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domingo, 22 de marzo de 2026

EN LA PUERTA DEL PARAÍSO: LA FACHADA NORTE DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA (GALICIA) LA CAPILLA DE A CORTICELA, SAN MARTIÑO PINARIO Y EL ARCO DE PALACIO

 

Fachada norte de la catedral de Santiago desde la rúa da Acibechería

Esta es la primera vista de la catedral de Santiago que suelen tener los peregrinos que llegan siguiendo el llamado Camino Francés, que son la inmensa mayoría, pues agrupa a la mayor parte de los caminos del norte, centro y este-suroeste de España y la práctica totalidad de los europeos de allende los Pirineos: la fachada norte que, como tal, siempre suele estar mayormente en umbría, llamada de la Acibechería por ser este el nombre de la rúa por la que llegan los romeros. Esta es una fachada barroca-neoclásica que sustituye a una anterior, románica, devorada por un incendio en 1758 y cuya portada, que llegó a ser la más empleada para acceder al interior, era llamada Puerta del Paraíso por sus escenas de la vida de Adán y Eva. También es la Puerta Francígena por ser la más empleada antaño por los romeros del Camino Francés

Rúa da Acibechería (derecha) y Vía Sacra (izquierda)

Pero cuando es Año Santo Compostelano (Xacobeo), muchos peregrinos se encaminan a entrar por la Porta Santa, abierta solemnemente para la ocasión según mandan los cánones del Jubileo, la cual mira al este. Entonces, en el cruce de la rúa da Acibechería, pocos metros antes de la Praza da Inmaculada (a la derecha al fondo), desde donde se ve la fachada norte catedralicia, se desvían a la derecha por la Vía Sacra para dirigirse al convento de San Paio de Antealtares y salir a la Praza da Quintana, donde se encuentra dicha Porta Santa, accediendo al altar de Santiago y procediendo a los consabidos rituales del abrazo al Apóstol y visita a la cripta que alberga sus restos, misa del peregrino, etc.

En este blog le dedicaremos la pertinente entrada a dicho recorrido hacia la Praza da Quintana, como también a los otros accesos por la Praza y Porta das Praterías y, por supuesto, por el Obradoiro y Pórtico de la Gloria, pero en esta seguimos la que va a aquella antigua Porta del Paraíso y ahora Francígena o de la Acibechería, siguiendo por esta rúa, la de los antiguos artesanos azabacheros, hacia la Praza da Inmaculada, viendo al fondo el nuevo Pazo Arcebispal o Palacio Arzobispal, construido en 1854 anexo al antiguo Pazo de Xelmírez, el primer arzobispo de Santiago (antes eran obispos), Diego Xelmírez o Gelmírez, quien auspició la construcción de la catedral románica, incluyendo el citado Pórtico de la Gloria

Esta rúa se supone habría sido la primera de Santiago fuera del minúsculo núcleo original en torno al descubrimiento de la que se tiene por tumba del apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio (o Anastasio) y Teodoro en tiempos del eremita Paio (el primer descubridor), el obispo Teodomiro y Alfonso II El Casto, cuando se asentaron las primeras comunidades de monjes en el lugar, e iría creciendo bajo la protección, amparo y donaciones estipuladas posteriormente por Ramiro I, Ordoño I y, sobre todo, a partir de Alfonso III El Magno, que de acuerdo con el obispo Sisnando I promovió la construcción de un primer gran templo dedicado a Santiago (tras el primitivo de Alfonso II), así como papas y prelados correspondientes otorgándole jubileos e indulgencias, y así durante toda la Edad Media, favoreciendo la afluencia de peregrinos de todo el orbe cristiano al ser considerada una de sus grandes ciudades santas junto con Roma y Jerusalén 

Avanzando la Edad Media fue la calle Mayor, o parte de ella, pues era la grande y muy transitada vía que atravesaba la población de este a oeste dentro del recinto amurallado entre la Porta do Camiño y la Praza do Obradoiro, salida hacia el oeste por la Porta da Trinidade o del Santo Peregrino, donde empieza el Camino a Fisterra y Muxía por la rúa das Hortas

El intenso paso de peregrinos hizo que se estableciesen en esta calle un nutrido número de artesanos azabacheros, piedra negra relacionada con lo sagrado desde tiempos ancestrales e incluso anteriores al cristianismo, sin duda por su aspecto y propiedades que, en un principio, estuvieron unidos a los concheiros, vendedores de las conchas identificativas de la llegada a Santiago, a las que también se les atribuían beneficios físicos y espirituales, siempre milagrosos, desde la antigüedad

Posteriormente azabacheros y concheiros se separaron y formaron sus propios gremios y calles, llegando a ser muy influyentes en la vida de la ciudad hasta que, con la Reforma y luego las transformaciones sociopolíticas de los siglos XVIII y XIX entraron en franca decadencia pero nunca llegaron a desaparecer, tal y como podemos comprobar recorriendo esta calle y contemplando sus siempre llamativos escaparates

Aquí tenemos, a la derecha, un pedazo de diamante en bruto, que mayoritariamente procedía de Les Mariñes de Villaviciosa (Asturias) traído en mulas, y algunas de las labores artesanas más solicitadas, como la figa o higa, el puño cerrado que, portado principalmente como colgante, protege contra el temido mal de ojo, como nos enseña la Xacopedia:

"Del alemán fig-hand. En gallego, figa. Amuleto en forma de puño cerrado con el dedo pulgar asomando levemente entre el corazón y el índice. Es un símbolo mágico extendido por gran parte de Europa y el Mediterráneo, de remoto e incierto origen. Se ha utilizado tradicionalmente como protector para determinadas enfermedades y sobre todo para repeler los supuestos efectos del mal de ojo transmitido por determinadas personas. Se consideraba que las principales víctimas de estas miradas aviesas eran los niños y los ancianos. Tuvieron un gran éxito las realizadas y vendidas en Santiago de Compostela
Los peregrinos jacobeos concedieron gran valor a las higas compostelanas, cuya producción se constata desde finales de la Edad Media. Su éxito se debió al hecho de combinar las propiedades intrínsecas otorgadas a este amuleto, con los misteriosos poderes mágicos y curativos atribuidos desde antiguo a la piedra de azabache, la fuerza taumatúrgica del apóstol Santiago y el propio hecho de la peregrinación. Para los peregrinos históricos, la higa -amuleto conocido en toda Europa- adquirida al lado del sepulcro de Santiago tenía poderes superiores. Sorprende ver como se conjuntaron en Compostela los cuatro elementos señalados. 
A finales de la Edad Media las higas se conocían como “manos de azabache”, hasta que debido, sin duda, a la influencia de los peregrinos germánicos, compradores habituales de este producto compostelano, adquirieron su nombre actual. Estos y los demás las llevaban como protección para el camino de vuelta y en muchos casos para los niños y familiares más necesitados. 
La higa, debido a su más que posible origen pagano y ante la obscenidad que muchos veían en el gesto representado, nunca estuvo bien vista por la Iglesia, aunque la toleró quizá por su éxito comercial. Temerosos de esta realidad y para facilitar su venta, los azabacheros compostelanos comenzaron a denominarla como “higa de Santiago” o “Santiago de higa”, tallando en ella minúsculas representaciones de este santo. 
En el Museo das Peregrinacións e de Santiago y en el de Pontevedra es posible comprobar la diversidad y esplendor alcanzado por esta artesanía, que sigue estando presente en muchos establecimientos especializados de Compostela en el presente. Continúa siendo un producto con salida y no siempre adquirido como souvenir, como se constata hablando con más de un vendedor." 

Por supuesto, también aparece en forma de símbolos y elementos cristianos, cruces, rosarios, imágenes de Santiago y otros santos y personajes religiosos, además de, ya desde hace mucho tiempo, representaciones más profanas de todo tipo de cosas, instrumentos musicales, animales, etc., combinándose muchas veces como parte de joyas con otros materiales, plata sobre todo, pues los plateros fueron otro gremio intensamente vinculado a las peregrinaciones que dio nombre a otro lugar en los aledaños de la catedral, la Praza das Praterías, también presente en este blog

El azabache está presente pues en esta calle tanto en tiendas de souvenirs como en joyerías, combinando con todo tipo de elementos, tal que aquí la plata. Arturo Reboyras nos habla de uno de ellos en El Correo Gallego del 6-5-2023 con motivo de un homenaje al comercio local

"Gerhard Mayer llegó a tierras gallegas desde la región alemana de la Selva Negra a mediados del siglo XIX. Se asentó en Ferrol, donde vendió sus primeros relojes de cuco; y unos años después aterrizó en Compostela, donde en 1830 montó un comercios especializado en relojería que con el paso de los años evolucionó hacia la joyería, especializándose en la plata y el azabache. La historia la cuenta el tatarabuelo de su padre, Fernando Mayer (Santiago, 1972), quien 193 años después de su fundación sigue al frente de un negocio familiar que, por la pandemia y desacuerdos contractuales, se vio obligado a dejar su histórica ubicación en los bajos de la Catedral, en la plaza de Praterías, para trasladarse a la rúa de Xelmírez.

El Concello de Santiago homenajeó ayer en un solemne acto en el Espazo Apego a un total de 43 comercios compostelanos que superan los 50 años de antigüedad. De los que consta la fecha exacta de apertura, Joyería Mayer es el más antiguo. “Aunque el fundador comenzó vendiendo relojes de cuco, sus hijos diversificaron el negocio y comenzaron a trabajar el grabado, el azabache y la plata”, explica Mayer, antes de confesar su pasión por un oficio que ha vivido desde pequeñito de la mano de su padre y su abuelo.

Hoy en día tanto él como su hermano están especializados en el azabache y, a mayores del comercio, gestionan un taller artesanal ubicado en Vista Alegre. “El azabache es lo que nos salva: es un arte exclusivo de Santiago. Ni los chinos son capaces de copiarnos”, sostiene el orfebre.

Los Mayer son una saga muy conocida en Compostela y su trabajo artesanal ha obtenido a lo largo de su larga trayectoria numerosos reconocimientos. Buena parte de la familia está volcada en el gremio de la orfebrería y, de hecho, en la lista de comercios más antiguos de Santiago figura, a mayores del mencionado, la Relojería Gerardo Mayer, fundada en 1835, y la Relojería Joyería Mayer."

La Xacopedia nos dice también que la artesanía de azabache se hizo, junto con la de la plata, en la más característica del mundo jacobeo compostelano sin que se sepa la razón exacta y concreta aunque se presume, recalcamos, que se basaría en sus propiedades o las que como tal se le atribuyen:

"Están pendientes estudios más amplios sobre la expansión de esta artesanía adquirida en Santiago por los peregrinos, pero lo cierto es que se extendió por gran parte del continente europeo, en un proceso de difusión semejante al producido con las conchas de vieira, adquiridas en masa por los llegados a la meta compostelana. 
Quizá se deba este éxito a las propiedades mágicas concedidas desde antiguo a este lignito compacto y escaso, de intenso color negro y de un espléndido, elegante y siempre misterioso brillo una vez pulido. San Isidoro (s. VII) hablaba de sus bondades protectoras. También ayudó a que Santiago se convirtiera en el gran centro histórico de esta artesanía el hecho de que las escasas minas donde se obtenía este mineral estaban en Asturias, relativamente cerca de la ciudad. Era además una materia prima de gran calidad y finura y menos costosa que los metales preciosos. 
Ya en el siglo XIII estaba la artesanía del azabache asentada en la ciudad. Figuras con la forma de la concha de vieira y esculturas representando a Santiago con el atuendo tradicional de peregrino resultaban los motivos con más éxito, seguidos, avanzando el tiempo, del Santiago matamoros, en este caso destinado a los peregrinos españoles, y los rosarios con iconografía alusiva. 
Tenía también gran acogida -y la sigue teniendo como souvenir- un amuleto contra el mal de ojo ampliamente difundido en Europa durante siglos. Nos referimos a la higa, una escultura de tamaño variable en forma de puño con el dedo pulgar situado debajo del índice que se utilizaba sobre todo para -con la ayuda de Santiago- proteger a los niños del mal de ojo."

En la Gran Enciclopedia Asturiana (de Asturias, reiteramos, provenía el azabache, allí acebache), nos dice que "se hacían o labraban: rosarios, collares, prendedores, abalorios, veneras, lunas, pendientes, cajas para tabaco, pulseras, tinteras, verdugos, objetos de luto, corazones, cruces, gargantillas, sellos, imágenes de Santiago, medallones, dijes, y especialmente amuletos -en Asturias ciguas- preservadores de maleficios en los niños". La etnóloga Carmen Baroja plasma otras creencias en sus propiedades:

"El azabache como sustancia es el máximo preservativo; se enciende con agua y se apaga con aceite, ahuyenta la mirada del basilisco y recrea las sofocaciones y ahogamientos de la madre; en sahumerios da a conocer la gota coral y la virginidad, cocido en vino, cura los mares de dientes y los lamparones. Se usó para la axiomancia y no se quema si ha de suceder lo que se desea saber"

Además de joyerías y tiendas de recuerdos en la rúa Acibechería hay comercios de productos gallegos, pensiones y hostelería, La calle es hermosa pero un tanto umbría y angosta, y de eso nos damos más cuenta a poco que vaya aumentando el trasiego de gentes, pero antes lo fue más, pues sus casas porticadas apenas dejaban pasar a un carro. En 1866 una ordenanza del Concello ordenó demoler sus soportales y los de gran parte de la ciudad; algo que hoy en día lo consideraríamos un atentado contra el patrimonio pero que por entonces era causa de muy graves problemas

Aquí a nuestra derecha, el Restaurante Botafumeiro, del que encontramos esta excelente reseña en Caminos Culturales, con  la firma de Patricia Ortiz:

"Para hacer un alto en el andar y comprobar la fama gastronómica de la región, Caminos Culturales, eligió en esta oportunidad Botafumeiro, un restaurante ubicado al final del camino francés, después de pasar la plaza Cervantes. “Nuestro eslogan es última parada antes de tu destino, ya que somos el último restó-bar en la calle”, nos cuenta Darío Eze, un joven argentino radicado en Galicia que reabrió el espacio de comidas en mayo pasado junto a su socio Fernando Muiño Cordo, oriundo de San Pablo, Brasil. 
“Botafumeiro abrió sus puertas en mayo de 2022, luego de haber permanecido cerrado durante la pandemia. Fue fundado hace más de 40 años con este nombre y es el lugar ideal para saborear, no sólo abundantes paellas —la especialidad de la casa—, sino una variedad de platos típicos de Galicia, como las zamburiñas, las vieiras y el pulpo en varias presentaciones”, afirmó Darío, a quien le gusta observar cómo los turistas o quienes llegan de la región para expresar su admiración ante la magnífica Catedral de Santiago de Compostela despliegan una gran energía: “Vemos a gente feliz, relajada y amorosa que habla de un ‘antes y un después’ de recorrer el Camino. Hay peregrinos que lo realizaron hace más de diez años y han dejado su moneda en la pared, con el único deseo de encontrarla al volver”. 
La transformación de vida al decidir instalarse en la Galicia de sus antepasados es para Darío otorgarle un valioso componente emocional de raíces que se ramifican y, a su vez, echan otras nuevas, como las que dejará en su pequeña hija: “Descubrir la Galicia de mi abuelo Manolo tiene un gran significado. Él estaría muy contento de verme aquí. Desde muy pequeños, nuestra familia se reunía los domingos esperando que nos llamaran nuestros parientes gallegos para hablar; nos enviábamos todo tipo de cosas, desde ayudas económicas hasta productos típicos de nuestros países”. 
Las tradiciones y la cultura inculcadas en la niñez van tomando la forma de una realidad que lo despierta en las mañanas, como cuando se quedaba a dormir en la casa de los abuelos y llegaban a sus oídos los sonidos de las gaitas o las muñeiras: “Veíamos la televisión gallega y comíamos la clásica empanada que conocemos en la Argentina. Mis abuelos extrañaban muchísimo su tierra natal y nos inculcaron la cultura y los valores familiares. Este año es muy importante para todos nosotros, desde lo social, cultural, religioso, hasta lo económico; está cargado de oportunidades y es ideal para una toma de conciencia”, sostuvo el joven.   
Al ingresar a Botafumeiro —atendido con la calidez de sus dueños—, se comprueba la excelente atención que ofrece. Darío va y viene brindando lo mejor de sí mismo, mientras el sonido de una gaita retumba en el aire y la gente se va acercando al músico que, con toda pasión, les regala su arte, para que todos festejen cantando y bailando en el año Xacobeo. 
Esta particular historia, que une a la Argentina con Galicia, es una de las muchas que abrazaron los ideales de quienes emigraron, dejando que las lágrimas que alguna vez corrieron se transformaran en familias que hoy conservan la tradición y la transmiten: “Galicia es mi lugar en el mundo. Aquí quiero vivir y cumplir mis sueños. Aquí soy feliz”, concluyó."

