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martes, 4 de enero de 2022

LA ANTIGUA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN NICOLÁS DE LA VILLA Y LA PLAZA DE CARLOS LOBO (AVILÉS ASTURIAS)

 

Plaza de Carlos Lobo e iglesia de San Antonio de Padua, antes de San Nicolás de la Villa

El Camino Norte de Santiago, atravesando el casco histórico avilesino llega, por la calle de La Ferrería, a la Plaza de Carlos Lobo, antiguamente de San Nicolás, advocación que fue de la actual iglesia de San Antonio de Padua, que fue durante siglos la parroquial de Avilés, San Nicolás de Bario o de La Villa, hasta que en 1849 esta advocación y categoría se trasladó al templo del desamortizado convento de San Francisco del Monte, que ya por entonces estaba en medio de la creciente población. Luego, en 1919, ironías de la vida, cuando los monjes de San Francisco volvieron a Avilés se establecieron aquí, siendo llamada durante bastante tiempo iglesia de los Padres Franciscanos, hasta su marcha definitiva en 2013


La iglesia se construyó a finales del siglo XII o principios del XIII dentro del patrón románico sobre otra anterior, de estilo Arte Asturiano (prerrománico), a la que se le fueron añadiendo capillas-panteón góticas y barrocas. Enfrente esta bajada es la rampa de acceso al antiguo puerto local, actual Parque del Muelle, y salida de la antigua población amurallada por la Puerta del Mar


Unos hermosos edificios porticados cierran este costado de la plaza justo donde empieza la pendiente de la rampa. El antiguo puerto aprovechaba la desembocadura en la Ría de Avilés del río Tuluergo, el cual fue canalizado subterráneamente dentro de las obras de desecación de su curso y marismas a partir de 1870 aproximadamente. Antes un puente pasaba al otro lado, comunicando con el vecino barrio marinero de Sabugo, que quedó definitivamente unido al antiguo Avilés intramuros que ya había también demolido sus murallas y trasladado el puerto por la margen del estuario, canalizado entre 1860 y 1873, haciéndose el actual Parque del Muelle en esos terrenos en 1890


La iglesia primitiva por lo tanto estaba al lado de las murallas y el mar, de ahí el nombre de la puerta, desaparecida a partir del derribo de la muralla o cerca medieval comenzado en 1818 y culminado en pocos años. Esta era la salida más directa a puerto y la rampa comunica directamente en recto con la calle La Ferrería por la que hemos venido, la cual daba al otro lado de las murallas con la Puerta del Alcázar, comunicación directa con la capital asturiana, Oviedo/Uviéu, por lo que habría un gran trajín de gentes y mercancías entrando y saliendo de un muelle que comerciaba con gran parte de Europa


Aunque la estructura románica y elementos góticos de la iglesia fueron de los pocos edificios medievales que sobrevivieron al Gran Incendio de Avilés de 1478, la plaza, sucesivamente reformada, es de origen medieval, siendo siempre muy concurrida, no solo por el trajín del puerto, sino porque la iglesia era, aparte de centro religioso, verdadero centro social, que con la liturgia unía a la población procedente de los diferentes barrios, calles y lugares, tanto en la misa dominical, celebrándose por ello concurrencia y concejo o conceyu abiertu para tratar temas del común, sino en todas las solemnidades de la vida, el bautismo, la comunión o recibimiento en la comunidad, las romerías fuentes de amoríos y noviazgos, las bodas, y así hasta el entierro y más allá, pues el cementerio era la misma iglesia, su suelo y su camposanto inmediato, donde la gente quería ser enterrada y a donde se acudía a honrar su memoria


La plaza, que dada además la cercanía a puerto era espacio de transacciones, daba acceso a los alfolís o almacenes de sal, producto estratégico durante siglos que estaba supeditado a muy restringida normativa por razón de ser el principal elemento conservante de alimentos, siendo Avilés uno de los no muchos puertos con derecho a su comercio, fue llamada de Carlos Lobo, alcalde de Avilés, en 1920, estando además aquí su barroco palacio familiar


El Palacio de Carlos Lobo cierra esta parte de la plaza donde estuvo la primera imprenta de la población, fundada por el ovetense Antonio María Pruneda, de donde salió además el primer periódico avilesino, El Eco de Avilés, cuyo primer número echó a volar el 3 de junio de 1866, con suscripción anual de cuatro reales en Avilés y ocho en la aún española Cuba, llena de emigrantes avilesinos. Aquel primigenio ejemplar tenía este encabezado, titulado Al público:
«Cuando un pueblo ha llegado a cierto grado de cultura; cuando el afán de saber se apodera indistintamente de todas las clases; cuando todo, hasta la mas pequeña mejora local da lugar a útiles y animadas polémicas, se hace necesario un órgano que dé publicidad a la opinión y pábulo a la curiosidad.»

Alberto del Río Legazpi, en sus Episodios Avilesinos para El Comercio-La Voz de Avilés, nos lo cuenta de esta manera:
"La gente que hizo posible aquello, tuvo el entusiasmo de los convencidos de lo indispensable, imprescindible, inevitable e inexcu­sable que era un periódico impreso. ¿Quienes fueron los autores de aquella extraordinaria y crucial aventura editorial? 
En primer lugar el tipógrafo, editor –y también escritor– Antonio María Pruneda. Ove­tense de nacimiento que trasladó, a sus 31 años, los bártulos de su cosa impresora a Avilés y se estableció en un pequeño local de la, hoy, plaza de Carlos Lobo, ocupado actualmente por el café ‘Dulcinea’ (famoso en la villa allá por su popularidad en la segunda mitad del pasado siglo). En la fachada del edificio, una placa da fe de que allí domicilió la imprenta donde se compuso, imprimió y comer­cializó ‘El Eco de Avilés’. 
Los que lo hicieron posible, profesaban la fe de los ilustrados en aquel méto­do revolucionario. Y lo describían y lo escribían –con una pasión que hoy puede resultar un tanto cándida– conven­cidos de que la imprenta era el mejor modo de expresarse que jamás encontraría el hombre. 
Pruneda dejó fama de participar más de aquellas inquietudes de las nuevas generaciones intelectuales, que de los beneficios económicos que le pudieran aportar sus publicaciones. El 7 de enero de 1887, trasladada ya la imprenta a la calle Rivero, funda y di­rige un periódico más ambicioso y duradero: ‘El Por­venir de Avilés’, que ya duró bastante más que ‘El Eco’ (1866-1868). 
Junto con Pruneda, el mérito también estuvo en los avilesinos interesados en el progreso: Bonifacio García Robés, Gregorio de la Cuesta, Ramón Álvarez, Ramón González Llanos, Galo Somines, Manuel del Busto, Sixto Fernández del Valle, Adolfo de Soignie, Lino Palacio, Domingo Álvarez Acebal, Cástor Álvarez Acebal y Estanislao Sánchez Calvo (... 
Fue un acontecimiento en toda regla, como lo fue posteriormente la llegada del ferrocarril o la de la luz eléctrica. Sucesos dignos de ser cantados por poetas y contados por novelistas. En el caso de Avilés, lo hizo –afortunadamente– Armando Palacio Valdés en su novela ‘El cuarto poder’. 
Más tarde, dela Imprenta Pruneda salieron muchas cabeceras de pren­sa y un sarampión, benigno, de publicaciones entre ellas ¡libros! Aquello fue una bendición"

Hacia 1966 y en el mismo lugar se inauguró el Dulcinea, "que marcó una ´poca en Avilés, ya que los mismo servía cubatas, que despachaba debates culturales o música a la carta", afirma también Legazpi. Actualmente tiene otro nombre, fue Elcandi, Eldelmedio... 


