos, aparece un dibujo a plumilla de "Zapatones", sostenido por dos grandes columnas con los textos "Caritas" y "Fidelitas". Abajo, dos grandes zapatones por toda heráldica y, en grandes letras: LA ZAPATONA. Texto: 
Yo, Juan Carlos Lema "Zapatones", "gratis et amore", a los peregrinos, caminantes o simples viajeros, que llegan de cualquier parte del orbe de la tierra, y con actitud educada lo demandan, por haber gastado sus zapatos y hollar con ellos las piedras de la ciudad de Compostela, desde donde confluyen todos los Caminos a Santiago y nacen los que llevan al Fin de la Tierra, acredito que:
Fernando Pazos

Ha visitado con asombro y admiración la maravillosa plaza del Obradoiro, mi oficina, la sala de estar de Europa.

Fecha 31-XII-2003 Xunto as cadeas.

Aquí viene el sello de Zapatones y su firma. Y en grandes letras: LA ZAPATONA.

REVERSO

Bajo la misma parafernalia barroca, "Zapatones" da muestras de su cosmopolitismo:

To all pilgrims, walkers and visitors.

I, Juan Carlos Lema, a.k.a. Zapatonrd, de balde y porque quiero, hereby confirm that:

(Aquí viene un espacio para el nombre)

humby stand before me, wearing worn out shoes, having left footsteps along the paths of Compostela, and having been full of admiration for the beauty of Plaza del Obradoiro, my office, the living room of Europe. Compostela, our beloved city where all paths to Santiago meet and from where de roads to the end of ther world start.

(Espacio para el sello) Xunto as cadeas
Confieso, cuates, que he llegado docena de veces a Compostela por todos los Caminos, pero solo tengo una "Compostela", la primera, no soy coleccionista de nada. Pero estoy dispuesto a conseguir "La Zapatona" a la primera ocasión, siempre y cuando Juan Carlos Lema considera que me la he merecida. De paso, aprovecho, para levantar mi copa y, hastiado de tanto meapilas, unirme gozoso a la banda bravía de los poetas, de los locos, de los viejos peregrinos hartos de tanta jodida y huera solemnidad, de los que buscan y nunca encuentran, a la banda de destajistas del Grial, que seguro que anda escondido en cualquier pipa de vino rubio en cualquier oscura covacha compostelana. Gracias Juan Carlos Lema, "Zapatones", estoy seguro de que la sonrisa bondadosa del Apóstol se ha trocado en carcajada, seguro que Don Jaime ya se ha chivado. Dios te lo pague y, el mejor ribeiro, para ti, te lo has currado. Entre tanta autoridad civil, militar, abrigo de piel, y ceremonias huecas, solamente tú y el Papa de Roma (que ha sido tan claro como tú) habéis dado en el clavo".

La fachada de la catedral, omnipresente, domina la 'sala de estar' de Zapatones: pese a todos los siglos transcurridos, las excavaciones arqueológicas han confirmado que el perímetro de la basílica-catedral actual, barroca que envuelve a la románica con elementos góticos y renacentistas, está hecha sobre la basílica prerrománica de Alfonso III y Sisando I y, a la vez, esta sobre la de Alfonso I y Teodomiro. Es admirable que, durante todos estos siglos, como dicen Juan Pedro Morín y Jaime Cobreros en El Camino iniciático de Santiago, la tumba del Apóstol el centro y origen de todo, haya permanecido prácticamente intacta y en mismo lugar de su descubrimiento:
"Es importante señalar ese respeto secular por el lugar. La tumba ha sido desde el comienzo el eje inviolable sobre el que se han levantado las sucesivas basílicas y justificación última de la más escondida piedra marcada con el signo compañeril".


