| Paso de la Plaza del Fontán a la Plaza de las Campas en Fondosdevilla, Tineo/Tinéu |
Otros autores sin embargo afirman que dicho castillo se crearía a partir de la fundación de la puebla y no antes. En contraposición también se asegura lo contrario, que aquí ya habría una fortificación castreña, prerromana sin duda, reaprovechada por los romanos en este enclave en el que confluirían varias vías de comunicación entre el mar y la cordillera, paso a la meseta, así como de este a oeste, vitales para el control y comercialización de los numerosos yacimientos auríferos existentes
"Esto puede justificar la descripción que don Félix Infanzón realiza sobre este edificio: es un castillo perteneciente a época romana, rodeado de una ancha y elevada muralla que contiene en su recinto una extensa plaza de armas y que constituye una fortaleza inexpugnable en aquella época. Esta muralla, según dicho autor, se extendía desde la parte inferior de la antigua iglesia parroquial de San Pedro en donde aún se conservan restos evidentes hasta la actual plaza en la que, según la tradición, estaba la puerta principal de la fortaleza. En este sitio, continúa don Félix Infanzón, al practicarse una excavación, hace cosa de sesenta años, para la alineación de la plaza, se halló una vasija de barro llena de monedas romanas de cobre de aquella época. El recinto alcanzaría la zona de Las Campas cuyo perímetro es similar al de cualquier castro asturiano. Por tanto, la muralla y foso de la torre, a nuestro entender, pudieron haber aprovechado las estructuras primitivas ya que muros y fosos son característicos de la urbanizaciones castreñas"
"La frecuencia y regularidad con que vemos en los documentos de esta época (siglos XII y XIII) reconocida a Tineo la categoría de capitalidad del Occidente de Asturias, y la alusión que al ejercicio de su potestad jurisdiccional contienen las palabras Principiante in Tinegio e Imperante en Tinegio, y simplemente el nombre del conde o gobernador seguido de las palabras in Tinegio, nos sugieren la necesidad de que su poder y jurisdicción tuviesen un espacio fortificado, en una palabra, un castillo guarnecido de algunos hombres de armas, con su cárcel o mazmorra para encerrar a los delincuentes y a los rebeldes y, en fin, para resistir los posibles ataques de éstos. La situación de Tineo al pue de una importante vía de comunicación, y de otras secundarias para León (por el puerto de Leitariegos), y para Galicia (por la costa de Luarca), es otra circunstancia que lleva a la misma conclusión. Tineo tenía que tener su castillo ya en el siglo XII. Fijémonos que el documento de 1120 al que aludimos, dice que el castillo ya era entonces "antiguo."
"Torre de la villa de Tineo, respetable monumento histórico de construcción de la edad media. Se levanta en una pequeña colina y formó parte de un castillo demolido en la antigüedad para ensanche de la población; es de mampostería y sus ángulos de cantería concertada; mide 40 pies por lado aproximadamente que disminuyen un tanto según se eleva siendo su altura casi doble que la base. Se trató de destruir en época lejana; y además de faltarle el almenaje y coronación, fue excavado por la parte inferior y cerca de cimientos en ángulo entre S. y E., extrayéndose gran cantidad de material, no sufriendo entonces total ruina por la consistencia de su casi petrificada argamasa. Son primitivos los huecos que conserva: tiene por el frente puerta espaciosa de entrada, y una ventana con arquillo, algo apuntado hacia la clave; por detrás una tronera angosta; y en los costados una mitad saliente harto destruida, como a la mitad de su elevación, con ventana lateral. Fue exceptuado con otros, de la demolición de los castillos de Asturias decretada por D. Juan I después de fenecida la guerra contra el conde D. Alfonso, y también de la venta por el estado hacia 1862, como monumento histórico"
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| Foto Tous pa tous Cangas del Narcea |
"Las primeras noticias de intento de destrucción de la Torre de Tineo, se remontan a los tiempos de la Guerra de la Independencia. Las tropas de Napoleón intentaron destruir la torre del castillo, al igual que lo hicieron con otros edificios de este mismo tipo, tras haberse establecido una Junta en Tineo, tuvieron que huir en abril de 1809, preparando antes la ruina del castillo al que destruyeron por la parte inferior de la fachada meridional en toda su extensión, habiéndose sostenido el resto del lienzo más de sesenta años, debido a la extraordinaria cohesión de sus fortísimas paredes. En 1875 se desplomó una parte del ángulo SO y más tarde, en 1912, como ya se ha dicho se demolió completamente"
Toda esta zona fue allanada como campo y plaza públicos y se construyeron algunas casas (existían otras de antes) de estilo entre urbano y rural, pues pese a ser una villa gran parte de la población era campesina
Con la generalización del uso del automóvil Las Campas fue un gran aparcamiento público hasta que, en 2007, se decidió urbanizar la zona con nuevos bloques de pisos, un tanto congestionadamente, derribándose para ello alguna de las construcciones hechas en la zona, como la antigua Cámara Agraria y la Casa Sindical. Nos lo cuenta el corresponsal de La Nueva España E. Peláez a 9 de diciembre de dicho año:
"Las obras de urbanización de la plaza de Las Campas en Tineo han comenzado con los primeros trabajos de derribo de los edificios de la Casa Sindical y de la antigua Cámara Agraria.
La pasada semana se daba por concluido el traslado de las oficinas de los dos edificios, unas al antiguo centro de salud y otras, la ludoteca, a los bajos del parque Verdeamor. El proyecto urbanístico que se desarrollará en la plaza incluye la construcción de viviendas y un aparcamiento subterráneo.
La empresa Urbasturias desarrollará los trabajos de construcción de 62 viviendas. Se reservan locales para los sindicatos y para el Principado, que centralizará todos los servicios que se prestan actualmente en la villa en dichas dependencias (servicios tributarios, Oficina de Medio Rural y Servicio Público de Empleo).
El Principado dispondrá de un espacio de 400 metros cuadrados, y hay una opción de compra para otra superficie similar. El aparcamiento subterráneo es el primero de carácter público que se ejecuta en Tineo, y tendrá una capacidad para albergar 130 vehículos incluyendo la zona para residentes".
"Lo último que hizo Rafael González Gancedo antes de matar a su mujer, recién parida, fue rezarle a la Virgen para obtener de la prerrogativa divina el valor que no tenía. La maldad, en cambio, le sobraba. Ocurrió en la braña de La Zorera, en Tinéu, en junio de 1897, y la causa, según afirmaban todos cuantos conocieron, llevaba nombre de mujer. De mujeres, en realidad: Concha Calzón, la una, amante del asesino; Manulona Gancedo, la otra, su madre; apodada ‘La Lleona’ por la melena y el carácter. Aquel día, por desgracia, funcionaría por demás la intercesión mariana, y Gancedo, deseoso de librarse de los lazos que le ataban con Manuela Martínez de Llano, “Manulina”, la mató con sus propias manos. A ella y, en el calor de la lucha, también al hijo recién nacido de ambos, Aurelio, que descansaba al lado de su madre. Así comienza la historia de la que sería la última ejecución pública de la historia de Asturies, tema principal de la novela “Crónica de la lluz y la solombra” que, escrita por Antón García, consiguió el premio ‘Xosefa Xovellanos’ de novela en 2014. Llega ahora a las librerías en castellano, de la mano de la editorial Pez de Plata y la traducción de Marta López.
