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domingo, 25 de mayo de 2014

A LA PORTA SANTA Y LA PRAZA DA QUINTANA POR LA VÍA SACRA Y ANTEALTARES (SANTIAGO DE COMPOSTELA) QUINTANA DE MORTOS Y QUINTANA DE VIVOS, EL AÑO SANTO COMPOSTELANO, LA CASA DA PARRA, LA CASA DA CONGA, 'EL ÚLTIMO BAR DEL CAMINO' Y 'EL FANTASMA DEL PEREGRINO'

Praza da Quintana y catedral de Santiago con la Porta Santa (izquierda)

Esta es la Praza da Quintana y la fachada este de la catedral de Santiago de Compostela, tal y como la ven los peregrinos que se dirigen directamente a ella viniendo por la Vía Sacra desde la rúa da Acibechería en vez de dirigirse por ella directa y primeramente a la Praza do Obradoiro, considerada institucional y popularmente el kilómetro cero de la peregrinación


Y es que si es Año Santo Compostelano (Xacobeo), cuando el día de Santiago (25 de julio) es un domingo, la entrada de muchos peregrinos se encamina hacia la Porta Santa aquí ubicada, al cual se abre la víspera del Año Santo Compostelano, dentro de un solemne ceremonial religioso, para visitar directamente desde ella la tumba del Apóstol y su altar mayor, ganando además el Jubileo


Se trata de un marcado simbolismo que representa el final de la peregrinación, como acceso desde la fachada oriental, la que mira a la salida del sol hacia la vida nueva, en el interior, donde se prosigue con el ritual del abrazo al santo y la visita a la tumba de Santiago, en el subsuelo del altar de la catedral. Estos años jubilares compostelanos se celebran cada 11, 6, 5 y 6 años, con ciertas variaciones a causa de los años bisiestos o disposiciones tales como declarar Año Santo al 2022 tras haberse padecido el anterior, el oficial, la pandemia mundial del Covid, lo que dio lugar a dos años santos, 2021 y el citado 2022

Rúa da Acibechería: a la izquierda empieza la Vía Sacra

Naturalmente, puede irse primeramente a O Obradoiro y realizar el recorrido que quisiéramos antes de ir a la Porta Santa, pero si deseamos hacer el trayecto histórico de los peregrinos hacia ella en el Año Santo Compostelano habríamos de tomar, en la rúa da Acibechería y poco antes de la Praza da Inmaculada (portada norte de la catedral y acceso a la Praza do Obradoiro), el desvío a la Praza da Quintana por la Vía Sacra -que por algo se llama de esta manera-  justo aquí al llegar a esta casa


La Vía Sacra se dirige primeramente al monasterio de San Paio de Antealtares que, como su nombre indica, fue construido ante el altar del Apóstol, según la tradición, muy poco después del descubrimiento de la que se tiene por tumba de Santiago, fundada por el propio rey Alfonso II El Casto, quien siempre según crónicas muy posteriores, habría venido a verificar el hallazgo con su séquito desde su naciente corte ovetense, dejando aquí a doce monjes para que cuidaran y dieran culto al sepulcro, tras haber sido avisado por Teodomiro, obispo de Iria Flavia, del encuentro del sepulcro por el eremita Paio o Pelayo tras prodigios y luminarias. Pero dejemos que nos guíe Javier Rosende Novo en el artículo que le dedica a esta rúa en El Correo Gallego del 31-10-2024:
"Desde la Rúa da Acibechería y en dirección a la entrada de la iglesia del monasterio de San Paio de Antealtares, se encuentra la Vía Sacra, una pequeña calle, que fue mucho más estrecha que la actual y sin las desafortunadas escaleras modernas próximas al cenobio, que desembocaba en la Quintana y conducía a los peregrinos en dirección a la Puerta Santa. El nombre de la calle declara, pues, la sacralidad de un trayecto que tiene un final apoteósico entre los esconces (aristas cortadas) de la Casa da Parra y de los muros de San Paio y que, incluso, hace que a la propia Puerta Santa o de los Perdones, se la conozca también como de la Vía Sacra".

En esta calle está la A Casa das Crechas, el que se dice que es 'el último bar del Camino de Santiago, al menos en esta Vía Francesa, que es la más transitada, bar emblemático de la cultura gallega, famoso por sus conciertos en directo de música celta y folk en su entrañable sótano, que fue un antiguo establo, pero también con música en la calle. 


Y, mirando a la Vía Sacra, esta es su famosa ventana: compartimos este artículo de El Correo Gallego titulado Cuando A Casa das Crechas abría su ventana para ser el último bar del Camino de Santiago y publicado el 28-9-2021 en el que se repasa la historia del bar tal y como hoy lo conocemos y como fue, al menos desde el siglo XIX:
"A Casa das Crechas es un bar donde han pasado demasiadas cosas. En toda su vida, As Crechas se ha convertido en uno de los emblemas hosteleros de la ciudad, un lugar que casi la define. A escasos metros de la catedral y antes de enfilar la Praza da Quintana, As Crechas es el último bar del Camino de Santiago. Y recibe a sus clientes con su característica ventana abierta, por la que suena folk gallego como si de música de bienvenida al peregrino se tratase. A Casa das Crechas funciona como negocio de hostelería desde el siglo XIX, y toma su nombre de dos hermanas muy populares en Compostela, “que eran algo crechas, retorcidas de carácter, y ese es el espírutu del bar, ser un poco revirados culturalmente”, aclaró Vítor Belho en una entrevista concedida a El País. As Crechas se estableció como un lugar de encuentro entre culturas y como un templo de la música folk gallega, realizando incluso reuniones entre artistas que compartían allí su música y su talento. Además, el local es uno de los decanos de la hostelería compostelana, compartiendo dicho legado con otros como el Momo o la Borriquita".
Foto: Casa das Crechas

El 4-5-2025 es  Pauli González Díaz quien en la sección Gastrosantiago del periódico El Español nos habla de A Casa das Crechas y esta su ventana en Algunos de los bares más emblemáticos de Santiago de Compostela: de tascas clásicas a pubs:
"Clásico entre los clásicos, A Casa das Crechas es uno de los locales más empapados de cultura de la ciudad. Desde su apertura, en el siglo XIX, su característica ventana no ha parado de acoger a sus clientes entre música folclórica gallega y foliadas improvisadas
Recibió su nombre de dos hermanas muy famosas de la Compostela de entonces que, decía la gente, eran algo crechas, algo caóticas. Dos siglos más tarde, su éxito sigue siendo incuestionable".
Foto: Casa das Crechas

Y ahora, un artículo del ya lejano año 2001 con la firma de Esther Taboada para la sección Terrazas de Compostela de La Voz de Galicia...
"No es fácil mejorar un ambiente auténtico y tradicional como el del templo del folk compostelano por excelencia, la Casa das Crechas. Pero cuando llega el verano eso es posible. A los dos espacios habituales se une una reposada terraza que cumple a la vez varias funciones: puedes degustar la misma cerveza sin los agobios del calor y escuchando la música que sale a través de la ventana; y, además, vigilar quién sube y quién baja de la Quintana y, de paso, dejarte ver".
Una actuación musical en el interior; compartimos también de A Casa das Crechas en clubcultura Asociación galega de salas de música ao vivo:
"A Casa das Crechas é un local emblemático de Santiago de Compostela. Fundado en 1987, consolidouse como un referente na promoción da música folk, tanto galega como internacional, e ofrece unha programación constante de concertos en directo. Coñecida polo seu ambiente acolledor e pola súa aposta pola cultura, a Casa das Crechas é un punto de encontro tanto para músicos como para afeccionados á música. Ademais dos concertos, organiza foliadas, sesións de música tradicional abertas á participación de músicos profesionais e afeccionados, contribuíndo á difusión da cultura galega. Ao longo de máis de 30 anos, acolleu artistas locais, nacionais e internacionais, sendo un espazo fundamental para a música en directo en Santiago de Compostela".
Foto: Casa das Crechas

Y esta es una referencia de A Casa das Crechas que encontramos en la web del cercano Hostal México:
 "A Casa Das Crechas es un lugar perfecto para disfrutar de la cultura de Galicia. Tanto artistas locales como de todo el mundo han tocado su música en directo para una audiencia entusiasta en el sótano del pub que en el pasado fue un establo de animales. ¡Hoy está llena de gente de todas las edades y de todos los lugares!  No importa si quieres bailar con  música de  gaita o solo ser espectador, definitivamente vas a disfrutar de tu visita a este pub histórico, acogedor y muy conocido en nuestra ciudad. ¡Ambiente cálido, bebidas frías y un largo legado de la cultura de Galicia hacen de la Casa Das Crechas el pub más vivo de Santiago! Una buena opción para tu visita a Compostela..."
Un anuncio de una de sus foliadas o fiestas populares y algunas fotos más de su ambiente...

Foto: Casa das Crechas

Del monasterio de San Paio de Antealtares solamente vemos una pequeña parte, la iglesia, a cuya entrada nos acercamos. Nada queda de aquel primitivo santuario en el que una docena de monjes benedictinos con su abad Ildefredo se hacía cargo del culto, cuidado y mantenimiento de la tumba apostólica con sus reliquias, por lo que se trataría de una de las primerísimas fundaciones de la ciudad, muy posiblemente de entre los años 820 y 830. Es más, aquel monasterio primigenio ni siquiera estaría aquí, sino al lado mismo de la necrópolis, actual altar mayor de la catedral. El crecimiento de la misma obligó a hacer un nuevo convento unos metros más lejos


Su nombre de Antealtares, en plural, se debe a sus tres primigenios altares dedicados al Salvador, San Pedro y San Juan Evangelista, justo delante del santuario donde estaba el sepulcro de Santiago y a un baptisterio de San Juan Bautista que desaparecería avanzando el medievo. Su primera advocación sería la de San Pedro de Antealtares, aunque algunos investigadores citan también una advocación a San Salvador, como la Sancta Ovetensis, en la naciente corte de Alfonso II El Casto


Fue su abad entre 974 y 988 San Pedro de Mezonzo, que seguidamente sería obispo de Santiago, a quien le tocaría reconstruir templos y ciudad tras el ataque y destrucción de Almanzor en 997, que sin embargo respetó la tumba del Apóstol, "ya fuera por sus convicciones religiosas -Santiago era discípulo de Jesús, a quien el Islam considera uno de los profetas- ya por miedo a algún tipo de maldición. Exponen también que quedó un habitante en la ciudad, al que el caudillo musulmán encontró orando ante el sepulcro apostólico y respetó. El hombre le dijo que era familiar del Apóstol. La tradición cristiana considera que se trataba del propio San Pedro de Mezonzo", leemos en la Xacopedia


En el año 1077 se redacta la Concordia de Antealtares, un acuerdo entre este cenobio, representado por el abad Fagildo,  y el inmediato de Santiago, con el obispo Diego Peláez, cuando acababan de empezar, dos años antes, las obras de la catedral románica, mediando entre ambos el rey Alfonso VI. En ese acuerdo se señala que los monjes de Antealtares tenían hasta entonces  derecho a cobrar la mitad del las ofrendas y limosnas ofrecidas al altar de Santiago, pues era su misión la de orar de manera permanente al Apóstol pero, en ese contexto de grandes obras, dejaban de percibirlo momentáneamente y, además, asumían que la nueva cabecera del templo en torno a la tumba sagrada se extendiese por su convento, que hubo de volver a construirse más atrás. Realmente nunca volvieron a recuperar aquellos ingresos pues la historia tomó otro rumbo


La parte más esencial del documento es que presenta, por primera vez de lo que ha llegado hasta nosotros, la relación de sucesos que llevaron al descubrimiento del sepulcro de Santiago y de sus discípulos Teodoro y Atanasio, junto con su confirmación con el obispo Teodomiro y Alfonso II, así como el comienzo de los trabajos del edificio que será la catedral románica, la cual no se consagrará hasta 1221. El documento conservado actualmente es una copia de 1435 del original y está guardado en la Universidade de Santiago. Entre el descubrimiento o inventio y la Concordia de Antealtares han pasado dos siglos y medio pero, reiteramos, es la fuente más próxima en el tiempo de los pormenores. Hasta entonces hay escritos, naturalmente, sobre el suceso y la creación de los primeros templos, pero nos narran esos detalles


Por su parte el nuevo monasterio de Antealtares perderá su autonomía para integrarse plenamente en la obediencia de la orden de San Benito no mucho después y, en el siglo XII, con el enérgico primer arzobispo de Santiago (tras pasar de obispado a arzobispado en 1120), Diego Xelmírez, son relevados con gran disgusto de su misión de guarda del sepulcro de Santiago, dado el ya grande número de frailes que tenía la catedral, por lo que los de Antealtares han de asumir bastantes cambios, entre ellos hacia 1150 el de la advocación anterior para pasar a la de San Paio o Pelayo, mártir de Córdoba del año 925 cuyo culto se había extendido por Galicia


En 1256 el convento vuelve a ser trasladado, por tercera vez, unos metros más al este aún, hasta una ubicación casi coincidente con su emplazamiento actual, pues era necesario dejar más espacio libre para la catedral y para el cementerio que surge en la actual Praza da Quintana, muy apreciado por estar cerca de la tumba de Santiago


San Paio de Antealtares entra en decadencia a lo largo del siglo XV, por ello, en 1499 fue reformado por Fray Rodrigo de Valencia, prior general de San Benito de Valladolid, sede central de los benedictinos, quien, con mandato de los Reyes Católicos, trasladó a los monjes al monasterio de San Martiño Pinario, al norte de la catedral, y transformó a este en convento de monjas de clausura, seguidoras también del San Benito de Nursia, quienes siguen en la actualidad en él, con bulas papales de Inocencio VIII Alejandro VI. Leemos de estas fases en monestirs.cat:
"Durante el siglo XIII, los benedictinos cedieron los terrenos de su monasterio para ampliar la catedral e iniciaron la construcción de un nuevo establecimiento que quedaba separado de esta iglesia por la actual plaza de Quintana, antiguo cementerio. A finales del siglo XV, esta casa experimentó cambios debido a la reforma observante que afectó al mundo monástico de la época. Como resultado, las comunidades de San Paio de Antealtares, en decadencia, y la de San Pedro de Fóra (otra casa benedictina de la ciudad) se trasladaron a una tercera casa benedictina de Santiago: San Martiño Pinario, lo que se materializó el año 1495. 
Paralelamente, en esa misma época, se reformaron las casas benedictinas femeninas de Galicia, que también atravesaban una crisis. Se propuso reunir a estas comunidades en el antiguo monasterio de Antealtares, rescindiendo un acuerdo anterior de establecer allí un colegio. La actuación se concretó en 1499, trasladando las monjas desde varios monasterios y reformando sus costumbres con normas mucho más estrictas, lo que provocó la oposición de muchas religiosas. La nueva casa mantuvo el control sobre los bienes de una quincena de monasterios suprimidos, diseminados por toda Galicia." 

"Además, el mismo monasterio fue reconstruido, con obras que se prolongaron hasta principios del siglo XVIII", prosiguen: es cuando se hace esta, la iglesia del cenobio, de la que al pasar vemos la portada, fue construida entre 1700 y 1707 con proyecto de Fray Gabriel de Casas (maestro de obras en San Martiño Pinario) resultando un templo de planta de cruz griega, es decir, de cuatro brazos de idéntica longitud, muy poco vista en la arquitectura gallega, que sustituyó a la iglesia románica anterior


En su interior hay una buena colección de retablos barrocos entre los que destaca el mayor, dedicado a San Paio Se accede por ella al Museo de Arte Sacra, inaugurado en 1971, donde llama la atención el ara de Antealtares, primer altar dedicado a Santiago, hecho de una placa funeraria romana reaprovechada, así como la imagen del Niño Jesús peregrino. En el convento también hay hospedería, tal y como nos informan en Fundación Jacobea:
"Como monasterio benedictino femenino vivió sus siglos de esplendor durante el barroco -en los siglos XVII y XVIII- cuando fue completamente reformada su arquitectura, tanto sus dependencias conventuales como su iglesia. Durante este tiempo llegó a ser el monasterio benedictino femenino más importante de Galicia, ya que la alcurnia e importantes dotes que las religiosas le aportaban, hicieron posible que contase con importantes rentas y propiedades y con el apoyo de la Corona. El hecho de que en Antealtares profesaran muchas mujeres de la alta nobleza, hizo que sus monjas fuesen conocidas en la ciudad no sólo como “madres”, sino también como las “señoras”. 
Hoy día sigue siendo un monasterio muy vivo en el que sus casi 40 madres participan activamente en la liturgia de su iglesia con canto gregoriano, el mantenimiento de una residencia de estudiantes con 60 plazas, una hospedería que se rige por los valores de la acogida benedictina tradicional y un colegio de educación infantil".


