Eres el Peregrino Número

martes, 28 de enero de 2014

POR LAS ARENAS DE LA PLAYA DE UNA BELLA CONCHA: DE MIAMI A CAPUA (GIJÓN/XIXÓN, ASTURIAS)

Gijón/Xixón: La Playa de San Lorenzo o San Llorienzo y Cimavilla
La señalización del Camino de Santiago de la Costa que llega a la ciudad de Gijón/Xixón sigue el trazado de la actual Avenida de la Costa (antigua Carretera de la Costa y más antiguamente aún el Camín Real de la Costa), la mayor parte de las guías recomiendan, tal y como hacemos nosotros, seguir desde La Guía, donde estuvo El Puentín, primitivo acceso a la villa gijonesa, las riberas del río Piles, por su ribera izquierda, donde ahora hay vía peatonal y carril-bici, pasando junto al campo de fútbol El Molinón del Sporting de Gijón, el Muséu Etnográficu del Pueblu d'Asturies, el Recinto Ferial Luis Adaro (Feria de Muestras), el Parque Hermanos Castro o el grandioso Parque de Isabel La Católica.


 A los peregrinos sin duda les habrá de encantar este trayecto propuesto, algo más largo que el señalizado por la Avenida de la Costa, pero mucho más vistoso e interesante. No carece de rigor histórico, pues aunque existían otras entradas a la entonces pequeña villa gijonesa, muchos viajeros, desde La Guía o bien un poco más allá, desde El Bibio, seguían los caminos de los arenales para acceder a la población, que contaba para los romeros con su Hospital de Corraxos, nombre que se les daba a peregrinos, viandantes, vagabundos, el cual fue antecedente del Hospital de Caridad.


Así, por la vía peatonal que desde La Guía recorre la ribera del río Piles pasando junto al estadio El Molinón del Real Sporting de Gijón y el Parque de Isabel la Católica llegaríamos al Puente del Piles.


Así llegaríamos a la desembocadura del río en La Playa de San Lorenzo/San Llorienzo, caminando por el Paseo del Muro, ante tan bella concha, primero bajo los altos edificios del barrio L'Arena para luego continuar hacia los jardines de El Náutico y Cimavilla, el barrio alto y antiguo.


 Cimavilla, la península sobre la que se asentó la ciudad luego de irse abandonando el viejo castro astur de La Campa Torres, en los primeros siglos de dominación romana.


Cimavilla, donde está el peñón del Cerro Santa Catalina y su cima verde de L'Atalaya con el monumento Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida.


Y la iglesia de San Pedro.


Una vista que iremos contemplando en todo momento, bien si caminamos por el Paseo del Muro, o bien si lo hacemos por las mismas arenas...


La iglesia y el Real Club de Regatas, antiguo balneario. Asoman arriba las bombonas de gas de La Campa Torres, llamadas por unos Les Bombones la Campa y por otros, textualmente Los Coyones.


Cimavilla desde la playa...


Viniendo pues del subterráneo bajo la Avenida de Castilla, desde el Parque Isabel la Católica nos asomamos al principio de este tan concurrido paseo y arenal, uno de los más turísticos del norte de España.


Aquí en la desembocadura del río está El Puente del Piles, construido en 1914 con arena de las canteras de los alrededores de la ciudad para sustituir a una pasarela de madera puesta no mucho antes para evitar que la gente tuviese que pasar el río descalza en las bajamares o dar un rodeo hasta El Puentín de La Guía, un par de kilómetros más allá y entrada tradicional en la ciudad desde el oriente. Este puente fue la razón del trazado de carreteras en esa dirección, haciendo de la otra ribera, en El Pisón, términos de la parroquia de Somió, un gran centro de atracción, prolongándose el paseo y abriéndose bailes, merenderos y chigres, así como construyéndose algunas quintas. Allí los modernos hoteles edificados en la Finca los Rato, de la Casa de Ramón Rato, construida en 1943 pero que desapareció en 2003 al inaugurarse estos nuevos centros hoteleros que dan vista al río, son la continuidad de esta tradición turística dando vista al parque y la concha marítima.


En la margen contraria del Piles hay una buena banda arenosa, en El Tostaderu, donde más calienta el sol y es usual ver gente tomándolo en cualquier época del año, bien resguardada de los vientos.


Playa de arena pero en la que ya empieza allí a extenderse El Pedreru, riberas rocosas de la mar, donde la gente pesca y también toma el sol, caminando con una bolsa o un calderu a ver si hay andariques, llámpares o bígaros.


 Vista de El Pedreru desde la playa y el paseo.


El Muro fue prolongado desde aquí a El Rinconín (un par de kilómetros más allá) en los años cincuenta del pasado siglo, obras realizadas entre 1951 y 1958 pero para el que ya había un proyecto desde 1922 del ingeniero de caminos Segundo de los Heros Sarasúa y que se puso en práctica tras ser reformado en 1950, antes de acometerse los trabajos en este litoral por el que ya discurría desde 1916 la carretera del Piles a La Providencia y se habían construido algunas casas y establecimientos de hostelería.