"Hoy la plaza del Obradoiro es el kilómetro cero de la peregrinación. En ella los visitantes se reúnen, descansan, gozan con la contemplación de la fachada, coronada por la imagen de Santiago peregrino, y se relajan mientras ven cómo la caída del sol arranca tonalidades doradas al granito de la portada, que se ha convertido en el emblema del arte barroco español", escribe evocadoramente Marta González Vázquez de este lugar transmitiéndonos estas hermosas sensaciones de reunión de gente que admira los juegos de la luz y de la piedra tallada



Pemón Bouzas y Xosé A Domelo nos cuentan que en 1147, un cuarto de siglo después de la concesión del Año Santo Compostelano por Calixto II, se registra la que parece primera gran peregrinación en grupo, cuando 13.000 cruzados ingleses, alemanes y flamencos embarcaron en el puerto inglés de Darmouth rumbo a participar en la conquista de Lisboa en ayuda el rey portugués Alfonso Henriques. "En su camino desembarcaron para celebrar la fiesta de Pentecostés ante el sepulcro del Apóstol".


La Torre do Reloxo o Berenguela, que ahora va orientar nuestros pasos hacia la Praza das Praterías y la puerta catedralicia de ese nombre, fue glosada por Otero Pedrayo en su Guía de Galicia de 1926 como "el mástil y la voz de la basílica. La campana de su reloj mide con sonido incomparable, grave y hermoso, el tiempo en Santiago". En catedraldesantiago.online se nos dice que el nombre de Berenguela se debe a una confusión con una torre-fortaleza que el arzobispo Berenguel de Landoira mandó construir no aquí sino en otro lugar, aunque su origen defensivo es el mismo

Parece ser que fue la primera torre con reloj de España y una de las primeras de Europa, pero su reloj, de cuatro esferas, una por cada lado, es de una sola aguja llamativamente, pues solamente marca los minutos, ya que la hora la marcan las campanas; lo veremos mejor desde la citada Praza das Praterías y desde la Praza da Quintana


Llegamos así al otro extremo de la Praza do Obradoiro, el meridional, donde nos encontramos con el Colexio de San Xerome o Colegio de San Jerónimo, el cuarto de los edificios que rodean esta plaza. Fue fundado por el arzobispo Alonso III de Fonseca pero no en este lugar, sino en el antiguo Hospital de Santiago, alojamiento de peregrinos en la actual Praza da Inmaculada y frente a la Porta da Acibechería o Puerta de la Acibechería de la catedral, la antigua Puerta del Paraíso en época románica


Cuando se hizo el Hospital Real en esta Praza do Obradoiro, su función de alojamiento de peregrinos fue languideciendo y pasó bastante prontamente, año 1521, a ser destinado a colegio de estudiantes pobres y artistas, con el nombre de Colexio de Santiago el Mayor o, más correcta y ampliamente, del 'Glorioso Apóstol Santiago el Mayor', pasando posteriormente, en 1555 a ser de San Jerónimo o San Xerome. Pero en 1652 los monjes de San Martiño Pinario lo compraron para ampliar su monasterio y el Colexio de San Xerome se trasladó aquí, al lado del Colexio de Fonseca, del que dependía, fundado por el mismo arzobispo como Colexio de Santiago Alfeo en 1544 en lo que era su pazo familiar


Al nuevo colegio se trasladó la portada del antiguo, que fue la del antiguo Hospital de Santiago, es del siglo XV, en pleno gótico pero sigue esquemas arcaizantes románicos para Manuel Chamoso Lamas. Sin embargo, otros especialistas, como leemos también en Wikipedia, afirman que "Este elemento arqueológico fue mal interpretado en años pasados, al tomarse por un larga persistencia de hábitos constructivos de los maestros arquitectos gallegos y prueba del arraigo del arte románico en Galicia"


Sea como fuere, representa interesantes esculturas que representan a Santiago el Mayor, su hermano San Juan Evangelista, San Francisco -quien según la tradición  peregrinaría a Compostela hacia 1214-, San Pedro, San Pablo y "una tercera imagen de interpretación incierta que podría ser Santo Domingo de Guzmán, peregrino jacobeo hacia 1219", señala Manuel F. Rodríguez, quien advierte que también podría ser San Marcos. El edificio es actualmente sede del Rectorado da Universidade de Santiago de Compostela


