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martes, 1 de noviembre de 2022

EL PASEO DE LA GRÚA "EL CAMINO DE SIRGA": LA RUTA MITOLÓGICA, LOS MURALES DE MINGOTE, "LA FONTE DEL CAI" Y EL BERGANTÍN HABANA (RIBADESELLA/RIBESEYA, ASTURIAS)

El Monte Corberu (L'Atalaya), La Guía y El Paseo de la Grúa

Aunque fuera del Camino pero sí muy cercana a él, la ruta desde el casco urbano de Ribadesella / Ribeseya a la ermita de la Virgen de La Guía, en el extremo del Monte Corberu y sobre La Punta'l Caballu, nos ofrece una maravilla de paisajes de la villa, su puerto y ría, en la desembocadura del Sella, el Arenal de Santa Marina, al otro lado del estuario y toda su concha, por lo que no nos hemos resistido a dedicarle a este trayecto, corto pero intenso, con muchísimo que ver y descubrir, las correspondientes entradas de blog

Dado que hemos optado por subir a La Guía por el Monte Corberu desde la ermita de Santa Ana, también del antiguo Gremio de Mareantes, vamos ahora a bajar por el zigzagueante camino que nos llevará de regreso hacia la cercana villa por el Paseo de la Grúa, que recorre esta ribera de la ría

Empezamos pues donde quedábamos en la entrada de blog dedicada a ese tramo desde Santa Ana monte arriba, en la ermita de la Virgen de Guía o de La Guía, fundada en el siglo XVI por el Gremio de Mareantes, creado también a finales de esa misma centuria del 1500 para defensa de los intereses de marineros y pescadores, incluyendo balleneros y sus familias

La capilla se instaló en un promontorio que se estaba fortificando por entonces a causa de la guerra con Holanda, muy posiblemente en el lugar de alguna antigua atalaya de vigilancia del paso de cetáceos y flotas enemigas, de ahí el nombre por el que también se conoce a esta montaña, L'Atalaya, cuya acantilada vertiente que mira al mar es ya de por sí una gran defensa natural. Por eso es que se han localizado también recintos fortificados mucho más antiguos


El santuario fue profundamente reformado en 1892, tras un argayu o desprendimiento de parte del acantilado detrás de la capilla, que se llevó por delante su cabecera, donde estaba el altar, siendo esta sustituida por un alto y grueso muro almenado. Sí conserva una hermosa portada sur hecha con sillares de buena piedra de cantería


Enfrente, los cañones de la Batería de La Guía son tres de un grupo de cinco que fueron arrojados al mar por las tropas napoleónicas en una de sus incursiones o retiradas. Otra es que fueron los propios vecinos, que formaban y mantenían su milicia, los que los tiraron para evitar que cayesen en manos de los franceses. Más tarde se sacaron del agua tres de ellos, con objeto de reaprovecharlos para las guerras carlistas, pero no llegaron a intervenir y fueron empleados en el puerto como norays o columnas a las que se amarraban los barcos


Los cañones, del modelo de 1752 propio de la época, fueron restituidos a este su emplazamiento original en 1999, y aquí, junto a ellos, empezaremos a bajar al Paseo de la Grúa, dando vista al Monte Somos, que cierra esta concha por el oeste...


Todo el entorno de la antigua fortificación en la que se asienta la ermita ha sido restaurado y suele estar muy concurrido en verano. En 1925 ya se había creado el primer Comité de Turismo Local, justo cuando el Arenal de Santa Marina se había convertido en una ciudad-jardín en la que los aristócratas e  indianos habían ya construido buen número de chalets de recreo y palacetes veraniegos


Santa Marina acaba en el Monte Somos, promontorio de 109 metros de altura en su cota más alta, donde se instaló el Faro de Ribadesella, que empezó a operar en 1861 dentro del conjunto de obras del nuevo puerto que habían comenzando en 1784 tras muchos avatares desde al menos 1722


Tras un primer tramo de escaleras desde La Guía comienza una rampa enlosada que continuará así hasta el Paseo de la Grúa. Abajo, en La Punta'l Caballo, hubo otra fortificación anterior, juzgada insuficiente para la defensa del puerto ya durante la visita del comisario Fernando de Valdés en 1574, al año siguiente de estallar la guerra contra Holanda. En ese informe es llamado Torrejón de los tiros y muy posiblemente que formase parte de las defensas medievales de villa y puerto


El Torrejón de los tiros había una sola lombarda o bombarda y es fácil que esta explanada a nuestra derecha, cerrada por murete, estuviese integrada en aquel sistema defensivo que ya incluiría el fortificar L'Atalaya en el campo de la ermita de la Virgen de La Guía, construida también por entonces. Con el tiempo el Torrejón de los tiros desaparecería, allá por el siglo XVIII, y las defensas se concentrarían en la Batería de La Guía


Al pie de la explanada el camino realiza un giro completo para ir perdiendo altura rápidamente. Las urbanizaciones de Santa Marina también llegan hasta el Monte Somos y aún más allá, por el valle del Ríu San Pedru, por donde sigue el Camino Norte hacia Abéu (parroquia de San Esteban) y Vega, donde hallaremos otra grande y hermosa playa riosellana


El Monte Somos señala, con sus abruptos acantilados jurásicos, el comienzo de la Costa de los Dinosaurios, pues en ellos y en sus pedrales o pedreros se han localizado numerosas huellas de pisadas, icnitas, de aquellos grandes saurios, herbívoros y carnívoros, que poblaron estos lugares, entonces muy distintos, hace ya muchos millones de años. Esa Costa de los Dinosaurios de extiende desde aquí a Les Mariñes de Villaviciosa y aparte de estas icnitas comprende restos de elementos tales como huesos y dientes. En la Rasa de Lluces, entre Colunga y Llastres, está además, dentro de esta costa, el famoso MUJA o Museo del Jurásico de Asturias


Bajo nosotros en La Punta'l Caballu, antiguamente del Castillo, La Cetárea, de la que únicamente queda el criadero pues el edificio, completamente arruinado y que había servido de cárcel en la Guerra Civil, fue demolido hace años. A la izquierda vemos el final, o el principio para nosotros, del Paseo de la Grúa


En sus buenos tiempos, pasada la posguerra, se llegaron a criar hasta 2.000 kilos de langosta procedente de Canadá vía aérea, pero en el año 1977 un gran temporal o galerna se llevó por delante las instalaciones. Su reconstrucción representaba asumir un alto coste que no podían permitirse los pescadores que estaban a su cargo (la llevaba Felipe Fernández) y ello supuso su cierre definitivo


El criadero de la cetárea aprovechaba una piscina natural formada entre dos grandes bloques de lajas paralelos que al cerrarlos con un dique formaba un rectángulo casi perfecto. Precisamente por ello en 1997, siendo alcalde José Miranda, se presentó un proyecto a Demarcación de Costas, máxima autoridad en este punto, para transformar el criadero en piscinas de agua salada, pero no se llegó a un acuerdo sobre el asunto de la reparación de las instalaciones y el asunto fue olvidándose


Hacia 2004 hubo una iniciativa empresarial tendente a reconstruir La Cetárea y devolverle su uso fundacional, pero tras diversas gestiones quedó en nada y en 2007 Costas decide derribar el edificio de la empresa dada su peligrosidad en un lugar tan concurrido. En 2014 hay un nuevo proyecto para relanzar el asunto de las piscinas pero resulta también infructuoso


En la actualidad vienen a ella algunos amantes de los deportes náuticos pues forma una muy bella y recóndita cala en la que suele verse muy bien el fondo marino, además de los estratos que conforman estas famosas rocas del jurásico con su espectacular flysch, capas de rocas duras estructuradas linealmente en alternancia de capas muy llamativa


Aquí propiamente habría estado el castillo denominado Torrejón de los tiros en 1574. No existía el Paseo de la Grúa y su comunicación por tierra era por un camino anterior que ladeaba el Monte Corberu a pocos metros sobre el agua


Aquí estuvo el edificio de La Cetárea, en el solar del castillo que dio nombre antaño a la punta


Continuamos bajando hacia el Paseo de la Grúa por el camino que discurre en descenso por la falda del Monte Corberu, su extremo o cerro de La Guía, como aparecía en la documentación antigua


Abajo, en el paseo, empezamos a ver una muy importante referencia histórica y visual del puerto, El Farín de la Grúa, la baliza de entrada al muelle. La actual, cilíndrica, sustituye a la original, octogonal y construida en 1905, también llamada La Farola, y que fue demolida para hacer esta, de hormigón blanco y antes sin este vivo colorido 


El Paseo de la Grúa fue así llamado por una grande y costosa grúa eléctrica sobre raíles instalada en 1957 para carga y descarga de barcos, básicamente de mineral, fue desguazada en 1989 cuando el puerto de Ribadesella/Ribeseya dejó de tener estos tráficos, ya desaparecido el puerto comercial


Caminando ahora en dirección sur-suroeste tenemos una muy buena vista del Arenal de Santa Marina y, más allá, los barrios del Puente del Sella, al otro lado del gran meandro que forma la ría en su desembocadura


La construcción de un puente metálico sobre el Sella en 1898 permitió la rápida colonización de este arenal, donde antiguamente los balleneros despiezaban o escarniaban a los grandes cetáceos que, hasta el siglo XVII, abundaban en esta costa y eran centro de una gran industria. Un lugar con suficiente espacio para proceder, con soltura, a todas las operaciones necesaria para el aprovechamiento de su carne, grasa, huesos, etc. 


Aquí estuvieron la Casa de las Ballenas, donde el Gremio de Mareantes guardaba sus enseres balleneros, la capilla de Santa Marina, también de este gremio, y la Caseta de la Barca, donde llegaba la barca, también de los mareantes pero que solían otorgar a una familia para su explotación, por la que se pasaba a la gente de una a otra orilla antes que existiese el puente, que enlazaba con el Camín Real de la Costa, el cual discurría por una estrecha franja de terreno en medio del arenal detrás de la primera línea de casas, la actual calle Ricardo Cangas


En primer puente sobre el Sella fue una pasarela de madera, en 1864. Un poco más al sur, donde ahora reconocemos el viaducto de la Autovía del Cantábrico (A-8), existió otro paso fluvial, el de la barca de L'Alisal a Lloviu, que empleaban también antaño muchos peregrinos y viajeros en general, al considerarla más segura, aguas arriba y de más estrecho vado, que las expuestas aguas de esta bocana. Fue empleada por Carlos de Flandes y su nutrido séquito en su improvisado periplo por estas tierras en 1517 y estuvo en funcionamiento, ya para vecinos y trabajadores de las talas de madera, hasta 1968


La construcción del puente de hierro auspició que la Marquesa de Argüelles, poderosa dama pionera del turismo local, adquiriese a buen precio los terrenos frente a la playa, construyese su palacio principal y vendiese otros lotes a la burguesía indiana y aristocracia, tanto asturiana como gallega, leonesa, madrileña, etc., aprovechando que estaba empezando a ponerse en auge, al principio entre las clases más pudientes, lo que ahora llamaríamos turismo y en concreto turismo de playa


Además del primer chalet la marquesa construyó también los primeros adosados en el edificio que sería llamado El Hospitalillo por su similitud constructiva con los hospitalillos de empresa de la época. Eran seis, edificados entre 1905 y 1910, pero dos fueron destruidos en la Guerra Civil


Uno de aquellos palacetes indianos construidos en los lotes vendidos por la marquesa y también en primera línea de playa, es el Chalet de Llano, así llamado por ser su primer propietario Miguel Llano Margolles, emigrante a México, con proyecto de 1922 del arquitecto Miguel-García Lomas


A la derecha de la foto es el Chalet Piñán, del año 1911 y diseño del arquitecto Juan Miguel de la Guardia para el leonés emigrante el Cuba Luis Piñán. Sigue el eclecticismo francés en sus detalles artísticos y arquitectónicos y hoy es el Albergue Juvenil Roberto Frasinelli, no exclusivo de peregrinos pero donde se les acoge gustosos


Dado que el Camino oficial pasa detrás de ellos, pues es la calle Ricardo Cangas sucesora del Camín Real, hablaremos oportunamente de ellos cuando pasemos a su lado. Bien es verdad que nosotros optaremos por seguir el paseo de la playa, Paseo de Agustín de Argüelles Marina, siempre a la vista del arenal, pero por las calles transversales nos desplazaremos cada poco a ver las fachadas principales de estos destacados edificios, que miran al sur, a la citada calle


Este es el Chalet Verde, de gran historia, pues está vinculado a la histórica Fundación Ruisánchez por iniciativa de Avelina Cerra, que da nombre al instituto al otro lado de la calle, calle continuidad de la de Ricardo Cangas que lleva el nombre de su marido, Dionisio Ruisánchez, quien dispuso testamentariamente la creación de esta fundación. Pero antes había estado aquí la fábrica de sidra de los hermanos Blanco, la que se tiene por precedente industrial riosellano, fundada en 1880, cuando aún no había ningún chalet y en el río aún estaba el puente de madera


Y es que en un primer momento, Santa Marina pudo haber sido un barrio industrial antes que residencial. Detrás, el Ríu San Pedru, afluente del Sella, era navegable y por él entraban pequeños barcos a las conserveras de Benito Suárez Rodríguez, fundada en 1900, y a la de Izarieta-Aguigorriaba y Cía, esta en 1902. Es más, en 1906 se presentó el proyecto del Ferrocarril de las Cinco Villas, que la final no se llegaría a construir, pero arrancaría desde detrás de la antigua fábrica sidrera


Y este es el Chalet de Antero Prieto, otro trabajo de Miguel García Lomas Somoano. Espléndida residencia veraniega para este emigrante de la vecina Caravia que hizo fortuna con el negocio del tabaco en Cuba. Cuando regresó a España se asentó en Madrid pero compró esta parcela a los marqueses de Argüelles y edificó aquí su vivienda de veraneo.  La quinta pasó en 1946 a Bernardo, Antonio y Celestino Uría Aza, hermanos riosellanos autores de las famosas pinturas de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, que tuvieron aquí su casa-taller


Villa Rosario, que actualmente es el hotel que lleva su mismo nombre. El arquitecto José Quesada Esplugas, del que no se conocen más obras de relevancia, a no ser la funcional de la Escuelas Graduadas de Cangues/Cangas de Onís, pero aquí hizo gala de su maestría, la diseñó en 1914 para el indiano cangués, también afortunado con las empresas tabaqueras cubanas, Antonio Quesada González, quien como era costumbre extendida, le puso el nombre de su mujer


Entre sus llamativos detalles está el del colorista tejado de su torre


Cuando se aprobó el proyecto de urbanización del Arenal de Santa Marina, obra, como el del ensanche de Ribadesella/Ribeyesa, del arquitecto Darío de Regoyos Molenillos, padre del pintor Darío de Regoyos, se estipuló fuese esta una ciudad-jardín residencial y turística, trasladándose entonces las industrial existentes al casco urbano, precisamente a esas zonas del ensanche y otros terrenos ganados a la ría


Y esta es Villa Argentina, que tiene una historia peculiar, era de José Rodríguez Rey, indiano gallego, nacido en Pontevedra, de los primeros que compró terrenos a la Marquesa de Argüelles, y que hizo en 1910 una primera casa, a la que llamó Villa Buenos Aires, reformando y ampliando la de una casería preexistente, grande pero de gusto urbano tradicional, donde antes hubo una casería. Es la que vemos asomar un poco a la derecha, al lado de la palmera. Pero cuando al lado se construyó Villa Rosario pensó que habría de ponerse a su altura y en 1923 mandó edificar esta en la misma parcela, reproduciendo exactamente otra villa que tenía en Berbes, al oeste del concejo (paso también del Camino Norte), encargando para ello al mismo arquitecto, Miguel García-Lomas Somoano


De diferentes épocas y estilos, los palacetes, hoteles, chalets (en el sentido clásico y en el actual) y demás tipologías de viviendas en esta primera línea del arenal, tienen todos su fachada principal orientada al resguardo del sur, pero sus galerías y miradores al norte, al mar. Leemos en la Gran Enciclopedia Asturiana (voz Ribadesella del tomo 20):
"... destaca la urbanización del Arenal o playa de Santa Marina, zona de expansión de la villa tras la construcción del puente de hierro en 1898. Desde entonces se coinvierte en el centro de atracción constructiva, utilizándose para ello el criterio de ciudad jardín, en paralelo a la línea de costa, que procede de de los trazados urbanísticos del sur de Inglaterra y costa francesa, muy apropiado para asentamientos de residencias de verano, El fenómeno del veraneo, en boga a partir del siglo XVIII, y la belleza del entorno, provocó un progresivo asentamiento de familias acaudaladas, no sólo asturianas, sino de Madrid y otras provincias. En esta urbanización podemos encontrar interesantes chalés y hoteles, según el término de la época, en los diferentes estilos de moda en el momento, desde el beaux arts francés, al pintoresco cottage, el alpino y el montañés"

San Bruno y a la izquierda La Casina. Detrás la pared acantilada de El Picu, al sur del macizo de Ardines, famoso por sus cuevas prehistóricas


También detrás, al pie del monte y entre este y el río San Pedro, la carretera N-632, otra de las novedades viarias y urbanísticas del transformador siglo XIX. Llamada en 1860 carretera de Ribadesella a Pravia, pasa en 1877 a ser de Ribadesella a Canero y en 1940 la N-632, sustituyó al camín real como la más importante vía de comunicación de vehículos, los primeros aún de tracción sangre. El más que milenario Camín Real de la Costa quedaría relegado, según el caso, a camino vecinal, vía pecuaria o, como aquí, calle interior de un nuevo núcleo urbano. A la izquierda de la foto Villa Santa Marina


Otro precioso conjunto en el que alternan diversos estilos y gustos constructivos, destacando las galerías, formando todo un cuerpo añadido, de las dos casas de la derecha. Más atrás, la carretera AS-341, que enlaza la N-632 con Sebreñu y El Carmen, frente al Café Boulevard, en la orilla del río


A la derecha Villa Somos. En la página de Turismo de Ribadesella encontramos esta descripción de la primera urbanización de la ciudad Jardín de Santa Marina, hasta la Guerra Civil:
"Durante los primeros años del siglo surgió alineado con el paseo marítimo uno de los conjuntos arquitectónicos más interesantes y bellos del territorio asturiano.