El último juglar
Cuenta García en la primera edición (Saltadera, 2015) de “Crónica de la lluz y la solombra”, en castellano “Crónica de la luz y la sombra”, que conoció la historia del crimen de La Zorera en boca de su padre, que a su vez se la había oído contar a Mero González Gancedo, “l’Ulayu”. El hermano del asesino, también su delator, recorría, en tiempos, las ferias de España y de Portugal cantando, a modo juglaresco y a cambio de unas monedas, lo que había ocurrido aquel día en la braña de La Zorera. En los años 90, el investigador Rafael Lorenzo completó, recabando testimonios orales, el resto de la historia, perdidas como estaban las actas del juicio a Gancedo, a su madre y a su amante, tras el incendio de la Audiencia Provincial, en la Revolución de 1934.De esas fuentes, y de la lectura de las páginas de El Carbayón y de El Correo de Asturias, bebió Antón García para elaborar un relato ‘noir’ a la asturiana, donde el ‘thriller’ se fusiona con la ternura y lo sentimental con la crítica. Porque “Crónica de la luz y la sombra’, una novela redonda, también narra cómo la justicia popular, al tiempo que la oficial sentenciaba a muerte a Gancedo, castigaba severamente a su amante, Concha Calzón. La joven, una adolescente “de moralidad dudosa” según las crónicas de la época, había caído en la trampa urdida por La Lleona para que su hijo se enemistase con su legítima mujer, y, cuando este comenzó a requerirla de amores, ella correspondió “con criminal complacencia”. A la contra, aunque tal vez aconsejada por su abogado, la amante de Gancedo declararía, en el juicio, “que no tenía afecto ninguno al procesado, y que accedía a sus pretensiones por miedo (…) como cuando la deshonró, que fue en un monte, estando apacentando ganado, y a la fuerza”.
Dos penas de muerte
Sea como fuere, en el verano de 1899 Rafael González Gancedo fue sentenciado a dos penas de muerte, una por cada asesinato, y, entonces, su caso se convirtió en la bomba informativa de aquel último año del siglo. ¿Matar como castigo a haber matado? Esa era la cuestión. En la novela, García reproduce un artículo de Alfredo García, ‘Adeflor’, en el que el periodista condena la decisión de la Audiencia por el hecho de que “matar a un hombre, como se mata a una gallina, y con todo el cortejo y aparato indecente que se usa”, era un acto “horrible, salvaje, brutal”. Tanto más si se hacía sobre un patíbulo, rodeado de curiosos que encontraban en la ejecución más un espectáculo de entretenimiento que la materialización de la justicia. La campaña para evitar el ajusticiamiento de Gancedo duraría varias semanas y llegó hasta a dependencias de la Casa Real. El 13 de junio, El Carbayón animó a sus lectores a enviar telegramas a la reina María Cristina, la única que podía, a esas alturas, conseguir el indulto para el preso tinetense.
Pero no funcionó. Aunque la monarca llegó a pedir consejo a Francisco Silvela, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, sobre la materia, no hubo respuesta. El 18 de junio de 1899 llegó a Asturias el verdugo burgalés Gregorio Mayoral, quien, ducho en su oficio, llevaba años perfeccionado el garrote para que este no produjera tanto dolor a los ejecutados. El patíbulo se levantó en la plaza de Las Campas, y el 27 de junio, Gancedo murió acogotado por los mismos hierros que, dos años atrás, habían ajusticiado a Michelle Angiolillo, asesino de Cánovas del Castillo. Su última comida consistió en sopa, carne, truchas, salchichón y pastas regadas con vino y Jerez, y, afrontó la muerte vestido con túnica negra y escapulario, gritando, ante el público expectante, “¡adiós, hasta la eternidad!”.
El final de una época
Menos de un mes después del ajusticiamiento de Gancedo en la plaza de Las Campas, tuvo lugar en Pozoblanco (Córdoba) la última ejecución pública de la historia de España. En aquella ocasión el reo era Francisco Solano Pérez Zafra, un joven de 25 años que había matado a tiros al matrimonio de feriantes para el que trabajaba. Las fechas bailan: otras fuentes afirman que el ‘privilegio’ de ser la última correspondió a una doble ejecución pública en La Rioja, también por asesinato. Los ajusticiados fueron un hombre y una mujer, Lucio Álvarez y Catalina Muñoz.
Tres años antes, en Murcia, se había llevado a cabo la última ejecución pública de una mujer sola: Josefa Gómez, ‘La Perla’, acusada -ella siempre lo negó- de haber envenenado a su marido echándole estricnina en una taza de café de puchero con ron.
A partir de entonces fueron pocas las penas de muerte llevadas a cabo por orden judicial en tiempos de paz, y ninguna frente a público civil, aunque el método de la ejecución por garrote seguiría aplicándose en España hasta bien entrado el siglo XX. En marzo de 1974, el joven anarquista catalán Salvador Puig Antich y el homicida alemán Heinz Chez se convirtieron, muy a pesar de los aires de democracia que comenzaban a soplar en el estado ante la agonía del dictador, en los últimos reos pasados a garrote. Aún tardaría un poco más en llegar el final de la pena de muerte, abolida en la Constitución de 1978. Pocos años antes, habían sido cinco los últimos ejecutados -en esa ocasión por fusilamiento- al alba del 27 de septiembre de 1975. La discusión sobre el fin de esta práctica había comenzado casi ochenta años atrás, en Tineo, y merecería ser la causa del único insulto grosero que ‘Adeflor’ haya remitido jamás a un interlocutor. “¡Imbéciles!”, gritaba el gijonés a quienes apoyaban el diente por diente en el caso de La Zorera. Todo eso se lo cuenta, mucho mejor, Antón García en Crónica de la luz y de la sombra. No se la pierdan".
Respecto a la novela y a su autor, Antón García, escribe así Pilar Campo para elDiario.es a 11-2-2025:
"Antón García rondaba los diez u once años cuando su padre le contó que a unos diez kilómetros río arriba de su pueblo, Tuña, en el concejo asturiano de Tineo, y a unos 15 kilómetros en la dirección contraria hacia la aldea de La Zorera, en la parroquia de Genestaza (Xinestaza, en asturiano), se había producido un doble crimen. El asesino, Rafael González Gancedo, había matado a su mujer, Manuela Martínez de Llano, y a su bebé recién nacido con la idea de huir con su amante. En un juicio con jurado lo habían condenado a la pena capital y la sentencia se había cumplido: su verdugo, Gregorio Mayoral, con 14 ejecuciones a su espalda, le aplicó el garrote vil. Fue el último ajusticiamiento en la braña asturiana, en 1899, en tiempos de paz.
Esta historia real, que se remonta al siglo XIX, se quedó retenida para siempre en su memoria. Antón creció y se convirtió en escritor, traductor y editor. Con los ingredientes de ese episodio trágico y una ingente labor de investigación y documentación se convirtió en una novela titulada “Crónica de la luz y de la sombra”, escrita en asturiano y que ganó el premio Xosefa Xovellanos en 2014.