No es nuestra intención, siempre lo decimos, hacer una guía comercial y hostelera del Camino pero dar algunas pinceladas acá y allá a nuestro paso es imprescindible pues son cosas que nos encontramos en nuestro periplo y que, además, para comer o beber, pueden sernos especialmente útiles

Como útil puede ser ese regalo compostelano que haremos a algún ser querido cuando regresemos a casa, o a alguien especial que has conocido en el Camino que ahora concluye o, pura y sencillamente, a nosotros mismos

Más azabache y plata en sus múltiples figuras y combinaciones con plata y demás materiales. El azabache es una gema orgánica, producto de la madera fosilizada, con características electrostáticas pues, al igual que el ámbar, adquiere carga estática al ser frotada. Es además cálida al tacto, a diferencia de los minerales fríos y, de estas sus propiedades físicas innatas, saldrían las creencias en su capacidad de absorción de energías negativas, surgiendo su relación con la espiritualidad. Leemos así en Wikipedia:

"Se ha hallado en restos neolíticos, en túmulos y bajo dólmenes; en algunos de ellos se recuperaron más de cien cuentas de azabache lo que confirma era una posesión de mucho valor al que atribuían un innegable carácter protector ya hace varios miles de años. Las joyas de azabache fueron muy apreciadas por los EgipciosFeniciosEtruscosRomanos y Vikingos, aunque la cuenta más antigua aparece en un colgante de azabache en la Cueva de las Caldas (Oviedo), en un nivel perteneciente al Solutrense Superior, 15 000 años antes de Cristo."

No hay comercios dedicados exclusivamente al azabache, ni a la plata y azabache únicamente, si bien pueden ser en muchos casos su gran especialidad. La demanda de turistas y peregrinos (no nos cansaremos de repetir que, aunque se parezcan, no son exactamente lo mismo, aunque institucional y mediáticamente se abogue, consciente o inconscientemente cada vez más en ello) señala por donde va el mercado 



Y junto con ello, por supuesto, infinidad de objetos relacionados con Santiago de Compostela y el Camino, desde ropa y pegatinas a figuras y postales

La calle tuvo desde siempre su vertiente económica, fue incluso llamada rúa da Moeda 'moneda' porque el arzobispo Gelmírez tuvo la facultad de acuñar moneda propia para la ciudad, la cual se hacía al fondo, en un taller en su pazo, al lado de una desaparecida capilla

El palacio, que empezamos a ver al fondo, Pazo de Xelmírez, poco tiene que ver con el que mandó hacer, entre 1120 y 1136, quien fuera el primer arzobispo de Santiago. Sucesivas transformaciones lo fueron cambiando totalmente al exterior y todo el interior salvo las puertas que lo comunican con la catedral por dentro, la Puerta de los Gramáticos, la Puerta de la Torre y la Puerta de la Tribuna. En la actualidad alberga un museo que puede visitarse

La rúa da Acibechería, bellamente enlosada con grandes piedras rectangulares, empieza a bajar suavemente, viendo al fondo ya el Arco do Pazo Arcebispal por el que pasaremos a la Praza do Obradoiro y sobre el los arzobispos pasaban de su residenci a la basílica-catedral, que aún no vemos, pero sí otro monumento de gran importancia

Es el monasterio de San Martiño Pinario, frente a los jardines de la Praza da Inmaculada, cuya traza actual empezó a construirse en el siglo XVI pero prosiguió a lo largo de las centurias posteriores, conteniendo elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos, si bien se la considera la "gran fábrica del renacimiento gallego", según dice Wikipedia, si bien su origen es muy anterior, pues se remonta a los primeros tiempos del culto jacobeo

Se trata de una fundación del siglo X en base a un oratorio anterior, A Corticela, dedicado a Santa María, el cual, al estar más cercano a la antigua basílica, hoy catedral, quedó integrado en la misma durante las reformas promovidas por los citados Alfonso III El Magno y el obispo Sisnando I. Es pues de uno de los primeros santuarios con monjes a cargo del culto al Apóstol (otro sería el de San Paio de Antealtares, en la Vía Sacra antes referida) y, por lo tanto, origen de la actual ciudad, los cuales se establecieron justo al norte de su tumba

Acabando el siglo IX, Sisnando I apoyó que los monjes fundasen un lugar de culto propio en su asentamiento, naciendo aquella capilla de A Corticela, así como que esta comunidad se instalase en el cercano pinar de Pinario o Piñeiro, fundándose el actual convento en el año 899, si bien nada queda físicamente de él a la vista ni de su evolución constructiva medieval. Sus frailes siguieron vinculados al culto apostólico y su liturgia continuó en Santa María da Corticela hasta que, a finales del siglo X, la compartieron con la de su iglesia monacal, dedicada a San Martín o San Martiño de Tours, santo de origen franco llegado con las peregrinaciones. De estos sus primeros tiempos nos cuentan así en la Xacopedia:

"Situado en las proximidades de la catedral de Santiago de Compostela. Es, con San Paio de Antealtares, el cenobio compostelano vinculado al inicio del culto y custodia del sepulcro de Santiago el Mayor (s. IX). Con fachada principal hacia la plaza de A Inmaculada, frente a la puerta norte de la catedral, el primer edificio tuvo un emplazamiento aún más próximo a la basílica. A pesar de los escuetos datos existentes, parece ser que una parte de los monjes llegados al naciente lugar santo de Compostela para custodiar el sepulcro ocuparon la parte norte más inmediata, instalándose en el espacio de la actual capilla de A Corticela, ahora dentro de la catedral, pero en los primeros tiempos situada en el exterior del templo inicial del sepulcro, de más reducidas dimensiones. 
A finales del siglo IX, el obispo Sisnando I, que sentía un gran aprecio por esta comunidad, favoreció que sus monjes construyeran un templo exclusivo para el culto en el espacio que ocupaban, dando lugar al nacimiento de la capilla de Santa María da Corticela. Dispuso también el prelado que los monjes, tras ocupar su lugar de residencia con la nueva iglesia, se instalasen en la inmediata zona de Pinario (lugar de pinos, también citado en algún momento como Piñeiro). Surgió así el actual convento, del que existen pruebas documentales desde comienzos del siglo X. Los monjes siguieron vinculados al culto al Apóstol y disfrutando de los privilegios que esto suponía, entre ellos la participación en las cada vez más cuantiosas limosnas, donaciones, etc. 
En un primer momento los monjes estuvieron obligados a seguir realizando los oficios litúrgicos en A Corticela, pero a finales del siglo X pudieron compartirlo con el de su propia iglesia monasterial, dedicada a San Martín (Martiño en gallego) de Tours, santo muy vinculado con las nacientes peregrinaciones y que llegaría a contar con una gran devoción en el Camino de Santiago, ya desde Francia."

El siglo XI será una época dorada para el monasterio, que se engrandece y consagra una iglesia románica justo ante el hospital de peregrinos que atendía a los romeros jacobitas justo a las puertas de la catedral, en esta plaza llamada entonces del Paraíso. A finales de la centuria los benedictinos se irán haciendo cargo del convento, pero en el XII el obispo Diego Xelmírez preferirá ir apartándolos de su misión de culto y custodia del sepulcro de Santiago, acaparando sus rentas, donaciones, limosnas y demás recursos. A cambio les dará otras compensaciones y consagrará su nueva iglesia en el año 1102:

"El siglo XI traerá un periodo de esplendor para esta comunidad, que logra ampliar el monasterio y construir una notable iglesia románica en torno a la plaza del Paraíso -actual Acibechería o Inmaculada-, el concurrido lugar donde se concentraban los peregrinos extranjeros para entrar en la catedral y donde se encontraba el hospital para atenderlos, vinculado a estos monjes. Pero supondrá también este siglo el progresivo alejamiento del culto y custodia del sepulcro apostólico, sobre todo desde que a principios del XII el poderoso y ambicioso obispo Diego Gelmírez decide organizar la administración de la catedral jacobea, que cada vez generaba más recursos, apartando progresivamente de ella a las dos comunidades de monjes que hasta ese momento se habían responsabilizado de su culto y custodia. Gelmírez procuró compensar a la comunidad de Pinario, con la que mantenía una buena relación, con otras concesiones.

Los benedictinos, que comienzan a regentar el convento a finales del siglo XI, se verán obligados a iniciar una actividad propia que, con grandes momentos de esplendor y decadencia, convertirá a San Martiño Pinario en el cenobio masculino más relevante de la orden en Galicia."

En el año 1494, las reformas religiosas para paliar la relajación del clero reinando los Reyes Católicos le hacen depender de los benedictinos de Valladolid, lo que traerá un nuevo esplendor que hará de él el monasterio más poderoso de Galicia, emprendiéndose la gran obra transformadora que le dio aspecto que vemos ahora, para la que se necesitó derribar el antiguo hospital de peregrinos aquí existente, dejando libre esta gran plaza entre el convento y la catedral. La Wikipedia nos explica así esta su primera gran fase histórica a partir de su fundación:

"El primer lugar en el que se asentaron los monjes era el sitio de Santa María de la Corticela, capilla hoy incluida dentro de la Catedral de Santiago. Allí estuvieron desde finales del siglo IX, hasta los momentos finales del siglo X. Tras la razzia de Almanzor a la ciudad por aquel entonces, las estancias del monasterio fueron destruidas (claustro, oficinas, celdas...), manteniéndose solo la iglesia. Los monjes, favorecidos por el obispo Pedro de Mezonzo, fundaron un nuevo monasterio, pero con la advocación de San Martín de Tours, en un espacio próximo al anterior, pero que realmente quedaba fuera de las primitivas murallas de la ciudad. Los monjes siguieron manteniendo el control de la primitiva capilla de la Corticela hasta finales de la Edad Media. 
La fundación primitiva del Monasterio de San Martín Pinario estuvo acompañada de una serie de donaciones de los reyes, obispos o señores de los diferentes siglos de la Edad Media con la finalidad de ensanchar el patrimonio territorial de la casa. Aproximadamente, entre finales del siglo XI y las dos primeras décadas del siglo XII, sabemos que el monasterio debió adoptar la conversión a la orden benedictina. Sabemos esto porque, en 1077, la Concordia de Antealtares menciona ya que el cercano monasterio de San Payo de Antealtares era benedictino, y la primera mención que se hace de San Martín Pinario, ya benedictinizado, data de 1115. De 1102 data también la consagración, realizada por Diego Gelmírez, de la iglesia románica. 
Sabemos que hasta el siglo XIII la economía de la comunidad estuvo creciendo, y fue estable. Las circunstancias de los siglos XIV y XV, junto con la aparición de las comunidades mendicantes en la ciudad de Santiago, provocó la entrada en crisis del monasterio, que solo se solucionó en las últimas décadas del siglo XV. 
 La visita de los Reyes Católicos a Santiago trajo la reforma impulsada por la Congregación de San Benito de Valladolid. Esta reforma, lograda tras conflictos con los abades comendatarios de San Martín Pinario, logró que el monasterio ensanchase su patrimonio por la incorporación de nuevos monjes y nuevas rentas, provenientes de otros monasterios más pequeños, que pasarían a depender de Pinario en forma de prioratos.Entre ellos, San Xián de Moraime (1494; bajo la Congregación desde 1499) y San Martiño de Ozón. 
Comienza entonces el gran auge del monasterio, aprovechando una economía muy pudiente, que facilitaba la construcción del nuevo monasterio. Durante los siglos de la época moderna se erigió como uno de los grandes poderes eclesiásticos de Galicia, y su monasterio como uno de los edificios más destacados del barroco dieciochesco."



Esta majestuosa portada, resultado de aquel revivido esplendor, es la del monasterio propiamente dicho, pues la iglesia está situada más atrás, en la Praza de San Martiño Pinario, a la que se accede desde aquí por la rúa da Moeda Vella, otra referencia a la antigua moneda acuñada en la ciudad. En el conjunto, proyecto del arquitecto Mateo López y con intervención de Ginés Martínez de Aranda y Bartolomé Fernández Lechuga, hay elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos, si bien esta fachada es la gran obra maestra del barroco gallego junto con la occidental de la catedral, la que mira a la Praza do Obradoiro. Volvemos a consultar la Xacopedia:

"El monasterio vive los mejores momentos durante los siglos XVI, XVII y XVIII, en los que adquiere su actual configuración arquitectónica, un ejemplo desbordante de barroco desde su fachada a su iglesia -la más grande y ricamente decorada de la ciudad-, pasando por muchos de sus elementos constructivos y artísticos exteriores e interiores. Para lograr esta ampliación fue necesario derribar el edificio del antiguo hospital medieval de peregrinos, lo que permitió despejar el actual espacio de la plaza de A Inmaculada y dar una mayor perspectiva a la grandiosa portada del monasterio, culminada con una estatua de San Martín."

Esta fachada principal, orientada hacia el sur y la Praza da Inmaculada, que es la que ven los peregrinos al pasar, es diseño de Fray Gabriel de Casas y presenta cuatro grandiosas columnas dóricas. Atendemos a la descripción de Santiago de Compostela Turismo:

"El monasterio es de gran sencillez y frialdad de líneas, sólo interrumpidas por la fachada, a la que se accede por una gran escalinata. La fachada se divide en tres partes con un eje central flanqueado por dos grandes lienzos de cuatro pisos. La torre de cinco cuerpos contribuye a romper la monotonía de la fachada. La portada enmarcada por severas columnas dóricas, acoge a San Bieito, rematando con la estructura añadida por Fernando de Casas en la que está el escudo de España entre vieiras y la figura de San Martiño de Tours. Dentro del monasterio se encuentran el claustro de las oficinas, el más primitivo y el claustro procesional."

Sobre la puerta, la estructura añadida por Fernando de Casas Novoa con una imagen de San Benito o San Bieito, el escudo de España y en lo alto San Martín a caballo. Se accede por escalinata; la torre de cinco cuerpos rompe la monotonía de la fachada. Repasamos de nuevo la Wikipedia:

"En el conjunto se mezclan elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Pero fundamentalmente es la gran fábrica del renacimiento gallego, que fue impulsada por Mateo López con una importante reconstrucción iniciada en la última década del siglo XVI, abandonándose definitivamente la tradición plateresca cuyo final simbolizan las obras de la basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra
De hecho Mateo López después de terminar el coro del templo pontevedrés realizó el diseño o traza universal y la fachada de la iglesia de San Martín. Durante el largo proceso de construcción también participó el experto trazista y tratadista de cantería Ginés Martínez de Aranda y el arquitecto Bartolomé Fernández Lechuga."


"Los monjes benedictinos de Pinario eran muy hospitalarios. Lo expresaron dedicando el monasterio a San Martín de Tours, santo francés que contó con gran devoción en la ruta jacobea. Su imagen repartiendo su capa con un pobre que se encuentra en el camino culmina la peineta de la fachada", escribe bellamente Manuel F. Rodríguez, eminente historiador jacobita, en su libro Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta, muy, muy a recomendar:

Efectivamente, aquí tenemos la icónica representación de San Martín como soldado romano de caballería que corta su capa para compartirla con un mendigo y, a sus lados, sendos querubines (otra de sus representaciones, muy diferente a esta, es como obispo). "En relatos de peregrinos franceses e italianos de los siglos XVII y XVIII se dice que estos monjes daban limosna, pan y comida caliente con más abundancia que ninguno de los hospitales cenobios de la ciudad", sigue diciendo Manuel F. Rodríguez

Dentro de los conocimientos históricos de la época, los artistas representaban a los soldados romanos no como estamos hoy en día acostumbrados según películas y recreaciones históricas, sino a cómo suponían ellos que serían, más o menos parecidos a los militares de su época. De su advocación y relación con el Camino de Santiago dice la Xacopedia:

"Obispo de la ciudad francesa de Tours (316-397). Anteriormente fue monje en el monasterio que fundó en Ligugé, con el que se estableció el monacato en Francia. En el Códice Calixtino se dice que los peregrinos han de visitar su cuerpo a orillas del río Loira, en Tours, por sus muchos milagros. Por compartir su capa con un pobre que se encontró en el camino, se convirtió en santo de gran devoción, especialmente en la Ruta Jacobea."