Hermosas construcciones, conocidas como Casonas, Palacetes, Palacios o Chalés de Indianos. Construcciones de estilo colonial y vistoso, excesivamente ornamentadas.

También dentro de esta categoría entran las conocidas como casas de verano o de recreo. Fueron construidas por gente adinerada que no necesariamente pertenecieron a la clase popularmente conocida como Indianos. Familias de dentro o fuera de Asturias que buscaban las beneficencias del Arenal de Santa Marina. Y que fueron conociendo la zona debido al importante crecimiento turístico de Ribadesella.

Todas ellas se pueden englobar dentro de tres periodos constructivos. El primero entre el 1905 y 1912. El segundo entre el 1912 y 1922 y el último entre 1922 y 1936 con el inicio del Guerra Civil."

Las farolas estilo marinero jalonan nuestro recorrido y hacen de este trayecto un recorrido especialmente romántico al atardecer, para ver las impresionantes puestas de sol sobre la ría y la bahía


Otro giro completo, y unas escaleras, vienen ahora, dando vista a esta playa que, según el gusto de su tiempo, tuvo también un balneario, construido por iniciativa, cómo no, de la Marquesa de Argüelles en 1910, ofertándose baños de mar, yodo y algas


Fijémonos en el desnivel que salva este camino por la pared acantilada. Luego de unos peldaños, sigue la bajada por esta bella senda enlosada, alternado rampa y escalones


Y llegamos así a los antiguos edificios portuarios de El Farín de la Grúa. Hasta aquí llegaban las yuntas de bueyes que, antiguamente, hacían de tiro remolcando los buques hasta este lugar, donde una trainera sustituía a los animales y arrastraba los barcos de transporte de carga y pasaje, veleros bergantines y similares, hasta que desplegaban sus velas en el mar. Fijémonos en el ancla enfrente de la casa de la izquierda...


Es el Monumento al Marinero, con una placa a sus pies y una poesía de Alfonso Camín referida a Ribadesella/Ribeseya:
¡Villa trocada en navío
no sabremos al despertar,
si el bajel penetró en el río
o ha tendido la vela al mar!

Tal era su importancia, que el Paseo de la Grúa fue por donde empezaron las obras del nuevo puerto riosellano en 1784, arrancando de la población y por donde acabaron en buena parte, llegando a su final en 1854, aunque en realidad habría importantes trabajos durante tres décadas más. Era un camino de sirga, como se le llamó originariamente, es decir, de arrastre o remolque de barcos desde tierra, al ser la sirga el tipo de cuerda empleado en estas maniobras. Los bueyes de tiro trabajaban también en las faenas de carga y descarga hasta que se adquirió la grúa sobre raíles que dio nombre al paseo


El Farín de la Grúa tiene 8 metros de altura y está rematado en balconada, con escalera y barandilla, pintadas de rojo, como su remate posterior, siendo roja también la luz, sobre un mástil. Su alcance es de una 5 millas náuticas. Da nombre a los premios Farín, que otorga anualmente la Asociación de Amigos de Ribadesella


Esta parte del puerto es la conocida como El Muelle, considerada como la mejor rematada fue dedicada especialmente en los trabajos de carga y descarga de mineral hasta el final definitivo del puerto comercial. Esta es su historia, contada por el profesor Ramón Capín Rama en Breve historia del puerto de Ribadesella (La Nueva España 23-1-2008):
"Con el fin de facilitar los trabajos de carga y descarga, en 1957 se comienza a construir una grúa en el puerto cuyo coste alcanza los tres millones de pesetas (18.000 euros); el periódico local «Somos» se hacía eco de este acontecimiento el 9 de junio de 1957: «Desde hace unos días se monta una potente grúa eléctrica, sobre raíles, en nuestro muelle, que será utilizada para la carga y descarga de barcos. Esta grúa está accionada por cuatro motores eléctricos. El peso total de ella es de 104 toneladas. La instalación de la grúa señala un avance para las actividades portuarias y facilitará enormemente los trabajos».

Hasta finales de la década de los años setenta, en Ribadesella continuó habiendo actividad portuaria de estiba. Navíos procedentes del Báltico venían con cargamentos de madera, y se exportaban minerales como el manganeso de Buferrera en Covadonga, el carbón de Solvay y Cía. en Lieres, la calcita de El Pico y Collera y la fluorita de Caravia y Berbes. A finales de los años setenta, los trabajos portuarios desaparecieron en favor de puertos más desarrollados como Gijón y Avilés. La grúa del mineral se desguazó en 1989 y se vendió como chatarra."

El gran problema del puerto era el de la enorme sedimentación fluvial, lo que ocasionaba un grave impedimento para la entrada de grandes barcos. Cada cierto tiempo se dragaba pero los depósitos seguían y siguen acumulándose tanto en la bahía como en la barra


En su momento se barajó hacer un gran puerto exterior, con un largo dique que, saliendo de La Punta'l Pozu, allá donde acaba el paseo de Santa Marina bajo el Monte Somos, guardase la concha paralelo a la playa, pero nunca se realizó, como nunca de hizo la proyectada carretera a Castilla por Sahagún de 1782. 


La competencia de los puertos gijonés (primero el local y luego El Musel) y el avilesino, próximos a las cuencas mineras del Nalón y el Caudal, constituyeron un serio obstáculo a la creación aquí del gran puerto de Asturias, y tanto este como su eje viario se configuraron en esa dirección, así como la comunicación con la meseta, quedando el riosellano relegado a únicamente muelle pesquero y deportivo


El viejo puerto ya había comerciado en la Edad Media con rutas que abarcaban desde el Mar del Norte hasta África incluyendo Atlántico y Mediterráneo. Es más la puebla medieval empezó llamándose Santa María Magdalena del Puerto al haber sido fundada sobre 1270 por Alfonso X El Sabio sobre una villa portuaria preexistente o portus que además tenía sales o salinas, indispensables para conservar la pesca (si bien más adelante se prefirió su importación). Por ello, había grandes esperanzas cuando se construyó este nuevo puerto cuyas obras se dilataron realmente todo un siglo, desde 1784 a 1883, con sus correspondientes parones, el más importante el acaecido durante la francesada o invasión napoleónica


Pero con la finalización de este camino de Sirga en 1854 la navegación se vio altamente favorecida, llegando en 1859 a ser puerto de tercera categoría y ser habilitado para el comercio con las Américas y las líneas de pasajeros, salida inmediata a tantísimos emigrantes: Sigamos leyendo a Ramón Capín Rama cuando dice:
"Durante el siglo XIX, el aumento demográfico en el Principado de Asturias no se veía complementado con la producción agrícola, por lo que muchos jóvenes deciden emigrar a las colonias americanas en busca de trabajo y, también, como medio de librarse de las levas militares (recuérdese que en este siglo, además de la guerra de Independencia, tuvieron lugar las tres guerras Carlistas). De este modo, los viajes transatlánticos van a verse incrementados, y Ribadesella aportará su importante grano de arena a esta situación.

Varias fueron las naves que hicieron la ruta de las Américas, especialmente a Cuba. Es el caso de las corbetas «Tuya» (la primera, con 47 pasajeros), «Flora», «Angelita», «Villa de Gijón» y «Eusebia». Esta última, según relata Guillermo González, fue protagonista de un lamentable suceso: el mal trato dispensado a los pasajeros generó grandes protestas, por lo que tramaron hundir la corbeta una vez que fondeara en Ribadesella; enterados los armadores, decidieron atracar en Avilés, frustrando así el complot. El «Eusebia» nunca volvería a Ribadesella. También estaban la goleta «Julia», las fragatas «Paquita» y «Perla», y los bergantines «Flavia», «Villa de Avilés», «San Mamés», «Juanita», «San Andrés», «Favorita», «Francisca», «Peñacastillo», «Ría del Eo» y, sobre todo, el «Habana». Este último velero realizó la travesía de Ribadesella a Cuba desde 1862 hasta 1872, por lo que se convirtió en un barco emblemático en la historia local. Consecuentemente, pasaría a formar parte del escudo riosellano, junto con la Cruz de la Victoria de don Pelayo."

El bergantín Habana fue, efectivamente, un símbolo en sus doce años de singladuras. Aparte de la trascendencia social, económica, cultural y hasta la muy sensible emotividad causada por la emigración de tantos hijos, padres y hermanos (casi siempre hombres pero ciertamente hubo también mujeres), estaba la del símbolo del final de la llamada navegación romántica, la de los grandes veleros, que se resistieron hasta finales del siglo XIX y primeros del XX a sucumbir ante el vapor:
 "A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX e incluso entrado el XX, los veleros irían desapareciendo gradualmente en favor de los vapores, aunque no sin competir en carreras de velocidad durante décadas. Además del «Guipúzcoa» ya mencionado, otras vaporas realizaban cabotaje en Ribadesella; es el caso del «Elvira» y el «María Luisa» (que embarrancaron en la playa), la «Zaldupina», el «Cuatro», el «Comercio», el «Salinas», la «Milagrosa», la «Marina», la «Lubina», el «Tostón», el «Cayarga», el «Alberto»É Llegaron a contarse hasta doscientas vaporas"

Esa época coincidió con la aparición de la industria turística en este arenal, que fue llenándose de mansiones veraniegas, el denominado Barrio Residencial del Arenal que impulsó la Marquesa de Argüelles y trazó de Regoyos Molenillo. Primero linealmente ante el mar y con cierto espacio entre casonas, palacetes, chalets de indianos, así como hoteles y otras viviendas residenciales, más o menos suntuosas, de gentes adineradas, no necesariamente indianos o aristócratas, sino otros miembros de la burguesía industrial, cargos directivos de grandes empresas, artistas de renombre y demás personalidades de cierta relevancia


La Marquesa de Argüelles, tras adquirir terrenos y hacer el primer chalet: el de en medio de la foto, desde transformado en hotel y con un enorme bloque de habitaciones añadido posteriormente a su derecha, no dudó con su influencia en acometer su promoción, y por todo lo alto, invitando a su quinta nada menos que a la familia real española el verano de 1912. El historiador Juan Carlos De la Madrid lo describe en su obra Aquellos maravillosos baños. Historia del turismo en Asturias:
"Una playa no era la misma si se sabía que un miembro de la casa real la había elegido para su veraneo, para consumir su tiempo libre, para realizar alguna cura o para el mejor de los paseos. Otros veraneantes de excepción llegarían detrás. Posiblemente con la cartera repleta. Y el resto se dejaría caer, si podía, para decir que había estado allí, aunque sólo hubiese conseguido atisbar una lejana pamela, defensa solar de la blanca tez una testa coronada."

La excusa fue un campeonato de tiro de pichón que organizaba la marquesa y al que Alfonso XIII, gran aficionado, acudió encantado. No fue una larga estancia, las horas del campeonato y poco más, pero despertó inmensa expectación social, incluyendo prensa con su correspondiente despliegue gráfico y fotográfico, pues no era normal ver a un rey por estos andurriales, si bien es verdad que, con las novedades del naciente turismo playero, ya se prodigaban en visitas por otras villas cantábricas. Sigue De la Madrid:
"Con el arma al brazo llegó hasta Ribadesella el rey Alfonso XIII, dispuesto a participar en un concurso de tiro de pichón organizado por la marquesa de Argüelles aquel mes de julio. No era la villa donde el Sella muere una capital a la moda, como Santander o San Sebastián, pero tenía a los marqueses de Argüelles, cuyos contactos en Madrid iban, desde los apellidos titulados de más ringorrango, hasta la misma casa real. Para ellos habían inventado la playa de Santa Marina, saltando el río lejos del pueblo más viejo, y llegando a la misma confluencia del agua dulce y el agua salada. Allí se apropiaron de terrenos públicos o desecaron marismas por cantidades irrisorias y, con todo lo conseguido, empezaron a trazar las líneas maestras de una playa exclusiva, el arrabal elegante nacido al otro lado del puente de Ribadesella"

El rey no ganó el concurso pero aquellas horas fueron fundamentales para la configuración de Santa Marina como espacio residencial al más alto nivel, tal y como ocurría cuando la realeza visitaba alguna localidad y se hospedaba, o simplemente visitaba, la casa de algún magnate local, con su enorme séquito, en este caso de casi cien coches, por carreteras por las que raro era pasase ninguno, solamente carros, carretas, diligencias y caballerías, aparte de viandantes claro:
"Y empezó el concurso. A diez pichones. Todos los que consiguió matar el joven ovetense Carlos Latorre. Don Alfonso XIII era un consumado tirador, usaba escopetas de precisión que le fabricaba en Éibar Víctor Sarasqueta. Sin embargo algún pájaro se le escapó vivo. No era lo mismo tirar en la Casa de Campo que en la casa de los Argüelles. Fuera por todo eso o por la mala suerte, es lo cierto que perdió el concurso y la copa de su amiga la marquesa. Quien se fijara en los caminos pensaría lo contrario. No había más que ver cómo la entrada a Ribadesella y el recorrido de la comitiva regia, especialmente Colunga y Villaviciosa, estaban llenas de una multitud que mostró su entusiasmo en la ida y esperó a mostrarlo en la vuelta. Muchedumbre asombrada al ver una caravana de casi un centenar de coches levantando polvo por unas carreteras poco acostumbradas a tanta rodada."

Y concluye Juan Carlos De la Madrid con el final de la jornada, tras comer, la nutrida comitiva real emprende el regreso. No volverían, pero ya la primera importante promoción del lugar estaba hecha. Pronto llegarían los compradores de terrenos o los primeros clientes de los primeros hoteles:

"Después, «lunch». A eso de las 18.30, toda la expedición volvió a Gijón para embarcarse en el «Giralda». Los adioses fueron por cuenta de la banda del Regimiento de Burgos, que dio la salida al Rey entonando su «Marcha real». El himno de todos. Y los pañuelos de las damas de la colonia riosellana volando para decir adiós al jefe del Estado y al caballero galante del que habían disfrutado en aquella singular y playera ocasión. Una memorable tarde en la que rey se puso a tiro de los de Argüelles, sin ser el mejor tirador de pichón, pero acertó en la diana de la publicidad para aquella nueva playa de nadar y guardar la ropa"


Tras aquello, la primera urbanización residencial de Santa Marina se realiza en varios periodos, un primero el de la marquesas y otros pioneros entre 1905 y 1912, un segundo que va de 1912 a 1922 en el que lo residencial se consolida frente a lo industrial y un tercero en el que se pone de moda definitivamente pero es truncado en 1936 de manera radical por la guerra y la posguerra


Tras la posguerra, arranca hacia 1960 el periodo del desarrollismo y continúa unas dos décadas, llegando a cubrirse incluso el hasta entonces navegable río San Pedro en su desembocadura para poder construir encima, desaparece la ermita de Santa Marina, se parcela totalmente y se construye prácticamente por entero entre el paseo marítimo y la orilla del río, incluso bloques de pisos


Luego ya tendríamos otra fase más, u otras dos, la primera las de las colonias de adosados de los años 80 y 90 del siglo XX, con lo que queda ocupada toda la franja marítima hasta el Monte Somos. Seguidamente a ello aún se crecerá por el valle del San Pedro arriba con nuevas urbanizaciones lineales que, en Los Porqueros y ya alejados de la playa, se materializan en nuevos edificios de plantas y se abren nuevos accesos desde la N-632


Y aquí, enfrente de La Punta L'Arenal, cuando tras un último recodo el Sella sale al mar, está el origen de todo, el Chalet de la Marquesa de Argüelles, el primero que se construyó en este lugar, y que en origen contaba hasta con su propio embarcadero. María Josefa de Argüelles era hija de la emigración, nacida en Cuba, su padre era el potentado indiano Ramón Argüelles, natural de la llanisca parroquia de Pría, enriquecido con los negocios ferroviarios y tabaqueros, y al que Alfonso XIII había concedido el título de Marqués de Argüelles, en reconocimiento a sus aportaciones al ejército español durante la guerra de la independencia de la isla


María, como la solían llamar se casó en 1883 con el también llanisco, del Palacio de Villah.ormes, con Federico Bernaldo de Quirós y Mier, aristócrata de recio abolengo pero de una fortuna ida a menos, siendo un estilo de matrimonio no infrecuente en la época, en el que uno aporta los títulos y otra el desahogo económico.


Se dice que la marquesa, aunque con otro importante palacio en Llanes, se volcó más con la villa riosellana al no recabar muchos apoyos allí la carrera política de su marido y sí más en Ribadesella/Ribeseya, por ello, cuando salió diputado a cortes por el distrito que por entonces englobaba ambos concejos, el matrimonio decidió promocionar aquí sus empresas turísticas y eventos sociales, construyendo en frente al Arenal de Santa Marina esta su residencia principal, la cual sería además el centro de sus numerosas empresas


En 1962 se reforma para ser el Gran Hotel del Sella, inaugurado por los hermanos Segundo, Pablo y José González tras comprar el chalet en 1961 a la nieta de la marquesa, abriéndolo ya al verano siguiente. En 1966 se realizaron ampliaciones y es entonces cuando se le adosa este enorme edificio, para pasar de 17 a 72 habitaciones en lo que fue su magnífica cancha de tenis. En esta y otras reformas se transformó el antiguo estanque del jardín en piscina de agua salada salada y se hizo un aparcamiento subterráneo, entre otras cosas


Del edificio primigenio es esta la fachada marítima la más transformada al habilitarse para hotel. Elemento original que vemos parcialmente desde aquí es su gran torre cuadrada en una esquina, profusamente adornada con motivos florales, que domina todo el entorno de la desembocadura y la playa. Elchalet es un proyecto de 1904, acabado en 1911, del arquitecto Juan Álvarez de Mendoza y Ussía 


Y así y antes de 1910 ya había seis chalets en Santa Marina, cuatro de ellos en esta calle de Ricardo Cangas frente al mar, y uno, el de la izquierda de la foto, auspiciado por la misma marquesa-empresaria para su alquiler. María no era exactamente una hotelera pero sí tenía buen ojo para los negocios y más de esta índole


Al llegar al Paseo de la Grúa y ya caminando en llano, nos fijamos en una franja empedrada con cantos rodados que recorre todo el suelo al borde del agua: estaba hecho para que los bueyes del camino de sirga, cuyo tiro remolcaba los barcos, no resbalasen. Es un detalle que se conserva en no pocos lugares. Mismamente cuando el peregrino entre en Avilés y enfile el casco histórico lo hallará en alguna de sus calles


Recorriendo el paseo y siguiendo el contorno de la ría, seguimos admirando el Gran Hotel El Sella y recordando a la marquesa por excelencia, de la que compartimos parte de la semblanza que encontramos en la sección Turismo y en el apartado Rutas Urbanas de la página del Ayuntamiento, dedicado a la ruta de Les Muyeres riosellanes:
"La señora murió jarta de tó". La "señora" era María Josefa Argüelles Díaz, marquesa de Argüelles; "tó" eran los banquetes, fiestas y placeres mundanos de los que no se privó en vida; la expresión literal fue de una de sus sirvientas, con la hache aspirada natural del Oriente de Asturias.