Era allí entonces el primer tramo de la carretera La Providencia, hecha entre 1916 y 1926, nos dice Ramón M. Alvargonzález, con proyecto del mismo ingeniero que hizo la de L'Infanzón, Jesús Goicoechea Solís, pidiendo la vecindad que se habilitasen rampas para bajar a recoyer ocle, algas que la mar arroja a playas y pedreros, pues se usaban como muy buen abono. En 1994, al hacerse la continuación del paseo marítimo desde El Puente'l Piles a El Rinconín se abrió un nuevo trayecto alternativo para este primer tramo de carretera, un poco más al este, arrancando de la de L'Infanzón, detrás de las casas y establecimientos de ocio de esta parte de la vía, con gran animación todo el año y principalmente en verano, pues aquí estuvo la discoteca Parque del Piles, que fue de las más famosas de Gijón/Xixón.


Todo empezó cuando en los años cuarenta del pasado siglo, aún sin muro esta parte de la costa, los hermanos Garciablanco compraron la casa de Andrés Corujo e hicieron de ella el Restaurante Madrigal, después sala de fiestas. En 1948 pusieron comedor, ampliado en 1949 y 1953, pasó a cabaret y cambió de nombre en junio de 1966, siendo célebres las amplias terrazas con aforo para 4000 personas. Ahora, el Parque del Piles inspira un concurso de ideas con el que la Asociación de Hostelería de Gijón rinde homenaje a su promotor, el empresario de discotecas y salas de fiestas Emilio Garciablanco del Val. Muy cerca, en 1959, terminadas las obras del nuevo muro construiría su casa de campo con parcela Juan García Hevia, según proyecto del arquitecto Pedro Cabello Maíz.


Otra cosa es el destino de un gran solar al lado mismo del cruce, para el que se aguardan usos urbanísticos nada menos que desde el año 1935, cuando Fernández Omaña esbozaba una ciudad-jardín para el lugar. A veces se instalan circos.


 De todas maneras los primerísimos que se instalaron fueron allí los primeros el Tetuán y el Casablanca (que pasó a ser el topónimo de esa ribera), que evocaban en sus nombres la presencia española en Marruecos (siempre fue normal poner en los negocios nombres de lugares que "apareciesen mucho en prensa").


Luego vendría el Bellavista, otro de los lugares emblemáticos del paseo, soleadas y abiertas terrazas para restaurante y cafetería, salones con grandes ventanales que dominan este oceánico paisaje, establecimiento fundado en aquella época de crecimiento, en los años sesenta. En los antiguos merenderos ha sido inaugurado otro establecimiento de copas y terrazas. Pero el local que dio nombre a esa zona, el Casablanca, es muy anterior, ya no existe pero su memoria ha pervivido en forma de topónimo, fue fundado como el también extinto Tetuán a los pocos años de iniciarse las labores para abrir carretera de La Providencia, reformado en la postguerra, parte del terreno de su antiguo merendero sirvió luego para ensanchar la carretera y el paseo.En la foto se ve un elemento de otro establecimiento emblemático: El Faro del Piles.


En aquel extremo costero se reconocen unos molnolitos que recuerdan a los de una singular película: la gran estructura escultórica de cuatro enormes chapas de acero cortén  que componen la obra Sombras de Luz de Fernando Alba, cada una con agujeros redondos a manera de configuraciones distintas de planetas y representando las cuatro estaciones del año. Popularmente es más conocida como Les Chapones y como no podía ser de otra manera su instalación en este enclave fue muy polémica y en parte sigue siendo, como casi todas las de la ciudad. Las gentes favorables aprovechan su estructura y huecos para sacar las más artísticas fotografías, con la mar, la ciudad y el paseo al fondo, pero al mismo tiempo sus desfavorables detractores son personas que se ríen o ponen mala cara por el aspecto "destartalado", ferruñoso u oxidado que aparentemente presentan, sacando chistes fáciles de su pinta de "reconversión industrial" y naturalmente protestanto "polo que costaron".  Sin duda buena parte del valor histórico, social y patrimonial de las estatuas de la ciudad es la polémica que generan y han generado buena parte de ellas desde el mismo día de su colocación.


En esta desembocadura se localiza L'Arenal de la Salmoriera, donde el día 11 de octubre del año 1898 el vapor Sultán llevó a varar una ballena que había capturado, la industria ballenera hacía tiempo que había desaparecido de las costas asturianas pero ocasionalmente aparecen estos ejemplares, este formidable, de de 22 metros de largo y del que se sacaron, por cocción, 8.200 kilos de grasa. Fue numerosíma la gente que se `resentó a ver aquel animalón, tanto es así que llegó a ser el origen de una célebre frase gijonesa: "vete a ver la ballena", que se dice cuando quiere cortarse la conversación con alguien y/o mandarlo a paseo, al igual que pasa con la expresión "vete a la playa", a la que se le añade a veces "vete a la playa a bañate", si el interlocutor no se da cuenta que le están diciendo que se largue, (y a despejarse la mente con un chapuzón). El suceso llegó a ser de tan hondo calado en la mentalidad colectiva que aún hoy no es extraño presenciar alguna discusión de chigre sobre si era ballena, roncual, o cachalote.


Oscar Muñiz nos habla también de la invasión de sapes o cangrejos negros de 1911, por lo que adjunta en El Libro de Gijón la coplilla que cantaba en el cuplé Ven y Ven la tonadillera de moda en la ciudad, La Goya, que actuaba en el Cine Modernista...