Este conjunto de edificios es la Casona de las Alas o los Alas, construida en diferentes fases entre los siglos XVIII y XIX, donde ahora está también La Llosa, famosa por el pulpo a la sidra y sartenes variadas entre otras especialidades. Célebres fueron también aquí las cecinas y vinos de El Llagarón, que abrió sus puertas entre 1932 y 2007, "aquella famosa taberna que quedó varada en el tiempo", a la que del Río Legazpi le dedicó uno de sus Episodios...
"Había vinos con etiquetas de ‘puturrú de fuá’, inmaculadamente cubiertas algunas por telarañas, pero la clientela habitual –o los que habían sido iniciados– sabían que pedir un vino allí, era beber un rioja ‘Quinto año Berberana’, acompañado de cecina o de un, condenadamente sabroso, queso curado, de nueve meses y un día. 
Desde que abrió –y lo estuvo durante 75 años– sus dueños fueron (padre e hijo) José Ramón Ovies Álvarez. Para la clientela: Ramón, a secas. 
La historia comenzó cuando el padre, que había emigrado a Cuba –sabido es que los de Avilés no iban a America, marcando diferencias se decía que iban a La Habana– regresó con ‘los cuartos’ suficientes para montar un negocio en la Villa, donde se casó –con Purificación Álvarez– y puso en marcha, en 1932, ‘El Llagarón’. 
Ramón, tenía la intención de montar una taberna, pero se lo impidieron las ordenanzas municipales que fijaban el número de locales de este tipo en relación con el número de habitantes (16.000 por entonces). Así que tuvo que ponerse a la cola, negociando entre tanto con comestibles y suministros de víveres y pertrechos para pesqueros vascos o gallegos, que descargaban en la rula local, entonces a un palmo de distancia de su tienda. 
Fue en 1944 cuando consiguió una licencia de taberna mixta (tienda y despacho y consumición de licores), al tiempo que su hijo, Ramón, se incorporaba al negocio. 
Y así entre unas cosas y otras, que hay que ver como pasa el tiempo, oye, nos plantamos en 1950, que fue cuando nos cayó ENSIDESA encima. Gran golpe del que, algunos creen, Avilés no se ha recuperado, todavía. 
De repente todo cambió en la Villa, en todos los aspectos y a velocidades vertiginosas. Pero siempre hay excepciones a la regla, y ‘El Llagarón’ fue una de ellas. Y se quedó como estaba. 
A partir de entonces, para la taberna, el tiempo lo fueron midiendo las telas de araña, una de las  señales de identidad de este local, cruce de chigre, llagar y bodega, que se quedó viejísimo de repente. Lo que lo hizo, automáticamente, famoso como testigo de una oferta hostelera y de sociabilidad, que ya no es de este tiempo, por no decir de este mundo. 
Por no cambiar, ni los aseos lo hicieron, taza turca y papel de periódico, en vez de higiénico, sujeto por una punta clavada en la pared (‘la puga’), refrescado todo con olor a ‘zotal’. 
No era lugar de medias tintas, no. Tampoco es que generase amor u odio, pero si te gustaba, lo era a tope y si te disgustaba no volvías a entrar. 
Para sus muchos tertulianos, era un sitio entrañable. Un eslabón perdido con multitud de cosas intactas: licores añejos, carteles de todo tipo, incluidos taurinos o del Real Madrid. También un sitio acogedor para quienes querían saber algo de como era un Avilés distinto al actual. Incluso llegó a tener su propio medio de comunicación: ‘Ecos del Llagarón’. Y premios con su nombre. 
Lugar caliente de cotilleo. En algunos ambientes avilesinos se decía: «Si quieres información corta el pelo en El Gorrión, come en La Eritaña o toma un vino en El Llagarón» 
Acercándonos a la iglesia una gran capilla pintada de blanco llama poderosamente la atención en esta su fachada sur; es la del Cristo, barroca, construida en 1723 sobre otra anterior dedicada al Rosario, cuya portada gótica vemos en la esquina de la fachada principal, de piedra, mirando a la rampa y a la derecha de la portada principal


Dicha portada, románica de arcos de medio punto, tiene otra gótica más pequeña y de color más claro: es la capilla gótica anexa de Pedro Solís (s. XV), quien fuera fundador del hospital de peregrinos que estaba en la calle Rivero, bajo la advocación de la Asunción o de los Ángeles. Luego en el XVI se hizo la de León Falcón, remozada en 1662.Más tarde veremos, al fondo de un pasillo del antiguo camposanto, la de las Alas, del siglo XIV, donde se reunía el Ayuntamiento, dice Alberto del Río Legazpi:
"En esta plaza, hubo mucho poder y también mucho difunto. Durante siglos, en sus predios, se reunieron mandamases religiosos y civiles, ya que la iglesia de San Nicolás de Bari, era la ‘catedral’ del alfoz avilesino y el Ayuntamiento se reunía –no busquen el chiste fácil– en el cementerio, que estaba junto a la capilla de Las Alas, hoy situada en un patio de luces lucido de gótico. Con tendales, eso sí"

En esta iglesia está enterrado  Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de La Florida, quien la conquistó en 1565 y fundador de San Agustín, primer ciudad de los actuales Estados Unidos, razón por la que Avilés es llamada La Villa del Adelantado. En 1849 dejó de ser parroquial al trasladarse el patronazgo de San Nicolás al antiguo convento de San Francisco, sito más allá de El Parche. Los franciscanos estuvieron al cargo de ese templo desde su llegada a Avilés, hacia 1260, hasta octubre la Desamortización de Mendizábal en 1836. Regresando, en menor número, y estableciéndose en esta antigua iglesia parroquial en 1919, y en ella permanecieron hasta 2013, cuando marcharon los dos últimos frailes franciscos, Fray Tito y Fray Uxío


La capilla del Santísimo Cristo es la sede de la cofradía de esta misma advocación, creada pocos años después de la construcción de la capilla, por su Libro de Constituciones sabemos fue canónicamente aprobada por el entonces obispo de Oviedo Juan García Avello y Castrillón. Popularmente es llamado el Cristo de San Nicolás y Cristo de los Zapatos, a causa de que los pies de la imagen del Cristo fueron forrados de plata pues se estaban desgastando de los besos de los fieles. Luego lo veremos en el interior


Cuando volvieron los franciscanos a Avilés, Orden de los Frailes Menores, en 1919, al no estar disponible ya su antigua monasterio, de acuerdo con el obispado ovetense se hicieron cargo de iglesia y capilla, adquiriendo una nueva imagen del Santísimo Cristo una vez acabada la Guerra Civil, pues la original fue destruida el 10 de agosto de 1936. En 1968 la Cofradía casi desaparece por los pocos cofrades existentes, siendo confiada a la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco de Asís de Avilés, siendo la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía


Después de mucho tiempo tapado por un edificio de viviendas para los franciscanos, construido en 1962 sobre otra casa anterior de 1922, se ha recuperado el antiguo ábside poligonal, una verdadera torre, más alta que el resto de la iglesia, durante los trabajos de restauración acometidos en el año 2009 con el arquitecto Jorge Hevia en los que se eliminó aquel añadido sin ningún tipo de aliciente estético bi arquitectónico. Una leyenda dice que, cuando alguna corporación de antaño intentaba eliminarlo, llegaban las oportunas advertencias de excomunión vaticanas (Avilés, Alberto del Río Legazpi y Juan Carlos de la Madrid. El viajero independiente de Ediciones Júcar)


Junto con él se restituyó el contrafuerte, que se había eliminado también al construirse el bloque de pisos que se había pegado a tan imponente ábside, de 17 metros de alto y tejado a seis aguas, Su cornisa también fue repuesta, siguiendo la traza original en aquellos tramos que no pudo esta ser recuperada, En el trasdós o parte superior de la bóveda se levantan varios hilados de piedra, suponiéndose que hubo un criterio estético para levantar más el volumen principal de la iglesia con la idea de armonizar su tamaño con el resto del templo y hacerlo más visibles. Los mechinales o pequeños huecos del muro, empleados para el andamiaje de los constructores del ábside, han sido dejados también a la vista, como estaban originalmente


El origen de este imponente ábside se debe a las obras que se hicieron entre 1652 y 1662 sobre la antigua fábrica románica que amenazaba ruina y luego que el párroco solicitase ayuda al Ayuntamiento. Además de hacerlo y ampliar así notablemente la capilla mayor, se sustituyeron las cubiertas y las antiguas, documentalmente planas, pasaron a ser de bóveda de crucería. El ábside-torre tenía una posición elevada dominando dodo el caserío de La Villa además de su acceso, por el desaparecido Puente de San Sebastián o de los Pilares (con su correspondiente puerta, una de las cinco de la muralla) que, pocos metros más allá, constituía otra de las entradas y salidas a la población amurallada, ya que salvaba la ría por un tramo aún no demasiado ancho, donde luego estaría el puerto tras desecarse los terrenos del actual Parque del Muelle


Esa puerta del puente y camín real estaba al final de estas casas, la de la calle los Alfolíes, los almacenes de sal, producto especialmente legislado con el que, como hemos dicho, comerciaba Avilés dentro de las concesiones otorgadas a su puerto. Las casas  están en el lugar de esos almacenes, "aquel fabuloso salero medieval", como bien decía Alberto del Río Legazpi:
"Materialmente, de todos los productos con los que traficaba Avilés, sin duda fue la sal la que provocó un mayor desarrollo comercial en la población. Muy pronto se demostró su valor estratégico en lo económico y muy poco tiempo tardó la Corona en hacerse con el monopolio de su almacenamiento y distribución, por el que percibiría sustanciosas rentas. 
Teníamos el más importante almacén de sal de Asturias. Y de él dependían el resto de los núcleos de almacenaje más próximos (Villaviciosa, Llanes, Luarca, Gijón y Pravia), fijándose desde Avilés las normas e incluso las unidades de medida para el comercio de sal, que tenía variada procedencia, por ejemplo la que nos llegaba desde el puerto francés de La Rochelle, la famosa sal de Saint Nazaire, hoy ciudad hermanada con Avilés. 
Los alfolíes, estaban a pie de obra, o sea en el muelle tradicional de Avilés, donde sazonaban el pescado para su traslado al interior peninsular que también necesitaba de sal empaquetada, para sazonar las carnes"

Por su parte, el historiador Román Antonio Álvarez González informa que las primeras noticias del alfolí de Avilés son del siglo XII, reinando Alfonso IX, siendo documentalmente el más antiguo del Cantábrico. Se sabe que en Asturias ya se explotaba sal desde los siglos IX y X. En las cercanías tenemos el topónimo Salinas y los documentos salineros hablan de Molleda, Bayas y Naveces con sus officinis salinarum, pero eran totalmente insuficientes y había de importarse, principalmente de la Ría de Aveiro, en Portugal