La marquesa, era de corta estatura, menuda y con gran temperamento, evidenciado en el mundo de los negocios, ya que era una mujer activa y emprendedora, dotada de astucia e intuición singulares. Por otra parte era sociable, alegre y simpática lo que hacía que tuviera una intensa vida social, codeándose con la aristocracia, burguesía, la clase política y por supuesto, la Familia Real. Se decía de ella, que era una mujer liberada, nada remilgada y con una dinámica vida afectiva (...)

Es indudable el protagonismo de María en los negocios turísticos emprendidos en la costa oriental asturiana, pese a que la historia diera protagonismo a su marido, ya que ella pondría la fortuna, las ideas e iniciativas económicas y las relaciones sociales. Sin embargo, la condición de varón permitía el acceso a los consejos de administración de las empresas, al ejercicio político y a la concesión de propiedades públicas, vetado a las mujeres.

La marquesa es la responsable del proyecto turístico riosellano en primera línea de la playa de Santa Marina, donde hoy se levantan magníficos chalés, por ello se nombró hija adoptiva y predilecta del concejo de Ribadesella en el año 1912 en su papel de promotora del turismo estable y de élite en Ribadesella.

La visita de Alfonso XIII en 1918, fue una hábil estrategia de la marquesa para promocionar a nivel nacional el emergente barrio de veraneo de la playa de Santa Marina. 

"Los marqueses de Argüelles, que puestos a organizar fiestas sabían hacerlo y lo hacen siempre regiamente, habían dispuesto todos los detalles para que la visita le resultara al Monarca deliciosa. El largo trayecto de carretera que desde la general conduce al magnífico chalet de los marqueses y a la playa, se hallaba engalanado artística y  vistosamente con guirnaldas de flores, gallardetes, banderas y escudos. A la entrada del puente había un arco del Ayuntamiento con la dedicatoria "Ribadesella a S.M. el Rey".

Esta parte del puerto que abarca el Paseo de la Grúa era llamada El Muelle y estaba destinada al tráfico más pesado, el de minerales como hemos dicho. Las obras comenzaron en 1784 desde el antiguo barrio de pescadores de L'Aguda, en La Ribera, el antiguo puerto pesquero. Luego, en 1856 y al finalizarse, Darío de Regoyos Molenillo trazó el plano del ensanche, en terrenos ganados al estuario para el nuevo puerto y rellenados, los cuales fueron construyéndose poco a poco, principalmente con capitales indianos


En los años de la II República se acometieron más obras de importancia en La Ribera, se ganó aún más terrenos y se construyó el edificio de la rula de pescadores, año 1933, La reforma abarcó también a El Muellín, más ala derecha y a toda la ribera de El Portiellu hasta las marismas de El Cobayu, ya al sur del Sella


En el Paseo de la Grúa está la Ruta de la Mitología Asturiana, con placas que por su anverso y reverso muestran textos de Xandru Martino e ilustraciones de Alberto Álvarez Peña sobre varios entes y personajes de la mitología asturiana, este primero es el dedicado a la güestia o tétrica procesión de almas en pena. Las leyendas y representaciones de la misma suelen coincidir básicamente en sus apariciones nocturnas, anunciando la muerte de determinadas personas o reclamando a los vivos asuntos que quedaron pendientes en vida


Les serenes, las sirenas de las costas y el mar, mujeres con cola de pez que viven en los pedrales y que atraen a los marineros con sus irresistibles cantos hacia los escollos, causándoles la desgracia. Aunque no siempre es así, a veces tienen hijos con ellos y son el origen de familias y linajes. Pueden llegar incluso al interior remontando los ríos. De ellas y de otros seres mitológicos hemos hallado y hallaremos en el Camino leyendas que explican muchas más características concretas según cada caso


El pesadiellu, la manona, una gran mano peluda que oprime el pecho a los que duermen y a la que se atribuyen terrores nocturnos y pesadillas. También puede hacerlo a la gente despierta que se adentra en lugares oscuros, cuevas principalmente, buscando tesoros. Existen abundantes estudios y referencias sobre todos estos mitos y lugares de sus apariciones y tradiciones, así como estudios sobre las narraciones, testimonios, modelos de leyendas y temores o sentimientos y sensaciones a los que evocan. También sobre sus posibles orígenes en creencias precristianas y su coincidencia con otros mitos similares europeos y del resto del mundo, tanto en lo vinculado a cada ente en concreto como a sus historias


El diañu burlón, al que se representa como un diablillo aunque adopta la forma de animal o de ser humano, engañando a los humanos, normalmente y por ejemplo, como un caballo que se aparece por algunos oscuros caminos al que monta algún mozo que acaba derribado, o un cabritillo al que se recoge perdido y, una vez echado al hombro, no para de crecer y crecer hasta que su peso hace caer al que lo transporta, siempre rematando su fechoría con tremendas carcajadas. Muchos de estos personajes tienen varios nombres y sus obras y aspecto pueden variar según cada informante, aunque también muchas coincidencias 


Al ir avanzando vamos viendo más y mejor la fachada marítima de la villa riosellana, fruto del ensanche, bajo las colinas de La Cuesta y a lo lejos los cordales costeros de La Peñe les Pandes a la izquierda y a la derecha el Mofrechu y sus serranías de Escapa, Cuana, Santianes... el techo del concejo con sus 897 metros de altitud


A la izquierda y sobre el Paseo de la Grúa las casas del camino que, desde la ermita de Santa Ana, detrás de los edificios de la derecha, sube a La Guía por la ladera del Monte Corberu o L'Atalaya, que hemos empleado saliéndonos del itinerario marcado por el Camino Norte, pero al que ahora regresamos


La Cuesta, donde se realizaron diversos hallazgos de época romana. La población nunca estuvo amurallada y basaba su defensa en los accidentes geográficos naturales de las alturas que lo rodean y en la misma ría. Para reforzar esa protección orográfica se construyeron desde tiempo inmemorial baluartes, fuertes y castillos a lo largo de esos promontorios, reforzados y reformados a partir del siglo XVI ante las continuas amenazas de las guerras contra Inglaterra, Holanda y Francia, además de al tener que habilitarlos para los nuevos ingenios artilleros como emplazamientos de baterías de costa, al generalizarse el uso de la pólvora


Con la concesión de la carta puebla la naciente villa será territorio realengo que dependerá directamente de la Corona sin vasallaje ala nobleza feudal, lo que favorecerá a su puerto y mercado semanal, que se nutrirá también de las mercancías que entran tanto por el puerto como por los viejos caminos reales de la costa y del Sella. La sal, fundamental para la conservación de alimentos, llegará a ser por entonces el principal tráfico portuario y fundamento de una industria salazonera antecesora de las conserveras


La ballenas, que se despiezaban y preparaban en este arenal, eran una industria especialmente potente de la que vivía directa e indirectamente mucha gente. A pesar que la villa volvió a caer durante siglos en la órbita del feudalismo, su relativa prosperidad gracias al puerto y mercados, con sus naturales altibajos, le permitió ir haciendo frente  aquella demasiado prolongada situación


El final del siglo XVII, sino antes, constituyó un periodo de crisis ante la extinción de los grandes cetáceos de los que tanto dependía la economía de estas villas y puertos cantábricos, pues gran parte de la misma giraba en torno a ellos. Así llegados al siglo XVIII el Gremio de Mareantes, nacido a finales de XVI para velar por los intereses marineros de la población, hizo valer la idea de hacer un nuevo puerto, y en 1721 se realizan las primeras gestiones ante las autoridades. Se elaboraron planos y proyectos y se pagaron para ello planos y arquitectos, pero las obras no comenzaron, al menos de manera oficial y autorizada, hasta 1785, con el amparo del mismo Carlos III. Otra cosa es cómo avanzasen efectivamente


Tal y como vimos en otras entradas de blog, las obras avanzaron pausadamente y con altibajos. En 1751 se había declarado a Ribadesella/Ribesella capital de provincia marítima, como lo era Avilés en la otra parte del litoral asturiano, pues ambos habían sido considerados por entonces los más importantes puertos asturianos. Pero en 1789 se decide establecerla en Gijón/Xixón, que ya se configuraba como el gran puerto de Asturias. Las obras riosellanas, si bien continuaron, quedaron paradas con la francesada pero luego reanudadas a buen ritmo


En 1854, al rematarse el Paseo de la Grúa se empieza a construir en la gran explanada del nuevo puerto, los terrenos de la Nueva Población. Sus nuevas calles y edificios, junto con las ampliaciones portuarias de los años anteriores a la Guerra Civil constituyen la actual fachada marítima. Se dice que un gran impulsor de aquellas obras fue el diputado riosellano Agustín Argüelles, llamado El Divino por su oratoria, padre de la Constitución de 1812 en las Cortes de Cádiz y que llegaría a ser tutor, entre 1841 y 1843, de Isabel II, la última minoría de edad


Si bien aparece 1854 a veces como la fecha de remate de las obras del nuevo puerto al estar ya operativo el camino de sirga y preparado en ensanche, estas no terminarían realmente hasta 1883, creándose un puerto con capacidad para entre doce a catorce buques de 300 toneladas a flote y unos sesenta barcos menores varados sobre el fango en las bajamares. Pero esta bocana curvada, lo mismo que es una protección es un inconveniente, pues siguió siendo peligrosa para la navegación, máxime al haberse estrechado a raíz de estas obras. El historiador Juan José Pérez Valle lo explica así:
«La zona encalmada de vientos que originaba el monte de Guía, unido a las olas del mar y a las posibles crecidas del río, hacían en algunas ocasiones tan ingobernables los buques que éstos podían acabar en el sable de Santa Marina si previamente no se les echaba un cabo desde tierra y, a la sirga, llevados (sic) hasta el fondeadero»

Y aquel camino de sirga, que luego fue de grúa, pasó, con la decadencia portuaria, a ser el símbolo del relevo turístico. No podemos por menos que recordar al profesor Ramón Capín Rama cuando escribe:
"El antaño prestigioso puerto de Ribadesella se ha convertido hoy en una dársena de pesca ubicada en los muelles de la villa y, asimismo, en un floreciente puerto deportivo con los pantalanes del muelle de la playa. La Ribera o «Alcantarillón» sigue siendo utilizada como zona pesquera, las maderas del Muellín se han transformado en el paseo Princesa Leticia, y los minerales del muelle han dado paso al placentero paseo de la Grúa.

¿Acabará un día todo transformado en mera zona de recreo?"

Lo que no se ha acabado es la Ruta de la Mitología Asturiana, restaurada y ampliada en el año 2011 y que constituye otro de los grandes alicientes por los que recomendamos al peregrino, visitante, caminante o excursionista, disponga de algo de tiempo para conocerla y disfrutarla


Este es el nuberu, tal vez como de la xana y la serena, sea del que hablemos más abundantemente en buena parte del Camino, pues sus noticias se repiten acá y allá, máxime según nos aproximamos al Sueve, mítica montaña donde dicen suele posarse y otear los campos a ver donde arroja sus tempestades con granizadas mientras los vecinos se organizan para esconxurar a este genio de las nubes, a veces presentado como un gigante, otras como un ser menudo, siempre desharrapado y con un sombrero de ala ancha. Suele ser muy variable, lo mismo destruye campos y cosechas que ayuda a gentes en apuros


El cuélebre, la serpiente alada que custodia tesoros y mujeres encantadas, incluso a veces xanes o ninfas, en cuevas o en ruinas de torres, castros y castillos, a la que con determinados sortilegios puede dormírsela en momentos como la mágica alborada de San Xuan. En muchos casos amenaza a los habitantes de los pueblos, bien atacándoles a ellos, a su ganado o al pescado de sus redes, por lo que han de alimentarlo, por lo común arrojándole un gran pan caliente (boroñón de maíz) recién horneado que el cuélebre traga al vuelo. Un día le dan el cambiazo, le tiran una piedra calentada al rojo y matan al cuélebre, que en ocasiones es él en sí mismo una moza encantada. Su creencia estaba tan arraigada que aún en 1917 se registran movilizaciones de vecinos (Caravia) para darles caza al sentir silbidos extraños en el bosque


Ya vemos en gran ángulo recto que firma el Sella antes de su desembocadura y la ribera entre este Paseo de la Grúa y El Puente del Sella


La población nació, creció y se extendió linealmente y formando un 7 aprovechando la estrecha ribera cerrada entre El Monte Cobayu y La Cuesta con la ría, si bien con el puerto, el ensanche y su ampliación fueron extendiéndose sobre ella entre los siglos XIX y XX


Luego, con el puente se daría el gran salto a la colonización de Santa Marina. Este que vemos ahora sustituye al de hierro, volado por los soldados republicanos en retirada tras la derrota de El Mazucu, en los últimos días de resistencia del Frente Norte en la Guerra Civil, empezando el otoño de 1937


Tras El Mazucu, el Frente o Cinturón del Sella constituyó la última línea defensiva oriental dentro del territorio republicano gobernado por el Consejo Soberano de Asturias y León. Mientras los combates se desarrollaban más al este se construyeron con este fin algunos búnkeres y casamatas, además de ser demolidos los puentes entre ambas orillas. La resistencia fue tal que los nacionales llegaron a pensar en planificar un desembarco en esta misma playa, si bien al final optaron por cruzar por el alto Sella. Aún hubo un intento desesperado por aguantar el torno al Sueve pero la ribera occidental riosellana cayó en manos de las tropas de Franco el 14 de octubre de 1937 tras ciertos intentos de evacuación por mar. Tan sólo una semana después desaparecía todo el Frente Norte


Tras la derrota, un batallón de presos republicanos fue encomendado a la tarea de la reconstrucción del puente, esta vez en hormigón, y que fue reabierto al paso el 5 de mayo de 1940. Mientras tanto hubo de rehabilitarse el servicio de barquerías entre ambas riberas, que ya se había extinguido en 1865 con el primer puente de madera. En la actualidad el puente es mundialmente famoso por ser la meta del Descenso Internacional del Sella, la grandiosa y multitudinaria Fiesta les Piragües


A esta parte, sobre los terrenos ganados antes de la ría, en El Portiellu, se construyó la plaza cubierta del Mercado de Abastos, inaugurada poco antes de la guerra. Más acá, en El Muellín, puede decirse apenas se edificó con aquella última gran ampliación, sino que se dejó para desahogar las tareas del puerto dándole más espacio. Gracias a ello se pudo hacer posteriormente el ancho bulevar del Paseo de la Princesa Letizia, inaugurado cuando esta, Letizia Ortiz Rocasolano, ovetense de raíz riosellana, era Princesa de Asturias


Ahí está ahora la Oficina de Turismo y, debajo, el pantalán de las motoras de las empresas de turismo acuático, otro auténtico símbolo del paso del puerto comercial al turístico, como también lo sería, como gran precedente de esta importante, actualmente vital nueva industria, el Hotel Marina, emblema también del ensanche, situado justo enfrente del puente y entre la calle de los Marqueses de Argüelles y la del Comercio, inaugurado en 1912 y que fue el primero de la villa con esta categoría de Hotel


Por contra, las escasas embarcaciones de pesca en El Muellín constituyen otro símbolo de la decadencia de esta actividad que llegó a ser tan importante durante siglos, por no decir milenios, o incluso eras, a tenor de las representaciones piscícolas, incluso de cetáceos en las cercanísimas cuevas de Tito Bustillo (El Pozu'l Ramu, La Cerezal y otras). Ya en la baja Edad Media los pescadores riosellanos enlazaban costeras desde África a la Mar de Irlanda (Gran Sol) permaneciendo muchos meses en alta mar pues incluso vendían su pesca en los puertos y mercados de sus singladuras


Puede decirse que aquella época dorada para la pesca terminó en el siglo XVII. Empezando el XVIII había 12 barcos de altura y 33 lanchas de bajura, normalmente para la sardina y el salmón. En 1824, con las obras del nuevo puerto reanudadas, había sólo ya tres barcos, dedicados a la pesca de altura del bonito, así como nueve batanes para el salmón, que fuera de temporada se dedicaban a la sardina, el congrio y otras especies, existiendo de ello esta copla popular:
El invierno está muy malo
estamos todos a dieta,
y en la rula sólo venden
un poco de palometa

Si la mar fuera de leche
y los castros de borona
¡quién vería a los marineros
llenando la barrigona!

Y ahí está la rula, la lonja o cofradía de pescadores, con el edificio de las subastas y los almacenes de las nansas, redes y demás enseres pesqueros. Edificio inaugurado en 1933 con las obras que también allí, en La Ribera, permitieron ganar más terreno al mar frente al antiguo barrio de pescadores de L'Aguda. Leemos en Ribadesella.com:
“Rula” es el sistema de subasta a la baja en la que un precio dado se va disminuyendo o rolando, por ejemplo de 50 en 50 céntimos, hasta que es detenida por un comprador interesado en el precio o por el vendedor desinteresado en el mismo 
Por extensión se denomina LA RULA al edificio que alberga la Lonja del Pescado y otras dependencias de la Cofradía de Pescadores VIRGEN DE LA GUÍA"

Detrás y a su izquierda, bajo La Cuesta y en aquel barrio de L'Aguda, estuvo tiempo ha un edificio que albergaba el Ayuntamiento, la cárcel y el juzgado municipal. Sí se conserva, si bien oculta por los edificios construidos en este último ensanche, la capilla de Santa Ana, o de Santa Ana y las Ánimas, fundada en el siglo XVI por el Gremio de Mareantes, hasta donde llega la señalización oficial del Camino de Santiago y desde donde nosotros iniciamos la subida al Monte Corberu y La Guía. Allí sería además donde arrancó la construcción del camino de sirga a finales del siglo XVIII, pistoletazo de salida de las obras del nuevo puerto

En la página del Ayuntamiento, e integrada dentro de las Rutas Urbanas, hallamos la de Les muyeres riosellanes, donde en el apartado dedicado a les pescateres o pescaderas, nos informan de cómo era aquel trajín del muelle en la posguerra:

"Durante los años 50, con la costera del bocarte, el puerto se transformaba desde las primeras horas de la mañana hasta el mediodía en un trajín que hoy no podríamos imaginar: pensemos en casi un centenar de barcos atracados en hilera, venidos de distingos lugares, el olor a marmitas, la actividad frenética de los pescadores desembarcando el bocarte, los carros de transporte a las fábricas de salazones y conservas, el vocerío en el puerto y la sirena de la Rula (Lonja) llamando a la subasta... Es aquí donde se encontraban nuestras pescaderas compitiendo con las fábricas de conservas en la puja, pudiendo comprar 4 o 5 kilos de xardes, sardines, parroches... lo más habitual... raro era merluza o lubina y por eso lo cambiaban por fabes o patates.