  
"Teneis una hermosa playa
     
para aliviar vuestros males
     toda llena de cangrejos, mi vida

     peores que concejales"                                                                                                              


El mismo autor nos habla de la invasion de medusas del año 1946, azuladas y hermosísimas, pero el que las rozase o tocase sufría de fuertes dolores, llegando a la paralización de la zona afectada, todo ello coincidía con los sermones contra la inmoralidad de las playas que desde el púlpito pronunciaba el Padre Portillo, Superior de los Jesuitas, lo que dió ocasión que estas medusas fuesen bautizadas como "el arma secreta del Padre Portillo".


Este primer tramo del Paseo del Muro y Avenida Rufo García Rendueles discurre al pie del grandioso edificio que hace esquina con la Avenida de Castilla, antaño solar del Chalet de Paloma Felgueroso. Entre las calles Manso, Doctor Aquilino Urlé y Marqués de Urquijo se construyó uno de los primeros grandes bloques de pisos en altura, con 264 viviendas y locales comerciales, proyecto de los arquitectos Juan Manuel del Busto y Miguel Díaz Negrete para Garmoré Inmuebles y Edificaciones S.A. En la Avenida de Castilla se fundó en 1896 la fábrica de sidra Vereterra y Cangas. En la actualidad el barrio L'Arena es uno de los más populosos de la ciudad, con numerosas tiendas, comercios, hostelería y servicios, además de hoteles, pensiones y alojamientos.


Podemos caminar por el paseo o, si lo preferimos, por las suaves y claras arenas de la playa...



Aunque El Muro hasta el Piles se acabó de construir en 1914 el barrio de L'Arena creció muy poco a poco y su actual forma data de los años 60, anteriormente había ciudadelas obreras y viviendas de planta baja muy humildes y populares, provistas de huertas y terrenos, en los que las galernas (antes de hacerse El Muro) ocasionaban estragos. Incluso había algunos establos, siendo célebre la corripia gochos de Pachín, ya en la parte más cercana al Piles, cuando hace siglo y pico no estaba aú canalizado, corripia o corral de cerdos que según el escritor Chema Vega arrastró al mar una terrible riada, contando su dueño que seguramente la mar brava se los llevó a La Habana, mítica "tierra de promisión" en aquellas fechas aún de miseria y emigrantes a ultramar.


 El mismo autor nos dice que algunos de los primeros inquilinos de aquellos inmensos y para la época lujosísimos edificios del "Nuevo Miami" de L'Arena y en primera línea de playa fueron los ingenieros alemanes que trabajaban en UNINSA, con sus familas, sus hijas rubias que tanta admiración causaban entre la mocedad masculina. No obstante, pese a esta "nota romántica", lo cierto es que no pocos de los antiguos vecinos y vecinas del barrio hubieron de marcharse ante la presión urbanísitica del desarrollismo. Antes de ellos, con El Muro ya hecho, se habían construido también unos pocos chalets, desaparecidos prácticamente en su totalidad con las nuevas edificaciones.


Ya en el año 1958 se quiso evitar la presión urbanística en este lugar tan llambión para construir, diseñando calles anchas y limitaciones en altura, pero quedó en nada pues en aquellos años del llamado desarrollismo las leyes eran totalmente permisivas, así hay en todo el barrio alturas que sobrepasan hasta más de 24 metros lo teóricamente regulado en un primer momento. Por esta razón ya en el año 2000 se convocó un concurso de ideas para un Plan de Fachadas con el que paliar su impacto visual, el cual entró en vigor cuatro años después, aunque las sombras proyectadas sobre muro y playa son ya inevitables.


Antes que los actuales edificios elevasen sus siluetas hacia el cielo estuvieron, dice Chema Vega, "los fondigones", se trataba de huertas, unas con cultivos y otras abandonadas "onde los neños díbemos xugar al balón, a les casetes y vaqueros y indios y tamién a criar gatos, perros, palombes -que tomábemos prestaes del Parque Isabel la Católica- a falta d'una televisión que nos afatara un poco" (Revista La Arena, abril 1996).


Ancho y transitado paseo...


Edificio Palermo, número 12 de Rufo García Rendueles, con vistosa fachada estilo "dientes de sierra", obra de los arquitectos José Antonio Muñiz y Celso García dentro del estilo movimiento moderno, año 1958. El plan municipal de renovación de fachadas ha mejorado un tanto su aspecto.

                                                                                                                  

Aquí es donde las calles Manso y Canga Argüelles salen a la Avenida de Rufo García Rendueles, estando un poco más atrás el edificio de viviendas en cuyos bajos se encuentra el Pabellón de Deportes de L'Arena. Antes que los actuales edificios elevasen sus siluetas hacia el cielo estuvieron, dice Chema Vega, "los fondigones", se trataba de huertas, unas con cultivos y otras abandonadas "onde los neños díbemos xugar al balón, a les casetes y vaqueros y indios y tamién a criar gatos, perros, palombes -que tomábemos prestaes del Parque Isabel la Católica- a falta d'una televisión que nos afatara un poco" (Revista La Arena, abril 1996).




