| El Palacio de Merás |
En la calle Pío Cuervo, prolongación de la calle Mayor en lo que sería la cuesta de Fondosdevilla, es decir, el barrio bajo de la villa; con Picosdevilla o barrio alto, el Palacio de Merás, en el corazón de la villa de Tineo/Tinéu, ejemplo destacado de arquitectura civil asturiana renacentista, es todo un símbolo del Camino de Santiago en Asturias, no solamente por su importancia para la historia y el patrimonio jacobitas, sino porque fue recuperado y rehabilitado con notable acierto en 2008 como hotel, cafetería-restaurante y, posteriormente, también albergue de peregrinos, que se uniría en su oferta de pernoctas a los romeros al pionero albergue municipal Mater Christi, cuyo nombre evoca al del antiguo hospital de peregrinos de esta advocación que existió en la villa, posiblemente desde el siglo XIII, en el que se concedió la Carta Puebla a Tineo/Tinéu por parte del rey Alfonso IX
El palacio fue en origen otra edificación bien distinta a esta, una casona de la familia leonesa de los Quiñones, que se había establecido por toda Asturias con las guerras trastamaristas, al intervenir en ellas en favor de la estirpe triunfadora, pero en 1525 pasaría a ser solar de la casa valdesana de los Merás, cuna de una saga de militares y nobles que hicieron carrera en Nueva Segovia, actual centroamérica
Al Ayuntamiento de Tineo y su plaza llegan los peregrinos bajando, a su izquierda, por la calle Mayor. Realmente el trazado oficial del Camino de Santiago sigue, desde el final de la calle (comienzo para los peregrinos que bajan a Picosdevilla por el Paseo de los Frailes y San Roque) hacia la izquierda desde el antiguo convento de San Francisco (actual parroquial de San Pedro), hacia el barrio de La Fonte o La Fuente para salir del casco urbano subiendo hacia La Sierra por la fuente de San Juan o La Fonte San Xuan
Pero en verdad, buena parte de los peregrinos, sin duda la mayoría, bajan al corazón de la villa sin pasar de largo, bien porque pernoctan en ella o bien porque bajan a comer, comprar o tomar algo, pasando entonces al pie del Ayuntamiento, del que dice así el historiador Luis Antonio Alías en su libro El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios que vino aquí tras diferentes ubicaciones
"El convento de San Francisco fue lugar de reunión de las juntas del concejo hasta que en el siglo XVI contaron con al lado del torreón medieval", es decir, el antiguo Castillo de Tineo, que estaba en Las Campas, barrio de Fondosdevilla, del cual fueron derribados sus últimos restos en 1912. "El tiempo hizo necesarios ubicación y edificio más acordes, adquiriéndose una casa con pajar en el centro de la villa y construyéndose un edificio más espacioso y noble". Aquí estuvo además la capilla de la Magdalena
"... a finales del 2019 abre, por primera vez sus puertas al público. José Manuel, su dueño, es un tinetense de toda la vida. Durante 21 años regentó el bar Centro con lo que tiene soltura y tablas en el trato con el público, sobre todo con los diferentes y numerosos peregrinos que arribaban en Tineo.
Por Tineo llevan pasando peregrinos desde la Edad Media pues es un punto clave del denominado Camino Primitivo, con lo que es más que frecuente ver a estos caminantes transitar por el pueblo, buscando sus momentos de descanso merecido por el largo camino que han recorrido. (...)
Anteriormente, este edificio pertenecía a un banco, su distribución y estructura nada tiene que ver con el estado actual. Cuando José Manuel lo adquiere y se pone manos a la obra para hacer una completa remodelación, las ideas eran muchas. Tuvo que empezar poco a poco y así, darle la mayor funcionalidad al espacio que está creado por y para los peregrinos. Cuando pudo ir materializando todas estas ideas, se iba viendo cómo el Albergue La Plaza tomaba forma hasta convertirse en lo que ahora podéis ver, un albergue que invita al descanso, a momentos de paz y tranquilidad en su gran terraza con vistas al valle.
Te contamos más cosas del Albergue La Plaza, el edificio, que da cobijo a nuestros peregrinos, está distribuido en 3 plantas, y cuenta con 2 amplios dormitorios con una capacidad total de 16 personas. En la primera planta te recibe una pequeña recepción donde José Manuel te atenderá encantado, bajando un breve tramo de escaleras, nos encontramos el primer espacio de zona común y la gran habitación número 1, avanzamos un poco para dar paso a la zona de lavandería, si bajas a la siguiente planta tienes una salita y tu segunda habitación.
No sólo tiene habitaciones, una completa zona con varias mesas y sillas comparten espacio con una cocina equipada donde podrás calentar tu comida".
"Casa Chope, como es conocida la tienda, lleva en la plaza del Ayuntamiento desde 1942. Fue su padre quien la abrió y él lleva en ella, a pie firme, desde 1970.
Hoy es una mercería-lencería, en sus orígenes fue ferretería, zapatería y de todo un poco.
En los años cuarenta del siglo pasado, que ya son años, trabajaron en esta tienda hasta ocho personas, sobre todo los jueves y los días de feria. Eran otros tiempos. Hoy el negocio da para lo que da, que a su decir es para poco.
Manolo Chope lo tiene claro: los tiempos han cambiado. No hay resentimiento en sus palabras, tal vez un poco de nostalgia, pero nada más.
Rememorando los tiempos en que su padre regentaba el negocio, sonríe al narrar como muchos días diez, doce, quince clientes iban a comer a su casa. Al cliente había que tratarlo bien.
Hoy no podemos imaginar una situación así. ¡Vaya que sí cambió la vida!
En los años noventa se trastocó todo, según Manolo. Las ventas empezaron a caer y las rentas a subir.