La iglesia, como el monasterio, conserva su estructura barroca, soberbia en esta fachada occidental de la portada, con dos gruesas y altas columnas y frontón con hornacina en la que se ve una escultura de San Paio o San Pelayo


Desde aquí podremos acceder al gran retablo mayor, pero el monasterio es, recalcamos, mucho más grande. Al otro lado del convento, en cuya construcción participaron varios arquitectos, está la llamada Puerta de los Carros, donde se pueden comprar los dulces de las monjas benedictinas: pastas, tartas de Santiago, almendrados y otras tartas por encargo. "Al visitar esta iglesia quizá se tenga la oportunidad de pode escuchar el coro de monjas cantando acompañadas al órgano. Este es uno de los coros de voces más hermosas de la ciudad", cuenta el historiador Juan Conde Roa en su guía de Santiago de Compostela para El viajero independiente


Fijémonos en el símbolo o motivo de la clave de la portada. Más arriba, San Paio aparece con ropajes más dieciochescos que altomedievales, según era habitual dados los parcos conocimientos históricos de la época


"En la hornacina de la fachada principal aparece la imagen de San Paio -Pelayo- degollado, en una actitud bastante teatral", sigue diciendo Juan Conde Roa


Más arriba, el escudo real, representando la obediencia a San Benito de Valladolid. Fijémonos en la gran corona


Se representa al santo con el instrumental de su martirio, pues fue desmembrado y despedazado y arrojados sus restos al Guadalquivir. Su origen gallego (capturado en una incursión) hizo que su culto de extendiese especialmente por Galicia cuando el rey Ramiro III recuperase sus reliquias y las depositase en el monasterio leonés de su advocación para, poco antes del año 1000, fuesen llevadas al monasterio ovetense de San Pelayo, aunque uno de sus brazos se venera desde antiguo aquí


La fachada de la iglesia, recibiendo el sol de la tarde. Al fondo vemos la rúa de San Paio, por donde puede irse, desviándonos un poco del Camino, a conocer otras partes del monasterio. Pero alcemos ahora la mirada a la esquina de la casa situada enfrente del templo a ver sus impresionantes gárgolas


Esta en forma de pez, de ellas mana directamente hacia la calle el agua de lluvia que cae sobre el tejado, evitando que resbale por la fachada. Aparenta gestos monstruosos, frunce el ceño, enseña lengua y dientes y tiene hocico, presenta además cola enrollada y escamas y aletas muy remarcadas


Buena oportunidad para sacar el móvil o la cámara de fotos y sacar con el zoom impresionantes fotografías


Ahí está la Casa da Parra, por donde salimos a la Praza da Quintana, viéndose ya al fondo la catedral


Ahí está otra de las gárgolas, representando un ser mitológico alado o un águila en vuelo en picado


Y esta otra, que parece un sabueso alado o una especie de mono. Fijémonos en el gran agujero en su hocico para que caiga el agua


La Casa da Parra es barroca y fue construida por mandato el cabildo catedralicio en el lugar en el que estuvo la primera Casa do Concello o Ayuntamiento de Santiago, derribada en 1588. Ahí están su terraza y el ático con la balaustrada, que forman parte de los añadidos realizados en el siglo XX. Reconocemos algunos escudos, otra gárgola y hermosas arquerías en el bajocubierta 


Y así, bajo las gárgolas de la Casa da Barra y entre esta y los muros de San Paio de Antealtares salimos a la Praza da Quintana con la Porta Santa ya ante nosotros, en la llamada Quintana de Mortos, lugar en el que estuvo el antiguo cementerio, al pie de la fachada este de la catedral


La parte situada bajo la Casa da Conga, situada a un nivel más alto, es llamada Quintana de Vivos. Unas escaleras comunican ambas. A la izquierda de A Porta Santa se yergue una de las torres de la catedral, la Torre do Reloxo o Torre del Reloj, popularmente A Bereguela porque se atribuye a Berenguel de Landoira, arzobispo de Santiago entre 1318 y 1330, la construcción de una primera torre defensiva para hacer frente a las siempre temidas revueltas del medievo, aunque no está claro que estuviera aquí o en la Porta da Trinidade, puerta de las desaparecidas murallas en la Porta do Obradoiro. También se dice que se habría empezando en tiempos de su antecesor Rodrigo del Padrón. Sea como fuere se sabe que realmente se hizo entre 1468 y 1484, y dos siglos después, entre 1676 y 1680 le fueron añadidas dos plantas más y fue embellecida por el maestro mayor Domingo de Andrade. Hace de paso hacia la vecina Praza das Praterías 


Justo a la derecha de A Berenguela o Torre do Reloxo (encima de la Porta Santa), se ve el pequeño cimborrio de la capilla del Pilar, una de las capillas barrocas de la girola o pasillo semicircular que rodea la parte posterior del altar mayor (el de Santiago) de la catedral, del cual vemos su cubierta, también semicircular y en dos niveles, donde se encuentra A Cruz dos Farrapos 'cruz de los harapos', medieval y de bronce, en cuya base de piedra los peregrinos de antaño se desprendían de sus ropas y las quemaban tras visitar la tumba apostólica


Más allá está el cimborrio sobre el crucero de la catedral, del siglo XV con cúpula del XVII, obra del arquitecto José de la Peña de Toro y, a la derecha, una de las torres barrocas de la Praza do Obradorio, la de la carraca, instrumento que sustituía a las campanas en Semana Santa pues estas no se tocan en señal de duelo. Aquí enfrente, en la Quintana de Vivos está la Porta dos Abades, que solamente suele abrirse, como la Porta Santa, en los años santos compostelanos, aunque también en otros momentos de gran afluencia para facilitar la salida de gente desde la girola o deambulatorio luego de haber entrado por la Porta Santa y realizar el rito del abrazo al apóstol, bajando a su cripta


Y aquí tenemos la razón del nombre de la Casa da Parra: las parras labradas en la piedra de su fachada y la parra que recorre su balcón de hierro forjado, la cual continúa hacia la casa contigua. La siguiente es la del Café Literarios, del que vemos la terraza, otro establecimiento emblemático y famoso por sus célebres foliadas, fiestas con música gallega en vivo y en ocasiones queimadas


Por allí un callejón comunica con la rúa da Acibechería y la Praza da Inmaculada por el exterior de la capilla de A Corticela o Santa María da Corticela, otro de los santuarios primigenios en torno a la tumba apostólica recién descubierta, de la que vemos su espadaña del campanario. Sería fundada, tal vez en base a un primer pequeño oratorio de tiempos de Teodomiro y Afonso II El Casto, por el obispo Sisnando I y el rey Alfonso III El Magno, y su pequeña comunidad de monjes acompañaría a partir de entonces a los de Antealtares en el culto apostólico y guarda y mantenimiento del templo. Remodelada en el siglo XIII, el crecimiento de la catedral no la desplazó sino que, literalmente, la engulló, respetando eso sí su estructura medieval en su mayor parte


La Casa da Parra se construye con la remodelación completa de la catedral en el siglo XVII en estilo barroco, profunda transformación que abarcará a todo su entorno incluida esta plaza y que proseguirá en el siglo XVIII en la que participarán varios arquitectos y maestros, culminando en la fachada y las torres de O Obradoiro de Fernando de Casas Novoa. Esta Casa da Parra sería obra de otro de esos arquitectos, Domingo de Andrade, que cambiaron la fisonomía del templo y de la ciudad de entonces, medieval románico y gótico con bastantes elementos renacentistas, para darle el aspecto barroco, y también neoclásico pero impregnado de barroco, que ha llegado a nuestros días en el casco antiguo


Más elementos naturalistas en la planta alta. La Casa da Parra fue construida en 1683 en sillería de granito y consta de tres alturas, la última añadida en el siglo XX con proyecto del arquitecto José Antonio López Candeira y rematada en balaustrada


Una de las puertas del balcón presenta a los lados mas relieves naturalistas de hojas, tallos y racimos de frutas primorosamente cincelados que se tienen por una de las 'firmas artísticas' de Domingo de Andrade en este y otros edificios de esta plaza, como enseguida vamos a ver


Y estas son las de la planta baja, no exactamente iguales pero sí muy similares: "El nombre le viene a la Casa por sus ornamentos: unos racimos que delimitan las entradas inferior y superior del flanco derecho, y que propagan su semilla decorativa en las ménsulas labradas en la base del balcón y en la chimenea. El placer para el visitante, con todo, no se agota en la altivez los muros, sino que adquiere nuevas formas en el interior de la casona, convertida en sala de exposiciones", leemos en la web del Instituto Cervantes


Sobre la puerta, las ménsulas que sostienen el balcón están profusamente labradas a manera de mascarones con caras y elementos vegetales. Los espacios entre ellas o metopas presentan también motivos vegetales


Entre las del medio hay labrada una orla con la estrella de Santiago, uno de los símbolos de ciudad, pues representa a las luminarias prodigiosas que habría visto el ermitaño Paio que le señalaron el lugar donde estaba la tumba de Santiago y sus discípulos


Estos elementos son representativos de la obra barroca y supervivientes a las profundas reformas acometidas aquí en el siglo XX, según seguimos leyendo del Instituto Cervantes:
"A este edificio de finales del xvii le faltan detalles de aquel periodo. No obstante, pese a que las reformas llevadas a término durante el siglo xx acarrearon, nada menos, el añadido de la balaustrada superior y de un nuevo piso, aún podemos reconocer el antiguo balcón, elevado mediante esas consolas cuyos mascarones causan admiración por el arte de su labrado. En este tipo de motivos, crece la intensidad del ensueño y de paso se advierte la inteligencia de Domingo de Andrade, creador del recinto".

Así, "entre la balconada y las estancias interiores hay siglos de distancia". Juan Conde Roa nos informa en su guía de Santiago de Compostela antes citada que el terreno aquí existente tras la demolición fue comprada por el propio arquitecto Domingo de Andrade junto con el también arquitecto Fray Tomás Alonso quien, dado su gusto por lo ornamental, es muy posible que fuese el autor de estas ménsulas en las que descansa el balcón


Y es que, aunque diferentes, nos recuerdan mucho a las del gran balcón del del Hospital Real, actual Hostal dos Reis Católicos, en la Praza do Obradoiro con sus virguerías cinceladas y caras de seres y personajes fantásticos por él diseñadas. Fray Tomás Alonso era muy puntilloso y detallista con los elementos decorativos, tanto que así nos lo reafirman en ArteHistoria:
"Fray Tomás Alonso es fundamentalmente un decorador que aborda pequeñas construcciones o remodelaciones, primando el sentido ornamental a base de formas fantásticas en las que entremezcla elementos vegetales y humanos, como aparecen en las ménsulas de la balconada de la fachada del Hospital Real, excesivas en su decoración abigarrada y turgente, de una gran imaginación en el manejo de un vocabulario que incluso evoca el mundo medieval, como recuerda Bonet"

Arriba, en la fachada y sobre el balcón, siguen asomando gárgolas, hasta un total de ocho que tiene esta casa


Aquí vemos la gran parra natural que cubre su balcón y el de la casa a su izquierda, que se muestra así de exuberante en verano. Vamos a conocer un poco más de la historia del edificio de la mano de Carlos Rey en el periódico El Español del 23-5-2021:
"La Casa da Parra fue encargada por el arzobispo Raxoi -responsable también de la actual sede del Concello de Santiago-, quien le encargó su diseño al arquitecto Domingo de Andrade con la idea de construir una vivienda en el antiguo emplazamiento de la primera casa consistorial de Compostela.
La ornamentación es lo que más destaca en este edificio de sillería de granito: cuenta con ocho gárgolas en la cornisa y, sobre todo, con racimos de uvas flanqueando la puerta principal que sirvieron para dar nombre a este inmueble. 
Mientras que el edificio original constaba de tan solo dos plantas, una reforma en el siglo XX llevó a añadir una tercera altura rematada por una balaustrada, así como el característico balcón de la segunda planta, con una vid natural envolviéndolo. 
Después de haber sido restaurada en el siglo XX, la Casa da Parra pasó a convertirse en sede del Instituto Galego de Seguridade e Saúde Laboral y a albergar una sala de exposiciones en la que se mostraban trabajos de artistas gallegos. 
El edificio, propiedad de la Tesorería de la Seguridad Social, lleva once años sin ningún tipo de uso y, aunque el Concello de Santiago llegó a negociar la posibilidad de adquirirlo para crear un centro de acogida de peregrinos, la posibilidad fue finalmente descartada. 
La Casa da Parra lleva vacía de contenido desde 2010 y, pese a los múltiples intentos para darle una nueva vida, la primera etapa no llegó hasta 2021, cuando el CSIC deslizó la posibilidad de hacerse con el edificio. 
La propia presidenta de la entidad, Rosa María Menéndez, trasladó su voluntad de adquirir la Casa da Parra para convertirla en una Casa de la Ciencia, la tercera de España detrás de Sevilla y Valencia..."

Arriba a la derecha vemos ahora su grandiosa chimenea acubada, "una de las más emblemáticas de la ciudad, dicen en la web de la Xunta de Galicia. El gran erudito de la Historia del Arte Antonio Bonet Correa criticaba de esta manera la reforma acometida en esta casa pues a su entender el añadido de un piso más "ha roto la armonía de las proporciones que antes tenía, haciendo que el entablamiento y la cornisa pierdan así su importancia. Las ventanas de la planta noble quedan así aplastadas y sin la articulación que les había dado Andrade. Lo mismo sucede con el balcón y con la totalidad de la planta baja"


De todas maneras, no todo el mundo tiene esa misma opinión, puesto que por ejemplo en Gil Pita-Nieto Peñamaría Arquitectos manifiestan lo contrario en su Plan director de restauración y ocupación de la Casa da Parra:
"La conocida como casa da Parra emplazada en la cota superior de la Plaza de la Quintana en Santiago de Compostela, es el resultado de la articulación de dos edificios históricos de alta cualidad, la casona de la Vía Sacra y la original Casa da Parra (obra del insigne arquitecto barroco Domingo de Andrade) a través de una adición gestionada sabiamente en 1927 por el magnífico arquitecto municipal Constantino Candeira, el cual, como diría Santiago de Molina, amplía la memoria de ambos originales revitalizando el contexto general, tanto arquitectónico como urbano de este último giro del camino de Santiago francés ante de visualizar la puerta Sata de la Catedral de Santiago de Compostela. No es una adición sino una macla o superposición reordenadora de ambos originales para crear un nuevo edificio de tanto o más valor que los precedentes".

"Hermosa construcción de la segunda mitad del siglo XVII que cierra la perspectiva por del ángulo Noroeste de la Plaza de la Quintana, matizando el ambiente de excepcional monumentalidad que esta posee", dice de la Casa da Parra el historiador y arqueólogo jacobita Manuel Chamoso Lamas en su guía de Santiago de Compostela, mientras que en Compostela. Historias, leyendas y curiosidades de la ciudad santa de Los cuadernos de Urogallo se nos cuenta la leyenda de que uno de sus antiguos propietarios la perdió en una partida de cartas


Allí leemos también que "Si hay un lugar mágico en Compostela, ese es, sin duda, la Plaza de la Quintana. Pararse sin prisa, observar la vida desde sus escaleras, puede ser un cúmulo de inolvidables sensaciones. De la misma manera que bajar esos escalones se convierte en una singular alegoría del camino que hemos de recorrer entre la vida y la muerte: de la Quintana de Vivos, en la parte superior, a la Quintana de Muertos, en la inferior, nombre que recibe por haber sido utilizada como lugar de enterramientos hasta el siglo XVII..."