Sirva todo ello para hacernos una idea de la importancia de esta renovada plaza avilesina por la que pasa el Camino, de la que en la citada obra Avilés podemos leer también:
"Es un conjunto bastante armónico ya que, a pesar de estar constituida por edificios muy diferentes, estos se han mimetizado a lo largo del tiempo componiendo un rincón muy especial, sobre todo cuando se puede disfrutar ampliamente de las amplísimas terrazas que los bares de la zona colocan delante de la iglesia"

Es además una plaza de mercadillos, pequeñas fiestas y festivales, además de conciertos al aire libre y diversas actividades, unas centradas en esta explanada, como el Festival de Jazz de Carlos Lobo, y otras en las que esta forma uno de sus muchos escenarios por la ciudad, como el Mercado Franco de Alcabala o Mercado Medieval, el Festival Intercéltico, o por supuesto las fiestas patronales de San Agustín o las de San Nicolás, entre muchos más eventos


Mirando a la plaza hay, en el frente de casas continuador de las de La Ferrería, varios edificios importantes. El de la izquierda sucedería a una casa mucho más antigua en la que se dice nació el marino y Adelantado de la Florida, Pedro Menéndez de Avilés, el 14 de febrero de 1519 (si bien popularmente se decía que su casa natal estaba más atrás, en la Plaza de Camposagrado). A la derecha y con grandes soportales de arco de medio punto es la casa vivió otro ilustre avilesino: Estanislao Sánchez Calvo, escritor y filósofo nacido en 1842


Y pegado a su derecha y mirando de frente a la iglesia, el edificio incorporado más recientemente a la plaza, el del Museo de la Historia Urbana de Avilés, que aún con su modernidad mantiene la esencia de los soportales característicos de la arquitectura avilesina desde la Edad Media a nuestros días, si bien con su adecuada evolución estructural


El museo, abierto en mayo de 2013, tiene en la tercera planta un gran mirador sobre la ciudad, principalmente su casco antiguo, además de salas dedicadas a su historia desde el Fuero de Alfonso VI en 1085 y elementos arqueológicos, siendo la introducción a la visita. La segunda planta es la dedicada al Avilés medieval mas una exposición para la historia moderna, y la primera está especialmente dedicada al puerto, el gran motor de Avilés, así como a la expansión urbana y otros temas


Sobre los soportales de la casa que fue de Estanislao Sánchez Calvo (donde está La Reserva) una placa recuerda su memoria. Fue estudiante de Bachillerato en la Facultad de Filosofía de Oviedo, estudiando Leyes en la Universidad y siendo luego profesor de Hacienda Pública y Economía Política, ejerciendo además de abogado antes de irse a Madrid. Fue amigo de Leopoldo Alas Clarín Armando Palacio Valdés y llegó a ser Alcalde de la capital asturiana al caer Isabel II, desde 1872 a 1873, así como diputado provincial con la I  República y secretario del Ministro de Hacienda Manuel Pedregal  y Cañedo y oficial letrado de este ministerio


Al caer prontamente la I República regresó a Avilés en 1874, publicando obras como Los nombres de los Dioses sobre los orígenes y razón de los mitos, y estudiando lenguas clásicas, hebreo, caldeo, copto, y de los indianos americanos, estando por ello considerado como uno de los mayores políglotas españoles de la época. Defiende sus tesis espiritualistas en Filosofía de lo maravilloso positivo y en la Revista Asturias publica numerosos estudios sobre la lengua vasca y su presencia en palabras asturianas


Publica además en revistas y prensa madrileña, firmando a veces como León Calvo y el anagrama Hans Czolvaec. Escribe las novelas cortas Mariflor y JosefínEl Castillo de los Picos Pardos y alguna más. Fallece en Avilés en 1895 dejando inéditas La elección de fe en el mundo moderno y la vida de Jesús. A su muerte se descubrió esta lápida con su busto en la fachada de esta casa, donde murió, además de dedicársele una calle, Sus restos reposan en el cementerio de La Carriona. Escribió sobre él en 2008  Manuel Asur González El solitario de Avilés. Vida y obra del filósofo Estanislao Sánchez Calvo


La placa con su efigie y esta leyenda fue colocada por sus amigos y admiradores en 1903. Alberto del Río Legazpi le dedica especialmente uno de sus Episodios Avilesinos:
"Quiero dejar claras las cosas desde un principio: Estanislao Sánchez-Calvo Ochoa era un sabio. Y era una rareza mental en aquel Avilés de la segunda mitad del siglo XIX, por donde paseaba diariamente, en solitario, excepto cuando le venían a ver un par de amigos: Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas 'Clarín'. 
Si añado que era un hombre alto, elegante, orador brillante, rico heredero y poseedor de una impresionante erudición. ¿Cómo narices un tipo así no iba a resultar una rareza? Antes y ahora. Y tanto en Avilés, como en París, Berlín o en Sama de Langreo. 
Su fascinación por el origen del lenguaje, lo hizo conocedor de 'lenguas muertas' como el sánscrito, hebreo, griego, latín, copto y sirio, así como algunas de las que hablaban los indios americanos. Dominaba perfectamente el vasco, idioma sobre el que publicó varios estudios. 
Estanislao vio la luz en Avilés el 6 de mayo de 1842, en la calle de La Fruta, y fue en otro mayo de 1895, cuando se le apagó, en la calle de La Ferrería. Sus 53 años los consumió en dos etapas: la funcionarial y la creativa. 
Estudió Leyes en la Universidad de Oviedo. Fue profesor y ejerció como abogado allí, donde también -y por azares rocambolescos- fue alcalde durante 29 días (del 10 septiembre al 9 de octubre de 1873). 
Por aquel año, al instaurarse la primera República, se traslada a Madrid para ocuparse de la secretaría privada del Ministro de Hacienda, puesto desempeñado por su cuñado, el avilesino José Manuel Pedregal. 
Estanislao, pasaba mucho de la cosa oficial y del boato. Por eso cuando le comunicaron su cese en el ministerio, se limitó a comentar: 'Bueno. Entonces podré dormir la mañana'. Un decir, porque le atrapaba, sin pausa, la cosa intelectual. Además el tener el riñón forrado (la fortuna que le había dejado su indiano padre), le facilitó el poder dedicarse plenamente al estudio y la escritura. 
Su paisano, el gran enciclopedista Constantino Suárez 'Españolito', opinaba que su sordera le aislaba de la vida social. También le definía como un espíritu exento de ambiciones y una personalidad de una bondad 'un tanto candorosa'. Esto quizás ayude a comprender que empiece a ejercer de abogado y al poco tiempo, por falta de vocación; que en política haya sido republicano militante, sin desplegar casi actividad; o que haya desempeñado cargos de relumbrón, resultándole más grato los días de su renuncia que los de la toma de posesión. 
Ya decía que estaba sordo como una tapia. En cierta ocasión, Armando Palacio Valdés (hipocondríaco incurable) le sugirió que un especialista de Madrid le curaría la sordera por dos mil pesetas (una fortuna, por entonces), a lo que contestó Sánchez-Calvo: '¡Dos mil pesetas no vale lo que me queda por oír en toda mi vida!'. 
Pero vamos a lo positivo. Su 'Filosofía de lo maravilloso positivo', es un libro que junto con 'El nombre de los dioses' forman el núcleo central de su monumental obra, junto con cientos de artículos y ensayos, algunos de ellos firmados con el pseudónimo de 'Laín Calvo'. 
En el segundo libro citado, expone una teoría sobre el origen del lenguaje y de las religiones a la luz del euskera y de los idiomas turanianos (región próxima al mar Caspio) donde 'demuestra' que la partícula que dio lugar a todas las lenguas conocidas es la onomatopeya 'ber', que quiere reproducir el ruido del agua al hervir (ber, ber, ber). 
Y se las ingenia, lo que para Juan Cueto Alas es un ejemplo de monumental erudición, «para relacionar todos los lenguajes y religiones de la tierra por medio de esta modesta partícula sonora, que viene a ser la versión lingüística del eslabón perdido y hallado en euskera (que el pensador avilesino contempla como lengua madre de todas las demás), a través de la cual es posible reconstruir el proceso humano entero y verdadero». 
Esta teoría interesó poco en España y mucho en el extranjero. Pero poco después de efectuada, el conocido lingüista N. J. Marr, siguiendo las hipótesis de Maz Müller -por cierto, amigo epistolar de Sánchez-Calvo- llegó a establecer los principios de una lengua primitiva, también de carácter universal, compuesta a partir de cuatro vocablos: sal, jons, ros y ber. Sánchez-Calvo estaba detrás de esos principios. 
Su obra ocasiona es una referencia de culto. También destacó como precursor avanzado de la teosofía y de las teorías de Freud, amén de otras muchas materias. 
Y para dejar claras las cosas claras, definitivamente: construyó una colosal obra intelectual, apreciada especialmente en los países centro-europeos. Leyendo, escribiendo y carteándose con intelectuales nacionales e internacionales. 
Y todo eso, sin salir de Avilés, desde la calle La Ferrería, al lado de una iglesia románica del siglo XII. No me digan que la cosa no tiene una singular brillantez"

Vamos a visitar ahora la iglesia, empezando por esta su fachada principal, con las portadas de las capillas añadidas y del propio templo, cuya estructura románica se dice es el edificio más antiguo de Avilés que ha llegado a nuestros días. 
Aquí se celebraba el Concejo Cerrado de jueces, regidores y otras autoridades, y el Concejo Abierto vecinal, formando los dos el gobierno tradicional de Avilés.  Es especialmente bella la descripción que de ella hace el gran historiador Luis Antonio Alías en su jacobita y pionera obra El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios, de 1993:
"La iglesia antigua de San Nicolás (...), ha ido creciendo con la ciudad a lo largo de los siglos. Nació en el tránsito del siglo XII al XIII, fue durante siglos la iglesia parroquial de la villa y sirvió alguna vez de fortín cuando, por su proximidad a la puerta N. de las murallas -derribadas en 1818-, enfrentó los ataques de los ingleses (1762) y los franceses (1809)"

Como ya hemos dicho, esta primera es la portada gótica de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, sobre la que se edificó posteriormente la barroca del Cristo


Es de entre los siglos XIV y XV. Tengamos presente que, dado que estaba al lado mismo del mar, la erosión es especialmente acusada en la piedra arenisca de la que está hecha


Esta es la fachada románica que constituye la traza más antigua y original del edificio., sigue diciendo Alías:
"La portada principal, de finales del siglo XII, bajo un tejaroz apoyado en estilizados canecillos, tiene tres arquivoltas muy decoradas y seis columnas, una a cada lado del resaltado cuerpo del pórtico y cuatro en la portada, con capiteles florales y figurativos (felinos, pecado original...)"