La precaria situación económica hacía que abandonaran la educación elemental a los 10 años para trabajar ya como adultas. Sin embargo, jugaban a correr por las calles y a las canicas como niñas que eran. Comenzaban ayudando a sus madres, vendiendo de casa en casa, agarrando la caja de pescado, cada una por un asa."



También ellas se hicieron pescadoras, no de lancha pero sí de pedral, aventurándose por los resbalosos roquedos ante el, ya desde muy niñas...
"Durante la posguerra, la necesidad hacía que no sólo vendieran pescado, iban al pedral a por "llampares", lapas o "arcinos", erizos de mar. "Mi madre pasó muchu, la probitina, pa danos de comer y pasó toa la vida vendiendo pescau y yendo al pedral a por llámpares y yo iba con ella aunque era una cría". 

El poco tiempo libre que les permitía el trabajo, ya de mozas, celebraban las Fiestas de Santa Marina, la Fiesta de Les Piragües o de la Virgen de Guía, a quien tienen gran devoción por ser la patrona.

El muelle además de para trabajar servía para cortexar o ligar y así se casaban celebrándolo con los pocos medios de los que disponían: "Comimos garbanzos con los que llenamos la barriga, fuimos de paseo a La Grúa y después al cine: esi mismu día cuando íbamos paseando decíanme los que me vieron: ¡madre vas muy guapa! iba con un traje de chaqueta que mi había hechu la modista."

Pero la cosa no acababa aún ni mucho menos, trabajaban en las conserveras de la población, limpiaban la angula, fregaban la rula e iban a vender el pescado a las aldeas próximas... o no tan próximas, subiendo por La Cuesta arriba, así como por los mercados de la villas del interior: 
"Mientras los maridos salían a faenar, las mujeres alternaban múltiples trabajos: limpiaban la Rula, vendían pescado por las calles y pueblos, trabajaban en las numerosas fábricas de conservas y salazones o "limpiaban la angula" antes del pesaje. Consistía en apartar las angulas muertas, quitando el exceso de agua y alguna diminuta piedra que pudiera influir en el precio. Pero debido al hambre entraba en juego la picaresca. "Ahí saqué yo buenes perres. Había unos coladores grandes que estaban rotos y yo empujaba unes poques angules pa que cayeran al calderu del agua."

Repartían caminando por los pueblos del concejo de Ribadesella, pero tenían muy definida la zona de cada una, para no hacerse así la competencia. Recorrían los mercados semanales de Infiesto, Cangas de Onís, Nava, Arriondas... caminando hasta 50 kms. Las últimas pescaderas, en torno a los años 70, ya bajaban del mercado de Cangas de Onís en taxi, que pagaban cuando volvían de hacer la venta. "Subíamos en tren hasta Arriondes y algunes llegabamos a Cangues en taxi y  decíamos-y al taxista: "págote a la vuelta" porque no teníamos una perra."

Y es que, hacia 1970 la cosa habría empezado a mejorar, no sólo laboralmente sino también en asuntos como la vivienda, con las de El Tocote, que veremos al pasar el puente. Hasta entonces por ejemplo, la necesidad era tal que el Paseo de la Grúa era el viaje de novios habitual para muchas parejas de recién casados. Este es un testimonio de una de aquellas pescaderas, recogido en la misma página del Ayuntamiento:
"De viaje de novios fuimos a La Grúa, no teníamos perres y quedábannos veinte duros porque guardelos yo en una jarra, pa tener algo pa comer. Había una caseta al final de la Grúa y en ella Tino "el prácticu" tenía unos antiojos que se veían los barcos de fuera. Cogímoslos y así vimos el mundu."

El paseo, en su ruta mitológica, llega ahora al panel del trasgu, el duende casero de las trastadas en el hogar, principalmente de noche, armando ruido, moviendo y tirando cacharros, jugando a los bolos en el desván, sacando el ganado de la cuadra o cualquier maldad que se le ocurra. Por lo general las narraciones coinciden en presentarlo como un pícaro, en muchas ocasiones de llamativo gorro rojo, o vestido enteramente de rojo, a veces de capa gris y del que no siempre resulta fácil desprenderse, empleando para ello extraños rituales aprovechando su talón de Aquiles, su desmesurado orgullo. Si mediante algún sortilegio se le conmina a hacer cosas irrealizables, como traer un cesto lleno de agua de mar (se escurre entre los mimbres), teñir de blanco la piel de un cabrito negro, o recoger del suelo un copín de semillas de lino (se le caen de su mano izquierda, donde tiene un agujero), por lo que se va avergonzado. Sin embargo otras veces es imposible y la gente ha de mudarse de casa, no siendo extraño que el trasgu los siga metiéndose en la mudanza


 A veces también se le representa con cierta apariencia diablesca, con cuernos y con orejas puntiagudas, con un traje color café o tostado muy ajustado, capa negra o gris, patas de cabra e incluso como ser invisible


Y llegamos a les xanes, las ninfas astures de las aguas, reminiscencia de cultos y creencias acuáticas, jóvenes muy bellas que viven en las fuentes y en las cuevas, por lo común encantadas que guardan inmensos tesoros. Siguiendo ciertos rituales que muchas veces ellas mismas suelen decir con quien las encuentra, se puede desencantarlas y ganarlas a ellas y a su tesoro, pero en las más de las ocasiones algo sale mal por un pequeño detalle y todo se malogra para gran disgusto del mozo y de la xana. En otros relatos llegan a casarse con sus salvadores, o con algún viudo al que ayudan, arreglando la casa a escondidas mientras él está fuera, incluso peinando a los niños y un día el hombre la descubre. En algunos pueblos se llamaba "hijos de la xana" a determinadas personas y a familias enteras. En algunos muy escasos relatos arcaicos se menciona la xanu, pero es una figura harto extraña. No así los xaninos, sus hijos, a los que cambia de bebés por los humanos pues la xana no tiene la capacidad de amamantar, a veces lo hacen para que sean bautizados. 


Existen multitud de variantes representativas y de apariencias, a veces grandes y a veces pequeñas pero que pueden crecer a voluntad, por lo común rubias, cuando vestidas, de blanco o con la vestimenta de la mujer aldeana, o cuando desnudas. Peinan sus largas melenas con cepillos de oro. Sus acciones pueden ser bondadosas, malignas e incluso crueles, y burlescas: ayudan y colaboran, pero secuestran niños, maldicen al hombre que ha fracasado en su desencantamiento y hasta pueden encantar a otras mujeres, a las que atraen hacia su cueva de la que jamás podrán salir... todo según infinidad de informantes y sus narraciones. Ahora ya pocas en primera persona, más bien refiriéndose de oídas de cosas sucedidas vecinos, padres, abuelos o contadas por ellos 


Acabada aquí la Ruta de la Mitología Asturiana continuamos por el Paseo de la Grúa, con un muro de contención de la ladera del monte a la izquierda, con con banco corrido en toda su longitud del que se dice es el segundo de piedra más largo del mundo, fila de árboles en medio y barandillas a la derecha. Farolas marineras jalonan el recorrido, donde hay cada ciertos metros más bancos de piedra


Y llegamos pues ahora a otra ruta, la Senda Histórica del Puerto, compuesta por seis grandes murales de cerámica en los que, con guion del escritor local Antonio Silva Sastre, el dibujo de Antonio Mingote y las manos del ceramista gijonés Pachu Muñiz, se relata la historia local, desde la Prehistoria hasta los comienzos del siglo XXI, de manera muy amena a la vez que artística. Fue inaugurada oficialmente el 27 de enero de 2007 y ha recibido varios premios y galardones


Con estos paneles repasaremos, también nosotros, la historia de Ribadesella/Ribeseya que hemos plasmado en las entradas de blog dedicadas al paso del Camino por la población, pues así, si nos hemos olvidado de algo, nos valdrá de recordatorio


Dado que venimos del paseo hacia el casco urbano, el primero que nos vamos a e encontrar sería el de la última etapa histórica representada, titulada La Modernidad, de finales del siglo XIX a principios del XXI


Empezamos en 1898 con el primer puente de hierro sobre el Sella, obra de José Eugenio Ribera

Más abajo llegamos a la década de 1910 con los primeros bañistas, gentes de alcurnia atraídos por esta nueva moda del turismo playero fomentado por la Marquesa de Argüelles y promocionado por Alfonso XIII. Fijémonos en los trajes de baño, en la gente de más atrás ,en la playa pero vestida, y en alguno de aquellos primeros chalets sobre el arenal, en concreto Villa Rosario


A la izquierda, la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral pero mantuvo una intensa relación comercial con los beligerantes. En este caso unos barcos carboneros cargan en este puerto, posiblemente en el mismo y exacto lugar en el que estamos nosotros ahora


En 1931 es el primer Descenso del Sella, con aquel pionero de la piragua en Asturias que fue Dionisio de la Huerta, que organizaba con sus amigos, algunos con piragua y otros siguiéndoles por la carretera, aquellas primeras travesías selleras que eran más excursión y fiesta que competición. Fijémonos en el periódico semanario riosellano La Atalaya, que se publicó entre 1926 y 1932


Ahí están: unos en las piraguas y otros más arriba en la ribera, con el coche de apoyo un poco más atrás


A la derecha, el siglo XXI empezaba con la noticia bomba del noviazgo y posterior matrimonio de la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, de muy estrechas vinculaciones familiares y personales riosellanas, con el entonces Principe Felipe, cuya altura no pasa desapercibida a Mingote en esta escena, con el público detrás y la leyenda "Siglo XXI los Príncipes de Asturias y Ribasesella"


La expectación fue tal que incluso se inventó una pasta con su nombre, Letizias, uno de cuyos modelos elabora una confitería riosellana. Tras abdicar Juan Carlos I en junio de 2014 y llegar al trono su hijo como Felipe VI, Letizia Ortiz es reina consorte de España


Antes del siguiente panel, otro de los rincones más entrañables de Ribadesella/Ribeseya, La Fuentina, antiguo suministro de agua a los buques que atracaban en El Muelle, el actual paseo, llamado popularmente El Cai, de ahí que el gran vate Pepín de Pría le dedicase su famoso libro de versos La Fonte del Cai...



A finales de los años 20 se construyó para aquel primitivo caño una fuente monumental de piedra, hecha de sillería bien labrada con imágenes y filigranas, a manera de precioso habitáculo abierto al muelle y con un tejadillo a dos aguas. Dos osos pétreos flanquean el acceso y en medio, la pared de donde mana el agua del caño muestra tallada en piedra una especie de portada con arcos de medio punto y en medio una figura femenina, a manera de una aguadora, como la representación de una xana, que porta dos jarros de agua, lo que está vinculado a una leyenda del lugar, de la que escribe Carlos Fernández, Cuenquín, en la página de Amigos de Ribadesella, con el artículo El conjunto escultórico de La Fuentina:
"De todos es conocido que en el paseo de La Grúa hay un abrigo construido con pilares de arenisca en el que destaca un conjunto formado por dos osos rampantes en altorrelieve; un bajorrelieve en piedra caliza que representa a una aguadora en top less; un caño del que mana agua; y debajo de éste un pilón. Y todo ello cubierto por un entramado rematado con un techo de tejas. También que toda esta construcción recibe el nombre de La Fuentina, y que finalizó su construcción en el año 1931.

Anteriormente, La Fuentina había sido durante siglos la suministradora de agua de los barcos que anclaban en el puerto de Ribadesella en tránsito de mercancías o a recoger pasaje para trasladarlo a La Habana.

Pepín de Pría, en los años veinte del pasado siglo, le dedicó su poema «La Fonte del Cay»; y, en dicho poema, los héroes, Arbidel y Lena, beben del agua santu de la fuente.

Durante años fue lugar de juegos acuáticos y apagadora de sed de los niños y niñas pequeños que eran llevados de paseo por sus madres a La Grúa. La principal preocupación de éstas era que sus retoños no se metiesen en el pilón, ya que suponía el fin del paseo, al tener en ese caso que volver a casa rápidamente para cambiar de los pies a la cabeza al personaje, no se fuera a constipar. A finales de los años sesenta del pasado siglo, el agua quedó contaminada por una fosa séptica que se excavó en sus proximidades. Actualmente, el agua que mana del caño es potable y procede de la conducción general de Ribadesella."

El autor, indagando en los archivos históricos, halla esta antigua leyenda sobre la mujer aquí cincelada y sus poderes sobrenaturales. Sigamos su apasionante relato:
"Esto era lo que yo sabía de La Fuentina hasta que consulté Los Papeles del Acervu Popular Riosellanu, donde viene escrito, en el asturiano que se habla en Ribadesella y que me permito traducir al castellano, lo siguiente -empieza con unos datos sobre su localización y otras cosas ya dichas, así que eso me lo salto y voy al grano-: 
Según una antigua tradición, en las proximidades de La Fuentina habitaba una xana malvada de largos cabellos rubios y belleza sin par. Se cuenta que en las noches de luna clara atraía a los hombres hacia la fuente con sus maravillosos cantos y después los seducía con malas artes. En el tiempo que duraba la seducción, se iba apropiando poco a poco de sus buenos sentimientos, hasta que los dejaba desposeídos de ellos. En esas circunstancias, los hombres sólo mantenían los sentimientos perversos y cuando, al cabo de un tiempo, se percataban de ello subían al Llanu la Horca, desde donde se lanzaban desesperados por el acantilado, entre estremecedores alaridos, hacia una muerte segura. Los buenos sentimientos que la xana les robaba los aprovechaba ésta como principio energético que se transformaba en el interior de su mente en energía maligna, que le permitía seguir alimentando su perversidad. 
A finales de los años veinte del siglo pasado, las autoridades de la villa pensaron en construir un abrigo en La Fuentina y encargaron al escultor gijonés José Morán el conjunto escultórico con que pensaban ennoblecer la construcción. 
Unas semanas antes de iniciarse las obras del abrigo, ocurrió que una noche, al pasar por las cercanías de la fuente dos inseparables hermanos gemelos procedentes de Madrid, que veraneaban habitualmente en la villa, fueron atraídos por los cantos de la xana, cayeron en su trampa y se enamoraron perdidamente de ella. Con el paso de los días, los hermanos se fueron enemistando poco a poco, ya que cada uno de ellos quería ser el único amante de aquella beldad. Y el enfrentamiento llegó a ser tan fuerte que un día se desafiaron a un duelo a pistola en el final del paseo de La Grúa. Del encuentro salieron ambos malheridos, tanto que los médicos declinaron, en un primer momento, trasladarlos a ningún hospital en aquellas condiciones. Poco a poco fueron mejorando, pero, aunque la curación se iba prolongando en el tiempo y necesitaban cuidados especiales, no quisieron marcharse de la villa ninguno de los dos. No obstante, a medida que iban mejorando de las heridas físicas se les iba acrecentando su odio mutuo. Además, les iba saliendo una pelambrera extraña por todo el cuerpo y daba la impresión de que iban alelando progresivamente. Y un buen día, sin saber nadie cómo, porque no eran capaces de tenerse mucho tiempo en pie por sí mismos todavía, desaparecieron sin dejar rastro alguno. 
Una tarde, al cabo de unos días de su desaparición, había quedado lista la colocación de los sillares y la cubierta del abrigo, sólo quedaba ya el conjunto escultórico para dar por finalizada la obra. A la mañana siguiente, cuando el escultor llegó a La Fuentina para empezar a trabajar in situ las figuras que había diseñado, se encontró con la enorme sorpresa de que en el lugar previsto ya estaban las esculturas y el pilón completamente terminados. Y, fijándose con detalle, observó con extrañeza que reflejaban fielmente el boceto que él había diseñado. Visto aquello, fue a pedir explicaciones a los responsables del Ayuntamiento, que no sabían todavía nada de lo ocurrido, pero que, oído el caso contado por el artista, intentaron inmediatamente aprovecharlo para rebajar e incluso, después, anular los honorarios pactados con el escultor, basándose en el hecho cierto de que él no los había esculpido. Éste los acusó de filtrar el boceto para que lo cincelase luego otro que fuese amiguete y cobrase los honorarios, robándole a él la idea original. Y ante la amenaza de acudir a los tribunales para solucionar el caso, se impuso la cordura y el artista cobró lo pactado. 
Enterada la gente de la villa de aquel raro suceso, se empezaron a agolpar ante la fuente para ver el extraño fenómeno que allí había tenido lugar, y comenzaron los dimes y diretes. El caso fue que empezaron a relacionar aquel misterio con la malvada xana y la súbita desaparición de los gemelos; y empezó a correr como la pólvora que la aguadora y los osos no eran otros que la xana y los dos hermanos, que habían recibido el castigo de ser petrificados, a consecuencia de los malvados asuntos en que habían estado envueltos"

Pero este no es aún el final del relato, continuemos hasta el inesperado desenlace de tan apasionante historia:
"Con el paso del tiempo, se empezó a decir por aquí que la aguadora está siempre esperando a que, en una noche de luna clara, se acerque un hombre que la mire fijamente a los ojos, para así tratar de capturarle al menos un hálito de sus buenos sentimientos, que le permita obtener la energía suficiente para transmutar la materia mineral en orgánica y reencarnarse.