Nosotros seguimos en Quintana de Vivos yendo hacia el Café Literarios, nombre que tuvo un tiempo esta plaza en honor de  Batallón Literario de estudiantes, armado en 1808 contra la invasión napoleónica, que fue creado en el seno de la Universidade de Santiago. De él dice Juan Conde Roa que es "lugar privilegiado para contemplar mansamente la monumentalidad de la plaza. Y, si coincide, también se podrá escuchar a los jóvenes poetas recitar sus obras o relatos de reciente creación".


De unos años ya a esta parte se han recuperado las visitas a la cubierta de la catedral, si bien dentro del espacio museístico de la misma y previo pago, recuperando de alguna manera la costumbre de los antiguos peregrinos que subían a realizar sus rituales, como el de la Cruz dos Farrapos, de la que el peregrino alemán Sebastian Ilsung escribe en el siglo XV que "cualquiera puede subir a lo más alto y allí verá una cruz que llegó procedente del cielo". El peregrino flamenco Antoine de Lalaing noble del séquito de Felipe el Hermoso, dirá de su visita en 1501 que "Esta iglesia está de tal modo cubierta que se puede ir por todas partes por encima de ella y hacen los peregrinos sus ritos"


Una de sus más curiosas observaciones es cuando dice que "la iglesia fue en tiempos un gran templo pagano sobre el que se podría contar mucho", lo que daría a entender que se conservaba la memoria de un lugar sagrado precristiano que fue cristianizado, posiblemente en base a la necrópolis localizada y a ciertos cercanos asentamientos, como el de Solovio. Sea como fuese aquellos primeros templos que cristianizaron el lugar fueron transformándose así como este su más inmediato entorno


Además del camposanto, que vino aquí en el siglo XI, ocupaban antaño lo que hoy es una gran explanada, tiendas y talleres de artesanos que lo atestaban prácticamente todo, una vez desplazado Antealtares. Esto cambiará con las transformaciones de la Contrarreforma para recuperar las peregrinaciones a partir de los siglos XVI y XVII, creándose una gran explanada de uso público para que los peregrinos accedan a la catedral por la Porta Santa en el Año Santo Compostelano, imitando a Roma con el Jubileo del año 1500, si bien se dice pudo haber una puerta precedente, pero no es seguro, como leemos en la Xacopedia:
"Desde la primera mitad del siglo XVI, previsible momento de su creación, se convirtió en la más famosa y popular puerta de la catedral de Santiago de Compostela. Modesta apertura en la cabecera catedralicia que da a la plaza de A Quintana, es el símbolo por excelencia de los años santos compostelanos, al estar abierta únicamente cuando estos se celebran, lo que sucede cada 6, 5, 6 y 11 años. A esta simbología ya relevante para muchos fieles, une el hecho de comunicar casi de inmediato al peregrino con el altar mayor, donde se encuentran la cripta sepulcral de Santiago y, sobre esta, la popular imagen medieval destinataria del popularísimo abrazo al apóstol.

Desde muy antiguo, también se conoce como la Puerta de los Perdones y secundariamente del Perdón, enlazando con la alegoría de expiación que el paso por ella quiere representar. En los últimos años esta denominación apenas se utiliza. (...)
La puerta -y el hecho de cruzarla- presenta una clara relación simbólica con los ritos de paso, con una nueva vida, con la revelación. Sobre su origen hay dos posturas. La que mantiene que es anterior a la del año santo romano y la que sostiene que surge inspirada en este. Los primeros llegan a defender su existencia en la iglesia prerrománica que en el siglo XI dio paso a la catedral. No se conserva ninguna prueba que lo confirme. También se han planteado dudas sobre el origen de su ritual, que pudo haber estado relacionado con otro existente en la Diócesis portuguesa de Braga. Se ha apuntado incluso como precedente remoto, ciertos rituales del perdón a los penitentes. 
La segunda posición sostiene que la Puerta Santa de Santiago que hoy conocemos, situada entre las capillas del Salvador y la Azucena, se inspira en una ceremonia iniciada en los años santos de Roma del siglo XV. Es la teoría con más fundamento histórico. La primera Puerta Santa romana fue la de la iglesia del Salvador -o San Juan- de Letrán, abierta en el Jubileo extraordinario de 1423. Sin embargo, algunos testimonios dan a entender que ya en el Año Santo de 1400 -e incluso antes, en el siglo XIV- funcionaba esta puerta en dicha iglesia. 
La puerta de la basílica de San Pedro, la más famosa, era ya muy conocida en el Jubileo de 1450, si nos atenemos al testimonio de un comerciante florentino, que escribió que era tal el fervor que despertaba que, tras su apertura, los fieles recogían sin demora los escombros del muro que la tapiaba “para llevarlos a sus casas como reliquias santas”, una costumbre que también se conserva en Santiago. 
Fue el famoso y controvertido papa Alejandro VI, de origen valenciano, quien con motivo del Año Santo romano de 1500 crea la actual Puerta Santa de la basílica de San Pedro, define el ritual del que surgió la ceremonia actual y, por último, establece que en adelante el jubileo romano se inicie oficialmente con su apertura y la de las otras tres similares establecidas en las iglesias mayores de la ciudad -Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros- y concluya con el acto de su cierre. Como sucederá también en Santiago, el punto culminante de la ceremonia de apertura llegaba cuando, al tiempo que un coro cantaba que aquella era la puerta por la que los justos entrarían en la casa del Señor, el pontífice golpeaba en ella tres veces con un martillo para que se abriera. Tras la retirada de los escombros, el papa era el primera en cruzarla. 
El uso del martillo para derribar la tapia de la puerta se ha interpretado como un revelador ejemplo para el cristiano, que debía abrir la puerta celestial con esfuerzo y decisión. El papa, como decimos, era el encargado de abrir y cerrar la puerta de la basílica de San Pedro, en tanto que legados suyos se encargaban de las otras tres. Este ritual sólo sufrió esporádicas adaptaciones a lo largo de los siglos y sirvió de inspiración al compostelano".

Así los tenderos irán desapareciendo y el cementerio, paulatinamente, también, haciéndose la parte barroca exterior de la Porta Santa a principios del siglo XVII, al igual que las escaleras que dividen en dos a esta plaza, A Quintana de Vivos, donde estamos ahora, y abajo A Quintana de Mortos, donde el cementerio no desparecería totalmente hasta 1780:
"El origen de la Puerta Santa compostelana es incierto. Data previsiblemente de los tiempos del ilustrado arzobispo Alonso Fonseca III, en cuyo mandato se celebraron los jubileos de 1507, 1512 y 1518. Esto significaría que el ritual establecido por Alejandro VI para el Jubileo romano de 1500 tuvo una pronta repercusión en Compostela, orgullosa de ser la segunda ciudad jubilar del mundo y con una vieja tradición de imitar a Roma en cuanto se considerara beneficioso para resaltar su santuario. Sin embargo, hay una corriente de opinión, próxima a la Iglesia local, que sostiene que la Puerta Santa compostelana es anterior a la tradición romana y que aquella inspiraría a esta. De nuevo, la falta de datos concretos impide la confirmación. 
Las investigaciones más contrastadas sostienen, como decimos, que la actual Puerta tendría su origen en la primera mitad del siglo XVI, tanto en su emplazamiento como en sus objetivos. Abierta en un vano entre sendas capillas de la girola, hay dos teorías sobre su origen. Para unos se trataría de una puerta del siglo XII, heredera de otra existente en la iglesia a la que sustituyó la actual catedral y que facilitaba el paso a los monjes del convento de San Paio, custodios durante varios siglos del sepulcro de Santiago. Otros sostienen que se abrió ex profeso en la primera mitad del siglo XVI para incorporar el simbolismo romano de la Puerta Santa al santuario compostelano. La cuestión no está resuelta. 
Durante el siglo XVII se le añadió en el exterior un teatral telón barroco a modo de pórtico de moderadas proporciones, que dejó entre este y la puerta propiamente dicha el angosto y pequeño recibidor que hoy se contempla. En este espacio se conservó algún sepulcro y varias laudas en el suelo, que recuerdan cuando la plaza de A Quintana era cementerio. Las obras las realizaron en 1611 los gallegos Jácome Fernández y González de Araújo, completándolas Peña de Toro y Domingo de Andrade. 
El pequeño pórtico se cerró con una reja de hierro (1744) y se decoró en los laterales con doce pequeñas esculturas -seis a cada lado- en 1611 y con las veinticuatro actuales -doce a cada lado- hacia 1660. Procederían del tristemente desaparecido coro pétreo medieval de la basílica (s. XII), atribuido al legendario maestro Mateo y desmontado en el siglo XVII. Para otros, serían piezas, sólo en parte, de origen medieval, sustituidas en muchos casos de forma total o parcial debido a los desperfectos ocasionados por la gente y el tiempo. Se sabe, por ejemplo, que cinco de estas delicadas esculturas fueron restauradas para colocarles nuevas cabezas a mediados del siglo XIX. Se refiere el conjunto a personajes bíblicos -se apuntó que podrían formar parte de una representación de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis- y tienen una función más decorativa que simbólica.
El conjunto se culminó hacia 1694 con tres esculturas del artista local Pedro del Campo correspondientes a Santiago -en el centro- y a los dos discípulos a los que la tradición atribuye la custodia de su cuerpo en GaliciaTeodoro y Atanasio. Están ataviados como peregrinos. Junto con las esculturas señaladas, forman los llamados popularmente “veintisiete de la Puerta Santa”. El conjunto resultante ha sido criticado en alguna ocasión por un cierto sentido monumentalista, ajeno a la tradición de intimidad, que el paso del pecado a la gracia supone y que la Puerta Santa católica quiere escenificar. Pero afortunadamente es el que hoy siguen contemplando los turistas y peregrinos, y decimos afortunadamente porque esa simbología estuvo a punto de quedar desvirtuada por completo si se hubiese llegado a realizar la gran puerta santa neoclásica proyectada a finales del siglo XVIII".

Esta Porta Santa, contigua a la cabecera de la basílica e inmediata al paso al altar mayor que propicia prontamente el rito del abrazo al Apóstol del que hablamos en su momento, y entrar en su cripta, es la que hace que en nuestros días esta plaza el elemento netamente jacobeo más visible, nos informa también la Xacopedia, pero ello no sería así hasta el siglo XVII:
Al amparo del afán de potenciación y prestigio del santuario compostelano surgido con la Contrarreforma, se decide potenciar esta zona para el uso público y el servicio a la catedral, al tiempo que se mejora su entorno. El hecho clave en esta remodelación es la decisión de situar en ella, en la primera mitad del siglo XVI, el acceso a la Puerta Santa de la catedral, destinada a actuar como el gran referente simbólico de los años santos, a imitación de una iniciativa semejante promovida en Roma en el Jubileo universal de 1500. Se ha defendido un origen anterior para esta simbólica puerta, pero parece muy difícil si entendemos, entre otros motivos, que la zona estaba ocupada por un camposanto. 
Durante el siglo XVII irá menguando el cementerio y revalorizándose la naciente plaza con las obras de potenciación del encuadre exterior barroco de la Puerta Santa -los primeros trabajos concluyen en 1611-, el avance general de todo el frente este de la catedral y la construcción de nuevos y hermosos edificios que aún hoy se pueden contemplar. También se construye a principios del mismo siglo la gran escalinata -posteriormente remodelada-, que lleva a los compostelanos a dividir en dos partes la naciente plaza: A Quintana de Mortos era la zona baja, que aún seguía ocupada por parte del viejo cementerio, y A Quintana de Vivos, abierta en la parte alta de la escalinata y dedicada a variados servicios.
Bajo estas escaleras las excavaciones arqueológicas del siglo pasado pusieron al descubierto las formas góticas de una gigantesca cabecera para la catedral que al final no se construyó por diversos motivos, entre ellos los económicos. De haberse llevado a cabo, habría supuesto la inexistencia de la plaza actual, que también habría quedado muy reducida si se llega a realizar una monumental Puerta Santa neoclásica proyectada a finales del siglo XVIII".

Al sur de la plaza al lado de la catedral, (Quintana de Mortos) cierra esta gran explanda por el sur la Casa da Conga 'canóniga, canonjía', edificio barroco para viviendas de los canónigos de la catedral que empezó a construirse en 1709, cerrando la explanada por ese lado sur, proyecto también de Domingo de Andrade que fue acabado por Casas Novoa, dentro de la continuidad de las obras catedralicias que este 'heredó' de aquel


Se trata de un bloque de cuatro casas con pórtico corrido que las une. En la actualidad son tiendas y establecimientos hosteleros, además de, en la casa derecha, la sede del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia. Otras entidades aquí radicadas son el Instituto Europeo Campus Stellae y el Espacio de Arte y centro coworking, entre otras...


La existencia en el subsuelo de los cimientos de la que habría de ser una monumental cabecera gótica de la catedral, que no llegó a construirse, siendo arzobispo de Santiago Xoán Arias (entre los años 1238 a 1266) es una de las muchas sorpresas que nos ofrece esta plaza. Seguimos leyendo de la Xacopedia:
"Estuvo al frente de la Archidiócesis compostelana en un período de agitación y tensiones entre el naciente poder municipal y el Arzobispado. Tuvo tiempo, sin embargo, de promover diversas obras en la catedral para mejorar sus prestaciones y la atención a los peregrinos.
Entre 1240 y 1250 promovió la construcción del claustro medieval de la basílica, que sobreviviría hasta los tiempos de Alonso de Fonseca III (s. XVI). Emprendió otra acción fundamental para la actual imagen de la ciudad en el entorno catedralicio: la retirada del antiguo monasterio de Antealtares del espacio de la praza da Quintana hasta el emplazamiento donde hoy está el edificio de las monjas de San Paio. El terreno liberado pasó a ocuparlo el principal cementerio de la ciudad. A finales del siglo XVIII, con la modernización barroca de la catedral y su entorno, el viejo cementerio -conocido como A Quintana dos mortos/muertos- se convirtió en la plaza actual. 
Una catedral gótica 
Juan Arias tomó otra decisión que pudo cambiar por completo el diseño que hoy conocemos de la explanada de A Quintana y la forma de entender la propia Compostela. Con la intención de engrandecer la ciudad como meta de peregrinos inicia las obras de ampliación de la catedral, comenzando por la construcción de una nueva y gran cabecera gótica. 
Problemas y dificultades varias hicieron inviable la obra, pero las primeras piedras para lo que iba a ser la gran catedral gótica de Santiago llegaron hasta hoy como prueba del intento. El resultado frustrado de esta iniciativa puede verse visitando el sótano situado debajo de las actuales escaleras de A Quintana, donde se conserva la base de dicha cabecera, lo único que llegó a construirse".

En las tardes de sol la Torre do Reloxo, A Berenguela, proyecta su sombra contra el muro del monasterio de San Paio de Antealtares que cierra por el este la Praza da Quintana con "absoluta sobriedad, a base de muros lisos sin decoración", como leemos en Santiago de Compostela Turismo. A sus pies un largo banco de piedra corrido se extiende por tola la Quintana de Mortos. "En el centro de este muro, una lápida recuerda la formación del Batallón Literario organizado por los universitarios compostelanos para defensa de Galicia contra las tropas de Napoleón".