La portada, ligeramente peraltada,  llegó a impresionar al gran ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos, que acudió aquí a oír misa en uno de sus viajes, el 15 de julio de 1792. Siendo tan detallista no perdía detalle y escribió en sus Diarios:
"La portada de esta iglesia es de buena y antigua arquitectura asturiana"

Presenta tres arquivoltas y dos columnas a cada lado , con capiteles profusamente labrados, así como arquería de medio punto con motivos geométricos en zigzag que le confieren sensación de movimiento y otras filigranas. Una cornisa con canecillos románicos se sitúa arriba sobre este hermoso frontón, con otras columnas a la vez a derecha e izquierda del frontón de la portada, flanqueando el conjunto

En su libro El románico en Asturias, Mª Soledad Álvarez Martínez la describe de esta forma:

"La riqueza decorativa de sus tres rocas, jambas con columnas acodilladas, guardapolvo e impostas y cornisa con canecillos, metopas y sofito esculpidos, convierten a esta portada, por desgracia muy deteriorada, en uno de los ejemplos destacados del románico regional.  En ella se repiten los motivos geométricos (zigzag doble, aspas, dientes de sierra, bolas, billetes,  ondas enlazadas, círculos enfilados, estrellas y cruces inscritos en círculos...) en las arquivoltas, sofito y elementos moldurados de portada y cornisa"

Esta es la columna del lado derecho del resaltado frontón románico. El fuste es cilíndrico y liso

La basa o base de apoyo, con una escueta decoración

El capitel, muy desgastado por la erosión, muestra lo que parecen plantas entre las que asoman unas cabezas. Arriba una cenefa de flores tetrapétalas


Una pequeña cornisa lisa comunica este capitel con los de la derecha del arco de la portada

Y en estos dos capiteles de la derecha, el más cercano a la puerta, muy borrado también, parece mostrar aves afrontadas por el pico y un cuadrúpedo. Se dan a esta escena, usual en el románico, diferentes interpretaciones dentro de su simetría ornamental, almas, custodia de elementos sagrados, etc.

El exterior muestra en medio el Árbol de la Sabiduría y sus grandes frutos, con Adán y Eva a los lados y tapándose sus partes, en lo que revela simbolizar el Pecado Original previo a la expulsión del Paraíso, En concreto Adán, a la derecha, se echa la mano a la garganta con el ya inútil deseo de que no pase el fruto prohibido, un elemento recurrente en la iconografía de este episodio bíblico en elque no aparece la serpiente, bien desaparecida o bien no representada. Sería la única representación narrativa de esta portada


Vamos a fijarnos en los muy profusamente detallados arcos de medio punto, con elementos como tetrapétalas, un marcado zigzag o dientes de sierra y guardapolvo ajedrezado, elementos de repetición que transmiten sensaciones de movimiento, infinito y eternidad, el túnel místico hacia el más allá, entrada a la casa de Dios en la tierra. 

Y estos son los capiteles del lado izquierdo, muy gastados también por la erosión. Cuesta imaginarse qué representan


Y esta es la columna izquierda del frontón de la portada, también con su capitel historiado


Con dos cuadrúpedos afrontados, similares a leones, comiendo a otro animal. Alegoría de pecados y castigos


Sobre la soberbia arquería reparamos ahora el tejaroz o cornisa y sus canecillos, que ha sido, como todo el conjunto, una pieza muy restaurada en el siglo XX


Presenta sus correspondientes apoyos a manera de canecillos labrados y sobre ellos una cenefa con más flores tetrapétalas. Fijémonos de paso en el arco en el detalle del ajedrezado y el zigzag


Entre estos canecillos aparecen también flores tetrapétalas, esto es, de cuatro hojas, así como un gran felino. Esos espacios son llamados en arte metopas


En los canecillos abundan cabezas de animales monstruosos bien detallados


Un lobo o similar enseñando sus fauces de dientes apretados en actitud amenazante y con unas hojas en la boca que parece que echase espuma


Otro animal totémico, también con unas hojas en las fauces, hocico y ojos grandes y orejas pequeñas y puntiagudas


A la derecha otro ser similar y de gran hocico. Fijémonos a la izquierda en la metopa del felino caminando y en los numerosos detalles de cruces, tetrapétalas, círculos...


Alzamos aún más la vista y admiramos la ventana sobre el tejaroz, que es también románica, con su arco de medio punto y columnas


En ella todos los elementos son lisos y parece carecen de decoración


Antes de entrar adentro, vamos a seguir reconociendo el exterior de la iglesia, pasando ahora, a la izquierda de la portada del templo, a la de la capilla de Pedro Solís, mandada construir por este clérigo en 1499, estilo gótico imperante, siendo reformada en la siguiente centuria


Es llamativo que de todas sus dignidades y biografía lo que más ha llegado a nuestros días de él es haber sido en 1513 el fundador del Hospital de Nuestra Señora de la Asunción de la calle Rivero, dedicado a la acogida pobres y peregrinos, con su propia capilla, tierra, rentas y cementerio, cuyo edificio fue cruelmente demolido por la piqueta en 1948. En la actualidad Pedro Solís da nombre al albergue público de peregrinos


Pedro Solís era miembro de la nobiliaria familia de los Solís con solar en la parroquia corverana de este nombre, emparentados también con la casa de Trasona. Fue Arcediano de Madrid, Abad de la Colegiata de Santa María de Astorga, de la de Santa María de Arbas y alto cargo vaticano como protonotario del Papa Alejandro VI


Sobre el pico de la portada ojival, dos personajes parecen mostrar el escudo, también notablemente deteriorado por la erosión


A su izquierda, una portilla da paso al patio de vecindad donde estaba antiguamente el cementerio, entre la iglesia y la muralla medieval hasta que en 1813 fue trasladado a un prado cerca del antiguo monasterio de la Merced de Sabugo (desaparecido, actualmente ocupado por la Iglesia Nueva)


Este patio forma un pasillo que comunica con la capilla funeraria de los Alas o las Alas, otra linajuda estirpe avilesina, la más escondida pero no por ello menos importante de la capillas funerarias del exterior de la iglesia, que ha quedado lamentablemente encajonada pese a que en tiempos se vería, incluso más destacadamente que la iglesia, desde el muelle y la ría, pues esta campo asomaba por encima de la muralla. 

Está dedicada a San José y fue construida a iniciativa de Pedro Juan, que la menciona en su testamento de 1346. Durante su primera visita de 1792, Jovellanos nos dice que se encuentra anexa al pórtico y separada de la iglesia, propiedad por entonces de D. José Carbayedos, y escribe que...
"... es muy venerable por su antigüedad, con su graciosa portadita al gusto asturiano"

Edificada como panteón para esta estirpe de comerciantes y mercaderes, es un buen ejemplo de transición del románico al gótico con escudo barroco. Los Alas o las Alas buscaron un origen mítico de su heráldica en un ángel que habría ayudado a su antepasado Martín Peláez, cercado en el Castillo de Gauzón en Raíces, cercado por los musulmanes, Naturalmente es un inicio legendario pero daba alas y los vinculaba a los señoríos de la zona, empezando por los monasterios como el de Raíces, donde también están presentes sus armas y blasones


Es una capilla de planta cuadrada, "pequeño y sobrio edificio", pero arquitectónicamente muy bello, con tejado a cuatro aguas


La pequeña portada protogótica concentra buena parte de las filigranas decorativas


En los capiteles izquierdos, cabeza de mujer a la izquierda y de hombre a la derecha, con lo que parece una larga cabellera o tocado con plumas y diademas. Otras fuentes dice son rostros alados, lo que estaría más relacionado con el apellido y la leyenda del ángel, Otra pequeña cabeza asoma un poco más arriba a la izquierda, en el arranque del arco


Y estos son los capiteles y rostros de la derecha, similares a los de la izquierda pero mucho más erosionados


Sobre la portada hay una réplica del escudo familiar, cuyo original, en el interior,  es posterior, barroco, muestra al Castillo de Gauzón y al ángel alado, protagonistas de la leyenda de la estirpe. Dice de ellos Alberto del Río Legazpi:
"Hay quien asegura que fue el mismísimo don Pelayo quien le concedió el escudo de armas, donde se refleja aquella leyenda, y que es uno de los más antiguos que se conocen (y del que existen variantes, expuestas por Francisco Mellén en su publicación 'Heráldica de Avilés'). Abundan los escudos de esta familia en distintos edificios de la ciudad, donde también hay una calle (antigua calleja del Moclín) llamada 'Los Alas', desde 1892.