La Desamortización de Mendizábal declaró el convento extinguido en 1835 y, luego de tener el edificio diversas funciones, pasó a ser desde 1868 Seminario Mayor de la archidiócesis de Santiago de Compostela, función que sigue teniendo en nuestros días. junto con la de sede de las facultades de Teología y Trabajo Social, museo y hospedería, que fue esta antes residencia universitaria hasta el año 2008:

"Con la desamortización en el año 1835 la comunidad benedictina fue exclaustrada, y el monasterio pasó a ser sede de oficinas estatales, así como a acoger hechos importantes como la Exposición Agrícola, Industrial y Artística de Galicia en 1858, o los momentos finales del levantamiento de 1846. En 1868 el arzobispado compostelano y el ayuntamiento, alcanzan un acuerdo por el que el viejo monasterio benedictino pasará a convertirse en sede del Seminario Mayor de Santiago de Compostela. 
En la actualidad sigue funcionando como Seminario Mayor, así como también alberga otras estancias como las facultades de Teología y Trabajo Social, además de funcionar como museo y hospedería. Anteriormente una parte del edificio fue utilizado como residencia universitaria, pero al finalizar el curso académico 2007-2008 fue cerrada con el fin de llevar a cabo reformas intraestructurales, las cuales ya rematadas, dieron paso a la apertura de la actual hospedería del Seminario Mayor."

"Por sus talleres, tiendas y hospedajes, por residir en ella los cambistas y otras gentes especializadas en la atención al peregrino y por concluir ante la catedral, con la emoción de la primera vista de esta, el la vía con la historia jacobea más abigarrada de Compostela. Durante siglos su razón de ser fue la atención a los peregrinos. Conserva parte de esta tradición en algunas de las tiendas más antiguas de la ciudad", continúa su ameno relato del recorrido por esta rúa Manuel F. Rodríguez en su maravilloso libro... y es que ya empieza a asomar la catedral, sobre el tejado de la última casa de esta fila...

Y aquí tenemos ya las dos grandes torres barrocas, la de la carraca, esta de la derecha, y la de las campanas, que, al otro lado, miran a la Praza do Obradoiro, que sin sin duda es una de las grandes 'plazas del mundo', y no solo por su tamaño. Es sin duda un momento de gran emoción, especialmente para quienes hacen el Camino por primera vez. Realmente ya las hemos visto, fugazmente, en el Monte do Gozo y, luego, en la rúa de San Pedro, pero aquí 'surgen de repente', tras los edificios de Acibechería...

"En esta calle y en la plaza del Paraíso -hoy de la Inmaculada- en la que desemboca, se vendían además de emblemas y recuerdos jacobeos, elaborados principalmente en azabache, vestimentas y objetos en cuero -cinturones, sombreros, zurrones, etc.-M se fabricaba y cambiaba moneda extranjera en unas mesas especiales en plena calle -las táboas-; y se ofrecían y voceaban todo tipo de hospedajes", nos cuenta Manuel F. Rodríguez de este intenso trajín mercantil y monetario en plaza y rúa

Y también hospitalario, pues en la zona nordeste, es decir, aquí mismo enfrente, de estos jardines de la Praza da Inmaculada estuvo el Hospital de Santiago. "El que fue el mayor hospital para peregrinos pobres y enfermos de la ciudad hasta el siglo XVI se ubicó en este lugar por ser el principal punto de llegada y concentración de gentes ante la basílica", apunta Manuel F. Rodríguez

Fue construido por orden del arzobispo Xelmírez a principios del siglo XII, sustituyendo a otro más antiguo patrocinando por el rey Alfonso III y el obispo Sisnando I al lado de la basílica prerrománica consagrada por ellos engrandeciendo un primer modesto santuario, fundado según la tradición documental por Alfonso II El Casto en la tumba del Apóstol tras la confirmación del hallazgo de sus restos

Aquel primigenio hospital hubo de ser derribado para hacer la catedral románica, actualmente encapsulada prácticamente toda ella en la catedral barroca, cuya magnífica fachada norte vemos desde aquí, así como las citadas torres del Obradoiro, el gran cimborrio sobre el crucero y, a la izquierda, la Torre del Reloj, construida en el siglo XV y revestida de barroco en el XVII. Es llamada popularmente Berenguela por el obispo Berenguer de Landoira por cierta confusión con una torre defensiva que se hizo en su mandato pero no en este lugar, sino al oeste de la actual catedral, al otro lado de O Obradoiro, donde ahora está el Pazo de Raxoi


Y aquí a la izquierda, al fondo de esta explanada está A Corticela, la capilla de Santa María da Corticela antes mencionada, que era un templo exterior el cual fue 'absorbido' e integrado en la catedral en su crecimiento. Su estructura actual es románica (es lo único no 'revestido de barroco' por el exterior), pero existiría un santuario anterior, prerrománico, fundado también por Alfonso III y Sisnando I en la peregrinación del monarca para asistir a la consagración de la primera basílica compostelana en 899 (tras la iglesia primigenia de Alfonso II). Su nombre, un diminutivo del latín curtis 'espacio cerrado', parece aludir a ello. En este entorno inmediato fue donde se construyó la primera cerca o muralla del núcleo primigenio de la ciudad


A un nivel más bajo que este rellano se encuentra la portada norte de la catedral que, por su inmediatez al Camino, fue la más empleada por los peregrinos que por aquí llegaban a la catedral, es decir, la mayoría, aunque posteriormente la magnificencia de la portada occidental con el Pórtico de la Gloria y sus rituales, hicieron de ella la 'favorita'. En el momento de escribir estas líneas se ha optado más por la Porta das Praterías, la meridional, al otro lado, como acceso principal

Esta fachada norte de la catedral de Santiago de Compostela fue comenzada en estilo barroco por Lucas Ferro Caaveiro, y acabada por Domingo Lois Monteagudo y Clemente Fernández Sarela en estilo neoclásico en 1769. Esta obra a caballo entre ambos estilos fue provocada por la destrucción en un incendio de la fachada anterior, románica, que hubo de ser demolida tras un incendio en 1758, según unas fuentes, si bien en otros estudios se manifiesta que fue un especial deseo del cabildo amparándose en que era la más transitada por los peregrinos y por el propio arzobispo desde su palacio contiguo

Había sido la llamada Puerta del Paraíso, construida en el año 1122 por Bernardo El Tesorero, gran colaborador del arzobispo Xelmírez, de quien era su tesorero, de ahí el nombre, pues sus oficios comprendían los de "arquitecto, escultor, pintor, mecánico, gran calígrafo y experimentado diplomático", afirma la Xacopedia. Algunas partes que se pudieron salvar fueron colocadas en la portada sur, la de la Praza das Praterías. Leemos a Manuel F. Rodríguez cuando dice:

"Según el Codex Calixtinus (s. XII), se conoció también como Puerta Francígena, por ser la entrada de los peregrinos del Camino Francés, la ruta jacobea principal, al estar esculpido en ella el pasaje bíblico de Adán y Eva y existir una fuente del mismo nombre. Para el peregrino que alcanzaba la basílica tras un largo sufrimiento, esta puerta representaba la superación del pecado: en el interior esperaba, al fin, el encuentro con lo más sagrado para confirmarlo. Fue, por ello, la puerta catedralicia más simbólica"

La nueva fachada barroca heredera de la medieval recuerda esquemas de la por entonces bastante reciente del Obradoiro, que veremos después. Al rehacerla en este estilo se igualó en esplendor a la fachada que por entonces ya presentaba San Martiño Pinario, así como hizo posible urbanizar la plaza y ampliar el Pazo de Xelmírez, que fue agrandándose y transformándose:

"La fachada actual, combinación barroca y neoclásica, se construyó en el último tercio del siglo XVIII. Se justificó la sustitución de la original románica por el mal estado de esta, pero también por ser en aquel tiempo ya no tanto la histórica entrada de los peregrinos como la propia de los clérigos y prelados, ya que el palacio arzobispal está a pocos metros. Algunas de sus excelentes esculturas se reutilizaron en otras partes de la basílica"

En el siglo XIII, con la portada y fachada románicas, se añadió en la zona noroeste el Panteón Real, donde se enterraron varios reyes, reinas y nobleza como el conde Raimundo de Borgoña, la reina Berenguela, los reyes Fernando II, Alfonso IX o la reina Juana de Castro. Luego, en el transepto norte, entre las capillas románicas de la Santa Cruz y San Nicolás, se hizo a mediados de esa centuria la del Sancti Spiritus por iniciativa del compostelano Pedro Vidal, burgués sin título nobiliario que sin duda reivindicaba su derecho a tener su lugar entre los difuntos principales, un espacio agrandado un siglo después por Gonzalo Pérez de Moscoso, arcediano de la reina, para sepulcro de su pariente Alonso Sánchez de Moscoso, dentro de la multitud de sepulcros góticos hechos en aquel tiempo, ya consagrada la catedral románica

Antes de seguir camino vamos a acercarnos a la capilla de Santa María da Corticela, cuyos canecillos románicos y ventanas saeteras son el exponente medieval exterior de la catedral. Su origen está en el siglo IX, como templo de los monjes custodios del sepulcro de Santiago, germen de San Martiño Pinario como hemos dicho. Abundamos en la Xacopedia:

"Capilla de la catedral de Santiago dedicada a los peregrinos y extranjeros. También conocida como Santa María de A Corticela. Es la más visitada de la basílica. Se encuentra en las inmediaciones de la puerta norte, por la que entraban históricamente los peregrinos del Camino Francés. 
El obispo compostelano Sisnando I y el rey asturiano Alfonso III el Magno crearon esta pequeña iglesia a finales del siglo IX -antes pudo existir un minúsculo oratorio- como centro de una comunidad de monjes dedicada al culto y custodia del sepulcro de Santiago, en compañía de la comunidad vecina de Antealtares, precedente remoto del actual convento de San Paio, que venía ejerciendo esta misión en solitario desde poco después del momento del descubrimiento de la tumba (820-830). Presidida por el abad Ronualdo, la nueva comunidad se instala unos metros al norte del espacio santo del sepulcro, en el lugar homónimo, diminutivo del latín curtis, que alude a un pequeño espacio cercado. 

La naciente comunidad construye la iglesia de la Corticela con tres altares, Santa Comba, San Esteban y San Silvestre. Se dedicó en un primero momento a San Esteban, pero pronto se convirtió en el primer templo mariano de la ciudad, por lo que acabó siendo conocida también como La Antigua. El templo logra al poco tiempo completar sus dominios con un convento en el inmediato lugar de Pinario, origen del actual monasterio de San Martiño."


Los monjes seguirán en sus funciones de mantenimiento del culto a Santiago hasta el siglo XII, cuando son desplazados por el clero de la nueva catedral, que acabará asumiendo todo el control sobre el sepulcro apostólico, aunque A Corticela seguirá en poder de los monjes, siendo completamente remodelada, como veremos cuando visitemos el interior:
"En 1527 A Corticela deja de depender de los monjes de Pinario y pasa a ser administrada por la catedral como parroquia para “peregrinos, extranjeros y vascos”, se cita expresamente, con la intención de prestarles un servicio más adecuado. Con este fin, establecen en ella su sede los linguaxeiros -lenguajeros-, sacerdotes encargados de confesar en distintas lenguas a los peregrinos. La capilla será desde este momento un acogedor y tranquilo espacio para el recogimiento del peregrino recién llegado a Santiago, en una función que sigue conservando en el presente."

En 1711 A Corticela dejó de tener una entrada exterior independiente y se integró definitivamente en la catedral. Para ello hubo de desaparecer la capilla catedralicia de San Nicolás de Bari, por la que se hizo su acceso:

"En 1711 se realizó el actual corredor-escalinata que comunicó definitivamente A Corticela con la basílica desde el interior. Se eliminó para ello la antigua capilla medieval de San Nicolás. En 1966, aprovechando unas obras de restauración, se realizó una prospección arqueológica en la que se encontraron vestigios -tumbas excavadas en la roca, sobre todo- del cementerio romano en el que apareció el sepulcro atribuido a Santiago."

Canecillos románicos en forma de quilla, con más o menos filigranas. Leemos en Románico digital:

"Hacia el exterior, es fácilmente perceptible la clara organización volumétrica de la iglesia, con la nave central elevada sobre las laterales, rematadas por series de canecillos esculpidos en los cornisamientos y con los muros masivos sólo abiertos mediante estrechas saeteras que iluminarán el interior del templo. En su lado noroeste se levanta la espadaña, que insiste en su función parroquial."

Detalle de la ventana en saetera, que proporciona algo de luz natural al interior. Los azabacheros rendían culto aquí a San Esteban, su patrón y adentro veremos también el sepulcro de la 'peregrina desconocida', así como el tímpano de la portada románica, dedicado a los Reyes Magos en su condición de primeros peregrinos. Llamativamente solo se representan dos

Más detalles de los canecillos, maravilla del románico de este santuario integrado en la catedral y parte de la historia de las primeras comunidades monacales destinadas al culto a Santiago en este lugar

"A Corticela es, sin duda, la capilla más popular de la catedral. A ella acuden peregrinos de todos los países -algunos de ellos acabaron casándose en ella, tras realizar la peregrinación a Compostela-, pero también devotos compostelanos de la Virgen de los Milagros, allí representada, y estudiantes universitarios que, respondiendo a una antigua tradición, depositan papeles escritos con sus deseos ante una imagen de Jesús en el huerto de los Olivos (s. XVI), explica también la Xacopedia, adelantándonos las maravillas que aquí nos aguardan

Un contrafuerte en el muro revela una transición al gótico, como corresponde al románico tardío del siglo XIII en el que se remodeló la capilla. Si siguiésemos por aquí saldríamos a la Praza da Quintana y la Porta Santa, que tienen su específica entrada de blog

Por eso, volvemos sobre nuestros pasos y retomamos el Camino volviendo a la rúa da Acibechería


Aquí tenemos el que parece que es el único edificio que conservó sus soportales en esa zona de la Acibechería


Y aquí tenemos otra encantadora vista ante nosotros de la Praza da Inmaculada con San Martiño Pinario y el nuevo Pazo Arcebispal. La Xacopedia insiste en que no confundamos la Praza da Inmaculada con la Praza da Acibechería, conformado este por la fachada norte catedralicia, es decir, el espacio a nuestra izquierda, al otro lado del muro de piedra y a un nivel más bajo


En cuanto al Pazo de Xelmírez, oculto desde aquí por el Pazo Arcebispal decimonónico de 1854 que incorporó gran parte de sus dependencias, recordar que nada queda al exterior del edificio medieval que mandó construir, adosado a la catedral, este enérgico obispo para sustituir al antiguo, datado entre los años 830 y 880, el cual había quedado muy dañado por las revueltas compostelanas del año 1117, en las que la política fiscal del obispo para sufragar la obra de la catedral provocó un gravísimo estallido social


Las primeras reformas vinieron hacia 1180 con el arzobispo Pedro Suárez de Deza, luego llegaron más con Juan Arias quien, a mediados del siglo XIII quiso mostrar su poder y señorío sobre la ciudad, que volvía a tener tiempos convulsos, reformando el pazo con el maestro Boneth y proyectando una grandiosa catedral gótica que no llegó a realizarse (aunque sí a empezarse) y "que pudo cambiar por completo el diseño que hoy conocemos de la explanada de A Quintana y la forma de entender la propia Compostela, dice la Xacopedia. En cuanto a su sí logrado nuevo diseño palacial es la Wikipedia la que nos proporciona esta información:
"Su modelo fueron los obispados que por entonces se erguían en las principales sedes episcopales francesa, formados de tres componentes principales, además del palacio: una capilla, de uso exclusivo del prelado; una gran sala de doble planta, para diferentes usos, influenciado por el conjunto palaciego del obispo de París, construido por Maurice de Sully; y, por último, una torre, símbolo permanente del poder temporal del obispo sobre la ciudad. En los siglos XV y XVI el palacio se reformó de nuevo por decisión de los arzobispos Lope de MendozaAlonso de Fonseca y Ulloa y Maximiliano de Austria. 
En el siglo XVIII también fue reformado, con la construcción de una nueva planta que exigió levantar una nueva fachada barroca, a modo de contrafuerte."

En cuanto a San Martiño Pinario es la Xacopedia la que nos informa que con sus más de 20.000 m² de superficie es el mayor edificio histórico de Santiago y uno de los más grandes de España. Un dato con el que los guías asombran a los turistas es que tiene tantas ventanas como días tiene el año:
"El edificio, hoy destinado a servicios de la Iglesia y a residencia -ha venido acogiendo a gran número de peregrinos en los periodos veraniegos-, fue utilizado como hospedería por muchos ilustres romeros llegado a la ciudad después del medievo. El Museo de San Martiño Pinario, creado en 1999, muestra algunas piezas vinculadas a su nunca perdida relación con el hecho jacobeo. Entre ellas figuran dos obras del siglo XV de origen británico: una Virgen con Niño y una escultura de alabastro que representa la Epifanía. El origen de ambas estaría relacionado con el esplendor de las peregrinaciones marítimas inglesas a Compostela justamente en ese siglo."