De esto sí que se queja: “pago mucho por un local que no reúne condiciones”
"En septiembre de 1820 Riego se desplaza a su Asturias natal para visitar diferentes poblaciones donde es recibido como un héroe. El 4 de octubre entra en Tineo y desde el balcón de la casa de Don José Valledor y Ron se dirigió al pueblo expresando su reconocimiento a sus gentes.
Durante toda la jornada reinó un ambiente festivo, siguiendo las instrucciones de la Junta Provisional de la Provincia en la ciudad de Oviedo. Durante ese viaje concierta su matrimonio Extractos de su discurso:
''Yo me felicito por haber contribuido a vuestra libertad y os doy las más expresivas gracias por los elogios que tenéis a bien dispersarme (y) considerándolos hijos del más sincero aprecio, quedarán grabados en mi corazón eternamente'' ‘’El amor a la patria decidió a ponerme a la cabeza de los dignos españoles que, despreciando los cadalsos, juraron libertad o muerte’’ Esta última frase, es la que consta escrita en la placa conmemorativa de este momento histórico del General Riego en el balcón.
Y aquí, en el bajo del edificio de la derecha, el del Bar Centro, con su terraza y tras sucesivas reformas, permanece abierto
Antes de proseguir, vamos a pasar al pórtico de la casa consistorial, donde no pocos peregrinos, y demás visitantes y vecinos, hallaron improvisado refugio de la lluvia y la tormenta
"En la parte alta del escudo, el primer cuartel está ocupado por una torre almenada que representa el CASTILLO que Tineo conservó hasta tiempos recientes, habiendo sido demolidos sus últimos restos en la década 20 al 30 de este siglo. Recuerda la fidelidad que esta plaza guardó a los reyes españoles en ocasión de luchas fratricidas. Su origen se remonta a los tiempos romanos en los que Plinio el Viejo cita a esta comarca como país del oro y de la riqueza.
Al lado del Castillo, en el segundo cuartel, figura la CABEZA DE BARBARROJA, sobre el alfanje que le dio muerte, rodeada de cuatro cabezas de turcos, con el lema "Omnia vincit virtus". El origen de este cuartel está en la familia de García Fernández de la Plaza, a la que concedió la reina doña Juana y su hijo don Carlos, por real Cédula y ejecutoria dada en Zaragoza, a 25 noviembre de 1518, para poner en campo de gules la cabeza del gran corsario Barbarroja, su alfanje y bandera, orladas de cuatro cabezas de trucos... Todo ello porque habiendo figurado el tinetense García Fernández de la Plaza en la expedición de Carlos V, tuvo ocasión de perseguir y dar muerte, en las proximidades de Túnez, en la sierra de Tremucén, al pirata Barbarroja (o uno de sus principales lugartenientes) y a cuatro de sus capitanes que le acompañaban.
En medio del escudo está el LEÓN DE ORO en campo de gules. Originariamente parece ser que fue el blasón reservado a Tineo por haber sido concejo del reino de León. Lo cierto es que el León ha sido emblema permanente del concejo de Tineo, que a la patria dio hombres valientes y familias de héroes.
En el tercer cuartel figura el BLASÓN DEL CONVENTO DE OBONA fundado en el año 781 por el Príncipe Aldesgaster Silez, hijo de Silo I.
En el cuarto cuartel aparece el BLASÓN DE FRANCISCANOS de la villa de Tineo. Es tradición que fue fundado por el propio San Francisco de Asís, que puso sus primeras piedras en ocasión de pasar por aquí, peregrinando hacia la tumba del Apóstol hijo del trueno, a finales del siglo XIII.
Remata el escudo de Tineo, la CORONA CONDAL. El distrito o condado de Tinegio es citado en viejos documentos del año 906, 912 y otros posteriores. Se trata del commisso de Tineo, importante en la Edad Media y aún en la moderna.
Estos son los motivos o emblemas que en nuestro escudo tinetense, lucen como resumen histórico del concejo. Grabado sobre berroqueña piedra, merece ser situado en las fachadas más nobles para que, en caracteres indelebles, sea contemplado por futuras generaciones que puedan apreciar cómo la presente supo honrar la memoria de sus mayores, tutelando la tradición gloriosa de ellos heredada, y siendo maestra y guía de las de próximos siglos".
"Apellido. Con solar en el concejo de su nombre. Sarandeses describe cuatro escudos correspondientes a esta familia. Uno: en campo de gules, un pino de sinople y dos cabras, una, empinada al tronco intentando alcanzar las ramas y otra, tumbada al pie de él. Cinco veneras de plata, una en jefe y otra a cada costado. Otro, lo mismo pero las veneras son cuatro, dos en cada costado. El tercero, lo mismo pero las veneras son solamente tres, una en jefe y otra en cada costado. El último, sin veneras, y las cabras están las dos empinadas al tronco del árbol. Probó su nobleza en las Órdenes de Santiago (1640), Alcántara (1760), y Carlos III (1795) y en la Real Chancillería de Valladolid (1640). José María Tineo fue creado marqués de Casa Tremañes el 9 de mayo de 1948. Joaquina de Tineo Martínez fue creada vizcondesa de Casa Tineo en 31 de diciembre de 1870"
"El Palacio de Merás se erige en el centro de Tineo como un gran monumento arquitectónico que atrae todas las miradas. Hace veinte años que el empresario tinetense apostó por comprar el edificio, en desuso y prácticamente en ruinas, recuperando una construcción llena de historia que este año cumple sus cinco siglos de vida.