En la Edad Media, construyeron una casa fortaleza, en pleno puerto, al lado de la histórica parroquia de San Nicolás de Bari (hoy iglesia de los Padres Franciscanos), que incluía un alcázar artillado y un palacio residencial, justo donde hoy está el de Camposagrado. Según fue avanzando el tiempo, encontramos mercaderes, guerreros, marinos, religiosos, políticos, ostentando el apellido de Las Alas.

Una familia tan alargada como esta es de botica, establecimiento donde solía haber de todo. Y ese todo contenía, generalmente, poder. Poderoso reconstituyente que hizo posible que desde sus remotos orígenes hasta el siglo XVII tuvieran subordinado a su patrimonio una tercera parte del asentamiento urbano medieval de la villa en la que desempeñaron, además, durante siglos un poder sin parangón al ocupar importantes cargos del gobierno local.

Tanto, que hasta llegaron a construir, en el XIV, y frente a su residencia, una capilla funeraria para la familia, con una preciosa puerta adornada de cabezas aladas, que hoy pasa por ser una de las joyas del arte religioso asturiano. Delante de ella -y durante mucho tiempo- tuvieron lugar las reuniones del concejo de Avilés (o sea el Ayuntamiento). Así que podríamos decir que los de Las Alas tenían de cara la política y de cruz la religión.

De entonces a acá, y por poner tres ejemplos, destacaría a Esteban de las Alas León, lugarteniente de Pedro Menéndez de Avilés, el marino local que fundó, en 1565, San Agustín de La Florida, la -hoy- ciudad más antigua de los Estados Unidos.

A Eulalia de las Alas Carreño, que casó en 1617 con un Bernaldo de Quirós, matrimonio que el rey Felipe IV 'bendijo' adjudicándoles el marquesado de Camposagrado.

Y a María de las Alas Pumariño, fundadora de la Asociación de Viudas de la República, que al recoger la medalla de Asturias, en 2001, de manos del Príncipe heredero, le espetó: «Alteza, usted me cae bien, pero yo soy republicana».

Los tiempos cambian y Las Alas, también. La vida"
Aurelio de Llano (1868-1936) - libro Bellezas de Asturias. De Oriente a Occidente. Oviedo, 1928. Aurelio de LLANO ROZA DE AMPUDIA

Jovellanos cuenta la impresión que le dio el retablo entonces existente, con bajorrelieves de mármol, de imágenes no muy logradas pero sí muy antiguas, con las escenas del Nacimiento, Anunciación, Resurrección y Coronación. Este retablo, que algunas fuentes citan como de alabastro, era del siglo XV y desapareció en la Guerra Civil, como una imagen bajomedieval de la Virgen con el Niño. De ello encontramos esta información en Wikipedia:
"En la actualidad, el interior de la capilla aparece desnudo y vacío, pero hasta la pasada Guerra Civil estaba amueblado con un retablo de alabastro de la escuela inglesa que Fortunato de Selgas reprodujo en su artículo sobre los monumentos de Avilés (1907) y Aurelio del Llano fotografió para sus Bellezas de Asturias (1928). Además, para su estudio disponemos también de dos fotografías realizadas en 1918 y custodiadas en el Instituto Amatller de Arte Hispánico (Archivo Mas) que permiten una buena aproximación a la obra.
El conjunto se componía de siete paneles de alabastro dedicados a los Gozos de María, donde se representaban en bajorrelieve y de izquierda a derecha: Santa Catalina, la Anunciación de la Virgen, la Epifanía (Adoración de los Magos), la Resurrección de Cristo, la Incredulidad asuncionista de Santo Tomás, la Coronación de la Virgen y Santa Margarita. Cada una de las piezas se ensamblaba con la adyacente mediante marcos de madera y juntas configuraban un frontal vinculado temáticamente con la dedicación de la capilla. 
Estos retablos se realizaban en Inglaterra, donde desde la segunda mitad del siglo xiv se alcanzó una producción seriada en talleres radicados en LondresYork y Nottingham. Su carácter industrial provocaba una factura sumaria que se enmascaraba mediante la pintura que cubría toda la superficie de las piezas, pero la multiplicación de modelos similares reducía los costes y permitía la venta a menor precio. En consecuencia, los paneles de alabastro ingleses se difundieron rápidamente por toda el área atlántica apoyados también en las reducidas dimensiones de las piezas que facilitaban su traslado, en la posibilidad de combinarlas de forma más o menos arbitraria y en la escasez de tallas autóctonas de semejante empeño en el norte cantábrico. 
Las escenas de la capilla de los Alas, ya estudiadas por el investigador Pedro Paniagua, muestran la misma ejecución formularia y la tendencia a la ordenación que caracteriza a los alabastros ingleses y que facilita la comprensión de varios asuntos sin dificultad. El retablo avilesino parece relacionado estrechamente con una pieza procedente de la parroquia de Miudes (El Franco) y custodiada en el Museo de la Iglesia de Oviedo, donde se ilustra la Coronación de la Virgen e incredulidad asuncionista de Santo Tomás. En los Alas figura también una Incredulidad asuncionista, aunque la Virgen ya está coronada, y todas las piezas podrían datarse, según la periodización en cuatro grupos establecida por Gardner, en el grupo tercero que abarca de 1420 a 1460. En este momento la industrialización había aumentado impulsada por una demanda creciente y había provocado una mayor simplificación de los paneles. Además, es el momento en que desaparecen los remates almenados de etapas precedentes y se adoptan las tracerías caladas que aparecen en la obra avilesina.

Con anterioridad a la pasada Guerra Civil en la capilla de los Alas se encontraba también una Virgen María sedente con el Niño de época bajomedieval. La conocemos gracias a las fotografías realizadas en 1918 y custodiadas por el Instituto Amatller de Arte Hispánico (Archivo Mas). Parece una talla en madera policromada y muestra a María sentada en su trono con su Hijo bendiciendo y puesto en pie sobre la pierna izquierda de su Madre. El tipo humano y su actitud son ya góticos y puede datarse en el siglo xiv. Al igual que sucede con el retablo de alabastro, esta Virgen con el Niño se encuentra en paradero desconocido"



En los muros norte y sur hay cuatro sepulcros protegidos por arcosolios. Anota Jovellanos en 1792 textos de cuatro tumbas y sepulcros de la capilla, uno le resultó ilegible, de los otros tres, los que pudo leer, transcribió:
-"Sepultura del hornado y mucho bueno Juan Estébanez de las Alas, que Dios haya, vecino de esta villa, él cuál finó en el año 1467"

-"Aquí yace Esteban Pérez de las Alas, que Dios haya, vecino de esta villa, el cual finó viernes a diez días de noviembre, era de 1407 años" (año 1396)

-"Aquí yace Alonso Estábanez de las Alas, que Dios haya, el que pasó de este mundo a 4 días del mes de septiembre de 1475"
De Inventamultimedia - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10176690

En su segunda visita, 1794, estudia  el sepulcro de Fernando de las Alas, de dos tumbas, la de él y su esposa con dos lápidas, armas e inscripciones propias, siendo las de su mujer las de Quirós y Miranda


Los nervios de la bóveda de la capilla arrancan de unas ménsulas donde vemos esculpidos en cada una un rostro, que sin duda serán miembros de la familia, muy posiblemente el fundador y su familia


Son dos hombres y dos mujeres, bastante de aspecto muy bien perfilado y esculpido


El rostro, el semblante, gestos, mirada, y los detalles del tocado en la cabellera


También el bigote perfectamente perfilado, este parece llevar puesto un hábito o capucha

De Inventamultimedia - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10176608

Y arriba, donde se unen los nervios, la clave de bóveda, otro detalle muy interesante


El rostro de Cristo...


Volviendo afuera, hemos de saber que en el solar que ahora ocupa este edificio tuvieron su residencia solariega los de las Alas, quienes desde ella podían contemplar su capilla funeraria


Vistas ya estas capillas anexas regresamos a la portada principal, para acceder al interior del santuario


Buena oportunidad para contemplar nuevamente esta maravilla del arte románico y de la historia de Avilés y del Camino, pues al Camino mira y se abre...