Once años después, la novela llegará a las librerías el próximo 17 de febrero, bajo el paraguas de la editorial Pez de Plata en la traducción al castellano de Marta López.
El editor, Jorge Salvador, prepara una presentación por todo lo alto en la Librería Matadero Uno, en Oviedo, donde esta novela con alma de crónica negra trasladará a los asistentes a un territorio mítico y hostil donde reinan las tradiciones, los silencios, la superstición y el poder implacable de la naturaleza, imperturbable a las hazañas de los hombres.
La faceta creativa y literaria de Antón García se complementa con su actividad política. Ha sido coordinador de la promoción del asturiano en el Gobierno regional, director general de Política Llingüística del Principado y actualmente está al frente de la Dirección General de Acción Cultural y Normalización Llingüística.
En su novela, Antón García cuenta con todos los alicientes de una crónica negra: hay un asesino, una amante, víctimas inocentes, un jurado popular, un pueblo que clama venganza y hasta un verdugo; todo ello ambientado en la braña donde se produjo el crimen y donde se ejecuta la pena capital.
Antón García escribió esta novela originalmente en asturiano, ya que lo domina a la perfección, y aunque también traduce obras, en este caso prefirió que se encargara de la traducción Marta López, de la que habla maravillas, muy satisfecho con el resultado.
Del asturiano al castellano
“En mi anterior libro me comprometí con el editor a hacer yo mismo la traducción y cuando estaba terminando -explica- me arrepentí porque realmente mi lengua literaria, en la que me cuesta muy poco escribir y en la que primero escribo cuando me pongo a ello, es el asturiano”.
“Yo sé el castellano de Asturias. Por ejemplo, en mi pueblo decimos payar, que en castellano se dice pajar. Pero en realidad -expone-, para un castellano hablante puede ser un henil. Entonces, a la hora de publicar esta novela, me apetecía no traducirla yo, sino que alguien la tradujese. Y la verdad es que Marta hizo un muy buen trabajo”.
Lleva escribiendo desde que tenía veintipico años en “el asturiano común” que, según lo define, vendría a ser el asturiano en el que se lleva escribiendo literatura desde el siglo XVII; el mismo que emplean la administración y los medios de comunicación.
La trama de la novela
Como buen filólogo, lo primero que se plantea a la hora de escribir es lograr que la novela esté bien estructurada. Una vez que tiene el argumento, el siguiente paso es documentarse bien y acudir a las fuentes.
“Cuando me contó esta historia mi padre yo apenas era un crío. Son esas cosas que te quedan porque te han impresionado y aunque en aquel momento yo no era muy consciente de lo que era la pena de muerte, ni la ejecución en plaza pública, me llamó mucho la atención”, relata a elDiario.es Asturias.
A partir de ahí, a lo largo de su vida, siempre que se cruzaba con esta historia en la prensa, en una librería, en cualquier sitio, él iba recogiendo toda la información en una carpeta y cuando pensó que “ya no daba más de sí”, explica, fue cuando decidió que tenía que hacer algo con todo este material.
Contaba con otra fuente de información muy valiosa. El periodista Rafael Lorenzo había publicado varios artículos sobre este tema en la prensa ya que había ido a la braña y había entrevistado a descendientes de las familias. Una de las documentaciones era el relato oral de la gente del pueblo sobre este episodio trágico, y en otra hacía referencia a lo que había trascendido a través de la prensa de la época sobre la ejecución y el juicio.
Con la investigación que había realizado Rafael Lorenzo y la documentación personal que a lo largo de toda su vida ha estado recopilando el propio Antón García se dio cuenta de que ya disponía de muchísimos datos sobre algunos de los personajes protagonistas de la historia.
El papel de las mujeres
Como buen filólogo, lo primero que se plantea a la hora de escribir es lograr que la novela esté bien estructurada. Una vez que tiene el argumento, el siguiente paso es documentarse bien y acudir a las fuentes.
“Cuando me contó esta historia mi padre yo apenas era un crío. Son esas cosas que te quedan porque te han impresionado y aunque en aquel momento yo no era muy consciente de lo que era la pena de muerte, ni la ejecución en plaza pública, me llamó mucho la atención”, relata a elDiario.es Asturias.
A partir de ahí, a lo largo de su vida, siempre que se cruzaba con esta historia en la prensa, en una librería, en cualquier sitio, él iba recogiendo toda la información en una carpeta y cuando pensó que “ya no daba más de sí”, explica, fue cuando decidió que tenía que hacer algo con todo este material.
Contaba con otra fuente de información muy valiosa. El periodista Rafael Lorenzo había publicado varios artículos sobre este tema en la prensa ya que había ido a la braña y había entrevistado a descendientes de las familias. Una de las documentaciones era el relato oral de la gente del pueblo sobre este episodio trágico, y en otra hacía referencia a lo que había trascendido a través de la prensa de la época sobre la ejecución y el juicio.
Con la investigación que había realizado Rafael Lorenzo y la documentación personal que a lo largo de toda su vida ha estado recopilando el propio Antón García se dio cuenta de que ya disponía de muchísimos datos sobre algunos de los personajes protagonistas de la historia.
Antón García reparte muy bien las 24 horas del día para poder realizar tantas y tan variadas actividades profesionales y personales. Reconoce que la escritura le absorbe mucho tiempo y le dedica muchas horas, pero el resultado final es muy satisfactorio.
Trasladando la historia de Rafael González Gancedo al siglo XXI el autor ve ciertos elementos que aún hoy siguen perdurando. “Destacaría, sobre todo, que me parece una historia que habiendo ocurrido en el siglo XIX, que parece un tiempo muy alejado de nosotros, en el fondo creo que estamos hablando prácticamente de lo mismo en la sociedad contemporánea, es decir, del maltrato a las mujeres. De una sociedad machista. De la importancia de la justicia y de la injusticia. También de los medios de comunicación donde tiene un papel muy importante el periodista Ramón Torres de El Carbayón. Y después yo destacaría también el debate que existe en la sociedad asturiana de aquel tiempo acerca de la pena de muerte”, sostiene.
El incendio de la Audiencia
En la novela recoge un artículo de Adeflor en el periódico republicano El Noroeste, donde hizo un alegato contra la pena de muerte que al escritor le sorprendió mucho cuando lo leyó. “Me sorprendió porque uno piensa que estos debates son como más modernos, pero no es así”, admite.
Mucha documentación se conservaba en la Audiencia Provincial de Oviedo, pero un incendio destruyó una información que a día de hoy sería muy valiosa. “La Audiencia era la memoria histórica. La documentación más importante de Asturias estaba ahí y se perdió, claro”, añade.
Otro de los aspectos que más le llamaron la atención cuando se estaba documentando para escribir la “Crónica de la luz y de la sombra” fue que el juicio donde se condenó a Rafael González Gancedo se celebró con un jurado popular.