Una historia que está vinculada al temido pirata otomano Barbarroja al que dio muerte el tinetense García Fernández de la Plaza, natural de Ansarás. Una gesta que le valió que el rey Carlos I le concediese los títulos de alférez, noble y capitán, así como un gran botín que invirtió en regresar a su tierra natal y adquirir el actual Palacio de Merás, entonces una casona señorial propiedad de la familia leonesa de los Quiñones. En 1525, con su fallecimiento, hereda la propiedad su hermana Aldonza, esposa de Sancho García de Merás. El matrimonio lo restauró parcialmente, dándole ya un aspecto similar al actual, así como su nombre.
"Al final, la fortuna que García Fernández de la Plaza obtiene tras dar muerte a Barbarroja sirve para adquirir y reformar este palacio”, destaca Benjamín Alba, que ha querido que esta épica historia esté presente en el edificio a través de un mural que preside la recepción del hotel.
La historia del final de Barbarroja también será protagonista de la celebración del quinto centenario, que se celebrará este viernes, a partir de las 20.00 horas, en el palacio. Entre las múltiples actividades organizadas habrá una recreación, con actores, del momento histórico en el que el tinetense dio muerte al pirata otomano en un duelo que se produjo "en un corral de cabras".
El acto contará además con la participación de la periodista y escritora Isabel San Sebastián y la historiadora y conservadora de museos Alicia Vallina, que se encargarán de narrar la historia del edificio. Además, habrá sorpresas como la proyección de un vídeo en el que se recrea la vida a lo largo de los siglos en el singular edificio y no faltará la música en directo. En total, se esperan unas 300 personas para celebrar los cinco siglos de vida de un edificio que acompañó a la historia de un pueblo.
La construcción albergó un casino, llegó a ser sede del ayuntamiento e incluso un cuartel de las fuerzas franquistas durante la Guerra Civil española. En la última mitad del siglo pasado se utilizaban distintas dependencias para ofrecer diferentes servicios, hasta que finalmente cayó en desuso.
La reforma que promovió Benjamín Alba lo llevó a convertirse en un hotel, restaurante y cafetería, albergue de peregrinos, además de acoger también un pequeño museo en el que se exponen las más de mil antigüedades reunidas por el padre del empresario, Valentín Alba. Un complejo turístico que hoy en día da trabajo a 22 personas.
“Es un símbolo para Tineo, significa mucho y es importante mantenerlo abierto y darle contenido”, asegura Benjamín Alba, que siempre ha buscado que el edificio fuese un centro de encuentro y de dinamización cultural del concejo"
"Titulado en la Normal de León, Benito Reyero (1914-1967) fue maestro en Vega de Rey y Sangoñedo antes de fundar en la villa, en el año 1946, el colegio Cervantes, de carácter privado y para alumnos de todas las edades, en el que se impartían materias diversas, incluso mecanografía, contabilidad y música, y se organizaban excursiones y viajes de estudio con sus alumnos. En los años 60 se integró en la plantilla de profesorado de la Academia Libre San Francisco como preparador de alumnos de ingreso en Bachillerato".
"...llegamos a Tineo al fin del día; a la casa de Merás: grande, antigua, con dos torres, al fin de una calle sucia y pendiente; el amo, anciano, buen hombre; el ama despierta: sobrina del arcediano de Grado, hermana del dueño de la casa de Cangas a que vamos; habrá sido linda, y tiene buenos restos y lindísimo modo; ocho hijos vivos; el arcediano tiene uno; lleva otras dos hijas casadas y el hijo; llegué muy mojado; pasadas las botas. Al fuego, a cenar"
Abajo, El Fontán debería su nombre a la existencia de un fontán, pequeña fuente que suele formar un charco o laguna. Este espacio llano acaso formase paso y defensa del antiguo Castillo y la entonces diminuta población. Al ser secado se aprovecharía como mercado público al aire libre en lo que sería la primera zona extramuros fuera de la naciente puebla
Y al principio de la cuesta de entrada en la población los Quiñones fundaron su casona, controlando llegadas y salidas. Las pueblas o polas asturianas nacieron como manera de formar nuevos núcleos urbanos aforados por la Corona y que resultasen atractivos para establecerse nuevas gentes, fuera del vasallaje feudal de la nobleza guerrera y terrateniente y de las extensas propiedades de la Iglesia y los monasterios, pero la debilidad de los reyes castellanos, de trono contestado por sucesivos aspirantes a la Corona, hizo que volvieran a caer en la órbita señorial, en concreto aquí de los citados Quiñones, a quienes la reina consorte María de Molina les entrega villa y concejo, buscando atraerle a la causa de su hijo el futuro Fernando IV, así como el vecino de Cangas
De todas maneras el rey cedió estas plazas y tierras canguesas y tinetenses al conde de Armagnac en recompensa a sus servicios militares, aunque los pleitos de los Quiñones, en su rama de los Condes de Luna, que conservaban Allande, durarían hasta bien entrado el siglo XVI, como explica la Gran Enciclopedia Asturiana:
"... los condes de Luna, desde sus posesiones de Allande, volvieron a intentar apoderarse de Cangas y Tineo y, especialmente, de la Abadía de Corias en 1481, pero se defendieron los tinetenses valerosamente, interponiendo un recurso ante los Reyes Católicos, que terminó en 1490, por el cual los de luna renunciaban al derecho que decían tener sobre las villas y concejos de Tineo y Cangas de Tineo. Este pleito lo replanteó Claudio Vigil de Quiñones, en 1533, y en él se declaró que Cangas y Tineo pertenecían a la Corona, quedando libres de todo señorío"
Es en este contexto señorial final cuando se produce la compra de la casona de los Quiñones por García Fernández de la Plaza, reformada primeramente por su hermana Aldonza y su marido Sancho García, sus herederos, pagándolo con la fortuna lograda al derrotar a Barbarroja. Los Merás son oriundos del pueblo de dicho nombre, en la parroquia de Paredes del vecino concejo de Valdés, paso secular de uno de los ramales que enlazaban este camino interior con el costero (actuales Camino Primitivo y Camino Norte)
"Yo, que soy del concejo de Tinéu, muy pocas veces he hablado bien o mal de la villa de Tinéu. Para los de Paniceiros era un lugar donde se iba a comprar a la feria, o al dentista, y para mí un sitio por el que se pasaba y, a veces, se paraba a tomar un café para despabilarse hacia distancias más grandes. Era un sitio, además, en el que yo solía ver un retrato de mi fracaso: una villa donde las construcciones crecían sin plan previo, negro y frío y desordenado, una especie de manchón en las solapas de mi alma.
