Eres el Peregrino Número

viernes, 9 de octubre de 2015

SUBIENDO A LA ESPINA (SALAS, ASTURIAS)

Subiendo a La Espina

Pasando bajo el puente que une el Palacio de los Valdés-Salas con La Torre de Salas hemos salido a La Plaza la Campa, corazón y centro de esta villa, la villa de Salas, uno de los grandes hitos del Camino Primitivo en Asturias, en medio del valle del río Nonaya, desde donde emprenderemos la subida a uno de los puertos de montaña más importantes de este histórico itinerario: La Espina.


Plaza la Campa, con bares que sirven comidas, sitos en el mismo Camino, albergue de peregrinos y también restaurante y hotel en el palacio.


El Camino desde la plaza continúa po la calle La Campa hasta la bifurcación del fondo, donde tomamos el ramal de la derecha por la calle Ondinas:


Placa de la calle Ondinas.


Al fondo ya adivinamos la profunda foz o estrechamiento del río Nonaya, por donde arrancará el primer trayecto ascendente.
 

La calle Ondinas son casas de una o dos plantas que se extienenden a ambos lados del Camino...


Al fondo vemos el viaducto de la célebre y semiparalizada Autovía de La Espina.


Ondinas, barrios de casas populares, transición entre lo urbano y lo rural, pues hay hórreos, setos, aceras... con el río Nonaya detrás de ellas y a nuestra derecha.

 
Ahí está la que fue la célebre panadería La Moderna, cuyo letrero aún aguanta el paso del tiempo...



El Camino, por las aceras, sigue un buen trecho llano.


Al fondo son las estribaciones orientales de La Sierra Bodenaya o Boudenaya.


Llegamos a la altura de la última casa, La Cañona.



En La Cañona, la última de las casas, dejamos la zona poblada y nos metemos entre algunas fincas por un entorno cada vez más boscoso, con setos silvestres de zarzas, helechos, arbustos...


Pasamos así bajo un castaño y encontramos La Fonte Paín, con algo de agua, restaurada en el año 2004.


Luego andamos junto a algunas fincas que caen hacia el río y plantaciones de eucaliptos, aunque predominan las especies autóctonas.




Estamos subiendo lentamente, al principio casi de manera imperceptible, cuando llegamos a las instalaciones de una mina de caolín abandonada, con sus instalaciones de silos y tolvas medio tragados por la vegetación.


Imágenes de una decadencia...


 Avanzamos en el estrecho valle que el  Nonaya forma entre La Sierra Boudenaya, a la izquierda, y la del Viso, a la derecha.


Estamos a la orilla misma del río...


Encantadoras pero frágiles pasarelas de madera dan paso a las fincas ribereñas, pero nosotros no hemos de ir allí para nada, sino continuar de frente sin pérdida, al principio con el sonoro ruido del Nonaya, que golpea los regodones de su cauce y lecho al bajar con fuerza de las alturas, río que vamos dejando abajo poco a poco...


Nosotros subimos.


En Nonaya queda abajo...


Estamos en un castañéu o castañar, donde además de castaños crecen carbayos y otros árboles, con más helechos en las veredas y musgo en las piedras de las murias...


Maravilla de la naturaleza que dan vista también a algunos peñones rocosos de la serranía, los cuales muestran sus aristas en el monte de enfrente, formando un precipicio sobre el río.


Intenso verdor y frescor dado por la buena sombra compensan el esfuerzo de la ascensión.


Aquí es donde verdaderamente empiezan a notarse las etapas "montañeras" que tanto caracterizan a buena parte del Camino Primitivo.


Por suerte, si hace sol, disponemos de buena sombra.


En lo más tupido del bsoque.


Vemos la pared de piedra sobre el río, hecha para este viejo camino que cayó en desuso con la construcción de las actuales carreteras, reuperado ahora en su faceta de ruta xacobea, pues por aquí pasaban arrieros y peregrinos en dirección a las ventas y fundaciones hospitalarias de La Espina.


Unos arbustos delatan que nos acercamos a un pequeño claro en el monte.


En este claro admiramos la frondosidad boscosa que cubre estos picachos, en la zona de La Penallonga, las colinas del otro lado...


Son las estribaciones de La Sierra del Viso, que se extiende hacia el oeste, como el Camino.