En este tramo estuvieron Les Pérgoles del Muro grandes armazones y columnas que al final, cuando se las abandonó a su propia suerte, servían de vivienda a un célebre vagabundo o clochard muy presente aún en el recuerdo del vecindario. En los años cincuenta un grupo de prestigiosos arquitectos: José Avelino Díaz Omaña, Miguel Díaz y Negrete, Juan Manuel del Busto, José Antonio Muñiz y Juan Corominas, elaboran un plan nuevo para El Muro, con aparcamientos, jardines y pérgolas, pero apenas una década más tarde aquel proyecto, hecho con criterios modernos y prácticos, empieza ya a degradarse en un proceso que llegará hasta la reforma integral de los noventa. Es en este contexto cuando se derriban las pérgolas en 1982, tras echarse atrás una idea para habilitarlas como negocio de hostelería y casualmente, al poco, fallece su popular inquilino. Las palmeras y el diseño de las farolas, junto con los mástiles de las banderas, tan propio de aquellos momentos, emulaban una mediterranización de esta fachada marítima pero no mejoraron la situación, así como tampoco los pasos subterráneos que hicieron que la Avenida Rufo García Rendueles se transformase en la práctica en una vía de circulación rápida en plena ciudad.


Tras la última remodelación del paseo en los años 90, se ha instalado una "minipérgola" con una pequeña placa en la que Gerardo Diego evoca estos parajes:

  
"Delicia de los ojos playa de San Lorenzo
  de este a oeste extendido su manto de canela
  la mirada perdida en el confín del lienzo
  o acariciando el seno
sonoro de la vela"


Pero ha sobrevivido un elemento típico de los primeros tiempos: Les Barandilles del Muro, aunque parece ser que no sìempre fueron blancas, cuyo modelo se adoptó en 1912, con pilastras de piedra caliza traídas de las canteras del Monte Naranco, separadas una de otra unos 20 metros, espacio guardado por estas barandillas de fundición que han sido copiadas para otros paseos de la ciudad y otras villas asturianas. 
                                                               

Ya estamos a la altura del Hotel Príncipe de Asturias, gran fachada de luminosos ventanales que mira al mar, antes estuvo aquí el Hotel Miami, inaugurado el día 8 de agosto de 1957, en el que durante unos años hubo baile, amenizado por artistas de la talla de Luis Gardey. El Miami cambió de dueños casi dos décadas después y fue toralmente reformado, reabriendo con su nuevo nombre en 1976.


Aquí se alojó la selección alemana de fútbol en los mundiales de 1982, en un período lleno de anécdotas, pues se cerró el hotel para ellos (había jugadores de la talla de Stielike, Breitner y Rummenigge), trajeron un cocinero propio y numerosos empleados, aunque al final quien relamente cocinó fue el propio chef del hotel. Todo el mundo debía portar sus acreditaciones siempre, desde la dirección hasta el útimo de los trabajadores, aunque según la entrevista publicada en La Nueva España por G. Álvarez Carcedo a la entonces subdirectora de la cadena hotelera a la que pertenece, Yayo Cristóbal, el 8 de agosto del 2007 (50 aniversario del Hotel Miami), quienes mejores recuerdos dejaron fueron las monjas y misioneros españoles de Ruanda y Burundi, que acudían a recoger el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1994.



Llegamos a la Escalera 12, aquí es donde se pone todos los años el ramu al final de la temporada veraniega si no ha habido ningún percance grave en la playa.


También están las instalaciones de la "policía de playa" inmueble totalmente acristalado para esta unidad policial veraniega que se creó en el año 2001.


 Ahora su estampa está totalmente integrada en el paisaje playero pero en su momento fue una sorpresa pues la población no estaba avezada a ver a su policía local de pantalones cortos, polo azul claro, zapatillas de deporte blanca y gorra de beisbol. Ya existían en otras ciudades españolas pero aquí más de un areneru decía..."sacáronlos de les películes americanes".


Hacia la mar tenemos toda la línea costera de La Iría'l Piles y Casablanca, sus pubs, cafés, restaurantes y salas de fiestas, hacia donde nos vamos aproximando, divisando el conjunto escultórico de Les Chapones o más oficialmente Sombras de Luz.


El Piles y El Pedreru.


Zona del Parque del Piles. Más atrás el barrio de Les Caseríes, y su cuesta ascendiendo hacia La Providencia.


Llegamos al lugar donde se conserva, gracias a su utilidad práctica, uno de los antiguos pasadizos, el del Balneario Playa de San Lorenzo, con duchas y vestuarios, donde está la Escuela de Surf, a la altura, al otro lado de la calzada, de la antigua Casa de Socorro, ahora sede de la Asociación de Vecinos de L'Arena y del Centro de Mayores El Piles.


Hoy en día parece mentira que en nuestro Miami, antes de estos edificicios altos, en manzanas cuadrangualres por las calles de Aguado, Doctor Aquilino Hurlé o Marqués de Urquijo, entre otras muchas, hubiese antes huertas, ciudadelas, viviendas obreras y hasta corrales y corripies...El Patio de la Carpintería, Ciudadela de Juan Antonio Muñiz, La Catalana, Ciudadela de Hermenegildo Carbajal, El Caleyu... o que se prendía la foguera de San Xuan en un terreno situado entre Aguado y Ezcurdia, por eso, cuando se ve una foto de aquellos años puede parecer increíble, sobre todo a las generaciones que no lo conocieron, para quienes les parece "algo del otru mundu".
 