Y este es el interior de la nave del santuario, donde se hacen más evidentes las tareas de restauración y la reformas aquí acometidas a lo largo de los siglos, principalmente en época barroca, las ya reseñadas de1662, y ya en el siglo XX


Iremos así por la nave central caminando hacia el altar, pero deteniéndonos en las capillas laterales


Nada más entrar, por ejemplo, ya tenemos la capilla de Pedro Solís, a la que podemos acceder por este gran arco de medio punto debajo del órgano


La capilla de Pedro Solís, de planta cuadrangular, es obra del ovetense Fernán Rodríguez de Boceros, concluida en 1499 y llamada originalmente de los Ángeles o de la Asunción, la misma advocación del hospital de peregrinos que fundaría, si bien esta portada que la comunica con la iglesia es del siglo XVI. Su fundador la mandó hacer para "trasladar a ella los huesos de los muy honrados señores sus abuelos, padre y madre"


Es en esta capilla donde Gaspar Melchor de Jovellanos viene a misa durante su visita del 15 de julio 1792, escribe de ella que ya no es propiedad de los Solís sino de uno de sus descendientes, D. Pedro de Solís Bernaldo de Quirós. Como buen observador se fija en una inscripción  y la plasma así...
''Esta capilla mando facer a su costa el mui reverendo señor Don Pedro de Solis, protonotario et cubiculario del nuestro muy Santo Padre Alexandre VI, arcediano de Babia, abad de Santa María, maestrescuela de León et canónigo de Toledo, et dotóla de muchos bienes espirituales et otros temporales perpetuamente, et mandó trasladar a ellas los huesos de los muy honrados señores sus abuelos, padre y madre, que estaban enterrados en el monasterio de San Francisco de esta villa de Avilés, por cuyas ánimas fue la voluntad de dicho señor Don Pedro de Solis se celebrase cada día misa en la dicha capilla, la cual por su mandado fizo facer a mí Alonso Rodríguez de León, prior de la Iglesia de Oviedo, su primo, en el año del nacimiento de N. S. J. C. de 1499 años, et fue maestro della Ferrán Rodríguez de Borceros, vecino de Oviedo''

Gran óculo a modo de rosetón
flamígero (gótico tardío) sobre este altar, en el que existió en tiempos de Jovellanos un retablo de madera de estilo gótico estofado, que él califica de "maltratado" pues ya por entonces estaría en malas condiciones


De frente al altar, la portada, que hace un momento veíamos desde el exterior


Esta imagen del Nazareno es de las que salen en procesión durante la Semana Santa Avilesina, ya que tiene aquí sede la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza


La nervadura gótica de la cubierta, de bóveda estrellada de cuatro puntas


Visitada la capilla de Pedro Solís continuaremos nuestra visita a la iglesia que, como la misma ciudad, muestra muy claras todas las distintas fases de su historia


Y ahora vamos a la capilla del Cristo, la que se hizo en 1723 en estilo barroco tras demoler la gótica del Rosario, de planta rectangular y dividida en tres tramos, la cual veíamos antes también por fuera con su encalada fachada blanca mirando a la plaza


Se veneraba en esta iglesia, hasta la destrucción de la Guerra Civil, al Cristo de San Nicolás, muy parecido al venerado Cristo de Candás, en un retablo barroco que tendría pintados tras la cruz a Santa María y a San Juan Evangelista, por lo que sería una representación del Calvario


Los pies del Cristo habían sido forrados de plata a causa del desgaste de los fieles, siendo llamado por ello "el Cristo de los Zapatos" y estos "los Zapatos de Plata del Cristo de San Nicolás". En su lugar hay ahora un retablo de nueva factura


En la cubierta, una preciosa cúpula lisa, sin adornos, que descansa sobre cuatro pechinas, esto es, los triángulos sobre los que descansa, solución arquitectónica que resuelve el encuentro de la cúpula de planta circular con una base de planta cuadrada, como es esta que constituye el tramo central de la capilla


En lo más alto de la cúpula un hueco o linterna arroja luz al interior. Los tramos de esta capilla se dividen entre sí por arcos que descansan sobre pilastras cajeadas


La capilla cuenta con dos puertas, una estaría ahora a nuestras espaldas, y por fuera sería la portada occidental gótica superviviente de la antigua capilla preexistente de Nuestra Señora del Rosario


La otra es esta, una puerta sur que también antes vimos desde fuera. Es llamativa la claridad de la que dispone aquí esta capilla, dadas sus ventanas, rosetas, y linterna que permiten la entrada de buena luz natural


Un compendio de arcos de medio punto y ojivales nos lleva a ir saliendo de la capilla. y continuar nuestro recorrido por este templo


Admiramos la pervivencia de las fórmulas góticas en la gran obra de reforma acometida en pleno siglo XVII en esa iglesia, un fenómeno común a otros templos pero que aquí se hace especialmente manifiesto. Se sabe que ya en 1654 se había consultado al maestro de cantería Juan de Celis para esbozar el proyecto de reforma y ampliación del avejentado templo medieval, pero el dinero para ello no llegó hasta tres años más tarde, habiendo de recurrirse para ello a subir un maravedí el precio de la puchera de vino que se vendiese en Avilés y "sus arrabales y tierras", según informa  el profesor de la Universidad de Oviedo, Olmo García del Busto, en el trabajo dedicado a la reforma de esta iglesia. Reunido por fin el dinero, el 30 de noviembre de 1658 Juan de Celis presenta su proyecto al Ayuntamiento y seguidamente se acuerda convocar a los pertinentes maestros y oficiales al trabajo, siendo los trasmeranos Simón Tío y su yerno Miguel de Alvear los encargados de acometerlo. Y así se plasmó esta persistente influencia gótica en un momento en el que debería estar ya plenamente vigente el barroco, pero arquitectónicamente seguí prefiriéndose tanto por estética como por estática.


Estos canteros se habían comprometido a hacer solamente de crucería la capilla mayor, pero Simón Tío convenció al Ayuntamiento para hacer todas las cubiertas de esta traza, incluyendo las cuatro capillas y cuatro tramos de la nave, pues quedaban más firmes y hermosas que las proyectadas de bóveda de cañón. Y así el Ayuntamiento, pese a la escasez de presupuesto con el que empezó el encargo, aceptó los 250 euros de suplemento que ello conllevaba


Aún así llegaba noviembre de 1659 y las labores no empezaban, la razón es que se planteó cambiar el proyecto de la capilla mayor para que estuviese más en consonancia con el resto de la iglesia ampliándola para que ocupe todo el ancho de la nave, agrandándola hacia el este y ocupando parte del cementerio, una tarea de envergadura para un maestro de obra como Ramón Tío, por lo que en enero de 1660 se contrata también para ello al arquitecto Marcos de Velasco, quien trazaría la nueva planta sustituyendo a la diseñada por Juan de Celis. Los trabajos empiezan en primavera pero pronto surgen las protestas de los propietarios de las capillas laterales, por lo que en verano se paralizan. La mayor oposición radica en que las pilastras de los proyectados altares laterales perjudicaban la visión del altar mayor desde las capillas del Marqués de Camposagrado y de León Falcón


Se llama entonces, apremiados por Simón Tío, que tenía a 20 oficiales a su cargo, a un tercer arquitecto, Ignacio de Cajigal, que parece satisfacer mejor las expectativas de todos, incluso al marqués y a Juan Ponce de León, dueños de las capillas afectadas. Para ello Cajigal, aún reconociendo que la idea de Velasco no quietaba en realidad apenas visión desde estas capillas, esboza un nuevo proyecto más, buscando el consenso con los agraviados, retirando estos altares a la cabecera


Y así, el 26 de julio y tras votación los regidores avilesinos aprueban por fin el proyecto de Cajigal, contando eso sí nuevamente con la oposición de Juan de León Falcón, cuya capilla vemos a ahora en la foto, quien, hablando en nombre suyo y de marqués de Camposagrado, que no estaba presente, vuelven a esgrimir que los altares colaterales al mayor perjudican la visión del mismo desde sus capillas, perjudicando su propiedad, manifestando que preferían el primer proyecto de Juan de Celis el cual mantenía una estructura del templo muy parecida a la anterior. Al final, dado el poder de la nobleza, fue lo que se hizo, por lo que la idea de una monumental cabecera triple con un altar mayor y dos laterales no fue aplicada. Se inician por fin las obras a buen ritmo y sin interrupción, según la documentación existente el 14 de agosto de 1662 se rematan los últimos trabajos pendientes y tras la oportuna limpieza el 27 de agosto se celebra la festividad de la Purísima Concepción, mientras se van realizando lo s oportunos complementos, como el retablo



La capilla de León Falcón se hizo en el siglo XVI pero fue también reformada con las obras citadas. Su bóveda de crucería es trabajo de Menéndez Camina, que posiblemente sea también el autor de uno de los seis sepulcros existentes en sus muros


Fijémonos en el escudo esquinado de la estirpe, a la izquierda un león y a la derecha la representación del origen de las Alas, el castillo de Gauzón, con el ángel alado sobre él y a la puerta su defensro Martín Peláez


Aquí se guarda uno de los pasos de la Semana Santa de Avilés, la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, hecho en Santiago de Compostela en 1955 en madera policromada por los artesanos Rodríguez y Puente a encargo de la Orden Franciscana Seglar (OFS) y popularmente llamado La Borriquilla, pues muestra a Jesús montado en ella, acompañado por los apóstoles Pedro y Juan a los lados, siendo precedidos por dos niños. Participó en la procesiones desde 1955 hasta que estas se interrumpieron a mediados de la década de 1970, reanudándose el Domingo de Ramos de 1998



Sepulcro con arcosolio de arco de medio punto y blasón solariego dentro de la capilla