Más atrás asoman torre y cimborrio de la iglesia. El gran paredón y ventanas enrejadas fue proclive a leyendas como la del Fantasma del peregrino, de la que hablaremos dentro de poco, o la del padre que mandó a encerrar a su hija en una de estas celdas conventuales para separarla de su amante. No obstante, ellos pudieron ponerse en contacto para acordar su fuga, ella se descolgaría por una de estas ventanas y él acudiría a su encuentro a recogerla. Ella murió al descolgarse por estos muros y caer al suelo, mientras él, en un cúmulo de fatalidades, eran asesinado por unos bandidos en la noche compostelana


Se dice que por eso se enrejaron las ventanas y otras incluso fueron tapiadas. De todas las fachadas del monasterio esta es la más grande. Al fondo y detrás de la Casa da Conga discurre la rúa del mismo nombre, rúa da Conga, cuyo trazado original "continuaba por delante de la fachada meridional de la Catedral, a los pies del desnivel existente ante ella, continuando a la altura de la actual Torre del Tesoro hasta desembocar en el Obradoiro, pues no debemos olvidar que la actual Praza das Praterías no existirá hasta el siglo XVI", nos dice Javier Rosende Novo en El Correo Gallego del 31-10-2024

Como ya se ha dicho, el Café Literarios es uno de los lugares apetecibles para hacer un alto y descansar mientras contemplamos la Praza da Quintana. El 8-2024 y con motivo de la jubilación de su fundador El Correo Gallego publicaba la noticia y daba cuenta de su historia y trascendencia con la firma de Jacobo Táboas:
"Estoy cansado, la hostelería ha cambiado mucho desde la pandemia y ya tengo una edad. Hace ya 31 años que abrí el negocio...”. Así explica Suso Pais, propietario del mítico Café Literarios, por qué ha decidido colocar en la puerta del local el cartel de Traspaso por xubilación. “Estoy hablando con hosteleros que ya se han interesado por el negocio, pero aún no hay nada cerrado. La idea es que sigan con el mismo estilo de establecimiento; son gente de la hostelería que quiere seguir con el modelo actual”, avanza Pais, quien, no obstante, apunta que su intención es seguir abierto hasta que se cierre el traspaso
Sus palabras reflejan la nostalgia por aquellos maravillosos años, “cuando casi todos los días había música en directo en el local y se organizaban todas las semanas tertulias artísticas y literarias”. “Fueron años muy buenos, años mágicos... Ha pasado gente de todo el mundo por el local, numerosos visitantes ilustres, gente maravillosa... pero ya no es lo mismo. La pandemia ha cambiado por completo el escenario: casi no hay personal para trabajar en la hostelería y el hecho de no poder programar música en vivo también ha provocado un cambio notable en el funcionamiento del local”, relata el conocido hostelero compostelano. “La noche se murió”, subraya. Y pone un ejemplo muy nítido: “Antes había gente tomando copas hasta la una o dos de la mañana; ahora, si no hay nadie, cerramos a las 9 o 10 de la noche”, indica Pais, quien, no obstante, apunta que “el negocio funciona igual”, pero se trabaja, sobre todo, “por el día”. Muestra de ello, comenta, es que el mes pasado fue “el mejor enero en 30 años”. Incide en que se nota que año tras año aumenta la actividad turística en la capital gallega, lo cual, para un local como el Café Literarios, con una terraza situada en un lugar privilegiado del casco histórico de Santiago, en plena Praza da Quintana, es casi sinónimo de éxito asegurado.  
En cualquier caso, señala que es el momento de cerrar un ciclo que comenzó el 24 de julio de 1993. “Fue una locura abrir ese día, la noche de los Fuegos del Apóstol. Salía la gente por las ventanas. Fue algo increíble”, destaca. También recuerda el largo proceso de acondicionamiento del local previo a su apertura. “Se prolongó durante tres años; antes había una carpintería en el local y tuvimos que hacer una obra de gran envergadura”, señala Pais, quien prefiere no enumerar a todos los clientes ilustres que han pasado por su local a lo largo de tres décadas"

Una queimada en el Café Literarios en la que estuvimos tras hacer el Camino Primitivo en el verano de 2013


Junto a la terraza, la Porta dos Abades a la que antes nos referíamos, junto con el callejón que comunica por aquí la Quintana de Vivos con la Praza da Inmaculada y el camino hacia O Obradoiro bordeando la capilla de A Corticela


Sobre la puerta, el escudo arzobispal


Esta puerta, también llamada de A Corticela, fue de las intervenciones realizadas por José Peña de Toro que, con Domingo de Andrade, participaron en las grandes obras barrocas de la catedral, continuadas por Fernando de Casas Novoa


El mismo arquitecto participaría en la erección del cimborrio barroco y en la edificación, junto con Domingo de Andrade, de esta fachada oriental de la catedral de Santiago, la cual, además de integrar la capilla de Santa María da Corticela, encapsula la catedral medieval, básicamente románica con transiciones góticas


La misma cabecera románica se oculta en la Praza da Quintana "detrás de un largo muro barroco coronado de pináculos. Este lienzo es obra de Peña de Toro y Domingo de Andrade, que en el s. XVII otorgaron una elegante imagen de conjunto a todo el lado este de la Catedral, unificando visualmente la Torre del Reloj, la Puerta Real, la Puerta Santa y la Puerta de los Abades", nos explican en Santiago de Compostela Turismo


El ábside románico y los absidiolos no fueron desmontados sino que se encuentran justo detrás. Los veremos parcialmente 'encajados' tras el muro de la Porta Santa cuando nos acerquemos a ella. Por supuesto, en el interior veremos la estructura románica del templo catedralicio, junto con capillas y otros elementos de diferentes épocas y estilos


De la terraza del Café Literarios bajamos por las escaleras que separan la Quintana de Vivos de la Quintana de Mortos. Desde aquí y mirando para atrás tenemos una hermosa de toda esta parte norte de la plaza con la monumental chimenea barroca de la Casa da Parra, que se eleva "en un plano superior sobre una escalinata que exalta el movimiento de la plaza y la gracia de la casa hidalga, de rica ornamentación", como dice el intelectual galleguista Ramón Otero Pedrayo y como evoca el Instituto Cervantes cuando dice:
"Nos gusta imaginar frente a esta fachada al pintor escocés David Roberts (1796-1864), afanado en los bocetos que luego adquirirían su fuerza última en cuadros como El seminario y la catedral de Santiago de Compostela (1837) o en las litografías de la serie Apuntes pintorescos en España (1832-1833). Sea o no verificable la visita de Roberts, lo cierto es que el tono de la Casa de la Parra encaja divinamente con el romanticismo del ilustrador británico".

Nosotros nos dirigimos ahora a la Porta Santa o Porta do Perdón, que al otro lado accede a la catedral entre las capillas del Salvador y de la Azucena, puerta que se abre la víspera del Año Santo, dentro de un solemne ceremonial religioso, para visitar directamente desde ella la tumba del Apóstol


Esta puerta se abre a media tarde del 31 de diciembre que precede a un Año Santo Compostelano, dentro de un ritual en el que participan religiosos, fieles y peregrinos a cuya cabeza va el arzobispo, tal y como nos cuenta la Xacopedia:
"La Puerta Santa de Santiago se abre en la media tarde de cada 31 de diciembre que precede al inicio de un año santo. Una gran comitiva eclesiástica, peregrinos y fieles se reúne en la plaza de A Quintana, encabezada por el arzobispo compostelano, encargado de la apertura mediante un antiguo ritual que sufrió alguna variación a través del tiempo. 
El momento culminante llega cuando el prelado da tres golpes con un martillo de plata, realizado para la ocasión, sobre el muro de lajas que tapian la puerta y que se colocan especialmente para ese instante el día anterior. Las piedras se desmoronan de inmediato. Unos operarios las apartan rápidamente hacia los lados mientras los sacerdotes limpian con ramas de olivo y agua bendita todo el perímetro de la puerta. El arzobispo es el primero en entrar. Un ritual parecido sirve para cerrarla, en la tarde del 31 de diciembre de cada año jubilar. 
El paso por la Puerta Santa no es obligatorio para que los fieles católicos ganen las indulgencias especiales que se conceden con motivo del jubileo. Es, sin embargo, un ritual emocionante y muy popular, tanto para los peregrinos que llegan a la ciudad por el Camino de Santiago, tras largas jornadas de esfuerzo, como para los que lo hacen en los medios de transporte modernos. Lo evidencian las largas filas que durante los años santos se forman ante ella. Es un acto que no repara en emociones. Para el peregrino que llega a la ciudad a pie, representa la culminación física y espiritual del Camino. Muchos aprovechan para reforzar la eficacia del rito pasando la yema de los dedos por la pequeña cruz grabada en uno de los marcos. Tiene además una función práctica evidente en los masificados años santos, al facilitar un acceso casi inmediato al camarín del Apóstol sin afectar a los demás aspectos del culto en la catedral".

Si bien, como se ha dicho no sabemos a ciencia cierta cómo y cuándo surgió la idea de esta puerta, sí conocemos documentadamente su historia, reformas y evolución a partir de las reformas de los siglos XVII y XVIII que le han dado el aspecto actual, antes comentadas, reaprovechando esculturas del famoso maestro Mateo, autor del impresionante Pórtico de la Gloria de la portada occidental, pero también del antiguo coro catedralicio, que era de piedra, el cual ocupaba los cuatro primeros tramos de la nave central de la catedral, siendo desmontado entre 1603 y 1604 por el arzobispo Juan de Sanclemente, aunque algunas de sus esculturas fueron traídas aquí para decorar la nueva Porta Santa


Entre 1611 y 1616 son  los arquitectos gallegos Jácome Fernández y González de Araújo los que reformarían una puerta anterior, modificada después por el salmantino José de la Peña de Toro, la cual se estructura, como dice el historiador del arte Antonio Bonet Correa, en dos cuerpos, "como un retablo o la fachada de una iglesia en miniatura"


En el superior vemos las tres esculturas que se le añadieron en 1693, obra del compostelano Pedro del Campo. La más grande es Santiago El Mayor, con su discípulo Atanasio a la izquierda y su también discípulo Teodoro a la derecha. A los lados hay representadas unas parras con racimos de uvas que nos recuerdan a los que acabamos de ver en la Casa da Parra, la firma de Domingo de Andrade


Los tres visten el hábito peregrino, idéntico pudiera decirse, y de no ser por el tamaño y colocación de la figura central, la de Santiago El Mayor, que aquí vemos, costaría diferenciarlos


Este es Atanasio, los tres tienen también su propio pedestal


Y este es Teodoro. En la fachada de O Obradoiro existe una representación diferente pero de estructura y características escultóricas muy semejantes


Más arriba, motivos florales y ménsulas estriadas que soportan el saliente de la cornisa de la balaustrada


Debajo hay 24 estatuas procedentes de personajes bíblicos de dicho coro, alguna de las cuales fueron restauradas posteriormente, divididas en cuatro calles y representando a los 24 ancianos del Apocalipsis. Juan Pedro Morín y Jaime Cobreros nos dicen así en su libro El Camino iniciático de Santiago:
"Alrededor de la puerta fueron encastrados ordenadamente 24 ancianos procedentes del antiguo coro románico de granito. Es precisamente este colocación geométrica de elementos románicos enmarcados por suaves líneas barrocas la que da a la Puerta Santa ese encanto especial, asimilable, cercano, palpable.

Suele decirse, generalizando, que los Ancianos son obra del Maestro Mateo, ya que se sabe que fue él el autor del coro de la catedral. Pero existen diferencias fundamentales entre cuatro figuras -colocadas en la línea inferior- y el resto, siendo su estudio muy importante para acercarnos a la persona de Mateo. Todo hace pensar que con anterioridad a Mateo, en el coro, trabajó un gran maestro del que nada se sabe y que presumiblemente fue el que comenzó los 72 sitiales de granito, que terminarían ocupando cuatro tramos de la nave central. Algo extraordinario e inimaginable hoy, sustituido en 1610 por el coro de madera que, a su vez, fue trasladado en 1946 al lugar que hoy ocupa, ganando así la catedral en espacio y aire.

El primer Maestro del Coro se nos presenta dotando a sus apóstoles, profetas y ancianos de una serenidad y majestad geniales. Cada Personaje vive en su mundo, observando con la mirada lo que tiene frente a sí. Sus posturas parecen obedecer a un rito secular. Una noble barba  enmarca los rostros de estos oficiantes de claras resonancias mesopotámicas.

El resto de las figuras se deben a Mateo, que fue quien concluyó el coro, con gran satisfacción del arzobispo y clero. Obligado por lo ya ejecutado o imbuido aún del espacio románico, Mateo esculpe las figuras en tamaño parecido pero adivinándose ya algunas de sus características. Al proporcionar la cabeza con el resto del cuerpo, consigue un realismo potenciado aún más al hacer que los Ancianos hablen entre sí, guiando el cuerpo unos hacia otros, y al diversificar fisonomías y actitudes de charla, meditación, somnolencia e incluso, de fuerte dolor de muelas, como parece expresar algún rostro.

Estamos quizás, asistiendo al momento en el que el Maestro Mateo se despega del mundo románico. La cotidianidad anecdótica de sus personajes ahorra cualquier aire sagrado que aún podía tener por mimetismo con su predecesor. Tal es el caso de la rodilla acusada en cada figura, en trance de remangar sobre ella su túnica, ya que la rodilla descubierta simboliza al iniciado".

Estas son las dos calles de la izquierda, donde se identifica, en vertical y de arriba abajo, empezando por la línea de la izquierda, a Salomón, con Daniel debajo de él y, debajo de este a su vez, Aarón. Pasando a la segunda línea son Moisés y debajo Isaías y luego Naún. Encima de cada calle hay una roseta. Pasamos a la siguiente y, ya en la tercera línea, están San Lucas, el rey Saúl y San Andrés. Llegados ya a la cuarta y última línea, la de la derecha y más cercana a la puerta, siempre de arriba abajo están Ageo, Zacarías y San Simón


Y vamos a las dos calles a la derecha de la puerta y, siguiendo el mismo esquema, vamos a empezar por la calle de la izquierda y la línea vertical de la izquierda, con el profeta Miqueas arriba, al que siguen abajo Samuel y Abadías. Pasamos a la segunda línea con Oseas, San Felipe y Santo Tomás. Ahora continuamos por la segunda calle y están, siempre de arriba abajo insistimos: Malaquías, Jeremías y Habacuc. Y ya en la última línea reconocemos a San Marcos, Santiago el Mayor y Jonás


Las esculturas no habrían sido colocadas a la vez sino en dos fases, las primeras doce, seis a cada lado, en 1611 por Jácome Fernández y González de Araujo. Más tarde, en 1660, el maestro de obras de la catedral, José de la Peña de Toro, siguiendo el plan del canónigo José Vega y Verdugo, colocaría doce figuras más de la misma procedencia, hasta completar las veinticuatro, de las que dice la Xacopedia:
"Para otros, serían piezas, sólo en parte, de origen medieval, sustituidas en muchos casos de forma total o parcial debido a los desperfectos ocasionados por la gente y el tiempo. Se sabe, por ejemplo, que cinco de estas delicadas esculturas fueron restauradas para colocarles nuevas cabezas a mediados del siglo XIX. Se refiere el conjunto a personajes bíblicos -se apuntó que podrían formar parte de una representación de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis- y tienen una función más decorativa que simbólica."

En el siglo XIX se sabe que cinco fueron restauradas colocándoles nuevas cabezas. El conjunto podría haber desaparecido de haber salido adelante el proyecto de una nueva fachada neoclásica dieciochesca que no se llegó a realizar


Unos rosetones o florones sobre los ancianos y la puerta parecen ser también románicos y procedentes del antiguo coro pétreo catedralicio


La estrella de Santiago, símbolo de la ciudad por las luminarias que guiaron a Paio al sepulcro del Apóstol y sus discípulos, se hace presente...