En aquel margen hay cafeterías y terrazas, en este, la sombra alargada de estos edificios, muchos con sus nuevas cristaleras del plan de fachadas, se prolonga por gran parte de la arena y el paseo en determinadas épocas y horas del día.


 Aquí, al lado mismo del subterráneo, hay una roca en el suelo, con una placa puesta por la Demarcación de Costas de Asturias en 1993 y unos versos de Alfonso Camín:

  "¡Ah! si no fuera este mar
   que nos abraza en la arena
   el tritón y la sirena
     
   y el afán de navegar"
                                                                                                                 
                                                                                                               




Ambiente veraniego y playero...


Les barandilles y les duches... 


La costa hacia Los Mayanes.


En varias zonas del recorrido parece como si volviesen Les Tiendes del Aire, unas antiguas tiendas hechas con lona que existieron hace mucho tiempo en la ciudad, ahora puestos de venta de marroquinería, con toldos abiertos a los paseantes, recordándose siempre la figura del barquillero y de los dulceros de las chucherías, paraíso de niños y mayores, contemplando siempre la bahía, donde pervive la peligrosa costumbre de correr cachones jugando a carreras cuando la mar azota el paredón.


Llegamos ya a la Escalera 11, aquí sale a Rufo Rendueles la calle Menéndez Pelayo, un cruce importante pues es uno de los accesos rodados más importantes a la playa, prácticamente en su misma mitad, y por donde a ella se dirigen en verano grandes riadas de gente con sus cestas, sombrillas y toallas, algunos desde El Coto y Ciares, pues desde el cruce con Pablo Iglesias hacia arriba su prolongación es Ramón y Cajal, antiguo Boulevard de la Cruz, que iba a La Cruz de Ciares.


 En Menéndez Pelayo, cerca de aquí, pero oculto por los enormes edificios, se encuentra el Parque de la Fabríca del Gas, fábrica de la Compañía Popular de Gas y Electrecidad instalada en 1870. Después de su demolición se le dio este nombre al solar donde se encontraba, a cuyo lado se irían trazando las calles del barrio, como esta de Menéndez Pelayo en su cruce con Ezcurdia, el cruce de la muerte por su peligrosidad, según cuenta ese otro gran cronista local que es Juan Martín Merino "Juanele", con la Fábrica del Gas mirando enfrente al Grupo de Cultura Covadonga en sus antiguas instalaciones. En otra esquina estaba el bar Casa Manolo y en la otra la tienda de José El Castellano. El Grupo tuvo aquí sus actividades deportivas y sociales entre 1938 y 1968, cuando se trasladó a Les Mestes).


 Heladerías en la Escalera 11


Panoramas marítimos en la Escalera 11.


Cuando sube la marea la playa mengua notablemente. Un problema endémico y siempre polémico.


Sube la marea...


El Cervigón, cabo que cierra al este la concha.


El Cervigón, El Rinconín, La Cuesta les Caseríes, Rosario Acuña y el Sanatorio Marítimo.


El Sanatorio Marítimo, proyectado en 1943 por el arquitecto Manuel del Busto en un solar de 1.100 metros cuadrados, inaugurándose dos años más tarde, iniciativa de la orden religiosa de San Juan de Dios, que atendió hasta los años sesenta a niños y niñas con poliomelitis y después, a partir de 1966, a afectados por problemas psíquicos, concertándose con la Seguridad Social. A principios de los años 70 empezó la obra de ampliación, proyecto de los hermanos Alfredo y Alejandro Miranda Ferreras. Hubo más reformas y cambios en los años ochenta y hoy día es un colegio de Educación Especial con unos 50 alumnos de Educación Básica Obligatoria (EBO) y Transición a la Vida Aulta, concertado con el Principado.


A principios de los años 70 empezó la obra de ampliación, proyecto de los hermanos Alfredo y Alejandro Miranda Ferreras. Hubo más reformas y cambios en los años ochenta y hoy día es un colegio de Educación Especial con unos 50 alumnos de Educación Básica Obligatoria (EBO) y Transición a la Vida Aulta, concertado con el Principado.


