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miércoles, 18 de marzo de 2015

LA CALLE RIVERO: SUS SOPORTALES Y SU ANTIGUO HOSPITAL DE PEREGRINOS (AVILÉS, ASTURIAS)

Calle Rivero: unión de caminos y entrada en el casco histórico de Avilés
Los peregrinos que llegan a Avilés por el Camino de la Costa, bien viniendo de Gijón/Xixón por Trasona o Tresona en Corvera, o bien desde Oviedo/Uviéu por Solís, también en Corvera y por Villalegre, Los Canapés y La Curtidora, ya en términos avilesinos, entran en el centro urbano por la calle Marqués de Suances para ir  a continuación a la de Cervantes donde pueden localizar el albergue público en el barrio L'Arbolón, barrio que transmite en su topónimo la memoria del viejo olmo de 30 metros que aquí se alzaba antaño, testimonio de cuando los alrededores del antiguo Avilés estaban rodeados de bosques. Este símbolo de la villa y ciudad fue talado hace ya muchos años dado su precario estado, muy afectado por las inclemencias del tiempo


La calle Rivero sigue por lo tanto también el trazado de un histórico camín real, el que viene de Oviedo/Uviéu, aprovechando el paso natural entre la ría y el centro de Asturias, vía fundamental para el origen y evolución histórica de Avilés, antigua villa romana o altomedieval propiedad de un tal Avilius, establecida en el puerto natural que es la ría, ya guardada desde tiempo inmemorial por castros astures y habitadas sus inmediaciones en la remota prehistoria


La misma calle Rivero lleva en su nombre la memoria de haber sido el camino que entraba en la población intramuros, comunmente llamada La Villa, por la ribera del estuario, antes de que se ganasen extensos terrenos al mar a la derecha de esta calle


La calle es peatonal y abren en sus bajos numerosos negocios, principalmente de hostelería


Las primitivas civilizaciones prehistóricas habitaron este estuario avilesino desde hace milenios, luego los astures la fortificaron con castros y durante la romanización fueron construidas villas y abiertos caminos que comunicaban estos puertos naturales con el interior del país. Esta sería alguna de aquellas primitivas vías o calzadas


Aparte de los hallazgos prehistóricos, de época castreña y romana en el entorno de la ría, así como las menciones documentales a territorios cercanos en papeles de los monasterios altomedievales, la primera mención escrita que nombra a Avilés, nombrado Abilies, es del año 905 en el Liber Testamentorum de la catedral ovetense de San Salvador, fijando una donación de Alfonso III El Magno y su mujer Jimena que, aunque se trata de una falsificación bastante clara del obispo Pelayo hecha realmente dos siglos despues, no se descarta tenga de base un documento anterior


Enclavada Avilés en el extenso Territorio de Gauzón, este pasaría a ser su alfoz cuando la población consiga sus preciados fueros de manos del rey Alfonso VI a finales del siglo XI, confirmado luego por su nieto Alfonso VII en 1155. Así llegaría a ser el puerto más importante de Asturias en el siglo XIII, acudiendo numerosas gentes a asentarse amparados en sus fueros y atraídos por las oportunidades del comercio marítimo con el Atlántico y el Mediterráneo, y terrestre con el interior del país, así como su actividad artesana, pesquera (en el barrio de Sabugo), etc, por eso se estipula que la población a finales de dicha centuria estaría en torno a los 6.000 habitantes, nada desdeñable en la época


Con estos viajeros, arrieros, mercaderes, etc, llegarían también los peregrinos, que en esta calle tuvieron su albergue-hospital, del cual hablaremos pronto, pues estaba situado un poco más adelante. Esta calle sería las que los vería entrar mayoritariamente, aunque también el puerto, pues se ha registrado la llegada de algunos por mar para iniciar en Avilés su marcha andando hacia Santiago de Compostela