En 1982 una de sus esculturas hubo de ser restaurada tras sufrir un atentado; en 2018 un gamberro realizó pintadas en otra y en 2023 otro desaprensivo hizo escalada libre trepando por ellas. Antiguamente en la Praza da Quintana se improvisaban partidos de fútbol en los que más de una vez la Porta Santa hizo de portería, como nos recuerda Xurxo Melchor en La Voz de Galicia del 5-72023


La verdad es que es una maravilla contemplar al 'los Veintisiete de la Porta Santa', como se llama al conjunto de figuras de la misma, tanto a unos metros, teniendo una visión general, como acercándonos a ellas y observando sus rasgos y posturas muy humanas, incluso como conversando entre ellos, anuncio de que las actitudes rígidas, mayestáticas y hieráticas del románico daban ya paso al gótico. Algo que el maestro Mateo había alcanzado ya en su grado sumo en el Pórtico de la Gloria. Se dice que el mensaje apocalíptico de redención, juicio, salvación y castigo del pórtico, al que le dedicamos la pertinente entrada de blog, se vio reforzado por el del desaparecido coro, que fue un trabajo inmediatamente posterior


Si bien es cierto que las estatuas, vinculadas al desaparecido coro en cuanto a su ubicación original, y al Apocalipsis en cuanto a su inspiración y simbología, estarían también relacionadas con el concepto de 'puerta' hacia el paraíso, por medio precisamente del Apocalipsis de Juan y tal vez por ello se decidiese instalarlas aquí, según leemos en el apartado dedicado en la Xacopedia al significado espiritual de la Porta Santa:
"La fuente vuelve a ser Roma, que a su vez, se inspira en la Biblia, en el sentido de renovación del antiguo jubileo judío y en el Evangelio. La principal referencia son las palabras que Juan (10, 9) atribuye a Jesús: “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, se salvará.” También en el Apocalipsis (3, 8) dice: “Abrí delante de ti una puerta que nadie puede cerrar.” 
Las puertas santas simbolizan, por lo tanto, un rito de paso: el de la persona que, mediante la penitencia y la fe en Cristo -“Yo soy el camino”, dice en el Evangelio de Juan, 14, 6-, logra cruzar el umbral que lo comunica con la divinidad. En definitiva, la metáfora del ser peregrino que, a través del sufrimiento y la renuncia, alcanza la puerta que da acceso a Dios. 
En esta concepción radicaría el hecho de que, con alguna excepción, las puertas santas nunca son grandes puertas principales, sino preferentemente puertas secundarias, estrechas puertas que quieren demostrar al peregrino que el camino de la salvación es el de la humildad y la penitencia. 
La Iglesia interpreta las puertas santas como símbolo de la inagotable capacidad de perdón de Cristo, pero el jubileo no se gana por el simple hecho de cruzarlas. Lo dejó claro el papa Juan Pablo II cuando dijo, con motivo del Jubileo romano de 2000, que la Puerta Santa “evoca el paso que cada cristiano está llamado a dar del pecado a la gracia”. La remisión de las penas impuestas por los pecados que de forma extraordinaria concede la Iglesia mediante los jubileos es necesario lograrla cumpliendo las exigencias que en cada caso particular se establecen. Pese a ello, la Puerta Santa -ya sea la romana o la compostelana- se ha evidenciado como el mecanismo que de manera más visible y popular simboliza esos períodos de especial perdón que la Iglesia propone a través de los años santos".

"Simboliza la puerta del Cielo, la entrada a la salvación y la oportunidad de renovación espiritual para los peregrinos que han completado su camino de fe", explican en catedraldesantiago.online; y en lo relativo al significado del Año Santo Compostelano leemos también en Xacopedia:
"En condiciones normales, tras un ciclo de 18 años con 4 años santos muy próximos entre si -sólo se interponen períodos de 4 y 5 años sin esta celebración- se abre un vacío de 10 seguidos, para, en el año 11, iniciarse un nuevo ciclo de 4 eventos, y así sucesivamente. El jubileo comienza oficialmente en la tarde de cada 31 de diciembre del año anterior con la apertura de la Puerta Santa de la catedral compostelana y concluye con su cierre el 31 de diciembre siguiente. Es posible ganar el jubileo cualquier día de este período.
"Es una celebración surgida en la primera mitad del siglo XV para facilitar a los católicos la obtención de indulgencias plenarias. Para lograrlas, los peregrinos deben peregrinar al sepulcro del apóstol Santiago el Mayor, en la catedral de la ciudad gallega de Santiago de Compostela. En ella tienen que cumplir una serie de requisitos espirituales. Las indulgencias permiten la total remisión de las penas temporales impuestas por la Iglesia para el perdón de los pecados. No era en el pasado, ni lo es en el presente, un asunto menor para los creyentes. 
La indulgencia plenaria fue evolucionando a través del tiempo, pero siempre resultó condición indispensable para obtenerla -para ganar el jubileo, como se dice de manera coloquial- visitar la catedral de Santiago cualquier día de un período jubilar. A esto se añadió modernamente el rezo de alguna oración al llegar, pedir por las intenciones del papa y recibir los sacramentos de la penitencia y la comunión. Este último requisito se puede cumplir cualquier día comprendido entre los quince anteriores y los quince posteriores a la peregrinación. El jubileo compostelano se presenta, según la Iglesia, como un tiempo especial para la renovación y purificación espiritual, de acuerdo con la antiquísima tradición hebrea en la que se inspira."

Efectivamente, los jubileos se basan en una tradición bíblica judía que adoptaría el cristianismo y evolucionaría en la Edad Media para asentarse posteriormente no sin ciertos cambios según la época y el momento históricos:
"El año santo o jubileo se inspira en una celebración judía que el Antiguo Testamento -Levítico- describe como un período anual para la santificación -un año santo- y regeneración general. Se anunciaba mediante el sonido del ióbel, instrumento musical realizado de los cuernos de los carneros. Era, por lo tanto, el año del ióbel, desde donde se llega hasta el actual año jubilar o jubileo, que se inspira también en la forma latina iubileaus -gozo, celebración-. 
Este sentido de santificación, purificación y regeneración del jubileo original sería lo que en la Edad Media inspiraría a la Iglesia en la concesión de indulgencias especiales en las grandes empresas a favor de las causas del cristianismo, como las cruzadas. En un momento dado, se consideró oportuno dar a estas cuestiones una forma estable en el tiempo, como había sucedido también con el jubileo judío. Surgieron así los años jubilares cristianos. En ellos, las indulgencias lograron un marco fijo de referencia. 
Una de las primeras citas contrastadas del anno iubileo compostelano la encontramos en un documento del monarca castellano Juan II con motivo del Año Santo de 1434. En estos primeros momentos, ante la relevancia de las indulgencias concedidas, fueron conocidos también como años de la gran perdonança. 
Algo más tarde, por el elevado sentido de expiación y santificación que pretendían representar, también se adjetivaron como santos. Y siendo la forma año santo la que se impuso como la más popular, en los últimos tiempos, sin embargo, la Iglesia compostelana tiende a dar preferencia -al menos a nivel oficial- a la denominación año jubilar, por entender que aporta una mayor precisión histórica."

Y aquí volveríamos al asunto de los oscuros orígenes de esta celebración jubilar compostelana, para los que hay dos teorías principales...
"Son dos las posturas sobre el origen de los jubileos compostelanos. Una, relacionada sobre todo con sectores eclesiásticos, defiende la autenticidad de la bula Regis Aeterni (1179), atribuida al papa Alejandro III. En ella se establece como perpetua la celebración jubilar en Santiago cuando coincida en domingo la festividad del martirio del apóstol Santiago -25 de julio-. Para los que defienden esta línea, el primer año santo plenamente confirmado sería el de 1182. Sostienen, además, que la Regis Aeterni vendría a avalar una concesión inicial del papa Calixto II, impulsada por el arzobispo Diego Gelmírez, que se habría producido entre 1119 y 1122. 
Sin embargo, la mayoría de los estudiosos consideran falsa o muy improbable la bula Regis Aeterni. El medievalista Fernando López Alsina mantiene que el jubileo tiene un origen posterior, inspirado en el año santo romano, instituido en 1300 por el papa Bonificio VIII. De acuerdo con esta postura, los primeros jubileos compostelanos no tendrían lugar hasta la primera mitad del siglo XV. 
López Alsina rechaza como fuente del año santo santiagués el conocido pasaje de una crónica del rey Alfonso VII (s. XII), donde se señala que este monarca empezó a reinar “en el santo tiempo de un año jubilar”. Sucedía esto en 1126 y la festividad de Santiago coincidía en domingo. Sin embargo, el profesor compostelano sostiene que los períodos jubilares en el siglo XII se relacionaban con hechos extraordinarios del cristianismo, como las cruzadas, nunca con la peregrinación. Y propone como origen de dicha frase la cruzada que el obispo compostelano Diego Gelmírez había convocado por aquel tiempo contra los musulmanes. 
Si bien el primer año santo santiagués pudo ser en 1428, según ciertos indicios, el primero documentado es el de 1434, según Alsina. Hay constancia de un salvoconducto del rey Juan II a favor de los peregrinos ultrapirenaicos de casi toda Europa que deseasen ganar el jubileo. Es una iniciativa que se repetirá en otros años santos del siglo XV. El año 1434 resulta significativo por los tres mil británicos que obtienen licencia para viajar en barco a Galicia como peregrinos. Es una afluencia extraordinaria, ya observada en 1428, y que es posible rastrear durante los siguientes períodos jubilares. En el Año Santo de 1484, por iniciativa del papa Sixto IVCompostela logra la definitiva confirmación de las indulgencias plenarias jubilares. En general, estas celebraciones fueron un éxito". 

A partir de la Reforma de Lutero en el siglo XVI, especialmente crítico con las bulas y similares, el Jubileo sirvió para contrarrestar la pérdida de peregrinos por este y otros factores, ayudando a mantener en tránsito de romeros camino de Compostela:
"El jubileo logró mantener un notable dinamismo en los siglos XVI, XVII y XVIII, actuando como un escudo frente a los estragos producidos en el flujo peregrinatorio europeo por causas tan diversas como la Reforma protestante, las guerras que se suceden en el continente, las frecuentes crisis a gran escala provocadas por enfermedades como la peste y hasta los cambios operados en el ideario popular. La legislación es cada vez más escasa a favor de la peregrinación y a veces incluso contraria; sucede en países como Francia, donde llega a penarse esta práctica a finales del siglo XVII. 
La tradición jacobea también pierde prestigio en España en casi todos los estamentos sociales, con más o menos argumentos sólidos. Sólo la monarquía española, por apego a la tradición y por evitar la ruptura con el santuario, va a conservar, no sin altibajos, la relación con Santiago y sus años santos. Un ejemplo es Felipe III, que envía a un representante a Compostela a ganar en su nombre el Jubileo de 1610. Mas no será hasta el Año Santo de 1909 cuando uno de ellos -Alfonso XIII- visite por fin la catedral para ganar las gracias jubilares. Durante los primeros siglos de este período también la influyente Orden de Santiago mantendrá en lo alto el estandarte santiaguista. 
A pesar de la escasez de documentación, el dinamismo generado por los años santos en aquel mundo en lenta decadencia parece evidente. Algún texto apunta, por ejemplo, la gran concurrencia al Jubileo de 1529. El licenciado Molina (s. XVI) destaca la relevancia que mantiene la peregrinación, mayormente en año de jubileo. 
El canónigo Vega y Verdugo (s. XVII), que estudió una serie de mejoras para la catedral compostelana, las justifica, entre otras consideraciones, por el gran número de visitas en los años santos. Un ejemplo más lo encontramos en la descripción que el sacerdote y escritor Cernadas y Castro (s. XVIII) hace del Año Santo de 1773. Asegura que todos los carpinteros compostelanos se dedicaron casi en exclusiva durante largo tiempo a la fabricación de confesionarios móviles por toda la ciudad para atender a los peregrinos". 

Llegados así al siglo XIX, la decadencia de las peregrinaciones hizo que el Jubileo llegase a ser el último exponente de las mismas, si bien el redescubrimiento de las escondidas reliquias del Apóstol y la confirmación definitiva por parte de Roma de su autenticidad motivaron una revitalización de las mismas:
"La pérdida de la influencia jacobea en España se confirma como inexorable en 1834 cuando, tras muchas y viejas presiones a la Corona y al poder político, se suprime el Voto de Santiago. Era un desfasado foro a favor de la Iglesia compostelana, al que se oponían los territorios que debían afrontarlo, y que aportaba su grano de arena para que determinadas zonas de España se distanciaran de la simbología jacobea. Sin los Votos, vía tradicional de financiación del clero custodio del culto a Santiago, y con una sociedad compostelana muy anquilosada, la decadencia resultaba definitiva. 
Los antiguos peregrinos ultrapirenaicos y peninsulares eran casi inexistentes y mal vistos. La puntilla a esta situación la puso desde finales del siglo XVIII la aparición de nuevos idearios espirituales y de costumbres y también, desde un punto de vista puramente práctico -como señala el historiador Antón Pombo- la casi total desaparición de la antigua red benéfico-asistencial como consecuencia de la desamortización de los bienes eclesiásticos. 
En fin, causas diversas y entrelazadas que llevan a que los jubileos, se conviertan, a pesar de su cada vez más evidente carácter local, en la única expresión de estímulo del viejo fervor jacobeo, aportando más peregrinos que los restantes años -así se constata, por ejemplo, en el gran incremento de viajeros que llegan en tren a Compostela en el Jubileo de 1875- y los únicos avances significativos en las infraestructuras eclesiásticas. 
En estas condiciones, la llegada en 1875 a la sede santiaguesa del cardenal valenciano Miguel Payá y Rico, un hombre muy dinámico e influyente, resultó providencial. Decide buscar las reliquias del Apóstol, desaparecidas desde 1589, cuando se habrían ocultado ante la amenaza de una invasión inglesa encabezada por el corsario Francis Drake. La situación se prolongaba casi trescientos años, lo que hablaba de la desgana general de la Iglesia compostelana. 
El cardenal valenciano ordenó la búsqueda en la basílica compostelana y en 1879 se descubrieron los restos perdidos. La bula papal Deus Omnipotens (1884) confirmó la autenticidad del hallazgo, invitando a los católicos del mundo a retomar la peregrinación a Santiago. Para celebrarlo, se declara 1885 año jubilar extraordinario. Payá, antes de dejar el Arzobispado en 1886, aprovecha el jubileo para realizar los primeros intentos de recuperar el hecho jacobeo como un fenómeno internacional. Anima por primera vez a los obispos del mundo a incentivar la peregrinación a Compostela e ultima las obras para abrir a los fieles la cripta, bajo el Altar Mayor de la catedral, con los recuperados restos apostólicos. 
El siguiente arzobispo compostelano, el castellano-leonés José Martín Herrera, tomó como propia la política activa del cardenal valenciano e impulsó los últimos jubileos del siglo XIX -1891 y 1897- y los primeros del XX -1909, 1915 y 1920-. La primera preocupación de Herrera es afianzar las peregrinaciones jubilares dentro de la propia Archidiócesis compostelana y lograr una mayor presencia de las diócesis de Galicia, al tiempo que lanza varios mensajes a los demás obispos españoles".

Este cardenal y arzobispo Martín Herrera de la Iglesia emprendería una labor de la revitalización de las peregrinaciones a principios del siglo XX que alcanzó notable éxito y que, si bien no tuvieron una inmediata continuidad en cuanto a éxito y afluencia, fueren el precedente de los Xacobeos a finales de la misma centuria que supusieron la recuperación de muchas históricas rutas jabobitas:
"El cardenal Martín Herrera hizo casi obligatorias y, por lo tanto, muy concurridas, las peregrinaciones desde su Archidiócesis. Logró también implicar a las demás diócesis gallegas, que enviaron a Santiago multitudinarias peregrinaciones. No tuvo tanto éxito en el exterior. Las peregrinaciones procedentes del resto de España y del extranjero fueron muy pocas, aunque en varios casos resultaron ser las primeras de la historia contemporánea. Ayudó a ello la mejora de los transportes: casi todas llegaron en tren a la ciudad. Nadie pensaba por entonces en volver al Camino y a la peregrinación a pie. 
Durante el mandato de Herrera se produce otra novedad: los primeros intentos del mundo civil de aprovechamiento de esta celebración como recurso de promoción económica y turística. El más sonado fue la Exposición Regional Gallega de 1909 en Santiago, proyectada pensando en que pudiese aprovecharse del rebufo de la afluencia jubilar". 