Las contradicciones
Las contradicciones de la vida también se pusieron de manifiesto cuando a la hora de escuchar el veredicto de culpabilidad el pueblo que esperaba ansioso la sentencia se puso “muy contento” y al ver tanto a Rafael González Gancedo como a su amante y a su madre, les gritaban “asesinos, al garrote”. Y sin embargo, cuando llega el verdugo, nadie le da posada, ni le da de beber, ni le quiere alquilar un carro para que llegue a Tineo, porque en el fondo es una tragedia.
Antón García tiene una explicación: “yo creo que esa contradicción se debe a que la sociedad es muy voluble. Y entonces, al calor de los asesinatos, la gente lo que quería era ver tres penas de muerte, que se matase al asesino, a su madre y a la querida, que era lo que pedía el fiscal. Al final cuento en la novela cómo pudo ser que la gente lamentara que no fuesen tres las penas de muerte. Y, un año después, cuando llega el momento de la ejecución, la misma sociedad lo que quiere es que no se ejecute. Bueno, ahí hay una contradicción muy curiosa entre lo que queremos en un momento y lo que queremos en otro”.
"El último ajusticiamiento público en Asturias, vamos, ejecución pública, se produjo el 27 de junio de 1899 en Tineo. Mataron, por garrote vil, a Rafael González Gancedo por asesinar a su mujer y a su hijo recién nacido.
Antón García, nacido en Tuña (Tineo) es el autor de la novela que recoge lo acontecido en su novela Crónica de la luz y de la sombra en el pueblo de La Zorera, no muy lejos de Tuña, situado en un terreno agreste. Esta novela gano el premio Xosefa Xovellanos en 2014. Publicada inicialmente en asturiano tuvo escasa repercusión.
La primera edición en castellano, a cargo de la editorial Pez de Plata, es de febrero de 2025 y está traducida por Marta López Fernández, también tinetense, profesora y escritora.
El asesinato de la mujer de Gancedo y su bebé pasó inicialmente desapercibido ya que eran frecuentes las muertes de la parturienta y su hijo, las condiciones higiénicas y la falta de atención médica propiciaba el fatal desenlace. Hay que tener en cuenta, además, el aislamiento del pueblo de La Zorera. Será el hermano de Rafael el que denuncie su muerte como un asesinato. Se puede desprender de lo narrado que debía sentir algo por su cuñada. Hay otro factor determinante para que la denuncia fuese tomada en consideración, la asesinada, digámoslo así, era hermana del cura de Xinestaza, pueblo cercano a La Zorera, que a su vez era representante de la familia Riego.
La novela se divide en cuatro partes. La primera se centra junio de 1897 cuando se produce el nacimiento del bebé y la muerte de ambos, madre y niño. En esta parte conocemos a los protagonistas, pero sin entrar en muchos detalles. La segunda abarca julio de 1897, se centra en las instrucción del caso y los interrogatorios. En este momento conocemos las motivaciones del crimen. Motivaciones que no les diré. Sí quieren saberlo todo, ya saben, tienen que leer la novela.
Las declaraciones sirven para acercarnos a la vida de los vecinos. La descripción es bastante gráfica. En sus cuerpos llevan las señales que les deja el hambre y el trabajo físico en un terreno difícil de domeñar. Enfermedades mal curadas o sin curar dejan sus huellas en sus ya maltrechos cuerpos. Miseria, enfermedades, analfabetismo puede ser el resumen apresurado de sus vidas, no muy diferentes a la de la mayoría de los vecinos del concejo, extensible a Asturias y a España.
La tercera parte, junio de 1898, nos acerca al juicio, celebrado en Oviedo. El periodista Ramón Torre, de El Carbayón, se convertirá en nuestro narrador, que no solo contará el desarrollo del juicio, si no que aporta opiniones personales. Así nos dice que «le gustaría otro tipo de periodismo más al servicio de la noticia que de los intereses materiales y morales de su periódico, El Carbayón» (pág. 120). Se plantea, Torre, cuestiones que trascienden al asesinato, pero que son muy relevantes como es el del divorcio. Claro que eso queda para sus soliloquios. Así dice: «¿Pero cómo hablar de un tema así, el de la rigidez de las leyes de matrimoniales en España, desde las páginas de un periódico conservador, portavoz de la religión católica? Tampoco le iban a permitir hablar claro de las condiciones de vida que se dan en el monte asturiano, donde el caciquismo es la ley poderosa que señala el camino de lo que está bien y lo que está mal» (pág. 120).
Nos enteramos que el abogado que defiende a Gancedo es muy joven e inexperto. No parece una buena señal para el reo.
Gancedo niega ante el juez que hubiese asesinado a su mujer e hijo, que la confesión se la sacaron con «malas artes» (pág. 126).
Según avanza el juicio, Torre, el periodista, ve más contradicciones: «el informe de los médicos forenses: no aclaraba nada sobre los cadáveres; al mismo tiempo, los testimonios de los vecinos resultaban ser simples suposiciones bien o mal intencionadas según fuera de cordial la relación de convivencia» (pág. 131). Lo cual hace que al lector también le entren dudas a tenor de los que sabemos hasta este momento.
La presencia de los vecinos de La Zorera ante el juez le sirve a Antón García para insistir en las condiciones físicas de los testigos: «… la gente de cuarenta, desdentados, las manos nudosas y que ya padecían reuma, parecían viejos… la mayoría cojeaba, señal evidente de que las roturas de huesos o las torceduras, o se arreglaban solas o se arreglaban en manos de curanderos y curiosos… Algunos se presentaban en el estrado con las orejas completamente comidas por los sabañones e incluso uno de ellos también la nariz…» (pág. 136) la descripción es más prolija, pero ya se hacen una idea.
El periodista establece más dudas ya que «en aquella sala, además del crimen de Tinéu, también se dilucidaban otras querellas vecinales, quién sabe si antiguos desplantes amorosos, cierres de fincas que se movían adelante o atrás, asuntos referidos al turno de regar o a la psicología siempre compleja del alma, tan difícil de estudiar en su intimidad» (pág. 141). Estos temas siguen presentes en las disputas de los pueblos, no hemos evolucionado mucho.
El caso había levantado gran expectación y era seguido con ansiedad por los ciudadanos, de ahí la presencia constante de la prensa.
Se cierra esa tercera parte conociendo la sentencia a pena de muerte de Gancedo, al que además se impuso una multa de cinco mil pesetas de indemnización para los herederos de la difunta. Desde luego esa cantidad de dinero era una cifra inalcanzable para el reo.
En la cuarta parte, junio de 1899, somos testigos de la repercusión de la condena. Así podemos leer el artículo «Al garrote» firmado por Alfredo García que utilizaba el seudónimo de Adeflor. Esto es rigurosamente cierto, se publicó en el periódico El Noroeste. La novela recoge mucho de lo acontecido pasado por el tamiz de la literatura.
Hubo intentos de que se anulase la pena capital, que sería ejecutada, nada más y nada menos que a garrote vil, muerte cruel donde las haya.
En esta última parte conoceremos al verdugo, Gregorio Mayoral, que allí por donde pasa siente el rechazo.