En 1277 Avilés participa en la primera en la primera hermandad asturiana, suscrita en La Espina (Salas) y en las décadas venideras se aliará con otras villas y concejos de Asturias para hacer valer sus derechos frente a las apetencias señoriales, no pocas veces violentas, de la nobleza feudal. La villa irá evolucionando a lo largo del tiempo, haciendo frente a no pocos reveses, pestes, guerras e incendios, pero la pequeña villa intramuros irá creciendo, primeramente a lo largo de sus caminos principales de acceso, como es este de Rivero. El crecimiento espacial y urbano del siglo XVIII, incrementado notablemente en el XIX, no será nada en comparación con el causado por la instalación de ENSIDESA a partir de mediados del siglo XX. El centro histórico vivirá un proceso de degradación al que se pondrá coto y, tras varias campañas de rehabilitación, se hará de él un ejemplo de conservación de elementos de diferentes épocas y estilos, desde la Edad Media al Renacimiento, el Barroco y hasta nuestros días


Este es el cruce con la calle del Marqués y la calle de Las Artes. La calle Rivero sigue todo recto subiendo ligeramente en este trecho


Es una calle de gran trasiego de gentes, paso obligado además entre los barrios y el núcleo urbano en torno al Ayuntamiento: El Parche, hacia donde nos dirigimos


Como hemos dicho, gracias a esta su posición estratégica Avilés prosperó en la Edad Media como puerto comercial y pesquero, constituyendo un importante enclave urbano amurallado y amparado por fueros reales, donde se establecieron mercaderes y artesanos, además de órdenes religiosas, llegando gentes de muchas partes por los caminos del mar y de la tierra, viajeros y peregrinos, algunos de los cuales, llamados francos, se asentarían en la pujante población, que no tardaría en expandirse más allá de sus murallas, siendo Rivero parte de ese Avilés que "daba el salto" al otro lado de sus defensas


Casas de época, soberbiamente restauradas


A la izquierda vemos las torres y altos muros de la antigua quinta de los marqueses de Ferrera, adquirida por el Ayuntamiento de Avilés para uso público tras arduas negociaciones e inaugurado como parque en 1976 por los reyes Juan Carlos I y Sofía de Grecia. Hasta entonces y dada su extensión los avilesinos se veían obligados a dar un gran rodeo para ir de un lado a otro de la ciudad


Si bien este terreno perteneció al marquesado de Ferrera desde el siglo XV, no sería hasta el XVII cuando, al construir su palacio (que veremos en El Parche), cuando harían de él un gran jardín particular para su recreo, con caballerizas y otras dependencias, el cual iría evolucionando al estilo inglés con parte también de jardín francés, árboles autóctonos y especies autóctonas, fuentes, parterres, etc.


Caminando junto al parque, pasamos ahora el cruce con la calle Libertad mientras seguimos avanzando por Rivero


Mediado el siglo XX la gran superficie de 81.000 m2 de jardín llegó a hacer insostenible su mantenimiento y, siendo los propietarios incapaces de asumir su costo, fue abandonándose hasta hacerse una selva. En 1976, comenzando la Transición Española, la nuevo consistorio adquirió, tras reiteradas solicitudes vecinales, el gran jardín en 91 millones de pesetas, para acondicionarlo y nacer así el Parque Ferrera, uno de los grandes pulmones verdes del centro urbano. En 1998 un pequeño espacio contiguo al palacio, el jardín francés, que la propiedad se había reservado hasta entonces, fue también comprado


Aunque tiene varias entradas esta de la calle Rivero es la principal



Aquí está la placa de inauguración del parque el 19 de mayo de 1976



Nos acercamos a la parte más antigua y característica de la calle, donde el soportal es el modelo constructivo básico: comerciantes y artesanos trabajaban afuera o exponían sus productos mientras pasaban los viandantes, guardados de la lluvia o del caluroso sol, según tocase. El suelo dispone de una parte enlosada para el paso de viandantes y de otra empedrada adecuada para ganado. Tengamos en cuenta que existieron en Avilés hasta no hace demasiados años importantes mercados y ferias ganaderas y que los campos de siega y cultivo empezaban ya a la entrada misma de esta rúa cuya primera mención escrita data del día 6 de enero de 1485, según se recoge en el Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Avilés, donde se dice "Reunidos en Ribero, arrabal de la villa de Avilés"


Y es Rivero y no Ribera pues ribero fue llamado el vallado que se instaló aquí para evitar las inundaciones del agua que llegaba de los prados cercanos. Los soportales son del siglo XVII, cuando el arrabal se configuró como calle, tal y como hoy la conocemos. Dado su carácter ribereño por aquel entonces hubo incluso en ella varios molinos, uno de ellos llamado El Molinón, datos que nos ofrece Alberto del Río Legaspi en sus Episodios Avilesinos