Como en el caso de la Costa do Cristo, un largo banco corrido de piedra al estilo canapé con pináculos estilo antorcha, separa la explanada de la plaza de otra cuesta, en la que vemos una hermosa fila de casas con su plantas altas cerradas en vistosas galerías donde antaño estaba la Torre da Praza, una de las de la antigua muralla, que tenía aquí un postigo o puerta menor del mismo nombre


Nos asomamos y vemos la rúa de Raxoi, antigua calle de las Madres, donde vemos la fachada del Hotel Plaza Obradoiro y  a su derecha las del Café Restaurante Obradoiro y Café Restaurante Raxoi, que extienden sus terrazas por su explanada peatonal


Fijémonos en el escudo existente entre las fachadas de los dos primeros, y una inscripción


El escudo de las cinco estrellas (la estrella de Santiago que señaló a Paio el lugar del sepulcro del Apóstol) representa a la familia Fonseca, fundadora de estos colegios y de estas casas que fueron el germen de la Universidade de Santiago de Compostela. Por eso se lee:
ESTAS CINCO CASAS
SON DE LA UNIVERSI
DADESTA CIVDAD DE 
SANTIAGO AÑO 
DE 1660

La universidad fue fundada por Lope Gómez de Marzoa en 1495 según sus escrituras, a lo que hay que añadir las que suscribe con Diego de Muros II y Diego de Muros III para crear un estudio de Gramática


A ello se une la creación del Colegio Santiago Alfeo (el ahora de Fonseca) por el citado Alonso III de Fonseca, hombre culto, mecenas y amigo de Erasmo de Róterdam, quien consolidará los estudios universitarios con varios colegios unificados en los que se impartirán Teología, Gramática y Arte y a los que se añadirán las carreras de Derecho y Medicina. Recibirá el aval de los papas Julio II en 1504 y Clemente VII en 1526. En 1555 será reconocida como Universidad Real


Por aquí continuaba la muralla que, tras atravesar una zona verde parte de la cual pertenecía al Colegio y a la Universidad, llegaba a otro postigo, el de Fonseca, delimitado por la huerta del Colegio y una sucesión de huertas de las casas de la famosa rúa do Franco, que sigue a continuación, tal como nos explica Javier Rosende Novo en su serie sobre las rúas compostelanas del periódico El Correo Gallego, que diserta también sobre esa otra calle, tan vinculada también a las peregrinaciones:
"Baste decir que no tiene nada que ver con Francisco Franco, el dictador. El origen es mucho más remoto y humilde. En aquella época, el Camino era un recorrido complicado y lleno de peligros. Muchos peregrinos sabían que era un camino sólo de ida. Algunos murieron en el camino, otros al llegar. Y, con el tiempo, también hubo quienes se asentaron en una ciudad que empezó a crecer de la mano de la peregrinación jacobea. Precisamente uno de estos peregrinos fue Bretenaldo, 'El Franco' (es decir, el francés), que llegó desde el país galo y decidió establecerse en un terreno muy cercanas al Locus Sanctii Iacobi (zona de la Catedral protegida por el primera muralla de la ciudad). No deja de ser curioso que Bretenaldo, extranjero, sea uno de los primeros vecinos de Compostela".

La sombra del Pazo de Raxoi  se extiende sobre O Obradoiro, que nos ofrece esta preciosa vista de la catedral con el Pazo de Raxoi a la izquierda y la fachada exterior occidental del edificio del claustro 


Nos dirigimos a conocer otra de las plazas catedralicias, la Praza das Praterías, pero antes visitaremos estos colegios de San Xerome (en origen en Acibechería del 'Glorioso Apóstol Santiago el Mayor' entre 1522 y 1555) y de Fonseca (en origen de Santiago Alfeo), con sus magníficos edificios y su encantador patio clasicista, entrada a la rúa do Franco, una de las de gran raigambre compostelana en el casco histórico, famosa por concentrar buena parte de las casas de comidas de la ciudad...





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