Hace veinte años, un día de verano, yo me bajé con mi bicicleta del autobús. Había planificado ir hasta Paniceiros, mi pueblo, pedaleando y me entretuve, en aquella mañana luminosa, dando una vuelta por la plaza del Ayuntamiento. Vi un edificio poderoso y me acerqué calibrando sus proporciones y estructura. O mucho me confundía o la mano del Renacimiento estaba allí: lo había visto cientos de veces, de paso, pero nunca me había fijado realmente en él. Aunque estaba dividido en tres viviendas, y la fachada estaba subdividida en varios manchones de cal que diferenciaban la entrada de cada vivienda. Bien se veía, sin embargo, que era un edificio exquisito, abatido por el tiempo, y con la potencia de un símbolo. Hoy, en el libro de Aurelio Menéndez, 'La villa de Tineo', veo que Gaspar Melchor de Jovellanos, el 25 de marzo de 1795, debió llegar como yo llegué y tener idéntica impresión. Anotó en su diario: «Llegamos a Tineo al fin del día; a la casa de Merás; grande, antigua, con dos torres, al fin de una calle sucia y pendiente». En aquella mañana, yo vi una puerta abierta: entré sigilosamente y, en un patio maravilloso, entreví entre las sombras un gallinero y una pocilga. El corazón se me encogió y pensé que haría falta un milagro para salvar aquella ruina y preservarla para futuros. Apunta Aurelio Menéndez: «Las estancias del Palacio albergaron a lo largo del siglo XX varios negocios y actividades: almacén de vinos, enseñanza privada, consulta de un dentista, comercios, bares... Al dejar de residir las familias, el Palacio cae en el abandono; a pesar de todo, los elementos esenciales de la primitiva edificación se conservaron».
Así lo debí de ver yo. Este fin de semana, que una banda de cómplices nos liamos con la Fundación Valdés-Salas para hablar de literatura, dormí en el Palacio de Merás, ya entera y sabiamente reformado por Benjamín Alba, y pude comprobar que los milagros a veces suceden. La calle sucia y pendiente, que había visto Jovellanos aquella tarde, que había visto yo tantos años después, se había transformado en algo increíblemente bello. Me di cuenta cómo un edificio bello dialoga con su entorno, ennobleciéndolo, y cómo Tineo, tan abandonado, se convertía en un lugar esencial, plenamente escrito.
Los sueños tardan en cumplirse pero, ya se ve, no hay nada cómo esperar. Para soñar, lo he comprobado muchas veces, lo mejor es tener los pies en el suelo. Esto es lo que ha hecho Benjamín Alba muy discretamente y hoy podemos ver el Palacio de Merás magnífico y cambiando totalmente la fisonomía de la villa. Apetece ir a Tineo.
De esta casa, me entero leyendo el libro de Aurelio Menéndez, fue García Fernández de La Plaza, que «fue el héroe tinetense que dio muerte al pirata turco Barbarroja, enemigo de los reyes Doña Juana y Don Carlos su hijo (Carlos I)».
Debió de haber un gran jolgorio en la casa, y en toda la villa, cuando se enteraron de la hazaña. Pero yo tengo para mí que algo mucho más importante para Tineo que matar al turco aquel lo ha hecho Benjamín Alba: descubrir el alma enterrada de una villa. Estaba ahí y muy pocos la veían"
Nos transmite también sus recuerdos y añoranzas quien fuera uno de sus últimos inquilinos, el arquitecto Nicolás Arganza, gracias al reportaje que realiza el corresponsal Marcos Palicio para la serie Asturias. Viejas y nuevas polas de La Nueva España titulado Las cosas del palacio:
"El edificio de piedra, blasonado con su escudo de armas y una torre a cada lado de la fachada larga y estrecha, guarda las espaldas de Nicolás Arganza. En su recuerdo, el palacio de Merás es principio y fin, la casa del niño que vio desde aquí la Guerra Civil en Tineo y el orgullo del arquitecto que muchas décadas más tarde y por encargo del nuevo propietario ha firmado la rehabilitación del inmueble para el uso que tiene hoy, hotel de cuatro estrellas con treinta habitaciones y spa. Aquel niño y este arquitecto son la misma persona y juntos se han parado al inicio de la calle Pío Cuervo, junto al Ayuntamiento y la plaza del Fontán, en este rincón de la villa natal que la memoria de Arganza ha seleccionado sin vacilar como su preferida. Hijo ilustre de la localidad, con abundantes huellas de obra repartidas por sus calles, Nicolás Arganza (Tineo, 1932) tuvo su casa en este palacio de 1532 mientras los estudios le permitieron vivir en la villa. Desde aquí, «desde el balcón de la cocina», vio a sus 5 años cómo entraban las tropas nacionales para transformar la casona en cuartel y al padre partir al exilio «en Francia, Santo Domingo y México». Desde aquí se distinguía a José Maldonado, último presidente de la República en el exilio e «íntimo amigo de mi padre», y todo aquel Tineo «muy distinto», dominado por las penurias de la guerra, la dependencia casi exclusiva de la ganadería y apenas ningún rastro de la industria, que aún tardaría en venir a darle vida.