Hemos de decir que el monasterio cuenta con dos claustros que pueden visitarse, el más grande, del año 1636, fue construido con proyecto del citado Bartolomé Fernández Lechuga, como el crucero de la iglesia, y rematado por José de Peña de Toro, maestro de obras de la catedral de Santiago, y Fernando de Casas y Novoa, cuya obra cumbre es la mítica portada barroca occidental, la de la Praza do Obradoiro, de dicha catedral. El segundo claustro, llamado Claustro de las Oficinas, comunica las celdas y el refectorio o comedor con el resto del monasterio. Cuenta con una monumental escalera barroca diseñada por el monje de este convento, y arquitecto del Hospital Real de Santiago Fray Tomás Alonso


Una cosa muy a tener en cuenta en San Martiño Pinario es que una cosa es el convento propiamente dicho y actual seminario y otra la iglesia, la cual como hemos dicho se encuentra más atrás y a la derecha, en la Plaza de San Martiño. A ella se accedería a través de la rúa da Moeda Vella, mencionada en documentos desde el año 1189 y cantada por los trovadores de la lírica galaico-portuguesa del medievo, como nos cuenta Olalla Sánchez en este artículo para el periódico La Voz de Galicia del 3-7-2025:
«Ena Moeda Velha vai morar/ Dona Maria Leve, ao seu pesar». Ese estribillo de la cantiga de Joán Vasques de Talavera pone nombre a una mujer que en el siglo XIII, en un momento de gran auge de la lírica gallego-portuguesa, moraba en la rúa da Moeda Vella, en Santiago, en un callejón que bordea el monasterio de San Martiño Pinario, casi enfrente a la Catedral compostelana. «Sancha Perez leve vós ben parecedes». En ese otro verso el propio compositor y poeta se quejaría a Sancha Pérez por no hacerle ella caso. «O motivo é o amor que Sancha sente por María. Hai quen entende que ese ‘leve’ é un xogo de palabras polo apelido de María Leve», explica Carlos Callón, profesor de secundaria y de la Universidade de Santiago, y autor del libro Vidas e historias LGBT da Idade Media (Xerais), aludiendo a la historia entre esas dos mujeres que una placa, situada desde el 2016 en la propia rúa da Moeda Vella, también recuerda y a la que muchos miran en Compostela durante las celebraciones por el Día del Orgullo LGTBIQ+. 
«O trobadorismo galego conserva, non só grandes tesouros estéticos, se non tamén históricos. E a través do trobadorismo galego, de esplendor nese século XIII, coñecemos o caso de dúas mulleres, Sancha Pérez e María Leve, que, segundo nos din as cantigas de Joán Vasques de Talavera, viviron ou pensaron en ir vivir nesa rúa de Santiago. É un caso único en todo o continente europeo xa que nel sabemos o nome dunha parella de mulleres —mesmo cunha cantiga que fala do amor entre elas— sen ser iso unha condena. Nese sentido podemos ver como as pedras non só gardan testemuños relixiosos, senón tamén históricos, e mesmo moitas veces sobre ángulos moi ensombrecidos da historia, e que cómpre repasar», destaca Carlos Callón. 
«O que acontece con moita documentación antiga e medieval é que, en ocasións, sobre determinadas persoas, só que se coñece o que nos din eses documentos. Neste caso é abraiante que coñezamos a rúa onde vivían, ou pensaba vivir; que saibamos os seus nomes; e tamén a ligazón afectiva que as unía», remarca Carlos Callón, desde la rúa da Moeda Vella, una calle que conserva intacto su nombre desde el medievo. 
«O nome da rúa fai referencia a que aquí houbera unha ceca, unha fábrica de acuñación de moeda nos séculos XII e XIII. Nese sentido tamén é interesar observar a importancia histórica de como no reino galego houbo varios lugares onde se cuñaba moeda propia, e como aí houbera esta fábrica, da moeda antiga», subraya Callón. 
«Téñense varias teorías sobre como ambas mulleres viñeron a esta zona, sobre a que ademais tamén hai conxecturas. Unha delas é que, na Compostela medieval, a rúa da Moeda Vella era a dos bordeis, que co tempo iría logo extramuros. Hai quen defende esa posibilidade. De feito, na entrada desta rúa, consérvase, aínda que non é medieval, a figura dunha serea, moderna, pero que podería ser unha continuidade dunha simboloxía medieval. Sabemos que en varias cidades da Europa medieval as sereas eran unha marca de zona de prostitución. Outra opción é que elas puidesen vir á rúa por ser unha zona comercial», señala.  
«Sobre as mulleres tamén hai varias posibilidades de interpretación, sobre todo a partir da palabra manceba que aparece na cantiga. Pode ser que fose unha parella de prostitutas; que fosen simplemente amantes; ou a de que pasasen a ser amantes a partir de ser unha criada da outra», entiende Callón, queriendo poner el foco en otro dato. 
«Algo destacado, que acontece nestas cantigas, e noutras do trobadorismo medieval galego-portugués, é que a relación entre mulleres en varias ocasións é interxeracional, sendo unha delas maior que a outra. Iso chama a atención porque non acontece nas cantigas trobadorescas que falan da relación entre homes, cando era o que podiamos esperar, ao ser ese un ideal, que viña da antiguidade. No noso trobadorismo tan rico tamén nese sentido, na información que nos chega, as relacións interxeraciones estarían, no entanto, no lado feminino», subraya. 
«En moitas ocasións cando se tentou na idade contemporánea recuperar a memoria dos colectivos LGBT, víase que había testemuños da antigüidade, por exemplo en textos lésbicos, pero non se atopaba nada da Idade Media. No noso trobadorismo atopamos sen embargo, xa neste caso, unha cantiga amatoria, entre dúas mulleres sobre a que distintos profesores da USC teñen estudado moito. En conxunto, a metade dos textos sobre lesbianismo que coñecemos nestes momentos da Idade Media están escritos en galego-portugués, e iso tamén é abraiante», concluye. 
«Direi-vos ora que oí dizer,
de Maria Leve, assi haja bem,
pola manceba: que se desavém
dela: e pois lhe ali nom quer viver,
ena Moeda Velha vai morar
dona Maria Leve, a seu pesar.
Ca atal dona como ela guarir
nom pode ali, se manceba nom há;
e vedes que oí, amigos, já:
que, pois que se lhe a manceba quer ir,
ena Moeda Velha vai morar
dona Maria Leve, a seu pesar.
Ca Diz que morará ali mal e lai,
poi-la manceba sigo nom houver;
e contra Sam Martinho morar quer,
pola manceba: que, xi lhe ora vai,
ena Moeda Velha vai morar
dona Maria Leve, a seu pesar.
Ca nom pode a manceba escusar,
se na Moeda Velha nom morar».
Joán Vasques de Talavera

El monasterio es a la vez un gran museo de iconografía, orfebrería, pintura, escultura, manuscritos y hasta una imprenta, un gabinete de historia natural y física y una botica, destacando entre su colección el antiguo coro de la catedral de Santiago, que fue retirado para dar más espacio ante el altar, donde estuvo situado siguiendo la antigua costumbre de colocación de estos elementos. Es de principios del siglo XVII y obra de Juan Davila o da Vila y Gregorio Español


También hay un cuadro de la Virgen del Socorro, de Claudio Coello, y algunas obras del también pintor Dionisio Fierros, "a lo largo de distintas salas, exhibe su colección de pintura, escultura, orfebrería, restos arqueológicos, etc., así como objetos que hablan del día a día de los monjes que lo habitaron: de su imprenta, botica, y del antiguo gabinete de historia natural del monasterio", apuntan en Santiago de Compostela Turismo


Y, hablando de arte, aquí tenemos ahora algo mejor a la vista, bajo el balcón, la imagen de San Benito de Nursia, fundador de la orden de San Benito presente en este antiguo monasterio compostelano:
"... fundado por un grupo de benedictinos que poco después del descubrimiento de los restos del Apóstol se establecieron en el lugar llamado Pignario, próximo a la capilla de la Corticela (hoy integrada dentro de la Catedral), donde celebraban sus oficios. El mayor desarrollo comienza cuando en 1494 pasa a depender de la congregación benedictina de Valladolid. A partir de aquí alcanzarán la riqueza que les va a permitir sufragar las imponentes obras de la iglesia, que constituye, junto a la Catedral, el más valioso conjunto del barroco gallego. Durante 1991, tras ser acondicionadas las dependencias monásticas y limpiados y restaurados los valiosos retablos, acogió la exposición antológica del arte gallego 'Galicia no tempo'. En el año 2000, en el que Santiago celebró la capitalidad cultural, acogió la exposición 'As Faces de Deus'.

Y arriba, una vista de frente del escudo real y, arriba, de San Martín o San Martiño


Especialmente importante para los peregrinos es su Hospedería del Seminario Mayor de San Martino Pinario, un lugar ideal para alojarse en este emblemático edificio del corazón de Compostela y justo frente a la catedral del Apóstol. Un centro de acogida de romeros jacobitas desde el siglo XVI en "el conjunto más valioso del barroco gallego, y el segundo monasterio más grande de España, después del de El Escorial. La hospedería cuenta con diversos espacios para la celebración de eventos."


Un descanso al sol en la Praza da Inmaculada es un buen respiro para, además de contemplar estas maravillas, prepararnos para la emocionante llegada al Obradoiro. En este lugar estaba aquel histórico Hospital de Santiago que, fundado por Diego Gelmírez, "Se sostenía con las limosnas depositadas por los peregrinos en la basílica, de la que dependía", nos recuerda Manuel F. Rodríguez


El desaparecido Hospital de Santiago fue mejorado y ampliado sucesivamente, quedando como muestra de su esplendor la portada del siglo XV que fue trasladada al Colexio de San Xerome o Colegio de San Jerónimo, antigua casa de Alonso III de Fonseca, arzobispo que la cedió para la naciente Universidad de Santiago, como veremos en nuestro deambular por O Obradoiro


Con el tiempo fue haciéndose más grande hasta ocupar todo el terreno entre la calle y el monasterio de San Martiño Pinario y, dado el grosor de sus muros formó parte del templo-fortaleza que alguna revuelta padeció en tiempos del obispo-fundador, siendo destruido por un incendio en 1484 y reconstruido con dos plantas, abajo dedicadas a cocina, bodegas, capilla, enfermería y 19 camas. Arriba había otra enfermería, 20 camas y una sala con seis lechos aparte para enfermos contagiosos


Cuando en el siglo XVI  sus funciones fueron traspasadas al nuevo Hospital Real, actual Hostal dos Reis Católicos en honor de sus fundadores y del que alguno de cuyos pináculos vemos al fondo (a la izquierda de la foto), este empezó a ser conocido como el Hospital Viejo u Hospital de Santiago Alfeo o el Menor, apóstol así llamado para diferenciarlo de Santiago el Mayor, advocación de la catedral y que dio nombre a la ciudad, cuya cabeza se encuentra en el edificio catedralicio, según la tradición


El Hospital Viejo entró en decadencia y su edificio fue cedido a San Martiño Pinario para crear el Colegio de Santiago Apóstol y luego Colegio de San Jerónimo o Colegio de Artistas que, andado el tiempo y tras no pocas gestiones se trasladó a la casa de Alonso III de Fonseca como hemos dicho, en la entonces llamada Plaza del Hospital (Obradoiro) a donde se trasladó la portada románico-gótica que es lo único que queda en pie de su edificio. Hospitales de acogida ya existirían en Santiago desde Sisnando I al menos, en el antiguo lugar de Solivio, aldea cercana al lugar del hallazgo del sepulcro de Santiago, cuenta la Xacopedia citando a diversos historiadores y cronistas:
"Se conservan muy pocos datos al respecto. López Ferreiro asegura que ya a finales del siglo IX el obispo Sisnando (877-920) “reedificó la iglesia de San Félix de Solivio y levantó junto a ella una casa que sirviese […] de vivienda a los ministros jubilados del Templo Apostólico y de hospedaje a los pobres y peregrinos”. Tal vez fue este el hospital posteriormente dotado y ampliado por Gelmírez (1100-1140), que le concedió parte de las limosnas de algunos altares para sufragar las reformas y su mantenimiento. En julio de 1128, según Yzquierdo Perrín, el propio arzobispo “le dona, de acuerdo con el Cabido, cierto terreno sito en los términos del palacio, con objeto de construir allí una iglesia para cementerio de los que en él muriesen”. Este centro es conocido como hospital Mayor, Viejo o de Santiago Alfeo. 
Por otra parte, el Códice Calixtino (s. XII), en el milagro XXI del Libro II habla de un varón de Borgoña que no podía andar porque “desde los catorce años estaba impedido de los miembros” y dice que se hospedó “en el hospital del mismo Apóstol, cerca de la iglesia, por no querer en otra parte”. Parece referirse al hospital Viejo compostelano; después de pasar «en vela en la basílica dos noches y estando en oración la tercera vino Santiago y tomándole la mano lo puso en pie. Y al preguntarle quién era le respondió: “Soy Santiago, apóstol de Dios”. Luego el hombre, restablecido en su salud, veló por trece días en la iglesia y contó esto a todos por su propia boca.»

En el famoso Codex Calixtinus, escrito en el siglo XII como gran referencia jacobea fundamental para el desarrollo de las peregrinaciones, del culto al Apóstol y de la misma ciudad (auspiciado cómo no por Diego Gelmírez), se lee: "Todos los peregrinos necesitados, la primer noche después del día en el que llegan al altar de Santiago, deben recibir hospedaje completo en el hospital (de Santiago), por amor de Dios y del apóstol. Allí deben cuidarse por caridad los enfermos hasta la muerte o su total curación, Cuantos peregrinos pobres llegan allí, otros tantos reciben comida". Aymeric Picaud, autor del Libro V de dicho códice, manifiesta también que"cuando nosotros los franceses queremos entrar en la basílica del apóstol, lo hacemos por la parte septentrional, ante cuya entrada está junto al Camino el hospital de peregrinos pobres de Santiago"


La fundación del Hospital Real estuvo a punto de hacer suprimir a los demás hospitales de peregrinos de la ciudad para concentrar rentas y esfuerzos en él, considerado más digno. Aunque no llegó a hacerse realidad este Hospital de Santiago desapareció en esa misma centuria para pasar a ser el citado colegio:
"Tras la visita realizada a Compostela en 1486 por los Reyes Católicos se decidió construir el Hospital Real. Cuando en 1502 se nombra a Diego de Muros administrador del centro se dice que es preciso un “hospital donde sean hospedados e recibidos los peregrinos e pobres e asimismo curados e mantenidos los romeros que de continuo ocurren e vienen”. 
Poco después, en una bula de 1507, el papa Julio II (1503-1513) ordena la supresión y extinción de “los quatro hospitales que havía en la ciudad de Santiago, que son el Hospital Viejo de Santiago Alfeo, de Sancta María del Camino, Sancta Ana y Sant Andrés”. Las rentas del Hospital Viejo, que había sido ampliado en 1499, habían de pasar al nuevo Hospital Real. Aunque esta anexión se frustró y el viejo hospital siguió funcionando durante algunos años parece que llegó a desaparecer como tal a lo largo del siglo XVI. Antes de la demolición de su edificio acogió a la Universidad. 
En una Real provisión dictada por el rey Felipe II en 1571 se afirma que “sería muy combeniente al servicio de Dios y bien público de todos los dichos hospitales se reduciesen a uno o dos yncorporando y uniendo en ellos la hazienda de todos los demás”. 
En el recuento realizado en 1571, conservado en el Archivo Histórico Diocesano de Santiago, se dice que “este ospital es en efecto un colegio de estudiantes muchachos colegiales -ahora se dice Colegio de San Jerónimo- questán allí y es una casa mui grande y buena junto a la iglesia mayor y no ai camas ni pobres ni hospitalidad della más las de los dchos. colegiales susodichos que gozan la renta de la dcha. casa y la Universidad del Colegio Mayor de la dch. ciudad a cuyo cargo está”. 
En el siglo XVII fue vendido el terreno en el que se encontraba a los monjes benedictinos de San Martiño Pinario para ampliar sus dependencias y se trasladó su portada románica a las actuales dependencias del palacio de San Xerome, sede del Rectorado de la Universidad de Santiago de Compostela. Esta portada, de notable belleza, es la que da a la plaza de O Obradoiro. En ella se reproducen las imágenes de Santiago peregrino, San Juan y San Francisco, entre otros."