Gancedo es conducido desde Oviedo hasta Tineo donde finalmente fue ejecutado, en la Plaza de Las Campas. Realizaremos con él su último viaje. Bueno, probablemente tampoco habría hecho ninguno. El martes, 27 de junio de 1899, la sentencia se cumplió con una plaza abarrotada de público que asistió a la última ejecución pública celebrada en Asturias.
El lector, al menos yo, queda con la duda de la responsabilidad de Gancedo y en su caso si no hubo más implicadas que le indujeron al crimen. Nunca lo sabremos.
Crónica de la luz y de la sombra es una novela entretenida que recoge un acontecimiento real. Al tiempo nos da una visión de la vida en una pequeña aldea casi aislada del concejo de Tineo. Su reedición en castellano le está yendo muy bien. Les animo a su lectura.
"Nacido en Dagüeño, del actual concejo de Cangas del Narcea, Pedro era un campesino que tenía seis hijos y que, cuando se enteró que los franceses habían entrado en Tineo, se alistó voluntario, con carabina propia (que utilizaba para matar alimañas), para combatirles.
En la Corredoria mató a un capitán de granaderos. Le hicieron prisionero pero consiguió dar muerte a sus aprehensores y recobró la libertad. Se sabe que llegó a luchar cuerpo a cuerpo con sus enemigos a los que consideraba que había que exterminar como alimañas.
Pese a su heroísmo y su coraje fue capturado por las tropas del general Gautier quienes lo subieron a la plaza del derruido castillo de Tineo donde lo fusilaron en el lugar en el que hoy se levanta una cruz tallada en piedra y en relieve sobre un gran bloque de piedra que lleva la inscripción "Aquí murió Pedro del Tronco en defensa de la patria".
Después de la guerra, la Junta Superior de Defensa del Principado acordó una pensión vitalicia para su viuda, solemnes funerales por el héroe y nobleza perpetua para sus hijos y las Cortes, a propuesta del Consejo de Regencia, ordenaron que se inscribiese su nombre en el gran libro de los defensores de la patria".
Antonio Luis Pérez Corrales escribe en la página de la Asociación de Recreación Histórico Cultural de Asturias ARHCA la historia tanto del soldado como del monolito, esta en relación con la urbanización de la plaza con Pedro del Tronco. "Un olvidado héroe popular":
"Nacido en Dagüeño, parroquia de Mieldes, del actual concejo de Cangas del Narcea.
Pedro era un campesino que tenía seis hijos y que, cuando se enteró que los franceses habían entrado en Tineo, se alistó voluntario en una partida de tropas ligeras para combatirles, llevando consigo una carabina propia que habitualmente utilizaba para matar alimañas.
Tras estar una temporada combatiendo y hostigando a las tropas francesas que invadían su tierra natal, en La Corredoria mató a un capitán de granaderos. Le hicieron prisionero pero consiguió dar muerte a sus aprehensores y recobró la libertad. Se sabe que llegó a luchar cuerpo a cuerpo con sus enemigos a los que consideraba que había que exterminar como alimañas.
Pese a su heroísmo y su coraje fue capturado por las tropas del general Gautier quienes lo subieron a la plaza del derruido castillo de Tineo donde lo fusilaron en 1809. En el lugar exacto del fusilamiento se levantaba una cruz tallada sobre un gran bloque de piedra, que lleva en bajorrelieve la inscripción:
"Aquí murió Pedro del Tronco en defensa de la patria".
En este espacio público estuvo el patio de armas del castillo de Tineo. Lugar de mercado y la plaza más importante de la localidad.
Después de la guerra, la Junta Superior de Defensa del Principado, a instancias de los convecinos y del pueblo, elevó una propuesta al entonces del Rey de España solicitando una pensión vitalicia para su viuda, solemnes funerales por el héroe y nobleza perpetua y hereditaria para sus hijos, todo ello fue concedido, y las Cortes a propuesta del Consejo de Regencia, ordenaron que se inscribiese su nombre en el gran libro de los defensores de la patria.
Actualmente está arrasada la plaza y en proceso de desaparición para construir bloques de viviendas en contra de los vecinos.
El monumento fue arrancado entre finales de 2007 y principios de 2008 dejándolo allí derruido cual montón de escombros, a Dios gracias y por pura suerte sin roturas aparentes. Posteriormente almacenado en una nave industrial, tras quejarse diversas entidades culturales y vecinos de la villa.
Todo ello fue hecho en el 2008, coincidiendo con el bicentenario de la Guerra de Independencia. Lo cual demuestra el poco interés, falta de sensibilidad y tacto del ayuntamiento de Tineo por sus paisanos y héroes, por su patrimonio, así como por el resto de la nación que celebra orgullosa por doquier, su lucha contra el invasor motivado por el bicentenario de la Guerra de Independencia.
Este monumento pétreo, puede que sea el único de estas características que haya y se conserve en toda España, dedicado a un héroe popular de la Guerra de Independencia no militar de origen ni de alta alcurnia. Solicitado y reclamado de manera espontánea por aquellos que fueron sus vecinos, en memoria de quién tuvo el valor de defenderlos y pelear contra el invasor.
Aquí el ayuntamiento da muestras de su gran ignorancia en el tema, hay que decir a su favor que dicen que volverán a restituirlo a su emplazamiento original una vez que acaben las obras, esperemos sea pronto y cumplan su promesa, y ya puestos limpiar la piedra, que tiene muestras de líquenes y suciedad acumulada.
Aunque lo mejor por ahora hubiese sido emplazarlo provisionalmente en algún otro sitio y que así esté expuesto hasta su reubicación. También podrían dedicar en la villa, una calle a dicho héroe popular, para así de manera más elocuente realzar y desempolvar su historia y lo que hizo por sus convecinos".
"El Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés ha editado una nueva publicación del académico don José Luis Calvo Pérez, que se presentará en el Club La Nueva España (Oviedo) con ocasión de la semana del Desarme, el próximo 16 de octubre a las 18.00 horas, y posteriormente en Cangas del Narcea el sábado 26.
Siempre es buen momento para rememorar las hazañas de los asturianos que lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Dentro de la contienda cobra especial relevancia el Regimiento de Cangas de Tineo, cuya historia ha sido rescatada por el historiador José Luis Calvo en este libro.
Un grupo de valientes sin formación militar
El Regimiento se formó el 28 de junio de 1808 para luchar contra los franceses que avanzaban hacia el Suroccidente de Asturias durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Eran un grupo de soldados que partieron al frente, en su mayoría, sin ningún tipo de formación militar y provistos con sus herramientas de trabajo en el campo, pero que llegaron a ser reconocidos por sus gestas y actuaciones en las batallas.
La apasionante historia de Pedro del Tronco
Entre el casi millar de voluntarios que formaron el Regimiento destacó especialmente la figura de Pedro del Tronco, natural de Dagüeño, parroquia de Mieldes (Cangas del Narcea, Asturias). En 1809, fue capturado por las tropas del general francés Gautier y ejecutado en el castillo de Tineo, ubicado en la actual plaza de Las Campas. Allí se le recuerda con una cruz tallada sobre un bloque de piedra en el que se puede leer la inscripción: «Aquí murió Pedro del Tronco en defensa de la patria».