Casa de Rosario Acuña. Rosario de Acuña y Villanueva nació en Madrid en 1851, accediendo a una buena formación familiar y autodidacta a cargo de su padre. De gran afición por la literatura, empezó a escribir en 1874 en La Ilustración Española y Americana, estrenándose dos años más tarde su obra de teatro Rienzi el tribuno. Marcha a vivir a Pinto, se casa con un militar y al ser destinado este a Zaragoza se van allá los dos, pese a que el matrimonio no es feliz a causa de las infedelidades de su marido, por lo que Rosario se centra en la escritura, estrenando dos nuevos dramas y otras obras como La Siesta, siendo la primera mujer que interviene en la tribuna del Ateneo de Madrid. Consagrada autora en prosa, teatro y lírica, colabora en numerosas publicaciones y visita numerosos lugares de España, entre ellos Asturias, cuando ya su ruptura matrimonial es un hecho. Algunas de estas veladas poéticas y literarias son polémicas para las circunstancias políticas que le toca vivir, pues se muestra partidaria de los ideales republicanos y de la separación entre la Iglesia y el Estado. En 1891 estrena El Padre Juan, drama en tres actos acusado de anticlerical y que es suspendido inmediatemante pese al clamoroso éxito de público. Ella viajará por Europa y se proclamará como una firme defensora de los derechos de la mujer. A su vuelta se instala en Cueto, Cantabria, con Carlos Lamo, hombre a quien conoció en 1886, así como con la hermana de este, fundando una granja avícola, actividad en la que se conviritió en una experta, publicando artículos y recibiendo un premio al participar en la Primera Exposición de Avicultura en Madrid en 1902. Pero enseguida llegará otro problema, los dueños de la finca rescinden el contrato y en 1911 vendrá a vivir a esta casa que llevaba construyéndose desde 1909 a instancias del Ateneo-Casino Obrero de Xixón. Un artículo que publicó en la prensa de París criticando los insultos de un grupo de estudiantes de Madrid a unas compañeras extranjeras causó gran escándalo, por lo que se exilia en Portugal, país del que vuelve en 1913 con el gobierno liberal del Conde de Romanones, regresando a vivir a esta casa y siendo ya todo un símbolo de Xixón, del movimiento feminista y del libre pensamiento. Aquí fallecerá el 5 de mayo de 1923, siendo enterrada en el cementerio civil en medio de un gran duelo popular. Su casa fue reconstruida en 1991, haciéndola más grande y es actualmente sede de las escuelas-taller.


Allí estuvo anteriormente la finca Los Quiñones y los campos y las huertas de extendían hasta el actual Sanatorio Marítimo. Hallazgos arqueológicos atestiguan que toda esta franja desde el Piles hasta acá pudo ser de las primeramente pobladas en los actuales términos del concejo de Xixón, milenarias civilizaciones que hunden su huella en la remota prehistoria, como el Achelense del Paleolítico y el Asturiense con su pico conchero e instrumental de piedra, todos cazadores, pescadores, recolectores y pescadores que habitaban las costas y algunos valles del interior.


Acantilados de El Rinconín y Paseo del Cervigón, donde hay camping y pasa la senda costera.



Zona de Casablanca...


El Bellavista. Salta a la vista y nunca mejor dicho la alta densidad de construcciones en el barrio de Les Caseríes de Somió, edificadas en las últimas décadas.


El Pedreru y Somió, subida a La Providencia.


El Puente del Piles.


En la calle Premio Real saliendo a Rufo Rendueles y Emilio Tuya se levantó uno de los primeros edificios de lo que sería pronto llamado Miami, 46 viviendas promovidas por Construcciones Ibáñez S.A. antes hubo algunas casas de planta baja y se disputaban partidos en el antiguo Campo de Fútbol Jovellanos, donde jugaron equipos como el Club Deportivo Arenal, el Cimadevilla, el Instituto, el Plazuela, los Once Stukas o el Tucán. L'Arena dio siempre muchos y buenos futbolistas, no era este el único campo que como tal existía, incluso de los más frecuentados por las promesas del balompié fueron los improvisados campos hechos en la misma arena de la playa y que dieron nacimiento a uno de los varios equipos del barrio: El Playino.


Hoy el día el fútbol (menos en temporada veraniega), el surf, la vela, la pesca... son deportes y prácticas habituales en esta playa...



Surferos e iglesia de San Pedro.


Surf y fútbol.


Bailando la ola ante la antigua pescadería y el Ayuntamiento.


San Pedro y El Campo Valdés.


Posando para la posteridad.


Iniciando el partido.


Trofeos y fotógrafos.


El casco antiguo.


Las Tablas y el paraguas.


En la calle La Playa, estuvo la Ciudadela de Mon, después Patio de Urcisa, solares donde hubo a partir de 1942, nos dice Toño en sus Efemérides Gijonesas , un campo donde jugaba la chavalería al fútbol. En los años sesenta y setenta, antes de construirse los actuales edificios, se instalaron numerosos murales con anuncios para publicidad comercial, dada su estratégica posición ante avenida, paseo y playa. Mucho más antiguamente, aún en el siglo XIX, hasta aquí llegaba la parroquia de Ciares, según nos informa Agustín Guzmán Sancho en La Parroquia de San Lorenzo de Gijón, pues esta abarcaba terrenos comprendidos en los actuales barrios y calles de "Contrueces, El Llano, Pumarín hasta la actual Avenida de la Constitución, para seguir por la Puerta la Villa, la actual calle Covadonga, Plaza San Miguel, a salir a mitad de la playa hacia la altura de la calle Vázquez de Mella (actual calle La Playa), siguiendo por la costa hasta el Piles (comprendiendo la zona del parque Isabel la Católica y del coto de San Nicolás, donde estaba la capilla de San Nicolás del Mar). El Piles servía de divisoria hasta el puente de Viñao, enlazando por la Coría con Contrueces..."


Un buen lugar, entre las escaleras 11 y 12, para bajar a la arena y admirar el paisaje...


Escaleras 11 y 12.


Pescador de caña.


Casablanca.


El Piles. El Muro es un paseo agradable, frecuentado, transitado, incluso en invierno cuando los vientos destrozan los paraguas desplegados de los viandantes, no digamos en verano, con la playa en ebullición, los puestos de helados a pleno rendimiento y los vendedores ambulantes pululando por la arena, proclamando al altu la lleva su mercancía, al grito de "¡¡¡ hay patata cacagüéee, a la rica avellanaaa, hay agua del Sáhara !!!".