No obstante, no se crea que se está libre de la malvada influencia de la aguadora solamente con no mirarla a los ojos. En tiempos recientes, un asiduo de esta villa tenía por hábito dar un paseo hasta el final de La Grúa todas las noches, y a la vuelta orinar en La Fuentina. Una noche, cuando se regodeaba aventando y haciendo curvas extrañas con el chorro que iba lanzando por todo aquel espacio, notó que algo se movía en el lugar donde estaba la aguadora. Horrorizado, observó cómo ésta depositaba lentamente en el pilón los cántaros que siempre sostiene con las manos; y, mientras estaba paralizado por el terror, la dama de piedra alargó una de sus manos y lo agarró con firmeza por sus partes pudendas. Y apretando más y más, mientras le llamaba guarro, marrano y gochu y le recriminaba los hedores que había en el entorno por culpa de sus meadas, no le soltó hasta que lo tuvo en el umbral del desvanecimiento. A partir de entonces, este ciudadano quedó traumatizado y, debido a su desarreglo mental, nunca más fue capaz de utilizar el pene, ni tan siquiera poder sacarlo para orinar, por lo que, para evitar mojar los pantalones, no tiene más remedio que traer colocada una sonda que le traslada directamente la orina desde la vejiga a una bolsa de plástico que al efecto trae camuflada consigo. Y así sigue el desventurado, sufriendo su terrible castigo por hacer aguas menores (mexar) en La Fuentina…"

Y en sus Historias del Camino de Santiago, publicadas en El Comercio, el escritor Pablo Antón Marín Estrada dedica una de ellas a este lugar, El Peregrino distraído, de Cuevas del Mar a la Fonte del Cai:
"El peregrino que atraviesa los últimos pagos del concejo llanisco para adentrarse en el de Ribadesella tendrá pocas oportunidades de caer en la monotonía mientras camina. Desde su salida de la villa de Nueva, el paisaje le ofrece un repertorio de panorámicas tan variado y variable que le resultará difícil en ocasiones saber hacia dónde mirar: si hacia las escarpadas y casi siempre envueltas en niebla sierras del sur, que avanzan en la misma dirección del viajero para encontrarse con los riscos del Sueve, a las praderías y florestas por las que discurre la ruta jacobea, entre caserías, viviendas turísticas y huertos murados, o hacia las rocas blanquecinas de arenisca que asoman en el límite de la rasa costera marcando el despliegue de los acantilados. 
Pero, aunque vaya entretenido, seguramente no le pesaría llevar en la mochila un par de libritos que le iban a acompañar mucho durante el trayecto y que podría abrir por cualquier página en una parada de descanso, seguro de encontrar allí una línea feliz que le ilumine al contemplar el entorno que lo rodea. Los escribió un maestro de Pría y habla en ellos sobre todo del misterio mágico que destila ese paisaje a quien lo ve con la emoción del asombro o la inocencia, como lo vería la mirada limpia de un niño. 
El itinerario del Camino de la Costa en este tramo sigue las mismas coordenadas del mapa idealizado en el que situó José García Peláez, Pepín de Pría, sus dos narraciones en verso: 'Nel y Flor' y 'La Fonte del Cai'. El poeta llanisco localiza la acción principal de la primera en la playa de Cuevas del Mar y la segunda en una Ribadesella que lleva del Faro de Somos o los viajes para La Habana de su tiempo a una nebulosa fábula de impronta medieval..."

En la pared lateral, una placa recuerda a José Antonio García Peláez, Pepín de Pría, del que tanto hemos hablado a pasar por Nueva y Pría, su tierra de nacimiento, las parroquias llaniscas más próximas a Ribadesella/Ribeseya, continuamos con el relato de Pablo Antón Marín Estrada:
"La naturaleza a la que describe y exalta en una rica lengua asturiana en ambas obras es la que se extiende entre los cantiles de Pría sobre la ensenada de Cuevas para avanzar por una de las zonas de bufones más activas de la costa oriental y cruzar las aguas del Guadamía entrando ya en tierras riosellanas. 
Desde allí, una gaviota, si volase siguiendo el perfil sinuoso de los acantilados, llegaría a la ermita de la Guía. 
Bajo ella, en el puerto, está La Fonte del Cai de Pin de Pría con unos versos grabados de su poema 'A Ribesella': «Mar, namorada terne d'aquesta Ribesella/ que coles foles beses y alluries col to son,/ que cantes nes sos peñes, que dexes na so oriella/granes de sal que güélvense de miel pal corazón».

Nos cuenta Pablo Antón que la historia en verso de Pepín de Pría nos lleva a la Edad Media de los románticos y los autores de los libros de caballerías...
"Como en las novelas artúricas, en 'La Fonte del Cai' aparecen un Rey Pastor, un mendigo sabio, un joven príncipe destronado y una moza abandonada por su novio que busca una fuente milagrosa. 
La Ribadesella medieval, con su puerto ballenero y sus dársenas amarrando barcos llegados de Bristol o La Rochelle, la de las rúas empedradas de 'regodones' que fatigaban los peregrinos a San Salvador y Compostela, no se pinta en los versos de Pin de Pría, pero se intuye cercana en los campos, montes y florestas donde se localizan los distintos episodios."

Es como la nuestra, la ruta del peregrino que se aparta un poco del Camino y se encuentra con este hermoso muelle, paseo, y la fuente del destino...
"En la trama y el reparto de personajes no desentonaría uno de aquellos caminantes a Santiago que llegaban a Ribadesella, bien por tierra o desembarcados en sus muelles de diferentes puertos de Europa. Al salir de la villa, bordeando la ría, el peregrino se vería de pronto rodeado por la niebla y, tras avanzar un buen trecho, guiándose tan solo por la ruta que le iba señalando, su vara llegaría al claro de un bosque en el que la 'borrina' se había despejado.

Allí se encontraría con el mendigo sabio y continuando su viaje, también con la moza que buscaba una fuente milagrosa, el joven Arbidel y finalmente al Rey Pastor. De todos ellos prometió el peregrino llevar recado al Salvador de Oviedo y al apóstol de Santiago para que les auxiliasen en sus respectivas cuitas."

Estamos pues en uno de esos cortos desvíos del cercano Camino oficial, que nos sirve para conocer estos sucesos, encontrarnos de improviso con La Fonte del Cai, toda su mitología y toda su literatura, y continuar el paseo de regreso a la villa
"Distraído en ir escuchando las historias que cada uno de ellos le contaba, el caminante perdió más de una vez el norte de su ruta y tampoco le importó demasiado alargar unas leguas más sus jornadas por conocer los sucesos tan extraordinarios que le relataban.

El último con el que se cruzó, el Rey Pastor, le indicó con su palo de avellano el camino por el que debía seguir. Pronto volvió a verse envuelto en niebla. No se detuvo. Avanzó a través de un bosque de robles, luego entre los roquedos de los acantilados. Llegó a una ermita. Descendió por un sendero al pie del santuario, la niebla escampó y vio frente a él los caños de la Fonte del Cai. El peregrino había vuelto a la villa."

Y efectivamente, a la villa regresamos nosotros, desde el Paseo de la Grúa, el viaje de novios de no pocos recién casados de antaño, que para ver mundo empleaban los prismáticos que les prestaba el práctico del puerto y de esta manera oteaban el horizonte, viendo los barcos y las lanchas acercarse a puerto o zarpar de él. A lo lejos, La Peñe les Pandes, y en concreto sus cumbres del Picu Jorovitaya (719 m) y a su izquierda La Teyadera (743 m), parecen hacer de faro para que las embarcaciones enfilen bien su entrada al muelle y eviten La Punta L'Arenal, así como, más lejos y a su derecha, el Joyadongu (874 m), frontera con Llanes


Llegamos ya al segundo de los seis murales de la Senda Histórica del Puerto y nos detenemos en él


Es el del siglo XIX y en él se plasma un único tema, el gran fenómeno de la emigración a ultramar


Aquí, en el puerto, las familias despiden a los emigrantes. Sin duda el velero es el famoso bergantín Habana, que mantuvo una línea regular con Cuba entre los años 1862 y 1874, llegando a ser tal la impronta que marcó que pasó al escudo del concejo

De SanchoPanzaXXI(Taller de Heráldica y Vexilología in the Spanish Wikipedia ) - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3534533

Si bien ya había emigración a América prácticamente desde el siglo XVI, a partir de 1830 fue tal la cantidad de gentes que se fueron allá en busca de mejor vida que es cuando arranca en verdad la era de los indianos, cuyos capitales cambiaron la fisonomía de buena parte de los pueblos y villas asturianas, su industria, urbanismo y sociedad. Por aquella época las reformas políticas liberales quitaron muchas trabas a quien quisiese salir de España, lo que unido a la gran necesidad de mano de obra emprendedora de las nacientes repúblicas americanas hizo que mucha gente, principalmente mozos y muy jóvenes, se fuesen a hacer las Américas en un velero bergantín


Y había otra razón fundamental, eran tiempos de guerra y se necesitaba eludir el servicio militar. Las guerras carlistas asolaron el siglo XIX español y la misma Ribadesella/Ribeseya llegó a ser teatro de operaciones en 1873 y 1874, tal y como leemos en la página del Ayuntamiento, sección de Historia:
"Durante las guerras carlistas, Ribadesella fue en 1873 escenario de un enfrentamiento bélico en el puente, entonces de madera, en el que murió el teniente carlista Oró. Como represalia, los carlistas entraron más adelante en la villa y destrozaron el telégrafo y los archivos, asaltaron tiendas y secuestraron al alcalde, que fue liberado después de que el concejo pagara un fuerte rescate"


Aquel extraordinario episodio migratorio tuvo su fin en la década de 1930, el crack de la Bolsa de Nueva York, la preguerra, guerra y posguerra, española y mundial, marcaron su término. Siguió habiendo emigración, a América, a Europa, a Australia, pero sus protagonistas ya no eran considerados indianos dada la coyuntura, totalmente diferente, de aquellas nuevas emigraciones. En cuanto al bergantín Habana, el profesor Ramón Capín Rama le dedica toda una serie de artículos en La Nueva España. El primero, publicado el 27-2-2008, comienza así:
"Es bien sabido en Ribadesella que el bergantín «Habana» está íntimamente ligado a la historia de esta villa. Aunque han sido innumerables los buques que han atracado en los muelles del puerto, ninguno como éste ha dejado una huella tan indeleble de la memoria de las gentes. A través de estas líneas intentaremos recordar algunos aspectos que justifican esta circunstancia.

Si bien la emigración de riosellanos al continente americano se remonta a la época del Descubrimiento, sin embargo sería en el siglo XIX cuando el número de emigrantes se incrementaría de manera especial y en ello iban a influir diferentes factores.

Durante este siglo era habitual que la prole de una familia alcanzase la cifra de diez o doce hijos. Esto originó un gran aumento demográfico en el Principado de Asturias, gravemente afectado por cosechas muy deficientes y por un aumento del coste de vida. Además, el larguísimo servicio militar de entonces, agravado por los conflictos bélicos carlistas, coloniales y marroquíes, que provocaban gran mortandad, hacía que muchos jóvenes buscasen cualquier medio de abandonar la Península. En este contexto, Ribadesella vino a convertirse en el principal centro de emigración a América del oriente de Asturias.

Desde principios del siglo XIX, numerosos barcos arribaban al puerto riosellano para la carga de mercancías y pasaje para América. Es el caso de las fragatas «Paquita» y «Perla»; la goleta «Julia»; las corbetas «Tuya», «Flora», «Angelita», «Villa de Gijón» y «Eusebia»; y los bergantines «San Mamés», «Villa de Avilés», «Juanita», «Flavia», «San Andrés», «Francisca», «Peñacastillo», «Ría del Eo», «Favorita» y, especialmente, el «Habana».
El bergantín Habana según G.González en De Tradiciones y fiestas. Asociación de Amigos de Ribadesella

Prosigue diciendo Capín Rama que estos veleros aparecieron en el siglo XVIII y que por sus buena cualidades fueron muy empleados en esa centuria y la siguiente para mercancías y pasajeros, sin embargo poco se conoce en concreto del bergantín Habana:
"se desconocen su eslora, manga, puntal, calado, etcétera. Según versión del artista riosellano Guillermo González (véase la foto), el «Habana» presentaría dos palos -mayor y trinquete- con un velacho entre ambos; botavara y pico de cangreja en el mayor; gavias, juanetes y vela mayor, así como foque, petifoque y contrafoque sobre el botalón del bauprés. Se cree que fue construido en los astilleros del Cadagua en la ría de Bilbao por encargo del armador Melintón González, de Gijón, y fue botado en 1858. En 1862 fue adquirido por la sociedad riosellana Prieto y Sánchez, S. L. Soportaba una carga máxima de 250 toneladas, y su tripulación normalmente constaba de un capitán, un piloto, dos agregados de puente, un contramaestre, ocho marineros de maniobra, un carpintero, un sanitario, un cocinero, un ayudante de cocina, dos marmitones, un grumete y, en algunos viajes, un capellán para la asistencia religiosa.

El bergantín «Habana» tuvo su base en Ribadesella entre los años 1862 y 1875, haciendo la ruta a la isla de Cuba (por entonces colonia española) casi ininterrumpidamente, lo cual, según indica Jaime Álvarez Rivero, «tejió toda una leyenda que aún perdura, a pesar del tiempo transcurrido».

A lo largo de su corta vida náutica (diecisiete años) tuvo como capitanes a tres marinos gijoneses: Miguel Valdés Busto, Ramón Delor y, finalmente, Sergio Piñole. Si bien en un principio la mayoría de la tripulación estaba compuesta por gijoneses, vascos y luanqueses, a partir de la compra del barco por la compañía riosellana fueron varios los marinos locales que se enrolaron como tripulantes. Jaime Álvarez nos proporciona los nombres de los riosellanos que participaron en las últimas singladuras del «Habana», a saber: Celestino Arias, alias «Celes»; Juan Estanislao, alias «el Tuertu»; Ramón Rodríguez, alias «el Coronel»; Manolín García, alias «Barquera»; José Álvarez, alias «Bichuchu»; Ramón Berbes, alias «el Conde»; Toñín Junco, alias «Mirlotu». Y durante los días de amarre en el denominado muelle de la Barca, el bergantín quedaba bajo la vigilancia del celador Ezequiel Barbas, alias «el Tatu».

La partida del bergantín con destino a Cuba constituía todo un acontecimiento en Ribadesella. Desde la víspera, se observaba en la villa un enorme trasiego de forasteros que acudían a despedir a sus parientes y amigos. Eran tantos, que las fondas no podían acogerlos, de modo que los vecinos se encargaban de proporcionar alojamiento. Al final del paseo de la Grúa se celebraba un baile en honor de los viajeros que partían para ultramar. 
Era frecuente oír por las calles habaneras referentes al viaje, por ejemplo:
De Guanabacoa la bella
en una alegre mañana,
con rumbo a Ribadesella
salió el bergantín «Habana».
Y también:
Somos los marineros
del bergantín «Habana»
que salimos mañana
para ultramar"

Sigue explicando este historiador que el barco zarpaba a las cinco o seis de la mañana, siendo remolcado por las parejas de bueyes a lo largo de este camino de sirga hasta la barra, donde los sustituía la trainera del Gremio de Mareantes, que lo ataba y llevaba hasta La Peña'l Caballu, donde el bergantín desplegaba velas en medio de escenas de gran emotividad delas familias que se quedaban en tierra, viendo alejarse el velero hasta perderse en el horizonte, rumbo a Cuba...
"Sin duda alguna, ¡cuántas lágrimas se derramarían viendo alejarse el velero desde la costa y viendo alejarse la costa desde el velero!

Cada viaje transportaba a ciento cincuenta y dos pasajeros. De los más de mil quinientos emigrantes que se embarcaron en el «Habana» con destino a Cuba, se calcula que unos trescientos eran riosellanos. En su mayoría se trataba de jóvenes campesinos de escasos recursos económicos, con frecuencia rayando en el analfabetismo, que partían con la esperanza, a veces frustrada, de hacer fortuna. Una gran parte era reclamada por algún familiar o conocido mediante la denominada «carta de reclamación», sin la cual no era posible subir a bordo. Muchas veces se veían obligados a solicitar un préstamo para poder abonar los 1.400 reales que costaba el pasaje más económico.

Existían tres clases para el pasaje: cámara, antecámara y sollado, siendo ésta última la clase económica. Las condiciones del pasaje eran establecidas por el Alcalde y el armador en escritura pública, en la cual se mostraba la lista de pasajeros, así como las obligaciones del armador y el capitán del barco, los derechos y deberes de los pasajeros, el coste, etcétera. Asimismo, las autoridades sanitarias levantaban acta de los alimentos y bebidas que se cargaban a bordo. Entre las obligaciones del pasaje estaban el guardar un comportamiento educado, mantener la urbanidad e higiene posibles, así como acatar las normas dadas por el capitán. Entre las obligaciones del armador y del capitán estaban el dar un trato correcto al pasaje, prestar asistencia sanitaria en caso de necesidad y proporcionar una alimentación sana, la cual se distribuía según se indica a continuación.

Para el pasaje de cámara y antecámara: desayuno con café, té o chocolate. Almuerzo a base de dos platos variados, que podían ser de arroz, alubias, bacalao, patatas con carne (cecina) o pescado de salazón, además de postre y vino. Cena con sopa de arroz o pasta, olla de potaje (patatas con carne y tocino), postre y vino. Para el pasaje de sollado: desayuno de aguardiente con galletas. Almuerzo a base de dos platos que podían ser de bacalao con patatas, arroz o patatas con carne (cecina) o alubias. Cena con olla de potaje. Por pan se daba la tradicional galleta de pan ácimo. El agua potable estaba a libre discreción de todo el pasaje, aunque sólo se utilizaba para beber, pues el aseo personal se realizaba con agua de mar.

La vida a bordo estaba regulada por el toque de campana. Las estancias en cubierta para los pasajeros de sollado estaban sujetas a horarios fijos, en turnos de no más de cincuenta viajeros; cuando no estaban en cubierta, debían permanecer en sus aposentos. Los pasajeros de cámara y antecámara, mucho más reducidos en número, estaban exentos de estos turnos y podían permanecer en cubierta todo el día, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitiesen.

Cuando había temporal, todos los pasajeros estaban obligados a permanecer encerrados en sus compartimentos. Las letrinas, ubicadas en cubierta, se cerraban los días de tormenta y eran sustituidas por cubos de madera cuyo contenido se vertía por la borda."