Nicolás Arganza había nacido muy cerca de aquí, en una casa que luego sería oficina de telégrafos en la calle Mayor, la muy empinada que sube hacia la iglesia por la parte izquierda del Ayuntamiento. Pero el hogar pasó a ser pronto este palacio del siglo XVI que el bisabuelo materno había comprado en 1895 a los descendientes de los propietarios originales, la familia Merás, y repartido al sesenta y cuarenta por ciento con Pompeyo Pérez, comerciante leonés de Sahagún de Campos. «Mi bisabuelo era vaqueiro, de Cezures, y traía y vendía vino de León. Compró el palacio para asentarse en Tineo» y ahí vivió Arganza casi de continuo hasta que los estudios le llevaron, primero, a Oviedo y, más tarde, a Madrid. En el palacio con sus padres, sus cuatro hermanos, «al principio mi abuelo» y casi siempre la compañía invisible de algunos de los otros habitantes ilustres de aquella casona con solera: María Solís de Merás, la esposa del Adelantado de la Florida, «y la que le empujó a marcharse a colonizar América», o aquel Garci Fernández de la Plaza, que ha pasado a la historia como el bravo combatiente que mató al pirata Barbarroja?
Vivir allí era «muy agradable», rememora Arganza, si la memoria criba las penurias de la guerra y la posguerra, menos trágicas para aquel niño que jugaba con proyectiles, que se recuerda desfilando con las tropas y al que Alvarina, «una muchacha que teníamos en casa», llegó a tener que bajar de un camión militar que estaba a punto de partir hacia el frente. Así recuerda él los retazos de lo que sucedió en aquel Tineo una vez que los Voluntarios de Pontevedra tomaron la villa para el Ejército nacional y desalojaron el palacio para hacerlo cuartel en 1937. «Para recuperarlo», funciona la memoria del arquitecto, «mi abuelo tuvo que pagar 60.000 pesetas, de las de entonces, y hacer una rehabilitación completa que le costó otras 37.000».
Cuando el recuerdo sale por la puerta del palacio, descubre que Tineo es sobre todo «un verano». Uno cualquiera de aquellos que se disfrutaba «a tope» y desplazaba el escenario central hacia el campo de fútbol, que estaba entonces en El Viso, y donde Arganza colaboró en la organización del nacimiento de un equipo de fútbol que se autogestionaba y en las épocas estivales se enfrentaba a los rivales del entorno geográfico de la villa. «Un año hasta vino el Avilés», recuerda, «que acababa de jugar por el ascenso a Primera; ganamos 3-1 y yo metí un gol». En aquellos veranos de San Roque, «la fiesta de todos», don Paco y Aurelio el de la Roca dirigían la banda y «delante del Café Cervantes ponían un "picú"» para cubrir los descansos de los músicos sin detener el baile. Había verbena todos los jueves y domingos y no demasiado lejos un río con «lo que llamábamos la playina de Posada», donde la chavalería se bañaba antes de sudar en el largo y empinado camino de vuelta a casa. Tineo son en la memoria esos veranos, porque en invierno «recuerdo años de no poder salir de la villa desde el día antes de Reyes hasta el 22 de enero».
Puede que también hiciese frío en Tineo aquel día en clase de Matilde que «se me ha quedado grabado. Yo estaba haciendo un dibujo de un marinero en una barca y me dijo: "Se te dan bien las matemáticas y tienes talento para dibujar, tendrías que estudiar Arquitectura"». El joven Arganza recordó el consejo cuando terminó el Bachiller en el Colegio San Francisco de Tineo -con un paréntesis de cuatro años en el Hispania de Oviedo- y se marchó a Madrid a hacerse arquitecto y jugador internacional de rugby. «Durante seis años», evoca, «jugué todos los partidos con la selección, menos dos, uno en Italia y otro de los Juegos del Mediterráneo en Barcelona».
Al acabar la carrera, el ejercicio profesional también le devolvió a Tineo para dar los primeros pasos de una trayectoria que desde 1962 continuó en Oviedo, pero siempre con el rabillo del ojo fijo en esta villa con palacio. Arganza nunca dejó de observar el crecimiento y la transformación de aquel Tineo muy rural en la villa de traza urbana con motor industrial que ha llegado hasta el siglo XXI. Asesoró a ayuntamientos y vio en los años setenta, afirma, la posibilidad de un polígono industrial en aquella zona de La Curiscada, que ya tenía entonces una fábrica de piensos y donde, con el tiempo, Arganza diseñó el edificio que hoy es centro de empresas. Hizo ese y otros muchos inmuebles, públicos y privados, que dejaron su firma en esta villa, que «cambió, porque cambió la forma de vida», y en la que son «suyos» el polideportivo, la recuperación del palacio de los García de Tineo para Casa de Cultura, la fábrica de Cafento en La Curiscada. Y este viejo «nuevo» palacio de Merás, donde le asaltaron de golpe todos aquellos recuerdos cuando hace unos años el empresario Benjamín Alba compró el viejo inmueble y encargó la rehabilitación a Arganza. «Fue precioso, una gran ilusión y se lo tengo que agradecer a Benjamín, que no lo dudó un momento».
Respecto a la recuperación del palacio y sus vicisitudes escribe y bien Luis Antonio Alías en su glosa dedicada principalmente al restaurante, como gastrónomo, pero que no deja atrás la historia, como historiador, en Palacio de Merás para el diario El Comercio del 3-5-2018, hablando también por supuesto del hotel:
"Tineo tiene mucho que ver. Y que saborear. Centro cárnico del Occidente, produce jamones, choscos, butiellos, andollas, chorizos, morcillas, lomos, cecinas, tuestes de café, frutales y casi todo. Hasta oro, que pepitas laminadas del río Navelgas forman parte de platos ostentos.