En nuestro deambular por la Praza da Inmaculada llegamos al busto, obra del artista Cándido Pazos, dedicado al papa Juan Pablo II, quien visitó dos veces la ciudad y, según se dice, fue el primero que llegó a Santiago de Compostela como peregrino, pues otros que lo hicieron fue antes de ser proclamados papas. La primera visita fue en 1982 y la segunda en 1989, antecedente directo del impulso definitivo a las modernas peregrinaciones, tal y como nos dice la Xacopedia:  
"Sus dos estancias en la ciudad (1982 y 1989) fueron un gran éxito y, por su repercusión, reforzaron de forma decidida el papel de Santiago como renacida meta internacional de peregrinación. Frente al tibio apoyo dispensado por el Vaticano en la etapa anterior -Pablo VI-, este pontífice mostró abiertamente la relevancia que le concedía a la tradición jacobea compostelana y en especial a sus años santos. Influyó en ello su defensa de las peregrinaciones. 
En su primera estancia, en el curso de una prolongada visita por España, Juan Pablo II llega a Compostela el 9 de noviembre de 1982. Lo hace como peregrino, lo que pretende simbolizar vistiendo una esclavina peregrina y realizando a pie los últimos metros hacia la catedral. Desde Compostela, inspirándose en el mensaje de fe y destino que la peregrinación compostelana había representado durante la Edad Media en Europa, lanza una llamada que tendría un notable eco, sobre todo en el mundo católico: “Yo, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Tú aún puedes ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.” El papa polaco completa este elogioso canto a Santiago parafraseando unas palabras quizá apócrifas atribuidas al escritor alemán J. W. Goethe: “Alrededor de la memoria de SantiagoEuropa se encontró a sí misma.” 
Una placa en la cripta de la catedral recuerda el memorable momento que supuso para Santiago la visita del primer papa que oró ante la urna con los restos apostólicos. Habían pasado más de 1.100 años desde el descubrimiento del sepulcro. Juan Pablo II era el primer sumo pontífice que se arrodillaba ante él. Si en aquel momento fuese posible hacer un barrido al pasado, se habrían constatado las múltiples desconfianzas y razones más o menos fundadas e interesadas con las que el Vaticano había respondido a lo largo de la historia a las demandas de la Iglesia compostelana. Era, por tanto, un momento de un profundo alivio para el santuario de Santiago, un sueño imposible hecho realidad."

En el pedestal sobre el que está colocado el busto, inaugurado el 8-12-2011, leemos en una placa: "Juan Pablo II. Santo, Profeta, testigo apasionado de la fe y la esperanza. 21-IV-2014", es decir, el año anterior a su fallecimiento. Previamente había resultado un éxito su segunda visita aunque una tercera no pudo llegar a efectuarse, si bien siempre alentó la revitalización de las peregrinaciones, impulsadas institucionalmente sobre todo a partir del famoso Xacobeo'93, aunque muchos particulares y asociaciones llevaban décadas de intensa, y no siempre agradecida labor:
"Volvió de nuevo Juan Pablo II a Santiago en agosto de 1989 para presidir la Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo como escenario el simbólico Monte do Gozo compostelano, el primer lugar desde el que los peregrinos del Camino Francés divisan las torres de la catedral compostelana. Acompañaron al papa casi medio millón de jóvenes de todo el mundo, según la Iglesia, a los que animó a la peregrinación. Esta segunda visita, por su exclusividad y temática, concedió a la ciudad compostelana y a su santuario una gran promoción mediática en todo el mundo, que superó a la ya exitosa y simbólica de 1982. 
Aunque no volvió a Santiago desde 1989, Juan Pablo II siguió evidenciando su estima por el santuario compostelano, sobre todo durante los años santos de 1993, 1999 y 2004. En una alocución a los obispos de las provincias eclesiásticas españolas de SantiagoBurgosZaragoza y Pamplona, en septiembre de 1997, mencionó expresamente el jubileo que Santiago iba a celebrar en 1999, el último del segundo milenio: “El Año Santo Compostelano tiene primordialmente una finalidad religiosa que se manifiesta en la peregrinación a lo largo del Camino de Santiago. Os aliento, pues, a preparar bien este acontecimiento para que sea un verdadero Año de Gracia.” 
Intentaron la Iglesia y el Gobierno gallego que Juan Pablo II volviese a Santiago en 1999, como gran colofón al final del primer milenio completo del mundo jacobeo, pero no se pudo confirmar la visita. Se comentó que el Vaticano lo había intentado, pero que distintos motivos la habían impedido. En todo caso, el conservador y populista papa polaco está ya considerado como el más importante peregrino jacobeo de la historia."

Tenemos ahora desde aquí una magnífica vista completa de la fachada norte de la catedral y, a sus pies, la Praza da Acibechería (acibeche es azabache en gallego), la cual es una de las cuatro plazas que circundan la catedral, de origen medieval pero que desde el siglo XVIII se solapa con esta Praza da Inmaculada, según nos cuenta la Xacopedia, que afirma que...
"... es, desde el punto de vista del peregrino, la más significativa plaza jacobea compostelana: en ella se abre la puerta por la que han entrado históricamente en la basílica los peregrinos del Camino Francés. Fue el punto de conexión con la catedral y el sepulcro de Santiago para los caminantes medievales. Desde el siglo XVI, pero sólo durante los años santos, muchos escogen también el simbólico acceso de la Puerta Santa, abierta en la praza da Quintana en esa centuria. 
Debido a su función trascendental, la Azabachería fue la primera plaza urbanizada de la ciudad. Su nombre actual -se constata hacia finales del s. XVI- se debe a que en esta zona -y en la calle inmediata con la misma denominación- se concentraban los artesanos del azabache que elaboraban con este negro y hermoso lignito todo tipo de joyas y esculturas para los peregrinos. 
Hasta finales de la Edad Media se referían a este lugar como la puerta septentrional, francígena o de Francia, ya que era la habitual de los peregrinos del Camino Francés: “Cuando nosotros, los de nación francesa, queremos entrar en la basílica del Apóstol, entramos por la puerta septentrional”, señala tajante el libro V del Codex Calixtinus (s. XII) atribuido al poitevino Aymeric Picaud. Se la designó en algún otro momento como la plaza de los cambios, porque en ella actuaban los cambiadores de moneda para los peregrinos."

El Codex Calixtinus la llama "Paradisus", 'Paraíso' por las escenas alusivas al mismo en la desaparecida fachada románica e este lado norte, pues su motivo iconográfico estaba "centrado  en buena medida en el tema del Paraíso terrenal y en el pecado que llevó a la expulsión de Adán y Eva, dando paso a la decrepitud del tiempo, al sufrimiento y a la muerte". El historiado del arte Serafín Morelejo ve en ello todo un mensaje para el peregrino, como también explica la Xacopedia:

"...recordaba el destino errante del hombre como consecuencia de aquel primer y superlativo pecado. Una representación de Dios se superponía a esa maldición asegurándole al peregrino la posibilidad de cruzar el umbral de la puerta, entrar en el templo y seguir hasta el sepulcro de Santiago. En este sentido, resultaba también un simbólico espacio-meta, el momento de la entrada en la casa del Apóstol con el objetivo cumplido. En esta plaza el peregrino sentía estar, al menos por unos momentos, en su paraíso celestial particular, alcanzado tras la penitencia y los sufrimientos del Camino."


La plaza limitaba en la Edad Media con el que fue el Hospital de Santiago ya reseñado, el principal de la ciudad hasta la construcción del Hospital Real y, en medio, estaba la desaparecida Fuente del Paraíso, donde los peregrinos medievales bebían y se purificaban simbólicamente antes de entrar en la catedral siendo inaugurada durante la magna obra catedralicia por el mismo Bernardo, el colaborador de de Diego Gelmírez que hizo la portada románica, quien ideó un acueducto para suministrarla:
"Era la entrada natural para los peregrinos que llegaban a Santiago por el Camino Francés, Inglés y del Norte. Se le considera la fuente más significativa de cuantas existieron en el Camino Francés, ya que de ella se servían los peregrinos recién llegados, antes de entrar en la catedral, para beber, para su higiene e incluso para ciertos ritos de purificación, mediante un lavado integral penetrando posiblemente en su taza. 
De la significación de esta fuente habla el hecho de que el libro V del Codex Calixtinus (s. XII), que la define como fons miravilis, le dedique un apartado entero en el capítulo IX. El texto se refiere a ella como la fuente de Santiago, aunque tradicionalmente fue conocida como fuente del Paraíso, por estar ante la puerta catedralicia citada, que acogía un detallado programa iconográfico de Adán y Eva y su expulsión del Paraíso. La fuente, que se abastecía de un manantial propio situado posiblemente a una distancia notable, también permitía atender las necesidades del hospital de peregrinos pobres situado enfrente y a la población local. 
A pesar de la alta pluviosidad de la ciudad de Santiago, por sus deficientes infraestructuras, no disponía de agua suficiente para atender las necesidades del gran número de peregrinos que a ella llegaban, ni siquiera las de los propios residentes. Por ello, Bernardo, tesorero de la catedral, impulsó, con el apoyo del arzobispo Diego Gelmírez, un acueducto desde la parte norte de la ciudad que pudo ser el que surtiese a esta fuente, inaugurada el 11 abril de 1122, como indicaba una inscripción en ella."


De la Fuente del Paraíso no se sabe cuándo desapareció ni los motivos para retirarla. Se supone que bien por alguna deficiencia o por la necesidad de ampliar la plaza. Hay quien dice que ya habría desaparecido en el siglo XV y que habría sido sustituida por la existente en la Praza das Praterías, al sur, pues lo cierto es que a partir de esa centuria no aparece en los mapas de la ciudad. La actual pila del claustro catedralicio se sospecha que pudo ser parte de esta fuente, que al menos describió el Codex Calixtinus:
"Señala el Calixtinus que la fuente estaba formada por un gran taza de piedra, redonda y cóncava, en la que podrían bañarse unos quince hombres, y una columna central de bronce rematada por las figuras de cuatro leones con unas bocas de las que salían otros tantos chorros de agua. Su construcción se supone que era magnífica, porque el mismo texto señala que no se veía ningún tipo de conducto de llegada ni de salida del agua, que debía de ser de gran calidad: “Es dulce, nutritiva, sana, clara, muy buena, caliente en invierno y fresca en verano.” (...) 

Se cree que la pila conservada actualmente en el centro del claustro de la catedral perteneció a esta fuente. Es, sin duda, una taza de muy considerables dimensiones, si tenemos en cuenta que fue realizada en origen en una sola pieza de granito. Tuvo que ser partida por la mitad para su traslado al claustro catedralicio. En la Edad Media eran infrecuentes las fuentes de tales proporciones. Su composición exterior parece inspirada en las conchas de vieira." 


Desde la Praza da Inmaculada tenemos una buena vista, de frente, de los elementos de la actual portada barroca, además de otros como, por ejemplo, el cimborrio sobre el crucero de la planta de cruz latina de la catedral, que hemos de decir que tiene fases distintas de construcción: una obra bajomedieval hecha en torno al año 1400, superpuesta a su vez a una estructura anterior cuadrangular, a todas luces románica y más pequeña y menos luminosa; y otra obra del siglo XVII, que es la que vemos ahora, cuando se eleva para destacar más en el paisaje de acceso a la catedral, añadiéndosele balconada intermedia y cúpula con linterna


En lo alto hay una imagen de Santiago peregrino adorado por los reyes Alfonso III y Ordoño II prostrados y orando a sus pies. Del primero hemos hablado de su peregrinación o peregrinaciones a Santiago y su presencia en la consagración de la primera basílica (sucesora de la primigenia iglesia de Alfonso II), tanto en esta como en otras entradas de blog de este y otros caminos, sobre todo a partir de la Sancta Ovetensis. Compartimos ahora esto que dice de él la Xacopedia:
Las iniciativas de este monarca ayudaron de manera decidida a la consolidación de la inventio jacobea en su primer siglo de existencia. Una de ellas fue la donación a la Iglesia compostelana, como prueba de agradecimiento al Apóstol, de los bienes del conde gallego Hermenegildo, que se había sublevado contra él. 
Viajó a Compostela previsiblemente en el año 872 y, con seguridad, en el 874, acompañado de su esposa Jimena, una de las primeras mujeres peregrinas conocidas. Realizaron una donación en la que se incluía una cruz de oro y pedrería de estilo asturiano montada sobre madera. Es la ofrenda a Santiago más antigua de la que hay constancia concreta y una de las más famosas de la historia. 
El obispo compostelano Sisnando I aprovechó estas visitas para solicitar al monarca apoyo para la construcción de un nuevo y más vistoso templo del Apóstol. Alfonso III no sólo aceptó, sino que facilitó materiales de gran calidad que hizo traer en algún caso desde el sur de la Península Ibérica, fruto de sus conquistas. En mayo del 899 volvió a Compostela, desde Oviedo, la capital del reino, para presidir la consagración de la nueva iglesia. Vino acompañado de un amplísimo séquito, un gesto que contribuyó a la consolidación del nuevo centro de peregrinación.


Bajo ellos, en el tímpano del frontón semicircular, una orla con una concha peregrina. Pasamos ahora a la vinculación de Ordoño II, hijo de Alfonso III El Magno. con la catedral, con Santiago, con Galicia y con el Camino según Xacopedia:
"Monarca astur-leonés (ca. 870-León 924). Rey de Galicia desde el 910 y de León desde el 914 hasta su muerte. Con él nace el reino leonés y desaparece el asturiano, al confirmar a León como capital en detrimento de Oviedo. Hijo de Alfonso III, gran benefactor del santuario santiagués, continuó la política de apoyo a Compostela. Fue muy devoto del Apóstol y lo reconoció como su protector en distintos documentos. 
Con su mujer Elvira, de origen gallego, peregrina a Santiago y realiza una gran donación de joyas y objetos preciosos -cruces, vasos, coronas, etc.-, de las que no se conserva nada. Pudo ser quizá el mayor tesoro donado nunca a la basílica compostelana, resultado de un botín de guerra (911). En la amplísima relación de joyas que deja para el Apóstol había, según el Tumbo A, cajas de oro puro y piedras preciosas, coronas para el ornato del templo, piezas de marfil, cálices, cruces, etc. Los gastos de reconstrucción del templo y la ciudad tras la razia de Almanzor (997) pudieron afrontarse en parte con esta donación. Se ha considerado como única pieza superviviente una pequeña cruz de oro con alma de madera, pero es posterior (s. XI), según todos los estudios, aunque se le sigue conociendo como crucifijo de Ordoño II. 
En el 915 este monarca amplía el señorío de la Iglesia compostelana al duplicar el radio del Giro de 6 a 12 millas, pasando a ocupar un territorio radial en torno al sepulcro apostólico de casi 1.000 km2. El número de peregrinos que llegaban a la ciudad y permanecían en ella debía de ser ya significativo, porque en el 915 establece que todos los siervos que residiesen más de cuarenta días en las inmediaciones del templo de Santiago pasa-rían a la jurisdicción de la Iglesia compostelana si no eran reclamados por sus señores. 
Con Ordoño II y Sancho García I de Pamplona comienza a fijarse el trazado del Camino Francés. Logra varias victorias que consolidan el dominio cristiano en La Rioja, lo que va a permitir el paso de peregrinos, y sitúa, como dijimos, la capital del Reino en León, lo que reforzará el eje sobre el que va a surgir esta ruta en el siglo siguiente."

Cuatro columnas con "moros atlantes sustentadores", como dice Manuel F. Rodríguez, completan esta parte superior que remata la fachada en frontón.


Más abajo, medallón de Santiago a la izquierda y de la Virgen del Pilar, muy vinculada también al culto jacobeo y a la propia catedral, donde cuenta con capilla propia, a la derecha. En medio una escultura de la Fe


Sobre las dos portadas tenemos a la izquierda el escudo del Cabildo de la Catedral y a la derecha el del arzobispo de Santiago Bartolomé Rajoi y Losada, quien auspició la construcción de esta fachada y del Pazo de Raxoi, que veremos en la Praza do Obradoiro. Leemos en la Xacopedia:
"El blasón de Rajoy figura en la puerta del Paraíso, en la fachada de A Acibechería, por donde entran los peregrinos llegados a Santiago de Compostela a través de los caminos Inglés y Francés. El escudo de Rajoy aparece en una de las puertas y en la otra se dispone el del Cabildo de Santiago, justo debajo de la imagen de la Fe, que alude a la cristianización de España por el apóstol Santiago. Se debe esto a que este prelado impulsó las obras de esta fachada catedralicia constituida entre 1757 y 1770 para sustituir a la anterior, de factura románica. La obra está coronada por la imagen de Santiago peregrino, que se apoya en el bordón de su mano derecha y tiene a sus pies las figuras orantes de los reyes Alfonso III (866-910) y Ordoño II (910-924), grandes impulsores de la peregrinación a Compostela. Según Otero Túñez, «el dieciséis de diciembre de 1757, “por ser obra precisa y necesaria” [era utilizada para entrar en la catedral por el arzobispo, por los peregrinos y en los actos protocolarios], el Cabildo compostelano acordó sustituir la fachada románica de A Azabachería. Tal decisión formaba parte de un amplio plan, el cual afectaba también a la de Platerías, y completaba la transformación exterior de la basílica, iniciada en el siglo anterior y proseguida por Fernando de Casas al construir el hastial de O Obradoiro, que se concluía muerto ya el genial artista, cuando Rajoy inauguraba pontificado. La iniciativa fue, pues, capitular, pero la conformidad y la contribución generosa del arzobispo vinculan estrechamente la realización de la fachada a su mecenazgo [...], don Bartolomé aprobó la propuesta y se comprometió “a vencer los estorbos que puedan servirle de embarazo [...] a hazer efectiva esta obra tan necesaria, cediendo terrenos colindantes de la Mitra”, los cuales permitiesen dotarla de una mayor anchura». 
El escudo del arzobispo Rajoy aparece asimismo esculpido en Santiago a ambos lados de la fachada del palacio que lleva su nombre y que mandó levantar en la plaza de O Obradoiro, junto a la tumba apostólica. El palacio compostelano hoy es sede del Ayuntamiento y de la Presidencia de la Xunta de Galicia."