Realmente el siglo XIX tiene dos murales, este está todo él dedicado a la Guerra dela Independencia, la francesada o invasión napoleónica


A diferencia del anterior, y al igual que los restantes, este está compuesto por varias escenas que plasman diversos episodios:


Arriba vemos los cañones de la ermita de Guía, esta con su desaparecida cabecera. Vemos cómo uno de ellos es arrastrado. Según una versión fueron arrojados al mar un total de cinco antes que cayesen en manos delos franceses, según otra fueron estos los que lo hicieron en una de sus retiradas


Tres de aquellos cañones serían luego recuperados para las carlistadas o guerras carlistas, pero no llegarían a intervenir. Luego se emplearían como columnas de amarre de las embarcaciones en el puerto, los noray, aquí llamados rulos de retorno. En 1999 fueron restituidos a este su emplazamiento original pero dos aún estarían en el fondo del mar


Por la escena de abajo nos enteramos que el antiguo hospital de acogida de pobres y peregrinos de San Roque, fundado en 1486 por el concejo bajo la advocación primera de San Sebastián, y dado por extinguido en 1800, fue rehabilitado por el mismo Ayuntamiento como hospital sanitario para atender a los heridos de la contienda 


Según vemos a la izquierda, se mantendría, en buena parte al menos, por donaciones particulares


En medio, el Divino Argüelles, así llamado por su oratoria, el político y diputado riosellano, padre de la Constitución de 1812, Agustín Argüelles, siendo recibido en Inglaterra para recabar ayuda tras la declaración de guerra a Napoleón por parte de la Junta General del Principado


Más tarde, se dice que gracias a su influencia siendo tutor durante los dos últimos años de la minoría de edad de Isabel II, se aceleraron las tan prolongadas obras del puerto. Repasábamos su biografía al pasar frente a su busto, erigido en la Plaza de María Cristina


Durante uno de sus periodos de ocupación, los franceses llegaron a crear un gobierno municipal propio con colaboradores locales. No se sabe si de buen grado o por la fuerza. Posteriormente tendrían lugar algunos ajustes de cuentas


Y a la izquierda los soldados del Regimiento Ribadesella, de cuya fundación e leemos en el Archivo de Recreación Histórico Cultural de Asturias (ARHCA):
 Creado y aprobado en la ciudad de Oviedo el 9 de julio de 1808 con el nombre de Regimiento de Infantería de Ribadesella, bajo el pie de un único batallón de a 10 compañías y una fuerza teórica de 1.000 hombres. Fue su primer coronel D. Juan de Dios Bernaldo de Quirós y Navia Arango.

La Plana Mayor del Batallón la constituía:

 

-          Coronel……………………………… D. Juan de Dios Bernaldo de Quirós

-          Sargento Mayor …………………….. D. Carlos Valdés Argüelles

-          2 Ayudantes de la clase de subalternos

-          1 Abanderado

-          1 Capellán

-          1 Cirujano

-          1 Armero

-          1 Tambor Mayor

 

            Además, teóricamente, cada una de las compañías del batallón de Ribadesella debería estar compuesta de:

                  

                    -   1 Capitán

               -   2 Tenientes

               -   1 Subteniente

               -   1 sargento 1.º

               -   3 sargentos 2.ºs

               -   4 cabos 1.ºs

               -   3 tambores

               - 90 soldados 

    


Además de sus destinos y frentes entre 1808 y 1811, cuando el regimiento se disuelve y sus miembros se integran en otras unidades, este archivo de recreación histórica nos informa de sus uniformes:
"La uniformidad, propiamente dicha, observada por el Regimiento de Ribadesella al principio del levantamiento contra el invasor ha discurrido paralela a la de los demás regimientos asturianos que se crearon en fecha anterior o posterior al mismo.

Poco después de formarse el cuerpo, a los componentes del Regimiento de Ribadesella parece ser que le fueron suministradas diversas prendas de vestuario confeccionadas por artesanos del Principado, cuyo uniforme debería componerse de casaca o chaqueta corta de paño pardo, con cuello, vueltas y otros apliques de color encarnado (o verde si se trataba de tropas ligeras); un pantalón de lienzo crudo; una chaqueta corta de marcha o fatiga de lino o lienzo crudo, posiblemente con cuello y vueltas también de color grana o verde. Como prendas de cabeza, parece ser que usaban el gorro de manga o de cuartel, o bien el sombrero redondo, de los fabricados en el Real Hospicio de Oviedo o de los procedentes de la ayuda británica llegada a Oviedo meses antes. La mayoría de los pertrechos que conformaban el equipo del soldado eran también de origen británico, recibidos en Oviedo en julio de 1808, justo a tiempo para equipar a los regimientos que por esas fechas se estaban organizando en Oviedo.

En febrero de 1809, aunque no existe referencia documental alguna que verifique su reparto entre los componentes del Regimiento de Ribadesella, no cabe la menor duda que, por la pertenencia del expresado cuerpo a la divisiones de Vanguardia y Oriente (guarnición de Asturias), necesariamente ha tenido que beneficiase de las prendas de vestuario procedentes de la ayuda británica recibidas en Asturias, precisamente, en ese mes de febrero. Según orden del General en Jefe del ejército asturiano, aquellos soldados «... q.e no se hallen bestidos de encarnado sufrirán la pena de muerte ...», por lo que se puede colegir que el Batallón de Ribadesella sí ha sido equipado con dicho vestuario. Este uniforme, en esencia, se componía de casaca roja, chaleco blanco, pantalón de lienzo y chacó tipo ‘stovepipe’ (tubo de chimenea) o, en su defecto, gorro de cuartel. La provisión de estas prendas se efectuaba mediante sorteo entre los distintos cuerpos realizado por la propia Inspección del Ejército en Asturias."

Aquella guerra paralizó las obras de este puerto durante seis años, si bien luego se reemprendieron a buen ritmo, aunque en llegando en 1820 elmuelle hasta la entrada del  puerto, dice también Capín Rama:
"El ingeniero director del puerto, Ciriaco de Müller, en un informe en el que se califica a Ribadesella como el mejor puerto entre Ribadeo y Santander, solicita los 800.000 reales necesarios para terminar las obras. En cuanto a lo de «mejor puerto entre Ribadeo y Santander», como muestra bien vale un botón: entre 1804 y 1809 se contabilizan 1.015 arribadas; y entre 1814 y 1825, 1.202 arribadas, en ambos casos se trata de recaladas de embarcaciones mayores. Pero nuevamente surgen trabas para entregar el dinero, en este caso por parte del intendente de Asturias; de modo que los trabajos se suspenden en 1825 una vez más."

Aquellas obras perseguían acondicionar un puerto que corría el riesgo de quedarse obsoleto tras un periodo de decadencia con la extinción de los cetáceos del Cantábrico y con ellos la industria ballenera de la que tanto dependían las villas costeras desde su mismo origen y con un gran auge en el siglo XVI, cuando Ribadesella/Ribeseya recobra su realengo y se libra del señorío de los Quiñones


Es El Renacimiento, el siguiente mural al que nos vamos a acercar en la Senda Histórica del Puerto, compuesto por cinco escenas de las que cuatro tienen que ver directamente con la actividad portuaria


Arriba la sal, que en principio se explotaba en salinas locales y luego se traía importada de Bretaña, empleada para conservar alimentos, principalmente los productos de las pesquerías y derivados de la ballena. Llegó a ser tan importante que su comercio estaba sometido a fuertes reglamentaciones. Pocos puertos contaban con el alfolí, almacén de sal y su correspondiente derecho a tenerlo, importarlo, trabajarlo y reexportarlo


A la izquierda el salmón, también muy importante en la ría y el río Sella. Sus derechos de pesca ocasionaron fricciones con los vecinos de las aldeas próximas Sella arriba, así como por las artes empleadas. Hasta 12.000 se llegaron a pescar por entonces en una sola temporada


Abajo las exportaciones, en este caso aceite obtenido de las ballenas que se despiezaban en el Arenal de Santa Marina. Leemos en El Puerto de Ribadesella en la web del Ayuntamiento:
"Una de las principales actividades portuarias medievales, la industria ballenera, tenía su centro en la playa, donde se descuartizaba a los cetáceos y se fundía su grasa para elaborar aceite de alumbrado. Otro negocio medieval era el de la importación y distribución de la sal, pues a mediados del siglo XIV Ribadesella obtuvo junto con Llanes, Avilés y Luarca el permiso real de alfolí, que quedó controlado por la nobleza y el clero."

Arriba y en medio, la imprevista e improvisada llegada a Asturias de Carlos de Flandes en 1517 para hacerse con sus dominios españoles, rematando el golpe de estado contra la reina legítima Juana I, ya comenzado por su padre Fernando el Católico al recluirla en 1509 en Tordesillas en una torre castillo dela que no saldrá en 47 años. Fue sin embargo bien recibido pues con los Quiñones aún pleiteando para devolver la villa a su señorío se prefería depender directamente de la Corona, como cuando Alfonso X fundó la puebla, que volver al feudalismo


Abajo, descuartizando cetáceos en el Arenal de Santa Marina al lado de la Casa de las Ballenas, e industria derivada de ellas, como su preciada grasa o saín. A la izquierda una mujer con uno de aquellos tocados en la cabeza que tanto asombraron a Laurent Vital, acompañante y cronista del futuro emperador Carlos I de España y V de Alemania


Uno de aquellos productos de la industria ballenera eran los corsés, pues como podemos leer en la página de la Real Academia Española...

"En el Diccionario de autoridades, en 1726, se señala que ballena «se llama también el ajustador que trahen las mujeres, que por otro nombre se llama Cotilla. Dícese Ballena, porque se compone y hace de las barbas de este pescado». Y, en efecto, ya en el siglo xvii se emplea ballena para referirse a una prenda interior que ajusta el cuerpo de la mujer de los hombros a la cintura. "



En Ribadesella/Ribeseya, además de los caminos del mar confluyen también los dela tierra, el Camín Real de la Costa y uno de los principales a Castilla, por donde se quiso trazar una carretera proyectada en 1782, el de Ventaniella. Desde el puerto se exportaban escabechados y salazones, precedentes de las posteriores industrias conserveras


Y es que, aparte de la sal, que llegó a ser en su tiempo el principal tráfico portuario, se importaban granos de cereales panificables y vino, así como géneros y manufacturas de todo tipo que además, junto con el pescado fresco, salado o en escabeche, no sólo suministraban a la localidad sino que eran la base de rutas comerciales de redistribución tanto costero como terrestre, este en base a arrieros con yuntas de bueyes o recuas de mulas, los grandes transportistas de la antigüedad


El comercio terrestre era mucho más complicado que el marítimo debido a las dificultades orográficas, por eso, los camino del mar, a pesar de todos los peligros de sus corrientes, brisas cambiantes, calmas inesperadas y galernas, era considerado más rápido, rentable y muchas veces más seguro. Esto incluía también a pasajeros


Cuando en el siglo XVIII se iniciaron las primeras obras para hacer el nuevo puerto, aparecieron, para gran asombro, señales de antiguos muelles hechos en el mismo lugar no se sabe cuando. Leemos en la Gran Enciclopedia Asturiana tomo 4 voz Ribadesella:
"En 1772 el ingeniero Pedro Lizard trazó los primeros planos, que en 1776 serían ampliados por los de Andrés de la Cuesta, maestro de Dibujo de la escuela de El Ferrol.Iniciados los trabajos del proyecto de Lizard, por orden del regente de Oviedo (Cazo de Brionés), aparecieron restos de un viejo muelle y fondeadero."

Para conocer el origen de aquel primer muelle ya habríamos de pasar al siguiente mural, el penúltimo de esta serie


Es un mural que engloba más de 1.000 años de historia, Roma y la Edad Media hasta la fundación de la Puebla de Santa María Magdalena del Puerto, precedente de la actual población, pero esta a la vez enclavada sobre un portus preexistente desde tiempo atrás


Primero arriba a la izquierda aparece como puerto comercial de los romanos y, a tenor de los hallazgos localizados, sin duda mucho antes aún. Algunos autores sostienen que sería esta la Noega Ucesia, o Noiga Ukesia, citada por Ptolomeo y cuyo referente toponímico actual puede verse tal vez en la cercana parroquia ribereña de Samiguel d'Ucio


Dentro del contexto de la escena de este mural que estamos viendo, podemos decir que en El Fuerte, encima de El Portiellu, se han localizado tégulas y ladrillos de cronología romana. Un poco más allá, en el Picu les Torres, donde estaba el castillo de Bivaone, desde el que se gobernaba el territorio de Melorda antes de la fundación de la puebla, recientes hallazgos han confirmado que se trata de una fortificación ya existente unos 700 años a. C. en el paso de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro


Después, como vemos abajo, esta ensenada se consolida como puerto ballenero en la baja Edad Media, uno de los motivos de hacer de estas las nuevas pueblas libres de los feudos señoriales, dada la extraordinaria fuente de riqueza para hacer de ellas poblaciones autónomas y aforadas, centro de un territorio o alfoz que respondiese directamente a la corona, sin vasallaje a señores ni monasterios


Un atalayero o vigía avisaba desde un promontorio de la aproximación de los cetáceos, entonces muy numerosos, prácticamente sin enemigos naturales, a los que se atraía hacia la costa con ruidos y movimientos. Así si alguno quedaba varado, se le daba muerte. Otras veces arribaban accidentalmente a la costa


Ese procedimiento se sustituyó rápidamente en la baja Edad Media por el ir a cazar las ballenas desde puerto con lanchas de remeros, con su timonel y arponero, en una operación sumamente peligrosa en la que se requería, fuerza, coraje, puntería y bastante valor, pero funcionaba, pues con esta actividad vivieron poblaciones enteras y se regulaba estrictamente cuanto correspondía a cada tripulante, a viudas, huérfanos, enfermos, impuestos, etc. Con esto y el comercio nacieron los Gremios de Mareantes


Lo cierto es que el éxito fue tal que los grandes cetáceos se extinguieron prácticamente del Cantábrico, siendo tal vez la primera gran extinción provocada por el hombre directamente. Ello llevó a la penuria y decadencia del viejo puerto, naciendo la idea de hacer uno nuevo preparado, además de para las pesquerías, para el comercio transoceánico


Y es que, efectivamente, se ha contrastado la caza, captura, aprovechamiento, etc. de las ballenas aquí desde la Prehistoria, bastantes milenios atrás, si bien con este sistema se extinguieron rápidamente


Y así llegamos a aquel episodio de la concesión de la Carta Puebla a Santa María Magdalena del Puerto por Alfonso X El Sabio, si bien el documento original no se conserva y la primera mención a la nueva puebla o pola que conocemos será con Sancho IV en 1284. Más adelante caerá de nuevo en la órbita señorial con los Álvarez de las Asturias, los Trastámara y los Quiñones, recuperará teóricamente sus fueros en el siglo XVI, pero recaerá en el dominio de la nobleza local terrateniente que ocuparán, primero por influencia luego directamente y por compra, los cargos concejiles. En 1673 los vecinos serán librados de esta situación pero aún en 1707 denunciarán ante la Corona los abusos señoriales


Y nos queda ya pendiente el último mural, el de La Prehistoria, con cuatro escenas principales y numerosos personajes


Las Cuevas de Tito Bustillo, llamadas así en honor de uno de sus descubridores, fallecido en accidente de montaña poco después. Son estas las del Pozu'l Ramu y La Cerezal pero hay muchas más en el entorno de la ría


Allí vemos arriba cómo estos artistas pintaron animales, entre ellos peces y cetáceos. Responden a las culturas de cazadores y recolectores del Solutrense y del Magdaleniense medio, de la que su datación, en base a estas pinturas, estaría entre 20.000 y 10.000 años a.C.


Sin embargo otra figura, de forma humana, aparecida en 2000 en lo más inaccesible de la cueva, arroja una fecha muy anterior, 33.000 años a.C. por lo que casi podríamos decir que esto fue un puerto natural desde el neandertal, dado que algunos científicos atribuyen esta pintura a gentes de esta especie, si bien no está demostrado


Más adelante surgirían los primeros poblados en la ribera. Se pescaría en el estero y se cazaría en los bosques cercanos


Ya aparecerían las primeras embarcaciones para surcar la ría y también el mar, seguramente empleando el cabotaje y sin alejarse demasiado de la costa, aunque no por ello no dejarían de cubrir grandes distancias si lo necesitasen


Y en base a aquellas primeras chozas o cabañas nacerían los primeros pueblos, que se harían sedentarios con la agricultura


El mar y la tierra constituirían una fuente aparentemente inagotable de recursos...


Un chiste de Mingote sobre el que sería "el primer veraneante"


Nace la especialización, cazadores y pescadores, cada uno con sus mañas, artes e instrumentales. 


Y esta es la placa inaugural, de enero de 2007, firmada por el alcalde José Miranda Reigada, en la que se explica el motivo, inspiración y autores de estos magníficos murales


Inaugurada esta Ruta Histórica del Puerto, el periodista Antonio Astorga en el apartado de Cultura y Arte del periódico ABC, el artículo Mingote convierte Ribadesella en un museo al aire libre, dando noticia de esta extraordinaria obra de arte:
"El ingenio del genio del dibujo Antonio Mingote ha convertido Ribadesella en una pequeña Florencia revisitada en el siglo XXI: un extraordinario museo al aire libre, en el Paseo de la Grúa. «Ribadesella parece diseñada por un diseñador de pueblos, tiene la playa, la ría, la bahía y el monte. Es una perfección», esculpe el artista la personalidad riosellana. Frente al mar se pueden ver los muros de piedra originales del siglo XIX, que sostienen la historia del puerto y del concejo en seis murales, desde los que Mingote traza los momentos culminantes del tráfago riosellano en azul y sepia.
Desde la Prehistoria, con la cueva de Tito Bustillo (equiparable a las de Altamira y Lascaux), a la modernidad; desde el nacimiento del piragüismo al siglo XXI, Antonio Mingote dibuja al «precursor» remando sobre un tronco ahuecado e inventándose el Descenso del Sella. Y su espíritu mordaz se encarna en la presencia de «el crítico», un personaje que «observa el trabajo ajeno, pone cara de desaprobación, y no da ni golpe». El artista también pinta una ballena, señal de que ya se conocían a estos cetáceos, La romanización, Alfonso X «El Sabio» entregando la Carta Puebla a los habitantes de Ribadesella, por la que se concedía a los nuevos súbditos la protección de la Corona, el Renacimiento, la industria ballenera, el futuro emperador Carlos V visitando la localildad en 1517, procedente de Flandes, arrieros guiando a sus mulas hacia Castilla por los puertos de la cordillera, con escabechados y salazones a cuestas... Antonio Mingote ofrece una magistral lección de historia de Ribadesella, que fue invadida por el ejército francés en enero de 1810, al mando del general Bonet, y permaneció ocupada año y medio. Se descorre el telón de la Guerra de la Independencia, y emergen dos Ayuntamientos en el concejo: uno afrancesado en la villa y otro español al otro lado del Sella. La batería de cañones de la ermita de Guía, arrojados al mar por los franceses, la emigración riosellana, el Bergantín Habana, un barco de vela que hacía la ruta Ribadesella-Cuba, o el primer Descenso del Sella completan el tránsito a la modernidad. 
El académico culmina su mural frente al mar, la mar, dibujando a los Príncipes de Asturias (y de Ribadesella): Doña Letizia, en el paseo al que da nombre sosteniendo la bandera de Ribadesella, azul y blanca -como el agua y la espuma del Cantábrico- del brazo de Don Felipe, que, dada su altura, sobresale por encima del mural. «Yo le dije: Señor, le prometo que la próxima vez le pondré la cabeza entera», le explicó el académico, entre risas de Sus Altezas Reales, en una jornada que culminó con una «espicha», donde los Príncipes, Antonio Mingote y su alma, Isabel Vigiola, compartieron mesa y mantel con las autoridades y el pueblo riosellano. «Ha sido un trabajo costoso, pero me ha compensando porque ha tenido mucho éxito. Ha gustado, la gente lo aprecia, lo ve, lo mira, lo respeta, y es una especie de milagro que no hayan hecho pintadas, puesto bigotes ni esas cosas... Estoy muy contento porque ha sido muy bien aceptado por la gente del pueblo», frota el genio la lámpara de su obra maravillosa."