Pedro del Tronco, quien el 10 de marzo de 1811 fue reconocido por las Cortes Generales españolas como héroe de la patria, recibió un homenaje el pasado 10 de marzo en su pueblo, Dagüeño. En esta ocasión, se colocó una placa para recordar quién había sido: «El pueblo de Dagüeño a su vecino Pedro del Tronco, fusilado en la villa de Tineo a manos del invasor francés. Héroe de la patria reconocido por las Cortes Generales de España, el 10 de marzo de 1811».
"Era un campesino de familia numerosa, tenía seis hijos, lo que no le impidió que, cuando se enteró que los franceses habían entrado en Tineo, se alistase voluntario en una partida de tropas ligeras para combatirles llevando consigo una carabina propia que habitualmente utilizaba para matar alimañas.
Ya de joven empezó a destacar como una persona seria, honrada y trabajadora. De esta primera época de Pedro, anterior a la invasión francesa, se conoce un hecho, o quizás anécdota, en la que se narra como nuestro héroe se puso a la cabeza de un grupo de vecinos de la comarca de Sierra, donde estaba situado su pueblo, y bajaron en grupo armado y vociferante a la capital del concejo cangués donde procedieron a tomar por asalto el Ayuntamiento al considerar que los regidores del municipio de aquella época venían actuando y cometiendo abusos intolerables contra los campesinos de su comarca y sus tierras. Pero eso lo contaremos en otra estampa.
Con la llegada al Suroccidente asturiano del ejército invasor, de inmediato se apuntó a la Compañía de Voluntarios creada en Cangas de Tineo y que comandaba don José Antonio Caunedo, Por aquel entonces parece ser que vivía en Genestaza, cuya casa abandona dejando allí a su mujer, María Silva, con sus seis hijos.
Cuentan los cronicones de la época que cuando Pedro es llamado para unirse al voluntariado nacional dejó la guadaña con la que segaba y corrió raudo a casa para recoger la carabina y plantarse en el Ayuntamiento cangués dispuesto a dar la vida por la independencia de su país. Su valor y arrojo lo llevaron a alcanzar los grados de sargento y lugarteniente del comandante de la Compañíaç
Tras estar una temporada combatiendo y hostigando a las tropas francesas que invadían su tierra natal, se llegó hasta Oviedo y en La Corredoria mató a un capitán de granaderos. Poco después le hicieron prisionero pero consiguió dar muerte a sus aprehensores y recobró la libertad.
Pese a su heroísmo y su coraje fue capturado nuevamente por las tropas del general Gautier quienes lo subieron a la plaza del derruido castillo de Tineo donde lo fusilaron en 1809. En el lugar exacto del fusilamiento se levantaba una cruz tallada sobre un gran bloque de piedra, que lleva en bajorrelieve la inscripción:
“Aquí murió Pedro del Tronco en defensa de la patria”.
Este monumento pétreo, puede que sea el único de estas características que haya y se conserve en toda España, dedicado a un héroe popular de la Guerra de Independencia no militar de origen ni de alta alcurnia. Solicitado y reclamado de manera espontánea por aquellos que fueron sus vecinos, en memoria de quién tuvo el valor de defenderlos y pelear contra el invasor.
Después de la guerra, la Junta Superior de Defensa del Principado, a instancias de los convecinos y del pueblo, elevó una propuesta al entonces Rey de España solicitando una pensión vitalicia para su viuda, solemnes funerales por el héroe y nobleza perpetua y hereditaria para sus hijos. Todo ello fue concedido, y las Cortes a propuesta del Consejo de Regencia, ordenaron que se inscribiese su nombre en el gran libro de los defensores de la patria".
Aquí enfrente, otro topónimo, El Castru, da cuenta de la existencia de un recinto castreño más en las inmediaciones de la población, llamado técnicamente Castru de Truébanu o Picu Rendión, identificado y descrito en 1989 por Jorge Camino Mayor y Vicente Rodríguez Otero durante la elaboración del Inventario Arqueológico del concejo de Tineo. Esta es su descripción en la web ArqueoAstur de Eduardo Pérez-Fernández:
"Se emplaza en un promontorio terminado en altozado, a 539 msnm, en la vertiente occidental del Pico del Cuerno.
Recinto de superficie plana y planta ovalada de 46 x 27 metros, delimitado por un talud con aterrazamiento en todo su perímetro, hasta 8 metros de ancho en el sector occidental y NW. El talud presenta diversas altura que varían desde los 5 metros en el NE a los 10-12 en el N y NW. En la vertiente oriental, donde un collado une el promontorio con la sierra, el talud tiene una altura de 8 metros y está coronado por los abundantes derrumbes de la ruina de una muralla. A sus pies se dispone un primer foso de 18 metros de longitud y 3-16 metros de ancho seguido por un estrecho parapeto de 1,80 metros de altura. El segmento meridional de este foso se convierte en una terraza que rodea a una cota inferior todo el recinto con una anchura media de 7 metros, alcanzando los 16 metros de ancho en la vertiente SW, donde se reconoción una rampa de acceso y un lienzo de piedras tabulares que podrían pertenecer a otra muralla. Esta terraza da paso en el frente NW a un talud de 10 metros de altura que enlaza con la pendiente natural. A sus pies se dispone un rellano de 8 metros de ancho que pudo haber sido un foso colmatado. En el frente oriental, el sistema defensivo se completaba, inmediato al parapeto, con un segundo y último foso, de 6-20 metros de ancho y 5 metros de profundidad que se une al foso interno por el sector septentrional (Camino Mayor y Rodríguez Otero, 1989).
Denominado también como Pico Rendión, ha sido descrito también como castro de pequeñas dimensiones, 45 x 30 metros, protegido en el sector SE por un único foso y una vaguada que hace de foso natural, con un contrafoso intermedio. En la corona del enclave dispone de un par de aterrazamientos en la vertiente NW, estando defendido naturalmente en las restantes (Fanjul Peraza, 2005 y 2014)".
Más allá del muro del cementerio vemos la antigua iglesia parroquial de San Pedro, de origen medieval, pero muy reformada y desvirtuada respecto a su fábrica original, sobre todo desde que se la habilitó como capilla del camposanto
La historiadora Mª Soledad Álvarez González incluye este templo en el apartado El románico arcaizante en torno a la ruta de peregrinación de Oviedo a Galicia y en las comarcas occidentales en su libro El románico en Asturias, "de capilla cuadrada, que aún mantiene los toscos canecillos en el exterior y se cubre con bóveda de cañón ligeramente apuntado en el interior."
"Se localiza en un promontorio de 442 msnm, aislado por la confluencia del los ríos Ansarás-Gera y Gera-Narcea.