Precisamente ostentoso de interior y severo de exterior, el palacio de Merás reaparece lucido y venerable en el flanco pindio de la plazuela del Ayuntamiento. Su descripción sucinta –únicamente la visita revela los mil y un destalles que atesora– la adjuntamos en la página siguiente;sus calidades de mesa y habitación lo sitúan entre los grandes de la hostelería monumental asturiana (y no sólo);en cambio, su precio sorprende por asequible pues constituye una iniciativa particular y restaurar extrema vigilancias, cortapisas y sospechas administrativas.
Una restauración que partió de la degradación y el abandono: dividido en viviendas, oficinas, almacenes y talleres, modificado sin criterios, con pudriciones, derrumbes y labras bajo cal y pintura, recuperó esplendores tal vez nunca tenidos antes, que las hidalguías asturianas destacaban poco y sacaban menos.
Lo rescató de la agonía el industrial tinetense Benjamín Alba, empresario en grúas y vinos de Cangas, hijo de Valentín Alba 'el Ferreiru', que reparaba carros y coleccionaba hermosas antigüedades –relojes, pinturas, máquinas de coser, fonógrafos, instrumentos musicales y un largo etcétera– expuestas y accesibles en su propia sala-museo.
El caso es que ahora ofrece un gran espá, habitaciones lujosas con parladoiros de piedra hacia los valles circundantes, cafetería, una bodega que reúne vinos del mundo y de la familia, salas con conciertos donde alternan Schumann y las vaqueiradas y, ofreciendo un servicio lógico en el Reino que inventara el primer viaje turístico y espiritual del Occidente, un albergue para los peregrinos sabios que eligen el camino inicial e iniciático marcado y cabalgado por el mismísimo Alfonso III el Magno, principal difusor y benefactor de Compostela.
Y dos comedores:el del magnífico patio, con sus arcos y su doble columnata, y el de la capilla, dos recintos contiguos y amplios que disponen las mesas según grupos, parejas e individualidades.
La cocina responde a las tradiciones y producciones locales sin que las creaciones modernas y personales estén ausentes; Carmina se encarga de que el guiso de cuchara, la pieza de horno o el milhojas colorista satisfaga y añada sabor al recuerdo de quienes hacen etapa tras partir de Dinamarca, Irlanda, Francia o los Estados Unidos: hay embutidos locales, imprescindible pote tinetense, verdinas marisqueras, pitu caleyeru por la Tuña del general Riego, xatu de las praderas vecinas, ciervo que se perfuma de romero y otras hierbas curativas de la sierra del Malato, arroz caldoso con bugre de la costa valdesana, mero en salsa verde, salsas de setas y especias regadas por el salmonero río Esva, requesones mejorados generación tras generación desde antes del dolmen de Merillés...
Arnaldo, carbayón diplomado en turismo por la Universidad de Oviedo, dirige el ajustado mecanismo del conjunto o refuerza servicios y guías. También logra que los ojos comúnmente asombrados de los recién llegados alcancen mayores aberturas, contándoles cómo la restauración envió cada sillar a la principal cantería artística gallega, cómo el primer señor fue García Fernández de la Plaza, quien matara en Túnez al temido pirata Barbarroja (véanse su cabeza y alfanje centrando uno de los cuarteles del escudo y la historia gráficamente contada en el mural firmado por Jambrina) o la traída de las columnas desde Sevilla por mar hasta San Esteban de Pravia, para luego llegar en carros de bueyes.
En definitiva, un restaurante y uno de los mundos que están en éste. Y una joya patrimonial reintegrada sana y salva al común, lo que adeuda agradecimiento".
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| Foto: Palacio de Merás |
"Iván Jambrina, artista langreano, pinta en el vestíbulo del hotel Palacio de Merás una historia sobre el valor de un tinetense. Es un mural colorista que tendrá texto e imagen y explicará cómo y por qué fue un hijo de esta villa, Garci Fernández de la plaza de Tineo, el responsable de la muerte del pirata Barbarroja en Argel a comienzos del siglo XVI. La cabeza cortada del corsario da fe de la gesta en el cuadrante superior derecho del escudo de Tineo, justo encima de la leyenda que confirma en latín que «la virtud todo lo vence»
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| Foto: Palacio de Merás |
García Fernández de la Plaza (Tinetense), decapitó al más «temido de los piratas del Mediterráneo»
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Barbarroja (1473-1518). Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja. La Nueva España. |
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Jeireddín Barbarroja (Lesbos; 1475 - Estambul; 1546) fue un almirante otomano, así como un corsario turco que sirvió bajo las órdenes del sultán otomano Suleimán I. Apodado Barbaros («Barbarroja» en español), concretamente el nombre de Barbarossa se lo otorgaron los italianos por su barba roja. (...). Saber más...WIKIPEDIA. |
Tremecén, a pesar de estar en territorio argelino, era plaza bajo la protección de la corona de Castilla. Su rey se encontraba asediado por las tropas del pirata otomano Aroudj Barbarroja y, tras varios años de arduos enfrentamientos y de solicitar ayuda al emperador Carlos I, el monarca fue cruelmente asesinado junto a un ingente número de hombres, mujeres y niños. Durante un mes de julio de 1518, hace 505, los hijos del fallecido rey pusieron rumbo a la corte de Valladolid para solicitar a Carlos I protección y ayuda frente al despiadado corsario.