Decoración principal del sepulcro en motivos geométricos circulares y rectangulares. En Las formas geométricas y su uso simbólico en el arte y la arquitectura podemos leer:
"En realidad, todo esta dispuesto según unas formas geométricas, constituyen nuestra existencia, las formas biológicas que aparecen en el ADN son espirales, curvas y esferas interconectadas. Las formas geométricas son inherentes en el mundo natural y el ser humano las ha elaborado para todo tipo de objetos, las ha configurado para la arquitectura, la pintura, la escultura y la artesanía (...) 
Para los pitagóricos, la belleza se manifestaba en la proporción de las partes y en su recíproca relación. Como Heráclito, hablaban de una armonía secreta existente en el universo. Pensaban que el mundo estaba regido por un orden matemático basado en la sección áurea y en las proporciones del cuerpo humano. Esta geometría y armonía interna del universo, no es otra que la que se encuentra en la misma naturaleza, aunque a primera vista ésta nos parece del todo irregular e imprevisible, se trata de una especie de ritmo universal que muchos artistas han intentado recrear en sus obras. Para el arquitecto y teórico del Renacimiento Leon Battista Alberti (1404-1472): “La belleza es un conocimiento de todas las partes acomodadas con proporción y exactitud en las cosas, a las cuales no se les pueda añadir ni quitar nada sin que empeore el conjunto”

Talla en madera de Jesús Resucitado, hecha en los Talleres Arte Sacro de Santander en 2004 por encargo de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza. Sale en la Procesión de la Resurrección por las calles de Avilés con su cofradía la noche del Sábado Santo desde el año 2005


Arriba, la correspondiente bóveda de crucería con su forma de doble X


Imagen de San Antonio de Padua, aunque no se sabe, o no hemos localizado, a ciencia cierta el momento en el que se asienta esta advocación, pues ha habido y hay un cierto lío entre San Nicolás, San Francisco y los Padres Franciscanos


San Nicolás de Bari o de la Villa fue su advocación desde la Edad Media, siendo posible que ya existiese un santuario anterior dedicado a San Juan Bautista. En 1849 la parroquial de Avilés y el patronazgo de San Nicolás se trasladan al monasterio de San Francisco tras la exclaustración de sus frailes, pero estos franciscanos vuelven en 1919, lo hacen a este templo pues a su antiguo convento ya no era posible, y la iglesia pasa a llamarse de los Padres Franciscanos.


Mientras tanto, para más lío San Nicolás, había dejado de ser patrón y pasa a ser San Agustín, parece ser que a causa de unas divergencias entre el párroco y el Ayuntamiento, cuya corporación, con el alcalde Félix Graíño, no acudió a los actos litúrgicos de San Nicolás, que dejaron de celebrarse, siendo mudados por los de San Agustín, se supone que por ser el nombre que le puso el Adelantado de la Florida a la ciudad que allí fundó en 1564 con este nombre al llegar a ese lugar la fiesta de ese santo, el 20 de agosto, del que expulsaría a los hugonotes franceses de Fort Caroline 


Las actuales imágenes del templo son posteriores a la Guerra Civil, como la Nuestra Señora del Carmen, de tradición marinera, al menos desde el siglo XVIII, si bien no fue declarada patrona oficial de las marinas de guerra y mercante en 1901


El Sagrado Corazón, con San José y el Niño Jesús a la izquierda y Santa Teresa a la derecha


Pues ya nos acercamos a la cabecera y altar mayor, que se quedó sin capillas laterales aunque sí con dos muy importantes sepulcros que enseguida vamos a ver. Un retablo de estilo moderno lo preside con la imagen de San Antonio de Padua en medio 


El retablo ocupa tres lados del interior del ábside poligonal que antes veíamos desde el exterior. Arriba las bóvedas de crucería que, en principio eran las únicas que iba a haber, extendiéndose luego por todas las cubiertas


Hemos de decir que, tras su primera visita plasmada en 1792, Jovellanos volvió a esta iglesia dos años después, el domingo 13 de julio de 1794, y en hora tan temprana como las cuatro y media de la mañana acudió a misa, hallándola cerrada, por lo que hubo de regresar a su fonda a esperar, no sin cierto desespero pues señala...
"...dieron las cinco y tarda la misa de alba. No la hubo; a los tres cuartos para las seis me avisan"
Para colmo cuando la liturgia llegó a celebrarse no debió quedar tampoco muy contento pues afirma:

"... misa larga de D. José Morán"
Dos días después, martes 15, vuelve aquí para culminar su inspección de dos años atrás, interesándose por los sepulcros principales, el de Pedro Menéndez, el de López de Miranda, y el de Fernando de las Alas


El sepulcro de  Pedro Menéndez de Avilés, el Adelantado de la Florida, es el que tenemos a la izquierda o lado del evangelio, aunque no es realmente el que conoció el prócer gijonés, sino otro hecho posteriormente


El sepulcro propiamente dicho es obra del valenciano M. Garci-González de 1924, autor de otras obras en Avilés, hecho en mármol e inaugurado el 9 de agosto de 1924 cuando los restos del Adelantado fueron trasladados en procesión cívica con la corporación, el alcalde a la cabeza, representantes del estado de Florida, el obispo de Oviedo y demás autoridades


Los restos reposan desde 1956 aquí tras no pocos avatares: sus  nada menos que "diez entierros", están bien explicados por el historiador Alberto del Río Legazpi en Los Episodios Avilesinos publicados en el periódico El Comercio-La Voz de Avilés
"... Había fallecido el 17 de septiembre de 1574 en Santander donde, con el rango de Capitán General de la Mar Océano, estaba al mando de la formación de una gran flota de barcos (nada que ver con la Armada Invencible que fue creada más tarde, en 1588) con destino a pacificar las costas de Flandes por orden del rey Felipe II. 
Sus oficiales cumpliendo la voluntad testamentaria del difunto de ser enterrado en la iglesia avilesina de San Nicolás (hoy conocida como de San Antonio) metieron su cuerpo en un ataúd con herrajes y cerradura que fue embarcado en una nave que a los pocos días puso rumbo al puerto de Avilés. Y a partir de aquí ocurre que… 
1. A la altura de Llanes un fuerte temporal sorprende a la nave y la obliga buscar refugio en el puerto llanisco; pasados los días y como quiera que el tiempo no mejoraba el cadáver fue desembarcado y depositado en la Colegiata de Santa María donde, increíblemente, permaneció 17 años 
2. El 9 de noviembre de 1591 llegan, por fin, sus restos a Avilés tras las gestiones realizadas por el canónigo y cronista Tirso de Avilés junto con el arcediano Gonzalo Solís, que habían sido enviados a Llanes por las autoridades avilesinas. El ataúd fue depositado en su domicilio (entonces en el inicio de la margen izquierda de la calle La Ferrería) y desde allí solemnemente trasladado a hombros por cuatro regidores, hasta la iglesia de San Nicolás (hoy de San Antonio) donde fue sepultado en su capilla mayor al lado del Evangelio. 
3. En mayo de 1652 se inician importantes obras en la iglesia (abovedado de techumbre y ampliación del templo) por lo que remueven la tumba del Adelantado, depositando sus restos bajo el arco de la sacristía donde estuvieron durante doce años. 
4. En 1664 se construye ex profeso un arco abierto en la pared que albergará un nuevo sepulcro para los restos de Pedro Menéndez y que durará doscientos sesenta años. Será su estancia más larga hasta hoy, que nunca se sabe. 
5. En 1924 y dentro de un ambiente de reivindicación de la figura del marino que había comenzado en 1918 con la inauguración de su estatua, en el parque El Muelle, obra del escultor Manuel Garci-González, un artista valenciano que también construyó el nuevo mausoleo para el Adelantado –a pocos metros de la tumba que tenía– y donde fueron depositados los trajinados restos del marino después de haber sido paseados por las calles de la ciudad. Al acto, motivo del primer documental cinematográfico realizado en Avilés, acuden autoridades regionales, nacionales y el embajador de los Estados Unidos en Madrid así como destacados representantes del Estado de Florida y de la ciudad de San Agustín que Menéndez de Avilés había fundado en 1565 y, mayormente, considerada hoy como la más antigua de los Estados Unidos. 
6. En 1936, al comenzar la Guerra Civil se producen lamentables incidentes entre los que se incluyen incendios y profanaciones de sepulcros en los templos. Los restos de Pedro Menéndez, en una caja de madera, son llevados al cementerio de La Carriona, donde (según tiene escrito el Cronista Oficial Justo Ureña) el capataz municipal, dándose cuenta de la importancia de los mismos, los esconde en un rincón de la capilla del camposanto.  
7. El capataz recibe órdenes de desalojarlos de allí y los esconde en un panteón, no identificado. 
8. En 1937 con la entrada de las tropas franquistas en la ciudad los restos son reclamados por José Fernández Menéndez, párroco de San Nicolás de Bari y miembro de la Real Academia de Historia. La vieja e histórica parroquia de San Nicolás estaba domiciliada ahora en el antiguo convento de San Francisco, lo que el sacerdote adujo como excusa para darles sepultura en su templo. 
9. En febrero de 1956 el párroco Ramón García los traslada a la capilla de la Purísima en tanto se prepara una vuelta de los mismos a la iglesia antigua, donde siempre estuvieron. 
10. En agosto de aquel año tiene lugar el solemne traslado de los restos de Pedro Menéndez de Avilés a la histórica iglesia (antigua de San Nicolás de Bari y hoy de San Antonio) de donde habían sido sacados en 1936. A los actos acudieron autoridades regionales y nacionales, miembros de las Armadas española y norteamericana, así como el embajador de Estados Unidos en Madrid..."