Recinto de 64 x 40-60 metros caracterizados por numerosos derrumbes, sobretodo en el extremo meridional que indican los restos de un torreón o un anillo murado de 13 x 11,5 metros. Los elementos defensivos fueron reconocidos en el flanco septentrional, donde el promontorio se une a través de un cuello ascendente al cordal y estaban conformados por un conjunto de tres fosos. El primero o interno se dispone a los pies de torreón y se encuentra parcialmente rellenado con los derrumbes de éste. A 11 metros se localiza el segundo foso, cavado en la arenisca y dispuesto por la ladera occidental, de 29 metros de longitud, 3-4,5 metros de ancho y una profundidad de 2-3 metros. No corta el paso totalmente sobre el dorso del promontorio, dejando en roca, un estrecho puente de paso. Tras un intervalo de 15 metros se documentó el tercer foso o externo, tallado en la arenisca, de trazado arqueado y abierto, de 61 metros de longitud, un ancho de 5-10 metros y una profundidad de 6 metros. Numeros derrumbes en su base podrían indicar la existencia de un muro o muralla en la parte alta. (Camino Mayor y Rodríguez Otero, 1989).
También ha sido descrito como torre medieval (Fanjul Peraza, 2005 y 2014)".
Más al sur tenemos El Picu la Cándana (615 m), L'Alto (705 m), cerrando por norte y sur el valle del Narcea y, en la distancia, la larga loma del Picu'l Mouru (930 m), cercano al pueblo de L.lamas del Mouru, cuya cerámica negra se vendía antaño por los propios artesanos en la Plaza del Fontán. La vista llega a La Sierra l'Acevu, en torno al santuario mariano cangués de ese nombre, de romería renombrada, así como a las más lejanas serranías de los puertos de la Cordillera, L.leitariegos o Leitariegos, Rañadoiru, Muniellos con su parque natural y otras hacia Ibias, Degaña y L.laciana o Laciana
Según el Gran Atlas del Principado de Asturias, esta capilla y antigua iglesia que se compone de una nave y presbiterio recto, conserva de su fábrica románica únicamente la cabecera, con sus sencillos capiteles o modillones, lisos y sin filigranas
"De este tinetense destacaban sus cualidades futbolísticas y musicales, entre otras. Siguió cultivando su cualidad musical poniendo sus conocimientos al servicio de sus pupilos de la Agrupación la Armonía que, a pesar de su avanzada edad, dirigió"
De frente tenemos la aldea de Piedralonga o Paral.longa, Máñores o Máñules y, en la lejanía, el Alto de Piedratecha o Paratecha, antigua venta caminera, a donde llegará el Camino de Santiago tras subir a lo alto de La Sierra por Las Canteironas y el Alto Guardia, antes de bajar, por allí al monasterio de Santa María la Real de Oubona
A la derecha asoma el picudo Picu Cimeiro (1.292 m), cerca de cuya cima va, tras subir al Alto del Hospital (1.200 m), la famosa Ruta de los Hospitales, así llamada por la antigua existencia de varios hospitales de peregrinos en esa serranía, que luego se dirige a la izquierda al Alto la Marta (1.118 m) y, de allí, al monte La Freita (1.205 m), la ladera del monte de El Palo (1.221 m) y el Alto del Palo (1.147 m), donde baja hacia Montefurao, dejando a la izquierda El Panchón (1.410 m) y El Mosqueiro (1.397 m)
Como podemos comprobar fácilmente, desde Máñores o Máñules y Piedralonga se ve un paso más directo hacia Allande y El Palo. Cuando el rey Alfonso IX, tras fundar la Puebla de Tinegio hacia 1214, estipula en documento de 1222 que todos los peregrinos habían de pasar obligadamente y sin que nadie osase desviarlos, de la puebla al monasterio de Santa María la Real de Oubona, lo hacía a sabiendas que suponía un gran rodeo y que había esta y otras rutas más directas, pero necesitaba conceder este privilegio de paso tanto a los monjes como a la pola por él fundada
"Continuando con sus pesquisas por estas tierras para conocer sus pertenencias territoriales y de vasallaje, en 1216 vuelve Alfonso IX a visitar las tierras de Tineo.En esta ocasión escoge para aposentarse la importante villa de MAGNORES. Allí, recibe a sus deudos y vasallos, departe sus requeritorias y concede privilegios y mandas"
Llegó a existir, entre las principales por el interior al menos, una ruta más, tan directa que, siguiendo el valle del Narcea y su cuenca orográfica a manera de paso natural, ni siquiera pasaba por la puebla, como tampoco por Salas ni siquiera Cornellana, a la que Rafael Lorenzo denomina Senda Rierana de la Barca, pues desde Doriga, en Salas, seguía el curso del río hacia el sur, pasando a tierras tinetenses por la parroquia de La Barca en Soutu o Soutu la Barca, secular paso fluvial del Narcea y hospital de peregrinos. De allí se dirigía hacia Santianes, Areñas, La Silva, Villanueva y Arganza, también con hospital-alberguería, pasando a continuación a demarcación allandesa
"Señor: Josef Pérez, vecino del lugar del Pedregal del Concejo de Tineo, por sí y en nombre de los demás vecinos de dicho lugar, puestos a los pies de V.S. dice: Que don Pedro de Merás y Solís, Subdelegado de V.S. en dicho Concejo, les molesta y apremia al suplicante y más vecinos a que restituyan la renta que han cobrado de los vaqueros de la braña de la Brañuca, términos de dicho lugar, por decir tiene orden de V.S. para embargar y depositar todas las brañas de dicho concejo, siendo así que la referida braña no lo es de tanto; solamente unos términos de dicho lugar en donde los vecinos de él apastan y cortan, siendo todo el dicho lugar y sus términos de realengo y comunes de los vecinos todo su aprovechamiento, sin que Señor, Convento ni Comunidad en dicho lugar tenga hacienda, voz, ni derecho ninguno, según tiene dichos términos, sus límites y linderos señalados y por ser lugar en montaña y camino pasajero en donde todos los vecinos dan albergue a los pasajeros y pobres, por no haber mesón, venta ni hospital, los vecinos tienen por tradición y noticias antiguas fuera libre de tributos y realengo, por esta razón como lo son los vecinos de brañas del Puerto y por la omisión y por negligencia de nuestro portador se perdieron los títulos y cédulas reales que tuvieron y hoy están pagando todas las pagas reales y concejiles, como todos los demás vecinos del concejo por haberlos obligado los poderosos a ello, sin tener medios ni papeles para defenderse..."