Atrás, más peñascales abruptos en Cabana Borra.


Abajo el río, oculto en las profundidades de la foz o estrechamiento aquí formado.


Adelante, volvemos al bosque...


Sigue la subida, de momento bastante llevadera y liviana.


Llegamos a un puente, el de Borra, construido entre los siglos XVII y XVIII cuando aún este era el camino existente para ir de Salas a La Espina, antes de la construcción de la carretera general.


 El puente salva un regato que desemboca abajo en el Nonaya, el cual solo parece llevar algo de agua en invierno o durante las lluvias.


En un nuevo claro nos parece vislumbrar más cerca el final de la subida, al menos en su "primera parte".


Vista atrás...


 Vista al suelo. La tierra y las piedras que se cubren de musgo...


Y seguimos subiendo...


Más peñas y monociltivos de especies arbóreas de crecimiento rápido.


Todo es verde...


Y se sube aún más, no es un desnivel pronunciado pero sí continuo:


Un poste señalizador nos confirma que vamos en buena dirección. Aquí, si lo deseamos podemos bajar a ver la casacada que hace el río, a 250 metros montaña abajo, pero recordando que luego hay que volver a subirlo todo.


La cascada del Nonaya.


Llegamos a zona de pinares, empezamos a ver piñas en abundancia esparcidas por doquier.


Unos metros de pedregal, un tanto incómodo de caminar.


Y más piñas por el suelo.


Camino encantado...


Las piñas...


Abajo el río forma una preciosa vega en las inmediaciones de la cascada.


Afloran también las raíces de algunos árboles en el suelo de tierra, más cómodo de caminar que el firme de piedras sueltas por el que hemos andado ahora.


Pronto llegaremos a otro puente, el de Carcabón, también fruto de los arreglos y mejoras efectuados en los siglos XVII-XVIII.


Vista al otro lado.


Aquí el ascenso va a ir pronto incrementándose.


Las flechas nos lo indican.


 De inmediato el Camino ganará altura en dos fuertes pendientes, haciendo dos revueltas en zig-zag, una seguida de otra, por firme pedregoso.


Un buena subida.


Y otra.


 Llegamos al final de la subida en un paraje con algo de matorral de toxo o cotolla, de amarillas flores, saliendo nosotros a la carretera cerca de una casa que fue bar antaño. Estamos en El Llanón, el nombre lo implica todo, tierra llana a media ladera de la montaña.


Enfrente hay una cantera, aunque lo malo ahora es que hay que continuar un tramo de unos 800 metros bien arrimados a la izquierda de la N-634, pues no hay apenas arcenes y hay que estar ojo avizor al paso de vehículos.


Una pena que en todos estos años no haya podido habilitarse aquí una senda o vereda peatonal, tal y como sí se ha hecho en otros lugares.


Caminando bajo Los Saraballones, estribaciones de la pared norte de La Sierra Bodenaya, llegamos a este caserón, entre la arboleda, Casa Servando. Poco más allá, en aquella curva del fondo estemos atentos a las señales, pues allí nos apartaremos del sufrido asfalto:


A la izquierda, antes del Puente Servando y poco después de la casa, tomamos este desvío.


El Camino inicia otra nueva subida...


Buena señalización.


La cima no obstante se percibe próxima.


 Cabañas de La Peña...


Volvemos a un trecho relativamente llano...


Flechas en los árboles.


Un pequeño claro en el bosque.


Sobre nosotros, el pueblo de El Couz, por donde continúa la carretera a La Espina.


Por aquí nace el río Nonaya, praderías abajo, entre los árboles ribereños, que vemos bien cuando el Camino se torna en pista anchurosa, pasando no muy lejos de la autovía, en dirección a Porciles.


Subiendo a Porciles, donde se acabará la cuesta.


Al oeste y sobre nosotros está Porciles...


A la izquierda y al sur, las alturas de La Sierra Bodenaya profanadas por los parques eólicos. Estampa que se repetirá hasta la saciedad a partir de aquí.


El Camino y arriba a la derecha: El Couz.


Bosques y praderías...


Hojas y bolas de acebo, por aquí llamado acebu, carrascu y xardón...


Por aquellas casas va la carretera. El Couz.