Camino de El Náutico y Cimavilla.


Sol y playa al atardecer...En cualquier época del año es común ver a los foriatos (forasteros) provistos de planos y mirando en todas direcciónes. Ellos dicen que los gijoneses y gijonesas son tan amables que varias veces no es que les hayan indicado el sitio que buscaban, es que les han acompañado a él. Propios y extraños sacan fotos acá y allá retratando toda la concha que aquí se nos ofrece como un anfiteatro natural, desde Cimavilla hasta El Rinconín y El Cervigón, con los altos de Somió y La Providencia al fondo, olímpico trayecto para los nadadores más resistentes, que desde la Peña Santana en Santa Catalina brazeaban hasta El Piles, como mandaba la tradición.


Hay numerosos bancos para sentarse y en la avenida miran al mar numerosas tiendas, bares, cafeterías, confiterías y sidrerías.Este paseo vivió décadas de deterioro hasta que en 1992-93 se emprende una remodelación integral diseñada por Diego Cabezudo, Jorge Martínez Sierra y Jorge Paraja, devolviéndole su buena y digna imagen, hay bancos, papeleras, pérgolas y se han plantado tamarindos, arbustos resistentes al salitre.


Cuando la marea sube...


Línea de playa...


Sobre la escalera, la bandera de Gijón/Xixón.


Inolvidable paseo...


Tablas...


Bañistas.


La playa en verano.


Sol y arena...


Es la de Rufo Rendueles avenida muy animada por las terrazas que se instalan enfrente de sus negocios hosteleros, algunos tan clásicos como el México Lindo o el Biarritz, en la parte baja del edificio proyectado por Juan Corominas Fernández Peña dentro del Movimiento Moderno en 1954.


Justo a su derecha y asomando a la esquina de las calles Ezcurdia y Caridad tenemos el Colegio San Vicente de Paul.


San Vicente de Paúl, su estructura actual corresponde a las grandes reformas de ampliación de 1952, edificio de tres plantas con grandes ventanas y sótano, patio interior y jardines, pero su origen data de una más antigua fundación de las Hijas de la Caridad en 1890, con doble planta y buhardilla, cuyo patio era la misma playa, adquiriendo en 1916 el inmueble de la antigua Escuela de Comercio.


En la guerra civil fue hospital para atención de heridos, dándose la circunstancia que al reanudarse las clases en febrero de 1938 aún se atendían 175 camas con otros  tantos afectados por la contienda.


No debe ser costumbre nueva la de plantar tamarindos o tamarisos, pues en sus Efemérides Gijonesas José Antonio García Gutiérrez Toño,  nos dice que ya en 1908 se plantaron árboles de esta especie pues sus raíces se agarraban muy bien al subsuelo arenoso y las ramas  resistían bien los nordestazos, los vientos fuertes del nordeste.




Una placa metálica nos recuerda que, a la altura de la calle Juan Alonso estuvieron Les Cases de Veronda, construidas en 1899 por Mariano Marín para doña Vicenta Peláez, viuda de Veronda.


En ellas fue donde estuvo emplazada entre 1920 y 1937 la sede del Ateneo Obrero de Gijón, fundado en 1881 y del que su primer presidente fue Juan Alonso Caicoya, al quien está dedicada la calle, siendo uno de los primeros residentes en el ensanche de la ciudad al derribarse el muro de la muralla levantada en el siglo XIX durante las guerras carlistas, pues vivía en esta vía pero más atrás, en la esquina con Marqués de Casa Valdés.


Estas casas sí fueron derribadas en el mismo plan que promovió la demolición del Hospital de Caridad y los últimos balnearios. Antes de esta hemos pasado la calle Eladio Carreño fundador de este Ateneo-Casino Obrero y alcalde durante unos meses de 1873.


Actualmente el Plan de Fachadas confiere nuevo estilo y aspecto a estos bloques de edificios del desarrollismo




El Muro de los peregrinos.


Peregrinos en El Muro.


El Martillo de Capua, cuyas casas vamos viendo según andamos por El Muro, es especialmente importante porque se trata del último vestigio que ha llegado a nuestros días de aquel histórico ensanche por donde crecería la ciudad.


 Por la calle Capua discurría el trazado de la muralla de las guerras carlistas, que tenía forma de estrella, por eso está dedicada a Andrés de Capua y Lanza, quien fue el alcalde-corregidor bajo el que se derribó esta fortificación y se emprendio el avance o ensache de la ciudad hacia el arenal.


 Es de reseñar que los edificios 16 y 18 de Ezcurdia son obra del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, en 1895.



Seguimos avanzando ante la vista de nuevos ejemplos de la historia de la arquitectura gijonesa.


Y es que sin duda el edificio que más ha de llamarnos la atención es el que haciendo esquina conforma el otro extremo del grupo de casas antiguas del Martillo de Capua.


Esta primera vivienda fue hecha con dos caras o aspectos diferentes, según nos advierte en el libro Arquitectura de Gijón Miguel Granda Álvarez, pues presenta trazas de palacete, con sus balcones y terrazas adornadas con cariátides, por la fachada marítima...