Más torres de Ferrera. La calle Rivero, que también vio el paso del tranvía eléctrico, desde 1921 a su final en 1960, sigue siendo la más larga de Avilés con sus aproximadamente 1.500 metros, 200 de ellos de soportales


Y ahora llegamos a otro de los elementos fundamentales de la calle: la Fuente de los Caños de Rivero y la Capilla del Cristo de Rivero o de San Pedro


Ya a finales del siglo XVIII los vecinos de Rivero solicitaban una fuente en el barrio y calle, pues, además de para beber y asearse se veía imprescindible para luchar contra los incendios que varias veces asolaron la población. Así en 1767 Pedro A. Menéndez, maestro arquitecto, hizo un proyecto para ello, pero no se llevó a cabo. El 1786 se reitera la petición, esta vez ante la Real Audiencia del Principado, y se hace otro en 1796 por el también arquitecto Francisco Pruneda, pero tampoco se hace realizad


En 1815 otro maestro arquitecto, Francisco A. Muñiz Lorenzana, es quien por fin la construye para satisfacción vecinal, coincidiendo además con la reciente apertura de la nueva Carretera de Oviedo que venía por Los Canapés. Dispone de pilón circular y tres caños


Al lado su espacio lo cierra un muro semicircular, que lo separa del Parque Ferrera. Existió un lavadero techado, desmontado a mediados del siglo XX, cuando ya se disponía de agua corriente en todas las viviendas


Por su parte la capilla del Cristo de Rivero o de San Pedro (San Pedro de Rivero o San Pedrín, fue reedificada en 1881 sobre otra anterior existente al menos desde el siglo XVII.


Desde afuera puede verse el interior


Interior de la capilla, con la veneradas imágenes del Cristo y San Pedro de Rivero, así como de la Semana Santa avilesina.


No es extraño que en la zarzuela La Pícara Molinera, de 1928, se cantase el estribillo popular de... "Calle la del Rivero, calle del Cristo, la pasean los frailes de San Francisco", mencionando a los franciscanos que tenían su convento en las cercanías



Un poco más adelante, en la confluencia de Rivero con la calle Pablo Iglesias, estuvo el Hospital de Peregrinos de Nuestra Señora de la Asunción o, como popularmente se conocía, Hospital de Rivero, centro asistencial y alojamiento fundado en 1513 por el clérigo Pedro Solís, y que contaba con capilla propia, capellán y hospitalero, mas importantes rentas para su mantenimiento, estando primeramente bajo patronazgo del linaje de la casa de Solís. Tenía además su propio cementerio y en base a los registros de difuntos se sabe del paso de numerosos peregrinos franceses y alguno flamenco. Aquí encontraban "cubierto, cama y fuego", además "de comer, médico y zirujano" si enfermaban


Según nos informa Alberto del Río Legazpi, su fundador, Pedro Solís, era de familia pudiente originaria de Solís (Corvera) y emparentada con la casa de Trasona. En su carrera eclesiástica llegó a ser  arcediano de Babia, canónigo de Toledo, abad de la Colegiata de Santa María de Astorga y de la de Arbas del Puerto (Payares), además de alto cargo en El Vaticano con Alejandro VI. Durante sus estancias en Avilés tenía casa propia en la calle La Ferrería


En Avilés, ademas de una capilla gótica adosada a la iglesia de San Antonio, hizo construir el Hospital de Peregrinos, cuya edificación estuvo a cargo de Nicolás y Rodrigo Alonso de León. Era de planta y piso y gran tamaño, con dos salas, una para hombre y otra para mujeres. El tener cementerio propio le hacía comparable al existente en Oviedo/Uviéu. Al frente del hospital había siempre un notable de la villa y su mantenimiento se sufragaba con rentas de sus extensas propiedades agrícolas, además de donaciones y limosnas

Con el paso de los siglos y al decaer las peregrinaciones, pasó a ser, como otros muchos, Hospital de Caridad. Un Reglamente de 1884 recoge sus características por entonces:

" Habrá dos enfermerías, una para hombres llamada San Nicolás y otra para mujeres llamada La Pasión.
-Se recomienda de un modo especial a los enfermos, no fumen en las salas ni en las camas.
-La alimentación consistirá en ración de huevos, sopas de pan, arroz, de fideos, dietas animal y vegetal.
-El desayuno se dará a las siete de la mañana, la comida a las doce del día, el chocolate a las cinco de la tarde y la cena a las ocho de la noche desde el 1 de octubre a fines de marzo, y a las nueve los restantes.
-De diez a doce de la mañana y de tres a cuatro de la tarde se permitirá la entrada en las salas a visitar a los enfermos. El regente prohibirá la entrada de toda clase de alimentos y bebidas, vigilando se guarde el mayor orden.
-El regente hará que se barran las salas dos veces al día, y una las escaleras, tránsito, almacen, patio, etc.
-La vasijas de los enfermos se fregarán dos veces al día.
-Las sabanas y almohadas se mudarán cada quince días.
-Las camisas cada ocho días.
-Una vez a la semana se regarán las salas con cloruro de calcio"

Cuando se construyó un nuevo Hospital de Caridad de Avilés en El Carbayedo, pasó el viejo hospital de Rivero a múltiples funciones según el momento, desde cuartel militar a cuadra de caballos y escuela pública. En 1948, dentro de la mentalidad urbanística del momento, se demolió el edificio sin siquiera conservarse los escudos, como se había solicitado


Las conchas siguen confirmando nuestro camino calle Rivero Adelante hacia El Parche. Además de la fundación de Pedro Solís, existió desde más antiguamente en la Plaza Mayor el Hospital de San Juan, a cargo de la Justicia y Regimiento de la Villa, donde se recogían enfermos y era refugio ocasional de peregrinos pobres. Hemos de recalcar que a Avilés llegaban no solo peregrinos por tierra sino también por mar, mientras otros hacían al revés, procedentes del interior, embarcaban en Avilés. esa era la idea por ejemplo del noble flamenco Antoine de Lalaing, señor de Montigny, que en 1501, aprovechando que acompañaba a su señor Felipe El Hermoso, se separó del séquito en Burgos, y con los también caballeros Carlos de Lannoy y Antonie de Quiévranis, emprendieron ruta a Santiago vía León y Oviedo/Uviéu para embarcarse en Avilés, a lo que hubieron desistir al encontrar vientos desfavorables, por lo que empredieron la ruta costera de lo que hoy se llama Camino Norte, dejando además crónica de esta peregrinación


La traza de las casas ha sido bautizada como "estilo Aviles", con los soportales soportales en los que antaño los artesanos podían trabajar fuera mientras la gente paseaba, al resguardo del sol y de la lluvia, teniendo al lado el almacén o bodega y arriba la vivienda


A la derecha no hay aquí soportales, sino balcones que se asoman a la calle...


Los soportales se extienden por toda la vereda izquierda según avanzamos a lo que fue el antiguo Avilés intramuros, llamado popularmente de siempre La Villa


La muralla ha desaparecido, se encontraba un poco más adelante, en lo que actualmente se llama El Parche o Plaza España, que empezamos a ver ya al fondo de la calle


Antaño, pasada la medianoche del 28 de junio, se venía bailando y a la vez caminando por esta calle la Danza de San Pedro, desde la Plaza de Pedro Ménendez hasta la capilla del santo sita en esta calle, unas veces viniendo por las calles de La Muralla y La Cámara y otras por las de La Cuesta la Molinera y La Fruta. A partir de los años 60 la Comisión Municipal de Festejos estipuló se hiciese desde El Parche, manteniéndose eso sí este recorrido por Rivero, donde se grita el son...

"Viva Jesús y San Pedro y el Santo Cristo Rivero"


Ahora a mano izquierda una casa con el otro estilo de soportales, el de los arcos demedio punto


Seguimos avanzando calle adelante...


Hermoso enlosado en la calzada y las aceras...


Acercándonos al "centro del centro" vemos más tiendas y comercios...


Balcones y galerías...