Esta sería propiamente la Casa de la Barca, del Gremio de Mareantes, justo enfrente de la rampa de la antigua lancha que pasaba gentes, animales y mercancías de una a otra orilla


Era esta pues la Rambla de la Barca, su servicio hubo de reponerse tras la destrucción del viejo puente metálico del Sella en la Guerra Civil y mientras duró su reconstrucción, hasta mayo de 1940


Al otro lado estaban la Caseta de la Barca (ahora se llama a veces caseta a la de esta orilla), la Casa de las Ballenas y la capilla de Santa Marina. Una estrecha franja de terreno entre los arenales constituía el paso del Camín Real de la Costa hacia el valle de San Pedro y subida a Abéu


Allí construiría la Marquesa de Argüelles su casa principal, de la que vemos mejor la torre y la fachada principal, orientada al sur, a la calle Ricardo Cangas, que sigue el trazado del camín real 


Allí hay otra rampa para la barca que es empleada ahora como acceso al arenal. La calle Ricardo Cangas, dado que es el trayecto histórico, es la que está señalizada con las conchas oficiales del Camino de Santiago


Sin embargo ya hemos dicho que, al no constituir ningún gran cambio de recorrido, nosotros vamos a preferir seguir por el paseo marítimo frente a la playa, admirando esta preciosa desembocadura y concha, deteniéndose eso sí, en las casonas de interés, rodeándolas incluso para ver todos sus ángulos y detalles artísticos y arquitectónicos


Para ello ahora y sin servicio de barquerías habremos de dar un importante rodeo, pero merecerá la pena, siguiendo la calle del Coronel Bravo desde el Puente del Sella


Bajo el boscoso monte de Ardines, donde están las cavernas prehistóricas más sobresalientes y visitables, pasaremos a Santa Marina por El Picu, y recorreremos la calle del Coronal Bravo pasando primeramente junto al puerto deportivo, inaugurado en 2003 y ampliado en 2008

Desde Santa Marina tendremos una hermosa vista de este Paseo de la Grúa y de la fachada portuaria riosellana, dando vista en la población a los edificios del ensanche y otros construidos posteriormente, así como a El Muellín y Paseo de la Princesa Letizia


De la antigua población con sus edificios, aún conservados algunos, de entre los siglos XVI al XIX, algunos renacentistas y barrocos, nada se ve ahora. Únicamente las altas torres y cúpula de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena delata el lugar donde estuvo la antigua, desaparecida en 1924, situada en las proximidades de su misma plaza


Justo detrás vemos la subida al cementerio, donde está la fila de casas de La Cuesta Nueva, uno de los pocos conjuntos de viviendas que han hecho crecer a la población hacia arriba, hacia las colinas sitas a sus espaldas, aparte por supuesto de los edificios de El Portiellu alto y El Fuerte, en la carretera de la Estación, por donde entra el Camino


El Paseo de la Grúa da paso a la calle Manuel Caso dela Villa, donde ya transitan los vehículos pues tienen aquí uno de sus aparcamientos. Aquí vemos uno de aquellos antiguos amarres del puerto. Por El Muelle empezó a salir en 1925 el estratégico mineral de espato flúor de las minas de Berbes y Caravia, que en la década siguiente asentará una línea regular con Amberes y Bremen. Más adelante, en los años 60 del siglo XX, llegó a ser esta prácticamente la única mercancía exportada por este puerto, ahora hacia Avilés, junto con algo de carbón, cada vez menos, y otras materias primas


A la vez se importaba, en esta última fase, madera de Lugo y del occidente asturiano, y sal, aunque ya sin aquellos grandes controles estipulados antaño para este comercio. En 1966 se suprime la Aduana y eso viene a poner fin a la actividad comercial en los años siguientes, cuando continuó siendo puerto minero


La Grúa se desguazó y se vendió para chatarra, pero dio nombre al paseo de este viejo camino de sirga y, finalizada toda actividad, de instalaron estas barandillas que siguen el modelo de la gijonesa Playa de San Lorenzo, precisamente la ciudad que tendría el gran puerto asturiano por excelencia, ya auspiciado por Jovellanos y que Ribadesella/Ribeseya se había planteado muy seriamente tener, con un gran dique exterior que saldría del Monte Somos, pero aquello quedó en nada, como la carretera de Castilla por Ventaniella y vía Sahagún


A partir de aquí podemos decir empieza el casco urbano propiamente dicho: los bares y sidrerías sacan sus terrazas a la calle. A la izquierda por ejemplo, la marisquería El Pesqueru, del chef Ladi Victorero, quien organiza además cursos de cocina para asociaciones e instituciones. Un ambiente plasmado de esta manera en el blog gastronómico Los Diletantes:
"El restaurante está al final de los restaurantes que bordean la desembocadura del Sella, después de la rula. El día nos tocó soleado y tranquilo, así que nos sentamos en la terraza. Las mesas son pequeñas y están muy gentes, pero habiendo media entrada no importa mucho. Por ser la última está tranquila. No es difícil ver trasegar algún barco que entra al puerto, se escucha el run-run del agua, el graznar de alguna gaviota, y se respira una brisa muy agradable."

Una muy buena reseña de El Pesqueru la da B. Morán en La Nueva España el 9-5-2008, cuando este establecimiento hostelero consigue el certificado Q de calidad:
"El restaurante El Pesqueru, situado al comienzo del paseo de la Grúa de Ribadesella, cocina con «Q de calidad». Así lo ha señalado el consejo regulador de la «Q de calidad turística española», al conceder a este restaurante riosellano el distintivo del mismo nombre. El Pesqueru se ha convertido así en el primer negocio hostelero de la comarca oriental que ha logrado la deseada «Q de calidad». En la entrada del establecimiento luce desde ayer la placa identificativa de este galardón turístico nacional, que premia las instalaciones, forma de trabajo y demás servicios que ofrece este restaurante riosellano.

El salmantino Carlos Turrión Peláez, propietario y gerente de El Pesqueru, mostró su satisfacción por el reconocimiento. «Es un galardón muy valioso y que sin duda simboliza el futuro del turismo: ofrecer calidad en tu establecimiento conlleva la satisfacción del cliente. Ser el primer restaurante del Oriente que dispone del galardón es el mejor reconocimiento que podían haber hecho a nuestros esfuerzos por mejorar el servicio, aseguró.

El cuidado servicio que ofrece El Pesqueru, las instalaciones y la exquisita gastronomía son algunos de los aspectos que lograron captar la atención de los auditores del consejo regulador de la «Q de calidad turística». Uno de los puntos que más llamó la atención, y por el que el establecimiento logró una importante puntuación, fue el sistema innovador de limpieza e higiene que ha puesto en marcha el propietario del restaurante en la cocina de El Pesqueru. «En esta cocina no se lavan platos. Sólo entran platos limpios. Los sucios se depositan en un contenedor para llevarlos a lavar a su otro restaurante, Casa Abelardo. Con este sistema aseguramos al cien por ciento la higiene en la cocina. Fue un aspecto que sorprendió a los auditores», relató. El Pesqueru obtuvo en el examen de los auditores un total de 880 puntos de los 1.000 puntos que, como máximo, otorga el consejo regulador de este galardón turístico.

Primero de la comarca

Un notable que ha logrado posicionar al restaurante como el primero en lograr la «Q» en toda la comarca oriental. Es, además, el vigésimo restaurante de Asturias que logra este distintivo. Aunque para Carlos Turrión los objetivos no están aún cumplidos del todo: su próximo reto es lograr que en la puerta de su otro restaurante, Casa Abelardo, situado a escasos metros de El Pesqueru, luzca pronto también la «Q de calidad».

Nos dirigimos hacia El Muellín, ante el que extienden sus fachadas algunos emblemáticos edificios del ensanche riosellano, calle de los Marqueses de Argüelles y Paseo de la Princesa Letizia. Antes de la construcción del actual muelle con la ampliación de los años de la II República, las riadas aún afectaban a esta calle y a las posteriores de la Nueva Población, Comercio y Gran Vía. Así nos lo cuenta también Ramón Capín Rama en La Nueva España (27-6-2012) con El sabor de los establecimientos comerciales de Ribadesella:

"Ubicada al comienzo de la calle Gran Vía, se encontraba la Droguería de Pedro Peláez (posteriormente de Pineda), que tenía fama de vender perfumes de muy buena calidad. El negocio era atendido por don Pedro y por su madre, doña Salus. Peláez, que llegó a ser concejal del Consistorio riosellano, tenía dos hijos, Margarita y Pedrín, de los cuales se ocupaba principalmente una tía, doña Carmen (en aquellos tiempos era frecuente que una hermana del marido o de la esposa viviese en casa con el matrimonio, ocupándose de las labores del hogar y de los hijos). En una ocasión, una enorme riada inundó todo el pueblo y, ante la marea de agua, doña Salus se encaramó sobre el mostrador de la droguería; posteriormente, tras largo rato de espera y cierta dosis de pánico, alguien se encargó de rescatarla en un bote de remos"


Más allá del Puente del Sella, las colinas de la parroquia de Samiguel d'Ucio, el posible solar de la mítica Noega Ucesia de Claudio Ptolomeo, y que nos ocultan el Picu les Torres del no menos mítico Castillo de Bivaone, que antes del potestas o gobernador regio fue de los condes Piniolo y Aldonza, permutado con otros con el rey Bermudo III para fundar el monasterio de Courias en Cangas del Narcea. Por esa ribera iría, camino de San Esteban vía Espinu, La Piconera y Sardalla, el otro gran paso del Sella en este sector, la barca de L'Alisal, parroquia de Xuncu, que estuvo en funcionamiento hasta la tardía fecha de 1968


Pasamos ahora delante del Edificio Delfa, nombre de la que fue una importante empresa angulera. En el bajo está Casa Basilio, de Mauricio Roza y del que nos orientan así en Buscorestaurantes.com:
"Casa Basilio es un clásico en Ribadesella entre los amantes de la mejor cocina marinera.  Ubicado junto al río Sella, está especializado en platos típicos asturianos, pescados y mariscos frescos.  Ambiente familiar y trato cercano en unas instalaciones de decoración sencilla pero acogedoras, al estilo mesón, con un amplio comedor y una espectacular barra donde exhiben sus pintxos más deliciosos."

Aquí fue camarero el profesional hostelero y célebre piragüista cangués Alfonso Vivero Fernández, Oki, director técnico del Club Piraguas La Llongar-Cangas Aventura


A la izquierda La Terraza de Cojimar, de Isabel Pendás. Aquí consultamos Gastroranking:
"te aconsejamos sentarte en su terraza, comida e instalaciones hacen que sea perfecto para venir con toda la familia, es uno de esos restaurantes de los que sales con buenas sensaciones."

Y seguidamente La Ría del Campanu, en la esquina con la calle Vapor Alberto, uno de los accesos a La Guía por el Monte Corberu. Forma parte de las sidrerías-marisquerías El Campanu del cangués José Manuel Mori Cuesta, El Marqués, pescador y hostelero varias veces galardonado. Aquí mismo por ejemplo, en este restaurante, con uno de los Platos de Oro que otorga Radio Turismo. De él podemos leer en Ribadesella.com:
"El restaurante/marisquería El Campanu está regentado por José Manuel Mori Cuesta ‘El Marqués’, prestigioso pescador, quien no escatima a la hora de prepararse para la jornada de pesca y la gastronomía asociada a ella. Su amplia experiencia ha dado numerosos frutos, como la pesca reiterada del primer salmón de los ríos asturianos: El Campanu. El Marqués ha pescado el Campanu nada menos que en cinco ocasiones y en distintos ríos: Sella, Eo, Esva, Cares y Cantabria.

Las claves son, según explica, escudriñar el río y decidir el tipo de cebo. Jose Manuel Mori también es un experimentado pescador de otra especie difícil y esquiva: la lubina, que pesca desde los 16 años y que ahora sirve en su restaurante.

En sus platos encontrará la mejor calidad y la experiencia de un gastrónomo de primera.

Restaurante distinguido con el sello de calidad de la Cofradía de Pescadores «Virgen de Guía» de Ribadesella, ofreciendo pescado con garantía de frescura y calidad.

Como restaurante adherido a este proyecto defiende de esta manera la pesca artesanal y sostenible que practican las embarcaciones riosellanas utilizando artes tradicionales respetuosas con el ecosistema marino"

Un poco más allá están Llantares de Mar, de Alejandro Fernández, la Taberna El Escribanu, la Sidrería la Marina, acceso a la Plaza de Santa Ana, y Abareque Sidra y Tapes. El chigre de la Talameradel prestigioso cocinero Lluis Nel Estrada, que con motivo de su apertura publica Miguel Llano para El Comercio esta interesante reseña:
"El cocinero y divulgador gastronómico Lluis Nel Estrada, quien fuera director gastronómico de Tierra Astur, abre su propio restaurante enRibadesella. La Talamera, que ya ha comenzado a ofrecer, «en pruebas», varias comidas. Mañana viernes será la inauguración oficial tras la que el restaurante, situado en la Plaza Santa Ana 8 de Ribadesella, abrirá sus puertas para todo el mundo. 
Con una cocina basada en el producto asturiano, donde destacan los quesos y la cocina de quesos y los pescados frescos del Cantábrico obtenidos de la rula de Ribadesella, este espacio busca acercar una cocina informal, tradicional actualizada, «sin estridencias» Todo con un tiquet medio que, esperan, roden los 30 euros con bodega 
En la bodega serán protagonista los vinos de Cangas, los ecológicos, las cervezas artesanas y las más novedosas formas de entender la sidra. Estrada propondrá al comensal una carta corta, estacional, que juega con el mercado y que está 100% libre de gluten, de tal modo que un celiaco pueda disfrutar de cualquiera de las elaboraciones. 
No faltarán los fritos de quesu Ovín con compota de tomate y albahaca, tortinos de maíz crujientes con guacamole de manzana, pastel de sabadiego con cebolla caramelizada, merluza a la romana con mayonesa de soja, carne gobernada de xatu casín ecológico con tortinos de maíz, tabla afinada de quesos «los que en cada momento considere que esté mejor» y postres como el semifrío de Afuega'l pitu con galleta y arándonos ecológicos."

Nos separamos de la calle Manuel Caso de la Villa para seguir por La Ribera, ya en aquellos nuevos espacios ganados en 1933 en la última gran ampliación portuaria. Es la calle Dionisio de la Huerta, el insigne pionero del Descenso del Sella, su verdadero origen y creador de esta alegre fiesta fluvial y deportiva. Nos dirigimos hacia el puente siempre teniendo de frente El Muellín, donde atracan las lanchas de pesca de la Cofradía de Pescadores Virgen de La Guía, entramos en su página:
"La Virgen de la Guía es la patrona de los marineros. La cofradía de pescadores celebra su fiesta en Julio y bajan a la Virgen por la ladera de la montaña sacándola al día siguiente en procesión marítima. El puerto se ubica rodeado de los montes Corbero y Somos, que sirve como orientación a los marineros por su capilla y faro.
El puerto riosellano, que durante siglos fue uno de los mejores puertos de abrigo del Cantábrico por estar dentro de la ría, existía ya como portus en la Alta Edad Media y fue mejorado a partir de 1270, cuando se realizó el primer trazado urbano de la villa, que entonces sólo abarcaba los barrios de la Aguda, la Atalaya, la plaza de la iglesia y el Portiellu, una configuración urbana que duró hasta el siglo XVIII. Una de las principales actividades portuarias medievales, la industria ballenera, tenía su centro en la playa, donde se descuartizaba a los cetáceos y se fundía su grasa para elaborar aceite de alumbrado. Otro negocio medieval era el de la importación y distribución de la sal, pues a mediados del siglo XIV Ribadesella obtuvo junto con Llanes, Avilés y Luarca el permiso real de alfolí, que quedó controlado por la nobleza y el clero."

Como vimos, aquel comercio de la sal estaba sujeto a férreo control y disposiciones que, como suele suceder, se prolongaron en el tiempo mucho más de lo necesario. Continuamos leyendo de la Cofradía: 

"El puerto riosellano, que durante siglos fue uno de los mejores puertos de abrigo del Cantábrico por estar dentro de la ría, existía ya como portus en la Alta Edad Media y fue mejorado a partir de 1270, cuando se realizó el primer trazado urbano de la villa, que entonces sólo abarcaba los barrios de la Aguda, la Atalaya, la plaza de la iglesia y el Portiellu, una configuración urbana que duró hasta el siglo XVIII. Una de las principales actividades portuarias medievales, la industria ballenera, tenía su centro en la playa, donde se descuartizaba a los cetáceos y se fundía su grasa para elaborar aceite de alumbrado. Otro negocio medieval era el de la importación y distribución de la sal, pues a mediados del siglo XIV Ribadesella obtuvo junto con Llanes, Avilés y Luarca el permiso real de alfolí, que quedó controlado por la nobleza y el clero."