Un hermoso chaflán hace de transición entre ambas fachadas: norte y sur.




 Pues tiene traza de bloque de pisos la parte que mira a la calle Capua.



En 1888 el entonces alcalde Alejandro Alvargonzález, hizo construir esta casa, que sería reformada en 1899, como residencia familiar, sobre aquellas antiguas defensas amuralladas construidas de 1833 a 1840 y derribadas a partir de 1876.


Del proyecto se encargó el arquitecto catalán afincado en Xixón Mariano Marín Magallón, dentro del estilo ecléctico, que es en realidad una mixtura de estilos, a base de buenos detalles como los frontones, arcos, cúpulas y demás elementos, en pleno paso hacia el Ensanche del Arenal, por donde la ciudad crecería hacia el este, hacia L'Arena, tras "saltar" las viejas fortificaciones de la carlistada y parcelarse la zona.


El destino del Martillo de Capua iba a ser el mismo que el del Hospital de Caridad y los inmuebles donde se hicieron los Jardines del Náutico, pues en 1937 se planeó demolerlo dentro del Plan de Reformas Urbanas de la corporación del Frente Popular de Avelino González Mallada, a fin de ganar espacios para el tránsito y plazas, derribo que finalmente no se llevó a cabo. Cuarenta años largos más tarde, en 1979, se libró del mismo final y fue catalogado en 1986.


El mismo arquitecto construiría más casas en esta calle de Capua que sigue la forma en estrella de las desaparecidas defensas, alargándose hacia la Plazuela San Miguel.


Pero no hemos de olvidarnos entonces aquí de la Ciudadela de Celestino Solar o Ciudadela de Capua, ejemplo recuperado y visitable de lo que eran las modestísimas viviendas obreras de antaño y sus condiciones de vida.


Esta de Capua se levantó en 1877 y estuvo habitada todo un siglo, eran unas 23 casas que podríamos calificar de diminutas, dispuestas en filas y en patios, que compartían cuatro retretes comunitarios, sin agua corriente, luz ni alcantarillado.


Y es que realmente la historia y la arquitectura no son únicamente las grandes casas, castillos, mansiones y palacios, también lo son estos humildes recintos, las ciudadelas obreras, que como las casas de labranza o los modestos pisos y viviendas de los barrios industriales, fue donde vivieron la inmensa mayoría de nuestros antepasados.


Partes reconstruidas con paneles de explicación de la historia de la vivienda en la ciudad.


Paseo sensible y solitario en las partes dejadas a piedra vista.


Compartían aguas y baños...


Nuevos edificios en torno a la ciudadela. Las paupérrimas condiciones de buena parte de la sociedad que pasó a vivir fuera de las fortificaciones erigidas durante las guerras carlistas.


Solaz y reposo en lo que ahora es un gran patio de vecindad.


Guardián de la ciudadela.


Hoy la ciudadela de Celestino Solar es un bello espacio recuperado, restaurado y ajardinado que invita a la serena refelxión.


Partes no reconstruidas.


Amigo de un camino...


Ventanas al pasado, al presente y... al futuro.


 El erudito Julio Somoza habla de la antigua existencia de unas viviendas insalubres llamadas Les Cases del Manquín, que estaban aquí en Ezcurdia (calle dedicada a quien fuese durante 26 años secretario del Ayuntamiento, Vicente Ezcurdia Cuéllar), enfrente de La Garita, hasta donde llegaba el antiguo muro de contención.


Allí al lado de la calle Capua está la Plaza Romualdo Alvargonzález Lanquine, empresario y promotor de la Feria de Muestras.


Antiguamente nos dice Luis Miguel Piñera, se localizaba aquí El Patio del Rebeco, ciudadela tirada en 1937 y La Plaza la Fueya, así como el convento de las Agustinas, que se trasladaron a él tras salir de Cimavilla en el siglo XIX, marchando luego, tras la guerra civil, a la Quinta del Obispo en Somió.


Esta es la razón por la que el centro comercial aquí situado se denomine de San Agustín, sucesor del mercado que se habilitó en el lugar del desaparecido convento.


Casi enfrente, donde ahora está la Escalera 5 vemos colocada una placa que recuerda el comienzo, el 3 de junio de 1907, de las obras para la  construcción del muro sobre el Arenal de San Lorenzo, con proyecto de Miguel García de la Cruz, rellenándolo primeramente con tierra de los desmontes efectuados en El Coto de San Nicolás.


Ya en 1910 se propone el nombre de Rufo García Rendueles para la nueva calle que se abrirá en este naciente paseo, pues sus gestiones como subsecretario de Obras Públicas posibilitaron esta iniciativa, ya esbozada mucho tiempo atrás por el Plan de Mejoras de Jovellanos.


También aquí, si bajásemos a la arena veríamos claramente en la pared el arranque del nuevo muro, pues su aspecto es diferente al del viejo paredón construido en el siglo XVIII hasta La Garita, un poco antes de la actual escalera.


Unos altos bloques de pisos se levantan emulando rascacielos sobre el Paseo del Muro de San Lorenzo entre la calle Capua y la de Jovellanos, teniendo enfrente la entrada al parking del Náutico.


Y es que hemos llegado a un lugar excepcional: Los Jardines del Náutico y La Escalerona...