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Retrato de Carlos V sentado atribuido a Lambert Sustris y a Tiziano (c. 1548). Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (Gante, Condado de Flandes, 24 de febrero de 1500-Cuacos de Yuste, 21 de septiembre de 1558), llamado «el César», reinó junto con su madre, Juana I de Castilla (esta última de forma solo nominal y hasta 1555), en todos los reinos y territorios hispánicos con el nombre de Carlos I desde 1516 hasta 1556, reuniendo así por primera vez en una misma persona las coronas de Castilla (el Reino de Navarra incluido) y Aragón. Fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V de 1520 a 1558. (...). Saber más... WIKIPEDIA. |
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| Retrato de Jaredín Barbarroja. (...). Saber más... ABC. |
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| Escudo del concejo de Tineo (Asturias): El escudo del concejo se presenta de forma acuartelada, presentando la singularidad de que en el medio aparece un escudo en el que se observa un León de oro en atención al antiguo condado de Cangas y Tineo. (...). Saber más... WIKIPEDIA. |
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Antiguo aspecto del Palacio de Merás y Actual aspecto del Palacio, ahora convertido en hotel. (...). El Palacio de Merás fue construido en el año 1525, por lo tanto, es uno de los ejemplos de arquitectura civil de palacios del Siglo XVI en el Principado de Asturias. (...). Saber más... Pin Arquitectura de Tineo. |
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| Foto: Hotel Palacio de Merás |
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| Foto Hotel Palacio de Merás |
Saliendo al exterior, pasamos bajo la segunda torre, "en cada ángulo de las torres y en el centro de la fachada principal, a eje con la puerta, se disponen grandes bolas de piedra sobre pilarcillos", apunta también el Gran Atlas del Principado de Asturias
"De este tinetense destacaban sus cualidades futbolísticas y musicales, entre otras. Siguió cultivando su cualidad musical poniendo sus conocimientos al servicio de sus pupilos de la Agrupación la Armonía que, a pesar de su avanzada edad, dirigió"
Hay varias tiendas y comercios, así como un supermercado a la izquierda y, a la derecha, estuvo el Mesón Valledor. Al fondo y cuesta abajo está el edificio de la estación de autobuses y sede de la policía local, donde antaño estuvo el viejo matadero, en el que se habilitó en 1993 el pionero albergue público Mater Christi, el cual recuperaba el nombre del antiguo hospital de peregrinos tinetense, que estaba en la calle Mayor. El albergue fue trasladado a un nuevo local en el bajo del antiguo centro de salud, en el barrio de El Viso, al pie de San Roque y del Paseo de los Frailes, en la calle Cabezas de San Juan
"La frecuencia y regularidad con que vemos en los documentos de esta época (siglos XII y XIII) reconocida a Tineo la categoría de capitalidad del Occidente de Asturias, y la alusión que al ejercicio de su potestad jurisdiccional contienen las palabras Principiante in Tinegio e Imperante en Tinegio, y simplemente el nombre del conde o gobernador seguido de las palabras in Tinegio, nos sugieren la necesidad de que su poder y jurisdicción tuviesen un espacio fortificado, en una palabra, un castillo guarnecido de algunos hombres de armas, con su cárcel o mazmorra para encerrar a los delincuentes y a los rebeldes y, en fin, para resistir los posibles ataques de éstos. La situación de Tineo al pue de una importante vía de comunicación, y de otras secundarias para León (por el puerto de Leitariegos), y para Galicia (por la costa de Luarca), es otra circunstancia que lleva a la misma conclusión. Tineo tenía que tener su castillo ya en el siglo XII. Fijémonos que el documento de 1120 al que aludimos, dice que el castillo ya era entonces "antiguo."
"La pastelería ‘El Fontán’ en Tineo es una pastelería de las de antaño, de las de siempre. Con sabor a historia y con olor a dulce. El horno de ‘El Fontán’ se enciende por primera vez en diciembre de 1960, cuando Lolo y Marina abren las puertas de su negocio, comenzando así la historia de una pastelería emblemática del occidente asturiano, conocida hasta hoy por la calidad de sus milhojas y sus dulces artesanos.
Abrir la pastelería ‘El Fontán’ no fue un golpe de suerte, sino más bien la materialización del amor hacia el dulce de Lolo y Marina. Lolo comenzó a los 7 años a empolvarse las manos en diferentes pastelerías de la geografía asturiana, memorizando así las recetas tradicionales de los maestros pasteleros del momento. Hace más de 60 años, puso sobre su obrador todos aquellos aprendizajes, de la mano de su compañera Marina, mujer apasionada, que aunque viniera del mundo de la ganadería, de endulzar vidas, sabía un rato.Tuvieron 4 hijos, pero solo uno de ellos, heredó la curiosidad y la adoración por el dulzor de este mundo. A César siempre le gustó andar entre las bambalinas del obrador, ya sea corriendo o ayudando a sus padres en la elaboración del día, porque eso sí, todos los dulces de la pastelería ‘El Fontán’, siempre fueron frescos y artesanos. Aún hoy se sigue esta máxima.
Ya más crecidito, César estudiaba durante toda la semana en Oviedo, en el Gremio de Artesanos Confiteros del Principado de Asturias, donde alcanzó la excelencia en el arte de la pastelería, panadería y confitería. Los fines de semana, cansado pero feliz, le daba rienda suelta a su vocación, ayudando a sus padres en el obrador.
De eso ya han pasado más de 20 años y además de coger las riendas de la pastelería y convertirse en maestro pastelero, César ha conseguido elevar el nivel de las recetas de su padre, aplicando para ello, todo su aprendizaje a lo largo de esta décadas.
¿Cómo? Insistiendo siempre en trabajar con los ‘mejores’: los mejores productores, los mejores ingredientes, los mejores ayudantes y por supuesto, el mejor servicio.
Poco más se puede decir, es momento de que te dejes endulzar un poco en nuestra pastelería."