Y es que el siglo XIV los poderes señoriales se habían vuelto a enseñorear, valga la redundancia, de la aún naciente pola y ellos gestionaban ya sus tributos y demás reglamentaciones, principalmente todo tipo de actividades comerciales. Ello ocasionó, como en todos los puertos asturianos, grandes, pequeños (incluso calas) que se procediese al contrabando. Ramón Capín Rama nos lo dice en su Breve historia del puerto de Ribadesella:

"Como requisito indispensable para la conservación de la carne de ballena, así como de otras capturas como merluza, besugo, salmón, trucha, anguila y lamprea, se crearía en Ribadesella una importante industria salinera. Si bien en un principio la sal se comenzó a extraer en Ribadesella por desecado, sin embargo, la carestía del proceso hizo que a partir del siglo XIII se trajera de otros puertos españoles y franceses. Más tarde, en el siglo XIV, por decreto real se concedió a Ribadesella el alfolí o salín, por el que se permitía a los industriales no sólo importar la sal, sino almacenarla y distribuirla a otros compradores. Jaime Álvarez Rivero lo constata citando la obra de Luis Adaro sobre los puertos asturianos: «El mayor movimiento de buques lo constituyó el comercio de la sal, elemento tan necesario para la conservación de las carnes y de los pescados, siendo Ribadesella el único puerto con capacidad suficiente en toda la región oriental para este tipo de comercio». Así pues, paralelamente a la actividad marinera, se generaría en el puerto un importante comercio basado en la sal.

La regulación legal del comercio salinero implicaba el pago de impuestos, por lo que los marineros riosellanos, tratando de rentabilizar mejor sus capturas, aprovechaban sus faenas en aguas gallegas para traer sal de Galicia, salar el pescado y venderlo ellos mismos en secreto. Naturalmente, esto se hacía a espaldas de la ley, por lo que se exponían a importantes multas. La industria del salazón alcanzaría tal auge en Ribadesella que hasta hace sólo unas décadas aún se contaban cinco fábricas en el pueblo. En su momento de mayor desarrollo se llegaron a censar hasta veinticuatro fábricas de salazón."


Nos asomamos a la barandilla y observamos las aguas del estuario. El paso de las rías era algo especialmente temido por los viajeros de la antigüedad, y especialmente por los peregrinos. El oficio de barquero, pese a ciertas connotaciones sagradas, a veces casi divinas, dentro de los cultos acuáticos precristianos, no era de los mejor vistos y el famoso Codex Calixtinus, la primera gran guía del peregrino medieval, no los deja bien parados. Como escribe el gran estudioso Arriba Briones
“salvar el curso de un río siempre fue una pequeña o grande aventura para los peregrinos, y una óptima ocasión para sus esquilmadores”

Aguas procelosas, fuertes corrientes, mercancía y gentes que se caen al agua en barcas atestadas, oportunidad de latrocinios y picaresca... por eso a veces los peregrinos, extraños desharrapados, eran muy proclives a ser las primera víctimas. Es cierto que el mismo Codex alaba al marinero Frisono, salvado por Santiago cuando cae al mar con su pesada armadura, intentando defender su nave, cargada de peregrinos a Jerusalén, del ataque de los sarracenos que querían hacerlos esclavos. Pero cuando se refiere por ejemplo a los barqueros de Las Landas, suroeste de Francia que verían los peregrinos europeos que se dirigirían luego a Santiago por este Camino de la Costa, ahora más llamado Camino Norte, lo hace así:
 “aquellos ríos son muy estrechos, sin embargo por cada hombre, tanto pobre como rico, que transportan hasta la otra orilla, suelen cobrar un dinero, y por las caballerías cuatro, que exigen incluso por la fuerza, abusivamente”

 “muchas veces meten tanta cantidad de peregrinos, tras cobrarles el precio, que vuelca la nave, y se ahogan los peregrinos en el río. Por lo que malignamente se alegran los barqueros, apoderándose de los despojos de los muertos”.

No es extraño que el Gremio de Mareantes fundase, casi en el momento de su constitución, tres capillas que verían quienes pasasen la ría: la de Santa Ana para acogerse a ella antes de cruzar al otro lado, la de La Guía, de evidente significado de buena guía y Camino, y al otro lado la de Santa Marina, para dar gracias por el llegar sanos y salvos al otro lado, o en el caso de los que vienen, auspiciar por su protección a la santa


La Cofradía Virgen de La Guía es sucesora del Gremio de Mareantes, o más correctamente, de Navegantes y Mareantes, también mencionado como Honorable Gremio del Mar y Puerto de Ribadesella, encargado de regular la actividad pesquera, la protección de sus intereses, el amparo de pescadores y sus familias, la barca del pasaje a Santa Marina, el culto, las fiestas y las romerías de sus capillas y patronas. Sus miembros eran todas aquellas personas que, de un modo u otro, vivían del mar. Va a seguir contándonoslo Capín Rama:
"También en el siglo XVI tuvo lugar la creación de un organismo destinado a tener gran relevancia en la vida local. Se trata del Honorable Gremio del Mar y Puerto de Ribadesella o Gremio de Navegantes y Mareantes, encargado de regular tanto la actividad pesquera como los festejos, el culto y la antes mencionada «Barca del Pasaje», cuya explotación se concedió a un particular. El Gremio estaba formado por todas aquellas personas que, de un modo u otro, vivían del mar. Se encargaba de examinar las artes pesqueras, pesar el pescado y, en definitiva, controlar todo lo relacionado con la pesca. Del producto de las capturas se descontaba un pequeño porcentaje para cubrir los gastos ocasionados de la actividad gremial. Entre otras cosas, los miembros o los socios que cayesen enfermos durante las costeras percibían su soldada en tanto que durase la enfermedad. Del mismo modo, aquellos que por su edad no estuviesen aptos para el trabajo recibían media soldada, y las viudas y los huérfanos un cuarto de soldada. Asimismo, durante el servicio militar, tanto los soldados como sus familiares recibían también un subsidio"

Ya nos acercamos a los almacenes de los pescadores, ante los que se extienden en esta explanada, sus nansas y aparejos. Si bien fundado en el siglo XVI, diversos autores dicen que hubo necesariamente que haber alguna asociación o entidad previa, dada importancia del puerto desde antes aún de la fundación de esta puebla. El Gremio desapareció en 1864, se refundó en 1919 y en 1943 reapareció en plena posguerra como la actual cofradía. En Turismo Ribadesella nos informan de las artes empleadas:
 "Actualmente las formas de pesca son conceptualmente las mismas que se utilizaban antaño, eso sí, transformadas en su forma de aplicación práctica gracias a la tecnología que en las últimas décadas el progreso ha ido poniendo al servicio de pescadores. Las artes de pesca más utilizadas por los marineros de Ribadesella a lo largo de los siglos son: Palangre, Malla, Chinchorra, Ceazu y Nansa"

Estos edificios se inauguraron en 1933 tras ganar al estero esta nueva explanada en La Ribera. En 1970 y según datos de la Gran Enciclopedia Asturiana, aún había una 20 embarcaciones pesqueras de pequeño tonelaje (15 Tm), pues la barra del puerto no permite la entrada de buques mayores y que "cuarenta, con tendencia a descender" eran los pescadores profesionales existentes, siendo las mejores costeras las de la merluza, el besugo, el bonito y la sardina


Dice también la Gran Enciclopedia Asturiana que algunas primaveras y procedentes de varios puertos, se concentraban en El Muellín hasta 140 embarcaciones que faenaban en la pesca de la merluza. Una noticia de Guillermo F. Buergo para El Comercio anunciando la costera del año 2012, nos informa de sus caladeros:
"Los pescadores de los cuatro puertos de la comarca sacan las merluzas de seis caladeros. Los de Lastres y Ribadesella faenan en espacios marítimos llamados 'El Cantu de Lastres', 'El Resueste' y 'Sabina', mientras que los de Llanes y Bustio se orientan hacia lugares conocidos como 'Abascal', 'Cantu del Mediu' y 'La Blancona'. Cada barco acostumbra a pescar en las zonas que tiene más cerca de casa pero 'El Cantu de Lastres', a 10 millas al norte de Ribadesella, «es el más concurrido y en muchos días de trabajo no hay plaza para todas las embarcaciones dispuestas a probar fortuna», según adelanta Costales. Nadie echa de menos que 'El Cachucho' sea un caladero vedado para la pesca en la actualidad porque allí «más que merluza, lo que se pescaba era besugo, palometa roja y rey» (...) 
Ahora bien, el principal problema para la merluza del Cantábrico a la hora de encandilar al consumidor, tiene como referencia la competencia a la que se enfrenta con merluzas que provienen de la importación, de países como Chile, Argentina, Sudáfrica o Namibia. El precio de estas últimas puede resultar sensiblemente inferior pero su carne harinosa y compactada nada tiene que ver con las marcadas lascas de exquisito sabor marino que ofrecen aquellas que se subastan en las lonjas de Bustio, Llanes, Ribadesella y Lastres."

Guillermo B. Buergo, hablando de este y de los vecinos puertos de Llastres, Llanes y Bustio, dice que "También acaba de comenzar la campaña del bonito, aunque los barcos de la comarca  no participan en este tipo de costera, salvo casos muy puntuales". La merluza es un pescado blanco al que los romanos llamaban lucio de mar, habita a unas profundidades medias de unos 200metros y en aguas a temperatura de 5 grados. 80 y 130 centímetros y su peso entre 2 y 10 kilos:
 "Pero no toda la merluza que llega a las lonjas merece el honor de llamarse merluza. A la hora de subastar se distingue entre carioca, si pesa hasta 800 gramos; pescadilla, de 800 gramos a 1,5 kilos; merluzilla, de 1,5 a 2,4 kilos, y merluza, de 2,4 kilos en adelante. Y esa diferenciación en atención al peso lleva aparejada distinta cotización, que iría desde 1,70 hasta 13 euros el kilogramo.

En los cuatro puertos de la comarca hay cinco barcos dedicados a la pesca de merluza a palangre, cuyo fruto sería la famosa merluza del 'pinchu', mientras que el resto faenan en bajura, con red, en la modalidad llamada a volanta.

¿Es de mejor calidad la merluza del 'pinchu' que la de volanta? Los precios ya adelantan que entre una y otra hay por encima de un euro de diferencia en kilo, a favor de la enganchada con anzuelo. Pero hay dueños de restaurantes que prefieren la de volanta porque «ofrece una carne con mejor textura y un color exterior más mate» La de palangre presenta «mejor aspecto exterior pero tiene la piel con más babosa». En realidad, ambas merluzas se pescan en los mismos caladeros y la diferencia está en la forma de morir: «La de volanta muere en el fondo del mar, luchando por salir de la red, mientras que la de palangre muere en la cubierta del barco», según explica José Costales, famoso marinero llastrín.

El armador llanisco Alfonso Díaz también es un defensor de las bondades de la merluza de volanta y comenta que «ambas merluzas se distinguen por el color exterior, pero, bien tratada, la de red es tan buena como la de palangre». Y como cualidades del buen trato matiza que es algo que tiene que ver «con la meticulosidad a la hora de sacarla de la red, la profesionalidad en el manejo y la temperatura, porque es fundamental conservarla entre hielo para mantenerla húmeda».


Y este es el edificio de la rula, las subastas de las capturas, que puede visitarse gracias a un acuerdo de colaboración entre la Cofradía y el Ayuntamiento, cuya entrada ha de concertarse en la ya muy próximo Oficina de Turismo, en el Paseo Princesa Letizia, en la que se explica la historia del puerto, el funcionamiento de la vieja máquina de subastas, las citadas artes de pesca, etc. Este viene a ser el fundamento del recorrido, según vemos en la página de la Cofradía
"La visita transcurre en el corredor de la cancha de ventas donde existe un “pequeño museo” con información sobre los nombres utilizados por los pescadores para designar a los miembros de una tripulación, una pequeña historia sobre la marinería y el puerto riosellano, un amplio vocabulario de la jerga marinera, e incluso un lugar dedicado a las artes de pesca que más utilizan los marineros riosellanos. Pero lo que sin duda llama más la atención es el antiguo sistema de subasta a la baja, llamado “Rula” con su mesa, los timbres y el panel.

Cada visita tiene un cupo máximo de 15 personas, por lo que tiene que inscribirse previamente en la Oficina Municipal de Turismo de Ribadesella. Le darán un folleto informativo en el que se explican una serie de normas a seguir durante la misma, pues no debemos olvidar que es el lugar de trabajo de los pescadores riosellanos y no debemos entorpecer su labor"

Construida e inaugurada en 1933, es obra de quien fuera arquitecto municipal Manuel García Rodríguez, uno de los introductores en Asturias del racionalismo, estilo que buscaba ante todo la funcionalidad, unida a la modernidad, por eso se decía era "arquitectura pensada con la cabeza". Aquí tuvo muy en cuenta las alturas y el espacio, buscando la comodidad para transportar cajas. El tejado original era de uralita, décadas después se conocieron sus efectos perniciosos para la salud, pero entonces se veía como una buena solución de cubierta, resistente al salitre


En el interior está La Cancha, lugar donde se exponen las capturas para la subasta, y sobre ella hay un balcón con los Escaños, la Mesa de Rula y el Panel, de esta manera nos explican su funcionamiento en Turismo Ribadesella:
"Todo comprador tiene un escaño asignado con su número y un pulsador o timbre. El panel muestra los 50 números correspondientes a cada uno de los escaños. 

La Mesa de Rula, de forma circular, contiene los 50 hoyos numerados con una bola en su interior. De manera que el comprador detiene la subasta pulsando el timbre, al instante, el panel destaca su número y en la mesa de rula el hoyo con ese número hace saltar la bola. Caso de pulsar varios compradores a un tiempo, el número de cada uno de ellos destacará en el panel. Pero en la mesa de rula sólo saltará la bola en el hoyo con el número del ganador de la subasta"

Detrás de La Rula, el Chigre'l Corquiéu, popular taberna folk fundado en 2005 por David Materos, Puru, fundador del grupo musical Corquiéu. que da nombre al chigre y es a la vez un monte riosellano. Gran deportista, biker y conductor de rally, falleció en un accidente en agosto de 2012. Sus padres, Ángeles y Javier, tomaron el relevo. Este es parte de un reportaje de para El Comercio publicado por Juan García el 17-12-2015, al cumplirse el décimo aniversario del establecimiento: 
"El establecimiento hostelero fundado por David Mateos 'Puru' cumple diez años y sus actuales gerentes, sus padres, lo conmemoran en su honor y de muy variadas formas. Con una exposición, la presentación de un libro y un concierto acústico. La del único bar que lleva el nombre de chigre en la villa de Ribadesella ha sido una década cargada de acontecimientos en la que nunca se ha perdido el espíritu original de su creador, la idea de convertir el local en un tabernáculo comarcal para los amantes del folk. «Aquí lo que menos importa es vender cervezas, porque lo que siempre se ha buscado es que el local sirva de encuentro para quienes comparten gustos e inquietudes culturales y musicales», destacó Javier Mateos.

En el Corquieu, aunque pequeño, siempre hubo cabida para todos. En sus sillas se han sentado a tocar sus instrumentos desde los mejores solistas de la escena folk continental hasta el más insignificante de los neófitos músicos riosellanos. Desde la muerte de David Mateos en agosto de 2012, Ángeles y Javier han mantenido viva la llama musical de su hijo y han organizado eventos de todo tipo, un gesto que han agradecido con suma fidelidad sus devotos clientes, procedentes de todos los rincones del Principado de Asturias."

Más allá está el Restaurante María Manuel Bistró, del que hablamos en la entrada referida a la capilla de Santa Ana, situada justo detrás, pues desde allí subíamos al Monte Corberu para llegar a La Guía


Aquí, en la explanada de La Rula, se forma el vértice del ángulo que hace la ría en la ribera y que le da al casco urbano riosellano esa característica forma de un gran 7, incluso después de ensanches urbanísticos y ampliaciones portuarias. Nos dirigimos a El Muellín, Paseo de la Princesa Letizia y calle de los Marqueses de Argüelles


De la misma manera que La Ribera, donde luego de hizo La Rula, era el muelle pesquero propiamente dicho, El Muellín se especializaba en la carga y descarga de madera y como fondeadero de los barcos de pasaje. Todo su aspecto actual responde a aquellas obras de ampliación portuaria y urbanística anteriores a la guerra


En ese último ensanche aparte de La Rula poco o nada se edificó, estos nuevos terrenos se dedicaron a dar mayor espacio a las tareas portuarias, desahogando la atestada calle de la fachada marítima, en la que se habían instalado además algunas industrias conserveras


Mirando atrás tenemos otra preciosa vista del Paseo de la Grúa y del Monte Corberu, con nuestros caminos de ida y de vuelta hacia la ermita de La Guía. Notable, largo y duro era el recorrido de aquellos bueyes remolcadores de barcos por este camino de sirga


Y arriba en lo alto de L'Atalaya es donde se localizaron señales de muy antiguas fortificaciones, anteriores a la Batería de Guía. Lamentablemente se emplearon como asiento de antenas repetidoras


Dada la anchura del paseo resultante al extinguirse el puerto, en El Muellín se celebran ferias, mercados y otras actividades. Es normal encontrarse puestos y casetas. A la izquierda, en el edificio de la esquina, otra de las sidrerías de El Campanu


A nuestra izquierda, en la primera planta del edificio donde confluyen las calles Marqueses de Argüelles, Santa Marina y Comercio, estuvo el Ayuntamiento entre 1938 y 1976, antes de ir a su sede actual. En el bajo estuvo la tienda de ultramarinos Casa Cuenco y luego la Tienda de Roberto. Ahora tanto ahí como en ese bloque hay varias tiendas y comercios, el bar La Nansa, la sidrería El Tarteru y el Café River, regentado desde 1986 por José Ángel Prida y Esther Benito


Más hostelería y comercios, así como el histórico Hotel Marina, iremos viendo desde El Muellín, templando el ensanche, la animación del Paseo Princesa Letizia y el puerto, camino del Puente del Sella, que cruzaremos para pasar a Santa Marina por El Picu











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