El siglo XX puede dividirse en dos partes a causa de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial con sus altamente conflictivas preguerra y posguerra:
"Tras la Guerra Civil española se imponen las peregrinaciones promovidas por el nuevo régimen político-militar, que utiliza la figura de Santiago como renacido símbolo patrio y unificador. Por paradójico que parezca, esta instrumentalización hace que lleguen desde toda España un gran número de peregrinaciones, casi siempre muy concurridas. En este contexto, también se toman las primeras medidas para la revitalización del antiguo y olvidado Camino de Santiago. Gracias a los jubileos de 1943 y 1948 nacen las primeras iniciativas de estudio de su ruta. Se pretende reactivar como recurso religioso-cultural, como un ejemplo histórico de España a Europa, no como una senda viva de nuevo. 
El Año Santo de 1954 será el primero con dimensión internacional y una incipiente promoción en el extranjero. Relevantes prelados de todo el mundo se concentran por vez primera en Santiago y llegan las primeras peregrinaciones extranjeras con cierta continuidad. Se debió en gran medida al influyente arzobispo Fernando Quiroga Palacios. 
Este cardenal gallego apuesta por una orientación ecuménica que refuerza en el Jubileo de 1965, siguiendo el camino del concilio Vaticano II y el de un naciente espíritu europeísta de raíz cristiana que veía en Santiago y su Camino una de las raíces comunes. Era la manifestación de un interés continental latente, sobre todo en ciertas elites informadas, que había comenzado a manifestarse a finales del siglo XIX en FranciaItaliaAlemania, etc. 
El Año Santo de 1965 es singular también porque el poder civil adquiere un protagonismo organizativo paralelo a la estructura eclesiástica que, con mayor o menor fortuna, llega hasta el presente. Entre las iniciativas civiles pioneras que toma el Gobierno español ese año sobresale la primera campaña de promoción cultural y turística de la historia jubilar. Se desarrolla en España y otros países y alcanza por primera vez al Camino Francés, en una línea de acción que inspiraría la acción gubernamental en 1971, 1976 y 1982. Se crea también en Santiago la primera infraestructura específica de acogida para peregrinos.  
La consecuencia más evidente de estas iniciativas, unida a la mejora de la situación socioeconómica española e internacional y a una mayor apertura del régimen político, es que los visitantes jubilares dejan de contarse por cientos de miles para hacerlo por millones. Según los datos oficiales, la barrera del millón de peregrinos y visitantes se rompe en 1965. La culminación de este período jubilar llega en 1982 con la visita del papa Juan Pablo II, el primer pontífice que, como tal, peregrinaba a Santiago y que lo hacía, además, en año santo. Hizo, desde Compostela, un llamamiento al reencuentro espiritual de Europa, poniendo como ejemplo la Ruta Jacobea. Fue crucial por el alcance de su voz. Desde el marco político supuso, por el contrario, el último suspiro de un largo período. El de 1982 fue el primer Año Santo de la democracia -la dictadura había terminado en 1976- y de las comunidades autónomas, pero en líneas generales se mantuvo la estructura organizativa civil, ya en decadencia, de los jubileos anteriores."

Llegaríamos así al famoso Xacobeo'93 con el renacer de las peregrinaciones o, al menos, del paso de gentes por los caminos de Santiago, movidos por diferentes motivos al calor de las circunstancias de la época y de la promoción institucional nacida tras la decisión de aportar un nuevo aliciente y polo de atracción a continuación de los grandes eventos españoles de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla de 1992:
"Será en el Año Santo de 1993 cuando se produzcan los mayores cambios en la difusión y organización jubilar y en su proyección exterior. Las claves de esta nueva realidad, que continuó en los jubileos de 1999 y 2004, hay que buscarlas en el dinamismo general posibilitado por el afianzamiento de la democracia y de las comunidades autónomas en España -el gobierno gallego convierte en programa estrella la promoción turístico-cultural internacional de este evento- la aceleración del proceso de unidad europea y el eco provocado por las visitas a Compostela del papa Juan Pablo II en 1982 y 1989, en este caso con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. 
A esto se añadió la predisposición de las nuevas sociedades occidentales a la busca de alternativas existenciales para su tiempo de ocio y turismo y los numerosos reconocimientos europeos al Camino de Santiago. 
En este proceso no faltaron puntuales críticas de la Iglesia católica a la intensa acción política, que promocionó el acontecimiento como un evento turístico-cultural internacional paralelo a la celebración religiosa. La iniciativa del proceso la tomó Galicia, como sede de la ciudad compostelana, a través del programa promocional Xacobeo 93. Fue la primera vez que el poder civil no utilizó la denominación eclesiástica. 
Sobresalió la apuesta por dotar de servicios al Camino, que desde los años ochenta volvía a contar con peregrinos. Se creó la primera red de albergues públicos y se mejoraron distintos tramos de la Ruta. En Galicia se desarrolló un amplísimo programa cultural y de espectáculos en el que participaron algunos de los artistas más conocidos del mundo. La Iglesia, a pesar de contemplar con buenos ojos el empuje civil, temió la pérdida del protagonismo religioso a favor del turismo. 
Sin embargo, este combinado de celebración religiosa y turístico-cultural, que se prolongó en los Jubileos siguientes -1999 y 2004- fue decisivo para convertir en permanente la afluencia por el Camino, el elemento más atractivo de la propuesta -se llegó a ver con preocupación su saturación en puntos y momentos determinados- al tiempo que universalizó el excepcional patrimonio religioso, cultural y socio-económico del mundo jacobeo. 
En los tres últimos años santos no hizo sino aumentar de manera espectacular la presencia de extranjeros, tanto en su vertiente religiosa como turístico-cultural. 
Del grado de colaboración y sensibilidad de la sociedad civil, imprescindible en el proceso, y los poderes eclesiástico y político en los ámbitos locales, autonómico, estatal y europeo dependerá en gran medida la continuidad en el siglo XXI de este ecuménico renacer. 
Pero quizá algo continúe sin cambiar: los años jubilares, con su regularidad en el tiempo, serán una cíclica llamada de atención a la relevancia de acervo jacobeo como espacio de encuentro en los caminos de Europa."

De todas maneras, antes del espaldarazo de las instituciones civiles y eclesiásticas, a nivel no solo gallego y español (ayuntamientos, autonomías, ministerios, estamento eclesiástico, empresarial, etc.) sino también internacional, llevaban décadas no pocos entusiastas, no siempre bien comprendidos y no pocas veces contestados


Además de estudiosos e investigadores que siempre mantuvieron viva la llama de los estudios jacobeos, algunos escritores glosaron, novelaron, publicaron del Camino, o los caminos, con diferente éxito y trascendencia, si bien suele citarse por su repercusión a Álvaro Cunqueiro, quien narró trazados y peripecias de algunos de los últimos peregrinos a pie de los años inmediatos a la posguerra en una colaboración con el entonces Ministerio de Información y Turismo para el Año Santo de 1965 con una serie de artículos para el periódico El Faro de Vigo


Surge así la figura fundamental y determinante del párroco de O Cebreiro Elías Valiña Sampedro, que con sus célebres flechas amarillas pintaría el llamado Camino Francés (realmente todos los caminos de allende los Pirineos eran llamados así, no solo uno, como ahora ocurre oficialmente) desde los pasos pirenaicos, que tal vez sea por lo que más se lo recuerda, pero también escritor de guías prácticas para el peregrino a pie y promotor del Congreso Internacional de Jaca que se celebró en 1987 dos años después de su muerte, el cual supuso una coordinación del incipiente asociacionismo jacobita


En torno a él y/o inspirados por él acometieron una ingente labor los primeros entusiastas en base a cuyo trabajo y tesón, recordamos que no siempre apreciado ni mucho menos, se basaría el apoyo institucional que ha llegado a nuestros días, si bien, en el momento de escribir estas líneas, el fenómeno de las peregrinaciones ha entrado en una nueva fase de masificación y turistificación, sobre todo en las etapas finales de algunos caminos, que viene planteando serios problemas de convivencia en lugares como este casco histórico de Santiago pero también en no pocas poblaciones y tramos de bastantes rutas


Esta es la verja colocada en 1744 que cierra el pasillo formado entre la fachada barroca y el acceso a la girola y altar mayor a través de la puerta propiamente dicha, abierta en la antigua fachada románica


Aquí se conservan aún un sepulcro y algunas laudas del antiguo cementerio aquí existente. Observemos el ábside y absidiolo románicos, los cuales quedaron integrados en la reforma y ampliación barroca o, como se suele decir 'encapsulados'. A la derecha, en el ábside central, se encuentra la capilla del Salvador. A la izquierda en el absidiolo está la de San Pedro


Ventana de arco de medio punto sin filigranas que se apoya en sendas columnas de capiteles labrados, el de la derecha con un animal mitológico y el de la izquierda con temas vegetales


Más ventanas románicas, algunas cegadas, en la parte superior, junto con los añadidos de las reformas barrocas que rematan el ábside a base de balaustrada y pináculos


Estas partes románicas del templo corresponden a la primerísima fase de la construcción del templo románico que comenzaron en 1075 con el obispo Diego Peláez y quedaron paralizadas momentáneamente tras su destitución en 1088 y anteriores por tanto a la revitalización de las mismas con el famoso Diego Xelmírez, quien sería el primer arzobispo compostelano, bajo cuyo mandato se acometieron la mayor parte de los trabajos de edificación, explican en Xacopedia:
"El sistema de cubiertas de las tres capillas es idéntico: bóveda de cañón en su primer tramo y bóveda de horno o cuarto de esfera en el remate semicircular de cada una. Las tres fueron levantadas por un taller de cincuenta operarios dirigidos por los maestros Bernardo el Viejo y Roberto, responsables de la primera campaña constructiva del templo. La consagración de los altares se demoró hasta 1105, ya en época de Gelmírez, debido a diversos problemas de administración derivados de la deposición del obispo Diego Peláez ordenada por Alfonso VI. 
En la plasmación de los alzados arquitectónicos de esta primera etapa constructiva y en su decoración escultórica se han apreciado influencias estilísticas procedentes de varias corrientes del románico hispánico y francés, en particular Saint-Sernin de ToulouseConques, Saint Sever y la catedral de Jaca.





Ventana románica del absidiolo con un guardapolvo a manera de arco exterior que presenta cincelados una continuidad de pequeños rectángulos. Estas filigranas formaban parte de recursos decorativos que en origen pudieron transmitir sensaciones y conceptos de repetición, movimiento, equilibrio, eternidad...


Los canecillos que sostienen el alero del tejado presentan también diferentes motivos, al igual que el capitel de la columna que hace de apoyo o contrafuerte. Si bien algunos elementos románicos, sobre todo al exterior, desaparecieron o quedaron ocultos, otros pervivieron encajados en el edificio barroco


En el interior, la Porta Santa da acceso a la girola o deambulatorio entre las citadas capillas de San Salvador y San Pedro, flanqueadas por otras dos estatuas del antiguo coro medieval de piedra: una del profeta Ezequiel y otra del apóstol Judas Tadeo, así como dos pilas de agua bendita donde los peregrinos mojan los dedos para santiguarse tras pasarlos por las pequeñas cruces esculpidas en las jambas de la Puerta. Proseguimos con nuestra lectura de la Xacopedia:
"en su parte superior muestra una inscripción en latín en la que se lee que esa “es la casa de Dios y la puerta del cielo” (Génesis, 28, 17) y una vidriera (1896) de Santiago peregrino. A ambos lados aparecen las esculturas del profeta Ezequiel y del apóstol Judas Tadeo, ambas procedentes del desaparecido coro pétreo medieval. 
La historia reciente de la Puerta Santa la escribieron los millares y millares de peregrinos que hicieron interminables filas para entrar por ella, pero también algún hecho lamentable, como el atentado sufrido por una de sus esculturas en 1982 
En los últimos años sólo se intervino para dotarla en 1992 con una nueva hoja de madera que se pudo contemplar durante los años santos siguientes. La realizó el escultor gallego Francisco Leiro. Representó en ella la tradición de la translatiola llegada por mar a Galicia de los restos mortales del Apóstol. No todos lo consideraron un mensaje idóneo a la simbología de rito de paso atribuida a la famosa Puerta Santa. 
Con vistas al año jubilar de 2004, en diciembre de 2003 se instaló una nueva hoja, visible en este caso desde el pórtico exterior cuando el conjunto está cerrado. La financiaron una treintena de empresas y comerciantes compostelanos y está formada por seis relieves en bronce con imágenes de la vida de Santiago. Su autor fue el escultor compostelano Suso León. La usada anteriormente de forma habitual era, sin duda, modesta y poco agraciada."
Foto Galicia@Press

Y esta es una foto de la Porta Santa también desde el interior con motivo de su apertura la víspera del primer día de un Año Santo Compostelano, cuya celebración, otorga la indulgencia a todos aquellos fieles que cumplan estas condiciones, que recogemos de Wikipedia:
"1- visitar la catedral de Santiago de Compostela, en GaliciaEspaña; 
2- rezar alguna oración (al menos, el Credo o el Padrenuestro) y pedir por las intenciones del Papa. Se recomienda también asistir a la Santa Misa; 
3- recibir los sacramentos de la penitencia y de la comunión; es decir, confesar y comulgar (en los quince días anteriores o posteriores a la visita de la catedral).
Es costumbre, además, acceder a la catedral atravesando la Puerta Santa que se abre únicamente con ocasión de esta solemnidad. 
Por mediación de la Iglesia, el jubileo otorga a aquellos fieles dispuestos que cumplan con las condiciones enumeradas, la gracia de la indulgencia plenaria (completa) o remisión de la pena temporal que merecieran los pecados por ellos cometidos".
Apertura de la Porta Santa. Fuente: Xacopedia

Juan Conde Roa nos describe de forma amena este tránsito de la Porta Santa hasta el interior de la catedral y la historia de sus componentes y razón y características de sus rituales de apertura en los años santos:

"Al aproximarse a la verja, realizada en el siglo XVIII, se ven, a derecha e izquierda los muros de las primitivas capillas. Y su se mira hacia arriba, se contempla la arquitectura románica de la catedral, hoy un tanto oculta por las ampliaciones barrocas. Arte románico y contemporáneo estarán unidos siempre en este espacio, ya que la última aportación artística a la catedral fue realizada en 1993, al tallar el escultor Francisco Leiro una puerta de madera de cedro que se coloca en el hueco que deja la puerta Santa cuando ésta se derriba cada año santo. En dicha puerta está tallado el traslado en barca del cuerpo del Apóstol desde Palestina a Padrón por sus dos discípulos.

El día 31 de diciembre del año anterior al año santo se celebra el ceremonial de apertura de la puerta Santa. Ésta se halla tapiada con pequeñas piedras que se derriban al tercer golpe de martillo que realiza el maestro de ceremonias. Al mismo tiempo que da el primer golpe, el maestro dice: "Abridme las puertas de la casa en que habita el justo". En el segundo golpe dice: "Entraré en tu casa, Señor". Y en el tercero: "Abrid las puertas que el Señor está con nosotros". La pared se derriba y la gente se agolpa para recoger algún trozo de la misma, sin valor alguno, ya que es levantada días antes. La puerta Santa estará abierta todo un año."