"Rodeada de edificios cargados de elementos de la arquitectura urbana popular del XIX -galerías acristaladas y balcones con antepechos de hierro forjado-, esta plaza fue desde antiguo el centro comercial de la villa y corazón de los mercados semanales de los jueves" es la reseña que nos encontramos en las placas informativas de esta Plaza del Fontán, donde "hasta mediados del siglo XX era obligada la cita en El Fontán para adquirir la cerámica negra elaborada por los "xarreiros de L.lamas del Mouro", en el vecino concejo de Cangas del Narcea
Al este de la plaza un pasadizo nos lleva hacia la Sidrería El Refugio, donde hay un bello mirador hacia los barrios de El Viso y El Pascón. Al lado está el Bar los Tres Chicos
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| Foto: Albergue Palacio de Merás |
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| Foto: Albergue Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
| Foto: Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
Ayuntamiento
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| Foto: Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
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| Foto: Palacio de Merás |
Al salir y mirando a la Plaza del Fontán a nuestra izquierda está la Oficina de Turismo, inaugurada en 2010 y que ya mencionábamos al principio, muy importante para cualquier información que precisemos sobre alojamientos, teléfonos, mapas, taxis, autocares, lugares para comer, para comprar, tiendas, farmacias, centro de salud, etc.etc.etc. Frente a ella se encuentra la terraza de la cafetería del hotel
"Torre de la villa de Tineo, respetable monumento histórico de construcción de la edad media. Se levanta en una pequeña colina y formó parte de un castillo demolido en la antigüedad para ensanche de la población; es de mampostería y sus ángulos de cantería concertada; mide 40 pies por lado aproximadamente que disminuyen un tanto según se eleva siendo su altura casi doble que la base. Se trató de destruir en época lejana; y además de faltarle el almenaje y coronación, fue excavado por la parte inferior y cerca de cimientos en ángulo entre S. y E., extrayéndose gran cantidad de material, no sufriendo entonces total ruina por la consistencia de su casi petrificada argamasa. Son primitivos los huecos que conserva: tiene por el frente puerta espaciosa de entrada, y una ventana con arquillo, algo apuntado hacia la clave; por detrás una tronera angosta; y en los costados una mitad saliente harto destruida, como a la mitad de su elevación, con ventana lateral. Fue exceptuado con otros, de la demolición de los castillos de Asturias decretada por D. Juan I después de fenecida la guerra contra el conde D. Alfonso, y también de la venta por el estado hacia 1862, como monumento histórico"
"El jueves se ve y se oye enseguida en la avenida del Conde de Campomanes. Con el invierno en tregua en las alturas hostiles de la sierra tinetense, el mercado de Tineo estrecha las aceras alineando cestos, fundas para móviles, relojes y carteras, figuritas, madreñas, cencerros, alfombras y mucha ropa. Por encima del murmullo, Marcela Morelo canta «Corazón salvaje» por los altavoces de un puesto de discos que promociona la mercancía a todo lo que da el volumen. Pronto habrá quien contemple la calle llena, ladee la cabeza y recuerde que hubo un tiempo en que de aquí a la plaza del Fontán se vendían cerdos criados en los alrededores de la villa y que donde hoy se compra para vestir de baratillo había huevos, fruta y verdura traída fresca desde las tierras fértiles del segundo concejo más extenso de Asturias. Éste de ahora es ya el modelo de mercadillo estándar; engaña con la algazara bulliciosa del jueves -«vienes un martes y esto parece un pueblo del Oeste», dirá un vecino- y despista con el género impersonal, como si esta villa no tuviese nada propio que ofrecer. Mentira. Esas apariencias ocultan las múltiples singularidades de la cabecera urbana de este municipio industrioso y rural, el más lechero de Asturias con sus 120 millones de litros de cuota láctea. Minero y agrario, inquieto y emprendedor, teóricamente potente y a veces desaprovechado, se oye en el análisis del vecindario.
Antes de entrar viniendo desde La Espina, la villa marca músculo en La Curiscada. El polígono industrial, 64 empresas y medio millar de empleos, es el mayor del Occidente y la materialización del espíritu imaginativo de esta tierra sembrada con muchos recursos con recorrido. Está su embutido autóctono, el chosco, un coto de pesca intensiva artificial con miles de visitas al año, bosques y feria forestal de referencia internacional y, en general, estando donde está, todo lo que le dan estas «tierras madres pródigas» a las que escribió en el siglo XVIII José María Ignacio de Merás-Solís y Alfonso, «El ciego», señor de las casas de Merás y Solís, poeta neoclásico y antiguo habitante del palacio con dos torres que se alza en la calle Pío Cuervo. El palacio de Merás sobrevive hoy rehabilitado y transformado en flamante hotel de cuatro estrellas y su silueta añeja, modernizada y sacada de la ruina por «capricho» del empresario tinetense Benjamín Alba, puede servir para ilustrar el fondo..."
Ahí tenemos, por ejemplo, a dos visitantes haciendo fotos hacia El Pascón, con la cuesta por la que baja El Regueiru Deocio a sus pies
Donde antaño solamente había prados y alguna casería nacieron barrios enteros desde El Pascón a El Viso, en la ladera del Picu las Eras y del Campo San Roque (arriba a la izquierda de la foto), por donde hemos entrado en la villa
San Roque se identifica bien por los árboles de su campo de romerías, que ocultan su capilla y, a la izquierda, el Paseo de los Frailes. Se reconoce bien en lo alto el gran edificio del polideportivo, por el que pueden bajar directamente, siguiendo la carretera de San Roque hacia abajo, a la calle Cabezas de San Juan donde se encuentra el albergue Mater Christi, al lado de Las Casinas del Viso, que fueron las primeras que se construyeron en la zona a mediados del siglo XX, casi pasando ya la posguerra
Aquí abajo tenemos el cruce de las calles antes citadas y, a lo lejos, y a la derecha, los picos de La Rasa (583 m) y, a su izquierda, El Trillán (622 m), al lado de Truébanu







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