En este tramo han desparecido los soportales


Pero al fondo, llegando ya a El Parque, hallaremos otro edificio de soportales sostenidos por columnas, muy importante para la historia avilesina


Aquí vivió el novelista Armando Palacio Valdés, una placa, en la fachada del portal, abajo, lo recuerda


Armando Palacio Valdés nació en 1853 Entrialgo (Llaviana), donde sus padres tenían posesiones, pero se educó en Avilés hasta 1865, cuando se fue a vivir con su abuelo en la capital asturiana para estudiar bachillerato, por entonces en el mismo edificio de la Universidad de Oviedo. En aquella época se aficionaría a la literatura al leer La Ilíada y formaría un grupo intelectual con Leopoldo Alas, Pío Rubín y Tomás Tuero, participando en la política del momento e interpretando piezas teatrales escritas por Leopoldo Alas


Bachiller de Artes en 1870, estudia Leyes en Madrid, acabando en 1874, formando también parte de tertulias literarias y redactando tres números del periódico Rabagás. Desempeñó interinamente algunas cátedras pero pronto dejó lo académico por lo genuinamente literario, dirigiendo la Revista Europa y publica artículos y retratos literarios


En 1881 se da a conocer como novelista  con El Señorito Octavio, participa brevemente en política y triunfa en 1883 con Marta y María, año en que se casa en Gijón/Xixón con Luisa Maximinsa Prendes Busto, con la que tiene un hijo. Tras solo año y medio de matrimonio ella muere, por lo que convive con la gaditana Manuela Vega y Gil, con la que se casa en 1899. Durante aquellos años publica El idilio de un enfermo (1884), José (1885), El cuarto poder (1888), Riverita (1886), y Maximina (1887), a la que seguirán La hermana San Sulpicio (1889), La espuma (1891), La fe (1892), El maestrante (1893), Los majos de Cádiz (1896) y La alegría del capitán Ribot (1899)


Pero será en 1903 con La aldea perdida cuando haga una de sus obras más trascendentes, los cambios sociales de una aldea al llegar la industria con la minería del, ambientada en Entrialgo y sus alrededores. Seguirá escribiendo y publicando incesantemente, numerosas obras, siendo además corresponsal de El Imparcial en París durante la Primera Guerra Mundial. Sus Obras completas salieron a la luz en 1935. Falleció en Madrid en enero de 1938, en plena Guerra Civil. Tras su muerte se publicó póstumamente en 1940 Album de un viejo


Precisamente una de sus  obras, Marta y María, daba nombre al cine que había enfrente, en el Palacio de Llano Ponte, también porticado, antes de García Pumarino, su primer propietario y fundador


Rodrigo García Pumarino, nacido en 1643 en Mazaneda, en el vecino concejo de Gozón, emigró con 15 años a Lima, capital del Reino del Perú, volviendo 40 años después con una gran fortuna, con la que entre otras cosas manda construir aquí, al comienzo del Camín Real, su casa-palacio, de bella fachada y soportales


La vinculación caminera del palacio se hace evidente en su decoración con las conchas veneras y cruces de Santiago, pues además Rodrigo fue nombrado Caballero de Santiago. La obra se realizó entre los años 1700 y 1706 y estuvo a cargo del arquitecto avilesino Francisco Menéndez Camina el Mozo, dentro del estilo barroco propio de la época


Al fallecimiento de Rodrigo sin descendencia, sus sobrinos herederos la permutaron, pasados unos años con la familia Llano-Ponte por otra propiedad en Avilés. Ambas familias tenían miembros clérigos, si bien los Pumarino fraile y los Llano Ponte obispo, el famoso obispo de Oviedo Juan de Llano Ponte, quien en 1795 sufragó el alcantarillado en este tramo de calle y quitando algunos soportales que estorbaban a la circulación de su carruaje en sus idas y venidas a la capital


 En 1929 el palacio era sede del Liceo Avilesino, condición que perdió tras la Guerra Civil, albergando posteriormente un convento de monjas de clausura carmelitas hasta 1945. En 1946 se solicitó una reforma para hacer un cine que transformó todo su interior, perdiéndose por entero, incluyendo su patio y capilla. Las proyecciones de la empresa Prafel, comenzaron en 1949 con la película Río Abajo y finalizaron en 2013. Tras un proyecto hostelero en 2018 volvió al lugar el Séptimo Arte con los Cines Marta


Y ya ante nosotros el edificio del Ayuntamiento de Avilés, que se construyó en El Parche, la Plaza España, sobre lo que fue la desaparecida muralla avilesina. A su derecha esta la calle La Ferrería, por donde prosigue el Camino, pero antes dedicaremos unos instantes a recorrer esta histórica y emblemática plaza...

                



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