De esta evocadora manera diferencia bien la Xacopedia entre estas dos plazas que ahora recorremos camino de la del Obradoiro:
"Situándose en la praza da Acibechería de espaldas a la catedral, sube a la derecha la calle del mismo nombre y enfrente se abre la praza da Inmaculada, grande y luminosa en comparación con la anterior. En la Edad Media, el actual espacio de A Inmaculada estaba ocupado en gran parte por el más importante hospital de peregrinos de la ciudad, el de Santiago, como ya comentamos. Hereda del barroco su composición arquitectónica, dominada por la imponente fachada del monasterio de San Martín Pinario. Recibió su actual configuración ajardinada en los años setenta del siglo XIX. 
Para muchos, el ámbito de las dos plazas -A Acibechería y A Inmaculada- resulta un único recinto, a pesar de que la historia del Camino deja bien claro que no es así. De hecho, el conjunto se identifica oficialmente como una única plaza: A Inmaculada, con este nombre desde 1854, cuando el dogma de la Inmaculada Concepción se impuso a la agonizante tradición de Santiago. Pero es necesaria la diferenciación para entender el conjunto en clave jacobea. Decíamos que no acaba de resultar perfecto este espacio. Pero hoy, como en la Edad Media, la emoción del peregrino que baja por la rúa da Acibechería y lo descubre de pronto como el último paso, cansado, emocionado, solitario, entre un montón de turistas y curiosos que durante gran parte del año allí se concentran, sigue cerrando el círculo."


La Praza da Acibechería, más umbría, como la fachada, está bien perfilada por esta, sin embargo se sostiene que la desaparición, salvo los señalados restos trasladados a Praterías, de la fachada románica le quitó gran atractivo a este lado del templo
"A pesar de su enorme relevancia histórica, la irreparable pérdida del programa iconográfico románico, convirtió la puerta de A Acibechería en la menos emocionante de la basílica (...) 
Resulta paradójico que, entre los motivos alegados por el Cabildo catedralicio para la construcción de una nueva y más imponente fachada, se cite que era la más habitual para la entrada de los peregrinos y extranjeros y para el acceso de los arzobispos de la ciudad a la catedral, desde el inmediato palacio arzobispal. Su significación jacobea apenas sobrevive, desnaturalizada, en la estatua de Santiago peregrino que la culmina y en las de los dos monarcas cristianos situados a sus pies -Alfonso III el Magno y Ordoño II- claves respectivamente en los siglos IX y X en el impulso del santuario compostelano.

Necesitada de una mayor atención y puesta en valor, no es difícil, sin embargo, intuir la vieja emoción de los peregrinos medievales en este reducido lugar. Algo murmura magia, algo hace visibles las sombras del pasado. Sobre todo, cuando conocida la historia de este lugar, se llega a él como peregrino, por el camino más largo."

Dado su trasiego de gentes esta zona ya estaría adoquinada en el siglo XII con las obras de la catedral románica y que en ella, además de cambiar moneda, se vendía a los peregrinos conchas de vieira, botas de vino, zapatos, zurrones de piel de cierto, correas, cinturones, hierbas medicinales y un lago etcétera de vituallas y objetos, tanto prácticos como de culto



A nuestra derecha van quedando ya la Praza da Inmaculada y San Martiño Pinario, monasterio 'construido sobre una peña', como su nombre indica. Aquí el obispo Xelmírez mandó erigir dentro de su nuevo palacio una capilla "ante la que se acuña la moneda, frente a la iglesia de Santiago, a la derecha se sale de la misma iglesia del Apóstol" por lo que esta calle sería llamada de la Moneda y la plaza de los Cambeas



La rúa va bajando un poco más acusadamente hacia el Arco do Pazo Arcebispal, el pasadizo para ir a la Praza do Obradoiro y dejando a nuestra izquierda la Praza da Acibechería, la de la antiguas ventas de "ungüentos, plantas medicinales y perfumes; conchas que acreditaban el final de la peregrinación, de azabache y plata; zapatos, correas, hebillas y botas y morrales para el vino", dice Marta González Vázquez en su muy amena Guía ilustrada de la catedral de Santiago, con dibujos de Joaquín González Dorao. Otro libro muy  recomendar


A nuestra derecha, entre San Martiño Pinario y el pazo de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, Pazo de Xelmírez o Pazo Arcebispal, va la Travesa das Dúas Portas que, como su nombre indica, comunicaba dos de las puertas de la ciudad (postigos o puertas menores) como nos explica Javier Rosende Novo en El Correo Gallego del 10-4-2025:
"Enlazando la Praza da Acibechería y la Rúa Subfrátibus (hoy, Rúa de San Francisco), que era la principal arteria del importante barrio de Val de Deus, focalizado, dentro del recinto urbano, por el Hospital Real, y fuera, por el convento de San Francisco, se encontraba, y se mantiene, la Travesa das Dúas Portas, cuya denominación es un claro reflejo de la funcionalidad que en muchas ocasiones tiene el callejero urbano.
En esta ocasión relacionado con dos accesos a la población emplazados, en amistosa proximidad, en el sector noroccidental: el Postigo de Val de Deus y la Puerta Subfrátibus. Su trazado, en zigzag, se encuentra amparado, a un lado, por la huerta del Palacio Arzobispal, y al otro, por uno de los imponentes murallones del monasterio de Pinario.

Tras las primeras reformas medievales, el Pazo Arcebispal, en los siglos XV y XVI fue también transformado por los arzobispos Lope de Mendoza, Alonso de Fonseca y Ulloa y Maximiliano de Austria. La gran reforma del siglo XVIII que le añadió una planta obligó a hacer una nueva fachada barroca mirando a la plaza. Fue durante unos meses, entre diciembre de 1981 y el verano de 1982, sede del Parlamento de Galicia. Actualmente forma parte del Museo de la Catedral


De la fachada norte también dio alguna pista el Codex Calixtinus: "el Señor, en trono de majestad, está en actitud de bendecir con la mano derecha y teniendo un libro en la izquierda". Marta González Vázquez dice que "Algunas piezas de la antigua fachada, que se salvaron del fuego, fueron trasladadas y añadidas a la de Platerías, complicando su comprensión y provocando sensación de abigarramiento", como tendremos ocasión de comprobar. "La nueva portada fue diseñada en estilo barroco pero terminada ya con muchos elementos neoclásicos", añade. En Románico digital nos ofrecen esta más que interesante información:
"La Porta Francigena ha sido recientemente reconstruida digitalmente en 3D con motivo de la exposición Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez, a partir de los trabajos de Moralejo (1969), la descripción del Liber sancti Iacobi (V, 9) y los relieves conservados en distintos lugares de la catedral (Platerías y Museo). Su programa se centraba en un friso superior dedicado a la historia del Adán y Eva –desde la Creación de Adán y Eva al Trabajo tras la Expulsión del Paraíso–, que estaba presidido por una Majestas Domini y se glosaba, posiblemente, a ambos lados, por los relieves de David músico y el Sacrificio de Isaac, y las Mujeres del León y el Racimo de Uvas. En la parte inferior de este frontispicio se situaba un segundo friso menor, con las consecuencias del Pecado Original: a la izquierda, el Trabajo, a través de las lastras de los doce meses del año, del que sólo conservamos el relieve del Mes de Febrero (Museo de la Catedral); a la derecha, Pecados derivados de la Caída de Adán y Eva, como la Lujuria (Sirena y Centauro), la Soberbia-Vanagloria (Hombre cabalgando un Gallo) o la Violencia (Ballestero). Las jambas de la bífora estaban decoradas, de izquierda a derecha, con los relieves de Pablo, Pedro, Santiago y Juan, mientras que las aberturas de la misma se ornamentaban con doce columnas, en las que se combinarían los célebres fustes de mármol entorchados con putti vendimiadores, motivos vegetales, representaciones animalísticas y la historia de Tristán e Isolda (o Ulises según Prado-Vilar), con fustes graníticos como los que hoy se contemplan todavía in situ en Platerías. Finalmente, el tímpano de la entrada oriental de la puerta estaba decorado con el relieve de la Anunciación a María, que actualmente se conserva reutilizado en el frontispicio de Platerías."

En cuanto a la Fuente del Paraíso, Manuel F. Rodríguez nos dice que habría sido construida hacia 1222 y que dio servicio hasta el siglo XVI, tanto a los peregrinos, su higiene y rituales, como al Hospital de Santiago. Tomando como siempre los datos del Calixtinus tendría una columna central de bronce con las figuras de cuatro leones de cuyas bocas manaban chorros de agua y que sus capacidad permitía que se bañasen hasta quince personas adultas



La rúa baja ya hacia el pasadizo, unos grandes pivotes pétreos impiden a partir de aquí el paso de vehículos. A nuestra derecha, el muro del jardín del Pazo Arcebispal, con su frontón triangular en la entrada, forma parte de las profundas reformas acometidas a lo largo del tiempo


El arco, sin embargo, dice MonumentalNet que es "medieval románico del siglo XII, sobre el que se asienta el pazo de Xelmírez"


Aunque las reformas, sobre todo en esta parte, le han conferido una traza netamente residencial, a la otra veremos sigue teniendo todo el aspecto de una fortaleza, pues bien se acordaba el arzobispo que en 1117 las gentes le quemaron el antiguo, teniendo que correr a refugiarse en una de las torres de la catedral con la reina Urraca; ella fue atrapada y vejada, aunque pudo huir, atacando posteriormente Santiago con su ejército y dominando la revuelta. La Xacopedia recoge este episodio en su biografía:
"Reina de Castilla y León (ca. 1080-1126). Reinó entre 1109 y 1126. Hija del rey Alfonso VI de Castilla, monarca de gran relevancia jacobea, y sobrina del gran abad Hugo de Cluny, fue desde muy joven un instrumento de la política proeuropea de su padre, quien la unió en matrimonio con un miembro de la casa ducal borgoñona, Raimundo, conde de Amours. Este vínculo favoreció que Alfonso VI nombrase a la nueva pareja, padres en 1105 del futuro rey Alfonso VII, condes de Galicia. En 1107 fallece don Raimundo -es enterrado en la catedral de Santiago- y dos años más tarde Alfonso VI, sin dejar hijo varón. Esto supone que Urraca sea coronada reina de Castilla y León y que contraiga nuevas nupcias con el rey Alfonso I de Aragón y Navarra, conformando así una potencia cristiana en la Península Ibérica entregada al proyecto de la Reconquista. 
Los dos monarcas -Urraca y Alfonso- tenían, en teoría, capacidad para gobernar en ambos territorios. Sin embargo, el celo de Alfonso por controlar sus reinos y los problemas específicos de Galicia en el contexto castellano-leonés del momento distanciaron al matrimonio, cuya unión fue anulada por el papa por tratarse de parientes en grado muy cercano. En Galicia se formaron dos bandos antagónicos, uno liderado por el conde de Traba, Pedro Froilaz, ayo del futuro Alfonso VII, temeroso de perder sus derechos al trono ante un posible hijo de los dos monarcas; el otro agavillado en torno a la reina y conformado por el resto de la nobleza gallega, en su mayoría contraria a Froilaz, y del que formó parte Diego Gelmírez, obispo de Santiago, aunque al principio era contrario a Urraca. 
 
Como respuesta a este entendimiento entre Gelmírez y la soberana, esta dona en 1112 al señorío compostelano un gran número de heredades comprendidas entre el Tambre y el Ulla. Crecía así el poder señorial de Gelmírez. En 1116 la reina dio nuevas muestras de afecto al arzobispo y legado papal, regalándole la cabeza de Santiago Alfeo, sustraída de Jerusalén por el obispo de Coimbra Mauricio Burdino, quien la guardó en el monasterio palentino de San Zoilo de Carrión de los Condes. La reina la trasladó a San Isidoro de León y allí, junto con otras reliquias, se la entregó al prelado compostelano, quien hizo una entrada triunfal en Santiago con tan preciado tesoro. En un primer momento la presentó como la cabeza del propio Santiago el Mayor, para reforzar así su prestigio ante los compostelanos. 
Pese a gestos como este, los burgueses compostelanos, contrarios a la alianza del trono y el altar, se levantaron en 1117 contra la presión feudal de la Mitra, provocando el incendio de la catedral, la huida del obispo, varias muertes y una herida a la propia reina, que fue golpeada por una piedra en el rostro, ocasionando su caída del caballo, y pisoteada en el lodo. Maltrecha y vencida, huyó de la ciudad sin perdonar tamaña humillación. 
En la primavera de 1120 regresó a Galicia, con el propósito de apaciguar a varios nobles levantiscos; en Compostela corrió el rumor de que la reina planeaba la muerte de Gelmírez, que en aquel momento ya era arzobispo, logrando atajarlo con nuevas muestras de amistad, y obligando a los nobles a rendirle homenaje al prelado. Finalmente, y a pesar de otros desencuentros entre reina y mitrado, el deseo regio de alianza con el arzobispo quedó en 1123, cuando doña Urraca jure solemnemente su fidelidad a Gelmírez, asegurando la defensa de su vida, de sus iglesias y del señorío compostelano. En abril de 1125 el rey Alfonso y su madre, ya reconciliados, envían una carta al arzobispo de Santiago reforzando estos lazos de concordia, aunque recordándole al prelado que no debía dañar los privilegios y dignidad de la Mitra toledana, sede primada del reino. Poco después Gelmírez compró a la soberana el castillo de Cira, en la confluencia del Ulla con el Deza, para reforzar la defensa del señorío de Santiago 
En las disputas con su marido, Urraca, intentando cortarle el paso, ordenó destruir el puente de Portomarín (1112), el principal paso fluvial del Camino Francés en Galicia, y en 1120 le encargó su reconstrucción a Pedro el Peregrino; asimismo, mandó levantar un hospital. La monarca falleció en el año 1126 y está enterrada en el Panteón Real de San Isidoro de León."

