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martes, 21 de junio de 2016

LA FERRERÍA: ANTIGUA CALLE MAYOR DE AVILÉS (ASTURIAS). RUTA AL PALACIO DE VALDECARZANA Y A LA ANTIGUA IGLESIA


El Camino Norte de Santiago entra en el corazón de Avilés y desde la calle Rivero y El Parche se dirige a la antigua Calle Mayor, actualmente de La Ferrería, nombre que evoca al gremio de ferreros o herreros que aquí se asentaba. Las murallas empezaron a derribarse a partir de 1818, tanto por intereses urbanísticos como por ser un símbolo del "viejo orden", pese a que protegieron a su población aforada de las apetencias de otros señoríos.


En El Parche se toma la calle La Ferrería justo al lado del Ayuntamiento de Avilés, a su derecha construido entre los años 1660-67 pegado a estas desaparecidas defensas.


Aquí estaba además la Puerta de la Ferrería, ante la que se alzaba la picota, en la que se exponía a los malhechores para escarnio público.


Las murallas empezaron a derribarse a partir de 1818, tanto por intereses urbanísticos como por ser un símbolo del "viejo orden", pese a que protegieron a su población aforada de las apetencias de otros señoríos. Algunas placas recuerdan su memoria...


Así tomamos la calle La Ferrería, con estrecho y coqueto paso porticado con arcos de piedra bajo los edificios de la vereda derecha.


En esta parte no se conservan edificios medievales de los que fue el Avilés intramuros, conocido tradicionalmente como La Villa, pero sí son casas de época, de entre los siglos XVIII, XIX y XX mayoritariamente, típica arquitectura urbana avilesina.


La calle comunicaba la Puerta de la Ferrería o del Alcázar con la de La Mar, salida al antiguo muelle.


Estos soportales son estrechos pero gratamente acogedores, sobre todo para caminar con lluvia.


A veces se reduce más el espacio, casi lo justo para una persona.


Hermoso enlosado.


Arcos, comercios y tabernas.



La calle fue el eje principal de Avilés en la Edad Media.


Sí es medieval el Palacio de Valdecarzana o Casa de Baragaña, arquitectura urbana gótica en lo que debió ser la residencia de un mercader que tenía abajo la tienda-almacén y arriba la vivienda.


Se asegura que en 1352 el monarca Pedro I El Cruel se hospedó en él tras levantar con su ejército el asedio impuesto a la villa por su hermano bastardo y aspirante al trono Enrique de Trastámara.


Arcos góticos.


Formidable edificio que debió de estar porticado con tejas y armazón de madera, según se revela por los apoyos encima de las puertas de acceso.


Desde el Palacio Valdecarzana seguimos avanzando por La Ferrería.


Ahora a partir de aquí y bajo esta casa de corredor la parte porticada de la calle pasa a ser la del lado izquierdo.


Continuidad de arcos...


Y suelo enlosado. Estos soportales guardaban a los ferreros o artesanos cuando llovía o cuando castigaba el sol, en la antaño calle comercial por excelencia de la villa.


Al fondo ya vemos la iglesia de los Padres Franciscanos, antigua iglesia parroquial de San Nicolás de Bari o San Nicolás de la Villa.


Estamos en la Plaza de Carlos Lobo, por allí baja la antigua rampa al viejo muelle comercial avilesino, ganado al mar en el siglo XIX y actual Parque del Muelle, por donde continuará el Camino.


Encima de la rampa del antiguo muelle, se alza la iglesia de los Padres Franciscanos, antes parroquial de Avilés, cuando estaba bajo la advocación de San Nicolás de La Villa, o de Bari, construida como la muralla entre los siglos XII y XIII, pero sobre un templo más antiguo, prerrománico, dedicado a San Juan Bautista.


A su lado se erigió en el siglo XV la capilla gótica anexa de Pedro Solís, advocación de la Asunción o de los Ángeles. Luego en el XVI se hizo la de León Falcón, remozada en 1662, en 1723 la del Cristo, barroca, sobre otra más antigua dedicada al Rosario. En esta iglesia está enterrado además Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de La Florida, quien la conquistó en 1565 y fundador de San Agustín, primer ciudad de los actuales Estados Unidos, razón por la que Avilés es llamada La Villa del Adelantado.


En 1849 dejó de ser parroquial al trasladarse el patronazgo de San Nicolás al antiguo convento de San Francisco, sito más allá de El Parche.


Nos acercamos a sus portadas.


Sin duda la más antigua e impresionante es la portada principal, románica de columnas, arcos, capiteles, canecillos... esculpidos con motivos geométricos, vegetales, alegóricos, animales... propios de este arte extendido en aquel tiempo por toda Europa.


Dos columnas a cada lado de la portada, con capiteles profusamente labrados, así como arquería de medio punto con motivos geométricos en zig-zag que le confieren sensación de movimiento y otras filigranas. Cornisa con canecillos románicos sobre el conjunto.


La ventana sobre la cornisa es también románica.


Cabezas monstruosas en los canecillos de la cornisa. Un lobo o similar enseñando los dientes en actitud amenazante y con unas hojas en la boca que parece que echase espuma.


Otro animal totémico, con unas hojas en las fauces.


Leones en la cornisa, cruces, tetrapétalas, círculos...


Aquí se celebraba el Concejo Cerrado de jueces, regidores y otras autoridades, y el Concejo Abierto vecinal, formando los dos el gobierno tradicional de Avilés.


En el costado izquierdo, la capilla funeraria de los Alas, edificada en 1346 para esta estirpe de mercaderes, transición del románico al gótico con escudo barroco.


Arco gótico y blasón.


Capiteles...


Un canapé, elemento constructivo de raigambre avilesina...


Después de mucho tiempo tapado por un edificio de viviendas se ha recuperado el antiguo ábside pentagonal, una verdadera torre. Más atrás es la calle de los Alfolíes, antigua calle dedicada al comercio de sal, importante concesión al histórico puerto de Avilés, pues era la sal entonces la única manera efectiva de conservar alimentos.


En la Plaza de Carlos Lobo se fundó la primera imprenta de Avilés, la del ovetense Pruneda, en 1865 y un año después el primer periódico de la villa.


Allí en lo alto de esta casa que mira a la iglesia una placa recuerda a otro ilustre avilesino.


Estanislao Sánchez Calvo, en la casa en la que vivió, escritor y filósofo.


Enfrente, al otro lado de la calle, tenemos el muy recomendable Museo de la Historia de Avilés, fundamental para conocer más de toda su apasionante idiosincrasia.


Y por la rampa del viejo puerto nos acercaremos al antiguo puerto y actual Parque del Muelle.