Comparto un vídeo de mi canal de YouTube entrando por la Porta Santa hacia la Girola y el camarín del Altar Mayor para el ritual del Abrazo al Apóstol y posterior visita a la cripta donde están sus restos. La tradición del Abrazo al Apóstol de documenta desde el siglo XIII aunque con algunos pequeños cambios hasta nuestros días. Volvamos a la Xacopedia:
"El más emocionante y antiguo de los actuales ritos jacobeos en Santiago de Compostela es el llamado abrazo al Apóstol. Se constata desde el siglo XIII, tras el remate de las obras de la catedral (1211). Su destinatario es la estatua románica de Santiago situada en el espacio conocido como el camarín del Apóstol, que se eleva en la parte posterior del Altar Mayor de la basílica desde el XVIII, justo sobre la cripta que contiene la urna de las reliquias de Santiago. Esta imagen sedente, conocida popularmente como el Santiago del abrazo y atribuida a alumnos del taller del maestro Mateo, mira a vista de pájaro hacia la grandiosidad de la nave central de la basílica, como el propio peregrino, que la abraza por la espalda, como por sorpresa, cruzando su cabeza a ambos lados de la imagen. Por unos segundos el recién llegado comparte con el Apóstol una visión de panorámico dominio, casi mágica. 
Es un rito surgido del afán popular por sentir la cercanía física de Santiago tras el esfuerzo de la peregrinación. No es necesario para ganar el jubileo. Sólo compiten con él la imposición de manos en la columna del parteluz del Pórtico de la Gloria -suspendido en 2007 para proteger de su acelerado deterioro este conjunto único- y el ritual de paso por la Puerta Santa -sólo realizable durante los años jubilares- ambos también en la catedral. Pero ninguno de los dos tiene la antigüedad y, sobre todo, la fuerza emotiva del abrazo. 
Para los peregrinos con motivaciones religiosas simboliza la acogida amable -se intuye en la imagen de Santiago una leve sonrisa- comprensiva e íntima, a pesar de su carácter escénico, hecha desde el lugar más privilegiado del templo, sobre el sepulcro del santo y con el Altar Mayor y la nave central abriéndose a sus pies. Es un momento de triunfo, un instante de secreto gozo y de esperanza para cualquier peregrino o peregrina, sea o no creyente. 
Para muchas personas es la ocasión idónea para musitar -casi siempre con rapidez, porque lo normal es que alguien esté ya esperando su vez justo detrás- alguna súplica o deseo. Para otras, son unos segundos de una inusual emoción. Sea como sea, es difícil no sentir la indefinible fuerza del abrazo, ya sea por el propio lugar, por la intensidad simbólica de la llegada, reconcentrada en ese instante, o por ambas cosas".

En nuestras entradas de blog correspondientes a nuestra visita al interior de la catedral nos extendemos más en la historia del ritual, la imagen de Santiago, el camarín y el altar mayor al igual que la cripta apostólica. Vamos a continuar nuestro itinerario ahora pasando de la Porta Santa a una de las llamadas 'puertas menores de la catedral', acceso a la sede de la Archicofradía Universal del Glorioso Apóstol Santiago, "en la que se agrupan entidades jacobeas de diversos países dedicadas al momento de las peregrinaciones", como nos dice el historiador Manuel F. Rodríguez en su libro Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta. Nos cuenta de ella y de su historia la Xacopedia:
"Es una entidad surgida en Santiago de Compostela en el año 1499 para canalizar las donaciones y limosnas de la construcción del Hospital Real de peregrinos y enfermos promovido por los Reyes Católicos en la actual praza do Obradoiro. Hasta 1942 tuvo la consideración de cofradía. 
Tras la construcción del gran hospital (s. XVI), la entidad entró en una larga crisis hasta casi llegar a desaparecer. Revivió en los años treinta del siglo XX como abanderada de la esencia más tradicionalista del acervo jacobeo frente al laicismo de la República española. 
Todo cuanto tenía que ver en los años treinta y posteriores con el Apóstol, los años santos y la defensa de trasnochados privilegios santiaguistas tuvo como gran defensor y promotor a esta cofradía. Cuando el Gobierno de la República renunció en 1934 a realizar la ofrenda del 25 de julio al Apóstol, tradicional privilegio de una monarquía española que en ese momento no existía, fue esta entidad quien impulsó y dio continuidad a la ceremonia. 
Especialmente combativa se mostró en los años santos de 1937 y 1938, con entusiastas iniciativas de todo tipo que relegaron la figura del arzobispo, Muniz de Pablos, a un segundo plano. Todos los desvelos se vieron recompensados cuando en julio de 1937 el general Franco restauró la Ofrenda Nacional al Apóstol y declaró fiesta nacional el 25 de julio, día de Santiago. 
En 1942 el papa Pío XII elevó la entidad a archicofradía universal, lo que le daba derecho a agrupar a otras cofradías semejantes de cualquier parte del mundo. 
Ya con este título, pretendió mantener el activismo que le había reportado los éxitos señalados, pero, por diversas causas relacionadas con la nueva coyuntura político-social, tuvo una presencia menos decisiva en los jubileos de 1943, 1948 y 1954, para caer en un estado de hibernación en los años siguientes. 
A las puertas del Jubileo de 1993 la entidad se reactivó con el apoyo expreso del arzobispo Antonio María Rouco Varela. Actualizó sus estatutos (1992) y protagonizó la última y simbólica peregrinación de ese año. También volvió a poner en circulación la revista jacobea Compostela, creada en 1948 y desaparecida unos años después. 
Defensora como antaño de las esencias más tradicionales del mundo jacobeo en general y del jubilar en particular, a finales de 1999 realizó un llamamiento en el que suplicaba que se diferenciase con claridad entre el año santo y la programación civil organizada en torno a la celebración -Xacobeo 99-. En los últimos años ha logrado agrupar a cofradías y cofrades seglares de distintos países -FranciaAlemaniaSuiza, etc-. Su sede está en la catedral compostelana, con acceso por la praza da Quintana".


Es una puerta que se hace dentro de todo el contexto de la magna obra barroca de esta fachada de A Quintana de la que nos cuentan asimismo en la imprescindible Xacopedia:
"...haciendo esquina, va a quedar un espacio utilizado para la recepción de la comunión de los peregrinos y fieles que se concentraban durante los años santos en A Quintana. A finales del siglo pasado se abrió en él la Oficina del Peregrino, hasta que la gran afluencia obligó a buscar en 1993 unas dependencias más amplias en la cercana casa del Deán. Actualmente el lugar está ocupado -como ya lo había estado en algún momento anterior- por la sede de la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago, que agrupa a cofrades jacobeos de todo el mundo".

Seguidamente, la plaza se ensancha unos metros en este rellano delante del Pórtico Real, que "es una fachada creada para mejorar la imagen de la catedral en el siglo XVII", nos cuenta Manuel F. Rodríguez, quien añade:
"Su puerta conduce a la tienda oficial de recuerdos de la basílica, desde la que se puede entrar en su nave sur. Presidido por un escudo de la monarquía hispana, se concibió como acceso solemne para el tránsito, desde el templo a la plaza de A Quintana, de procesiones y grandes ceremonias"

También llamada la Puerta Real, y considerada la primera intervención barroca en Compostela, fue proyectada por el canónigo Vega y Verdugo y ejecutada por José de la Peña de Toro a mediados del siglo XVII, a quienes se debe toda la obra de la primera planta, pues la parte superior se atribuye a Domingo de Andrade


Es efectivamente en nuestros días la Tienda Librería Catedral de Santiago / Official Cathedral Bookstore, tienda oficial catedralicia con productos exclusivos y librería sobre Santiago. De esta puerta salen el 24 de julio, víspera de la fiesta de Santiago, el Coco y la Coca, dos xigantes de las fiestas patronales, con todo su séquito de personajes, quienes dan tres tres vueltas alrededor de la plaza antes de su festivo periplo por las rúas de Compostela

El Coco y la Coca. Foto Ksado

La referencia más antigua al Coco y la Coca es del año 1508 si bien las actuales se las tiene por obra del escultor Mateo de Prado, hechas entre 1653 y 1658, las cuales formaban parte de un grupo de ocho figuras en total que representaban, por parejas, a los peregrinos que venían de romería a Santiago de Compostela desde los cuatro continentes entonces estipulados, pues según los conocimientos geográficos de la época se excluía a Oceanía

Foto: Estela Vilasó

Causaban gran expectación, sobre todo en los niños, y se asegura que incluso bailaban en el altar mayor al son de la gaita, según recordaba el artista y ex-concejal Xosé Baqueiro en El Correo Gallego del 22-7-2022. En la web de Estella Vilasó se nos cuenta así de ellos:
"Entre las figuras de cortejo que salían en las procesiones de Corpus gallegas, destacan por su abundancia las máscaras de carácter diabólico (gamachiños, céntulos, fetoyros, fenos) así como figuras portantes de gigantes y cabezudos que están documentadas por todo el país hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX aunque en la actualidad hayan desaparecido casi completamente. 
En las últimas décadas ha habido algunas recuperaciones no siempre afortunadas, pero de las figuras tradicionales sólo subsisten los gigantes compostelanos, el Coco y la Coca, trasladados del Corpus a las fiestas del Apóstol Santiago (24-25 de julio). 
La mayor parte de las noticias documentales sobre la presencia de gigantes y cabezudos en el Corpus gallego son tardías (de los siglos XVIII y XIX) pero algunos indicios permiten pensar que existieron desde mucho antes. La primera referencia a los gigantes del Corpus aparece en Santiago en 1660, año en el que constan las Actas capitulares y en el Libro de Fábrica de la Catedral compostelana pagos al escultor Mateo de Prado por los moldes «para ocho gigantes del Corpus». 
Dañados probablemente en el incendio que sufrió la Catedral en 1753, los gigantes compostelanos fueron recompuestos casi completamente en 1757 por el arquitecto Clemente Fernández Sarela, ya que trasladados a las fiestas del Apóstol, continuaron saliendo hasta los años 30 del siglo XX, quedando en la actualidad el Coco y la Coca".

"Sobre el dintel se encuentra un escudo real enmarcado por la típica decoración de sartas de frutas, sello inequívoco de la intervención de Andrade", asegura Juan Conde Roa


Arriba, en el balcón, hay una puerta hoy día vacía, pero que no ha de pasarnos desapercibida


En ella reconocemos representaciones a los lados de espadas y lanzas entrecruzadas, así como armaduras, en franjas verticales y, a continuación, de nuevo sartas de frutas a derecha e izquierda


En esta puerta llegó a haber además antaño dos estatuas ecuestres de Santiago, una obra del mencionado artista compostelano Pedro del Campo y otra del gallego de Noia Diego Fernández de Sande


Sobre el dintel una inscripción menciona el final de la obra en 1700 y alude a Santiago como 'patrón y protector de Hispania': DOM HISPANIA PROTE CTORI SACRVM 1700


Aquí a la derecha de la Puerta Real es donde por las noches se aparece el famoso Fantasma del Peregrino, el cual se forma por un capricho de las sombras, producto de la iluminación nocturna sobre el pináculo de piedra que forma parte de la toma de tierra de uno de los pararrayos de la catedral, situado en este ángulo entre el Pórtico Real y el edificio de la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago


Manuel F. Rodríguez se refiere a él como "El Peregrino Escondido, el peregrino de A Quintana o el peregrino desconocido. Son diversas las leyendas que acumula. Para algunos es el alma de un peregrino que se quedó para siempre en la catedral y vaga eternamente ante ella. Para otros el halo de misterio que acompaña a los caminantes a Compostela".


Una tradición afirma que es el alma de un peregrino enterrado en el viejo camposanto que aquí se ubicaba, en la Quintana de Mortos, alguna de cuyas sepulturas o sus laudas se conserva en el tránsito de la Porta Santa, como hemos visto


Otra tradición fantástica afirma que es la aparición de un fraile que, enamorado de una de las monjas del monasterio de San Paio de Antealtares, le propuso, en una de sus citas secretas, facilitadas por un supuesto pasadizo subterráneo que comunicaba la catedral y la plaza, escaparse los dos juntos, quedando para ello en este lugar una noche acordada. Ella no acudió a la cita y él, ataviado con capa, sombrero y bastón de peregrino, disfrazado para pasar desapercibido, sigue todas las noches presentándose a esperarla desde entonces, incluso después de fallecido, ya en forma de espíritu


Otra leyenda relaciona esta sombra con la del peregrino francés Leonard du Revennant, condenado a muerte en el siglo XV por asesinar a su padre, destacado miembro de la nobleza parisina, con la intención de heredarle antes de tiempo. Su pena fue conmutada por el Duque de Borgoña (quizás su verdadero padre biológico) a cambio de la de peregrinar a Santiago que entonces, aunque preferible a una pena capital, era una peligrosa peripecia de la que muchos no volvían. Con ello podría recuperar su honra y herencia


Pero el Leonard peregrino no tardó en volver a las andadas, sucumbiendo a la belleza de una posadera del Camino, asesinando a su novio y luego violándola y matándola a ella. Se dictó su persecución, pero escapó ataviado con el hábito de monje franciscano y pudo llegar a Santiago de Compostela, aunque hallando todo cerrado, por lo que decidió dormir aquella noche acurrucado en este lugar, esperando por el amanecer para que abriesen la catedral y entrar a ganarse indulgencia y perdón.


Entonces repentinamente se le apareció el espíritu de su padre, quien le dijo que por su parte estaba perdonado, al haber cumplido la peregrinación impuesta pero que, en pena por el crimen de los dos jóvenes, permanecería para siempre en este lugar hasta que las almas de los asesinados peregrinasen, como él, a la ciudad del Apóstol. El hijo, asustado, blandió la espada que llevaba oculta en sus ropajes y atacó al ánima de su padre, pero solo consiguió clavársela mortalmente a él mismo. Desde entonces, el espíritu de Leonard du Revennant permanece en este sitio, esperando por que algún día las almas peregrinas de sus víctimas lleguen a Santiago, librándole de la maldición de su padre


Hace poco oímos personalmente una nueva versión de la sombra, asombrosa y sorprendente, que no sabemos si es antigua o una elaboración moderna. Sacando fotos en la plaza al espíritu del peregrino un grupo de personas pasa al lado nuestro y la ve sin apenas detenerse. Entonces uno de ellos les dice a sus acompañantes: "¡Mirad, ahí está el Apóstol Santiago!"