Si bien la rúa es sobradamente ancha, los altísimos muros palaciegos le confieren cierta angostura. De la construcción del palacio y de la especialmente delicada relación con los compostelanos habla así la Xacopedia, pero también de su absoluta trascendencia para hacer de Santiago y de el Camino lo que es hoy en día, y lo que fue durante muchos siglos


Algunos de ellos abarcan desde conseguir pasar de obispado a arzobispado a la construcción de la catedral románica, base de la actual, del Codex Calixtinus, totalmente determinante para la gran divulgación y promoción de las peregrinaciones jacobitas por el orbe a conseguir que Santiago fuese considerado una de las tres grandes ciudades santas de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén, pese a las consabidas reticencias...
"En gallego, Diego Xelmírez. Primer arzobispo de Santiago de Compostela (ca. 1067-Santiago de Compostela, 1140). Su mandato se prolongó desde 1100 a hasta su muerte en 1140, primero como obispo y desde 1120, como arzobispo. 
Se le considera el personaje compostelano más decisivo en el impulso de la peregrinación jacobea y, en general, una de las figuras más destacadas de la historia de Galicia y la España medieval. En su trayectoria procuró el prestigio de su sede y la proyección internacional de la peregrinación. Buscaba también la visibilidad de su propia figura, como obispo y señor feudal, personificando a la Iglesia de Santiago, una institución reforzada y engrandecida por su pasión compostelanista, que lo llevó a colaborar con papas, obispos, abades, nobles y soberanos con el objetivo de que la sede jacobea fuese, con Roma, la más importante de Occidente. 
Los grandes logros del ambicioso pontificado de Gelmírez fueron la elevación de Compostela al rango de arzobispado (1120) y la finalización de las obras de la catedral románica, lo que dotó de una gran autoridad e influencia a la Iglesia compostelana, sobre todo ante el Papado, que nunca volvería a repetirse. 
Era hijo de Gelmirio, un caballero cuya nobleza la había adquirido al servicio de la Iglesia de Compostela. El obispo de Iria Flavia, por aquel entonces Diego Peláez (1070-1094), había nombrado a Gelmiro gobernador de las tierras de Iria, Amaía y Posmarcos, en las que se encontraba el Castelum Honestum (actuales Torres de Oeste). Por este motivo algunos estudiosos han supuesto que Gelmírez habría nacido en esta fortaleza, situada en la actual Catoira (provincia de Pontevedra), aunque también es posible que, atendiendo a las numerosas propiedades que tenía su padre en Santiago de Compostela, naciese en esta ciudad entre 1067 y 1070. El joven Gelmírez aparece en la escena compostelana a finales de la década de 1070, en la época de inicio de la catedral románica, siendo obispo Diego Peláez, y rey de Castilla y León, Alfonso VI. En las aulas episcopales compostelanas se formó en gramática, lógica y música, y amplió sus horizontes en la corte de Toledo. Desde muy joven, Diego Gelmírez se vinculó a la Iglesia y entró a formar parte del clero en tiempos del obispo Diego Peláez. 
En el año 1090, llegan a Santiago como condes de Galicia Raimundo de Borgoña y Doña Urraca, designados por Alfonso VI como parte del proyecto de otorgarle cierta autonomía al Reino de Galicia. Los condes lo eligieron como secretario y canciller, a pesar de contar apenas con veinte años de edad y en 1093 lo nombraron administrador eclesiástico de la diócesis. 
En 1095 el papa Urbano II concede la bula Veterum Synodalium, un documento con carácter fundacional, por el cual el papa acepta la apostolicidad de la sede jacobea, por ser el lugar donde reposa el cuerpo de Santiago, al tiempo que ordena que la cátedra episcopal de Iria Flavia se traslade para siempre a Compostela. Además, Urbano II declara a los prelados de Santiago independientes de cualquier metropolitano, quedando sólo bajo la autoridad de Roma, por lo que el obispo compostelano será consagrado por el papa. Se trata, en definitiva, del final oficial de la antigua Diócesis de Iria Flavia y de la confirmación de Santiago de Compostela como nueva sede apostólica de Occidente. 
A la muerte de Dalmacio (primer obispo exclusivo de Santiago) en 1095, se le encomienda a Gelmírez la administración de la Iglesia compostelana, puesto que ocupa hasta el año 1100. También por influjo de Doña Urraca y Raimundo de Borgoña, además de por el apoyo con el que contaba entre la Orden de Cluny, fue nombrado obispo de la sede compostelana en 1100. Su ascenso en los estratos de poder culminará en 1120, al ser designado arzobispo y legado pontificio. 
Diego Gelmírez era un hombre sagaz y tenaz, dotado de una inteligencia práctica y una mentalidad feudal. Ansió autoridad y prestigio, de modo que prosiguió una vertiginosa promoción, en la que calculó siempre el grado de poder que poseía cada una de las persona de su ámbito, lo que por otra parte se considera una de las características más definitorias de su modo de ser. Su habilidad política y su intenso trabajo diplomático lograron que la sede de Santiago tuviese excelentes relaciones con las demás iglesias del reino, con los monarcas leoneses y con los principales centros de poder de la cristiandad occidental: el Papado y Cluny. 
Asciende Santiago al rango de arzobispado 
Uno de los grandes propósitos de Gelmírez fue el engrandecimiento de la categoría jurídica de su diócesis. Iria Flavia y Santiago en el ámbito legal o según su estatuto jurídico dependían de la sede de Braga. Su política de entendimiento con Roma y con el rey leonés Alfonso VI, sus hábiles gestiones y los valiosos regalos que habría hecho a la corte pontificia buscando sus favores le permitieron alcanzar este propósito y elevar la diócesis al rango arzobispal en 1120, en tiempos del papa Calixto II (1119-1124), hermano de Raimundo de Borgoña y con quien mantenía una buena relación. 
Este nuevo estatus le otorgó al territorio privilegios como el de acuñar moneda, una potestad que en la Edad Media en España ostentaban los monarcas; a esto se unió la riqueza que las peregrinaciones aportaban a la diócesis compostelana, lo que llevó a Gelmírez a ejercer como una especie de gobernador de Galicia, con amplios poderes eclesiásticos y temporales como el de administrar justicia. 
Desde que accedió al cargo de obispo, Gelmírez intentó favorecer el entendimiento con Roma; de hecho, ese mismo año (1100) viaja a esta ciudad para conciliarse con su Iglesia y rectificar la actitud altanera que habían tenido algunos de sus predecesores en el puesto. En 1104, vuelve a la ciudad italiana tratando por primera vez de conseguir la elevación de Santiago a sede metropolitana. En esta ocasión presenta su deseo ante el papa Pascual II (1099-1118), que rechaza la petición. Cuando muere, le sucede Gelasio II, quien le promete que la obtendrá si lo solicita él personalmente. Esperanzado, en 1119, el prelado compostelano parte hacia Roma, pero estando de camino, en Sahagún, recibe la noticia del fallecimiento del nuevo pontífice. 
Es entonces cuando Calixto II, amigo de Gelmírez, es nombrado papa. Nada más ser elegido, el compostelano enviará a Roma a un grupo de canónigos para presentarle sus respetos, pero este aún se encuentra en Francia. Ante esta coyuntura, el abad de Cluny, Poncio, asume la responsabilidad de hacer la petición de las aspiraciones de Gelmírez al papa. A él se unieron apoyando la solicitud los cardenales Bosson y Deusdedit. Diego Gelmírez pretendía el traslado de la Metrópoli de Braga a Compostela alegando el castigo a su arzobispo, Mauricio, que había aceptado proclamarse papa con el nombre de Gregorio VIII, lo que le había valido la excomunión y deposición de su dignidad arzobispal. 
Calixto II citó a Gelmírez al Concilio de Reims para resolver allí el asunto. Este se disponía a hacer el viaje, pero la reina doña Urraca de León y Castilla se opuso, alegando que su presencia era necesaria en Galicia, aunque realmente se cree que desconfiaba de que el papa, que era su cuñado, y el obispo urdiesen un plan para destronarla y que su hijo accediera al trono. Para solucionar la situación, el obispo de PortoHugo, se ofreció para presentarse en Reims y gestionar él mismo la concesión de la dignidad metropolitana. En efecto, acudió al concilio con intención de presentar la nueva estrategia compostelana: dada la dificultad que presentaba el traspaso de la sede de Braga, ya constituida, se optó por traspasar Mérida, que desde el siglo VIII estaba en poder de los musulmanes. Sin embargo, cuando llegó a Reims el encuentro ya se había celebrado. 
Gelmírez toma entonces la decisión de formular la petición a través de una larga carta, en la que solicitaba el traslado, y en ella llegaba a alegar que era el mismo Apóstol quien pedía la sede para mejor custodia de su sepulcro. Esto no surtió efecto, por lo que pocos días después se presentaron ante el papa, Hugo, el abad de Cluny, el duque de Borgoña y el cardenal Deusdedit, junto a otros caballeros y magnates que habían sido peregrinos a Santiago. Se postraron ante él pidiéndole que le entregase a Santiago la metropolitana de Mérida. Se dice que terminaron su oración proclamando: “No nos levantaremos hasta que lo concedáis”. El papa al fin cedió, además de nombrar a Gelmírez su legado para las provincias de Mérida y Braga ese mismo año. 
Acumulación de poder 
El 25 de julio de 1120 las bulas papales de concesión fueron publicadas desde el altar de la catedral y, desde entonces y hasta su muerte en 1140, Gelmírez ocupó el cargo de arzobispo. A finales de 1120 Hugo le impuso el palio metropolitano por delegación de Calixto II. No obstante, la bula no dejaba claro si el traspaso de la dignidad metropolitana de Mérida a Compostela era perpetuo o únicamente duraría mientras esta ciudad estuviese bajo el poder musulmán. Gelmírez consiguió que en 1124 se dictase una nueva bula en la que se explicitaba que Compostela sucedería para siempre a Mérida como metropolitana, por lo que esta ciudad quedó sometida al arzobispo de Santiago. 
Así llega Gelmírez a su máxima acumulación de poder con su nombramiento como arzobispo y como legado pontificio para esta nueva provincia eclesiástica y también para todos los territorios de Galicia y de Portugal que dependían de la metropolitana de Braga. No había ninguna autoridad eclesiástica superior en la península. Además, ese año, doña Urraca le otorgó las atribuciones de conde de Galicia, lo que comportaba la prestación de homenaje y fidelidad por parte de la nobleza gallega. 
El gran poder eclesiástico que habían adquirido Gelmírez y Compostela provocó el recelo de ciertos miembros de la Iglesia que no aceptaban ver mermada la extensión de su autoridad y el deber de asistir a los concilios convocados por Gelmírez como legado pontificio. Es especialmente conocida la rivalidad que mantuvo con el arzobispo de ToledoBernardo, con quien Gelmírez parecía tener un antagonismo personal, y con el de Braga. 
Su labor como legado la ejerció mediante la celebración de siete concilios. Los primeros parece que tuvieron poca trascendencia por la escasez de asistencia. Sin embargo, en los concilios compostelanos XII y XIII se tomaron decisiones de interés muy ligadas a la situación política de la península: el primero se orientó a conseguir la paz en los reinos de Galicia, León y Castilla, y el segundo decretó la unión de todas las fuerzas para proseguir la reconquista contra los musulmanes. Tras la muerte de Calixto II, en 1124, concluyó su legación, a pesar de que intentó en vano que los papas sucesivos (Honorio II e Inocencio II) se la otorgasen. 
Impulsor de la catedral románica 
Otro de los grandes proyectos de Gelmírez fue dar continuidad a las lentas obras de la catedral de Santiago hasta construir la nueva iglesia catedralicia, para lo que se inspiró en las construcciones de Roma, Cluny y Toulouse. Se implicó de manera muy directa en esta empresa, revisando los planos, consultando las nuevas técnicas y buscando la belleza para crear un templo digno de su gran proyecto. Las obras continuaron con regularidad durante las dos primeras décadas del siglo XII, hasta la colocación de la última piedra, que, si atendemos a las indicaciones del Códice Calixtino, debió tener lugar en 1122. 
Consagró los altares del deambulatorio de la cabecera, lo que indica que ya se había finalizado el crucero, con las puertas del Paraíso y de As Praterías. Derrumbó gran parte del primitivo mausoleo romano, identificado desde el siglo XI con la tumba de Santiago, para construir en el lugar un altar nuevo, lo que fue considerado casi como un sacrilegio por parte del cabildo catedralicio. En 1112, con la nave central levantada, derrumbó la iglesia de Alfonso III e instaló en ese espacio el nuevo coro. Ordenó, además, la construcción del pazo de Gelmírez, que se inició a comienzos del siglo XII, adosado a la catedral. Este edificio tuvo que ser reconstruido en 1120, tras las revueltas populares de 1117 contra el propio prelado. 
Paralelamente, desarrolló para Compostela un proyecto arquitectónico y urbanístico que pretendía darle a la ciudad la estructura espacial de un gran burgo medieval. Además, promovió un programa de mejoras para la acogida de peregrinos, orientadas a solucionar las demandas de la población y del público devoto, y encaminadas también a prestigiar la nueva situación de la urbe y de la sede. Algunas de sus actuaciones más relevantes en este sentido fueron la creación de hospitales, la canalización de aguas y el abastecimiento hídrico público. Además, estableció la especialización profesional de los burgueses en actividades artesanales y mercantiles, trabajó en la dinamización de los burgos situados en las encrucijadas del camino de peregrinación (por ejemplo, Padrón) e incrementó el tráfico marítimo de mercancías. 
Europeísmo y peregrinación 
Hombre de extraordinaria visión política, fue un adelantado del europeísmo, ya que perfeccionó el proyecto de una peregrinación internacional en torno a la tumba apostólica. Elaboró su diseño en base a los viajes realizados a varias ciudades francesas claves en la peregrinación, como ToulouseMoissac e incluso al monasterio de Cluny, donde se entrevista con su abad Hugo el Grande, y toma todo tipo de ideas para aplicar en Santiago. Pero, sin duda, la gran referencia de Gelmírez fue Roma, en la que también se inspiró para mejorar la Iglesia compostelana, procurando organizarla de manera semejante. 
En consecuencia, Compostela pasó a ser uno de los centros de mayor trascendencia espiritual, eclesiástica, política y cultural del Occidente medieval. En este sentido, fue muy importante que los máximos responsables de la Iglesia occidental -el abad de Cluny, el papa de Roma y el arzobispo de Santiago- impulsaran unidos la peregrinación jacobea y el culto al apóstol Santiago, con una vitalidad que duraría hasta los tiempos de la Reforma luterana. Sabedor de que el apoyo de Roma y de Cluny eran decisivos para promover la peregrinación, Gelmírez, como obispo de una de las iglesias cristianas más ricas, habría enviado a ambos lugares ingentes cantidades de oro y plata con el fin de contar con su ayuda en todo momento. 
Al arzobispo compostelano se le atribuye, erróneamente, si se dan por ciertos los estudios modernos, el logro de la concesión del jubileo compostelano, que también actuaría como motor de las peregrinaciones y de la fama de la ciudad en Europa. 
Política interna convulsa 
La política interna gelmiriana giró en torno a la reina Doña Urraca (1109-1126) y al futuro emperador Alfonso VII, a quien bautizó, nombró caballero y coronó como rey de Galicia en 1111, en el altar mayor de la catedral de Santiago. Fue uno de los personajes más relevantes y decisivos que intervino en la crisis que se inició con la muerte de Alfonso VI de León y Castilla (1109), en la que se enfrentaban dos bandos. Uno de ellos apoyaba el reinado de Doña Urraca y estaba integrado principalmente por nobles y eclesiásticos que respaldaban los intereses imperiales leoneses. Mientras, el otro lo formaban nobles que se oponían al predominio de la monarquía castellano-leonesa, por lo que se agruparon en torno a Alfonso Raimúndez -hijo del primer matrimonio de Doña Urraca con Raimundo de Borgoña y futuro Alfonso VII- para salvaguardar sus derechos de sucesión sobre Galicia. 
Gelmírez, involucrado en las tensiones de la corte, desempeñó un papel importante en este periodo de transición ofreciendo su apoyo a Alfonso VII. Su férreo posicionamiento a favor del aún niño Alfonso Raimúndez desató un largo e intermitente conflicto con Doña Urraca, en el que se sucedían las etapas de alianza con las de confrontación por el dominio de mayores tierras y cotas de poder. 
Otro de los focos de conflicto era la propia Compostela, donde burgueses y municipalistas luchaban por hacerse un hueco en los altos puestos del dominio político y social. Al calor de esta reivindicación se produjeron las revueltas de 1116-1117 encabezadas por los burgueses compostelanos, económica y socialmente diferenciados del resto de los ciudadanos, que aspiraban, con la ayuda de los canónigos, a sustituir al obispo al frente de la ciudad e incluso reclamar cierta autonomía político-administrativa dentro de una urbe europea y avanzada en aquel tiempo de la Hispania cristiana. 
Por otra parte, Diego Gelmírez debió defender las costas gallegas de los ataques normandos y musulmanes, para lo que desplegó una estrategia de defensa por mar y ordenó la construcción de galeras para protegerse de los sucesivos ataques, además de preparar soldados para agredir a los musulmanes en su propia tierra como castigo. Por último, le ocasionó problemas la Reforma gregoriana -Gelmírez era un gregoriano convencido- que defendía la independencia de la Iglesia frente al poder creciente de la aristocracia. 
Su protegido Alfonso VII 
Tras la muerte de Doña Urraca en 1126, surgió un nuevo conflicto entre su esposo, Alfonso el Batallador, y su hijo, Alfonso VII, que concluyó con la muerte del primero. De esta manera, el protegido de Gelmírez consiguió el vasallaje de todos los reinos cristianos de España, incluido el condado de Cataluña, y algunos musulmanes y se tituló como emperador. A pesar de este apoyo, Alfonso VII decidió en 1135 recortar el poder de la archidiócesis de Santiago y obligar al obispo a pagar impuestos a la Corona. Y es que las guerras y el esplendor de la corte imperial crearon un nivel de gastos que llevaron a Alfonso VII a endeudarse. Utilizó estrategias para hacerse con más dinero como el de la Iglesia compostelana. 
En los últimos años de Gelmírez, algunos canónigos compostelanos como Pedro Elías, protestaron por lo gastos y excesiva libertad con la que gestionaba la Iglesia. También los municipalistas continuaban con su lucha. Juntos, organizaron una turba de gente armada que, dirigida por Guillermo Seguín, asaltó su palacio en 1136, atacando a un prelado que ya se encontraba deteriorado y envejecido. 
A pesar de las muchas dificultades y luchas, Gelmírez conservó su poder hasta su fallecimiento, en 1140, en buena parte gracias al apoyo del Papado y de Cluny, así como a la riqueza de la catedral de Santiago y de las rentas de su señorío y dominios. Diego Gelmírez fue un personaje tan grande como contradictorio, tan misterioso como claro y contundente en la gran mayoría de sus decisiones. Se desconoce dónde está enterrado, lo que contribuyó a engrandecer y rodear aún de más misterio su persona. 
Historia Compostelana y Códice Calixtino//// Las fuentes documentales con noticias más abundantes para el estudio del periodo gelmiriano, de la figura y trabajos del primer arzobispo de Santiago, son el libro V del Liber Sancti Iacobi y la Historia Compostelana. El Registrum de su pontificado, más conocido como Historia Compostelana, es una crónica de su vida que él mismo ordenó redactar, en la que se recoge su participación personal en el difícil contexto en el que se encontraba tanto a nivel gallego como peninsular e incluso en el ámbito de la cristiandad occidental. Para esta labor empleó a los más prestigiosos clérigos e intelectuales en el trabajo de redacción. 
También ordenó elaborar el Códice Calixtino que, en su libro V, indica los diferentes itinerarios jacobeos procedentes de Francia, que se reúnen en España en Puente la Reina, las jornadas del Camino, los pueblos por los que pasa, los santuarios que se deben visitar y describe ampliamente la ciudad de Compostela, entre otros temas. 
Las tres sedes 
En el Códice Calixtino se incluye, además, la teoría de las tres sedes apostólicas de la cristiandad, basada en la predilección de Cristo por San PedroSantiago y San Juan. Este tratado propugna que los lugares en los que se hallan los restos mortales de estos apóstoles -Roma, Compostela y Éfeso, respectivamente- sean las tres columnas de la Iglesia católica. 
Esta teoría, que tuvo su momento de esplendor a finales del siglo XI y primeros decenios del XII, es referida en bastantes de las reivindicaciones realizadas por Diego Gelmírez, de manera más o menos explícita. Es por ello que muchos autores afirman que fue un defensor y promotor de la misma entre la élite intelectual del momento, ya que con ella Santiago salía fortalecida y refrendada como centro cristiano."