Un paisaje plenamente de bocage, grandes setos silvestres entre fincas y prados.


Casi siempre en ascenso desde Salas, no mentimos si decimos que nos da una gran alegría llegar a ver las primeras casas y hórreos del pueblo de Porciles en las estribaciones de la serranía. Porciles, un topónimo que volveremos a encontrar en otra aldea de la ruta y que hace referencia a porcos-puercos, cerdos salvajes, esto es, el jabalí, xabalín, xabaril o gochu montés.


Según subimos El Couz va quedando más atrás...


Ahora a nuestra derecha vemos Brañameana, por donde también va la carretera N-634 a coronar el Alto de La Espina.


Realmente no llegamos hasta aquellas primeras quintanas de Porciles, sino que antes nos desviamos a la derecha, terminando entonces así la cuesta arriba, siguiendo por trecho llano.


Pasamos junto a esta muria y admiramos el paisaje.


Aquí empieza el asfalto aunque la subida es menor.


Estamos viendo al norte las aldeas de El Couz y Brañameana, por donde va subiendo la carretera. Todo un paisaje de prados separados unos de otros por tupidos setos, matos o sebes, que llegan a formar densos bosques, cayendo las fincas en ladera hacia la foresta de la ribera en la que nace el Nonaya y esparciéndose estas aldeas en las pendientes de enfrente, por las alturas que suben a El Couzaltu, en la parroquia de Ardesaldu.


En el nacimiento del río Nonaya...


Son los espectaculares paisajes de la subida a La Espina.






Al oeste, El Castro, allí acaba propiamente la subida de La Espina.


Aquellas son las casas de El Alto, donde vemos a la derecha el quitamiedos de la carretera.


Y es que ún nos queda esta corta cuesta hasta aquellas casas de Porciles que están a la salida de la aldea.


Desde allí vamos a la derecha y pasamos frente a ellas.


Ya caminamos por lo llano.


Un hermoso hórreo.


Al fondo, donde aquellas casas, la N-634 también acaba de culminar este ascenso:


El Alto, las casas de Porciles de la parte de la carretera.


Al oeste ya se ve a lo lelos La Espina, bajo El Pico La Pereda, ya en en concejo de Tineo/Tinéu.


Paisajes de murias, fincas llanas y arbolado. Aquí comienza una amplia meseta que se exitende hasta más allá de La Sierra, el cordal donde los picos de El Picu La Preda, Las Ourales y L'Altu la Degol.lada (pronunciar "degotsada"), paso del conceyu de Salas al de Tineo/Tinéu.


En ruta a La Espina.


El parque eólico de La Sierra Bodenaya domina el paisaje a nuestra izquierda, donde están Las Penonas, abruptos peñascales.


En un cruce, nos sentamos en uno de esos tendejones metálicos habilitados para los peregrinos, por si necesitasen guarecerse de la lluvia o del sol (estamos en tramo de pocos árboles en el Camino).


El lugar es un mirador perfecto de la situación.


En estos mismos campos que ahora divisamos el coronel Teijeiro perdió el mando de las columnas nacionales que, procedentes de Galicia, confluyeron en La Espina, una desde la costa y otra por el interior, cuando intentaban socorrer a las asediadas tropas de Aranda en Oviedo/Uviéu, a finales de agosto de 1936



Por primera vez las fuerzas republicanas tenían apoyo aéreo y eso se hizo notar en aquel avance, obligándole a parar, aunque solo fuese brevemente, ante Salas, pero lo suficiente para que el general Mola le diese el mando de las dos columnas a otro militar, el teniente coronel De Miguel.


Casi exactamente cien años atrás, en octubre de 1836, fueron las partidas carlistas de Sanz las que sufrieron una derrota en Salas, al intentar invadir la capital asturiana por el occidente. Son estos los tan disputados desde siempre, caminos de La Espina.


Son estos los tan disputados desde siempre, caminos de La Espina


Caminos por lo que ahora transitamos nosotros, apaciblemente, pasando paso a paso de Porciles a Bodenaya.


Bodenaya y al fondo, La Espina...


Buenas vaquerías.


La Espina, a un paso.


Rotonda de comunicación de la N-634 con la auotvía. La espina cada vez más cerca. Pero antes de ella, otro pueblo: Bodenaya o Boudenaya...