El cementerio viejo se hizo cumpliendo las disposiciones higiénico-sanitarias que, a partir del siglo XVIII pero con lenta y paulatina aplicación, estipulaban que las inhumaciones se realizaran fuera de las iglesias, por lo común a una relativa distancia pero, en muchas ocasiones, en su mismo campo circundante o camposanto, donde también se realizarían de antiguo, pues no todos, dependiendo de sus aportaciones y condición social, se enterraban el interior, cuanto más cerca del altar más rango se les suponía
"El templo de San Pedro está emplazado en el acceso al barrio de “Fondos de Villa” dentro del casco urbano de Tineo. Fue la antigua iglesia parroquial de la villa hasta que en 1880 esta función pasó a ser desempeñada por el templo conventual de San Francisco, que cambió entonces su advocación por la de San Pedro. Desde entonces la vieja iglesia parroquial queda relegada a capilla del cementerio, conservando también la antigua advocación.Para adecuarse a su nueva función, el templo vio cómo se le desproveía de una parte de su única nave rectangular. Fue remodelado en el siglo XIV, restaurado en el siglo XVIII, perdió su torre a comienzos del siglo XX y posteriormente se le dotó de una espadaña. La fundación del edificio pasa por ser muy antigua, pero sin datos fiables para situarla. Vigil lo califica como una obra románica, y del mismo modo se manifiesta Soledad Álvarez, que sitúa su construcción entre los siglos XIII y XIV, considerándolo una muestra retardataria del románico rural de la región y afectada por numerosas alteraciones.El templo se compone de una nave rectangular y un ábside de testero recto construidos con muros de mampostería reforzados por sillares en las esquinas. Primitivamente la nave poseía mayor tamaño y se le había añadido un pórtico cerrado a los pies, junto a la torre dispuesta en el lado derecho de la fachada. También existía en ese mismo lado una sacristía adosada a la nave en las proximidades de la capilla, que también fue demolida para ampliar el cementerio. La nueva portada de San Pedro es sencilla, con acceso mediante puerta de arco de medio punto, sobre la que se sitúan sendos vanos a dintel de pequeño tamaño. Remata el conjunto la espadaña de nueva fábrica.El transito entre la nave y la cabecera se efectúa mediante un arco de triunfo que descansa sobre dos impostas muy salientes, que se prolongan a lo largo del muro y se aprecian aún a lo largo del ábside. La nave se cubre con techumbre de madera y para el ábside se emplea la bóveda de cañón corrido, ligeramente apuntada. En este espacio se conserva un retablo barroco de mediados del siglo XVIII.Al exterior el ábside presenta dos saeteras superpuestas en el muro del testero y un óculo, abierto posteriormente, en el muro derecho, bajo el que existe otra saetera. En ese mismo paño también se abre una ventana de buena fábrica y forma cuadrada que proyecta su derrame al exterior, al contrario que las saeteras. Sobre todo el conjunto se halla el único canecillo trabajado con un motivo de difícil descripción. Se asemeja a una larva, quizás una semilla. Básicamente se trata de un elemento oval dotado de unas estrías que confluyen en su panza. El resto de canecillos que completan el perímetro exterior del alero del ábside son desornamentados y siguen el mismo modelo que los carentes de decoración del ábside del monasterio de Bárcena."
"La antigua iglesia de San Pedro en Tineo, conocida ahora como la capilla del cementerio, abrió ayer sus puertas para acoger una misa en honor de todos los difuntos del concejo. Una celebración que no pretende ser algo aislado sino establecerse como mensual. Algo que no ocurría desde el año 1880, cuando se dejó de utilizar el templo para oficiar actos religiosos de forma cotidiana y se reservó para celebraciones concretas a principios del siglo XX o para realizar alguna de las misas del día de Todos los Santos años atrás."
Ciriaco Miguel Vigil también conoció del antiguo templo parroquial la "elevada torre cuadrada" que poseía, también desaparecida, como el pórtico. La Gran Enciclopedia Asturiana ya decía en su primera edición de 1970 que "Está casi abandonada y sólo se utiliza para celebrar el Sacramento del bautismo, pues las demás ceremonias religiosas se practican en la espaciosa Iglesia del ex convento de San Francisco...". No es difícil imaginar la oposición y disgusto con la que vieron los vecinos de Fondosdevilla el traslado de la parroquial a casi lo más alto de la población, además de la demolición de su iglesia
"Historiografía
Reconocido el 21 de septiembre de 1963 por José Manuel González y Fernández Valles, siendo descrito en 1989 por Jorge Camino Mayor y Vicente Rodríguez Otero durante la elaboración del Inventario Arqueológico del concejo de Tineo.
Régimen de Protección Legal
Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) el 23 de diciembre del 2013 y en el Catálogo Urbanístico de Tineo.
Descripción Arqueológica
Se emplaza en una de las lomas del cordal de la Sierra de Tineo, a 602 msnm, entre el cementerio nueva y la villa de Tinéu.
Durante su reconocimiento no se pudieron determinar ni un recinto protegido ni elementos defensivos claros. En la loma, de contorno circular y topografía suavizada, se documentó un escarpe de 3 metros de desnivel en el flanco oriental que da paso al camino de acceso al cementerio. Por el frente meridional, el escarpe es menos acentuado, pero muestra una tendencia rodear el montículo. En el sector NW también se reconoció un pequeño tramo con cambio de pendiente o talud muy erosionado y, a una cota inferior, otros dos escalones en ladera. En el resto de vertientes no se documentaron elementos de carácter defensivo, solo una amplia vaguada hacia el N (Camino Mayor y Rodríguez Otero, 1989).
Descrito como poblado de forma circular de medianas dimensiones, 80 x 50 metros, solo se reconocieron algunos suaves aterrazamientos o taludes de menos de 2 metros de altura. También se reconocieron dos leves aterrazamientos en el NW y la reutilización de un posible foso como camino actual (Fanjul Peraza, 2005 y 2014)".
Al ser un lugar aprovechado desde hace milenios con fines agropecuarios el castro se encuentra afectado, además de por la erosión natural, por las explanaciones y afecciones parcelarias, apuntan asimismo en ArqueoAstur. Desde aquí tenemos una hermosa vista hacia Armayán y el Acevo, no en vano estamos "en el vértice de un espolón que sobresale, en dirección S, del territorio donde se asienta la villa de Tineo, dividiendo las cuencas de los arroyos Deocio y Mañores", como advierte José Luis Avello al hablar del asentamiento del Castillo de Tineo, "un lugar eminentemente estratégico que además de dominar la villa y el terreno circundante, se encuentra lo convenientemente desplazado de ella a fin de individualizarse para evitar cualquier conflicto urbano".
Ya no demasiado lejos, las cordilleras de Fonfaraón, La Marta, La Freita, El Palo, Los L.lagos y el Valledor anuncian el paso a la zona más occidental de Asturias, transición geográfica y cultural, además de caminera desde la que ya empezaremos a ver Galicia en lontananza
Y aquí, ante el edificio de la Cafetería Confitería Imperial podríamos dar por acabada nuestra visita al casco histórico tinetense fuera de lo que sería el trazado oficial del Camino de Santiago, lo que no quiere decir que el peregrino, por su cuenta, visite muchos lugares más y cuantos quiera, tanto en este núcleo antiguo como en los barrios nuevos o donde le plazca
Así volveremos a transitar por esta plaza de tanta historia, tan urbanizada y construida además que nada hace suponer que aquí hubo todo un castillo y que, además, fue escenario de truculentos acontecimientos
Desde el Palacio de Merás remontaremos la cuesta a Picosdevilla, pudiendo hacerlo por la misma calle Mayor o, para variar, por alguna otra de las que suben hacia La Torre de Tineo, otra de las fortificaciones de la vieja puebla, torre circular en base a la que se fundó el Palacio de los García de Tineo, que vimos también bajando dicha calle Mayor. De paso, quienes no hayan visto los escasos restos del Hospital Mater Christi al bajar por ella, los podrán ver al pasar por detrás, camino de dicha torre y del barrio de La Fonte o La Fuente...





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