Y aquí, un vídeo del Fantasma del Peregrino Peregrino Escondido


En la fachada y entre sus poderosas columnas, vemos, a la derecha de la puerta y entre las ventanas de la primera y la segunda planta, un medallón labrado


Es una representación del Arca Marmórica o sepulcro de mármol de los restos del Apóstol con la estrella de Santiago, símbolo de la ciudad que veremos por doquier


A la izquierda de la Puerta Real y al pie de A Berenguela o Torre do Reloxo veremos más escudos. Por aquí podemos salir a la Praza das Praterías, la de los antiguos plateros algunos de los cuales siguen teniendo en ella sus tiendas. Al fondo es la Torre del Tesouro, construida como su nombre indica para albergar el tesoro de la catedral. Forma parte del pórtico renacentista-plateresco del que los arquitectos Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón (quien proyectó esta torre) serían algunos de sus artífices, poniendo la primera piedra en 1521 el arzobispo Alfonso III de Fonseca, quien lo auspició. De ambas torres hablamos extensamente en las entradas de blog referidas a esta plaza vecina y a la de O Obradoiro


Escudos catedralicios con la concha y la cruz de Santiago y escudos arzobispales


Los arzobispos añaden a la heráldica familiar la mitra y símbolos de su cargo


En cuanto a la Torre do Reloxo y dentro del debate sobre su autoría, o sucesivas autorías, Manuel Chamoso Lamas asegura que la comenzó el arzobispo Rodrigo del Padrón en 1316, quien terminaría su primer cuerpo y, más tarde, la fortificaría el citado Berenguel de Landoira. A continuación llegaría la fase Alonso II de Fonseca (padre de Alonso III de Fonseca, el de la obra del claustro). "Al gran arquitecto Domingo de Andrade estaba reservado crear la más monumental y bella de las torres, la cual construyó de 1676 a 1680". La Xacopedia sigue esta misma cronología constructiva:
"Famosa torre de base gótica y culminación barroca de la catedral de Santiago de Compostela, donde se sitúa la campana principal del templo, muy vinculada a los peregrinos históricos y conocida popularmente como la Berenguela. Recibe esta denominación de la propia torre, por haber sido concluida como conjunto defensivo durante el mandato del arzobispo francés Berenguel de Landoira. Las obras las había iniciado su antecesor Rodrigo del Padrón, ambos en las primeras décadas del siglo XIV. Se ha conocido, además, como torre de la Trinidad. Su altura es de 72 m. 
La actual estructura de la torre, que mira a las plazas de A Quintana y As Praterías, punto habitual de entrada en el templo de los peregrinos procedentes del sur de España, la levantó el gran arquitecto Domingo de Andrade entre los años 1676 y 1680 sobre la base gótica del siglo XIV. El resultado fue la que está consideraba como una de las torres más hermosas del mundo"

Manuel F. Rodríguez cataloga también a la Torre do Reloxo o del Reloj como "la más admirada y bella de la basílica" con sus 72 metros de altura y a la que "popularmente se la conoce en Santiago como A Berenguela, porque su cuerpo interior, gótico y surgido como torre defensiva, se atribuyó al obispo francés Berenguel de Landoira". La torre se remata en una bella cúpula y esta a su vez en una linterna, que en arquitectura es una construcción de forma circular o, como en este caso, poligonal, con ventanas en su perímetro que permite la iluminación y ventilación del interior del edificio


Esa cúpula permanece encendida en los años santos compostelanos y su suave luz es un signo externo de que se celebra el jubileo. Se ve desde buena parte de la ciudad y los alrededores, especialmente de noche, claro está, y es como un faro que indica a los peregrinos la catedral y tumba de Santiago. Su obra, pensada como una nueva torre de las campanas cuando la anterior perdió su razón de ser bélica, fue otro de los muchos encargos catedralicios al notable arquitecto Domingo de Andrade, quien la hizo realizad a mediados del siglo XVII, creando "una suerte de cuerpos decrecientes con toda suerte de motivos jacobeos -vieiras, personajes, cruces de Santiago-, escudos y una profusa decoración vegetal, típica del barroco compostelano", continúa Manuel F. Rodríguez


Andrade instaló en los ángulos templetes cupulados custodiando las cuatro esferas del reloj y el espacio central de las campanas. Esta parte superior hubo de ser reconstruida tras la caída de un rayo en 1731. En cuanto al reloj que le da nombre, este tiene cuatro esferas, una a cada lado, y su mecanismo actual data de 1831. Su característica fundamental es que solamente tiene la aguja que marca los minutos, ya que las horas lo hace el sonido de las campanas, pensado para que cualquiera, aún quienes no supieran leer, pudiese enterarse de la hora que es solo escuchando


Bajo el reloj, hay una gran cornisa y, bajo ella una ventana profusamente decorada con temas vegetales y, sobre el dintel, dos ángeles sostienen un medallón que representa al Arca Marmórica con la Estrella de Santiago sobre ella


Dentro de la torre hay dos campanas y la mayor es llamada también A Berenguela, "la más grande y famosa de la catedral y de la ciudad", advierte Manuel F. Rodríguez. Las primeras fueron donadas en 1484 por el rey de Francia Luis XI, que era muy devoto de Santiago, por lo que también se la llamo la Torre del Rey de Francia, llena de leyendas y donde se daban indulgencias a los peregrinos, como relata la Xacopedia:
"Las primeras grandes campanas que tuvo la catedral compostelana y la propia Torre del Reloj fueron regalo del que fue quizás el rey francés más devoto de SantiagoLuis XI. Este envía en 1483 a tres peregrinos en su nombre -su maître y dos consejeros- para que gestionen la instalación de dos campanas costeadas por él en la catedral, que serán transportadas por mar. Se colocaron al año siguiente en esta torre, que desde ese momento también se conoció como “torre del Rey de Francia”. La ofrenda de Luis XI dio lugar a que surgieran varias leyendas. Las escucharon y las cuentan los propios peregrinos".

En 1738 se instaló una nueva y enorme campana de 3 metros de diámetro que en la actualidad, agrietada, podremos ver en el claustro catedralicio. La actual Berenguela se fundió en Holanda en enero de 1990. El peregrino y clérigo borgoñés Domenico Laffi, quien peregrina a Santiago en 1666, 1670, 1673 y 1691, escribe de su segundo viaje la narración Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre per Francia e Spagna en la que, publicada en Italia en 1673 en Italia, asegura que eran tan grandes que se dejaron de tocar porque el estruendo provocaba que las embarazadas diesen a luz prematuramente. Abundan en ello los autores del Camino iniciático de Santiago, Juan Pedro Morín y Jaime Cobreros:
"Es tal su esbeltez que todavía se dice en Santiago a las mozas airosas "Vas feita una Berenguela. Aunque hace décadas que el badajo de la campana fue sustituido por uno de madera, pues el de bronce rompía los cristales y adelantaba partos, todavía impresiona oír las doce campanadas de la noche con las espaldas pegadas a la torre, subiéndose al banco de piedra corrido".

Parece además que Laffi en su relato confunde a Luis XI con Luis IX, rey anterior (también llamado San Luis), pues dice que cuando este llegó las campanas del rey de Francia sonaron por sí mismas, lo que de ser así tendrían que ser otras más antiguas. Lo cierto es que dicho monarca se le atribuye una peregrinación a Santiago, no demostradamente documentada, así como la fundación de la capilla del Salvador en la catedral, llamada a veces también 'del Rey de Francia'


Ahora vemos al fondo a la derecha otra de las torres del claustro, la Torre da Vela, que se hizo imitando a la Torre do Tesouro. Su nombre se debe a que en ella se colocaba un pendón a manera de vela durante las fiestas


Llegando a la balaustrada del Pórtico Real vemos varias imágenes de santos en la pared de A Berenguela


Para Chamoso Lamas esta torre significa "unidad, armonía, expresión de vida propia en un conjunto indivisible", mientras que Juan Conde Roa nos ofrece esta hermosa descripción llena de curiosidades:
"Andrade construye sobre la base medieval una serie de cuerpos superpuestos, enlazándolos sabiamente por medio de unos pequeños cupulines que amortiguan plásticamente el paso de una base de sección cuadrada a otra octogonal que tiene la parte superior.

El reloj de una sola aguja fue construid en Ferrol por Andrés Antelo en 1831, por orden del arzobispo Rafael de Vélez, según consta en una inscripción que se encuentra en el pedestal de una imagen del Apóstol situada encima de la maquinaria. La gran campana, la que marca las horas -cuyo peso se aproxima a las 14 Tm-, y la de los cuartos, fueron fundidas en 1989 en Holanda para sustituir a las anteriores, en silencio desde hace décadas y que hoy se encuentran en el claustro de la catedral".

Ahora divisamos al fondo a la derecha la conocida como Torre de las Campanas de la catedral en la fachada occidental, sobre la Praza do Obradoiro. Allí estaba la vivienda de los antiguos campaneros, como Ricardo Fandiño Lage, que lo fue de 1942 a 1962, residiendo allí arriba en una pequeña morada con su mujer y sus tres hijos. Incluso había gallinas y un gallo que entonaba su kikirikí con la alborada, llegando a ser muy popular en Santiago. Ricardo, para llegar a fin de mes, añadía a su oficio el de sastre, llegando a ser entrevistado en 1968 por el Diario de Barcelona. Otro periódico, La Voz de Galicia, le dedica, con la firma de Nacho Mirás, el artículo Una familia en el tejado de la catedral, publicado el 27-9-2009:
"Ricardo Fandiño Lage lo anotaba todo. Y por eso están bastante bien documentados los veinte años que vivió -de 1942 a 1962- con su mujer y sus tres hijos en una pequeña casa construida sobre el tejado de la catedral de Santiago, el hogar reservado a la familia del campanero. En sus legajos hay dibujos, croquis, anotaciones a mano e incluso un día resumido, a máquina, en el anverso de un sobre del Banco de Bilbao. Y gracias a esos documentos y a sus hijos podemos saber, once años después de la muerte de Fandiño, cómo era la vida de los últimos seres humanos que residieron, literalmente, en los tejados de la catedral de Santiago, a cuarenta metros del suelo. 
«16 de enero de 1942. Entro de campanero cobrando 180 pesetas al mes. Era fabriquero don Antonio Villasante; deán, mi padrino, don Salustiano Portela Pazos; y tesorero don Claudio Rodríguez. En esta fecha, todos los empleados teníamos el mismo sueldo, 180 pesetas al mes». Fandiño, un joven sastre oriundo de Sobrado dos Monxes, hace su primera anotación a la edad de 28 años, y la acompaña de un documento oficial del Ayuntamiento de Santiago que da fe de su empadronamiento en la ciudad en 1940.

 Quizás sabía que era el último de un oficio condenado a la extinción; puede que por eso decidiera dejar su memoria por escrito. «La humedad era lo peor», cuenta Jesús Fandiño, hijo de Ricardo que, hasta bien cumplidos los veinte años, compartió con sus padres y con sus hermanos Ricardo y Feli la pequeña casucha que se ubicaba en el tejado de la catedral, junto a la torre de la derecha según se ve la fachada desde el Obradoiro. 
El mundo era diferente allá arriba, con unas vistas sobre la ciudad que hacían que uno fuese una especie de guardián de una atalaya de la cristiandad. Los Fandiño hacían su vida sobre las cabezas de los demás compostelanos; eran los compostelanos que más cerca estaban del cielo. Y eso era extraordinario. 
«La vivienda a la que fuimos tendría unos trescientos o cuatrocientos años -cuenta Jesús-con una cocina amplia, un comedor y dos habitaciones. Ahí estuvimos hasta que empezaron a remodelar los tejados, quitaron toda la teja, la porquería que había y nos trasladamos a Entrerríos». 
No solo vivía gente allá arriba. También había gallinas y un gallo que cantaba puntual cuando el sol comenzaba a asomarse por detrás de San Paio de Antealtares. El gallinero estaba instalado en una nave lateral, flanqueada por almenas, que se levanta muchos metros sobre el claustro. 
El quiquiriquí del gallo de Fandiño fue tan famoso en Compostela como su dueño. Y no había en todo el entorno unos huevos más santificados que los de las gallinas aéreas del campanero. 
«1943. Año Santo. El fabriquero Villasante me dio cinco pesetas por cada repique en las peregrinaciones oficiales que entrasen en la Catedral», recoge el sastre en sus anotaciones. 
«Lo de que matábamos un cerdo allá arriba es una leyenda urbana, seguramente eso lo hacía la persona que vivió allí antes que nosotros, el anterior campanero; pero es una leyenda bonita, así que no me importa que lo digan», explica Jesús Fandiño Vidal que, no obstante, precisa: «Lo que sí teníamos eran muchas palomas a tiro para comer». 
Ricardo se incorporó, primero, como campanero, al jubilarse su antecesor en el cargo, José María González. Pero como había que comer, y las 180 pesetas del sueldo estaban muy justas para llenar cinco barrigas, empezó a coger encargos como sastre en casa, primero en una habitación de la torre de la campana, junto a la vivienda, y a partir de 1961 unos pisos más abajo. «Con la misma habilidad y destreza que maneja las campanas, volteándolas con agilidad pasmosa, corta un traje de caballero de impecable línea», decía un reportaje publicado por el Diario de Barcelona en 1968. 
Al morir el sastre oficial de la catedral, Emilio Quinteiro, Fandiño pasa a ocuparse de los arreglos del clero. Lo malo es que el personal eclesiástico acostumbraba a abonarle el trabajo de palabra, con un «que Dios te lo pague, Fandiño», que no servía para comprar patatas en las tiendas de Santiago. Y así no había manera. Por eso siguió cosiendo para los hombres, y no para Dios. A diferencia del Quasimodo de Víctor Hugo, Fandiño existió de verdad".


Y ahí tenemos a su derecha de nuevo a su compañera la Torre de la Carraca y, más cerca, la linterna de la cúpula de la capilla del Pilar y el gran cimborrio catedralicio también con su linterna


Y esta es la sombra de todas esas torres proyectándose al caer la tarde en el gran muro de San Paio de Antealtares...


Una placa de piedra recuerda al Batallón Literario de estudiantes, armado en 1808 contra la invasión napoleónica, que fue creado en el seno de la Universidad de Santiago tras una reunión presidida por el arzobispo Rafael Múzquiz Aldunate. Al frente del mismo se nombró a Juan Ignacio de Armada Caamaño Ibáñez de Mondragón y Salgado de Sotomayor, marqués de Santa cruz de Rivadulla, quien tenía experiencia militar, y que mantuvo al batallón con su donaciones aparte de los aportes de particulares. El poder jerárquico universitario fue asumido hasta tal punto que fue nombrado doctor en todas las facultades para que pudiese mandar a los estudiantes, incluso con carácter hereditario


El batallón se formó en 42 días y se puso en marcha tras la bendición de la bandera presidido por el arzobispo, quien arengó a la tropa estudiantina. La bandera se conserva en la sala de juntas de la Facultad de derecho y presenta los escudos del antiguo reino de Galicia y de la Universidad bajo la corona real y con la inscripción

                                 AUSPICE DEO: PRO LIBERTATI REGIS
                                    PALLADIS LEGIO: ANNO MDCCCVIII

Asimismo los soldados llevaban una cinta con el lema:
"Por rescatar a Fernando y acabar con Bonaparte unióse Minerva a Marte"

Es digno de  mención que esta Quintana de Mortos inspiró a Federico García Lorca  su Danza da lúa en Santiago, uno de sus Seis poemas galegos, que también queremos compartir:
¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido,
negro de somas e lobos.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quén fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

Déixame morrer no leito
soñando con froles d'ouro.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ár do céo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d'imenso boi melancónico?

Nai: É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

íSi, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!
Podríamos traducirlo así:
¡Fíjate en aquel blanco galán,
mira su transido cuerpo!

Es la luna que baila
en la Quintana de los muertos.

Fíjate en su cuerpo transido
negro de sombras y lobos.

Madre: La luna está bailando
en la Quintana de los muertos.

¿Quien hiere potro de piedra
en la misma puerta del sueño?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de los muertos!

¿Quién se fija en mis grises vidrios
llenos de nubes sus ojos?

Es la luna, Es la luna
en la Quintana de los muertos.

Déjame morir en el lecho
soñado con froles de oro.

Madre: La luna está bailando
en la Quintana de los muertos.
 
¡Ay Hija, con el aire del cielo
me vuelvo blanca de pronto!

No es el aire, es la triste luna
en la Quintana de los muertos.

¿Quien brama con este gemido
de inmenso buey melancólico?

Madre: Es la luna, es la luna
en la Quintana de los muertos.

¡Sí, la luna, la luna
coronada de tojos
que baila, y baila, y baila
en la Quintana de los muertos!

Frente a la Casa da Conga se extienden amplias terrazas en la explanada


Ahí están, en sus soportales, el Café Bar El SantiaguésOs Croques bar de tapas y la crepería Cre-Cotte. A un paso de la rúa do Franco estamos acercándonos a la zona de vinos y tapas por excelencia de la ciudad


Un buen lugar para hacer un alto y descansar antes de continuar camino hacia la Praza das Praterías, donde la portada norte es actualmente la normalmente más empleada para entrar a la catedral del Santiago de Compostela, yendo por el transepto hacia el altar mayor y baldaquino y cripta del Apóstol, conociendo por dentro A Corticela y todas las demás capillas catedralicias, además del Pórtico de la Gloria, el claustro, las cubiertas de la catedral y todas sus maravillas históricas, artísticas y espirituales, También podremos ir por el Colexio de San Xerome, paso a la rúa do Franco, hacia la Praza do Obradoiro 


O también podemos hacer lo mismo pero a la inversa, retomando el Camino donde lo habíamos dejado, en la rúa da Acibechería y pasando a la Praza da Inmaculada entre el monasterio de San Martiño Pinario y la portada norte o antigua Puerta del Paraíso de la catedral dirigirnos a la Praza do Obradoioro que, como hemos dicho, se considera el kilómetro cero de la peregrinación...


































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