Del sepulcro anterior a este y en esta iglesia escribiría Jovellanos...
''lápida con esta inscripción": Aquí yace sepultado el muy ilustre caballero Pedro Menéndez de Avilés, natural de esta villa, Adelantado de las provincias de la Florida, Comendador de Santa Cruz de la Zarza, de la Orden de Santiago, y capitán general del mar Oceánico y de la Armada católica que el Señor Felipe II junto en Santander contra Inglaterra en el año de 1574, donde falleció a los 17 de septiembre del dicho año, siendo de edad de 55 años''.

Al lado placa de Pedro Menéndez de Avilés puesta en el que sería su último entierro. De estas  vicisitudes habla también otro insigne historiador, Román Antonio Álvarez, en El ataúd de Pedro Menéndez de Avilés, en La Nueva España, el 29-9-2011:

"Pedro Menéndez de Avilés había regresado de las Indias para hacerse cargo del mando como Capitán General, nombrado por Real Despacho de 10 de Febrero de 1574, de una formidable armada que tenía como objetivo destruir a los piratas y corsarios que atacaban nuestras costas así como el de prestar auxilio a Luis de Requesens en la guerra que sostenía contra los Orangistas en los Países Bajos. El 8 de septiembre toma posesión en Santander del mando de la escuadra, formada por 300 velas y 20.000 hombres, pero enferma y muere el día 17, a los 55 años de edad. Con respecto a las causas de su muerte, Fernández Duro cita, en sus «Disquisiciones Náuticas», la falta de higiene y sobre todo la falta de hospitales que aquejaba los puertos en donde se realizaban importantes concentraciones de marinos, como es el caso que nos ocupa, en donde murieron más de tres mil hombres por falta de atención sanitaria, entre ellos el insigne marino avilesino. Aunque en un principio se creyó que había sido la peste la causante de tan singular sangría de vidas, hoy sabemos que la mortal epidemia fue causada por contagio del tifus exantemático, a través de los piojos corporales que portaban las tripulaciones, incluyendo, como podemos deducir, los propios jefes de las mismas"


Pedro Menéndez de Avilés había hecho testamento ya el 7 de enero de 1574 en Sanlúcar de Barrameda, pero hace uno nuevo en Santander el 15 de septiembre, que es en el que manifiesta que sus restos sean llevado a Avilés y depositados en esta iglesia, donde reposan los de sus antepasados:
"En cumplimiento de su voluntad, amortajado con el hábito de Santiago, fue embarcado su cadáver para el traslado, pero durante éste una fuerte tormenta hizo que la comitiva arribase a la villa de Llanes, en Asturias. En la iglesia principal de esta población, llamada de Santa María, fueron depositados con gran solemnidad los restos del Adelantado y allí permanecieron hasta el año 1591.

En noviembre de 1591, comisionados por la Justicia y Regimiento de Avilés, llegaron a Llanes el Arcediano de Benavente, Gonzalo de Solís, y el Canónigo de Oviedo, Tirso de Avilés, para hacerse cargo de los restos del Adelantado y trasladarlos a la villa avilesina con el objeto de dar cumplimiento a la voluntad del mismo, expresada en el anteriormente citado testamento"

Es el cronista Tirso de Avilés quien levanta acta de la traslación desde la villa de Llanes a la de Avilés de los restos mortales del Adelantado, en documento en el que se cita por primera vez el antiguo ataúd:

"Tirso de Avilés relata como el cadáver estaba amortajado en un hábito blanco con una cruz colorada en medio, de la Orden de Santiago, colocado dentro de un ataúd de madera matizado en negro y con un letrero dorado. Dice que había sido traído de la villa de Llanes y que, en dicho día, el ataúd fue llevado por cuatro regidores de la villa de Avilés para ser sepultado en la iglesia parroquial de San Nicolás. El ataúd fue puesto en un arco principal en la pared dentro de la capilla mayor en la parte del Evangelio y las llaves del mismo fueron entregadas a la Justicia y Regimiento de la villa"


Y llegamos ya a todo aquel proceso de obras que, desde 1652 culminaron una década después, una reforma que hizo trasladar de nuevo su ataúd, que al final acabará en San Agustín de La Florida:
"En el año de 1652, el día 1 de mayo, se anuncia en Avilés la decisión de la Justicia y Regimiento de la ciudad de hacer obras en la iglesia de San Nicolás consistentes en la colocación de bóveda y arreglos en la capilla mayor. Las obras con arreglo a la planta y traza del maestro Velasco y dirigidas por Juan de Solís dieron comienzo poco después. Se procedió a la demolición del ábside para lo cual fue preciso deshacer el entierro de Pedro Menéndez. Así se sacó el ataúd y se depositó provisionalmente en un lateral de la iglesia con la intención de devolverlo a su sitio una vez terminadas las obras. Allí continuaron hasta que en 1924 el Ayuntamiento de Avilés encargó al escultor Garci-González la realización de un nuevo sepulcro, el actual. 
La exhumación de los restos del Adelantado se realizó el 24 de junio de 1924, de lo cual levantó acta el notario Arsacio de Prado y Campillo, del ilustre colegio de Oviedo, previo requerimiento del Alcalde de Avilés, José Antonio Rodríguez Fernández. Eran las tres de la tarde, en la iglesia de San Nicolás y en presencia del notario y del alcalde, así como de los miembros de la junta organizadora de los actos del traslado de los restos del Adelantado al nuevo mausoleo, Francisco Abarca, Telesforo González, Prior de los Franciscanos; Luis Caso de los Cobos y Valdés, José Ramón Muñiz Rojas, Armando Fernández Cueto y Julián Orbón Corujedo, procedieron los operarios Félix Reguera Álvarez, Antonio Fernández Díaz y Bernardo Lorda Cimadevilla, dirigidos por Armando Fernández Cueto, al acto de extraer los restos de Pedro Menéndez. Desprovisto el sepulcro de las dos piedras que lo revestían por la parte superior y por el frente, quedó al descubierto un ataúd de madera que contenía en su interior restos humanos y trozos de ropa. Estos restos humanos y trozos de ropa se colocaron dentro de una caja de madera que después fue cerrada con tornillos que fueron precintados por el notario referido. 
El día 9 de agosto de 1924, con gran solemnidad y la asistencia de importantes delegaciones oficiales de los EE. UU. y de España, se trasladó el arcón de madera conteniendo los restos del Adelantado a la iglesia de San Nicolás. El día 12 de agosto se procedió a dar sepultura definitiva al Adelantado en el mausoleo construido por Manuel Garci-González en el templo de San Nicolás. Algunos individuos de la comisión organizadora de los actos, el escultor y artista autor del mausoleo, la comunidad de los Padres Franciscanos, junto con los operarios, son los testigos del nuevo enterramiento. Pero el sarcófago es demasiado pequeño, en longitud, para contener los restos del Adelantado, por lo que se procede a acomodarlos en una caja de plomo que, una vez soldada, se guarda dentro del nuevo mausoleo. 
El viejo ataúd negro con letras doradas fue regalado por el alcalde de Avilés a la ciudad de San Agustín de la Florida, tras la intervención decisiva, solicitando la cesión, del señor John Batterson Stetson Jr., quien corrió con todos los gastos del traslado, así como de su restauración y lo entregó más tarde a la ciudad de San Agustín. El ataúd se embarcó en Santander y en octubre de 1924 la ciudad americana recibe la histórica reliquia que, por decisión de su Ayuntamiento y tras diversos avatares, fue entregada posteriormente a la diócesis de San Agustín para su custodia. Actualmente el ataúd, perfectamente restaurado y conservado se expone para asombro y gozo de los visitantes, en el museo dedicado a Pedro Menéndez situado en la Misión Nombre de Dios en el lugar donde también se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Leche y la Gran Cruz que representa el lugar donde Pedro Menéndez y los españoles que le acompañaron en su magnífica aventura de 1565 escucharon la primera misa en tierras americanas para, a continuación, proceder a la fundación de la ciudad de San Agustín aquel, ya lejano, 28 de agosto"

Al otro lado, el de la epístola hay otro sepulcro, este sobre la puerta que da acceso a la sacristía y con arquisolio


Jovellanos dice de él que imita la colocación y el mismo estilo que el que tenía por entonces el de Pedro Menéndez de Avilés


Inscripción y blasones...


Volviendo hacia el exterior, arriba vemos el órgano de tubos, bien iluminado por la luz natural directa que entra por la ventana románica


Afuera, volvemos a encontrarnos, de frente, con el edificio del Museo de la Historia Urbana de Avilés



Desde él, bajaremos por la rampa del viejo puerto avilesino


Puerto ahora ocupado por las arboledas del Parque del Muelle...


Las conchas nos indican continuar hacia lo que fue el accesos a aquel puerto, la desaparecida Puerta del Mar, rumbo al que fue el antiguo barrio de pescadores y marineros de Sabugo, separado de Avilés y sus murallas por el ahora subterráneo río Tuluergo. pero antes habremos de pasar por dos insignes monumentos, el Palacio de Camposagrado y la Plaza del Mercado...








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