Efectivamente, esta parte del Pazo Arcebispal, continuidad añadida a la estructura, muy reformada, del Pazo de Xelmírez, pese a los característicos vanos de la fachada, usuales en la arquitectura urbana de entresiglos (XIX y XX), la forma de torre defensiva del antiguo pazo al que está añadido se descubre perfectamente al pasar a sus pies


El Arco del Pazo de Xelmírez, Arco de Xelmírez o del Pazo Arcebispal representa toda una transición de una a otra plaza y de una a otra época


Mirando de frente y al techo se descubre perfectamente la diferencia entre ambos palacios: enfrente es el de Xelmírez inequívocamente con su aspecto de fortaleza. El paso de gentes en una y otra dirección, muchos de ellos peregrinos, es casi continuo, por ello, tradicionalmente aquí tocan músicos y conjuntos, de todo tipo pero sobre todo gaiteiros. Nos lo dice de esta manera la web Viajando con Pío:
"El Palacio del Arzobispo Xelmírez se inició a comienzos del siglo XII adosado a la propia catedral de Santiago de Compostela. Este edificio tuvo que ser reconstruido, tras las revueltas de 1117 contra el propio arzobispo. No sólo posee un gran valor artístico sino también histórico, pues nos ubica en el contexto de la arquitectura civil de los grandes señores de la época y, en este caso concreto, nos permite entender el poder del alto clero en la Edad Media. Bajo este precioso arco es típico escuchar música de intérpretes individuales o grupos que ocupan este espacio con limitaciones de tiempo, más o menos hora y media de duración."

Según bajamos, ya se atisba la Praza do Obradoiro, donde, además de la catedral con el Pazo de Xelmírez y otras dependencias, tenemos el Hostal dos Reis Católicos (el antiguo Hospital Real), el Pazo de Raxói, actual sede del Concello o Ayuntamiento, del Gobierno de la Xunta de Galicia y del Consello da Cultura Galega, además del ya reseñado Colexio de San Xerome, al igual que la cercanía de la cercana iglesia de San Froitoso, saliendo ya por la rúa das Hortas hacia Fisterra y Muxía


Estas escaleras son históricamente recientes y forman parte de las continuas transformaciones de la ciudad

Foto: A Memoria de Santiago/Xerais

Nos lo explica muy bien de nuevo, y con esta foto, Javier Rosende Novo en Cuando en Arco de Palacio no había escaleras, sino una cuesta que unía el Obradorio y la Acabachería, artículo publicado en El Correo Gallego del 23-12-2020:
"La imagen que hoy protagoniza esta sección se corresponde a la primera mitad del siglo pasado. Refleja un lugar emblemático del casco histórico de la capital gallega: el conocido como Arco de Palacio, es decir, el pasadizo que se abre bajo el pazo de Xelmírez, residencia de los arzobispos de Santiago, para comunicar la plaza del Obradoiro, acceso principal a la Catedral y a los grandes palacios de la ciudad (Raxoi y San Xerome), y la plaza de la Inmaculada, donde se encuentra el monasterio de San Martín Pinario. El aspecto que ofrecía entonces esta zona de paso era muy diferente al actual, pues en lugar de con escaleras se configuraba en una cuesta no demasiado empinada, como se puede apreciar. Precisamente, el Concello de Santiago acaba de poner en marcha un proyecto para recuperar parte de esta rampa, en concreto, en sustitución del primer tramo de escaleras desde el Obradoiro; con el objetivo de facilitar a las personas con movilidad reducida el acceso al museo que acoge actualmente el pazo de Xelmírez. Obligará, eso sí, a reubicar a los músicos que frecuentaban este punto."

Bajando por las escaleras, reparamos en las bóvedas y arquerías que hay sobre el siguiente rellano, donde se colocan los músicos, al lado de una de las puertas que comunican este pasadizo con la parte más baja del palacio y, por tanto, alguno de los accesos más desconocidos hacia el interior de la catedral


Allí vemos precisamente la Costa do Cristo, donde estaba la Porta da Trinidade, bajada a la rúa das Hortas, alguna de cuyas primeras casas divisamos desde aquí. A la derecha está la iglesia de San Froitoso, de la que vemos una pequeña parte, construida ante el que fue el cementerio de los pobres que morían en el Hospital Real. La llamada prolongación a Fisterra y Muxía sigue después por la rúa Poza de Bar hasta la Carballeira de San Lourenzo de Trasouto, bajando al río Sarela, el cual se cruza en A Ponte Sarela para subir a Sarela de Baixo, saliendo ya del casco urbano de Santiago



Reconocemos algunas casas de Sarela de Baixo, un buen lugar, si el crecimiento de los eucaliptos lo permite, para sacar la magnífica fachada barroca de la catedral al sol de la tarde, sobre los tejados del casco histórico. Luego el Camino se adentra monte arriba entre más eucaliptos hacia Rúa, Moas de Abaixo, O Carballal y Quintáns para salir del concello de Santiago por el Alto do Vento, entrando en Ames rumbo al Alto do Mar de Ovellas, Ponte Maceira y Negreira...


Aquí, en estas bóvedas, es donde encontraremos también a la vista algunos elementos románicos y góticos del palacio original o de alguna de sus primeras reformas


Para empezar dos bóvedas de crucería


Con sus claves en forma de roseta giratoria


Sus nervios descansan en capiteles historiados, que es lo que queda seguramente de antiguas columnas cuyos fustes y basas han desaparecido


Temática vegetal en todos ellos: este el del lado izquierdo que mira a la Acibechería


Este del lado que mira al Obradoiro...


Otro detalle de la primera bóveda...


Potentes y gruesos nervios y más capiteles. Fijémonos también en la puerta


Más detalles de los capiteles de ese lado...



La escalera por la que acabamos de bajar...


La segunda de las bóvedas, similar a la anterior, aunque la roseta de la clave es diferente


Más capiteles historiados, todos de plantas y hojas pero todos representando especies diferentes; este presenta una pequeña línea de puntitos


Se debate sobre si la decoración vegetal era un recurso decorativo más o tenía un marcado simbolismo. Ana María Quiñones Costa, historiadora del Arte, dice así en su tesis La decoración vegetal en el Arte Español de la Alta Edad Media: su simbolismo:
"La hoja adquirirá a lo largo del Cristianismo un significado, en cierto modo específico. Esto no quiere decir que rompa con el simbolismo inherente al Reino Vegetal, sino que experimentará un proceso de reelaboración; así la idea de inmortalidad será asociada con elconcepto de eternidad, más acorde con la nueva doctrina filosófico-religiosa revelada a la Humanidad a través de las “Sagradas Escrituras”; en cuyos libros se utilizan con frecuencia recursos estilísticos para constatar la escasa voluntad del ser humano, su debilidad, su fragilidad. ¿Y que mejor símil que la hoja para plasmar tales ideas?. De esta forma la connotación simbólica inherente a la hoja quedará enriquecida por su propio carácter de inconsistencia, de fragilidad y brevedad, del que el hombre es partícipe incuestionable.

Los Libros del Antiguo y Nuevo Testamento, sobre todo los de marcado carácter didáctico, moral o filosófico, como el Libro de los Salmos, Proverbios, Job, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, e incluso
los proféticos como Isalas; así como las Parábolas, y los comentarios que de ellos realizaron los Santos Padres de la Iglesia, confirman esta idea, al emplear ese elemento vegetal: la hoja. ¿Quizás a causa de la versatilidad que su propia variedad le confiere? hoja caduca o perenne; frágil o resistente; carnosa o espinosa. Lo que permitirá un prolijo y variado repertorio simbólico para explicar de forma sencilla los textos bíblicos.

Si consideramos el marcado ruralismo de la sociedad del Medievo, donde el hombre estaba inmerso en su medio, que era la propia Naturaleza, a la que conocía, reconocía y sabía de sus principios y propiedades; si consideramos la Literatura Bíblica, con sus frecuentes términos metafóricos extraídos del Reino Vegetal, como principal fuente de la iconografía cristiana; si conocemos el marcado carácter didáctico y narrativo del Arte Románico y su alto contenido simbólico; si reconocemos la existencia de un simbolismo vegetal en otras religiones, con frecuencia trasvasado a las manifestaciones artísticas, ¿por qué no utilizar los argumentos esgrimidos para reivindicar la importancia de la temática vegetal y su carácter simbólico dentro del mundo Prerrománico y Románico?"

Conceptos como naturaleza bucólica, evocaciones del paraíso terrenal, de la eternidad, sensaciones de meditación o serenidad pudieron ser lo que buscaban los artistas del medievo, siempre de acuerdo con los doctos en conceptos religiosos para que ni el símbolo o escena más leve lo contradijese


Pero también es posible que se tratara de un recurso artístico bastante 'neutro', incluso que su simbolismo primigenio hubiera pasado con el tiempo a ser una hermosa filigrana ornamental


"Como no podía ser de otra manera el mundo vegetal entra de lleno en la decoración de la arquitectura sagrada, en gran medida para recordarnos la feracidad de la Madre Tierra, antigua diosa de la Vieja Europa, su perpetua renovación cíclica y su renacimiento vital, por todo lo cual viene a ser objeto depositario de una gran riqueza simbólica basada en los conceptos de renovación y fertilidad, en parte física, pero naturalmente y sobre todo, espiritual, obviamente desde el punto de vista religioso, al menos en el románico. Hay cientos de motivos de carácter ornamental o, si se quiere, algunas docenas de ellos pero con infinidad de variantes", Así nos plantean esta conjetura en el Diccionario de símbolos del Blog de Románico


Aquí a la izquierda de estos otros capiteles vemos una puerta similar a la anterior, aunque cegada...


Bajamos otro tramo de escaleras, este bastante más corto que el anterior, y salimos a la Praza do Obradoiro, sin duda alguna una de las grandes plazas del mundo, no solamente por sus dimensiones sino también por su trascendencia absoluta en la historia de la humanidad, arte, espiritualidad, historia, sociedad, pero que en realidad fue, durante siglos, un taller de cantería, que es lo que significa obradoiro, como bien resalta la Xacopedia:
"Plaza de Santiago de Compostela donde se sitúa la gran fachada de su catedral. Es el corazón de la ciudad, el espacio de encuentro inexcusable para todos los peregrinos y turistas que visitan esta urbe, el punto de referencia de sus celebraciones más solemnes y la mejor muestra de los principales estilos arquitectónicos que, a través de los siglos, definen la personalidad artística de la ciudad, meta del Camino de Santiago
Considerada una de las plazas más armoniosamente monumentales del mundo y también una de las más visitadas, es el lugar escogido por los peregrinos contemporáneos, en sustitución de la antigua e histórica explanada de la puerta de A Acibechería, para descansar y celebrar su llegada. Se les puede ver en esta actitud durante todo el día. 
Sin embargo, hasta el siglo XVI, más que plaza propiamente dicha, O Obradoiro fue lugar de paso y, periódicamente, de trabajo para los artesanos y canteros de la catedral. 
El nombre del recinto proviene de la denominación que se le daba a la zona exterior inmediata al Pórtico de la Gloria, conocida como o obradoiro desde el siglo XII, al tratarse del lugar donde se llevaron a cabo las principales obras de cantería de este gran conjunto románico, un Pórtico que entonces, por cierto, resaltaba su grandiosidad abierto a un horizonte occidental casi infinito y a unas puestas de sol inusitadamente hermosas. Sigue resultando imprescindible descubrir, si el tiempo lo permite, el sol de cobre del atardecer sobre la interminable fachada barroca de O Obradoiro. Por costumbre, el espacio circundante al obradoiro de los escultores y canteros acabó siendo conocido por este nombre. Las obras que en los siglos siguientes dieron forma a los edificios actuales reforzaron y volvieron a dar sentido a esta denominación popular."

A nuestra derecha y según salimos, cerrando la plaza por el norte, el Hostal dos Reis Católicos, antiguo Hospital Real, que también le dio un tiempo nombre a esta plaza:
"Fue este centro asistencial compostelano uno de los grandes hospitales históricos de peregrinos del Camino de Santiago, quizás sólo igualado por el hospital del Rey de Burgos y San Marcos de León, como correspondía a la meta de la Ruta Jacobea. La iniciativa para su construcción partió de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, a finales del siglo XV. 
Tras la derrota en 1492 del Reino de Granada, el último bastión musulmán peninsular, estos monarcas deciden agradecer la que consideran fundamental ayuda del apóstol Santiago -“patrón de nuestras Españas”, señalan- a su causa. Lo hacen estableciendo, a favor de la diócesis compostelana, el llamado Voto de Granada, por lo que debía destinarse un tercio de este a la construcción y mantenimiento de un gran hospital en Santiago, para acoger sobre todo a peregrinos pobres y enfermos, ya que, como aseguran los monarcas en el documento fundacional, “muchos de ellos perecen en el suelo de la catedral y en otras partes, por no tener quien los reciba y aposente”. Fue, por lo tanto, un servicio fundamental para la pervivencia de Santiago como centro de peregrinación, aunque esta entrase en una lenta pero progresiva decadencia desde el siglo XV. 
El Hospital Real va a ser en un primer momento, tras la catedral, el conjunto constructivo más representativo y el de mayores dimensiones de la ciudad, y con su impronta contribuirá a dar forma a la plaza de O Obradoiro, donde ocupa su frente norte."

De frente, el diechochesco Pazo de Raxoi, al otro lado de esta grandiosa explanada, cerrando la plaza por el este, que tomó su nombre de su promotor, el citado arzobispo Bartolomé Rajoi Losada, cuyo blasón vimos en la fachada de la Acibechería, quien deseaba hacer en él un seminario. Nos dicen de él en Santiago de Compostela Turismo:
"Cerrando la Praza do Obradoiro y situado frente a la fachada oeste de la Catedral, se levanta este palacio, mandado construir por el arzobispo Raxoi en 1766, para residencia de los niños del coro y seminario. Las obras fueron ejecutadas por el ingeniero francés Charles Lemaur. La larga fachada abierta con un elegante soportal, dota al edificio de una marcada horizontalidad. En el centro de la fachada puede verse un frontón con un relieve en mármol, en el que se representa la batalla de Clavijo, obra de Gambino y Ferreiro, coronado por la estatua ecuestre de Santiago. En el interior destaca la escalera rococó diseñada también por Lemaur. En la actualidad es sede del Ayuntamiento compostelano, del Consello da Cultura Galega y de algunas dependencias del Gobierno de la Xunta de Galicia."

Y a nuestra izquierda, la formidable fachada pétrea, como un castillo, del Pazo de Xelmírez que mira a esta Praza do Obradoiro, con la entrada al museo y los blasones arzobispales en lo alto y, a continuación, las imponentes torres barrocas de la catedral de Santiago de Compostela, que ya espera por nuestra pronta visita...
















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